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Sanclemente,
Marroquin, El Liberalismo y Panamá
Otto Morales Benitez
© Derechos Reservados de Autor
CAPITULO IV
Penurias a granel.
<<La montaña de la dura cerviz>>. Los liberales y la guerra.
Primeras reacciones, leyendas, angustias.
Penurias a granel
Al señor
Sanclemente le entregan un Gobierno con las más apremiantes urgencias fiscales. La
penuria ronda con su simbolismo trágico. Es un proceso de varios años. Algo que se
instaló en la vida administrativa colombiana con soluciones transitorias, creando una
verdadera situación de pobreza en las arcas nacionales.
El Criterio, No 4, de 17 de agosto de
1899, relata en qué condiciones recibió Sanclemente el poder, que es un juicio crítico
sobre la Regeneración:
«La situación actual del
Tesoro Público, situación de bancarrota, es el resultado de las necesidades de la
regeneración fundamental. El régimen regenerante, que nunca ha tenido el favor público;
que ha sido imposición de la fuerza al servicio de la audacia, necesitaba prosélitos y
necesitaba soldados. Para ganar prosélitos, han sido necesarios los contratos ruinosos, la
creación de empleos innecesarios, el aumento de los sueldos, las complacencias
pecaminosas... y para tener muchos soldados era indispensable un gasto enorme, abrumador.
El microbio del papel moneda, que está devorando las entrañas del país, es fruto de la
política de 1884, alevosa y villana, que motivó guerra santa; pero que fue funesta para
las libertades nacionales.
«Antes de 1879 la situación fiscal de la
República nunca fue muy difícil. El derroche de Núñez, requerido por la índole de su
política de apaciguamiento, fue el principio de la serie de hechos cuyas consecuencias
han sido el presente desastre, en el cual el liberalismo no tiene ni sombra de
responsabilidad».
Se abusó, además, por el uso
del dinero oficial en contratos, prebendas, uso irregular de los dineros oficiales para
provecho personal, equivocadas políticas de manejo del presupuesto. El vicio de la
emisión se volvió una política corriente. Sin examen se apelaba a aquella, sin temor de
lo que se estaba incubando. No eran generosas las perspectivas para el nuevo gobierno. Ya
Marroquín había pedido autorizaciones, en septiembre de 1898, a menos de un mes de
haberse iniciado su mandato, para conjurar las escaceses. Era dramático ese mundo de
cifras, mermas y dificultades. El mundo colombiano giraba, estrepitosamente, hacia el
arrasamiento fiscal. Esto le tocó recibir a Sanclemente.
El mal llevaba varios años de
estar aclimatado en la vida nacional. El profesor francés Raphael Georges Lévy, en
París, en 1911, al escribir el prefacio para un libro de Luis Eduardo Nieto Caballero,53 rememora cómo fue el sistema. Acentúa una advertencia: ello obedeció a
las tesis económicas equivocadas de Rafael Núñez. Leamos sus palabras:
«Hasta 1880 Colombia había
operado sus cambios por medio de especies, pero a partir de esta fecha, bajo la
influencia, de un lado, de las ideas falsas del presidente Núñez, y de otro, de los
acontecimientos políticos interiores y exteriores que agitaron al país, el Tesoro
comenzó a emitir billetes en cantidades tales que el reembolso vino a ser imposible y se
estableció el curso forzoso. El primer efecto de esta circulación de Estado fue el hacer
desaparecer los billetes de los bancos particulares, que hasta entonces no habían cesado
de pagarlos a la vista en especies. Pronto después el billete del Banco del Estado fue
declarado talón monetario, es decir, que debía servir para extinguir toda clase de
deudas: el peso de papel vino a reemplazar las monedas de oro y plata, que fueron
exportadas, las primeras sobre todo, en cantidades considerables. La institución del
curso forzoso, fue acompañada de algunas medidas con las cuales los gobiernos han
ensayado luchar en toda época contra la fuerza de las cosas para mantener arbitrariamente
el valor de su firma, a la cual ellos mismos no hacen honor. Los contratos estipulados en
moneda distinta a la de papel fueron declarados nulos, Todo eso no impidió la
depreciación formidable del peso colombiano, que perdió hasta los 249/250 de su curso
nominal: en un momento dado $250 papel moneda fueron necesarios para obtener $1 oro. La
inestabilidad del cambio era tal, que en el mismo día, de un minuto al otro, se
producían oscilaciones enormes. Nadie se atrevía a comprometerse en negocios comerciales
o industriales aun a corto plazo; los asalariados, los funcionarios, los rentistas, todos
aquellos cuyos recursos consistían en una suma fija, se acercaban a la miseria, porque el
poder de compra de sus recursos disminuía sin cesar. Es necesario remontarse a las peores
épocas de la Revolución Francesa para contemplar una depreciación semejante del papel
moneda; sólo los asignados de esa época pueden compararse a los billetes colombianos.
«La realidad acabó por
presentarse a los ojos del país: conoció este la inanidad de las teorías que había
profesado sobre todo el doctor Núñez y detuvo la ola creciente de las emisiones sin
medida».
La afirmación del docente
francés, la confirma Nieto Caballero cuando escribe: «Pero lo que se le reprocha a
Núñez, lo que explica y hace tolerables las diatribas contra él, es el hecho de que fue
él quien indicó el camino que debía seguirse para obtener fácilmente fondos sin pagar
interés, el que introdujo el error funesto de quienes creen que el valor de la moneda no
depende sino de la voluntad del Gobierno, y el que, confundiendo el crédito del Gobierno
con el de una institución comercial, como el Banco Nacional, erigió el sistema cuyas
terribles consecuencias se apreciaron mas tarde». Y afirma: «Sus sucesores siguieron
más o menos su política».
En Panamá54
se reproduce un artículo, «Proteo», del periódico Comentarios,
de Medellín, en el cual se describe la hondísima crisis nacional:
<>
«
La insoportable carestía de la vida, la
bancarrota de la Hacienda, el alza de las contribuciones, la paralización de los
negocios, la prostitución de las almas... eso, y todo lo demás que nos agobia es,
digámoslo francamente, el ruto legítimo, natural y forzoso del régimen que impera sin
contrapeso alguno en nuestra patria desde hace varios años», observa. No se refiere a
Sanclemente, sino que señala las causas más remotas.
En ese mismo artículo se dice que la crisis que
se vive «es un verdadero Proteo de variadísimas formas». Haciendo un resumen podría
sintetizarse: La crisis es fiscal (Gobierno Central, departamentos y municipios exhaustos
de dinero); es económica (el papel moneda); es política (la mayoría del país de todos
los partidos se halla sin derechos); de carácter social (la explotación del fisco lleva
a la mendicidad de muchos y en cambio, prevalecen los monopolios hay derroche y lujo
excesivo de dos clases sociales antagónicas crisis moral (se acabó lo justo y lo
honesto).
«La Regeneración es, pues, el
enemigo, el Proteo que visto por el lado financiero se llama Banco Nacional, papel moneda,
impuesto abrumador; por la faz económica, monopolio, suspensión del crédito, supresión
de la moneda legítima; por lo político, centralismo, represión, ley contra la prensa y
las elecciones; por lo administrativo, desgreño, imprevisión, desconcierto; por lo
moral, la impunidad, premio al mal; por lo diplomático, Cerruti, Punchard, etc., y por
todas partes una sola cosa verdadera, inevitable y aterradora: La catástrofe».
Para establecer contrastes con las ciudades y los pueblos de la provincia, de
La Voz del Pueblo, de Honda, se reproducen en El Criterio,55
de Panamá, las siguientes anotaciones: «Las cuentas de la
inversión de los dineros públicos se llevan a tanteo. Cuando se nota algún
desequilibrio entre el debe y el haber del Tesoro, se llena con una emisión nueva de
papel-moneda, único medio circulante en el país. Este sencillo mecanismo gubernamental
fue implantado por el partido conservador en la Constitución de 1886, vigente en la
actualidad, como el ideal de sus aspiraciones. El país esta consagrado al Corazón de
Jesús».
El
Correo Nacional, 56 que orientaba Carlos Martínez Silva,
denuncia que hay grave crisis fiscal y para remediarla se perfilan dos tendencias: una
propone «economía severa... el sacrificio de bienes momentáneos en aras de un porvenir
menos cargado de angustias... el otro, remediar inconsultamente las necesidades que nos
agobian... con medidas de acción rápida... que inclinan más el piano por donde rodamos
al abismo».
Pero para que tengamos mayor conciencia de lo que acontece en el país,
refresquemos algunas noticias cardinales: el 2 de octubre se recibe en la Presidencia un
telegrama del Tribunal de Buga, en el cual manifiestan que el Poder Judicial suspende
labores «por falta pagos sueldos». Así lo publica El Correo Nacional,57
con las siguientes anotaciones: «Tristes
consecuencias son estas de los grandes desaciertos ejecutados con fría calma en épocas
pasadas.!!!...». Le «ha correspondido al actual gobierno recibir tremenda herencia y
asistir a las aterradoras escenas de una sombría tragedia».
<> El desquiciamiento de la nación, es estrepitoso. Los empleados judiciales de Panamá58 abandonan sus cargos. Ismael G. de Paredes, en oficio No 222,
de 15-IX-1899, le escribe al secretario de Gobierno, para que comunique a quien
corresponda, que «va ya para diez y nueve mensualidades las que el Gobierno debe de
sueldos, a la par de los demás empleados judiciales del departamento, a los empleados
subalternos de este juzgado; y según el estado actual de las cosas, se hace temer con
demasiado fundamento, por desgracia, que continuarán formando falange las nuevas
mensualidades que se venzan, no quedándole al pobre empleado ni la desesperada
oportunidad de vender lo que representa el sudor de su frente por la tercera o cuarta
parte de su valor, puesto que la desconfianza ha cundido tanto, que ni en esas condiciones
se encuentra persona que arriesgue su dinero».
Carlos Calderón, ministro del
Tesoro,59
el 21 de julio, le escribe al
p
residente
Sanclemente: «Jefes de la Guarnición de Popayán, avisan que en el día de ayer hub
o
conato de insurrección en
el Batallón que comandan por cuanto hace veinte días que no se les da ración y por
cuanto las vivanderas han decidido no llevarles alimentos». El Consejo de Ministros
aconseja reunir a los comerciantes y los bancos, para solicitarles un empréstito de dos
millones.
El Minguerra, José Santos,60
avisa al presidente: «...situación fuerzas acantonadas Cauca, Tolima, Santander, es por
demás angustiosa por falta de recursos, en términos que vivanderas no pueden
suministrarlos porque a ellas tampoco les dan crédito a causa de muchas deudas.
Telegramas repetidos llegan despacho anunciando temores insubordinaciones. Heme dirigido
con insistencia señor ministro Tesoro solicitando remedio situación sin obtener
respuesta satisfactoria. Os ruego me indiquéis lo que debo hacer». Es tan desesperante
la situación fiscal que el ministro del Tesoro Calderón61
le escribe al Mingobierno Rafael M. Palacio para exponerle «lo ocurrido entre el
señor presidente y yo, respecto del monopolio de los fósforos». Era una manera
indirecta de dar explicaciones al mandatario y buscar una cercanía que le fuera
favorable. Expresa que Sanclemente había indicado «conseguir recursos en oro» para
elementos solicitaos por Minguerra, que habían emitido «bajo la palabra del Gobierno».
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