Sanclemente, Marroquin, El Liberalismo y Panamá
Otto Morales Benitez
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CAPITULO V

Misión liberal al exterior. Uribe Uribe y Eloy Alfaro.  La guerra conservadora.  Estampa de Eloy Alfaro.  Otro documento capital.  Importantísimo mensaje de Uribe Uribe.

 

Misión liberal al exterior

              Hemos leído en este estudio, que hablan de la posible guerra entre conservadores. A ella aluden los nacionalistas y los históricos. Es tema de reflexiones políticas. Pero, también, como muchos de los sucesos nacionales de esa etapa, se oculta, se elude, no se examina, no hay criterios expuestos. Sólo ahora conoceremos en detalle esta situación que volvía aún más inquietante la época.

         El liberalismo tenía una comisión en el exterior que recorría a Centroamérica. Debían de buscar contacto con Venezuela y el Ecuador. A la misión se unió Uribe Uribe, pues inicialmente su nombre no se consideró para esa actividad internacional. Este, empujó con tal decisión que logró que le diesen el mismo encargo que cumplían los doctores Poción Soto y Luis A. Robles. Se le previno que no debería de intervenir ante Eloy Alfaro, en el Ecuador. No hizo caso a esta limitación. Al contrario, viaja a Quito Max Grillo cuenta cómo allí se encontraron y este estableció los contactos.

         Es una manera de comportarse muy singular: dejan, en Bogotá, escrito lo que se va a realizar, No temen a los allanamientos, requisas, decomisos, búsquedas del Gobierno. El veinticuatro de febrero de mil ochocientos noventa y siete, levantan un acta que, además, firman, sin ocultar ninguno de los rasgos de la escritura de sus apelativos, don Aquileo, Nicolás Esguerra, Gil Colunje, Aníbal Currea, Zoilo Cuellar. 88 Las disposiciones son elocuentísimas: que Uribe Uribe se incorpore a la misión para que «procedan a verificar todas las gestiones necesarias para conseguir los elementos y medios que faltan para acometer la obra de restaurar la República de Colombia». Se dice que los comisionados obrarán «ya colectivamente, ya por separado cada uno... quedan autorizados para contratar empréstitos y tomar todas las medidas conducentes al logro del objeto indicado, pues para ello se les confieren poderes bastantes a nombre del Partido Liberal Colombiano». El objeto explícito es «restaurar la República en Colombia». Es decir, se vivía en dictadura, no existían reglas democráticas. Se les advierte que deben conseguir el concurso de Santiago Pérez, el desterrado, para la «obra de reivindicación de las libertades públicas en Colombia hasta ponerla a punto de introducir al país los elementos de guerra».

         No conocemos estudios, trabajos, memorias, recuerdos, cartas, memorándums, etc., acerca de estos desplazamientos tan cardinales. Y menos  que se hayan examinado sus objetivos: la guerra conservadora. Esto se establecerá con los documentos que se van a leer.

 

Estampa de Eloy Alfaro

           A Uribe Uribe se le advirtió que no tomase contacto con el Ecuador, pues era actividad que ya se había cumplido, al parecer por Luis A. Robles. No tuvo en cuenta esa amonestación: él lo intentó. Visita al Ecuador y el 2 de noviembre de 1897 89    le envía una carta al presidente Eloy Alfaro.

          Antes de avanzar, es bueno hacer una breve estampa de este caudillo que tuvo tanta singularidad en la vida democrática de su país e irradiaciones sobre el continente. De una página de José María Vargas Vila, tomamos algunos apartes de su juicio consagratorio: «He ahí al gran luchador, la inmensa alma que va solitaria y triste por las playas del destierro. Alfaro es el verbo de Juan Montalvo hecho hombre... El liberalismo americano no tiene una figura más pertinazmente luchadora... contra García Moreno, contra Veintemilla, contra Flórez, contra Caamaño, contra todos esos tiranuelos sacristanezcos, mitad curas, mitad hienas, el combate de Alfaro ha sido pertinaz, constante, terrible... En su largo destierro ha sido el compañero de los proscriptos y sentándose al hogar de los grandes pensadores liberales. El fue el amigo y confidente de Montalvo; el amigo de Mitre, el liberal argentino; de Lorenzo Montúfar el gran radical; de Santiago Pérez, el gran perseguido».

           En la introducción a las Obras escogidas de Eloy Alfaro 90 , se leen algunos datos que relievan su personalidad. Compañero intelectual y político en la lucha por liberar al Ecuador de las diferentes amarras sociales, económicas, ideológicas, que pesaban sobre la vida colectiva, de Juan Montalvo 91 Vicente Rocafuerte, Pedro Carbo, Pedro Moncayo, Abelardo Moncayo, Manuel J. Calle, Miguel Valverde, Federico Proaño, Roberto Andrade, Luis Vargas Torres, Emilio Arévalo, etc.

           El juicio y síntesis de su obra y de su pensamiento, se expresan cabalmente en la introducción de aquellas Obras. El hizo la gran revolución económica, especialmente la agraria, liquidando parte del latifundismo que mantenía dominio sobre las tierras y los hombres. El ‘colonialismo’ español seguía imperando, con resabios esclavistas contra los indígenas.

           «Alfaro o alfarismo significaron en el Ecuador para importantes sectores: revolución, regeneración, radicalismo, progreso, democracia. Todo esto en oposición a la reacción feudal-clerical, que a lo largo de las páginas de Alfaro se encuentra bajo la denominación de conservadorismo, terrorismo, colonialismo, tradicionalismo, floreanismo, garcianismo, progresismo, etc, etc., que son algunas de las diversas modalidades con las que se han presentado en el Ecuador los representantes del tradicionalismo clerical feudal, procolonialista.

          «Es la lucha de lo que representaba Alfaro: el triunfo del progreso en el momento histórico en que actúa; y lo que representaban los distintos portaestandartes del conservadorismo: la reacción. Ganó la batalla Alfaro y el movimiento radical, al lograr la hegemonía en un movimiento nacional, revolucionario, que excedía inicialmente de los marcos del movimiento liberal radical. En la batalla de Gatazo (14 y 5 de agosto de 1894) fue denotado el conservadorismo, el tradicionalismo, con Alfaro a la cabeza de un vigoroso movimiento popular, que en esos momentos estaba ya bajo la dirección liberal radical».

          El final de su vida política lo consagró un episodio trágico. La reacción ecuatoriana montó contra él una campaña que confundió al pueblo, que siempre actuó como su aliado. Algunos lo tomaron y lo arrastraron por las calles de Quito el 28 de enero de 1912. Nos hemos detenido en esta figura, por su alcance político, por las relaciones que tuvo con Colombia, porque consideramos que es aconsejable destacar más los valores intelectuales y políticos del continente. Nuestra historia debemos despojarla de tanta referencia a los héroes eurocentristas y rescatar nuestros propios valores.

          La primera carta 92 es singularmente delicada y previsiva. No es lógico suprimir su lectura.

 

Quito, noviembre 2 de 1897

 

Señor general don Eloy Alfaro. Presidente de la República.

Presente.

 

Muy respetado general:

Hace ya varios días que estoy en esta capital. Mi propósito fue siempre venir al Ecuador, pero en vez de hacerlo directamente desde Buenaventura en agosto último, fui a Panamá y Centroamérica, así para ponerme al habla con el doctor Robles, en Managua, como para despistar a los agentes del Gobierno colombiano. Con pretexto de una exploración relativa a la industria cafetera, pasé a Guatemala, donde cambié mi filiación y tomé pasaje directo para Guayaquil, a bordo de un vapor alemán. Por desgracia, este varió inopinadamente de itinerario y resolvió tocar en Buenaventura. Aunque allí procuré resguardarme y aunque después he usado precauciones exquisitas, no estoy seguro de que mi venida a este país haya pasado inadvertida para nuestros enemigos, y antes sospecho que están impuestos de ella.

        Sentiría que usted considerara mi viaje como demasiado comprometedor y que eso enfriase algún tanto su buena voluntad para con los liberales colombianos. Pero debo advertir que ese viaje no es un acto de ligereza sino exigencia del curso de los sucesos que están precipitándose en Colombia.

        Llegado aquí, he permanecido sin salir de mi alojamiento y sin dejarme ver de ninguno de mis paisanos, excepto del doctor Grillo, y eso sólo desde anoche y porque lo necesitaba para portador de esta carta y documento adjunto, cuyo contenido ignora en absoluto.

        Si, conocida mi presencia por el ministro Villa, la hace objeto de alguna queja o gestión, bien puede el señor general presidente declarar que no le consta que esté yo aquí y que el informe del señor ministro es la primera noticia que de ello tiene; que no he sido ni seré recibido por usted, en correspondencia a la conducta del señor Caro, que no concedió audiencia a Bowen cuando estuvo en Bogotá (aunque a mí me consta lo contrario); y aun si Villa llega a solicitar que se me despida, bien puede también otorgarlo al señor general, sin que yo lo tome a desaire; antes bien, ese pequeño triunfo adormecería la vigilancia, y mientras mayor confianza se inspire a los enemigos, mayor libertad queda para darle el golpe de gracia.

      No quisiera volverme sin haber tenido el honor de conocer a usted personalmente; pero me parece más prudente —mientras no determine usted otra cosa— dirigírmele por escrito. Por eso, en lo que toca a la comisión que traigo, me permito acompañar una exposición, que pueda reemplazar las conferencias verbales o ser preliminar de ellas, si usted resuelve que se verifiquen.

     Me dirijo a usted con la franqueza y confianza que emplearía para con uno de mis jefes. De ahí que la exposición contenga revelaciones acerca de las cuales la sola recomendación de la reserva sería ofensiva, sobre inútil, pues el Gobierno del Ecuador tiene tanto o más interés que el Partido Liberal Colombiano en mantener secretos estos asuntos. Queda, por tanto, al superior dictamen de usted decidir a quién o quiénes comunicar todo o parte de ese documento, así como si lo conserva o lo destruye. Por mi parte, destruiré inmediatamente toda pieza emanada de usted y no dejaré copia de ninguna de las que le dirija.

     Sé que tiene usted conocimiento del acta en que consta la designación de un comité de acción, compuesto de los doctores Foción Soto, Luis A. Robles y yo, y que igualmente está impuesto de las facultades con que nos invistió la Dirección del Partido Liberal de Colombia. Ahora incluyo, con carácter devolutivo, una credencial confirmatoria del acta de los poderes con que obro.

     El doctor Robles, con cuyo acuerdo se decidió mi venida, no creyó prudente escribir a usted, pero me encomendé que presentara a usted la expresión de sus simpatías y su gratitud.

     De la lectura de la exposición deducirá usted la premura del tiempo y la urgencia de una decisión, que suplico se me comunique tan pronto como sea posible, tras de lo cual partiré en el acto.

     Saludo tan respetuosa como cordialmente al señor general y formulo una vez más, desde la capital de su país, mis más sinceros votos por la prosperidad de su Gobierno y por su bienestar y dicha personales.

     Soy del señor general presidente, obsecuente y seguro servidor.

     Rafael Uribe Uribe.

La guerra conservadora

        La carta de Uribe Uribe como su exposición, dirigidas al presidente Alfaro, lo que advierten es la inminencia de la guerra que habrá entre el nacionalismo y los históricos, provocada por uno u otro grupo. En la cual el liberalismo seguramente intervendrá por razones de estrategia, que pueden conducir a un pacto con la fracción triunfadora si a este se le aseguran sus derechos; a lograr, al producirse el debilitamiento de ambos sectores, aplastarlos para recuperar el dominio democrático en la República. No es, pues, la preparación para lo que vino a ser, más tarde, la guerra de los Mil Días, como se ha sostenido repetidamente.

        En la exposición, que está escrita con la claridad y precisión que  siempre empleó en sus escritos, resplandece el análisis de la política colombiana. Su lectura explica la situación que vivían los conservadores y cuáles eran las perspectivas del liberalismo. No hay equívocos, ni planteamientos con cálculo. Tampoco asoman sigilosamente los silencios. Sus palabras, además de riguroso vigor y respeto por las normas del idioma, hacen una radiografía que coincide con el proceso histórico que se vivió en esos años. Leamos esta página reveladora 93 .

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EXPOSICION SOBRE LA SITUACION POLITICA DE COLOMBIA

I. Actitud de los partidos

           Los nacionalistas . Proclamada por el Congreso hará más de un año, la candidatura del general Reyes, para presidente de la República para el próximo sexenio, él creyó que tendría el franco apoyo del Gobierno presidido por el señor Caro; pero luego se vio que este toleraba que se lanzase su propia candidatura, puesto que constitucionalmente podía ser reelecto. Por vía de transacción se ofreció al general Reyes el puesto de vicepresidente, y así se proclamó en la prensa ministerial; pero como la combinación no fue aceptada, se prescindió después de ese nombre. Más tarde, el señor Caro se inhabilitó voluntariamente para ser electo presidente, por haber continuado en el ejercicio del Ejecutivo después del 2 de agosto último, según precepto constitucional, y por declaración explícita del presidente, retirando su nombre del debate. Por algunos meses, el nacionalismo o partido que apoya el régimen llamado «Regeneración», no postuló candidatos nuevos, esperando que al fin, el general Reyes acabaría por plegarse a las exigencias del Gobierno; mas una vez que se vio lo contrarío, lanzaba la candidatura de los señores doctor Manuel A. Sanclemente y don José Manuel Marroquín, para presidente y vicepresidente, respectivamente. Mas como el primero cuenta ya ochenta y cuatro años y el segundo más de setenta, se cree que ninguno de los dos llegaría a ejercer el poder, o no lo harían por el período completo; en ese caso, la solución del problema estaría en la elección de primer designado, que corresponde al Congreso, quien la haría en el señor Caro o en alguna de sus hechuras, pues en esa Corporación tiene el Gobierno indiscutible mayoría. De suerte que la elección de esos dos ancianos, retirados hace años de la política, sería una especie de voto en blanco que encubriría fines más hondos y serios.

          El Gobierno carece de todo apoyo real en la opinión y aún podría negarse el carácter de partido al nacionalismo o círculo ministerial, compuesto de unos pocos «independientes», de procedencia liberal, y de un corto número de conservadores que han modificado su antigua doctrina. La verdadera fuerza de ese bando la constituyen: 1°) la posesión del poder, esto es, el influjo oficial en todas sus formas; la libre disposición del Tesoro público, del ejército y del tren de empleados y 2°) la superior habilidad con que dirigen la política el presidente Caro y su ministro de Gobierno, doctor Roldán (de antigua filiación liberal).

          La elección del presidente y vicepresidente es indirecta o a dos grados. El  domingo pasado, 5 del corriente, se verificó la designación de electores por votación popular de sufragio limitado a los ciudadanos que saben leer y escribir o que poseen renta anual mayor de $500; y el 2 de febrero del año venidero esos lectores se reúnen en colegios, y eligen el presidente y vicepresidente. Si la primera elección fuera pura, el Gobierno resultaría vencido; pero cuenta para salir victorioso con estas probabilidades: 1a) el ser dueño del poder electoral: influyen decisivamente en el nombramiento de los consejos departamentales, que nombrar a su turno las juntas provinciales y estas los jurados de distrito, encargados de verificar la inscripción de sufragantes —que hacen a su amaño, suprimiendo adversarios— y de nombrar los jurados de votación, que son los que  reciben los votos —a su antojo— y practican el escrutinio en provecho del Gobierno; 2a) el voto del Ejército, mayor de doce mil hombres actualmente, y a quien se hace sufragar varias veces en las plazas donde está acantonado; y 3a) el voto y el influjo del tren de empleados que es red extendida por todo el país. Todo esto en cuanto a lo que legalmente pueda hacerse; pero a ello se agrega la violación abierta de la misma ley de elecciones, por medio de violencias y fraudes que hacen nugatorio el derecho de la oposición, la supresión de periódicos, la disolución de sociedades electorales y todos los demás procedimientos a que apelan los gobiernos impopulares.

           Los conservadores. Cuando la lucha electoral comenzó, el partido conservador estaba dividido en numerosas fracciones. Una de ellas, desprendida del nacionalismo, era la que sostenía la candidatura Reyes; otra de las principales, la de los históricos, permanecía, junto con las demás, en expectativa. No habiendo podido Reyes realizar su sueño dorado de ser candidato oficial, se ha visto constreñido a ser candidato de oposición. Al regresar de Europa en octubre último, hizo el último esfuerzo por obtener el apoyo del gobierno: mas no habiéndolo logrado, hubo de expedir una aclaración —programa que parece haberlo conciliado la opinión de todos los conservadores disidentes. En efecto, a esa declaración sucedió un movimiento de reintegración de los diversos grupos conservadores, reconstituyendo así el partido antes disgregado, y dándole número y fuerza bastante para hacerlo superior al nacionalismo oficial, si las elecciones no fueran una farsa. Todavía, sin embargo, se hicieron tentativas de aproximación entre nacionalistas y conservadores unidos: los respectivos comités se reunieron para buscar una solución conciliatoria, sobre la base de la renuncia de sus candidatos, pero la división es tan honda, que la conferencia se disolvió, no sólo sin pactar arreglo alguno sino acentuando la disensión, como se ve por el siguiente telegrama:

 

Bogotá, noviembre 17. Buenaventura, 19.

Comité nacionalista. Panamá.

          Junta compuesta miembros Partido Nacional y conservadores antinacionalistas disolvióse hoy, sin haber llegado patriótico arreglo. Inaceptables pretensiones de los últimos. Nuestros candidatos estuvieron prontos renunciar si necesario. Oposición ha hecho circular hojas y telegramas incendiarios antes conocerse solución Junta demostrando tendencia rechazar toda conciliación. Cuestión electoral pues mismo pie. Deben continuarse trabajos favor candidatos Sanclemente Marroquín siguiendo lucha a que darán enemigos mayores proporciones de rebeldía y desorden. Publiquen, comuniquen comités. • Directorio Nacionalista.

         Todavía después, se propuso por los nacionalistas la transacción representada por la combinación Sanclemente-Reyes, o sea el primero presidente y el segundo vicepresidente; pero finalmente, rechazada por el conservatismo; de suerte que unos y otros han ido a las urnas con sus respectivos candidatos.

            Los liberales. Nuestro partido ha representado siempre la mitad, por lo menos, de la población colombiana; pero, debido al descrédito de las doctrinas conservadoras en el Gobierno, el liberalismo ha ganado terreno en la opinión de un modo sorprendente. Sin embargo, durante los últimos doce años ha estado proscrito en masa de la escena pública, no sólo por la absoluta negación de sus derechos políticos, sino por la privación de las garantías individuales, de que han sido víctimas constantes todos sus miembros. Diversas veces ha intentado recuperar su ascendiente por medio del sufragio, pero siempre ha sido burlado. Sólo un representante pudo enviar al Congreso de 1894 —el doctor Robles— y otro al de 1896, el suscrito; pero ni un diputado se le ha concedido en las asambleas departamentales, ni un vocal en las municipales, ni un vocero en ninguna otra clase de corporaciones, electorales, judiciales. Escarmentado el partido liberal con semejante experiencia, no pensaba concurrir a las actuales elecciones; pero solicitado directamente por el Gobierno con especiales, aunque no desinteresadas promesas de garantías, decidió hacer la prueba por última vez, y para  ello se preparó con su acostumbrada decisión; pero, hasta donde alcanzan mis noticias, los procedimientos de las autoridades inferiores para falsear el sufragio, no estaban diferenciándose de los practicados en ocasiones anteriores. En lucha leal, el liberalismo prevalecería indudablemente sobre todos sus adversarios juntos, tal es injusticia de su causa, el número de sus partidarios y el vigor de la organización disciplinaria que se ha dado; con mayor razón triunfaría de sus enemigos divididos por abismos incolmables. Pero lo seguro es que su derecho habría sido una vez más menoscabado, si no anulado por completo, no obstante la palabra del Gobierno oficial y solemnemente empeñada. Lo que sí es de preverse es que, a pesar de todo, habrá logrado asegurar un número regular de electores en todo el país, y que no constituyendo mayoría los del nacionalismo por sí solo, ni los del conservatismo de lado, les corresponda a los electores liberales ejercer el papel de árbitros entre los dos bandos enemigos, ya que es excusado pensar que tenga número de electores para imponerse por si mismo, o que —obteniéndolo— se le reconocería el triunfo. En otros términos: el partido liberal votó el último domingo por electores propios, pero no ha presentado candidatos para presidente y vicepresidente, ni ha manifestado a adherirse ninguna de las candidaturas de sus adversarios enfrentados, no es probable que haya alcanzado suficiente número de electores para votar por candidatos liberales, y, en el supuesto contrario, de nada le serviría, pues el poder no le sería entregado; pero acaso en la elección de febrero si pueda presentarse con sus electores para modificar el resultado final. Desde hace varios meses ha venido siendo solicitado el apoyo de nuestro partido, a la vez por los nacionalistas y los conservadores. Con estos no ha podido establecerse aproximación de ninguna clase, a pesar de analogía de posición y una de ciertas conexiones de doctrina, resultados de la modificación reciproca de los credos antiguos; pues ellos representan la porción intransigente y antipática del viejo conservatismo, y así por eso, como por estar hoy encarnada en dos caudillos aborrecidos del liberalismo, los generales Reyes y Gustavo Calderón, candidatos para presidente y vicepresidente, creo imposible de vencer la repugnancia a todo avenimiento con ese bando. En cuanto al nacionalismo, el señor Caro, que es su jefe, como cabeza del Gobierno, ha ofrecido modificar las instituciones pata dar cabida al liberalismo y devolverle sus derechos; ha declarado no ser ni haber sido conservador; y repetidas veces ha dicho que, antes de consentir el triunfo de los conservadores, con Reyes a la cabeza, entregaría el poder a los liberales (lo cual no sería sino reparación de la defección de Núñez en 1885, por iguales causas, en sentido contrario). Razones de decoro, pero más aún el temor a ser víctima  de la política maquiavélica del presidente, es lo que ha impedido al Partido Liberal otorgar al Gobierno el apoyo que así se le pedía; pero, fuera de que son los que tienen en sus manos el poder quienes pueden cederlo en todo o en parte, por necesidad, por despecho o por cálculo; los liberales creemos más capaces de concesiones en nuestro favor a los nacionalistas que a los conservadores, sea en la forma de mero reconocimiento de nuestros derechos, o sea de modo práctico y tangible; y por esto, la inclinación más general es a terciar de ese lado con los votos o con las armas.

II. Previsiones

          De todo lo que precede se deduce que Colombia alcanza hoy un período de crisis política aguda, de cuya solución depende su suerte en época posterior indefinida. Si el conflicto se zanjare pacíficamente, como todos los patriotas lo desean, acaso el liberalismo llegue a recuperar su influjo, con los elementos puestos en sus manos por el sufragio; pero la opinión más común es que estamos en vísperas de una guerra. Efectivamente, Reyes y sus secuaces están resueltos a no conformarse con la derrota electoral; con tiempo, mientras han tenido participación en el Gobierno, han venido sustrayendo armas y pertrechos de los parques nacionales; cuentan o creen cortar con parte considerable de la guardia o ejército permanentemente; están militarmente organizados, y en secreto han venido preparándose para la guerra. Esto lo sabe con precisión el Directorio Liberal, y lo sabe también el Gobierno, que no se ha atrevido, sin embargo, a impedirlo, precisamente por ignorar la actitud que en la emergencia asumiría el partido liberal.

          El choque armado entre el Gobierno y la oposición conservadora puede ocurrir en el presente mes de diciembre, si la derrota de esa oposición en las urnas es completa y si, con razón o sin ella, puede atribuirla a fraudes y atropellos del Gobierno; o puede suceder que posponga el movimiento hasta febrero, si un buen éxito parcial en las elecciones del domingo, le deja alguna esperanza de evolucionar, que luego le resulte fallida. El deber y la conveniencia del partido liberal están claramente indicados: en vez de cruzarse de brazos, esperando el resultado de la contienda entre sus adversarios, es indispensable que tercie en ella, sea cuando estén debilitados para aplastarlos a entrambos, sea desde el principio, aliándose con uno de ellos. ¿Con cuál? No teniendo simpatías ni preferencia por ninguno de ellos, y habiéndosele enseñado a no embarcarse en nave que esté yéndose a pique, el problema se presentará como del orden puramente militar, más que político, y será de tal modo como se resuelva en la hora oportuna. Más claro: el liberalismo tomará partido por aquel en cuyo favor estén las probabilidades de victoria; pero todo conspira desde ahora a hacer pensar que esas probabilidades atraerán la fortuna a los campamentos del Gobierno y no en los de los conservadores. Pero es evidente que la intervención del liberalismo, para que sea eficaz y debidamente estimada, es decir, para que más tarde no pueda disputársele la parte que le corresponda en los resultados, ha de ser con sus propios elementos y bajo el mando de jefes propios y con su propia bandera, en vez de entrar en calidad de mercenario auxiliar, que recibe con los elementos los jefes y la bandera que se le quieran imponer. Previendo los deberes que el desarrollo de los sucesos puede imponer al partido liberal, este ha venido preparándose para cumplirlos, aunque su posición de oprimido lo ha obligado a luchar con fuertes obstáculos y a obrar con gran cautela. Está listo para entrar en campaña por las llanuras orientales y por la frontera de Venezuela, pues fuera de elementos propios, cuenta con el patrocinio del Gobierno de aquel país; está listo a emprender campaña por la Costa Atlántica y río Magdalena; y listo para moverse en el interior, aunque para ello no cuenta con suficientes armas de su exclusiva posesión. El liberalismo ha erogado fuertes sumas para proveerse de elementos en el extranjero, a fin de introducirlos y ponerlos en mano en el momento preciso; esta organizado militarmente; y tiene la resolución —desde el primer jefe hasta el último partidario— de arriesgarlo todo, sin omitir sacrificios ni fatigas, para aprovechar esta ocasión única de redimirse de la servidumbre, una vez por todas, ya que en sus manos está su propia suerte, como árbitro entre sus enemigos. Pero, por más esfuerzos que ha hecho, no ha alcanzado el liberalismo a proveerse de todos los elementos que necesita para obrar por el Pacífico, en Panamá y el Cauca. Ha procurado bastarse a sí mismo, para evitar el extremo de tener que solicitar a sus amigos de otras repúblicas; pero, por una pare, el objetivo era sumamente difícil de alcanzar plenamente en un país tan vasto como Colombia, en territorio, costas y fronteras; y por otra, los jefes de nuestra comunidad son hombres serios y prudentes, que no quieren descuidar nada, ni encomendar al azar sino lo menos posible. Es el deseo de acumular probabilidades lo que los induce a pedir el apoyo de sus copartidarios de otros países.

          A nombre del liberalismo colombiano, empeño mi palabra de que  cuenta ya con el decidido concurso del Gobierno de Venezuela, del de Nicaragua y del de Ecuador. La generosidad de este último se ha encontrado, por desgracia, limitada por la necesidad de no desprenderse en nuestro favor sino de una cantidad de elementos inferior a su deseo, a causa de que, siendo un régimen nuevo, no era prudente desproveer repentinamente sus parques; así mismo, su situación fiscal no es, por el momento, holgada, aunque tiene la seguridad de mejorarla en todo el curso del año próximo, en cuanto expiren los compromisos que dejó el régimen pasado; por eso su voluntad no puede traducirse en suministros de fondos para adquirir armamentos, sino sólo en la concesión de su crédito ante el Gobierno de Guatemala. A este se ofrecen dos garantías: a) La del Partido Liberal Colombiano, revestida de las solemnidades necesarias, comprometiéndose a devolver los elementos que se le suministren, ya en el caso de que lleguen a ser innecesarios, porque la crisis se resuelva pacíficamente, ya en el de que llegue a ser gobierno o parte de él, como resultado de la guerra; y b) la responsabilidad del Gobierno del Ecuador, en esos mismos casos o en cualesquiera otros que puedan ocurrir.

          Esto es cuanto a aspectos de orden práctico, que todo Gobierno está obligado a tener en cuenta; pues en cuanto a motivos del orden moral, bien se me alcanza que por sí solos bastarían para inducir al Jefe del Gobierno de Guatemala a venir en auxilio del partido liberal colombiano. Sé bien que para el señor general presidente no es concepto vacío de sentido el de la solidaridad de ideas al través de las fronteras, y no en forma meramente platónica de estéril simpatía, sino en la activa y fecunda de los hechos, que es en la que los hombres enérgicos traducen siempre sus aspiraciones; y sé que a su apellido está vinculada una tradición de expansión altruista y generosa, que tiene más cuenta de los ideales y la gloria que de efímeros intereses materiales, tal como suelen comprenderlos las mentes vulgares. Por eso tengo la más ciega convicción de que, siendo el señor general-presidente un gobernante liberal, no será sordo al ruego de sus hermanos de Colombia, que de él esperan que les ayude a redimirse y que sabrán pagarle en la moneda que él más aprecia ya que su alma noble es más sensible: la de la gratitud y aplauso de un gran partido que le deberá su salvación. Mandatario de esa comunidad, avanzo en estas líneas la expresión de mi eterno y profundo agradecimiento, persuadido de que mi gestión no será baldía. Ese sentimiento es el que me ha impulsado a ser franco y sincero en este escrito hasta el punto de hacer en él revelaciones, hijas de la franqueza y confianza que median entre sostenedores de una misma causa, y acerca de las cuales la sola recomendación de la reserva sería ofensiva.

          Para terminar, debo insistir en que el partido liberal de Colombia no propone tomar una iniciativa revolucionaria, que probablemente daría lugar a que –bajo la presión de un común peligro- se uniesen para resistirle sus enemigos, separados hoy por disensiones profundas. Trata solamente de que la lucha armada que prevé entre esos adversarios no lo coja desprevenido y falto de recursos para aprovechar la ocasión de reivindicar sus derechos. Esperará a que el conflicto estalle; pero para entonces necesita y desea poseer los elementos indispensables para desempeñar su papel de mediador o árbitro, con eficacia bastante para que no esté en la voluntad de los demás el desconocerlo. No invita a los gobiernos amigos a que se pongan en ocasión de ser acusados de faltar a la neutralidad en contiendas civiles de otro país, puesto que lo probable en el presente caso es que el liberalismo emplee los recursos que se le facilitan en defender la legitimidad en Colombia como el mejor medio de adelantar sus propios intereses, más amenazados con el triunfo de una insurrección conservadora, intolerante y retrógrada, que con el de un gobierno, ya dispuesto en nuestro favor, pero mejor aún después de debernos su salvación.

          Como los acontecimientos pueden precipitarse de un momento a otro, concluyo solicitando encarecidamente una pronta y favorable solución, que habilite al Partido Liberal Colombiano para dar por terminados esos preparativos y aguardar lleno de confianza el porvenir.

            Guatemala, diciembre de 1897.

            Rafael Uribe Uribe

            (Delegado del Partido Liberal de Colombia)

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88. Rafael Uribe Uribe. Correspondencia. Caja No 4, carpeta No 26, folios 1949 a 1952. 2-XI-1897. (Regresar)

89. Eloy Alfaro: Obras escogidas. 2 tomos. Ediciones Viento del Pueblo. MCMLIX. Guayaquil (Ecuador). (Regresar)

90. Otto Morales Benitez: «Cercanías a un tema: Don Juan Montalvo y sus diversas expresiones indoamericanas». Boletín de Historia y Antigüedades, No 740, Academia de Historia de Colombia. (Regresar)

91. Rafael Uribe Uribe: Correspondencia. AGN. Fondo Academia de Historia. Caja No 4. Carpeta No 26, folios 1949 a 1952.(Regresar)

92. Rafael Uribe Uribe: Correspondencia AGN. Fondo Academia de Historia. Caja No 4. Carpeta No 26. folios 1957 a 1968 y 2000 a 2002. (Regresar)

93. Rafael Uribe Uribe. Correspondencia. Carta a Eloy Alfaro, Quito, 3-XI-1897 A.G.N. Fondo de la Academia Colombiana de Historia. Caja No 4, carpeta 26, folios 1953 a 1956. (Regresar)

 

 

CONTINUAR                                                             

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