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XV
Necesidades
actuales de Colombia. Medios de obtener estabilidad: en lo político; en lo
social; en lo económico y fiscal. La estabilidad depende de la práctica fiel del
espíritu de la revolución. Consecuencias
del espíritu de imitación. El gobierno en Colombia debe ser sui generis.
En el
curso de este Ensayo hemos procurado indicar la relación íntima que hallamos entre los
elementos capi
tales
de la naturaleza física del Nuevo Mundo y de la organización colonial, como causas
generales, y los sucesos de la revolución de 1810 y de los tiempos subsiguientes, como
efectos mas ó menos inevitables de aquellas causas. Hemos
determinado sucintamente los caracteres de las luchas civiles que han atormentado á
Hispano-Colombia durante el rudo periodo de gobierno republicano (si no en el hecho en
muchos de los Estados, al menos en el nombre y las apariencias) ; y creemos haber expuesto
con exactitud la situación general de aquellos pueblos. Es llegado el momento de indicar
las necesidades que esa situación implica y los medios generales que, sin perjuicio de
las diferencias en la ejecución que comporten los intereses particulares de cada país,
pueden asegurar la estabilidad de las repúblicas colombianas; estabilidad, bien
entendido, que no debe ser artificial, sino enteramente conforme con las condiciones
propias de Hispano-Colombia , pues solo así se puede tener confianza en la solidez de una
situación y el progreso en el porvenir.
Desde
luego se comprende, por ser obvio y trivial, que la necesidad suprema de Hispano-Colombia
es la de aniquilar las causas mismas de sus males, creando una política verdaderamente
colombiana, ó en otros términos completar pacíficamente la obra de la
revolución, que las insurrecciones, los golpes de estado y las dictaduras han perturbado
y descaminado. Cualquier remedio parcial ó puramente local ó transitorio sería inútil;
cualquier plan de reglamentación no haría mas que complicar la tarea de los gobiernos y
embarazar la marcha progresiva de los pueblos. Lo que se necesita es adoptar remedios
decisivos, que pongan fin á la crisis permanente de las revueltas y las ambiciones; es
preciso arrancar de raíz el cáncer de la violencia y los antagonismos tradicionales y
artificiales.
Las
repúblicas hispano - americanas necesitan ante todo simplificar su existencia ó su
organización; aniquilar el caudillaje político; fundar la soberanía de la ley
como la mas conspicua fórmula de la soberanía individual y popular; poner en armonía la
constitución política con la etnología colombiana; hacer efectivas las garantías del
derecho y las promesas de la revolución; fundar el crédito nacional; abrir la puerta al
progreso bajo todas sus formas, y consolidar de una vez, si no crear, el reinado de la
tolerancia y la verdadera fraternidad; sin lo cual no será posible adquirir fuerza
y respetabilidad ante el mundo. ¿ De qué modo se podrán alcanzar tamaños
bienes? La cuestión es muy compleja, y apareja un vasto conjunto de medidas políticas,
sociales, económicas y de carácter internacional. Examinemos estos asuntos, dejando para
el capítulo siguiente lo que se refiere á la política exterior.
En las
repúblicas hispano-colombianas no han faltado nunca las leyes: muy al contrario, los
congresos, y los gobernantes han pecado por exceso, multiplicando prodigiosamente los
actos legislativos y los decretos gubernamentales ó reglamentarios sin darles tiempo
jamás para que produzcan sus efectos, y mostrando, como los glotones hambrientos, mas
interés muchas veces por la cantidad que por la calidad. Se ha creído que el remedio
estaba en las formas, cuando no estaba sino en la sustancia, que el mal social era
de atrofia, cuando no era sino de hipertrofia; y la intemperancia de legislar y
reglamentar ha llegado hasta los extravíos de la fiebre, produciendo el caos, tanto en la
legislación como en los procedimientos administrativos. El resultado de esa intemperancia
legislativa y de reglamentación ha sido este: los pueblos han perdido la noción de la
ley, sin adquirir por eso la ley derecho; y los mandatarios y administradores se han
habituado al régimen de las interpretaciones, necesario donde la legislación es
caótica, contradictoria y versátil, régimen funesto, porque conduce directamente
á suplantar la autoridad de la ley con la personalidad del funcionario público.
Aparte
de aquel vicio político, las tradiciones hispano-
colombianas
han sido perniciosas, preparando á las nuevas repúblicas á la funesta monomanía
reglamentaria. Los pueblos se habían habituado á vegetar, privados de toda iniciativa,
á esperarlo todo del gobierno, y á personificar la ley, la autoridad y la justicia en
los gobernantes, administradores ó jueces. Semejante habitud se desarraiga muy
difícilmente, y el régimen que se ha seguido en la república tiende a fortalecerla y
perpetuarla. Ello es que en Hispano-Colombia los pueblos no conocen la ley sino
personificada, y no la respetan sino en tanto tienen la sanción de la fuerza, ó de un
nombre popular ó de un funcionario. De esta
triste situación ha sido el caudillaje político y administrativo en todas las esferas. Así
como en la religión el catolicismo de las turbas no es mas que la iconolatría, en
política las creencias de las multitudes se centran en el culto por algún caudillo,
sea general ó dictador, gobernante ó faccioso, tributo audaz ó arzobispo
pretencioso. Así, mientras en la conciencia de los pueblos ó de los partidos las
influencias personales se han sustituido á las convicciones y al respeto austero por la
ley, en la política de los gobernantes la práctica leal del deber ha cedido el campo al
deseo insaciable de popularidad y prestigio. Ninguno, al gobernar, sabe hacerse esclavo de
la ley; pero todos, como ciudadanos, son esclavos de la pasión de un caudillo ó del
interés de un partido.
Mientras
esa perversión política subsista, la libertad será una quimera, porque no hay mas
libertad sólida en el mundo que la que se apoya en la ley, que es la garantía del
derecho de todos y cada uno; ni habrá estabilidad ninguna, porque, por una parte, las
violaciones frecuentes de la ley provocan las revueltas, y por otra, el espíritu de
caudillaje y el servilismo departido ponen á los pueblos á la meced de los ambiciosos y
apasionan todas las cuestiones. El remedio está indicado por el mal mismo. Es menester
legislar lo menos posible, renunciar á la manía de reglamentación é imitación.
En las viejas sociedades, donde los intereses son tan complicados y tienen tan profundas
raíces, la reglamentación de la vida social, sin ser justificable en sus excesos, es
algo comprensible. En las sociedades nuevas, exuberantes é incorrectas, reglamentar la
vida es estancarla. Lo que Hispano-Colombia necesita es una legislación sencilla, clara,
sobria y al alcance de pueblos adolescentes, inexpertos y generalmente ignorantes;
legislación que, siendo comprendida, sea respetada y cumplida, consolide los intereses y
engendre en las multitudes convicciones profundas: la convicción del derecho legal, de
que los principios valen mas que los hombres, y que toda mejora se puede obtener por el
camino de la discusión y de la ley. Un pueblo que tiene pocas y buenas leyes que estudiar
y cumplir, las mira con amor y respeto y no tiene jamás interés en violarlas; y ellas
son mas eficaces, porque no se sustituyen con presuntuosa previsión á la previsión del
interés individual y popular. Si un gobierno está siempre mejor servido con pocos
empleados bien pagados, una sociedad se desarrolla mejor con pocas leyes fielmente
cumplidas. La libertad, fundada en la ley, hace entonces, respecto de muchos casos, las
veces de ley misma, en cuanto esta calla.
Así,
los pueblos hispano-colombianos deben sobre todo esforzarse por simplificar su
organización, suprimiendo, por substracción de materia, una multitud de problemas
espinosos, de cuestiones ardientes y dificultades puramente artificiales. ¿Se quiere
evitar todos los conflictos que con tanta frecuencia han ocurrido en asuntos religiosos,
ya respecto de los extranjeros, ya de la corte romana, de los obispos, las corporaciones y
las turbas fanatizadas? Nada mas sencillo que proclamar y hacer efectiva la completa
libertad de religiones y cultos, la separación absoluta del Estado y la Iglesia y la
independencia del sacerdocio, alejado de las luchas políticas. ¿ Se quiere conjurar los
conflictos entre el gobierno y la magistratura, que provienen de las luchas de la prensa,
y al mismo tiempo suavizar las costumbres, desarmar la cólera de los partidos, desembozar
al hipócrita y privar de pretextos á los revoltosos? La libertad absoluta de la prensa
misma producirá todas esas ventajas; puesto que ella favorece la discusión, abre camino
á la verdad y obliga á los partidos á ser leales y tolerantes. Ninguna sociedad ha
muerto por exceso de verdad y justicia; pero sí han sucumbido muchas por falta de
discusión, censura y responsabilidad eficaz ante la opinión.
¿Se
quiere economizar un costoso y considerable tren de empleados, evitar conflictos entre la
autoridad y el ciudadano y asegurarle al gobierno una sólida popularidad? El medio mas
natural es la supresión de los obstáculos artificiales que hacen al ciudadano
antagonista del gobierno: abolir los pasaportes y todo lo que, no siendo la justa
represión de un hecho culpable y pernicioso para la sociedad, se ingiere en los actos de
la vida individual ó colectiva, con la pretensión de reglamentarios y someterlos á
molde ó medida. La manía de los gobernantes hispano-colombianos
de gobernar á la europea, plagiando sistemas impropios del Nuevo Mundo, ha conducido las
cosas al contraste mas absurdo: la reglamentación en la democracia, ideas
que se excluyen esencialmente. Si se quiere, pues, tener estabilidad, libertad y progreso
en Hispano-Colombia, es preciso que los hombres de estado se resuelvan á gobernar lo
menos posible, confiando en el buen sentido popular y en la lógica de la libertad; que se
esfuercen por simplificar y despejar las situaciones, suprimiendo todas las cuestiones
artificiales, que solo sirven de embarazo.
No
menos perniciosa es la tendencia reformadora llevada al exceso. En Hispano-Colombia,
mientras que los gobiernos conservadores han querido gobernar demasiado, restringiendo la
libertad, los radicales han pretendido llevar la reforma hasta el punto de hacer leyes
para crear necesidades y situaciones artificiales, anticipándose á la opinión y al
tiempo. El hombre de estado no tiene la misión de crear intereses, necesidades y
opiniones, sino la de administrar del mejor modo posible los intereses creados por la
sociedad, abrir el camino a los esfuerzos espontáneos y dar satisfacción á las
necesidades reales y las opiniones justas y respetables. Así, el radicalismo debe
abstenerse en Hispano-Colombia de iniciar demasiado, en el gobierno, tanto como el
conservatismo debe abstenerse de reglamentar con exceso. En uno y otro caso se incurre en
la falta de suscitar embarazos, promover cuestiones artificiales y desacreditar las
instituciones.
Sin
salir del terreno político, indicaremos todavía tres grandes medios de estabilidad que
se refieren á la constitución de los poderes públicos, las condiciones del sufragio y
la organización militar.
Nuestras
constituciones, sean centralizadoras ó federativas, fruto de las revoluciones triunfantes
ó de la soberbia de los dictadores, han incurrido en el gravísimo error de imitar en
sustancia, en cuanto al poder ejecutivo, las formas tradicionales de la monarquía ó de
los gobiernos unipersonales. En eso han revelado dos cosas: una errónea comprensión de
los caracteres esenciales de la república democrática, y un olvido completo de las
condiciones físicas y etnológicas de HispanoColombia.
La
democracia, gobierno libre de todos, de cada uno y para todos, exige
forzosamente el concurso y la representación simultánea, en el gobierno, de todos los
partidos y todas las opiniones, en la proporción de sus respectivas fuerzas, y por
la muy simple razón de que toda opinión (mayoría ó minoría) representa un derecho y
una fuerza. Por eso es que, así como la elección por escrutinio de lista, y no
por fracción es ó círculos de
representación unipersonal, son verdaderas coacción
es que anulan á las minorías, evitan la discusión libre y aseguran el
despotismo de las mayorías, toda organización del poder ejecutivo que le dé á
este un carácter absoluto, libre de contrapeso y fiscalización y esencialmente personal,
es contraría á la índole de la democracia, introduce la discordancia entre los poderes,
y favorece los abusos, los golpes de estado y el advenimiento de dictaduras mas ó menos
odiosas. ¿Qué cosa es el poder electoral? un jurado popular. ¿ Qué el poder
legislativo?un jurado parlamentario. ¿Qué el poder judicial? un sistema de
jurados mas ó menos libres en su de liberación. ¿ Qué el poder ejecutivo, tal como
está organizado en todos los Estados del mundo, con excepción de la libre Suiza?
un poder personal, unitario, símbolo ilógico del derecho colectivo. Las repúblicas
colombianas, aceptando esa forma, han puesto al gobierno en contradicción con los demás poderes y las condiciones esenciales
de la sociedad democrática.
Pero
hay mas: nuestras sociedades tienen los defectos (que pueden un día convertirse en
cualidades) inherentes
a estas cuatro
circunstancias: la influencia de la sangre española, la promiscuidad de castas, la
índole de la democracia, y las condiciones topográficas. La raza española, por causas que no es del caso examinar, es petulante
y vanidosa, en lo bueno como en lo malo ; y de esa cualidad provienen muchas de las
grandes cosas y de las debilidades que han hecho notable á España. Los criollos
colombianos hemos heredado ese don, y á veces lo hemos llevado hasta el quijotismo
mas risible. Nuestros mulatos son
todavía mas petulantes y vanidosos, ya por causa del cruzamiento mismo, ya por espíritu
de imitación. La república, de por sí, predispone á los pueblos á la vanidad y el
ensimismamiento, sobre todo en una sociedad mezclada y joven, porque el sentimiento de la
igualdad, la idea de la libertad y el hábito de concurrir á la obra común, con su voto,
su palabra ó su brazo, le inspiran a cada ciudadano la convicción de su valer, de su
capacidad y de la necesidad que tienen sus conciudadanos de contar con él. Por último,
esos pueblos jóvenes, vanidosos como es siempre la juventud, viven
dispersos en vastísimas regiones difícilmente comunicadas, y esa situación les ha
inspirado la aspiración á la autonomía y la con ciencia de cierta personalidad
local ó seccional.
De
ahí el espíritu celoso, desconfiado y petulante de los partidos políticos en
Hispano-Colombia. Todos quieren tener su parte en el gobierno (muchas veces por un
sentimiento de patriotismo sincero), fiscalizar los actos del gobernante, intervenir en
las discusiones políticas, hacerse necesarios é importantes, si se quiere. Nada mas
natural y acertado que satisfacer esa aspiración legítima, ofreciendo á los partidos,
en el sufragio y en la organización de los poderes activos, un campo de acción
simultánea, semejante al de la prensa y la tribuna popular. Se ha dicho que la democracia
es envidiosa, interpretando mal ciertas manifestaciones deplorables hechas en Europa. No :
la democracia no es la forma de las clases envidiosas, sino de los derechos desconfiados,
celosos y amigos de fiscalización. Ello es que en Hispano-Colombia se ha prescindido de
la necesidad de contar con el concurso de todas las opiniones y todos los partidos
sinceros. Cada partido triunfante ha oprimido mas ó menos al vencido, procurando á todo
trance perpetuarse en el poder, es decir, gobernando para sí y no para la nación, y
haciendo del poder y de la ley meros instrumentos políticos. De ahí los abusos, las
violencias, las insurrecciones y las dictaduras!
Si se
quiere, pues, que haya estabilidad en Hispano-Colombia, es necesario buscar una
combinación, en el sistema electoral y en la organización de los poderes activos
(legislativo y ejecutivo), que permita: la coexistencia de representación de los partidos
en el gobierno; la mutua fiscalización, elemento de confianza y armonía; el
contentamiento de todas las ambiciones nobles, de todas las susceptibilidades legítimas;
y la alternación positiva, sin comprometer por eso la unidad de la acción gubernamental,
conciliando la responsabilidad efectiva con la movilidad de las opiniones. Lo que mas
falta en Hispano-Colombia es: sinceridad en los gobernantes, fiscalización en la
política y responsabilidad real.
Las
luchas eleccionarias han sido muy fecundas en conflictos en Colombia, y es penoso
reconocer que hasta ahora los pueblos no han hecho un aprendizaje regular de la noble
institución del sufragio. Las multitudes, ó no lo poseen de derecho, ó no lo ejercen en
realidad, porque no tienen la conciencia del valor de la votación, y apenas funcionan
como ciegos instrumentos del poder ó de los intrigantes ambiciosos. Las clases ilustradas
no saben estimar la santidad del sufragio, y no ven en él sino un medio de explotación,
de corrupción ó de violencia disimulada. Y es evidente que si el sufragio no es una
institución sincera, positiva y respetable, la república democrática no es mas que una
comedia en que solo medran las clases privilegiadas y las dictaduras.
Dos
opuestos sistemas han sido ensayados en Colombia, teniendo sus mas conspicuos
representantes en Nueva Granada y Chile. El uno, obedeciendo á la lógica de la
democracia, pero olvidando las condiciones del país, ha fundado resueltamente el sufragio
directo, secreto y universal, como base del gobierno, llamando á la ciudadanía política
á todos los hombres mayores de 21 años, sin distinción ninguna. El otro sistema,
siguiendo la lógica de la restricción, ha limitado mucho la acción del sufragio y lo ha
reducido á un círculo muy estrecho de privilegiados, haciéndolo indirecto y público.
¿ Cuál de los dos sistemas ha producido mejores resultados? No podemos decirlo. El
radicalismo neogranadino, haciendo del sufragio, en definitiva, una cuestión de boletines
y no de opiniones, ha puesto el poder en manos de minorías del peor carácter;
y las mayorías inteligentes y respetables se han visto ahogadas por una fantasmagoría de
votos que en realidad no representan sino las intrigas de los curas y de algunos
pelafustanes de parroquia. El conservatismo chileno, por un camino diferente, ha llegado
á un resultado muy semejante : hacer del sufragio un artículo monopolizado por el
gobierno, la policía, el clero y los ricos propietarios y capitalistas. En ninguno de los
dos casos el sufragio es en realidad cl instrumento de acción pacífica ó gobierno de
las mayorías legitimas.
En
otros Estados los gobiernos se han dejado de escrúpulos. Importándoles poco las
fórmulas, se han servido de todo sistema indiferentemente, ganando las elecciones (ó
farsas de elecciones) por medio de la corrupción, la violencia militar ó de policía,
los fraudes atrevidos y los golpes de mano á estilo dictatorial. En este género de
campañas, Hispano-Colombia ha contado veteranos famosos, tales corno Rosas, López
1
,
Belzú, Castilla, Urbina, Ospina, Monágas, Santa Ana, etc. El método es mas cómodo que
ninguno otro, pero tiene sus inconvenientes, entre otros el de hacer caer tristemente á
los gobernantes que lo emplean. De todos modos, el sufragio en Colombia peca por
exageraciones y no tiene la fuerza y respetabilidad que la democracia exige.
Es,
pues, necesario que los demócratas de ese continente se persuadan de que el sufragio no
será una verdad, una institución fecunda, sino á condición de ser directo y secreto, y
de estar solamente confiado á los ciudadanos que sepan leer y escribir, sin
consideración á la fortuna ó el censo de imposición. Solo así será el sufragio una
inteligencia en acción, una conciencia capaz de responsabilidad, una institución
fuerte y soberana, un elemento de educación política y social, un estímulo que realce
el valor del derecho, y un medio de estabilidad. Solo así tendrán los gobiernos y los
partidos interés en ilustrar á las masas ; las elecciones serán sinceras, y el triunfo
de las causas políticas no será la obra del clero, del ejército y la policía,
de la intriga interesada, la corrupción y la violencia. En toda HispanoColombia
reina el empirismo en la organización militar. El ejército es la personificación de la
violencia, tanto por su modo de organización como por su modo de acción y sus
injustificables privilegios. El reclutamiento, apasionado, brusco, ciego, salvaje y
altamente odioso, es el medio universal de composición de la fuerza pública; y semejante
sistema suprime la seguridad individual, destruye la libertad, hace imposible la
fraternidad social , pervierte el sentimiento de la dignidad nacional y hace del ejército
el enemigo permanente del pueblo. Estamos persuadidos de que se habrían evitado la
mayor parte de las calamidades políticas sufridas en
HispanoColombia, si se hubiese
organizado el ejército desde temprano en armonía con el principio democrático. En las
monarquías absolutas ó que se les parecen, el ejército es una fuerza del soberano, un
instrumento del monarca. En las repúblicas no puede ni debe ser otra cosa que la
democracia armada, la nación, acuartetada ó en reserva, pronta á defenderse,
el ciudadano hecho soldado. Por lo mismo, la igualdad, la armonía y la justicia
deben reinar en ese terreno como en el
del sufragio.
Elegir, administrar ó combatir, son funciones de distinta forma pero de igual naturaleza,
que no modifican el derecho ni el deber del ciudadano, y por tanto no modifican su
carácter.
No
vacilamos, pues, en decir que las repúblicas hispanocolombianas, puesto que andan
siempre á caza de modelos europeos, deben imitar el de la modesta y libre Suiza, cuya
organización militar es la mas sabia. la mas sólida y democrática del mundo. Con un
sistema que iguale á todos los ciudadanos ante el fusil del patriota; que haga del
espíritu militar un sentimiento nacional confundido con el patriotismo, y no un espíritu
(le clase dominante y privilegiada; que permita disciplinar al pueblo para su defensa,
manteniéndolo en reserva, y al mismo tiempo sostener con economía una pequeña
fuerza activa, como elemento de instrucción y núcleo de un grande ejército nacional,
necesario en momentos de peligro ; y que, alejando al soldado activo de las urnas
electorales y manteniéndolo sin privilegios, lo haga popular, respetable y útil, jamás
amenazante para la libertad ; con ese sistema, decimos , habría en hispano-Colombia paz
interior sólida y grandes elementos de fuerza para obtener el respeto de las potencias
extranjeras.
Para
no prolongar demasiado este capitulo , nos limitaremos á indicar brevemente las medidas
generales que nos parecen conducentes , en lo social , económico y fiscal , á obtener la
estabilidad, como base de progreso.
Dos
sistemas de legislación se disputan en el mundo cl predominio, en las cuestiones
sociales, políticas, religiosas y económicas : el sistema socialista, y el de los
economistas absolutos. El primero se funda en el absolutismo del Estado, pretende
reglamentarlo todo, intervenir en todo y sustituir la acción del Estado á la del
individuo, centralizando toda autoridad. El segundo, partiendo del principio de dejar
hacer, aspira á fundar la autonomía individual exclusiva, limitando la acción del
gobierno á la simple función de dar seguridad, reprimir la violencia contra todo derecho
é impartir justicia. En Hispano-Colombia los dos sistemas han tenido también sus
defensores, si bien el socialista es el que ha tenido aceptación general. La
Confederación granadina es la sola república que ha ensayado el radicalismo de los
economistas, aceptando estos dos principios : libertad plena para el ciudadano, en cuanto
no vulnere el derecho ajeno; y abstención del gobierno nacional de ingerirse en lo que
corresponde principalmente á la actividad individual.
¿
Cuáles han sido los resultados? El sistema socialista, aunque mucho menos exagerado que
en Europa, ha producido el estancamiento. Los gobiernos ni han hecho ni han dejado hacer,
dominados por mil dificultades, y ocupados principalmente en reprimir revueltas ó
suscitar dictaduras. Así como hay artistas que aman el arte por el arte, en
Hispano-Colombia hay muchos hombres de estado que gobiernan por gobernar y nada
mas. El sistema radical, favoreciendo algunos progresos, particularmente en la
instrucción pública y la agricultura, ha sido pernicioso bajo otros aspectos, sobre todo
en cuanto á vías de comunicación; porque los pueblos hispano-colombianos tienen muy
poco espíritu de empresa y asociación y son notablemente rutineros. La libertad hará
mucho por si sola, con el tiempo; pero mientras que ella produce sus infalibles
resultados, algunos grandes intereses quedan abandonados, por falta de la iniciativa
oficial, y á causa de los formidables obstáculos que la naturaleza abrumadora de
Colombia opone á los débiles esfuerzos de poblaciones inexpertas y muy reducidas.
Creemos,
pues, que los dos sistemas son viciosos por su exageración, y que lo que conviene á las
sociedades hispano-colombianas es una combinación reducida á estas dos ideas: dejar
hacer libremente á los ciudadanos cuanto sea inocente, y hacer con eficacia lo
que sea superior transitoriamente á los esfuerzos individuales. La libertad es
perfectamente conciliable con la iniciativa oficial, siempre que los gobiernos prescindan
de hacerles competencia á los particulares, sin llevar su acción mas allá de lo que exija la debilidad
transitoria del esfuerzo privado. Con este sistema, la intervención gubernamental será
realmente útil y fecunda, y los gobiernos, asegurando la estabilidad política con la
estabilidad de los intereses, simplificarán su tarea y apartarán de su vía muchos y
grandes embarazos.
De lo
dicho se desprende lógicamente el programa de acción
gubernamental que conviene á Hispano-Colombia, y que se puede reducir
á términos generales y sencillos: Proteger del modo mas eficaz, sin omitir esfuerzo ni
sacrificio alguno, la propagación de la enseñanza pública, sea que se ejerza por la
prensa ó por las academias, los colegios, las escuelas técnicas ó especiales, las
primarias, observatorios, museos, etc.
Favorecer
poderosamente las inmigraciones europeas y de otras regiones, escogidas con criterio y
conducidas con tino y liberalidad; á fin de fortalecer á la sociedad en su lucha contra
la mas formidable naturaleza, y de ilustrar, depurar y equilibrar las razas y castas,
mediante la infusión de una sangre activa que lleve consigo grandes fuerzas para la
civilización.
Consagrar
vastísimas porciones de las tierras baldías á una distribución gratuita entre los
inmigrantes, que en breve producirá su interés con grande usura, en la riqueza y el
bienestar que las colonizaciones desarrollen.
Favorecer con empeño y sin ahorrar sacrificios,
la multiplicación y mejora de los medios de comunicación de todo género, y de las obras
públicas favorables al comercio, la agricultura y la industria. Un buen servicio de
correos, un gran camino, un telégrafo, etc., son instrumentos mucho mas seguros y
poderosos que un ejército ó una legión de gendarmas para prevenir ó reprimir las
revueltas de poblaciones ociosas ó incomunicadas, descontentas á causa de su pobreza y
malestar.
Multiplicar,
con el carácter de permanentes y periódicas, las exposiciones industriales, agrícolas y
artísticas, y los concursos que estimulen sus progresos.
Establecer
colonizaciones en los desiertos interiores, sobre todo á orillas de los grandes ríos, á
fin de evitar cuestiones sobre límites, favorecer las comunicaciones, reducir las tribus
salvajes á la vida civil, etc.
Emprender
ó completar con inteligencia y energía toda clase de exploraciones y trabajos
geográficos que permitan adquirir un pleno conocimiento de la topografía y las
poblaciones, y revelar al mundo las riquezas naturales ó elementos de prosperidad de las
comarcas hispano-colombianas, todavía ignoradas ó mal conocidas.
Fundar
á todo trance el crédito nacional, por medio de arreglos con los acreedores nacionales y
extranjeros, lealmente cumplidos y que inspiren confianza como garantías de orden y
probidad.
Otras
medidas muy importantes, igualmente aplicables á toda la Colombia española, merecen
especial indicación; pero su carácter internacional exige que las reservemos para otro
lugar.
Acaso
se dirá que el conjunto de medidas hasta aquí Indicadas exige recursos muy considerables
en el erario de las repúblicas en cuestión. La objeción sería muy especiosa. Por una
parte, los recursos no faltan en realidad, sino que son mal invertidos. Que se gaste menos
en ejércitos ruinosos y amenazantes, y se tendrá toda lo necesario para estimular
dignamente el progreso dada insurrección cuesta millones, mucho mas de lo que cosa
tarjan las obras públicas y mejoras que pueden conjurar toda revuelta. Por otra parte,
silos recursos faltan, será fácil obtenerlos por medio de contribuciones ó del
crédito, si se les da su legítima inversión con lealtad. Los pueblos pagan siempre con
placer los impuestos, cuando ven que sus sacrificios se convierten en progreso y
bienestar; y los capitales buscan espontáneamente á los gobiernos, cuando estos merecen
la confianza general por su severidad en el cumplimiento del deber, su probidad y su
liberalismo inteligente.
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