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IV
Introducción
de la esclavitud de los negros en Colombia; causas que la motivaron. Las
razas mestizas. Situación comparativa de los criollos, indios, negros y mestizos.
Consecuencias sociales y políticas de la esclavitud.
La cuestión de la esclavitud,
bajo el punto de vista hispano-colombiano, es decir de las antiguas colonias españolas,
es, como cuestión histórica y social, una de las más trascendentales é interesantes
que un escritor de Hispano-Colombia y aun de Europa puede examinar.
Para nosotros la
introducción de la esclavitud en el Nuevo Mundo fué un suceso inmenso y providencial.
Ningún hecho social ofrece tan patente la prueba de esta sublime y consoladora verdad:
que Dios, en su infinita sabiduría, se sirve hasta de las faltas de la humanidad para
producir el bien, haciendo que se cumplan
sus
misteriosos designios, su divino plan de unidad eterna, de armonía suprema y de
progreso infinito.
No
pretendemos tratar la cuestión de la esclavitud bajo su aspecto antipático. Toda
declamación sobre la materia sería estéril
y superflua. Con excepción de los salvajes reyezuelos de África y los propietarios de
esclavos en Sur-América (cuya franqueza en el asunto ha llegado hasta el cinismo y la
blasfemia) no hay en el mundo un hombre, sea cual fuere su condición, que no reconozca
que la esclavitud es un mal gravísimo y complejo. Los pueblos honrados hacen esfuerzos
por obtener la abolición completa, del modo que consulte mejor todos los intereses, y la
cuestión es puramente de tiempo y medios de ejecución. Así, en cuanto á las
repúblicas hispano-colombias, nosotros no examinaremos el hecho de la introducción de
negros esclavos sino bajo el punto de vista meramente social y político.
¿De
dónde surgió la necesidad de implantar la esclavitud en Hispano-Colombia? Evidentemente
de las exigencias de la colonización y las condiciones de las razas americanas. En la
época en que el ilustre Las Casas (hombre de gran corazón, pero de espíritu poco
previsor y lógico) se hacía el generoso defensor de los indios, esclavizados y
exterminados por la conquista, España, como todos los pueblos de Europa, tenía la
preocupación de que el oro y la plata constituían la base y aun la esencia de toda
riqueza. Se habían agotado ya todos los tesoros auríferos amontonados por los soberanos
y caciques indios, como objetos de adorno y curiosidad, y escaseaban mucho las famosas huacas.
Era, pues, necesario emprender la explotación formal de los inmensos depósitos ó placeres
de los ríos, arroyos y torrentes de Colombia, en primer lugar, y luego acometer el laboreo de minas de oro y plata, que
exigían trabajos considerables, permanentes y costosos.
Pero
las razas indígenas eran completamente incapaces para esa clase de trabajos. Las de las
tierras altas ó frías, más ó menos habituadas á las labores de una vida relativamente
civilizada, no podían, sin sucumbir en breve, bajar á los valles ardientes, húmedos y
desiertos, donde se hallan casi todos los depósitos auríferos. Los indios de los valles
y las costas, completamente salvajes, carecían totalmente de hábitos de trabajo y
aptitudes para la explotación. Las Casas dijo entonces: << Salvemos de la
ruina á las razas indígenas, y para hacer frente á las exigencias de la colonización,
de la explotación minera sobre todo, importemos una raza fuerte para el trabajo bajo los
climas tropicales: importemos negros africanos, en calidad de esclavos. El consejo
pareció muy bueno y fué acogido; y aunque los indios continuaron poco más ó menos en
la misma condición de siervos (tributarios y secuestrados por vía de mejora), se creó
el tráfico de negros, y la esclavitud de la raza africana quedó establecida como un
nuevo y gran elemento social.
Desde
aquel momento se decidió del porvenir de la Colombia española ó latinizada. Inmensa
revolución en la civilización y en la política! De seguro ni Las Casas, ni el rey de
España, ni sus ministros y lugartenientes llegaron á sospechar que al realizar semejante
medida, obraban como revolucionarios, servían la causa de la unidad cosmopolita del
progreso y preparaban en Hispano-Colombia el reinado de la republica democrática! Creemos
que hasta ahora ningún escritor ha tratado esta cuestión emitiendo las ideas que vamos
á exponer; pero si acaso estas no fueren originales, de todos modos se convendrá en que
merecen seria consideración.
La
multiplicación de los negros de raza africana tenía que ser prodigiosamente rápida en
el Nuevo Mundo. Por una parte, era grande, permanente y creciente el interés que tenían
los propietarios de minas y lavaderos, y de ingenios y establecimientos agrícolas, en
introducir el mayor número posible de esclavos, á fin de darles rápido incremento á
sus especulaciones. Los negros no solo eran necesarios para todas las labores duras en los
climas ardientes sino también para la navegación de los ríos en escala considerable,
navegación que exigía remadores ó bogas muy fuertes y de hábitos brutales. Por
otra parte, las razas negras son asombrosamente fecundas cuando viven bajo los climas que
les convienen, análogos á los africanos; y esa fecundidad, como la de todas las razas
bárbaras, se explica fácilmente al considerar que, faltando en el desarrollo del
individuo el equilibrio entre las facultades físicas, morales é intelectuales, las
primeras ejercen su imperio casi exclusivo, que se traduce en fecundidad, cuando la
inteligencia y la moralidad están deprimidas; y al contrario, la reproducción se hace
lenta y difícil, como sucede en Francia, cuando una raza llega á muy alto grado de
refinamiento moral é intelectual.
En
toda Colombia debía necesariamente producirse este fenómeno: la raza europea, dominante
políticamente, mil veces superior en lo moral é intelectual, y entrabada en su
multiplicación por las preocupaciones que le impedían el cruzamiento con las razas
diferentes, se reprodujo con lentitud, aglomerándose principalmente en las altiplanicies
y las regiones de clima templado; mientras que las razas negra y cobriza tenían un
desarrollo muy distinto. La negra debía multiplicarse prodigiosamente, favorecida por el
sol tropical, los alimentos fuertes y vulgares y la depresión de las facultades morales
é intelectuales. Las razas indígenas debían disminuir ó permanecer estacionarias
dónde quiera que la vida civil les impusiese trabajos muy penosos; pero debían prosperar
numéricamente allí donde se mantuviesen dentro de su esfera habitual, como en las
altiplanicies, toda vez que su multiplicación no podía ser contrariada por el
refinamiento ó el notable progreso de la civilización.
Y
otros fenómenos importantes debían producirse. Por una parte, la analogía de condición
servil y degradada, y la menor discordancia de tipo y sangre entre el negro y el indio que
entre uno y otro y el blanco, debían favorecer, como favorecieron, el cruzamiento de las
razas colombianas con la africana; dando origen á la casta que en Colombia se llama zamba
ó de zambos, y que en otros países del Nuevo Mundo tiene diversas
denominaciones. Por otra parte, las razas y castas debían tener, como tuvieron, su
geografía inevitable y fatal: los blancos ó indios de color pálido bronceado y los
mestizos que de su cruzamiento naciesen, quedarían aglomerados en las
regiones montañosas y las
altiplanicies; mientras que los negros, los indios de color rojizo y bronceado oscuro, y
los mestizos procedentes de su cruzamiento, debían
poblar
las costas y los valles ardientes.
Además,
como en las regiones altas no hubo casi negros esclavos, porque allí carecían de objeto
y no se
acomodaban
al frío, y como los blancos que tenían minas, ingenios y especulaciones de comercio se
vieron forzados á establecerse en el teatro de sus negocios, aunque en pequeño número
relativamente, la casta mulata
no pudo
aparecer sino en las tierras bajas, donde
los
blancos y los negros se hallaron en contacto por razón de la esclavitud. Así, pues, la
población quedó distribuida en dos grandes grupos de razas y castas en las tierras
altas, los blancos y blanquecinos y los indios más asimilables; en las tierras
bajas, los negros y negruzcos ó pardos, las castas zambas y mulatas. Importa
mucho que no se pierda de vista esa geografía de las razas y castas hispano-colombianas,
porque en ella se encuentra el secreto ó la clave de muy importantes fenómenos sociales
y de casi todas las revoluciones que han agitado y agitan á las repúblicas de esa
procedencia.
Hasta
ahora se ha incurrido generalmente en el grave error de suponer cierta uniformidad en el
tipo indígena de Colombia. Podemos asegurar que ningún continente es más rico en
variedades de razas que el colombiano, particularmente
en las regiones intertropicales. Aun prescindiendo de las diferencias de tipo, que
son numerosísimas, y cuyo exámen sobre ser superior á nuestros muy limitados
conocimientos nos conduciría muy lejos, hay en hispano-Colombia una multitud de
discordancias relativas al color y la talla que indican la existencia de razas indígenas
muy distintas. Evidentemente las influencias climatéricas ó del medio en que cada
raza ha vivido, han debido ser muy poderosas, porque no hay región en el globo que
ofrezca tan increíble variedad de climas como la Colombia intertropical, climas
que se mantienen invariables, poco más ó menos, en todos los grados posibles, desde la
temperatura abrumadora del Senegal hasta la de los hielos polares, y aun peor que eso,
hasta donde el aire no es respirable á causa de la prodigiosa elevación de los nevados.
En
Colombia, pues, las razas y sus variedades eran innumerables, antes de la infusión del
elemento europeo y el africano; influyendo mucho en esa diversidad el grado de barbarie ó
de civilización en que se hallaban las tribus indígenas. Había tribus rojas, rojizas,
bronceadas, cobrizas, otras casi negras ó muy pardas, otras de color amarillo mate y
algunas notablemente blanquecinas
(1)
y en
cuanto á los. tipos ó conjuntos de rasgos la voz, las formas, la talla, las
costumbres y otras circunstancias las variedades eran infinitas. La conquista y la
colonización, ignorando la geografía y la composición de las razas indígenas, y
modificando profundamente la manera de ser de ellas, debieron necesariamente producir
cierta promiscuidad que, no por pasar inapercibida á los ojos de los europeos, podría
dejar de hacerse sentir entre las razas colombianas. Este hecho, que para la ciencia es
todavía un misterio y seguirá siéndolo por largo tiempo, nos parece evidente sin
embargo, juzgando por inducción fisiológica, por analogía con el fenómeno constante de
las razas europeas, y fundados en las observaciones que hemos hecho en nuestro país
respecto de los cruzamientos que la conquista provocó, en las tierras de altura media,
entre los indígenas de los valles y los de las alti-planicies. Antes de la conquista, la
guerra tenía separadas á las razas de las tres regiones,
cómo sucedía, por ejemplo, en Nueva Granada, entre los Muiscas de la
alti-planicie, los Panches de las faldas de la cordillera Oriental y los Marquetones
del valle del Alto Magdalena. La conquista, suprimiendo la guerra entre esas razas,
las puso en contacto, las hizo entrar en una fusión más ó menos intensa y las
modificó, dando lugar á variedades nuevas.
Tenemos,
pues, que la conquista y el gobierno colonial pusieron en contacto (no diremos en
armonía) los más diversos elementos sociales, elementos que, haciendo abstracción de
grados subalternos y pormenores, podemos concretar así:
Las
razas y variedades españolas;
Las
razas y variedades indígenas;
La
raza negra africana;
Las
castas mestizas de españoles é indios;
La
castas de diversas razas indígenas, confundidas por la acción de la conquista y la
colonización;
La
casta mulata
ó derivada de
blancos y negros;
La
casta zamba, nacida del cruzamiento de indios y negros;
En
fin, la gran variedad de castas secundarias nacidas del cruzamiento sucesivo entre negros
y mulatos, mulatos y blancos, indios y mulatos, indios y zambos, etc., etc.
Si tal
vino á ser la composición de la sociedad hispano-colombiana ¿en qué condición general
se hallaron los grupos principales, relativamente los unos de los otros? A reserva de
indicar en nuestro siguiente capítulo los caracteres típicos de esos grupos, diremos que
su situación comparativa era la siguiente:
Los
blancos españoles figuraban en los empleos públicos (con algunas excepciones muy
poco numerosas), en el alto clero, en los tercios ó regimientos militares, en el comercio
y en la lista de los grandes propietarios de minas y aun de tierras, aunque no en número
muy considerable.
Los
blancos nativos ó criollos, formaban la masa general de letrados, clero inferior,
pequeños propietarios, artesanos, mercaderes subalternos y tenderos en escala reducida.
Los
indios, organizados en resguardos, eran en su totalidad agricultores, propietarios en común y tributarios.
En
fin, los mulatos y demás mestizos derivados
de la raza negra, vivían como proletarios, apéndices de los grupos de esclavos,
figurando como obreros, hombres de pena, arrendatarios agrícolas, bateleros, mineros,
etc.
Pero
la proporción numérica de los grandes grupos sociales fue muy diferente en las colonias
continentales de Colombia, siguiendo en cada región la ley de la geografía. Donde quiera
que la población se halló aglomerada en las alti-planicies y montañas, predominaron las
razas blanca ó indígena; así como las castas pardas tuvieron la superioridad en las
costas ardientes, situadas dentro de los trópicos. Así, en Méjico, Perú, Bolivia y
Ecuador las razas y castas se hallaron en este órden numérico: indios blancos
hombres de color esclavos. En Nueva Granada, Chile y Centro-Colombia, en
este: blancos indios hombres de color (pardos) esclavos. En Venezuela
la proporción era casi inversa: pardos
indios blancos esclavos.
Si nos
concretamos á Colombia (descompuesta hoy en Ecuador, Nueva Granada y Venezuela),
hallamos que, al comenzar la guerra de la independencia, las proporciones
eran estas, por
aproximación:
|
|
Blancos
|
Indios
|
Pardos
|
Negros
Esclavos
|
|
Ecuador
|
157.000
|
393.000
|
42.000
|
8.000
|
|
Nueva Granada2
|
877.000
|
313.000
|
140.000
|
70.000
|
|
Venezuela
|
200.000
|
207.000
|
433.000
|
60.000
|
|
Totales
|
1.234.000
|
913.000
|
615.000
|
138.000
|
No debe olvidarse, sin embargo,
que los censos coloniales eran muy deficientes respecto de los indios y mestizos pardos, y
que en ellos no podían figurar nunca las tribus salvajes ó débilmente reducidas á la
vida civil.
Ahora bien: ¿cuáles fueron las
consecuencias del cruzamiento de las tres razas principales (tomando como una sola raza,
por vía de simplificación, á la población indígena) respecto del porvenir político y
social de HispanoColombia? A reserva de nuestras posteriores observaciones sobre
esta materia, diremos perentoriamente: el régimen colonial, al poner en contacto á esas
razas y suscitar su inevitable cruzamiento,
preparó el advenimiento de la democracia, turbulenta en su infancia, como un hecho fatal,
lógico, de rigorosa necesidad fisiológica, que debía ocurrir tarde ó temprano!
¿ Por
qué? Interrogad á la historia, y ella os dirá invariablemente que la democracia, más
ó menos pura, ostensible y persistente, ha sido la síntesis política y social de todos
los pueblos muy mezclados ó compuestos de fusiones de razas muy distintas. La libertad,
cosa muy distinta de la democracia, porque
la primera se refiere al
individuo y la segunda á la masa social, la libertad decimos, ha sido y será
siempre más propia de las razas puras ó poco mezcladas; en tanto que la democracia es la
condición inevitable de las razas promiscuas.
Sin
remontar hasta los tiempos antiguos, porque esto nos llevaría muy lejos, veamos lo que
sucede en Europa, sea que se comparen las grandes nacionalidades, sea que se observen en
el seno de una misma nación las tendencias diversas de sus grupos etnológicos.
En
Alemania, donde se han conservado razas ó variedades que vienen todas de un tronco ú
origen común, el espíritu democrático ha
sido siempre muy débil; en tanto que el sentimiento de libertad individual ha sido
poderoso y permanente.
En
Inglaterra se encuentra el mismo fenómeno: instintos profundamente aristocráticos y
tendencias invencibles hácia la libertad personal. Y no se diga que la población inglesa
es muy mezclada. Su base principal consiste en la fusión anglosajona, fusión de razas
análogas. La fusión romana fue insignificante; la escandinava no se hizo sentir sino en
las costas orientales y durante menos de un siglo; la normanda no fue en rigor una
modificación, puesto que los normandos provenían de Germania.
Es
fácil comprender por qué las razas germánicas, en Inglaterra, Alemania, Holanda, etc.,
han aceptado el protestantismo, lo mismo que la raza escandinava, en tanto que las razas
fuertemente mezcladas, del centro y sur de Europa, han sido fieles al catolicismo. Es que
el protestantismo es una religión esencialmente liberal, de
personalidad independiente, mientras que el
catolicismo es una religión democrática, de acción colectiva.
Los
pueblos francés, italiano y español tienen instintos profundamente democráticos, y son
precisamente los pueblos más mezclados de Europa. En ellos la fusión no ha tenido lugar
simplemente entre razas análogas: ha sido una fusión radical, inmensa y sumamente
compleja. En Francia y las dos penínsulas han tenido su teatro de cruzamiento con las
razas primitivas (galos, celtas, iberos, ombrios, etruscos, etc., etc.) los
griegos, los africanos de diversas razas (fenicios, cartagineses, árabes, moros, etc.) y
un enjambre de razas procedentes del norte; sin contar los cruzamientos producidos por la
denominación romana. En Francia, en Italia y en España, en mayor ó menor grado, pero
siempre con evidente analogía, el instinto liberal ha sido muy débil y el democrático
persistente y poderoso.
Si nos
concretamos al seno de los grandes grupos, el fenómeno es más evidente. En Francia las
tendencias democráticas son vigorosas hacia el sur donde los cruzamientos han tenido
mucho mayor intensidad; en tanto que desaparecen ó pierden casi toda su energía en
Bretaña, Normandía, Picardía, Alsacia y Lorena, donde las razas primitivas y las
germánicas han experimentado cruzamientos de poca trascendencia.
En el
imperio de Austria se ve predominar el instinto aristocrático en las provincias de razas
relativamente puras tales como Bohemia, Galitcia, el archiducado de Austria, la Carintia,
etc.; mientras que el instinto democrático predomina en Hungría, donde se encuentran en
contacto numerosas razas.
¿Qué
ha sucedido en Suiza? A las razas primitivas (Ambrones, Alóbroges, Tigurios, Tuginios,
etc.) se mezclaron sucesivamente las latinas y germánicas. Solo la democracia ha podido
armonizar á las razas mixtas resultantes de esas infusiones. Y aun se observa que en
cantones de población más pura, las instituciones tienden hacía el principio
aristocrático.
Tal es
el fenómeno que, con energía infinitamente mayor, se ha producido en Hispano-Colombia.
Allí no son las razas derivadas de una fuente común las que se han encontrado y
mezclado. Jafet, Sem y Chan se han dado el abrazo fraternal en el Nuevo Mundo, tendiendo
á reconstituir la unidad de la especie humana; más no la unidad estancadora de la uniformidad,
sino esa unidad progresista y cristiana que se traduce en este fenómeno admirable y
sublime: la armonía en la diversidad.
Allí
donde las razas se mantienen puras, ó si se mezclan forman una masa homogénea, como
todos se sienten igualados por la sangre, las aspiraciones toman un giro que conduce á
crear aristocracias de diverso género: unas heróicas ó guerreras, otras clericales, ó
monetarias, ó territoriales, ó literarias. Al contrario, en las sociedades resultantes
de la fusión de razas antagonistas ó profundamente discordantes, ninguno puede alegar la
fuerza de la sangre; ninguno puede pretender un predominio aristocrático que carecería
de base y estaría sujeto al reproche permanente de la impureza de origen. Allí
las instituciones tienen que reposar forzosamente en el principio democrático, es decir:
admitir el concurso igual de todas las castas, abrirles vías comunes, anular todo
antagonismo social, confundir todos los esfuerzos sin clasificación ninguna; so pena, en
caso contrario, de suscitar y mantener la guerra civil en permanencia, alimentar el
orgullo soberbio de los unos y la envidia de los otros, paralizar el desarrollo de todas
las fuerzas ó anularlas por su recíproca hostilidad. En resumen, la democracia es
el gobierno natural de las sociedades mestizas. La sociedad hispano-colombiana, la más
mestiza de cuantas habitan el globo, ha tenido que ser democrática, á despecho de toda
resistencia, y lo será siempre mientras subsistan las causas que han producido la
promiscuidad etnológica. La política tiene su fisiología, permítasenos la
expresión, como la tiene la humanidad, y sus fenómenos obedecen á un principio de lógica inflexible, lo mismo que los
de la naturaleza física.
1
Es bien sabido que una de las razas caribes era enteramente negra, y que en el
Perú se encontró una raza indígena enteramente blanca.
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2 Conviene
hacer notar que bajo la denominación común de blancos no solo se comprendía á
los españoles y criollos puros, sino también al gran número de mestizos de español e
indio, enteramente blancos.
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