Sanclemente, Marroquin, El Liberalismo y Panamá
Otto Morales Benitez
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CAPITULO XXI

Una mirada rápida sobre Panamá.  Recuento panameño de separaciones.  Repaso sobre Justo Arosemena.

 

Una mirada rápida sobre Panamá

Panamá era la parte territorial que lanzaba a Colombia para mantener una presencia internacional vigente y trascendente. Nos daría una nombradía que, en cada hora, mientras crecía el comercio en el mundo, sería de mayor esplendor. Era la faja de tierra que se volvía bandera de las relaciones universales. Contaba con otros dones su gente, su vocación de amor a la integración con el resto de la patria, sus luchas compartidas en devociones. Eso sí, tenía un grave defecto para la Regeneración: era radicalmente liberal. Algo imperdonable política, religiosamente. Era la época cuando fray Ezequiel, obispo de Pasto, escribía: «Sólo admitimos un liberalismo, malo, pésimo y condenado por nuestra Santa Madre Iglesia». Todavía nos asalta una inquietud: ¡cómo la beatificación, si estaba, beligerantemente, en contra de la mitad de la opinión de una nación!

El hecho de que allí se expresara una mayoría liberal, apasionada y fiel a su ideología, combatiente en la guerra de los Mil Días, y constante en su beligerancia doctrinaria, repugnaba a los gobernantes de fin de siglo. Debían de pesar otros prejuicios: gente costanera en parte; cercanos al Caribe rebelde; mestizaje bien definido en color, actitudes y rechazo de influencias españolas; carácter alegre y de revuelta humana, que contradecía el espíritu de la Regeneración. Esta tiranía estaba para imponer las reglas hispanistas. Para que volviéramos a ellas, sin ningún acento de rebeldía. En cambio, el espíritu panameño era levantisco. Por su misma situación territorial, tenía más una visión internacional que una pequeña vocación provinciana. Estaba en el centro del torbellino mundial. Por ello aparecía lejano en sus designios de todo, de absolutamente todo, lo que destacara a la Regeneración.

Recuento panameño de separaciones

Se asegura la independencia de España sin necesidad de combatir por parte de Panamá, y se integra a la Gran Colombia. La primera visita política que recibe es la de Antonio Leocadio Guzmán, 253 «encargado por el Libertador de hacer conocer de los panameños su famosa Constitución Boliviana, que no contó con sus simpatías».

En 1826, se reúne el Congreso Anfictiónico con matices esenciales en la concepción de Bolívar y Santander. El primero consideraba que era necesario y conveniente 254 la «alianza de los nuevos estados hispanoamericanos con Gran Bretaña y de recibir su protección...» La exaltación del Libertador lo llevó a escribir entonces que se esperaba «con impaciencia la iniciativa de ese proyecto en el Congreso de Panamá, que puede ser la ocasión de consolidar la unión de los estados con el Imperio Británico»... Es decir, para Bolívar había una condición política para la sobrevivencia de Colombia: la alianza y protección de Gran Bretaña que era una monarquía y el más poderoso imperio colonialista europeo.

Bolívar insistía en carta al vicepresidente Santander: «Entreguémonos 255 en cuerpo y alma a los ingleses... No podemos existir aislados ni reunidos en federación sino con el beneplácito de los ingleses... Toda América junta no vale una Armada Británica».

No logró lo que predicaba con tan rabiosa insistencia. El maestro Germán Arciniegas comenta: «Pero en el fondo, el mayor desencanto, el que no se atrevía ni a confesárselo a sí mismo, era el de Inglaterra. Para atraerla le había ofrecido todo Panamá y Nicaragua, como colonias, la Gran Colombia como protectorado...».

Santander, en cambio, en las instrucciones secretas a los plenipotenciarios colombianos, consideró que Estados Unidos trataría de impedir el proyecto que el propio Santander había impulsado —hay muchos mensajes suyos en ese sentido, de obtener la libertad de Cuba y Puerto Rico. El, juzgaba que asegurando la independencia de estas dos islas, no habría posibilidad de que llegasen a reconquistar los territorios ya liberados del continente. «Desde esos tiempos —como lo dice Díaz Callejas— Santander mantuvo la que fue su más original e importante doctrina en las relaciones con Estados Unidos y otras potencias, la que luego practicó como presidente de la Nueva Granada (1832-1837). Sostuvo el principio de que en los tratados y convenios de intercambio comercial no había desigualdad entre desiguales... En esta materia fue el precursor en América Latina de lo que podría llamarse la doctrina del tratamiento más favorable a los países débiles en los tratados con los fuertes, como condición para la igualdad en las estipulaciones».

Cuando se rompió la unión de la Gran Colombia, se había nombrado gobernador a José Domingo Espinar, quien declara la independencia el 25 de septiembre de 1830. Como era partidario ferviente de Bolívar, le pidió que viniese a gobernar. Cuando se instala la dictadura de Rafael Urdaneta en Nueva Granada, adherente de Bolívar, cree que debe integrar a la Gran Colombia, lucha por esta y dicta el decreto, de fecha 10-XII-1830, regresando al seno inicial.

Ruperto Hand, el asesino de José María Córdova, tenía a su cargo las fortalezas de Chagres. Tomás Herrera conducía ejércitos colombianos. Le manifiesta que no puede desembarcar porque Panamá había proclamado su independencia.

El 9 de junio de 1831, un grupo de ciudadanos proclaman en Panamá que «tendrán una administración propia».

De 1831 a 1840, se delinearon dos corrientes: una, que comandaba Mariano Arosemena, que predicaba que se hiciera un pacto con el Ecuador, para garantizar, recíprocamente, su independencia, otra, que Panamá fuera Estado libre, con protección de Francia, Inglaterra y Estados Unidos.

El 18-XI-1840, declaran que quedaban sin ligaduras con la Nueva Granada. Se reintegran el 31 -XII-1841, por acción de Rufino Cuervo, quien era el ministro en Quito. Justo Arosemena Jugó un papel decisivo en favor de la integración.

En 1850 se planea otra independencia

En 1855, Justo Arosemena, mediante reforma constitucional, creó el Estado Federal de Panamá. Era la unión definitiva con Colombia. El artículo primero decía: «Las provincias del istmo de Panamá, a saber, Panamá, Azuero, Veraguas y Chiriquí, forman un Estado federal soberano, pero no independiente de la Nueva Granada». Así se aprueba en el Congreso Nacional. En Panamá la solución trajo múltiples razonamientos, con una opinión pública dividida. Arosemena se mantuvo firme en su juicio, lo que le traía dificultades en su acción política. Su adhesión a la unión colombiana fue persistente, inteligente y sin desvíos.

En la Convención de Rionegro, que presidió el mismo Arosemena, «el gran general Tomás Cipriano de Mosquera —cuenta Martínez Delgado—, presentó a la Convención de Rionegro un proyecto de ley, modificación de uno anterior del mismo Mosquera y de otros de los convencionistas, Camilo A. Echeverri, Aquileo Parra, Estanislao Silva, Felipe Zapata y Alejandro Gómez Santos, que señalaba la ciudad de Panamá como capital de los Estados Unidos de Colombia».

En Fábregas (Veraguas) declaró el Concejo Municipal de Santiago que era recomendable que Panamá se separara de la Confederación Granadina.

 

Repaso sobre Justo Arosemena

No hay mucha memoria acerca de su vida y de sus múltiples acciones intelectuales y sus desvelos públicos. En el prólogo al libro La vida ejemplar de Justo Arosemena 256 Rafael E. Moscote indica que «El liberalismo de Justo Arosemena, respaldado por un fino sentido histórico, había creado en él una conciencia íntima de la libertad humana como elemento fundamental de la acción del Estado». Estos principios los custodiará en su vida de repúblico y de escritor. Lo veremos siempre con una existencia ceñida a un concepto ético.

Estudió en Bogotá en el colegio de San Bartolomé, donde se graduó de bachiller en humanidades y filosofía en 1833, y en jurisprudencia en 1836. Obtiene la licenciatura y el doctorado en jurisprudencia en la Universidad del Magdalena y del Istmo. Toma su grado de abogado ante la Corte de Justicia cuando se instaló en Panamá.

Desde muy joven principió a publicar notas en los periódicos. Se preocupaba de materias públicas. Amigo de don Lino de Pombo, hombre de extraordinaria inteligencia y acción política, ministro de Santander, frecuentaba su casa. Le expuso el peligro que corría Bocas del Toro en su región, pues estaban llegando extranjeros, especialmente ingleses, que explotaban sus diversas riquezas. Esa es una bellísima bahía. Que consideraba que allí debía de hacerse presente una manifestación clarísima de la administración neogranadina. Por este abandono, ya se intentó una toma de posesión por parte de Costa Rica.

Es de los primeros colombianos en agitar la necesidad de un proyecto de ferrocarril interoceánico y navegación por el río Chagres. Se le elige miembro del Cabildo y procurador municipal. Comienza, en firme, su vida pública. Su actividad comunitaria, no tendrá término. En El Comercio Libre continúa publicando sus comentarios. Su actividad es vigilante y creadora a la vez.

Cuando se presentó la candidatura de José Ignacio de Márquez, él, doctrinario ya y con definida posición ideológica, apoyó la de Vicente Azuero 257 de quien aparecen noticias reveladoras de su significación en la vida intelectual y política en la biografía de Arosemena:

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Justo Arosemena

 

«El doctor Vicente Azuero, la figura intelectual más vigorosa de la Nueva Granada, entonces, era reputado el primero entre los periodistas de su generación, sabio legislador, recto magistrado, jurisconsulto eminente y orador parlamentario muy distinguido. Había sido catedrático de derecho público y legislación, ministro del Interior en la administración de don Joaquín Mosquera y presidente del primer Consejo de Estado; además, factor muy importante con los doctores Francisco Soto, Diego Fernández Gómez y otros más en la organización de la Nueva Granada, a raíz de la separación de esta de la Gran Colombia. Todos, amigos y adversarios, le reconocían un carácter íntegro, un ardoroso patriotismo, una inmaculada vida privada, una extensa y variada ilustración y una conciencia profunda; pero muchos también combatían en él al hombre de ideas avanzadas en religión y en política y al propagandista de las enseñanzas de Bentham y Tracy. Polemista batallador y cáustico, se había conquistado grandes enemistades a pesar de ser, como decía el doctor José María Samper, «el más notable entre los antiguos radicales de Colombia y de la Nueva Granada, la juventud de la revolución y la energía de la política».

En 1841, Arosemena libró una batalla ante Tomás Herrera para indicar que Panamá debería volver a integrarse a la Nueva Granada. En esta política, no tuvo dudas. Esta vocación integracionista, le creó tantas dificultades que tuvo que viajar a Lima, donde estableció su bufete. Pero, básicamente, dedicó tiempo esencial a la fundación y dirección de varios periódicos: El Tiempo, El Peruano y La Guardia Nacional. Consideraba que existía un deber de retomar los temas que inquietaban al continente, y se inclinaba a definir y consolidar los principios rectores de la libertad. Esta, necesariamente, debía confundirse con la democracia. Estando en esta labor, pronunció, en un centro de la capital peruana, una conferencia en tomo de «las formas de gobierno en relación con la suerte de los pueblos», que despertó adhesión a su persona y se volvió centro de atención fervorosa de las gentes que buscaban definiciones políticas. Nadie ya lo destituyó de su maestría, que ejercía predicando una moral, de jefes y soldados, en la acción pública y tolerancia en la vida de relaciones de la colectividad.

Cuando el coronel Anselmo Pineda le hace una propuesta en tomo a un posible proyecto de educación, le escribe una carta que aún es aplicable en sus conceptos más capitales, en tomo de lo que debe ser en Indoamérica la educación popular.

Regresa a Panamá, en donde lanza a la circulación el semanario El Movimiento con la codirección de Manuel Murillo Toro, con quien tenía cercanías doctrinarias. Persiste en su prédica de cómo la ética no puede abandonarse por los partidos ni por los ciudadanos. Al anunciar sus propósitos, indica que ellos se dedicarán a velar por los intereses materiales y de conducta de la región de Panamá y, desde luego, de Nueva Granada. Leyendo sus páginas, hallamos estudios, referencias constantes para darle carácter de permanencia, en la vida de dirigentes y de pueblos, a una moralidad social.

Lo traen hacia Bogotá para que ocupe la subsecretaría y, luego, se encargue del Ministerio de Relaciones Exteriores, en el Gobierno de Mosquera. Entre sus funciones, sobresalió por los proyectos de leyes que redactó, con maestría, en los aspectos jurídicos y ceñido a rigor idiomático.

Regresa a Panamá y se presentan dos negocios en la administración pública: uno, la venta de lo que se llamaba las explanadas, cerca de la capital. El postor era Mosquera a quien debía exaltaciones. Se opone, pues considera que el negocio no se ciñe al verdadero valor comercial. Y, luego, defiende la integridad de los ejidos, que eran terrenos para aliviar la miseria de las gentes metropolitanas. Es la continuación de su actitud en defensa de los esclavos, recién regresó de terminar sus estudios en San Bartolomé. Tenía una estrella de justicia social, que guiaba sus palabras.

Elegido en 1852, ocupa la Presidencia de la Cámara. Es cuando propone, por primera vez, la creación del Estado Federal de Panamá, que sólo llegará a ser reforma constitucional en 1855. Desde luego, como buen jurista, participa en las propuestas a la reforma constitucional de 1843.

Con Antonio del Real, estando por fuera del Parlamento, propicia un cambio de legislación que abarcara la universalidad de las materias. Que se adoptaran códigos que ayudaran a liquidar la legislación hispanista. Nuestro carácter humano, las condiciones sociales, económicas y políticas, lo mismo que las modalidades de nuestra vida de relación, imponían criterios antes desconocidos en el imperio español. Se propone al Congreso que se le compre ese gran proyecto integral y de alcances poderosísimos para la vida jurídica. Pero él resuelve entregarlo sin recibir remuneración —a pesar de no tener impedimento ninguno para tomar la retribución— y que el Congreso adoptara nuevos sistemas en los códigos comercial, civil, minero, penal y que le diera bases sólidas a una organización judicial. Así era él y sus grandes proyectos.

Arosemena es elegido para presidir el Senado y le toca redactar la condena cuando la acusación contra Obando. Esta, más tarde, fue revocada por la Corte Suprema de Justicia. De allí sale para gobernador del Estado Federal que él ha propuesto dentro de la organización del Estado y que necesita su apoyo y defensa, pues se levantan voces en contravía.

Más tarde en el Congreso insiste en la necesidad de la reconstrucción de la Gran Colombia. Considera que la muerte de quienes fueron protagonistas cuando su disolución, hace posible ese nobilísimo propósito, que encuentra aconsejable por las circunstancias —todas favorables— para que funcionara esa aglutinación de países. El último artículo que se discutió, por propuesta de Arosemena, para introducirlo a la reforma constitucional de 1853, dice: «El Poder Ejecutivo está facultado para celebrar tratados con las repúblicas de Venezuela y el Ecuador sobre restablecimiento de la unión colombiana bajo un sistema federal de quince o más estados, cuya organización definitiva se realice por una convención constituyente convocada según las estipulaciones de dichos tratados».

Siempre, se le encontraba haciendo propuestas de gran alcance para la vida de relación de los pueblos.

Cuando se aprobó la ley electoral del gobierno de Ospina Rodríguez, en la cual le tocó participar a Manuel Antonio Sanclemente como ministro de Gobierno y de Guerra, la combatió porque anulaba la posibilidad de que pudiera manifestarse el poderío electoral del liberalismo. Era someterlo a ser, por ley, una minoría. Predijo, además, las consecuencias dramáticas que implicaba ese sistema para el país y para el Gobierno. Tuvo visión: vino la guerra y desapareció Ospina del Gobierno. Se le encuentra, beligerante y activo dialécticamente, en la defensa de la independencia de Cuba.

Preside la Convención de Rionegro en 1863. Nuevamente, aparece como expositor jurídico y político que señala caminos y advierte los desvíos. Cuando el Congreso colombiano aprueba el 28-V-1878, la construcción de un canal por concesión hecha a Lucien N. Bonaparte Wyse, que garantizaba, finalmente, la participación de Lesseps, desató fuertes reacciones en Estados Unidos. Se apeló inclusive a la doctrina Monroe para impugnarlo. En la biografía de Arosemena se evoca esa época y sus argumentos.

«Con todo, la oposición más violenta al proyecto del canal de Panamá o de Chagres, como se complacía en llamarlo Lesseps, se hizo en nombre de la doctrina Monroe. El presidente Hayes y el Congreso de los Estados Unidos llegaron hasta hacer declaraciones categóricas en el sentido de negar el derecho que Colombia tuviera para celebrar convenios que afectasen el territorio del istmo sin el previo consentimiento de la Casa Blanca. Para apreciar exactamente la importancia que Estados Unidos concedía a la naciente empresa de M. Lesseps sería necesario traer aquí una enumeración de las más autorizadas opiniones que, ya favorables o adversas, hacían circular entonces los diarios americanos; lo que, claro está, sería excesivo».

Arosemena que se va a vivir a los Estados Unidos, adelanta una campaña en la prensa, en defensa y necesidad de esa vía. Sostiene que, además, debería garantizarse la neutralidad internacional en su utilización. Publicó un folleto, The Panamá Canal in the light of American interest, en el cual reproduce piezas fundamentales dentro del proceso que se ha cumplido. Estados Unidos invocó el tratado de 1846 con Nueva Granada para solicitar su inmediato cumplimiento. Pues bien: Arosemena, para explicar que no hay violación, reproduce apartes de tal tratado; el contrato Wyse-Salgar, el conocido como Clayton-Bulwer y hace comentarios pertinentes, defendiendo la política de la Nueva Granada. Su acción de información se consideró muy apreciable en esa época, que tuvo ribetes de agresiva confrontación del imperio contra nuestro país.

A él le preocupaba que, como lo informaba The Commercial de Cinncinati, de acuerdo con revelaciones del secretario de Marina, hubieran conseguido los Estados Unidos —o algunos de sus representantes— una «concesión de tierras en Chiriquí» de parte de sus dueños para buscar unas posibles carboneras en las costas cercanas. Realmente, esto lo que indicaba era que se iban a vigilar las operaciones de los franceses.

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253. Luis Martínez Delgado: Panamá: su independencia de España. Su incorporación a la Gran Colombia, Su separación de Colombia. El canal interoceánico. (Regresar)

254. Apolinar Díaz Callejas: El lema Respice Polum y la subordinación en las relaciones con Estados Unidos. Academia Colombiana de Historia. Bogotá, 1996.(Regresar)

255. Germán Arciniegas: Bolívar y la revolución; obra citada.(Regresar)

256. José Dolores Moscote y Enrique J. Arce: La vida ejemplar de Justo Arosemena. Edición del Departamento de Bellas Artes y publicaciones del Ministerio de Educación. Panamá, 1956. (Regresar)

 

 

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