Sanclemente, Marroquin, El Liberalismo y Panamá
Otto Morales Benitez
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CAPITULO XX
(2 parte)

     

El cambio de tratados

Colombia mantuvo como política frente a la construcción del canal la necesidad de mantener la neutralidad. Que fuera una vía internacional en la cual ningún país tuviera predominio en su uso, pues ello afectaría el comercio internacional. Además, en presencia de una situación bélica, sena darle predominio a una nación contra las otras. Este fue el pensamiento cardinal. Por ello, firmó Colombia convenios con Estados Unidos, a los cuales se refirieron Esguerra y Torres, y ellos aconsejaban que, previendo la indiferencia de Europa, se necesitaba reforzar sus alcances y el respeto a la conducta que había tomado el país desde el principio.

El estadista Uribe Uribe, en su libro Por la América del Sur, 249 escribió con claridad:

«Mientras Inglaterra y Estados Unidos fueron rivales, mantuvieron el Tratado Clayton-Bulwer, de 1850, en que se comprometieron a no ejercer ni conservar jamás un control exclusivo sobre el canal. No obstante este compromiso, los Estados Unidos pretendieron en 1856 hacemos firmar un tratado sobre excavación del canal, que les asegurase influencia preponderante, pero nuestro país rehusó. Varias ocasiones más tarde, en 1860 y en 1870, los Estados Unidos volvieron a la carga, pero se estrellaron contra una inflexible negativa, porque considerábamos de nuestro deber seguir ateniéndonos a los dos elementos esenciales: soberanía en el istmo y neutralidad en el canal. Como se ve, la improbación del Tratado Herrán-Hay, lejos de carecer de antecedentes, estaba en la lógica de nuestra conducta; pensábamos que la Providencia, que forjó los hemisferios y los continentes, y con anterioridad eterna les dio destino para una eterna posterioridad, señaló la singular garganta de Panamá para el uso inocente del género humano, no para el provecho exclusivo de Colombia o de los Estados Unidos. Mirándonos como meros depositarios del istmo, nos considerábamos en especial responsables para con las naciones de América, hermanas nuestras y más inmediatamente llamadas a beneficiar el canal, y no nos creímos libres para traerles sin su anuencia un vecino peligroso.

«Por la concesión que en 1878 hicimos a Mr. N. B. Wyse y que él traspasó a la compañía francesa creímos al fin haber logrado nuestros propósitos, dando a nuestros intereses la mejor garantía posible, pues allí se estipularon las bases fundamentales que veníamos persiguiendo: que la empresa tuviese carácter internacional, que el canal fuese neutro y que permaneciese bajo la soberanía colombiana».

El tratado establecía reglas muy claras: 'Los gobiernos de Estados Unidos y la Gran Bretaña declaran por el presente que ni el uno ni el otro obtendrá ni sostendrá jamás para sí mismo ningún privilegio exclusivo sobre dicho canal, y convienen que ni el uno ni el otro construirá ni mantendrá Jamás fortificaciones que lo dominen...'

El artículo V, decía: 'Las partes contratantes convienen, además, en que, concluido el canal, lo protegerán contra toda interrupción, embargo o confiscación injusta, y en que garantizarán su neutralidad...'.

Cuando Estados Unidos resuelve construir un canal, en Inglaterra, lo mismo que Europa, no tienen interés en las vías de Centroamérica, como lo admiten. Se modifica este tratado por el de Hay- Paucefote, que en su artículo II dice: «Se conviene en que el canal puede ser construido bajo los auspicios del Gobierno de los Estados Unidos, ya directamente y a sus propias expensas o por donación o empréstito de dinero a individuos o corporaciones o por suscripción o compra de bonos o acciones, y en que con arreglo a las prescripciones del presente tratado, dicho Gobierno tendrá y disfrutará todos los derechos incidentales a dicha construcción, así como el derecho exclusivo de proveer a la reglamentación y administración del canal».

Este artículo atenta contra los principios colombianos y cambia el futuro de la suerte del canal.

 

Comparación de las dos vías

Estados Unidos nombró una comisión para que estudiara las ventajas de los canales de Panamá o Nicaragua. Ella se inclinaba por esta en varias de sus declaraciones.

En los días en los cuales existía tanta preocupación por atender las proposiciones de Wamer, quien presidía la Comisión Istmica, naturalmente aparecieron opositores a aquéllas. El brigadier general H. L. Abbott, en el periódico Forum publicó una comparación entre el canal por Nicaragua y por Panamá. Para nosotros es primordial conocer estas diferencias y nos ayudará a explicamos parte esencialísima de lo que sucedió posteriormente. Los datos fueron tomados de un libro de Antonio José Restrepo. 250 Es, en parte bien considerable, lo que señalaron algunos colombianos eminentes y que el Gobierno no quiso entender:

 

Comparación de las dos vías: estado actual

 

Panamá

Nicaragua

 

 

Existen hoy dos buenos puertos.

Por esta vía los dos puertos están por crearse; uno de ellos (Graytown) presenta dificultades naturales extraordinarias.

 

 

Hay ya a lo largo de la vía un buen ferrocarril.

Habrá que construir un ferrocarril difícil, que el general Haines considera que debe extenderse a lo largo de toda la vía, exceptuando la parte del lago, es decir, en una extensión de 120 millas.

 

La construcción actual bastante avanzada (cerca de dos quintas partes de toda la obra), y las dificultades restantes perfectamente conocidas.

 

En realidad, nada hecho en materia de construcción, y muchos de los elementos esenciales de ella todavía no son conocidos.

 

Ninguna de las obras proyectadas que no esté justificada por la ingeniería y reconocida como prácticamente ejecutable.

 

Una o dos exclusas (dams) proyectadas que no tienen precedente ninguno en trabajos de canales; y muchos bancos y bajíos que serán elementos permanentes de peligro.

 

Exceptuando los trabajos de Bohío no hay ninguna excavación o construcción difícil que hacer donde la caída anual de lluvias exceda de 93 pulgadas; sólo un 50% más que en nuestras costas del golfo.

 

Los trabajos más difíciles están en una región donde, según las observaciones de la Compañía de Canal, caen anualmente cerca de 22 pies (256 pulgadas) de aguas lluvias, esto es, tres veces más que los lugares de Panamá.

 

La vía queda totalmente en territorio colombiano, en que no hay intereses encontrados, pues todos se beneficiarán de ella por igual.

 

La vía quedará entre territorios de Nicaragua y Costa Rica, cuyas rivalidades pueden perjudicar los intereses del canal.

 

Distancia que debe ser alumbrada y vigilada cuando esté concluido e] canal, 46 millas.

 

Distancia que debe ser alumbrada y vigilada cuando esté concluido el canal, 176 millas; o sea, como 4 veces más que la de Panamá.

 

No existen volcanes en actividad en un radio de 200 millas, y por consiguiente, los terremotos son menos probables.

 

Volcanes en actividad cerca de la vía: el Omotepe, en una isla del lago de Nicaragua; y el Onose apenas a una distancia de 40 millas de las exclusas. Un terremoto, acaecido el 29 de abril del 98, destruyó varios edificios en León.

 

 

Costo, cuidadosamente calculado sobre planos detallados, cerca de 100 millones de dólares.

 

Concesiones de Colombia (sobre las cuales se basa toda la empresa), amplias, satisfactorias e indisputadas.

 

Costo, calculado por la comisión del Gobierno, reconocidamente inferior al costo real, cerca de 130 millones de dólares.

 

Concesiones de Nicaragua y Costa Rica, base indispensable de la empresa , o expiradas ya, o próximas a expirar, y oficialmente declarado por Nicaragua que serán confiscadas y anuladas.

 
       

 

Comparación de las dos vías una vez terminadas

 

Panamá

Nicaragua

 

Ambos puertos reconocidos ya como buenos y de fácil acceso.

 

Ambos puertos deberán ser artificiales y el acceso a ellos es dudoso, especialmente del lado del Atlántico.

 

Largo de la vía, 46 millas; duración del tránsito, 14 horas.

 

Largo de la vía, 71 millas; duración del tránsito, no menos de 44 horas.

 

Más alto nivel, 103 pies probablemente, y quizá sólo 66.

 

Más alto nivel, 110 pies.

 

Exclusas dobles desde la apertura canal, el de un compartimiento de 738 pies por 82 idem, y el otro de 738 por 59, con puertas intermedias.

 

Curvas suaves. Radio mínimo, 8200 pies. De las 46 millas de largo del canal, 25 y 3/4 son en línea recta, y 15 tiene radios iguales o mayores que 185 pies.

 

 

No hay vientos molestos, ni corrientes de ríos en ningún tiempo.

 

Exclusas sencillas, que por fuerza habrán de tener otro compartimiento agregado, y de una dimensión de 650 por 80 pies.

 

 

Curvas muy estrechas. Radio mínimo en el mismo canal, 4000 pies. En una extensión de 68 millas la vía atraviesa el río San Juan, donde para recorrer 47 y 1/4 millas de línea recta, es necesario andar 67 y 3/4 por las curvas: pérdida, 43%.

 

Grandes vientos y fuertes corrientes de ríos.

 

Canal: varias veces

Las diversas materias relacionadas con los equívocos y descuidos en las negociaciones del Canal de Panamá y la pérdida de esta provincia entrañable de la patria, los he tratado en diversas oportunidades y con referencias históricas y bibliográficas de la mayor importancia. Al lector interesado en el tema, le denuncio esos escritos como complemento de lo que aquí paso a comentar en tan importantísima materia, tan criminalmente manejada por nuestros gobiernos de la Regeneración. El primero se intitula «Colombia, Panamá y el liberalismo en la vida de Carlos A. Mendoza», 251 y el segundo, «Materiales de Uribe Uribe para una nueva interpretación histórica de la Regeneración». 252

Ahora nos detendremos en el libro de Martínez Silva, ya varias veces citado, Por qué caen los partidos. Estados Unidos siempre pensó en la necesidad que tenía de construir y manejar un canal en el istmo. Además, sus gobernantes así lo manifestaron. El presidente Hayes, el 8-III-1880 comentando la obra que emprendía Lesseps, declaraba en palabras de elocuente claridad, en su mensaje al Congreso:

«La política de este país exige un canal (entre los dos mares) bajo la dominación americana. Los Estados Unidos no pueden consentir en entregar esta influencia dominante a ningún poder europeo ni a ninguna combinación de poderes europeos.

«El canal interoceánico a través del istmo americano, cambiará esencialmente las relaciones geográficas entre las costas de los Estados Unidos en el Atlántico y en el Pacífico, y entre este país y el resto del mundo. Ese canal será el gran camino real del océano entre nuestras costas del Atlántico y del Pacífico, y, virtualmente, una parte de las costas de los Estados Unidos».

El general Grant, en 1881, en American Review decía sin timideces: «Yo recomiendo este canal americano, en suelo americano y para el pueblo americano».

Cuando en 1889, Francia ayudó a los propósitos de la Compañía del Canal, el Senado de los Estados Unidos, con sólo tres excepciones, aprobó la siguiente proposición: «El Gobierno de los Estados Unidos contempla con seria inquietud y desagrado cualesquiera intervención de los gobiernos europeos en la construcción o en el dominio de cualquier canal a través del istmo del Darién o en la América Central, y tiene que mirar esa intervención o ese dominio como lesivo a los justos derechos e intereses de la nación y como amenaza a su bienestar».

Aceleraba ese interés por el canal, varios hechos capitales: Estados Unidos ensanchó su territorio con Florida, Texas, Oregón y Alaska. Fue más evidente su designio al presentarse la guerra con España. La toma de Cuba y Puerto Rico, la compra de las islas Filipinas, y la amenaza de una guerra con el Japón, hacían más necesario el control de esa vía.

El presidente Mc. Kinley, en su mensaje de 1898, recomendó la vía de Nicaragua. El 2-V-1900, por 234 contra 36, la Cámara recomendaba esta vía.

Tomás Cipriano de Mosquera, en su folleto Nueva Granada y los Estados Unidos —edición del 5-XII-1856— manifiesta que se halla en Nueva York, lo que le permite examinar el mensaje del presidente, al Congreso, en el cual se presentan las relaciones entre los dos países «de un modo inexacto y contrario a los hechos que han pasado». Nueva Granada no había vuelto a firmar tratado con Estados Unidos después de que venció el del 3-10-1824, que duró doce años. No se llegó a un acuerdo por las discusiones que desataban los derechos diferenciales. Mosquera rememora que, como presidente, propuso que se olvidaran de este tema, y así se lo manifestó a B.A. Bidelack, encargado de negocios de Estados Unidos y agrega:

«Tenía yo en mira otro gran pensamiento, y era el de llevar a cabo la obra de un camino de fierro interoceánico, para fomentar el comercio universal por el istmo de Panamá; y, al efecto, había ordenado al ministro de la Nueva Granada en Francia e Inglaterra que propusiese un tratado que garantizase la neutralidad del istmo y la soberanía de aquel territorio».

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249. Rafael Uribe Uribe: Por la América del Sur. Editorial Kelly. Bogotá, 1955.(Regresar)

250. Antonio José Restrepo: Cuestiones colombianas; obra citada. (Regresar)

251. Otto Morales Benitez: Prólogo al libro El pensamiento de Carlos A. Mendoza. Documentos, escritos, discursos. Biblioteca Cultural Shell, Panamá, 1995. (Regresar)

252. Otto Morales Benitez: Prólogo y selección del libro La Regeneración conservadora de Núñez y Caro, de Rafael Uribe Uribe. Antología No 4. Instituto para el Desarrollo de la Democracia Luis Carlos Galán, Bogotá, 1995. (Regresar)

 

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