Sanclemente, Marroquín, El Liberalismo y Panamá
Otto Morales Benitez
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CAPITULO XVIII
(2 parte)

 

Martingala contra la palabra

En los mismos meses en los cuales Uribe Uribe se encontraba en Nueva York, tratando de conseguir armas para la revolución, se presentó la ocasión para buscar un entendimiento para la paz a través del ministro Martínez Silva. Pero el Gobierno lo que buscaba era la extradición de aquél. También sin necesidad de acotaciones, reproducimos algunos juicios pertinentes.

Martínez Silva en carta para Antonio José Uribe—7-III-1901— le dice: «Brigard me comunica de Nueva York que Uribe Uribe ha sido llamado a juicio por el juez de Bolívar, que se ha decretado arresto contra él... Yo sé y usted lo sabe, y el Gobierno todo en Bogotá lo sabe, y lo sabe el gobernador de Bolívar, y el juez que dictó el auto de proceder contra Uribe Uribe que en él no se persigue un ladrón, sino un caudillo político que inspira temores... Persuádanse que a Uribe lo podrán vencer y coger en un combate, pero no en una trampa de papel sellado. En todo caso, a eso no me prestaré yo, y si me lo exigen, ahí está su legación».

El mismo escribe a Marroquín. el usurpador, en 29-V-1901 desde Washington: «No sé si el Gobierno habrá recibido la copia del sumario instruido en el departamento de Bolívar contra Rafael Uribe Uribe y Pablo Emilio Obregón, y con el cual se pretendía que yo pidiera aquí la extradición de estos sujetos. Por si acaso esos documentos no hubieren llegado a conocimiento de usted, se los envío en copia, y dígame después si cree que. con semejantes comprobantes, yo hubiera podido reclamar la entrega de Uribe Uribe como ladrón y asesino».

En 30-V-1901 le escribe otra vez a Antonio José Uribe —por cierto las fechas coinciden con algunas de las más destacadas en el momento del entendimiento para la paz con Uribe Uribe— y le manifiesta:

«Le remito en copia el auto de proceder dictado contra Uribe Uribe y Obregón, y con el cual se pretendió que yo solicitara la extradición de estos sujetos. En las declaraciones anexas y a que hace referencia el auto, los testigos todos declaran que 'cuando las fuerzas de Uribe Uribe y Obregón llegaron a Montería' se ejecutaron tales y cuales hechos; pero en ninguna de ellas aparece que Uribe Uribe hubiera personalmente ejecutado u ordenado ninguno de los actos que constituyen los delitos por los cuales se les llama a juicio. Y mal pudieron decir eso los testigos, porque la verdad es que Uribe Uribe no estuvo en Montería cuando ocurrieron aquellos sucesos. Apelo a usted como abogado para que me diga si con semejantes documentos habría podido conseguir la extradición tan ahincadamente pedida por las autoridades colombianas.

«Y suponiendo el caso de que se hubiera logrado, ¿qué habrían hecho ustedes con Uribe Uribe, obligados a seguir ese juicio con todas las formalidades legales? ¿Se le habría podido condenar como ladrón y asesino? Y al ser caudillo absuelto, ¿cómo habría quedado el Gobierno, y cómo habría quedado yo?».

Persecución política, extorsión económica

Fue evidente, a los cuatro días del golpe de Estado, que los principios con los cuales pretendían justificarlo, se resquebrajaran. No existía unidad entre los históricos. Unos, pretendían encontrar fórmulas para la paz. Los otros, buscaban que, en el Gobierno, predominaran los más ásperos signos de la barbarie. Estos,  lentamente, se fueron imponiendo. Lograron que Marroquín no admitiera sus tesis y escribiera palabras que indicaban rechazo a cualquier manifestación de humanidad en la guerra y en el mismo manejo político. Se fue ampliando, cada día, la persecución política y la extorsión económica, que fueron dos signos de barbarie que manejaron, al unísono, el hijo del Ejecutivo, el senador Lorenzo Marroquín y Aristides Fernández. Se entendían bien en los negocios. Para ello basta con repasar algunas páginas del libro de Joaquín Tamayo. Pero veamos algunas medidas adoptadas en las cercanías de la usurpación.

Los gobernadores se convirtieron en Jefes civiles y militares investidos de poderes «indiscrecionales» —como se dijo en la época— para varios casos. Los militares reemplazaron a las autoridades judiciales ordinarias. Se crearon nuevos delitos y novísimas penas. Se instaló un Consejo de Guerra permanente para juzgar militares culpables de deserción, insubordinación y traición. Era una manera de evitar que algunos criticasen la falta de legitimidad. Se coartó la libertad de prensa y se resolvió la publicación de El Orden Público, como suplemento del Diario Oficial, pero como medio de dirigir, desde Palacio, la política nacional. El país recibiría las noticias que desde allí se considerasen necesarias. Las otras, desaparecían. Se imponían sanciones de conformidad con los decretos del 19 de agosto de 1901 que decían buscar la paz para lo cual —entrega incondicional— se debían llevar las armas al Gobierno, en quince días. De resto, el tratamiento sería con aplicación sumaria del Código Penal. Además, el decreto del 14 de febrero de 1901 establecía que los jefes de guerrillas que no hubieren depuesto las armas, se consideraba que integraban o dirigían cuadrillas de malhechores y la pena era la de muerte. Para circular, se necesitaba un pasaporte dentro de las ciudades y los pueblos. Podían dárselo o no. Era discrecional el otorgarlo o negarlo.

Este es el comienzo de Marroquín en búsqueda de la paz. Los sistemas eran de contundencia oficial.

Basta con recordar las acciones de los tres ministros de Marroquín ante don Aquileo y cómo fueron desautorizados, hasta llevarlos a la renuncia. Los bárbaros iban tomando posiciones.

Algunos rasgos de Uribe Uribe

Luis de Greiff 212 afirmaba que Rafael Uribe Uribe había tenido «una vida intensa y fecunda». Es una de las personalidades sobre las cuales se han escrito páginas de la más alta significación crítica y de análisis político. Existen varias biografías, monografías, ensayos, estudios, recopilaciones y antologías, que no nos permiten intentar hacer un elogio. Simplemente haremos una reseña muy sucinta de su laborar, para que se comprenda la dimensión de su personalidad y de su influencia en el país. Que se prolongará muchos años aún por sus relaciones con el humanismo, por su claridad doctrinaria. El perfil ideológico suyo no se diluye en ninguna de sus intervenciones.

Estudió en San Bartolomé y el Rosario, hasta obtener el título de abogado. Regresó a Antioquia a ejercer su profesión. Lo nombraron fiscal del Estado y renunció enumerando las causas que perturbaban la buena  aplicación de la justicia.

«Hago dimisión del cargo de fiscal del Estado porque hay invencibles dificultades legales y sociales para llevar adelante el pensamiento salvador de reprimir los delitos y castigarlos: porque aquí causan alegría triunfos del crimen contra la justicia, o por lo menos pasan inadvertidos; porque los resortes de la sanción moral están profundamente relajados y tomados del orín de la indiferencia: y porque no habiendo servicio útil que prestar, no está en mi carácter seguir devengando sueldos gratuitos».

A la vez, dictaba la cátedra de economía política en la Universidad de Antioquia, siguiendo las lecciones de eruditos conocimientos de Santiago Pérez, lo mismo que las clases de gimnasia. Sostenía que si los alumnos no tenían calidades humanas y de salud, no podían atender adecuadamente las funciones académicas.

Ya había participado en la guerra de 1876 y fue. en su primera Juventud, uno de los combatientes en Los Chancos. Luego actuó, también, en condición de coronel, en la de 1895. Pasó por Riosucio, Caldas, y obtuvo su primer triunfo en Quiebralomo, una vereda de este municipio. En andanzas, se le insubordina Resurrección Gómez, a quien le dispara y muere. Sufre cárcel por más de diez meses, en los cuales adelanta trabajos intelectuales de la mayor importancia. El mismo asume parte de su defensa y quien dirige es un conservador. Es absuelto por unanimidad por un jurado integrado por personalidades del mundo científico y jurídico de Antioquia: doctores Francisco A. Uribe Mejía, Rafael Pérez y Enrique Villa que estaba «acorde con el veredicto de la opinión pública».

Allí no terminan las persecuciones. Es llevado a Cartagena y encarcelado en los sitios de terror que tenían, acreditadísimos por las torturas y las incomodidades, desde la Colonia.

Se conoce su actuación en la guerra de los Mil Días y su papel protagónico desde antes, en el proceso y, luego, en las condiciones de paz con las cuales se concluyó el conflicto. Su pensamiento sobre la materia está explícito en páginas de gran riqueza conceptual y política.

En su vida ejerció el periodismo. Fue uno de los oficios que más lo cautivaron y lo mantuvieron en permanente vigilia sobre el destino del país. Su obra en tales artes, es amplia, de gran vigor intelectual, de poderosa consistencia política. Era un luchador con la palabra escrita. Concebía que era su deber mantener vigilancia sobre la patria, señalando caminos, criticando imperfecciones, atisbando nuevas posibilidades. Su obra tuvo un acento ético que ilumina y contagia. En 1882, es uno de los redactores de La Consigna de Medellín, con Fidel Cano, Luis Eduardo Villegas, Leocadio Lotero y Alvaro Restrepo. En 1884, funda El Trabajo, que se orientaba a servir al incipiente afán industrial y a señalar las posibilidades que tenían Antioquia y Colombia en el campo económico. Fue clausurado por el gobernador Bernardo Botero. En 1891, entra a ser colaborador asiduo de El Espectador. Comparte con don Fidel el permanente asedio del Gobierno de la Regeneración. Es una dura experiencia por el control que mantenía este contra la libertad de palabra. En 1896, ya viviendo en Bogotá, en compañía de Diego Mendoza Pérez y Carlos Arturo Torres, sostienen El Republicano. Es otro medio de influir sobre los hechos ya que el Gobierno va comprimiendo la actividad del liberalismo e impidiendo que se manifestaran las fuerzas populares. Luego, funda El Autonomista con la colaboran ''u de unos pocos meses, de Alejandro Rodríguez y la permanente y eficacísima —política e intelectualmente— de Max Grillo y Ricardo Tirado Macías, dos caldenses, el uno de Marmato, y el otro de Salamina. El 17 de abril de 1911 lanza a la calle El Liberal. En este trabajó hasta el momento de su asesinato.

Tenía vocación de agricultor. Al examen de la tierra, de los cultivos y de la ganadería, dedicó muchos años, estudios, experimentaciones, confrontaciones con otros países, ensayos de la mayor profundidad desde los factores relacionados con la producción hasta las posibilidades de comercialización internacional. Así, fundó la Hacienda de Gualanday, en el municipio de Fredonia, Antioquia, que, en sus manos, fue granja de experimentación, de enseñanza y de hazaña económica. A lo que le acontecía diariamente con sus cultivos —especialmente el café— lo completaba con larguísimas horas de estudio, para comunicar a sus lectores sus más profundas reflexiones sobre la materia. Era otra manera de servirle a Colombia. Por ello aceptó administrar unos cafetales en Viotá. Necesitaba trabajar v le urgía ese salario, pero. además, consideraba su deber continuar sus estudios sobre el grano. Sus conocimientos quedaron consagrados en estudios que aún se revisan con provecho científico y económico.

Su acción política, que no tuvo eclipses, lo llevó al Parlamento varias veces: en 1896, donde en su calidad de único representante del liberalismo, libró amplios debates sobre las más intrincadas y disímiles materias. Además, trabajaba con una constancia que era ejemplar. Sus compañeros y el país se conmovieron ante tanta dedicación y sabiduría sobre los problemas públicos. Hay que destacar que fue la primera vez que se propuso, por Uribe Uribe. la creación del departamento de Caldas. Por donde él indicó sus linderos, allí tuvieron que llegar más tarde. El es el precursor y la iniciativa es suya. Lo demás, es desviar la historia. Para que no quede duda se pueden revisar los proyectos que presentó en varias legislaturas. Y luego, para borrar su nombre, se dictaron las disposiciones, desconociendo sus indicaciones. Pues bien: a ellas tuvieron que regresar. Pero en Caldas aún no se le ha hecho el reconocimiento que merece con justicia.

Luis de Greiff trae en su libro una cita capital:

«Y Ambrosio Robayo, el historiógrafo que tanto se preocupó por hacer conocer de las nuevas generaciones la obra de los prohombres del liberalismo, juzga la labor parlamentaria de Uribe en 1896: "No registran probablemente nuestros anales lapso tan precario. Ninguna de las materias que en la Cámara se dilucidaron lo encontró desprevenido. Si se trata de la independencia de la heroica Antilla, de representantes espurios, de impuestos nacionales, de facultades omnímodas, etc.. Uribe pronuncia uno. dos, cuatro o más discursos, según lo  requiera la índole del asunto, el que estudia por todas sus fases, y en cuanto de él dependa, no abandona el terreno mientras no se agote la materia... Su esfuerzo estuvo a la altura de su consigna, porque su labor es seria labor de estadista y de hombre de escuela, de publicista y de apóstol. Merece la gratitud de los pueblos, de quienes fue defensor preclaro, porque expresó con franqueza altiva su protesta contra un sistema que toda alma honrada reprueba"».

En la Cámara de 1898, vuelve a aparecer su acción parlamentaria. Estuvo enderezada a corregir los defectos electorales y administrativos que estaban ayudando a incubar la guerra. Trató de evitarla. Trabajó en diferentes frentes: proponiendo reformas, buscando contactos con parlamentarios y hombres de Gobierno, protestando, volviendo a insistir para que no se conculcaran los derechos del liberalismo. No se le otorgó la atención que merecían sus iniciativas. Las pagó más tarde Colombia en dolor y desolación. Vuelve en 1904. En ese ano se presentó la designación de una comisión para estudiar un problema relacionado con José Joaquín Casas. Se hizo evidente la claridad de su conducta. Pero leamos mejor a Luis de Greiff.

«Con motivo de un discurso de don José Joaquín Casas para defenderse de los cargos que en hoja volante le habían hecho, de haber cedido, cuando estaba al frente del Ministerio de Instrucción Pública, la fábrica de cápsulas 'El Polvorín' a los hermanos cristianos, y el órgano de la Academia de Música a los agustinianos descalzos, la Cámara designó a los representantes Uribe Uribe, Mendoza Pérez y Uribe Buenaventura para el estudio de esas acusaciones. El general Uribe presentó la siguiente proposición: 'Excúsese al H.R. Uribe Uribe de formar parte de la comisión investigadora de la conducta del ex ministro José Joaquín Casas, porque estando H. R. Uribe entre aquellos a quienes el señor Casas califica de malhechores, para los cuales pide represión y castigo, mal puede figurar como fiscal de los inmaculados'. (Casas había calificado, en su discurso, como malhechores a todos los revolucionarios de la última guerra civil).

«Con tal motivo, Uribe se expresó así: Todo el mundo sabe que de voluntad del señor Casas yo no estaría en esta cámara ni sería de este mundos y si he sido capaz aquí del heroísmo del silencio, como ofrenda a la armonía, no me creo capaz del heroísmo de figurar en esa comisión'». Aludía el general Uribe al célebre telegrama en que Casas le ordenaba al general Juan B. Tovar, después de la celebración del Tratado de Nerlandia, el juzgamiento del general Uribe por un Consejo de Guerra Verbal. El gallardo militar protestó, airado, por la orden de fusilar a Uribe Uribe.

El gran escritor Juan de Dios Uribe señalaba su conducta como fuerza ejemplar del espíritu político: «O el silencio o el grito: nada de circunloquios, ni apólogos, ni charadas. así lo ha comprendido Rafael Uribe Uribe, nuestro único diputado radical en el actual Congreso de Colombia. El solo se mide en la Cámara con los personeros de Caro. que lo acometen rabiosos en la porfía de alcanzar sonrisas y agasajos del amo. Uribe no los cuenta: levanta su maza y la descarga como el herrero atento a su trabajo; desborda su elocuencia por los campos de la Regeneración sin preocuparse por los lamentos de los que naufragan en la borrasca. Habla como un guerrero en la víspera de la batalla; es grave, altivo, imponente; no quiere el aplauso de los oportunistas y se basta y sobra con el aprecio de sí mismo...».

Así fue siempre: el hombre del preciso razonamiento político, de la probidad humana, de la rectitud doctrinaria, de la voluntad de trabajo en servicio de la patria.

Lo vuelven a elegir para la Cámara en 1909. No estamos haciendo la reseña de su actividad parlamentaria. Apenas hemos consignado algunas referencias. En este año, hay que destacar que es de su iniciativa una nueva división territorial. Propone, insiste, explica las razones regionales, económico-fiscales, de conveniencia nacional. Luego, es lo que realiza Reyes. Pero no es justo que se olvide el origen de la iniciativa.

En el Senado de 1911-14, está, otra vez, comprometiendo su inteligencia, sus energías políticas, humanas e intelectuales en buscar soluciones que aceleren el proceso de crecimiento de la República. Siempre fue parlamentario ejemplar: por su constancia, por el cúmulo de iniciativas que presentaba, por el espíritu combativo, siempre alerta, por el permanente contingente de sus observaciones para el mayor éxito y claridad de la legislativa.

«En cumplimiento de la ley 9 de 1913 -dice De Greiff-, que crea una comisión de juristas para el estudio de los problemas internacionales, quedó constituida en septiembre, con el más selecto personal, la Comisión Asesora del Ministerio de Relaciones Exteriores. A ella entraron cinco ciudadanos eminentes, de reconocida aptitud técnica, como internacionalistas y diplomáticos, y que llevaban, además, genuina investidura política, como jefes del liberalismo y de la Unión Republicana, respectivamente, los dos primeros, y del partido conservador, los demás: Rafael UribeUribe, Nicolás Esguerra, Marco Fidel Suárez, Antonio José Uribe y José María González Valencia» .

Fue diplomático en Chile, Argentina, Brasil y representante a la conferencia de Río de Janeiro con el maestro Guillermo Valencia. No dejó de cumplir con sus deberes en las relaciones con los países ante los cuales ejercía su representación. Pero tampoco calló cuando era necesario puntualizar derechos en favor de Colombia, como en el Perú, o en el problema del Canal de Panamá. Nunca apeló al sentimentalismo. Levantaba su palabra apoyada en conocimientos detallados de cada materia. No aceptaba improvisar. Se reclamaba severa investigación de cada materia internacional. Era el rigor exigente.

Como hombre de guerra, se conocen sus viajes a Centroamérica ya Nueva York. Como hay un conocimiento detallado de sus acciones, propuestas y servicios a la paz, desconocidos por el Gobierno de Sanclemente y la dictadura de Marroquín.

Quedan muchos libros suyos, que es necesario estudiar. Tienen varias ventajas: hay vislumbre en su pensamiento, tanto en aquellos como cuando recoge sus discursos políticos o administrativos; seguridad de que no hay divagaciones que no conduzcan al conocimiento de las tesis ideológicas más esenciales; limpieza en la categoría de los juicios que emplea, Es uno de los grandes ensayistas en historia, política, problemas sociales, materias jurídicas, etc., etc. Es un hombre de poderosa irradiación sobre las más disímiles y complicadas materias. Alumbran su inteligencia y sus conocimientos. No anda en desperdicio, a pesar de que esté detenido en el análisis de hechos circunstanciales o fenómenos del momento. El entra con rigurosa penetración en el examen crítico.

Así se pueden leer y examinar sus textos sobre su labor parlamentaria, que él mismo organizó. Como dejó publicados sus Documentos militares y políticos relativos a sus campañas. También es posible consultar el libro La defensa del coronel Uribe Uribe. O su Diccionario abreviado de galicismos, provincialismos y correcciones de lenguaje. O aquel volumen Uribe Uribe en Antioquia, en donde aparece una campaña electoral, que se convierte en una magnífica oportunidad de explicar la doctrina, porque cada discurso de agitación política, es una reflexión sobre la región y la patria. En sus dos voluminosos tomos Por la América del Sur se encuentra ellector con los más profundos y hondos problemas internacionales; con observaciones sobre cultivos y semillas para la ganadería; acerca de lo que jurídicamente dirige y orienta nuestras relaciones o las posibilidades de mejorar un comercio internacional, que tanto se necesita y urge en el continente. Su libro sobre El cultivo del café, ya se considera como un tratado clásico en la materia.

Personalmente me he dedicado durante muchos años a reunir su obra, dispersa y desconocida. Hasta el momento he logrado publicar cuatro antologías: El pensamiento social de Uribe Uribe, texto con el cual se comprueba que es el precursor del derecho laboral en Indoamérica. La segunda, se titula Nuevos aportes de Uribe Uribe a lo social colombiano, donde se une el examen de problemas tan intrincados como cuál es y debe ser el destino de una universidad nacional, hasta la lucha contra los monopolios o la langosta, los caminos, los telégrafos, la creación de los ministerios de Agricultura, de Economía y Desarrollo, y multitud de temas más de amplísima influencia en la vida colombiana. La tercera se llama La Regeneración conservadora de Núñez y Caro, que es parte de la historia colombiana que se nos ha ocultado. Cuando esto no ha sucedido, se ha desfigurado o por exceso en el elogio o por falta de información de los verdaderos procesos políticos, administrativos, económicos y morales que signan esa época. Este libro, cambiará mucho, en el futuro, los juicios sobre la tiranía regeneradora; La cuarta, la integran los Ensayos históricos y literarios de Uribe Uribe, donde se revela uno de los grandes ensayistas del país, de dimensiones inconmensurables en sus conocimientos del pasado, argumentos para el porvenir y cercanía a autores de sabias  enseñanzas literarias. Se necesita una amplia sensibilidad para expresarse con riqueza de conocimientos y con vocación estética.

Quedan por editar: 5a Estudios sobre la realidad nacional. 6a Relaciones internacionales colombianas. 7a Uribe Uribe y la agricultura. 8a La política liberal y sus principios ideológicos. 9a Desconocimiento de los derechos de Jorge Isaacs en los carbones de la Guajira. Alegatos jurídicos.

Desde luego, esta es una visión muy fragmentaria de la vida y de la obra de Uribe Uribe. Es uno de los más fecundos pensadores de la patria. Cada día será más claro su destino de hombre de inteligencia.

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