Sanclemente, Marroquin, El Liberalismo y Panamá
Otto Morales Benitez
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CAPITULO XVI 

A nadie en el gobierno le interesa la paz.  Partes de victoria.  Nuevas propuestas de paz de Uribe Uribe.  Otra vez, arremetidas en favor de la paz.  El golpe de Estado y el alejamiento de la paz.  Una actitud de los ministros, la vuelve tragedia Marroquín.  Bajorrelieve de Benjamín Herrera.

 

A nadie en el Gobierno le interesa la paz

    Las circunstancias de esa época eran dramáticamente difíciles. Se han puntualizado varios de los desequilibrios que se vivían. Pero acrecentaba las mayores dificultades, la guerra. Esta exigía al Gobierno nuevas erogaciones, que complicaban la vida fiscal. Se extendía el uso del papel moneda. Se extremaban las negociaciones con los diferentes monopolios: el de cigarrillos, el de los fósforos, el de los licores y se avanzaba en negocios sobre Panamá, con descuidos criminales. Las peripecias de otros múltiples negocios públicos, desazonaban a la opinión pública. Pero los combates, desvelaban al Ejecutivo, a la opinión, a los militares, a los combatientes y a los simples observadores del proceso alarmante de la vida colombiana. Pero siguiendo el curso de los diferentes propósitos de paz que se propusieron, parece que ni al gobierno de Sanclemente, ni al del usurpador Marroquín, preocupara obtener un entendimiento.

Es una situación bien extraña. En este trabajo, es uno de los aspectos que más inquietudes mentales me suscita. Se hicieron declaraciones de diferentes categorías, por personajes de iguales méritos ante la opinión, por personas más cercanas a los «civilistas», que eran liberales que de plano rechazaban la guerra, y también por los belicistas. Inclusive por directores de la acción revolucionaria. Las respuestas —algunas se desconocen, hasta el momento— fueron francamente hostiles. Es una manera inquietante de reaccionar y de enfrentar materia de tan singular importancia para la vida democrática colombiana. Se hablaba de que había «negociantes» que se interponían ante cualquier propósito de paz. Tampoco he hallado las comprobaciones. Pero en los estallidos guerreros, siempre hay, alrededor de los gobiernos, personas involucradas en los negocios. La muerte se les vuelve lucrativa.   

Otra alternativa podría ser que los gobiernos —el legítimo y el es­purio— estuvieran convencidos de la derrota inminente del liberalismo. De ello se habló varias veces, tanto por los gobernantes como por los políticos. Especialmente por los comentaristas de los sucesos diarios; En los periódicos, muy a la ligera, se formula esa apreciación. Se enuncia como si fuera un hecho indiscutible. Desde luego, era reflejo de lo que repartían las autoridades. La alternativa que se pregonaba era de un fracaso inminente de las fuerzas beligerantes. Serían aplastadas. Leyendo algunos de los comunicados para el presidente Sanclemente, especialmente después del insuceso de Palonegro, se estimula esa creencia. Quizás por ello, podría ser normal querer una extinción del problema, sin tener que negociar ningún aspecto con los combatientes. Se habla de que hubiera tierra arrasada.  

El presidente Sanclemente repite con insistencia que el problema hay que tratarlo simplemente como un caso penal. Que se aplicaran las normas del Código sin ninguna complacencia y utilizando la totalidad de los medios del Poder Judicial. Eso indica que se consideraba el triunfo contra la guerra como de carácter estrictamente de represión. Sin contenido político, sin examinar que la totalidad de un partido había planteado reformas fundamentales. Sin importar que existiera una serie de principios ultrajados; de derechos cercenados; de periodistas silenciados; de jefes políticos en el exilio. Nada debía desvelar la vida de los gobernantes, si se podía estrangular la opinión pública. Si esta no podía manifestarse, opinando, podía estar tranquilo el Gobierno, pensaban.  

Partes de victoria

     Además, prevalecían los buenos informes. Estos, cada día se mani­festaban más optimistas. Leamos algunos pocos:  

El 26-V-1900, desde Bucaramanga, se le comunica a Sanclemente que se ha obtenido el triunfo en Palonegro y le afirman, con énfasis, que está «la revolución agonizante». Pero nada de esto acontece sin que Sanclemente haya dejado de intervenir. Al contrario, él indica cuáles refuerzos deben llegar; de dónde se recluían; cómo participan varios departamentos en enviarlos. El, Sanclemente, el que no gobierna, el incapaz, el que merece una interdicción, va señalando cada acto para manejar la guerra. El mensaje 194 es largo; dirigido al ministro de Guerra en Bogotá—24-III-1900—, va borrando la imagen que se ha repetido históricamente sobre el presi­dente:

«Como se ve, el ejército al servicio de la nación en Santander no obstante ser numeroso, bien disciplinado y decidido por la legitimidad, es insuficiente para debelar la revolución en aquel departamento, supuesto que hace meses que está a la defensiva. Si continúa en ese estado de inacción, como la correspondencia oficial lo da a conocer, a la larga la ruina de la nación será indefectible. Necesitamos, pues, hacer un esfuerzo supremo para poner dicho ejército en un pie de fuerza tal, que pueda obrar activamente y poner término a la guerra que está desolando el país. El esfuerzo consiste, en mi concepto, en que V.S. active el envío de fuerzas a Santander, de las dirigidas por la vía de Ocaña, hasta diez mil hombres más, si fuera posible, cosa que no ofrece gran dificultad, por las razones que voy a expresar. El gobernador del Tolima ha dicho al Gobierno en telegrama reciente que dentro de quince días podrá poner a su disposición cuatro mil hombres, por estar ya despejado el departamento casi por entero de los revolucionarios que había en él. Al norte del mismo departamento ha venido de Antioquia el general Ortiz con una división. Y como allí tendrá ya poco qué hacer, esa fuerza estará también disponible. El gobernador de Boyacá ha comunicado que tiene ya reunidos cuatro mil conscriptos que los aumentará considerablemente si se le envían armas, como se ha dispuesto, y el general Lesmes tiene ya en Belén mil cuatrocientos hombres. Si, pues, del Tolima se mandan unos dos mil hombres de los 4.000 existentes, si a él se agregan mil que supongo habrá traído, por lo menos, el general Ortiz; si en Boyacá organiza el gobernador cinco mil, cosa que le será fácil, y si se cuenta además con los mil cuatrocientos que manda el general Lesmes, tendremos un total de nueve mil cuatrocientos hombres, que podrán elevarse a diez mil tomando seiscientos del ejército de reserva de Cundinamarca, o pidiendo al Cauca ese número. Sírvase, pues, V.S. dictar las órdenes necesarias para enviar ese refuerzo al general Casabianca en el menor término posible. Un acto de energía, como el que indico, salvara la República; pongámoslo, pues, por obra, sin vacilar».  

Próspero Pinzón, en Cúcuta, 16-VII del mismo año, cuenta que «el enemigo huyó por lugares apropiados».

Desde Panamá, el 26-VII-1900 llega a la Presidencia un mensaje de José M. Campo Serrano en el cual destaca que el «enemigo que atacó la ciudad capituló hoy entregando armas».     

Don Jorge Holguín ha abandonado el Ministerio de Guerra y ha recobrado su condición de general. El 28-VII-1900, le escribe al presidente: «La victoria alcanzada en Panamá, es golpe mortal para la revolución. De nada le sirvió a la misma revolución la infame colaboración de Nicaragua. Fuerzas de Uribe Uribe parecen estar llegando a Lebrija en terrible desconcierto».   

Hay más tentativas de paz, propuestas por los jefes liberales. Veamos algunos otros afanes en este sentido. Cuando el ejército liberal se encontraba en Tasajero, se presentó en el campamento el general Simón Aza, a intimar rendición. Uribe Uribe escribió un texto que suscribieron también Benjamín Herrera y Justo L. Duran. Tiene fecha del 9 de diciembre de 1899. La guerra llevaba dos meses y medio de haber comenzado. El mensaje advierte que no se creen aislados; que tienen noticias de que hay muchos copartidarios combatiendo. Creen salir victoriosos. Lo que se nos propone, dicen, es una «rendición incondicional». No nos tratan siquiera como beligerantes. La experiencia nos ha enseñado tener poca confianza inclusive en las cláusulas escritas, menos podríase confiar en las orales. Pero explican su posición y su capacidad de llegar a un acuerdo de paz.

«A pesar de todo, para que nunca pueda acusársenos de tercos o de que cerramos los oídos a todo género de composición, queremos prestarnos a escuchar sus proposiciones concretas, sobre todo si, apartándose del punto de vista meramente militar, revisten el aspecto de un pacto político, sobre la base de la justicia que nos asiste para demandar nuestras libertades con las armas en la mano, después de quince años de esfuerzos baldíos para obtener su reconocimiento por vías legales y pacíficas».

Después de Peralonso, Uribe Uribe volvió a insistir el 21 -XII-1899, en que se firmara un acuerdo que tuviera alcance de pacto político. Así lo dice en su mensaje:  

«Desde la posición Tasajero tuve el honor de proponer que se redactaran fórmulas concretas que ahorraran la efusión de sangre y que, con e! carácter de pacto político más que militar, tuvieran por base el reconocimiento de la justicia con que nos hemos levantado en armas a reclamar nuestros derechos. Guiado por el deseo de evitar a la patria mayores ruinas y desastres, vuelvo a reiterar la misma insinuación. En consecuencia, tengo el honor de acreditar ante usted al señor doctor Isidro Guerrero, con poderes bastantes para acordar un proyecto de tratado sobre las bases indicadas».  

El general Manuel Casabianca, quien era el comandante general del Ejército, le transcribe la propuesta al señor presidente Sanclemente y le avisa a Uribe. El presidente contesta el 25 del mismo mes y año, 195 en lenguaje poco conciliador, en palabras de dureza inconcebibles. Además, advertía que Uribe no representaba al partido. Y que si lo que quería era reformas, que acudiese al Poder Legislativo. Es, realmente, inexplicable el tono tan altivo para responder una propuesta de paz, a quien venía de establecer, en el Parlamento, cómo se burlaban las débiles posibilidades de pasar una reforma que atendiera las peticiones del liberalismo. Es un mensaje que deja al lector desconcertado. Se hace referencia a ese tono híspido, recordando que Sanclemente, como ministro de Gobierno y Guerra de Ospina Rodríguez, también creó una atmósfera para que no se aprobara la Esponsión de Manizales, firmada con Mosquera. Lo recuerdan, entre otros, el general conservador Elíseo Arbeláez y hay notas en el libro de Documentos militares de Uribe Uribe. La respuesta dice así:


REPUBLICA DE COLOMBIA • TELEGRAFOS NACIONALES

Anapoima, 25 de diciembre de 1899.

Señor general Manuel Casabianca.

Mutiscua.

  Tengo a la vista la comunicación que con fecha 22 del corriente os dirigió el señor Rafael Uribe Uribe, en vuestra calidad de jefe del Ejercito del Gobierno, en operaciones militares en ese departamento, en la cual os pide la celebración de un pacto político más bien que militar, que tenga por base el reconocimiento de la justicia con que él y sus secuaces se han levantado en armas a reclamar sus derechos, pacto que, según dice, tiene por objeto evitar la efusión de sangre; e impuesto también de la respuesta que le habéis dado, remitiendo el asunto a la decisión del Gobierno, por no considerarlo en vuestras facultades, comienzo por declarar que desconozco en absoluto la justicia con que se haya ocurrido a la rebelión en defensa de derechos que nadie ha conculcado. Desde que me encargué de la Presidencia, llamé a todos los colombianos a la unión y a la concordia, les ofrecí respetar y hacer respetar su libertad, su seguridad, su propiedad, sus fueros, la expresión de sus ideas y pensamientos, y todo lo que debieran esperar de un Gobierno justo y benévolo; y sin embargo de que tengo la conciencia de haber cumplido mis promesas y de no haber irrogado a nadie ofensa de ninguna clase, el señor Uribe Uribe promovió la revolución por medio de la prensa y la puso por obra, sin razón y sin pretexto alguno siquiera. ¿En dónde está, pues, la justicia que invoca?     

No sé, por otra parte, con qué derecho pretende el señor Uribe Uribe celebrar un pacto político sin autorización que nadie le ha conferido, y nada más que por haber encabezado la revolución por sí y ante sí y aun contra el querer del Directorio de su partido; ni sé tampoco cómo un hombre que presume de entendido, crea que el Gobierno pueda celebrar tratados de esa clase con un particular, y menos no teniendo facultad para ello.   

Si lo que el señor Uribe Uribe quiere son reformas constitucionales o legales, o concesiones de otro orden, favorables a los que él encabeza, debe ocurrir al Poder Legislativo y no al Ejecutivo, y eso por las vías legales, mas no por las de hecho, pues por medio de estas, mientras haya dignidad en Colombia, ninguno de los dos poderes se las otorgará.   

Raro me parece, señor general, que después de veinticinco combates, en que se ha derramado a torrentes la sangre de los colombianos, sea cuando el señor Uribe Uribe venga a proponer pactos políticos, adversos, por supuesto, a la causa del Gobierno, para evitar, según dice, mayor derramamiento.  ¿Y por qué no lo hizo desde que apeló a las armas o antes de ocurrir a tan horrible medio, que está desolando la nación, por cuya suerte debía interesarse? ¿Será porque habiendo visto, en los combates librados por él, cubierto el suelo de millares de cadáveres, y fijando por un momento la consideración en las lágrimas que esos actos de salvajes harán derramar a las madres, a las viudas, a los huérfanos y a todos los deudos de los que han perecido sin resultado favorable para nadie y, lejos de esto, con perjuicio para todos, le habrá remordido la conciencia y detenídose a pensar en que es el responsable ante Dios y ante los hombres, de toda la sangre vertida inútilmente, de la ruina de la nación y de todos los demás males que son consecuencia de la guerra? Atribuyo a eso el mensaje que os ha dirigido, y ojalá que un noble sentimiento lo haga desistir de su funesta empresa.   

Si no lo hace, yo, en cumplimiento del deber que me impone la segunda parte del artículo 121 de la Constitución, continuaré haciendo cuanto de mí dependa, con el fin de defender los derechos de la nación y reprimir el alzamiento hasta dejar restablecido por completo el orden público.   

Cuento para ello con el apoyo que la República entera, conocedora de la suerte que se le espera si la revolución triunfa, me está prestando y continuará prestándome, y con los numerosos elementos que las leyes han puesto a mi disposición; y, confiando en Dios, el resultado, tardo o temprano, será favorable a la causa de la libertad en la justicia, a la cual consagro todos mis esfuerzos.    

Servíos, señor general, hacer saber lo que precede al señor Rafael Uribe Uribe, para que por ello quede entendido que yo no puedo ni debo celebrar el pacto político propuesto por él, sin títulos para ello, y que continuaré sin descanso sosteniendo la legitimidad y las instituciones, y procurando la paz que a todos interesa.  


Nuevas propuestas de paz de Uribe Uribe

     La guerra estalló el 18 de octubre de 1899. En el mes de abril de 1900, Uribe Uribe plantea las posibilidades de un entendimiento. Hay una carta de este en la cual plantea el tema. No conocemos este texto. Pero existe, porque Carlos Cuervo Márquez pone un telegrama,196 al ministro de Gobierno el 5, en el cual hace referencias a ese mensaje:

 

Bogotá, 5 de abril de 1899.

General Rafael U. Palacio.

No se ha podido reunir el consejo de Gobierno para tratar el punto a que se refiere el telegrama de S.S. fechado ayer. La opinión privada de los ministros, inclusive la del general Casabianca, es que no puede darse seriedad a las insinuaciones de paz de que habla el señor Uribe Uribe en su carta. Por mi parte considero que cualquier arreglo a que se llegare que no sea la entrega, solo dará por resultado el aplazamiento de la guerra, y además creo que ya los momentos no son oportunos para tratar. Si al señor presidente y a S.S. les parece, yo privadamente podría contestar al señor Uribe que dijera sobre qué bases se proponía tratar, para poder considerar lo que proponga, pero sin darle a mi respuesta carácter de seriedad y mucho menos algo que le sirviera de asidero para adelantar sus operaciones adormeciendo las del ejército del Gobierno.

Amigo affmo,

C. Cuervo M.


De la carta de Cuervo Márquez, se deben destacar varios aspectos:

1° Que no «puede darse seriedad a las insinuaciones de paz de que habla el señor Uribe Uribe».

2° Sólo serviría la entrega total. Lo otro, el llegar a un acuerdo, sería el aplazamiento de la guerra.

3° El momento no es oportuno para tratar este asunto.

4° Propone contestar privadamente —si así lo quiere el señor presidente y ministro de Gobierno— pero sin darle a su respuesta carácter de seriedad. Porque lo que se teme es que Uribe Uribe trate de adormecer «las operaciones del ejército del Gobierno».

¿Qué puede deducirse de esta manera de preocuparse del asunto más trascendental de la patria?

Luego el 7 de mayo aparece otro telegrama del mismo Cuervo Márquez dirigido al presidente en el cual manifiesta que «hoy me dirijo al general Palacio rogándole me dé la opinión de S.E. y la de él sobre la manera como debo contestar la insinuación de paz que hace el general Uribe Uribe en carta que me dirigió y que supongo conoce S.S. Ojalá viera S.E. mis telegramas sobre el particular dirigidos al general Palacio».

Se pueden hacer otras deducciones: el primer telegrama de Cuervo Márquez es del 5 de abril, el 7 de mayo, aún no sabe qué contestar. No está seguro, además, de que el presidente conozca sus mensajes.

Uno puede interrogar: ¿Así se puede manejar materia de tan esencial carácter? Este parece ser el efecto de los partes de victoria. ¡Todos estaban envalentonados! Las fechas coinciden.  

Otra vez, arremetidas a favor de la paz

     La constante del liberalismo, es la búsqueda de la paz, inclusive en medio de los más estremecidos combates. Durante años, indicó, a través de múltiples documentos oficiales del partido, y en la escritura y en los discursos de sus más connotados jefes, cuáles eran las mínimas reformas que demandaba para no tener que llegar a la confrontación bélica. Nadie le hizo caso. Cuando los gobiernos hablaron de reformas, era porque estaba asegurada su negativa en el Congreso. No se sintió un ímpetu gubernamental para comprometer las mayorías absolutas del conservatismo. Eran mensajes que se repartían, de pronto, cuando se notaba que bajaba el grado de popularidad del Ejecutivo. Luego, las prédicas se abandonaban.  

En cambio, nuestra colectividad insistía. A Uribe Uribe se le han rechazado en diferentes formas y tono sus propuestas. Pues ahora vuelve con ellas desde Magangué —23-IX-1900—197 cuando le escribe al general Juan Clímaco Arbeláez diciéndole que «deseo conferenciar con usted personalmente. Mande suspender operaciones militares contra mí... Le empeño mi palabra de honor de militar, de caballero y de amigo, de respetar su vida y su libertad. Usted sabe que soy hombre leal».  

El 29 Augusto N. Samper —quien ya obra en el Gobierno usurpador de Marroquín— le contesta diciéndole que tiene poderes suficientes para conversar con él. Le manifiesta, en esa calidad, que no vacila «en pediros que concedáis el honor de proponer por escrito las bases fundamentales de cualquier arreglo ulterior, a fin de poder estudiarlas primero y discutirlas luego en campo neutral, cuando vos lo queráis, si es que felizmente para la patria no resulta equivocada o falsa la hipótesis de que os hablo. ...Caído ya el gobierno que os lanzó a combatir, como lo habéis hecho... me atrevo a esperar que vos, caballero y hombre digno, y patriota antes que apasionado hombre de partido, querréis evitar mayor efusión de sangre hermana...».     

     Uribe Uribe responde el mismo día, diciendo: «Investidos usted y el doctor Isaza de iguales facultades que el doctor Arbeláez, ciertamente que no tengo embarazo en conferenciar con cualquier de los dos, esperando que no tendré que echar de menos el sincero republicanismo, la moderación y el serio carácter de aquel distinguido patriota. Esta tarde enviaré la nota escrita que usted desea, después de ponerme de acuerdo con el general Benjamín Herrera, que llegó ayer con parte del ejército de Santander y que trae instrucciones expresas del director de la guerra».  

Esta propuesta de paz, implica a Herrera y a Vargas Santos. Es decir, a quienes tienen el poder militar en el liberalismo.   

En la misma fecha escribe Uribe Uribe una nueva carta a Samper. Le insiste en que «acaso conste a usted cuánto luché en la prensa y en el Congreso por alcanzar pacíficamente la garantía de ciertos derechos políticos, cuya posesión y goce evitasen la guerra civil, y acaso le conste como no habiendo podido lograrlo, no he cesado de proponer, antes y después de Peralonso, algún advenimiento con carácter de pacto político durable y trascendental, más que con el de mera convención de guerra».

Formula Uribe Uribe apreciaciones en tomo a los dos gobiernos conservadores:

«No es, pues, disposición nueva en mí la que me movió a dirigirme a mi amigo personal y político —en cuanto republicano— el doctor Arbeláez; ni en las presentes circunstancias me anima otro móvil que el de siempre: el bien entendido interés del país.

«Además, el hecho aducido por usted y por otros de que el régimen político que el señor doctor Marroquín encabeza es enteramente distinto del anterior, y que la caída de este deja en cierto modo sin razón de ser a la revolución, parece establecer algún nexo entre los que acabaron de un golpe con el Gobierno del doctor Sanclemente y los que veníamos combatiéndolo desde octubre de 1899. Producida así una aproximación como de derecho, por la especie de justificación que el golpe de Estado del 31 de julio hizo de la revolución, no falta sino que una inteligencia de hecho venga a consagrar la armonía de las aspiraciones».

Otra demostración de voluntad de paz del liberalismo: el general Vargas Santos, por la misma época, busca contactos en Bucaramanga para llegar a un cese de la guerra. Es decir, el espíritu del partido se inclinaba más por las soluciones pacíficas —y por la firma de un pacto político, como recalca Uribe Uribe—, antes que llegar a un armisticio simplemente guerrero. Al respecto, este dice en su carta:    

«Por esto, mi primera proposición es la de que un comisionado de usted y otro mío suban el Magdalena a imponerse del resultado final de las conferencias de Bucaramanga, pues estando usted sujeto a su Gobierno, como yo a las determinaciones del director de la guerra, ni uno ni otro deberíamos correr el riesgo de pactar cosas distintas de las que ellos hayan pactado.  

«Mi segunda proposición se dirige a conocer, si es posible, el tenor preciso de las cláusulas que confieren facultades a la comisión militar de que es usted digno miembro, con respeto a los revolucionarios, a fin de saber qué podemos pedir que a usted sea lícito conceder».  

Entonces, el caudillo liberal termina proponiendo: que se indague por el resultado de las conferencias de Vargas Santos para no «correr el riesgo de pactar cosas distintas de las que ellos hayan pactado». Que le gustaría conocer «las cláusulas que confieren facultades a la comisión militar de que es usted digno miembro...» para «saber qué podemos pedir que a usted sea lícito conceder». Y, por último, que se señale una localidad neutral para adelantar las conversaciones.  

El mismo día le contesta Samper a Uribe. Le expresa que le responderá en detalle. Así lo hace el 30 y le dice que no cree aconsejable nombrar una comisión «para informarse del resultado final de las conferencias de Bucaramanga a que aludía, no sólo porque ello implicaría perju­dicial e inevitable pérdida de tiempo que, hoy por hoy, no es prudente consentir. ..». Y agrega tajantemente que «juzgo que el Gobierno tal vez no está dispuesto a convenir con las fuerzas revolucionarias arreglo alguno que no tenga por base las terminantes disposiciones del decreto de 19 de agosto último, del cual acompaño un ejemplar, debidamente autenticado».

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194. Carlos Sanclemente; obra citada.(Regresar)

195. Rafael Uribe Uribe: Documentos militares y políticos relativos a las campañas. Compilación de Carlos Adolfo Urueta. Bogotá, 1904. (Regresar)

196. Cuervo Márquez. Tomo XXI. Archivo Sanclemente. Documento No 811/2. Abril 5 de 1899. (Regresar)

197. Rafael Uribe Uribe: Documentos militares...; obra citada.(Regresar)

 

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