Riohacha y los Indios
Hanri Candelier

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CAPITULO V
( 1 Parte)

Primer Itinerario desde Riohacha hasta Bahía Honda y a los Montes Macuira - Travesía del Calancala - Guarepo - El Pájaro - Kuta – Su recepción.

Cuando todo estuvo listo, fijé mi salida para el 15 de octubre.

Como primer itinerario, debía recorrer la península en todo su largo, del sur al norte siguiendo la costa oeste.

Había que llevar alimentos, algunas telas livianas, indianas, algodón, un poco de ron, muchos pequeños cigarros tanto para nuestro uso como para los pequeños regalitos obligatorios.

Donde estos salvajes más que en otra parte, los regalos son necesarios,  al parecer para poder entrar en buenas relaciones y también para sostenerlas.

Estaba muy preocupado por saber cómo me recibirían; pues según algunos habitantes de Riohacha, algunas desventuras tenían que sucederme.

Mi guía mismo, Antonio G..., quien era también mi intérprete, sin afirmar nada, me hacía entender que ese viaje tendría peligros.

No debía, en todo caso, olvidar una buena carabina con suficientes cartuchos.

“Donde estos tipos, vea usted, me repetía, se debe esperar todo y es indispensable imponer respeto. En general, el indio no es malo por naturaleza, pero tiene un odio para con el habitante de Riohacha, o mejor, de todo lo que viene de los Españoles, “Arijuna” como se le designa en un término despectivo. Y cuando se emborracha se vuelve a veces feroz. Una buena arma, le mantiene siempre prudente y reservado”.

Tenía una excelente carabina Winchester, y me prometí llevarla.

Alquilé asnos y mulas para cargarlos con mis paquetes. En cuanto a nosotros, iríamos a pie, es mas fácil y uno tiene más libertad de movimiento.

La única dificultad consistía en pasar el Calancala, el cual, en esa época del año, crece por los violentos y continuos aguaceros, y por consiguiente se vuelve muy profundo; un banco de arena formando una barra larga de 200 a 300 metros en el sitio donde se juntan sus aguas con las del mar, permite en otras épocas cruzarlo a pie y sin peligro. Nada es tan curioso como esa travesía que hacen los indios guajiros.

A todo lo largo de la travesía en el agua, usted ve emerger cabezas de hombres, mujeres, jóvenes, caballos, mulas, los animales se asustan y tratan de atraer a sus amos que les tienen por la rienda mientras que estos gritan para alejar a los tiburones y cocodrilos, siempre numerosos en estos lugares.

El martes 15 de octubre, a las 5 a.m. un poco antes del amanecer, salí solo con Antonio. Sin embargo para ayudarnos a cruzar el Calancala, Antonio pensó que era prudente hacernos acompañar por dos hombres, hasta la orilla derecha del río.

Veinte minutos después, estuvimos frente a la desembocadura, con riberas cubiertas por grandes manglares.

Sus gigantescas raíces se extienden en todas las direcciones y sirven de asilo a numerosos caimanes.

Noté también la presencia de muchos manzanillos: sus frutos de fino olor, están en el suelo.

Desensillamos las mulas y asnos rápidamente, nos desvestimos, y haciendo un pequeño paquete con nuestros vestidos,   pusimos sobre la cabeza sosteniéndolos con la mano izquierda y nos metimos al río.

Los dos nativos de Riohacha, teniendo cada uno dos animales por la rienda, nos precedieron para indicamos el camino, buscar el mejor paso; después ellos se ocuparon de nuestro equipaje.

El río es efectivamente profundo.

En tiempo ordinario el nivel del agua no alcanza a la cintura pero hoy nos llega hasta el cuello. Es difícil adelantar. Tenemos también que gritar y hacer mucho ruido para alejar caimanes y tiburones.

En un sitio, la arena es movediza; nos encontramos sobre la barda formada por el río. Por poco pierdo el equilibrio a consecuencia de un movimiento en falso, se mojaron mis vestidos.

Paramos un instante, nuestros hombres nos indicaban que sondeáramos el río hacia la izquierda.

Estábamos en la mitad; los animales debieron nadar, perdimos pie durante algunas brazas.

La travesía es larga, recorrimos 100 metros, pero nos quedaban otros tantos para llegar al otro lado. El río se vuelve menos profundo, el agua nos llegaba solamente a la cintura,  nos acercamos, unos metros más y al fin llegamos. Pisamos el territorio Guajiro. Los asnos y mulas se sacudieron firmemente y nos vestimos rápidamente.

Nuestros animales pronto fueron ensillados, y después de tomar rápidamente un poco de café frío y ron nos pusimos en marcha.

El sol se levanta en un cielo magnifico, con casi las  6 a.m. En el Ecuador los días igualan a las noches durante todo el año.

A pesar de la hora matinal, se siente que este día el sol será muy caliente.

Una gran llanura desnuda, entrecortada por lagunas y pastos, se presenta primero; ni una sola sombra. Al este, a nuestra derecha dejamos una aldea; “Buena Vista” es hoy el mas cercano villorrio o ranchería india, de Riohacha.

El nombre está bien dado “buena vista”; se puede en efecto descubrir a lo lejos; nada detiene la vista.

Y pronto, entramos en un bosque espinoso, con vegetación raquítica. Lo que salta a la vista inmediatamente es la multiplicidad de senderos que se cruzan en todos los sentidos, cosa que anotaré en todas partes más tarde.

Usted está en un sendero, le sigue; de repente se bifurca en tres o cuatro direcciones diferentes; al seguir una de ellas en su extremo se encuentra una nueva. Si no tiene cuidado a cada momento de orientarse, o si no tiene un guía experto, arriesgaría perderse o desviarse en su camino. Es un laberinto en cielo abierto.

Después de un bosquecito volvimos a encontrar lagunas, pastos y otro bosque, y así hasta llegar a “Guarepo” donde almorzamos.

Pasando por las hierbas altas, pero poco espesas, creo ver a mi izquierda, algo que baja y levanta la cabeza de vez en cuando; me acerco..., es una boa gruesa como un brazo, de 1,70 y 1,80 metros de largo, buscando su comida, algún lagarto o rana. Me acerco más, la veo de otra manera. Me miró pero no se mueve y sigue con la cabeza levantada a 10 centímetros del suelo, mirando en todas direcciones sin emocionarse.

Aprovecho para apuntarle bien. Mi bala le corta casi en dos, se mueve, pero no por mucho tiempo, la columna vertebral está rota.

Más  lejos un gavilán, “Guacao”, levanta en sus garras una pequeña serpiente.

En toda esa región pululan, y hay especies muy variadas, “coral, boquidorada, cascabel, boas”, etc.

A las 10 a.m. llegamos a Guarepo; el sol es ardiente y quema la piel.  Mi guía me propone quedarnos a almorzar y descansar hasta las 4 p.m.; así llegaremos al atardecer al “Pájaro” nuestra primera etapa, situada a 8 leguas de Riohacha.

El me presenta a una india rica, “Lakana”, quien nos dá posada.

Nos quedamos en la puerta de su choza o rancho, esperando que salga, para darnos la bienvenida; es la costumbre guajira. Nunca se debe entrar en un rancho antes de que su dueño venga primero a saludarnos.

Generalmente dice: “Int is pia”, tu llegas, es el saludo y uno debe contestarle: “Int is taya” llego.

Si demora en salir, es que no quiere recibirle, entonces uno debe retirarse.

Después del saludo, la primera cosa que hace el indio, es colgar una hamaca de cuerda, “sori” o de algodón, “jamatauré” para que uno pueda sentarse; el no conoce las sillas,  mesas; la hamaca es su único mobiliario.

Examino de prisa el rancho de nuestra futura huésped; está enteramente hecho con hojas de palmas, solamente el armazón es de postes de madera de “gayac”, y los intersticios con el techo están tapados con estas hojas. Es rectangular y muy bajo; el techo principio a 1,40 mts. a lo sumo del suelo y la única abertura no es mas alta; uno debe inclinarse para entrar.

A cinco o seis metros, a la izquierda y en el frente veo otros dos ranchos, que son hangares abiertos a todos los vientos; frente a todos estos ranchos, veo unos postes sólidos de dos metros de altura situados a poca distancia; un poco más lejos, otros pero más pequeños. Antonio me   dijo que los grandes sirven para atar a los caballos, mulas, bueyes y los pequeños para las cabras y corderos.

A la derecha un corral bastante amplio sirve para los caballos, durante la noche.

Siguiendo mi inspección, noto en un rancho principal varias ollas alineadas a lo largo de la pared, es la batería de la cocina.

Estaba en este punto de mis observaciones, cuando “Lakana” se nos acercó con un aire majestuoso; el trato me parece serio y frío; pero parece que no es así, solamente es la costumbre. Ella lleva una falda larga flotante, "Tashen" hecha con una tela negra liviana, se puede comparar esa falda a un gran saco cuyo fondo tendría un hueco para pasar la cabeza y otros dos, a cada lado, para los brazos. Es la idea más precisa que se puede dar sobre esa falda. Los pies están desnudos, pero en los tobillos veo brazaletes hechos con coral, también los lleva en la muñeca; del cuello cuelga un collar largo de “tumas”, perlas redondas o alargadas de jaspe o de ágata roja.

Antonio que habla admirablemente la lengua guajira, me presenta como un noble extranjero. “Parainsishi”; esa palabra produce inmediatamente su efecto.

Por la mirada de la india, me parece que estoy calificado. Los indios ricos son muy orgullosos, aristócratas y sienten felicidad al recibir a los extranjeros, considerados como más ricos que ellos. Aprovecho la oportunidad para ofrecer a mi huésped algunos pequeños regalos insignificantes, pero que producen buena impresión.

Colgaron hamacas bajo el pequeño rancho frente al principal y pronto “Lakana” mandó traer su mas bonito cordero.

Sorprendido por esa amable recepción inesperada expreso a Antonio mi sorpresa. No es lo que se me prometió en Riohacha.

-No debe usted juzgar demasiado favorablemente a los indios, me dijo, aquí estos son bastante civilizados, por estar en frecuente contacto con los colombianos, pero en el interior será totalmente diferente.

El Guajiro es por naturaleza muy hospitalario; no afirmaré que su hospitalidad es absolutamente desinteresada;   falta mucho, pero lo que da, lo da con sinceridad y escoge siempre lo que tiene mejor. Además el huésped en su casa es inviolable, hace parte de la familia.

El cordero fue muerto y preparado para el almuerzo. Estoy curioso por conocer la cocina Guajira y seguí todos los detalles de los preparativos.

En primer lugar noté que se lava bien la carne, que el cocido es conocido o algo parecido.

En efecto, en una olla en tierra hecha por ellos, “Ushi” y llena de agua, se corta la carne en pedazos y se agregan platanos y arroz. Es un vulgar caldo.

Al mismo tiempo, en una especie de escudilla de tierra, “Jirala”, bastante parecida a nuestras cuencas que sirven en Francia para desnatar la leche, se fritan otros pedazos de carne en su jugo, con grasa de cordero. Ese guisado coge,  durante la cocción un aspecto negro que no inspira.

Almorzamos sentados sobre nuestras hamacas, cerca a nosotros, ponen nuestro cubierto compuesto de un pequeño plato redondo de tierra, “Poso” es el plato guajiro y de una pequeña cuchara en forma de espátula, hecha con el fruto de la calabaza, “Posha”.

El cocido de carnero no sabe mal aunque huele un poco a lana, y lo comí de buena gana, Ąpero no pude tragar la carne frita!

Terminada nuestra cena, nos traen leche en medias calabazas, “Ita”y después cosa extraña, agua para enjuagarnos la boca.

Reconozco que esa costumbre que representa un refinamiento de civilización, me sorprendió, está bien establecida en todas partes. Los indios la practican rigurosamente.

El calor es tan fuerte y la digestión ayuda; siento mis párpados cerrarse. Hago una siesta de dos horas.

Al despertarme veo cinco o seis indios de la familia a mi alrededor; vinieron para saludarme e inmediatamente oigo esta palabra: “ioi, ioi” ellos le piden tabaco, me dijo Antonio. Al regalarles examino a estos hombres con mucha atención, tres de ellos están casi desnudos. No llevan sino una pequeña banda de tela de 12 a 15 centímetros de ancho, “Icha” pasando entre las piernas y sostenida por un cinturón “Siira”.

Este les sirve para llevar en su parte derecha, sus flechas.

Los otros llevan una gran manta o falda-saco, de algodón, “Tashe” parecida a la de las mujeres pero no la usan de la misma manera. La elevan hasta las rodillas, por medio de un cinturón más ancho y también llamado “Siira”.

Uno de ellos a causa del calor, se quitó todo lo que llevaba sobre el busto, otro solamente liberó un brazo y parte del pecho. En esa posición, ese vestido, sostenido únicamente sobre el hombro derecho, se parece al manto romano.

Constato que estos indios llevan ese vestido con elegancia.

Según la manera de usarlo y ajustarlo sobre el cuerpo, se dice que es caliente o fresco.

Por la noche sirve de cobertor.

Estos cinco o seis indios son buenos mozos, fuertes y sin barba; sobre la cabeza, dos de ellos llevan una especie de corona, de diadema hecha con paja trenzada, “Korsu” llevando en la frente una gran pluma de ara, y en la muñeca izquierda una especie de brazalete de cuero, “Eptika” destinado a protegerlo contra la liberación del arco. Cogí en la mano un arco, “Urraiche” hecho con madera de galac; es tremendamente duro de armar y exige gran fuerza y una gran costumbre. Las fechas largas de un metro son hechas todas de caña.

Hay tres tipos de flechas:

1.    La “Paletilla  o “Siguarai”, armada con una punta de ganchos en su base en forma de anzuelos el hierro varía entre 8 y 12 centímetros de largo.

2.  La flecha envenenada, “Imara” cuyo dardo está hecho con la cola afilada de la raya, y  untada con un veneno animal de su composición.

3.    La flecha para matar conejos y aves, “ate”; posee en su extremidad un cuerpo duro cualquiera, bola de cera “Mepesa” arandela de madera, un clavo.

Ninguna de estas flechas es emplumada, y no llevan muesca para lanzarlas; se apoya sencillamente, al dispararla, contra la cuerda del arco.

Si estudio tan minuciosamente sus vestidos, fisionomías, armas, le puedo asegurar que, por su lado, no quedan inactivos. Me miran, examinan literalmente todos mis objetos. Mi fusil Winchester especialmente excita su atención, parecen maravillados por el mecanismo; mi reloj con su tic-tac los tiene totalmente desconcertados.  Veo que son ingenuos como niños, por todo lo que no conocen;  son suaves, ríen por nada, tienen una risa franca.  Compruebo que también son mendigos; en tres oportunidades diferentes me pidieron tabaco.

 

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