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EL 7 DE MARZO 1849

HICIMOS parte de la falange de estudiantes que, envueltos en |capotes de calamaco, y sin previa palabra de orden, desertamos de las aulas para hacer acto de presencia y meter ruido en la iglesia de Santo Domingo, lugar escogido para que las Cámaras Legislativas, reunidas en Congreso, hicieran la elección de quien hubiera de suceder al General Tomás C. de Mosquera en la Presidencia de la República, cuyo período constitucional terminaba el31de marzo de1849.

De antemano se anunciaba que sucedería algo grave en la elección, esperada con temor por parte de los conservadores, que eran una esperanza para los liberales y ocasión de impaciencia para todos.

El sol del miércoles7de marzo de1849apareció velado por nubes de color plomizo, y la ciudad presentaba el triste aspecto que le imprimía la cordillera sobre la cual se posaban melancólicas nieblas, que al fin se resolvieron en menuda llovizna que duró todo el día.Mal principio para llevar a cabo un motín.

Desde por la mañana se veían divisados los liberales con cintas rojas en el sombrero, en que se leía, impreso en letras negras:

Viva López, candidato popular!

  |   No obstante, la ciudad parecía tranquila: todos estaban ocupados en sus tareas ordinarias, y en apariencia nada indicaba que en ese día se iba a jugar |en una sola suerte el porvenir de los partidos que se disputaban el poder.

Vamos a relatar con ingenuidad lo que vimos y las impresiones que sentimos en nuestra condición de |cachifos, incapaces de discernir sobre la verdadera significación que tuvieran los hechos. Sentado esto, pasemos adelante.

 

TODOREINO DIVIDIDO SERA DESTRUIDO

 El doctor Rufino Cuervo, hombre de Estado, de grande ilustración y de dotes nada comunes para gobernar, era el candidato—no oficial—para la Presidencia de la República; pero sí el que tenía las simpatías del Gobierno. Varios conservadores de influencia, y por motivos de injustificable antipatía personal hacia el doctor Cuervo, presentaron en contraposición a esa candidatura la del doctor Joaquín José de Gori, abogado distinguido y de excelentes prendas personales.

Desde el principio se trató de reunir las dos fracciones en el sentido de uniformar la opinión a favor de uno de los dos candidatos; pero como entre nosotros el peligro de los partidos está en la división, por falta de disciplina de los impacientes, a la cuestión personal, que produce en los primeros momentos pequeña desviación de ideas, sucede lo mismo que a dos líneas equidistantes que alteren el paralelismo: se cruzan en un punto, y se separan formando ángulos opuestos cuyos extremos no se reunirán jamás.

Tal era el estado de los ánimos entre los conservadores.

Los liberales, organizados y compactos, presentaron de candidato al benemérito General José Hilario López, quien obtuvo en las Asambleas electorales735votos, de los1,702dados por éstas: de manera que si los967votos restantes, que los conservadores  distribuyeron entre los candidatos Cuervo, Gori, Mariano Ospina, Joaquín María Barriga, Florentino González, Eusebio Borrero, y uno en blanco, los hubieran dado a uno solo, como hicieron los liberales, no habría habido necesidad de ocurrir al Congreso para que perfeccionara la elección, y la permanencia del partido conservador en el poder hubiera sido natural e incuestionable.

Pero la división de los conservadores estaba tan acentuada, que momentos antes de reunirse las Cámaras, los cuervistas decían: Cuervo o López; los goristas: Gori o López; mientras que los liberales decían: López o López.

Antes de las diez de la mañana, hora en que se abrió la sesión, empezaron a llegar los congresistas, seguidos de sus allegados o asistentes, quienes no disimulaban las armas de que iban provistos en defensa de aquéllos.

Los miembros de la |Sociedad Democrática entraban por grupos en el templo y tomaban las posiciones que les indicaban los encargados de buscarles colocación:  los partidarios del doctor Cuervo se situaron indistintamente, pero sin previa organización, lo que hizo ineficaz el apoyo que pudieran prestar a los partidarios de su candidato. En cuanto al doctor Gori, nadie se preocupo con su elección, porque se comprendía que la lucha iba a reducirse a Cuervo y López.

Los estudiantes entramos los últimos, lo que no impidió que ocupáramos los primeros puestos en las barras, después de abrirnos paso a codazos y empujones, como sucede entre el gremio de muchachos y jóvenes que aspiran antes de tiempo a inmiscuirse en asuntos que no comprenden ni les atañen; pero que en todo caso presentan certamen de mala crianza y grosería. Algunos |patanes llevaban puñal o pistola, otros tenían navajas; y en cuanto al que esto escribe, llevaba por toda arma el |Nebrija, que perdió en la refriega. ¡Se iba a librar la gran batalla! Las primeras escaramuzas se redujeron a contarse los contendores y reunir todo el personal que debía entrar en lid. Al efecto se suspendió la sesión del Congreso, para que, instalada la Cámara de Representantes, tomara posesión del cargo el diputado suplente del Cauca, señor Gregorio Piedrahita. Antes se había presentado el Senador Rafael Diago, quien se hizo conducir en silla de manos, de la que salió pálido y desencajado.

Eran escrutadores los señores: José Vicente López y Vicente Lombana, por el Senado, y Manuel Murillo y Ramón Argáez por la Cámara de Representantes. Al dar cuenta del resultado de los votos emitidos por las Asambleas electorales, reinaba completo silencio; pero al oírse que el General López había obtenido la mayoría relativa, se oyeron los gritos de ¡viva López! ¡Viva el pueblo soberano! La barra se aquietó al oír la campanilla que tocaba el Presidente del Congreso, señor Clímaco Ordóñez.

Debía contraerse la votación a los tres candidatos que hubieran obtenido mayor número de sufragios, es decir, a López. Gori y Cuervo.

No había esperanza de que aumentara el número de ochenta y cuatro votantes, número sobre el cual debía versar la lucha electoral.

Se escuchaba en atento silencio la lectura de cada voto, y apenas se percibía el susurro de los que llevaban la cuenta, parecido al ruido monótono que se produce al contestar el |ora pro nobis en la letanía. De las barras salieron voces anónimas que decían: ¡Ojo al figurante! ¡Vista al tallador! ¡No hay que terciarse! que produjeron hilaridad en el auditorio; pero todos manifestaron deseos de que se hiciera silencio.

El primer escrutinio dio el siguiente resultado:

Por el General López........ 37

Por el doctor Cuervo......... 37

Por el doctor Gori…………...10

                  Total………….....84

Quedaba fuera de combate la candidatura Gori, y la lucha debía continuar,

— ¡Viva Cuervo!  Gritó nuestro compañero José María Pinzón Rico, y en el acto le contestaron sus copartidarios.

— ¡Viva López! gritamos, y las bóvedas retumbaron con los gritos de los liberales.

Encantados al oír que las barras atendían nuestras invitaciones a gritar, repetimos la exclamación cuantas veces pudimos.

Al recoger los votos el escrutador Argáez, se le cayó el puñal que llevaba oculto: un individuo de la barra lo recogió y entregó a su dueño, quien le dijo sonriendo: |es mi limpiadientes.

El Presidente del Congreso dispuso que no se adjudicaran a ninguno de los candidatos los votos en blanco que pudieran resultar en el escrutinio que se iba a repetir, y como el Representante Murillo preguntara a aquél que cuál era la mayoría que debía computarse en ese caso, se le contestó que la de los miembros presentes.

Del segundo escrutinio resultaron:
    42votos por el doctor Cuervo;
    40por el General López, y
    2en blanco.

Aquel fue el momento de verdadero peligro para todos los que estábamos en el templo.

De entre los que llevaban en las barras la cuenta de los votos, salió una voz que dijo: ¡ganó Cuervo! en la creencia de que la mayoría obtenida en el escrutinio que acababa de pasar, era suficiente para su elección.Al mismo tiempo cayeron con estrépito las tablas de madera que servían de antepecho para dividir el recinto del Congreso, del que ocupaba el público, hecho producido por el empuje de los que estaban atrás, con el fin de colocarse en las primeras filas; pero que en la excitación que dominaba los ánimos se entendió por algunos como señal de que había llegado el instante fijado para atacar al Congreso, cuyos miembros pusieron de manifiesto las armas que llevaban. Cada cual victoreaba a su candidato, los puñales lucían en el aire, amartillábanse las pistolas, algunos diputados rodearon la mesa del Presidente, quien hacía sonar la campana con verdadero frenesí, sin que nadie le prestara atención; otros permanecieron amilanados en sus asientos, y los más animosos se subieron sobre las mesas y curules para pedir al público que se aquietara y respetara la majestad de la Representación nacional, al mismo tiempo que ponían de manifiesto que no estaba consumada la elección en favor del doctor Cuervo. En una palabra, todo era confusión, alarma  y gritos que cesaron luego, cuando las barras advirtieron que era necesario continuar la votación. Al fin se logró restablecer la calma y hacer salir del recinto de la sesión a los que con buenas o malas intenciones se habían introducido en él.

El estallido casual de una pistola, el más ligero ataque personal o cualquiera otro accidente de esta clase, habría producido sangriento conflicto: felizmente no pasó de ahí el bochinche, y, restablecido el silencio, manifestó el Presidente que se vería en el caso de hacer despejar las barras si no guardaban la circunspección que debían.

Nos llamó la atención la imperturbable calma con que don Mariano Ospina sacó de un bolsillo una pistola y la colocó impasible sobre la mesa que tenía al frente.

Llevada a cabo la tercera votación, dio el siguiente resultado:

Por el General López........ 42
   Por el doctor Cuervo........ 39
   En blanco........................   3

Tampoco hubo elección, y como trataran de repetirse los desórdenes anteriores, el Presidente suspendió la sesión y ordenó al Gobernador de Bogotá, que estaba presente, que hiciera despejar las barras. El señor Urbano Pradilla, que ejercía ese empleo, tuvo la feliz ocurrencia de subir al pulpito, y desde aquella eminencia manifestó al Congreso que estaban tomadas las medidas conducentes a la seguridad de sus miembros, y exigió del público, en términos comedidos, que obedeciera la orden del Presidente. En pocos instantes quedó desocupada la iglesia, y únicamente quedaron los diputados en sus asientos, el Gobernador en la puerta, los dominicanos en el coro en actitud de ver los |toros desde la barrera, y nosotros, que en calidad de curiosos, nos agazapamos en un rincón del altar que existe detrás del pulpito.

En cuanto al pueblo, se situó en el atrio en actitud de espera, en la calle donde estaba formado un batallón y en el gran patio del convento.  Si el objeto de tanta bulla tendía a intimidar a los cuervistas, era claro que se había logrado éxito completo, puesto que ya sólo se oían los gritos de ¡viva López! ¡Viva el pueblo soberano!

Al continuarse la sesión, propuso el General Ortega que se suspendiera la elección de Presidente de la República hasta que las Cámaras designaran nuevo día y hora para hacerla, proposición que fue negada, pero que dio ocasión a que, entre otros, los Representantes doctores Juan Antonio Pardo, Manuel de Jesús Quijano y Juan Nepomuceno Neira, unos de los pocos cuervistas que conservaron serenidad en aquella borrasca, pronunciaran elocuentes discursos en que se manifestaba entereza de alma y dignidad personal inquebrantable. Esfuerzos perdidos, porque el miedo de algunos diputados se medía por cientos.

La lectura de los votos del tercer escrutinio se oía con imponente atención y calma, hasta que el Secretario don Ignacio Gutiérrez Vergara leyó, recalcando  en cada palabra: " |Voto por el General José Hilario López, para que |el Congreso no sea asesinado. Mariano Ospina". Al instante se produjo la tempestad entre los congresistas, quienes se hacían cargos unos a otros, y cuyos confusos altercados llamaron la atención del Gobernador, quien, al acercarse para saber la causa, nos descubrió en nuestro escondite, nos asió bonitamente de una oreja con sus dedos de tenaza, y nos plantó en la puerta del templo, en medio de la rechifla de los espectadores y muchachos, a quienes proporcionamos un rato de solaz con aquel percance que no estaba en el programa de la función.

Al cuarto y último escrutinio terminó el laborioso parto del Congreso, a las cinco de la tarde.

45diputados votaron por el General López, y 39por el doctor Cuervo.

De manera que sin tomar en cuenta el voto del doctor Ospina, de quien con toda evidencia se puede asegurar que no tuvo miedo, necesariamente se pasaron al General López cuatro cuervistas o goristas, entre los cuales deben contarse los de los contumaces o |votantes en blanco, quienes no es de suponer que a última hora votaran por el candidato derrotado.

La noticia de la elección del General López produjo vivo entusiasmo en el pueblo que rodeaba la iglesia. La gritería era aturdidora: unos se abrazaban y estrechaban, aun a riesgo de asfixiarse; otros tiraban al aire los sombreros; los diputados lopistas eran victoreados al salir del templo, asidos de brazo con los congresistas meticulosos; los cohetes y repiques en la torre de La Catedral anunciaban a la ciudad que ya había Presidente electo, y los partidarios del candidato triunfante recorrían las calles precedidos de las músicas militares del Batallón número5°y de la Guardia nacional, a los gritos de ¡viva López! ¡viva el pueblo soberano! ¡viva el Congreso!

Los cañones que estaban preparados para la defensa del Congreso en la plazuela que había en el sitio que hoy ocupa el Banco de Colombia y las casas adyacentes, en cuyo frente estaba el Cuartel de Artillería, sirvieron para saludar al futuro Presidente de la República. Lo propio sucedió con el escuadrón |Húsares y demás batallones que, con igual destino, permanecieron todo el día sobre las armas.

Las únicas desgracias personas que hubo de lamentarse en aquel día, fueron las de atropellados por algunas personas a caballo, quienes no pudieron dominar sus asustados corceles, que se desbocaron al llegar a la esquina del puente de Cundinamarca, por los cañonazos que se disparaban en la bocacalle.

Al pasar uno de los grupos por el pie de la torre norte de La Catedral, se encontró con el Presidente, General Mosquera, vestido de medio uniforme y con la banda tricolor, que iba para su casa de habitación, situada  al frente de la iglesia de La Enseñanza. Al verlo, lo victorearon; pero una voz desconocida gritó: ¡vivan las víctimas de Cartago! El General se detuvo, y con la altivez y dignidad que lo caracterizaban, contestó con grande energía |: "si veinte veces me encontrara en la misma situación, procedería como entonces.."
— ¡Viva el Presidente! gritó el grupo. — ¡Viva el General López! ¡viva el pueblo soberano! contestó el Presidente, y siguió su camino.

Recordamos, por último, que faltábamos en nuestra casa desde por la mañana, y resolvimos volver a nuestros lares. Entramos dándonos aire de vencedores, y la primera persona que nos salió al encuentro fue nuestra santa madre, que era cuervista hasta la médula de los huesos.

— ¿Quién triunfó? fue la primera palabra que nos dijo.
   — ¡Viva.López, candidato popular!  gritamos con todos nuestros pulmones.

Aún no habíamos terminado la frase, cuando la mano abierta de la adorada madre cayó como una catapulta sobre nuestras mejillas....

Como documentos poco conocidos de  los contemporáneos, reproducimos en seguida el acta de la memorable sesión; la nota por la cual puso el Congreso en conocimiento del Poder Ejecutivo la elección del General López y la contestación de éste.

El entonces Oficial Nicolás Díaz fue el comisionado por el Gobierno para llevar el nombramiento al General López, que se hallaba en el Gigante.

En cuanto al Congreso, hizo caso omiso de los incidentes ocurridos en la sesión del7de marzo, y no volvió a ocuparse en el asunto.

El General López llegó a Bogotá el25del citado mes de marzo, en medio de numeroso y entusiasta concurso, montado en el magnífico caballo ruano que brillantemente enjaezado le envió el Presidente Mosquera, y el domingo 19 de abril siguiente tomó posesión de la Presidencia, en la misma iglesia en que se le había elegido. El discurso que le dirigió el doctor José Ignacio de Márquez. Presidente del Congreso, empezaba así:

"Hoy principia, benemérito ciudadano,  el período de vuestra Presidencia, y vais a prestar en mis manos, ante esta augusta Asamblea, en presencia de este inmenso concurso, el juramento santo que la Constitución prescribe".

Las frases escritas en el voto que emitió el doctor Ospina el7de marzo, fueron la piedra angular sobre la cual se levantó la oposición que combatió sin tregua la Administración presidida por el General López.

|De los ochenta y cuatrocongresistas que asistieron a la solemne sesión, sobrevivieron en respetable ancianidad y gozando del aprecio de sus conciudadanos:

El Ilustrísimo señor  Bonifacio Obispo |in partibus de Centuria.

   Los doctores Juan Antonio Pardo Vargas,
   El señor Ramón Argáez, y
    El General Braulio Henao.

 

ACTA DE LA SESION DEL CONGRESO DEL DIA SIETE DE MARZO DE1849

En la ciudad de Bogotá, a las diez de la mañana del día siete de marzo de mil ochocientos cuarenta y nueve, reunidas en Congreso las Cámaras Legislativas, con el número de veintisiete Senadores y cincuenta y seis Representantes, en la iglesia de Santo Domingo, fue leída y aprobada el acta de la sesión del día de ayer, e inmediatamente después el señor Representante Manuel Vélez hizo  la siguiente proposición: 'Suspéndase la sesión del Congreso e instálese inmediatamente la Cámara de Representantes para recibir el juramento constitucional al Representante suplente del Cauca, señor Gregorio Piedrahita'. Puesta en discusión esta proposición, y habiéndose leído el oficio en que el señor Gobernador del Cauca avisa al señor Piedrahita que concurra a la Cámara de Representantes por excusa del principal, se cerró e1 debate y fue aprobada la proposición, En consecuencia,  se suspendió la sesión por el señor Presidente.

Diez minutos después continuó  la sesión con el número de veintisiete Senadores y cincuenta y siete Representantes,  habiéndose abierto y leído sucesivamente los registros de elecciones para Presidente de la República de las Asambleas electorales de los cantones de Popayán, Almaguer y Caloto, de la Provincia de Popayán; los de Riohacha y San Juan de César, de la Provincia de Riohacha; los de la Ciénaga, Tenerife, Remolino, Plato, Valledupar, Chiriguaná y Santamaría, de la Provincia de este último nombre;los del Socorro, cinchara, Charalá, Oiba, Zapatoca y San Gil, de la Provincia del Socorro;  los de Tunja, Santa Rosa, Cocuy, Leiva, Soatá, Ramiriquí, Sogamoso, Tenza, Chiquinquirá y Garagoa, de la de Tunja; los de Vélez y Moniquirá, de la de Vélez; y los de Santiago y Alange, de la de Veraguas; los cuales hacen el número de treinta y cuatro registros, que unidos a los setenta y nueve que se abrieron y leyeron en la sesión anterior, forman el total de ciento trece registros remitidos en pliegos cerrados por el Administrador particular de correos del Distrito del Centro.

Los señores escrutadores dieron cuenta de su encargo, manifestando el resultado del escrutinio y la distribución de los mil setecientos dos votos dados por las Asambleas electorales, en el orden siguiente:

Por el General José Hilario López, setecientos treinta y cinco.

Por el doctor Joaquín José Gori, trescientos ochenta y cuatro. Por el doctor Rufino Cuervo, trescientos cuatro.

Por el doctor Mariano Ospina, ochenta y uno.

Por el General Joaquín María Barriga, setenta y cuatro. Por el doctor Florentino González, setenta y uno.

Por el General Eusebio Borrero, cincuenta y dos; y Uno en blanco.

Total, mil setecientos dos.

No habiendo reunido ninguno de los candidatos la mayoría constitucional, el señor Presidente dispuso, con arreglo al artículo noventa de la Constitución, que se procediese a perfeccionar la elección, eligiendo a pluralidad absoluta de votos, entre los tres individuos que mayor número han obtenido en las Asambleas electorales, el que haya de ser Presidente de la República, y declarando, en consecuencia, que la votación debía contraerse a los señores General José Hilario López, doctor Joaquín José Gori y doctor Rufino Cuervo, que habían obtenido el mayor número de sufragios. Recogiéronse luego por los infrascritos Secretarios los votos de los ochenta y cuatro miembros del Congreso, y hecho el escrutinio por los mismos señores escrutadores nombrados en la sesión de ayer para los registros de las Asambleas electorales, resultaron distribuidos del modo siguiente:

Por el General José Hilario  López, Treinta y siete……….........37
    Por el doctor Rufino Cuervo, treinta y siete........................ 37
    Por el doctor Joaquín José Gori, diez……………………..........10
    Total……………………………………………………..............…...84

 Y como no hubiese elección por no haber obtenido ninguno de los expresados individuos la mayoría que se requiere, se procedió  a nueva votación, contraída a los señores López y Cuervo; pero antes de proceder al acto, el señor Presidente declaró: que habiendo obtenido en el escrutinio que acaba de hacerse, igual número de votos los dos candidatos, no se adjudicaría a ninguno de ellos los votos en blanco que pudieran resultar en el escrutinio siguiente.  El Representante señor Murillo preguntó entonces cuál era la mayoría que debía computarse en este caso, y el señor Presidente declaró que la de los miembros presentes. Previas estas resoluciones, que el Congreso aprobó en el hecho de no haber sido reclamadas por ningún miembro, se procedió a la votación, habiendo dado el escrutinio este resultado:

Por el doctor Rufino Cuervo, cuarenta y dos votos.................... 42
    Por el General José Hilario López, cuarenta............................... 40
    En blanco, dos.....................................................................   2
    Total…….................……………………………………………………….84

      Al enunciarse el último voto que salió de la urna por el doctor Cuervo, conmovióse la barra y prorrumpió una parte del numeroso concurso de espectadores en voces de aprobación e improbación y manifestaciones de descontento, con movimiento de entrada hacia el recinto del Congreso, aumentándose la gritería hasta el punto de no oírse la voz del Presidente que con esfuerzo llamaba al orden, ni la de los escrutadores que publicaban el resultado de la votación. Varios diputados se levantaron entonces de sus asientos y rodearon la mesa del Presidente, mientras que otros, puestos de pie sobre las sillas y mesas, lograron calmar la agitación, manifestando a los espectadores que no había habido elección, y recomendando al mismo tiempo el respeto a la Representación nacional. En medio de esta confusión general, y habiendo entrado muchas personas de la barra en el recinto del Congreso, el señor Presidente se vio en la necesidad de requerir a la autoridad del Gobernador de la provincia de Bogotá, que se hallaba presente, para que restableciese el orden e hiciese cumplir el Reglamento del Congreso, que se había infringido por los espectadores. Obtenido que fue el silencio, y dada cuenta del último escrutinio de votos, el señor Presidente declaró que iba a procederse a nueva votación, por cuanto no había resultado a favor de ninguno de los dos candidatos la necesaria mayoría de cuarenta y tres votos, previniendo al mismo tiempo que se conservase el orden, sin lo cual haría despejar la barra, conforme al Reglamento.  Recogidos de nuevo los votos por los infrascritos Secretarios, resultaron distribuidos del modo siguiente:

Por el General López, cuarenta y dos....... 42
   Por el doctor Cuervo, treinta y nueve....... 39
   En blanco, tres........................................3
    Total……………..............……………………84

 Antes de publicarse el resultado de este escrutinio se notaron en los espectadoras semejantes manifestaciones de desorden a las que había habido en el anterior, y que fueron contenidas de la misma manera, por lo cual el señor Presidente suspendió la sesión y mandó despejar la barra, requiriendo de nuevo para este efecto al señor Gobernador de la Provincia, quien dispuso y consiguió que lentamente se retirasen los individuos de la barra hasta la puerta del templo en que se hacía la elección; después de lo cual, habiendo transcurrido un largo intervalo, continuó la sesión, y el Representante señor Ortega hizo esta proposición: 'Suspéndase la elección de Presidente de la República hasta que las Cámaras designen nuevo día para continuarla'. Puesta en discusión por el señor Presidente, el Representante señor Vanegas reclamó de este procedimiento, por considerar inadmisible la proposición; pero el Congreso, en cuya consideración se puso la reclamación, aprobó unánimente la decisión del señor Presidente. Continuó, pues, la discusión, y en el curso de ella tomaron sucesivamente la palabra varios señores Senadores y Representantes, manifestando algunos de ellos que no había libertad para votar. Cerrado el debate y puesta a votación la proposición de suspensión, fue negada por una mayoría de cuarenta y ocho votos contra treinta y seis. En consecuencia, se procedió a nuevo escrutinio, y recogidos y contados los votos, aparecieron distribuidos así:

Por el General José Hilario López, cuarenta y cinco........................45
   Por el doctor Rufino Cuervo, treinta y nueve................................. 39
   Total……………………………………………………….................………..84

 Y habiendo reunido el General José Hilario López la mayoría necesaria conforme al artículo90de la Constitución, el Congreso lo declaró electo Presidente de la República para el período que da principio el primero de abril del presente año.

Terminado de este modo el objeto de la reunión del Congreso, el señor Presidente levantó la sesión a las cinco de la tarde.

El Presidente del Senado, |Juan Clímaco Ordóñez.— El Presidente de la Cámara de Representantes, |Mariano Ospina.—El Senador Secretario, |Ignacio Gutiérrez.
—El Representante Secretario, |Juan Antonio Calvo".

| Bogotá,7de marzo de1849

 Excelentísimo señor: En la sesión de hoy ha perfeccionado el Congreso la elección de Presidente de la República en la persona del señor General José Hilario López. Y en cumplimiento de mi deber, tengo el honor de comunicarlo aV.E. para su conocimiento.
|
    |J. C. Ordoñez
|    Al Excelentísimo señor Presidente de  la República.
    Bogotá,8de marzo de1849

Excelentísimo señor: Por la nota de Vuecencia, fecha de ayer, me he impuesto de que el Congreso, en sesión del mismo día, ha perfeccionado la elección de Presidente de la República en la persona del señor General José Hilario López.

Soy de Vuecencia atento y respetuoso servidor,
    |T. C. |de Mosquera

Al Excelentísimo señor Presidente del Congreso.

Como epílogo de esta relación, insertamos las cartas que se cruzaron entre el Presidente que iba a terminar su período administrativo y el candidato electo, documentos que honran a sus autores.

Señor General José Hilario López.
   Bogotá,7de marzo de1849

Mí querido José Hilario:

Mando un oficial a comunicarte la elección que ha hecho el Congreso en ti para Presidente de la República, y me glorío de qué harás la felicidad nacional. El candidato de mi corazón no eras tú, sino Barriga; él quedó excluido desde las Asambleas primarias, y los representantes del pueblo te han llamado a obtener el primer puesto de la Nación.  Te considero el representante de la democracia, y te felicito. Desde el primero de abril encontrarás un ciudadano obediente a la ley y el primer soldado para sostener la autoridad que te han dado la Nación y el Pueblo, en tu antiguo compañero y amigo,
|
    |T. C. |de Mosquera

Señor General Tomás C. de Mosquera, Presidente de la República, etc., etc.

Gigante,12de marzo de1849


    Mí querido Tomás:

Satisfactoria me ha sido tu atenta carta de 7del corriente, en que me felicitas por la elección que el Congreso ha perfeccionado en mí para la Presidencia de la República (como candidato de la democracia) en el inmediato período constitucional. La franqueza con que me hablas me complace en extremo, y ojalá sean tu carta y esta respuesta nuevos vínculos que nos unan en lo venidero, después de haberse debilitado terriblemente los antiguos en nuestras cuestiones civiles en que por desgracia hemos estado figurando en bandos diametralmente opuestos. Sin otra pasión dominante que la del próspero porvenir de esta patria, que a ti y a mí nos ha costado sangre y sufrimientos, iré a encargarme del honroso puesto de Presidente de la República; y amaestrado en la escuela práctica de las vicisitudes políticas, mi primer dogma es y será el de la tolerancia más completa y el olvido de lo pasado. Acepta, por tanto, la efusión de mi gratitud por la expresiva manifestación que me diriges, mientras tengo el gusto de verte.

Tu compañero y amigo,

  |J. H. López


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