Sanclemente, Marroquin, El Liberalismo y Panamá
Otto Morales Benitez
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CAPITULO VII

Santiago Pérez.   Luis A. Robles.  Salvador Camacho Roldán.  Teodoro Valenzuela.   Gil Colunje.

 

Mueren Pérez, Robles, Camacho Roldán, Valenzuela, Colunje

A los países, a los paridos y a los pueblos, no les caen las desgracias sino mancomunadas. En estos finales de siglo, murieron Santiago Pérez, Luis A. Robles, Salvador Camacho Roldán, Teodoro Valenzuela y Gil Colunje. Intentaremos dejar un sentimiento de agradecimiento nacional por la contribución de ellos a esclarecer el destino colombianista y democrático.

a) Pérez. A Santiago Pérez se le expulsó del país el 23 de agosto de 1893 y, a los siete años, murió en París, el 3 de agosto de 1900. Su figura era respetada por sus condiciones intelectuales y morales. En su existencia, se había consagrado a servir. No estaba improvisando ni conocimientos, ni conducta moral. Era la severidad dentro de las exigencias de grandeza. Esta, se hacía evidente en el servicio público, en la consagración a los deberes cívicos. El liberalismo lo apreciaba como una de sus reliquias públicas y lo levantaba en el corazón de sus partidarios con devoción. Cada vez que había un acto multitudinario, el partido le rendía un tributo, poniendo una silla, con la bandera de la patria enlutada, que nadie se atrevía a ocupar, mientras la infamia regeneradora del expatriado caía sobre su existencia. Fue símbolo nacional y del partido. De ese significado trascendente, no pudo despojarlo el odio de Caro y de sus amanuenses. Su conducta daba luz en medio de las tinieblas que vivía la República. Su nombre convocaba a demócratas, servidores de la nacionalidad, afanados hombres de pluma y de estudio, adalides de principios sociales.

  En El Espectador, don Fidel Cano 105 hizo una breve síntesis del alcance de su vida: Poeta lírico, dramaturgo, escritor didáctico, narrador de viajes, autor de novelas cortas, periodista, director de institutos docentes, profesor de altas asignaturas, legislador, diplomático, ministro de Estado, líder de partido, jefe de la nación: todo esto ha sido el doctor Pérez, y todo lo ha sido con lustre propio y con gloria, sí para el liberalismo, sí para la patria».

        

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Santiago Pérez

Como periodista se recuerdan los grandes combates doctrinarios que adelantó en El Relator El Tiempo. Contra la dictadura de Mosquera combatió en El Mensajero, y al independentismo —que es síntesis de la traición de Núñez—lo vituperó en La Defensa. Siempre opuesto al sistema de la Regeneración. El ex presidente Carlos Lleras Restrepo, 106 en su libro Historia y política, en el capítulo que le dedica lo titula ‘Santiago Pérez o la resistencia civil al despotismo’. Porque la pelea se orientaba hacia una dictadura dirigida por civiles Afirma: «En la galería ilustre de los próceres radicales se destaca inconfundible su figura, grave y noble. Presidió por derecho propio una generación con plena conciencia de la tarea que le correspondía llenar en la historia de la República. Ni la sutil inteligencia política de algunos de sus contemporáneos, ni la gloria militar que acompañó a otros, pueden disputar la primacía a este varón que fue ante todo la conciencia moral y la personificación de una doctrina... Cada vez que la mano de la arbitrariedad amenazo romper o rompió efectivamente el régimen de libertad política. Se escuchó la protesta de Pérez, elocuente, repetida, incansable: frente al guerrero impulsivo y genial de 1867; en los comienzos turbios de la Regeneración en 1880; en pleno desarrollo del régimen regenerativo en 1893. Admirable fue el valor de que hizo gala en sus escritos, impecables en la forma, serenos pero de un maravilloso poder destructivo, No hubo atropello que él no denunciara, ni abuso contra el que no levantan so protesta. Con constancia apostólica y con profunda fe en los sentimientos y en la índole de los colombianos, los convocó una y otra vez para la resistencia al despotismo, y su palabra era como el sonoro repicar de la campana de la libertad. Se negó a callar cuando el silencio significaba complicidad con la tiranía; conformarse con los hechos cumplidos; contribuir en cualquier forma a que sobre el envilecimiento general de los caracteres se perpetuaran la arbitrariedad y la corrupción. Su presencia en la arena política avergonzaba al oportunismo y sonrojaba a la cobardía».

  En este momento, terminó de recoger sus cartas políticas en respuesta alas que así han llamado de don Carlos Holguín, que Santiago Pérez publicó en El Relator en 1893. El ex presidente Eduardo Santos, en carta a Antonio José Rivadeneria Vargas 107 le dice que don Santiago Pérez «mantuvo una polémica intensa con don Carlos Holguín sobre vastos temas políticos y las cartas de don Carlos recibieron la más extraordinaria publicidad, en magníficas ediciones que aún hoy es fácil encontrar en cualquier librería.

         «Las respuestas de don Santiago quedaron en las paginas de El Relator que por cierto fue suspendido por acto de arbitrariedad ciega. Si alguna vez se editaron —cosa que no creo— debió ser en minúscula edición que, de existir, sería hoy máxima rareza bibliográfica.

          «Sin embargo, la realidad fue que en esa polémica la victoria fue y tenía que ser del señor Pérez, Don Carlos, que tantos méritos tenía por aspectos, literariamente, doctrinariamente, no estaba a la altura de Santiago.

          «Pero hoy las canas del uno están en manos de todos; las del otro, la penumbra de raras bibliotecas, en colecciones de periódicos viejos».

          A don Santiago Pérez se le consideró como hombre de gran ilustración, quien escribía con puntual corrección idiomática y con elegancia en su estilo. Además de su poesía lírica, concibió dramas y comedias. Luis Eduardo Villegas, calificado por excelsos dones, conceptuaba: «Entre la docena de grandes méritos que este republicano posee, se lleva mi especial admiración el pedagogo. El maestro Santiago Pérez vale para mí más que el gallardo literato y eximio estadista Santiago Pérez. Millares de jóvenes han formado sus ideas capitales bajo la dirección de tan ilustre catedrático, y miran el caudal científico que les ha infundido como la más preciosa de sus adquisiciones intelectuales. Nada más sólido, ordenado y rico que las ideas de Santiago Pérez, especialmente en economía política; nada más ingenioso y eficaz que la manera como las inculca a sus discípulos».

          En Panamá, 108 Carlos A. Mendoza y Eusebio A. Morales afirman «no era posible soportar la proximidad de aquel pensador cuando lo que se deseaba era destruir hasta la raíz toda idea liberal; no era posible resistir el golpear constante de aquella palabra, severa y dura como la de Tácito, cuando se aspiraba a establecer el reinado del silencio y de la obediencia pasiva, fundado en la corrupción y en la ignorancia».

         En el mismo artículo, «El ilustre proscripto», se recuerdan las tesis principales propuestas por Pérez en sus páginas que irritaron tanto a los personeros de la Regeneración. El, sentenció, con elocuencia y con conocimiento dejos deberes administrativos, que se necesitaban varias acciones para comenzar una restauración del país, anegado en vicios y en pobrezas: reducción de la fuerza militar, frenar y eliminar la malversación de las rentas; hacer economías en legaciones que no aparecían útiles para el país; garantizar la libertad de sufragio, porque no se podía contrariar, sin consecuencias, y en forma permanente, la voluntad popular; prohibir la emisión de billetes para controlar la subida del cambio y evitar las perturbaciones comerciales. Estas eran tesis cenitales. Pero en torno de ellas exponía multitud de acciones que necesitaba desarrollar el gobierno para suprimir la dictadura y el derrumbe de la República.

         Juan de Dios Uribe (EL Indio) escribió en prosa estremecida: «Santiago Pérez, el escritor de los períodos elegantes, el de la prosa de gran señor —que alza o abate a los gobiernos con su pluma; que si a los jóvenes se dirige, hace sabios; que si a los pueblos se dirige, hace ciudadanos».

         Todo esto alcanzaba desde su cátedra de patriotismo. Sereno en medio de las dificultades económicas personales que afrontaba para «su congrua subsistencia» después de haber sido presidente de Colombia. En el destierro, vivió con las mismas limitaciones, Su existencia resplandece como hombre que le dio dirección moral e intelectual a la patria.

b) Robles. Fue hombre con eminentes expresiones de inteligencia. Fue orador, profesor de derecho, hombre de gobierno. Antonio J. Iregui. 109 entre otros, nos recuerda que cuando llegó al Congreso, los amigos del gobierno le movilizaron grupos hostiles. El presidente de la Cámara le solicita que se calle para garantizar que no haya desorden. Lo irrespetan por negro y ser afiliado al liberalismo. El, responde de inmediato: «No callaré, porque tengo derecho de hablar como representante del pueblo. Si, pertenezco a la raza redimida por la República, y mi deber es servirle a la que volvió pedazos su yugo».

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Luis A. Robles


Nació en Camarones, en el Magdalena. Fue presidente de este estado y comisario de la Guajira. Parra lo nombró ministro del Tesoro y Crédito Nacional. Hay un mensaje suyo al general Julián Trujillo en el cual le hace los razonamientos de cómo él será el culpable del derrumbamiento de las libertades en Colombia al favorecer el tránsito hacia Núñez. Es una página de una clara ardentía y de severo enfoque doctrinario. Los amigos de Trujillo consideraban que, desde que este leyó esa página, siempre tuvo una angustia política que le hizo perder el ímpetu inicial. Murillo Toro lo nombró director de Instrucción Público en el Magdalena En 1892, reconociendo su importancia nacional, Antioquia lo elige representante. Luchó en el Parlamento contra el artículo K de la Constitución, reclamando libertad de prensa; contra los monopolios, en esa época, de las rentas y de los cigarrillos Su acción pública contra las emisiones clandestinas fue de resonancia en la República. El presidente de la Cámara, en un momento dramático del debate le grita: «Os llamo al orden». Robles contestó: «Os llamo al decoro».

          En el periódico de Panamá ya citado se lee este elocuentísimo elogio: «Tuvo la honra de ser en la Cámara de Representantes, en 1895 y 1896, representante único del Partido Liberal, tan poderoso en la República... Reveló virílmente operaciones clandestinas, que eran todavía el secreto de unos pocos  en lo de a regeneración, y propuso que se hiciera visita al Banco Nacional para hacer luz en ese centro. Su revelación fue desatendida. Un ministro de Gobierno declaró... que la comisión investigadora, caso de ser nombrada por la Cámara, «sería recibida a golpes de culata por los soldados que visten el uniforme de la nación».

           Su vinculación a la universidad, fue permanente. En el 93 estaba al servicio de la Universidad Republicana. Regentó las cátedras de civil, mercantil y legislación. Publicó una edición del Código de Comercio con notas, Quedaron inéditos su Derecho público y sus discursos parlamentarios de los años 76, 84,95 y 96. Proponemos una tarea de rescate de estos materiales esenciales para la ciencia jurídica y los procesos políticos de su tiempo. Lo nombraron rector de la Universidad de Nicaragua. Su juicio sobre la Regeneración lo sintetizaba en estas palabras: «es una compañía explotadora de la miseria pública».

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Salvador Camacho Roldán


            c) Camacho Roldán.
Hombre culto, investigador de diversos visos de la vida económica, social, literaria, política. Se empeñó en conocer el país: en sus mas intrincados aspectos. En hacienda pública, contó con excepcionales dotes, que resplandecieron en sus páginas sobre la  materia y, en sus consejos, para el buen gobierno. Viajó y observó con minuciosidad las diferentes enseñanzas que engendra un desplazamiento. Sus contemporáneos proclamaron que era una inteligencia descollante. Además, que su vida era de hombre íntegro, que lo amparaba la condición de ser de carácter. No consentía ni toleraba en los demás faltas de hombría de bien. En el  Parlamento, siempre se le señaló como un juez de la patria.

Nació en Nunchía, en los Llanos. No gozó de fortuna. «Proscripto de su patria el padre, hacia 1844, tocóle a su hijo enfrentarse a la vida a los 17 años para auxilias al anciano padre, velar por su familia y pensar un tanto en su porvenir.

Comenzó escribiendo literatura. Publicó un ensayo acerca de la poesía de Gregorio Gutiérrez González, y entre sus páginas iniciales, se rememora la apología de Lincoln. En El Siglo, que orientaban Antonio María Pradilla y Medardo Rivas, en 1849, hizo explícitas sus permanentes inquietudes intelectuales y políticas. Colaboró igualmente en La Reforma, El Neogranadino y El Tiempo. Estas constantes acciones le dieron supremacía en los puestos políticos, en las Cámaras. Se aceptó que manejaba con conocimientos y madurez de reflexión las materias jurídicas. Fue candidato presidencial cuando salió elegido Santiago Pérez. Ese contrincante da la medida de su estatura política. Su nombradía se ensanchaba. 110

En 1850, como director de Rentas, partidario de la reforma constitucional de 1853. y. también, gobernador de Panamá, secretario de Gobierno en Cundinamarca, miembro de la Convención de Rionegro. Actuó como Designado en ejercicio de la Presidencia deja unión. Como hacendista se consulta aún su Memoria sobre el crédito y hacienda de Colombia, que llevó al Congreso en 1872. El escritor Enciso Castro lo llamó el «rey de los números. Se especializó en literaturas antiguas y modernas. Sus conocimientos de historia de América Latina eran reveladores. Se le conoció como autoridad en ciencias sociales y en las físicas y naturales. Constantemente, las universidades reproducen el discurso que pronunció en Colombia para instalar la cátedra de sociología, la primera que se dictó. La vida universitaria lo encontró en desvelo por la ciencia y por la patria.

Sus preocupaciones estuvieron centradas en el análisis de la realidad nacional. Predicó su afán de que se comunicara, por ferrocarril, a Bogotá con el Magdalena. Este río era el centro de tránsito hacia el exterior. El que ayudaba a la integración.

Publicó varias obras, El Banco de la República 111 editó sus Notas de viaje en las cuales recoge sus observaciones de un desplazamiento hacia Estados Unidos. En esos libros «piensa siempre en el porvenir de Colombia: ferrocarriles y carreteras cruzándose a través de las cordilleras; el Magdalena con su cauce regulado; campos totalmente aprovechados que dan copiosas cosechas y buscan los puertos, camino de los mercados extranjeros. Ciudades prósperas, gentes sanas y alegres en constante y  remunerado trabajo y trae cifras y saca a relucir estadísticas y su optimismo y visón del futuro le hacen sentirse confiado. Mezcla a veces relatos históricos cuando tropieza con lugares donde se sucedieron hechos notables. Piensa en la raza que puebla el Valle del Magdalena y analiza su aclimatación y busca soluciones a sus problemas».

En sus Escritos varios 112 en tres tomos, revisa la variedad de temas más impresionantes. Siempre encuentra uno las referencias más completas al desarrollo económico del país, en su época. Aparecen páginas tan eruditas como las que ordenó sobre Francisco de Paula Santander, donde el héroe nacional resplandece con sus dotes de guerrero, de gobernante, de pulcro y sereno escritor de materias públicas. O se detiene en qué nos deparará el devenir aprovechando las coyunturas naturales de nuestro territorio. Dejó dos tomos de sus Memorias, que sólo cobijan de 1848 a 1852. Se advierte que hubiera sido una obra monumental para señalar la historia y el desenvolvimiento colombianos. Murió en 1899.

d) Teodoro Valenzuela. En el salón de honor del Tribunal de Buga hay un retrato de Teodoro Valenzuela. Aparece con su figura de gran señor: en la dignidad del rostro, en la señalada escogencia de paños, corbatas y camisas que ayudan a resaltar los finos rasgos de su personalidad. Su juventud se singulariza por su lucha contra Melo. Al Negar a Ibagué, cuando el Congreso estaba allí rendido, se le nombra, por el prestigio que ya lo ha singularizado, como secretario de la Cámara.

 Tuvo permanente acción política e intelectual. Como todo buen colombiano de la época, espigó en La poesía. Se le reconoció como traductor Entre otras obras publicó, en esta materia. Las mujeres al pie del cadalso de Juan Reybaut; la Historia de María Estuardo de M. Dargeand La Historia de los montañenses de Alfonso Esquiros. Más tarde publicó en el periódico La Opinión algunos capítulos de la Vi da de Jesús, de Renán, que, como era natural, levantaron muchas críticas e inquietudes. Escribió una extensa biografía del doctor Francia, el tirano, donde, desde luego, exalta el sentido los principios de la libertad y la grandeza de la democracia. Es el único trabajo de esa naturaleza en nuestra bibliografía.

En el periodismo, libró grandes batallas, como lo rememora Aníbal Galindo. 113 En 1845, colaboraba en La Noche. Con José Antonio Plaza y Francisco E. Alvarez, dirigieron El Constitucional y el Pasatiempo. En El Tiempo , de Murillo Toro, escribía al lado de ese hombre público de larguísima y fecunda trayectoria política. Con Tomás Cuenca y Januario Salgar, fundaron La Opinión. De suerte que con la pluma desempeñó la tarea que corresponde a cada hombre culto: despertar la conciencia de sus compatriotas. Contribuir a que tengan claridad acerca del destino intelectual y el proceso de formación de su nacionalidad.

Actuó en otro de sus frentes mentales: la cátedra. Dictó en el Colegio Mayor del Rosario las materias de legislación, historia universal, las de geografía. Entre sus discípulos, sobresalían César Conto y Florentino Vezga. En sus especialidades alcanzó tales primacías que se le eligió miembro, desde 1873 de la Sociedad de Geografía de Roma y de la Sociedad de Antropología de París.

Manuel Murillo Toro lo hizo secretario del Interior y de Relaciones Exteriores, en 1864. Diplomático ante Costa Rica, en donde firmé un tratado que, por fortuna, se negó en la Cámara de Representante, y que se dirigía hacia dos ideales: el de la unión del continente y al aceptar ciertas ideas, se cedían terrenos. Pasó con su casaca dorada por Lima y Quito. En la primera ciudad, aclaró lo que aún estaba pendiente de justicia en el duro y critico negocio de esclavos. Más tarde, se le nombró secretario de Guerra.    En reconocimiento a sus méritos, lo postularon como miembro de la honorable Corte Suprema de Justicia, para lo cual se tuvieron en cuenta sus calificaciones como jurista. Era hombre de venturas intelectuales un luchador democrático; un jurista y profesor que irradiaba confianza doctrinaria en sus principios. Se le conoció por el perfil de combatiente civil.

El día de su muerte, el doctor Medardo Rivas dijo de él: «Hoy nos acompaña en sus funerales civiles, el sentimiento público de la ciudad capital de Colombia: el de los sabios que estudian la ley e interpretan la justicia; el los austeros republicanos que ven partir a uno de sus compañeros; el de la juventud generosa, sedienta de ciencia y enemiga de las preocupaciones se despide del ilustrado maestro; y el de los artesanos, valerosos y no- campeones de la democracia que le dicen adiós al propagador de sus ideas y defensor de sus derechos».

       El escritor de tantos atributos, Max Grillo 114 hacía su panegírico, recordando sus múltiples afanes mentales: diestro polemista en los estrados de  justicia, su ironía resplandecía contra sus contrincantes en la prensa. Su ilustración abarcaba los detalles y el conjunto de las cosas. Su prosa fascinaba y su conversación atraía. Amaba el arte con amor reverente y su gusto exquisito por las obras de pintores y poetas... Descolló en diversos campos el doctor Teodoro Valenzuela. Temperamento apasionado y fogoso buscó el laurel de la guerra en nuestras contiendas civiles, y los galardones del jurisconsulto y del estadista diplomático en las lides del foro y en cancillerías de propios y extraños. Su espíritu sagaz y su ilustración, nunca se cristalizaba, le servían para penetrar en la médula de los asuntos del derecho internacional con acierto propio de los maestros en la ciencia y en el arte de los Talleyrand y los Cavour. A los veinticuatro años alcanzó el honor de ser nombrado árbitro para dirimir cuestión importante que se ventilaba entre los Estados Unidos y el Perú. Su fallo mereció los elogios de los más célebres especialistas de derecho internacional en Europa y en América. Si la historia de nuestra diplomacia estuviera escrita, se vería con asombro cuán extensa fue la obra del doctor Valenzuela en el ramo de la jurisprudencia, que ha cautivado a espíritus superiores dotados por la naturaleza de peregrinas facultades».

e) Gil Colunje. Este varón del departamento de Panamá sobresalió por su permanente acción pública y por su identidad con el destino nacional. Acompañó a los grandes jefes del liberalismo en sus batallas y tuvo nombradía que se apoyaba en las virtudes de su inteligencia y su densa cultura.

Como su generación, apeló a la prensa para influir en los destinos nacional y político. Colaborador de El Panameño; en Bogotá escribió en El Pasatiempo; a Lorenzo María Lleras le ayudó en El Neogranadino. Con Pablo Arosemena y Manuel Moreno redactaron El Pensamiento; con Arosemena publicó más tarde El Centinela. Con Teodoro Valenzuela y Santiago Pérez lanzaron a la circulación La Tribuna Federal. Cuando Pérez fundó La Defensa, contra la Regeneración, uno de los primeros colaboradores en singularizarse fue Gil Colunje.

Luis A. Robles, en nobilísima página sobre su vida, 115 menciona cómo brillaba en el ejercicio del derecho y cómo dictó clases en el Rosario. El preparó el Código Civil que, en 1860 adoptó Panamá. Rector de estos claustros, donde explicaba la cátedra de ciencias constitucionales; llegó a la Corte Suprema en 1867.

Desde muy temprano se le calificó como eficaz y combatiente parlamentario. A los 23 años, en 1854, asistía al Congreso que se reunió en Ibagué. Representante de 1857 al 61. Presidente de Panamá en 1866. En 1872, Murillo Toro lo nombra secretario del Interior y Relaciones Exteriores. En esos días, se consideró celebérrima su circular en torno a la libertad de Cuba. En la Presidencia de Santiago Pérez, ocupó la Dirección General de Instrucción.

 

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Gil Colunje


Publicó algunos libros, entre los cuales uno acerca de Una misión fiscal. Su experiencia en la materia lo llevó a ser quien arreglara nuestra deuda externa, en largas e intensas negociaciones. En 1861, edita su trabajo El plenipotenciario del Estado de Panamá acerca del Gobierno de los Estados unidos de Colombia, en el cual formula observaciones a las dificultades que engendraba el Convenio «Guardia-Murillo>. Por esos tiempos, se creó mucha inquietud contra Colombia. Se hablaba de separación. En el mes de marzo de 1861, hubo concentraciones, protestas, afanes políticos contra la unidad. Gil Colunje, con un gran valor cívico. Presidió una manifestación en defensa del destino común y explicó, ante la multitud, las razones que asistían para tomar esa actitud de estímulo de la integración.

Robles en página acerca de Colunje, pone como epígrafe, una consideración de Juan de Dios Uribe: «Es, ante todo, un gran carácter; uno de esos hombres a quienes se estrecha con amor la mano, porque uno se siente un orgulloso, que en esos momentos se reconcilia con la especie humana, que tal muestra presenta de nobleza y justicia y honradez sin tacha. Humille fue su origen, y se ha elevado en su patria, en medio de los más grandes, sin duda porque todos comprenden que no hay ejecutoria semejante al talento, ni blasón más aristocrático que la virtud acrisolada».

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Estos cinco varones desaparecieron en el momento en que sus luces se necesitaban con mayor ahínco, para los combates por la unidad nacional y por la defensa de la democracia. Son hombres que pertenecen a la historia y que les tocó, en los finales de siglo, levantar los dones de la inteligencia y del carácter para no sucumbir en medio de la dictadura civil que se padecía.

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105. Fidel Cano. Restauración. Octubre 1900.(Regresar)

106. Carlos Lleras Restrepo: Historia y política. Osprey Impresores. Bogotá, 1980.(Regresar)

107. Antonio José Rivadeneira Vargas: Don Santiago Pérez: biografía de un carácter. Editorial «El voto nacional». Bogotá, 1966.(Regresar)

108. El Criterio, No 12. Panamá 12-X-1899. En Periódicos panameños de oposición. ] 892-! 899; obra citada. (Regresar)

109. Antonio José Iregui. Suplemento de El Liberal que dirigieron Rafael Uribe Uribe y Carlos Adolfo Urueta. 1913 a 1916. El Criterio. Panamá, No 10, fecha 28-IX-99; obra citada.(Regresar)

110. Ricardo Becerra. Escrito sobre Camacho Roldan. En El Liberal, suplemento; obra citada. 111. Salvador Camacho Roldan: Notas de viaje. Dos tomos. Publicaciones del Banco de la República. Archivo de la Economía Nacional. Bogotá, 1973.(Regresar)

112. Salvador Camacho Roldán: Escritos varios. Tres tomos o series. Librería Co­lombiana. Camacho Roldan & Tamayo, Bogotá, 1895. (Regresar)

113. Aníbal Galludo. Página sobre Valenzuela en El Liberal; obra citada. (Regresar)

114. El Vigía. 11-V-1898. (Regresar)

115. Luis A. Robles: «Gil Colunje». El Liberal Ilustrado; obra citada. (Regresar)

 

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