Sanclemente, Marroquin, El Liberalismo y Panamá
Otto Morales Benitez
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CAPITULO XIX
( 2 Parte )


Misión a Esguerra

      La Compañía Nueva demandaba una tercera prórroga El escándalo económico y político crecía en Francia. Pero en Colombia las informaciones de prensa eran escasas. El Gobierno se debata entre perplejidades Para tener un más confiable acopio de datos, y para conocer la verdadera situación del porvenir de lo que se proyectaba, resolvió Sanclemente nombrar un comisionado. Además, para que adelantaran las negociaciones «in situ», donde se debatían los procesos y las futuras inversiones

El ministro de Hacienda, Carlos Calderón,en carta de rectificación a una información de El Autonomista —18-I-1899 indica qué piensa el gobierno de Sanclemente y cómo se le han solicitado nombres a la Dirección del Liberalismo para escoger el comisionado:

«Desde que tomé posesión del Ministerio de Hacienda en Anapoima, fue convenido con el excelentísimo señor presiente que, en lugar  de celebrar aquí un convenio sobre prórroga a la Compañía del Canal se enviaría con tal objeto un comisionado especial a París. El nombre del comisionado era un detalle en que no teníamos porqué ocuparnos por el momento. Pero procediendo de acuerdo con los deseos del excelentísimo señor presidente, tuve el honor de conferenciar con el señor. doctor Aquileo Parra el día 20 del presente y expresar a este caballero los deseos del Gobierno en relación con el negocio del canal. Dije al señor Parra que el Gobierno en todos sus actos, quiere proceder, en cuanto sea posible, de acuerdo con la opinión nacional; que mira la intervención de todos los partidos en la cosa pública como principio fundamental de nuestra forma de Gobierno; que tratándose especialmente de asuntos que atañen a la nación toda en sus permanentes y más grandes intereses, esa intervención no es sólo un derecho, sino un deber, y que hallándose pendiente la solicitud de la Compañía del Canal, sobre prórroga del término para la obra, y estando esta empresa ligada aún con cuestiones de integridad y soberanía nacional, el Gobierno, por razones que sería largo exponer ahora, había determinado solicitar de él, si le era posible, la presentación de cuatro o cinco nombres de liberales distinguidos, de los cuales el señor presidente de la República eligiera el comisionado de que se trata.

«El señor doctor Parra me manifestó que consultaría el punto de la presentación de candidatos con el Consejo de la Dirección, el que convocaría para dentro del tercer día. Posteriormente me hizo saber que no había podido reunir el consejo, por estar ausentes de la ciudad varios de sus miembros, pero que lo haría en la primera ocasión».

El 6-II-1898, Carlos Calderón 222 le dirige un telegrama a Sanclemente en el cual le informa: «El señor Parra me ha contestado respecto de la presentación de candidatos para la comisión relativa al canal, entre otras cosas lo siguiente: «El Consejo Consultivo del partido liberal, teniendo en cuenta que la opinión del liberalismo en tan grave asunto está muy dividida, ha opinado que el director se abstenga de indicar candidatos».

El Gobierno nombró al doctor Nicolás Esguerra y, como secretario, a Carlos Arturo Torres. Este renunció, alegando problemas de salud, el 17 de febrero. 223 Calderón le escribe una carta el 21 -II-1899, en la cual puntualiza aspectos 224 que es bueno destacar.

«Parte de la prensa liberal ha discutido extensamente sobre si usted y el señor doctor Esguerra, deben o no aceptar los nombramientos que a usted y a él han sido hechos. Aún ha habido diario que insinúe algo como que la aceptación de empleos públicos por parte de los liberales ejercería influencia disociadora sobre este partido.

«Es verdad que no tengo el derecho de averiguar si ese modo de pensar sea o no el más conforme con los intereses permanentes del liberalismo; pero al menos me cumple decir a usted que, o no se comprende el sentido del acto oficial a que me he referido, o se le atribuyen móviles u objetos absolutamente contrarios a los que ha tenido.

«La tradición de la política colombiana tiene, en mi sentir, caracteres de que la civilización no había de enorgullecerse. La proscripción recíproca, alternativamente ejercida por los partidos, es indudablemente la razón de la inestabilidad en que hemos vivido. No hay para qué averiguar quién o quiénes tengan mayores responsabilidades en la conservación o la implantación de ese estado de cosas; porque no hay tribunal competente para conocer en esos juicios, y las causas en que se haya fundado aquel desastroso sistema son probablemente remotas y complexas».

Carlos Arturo Torres le responde el 1-III-1899, en el mismo periódico. Considera que se rectifica una política de discriminación contra el liberalismo y, a la vez, señala la peligrosísima política internacional de la Regeneración.

«Con delicada discreción, propia de quien lleva la voz de un Gobierno —pero discreción que no se encuentra reñida con la franqueza— declara usted que los nombramientos hechos en el señor doctor Esguerra y en mí significan un principio de reparación para nuestra comunidad, víctima hasta aquí de esa proscripción que usted deplora y cuyas causas, como usted lo insinúa, son remotas y complexas, pero que en vez de atenuarse, han tendido —es preciso declararlo— a agravarse cada día, hasta llevar a la mitad de los colombianos a la más sombría de las desesperaciones.

«En la resolución que he tomado en asunto tan grave, pesa grandemente esta consideración trascendental; mas ella por sí sola, lo confieso, no habría sido suficientemente poderosa a fijar mi determinación, si no militaran consideraciones tan altas, como levantados están sobre los intereses de partido los de la patria, y sobre los intereses de un día los intereses permanentes de la humanidad.

«Acaso no hay en estos momentos Estado alguno que tenga más vastos, más complicados, más importantes y menos bien dirigidos negocios internacionales que Colombia. Nuestros derechos de riberanos sobre el Amazonas, cuya hoya forma el sistema hidrográfico más importante del mundo, y ha de constituir por tanto, la más codiciada región de la tierra; nuestros inciertos límites con el Ecuador y con el Perú, relacionados íntimamente con aquel derecho y con la posesión de inmensos territorios; nuestros litigios fronterizos con Venezuela, que traen consigo el arreglo y fijación de nuestros derechos de navegación en el Orinoco, en el Zulia, etc.; nuestra actitud para que el golfo de Maracaibo sea o no un Bósforo americano; nuestra propiedad sobre el istmo y por consiguiente sobre el canal interoceánico, «pacto universal del mundo moderno»; la neutralidad de esa porción de nuestro territorio; nuestros derechos sobre las costas centroamericanas que van hasta la Mosquitia, por donde necesariamente ha de abrirse cualquier otro canal; nuestros límites con Costa Rica en el Pacífico; las inmensas reclamaciones pendientes; el arreglo de la deuda y del crédito exterior; la convocatoria de un Congreso latinoamericano que cada día se impone como una necesidad más apremiante, y mil y mil asuntos más solicitan, por modo imperioso, la colaboración de todos los colombianos en la dirección de nuestros asuntos internacionales».

Esguerra y su viaje: posición del liberalismo

Uribe Uribe, en El Autonomista, No 115, expresa que no le parece adecuado que Esguerra acepte la misión. Es confirmación de la desconfianza y el escepticismo con que mira la tarea que aquel hombre, de tantos dones, pudiera cumplir en París. Se quería dejar claro el deslinde del liberalismo. Que nadie uniera esa actividad a la propia historia de la comunidad y que, además, existían unos deberes de defensa del partido y de su destino, que sufría tantas mermas en esa acción pública. En Cartas políticas 225 se insinúa, además, que Esguerra debía aprovechar para conseguir algunas garantías para el partido. Una parte de la nota dice así:

«No discutiremos si la carta del presidente habría tenido más fuerza obligatoria si la hubiera enderezado al director oficial de la comunidad liberal o a uno de sus jefes de prestigio: la palabra empeñada por hombres de honor, es prenda de oro, sea quien fuere el que reciba el depósito. ¿Por qué, verbigracia, no dijo el doctor Sanclemente todas estas bellas cosas al señor doctor Esguerra, en las conferencias que con él tuvo al propio tiempo que con el señor Borda? Si también se las dijo, nos permitimos rogar al doctor Esguerra, que nos diga cómo se las dijo, porque es de suponerse que al tratar de la misión a Europa sobre el asunto del Canal de Panamá, la ocasión fue procera, y el doctor Esguerra no dejaría de aprovecharla en favor del liberalismo oprimido y obtener promesas, o mejor dicho, garantías, de que su condescendencia personal había de ser útil a la causa».

Nicolás Esguerra contesta al día siguiente, 226 manifestando que no ha conversado con Sanclemente. Que sólo lo visitó como amigo el de enero. Que si hubiera tenido oportunidad de hacerlo, habría aprovechado la ocasión para insistir en «procurar en breve tiempo las reformas que deseamos los liberales y una gran parte de los conservadores, y que serán medio eficaz para consolidar la paz y para satisfacer las aspiraciones de la mayoría de los colombianos». Y luego termina su carta declarando: «Llámese condescendencia personal, como usted la llama, la aceptación que yo he hecho de la misión que el Gobierno me confía, llámese cumplimiento de un deber patrio, como yo lo entiendo, apartándome de opiniones que para mí son muy respetables, si mi labor llegare a ser útil al país, como Dios lo ha de permitir, tiene que ser útil desde luego a la causa liberal cuyos intereses son armónicos con los de la nación».

El viaje de Esguerra suscita múltiples comentarios. El más inquietante se refiere a la concesión de la prórroga, que era tema sin suficiente discusión. Así lo plantea J. M. R.227 en su artículo 'Deserciones'.«El señor doctor Nicolás Esguerra sigue al Viejo Mundo con cargo de la Regeneración para arreglar el asunto de la prórroga a la Compañía del Canal.

«Esa comisión supone que el Gobierno ha resuelto ya afirmativamente la siguiente grave cuestión:

«¿Conviene a la República conceder la prórroga?

«La concesión de la prórroga implica para la nación la pérdida de un derecho que hoy vale más de cien millones de dólares. Cuestión de tamaña importancia, ¿puede resolverse por el Gobierno sin que previamente el país la haya discutido suficientemente?»

Luego recalca la opinión ya expresada, por medio de la cual se considera el viaje como un error político de los representantes liberales. Lo dice sin ninguna cautela el colaborador.

«La Regeneración no hará jamás por sí misma cambio alguno fundamental en sus instituciones y tendencias. Los buenos liberales deben consagrarse en cuerpo y alma, sin descanso, a combatirla. Aceptarle empleo a la Regeneración, con este o aquel pretexto, es desertar de la noble tarea del buen liberal, porque todo el que se incorpore entre los remunerados del absolutismo reinante, pierde el derecho a atacarlo en ninguna forma.

«El primer medio empleado por la Regeneración para acabar con el Partido Liberal, fue la persecución. Hoy cambia el sistema y emplea otro medio: el panaminismo.

«¿Qué es el panaminismo? Un hábil e ingenioso medio de seducir. Es el Mefistófeles tentador de la modernísima civilización: y de tal manera es perito y sabio en su arte maligno, que a veces persuade a los obsecados por él, de que sirven los intereses de la patria, cuando realmente sirven a fines egoístas.

«El Partido Liberal no fue domado por medio de la persecución; ¿lo será por la seducción?».

A la vez, Nicolás Esguerra contesta 228 al ministro de Hacienda, aceptando el nombramiento y expresa con afán de claridad:

«Estando, como dice su señoría, 'vinculados en el asunto de que se trata, graves intereses del país, y acaso el de la integridad y la soberanía de la nación', no podría yo, sin faltar a elementales deberes de patriotismo, negarme a prestar el servicio que el Gobierno me exige.

«En todas circunstancias sería para mí altamente honroso el llamamiento que se me hiciera para desempeñar una misión de tanta confianza como la que hoy me encarga el Gobierno; pero ese honor y esa confianza son tanto más valiosos para mí, cuanto vienen de un Gobierno de opiniones y doctrinas políticas opuestas a las mías, y se dispensan, de modo tan espontáneo, a quien no ha tenido veleidades políticas en el curso de su ya larga vida pública, y ha combatido francamente las instituciones que hoy rigen en Colombia».

En carta al presidente Sanclemente, le reitera:

«Hago un positivo sacrificio al salir de la modesta condición en que, por temperamento, he querido colocarme, y al contrariar la respetable opinión de algunos de mis copartidarios, que vuestra excelencia habrá visto expresada en algunos periódicos de esta capital; pero a eso y a mucho más obligan los deberes patrios como yo los entiendo».

El Autonomista, ?126, 10-III-1899, reafirma el criterio del liberalismo:

«Sin embargo, interrogado el doctor Esguerra en la audiencia que le dio el Consejose refiere al consultivo del liberalismo sobre si el nombramiento tenía alcance político como comienzo de ejecución de algún pacto que envolviese reparación para el Partido Liberal, tuvo la loable franqueza de contestar negativamente. Esto sitúa la cuestión en su verdadero terreno, el de un acto privado respecto del cual ya no nos corresponde sino desear que el señor doctor Esguerra, a quien siempre hemos respetado y querido, desempeñe su comisión con lucimiento, conquistando lauros para su nombre y evitando errores, ya que el partido declina toda participación en los unos y en los otros».

El Criterio, No 6, de Panamá 229 considera que la política de discriminación contra el liberalismo, no se ha modificado. Igualmente juzga que la designación del doctor Esguerra, es una hábil jugada, enderezada a comprometer al partido en las acciones y descuidos administrativos en el manejo de las relaciones frente a los constructores del canal:

«Afirma el presidente, de un modo implícito, que ha llamado a colaborar en el Gobierno a ciudadanos que no forman en las filas del nacionalismo. No conocemos caso alguno. Si el presidente alude a los generales Holguín y Cuervo Márquez, y doctor Calderón Reyes, incurre en error palpable. Esos señores son nacionalistas-reyistas; no son históricos. Es de notoriedad pública que el señor presidente rehusó con obstinación nombrar al general Vélez gobernador de Antioquia, departamento donde el nacionalismo es ave rara.

«Si el presidente se refiere a la misión confiada al doctor Esguerra, la referencia no confirma su aserto. Esa misión es de carácter neutral, y sólo muestra, en nuestro concepto, que los hombres de la regeneración fundamental sí se dan cuenta de su propio prestigio. Otra causa determinó, sin duda, el nombramiento del doctor Esguerra: el propósito de echar sobre el liberalismo, parte a lo menos, de la responsabilidad que determine el resultado de la negociación en curso con la Compañía Nueva del Canal. No se negará la habilidad de la Regeneración. Por fortuna para ella y para el país, el doctor Esguerra, tan entendido como prudente, nada hará que se separe de las instrucciones que ha recibido, y que no se compadezca con el interés de la nación».

Quién era Esguerra

Nicolás Esguerra gozó de cuatro condiciones humanas y espirituales que le dieron un gran relieve nacional y lo hacen permanecer en la memoria agradecida de los colombianos. Gozó de talento, tuvo carácter, realizó fecundas tareas en servicio de la patria y sufrió las persecuciones, que eran las naturales para los jefes liberales, en la época de la tiranía de la Regeneración. Le cobraban el ser representante de la generación de los radicales. En esta, había tenido lugar muy destacado como hombre de gobierno y expositor de doctrina liberal. Dos «defectos» que incomodaban a Núñez y a Caro. De suerte que por sus virtudes, tuvo que soportar los vejámenes que se volvieron parte de sus existencias en quienes, en el liberalismo, hubieran tenido alguna significación.

Venía de familia de médicos y de abogados. Fue un radical de gestos gascones. No vacilaba en sus deberes políticos. Y esa manera de comportarse, lo unía a su bondadoso corazón y le crecía, entonces, la autoridad moral. Hombre de figura elegante, buen orador, también se comprometió en luchas periodísticas. Alfonso López Michelsen 230 escribió una acertada y brillante estampa de su vida, que leyó en el Externado de Colombia, en septiembre de 1988, cuando se cumplieron 150 años de su nacimiento. El, con Pinzón Warleston, con Santiago Pérez, es uno de los fundadores de la gran Universidad. Allí, en esos claustros, que nacieron contra la educación regeneradora, que se negaba a los liberales, ejerció su magisterio.

Nacido en 1838, estudió en el Colegio de San Simón, uno de los que creó Francisco de Paula Santander cuando implantó sus reformas educativas, las primeras en el continente indoamericano, y que le dan a Colombia un puesto altísimo en el manejo de los problemas culturales. Desde luego, esta circunstancia, no la hemos reclamado con suficiente vigor, para ocupar el sitio que merecemos en las reformas que se implantaron para cambiar el régimen colonial. Se evita mencionarse para no destacar la figura del fundador de la República. ¡ Es parte de los errores históricos nacionales ! Luego, estudió en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario donde se graduó de abogado. En el Tolima, fue magistrado del Tribunal Superior. En lo departamental, ocupó las secretarías de Hacienda y de Gobierno. Fue, también, diputado y senador por Cundinamarca y aquí ocupó el cargo de secretario de Gobierno. Más tarde, fue presidente de la Cámara. Ejerció con eruditos conocimientos las cátedras de jurisprudencia en el Rosario y en San Bartolomé. Entremezclaba sus tareas rigurosamente de estudio con su vocación de servicio público, de luchador político. Alcanzó una magistratura en la Corte Suprema de Justicia. En el Parlamento, tuvo justa fama de orador. A la vez, iba escribiendo sus páginas, como redactor del Diario de Cundinamarca. El comportamiento individual, influye y determina la vida pública. López Michelsen escribe que «valen tanto las muestras de carácter como la inteligencia, pero esta última, sin lo primero, carece de influencia en una comunidad culta y con sentido crítico».

En 1862, defendió a San Agustín cuando fue atacado por Leonardo Canal. Fue rector del Rosario en 1871. Ministro del despacho en las administraciones de Santiago Pérez y de Aquileo Parra, como secretario del Tesoro y Crédito Público y, luego, de Hacienda y Fomento.

En 1885, al borde de la ruina por las contribuciones forzosas para la guerra de ese año, le escribió a Núñez una representación censurándole el camino político e ideológico que comenzaba a recorrer. Como esa página es de calificada respetabilidad conceptual, tuvo que abandonar el país y radicarse en Estados Unidos. Los sistemas de la Regeneración, eran perentorios contra las figuras liberales. Por orden de Núñez, fue conducido a la cárcel. Se le destinó como sitio de reclusión las bóvedas de Bocachica.

Como concesión, se le desterró. Sufrió más exilios en Venezuela, Curazao, Costa Rica y Europa. En el exilio, fue presidente de la Sociedad Literaria Hispanoamericana, en Nueva York. Era el reconocimiento a sus dones intelectuales.

Defendió en varias oportunidades los derechos territoriales. Era materia que conocía y que manejaba con la autoridad de un gran patriota. Su liberalismo, lo exaltaba con convicciones ideológicas, sin temores a los castigos oprobiosos de la tiranía. Cuando César Contó fue preso por publicar El Liberal, él no dudó en asumir su dirección, en abril de 1888. Sólo se le dejó imprimir un número, el 16. Era compañero de Contó, otro de los valores del liberalismo. Si se lee el libro de Gustavo Arboleda 231 allí se encontrará la trayectoria de Contó como escritor, poeta, gobernante, hombre de amplia ilustración y de luchador democrático. También pagó con el exilio su claridad ideológica.

Nombrado para la misión a Francia, Esguerra la cumplió con diligencia y con criterios que nunca tuvo en cuenta el gobierno de Sanclemente. López Michelsen cuenta que adelantó «valiosas gestiones, enderezadas a conjurar los males que se derivaron, pocos años después, por la infortunada prórroga de la concesión por seis años que permitieron el zarpazo de Teodoro Roosevelt. Se le revocó a Esguerra el mandato que se le había conferido y, contra la protesta del propio Reyes, figura cimera del partido conservador (y futuro presidente de Colombia), cuando ya tenía aseguradas condiciones más favorables para la República que las que definitivamente se pactaron».

«Miembro de la Constituyente de 1910, introdujo y respaldó iniciativas tan valiosas para la consolidación de la paz y de la democracia como la representación equitativa de los partidos en los cargos de elección popular mediante la proporcionalidad, y para garantizar el estado de derecho, concibió el mecanismo de la declaratoria de inconstitucionalidad que permite que cualquier ciudadano, en acción pública, pueda pedir a la Corte Suprema de Justicia que dirima el conflicto entre la ley cuestionada y la Constitución».

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222. Carlos Calderón, ministro de Hacienda, Tomo III. No 041. Correspondencia con el presidente Sanclemente. Archivo General de la Nación.(Regresar)

223 . La Crónica, 18-11-1899. (Regresar)

224. Ibídem, 2-III-1899. (Regresar)

225. El Autonomista No 115, 25-II-1899. (Regresar)

226. Ibídem No 116, 26-II-1899. (Regresar)

227. Ibídem No 119, 2-III-1899.(Regresar)

228. Ibídem, No 124, 8-III-1899. (Regresar)

229. El Criterio, periódico político y de variedades. No 6, 31-VIII-1899. Directores Carlos A. Mendoza y Eusebio A. Morales. En Periódicos panameños de oposición: 1892-1899. Carlos Alberto Mendoza y Vicente Stamato  Compiladores). Biblioteca Cultural Shell, Panamá, 1996. (Regresar)

230. Alfonso López Michelsen: Grandes compatriotas. Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1993. (Regresar)

231. Gustavo Arboleda (Editor): César Contó: su vida, su memoria. Cali, 1935. (Regresar)  

     

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