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Asesinato del presbítero Francisco Tomas Bárrelo I

 El primer crimen que escandalizó a esta sociedad en la época a que nos referimos, por los caracteres de atro­cidad y premeditación que revistió, fue el asesinato del presbítero Dr. Francisco Tomás Barreto, que vivía en la antigua |Calle del Arco llamada así, por el puente elevado que unía el convento de franciscanos con la iglesia de la Tercera, lo que daba a sea localidad un aspecto sombrío, que después se cambió en siniestro, por el crimen de que tratamos. Subsistió aquella preocupación hasta el año de 1863en que se demolió la inútil antigualla colonial, que hizo decir al espiritual Bernardo Torrente, que en Bogo­tá había un puente que sólo servía para pasar por debajo de él.

En el año de1828vivía el presbítero Barreto en la casa que hace frente a la antigua calle llamada de |Los Carneros, o sea bajando por la iglesia de La Tercera, hasta dar frente a dicha calle después de atravesar la nueva que prolonga la antigua de Florián. La casa número146de la calle16tenía portón que daba entrada a un patio, al rededor del cual, por los lados de Oriente y Sur, estaban las habitaciones.

Aquel sacerdote tenía fama de acaudalado, y sin em­bargo, vivía en esa parte, entonces aislada de la ciudad, acompañado de un muchacho que le ayudaba a misa, ate­nido sólo al respeto que inspira el estado sacerdotal, y a una buena lanza colocada cerca de la cabecera de la cama, sin pensar que esa manera de vivir constituía una tenta­ción permanente para los malvados.

Entre ocho y nueve de una noche golpearon en la ca­sa; se preguntó quién era, y como contestaran "la Pinto", abrió la puerta el muchacho. Los asesinos entraron en tro­pel, y sin más preámbulos acometieron a puñaladas al presbítero Barrero, que estaba merendando: éste alcanzó a coger la lanza; pero uno de los asesinos se la quitó, to­mándola por el asta, cortándole con el filo los dedos de la mano, al arrebatársela. El muchacho, en quien los ase­sinos no se fijaron, fue a dar aviso al cuartel de Húsares, que era la casa que pertenece a la familia Valenzuela.

El único móvil de este crimen fue robar al doctor Ba­rreto, después de asesinarlo.

Dado el denuncio por el muchacho que los conoció. resultaron comprometidos el coronel Almeida, que ya an­tes había dado muerte al cura de |Quebradanegra; una mujer llamada Dolores Pinto y Manuel Vega, su esposo; Pioquinto Camacho y los negros Amarantos, esclavos de Almeida, que era dueño de la antigua hacienda de |Quebradahonda.                   

Todos quedaron convictos y en consecuencia fueron condenados a muerte: la ejecución tuvo lugar al frente de la cárcel, que estaba situada en el lugar que hoy ocu­pa el gran patio del Capitolio.

Al coronel Almeida se le fusiló después de degradarlo; a Vega, la Pinto, Camacho y los negros Amarantos se les ahorcó sacándolos a todos de la cárcel, arrastrados sobre un cuero de res en que había un gallo como emblema de ferocidad, una culebra que representaba la alevosía, y un sapo para expresar la premeditación y frialdad en la co­misión del delito. Después de la ejecución se cortaron los brazos a los ajusticiados y se colgaron en cruz sobre la puerta de la casa donde se llevó a cabo aquel crímen.

 

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