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Sanclemente,
Marroquin, El Liberalismo y Panamá
Otto Morales Benitez
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Reservados de Autor
CAPITULO XXI
(2 parte)
Estas reacciones e iniciativas las hizo conocer
en nuestros medios políticos y administrativos. Eran indicativas de lo que sucedería en
el futuro.
Fue Arosemena nuestro diplomático eficaz y
brillante en el Perú, Chile, Inglaterra y Francia. Su última misión, por cierto de
eficaz brillantez e importancia para las relaciones entre los países, la cumplió en
Venezuela. Fue cuando se logra llegar a un tratado que somete las diferencias al arbitraje
y este documento se firma el 14-IX-1881. Rafael Uribe Uribe, en su estudio 'Venezuela y
los tratados',
expresa: «La obra de nuestra Cancillería culmina en 1881
al lograr el doctor Arosemena la convención de arbitraje juris, esto es, el juzgamiento
del pleito de límites por arbitro Juez de derecho, gran victoria desestimada más tarde
por la diplomacia regenerativa».
En dos oportunidades, Núñez advirtió que era
necesario buscar una personalidad que no le fuera hostil. Arosemena se consideraba un
«radical gólgota» y así lo proclamaba en sus discursos. Con el liberalismo realizó
sus campañas de una impresionante magnitud política e ideológica. Núñez le propuso
que fuera candidato para suceder a Zaldúa en el período 1882
a 1884. Vuelve a
repetirle la propuesta en 1884-1886. En ambas
ocasiones declinó cualquier posibilidad.
Arosemena fue un trabajador intelectual.
Publicó libros, tratados y folletos. Ya señalamos el que editó en Estados Unidos. Ahora
mencionaremos otros: «La comunicación Inter.-marina», tal vez su primer trabajo sobre
materia trascendental para Panamá y Colombia. Sobre este tema editó, en 1844,
su folleto Examen sobre la franca comunicación entre los dos océanos.
Sobresalieron sus trabajos eruditos y referidos a nuestras devociones hacia el futuro
político y administrativo: Los apuntamientos de Estado Federal, en donde explicó el
alcance de su reforma constitucional y señalaba las ventajas del sistema para Panamá.
Así respondía a sus adversarios. Sus Estudios constitucionales son dos tomos de
versación reconocida y cuyas varias ediciones han despertado admiración entre los
expertos en examen de cartas magnas. Luego, aparecen sus Principios elementales de
legislación. Se considera como su primera obra de gran aliento la que intituló Apuntamientos
para la introducción a las ciencias morales y políticas, que expone su tesis de que
lo ético no podía abandonarse ni en las luchas ni en los actos públicos, ni por los
dirigentes ni por el pueblo. Se advierte la influencia de Ezequiel Rojas, el expositor de
principios liberales, quien había publicado Filosofía moral, de tan trascendental
importancia en el pensamiento colombiano. Continuando en esta línea de criterios, lanza a
la circulación sus Principios de moral política. Más tarde reparte su trabajo El
Estado Federal de Panamá, que sus comentadores le señalan capital importancia
histórica. Cuando está en misión diplomática en Chile publica El matrimonio ante la
ley. Más tarde aparece su opúsculo Límites entre los Estados Unidos de Colombia
y los Estados Unidos de Venezuela.
Cuando se proclama la Constitución de 1886,
adelanta un estudio con el nombre de «Reacción en Colombia», donde quedan enunciadas
sus críticas jurídicas. El principió por manifestar que «Con todos sus defectos, y
entre ellos, el muy grave de ser obra de un partido rebelado contra la legitimidad, la
Constitución de 1863
se había sostenido doble tiempo que la de más larga vida entre sus predecesoras...
Había fundado una nueva legitimidad por el consentimiento expreso de todos los partidos,
tenía el derecho a ser tratada algo mejor que el estatuto provisorio de un dictador
adueñado del poder. ¿Quién no advierte, además, el peligro de la nueva doctrina?»
Continúa su examen y hace una síntesis de
algunos temas trascendentales: «Centraliza rigurosamente el gobierno de la República,
suprime los estados federales con el mismo derecho con que hubiera podido someter la
nación entera al coloniaje de Alemania o de Rusia; pues que dichos Estados carecían de
representación propia, y no habían renunciado su autonomía, si es que de ella puede
renunciarse. Sintetiza ese mismo Gobierno en el Poder Ejecutivo, que entrega a un
presidente llamado el Gobierno, con período de seis años, y casi ninguna
responsabilidad. Pone bajo su entera dependencia los gobernadores o jefes de las nuevas
secciones o suprimidos estados, renovando el satrapismo de la antigua Colombia. Concédele
facultades omnímodas en casos de guerra exterior o de conmoción interior, tan fácil de
inventar o de promover adrede; y con la anuencia del Congreso, ciertas facultades
extraordinarias, aun en tiempo de paz, por causas de conveniencia pública. Atribúyele el
nombramiento de los magistrados de las cortes supremas y superiores, que, por primera vez
en la historia constitucional de la República, lo reciben de por vida. Permite la
elección para el Congreso de los empleados ejecutivos, lo que unido al veto, más eficaz
ahora que antes, da al presidente una influencia preponderante en la acción legislativa.
Restablece, en fin, el consorcio de la Iglesia y del Estado, y vuelve a dar (artículo 41) a la juventud la
educación religiosa.
«No omitió ciertamente declarar y definir
garantías, retrocediendo no poco en el camino andado de la autonomía individual, como
cuando restablece la pena capital, que sin retraer, mantiene la índole de la barbarie, y
el crimen resultado suyo; y como cuando sujeta de nuevo la imprenta al capricho de
autoridades o de jueces incompetentes, ahogando así la única voz segura de la opinión.
Si a lo menos hubiera mediana disposición en el nuevo Gobierno a respetar las garantías
declaradas, tendría el derecho de alegar buena. Pero la pronta suspensión impuesta a los
periódicos que no elogian a ese Gobierno, y la deportación, sin juicio previo, de
notables ciudadanos disidentes, bastarían para calificar de mero ludibrio la llamada
Regeneración colombiana».
Trabajaba intelectualmente Arosemena. Amaba
dejar expuestas sus ideas, sin dubitaciones. Sabía que la pluma ayuda a organizar la
orientación de los humanos. Que ella, con palabras, va armando la ruta de los seres. Que
estos, finamente, siguiendo el curso de los adjetivos, descubren qué cosas deben amar y
por cuáles combatir. Confiaba en el milagro de la meditación. Abraham Moreno, en un
artículo que publicó en 1898,
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mencionaba
otras obras del escritor colombiano: Código de moral, Apelación al buen sentido yola
conciencia pública, Acreencia mejicana. El convenio de Colón, Proyecto de tratado para
fundar una liga suramericana y, en Londres, en 1878,
editaron su The institution of marriage in the United Kingdom. Nos dan testimonio
estos escritos, cómo era de laboriosa la mente de Arosemena.
Don Aquileo Parra en sus Memorias escribe
una estampa de Arosemena. De él dice palabras justas:
«Arosemena, aparte de su reconocido talento y
de su vasta ilustración, era el más hábil parlamentario que he conocido, sin exceptuar
al mismo Ancízar, tan perito en la materia. Durante largas y aun cansadas sesiones,
seguía Arosemena atentamente el curso del debate, sin cambiar de posición ni de lugar.
Pesaba con serenidad, y apreciaba con criterio insuperable, las razones que se exponían
en pro y en contra de la cuestión; y cuando ya el debate estaba para concluir, hacía uso
de la palabra, para resumir y condensar con claridad y orden admirables los razonamientos
que se habían hecho valer, y agregando los suyos propios, que eran siempre de gran
fuerza, ejercía las más de las veces decisiva influencia en el resultado de la
discusión».
Arosemena era hombre culto. Venía de una
influencia intensa de Jeremías Bentham, que nunca ocultó y que consideraba que le había
dado fundamentos esenciales para desenvolverse, con claridad, en las teorías políticas.
Las tesis del utilitarismo y del positivismo, se discutían en su época y él participaba
en el examen de ellas. Venía de la lectura de Bacon, del barón de Holbach, de Volney, de
Rousseau, de Tracy, de Condillac, entre los autores más sobresalientes. Su pasión fueron
el estudio, la patria y las ideas del liberalismo radical colombiano.
Deja otro ejemplo de cómo era la austeridad de
la vida de quienes tenían primacías políticas e intelectuales. Era una conducta, una
manera de ser, una índole normal en sus existencias. No tenían que hacer ningún
esfuerzo para acomodar sus existencias a sus prédicas morales. Moreno escribe: «Deja el
eximio hijo de Panamá a su digna esposa enferma y casi en la indigencia, epílogo
honrosísimo de setenta y nueve años de vida consagrados al servicio desinteresado de la
sociedad, al estudio de sus necesidades morales y políticas y a procurar el progreso y la
honra de la amada patria. Jamás entró en su corazón el cálculo del sórdido interés
para obtener medros, a favor de las consideraciones que mereció de sus conciudadanos y de
los altos puestos que ocupó». ¡Honra a los colombianos su vida y su lucha!
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257. Otto Morales Benitez: Muchedumbres
y banderas (Luchas por la libertad). Capítulo «Vicisitudes de la libertad en la
Nueva Granada: Vicente Azuero». Segunda edición Plaza & Janes. Bogotá, 1980.
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258.
El Liberal Ilustrado,
suplemento de El Liberal. Directores: Rafael Uribe Uribe v Carlos Adolfo Urueta.(Regresar
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