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XVI
Política
internacional de Colombia. Confederaciones futuras. El derecho público
colombiano. Sistema diplomático, consular y comercial. Publicidad
colombiana. Interés y deberes de Europa y América respecto de las repúblicas
colombianas. Porvenir de estas.
Hemos
indicado los medios de estabilidad y progreso que se refieren á la política interior de
las repúblicas hispano-colombianas, y ahora debemos hablar de su política internacional.
Haremos, sin embargo, antes de eso una indicación que interesa tanto á la política
interior como á la exterior.
Los
gobiernos hispano-colombianos han descuidado deplorablemente un objeto de primera
importancia : la codificación metódica de la legislación en todos sus ramos. Chile y la
Confederación granadina
[1]
son las únicas
repúblicas que han hecho esfuerzos decididos y fructuosos á fin de reducir el derecho
civil, penal, administrativo, comercial, etc., á la fórmula precisa de códigos
metódicamente elaborados, introduciendo así la claridad en la legislación, sin la cual
las garantías del derecho son ilusorias. Bajo este aspecto el respetable Estado de
Cundinamarca (uno de los más ricos, ilustrados y populosos de la Confederación
granadina) puede ser mirado como un modelo, puesto que inmediatamente después de
organizarse ha metodizado toda su legislación en ocho códigos especiales, al alcance de
todas las inteligencias.
En
casi toda Colombia la legislación es un caos en que lo vetusto se confunde con lo moderno
para producir inextricables discordancias. Todavía rigen allí, mas ó menos, las Siete
Partidas, la Recopilación Castellana, las Reales cédulas y las Ordenanzas
militares de España, y aun en materia de comercio y minería y de negocios civiles
tienen aplicación frecuentemente las viejas Ordenanzas de Bilbao, el código
español de minas de la época colonial y el código de las Leyes de Indias; sin
perjuicio de las leyes canónicas que se refieren á lo temporal. El código penal
francés, traducido y aclimatado sin gran discernimiento, rige en muchas de nuestras
repúblicas; y en negocios de hacienda, administración é instrucción pública, se ha
seguido por lo común la servil manía de imitar las instituciones de Francia y España,
inadecuadas cuando no defectuosas. Es urgente que cada república emprenda la completa
codificación de sus leyes, tanto mas cuanto que al caos de la legislación colonial se ha
agregado el de la legislación intemperante y desordenada del período republicano. Esa
obra será fecunda en beneficios, puesto que, por una parte, facilitará las relaciones
exteriores, permitiéndole al extranjero adquirir el conocimiento de nuestras
instituciones, para que las respete y tome por guía en sus transacciones con nuestras
repúblicas, y por otra, favorecerá la educación política y civil de nuestros
pueblos, simplificará la tarea de los gobiernos y obrará en pro de la estabilidad.
¿Cuál
es la política internacional que les conviene á las repúblicas hispano-colombianas?
Desde luego que ha de ser la de la libertad, la mas amplia hospitalidad y la justicia;
evitando la guerra á todo trance, buscando la fuerza en la unión y el progreso,
estrechando los vínculos no solo de la gran familia colombiana democrática, sino
también de la familia española, mucho mas considerable aún y destinada á pesar
fuertemente en la balanza del mundo. Indiquemos rápidamente lo que nos parece deben hacer
nuestras repúblicas, ya en su política puramente colombiana y sus principios de derecho
público, ya en lo que afecta al servicio diplomático y consular, á la legislación
comercial y á las relaciones extra-oficiales con el mundo exterior.
Dígase
lo que se quiera, en Europa ó en Colombia, respecto de las Confederaciones, es evidente
que esta organización es la que mejor conviene á las repúblicas, por punto general
(puesto que la federación no es mas que la deducción lógica del principio
democrático), y muy particularmente á las de HispanoColombia, por la naturaleza
dé su suelo y de sus razas y castas.
Por
otra parte, la experiencia ha demostrado la debilidad ó impotencia de las tres
repúblicas en que se dividió Colombia, de las cinco en que se descompuso la
nación centro-colombiana, de las que surgieron del virreinato del Perú, y de las
tres ó cuatro en que ha estado fraccionada la región
vastísima del Plata. Es claro que su fuerza no podrá venir sino de su unión, mas ó
menos íntima, y que, estando habituada cada una de las quince repúblicas que componen á
Hispano-Colombia á la autonomía superior de la nacionalidad, solo un sistema de
Confederaciones voluntarias, pacífica y lealmente elaborado podrá satisfacer las
legítimas exigencias de cada Estado y establecer el equilibrio entre todas. En presencia
de la preponderancia del Brasil en Sur-Colombia, temible por diversos motivos, y del
espíritu invasor de la familia anglo-sajona, en el Norte y el Centro, las repúblicas
españolas necesitan hacerse fuertes, refundiéndose en grupos respetables y homogéneos.
Y
bien: ¿qué es lo que indican la geografía, la historia y la etnología de Hispano-Colombia?
Indican la natural composición de cinco hermosas Confederaciones, fuertemente cimentadas
por un derecho público inteligente y un conjunto de instituciones liberales, tolerantes y
lógicas; tales deben ser: la Confederación mejicana, la de las cinco repúblicas de «
CentroAmérica,» la de Colombia, con sus antiguos elementos; la del
Pacífico, compuesta del Perú, Bolivia y Chile
[2]
;
y la del Plata, que reúna en un cuerpo á la Confederación Argentina, el Paraguay y el
Uruguay. Sin pretender pasar por profetas, no vacilamos en repetir que en nuestro
concepto, el porvenir hará surgir mas tarde ó mas temprano una Confederación de todas
las Antillas, el día que esos países adquieran la independencia á que los conduce la
fuerza natural de las cosas. Pero entre tanto, las Confederaciones continentales están
indicadas por las necesidades actuales, y su advenimiento no tardará mucho. La
Confederación Colombiana será la primera (lo esperamos con profunda fe); después
vendrá la de Centro-Colombia; y estas determinarán la aparición de las dos mas
meridionales.
Sin
embargo de que esto nos parece inevitable y necesario, importa desde luego que las
repúblicas españolas entren resueltamente en una vía de fusión ó solidaridad, que les
será feliz en todo caso, aun cuando quisiesen evitar las Confederaciones definitivas. A
este propósito es urgente que aquellas repúblicas funden de una vez, en común, el
derecho público colombiano, y que al mismo tiempo mancomunen sus esfuerzos por grupos,
según la demarcación indicada, en lo relativo á su diplomacia, su política comercial y
consular y sus manifestaciones en el exterior que se relacionen con la prensa. Un congreso
hispano-colombiano, de tendencias mucho mas prácticas y vastas que las que concibió
Bolívar al suscitar el Congreso de Panamá (que fue tan estéril) debe fundar, por medio
de un pacto común y permanente, las bases del derecho público de la democracia en el
Nuevo Mundo. ¿ Cuáles deberían ser los puntos capitales de la negociación? He aquí
los que nos parecen de mas urgente necesidad:
1º
Prohibir formalmente la guerra entre todos los Estados contratantes, en cuanto no sea un
recurso absolutamente imposible de evitar, imponiéndose el deber de someter todas las
cuestiones que ocurran entre Estados españoles al arbitramento de otro ú otros
análogos.
2º
Proscribir para siempre el corso, los bloqueos, los cordones sanitarios y las cuarentenas,
y reconocer que en caso de guerra marítima la propiedad privada será siempre inocente
y libre, bajo cualquier pabellón y sea cual fuere la nacionalidad del
propietario, en tanto que tal propiedad no sea justamente calificable como contrabando de
guerra; y que en caso de guerra terrestre ninguna localidad que no sea exclusivamente
plaza fuerte podrá ser atacada y ocupada sin previa intimación á los habitantes, en
obsequio de los indefensos.
3º Alianza perpetua y eficaz de toda la Colombia
española contra invasiones de filibusteros.
4º Compromiso formal de no ceder ó enajenar jamás
ninguna porción de territorio á potencias monárquicas.
5º
Medidas generales que conduzcan á estrechar y consolidar las relaciones de las
repúblicas con la nación española, sobre la base de la libertad, la igualdad y el
sistema de arbitramentos.
6º
Establecer un modo de arbitraje colombiano que facilite el arreglo inmediato y amigable de
las cuestiones de limites en Colombia, y la consiguiente demarcación precisa y perentoria
de todas las fronteras.
7º
Estipular principios generales que aseguren entre los Estados colombianos la libertad
comercial, la libre y fraternal navegación de los ríos y el libre tránsito al través
de los istmos; reconociendo la inviolabilidad absoluta de la correspondencia
internacional.
8º
Convenir en que la correspondencia internacional (cartas é impresos) sea franqueada
siempre en el país de la procedencia, y circule sin ningún recargo de portes por los
demás Estados, hasta el lugar de su destino.
9º
Acordar la aptitud á los ciudadanos de cada Estado colombiano para ejercer la ciudadanía
en cualquiera de los demás, en caso de residencia y declaración formal del interesado,
sin necesidad de naturalizarse y sin que tal ejercicio apareje la pérdida de la
nacionalidad primitiva.
10º
Estipular solemnemente la absoluta libertad religiosa, y la perpetua proscripción de la
esclavitud bajo cualquiera forma.
11º
Establecer reglas sobre la colonización de territorios fronterizos.
12º
Establecer la comunidad oficial completa en el sistema de monedas, pesos y medidas, de
conformidad en todo con el sistema decimal francés.
13º
Estipular la libre cotización ó circulación, en las Bolsas de las diversas repúblicas,
de los bonos de deudas y accines y obligaciones de empresas, de las naciones colombianas,
y permitir la circulación de los billetes de Banco de igual naturaleza, sin limitación
alguna para las transacciones privadas.
Es
evidente que el conjunto de estipulaciones que hemos indicado estrecharía poderosamente
las relaciones políticas y sociales de los pueblos hispano-colombianos, desarrollaría
notablemente su prosperidad, y les evitaría una multitud de dificultades y conflictos que
hasta ahora les han sido fatales; sin que por eso sufriese menoscabo la dignidad y
soberanía de ninguno de los Estados, cuya causa es incuestionablemente solidaria. La
civilización ganaría mucho con ese noble pacto colombiano, y las repúblicas que lo
firmasen verían en breve sólidamente establecida su reputación en Europa.
Pero
la política internacional de HispanoColombia
tiene
otra faz. Pensar en una Confederación hispano-colombiana es una quimera. Eso ni es
posible ni sería ventajoso para la civilización. En realidad los pueblos de
Hispano-Colombia son tan homogéneos que forman un solo pueblo etnológico; pero de
esto á formar un solo pueblo político, ocupando todo un continente, la distancia
es inmensa. Lo que allí puede haber, y conviene que haya y habrá, es un conjunto de
Confederaciones análogas, es decir todas democráticas, libres y hospitalarias.
¿Cómo
llegar á esa situación, fortificando entre tanto a las quince repúblicas desunidas? Es
necesario preparar esa gran evolución por medio de un sistema de asociaciones amigables,
de Zollvereins colombianos, que regularicen los esfuerzos relativos á las
relaciones exteriores. Nada nos parece mas natural ni mas fácil que la constitución
provisoria de los cuatro grupos que hemos propuesto: el de la antigua Colombia, el
de la «Centro-América», el del Pacífico y el del Plata. Nos contraeremos, por ejemplo,
al segundo, advirtiendo que nuestras observaciones son enteramente aplicables á los demás.
¿Cuál
es la situación actual? Las cinco repúblicas (Guatemala, Honduras, San Salvador,
Nicaragua y Costa Rica) ocupan un admirable istmo, dotado por la naturaleza de mil tesoros
y ventajas, y al través del cual, como del istmo de Panamá, tiene que buscar su vía el
mundo comercial. Pero cada uno de esos Estados (aun Guatemala que es el mas fuerte) carece
de los recursos necesarios para sostener por sí solo un tren completo que le asegure un
buen servicio diplomático, consular, aduanero y de publicidad y defensa tipográfica en
el exterior. Esas repúblicas, ó no tienen representación, ó están muy mal
representadas (no hablamos del personal, por supuesto, sino del número y la
respetabilidad de las legaciones y los consulados, por razón de su dotación, y el hecho es que los hombres mas honorables hacen
en Europa un tristísimo papel como representantes de Hispano-Colombia, ya porque
representan á Estados moralmente microscópicos, ya porque no cuentan con los medios necesarios
para inquirir las cosas, adquirir influencia y respetabilidad, hacerse oír y servir con
eficacia á sus compatriotas y comitentes
[3]
.
La
prensa europea desacredita y calumnia impunemente á los pueblos y gobiernos colombianos,
sea por preocupación interesada, sea por ignorancia ó mala inteligencia de los hechos. Y
lo peor es (como lo hemos experimentado en París en diversas ocasiones, personalmente)
que la voz del colombiano que quiere defender el honor de su patria ó explicar una
noticia inexacta, ó revelar hechos importantes, se siente ahogada por las influencias y
prácticas de la prensa europea, puesto que los periódicos no son en general (como en
Colombia) órganos verdaderos de opiniones, sino instrumentos de pura
especulación, mas ó menos sujetos á influencias oficiales; y que en Europa es imposible
hacerse leer cuando no se tiene un nombre conocido y célebre. El hecho es que en Europa,
donde todo gobierno tiene sus defensores asalariados, no hay prensa que haga oír la voz
de Hispano-Colombia y defienda sus intereses; por la sencilla razón de que ningún
colombiano (diplomático, cónsul ó particular) tiene disponibles los medios necesarios
para organizar un sistema de publicidad
permanente y hábil.
Por
último, los cinco Estados de que venimos hablando, se ven forzados, por su fraccionamiento,
á multiplicar sus aduanas, hacerlas muy costosas, sufrir el mal del contrabando, carecer
de suficiente servicio consular o comercial, y restringir en mucho el desarrollo interior,
por escasez de recursos. Y, lo que es peor, esos Estados se hallan en un deplorable
antagonismo de vías Inter-oceánicas, cuando su verdadero interés consiste en mancomunar
sus esfuerzos respecto del asunto.
También
haremos otra observación muy importante. Ninguno de esos Estados es capaz de resistir á
un bloqueo, no diremos de una gran potencia marítima, pero ni aun de alguna de tercer
orden. Así, cuando ocurre un conflicto internacional, el comercio de cualquiera de esos
Estados queda inmediatamente anulado, y con él la renta de aduanas, por virtud de un
ridículo bloqueo sostenido por una ó dos corbetas. ¿Hay algún medio de evitar este
mal, equilibrando la superioridad marítima del enemigo? Sí lo hay, y lo indicaremos
aquí.
Supongamos
que los cinco Estados de Centro-Colombia formen una cuádruple liga : aduanera y
comercial, diplomática, consular y de publicidad extranjera. Los puertos y las aduanas
serán comunes á toda la Colombia central; la tarifa, uniforme y liberal; las aduanas
interiores quedarán abolidas; los productos de las exteriores se dividirán á prorata
entre los cinco Estados. Estos formarán un fondo común para sus gastos de
representación, y con este elemento podrán mantener con dignidad una buena legación en
los Estados Unidos, en Inglaterra, en Francia, en España, en Alemania y en Italia, y un
vasto servicio consular, que represente también á toda la Unión, en todos los
puertos y plazas comerciales del mundo donde ella tenga intereses importantes. En fin, los
mismos Estados formarán un fondo destinado á costear en Europa publicaciones
respetables, sea en la forma de libros y folletos, sea fundando un órgano especial en
Inglaterra ó Bélgica, sea subvencionando á ciertos periódicos para obtener su apoyo
permanente. Cualquiera que sea el medio, Centro-Colombia tendrá voz en Europa; podrá
patrocinar sus empréstitos y empresas, defenderse de todo ataque, explicar los hechos,
hacer conocer las riquezas y ventajas de su suelo, fomentar inmigraciones, publicar
estudios que revelen su verdadera condición social, inspirar en Europa un sentimiento de
benevolencia y consideración, apoyar la acción
de
su diplomacia, etc. Todos esos bienes los podrá obtener Centro-Colombia á poca costo
relativamente, si combina su acción en el
exterior; sin perjuicio de que cada una de las cinco repúblicas mantenga su completa
personalidad internacional y política. Cada ministro diplomático, cónsul o agente
fiscal ó comercial, sería cinco veces representante, recibiendo cinco credenciales; pero
establecida la armonía entre los cinco gobiernos, la acción sería una sola en realidad, los recursos
comunes, la respetabilidad común y el beneficio también.
Supongamos
el caso de un rompimiento con alguno de los cinco Estados. Como ellos serían siempre
independientes y soberanos, el rompimiento sería parcial, refiriéndose solo al Estado
particularmente interesado, y las consecuencias no pesarían sobre ninguno. Supóngase,
por ejemplo, que Inglaterra ordena el bloqueo de los puertos de Costa-Rica y les expide
pasaportes á sus representantes: estos no dejarán de ser representantes de las otras
cuatro repúblicas en paz, y el servicio continuará en el hecho; y el comercio no podrá
ser interrumpido respecto de las demás repúblicas que no son beligerantes, lo que hará
ilusorio el bloqueo respecto de Costa-Rica, al menos en sus efectos mas importantes. ¿Se
dirá que este sistema no sería perfectamente honorable? Las repúblicas colombianas han
sido hasta ahora impunemente humilladas é insultadas, á causa de su debilidad. Ellas
tienen el derecho de defenderse y alejar los peligros y males de la guerra. La unión es
la fuerza de los débiles; y nada mas honorable que oponer á la ley del cañón rayado la
habilidad y la inteligencia. El día que los hispano-colombianos adopten ese sistema,
burlarán la cólera de las fuertes potencias, que se muestran tan tolerantes y prudentes
con las de su clase, y tan quisquillosas y altivas con las débiles
[4]
. Si el incidente del capitán
Macdonald, ú otro semejante, hubiese ocurrido en un Estado hispano-colombiano, los
puertos de este habrían sido bombardeados ó bloqueados, á fin de obtener satisfacción del honor é indemnización de perjuicios. De
eso estamos perfectamente convencidos, juzgando por hechos muy frecuentes.
Si,
pues, queremos ser fuertes, sin necesidad de mantener escuadras y fortalezas, unámonos
con inteligencia y habilidad; hagámonos respetar por nuestros progresos, nuestra dignidad
y nuestro liberalismo. Formemos cuanto antes las cuatro ligas indicadas, y esos cuatro
grupos, obrando en armonía con el de Méjico, le darán importancia á la democracia de
Hispano-Colombia. Mientras vivamos en el aislamiento y la discordancia que nos han
debilitado, nada ó muy poco valdremos, y el derecho público de las grandes naciones
será letra muerta en su aplicación á nuestros pueblos.
Pero
si las repúblicas de ese continente tienen tan gran interés en adoptar esa política, no
es menos grave el deber que la civilización y la justicia les imponen á los gobiernos
europeos y de América respecto de aquellos Estados. Hasta ahora se nos ha tratado con
dureza y desdén, sin tener en cuenta las debilidades consiguientes á nuestro origen,
nuestra viciosa educación, las grandes dificultades de la transformación y de la
naturaleza, y la inexperiencia de pueblos tan atrasados, pero de la índole mas accesible.
Es necesario que la Europa comprenda que, para obligarnos á tener juicio, lo primero que
debe hacer es inspirarnos la conciencia de nuestra dignidad, respetándonos y tratándonos
bajo el pié de la igualdad internacional, la igualdad delante del derecho. Es
preciso que la Europa y los Estados Unidos (ó lo que de ellos salga) se hagan representar
en Hispano-Colombia por medio de hombres honorables, prudentes, sinceros, tolerantes y
respetables, y no por medio de «embrollones», enviados como estorbos, de usureros y
especuladores, de intrigantes que van á hacer fortuna con sus credenciales, en vez de ir
á conciliar intereses legítimos, que es la misión de la diplomacia.
La
Europa no debe olvidar que es ella la que ha llevado la civilización al Nuevo Mundo y
creado los elementos sociales que allí existen, responsabilidad que le impone el deber de
favorecer, en vez de contrariar, el desarrollo de los pueblos nacidos de tales elementos y
destinados á la democracia por la naturaleza de las cosas.
No
debe olvidar que la actual prosperidad del mundo europeo no ha venido sino después de
muchos siglos de pruebas terribles, horrores y miserias ; por lo cual no es justo exigir
que los hispano-colombianos hagan prodigios de improviso. No debe olvidar que, á su
turno, la Europa le debe inmensos beneficios á la revolución hispano-colombiana, puesto
que ella, produciendo la independencia, no solo ha modificado profundamente la situación
industrial y comercial del mundo, acrecentando la actividad y ensanchando mucho la esfera
de la civilización, sino que ha contribuido en parte, y contribuirá mucho mas aún, á
descargar á las sociedades europeas del exceso de su población, brindando á las
emigraciones el bienestar en cambio de miserias abrumadoras y amenazantes. No debe
olvidar, en fin, que su propia dignidad y su civilización están interesadas en la
dignidad y civilización de Hispano-Colombia; y que no es posible mantener buenas y
útiles relaciones con los amigos, cuando no se comienza por atestiguarles estimación y
respeto, que son los mejores estimulantes para el que tiene inteligencia y corazón
generoso.
Que
la Europa y la América llenen, pues, sus deberes respecto de Hispano-Colombia, y se verá
que el orgullo y la vanidad de nuestros pueblos se convierten en cualidades fecundas, y
que la civilización no se engañará en las esperanzas fincadas en el progreso del Nuevo
Mundo. Que los hispano-colombianos, por su parte, se consagren con resolución á realizar
un programa semejante al que hemos indicado, sin desanimarse por ningún obstáculo
transitorio,y la revolución de 1810 se habrá completado dignamente, según su
espíritu, sus necesidades y su lógica. Entonces se verá cuán maravillosos son los
resultados que la libertad y la justicia pueden producir; la democracia dejará de ser antipática
en Europa; Hispano-Colombia tendrá un porvenir de prosperidad y gloria incalculables; y
la noble raza española, fuerte y respetable
en ambos mundos, será uno de los mas poderosos instrumentos de la civilización
.
[1]
Y
el Perú y Venezuela en parte.
[2]
Acaso
habría muy graves dificultades topográficas para la unión con Chile, cuyo territorio
parece destinado al aislamiento terrestre.
[3]
Pueden
citarse rarísimas excepciones, que en nada invalidan la regla general, porque provienen
ó de ventajas puramente personales, ó de ciertos intereses de rivalidad internacional.
[4]
No
vacilamos, sin embargo, en decir que lo mejor sería preparar las cosas para la abolición
absoluta de las aduanas, lo mas pronto posible. Aparte de las ventajas sociales que de
ello se derivarían, la independencia nacional estaría mejor asegurada. Las aduanas son mas
absurdas en los pueblos colombianos que en ninguna otra parte, puesto que todos son
agricultores y mineros, carecen de industria activa y valiosa, y sus territorios extensos
encarecen el valor de los productos extranjeros. Las aduanas son imposibles sin escuadras
y fortalezas, y la independencia se asegura mejor con rentas interiores.
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