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VIII
Dos palabras acerca de la
revolución actual de América. Resumen de la situación de las colonias al
principio del presente siglo: en lo político; en lo económico e intelectual ;
en lo económico y fiscal; -y bajo otros aspectos. Influencia de la
revolución americana, la francesa y la española.
Naturalmente
se comprenderá que, al escribir este Ensayo, si bien seguimos un plan de investigación
en solicitud de la verdad, no abrigamos la pretensión, que sería sobrado presuntuosa, de
tratar á fondo y por completo ninguna de las numerosas y grandes cuestiones que son de
primer orden en la vasta materia que estudiamos. Apenas trazamos un esbozo incorrecto del
inmenso cuadro, un mero ensayo, que podrá servirnos de base para una labor de
extensas proporciones, si mas tarde nos hallamos en posesión de los elementos históricos
y las fuerzas de observación, meditación, perspicacia y habilidad que serían
indispensables. Pero esto es muy hipotético, sobre todo para nosotros mismos que
reconocemos nuestra debilidad. Nos es, pues, necesario, ya que hemos emprendido esto
incompleto Ensayo, condensar lo mas posible nuestras observaciones y reducirlas á los
hechos capitales, á fin de que, aun en un cuadro de tan pequeñas dimensiones, aparezca
con sus verdaderas condiciones características la fisonomía singular de la sociedad
hispano-colombiana, tan mal estudiada y peor comprendida y apreciada hasta ahora por los
europeos que la han considerado conforme á métodos empíricos é incompletos.
Juzgar
á
Hispano-Colombia en razón de sus movimientos desordenados, sus convulsiones
violentas, dislocadas, ilógicas y sin razón de ser en apariencia,
olvidando su pasado, las condiciones físicas del continente, la composición de las
razas, la índole de la .independencia y la naturaleza de las influencias exteriores que
se han hecho sentir en aquellas repúblicas; juzgar así, decimos, equivale á querer
comprender un vasto y complicado edificio por la sola vista de su fachada ó sus formas
ostensibles, o á querer fallar respecto del carácter de una enfermedad y de los
medios de curarla, sin haber estudiado sus causas de todo género. Por nuestra parte,
mientras mas estudiamos la condición actual de Hispano-Colombia, mas patente encontramos
la admirable armonía que reina entre su pasado y su presente, armonía que se
revela al través del desorden mismo, esencialmente forzoso y transitorio, que á muchos
les parece ser el destino irremediable de las sociedades del Nuevo Mundo, mientras
subsistan en ellas las formas democráticas. Si algo pudiera faltar para indicar con
precisión las verdaderas causas del malestar de Hispano-Colombia, se hallaría el mejor
argumento en esa revolución, funesta al parecer, pero fecunda en realidad, que en este
momento agita á la gran Confederación anglo-americana.
En efecto (y perdónesenos esta
breve digresión) todas las apariencias de esa revolución son funestas, amenazantes para
la civilización del Nuevo Mundo y para las relaciones comerciales de Europa. Así mimo,
todas esas apariencias conducen á desacreditar la república democrática y federativa á
los ojos de los hombres superficiales que no investigan la índole de las revoluciones y
las juzgan apenas por sus primeras consecuencias tangibles. Y sin embargo ¡ qué
de nobles enseñanzas suministra esa revolución en favor de la justicia ó la doctrina de
la libertad y del derecho humano! ¡Cuán evidente es la prueba que ese acontecimiento
gravísimo está ofreciendo de que jamás se huellan impunemente los derechos de la
humanidad, que jamás debe un pueblo contar con estabilidad en su vida política y
social, si sus instituciones no armonizan con la jjusticia, que es la única base
imperecedera del progreso y de la fuerza de las naciones!
Hispano-Colombia tuvo en su seno
un cúmulo infinitamente mayor de gérmenes de malestar, heredados del régimen colonial,
que la sociedad anglo-americana. Por eso los conflictos, que comenzaron desde tan temprano
y han sido tan complicados y persistentes en Hispano-Colombia, no han estallado sino mucho
mas tarde en la Confederación americana bajo la forma alarmante de la guerra civil
armada. Pero en realidad la Confederación no ha tenido un solo día de verdadera paz;
la lucha ha sido permanente respecto de tres cuestiones capitales: esclavitud,
protección aduanera y política exterior y colonizadora, y los elementos de la
guerra latente habían de hacer explosión tarde ó temprano. ¿ Qué resultará de esa
revolución? Nada aventuramos en profetizarlo con la profunda convicción que nos anima:
la sociedad anglo-americana saldrá de su lucha regenerada y purificada; mas fuerte y mas
gloriosa que nunca, porque habrá consolidado su existencia sobre la base de la justicia y
la nocion del honor. Ella saldrá de la terrible prueba con la esclavitud abolida, el
libre cambio establecido, y una política de caridad, probidad y desinterés respecto de
los demás pueblos y de todas las inmigraciones. Entonces la democracia americana,
purificada de sus vicios y contradicciones, conquistará al mundo con el ejemplo y la
verdad!
Volvamos á Hispano-Colombia;
pero antes de penetrar en el laberinto de sus luchas políticas y sus miserias sociales,
que arranca en la revolución de 1810, resumamos rápidamente los rasgos cardinales de la
vida de sus pueblos durante el largo período del régimen colonial. Así se verá que
aquella revolución fue necesaria, inevitable y fecunda, y que todos los hechos
posteriores tienen su natural explicación en la lógica de los acontecimientos o las
situaciones precedentes.
La
condición de las sociedades hispano-colombianas se resumía, al principiar
presente
siglo, en los hechos siguientes :
EN LO
POLÍTICO: La dominación exclusiva de los españoles europeos
(con fenomenales
excepciones) ocupando todos los empleos públicos de alguna significación, y sin
radicarse en Colombia; con desprecio de las razas indígenas y mestizas y aun de los
criollos.
La
centralización absoluta y rigorosísima, en grandes virreinatos y capitanías generales
que abarcaban regiones inmensas, respecto de los asuntos puramente administrativos; en
tanto que la legislación, la alta reglamentación y los negocios judiciales en última
instancia (en la gran mayoría de los casos importantes) dependían de la metrópoli.
La
severidad mas persistente en la política de compresión y fiscalización, que impedía
toda manifestación de la prensa, de la opinión pública en cualquiera vía, y mantenía
procedimientos sumarios y terribles penas, sin ofrecerle garantía ninguna á la libertad
individual.
La
clausura ó reclusión completa de las colonias respecto del mundo exterior, en cuanto las
relaciones no se limitasen á España ó á las mismas colonias entre si; y aun en tales
casos bajo la restricción de mil formalidades que hacían casi imposible la locomoción
en proporciones considerables.
El
sistema de ventas y privilegios en la concesión y el ejercicio de los empleos, unos
vitalicios, otros de duración limitada, pero en todo caso accesibles solo á un
número muy reducido de personas, poco interesadas, por otra parte, en la prosperidad de
las comarcas donde servían.
Los
efectos de esas instituciones eran lamentables y complejos: ausencia de patriotismo, de
aptitudes especiales y de moralidad en los administradores; descontento general en los
administrados; antagonismo y odio profundo entre unos y otros; miseria, inanición y
estancamiento en los pueblos, por falta de administración municipal activa, siendo
tan reducidas las poblaciones y tan vastos y diversos é incomunicados los territorios;
legislación empírica, porque tenía su fuente en Madrid, muy lejana y tardía y siempre
incompleta en sus disposiciones; incapacidad de los pueblos para educarse en la ciencia y
el arte de la administración, por falta de vida política; hábitos funestos de esperarlo
y reclamarlo todo del gobierno, sin la menor iniciativa popular ó individual; ideas
erróneas, respecto del mundo exterior y aun de la metrópoli misma; en fin, interés
permanente en las colonias por sacudir un yugo demasiado pesado y sin compensación,
puesto que el régimen colonial no era mas que una inmensa explotación.
EN LO
SOCIAL É INTELECTUAL : La instrucción pública descuidada de un modo deplorable,
reducida á proporciones muy mezquinas y entrabada por la inquisición, la censura, el
fanatismo y la superstición.
Una
población esencialmente iconólatra mas bien que cristiana, supersticiosa hasta la
imbecilidad; pervertida por los ejemplos de mendicidad, de disipación en el juego
y de soberbia en las costumbres de las clases
privilegiadas; destinada por los cruzamientos de diversas y muy distintas razas á vivir
bajo el régimen de la igualdad, y sin embargo sujeta a instituciones abiertamente
aristocráticas.
La
esclavitud como elemento constitutivo del trabajo, ya bajo la forma especial de la
servidumbre del negrocosa y sus descendientes, ya en la organización artificial de
los resguardos de indígenas; organización socialista del peor carácter,
inmovilizaba su desarrollo moral é intelectual, y suprimía en la agricultura la ley de
la personalidad y de la emulación.
El
movimiento de la riqueza social estancado también, respecto de las clases no
indígenas, mediante los mayorazgos, las vinculaciones y la inmensa concentración de
las mejores y mas valiosas propiedades bajo el dominio de manos muertas.
Un
enjambre de castas mestizas y razas puras, dispersas en inmensos territorios, sometidas
por la naturaleza tropical á la ley de las zonas topográficoetnológicas, y por lo
mismo á la imperiosa necesidad de vivir en contacto, cambiar sus respectivas producciones
y cruzarse y modificarse incesantemente; y sin embargo, violentadas en ese movimiento
vital por las trabas que oponían la esclavitud, los resguardos, los privilegios, las
desigualdades artificiales y los mil reglamentos de una administración recelosa y
suspicaz.
Por
último (para no extender demasiado este resumen) falta casi absoluta de libros útiles
cuya introducción era de contrabando;
ausencia de periódicos y todo lo que se les pareciese ; y la enseñanza superior
reducía. (en proporciones miserables) á
la teología, el derecho canónico y el
inmenso fárrago del derecho civil.
EN LO
ECONÓMICO Y FISCAL : El monopolio bajo todas las formas posibles ó imaginables :
en cl comercio exterior, en la industria, en la agricultura y la minería; explotando toda
riqueza, abrumando al trabajo, reprimiendo toda actividad, entregando al contribuyente á
los abusos mas abominables é inveterados, y aun corrompiéndole (además de encarecerle
duramente la vida), mediante el interés que tenía el erario en estimular la
intemperancia, el juego y otros vicios necesarios al incremento de la renta de estancos,
loterías, etc.
Las
colonias en su totalidad entregadas á una explotación funesta, de que solo se
aprovechaban las compañías comerciales privilegiadas; un sistema brutal de impuestos
complicadísimos y excesivos, cuyo producto ni siquiera, en gran parte, llegaba á las
cajas del erario; y un régimen comercial que les daba ti los cambios la dirección mas violenta y dispendiosa, creaba centros y
especulaciones totalmente artificiales, hacia
imposible todo equilibrio legítimo entre los valores y servicios cambiables.
El
abandono casi total de las mas seguras fuentes de riqueza, en beneficio de la minería,
exagerada sin medida; funesto sistema que, agravando ciertos vicios en las costumbres,
haciendo casi necesaria la conservación y el ensanche de la esclavitud, deteniendo el
vuelo de la agricultura y la industria, y limitando la riqueza á
los metales preciosos, suprimía en mucha
parte la necesidad de buenas vías de comunicación, concentraba las fortunas en pocas
manos y facilitaba su salida de las colonias, sin retornos en valores equivalentes y
fecundantes.
A los
elementos políticos, civiles, morales, económicos, etnológicos y fiscales de la
situación creada hasta el principio del presente siglo, hay que agregar (aun
prescindiendo de la organización judicial y otros hechos muy importantes) los defectos
del régimen militar y los gravísimos embarazos
provenientes de la conquista misma
y de la naturaleza colombiana.
El
militarismo, plaga detestable que, por una singular contradicción, se ha hecho casi
universal en el presente siglo, no existió en Colombia durante el régimen colonial. Los
regimientos españoles eran muy poco numerosos, relativamente, y la autoridad militar,
enfrenada por la civil, no se hacia sentir sino en los cuarteles. Pero la organización
del ejército era muy viciosa y propia solo para deprimir en las colonias el sentimiento
del honor y de la independencia (esto se concibe) y para inspirarles á las poblaciones
desafecto hacía la metrópoli. En general los regimientos españoles iban completos desde
España, sin admitir el elemento criollo ni el indígena. Sin embargo, no pocas veces se
formaron los cuerpos con jefes, oficiales y cuadros exclusivamente españoles, saliendo
los hombres de tropa de las turbas de indios y mestizos, bárbaramente reclutados, sin
regla ni garantía ninguna, y privados de toda esperanza de ascenso. De ese modo, los
tercios españoles eran temidos pero mal mirados por los criollos y mestizos; el servicio
militar era odioso y no despertaba en las poblaciones ningún sentimiento noble y elevado,
y la sociedad se creía siempre como en presencia de un ejército extranjero.
Por lo
que hace ti los precedentes de la conquista, ellos eran fatales en todos sentidos. La
conquista vició en su cuna ti las sociedades que de ella nacieron; sin que el régimen
colonial las depurase ó fortaleciese con la infusión de sólidas inmigraciones
posteriores, porque en ese régimen todo estaba calculado para cerrar la entrada al
europeo que no fuese español, y alejar al español mismo de la tentación de fijarse en
un suelo donde sus hijos se verían tratados como las tribus indígenas, con poca
diferencia.
A esos
inconvenientes, que originaban otros muy graves, se agregaban los enormes obstáculos
naturales. Un mundo prodigiosamente rico, variado, complicado, exuberante, formidable,
inmenso, salpicado apenas por18 millones de habitantes, secuestrados del comercio
universal y abrumados por instituciones completamente empíricas! ¿ Qué podía acontecer
bajo tales condiciones? La sociedad se hallaba en presencia de un dilema terrible que era
preciso resolver: ó la colonia ó la revolución! La colonia, y con ella la
continuación de una miseria profunda, de la ignorancia deplorable, del estancamiento de
todas las fuentes de la civilización; ó la revolución para sacudir ese marasmo y
conquistar la independencia, y con esta los desastres y horrores de la guerra y las
agitaciones de una existencia que, durante un período mas ó menos largo, habría de ser
vacilante, tormentosa, incierta y terriblemente difícil.
Los hispano-colombianos, sin
previo concierto obrando instintivamente y por la fuerza de la necesidad, escogieron sin
vacilar el segundo término del dilema.
¿
Acertaron en ello ?. El tiempo los ha justificado, confirmando, a pesar el derecho tenía
legitimado. Los hombres de la revolución tuvieron fe en la justicia de su cansa y no se
arredraron con las inmensas dificultades que tenían que vencer. tenían que pasar por las
mas rudas borrascas y dolorosas pruebas tintes de acabar su obra; tenían que empezar por
crear un pueblo donde solo había turbas y tradiciones viciadas y viciosas; tenían
que luchar con todo cl pasado de España y tres siglos de un régimen que, si fundó la
civilización, la condenó también á consumirse ó pervertirse; tenían, en fin, que
modificar profundamente cuanto existía, reemplazando en su labor al tiempo y luchando sin
tregua contra la implacable lógica de los hechos anteriores.
¿Esa
inmensa obra ha hecho progresos grandes y positivos? ¿Hicieron bien y obedecieron ti la
necesidad los fundadores de la democracia en Hispano-Colombia. Las luchas que después la
han agitado han sido estériles? ¿ Hay razón para esperar con absoluta confianza que ese
mundo alcanzará, no muy tarde, una situación sólida y feliz?. ¿Cuál es la moralidad,
la enseñanza que suministran las conmociones
político-sociales de hispanoColombia? Bajo qué influencias se ha desarrollado
allí la idea democrática? Cual es el deber de las sociedades europeas respecto de las
hispano-Colombianas? Cuál la vía que á estas s conviene seguir, conforme á la
naturaleza de su suelo, á condiciones
etnológicas y á la índole de sus revoluciones? He aquí las cuestiones que nos
proponemos examinar rápidamente en nuestros subsiguientes capítulos.
Para
terminar el presente, determinemos con brevedad la influencia que ejercieron sobre el
espíritu de las poblaciones coloniales la emancipación de Anglo-América, la revolución
francesa y los acontecimientos que agitaron ti España desde 1808.
Desde
luego parece excusado decir que en hispano-Colombia los
acontecimientos del norte, que produjeron la independencia ó constitución
de los Estados Unidos, apenas podían llegar ti oídos de los criollos mas notables, y eso
con mucha dificultad, porque los gobiernos coloniales tenían sumo cuidado en impedir la
entrada de libros y periódicos que pudieran despertar el espíritu de independencia,
mediante el ejemplo de la unión americana y de la gloriosa carrera de Washington,
Franklin y otros ciudadanos ilustres. Por otra parte, en HispanoColombia se
perseguía severamente todo conciliábulo y todo procedimiento de los patriotas ilustrados
que pudiese favorecer la propagación, entre la clase media y las masas, de noticias y
nociones relacionadas con la situación de los Estados Unidos del norte.
A esas
dificultades y las de las comunicaciones marítimas (que eran fenomenales entre Colombia y
la América anglo-sajona) se añadía la circunstancia bien notable de haber tomado la
Confederación una actitud política que, siendo muy sabia para ella en sus primeros
tiempos, era sobrado egoísta respecto de las demás poblaciones del Nuevo Mundo. Los
Estados Unidos jamás se manifestaron solícitos en favorecer la emancipación de los
pueblos de otras razas; y aun durante la revolución hispano-colombiana permanecieron
impasibles y nos miraron con desdén , sin prestarnos el menor apoyo en los años de
conflicto. De ahí la evidente debilidad de la influencia de los Estados Unidos, comparada
con la de la revolución francesa, respecto del mundo hispano-colombiano. Lo que en
realidad influyó no fue la política de los Estados Unidos, sino únicamente el ¡mecho
de su independencia, que fue para los hispano-colombianos un ejemplo, un precedente
justificativo y un motivo de esperanza.
A este
propósito conviene destruir aquí un grave error de apreciación, que ha pasado en Europa
como una verdad inconcusa. Se ha creído y afirmado que todas las
constituciones federales de Hispano-Colombia no
han sido mas que el fruto de un espíritu de imitación servil de la obra de los Estados
Unidos. Nada es mas
infundado
que esa creencia. Las tendencias federalistas en diversos estados de origen español
(Méjico, Guatemala, Colombia y las regiones del Plata) ha provenido esencialmente
de las condiciones de la guerra, de la naturaleza de los territorios y de la composición
múltiple de nuestras poblaciones; mientras que en el Perú y Bolivia la efímera
Confederación no fue sino la obra personal de Santacruz y de Orbegoso. Si el ejemplo de
los Estados Unidos pudo ejercer alguna influencia (que no lo dudamos) solo se hizo sentir
en la Colombia central y Méjico, y siempre como muy secundaria, mientras que en el resto
del continente fue casi nula. El hecho es que la diplomacia americana ha sido hasta ahora
la menos in
fluyente
y simpática, por diversos motivos que luego indicaremos. En Hispano-Colombia, por punto
general, no han tenido verdadera influencia sino tres potencias : España, por la ventaja
de los vínculos sociales y las tradiciones; Inglaterra, por su comercio, sus escuadras,
sus fuertes acreencias y los auxilios oportunos de la guerra de la independencia; y
Francia, por su literatura, sus ideas generosas y su comercio de artículos de lujo. La revolución francesa produjo en
Hispano-Colombia un contragolpe infinitamente mas poderoso que la angloamericana. Esto
se comprende por diversos motivos : las afinidades de raza y civilización; la mayor
facilidad de leer obras francesas que inglesas, en las colonias; la generosidad y audacia
cosmopolita de la revolución; la estupenda magnitud del drama políticosocial de
Europa, muy superior en todo al de la América; en fin, las consecuencias de esa
revolución que pesaron sobre España.
Desde
luego, la revolución de los americanos había comenzado por una cuestión de derechos
sobre cité y otros artículos, y terminado por el reconocimiento de la esclavitud. El
derecho del hombre, la moral y la filosofía se subalternaban allí ante los intereses de
los mercaderes del Norte y los cultivadores del Sur. Era una revolución que, si
entrañaba el germen de grandes cosas, aparecía mezquina, inconsecuente y plebeya (en
la peor acepción) desde su nacimiento hasta su triunfo. Solo la virtud de Washington, el
mérito de Franklin y de otros hombres, podían hacerla estimable. Como no fue heroica ni
generosa, no ejerció fascinación ninguna sobre los hispano colombianos.
Al
contrario, la revolución francesa se iniciaba proclamando los derechos del hombre y
la solidaridad de su causa con la de todos los pueblos oprimidos. Todas las fibras
de los hombres capaces en Hispano-Colombia de leer lo que salía de las prensas francesas,
se conmovieron hondamente, y todo el que lo pudo siguió con ansiedad y sumo interés,
desde el fondo de nuestras montañas, el inmenso drama y la grandiosa epopeya de la
revolución francesa. Su aliento, pasando sobre el océano en lenguas de fuego, enardeció
la sangre delos hispano-colombianos, y algunos de estos, como Nariño, Zea, Bolívar y
otros eminentes patriotas, llevaron personalmente de Europa la emoción y el contagio. Por
eso tuvo valor Nariño para imprimir secretamente en Bogotá y difundir en el país (en
1799) un folleto conteniendo la traducción del acta de la Asamblea Constituyente que
proclamó los derechos del hombre; arrojo que le valió al ilustre patriota los mas
crueles infortunios, pero que le hizo ganar también gloria imperecedera en Colombia.
Uno de
los privilegios de los grandes hombres es el de contagiar con su ejemplo y su gloria ti
las almas generosas, ardientes y de alta inspiración, reproduciendo en estas sus
cualidades y sus defectos. Bolívar, muy joven aún, sintió esa poderosa influencia, como
la sintió San Martín. Bolívar aspiró ti reunir en su persona los grandes tipos de
Washington y Napoleón; mas, por desgracia para la democracia hispano-colombiana, fue
mucho mas fiel al segundo que al primero. Como quiera que sea, la revolución francesa
despertó ti los hombres ilustrados y generosos de Colombia, y les inspiró aquella fe que
se requiere para acometer las grandes empresas. Nuestros pueblos han sido, son y serán
por mucho tiempo infinitamente mas franceses que anglo-sajones, por su temperamento, su
genio, sus aspiraciones, sus cualidades y sus defectos. La revolución de 89, como las
posteriores, ha influido mucho mas de lo que se piensa sobre los destinos del mundo
hispano-colombiano. El terreno estaba preparado por la opresión colonial para recibir y
hacer fructificar la simiente revolucionaria. Faltaba la oportunidad y esta se presento el
día que España se encontró en lucha abierta, no con la revolución francesa, sino con
la revolución francesa, sino con la ciega ambición de Napoleón.
Se ha
dicho que los hispano-colombianos, al aprovechar esa coyuntura, se mostraron desleales ó
doblemente ingratos para con España. En esto hay un doble error. La revolución de 1810,
comenzada en parte en 1808, fue espontánea, súbita, imprevista. Estalló entonces porque
los hechos la hacían inevitable y lógica, y España misma daba el ejemplo en todo,
no porque se hubiese concertado de antemano y aguardado deliberadamente el momento
oportuno. La revolución era un hecho social, y los hechos de esta clase jamás son
imputables al cálculo de ningún hombre ó partido. Además, si los hispano-colombianos
tenían derecho á la independencia y la libertad, la cuestión de oportunidad importaba
poco, y debían aprovechar la coyuntura que les ofrecía la disolución del imperio
español. Todo lo que los pueblos hacen en la vía del progreso es oportuno, porque es
Dios quien los guía, y la Providencia jamás equivoca sus fechas ni perturba el
movimiento de su misterioso cuadrante.
España,
despotizada desde el tiempo de Carlos Quinto, había perdido todas sus tradiciones
democráticas en virtud de las cuales la nación era el pueblo dividido en clases. El
trono había venido á
ser la encarnación de la nación. Por eso, una vez que el
soberano abdicó y su sucesor se halló preso, el imperio español se creyó y sintió
decapitado; y al saber que la península estaba invadida y subyugada por Napoleón, las
colonias continentales de Colombia se creyeron libres de todo lazo de unión. Después, el
grito de independencia lanzado por los españoles, y su revolución de 1842 y los años
posteriores, no podían menos que legitimar un movimiento análogo en las colonias. La
lógica hizo lo demás; y luego se verá que la política de la revolución española
respecto de la colombiana, contribuyó en mucho a hacer imposible la conciliación y
encrudecer la lucha. Las naciones, es cosa bien sabida, se pierden, como los hombres, por
falta de lógica.
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