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V
Otros
grupos etnológicos.
Si de la alti-planicie de
Bogotá descendemos hacia las faldas
occidentales de la Cordillera, primitivamente pobladas por los Panches, hallaremos
allí que el cruzamiento de los blancos con los indios se ha operado con mas intensidad y
persistencia que en las alti-planicies. Hemos observado con atención casi todos los
grupos de esa población, encontrando los mismos rasgos generales en la vasta región de
montañas secundarias donde tienen asiento las pequeñas ciudades y aldeas de La Palma,
Caparrapí, Guaduas, Villeta, Duitama, San Juan, Pulí, La Mesa, Tocaima, Anapoima, etc.
Donde quiera el elemento Panche (y aun el Colima, enteramente análogo)
constituye la masa principal de la población, con una fuerte infusión de sangre
española y muisca, y sin ninguna mezcla del elemento negro.
El descendiente de la raza Panche
tiene la piel de color bastante claro, aunque algo cobrizo, el ojo no poco ardiente,
la frente considerablemente ancha y abombada,
los
cabellos menos rígidos y negros que los del Muisca1
, la nariz menos espesa, la estatura mayor y
mas delgada y musculosa, las formas mas pronunciadas en sus líneas y contornos, la voz
mas libre y rápida y sin acento gutural. El indio de esa raza intermediaria es poco
valeroso en cl primer instante de un encuentro, y muy difícil de atrapar para el servicio
militar; pero una vez comprometido, sale bien del paso, y no carece de persistencia,
estimulado por cierto sentimiento de vanidad. El hijo de los Panches es frecuentemente
pendenciero, pero sin iracundia; gusta del ruido, de la galantería platónica (aunque se
casa fácilmente), de la música que aturde, la danza uniforme, el buen humor y las
ruidosas fiestas de bandola y guarapo. Es infinitamente mas inteligente y
mas apasionado por la independencia que el Muisca; y se complace en tomar parte en las
elecciones, dándoles por lo común su voto á los candidatos liberales, mientras que el
Muisca les pertenece á los conservadores. Sus costumbres domésticas son dulces, y sus
hábitos poco sedentarios; le gusta viajar á pié como tratante ó muletero; teme al
alcalde y al capitán de milicias mucho mas que al cura; su sentimiento religioso, suave,
sincero y candoroso, no le arrastra jamás hasta el fanatismo. Por lo demás, gusta mucho
de las telas de algodón de matices vivos y alegres (sobre todo el rojo), se complace con
el cultivo de hortalizas, de las flores y los árboles frutales, y las operaciones propias
de la fabricación de azúcar y melazas, y tiene excelentes disposiciones para ciertos
trabajos industriales, tales como la fabricación de sombreros de paja, cigarros, esteras,
etc.
Esa población es generalmente
simpática y de tipo gracioso. En su seno se ven donde quiera, particularmente en Guaduas,
San Juan, Pulí, La Mesa y Fusagasugá, sobre ondulosas planicies y pintorescos
vallecitos, muy bonitas mujeres, fisonomías dulces y atractivas, caracteres
benévolos, costumbres muy hospitalarias, caras varoniles, vigorosas é inteligentes.
En el fondo del valle del
Magdalena, el contraste es palpable respecto de la alti-planicie de Bogotá, á solo 60
kilómetros de distancia en línea recta. Es sobre las orillas de aquel grande y generoso
río que hemos nacido, que hemos vivido largo tiempo y estudiado la vida de las
poblaciones verdaderamente tropicales de Nueva Granada. Hemos observado muy
particularmente la fisonomía de los indios puros de Natagaima, Coyaima, Colombaima,
Coloya, Calamoima, y otros grupos descendientes de los antiguos Yaporages, Marquetones,
Gualíes y Colimas, y aun de los Panches y Pantágoros; y donde quiera hemos hallado que,
a pesar de ciertas diferencias locales, hay un conjunto de rasgos generales que manifiesta
la antigua unidad etnológica de las tribus del valle, mantenida por el clima, y al mismo
tiempo la influencia de los cruzamientos que se han verificado.
Así, por ejemplo, en
Natagaima y Coyaima, lugares situados en medio de vastas praderas entre algunos
contrafuertes de la cordillera Central, el río Magdalena y su bello y caudaloso afluente
el Saldaña, el indio (de la gran tribu de los Yaporages) tiene los cabellos negros
y lustrosos como el azabache, la mirada dulce y tímida, la tez de un bronceado oscuro
soberbio, la cara ancha y redonda y con los pomos poco pronunciados. El indio de Coello,
de Guataqui, de Paquiló, Colombaima, Ambalema, Beltran y otros lugares situados sobre las
riberas del Magdalena, debajo de la confluencia del Bogotá,.indio nacido en medio
de florestas y correspondiente á las familias Panche y Marquetona, es mas atrevido
y valeroso, mas inteligente y susceptible que el de las llanuras abiertas; su mirada es
menos dulce, su voz mas sonora, sus cabellos menos oscuros, y su fisonomía, de líneas
mas acentuadas, tiene mas aspereza y expresión. Si atravesando las selvas y llanuras del
valle se llega hasta el pié de la cordillera Central, se ve que los pocos indios que
subsisten en Ibagué, Venadillo, Coloya y Guayabal, y otros descendientes de los
Marquetones (y aún de los Pantágoros y Gualies en parte) tienen gran semejanza con los
descendientes de las hordas que en otro tiempo se habían establecido, con mas ó menos
fijeza, sobre las riberas del Magdalena.
Donde quiera se ha verificado
con notable intensidad la fusión entre el blanco y el indio, y entre ambos y el negro
africano. Aunque hay una gran masa de población completamente blanca ó de origen europeo
puro, distribuida en todo el valle del alto Magdalena, es evidente que la gran mayoría de
los habitantes de esa hermosa comarca ha nacido del cruzamiento, en muy desiguales
proporciones, de las tres razas distintas: la indígena, la europea y la africana negra2 .
Sin embargo, conviene hacer
notar, de paso, una diferencia curiosa entre la población de los dos valles del
Magdalena, alto y bajo, de proporciones muy distintas. Los zambos, que son tan
numerosos en el valle inferior, faltan casi absolutamente en el superior. En este, donde
la esclavitud alcanzó muy poco desarrollo, el indio no se ha cruzado con el negro sino de
un modo indirecto. Es el blanco el que ha funcionado como instrumento de fusión, primero
uniéndose, por una parte, al negro para producir el mulato, y por otra, al indio para
darle origen al mestizo casi blanco, y luego poniendo en contacto á las dos clases
de mestizos, las cuales se han cruzado sin ninguna dificultad, en virtud de sus elementos
comunes.
En esa complicación de
cruzamientos el elemento blanco ha predominado notablemente en cuanto al color y la
inteligencia, mientras que el negro ha hecho sentir su acción en las facultades morales
(los instintos amantes), y el indio en los rasgos fisonómicos y las formas de la
estatura.
Para abarcar el conjunto de la
población que ocupa el valle del alto Magdalena, particularmente en la parte comprendida
entre los afuentes del Magdalena el Saldaña, el Bogotá y el Gualí y las
faldas de las dos cordilleras, contrayéndonos á la masa popular, podríamos
resumir los rasgos característicos de la manera siguiente:
La estatura de los individuos
es generalmente mas que media y bastante enhiesta y musculosa, particularmente sobre las
orillas de los ríos; los cabellos, oscuros pero no absolutamente negros, son casi
crespos; la tez de color blanco mate un poco amarillento; el ojo muy ardiente y
apasionado; el acento abierto, libre, rápido y caloroso; el andar ligero y fácil, sobre
todo el de las mujeres, que tiene algo de voluptuoso; las maneras francas y
desembarazadas, y el carácter accesible y alegre.
En aquella comarca el
sentimiento de independencia personal y de interés por los negocios públicos se
manifiesta mas enérgicamente que el sentimiento religioso. Las pasiones, que son
violentas, se inflaman y calman fácilmente; las riñas son bastante frecuentes, gracias,
por lo común, al aguardiente y las querellas de amor 3.
Allí se tiene gusto por la
pesca, la caza á pié, con escopeta, la natación, la música, las canciones populares,
los bailes ruidosos y muy animados, las carreras á caballo (sobre todo en el mes de
diciembre y las fiestas de San Juan y San Pedro), los regocijos públicos, el cigarro y la
bandola, la agitación de las elecciones, el lujo, la galantería ardiente, las cenas al
aire libre, no poco el juego de naipes y dados, y las corridas de toros, muy diferentes de
las de España. En una palabra, se gusta de todo lo que es conmovedor, que impresiona
fuertemente, que apasiona y puede satisfacer á organizaciones tropicales.
A pesar del clima, que
predispone á la somnolencia y la pereza en ciertas horas del día, en que el reposo es
casi necesario, las gentes aman el trabajo, pero no el trabajo por el trabajo, se
entiende: es la esperanza del placer, del goce, la que les hace aceptar todas las fatigas
con gusto. Por lo demás, allí se trabaja siempre cantando, silbando ó divirtiéndose
con la charla ruidosa y burlona. Las multitudes son honradas, muy hospitalarias,
benévolas con el extranjero, amigas del aseo y aun de la coquetería, algo frugales y
mucho mas sobrias que las gentes de las alti-planicies. Sus hábitos y costumbres son
generalmente libres; su grado de bienestar muy superior al de las poblaciones andinas. Las
gentes del alto Magdalena son muy capaces de aceptar todo progreso, muy entusiastas por
las reformas, las novedades útiles y las ideas liberales, bastante inteligentes y
despreocupadas, y fáciles de dirigir por medios benévolos. Por desgracia, carecen casi
absolutamente de espíritu de economía y previsión, pues gastan siempre el domingo lo
que han ganado en la semana, ó si ahorran algo es para invertirlo en joyas, ó con el fin
de gastarlo en las fiestas populares de junio y diciembre ó del santo patrono del lugar.
Resumiendo la comparación de los tres grupos de población (hablamos siempre de la masa
popular) se ve, pues:
1° Sobre las alti-planicies,
en la región fría, región de la chicha, del trigo y de las papas,
dulzura en la impasibilidad, fuerza de inercia, aislamiento casi egoísta, desconfiado,
espíritu conservador absoluto, inmovilidad moral, vida sedentaria, caracteres pasivos,
superstición religiosa y aun fanatismo, poca inteligencia, fuerza física que soporta un
peso, pero sin arranque, ni pasión, ni rapidez.
2° Sobre las faldas
occidentales de la Cordillera, en la región templada, región del guarapo, de
la arracacha y la caña de azúcar,caracteres candorosos y benévolos,
aptitudes industriales, cierto gusto por la locomoción, costumbres pacíficas sin
servilismo, un tipo y un modo de vivir que participan algo de los de la altiplanicie
y del valle, sin carácter bien determinado y sin ninguna infusión de sangre africana.
3° En el fondo de las
praderas y florestas del valle, la región ardiente, del aguardiente, del plátano
y el maíz, del cacao y el tabaco, donde corren abundantes ríos ricos en peces,
un cruzamiento de razas mucho mas intenso que en las otras dos zonas,
organizaciones ardientes, amor al placer y al bienestar, entusiasmo, atrevimiento,
sentimiento de personalidad, hábitos hospitalarios, franqueza, fuertes pasiones,
en una palabra, una población enteramente distinta de la que ocupa las
altiplanicies andinas.
Si son interesantes los grupos
sociales que, formando como un inmenso anfiteatro humano, están distribuidos en las
comarcas de que acabamos de hablar, no es menos interesante el estudio de los contrastes
que ofrecen los grupos correspondientes á las regiones un tiempo dominadas por los Chibchas
del norte y las grandes hordas de los Muzos, los Guanes, los Laches y
otras análogas. Es increíble la diversidad de tipos que ha producido en el interior de
Nueva Granada esa combinación providencial de frío y calor permanentes, de altas
montañas y profundos valles, de cuatro ó cinco grandes razas divididas en muchas variedades,
y de tantos elementos de alimentación y de industria completamente diferentes.
Es en la mayor parte del
Estado de Santander, es decir en las antiguas provincias de Pamplona y Socorro y
parte de la de Vélez, y en la parte mas poblada del Estado de Boyacá,
región de alti-planicies y montañas, es allí, decimos, donde se encuentran los
mas curiosos contrastes de tipo, de carácter, de modo de vivir y de tendencias sociales.
Si os remontáis á las
alturas de Tunja, Turmequé, Guateque y otros lugares análogos, encontrareis en casi toda
su pureza el tipo, las tradiciones, la índole, los usos y costumbres del indio Chibcha:
estúpido, rutinero, sedentario, supersticioso, estacionario en todo, perfectamente
análogo al Muisca. Si descendéis un poco de las montañas y os detenéis en las
altiplanicies de Sogamoso, Santa Rosa y Paipa, encentrareis notables modificaciones
en la raza, las tendencias populares y la vida social. Allí, la industria pecuaria, la
fabricación de algunos tejidos, la suavidad del clima, la actividad relativa de los
negocios, en una palabra, la mayor vitalidad de la población, han creado un espíritu
mucho mas liberal é independiente, una raza mejor conformada, mas inteligente y vigorosa
que en las regiones montañosas y frías de la antigua provincia de Tunja. El contacto y
la fusión de las razas han tenido mayor intensidad; el indio Chibcha le ha abierto
mejor el campo á la civilización. Pero es avanzando hacia
el norte y el poniente y descendiendo de las altiplanicies, es decir
yendo en busca de las poblaciones de Vélez, Socorro y Pamplona, fundadas sobre el
elemento muzo, guane y tache, que se encuentran las pruebas mas
evidentes del beneficio que la civilización ha ido reportando de los cruzamientos de
razas diferentes. En esas comarcas, la fusión de varias razas indígenas muy distintas
(antes enemigas implacables) con la europea española y aun la africana negra, en muy
diversas proporciones, ha producido, favorecida por la acción del clima, una población de excelentes
cualidades, muy singular y caracterizada en la Confederación. Si fuera permitido abusar
de los términos, por vía de ampliación, podría decirse que, así como los Antioqueños
son los Israelitas de buen temple de la Confederación, los habitantes de las
regiones bajas de Santander, en su mayor número, son los Catalanes de la
república.
En efecto, en ninguna parte de
Nueva Granada se halla tan pronunciado, vigoroso y persistente como en el Estado de
Santander, el sentimiento del derecho y del deber, la noción profunda de la personalidad,
la idea, instintiva y razonada al mismo tiempo, de la necesidad de la libertad, el respeto
por la familia y el hogar, la aspiración constante hacia
la propiedad, el espíritu de empresa, industrial y comercial, la
comprensión del orden en las cosas y de la misión que tiene el hombre de luchar
perpetuamente con las fuerzas físicas de la naturaleza, sirviéndose de ellas, en
una palabra, la tendencia á considerar la vida social como un principio y no como
un hecho de simple vegetación sin razón de ser. Por eso se ha dicho con razón
que la libertad no claudicará en Nueva Granada, en tanto que viva, con toda su energía
de carácter, la población del Estado de Santander.
En las tres antiguas
provincias que principalmente lo componen, los tipos difieren en sus pormenores, pero
conservan casi donde quiera cierta unidad de carácter que los hace notables. Fue del
Socorro y Vélez que salió la insurrección social de los Comuneros, en 1781. Fue
en Pamplona y Socorro que, el 6 y el 10 de julio de 1810, se dieron los primeros gritos de
independencia nacional, cuyo eco fue la revolución del 20 de julio en Bogotá, del 11 de
noviembre en Cartagena, etc., etc.
El habitante de Vélez es un
tipo singular, en que parecen aliarse las cualidades y debilidades del espiritual Hidalgo
de la Mancha con la abnegación heróica de Guzmán el Bueno. A primera vista no
sabéis si os inspira simpatía ó antipatía. Sentís el primero, si observáis su talla
endeble pero esbelta, su fisonomía inteligente y franca y su desprendimiento generoso.
Sentís lo segundo, si os fijáis en su mirada petulante y desdeñosa, su locuacidad
enfática y sentenciosa, y un no sé qué de afeminado, de artificial y supuesto que
tiende á exhibirse y hacerse admirar. Pero apartáis las exterioridades, penetrando en el
fondo de ese carácter en apariencia petulante y desidioso, y encontráis un candor de
inclinaciones admirable, un patriotismo ardiente, un espiritualismo sincero y elevado, un
desinterés caballeresco, una noble comprensión del derecho y del deber, un espíritu
inquieto que solícita la verdad, un corazón que ama con vehemencia, una vanidad que
tiene su germen en la conciencia de las aspiraciones generosas.
¿Reina la paz en la
república? El Veleño, que no tiene amor al dinero, ni costumbres sedentarias, ni
constancia en sus proyectos, y que es pobre como un caballero andante, desinteresado
siempre, os hablará de onzas de oro como de centavos, aunque no tenga un
real, y carecerá de lo necesario tal vez á cambio de ostentar un soberbio potro, un
magnífico reloj, etc. ¿Pero estalla la guerra, civil ó nacional, y la libertad se halla
en peligro? Entonces ese Veleño que os parecía pretencioso, afeminado y
petulante, os admira por su valor arrojado en los combates, su indomable tenacidad en la
lucha, su lealtad á un principio, su consagración hacia
el amigo y camarada, su dignidad en la derrota, y su generosidad y
desinterés en la victoria!
El habitante de la antigua
provincia del Socorro es de un temple semejante como ciudadano, pero difiere mucho en su
tipo individual. Reservado, prudente, muy parsimonioso y ordenado, honrado en tratos y
procederes, positivo en todo, tan liberal como demócrata, es decir tan atento á
los legítimos intereses individuales como á los que atañen á la comunidad, el
padre de familia y el patriota se alían en él con la misma armonía que la idea del
hogar, del municipio y de la nación. Teniendo el instinto profundo, la pasión de
la propiedad, como elemento de orden y de independencia, el Socorreño busca la
fortuna por todos los caminos honrados, lo mismo en la agricultura que en el
comercio ó la industria, y es cosmopolita por excelencia. Ningún clima ni género
de trabajo digno le arredra. Su tienda, su taller, su labranza, su potrero, su cargamento
de cambio ó su recua de mulas aparecen en todas las comarcas del país, á
cualquiera distancia del suelo natal. Nadie estima tanto como el Socorreño el
valor del tiempo, del trabajo y de la dignidad personal, nadie en la república le
aventaja en interés por las mejoras materiales, las vías de comunicación, los
establecimientos de instrucción y beneficencia y el desarrollo de la prensa.
No hay socorreño que no
aspire á poseer una propiedad raíz. Si tiene un buen terreno, lo cultiva con amor; si
apenas posee un peñasco trepado sobre los abismos de un cerro, él aprovecha hasta la
menor partícula de tierra vegetal; y si todo recurso le falta, se va á buscar en otra
provincia un suelo fértil que explotar. Si carece de todo elemento agrícola, compra un
telar, y hace de su modesta casa al mismo tiempo su hogar, su fábrica y su heredad. Si
la industria le es ingrata, apela al comercio, y funda la base de su dignidad y autonomía
en una tienda donde vende los tejidos y artefactos de las provincias del norte, ó
en un tendal de la plaza pública de mercados, ó en la recua ó
partida de mulas que conduce, haciendo el comercio de cambios sin reposo ni tregua.
Hombre de bien y de orden y
liberal, el Socorreño no puede menos que ser, como lo es, sinceramente religioso,
sin afectación, sin fanatismo ni intolerancia, con la sencillez que conviene á
quien ama el matrimonio y la familia y aspira siempre á la consideración de los demás.
Así, en los pueblos del norte de Nueva Granada el catolicismo es, por regla general, una
religión, no una idolatría grosera y explotada. Las cualidades del habitante del
Norte, como ciudadano, coinciden, por punto general, con las que tiene como individuo
particular. Los negocios públicos le llaman siempre la atención y le preocupan, sobre
todo cuando hay de por medio cuestiones fiscales ó económicas y principios de
trascendencia para la libertad.
En la antigua provincia de
Pamplona los caracteres generales se conservan; pero hay muy notables variedades de rasgos
morales, si se comparan, por ejemplo, tres grupos importantes: el de la altiplanicie
de Pamplona y las comarcas montañosas adyacentes; el de los valles de Cúcuta,
correspondientes á la hoya del Zulia, y el de las poblaciones de Girón, Bucaramanga y
Pié de Cuesta, que ocupan comarcas templadas y aun ardientes de las hoyas del Chicamocha
y del Lebrija, que hacen parte del inmenso sistema hidrográfico que tiene por
centro al Magdalena.
En las alturas de Pamplona
encontráis las poblaciones dominadas por un espíritu estrecho de localidad, de
compradería, de empleomanía, que proviene de tradiciones muy arraigadas; una población
notablemente accesible á las malas influencias clericales y de campanario, á causa del
aislamiento y la inmovilidad en que allí se ha vivido. Allí la fusión de las razas ha
sido muy limitada, y el frío y las nieblas parecen haber petrificado á la población al
derredor de sus campanarios, sus conventos, etc.
En los valles de Cúcuta
(fronterizos de Venezuela) donde figura notablemente el elemento mulato, encontráis la
galantería, el instinto poético y artístico, el amor al placer, costumbres bastante
libres, apego á los géneros de cultivo que no exigen una consagración absoluta. Y
tienen algo de artísticos, espíritu de fraternidad hacia
el
extranjero, altivez de carácter en la masa popular, tendencias comerciales, y un no sé
qué de voluptuoso en la vida social. El calor permanente, la fusión de diferentes razas
y el contacto con el extranjero, por el Zulia, y con las poblaciones de Venezuela, han
influido mucho, sin duda, en la combinación de esos rasgos característicos.
Por último, en las pequeñas
ciudades de Bucaramanga4,
Girón y Pié de cuesta, la población revela una tendencia tan profunda y decidida hacia la adquisición de fortuna, y tal espíritu de
independencia fundada en el trabajo y la riqueza, que la democracia, á decir verdad, ha
buscado su base y su fórmula en la riqueza. Las pequeñas fortunas son allí,
relativamente á la población, prodigiosamente numerosas, y el proletariado fose muestra
en ninguna parte. Es la democracia de los bolsillos la que allí ha preparado la de los
derechos y deberes políticos. Todo el mundo trabaja, porque todos aspiran á la
independencia personal y la consideración. De ahí cierto tono de petulancia que parece
sobresalir en el carácter de la población, pero que no es sino el efecto de la
conciencia de la personalidad y de la constante aspiración á fortalecerla y
desarrollarla. De ahí también, en las masas populares, cierta ausencia de
espiritualismo, cierta aspereza de costumbres, cierta dureza de instintos que indica
bastante atraso en la educación moral. Pero allí, como en las demás comarcas del Norte,
las poblaciones poseen una elasticidad de cualidades activas que las predispone
mucho, á progresar rápidamente. Es indudable que el espíritu industrial entra por mucho
en esa predisposición. En efecto, nada prepara mejor al hombre á desarrollar el
sentimiento de dignidad personal, que el hábito de vivir tejiendo en su propio hogar el
sombrero de paja, la manta del algodón, el lienzo, la ruana popular
ó el alpargate (que es el zapato del pobre) que ha de venderle al rico negociante,
ó directamente al consumidor, tratando con él de igual á igual, bajo la garantía
común de la libertad democrática.
Si de las variadas y ricas
comarcas del Estado de Santander volvemos á la grande hoya del alto Magdalena,
encontraremos en el fondo del valle, hacia la
parte superior, una población bien digna de simpatía y muy curiosa por sus rasgos
característicos. Hablamos de la antigua provincia de Neiva, habitada antes de la
conquista por las grandes hordas de los Paezes y Yaporages. Aunque esa provincia
tiene uno ó dos distritos mineros, como el de Coyaima, y otros que fabrican
sombreros de paja en considerable cantidad, como el de Suaza, algunos tejidos
ordinarios de lana (como ruanas, pellones, etc.), y varios útiles de servicio doméstico,
mas ó menos artísticos, la población neivana es esencialmente pastoril y
agrícola. Ella ocupa una vasta extensión de llanuras limpias y de selvas que cubren los
valles del Magdalena y sus afluentes. Las crías de ganados mayores y menores, de caballos
y mulas y de una multitud de animales domésticos, y el cultivo del cacao, el arroz, el
maíz, el tabaco, el plátano y muchos frutos alimenticios, constituyen la base de la
riqueza y de la vida social en las llanuras y los valles de Neiva. El tipo de esa
población es una de las mas notables manifestaciones del feliz cruzamiento de la raza
española con las indígenas. Como en Neiva la minería no tuvo jamás importancia durante
el régimen colonial, los negros esclavos fueron muy poco numerosos; y por lo mismo la
raza mulata es casi nula. En cuanto el clima lo permite, y prescindiendo de los restos de
razas indígenas que se mantienen puros, come se ve en Natagaima, Coyaima y otros
distritos, la gran masa de la población es ó de raza española pura, ó mestiza
de española é indígena, pero toda compacta por sus costumbres, su carácter, su tipo y
su color blanco mate. Donde quiera, en esa población principalmente mestiza, encontrareis
organizaciones vigorosas, cuerpos delgados y musculosos, cabelleras abundantes y sólidas,
fisonomías francas, modestas y honradas, caracteres sencillos y amables, instintos dulces
y fecundos. El neivano ama con pasión la música, el canto, la poesía y la danza libre,
sencilla y original. Sus sonatas son melancólicas y tiernas; es un trovador rústico pero
sentimental, que no concibe el placer si la música y el canto no lo amenizan.
Mientras su mujer teje un
sombrero en el hogar, ó hila, ú ordeña las vacas, ó cuida de las crías del corral, el
activo neivano rodea ó pastorea su hato ó cría de ganados libres, lucha
con el toro feroz en las herranzas, á pié ó caballero en un fuerte y pequeño
troton; ó bien, descuaja los montes y cultiva con asiduidad su platanar, su maizal, su
cacaotal ó su plantación de arroz, de tabaco ó de yucas; ó en los ratos de ocio
se entrega al provechoso placer de la pesca. El día que la cosecha semestral está lista
en la troja (el granero), ó que están gordos los corderos y cerdos, los pavos,
las cabras y gallinas de las crías, el neivano construye una balsa, compuesta de troncos
ligeros (balsos) y fuertes lianas ó bejucos; embarca toda la provisión,
sin olvidar la bandola su eterna compañera; toma su canalete ó remo
rudimentario, y acompañado de otros dos ó tres paisanos, frecuentemente socios, se echa
á bogar por el Magdalena abajo, ó alguno de sus afluentes principales, y va en su rancho
flotante á vender en las ciudades importantes de las márgenes del gran río (Neiva,
Purificación, Ambalema ú Honda) el fruto de sus faenas de seis meses.
Entonces se opera una nueva
transformación. Una vez que ha vendido la balsa y todo su contenido, ó reduce el dinero
á herramientas, vinos, licores, ropas y otras mercancías extranjeras, que va á vender
en detalle en el lugar de su domicilio, ó que destina á su propio consumo; ó, lo que es
mas frecuente, guarda su dinero y se contrata como peón en alguna hacienda de la
parte inferior del valle, trabaja allí durante dos ó tres meses en desmontes y otras
operaciones agrícolas, y luego regresa al hogar á continuar sus faenas habituales,
llevando buena provisión de patacones (piezas de cinco francos), herramientas y
regalos para su familia.
Así, el neivano
es alternativamente pastor activo y esforzado, agricultor, hábil pescador, navegante,
tratante y peón asalariado ó á destajo; y es esa alternabilidad la que le imprime su
sello particular y simpático. Si fuese puramente pastor, tendría la rusticidad brutal
del Llanero de Oriente; si apenas boga ó remador, sería soez y corrompido;
si solamente peón, carecería de hábitos de dignidad é independencia; si únicamente
agricultor, seria rudo y montaraz; en fin, si atendiese solo al tráfico, estaría
expuesto á ceder á esa codicia artificiosa que suele distinguir al traficante en los
países poco civilizados. Pero en el neivano todo se alía, se neutraliza y forma
un tipo amable, que el sentimentalismo artístico suaviza notablemente.
Del conjunto
de los hechos que acabamos de exponer se llega naturalmente á las siguientes conclusiones:
Haciendo abstracción de las influencias climatéricas que han
determinado la distribución y las variedades típicas de la población, en los Estados
federales á cuyo estudio nos hemos contraído5, es evidente que, á medida que los cruzamientos
se muestran mas intensos, por la infusión de la sangre africana ó europea 6, la civilización
se ha desarrollado mejor en las masas populares, y se nota en ellas mas vitalidad,
espontaneidad, iniciativa, espíritu de independencia y de igualdad; mas fuertes
aspiraciones hacia el movimiento, la mejora y
el bienestar; mas valor, inteligencia y sentimiento apasionado ; menos
superstición y fanatismo religioso, y una tendencia mas enérgica á sacar provecho de
las instituciones democráticas y á interesarse en los negocios públicos.
Haremos todavía una
comparación curiosa, que revela hasta cierto punto el grado de dignidad moral á que han
llegado las razas y castas antes explotadas por los blancos puros. En Nueva Granada el
hombre de posición social considerable y enteramente blanco, es apellidado de muy
distinto modo por la gente llamada plebeya. Así, el indio de las alti-planicies y otras
comarcas le dice siempre mi amo; el mestizo blanco, del alto Magdalena y otras
regiones, le llama: patrón; el zambo le dice simplemente blanco; el mulato
le denomina Señor. El negro, que cuando era esclavo llamaba « mi amo » á
todo individuo blanco, hoy solo le acuerda ese título á su antiguo propietario, en
reminiscencia de su esclavitud. Evidentemente, la denominación que usa el indio indica el
hábito servil de la obediencia pasiva á que estuvo sometido; la que emplea el mestizo
blanco, es solo un resto de las tradiciones de inferioridad ó una simple manifestación
de respeto; la locución del zambo, prueba la conciencia que él tiene todavía,
semi-bárbaro como está, de la profunda diferencia que ha mediado entre su casta y la
raza europea; en fin, la del mulato, palabra de mera distinción social, indica cuanto se
ha elevado su carácter, gracias al contacto social y las costumbres de igualdad que la
democracia ha suscitado.
Así, pues, todo el porvenir
de la civilización en Nueva Granada se funda en este doble hecho providencial: la mezcla
de las razas y sus variedades, que sin dejar de hacer predominar el elemento europeo, ha
hecho surgir y hace crecer día por día todo un pueblo esencialmente democrático, tanto
por derecho de nacimiento como por virtud de los climas; y la absorción progresiva, mas y
mas evidente y necesaria, por las fuertes razas blanca y negra, de las razas indígenas
puras, las únicas que oponen seria resistencia á las conquistas de la civilización, á
causa de su indolencia y debilidad y de la degeneración á que las redujo el régimen
colonial. En tanto que ninguna reacción en
las instituciones no llegue á contrariar el movimiento de fusión que se produce en el
continente colombiano, y particularmente en Nueva Granada, la democracia nada tendrá que
temer allí, y la civilización seguirá desarrollándose, libre y vigorosa como la raza
mestiza que ha surgido de la colonización y que ha entrado con la revolución de 1810 en
la vía del derecho y de la independencia.
Terminaremos esta rápida
exposición con la indicación de un hecho enteramente especial y de suma importancia, que
es la mas eficaz de las causas determinantes del cruzamiento de las razas en
HispanoColombia, y que en Europa es nula ó no funciona sino en muy reducida escala
y excepcionalmente. En esta parte del antiguo mundo, dentro de la zona templada, las
estaciones, obrando casi simultáneamente en todas partes, determinan una sucesión de
producciones y condiciones de vida siempre dividida en cuatro períodos. Así, el Francés
y el Ruso, el Inglés y el Español, el Alemán y el Italiano, aunque muy diferentes por
sus razas, tienen al mismo tiempo, poco mas ó menos, el mismo grado de temperatura y las
mismas producciones necesarias á la alimentación general, sin mas excepción bien
importante que la diferencia establecida por la viña y el lúpulo entre los pueblos que
consumen vino ó cerveza. Como las situaciones son donde quiera análogas, sucede que cada
nacionalidad, cada grupo de la gran sociedad europea, puede bastarse á sí mismo, en
mucha parte, con su propia agricultura y su sola previsión. De ahí la causa del
aislamiento político de los pueblos, del antagonismo en que viven, siempre desconfiando
los unos de los otros; de ahí el interés por extender las fronteras, y un fuerte motivo
para no temer suficientemente las guerras internacionales.
En las regiones
intertropicales de Colombia, y sobre todo en Nueva Granada, cada zona territorial,
representando una latitud particular del globo terrestre, con su clima invariable
(entendemos la palabra clima en su acepción mas alta), tiene, según su
topografía, un género especial y casi exclusivo de producción agrícola, industrial y
pecuaria. Jamás las poblaciones de las alti-planicies podrán obtener de su suelo un
grano de azúcar, de café, maíz, arroz ó cacao, una hoja de tabaco, un plátano, ni
otras producciones que son propias de las tierras ardientes y templadas. Jamás tampoco
los habitantes de los valles profundos podrán procurarse por sí solos el trigo, las
papas, la sal gemma, la corteza de quina y tantos otros productos exclusivos de las
alti-planicies y faldas elevadas de las cordilleras. Unas y otras poblaciones pueden
contar simultáneamente con todas las producciones del globo, pero clasificadas ó
radicadas por la naturaleza de los climas en alturas diversas. De ahí una feliz necesidad
para todo el país: la del movimiento incesante del comercio interior sobre una inmensa
escala, de continuar la obra natural de los cruzamientos, de conservar la
paz y la fraternidad y suprimir trabas dondequiera; cosas inevitables, puesto que cada
grupo de población necesita del concurso permanente de los demás y de una activa
comunicación.
Es, pues, la naturaleza la que
impone por sí sola la necesidad de la fusión de las razas, y se puede decir sin
exageración que las montañas de los Andes, que representan por su asombrosa grandeza y
majestad sublime la bondad infinita de Dios, son en el mundo colombiano los mejores
agentes de la civilización democrática.
FIN.
1
Vulgarmente
llamado Mosca en las tierras bajas, por corrupción de la palabra Muisca.
2
La
población total de ese valle y las faldas que lo dominan de cerca es de unos 300,000
individuos.
3
Los
obreros, bateleros y campesinos beben frecuentemente una abominable mezcla, que llaman champurreado,
compuesta de vino seco español, aguardiente del pais y brandi.
4
Capital
del Estado de Santander.
5
Los
de Boyacá, Santander y Cundinamarca, este recientemente dividido para dar origen al del Tolima.
6
La
gran mayoría de la población de origen europeo procede de inmigraciones andaluzas.
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