Sanclemente, Marroquin, El Liberalismo y Panamá
Otto Morales Benitez
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CAPITULO XIV

Fórmulas para defender la legitimidad.  Nombramiento de un gabinete.  Restablecer el orden legal.  El avenimiento.  Regreso al régimen constitucional.   Solución: una convención constituyente.  Carta a Sergio Camargo y perfil de su vida.  Marroquín no desmaya en evitar la legitimidad.  «Colombia: la legitimidad y el gobierno de facto».  Solicitud de los radicales liberales.   Liberales y nacionalistas.  Lo siento, mi señora Matilde.

 

Fórmulas para defender la legitimidad

Hay varios escritos del presidente Sanclemente en los cuales presenta diversas fórmulas para regresar a la legitimidad y para que no prospere la dictadura como sistema de gobierno en Colombia. En el «Manifiesto a la nación», el 10 de agosto, relata que «me encuentro hoy reducido a prisión en mi propio domicilio, con los miembros de mi familia que me acompañan, entre ellos, débiles e inocentes seres, a quienes, como a mí, se mantiene en el más absoluto aislamiento...»

«He hecho cuanto la ley y la moral me permiten para restablecer pacíficamente la normalidad constitucional; y para ello comisioné a mí ministro del Tesoro, doctor Francisco Insignares, ‘para que exigiera al Gobierno de facto un acuerdo. La base sería la renuncia de mi gabinete. Habría una renovación total, escogiendo yo el personal de este, de acuerdo con la opinión auténtica del país... mediante la participación efectiva en el Gobierno de todas las fracciones de la agrupación política que fundé y sostiene las conservadoras y cristianas instituciones vigentes... ‘. El doctor Insignares ofreció diversas combinaciones políticas’». El vicepresidente lo que propone es mi renuncia.

Declara Sanclemente que «en ningún caso, ni por ningún motivo, renunciaré...» «Sé que se urde el plan vergonzoso e inicuo de falsificar mi renuncia... denuncio formalmente a la nación este nuevo alentado».

Cuenta que se le quiere llevar a Tena, alegando que así lo alejan de las guerrillas. Los médicos ahora le dicen que corre peligro de muerte por el clima insalubre. «Tal medida es otro de los medios duros y crueles de que hoy se vale el vicepresidente para constreñirme a presentar mi renuncia... denuncio también al país esta cruel maquinación... sabré cumplir religiosamente mis deberes, sin vacilaciones ni debilidades, aún con el peligro de la vida...»

Nombramiento de un gabinete

Sanclemente se propuso, desde el primer día del golpe, no dejar perder el sentido de la legitimidad. En carta a Marco Fidel Suárez, el  14 de agosto de 1900,  le comunica que nombró un nuevo gabinete para afrontar la situación del hecho. Se le excusaron en forma cobardona. 124 El mismo lo cuenta:

«Como usted sabe, por renuncia del Ministerio, nombré otro nuevo, compuesto de usted, del general Carlos Cuervo Márquez, del doctor Insignares, a quienes la opinión pública no ha sido adversa en reemplazo del general Casabianca y del señor Palacio, con quien se ha mostrado tanta saña, nombré ministro de Guerra al doctor Domingo Ospina C., y de Gobierno al general Próspero Pinzón. El primero de estos se ha excusado en los términos que verá en escrito adjunto, con la misma sorpresa que yo, dirigido a mí por conducto de uno de mis carceleros, como para que me oprimiera más. pagándome así el honor que le dispensé y correspondiendo de tal modo a la amistad que a él, a sus honorables padres y hermanos he profesado desde mi juventud.

«Funda su excusa en que el nombramiento ha sido extemporáneo después de los hechos que se han cumplido, mostrándose así partidario de estos; sin embargo, de haberles negado su aprobación, según él mismo agrega. Abismado estoy de que un hombre de la posición del doctor Domingo Ospina C., acepte los hechos consumados, por criminales que sean, como lo fue el golpe de cuartel de la noche del 31 de julio, en la cual el señor Marroquín asalté el Palacio, se vistió la banda presidencial, insignia del que ejerza legítimamente el Poder Ejecutivo, rompió su titulo, usurpó la autoridad, estableció un Gobierno de hecho, con flagrante violación de la  Constitución que juré sostener, me hizo reducir a prisión e incomunicación indefinidas, desconociendo así que soy el legítimo presidente de la República, y se erigió dictador y soberano de esta, todo con el apoyo de un Ministerio tan perjuro como él, si es que ha prestado el juramento exigido  por ir misma Constitución que están infringiendo, y de algunos macheteros, desleales y de mala ley. ¿Qué diferencia hay en eso y el robo de una custodia, ejecutado en horas avanzadas de la noche por un ladrón que se apodera de ella, rompe y pisotea la hostia sagrada, como el señor Marroquín la  Constitución, y hace uso del oro y de las piedras preciosas que la componían? Hecho consumado es el uno como el otro, y ambos deben aceptarse por sólo eso, ajuicio del señor Ospina C.

«Funda además este su excusa en que su nombramiento es inoficioso por estar yo imposibilitado, según dice, en virtud de mi prisión, para ejercer el Poder Ejecutivo y no poder los ministros desempeñar por si solos sus funciones, y porque nadie podrá concederle seriedad a una investidura conferida por quien de hecho carece de autoridad efectiva. Así ha dado a conocer el doctor Ospina C. que si él se hubiera encontrado en lugar mío, se habría dado por muerto y ningún esfuerzo habría hecho por salvar el principio de la legitimidad, ya su patria de la anarquía en que se encuentra, inclinando  vergonzosamente su cabeza ante la dictadura más oprobiosa que se ha visto en Colombia. ¿Creerá él, en verdad, que el presidente, por estar preso, ha dejado de serlo, y carece de autoridad, y que el Gobierno puede cambiarse por otros medios que los establecidos por la Constitución? ¿Creerá además, que la nación entera, en la cual abundan grandes caracteres y hombres de sanos principios que saben amarla y desean su tranquilidad y bienestar, se somete a la vil dictadura actual? Ya veremos si incurre en tal humillación, y si lo hace, ¡ay de los que se han adueñado, del poder contra la voluntad de ella, si dan lugar a que se dispare el primer tiro!

«Según la doctrina del doctor Ospina C., el pontífice León XIII, despojado de su poder temporal y preso en el Vaticano, carece de autoridad para nombrar secretario suyo y arzobispos y obispos, para regir la Iglesia católica, como jefe de ella, y sus actos no tienen seriedad alguna por el hecho de estar preso. Y no pienso así, ya verá el doctor Ospina C., que sí hay en Colombia patriotas que me ayuden a restablecer la legitimidad perdida por ahora».

En su manifiesto a la nación, Sanclemente escribió sin ninguna dubitación cuál era su posición: «En la noche del 31 del mes próximo pasado, el vicepresidente de la República, señor Marroquín, apoyado por unos pocos individuos del ejército se declaró en ejercicio del Poder Ejecutivo, desempeñado por mí  dando a conocer que profesa el inmoral principio de que la fuerza prima al derecho. No contento con eso, dispuso que se me redujera a prisión, como si fuera un insigne criminal, y así se ha hecho...

¿Quién ha hecho juez al señor Marroquín para cambiar por la fuerza el Gobierno cuando a él se le ocurra que no está bien servido y tenga la vanidad de creer que él lo servirá mejor?...ha incurrido en el grave delito de perjurio...  Protesto ante vosotros del golpe de Estado... y de la prisión en que se me mantiene”.

Restablecer el orden legal

  Sanclemente no aspiraba a reconquistar el poder para quedarse ejerciendo el mando. El, por lo que propugnaba, era por la legitimidad. Que esta se restableciera y, dentro del orden constitucional y legal, se saliera a una nueva forma de administrar el Ejecutivo. Aceptaba, de antemano, que se prescindiera de su nombre. Era el jurista el que predominaba, buscando salidas políticas.

Al presidente se le ocurre una serie de medidas. Vamos a precisarlas. Antes de las propuestas del general Próspero Pinzón para que Sanclemente se inclinara por un avenimiento, este lo nombró ministro de Gobierno. El procedimiento era muy claro: Pinzón se posesionaba; Sanclemente lo llamaría a ejercer la Presidencia, en su reemplazo, previa declaración del orden que les correspondería en la sucesión a los ministros, que debería hacer el Consejo de Estado, en vista de que el designado, que era Reyes, estaba ausente. Así se lo comunica en mensaje de agosto 18 de 1900. Intentemos un resumen de esta pieza capital. 125 El presidente le dice que «habiendo llegado a mi conocimiento la respuesta dada por usted al señor Marroquín, denegándose a cooperar en la dictadura...> Luego lo elogia por sus altas virtudes de militar, lo señala como hombre que profesa las mismas ideas que el expresó en su alocución del 20 de julio. Por ello lo nombra para que contribuya a salvar a «este pobre país de la catástrofe de que está amenazado». Le envía el decreto nombrándolo y espera que la solución se encamine por el Consejo de Estado y hace referencia al articulo 125 de la Constitución. «En cumplimiento de este [se refiere al decreto], puede y debe encargarse del Poder Ejecutivo, si acepta...»

En carta de don Miguel Antonio Caro, de fecha 24 de agosto de 1900. a N.N. manifiesta: «El general Pinzón puede restaurar la legitimidad y el honor de la República y puede hacerlo sin conflicto ni violencia, porque tiene autoridad bastante para hacerlo, porque lo acompaña la opinión de todos los hombres honrados, el Ejército que comanda y aun la aquiescencia de los vencidos que se resignan a la ley del triunfador generoso, que peleó en buena lid, pero no al yugo ignominioso de una traición cobarde. Basta que el general Pinzón exija el restablecimiento del orden legal, que hoy es también el orden moral y religioso, hondamente conmovido, para que esta improvisación de iniquidad se desmorone. Tanto es el poder que él tiene, porque es poder que viene del Dios de los ejércitos.

Sanclemente, en carta del 15 de septiembre de 1900, para Caro, 126 le cuenta cómo Pinzón, finalmente prefirió la traición. Le relata que debe prestarse para un avenimiento. Y agrega: « ... Habiendo sabido posteriormente, por conducto del doctor Insignares y de otros amigos, que el general Pinzón, había extrañado que yo nada le dijera sobre el nombramiento que le hice de ministro de Gobierno, autorizándolo para ejercer el Poder Ejecutivo, de lo cual prescindí vista del telegrama que me dirigió de Zipaquirá que ninguna esperanza me dejaba y que está en completa contradicción con el que le dirigió de Santander al señor José Manuel Marroquín...». En una adición a esas palabras manifiesta: «Después de escrita esta carta, he recibido el telegrama del general Pinzón, que en copia le envío. Entre la legitimidad, que él ha venido sosteniendo y la traición del 31 de julio, ha preferido la última...».

El avenimiento

El 15 de septiembre 127 le escribe a Miguel Antonio Caro. Propone una nueva fórmula. Reafirma su condición de presidente y no deja traslucir un sólo gesto que permita comprometer su dignidad personal o jerárquica. Pero siempre dispuesto a buscar una salida decorosa y que no perturbe las reglas jurídicas y políticas de la nación. Menciona que lo ha visitado el general Próspero Pinzón. Pero vamos con más pausa. Lo primero es agradecerle a Caro el texto de una carta que ha sido «un bálsamo para mi corazón desgarrado por la perfidia de los que están siendo los asesinos de su patria...». Caro ya los había descrito: «Hay epidemias morales como las hay físicas, existe la epidemia de la traición». 128 En el texto del mensaje a Sanclemente, le expresa el sentimiento que hace evidente su conducta:

«Hoy dirijo a vuestra excelencia esta manifestación escrita, si fuese posible burlar la vigilancia que le asedia, y no ciertamente para compadecerle, sino para felicitarle, porque los hombres justos y rectos que saben también ser mártires, no deber ser compadecidos sino glorificados. Es mi ánimo también, como miembro de esta sociedad y como padre de familia arraigado a este suelo, presentar a vuestra excelencia la expresión de mi gratitud por el ejemplo admirable que está dando de dignidad y entereza».

Sanclemente relata que el coloquio estaba enmarcado entre muchos aprestos guerreros. No supo qué sentido de intimidación podrían tener estos. Pinzón expresó que venía a proponerle un avenimiento. En la segunda visita me manifestó que «estaba autorizado para ponerme en libertad si yo me comprometía a no ejercer funciones en mi calidad de presidente, porque de otra manera habría dos gobiernos y sobrevendría un conflicto armado que él deseaba evitar»,

Queda en evidencia que no existía unidad en las fuerzas airadas. Unos apoyaban la legitimidad, y otros ya se habían proclamado amigos de la dictadura. La situación de orden público podría agudizarse entre militares y grupos conservadores.

Nuevamente, Sanclemente propicia una salida para un conflicto que puede llegar a tener desarrollos complicados para la vida nacional. La fórmula la relata a Caro:

«La conferencia continué y terminé sin que pudiéramos llegar a un acuerdo satisfactorio; pero habiendo sabido posteriormente, por conducto del doctor Insignares y de otros amigos, que el general Pinzón había extrañado que yo nada le dijera sobre el nombramiento que le hice de ministro de Gobierno, autorizándolo para ejercer el Poder Ejecutivo, de lo cual prescindí en vista del telegrama que me dirigió de Zipaquirá... hice que le prepusieran, y después le confirmé, personalmente, que me pusiera en plena libertad, que yo nombraría inmediatamente el Ministerio, en el cual figuraría él como ministro de Gobierno, que completaría el Consejo de Estado, en cuya corporación faltaban tres de sus miembros, para que señalara el orden en que los ministros deber ejercer el Poder Ejecutivo, y que designado él como el primero para que se encargara del Gobierno, haría yo uso, por el tiempo de mi voluntad, de la licencia que me fue concedida por el senado, En todo esto pareció convenir, si a ello se prestaban los actuales gobiernistas, para saber lo cual iría a Bogotá, de donde me comunicaría el resultado; pero particularmente me dijo que dudaba mucho de que el señor Marroquín se prestara a tal avenimiento, porque consideraba como un punto de honor mantenerse en el puesto de que se ha adueñado. No abrigo pues  esperanza de que se haga algo de provecho, y temo mucho que se me reduzca de nuevo a estrecha prisión y a incomunicación absoluta. Si así fuere, continuaré siendo víctima de la traición más abominable de cuantas registran los anales patrios; pero fiel a mi credo, sobrellevaré con buen ánimo la adversidad a que estoy sujeto, por todo el tiempo en que esté sometido a esa dura prueba».

  Regreso del régimen constitucional

Sanclemente se mantenía en agitación para buscar un entendimiento que no lesionara más el sentido jurídico al cual era tan adicto por formación y por afán de que no se irrespetara la Constitución. En los archivos el señor Caro, que se conservan en el Instituto Caro y Cuervo, aparece una carta de aquél de fecha 2 de octubre de 1900, 129  en la cual manifiesta sus inquietudes y hacía propuestas.

«Como usted sabe, animado yo del deseo de propender por algún medio a que algo se hiciera con el fin de salvar a la República de la angustiosa y penosísima situación a que la ha traído el crimen del 31 de julio, nombré un directorio legitimista, compuesto de tres personas (Antonio Roldán, Jorge Holguín y Henrique Arboleda) interesadas en el restablecimiento del régimen constitucional y posteriormente otro auxiliar en Cundinamarca, que ayudan al primero en sus trabajos: pero poco han podido hacer en el sentido que me propuse al nombrarlos, no por falta de voluntad, y de patriotismo, sino por no haberles sido fácil obrar contra un Gobierno despótico como el actual, que ha hecho la fuerza superior al derecho y amenazado con el Panóptico a los que de cualquier modo se opongan a que la dictadura deje de imperar. Vista por algunos de nuestros amigos la falta de acción de los que componen el directorio, debido a la carencia de elementos propios para dominar la actual situación que tiene por base todos los medios de gobierno de que se adueñaron los ejecutores del golpe de cuartel de la fecha citada, me han manifestado la conveniencia de que nombre un solo director, e indicándolo a usted como el más competente para ejercer las funciones de tal con feliz éxito; pero informado por buen conducto de que usted no aceptará un cargo de esa naturaleza, por creer, como yo, que llevaría el resentimiento al ánimo de los dos directorios, amigos de nuestra causa y defensores de las instituciones de que fue usted principal autor, de acuerdo estoy con usted en que se les hará un positivo agravio retirándolos del puesto que ocupan y prescindiendo de su cooperación. Ellos han venido diciéndome que esperemos para obrar cuando las circunstancias sean más favorables, para no festinar los acontecimientos, exponiéndonos a un desaste; pero entre eso y cruzamos por entero de brazos hay notable diferencia: debemos, pues, hacer algo siquiera que pueda conducirnos a la meta deseada. La ocasión me parece ya propicia, atenido el desprestigio a que ha llegado el Gobierno de hecho, al cual le será imposible mantenerse en su puesto, si la opinión pública se muestra pujante. Procuremos esto, para lo cual y para cuanto tienda al restablecimiento del régimen  constitucional, lo autorizo a usted de la manera más amplia, seguir como estoy de que usted pondrá en juego toda su habilidad, para lograr que el país se salve de la catástrofe de que está amenazado. Si tal hace merecerá una vez más bien de la patria. Dificultades tocará usted para hacer los gastos que demandan, sus funciones y para enviar comisionados a los departamentos; pero, a mi ver, podrán obviarse, abriendo una suscripción entre las personas que, a juicio de usted, estén dispuestas a contribuir con algo para salvar sus propios intereses. Si no lo hicieren, suya será la responsabilidad, por los males que sufre la nación y ellos en particular»

Es otra oportunidad de hallar y explorar fórmulas que faciliten una salida, sin desconocer el origen de la Presidencia. No estaba en el ánimo de Sanclemente conservarla, pues ya había expresado su intención de intentar varios derroteros que condujeran a una precisa norma de actualidad, que dejará limpia la tradición jurídica y que facilitara su retiro. Pero con dignidad, sin estropear el respeto a lo que había resuelto la opinión pública, armonizando los intereses de su partido, que tanto lo habían preocupado en el ejercicio del poder. En el juego de las probabilidades, era integrar un cuerpo de asesores que pudieran tener entendimientos -aunque no se dijera expresamente- para idear salidas a la controversia planteada. La circunstancia de indicar la redacción de un texto político, de un programa, era para que a él convergieran las diferentes modalidades del espíritu, de las diversas corrientes, sin que tampoco se manifestaran abiertamente. Pero las coincidencias que se podían ir   armonizando llevaría a lógicos desarrollos en acción pública. No dejó de hacerlo hasta su muerte.

Y así va naciendo la idea de la convención para remediar los males de la  República. Y uno medita ¡cómo le ha desaparecido la debilidad mental  al presidente!

Solución: una convención constituyente

     Es impresionante la digna serenidad con que Sanclemente se portó el golpe de Estado. Defendió la legitimidad, porque consideraba que establecer un precedente fundamental para la historia política y las costumbres democráticas del futuro.

     El 31 de enero de 1901 hace una declaración que es fundamental: <Vencida la revolución liberal en el Norte, y cuando por este feliz acontecimiento se alcanzaban ya a ver los albores de la paz tan deseada por todos, el presidente de la República, violando la Constitución que juró sostener y defender, se declaró en ejercicio del Poder Ejecutivo... Cambió por ese medio su titulo legitimo por el de dictador, justificando de ese modo la revolución liberal; porque, señores. ¿Qué diferencia hay entre esta y lo verificado en la noche del 31 de julio?... y la guerra, lejos de haber terminado, ha tomado notable incremento». Ejerce el poder Marroquín hace seis meses «sin programa alguno gobierna este infortunado país de la manera más arbitraria».

Señala que la Corte Suprema se hizo cómplice «al aprobar el golpe de Estado del 31 de julio». Agrega que «a mi ver, colombianos, se alcanzará este resultado [restablecer la normalidad y poner término a la funesta situación] por medio de una convención compuesta del mayor número posible de miembros, elegidos popularmente, que se encarguen de reformar la Constitución en los puntos que la experiencia ha demostrado, son inconvenientes... Por lo que a mí toca, una vez que la convención designe el funcionario que deba reemplazarme, me retiraré a mi hogar.

  Es la defensa del orden legal. El poder necesita tener asiento en principios jurídicos. No puede ser una aventura de la fuerza. Manuel Antonio Sanclemente escudriña una salida que implique el sometimiento a un procedimiento, que no contraríe la primacía de las normas. La  política debe asentarse en unos principios. Para él, ceder, de parte y parte, es una buena conducta en servicio de Colombia. La propuesta de la convención, elegidos sus integrantes por votación popular, elimina ventajas para algún grupo. La legitimidad emanaría así de la voluntad popular. El sacrifica el título legítimo que tiene para que la República recobre su andadura política normal. Es cuando propone que se realice una convención para hallar una salida en la cual no se lesione la legitimidad. Pedro Nel Ospina explicaba 130 el procedimiento a Ramón González Valencia:

« 1º. El Gobierno presidido por el señor Sanclemente, al encargarse este del poder, convocará inmediatamente una convención que se reunirá dentro de dos meses después de haberse expendido el decreto de convocatoria;

« 2º. La elección de miembros de la convención se hará en circunscripciones, por juntas electorales nombradas por las direcciones de los partidos conservador, liberal y nacional;

« 3º. El Directorio de cada partido nombrará tres individuos que se reunirán en la capital de la República; y acordarán en el término de ocho días el proyecto de decreto eleccionario respectivo, que expedirá el presidente de la República con fuerza de ley;

« 4º. El presidente de la República dictará un decreto de amnistía general, y empleará los medios que estén a su alcance para evitar persecuciones y represalias;

« 5º. El ejército de la revolución con sus jefes, oficiales y organización actual, será reconocido como ejército nacional, y no podrán ser cambiados sus jefes sino en consejo de oficiales del mismo ejército;

«6º. El ejército revolucionario se acantonará en las plazas y lugares que de común acuerdo determinen el gobierno y el director de la revolución, hasta que la convención disponga lo conveniente;

«7º. En la convención estarán representados los partidos por terceras partes;

« 8º.  En los ministerios y las gobernaciones quedarán representados por iguales partes los  partidos conservador, liberal y nacional;

« 9º. Los ministros de [en] Venezuela, Ecuador y Nicaragua deben ser liberales, para arreglar las cuestiones pendientes».

 

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124. Biblioteca Luis Angel Arango: Hojas y periódicos sueltos. Folio 16.(Regresar) 125. Sanclemente Villalón; obra citada. (Regresar)

126. Ibídem. (Regresar)

127. Manuel Antonio Sanclemente: Correspondencia. Carta del 15 de septiembre de 1900. La Restauración. Hoja 5. Sala de prensa 1, No 7.828 (2) Biblioteca Nacional de Colombia. (Regresar)

128. Miguel Antonio Caro: Estudios políticos. Cuarta serie. Estudio preliminar, com­pilación y notas de Carlos Valderrama Andrade. Biblioteca Colombiana, Bogotá, 1993. (Regresar)

129. Ibídem. (Regresar)

130. Carlos Sanclemente: El presidente Sanclemente: un magistrado ejemplar. Academia Colombiana de Historia, Bogotá, 1996. (Regresar)

 

CONTINUAR                                                             

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