CAPITULO IV
( 1 Parte)
PENINSULA GUAJIRA - ALGUNOS DETALLES
GEOGRAFICOS E HISTORICOS
La península de la Guajira situada al extremo
noreste de Colombia, se extiende en el mar Caribe sobre una longitud de 200 kilómetros desde Riohacha.
Limitada por los tres lados por el mar
que la encierra, tiene como límite natural
al sur una parte de los montes Oca, y por otra por el río la Ranchería
llamado en su desembocadura el Calancala.
Su superficie es más o menos de 15.000
kilómetros cuadrados.
Está habitada por esa raza de Indios aún
salvajes, de los cuales hemos hablado ya, que conservaron en todo su integridad, sus
leyes, sus costumbres primitivas y rústicas.
Situada entre los 11° 5 y los 12° 30 de latitud
norte y los 73° 30 y los 75° 32 de longitud oeste, entre sus puntos extremos en cada
sentido.
Ese territorio pertenecía originalmente a la
Nueva Granada la cual en 1831, como se sabe, se dividió en tres estados distintos y
autónomos, formando las tres Repúblicas actuales, del Ecuador, Colombia y Venezuela.
Durante mucho tiempo el objeto de una discrepancia
entre los dos últimos países casi provoca una guerra entre ellos.
Los venezolanos reivindicaban la mitad Este, a lo
largo
del golfo de Maracaibo. Se posesionaron de
ella y estableciendo sus derechos de propiedad en diversos lugares, entre otros en la
Laguna y Santa Teresa cerca a Sinamaica,
varios
puestos militares, Factorías militares, según
su propia expresión. Estos puestos debían salvaguardar, defender sus intereses y al
mismo tiempo controlar el comercio de los extranjeros con los indios, protegerlos de la
mala fe de los tratantes, reglamentar en una palabra sus transacciones y prevenir los
abusos.
Aquella dificultad entre dos estados vecinos y
hermanos no podía durar indefinidamente.
Como gentes sensatas, resolvieron zanjar la
dificultad refiriéndose a la división que había escogido el Rey de España, como
árbitro que fue.
Esa decisión hoy pública fue rendida a favor de
Colombia la cual desde el mes de enero de 1892, mandó sus aduaneros y empleados a
reemplazar en La Laguna a los de Venezuela.
La península de la Guajira enteramente depende
hoy de los Estados Unidos de Colombia.
Desgraciadamente esa dependencia es solamente
aparente e ilusoria; los indios son los amos y lo serán tal vez por mucho tiempo.
Su capital nominal era antiguamente San Antonio,
ranchería o aldea de 25 a 30 ranchos construida sobre la orilla derecha del Calancala; o
mejor dicho era en este sitio donde existía la sede de la administración colombiana.
Después
del
doble asesinato en 1888, del civilizado Manuel J. Bonivento y del Indígena Antonia Amaya,
esa aldea fue abandonada y casi totalmente destruida. Algunos techos de palmas aparecen todavía en mitad de las
ruinas.
La capital efectiva es y fue siempre, en realidad,
Riohacha. Por su situación, sobre la orilla izquierda del río y a un kilómetro mas o menos, esa ciudad es, por
tierra y mar, la puerta de entrada
de la península y el mercado natural para todos sus
productos.
Tal como lo vimos arriba, en esa ciudad, cada día
los de la costa oeste y del centro, sin hablar
de los del Norte, traen al mercado sus
vacas, caballos, mulas, asnos, etc., su leche, huevos, el carbón vegetal, y se
aprovisionan al mismo tiempo de las cosas que más les faltan, como los alimentos y
vestidos.
Desde el punto de vista del relieve del
suelo, hay en la Guajira dos regiones nítidamente diferentes, que la dividen en dos
partes casi iguales: una al norte, montañosa y que podríamos llamar la Alta Guajira, y
la otra al sur totalmente plano, que podríamos llamar la Baja Guajira.
O, para mayor exactitud, si del punto de la costa
oeste llamada Cardon de los Remedios o
en guajiro, Guajirajao, se
traza una línea derecha, pasando bajo el pico de la Teta, para terminar en la
bahía del Calabozo en el Golfo de Maracaibo, es decir yendo del noroeste
hacia el sureste, la demarcación de las dos regiones está aún mejor trazada, mejor
indicada.
Toda la parte al sur de esa línea hasta el río
La Ranchería y los
Montes Oca, no es sino una vasta llanura compuesta por pastos, pequeños
bosques espinosos o lagunas.
Toda la parte norte, al contrario está atravesada
en la misma dirección desde el noroeste al sureste, por tres cadenas principales, de montañas enteramente separadas entre sí por
amplios valles cuyos extremos terminan en el mar.
Cuando digo cadena de montañas, sería mas
preciso decir, creo, cadena de colinas, pues a excepción de algunos picos más elevados que hay en cada grupo,
el resto no pasa de los 400 o 500 metros de altura. Son ellas el resultado de una
erupción volcánica y muchos tienen la forma de cono perfecto y alineado.
Viniendo de Curazao, si el buque no se aleja mucho
de la costa, se ve muy bien la importancia de la cadena del Macuira, poco después de
pasar frente a los arrecifes de los Monjes igualmente, llegando a los
alrededores de Bahía Honda, puede verse muy nítidamente la segunda cadena de montañas y
especialmente el pico de Ipaca.
La primera, principiando por el vértice de la
península es la de Macuira. Nace al frente y a 18 kilómetros aproximadamente de una
playa arenosa y árida; Chímaré o Porua bordea el mar en todo su recorrido,
más o menos en la misma distancia y termina en la punta extrema del este de la Guajira en
Punta Espada.
Es la mas interesante de las tres por su
vegetación y sus cultivos; también la más importante por su altura y situación y por
los dos efectos meteorológicos que produce.
Paralela en toda su extensión a la orilla del
mar, y directamente expuesta a los vientos del noroeste o vientos alisios, que soplan
aquí durante las tres cuartas partes del año, es como una alta y amplia barrera natural, puesta al través de su marcha. De esto resulta
ese primer fenómeno que, recibiendo de lleno estos vientos fríos del mar, sin ninguna
especie de obstáculos, su temperatura sea relativamente baja: y abriga y protege todas
las regiones situadas al paso de estos mismos vientos, o sea casi toda la península.
Pero fuera de la temperatura, ejerce también una
influencia sensible sobre la sequía y humedad de las regiones circundantes o en otros
términos sobre el clima.
En efecto, todo el mundo sabe que las montañas
tienen una influencia real sobre las masas livianas de las nubes errando en la atmósfera
que las atrae y las retiene en estado
flotante en sus cimas.
Es lo que se produce en Macuira. Pronto estas
nubes al reventar, bajan por las vertientes
bajo forma de lluvias benéficas, mientras que en el valle no cae ni una gota de agua.
A estas pequeñas precipitaciones se debe la
fertilidad del suelo, el único fértil de toda la Guajira.
Por tal razón cultivan las lomas hasta unos 500
metros sobre el nivel del mar. Se encuentran cultivos de plátanos, caña de azúcar,
maíz, calabaza, batatilla o sandía, todo lo que sirve para alimentar a los indios y
también el tabaco.
Ese tabaco me supo a feo, pero tal vez es por la
insuficiente preparación.
Durante los días que pasé en el Macuira, el
termómetro marcó de 18 a 20 grados centígrados.
Estamos lejos, como lo veremos mas tarde, de los
25 a 35 grados según las épocas.
Sus dos picos más elevados son al norte, el monte
Macuira propiamente dicho, cuya altitud es de 853 metros, el otro mas hacia el este y sur,
el monte Araura, el cual no alcanza 690 metros.
Una llanura
más o menos de 14 a 15 kilómetros de extensión y
que debe haber sufrido el
mismo movimiento simultáneo de levantamiento que las montañas,
puesto que va subiendo gradualmente desde el mar hacia el centro, separa el grupo de
Macuira de la segunda cadena que en este instante no puedo nombrar.
La designan tanto con el nombre de sus picos más
elevados, Sierra Ipapa o Ipaca, Sierra Aceite, tanto como Parasé, por los indios Parasé,
en lengua guajira quiere decir salado.
No me explico bien el origen de esa última
calificación.
El pico Ipaca, al norte, alcanza 650 metros de
altura, la Sierra Aceite, al sur, en el Guajarepa alcanza 100 metros más.
Las ascensiones son muy penosas. El resto no es
más que una serie de colinas de 400 y 450 metros con una triste y miserable vegetación.
No se encuentran sino bosques de dividivi, cactus, guamachos, trupios y otros árboles
espinosos.
Por la gran sequía que rige aquí durante ocho
meses del año, todo es árido.
Durante la estación de las lluvias solamente,
desde octubre hasta diciembre, hay buenos y numerosos pastos.
Entre esa segunda cadena de montes Parasé y la
tercera llamada Cojoro, del nombre tal vez del puerto que se encuentra hacia su extremo
sur este, en el golfo de Maracaibo, se encuentran aún una vasta llanura, más extensa que
la anterior y mas variable en su anchura: el sitio más estrecho puede medir alrededor de
10 kilómetros.
No son sino rocas desnudas, colinas basálticas
terminadas por picos y de una perfecta esterilidad.
Del lado del golfo de Maracaibo, estos montes
toman formas extrañas y contienen numerosas cavernas que sirven como abrigo a los
terribles indios Cocinas, pues en esa región, y al sur del pico de la Teta, del cual
hablaremos luego, viven estos bandidos y saqueadores.
Algunos de sus picos, que no son sino masas de
rocas ígneas, alcanzan casi 900 metros de
altura.
Un poco más hacia el sur se eleva un pico
conocido, que se percibe casi desde todos los puntos de la Guajira, la Teta, cuya forma es
absolutamente regular. Su altura es de 390 metros y está compuesto en su mayoría de
feldespato.
La península tiene dos colinas aisladas al frente
de Cardon de los Remedios, que miden a lo sumo 120 metros y otro pequeño grupo de
colinas, cerca al cabo de la Vela, un poco más altas y más importantes. Su altura varia
entre 220 y 240 metros.
Después de hacer ese resumen de mis observaciones
sobre el relieve del suelo de la parte norte, diré también algunas palabras sobre la
parte sur que llamé la Baja Guajira.
Lo que es notorio en esta última región es la
uniformidad de su vegetación. y de sus pequeñas ondulaciones del suelo en lomitas cerca
a ciénagas, lagunas o salinas.
Se podría, catalogar los terrenos de las llanuras
en tres principales categorías y siguiendo
cada categoría volveríamos siempre a encontrar, más o menos la misma naturaleza de las
cosas. Podríamos dividirlas en terrenos arenosos, arcillosos y mezclados o vegetales.
Los arenosos están situados especialmente a la
orilla mar, pero en todos los sitios donde se encuentran no se ven sino retamas, cactus
grandes y pequeños, matorrales espinosos,
curedaderas, etc.
Los arcillosos, según su calidad más o menos
compacta y según el hundimiento o no del suelo, nos dan, sea como el Pájaro (yosuro) y a Guiseppe, grandes
y profundas lagunas, sea buenos y fértiles pastos, sea pequeñas ciénagas, sin
profundidad, que contienen una especie de hierba, muy conveniente para el ganado.
Y los terrenos mezclados o vegetales, según su
riqueza relativa y composición producen una vegetación bastante pobre y desarrollada.
En esa región, tal como en Guamachal o Ipare, no
lejos de Riohacha, se encuentran campos de
malvas, más o menos parecidas a las de
Francia, en otros, bosques de dividivi, trupio, cuida,
los tres de la misma esencia; en
otros, bosques de pequeños olivares silvestres, y pequeños
bosques de oquedal; en otros
crecen pequeñas palmas en los terrenos un tanto húmedos.
Continuar
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