El último acontecimiento extraordinario de la clase de los que
venimos refiriendo tuvo lugar en el año de1857 en la representación
de
|Fe, Esperanza y Caridad. Un borracho consuetudinario se
subió al proscenio y se sentó tranquilamente en un sofá sobre el
cual departían dos de los personajes del drama. Sorprendidos éstos,
exigieron al intruso que desocupara la escena; pero como se
denegara a ello, trataron de sacarlo a la fuerza, y al tomarlo de
un brazo para hacerlo levantar, se agarró aquél del espaldar del
sofá con la mano que le quedaba libre: al estrujón que le dieron se
volcó el mueble, quedando todos debajo, como
|Sansón con todos
los filisteos. La caída del telón puso fin a tan grotesca
escena.
En el año de1853acometió el laborioso e inteligente señor don
Lorenzo M. Lleras la empresa de formar una compañía dramática,
compuesta de nacionales: introdujo notables mejoras en el edificio
y sustituyó el alumbrado de sebo por el de aceite cambiando los
|tremotiles primitivos. Con las actrices señora doña
Margarita Escobar de Isáziga y señorita Emilia Ortiz, y con los
señores Eloy y Manuel Isáziga Juvcnal Castro, Honorato Barriga,
Rafael Vargas, José Manuel Lleras y algunos otros aficionados logró
instaurar en Bogotá la mejor compañía del país que hemos
tenido.
Como un estímulo a los autores dramáticos, se pusieron en
escena, según recordamos, las siguientes piezas, con buen
éxito:
|Un alcalde a la antigua, Dios corrige, no mata, yLos
Aguinaldos,por don José María Samper.
|Teresay
|el Reloj de las monjas de San Plácido, por
don Lázaro M. Pérez.
|Pascual Bruno,por don Leopoldo Arias Vargas, y
|filma, por don Felipe Pérez.
Ya desde el año de1849se habíarepresentado por la compañía
Velabal, el muy aplaudido drama de don José Caicedo Rojas, titulado
|Miguel de Cervantes Saavedra, y anteriormente se pusieron en
escena con aplauso:
|Gonzalo de Córdoba, y
|El Conde don
Julián, de don Francisco de Paula Torres, y
|Los proscriptos
conjurados, de don Rafael Alvarez Lozano.
Esta compañía trabajó con éxito hasta el año de1858, en que
llegó la primera compañía de ópera italiana, compuesta de las
prima donas Rosita Olivieri, de Luisia, soprano, y Marietta
Pollonio de Mirándola, contralto; Enrique Rossi Guerra, tenor;
Jorge Mirándola bajo, y Eugenio Luisia, barítono. Hizo su estreno
con
|Romeo y Julieta de Bellini, el27de junio de dicho año,
con gran éxito. Rosina interpretaba la parte de
|Romeo,
produciendo en las mujeres un conflicto
|psicológico
insoluble: todas salieron del teatro perdidamente enamoradas
del héroe veronés interpretado por una mujer! Fue en esa época
cuando se introdujo la costumbre de obsequiar a las artistas
arrojándoles coronas y ramilletes de flores.
Con esa compañía vino don Guillermo Fruedenthaler, maestro
director de orquesta y concertador.
En Santa Fe era módica la entrada a los espectáculos teatrales:
un palco de segunda fila valía$ 2.40;uno de primera,$1.60; uno de
tercera, cuando no se destinaba para gallinero,$ 1.20;la entrada
general,40centavos! La compañía Fournier alzó los precios de los
palcos a$ 4.80; $ 3.20 y$ 2.00,respectivamente,40centavos la
entrada y20centavos el parque de orquesta; y la de Rosina también
elevó los precios de los palcos a$ 6.40,sin distinción de filas,
para rehabilitar los que de tiempo atrás estaban desacreditados;
la entrada a 60 centavos y el parque de orquesta a 40centavos.
Compárense los precios antiguos con los de hoy, y se verá cuánto
hemos adelantado en prodigalidad!
Otro modo ingenioso de sacar dinero era el empleado en las
funciones de beneficio. En la puerta de entrada se armaba un solio,
debajo del cual se sentaba el beneficiado, con una mesa al frente y
una palangana de plata, para que al entrar los concurrentes
arrojaran
|con estrépito el dinero que su generosidad les
sugería: las dádivas eran recibidas con aplausos, y la
|pasada
en seco, con rechifla de los que permanecían en el sitio con el
fin de hacer coacción sobre los majaderos.
No podemos pasar en silencio el buen éxito que obtuvo el
malogrado Luis Vargas Tejada, con las primicias de su ingenio.
Compuso e hizo representar los dramas
|Aquimín, Sugamuxi y
|Doraminta.
Pero lo que
|causó furor con justicia, fue el sainete
|Las Convulsiones. Parece que por allá en los años de1820
a1828,se propagó en Santa Fe la epidemia de las convulsiones: se
notó que sólo atacaba a las muchachas de quince a veintiún años,
con la circunstancia agravante de que la enfermedad se recrudecía
cuando entraba de visita en la casa algún joven. También tenía el
mal otro síntoma en extremo alarmante para las madres, y era que la
convulsión terminaba, indefectiblemente, cayendo la enferma en
brazos del visitante.
Por lo pronto se imputó a los nervios la causa del mal; pero
viendo que no lo remediaba todo el toronjil de las huertas, se
empezó a creer que eran
|pilatunas del diablo o cosa
parecida: dondequiera que había niña saltona, la
|furrusca
era permanente, y ya no alcanzaban los religiosos de los conventos
para exorcizar a las que reputaban
|posesas.
Los doctores José Joaquín García y José Félix Merizalde, que
eran muy perspicaces, lograron descubrir un
|sésamo o remedio
eficaz para el acceso, pero momentáneo, pues la enfermedad
repetía; bastaba que los médicos pronunciaron la palabra
|clister o
|lavativa, para que la enferma se
tranquilizara y recuperara el sentido, porque es tradicional el
terror que tienen las mujeres a tan eficaz aplicación.
Pero las cosas continuaban y, lo que era peor, la epidemia
tendía a descender de las capas superiores a las
inferioresqueremos decir, de las
|señoritas a las
|criadasy esto era ya tocar a rebato. Fue entonces
cuando Vargas Tejada dio a luz su inmortal producción, la que
puesta en escena dio en tierra con todas las supercherías de las
amorosas y cuitadas doncellas.
II
Los diversos espectáculos que se daban en el Coliseo o en otros
lugares de Santa Fe, tales como la
|maroma, los caballitos, y
otras variedades, llamaban mucho la atención. Procederemos en
orden.
Para las funciones de
|maroma se arreglaba el teatro de
manera que en el proscenio se colocaba la
|cuerda tesa, y
pendiente del ciclo raso, sobre la platea, el columpio; para los
|caballitos se formaba el circo en la platea y el proscenio
lo ocupaba el público. Entonces no habían recibido aún los
saltimbanquis el título de artistas.
Los
|maromeros se vestían como los antiguos ángeles que
sacaban a lucir en las
|octavas de barrio. Hubo uno llamado
el
|Gran Pájaro, que producía mal de nervios en quienes le
veían arrojarse de uno a otro columpio sobre los espectadores del
patio. Del proscenio saltaba a la mitad de la platea por encima de
veinticinco soldados que, con los fusiles armados de bayonetas y
puestos en pabellones, disparaban cuando pasaba por el aire.
Pero ninguno como el famoso don Florentino Isáziga, natural de
Piura, hombre fornido, de talla mediana,
|cara toso y feo
como hoy se dice, en la Plaza de Bolívar en el año de1847,con una
función sin igual en los anales del funambulismo acompañado de un
indio mejicano llamado Chichiliano y de otros saltimbanquis,, todos
a cual mas de brutos.
En las bocacalles de la plaza se colocaron soldados, para que
sólo entraran a gozar de la bella presencia de don Florentino los
que pagaran un real de
|plata de cruz, que era la moneda
corriente. Del pie de la estatua, atadas a un cabrestante
arrancaban dos cuerdas tesas paralelas entre sí y a una distancia
de ochenta centímetros una de otra, hasta la campana más alta de
la torre de La Catedral. Por ese verdadero camino del cielo
subieron y bajaron, vestidos de peregrinos y cogidos de la mano,
don Florentino y Chinchiliano. Luego quitaron una de las cuerdas, y
por la que dejaron se arrojó Chinchiliano, montado en un cañuto de
guadua, con una banderola roja en cada mano, despidiendo humo a
causa del frote producido por la espantosa velocidad con que
descendía. Para que no se estrellara al llegar al término de tan
vertiginoso descenso, colocaron a trechos, sábanas anudadas a la
cuerda y sostenidas por varios hombres; pero era tal la rapidez de
la caída, que el viajero, las sábanas y los que las tenían fueron a
dar, confundidos, sobre la última defensa que eran unos cuántos
colchones puestos en el cabrestante.
En seguida se colgó don Florentino de los pies, en dos argollas
suspendidas de una barra: en esa posición tomó en las manos un
cañón de bronce, que se cargó y disparó. Aún tenemos presente los
tumbos que dio nuestro protagonistacon el brusco movimiento de
oscilación que le imprimió el rechazo del cañón, lo mismo que la
multitud de chamuscados por el fogonazo.
Y todavía, como si lo hecho no bastara para dejar bien sentada
su reputación de
|bárbaro, ultimó el espectáculo
introduciéndose por la boca, hasta el estómago, una espada formada
por siete hojas de acero, previa lubricación de ellas con grasa, a
fin de facilitar la entrada y salida de tan extraño huésped a las
cavernas torácicas.
Mucho tendríamos que decir si describiéramos todas las
|atrocidades que hizo durante su agitada existencia don
Florentino exponiendo la vida por el afán de ganar dinero y
divertir al público; pero es lo cierto que ese hombre no sufrió
nunca en el cuerpo lesión alguna motivada por las maniobras que
ejecutaba.
Murió mucho después tranquilamente en su cama, con todos los
auxilios espirituales.
La compañía de equitación dirigida por el norteamericano
Johnson, en el año de1849,dio como despedida un espectáculo que fue
el acontecimiento de entonces. En el circo, que se preparó en el
Coliseo, debía presentarse una calesa tirada por doce gatos con sus
respectivos aparejos; al efecto se pidieron prestados en la
vecindad los tales cuadrúpedos y de antemano se solazaban los
muchachos con la maravilla que se les ofrecía.
Llegado el momento de cumplir la promesa los ayudantes del
equitador trajeron con mil dificultades las respectivas parejas,
que por las muestras que ya daban de furor, permitían vaticinar
que la comedia iba a tomar las proporciones de tragedia.
Enganchados los gatos y listos para partir, subió míster Johnson
al vehículo, y lo mismo que hoy hacen nuestros cocheros, empezó por
aplicarles unos cuántos latigazos, y ¡Aquí fue Troya!
|Los
michicos que probablemente sabían que
|un gato acosado se
vuelve tigre, se esponjaron terriblemente, dando bufidos y
resoplidos de indignación; acometieron a arañasos y mordiscos a su
cruel verdugo, volcando la calesa y haciéndole pedazos el vestido
de mallas de seda. El yanqui juraba y blasfemaba en inglés,
pidiendo auxilio contra sus feroces enemigos, que al fin pudieron
zafarse de los arneses que los retenían, saltando sobre los
espectadores que literalmente reventaban de risa. No ha llegado a
nuestra noticia otra diversión en que figuren como actores los
atribiliarios
|misifúes.
Siguiendo la costumbre de los pirotécnicos que dejan el trueno
grande para lo último, daremos cuenta de la atrevida y temeraria
ascensión aerostática, llevada a cabo por el argentino José Antonio
Flórez en el año de1845.
Reunidos los mil pesos exigidos por el aeronauta preparó su
obra en el edificio del Colegio de Nuestra Señora del Rosario; dio
entrada en los corredores altos a los contribuyentes, y en el
patio y corredores bajos a los que pagaban
|un real.
El globo era hecho de fajas blancas y rojas de
|bogotana;
la boca formaba un aro de hierro de dieciseis metros de
circunferencia y se inflamaba por medio de humo caliente, producido
por la combustión de leña y tamo. Para mantener el calor e
impulsar la subida, se le ponía suspendida
|del arco, con
cadenas, una
|canastilla de planchas de hierro llena de
trementina, brea y sebo con mechas. Del aro pendía también la
estrecha
|barquilla de cañas, suspendida con cuerdas y
adornada de dos banderas tricolores enastadas. El globo inflamado
se alcanzaba a ver desde la calle, y apenas eran suficientes
veinte hombres para sujetario.
Terminados los preparativos,
|se presento FIórez con
pañuelo blanco en la mano, vestido con sombrero de pelo gris,
levita de color azul turquí, abrochada, pantalones color de perla y
borceguíes de charol. Se introdujo en la barquilla, se asió con la
mano izquierda de una de las cuerdas, y con voz firme dijo:
|suelten!
El monstruo partió como un cohete, derribando de paso el alar
del tejado, en el ángulo noroeste del edificio, y descalabrando a
aquellos cuya mala estrella había colocado al pie del siniestro.
La muchedumbre que ocupaba la parte baja del edificio, se precipitó
sobre la puerta para salir a la calle; pero como sólo estaba
abierto el postigo, se formó allí aglomeración de personas de uno y
otro sexo que se estrujaron sin misericordia, a fin de conseguir, a
lo menos, salir de ese dédalo en que se habían metido; hubo gente
que quedó
|en cueros y los más perdieron los sombreros, la
capa, la mantilla o alguna otra prenda del vestido.
Los
|orejones de la Sabana que habían venido a ver la
ascención, recorrían las calles a escape, atropellando a todo el
mundo para seguir la ruta caprichosa que tomaba el globo; los de a
pie corrían en distintas direcciones. y hasta los balcones y
tejados de las casas estaban atestados de curiosos. Si en ese
momento hubiera llegado a la .ciudad algún
|viajero
científico, habría escrito en sus apuntes:
|"Santa
Fe es un manicomio de América".
Entretanto, el globo recorría majestuoso los ámbitos del cielo,
enseñando sus entrañas de fuego, cuyas llamas lamían la tela de
donde pendía la vida de un hombre: FIórez, de pie, saludaba con su
pañuelo blanco a la ciudad, que en esos supremos instantes tenía
fijas en él todas sus miradas.
Al salir el globo, se dirigió hacia la plazuela de San
Francisco; pero en breves instantes, y siempre elevándose tomó la
ruta del Boquerón, entre Monserrate y Guadalupe; en esa posición
permaneció estacionario por algún tiempo, y ese fue el momento de
mayor angustia para la multitud.
A la altura a que se hallaba el globo, apenas se distinguía el
aeronauta. Este arrojó una de las banderas y todos creyeron que era
él el que se había desprendido! La impresión de curiosidad y
asombro que dominaba a los espectadores, se cambió por la de horror
y lástima; de los campanarios, repletos de sacerdotes y religiosos,
se enviaban absoluciones a voz en cuello, y no faltaba quien le
echara la culpa de la muerte de ese hombre a la autoridad que había
permitido semejante acto de temeridad.
El globo empezó a descender y entonces pudo verse al atrevido
argentino que desprendía un lado de la barquilla y se descolgaba
por una cuerda amarrada a la misma, a fin de tocar tierra antes que
el globo, el cual se dirigió a las torres de La Catedral,
chorreando lamparones encendidos de los que no podía defenderse el
|navegante, y al fin cayó sobre el edificio del Hospital de
San Juan de Dios, en la parte situada en la calle de San
Miguel.
FIórez alcanzó a retirarse antes de que le cayera encima esa
mole de hierro y fuego; pero al chocar la
|canastilla con el
tejado, se derramó el líquido encendido que contenía y corrió por
las canales en forma de lava, que al caer, quemó a los muchos
curiosos que estaban en la calle, y puso al mismo tiempo en gran
peligro el hospital.
La llegada de tan extraños huéspedes produjo en aquella casa de
beneficencia el más atroz pánico porque se esparció la voz de que
el edificio ardía por los cuatro costados; los enfermos, en
camisa, corrían de una parte a otra pidiendo misericordia, pues ya
se daban por muertos.; y en aquella
|Torre de Babel, el único
que tuvo juicio fue el padre hospitalario Fray Mariano Vargas, a
quien por ser loco no le cobijó la ley que suprimió los conventos
menores. Se paseaba tranquilamente por los claustros, frotándose
las manos y diciendo a los que se le arrimaban:
|Carnestolendas!
Carnestolendas!
Las consecuencias.de esa
|diversionsita fueron para Santa
Fe de más significación que las de la entrada de
|Los Guaicas
a Bogotá; pero como todo está compensado, los estragos que
especialmente afectaron a la gente de faldas, tuvieron su
|contra-fómeque en el aumento prematuro de población.
Poco tiempo después hizo aquel
|gaucho otra ascención en
la plazuela de San Victorino, en las mismas condiciones que la
primera, y fue a caer en la quinta de
|La Floresta, abajo de
la antigua
|Alameda, de donde los
|orejones lo trajeron
a caballo en triunfo hasta la ciudad.
Pero
|tanto ya el cántaro al agua hasta que por fin se
rompe aquel temerario terminó sus aventuras en un descenso que
hizo en Guatemala en menos tiempo del que quisiera. Como tenía que
suceder algún día, se le incendió el globo a quinientos metros de
altura, y cayó el desgraciado sobre unas rocas, de donde lo
recogieron con
|garlancha para poderlo echar a la
sepultura.
En el año de1850se apareció un venezolano de apellido Parpacén,
y ofreció ascender en globo alimentado por fuego, mediante el pago
de mil pesos.
Se reunió el dinero, se hizo el globo y se infló en el sitio que
hoy ocupa el anfiteatro anatómico en el hospital; pero al tiempo de
subir le dio
|canillera al areonauta, quien pretextando
|una necesidad, puso pies en polvorosa, y no paró hasta que
llegó a Honda, en donde se echó río abajo en el primer champán que
encontró. Hasta hoy lo esperan los espectadores chasqueados, como
los judíos al Mesías.
En los tiempos modernos hizo en esta ciudad varias ascenciones,
en globo de percal, protegido por malla de cáñamo, inflado con aire
caliente, sin canastilla y sentado en un trapecio el intrépido
Antonio Guerrero. Admiraba la serenidad de aquel hombre que hacía
|planchas, molinetes y mil diabluras más en el espacio, sin
tomar precaución alguna para el caso de accidente. Tal ha sido la
historia de la navegación aérea en esta ciudad.
Se nos olvidaba mencionar la compañía inglesa de equitación, que
fue la segunda que vino a Santa Fe, en el año de1843,pues ya se
había visto la famosa compañía del mismo género trajo en1833Mr.
Johnson. Se componía de dos caballitos negros, bellísimos, sobre
los cuales hacían equitación dos grandes
|monos africanos;
dos camellos que corrían en el circo y un enorme elefante, que
era, como todos los de su especie, muy inteligente y benévolo. En
los colmillos le ponían un aditamento en que se acostaba el
director e introducía la cabeza en la boca del elefante. Lo hacían
echar por tierra para que se le subieran tantoscuantos le cupieran
de la cabeza a la raíz de la cola; pero al levantarse, todos
rodaban, y entonces el siamés les hacía cosquillas con la trompa y
se veía lo que gozaba con la impresión de terror que producían sus
cariños de
|lienzo gordo.
En el ramo de cubileteros (hoy prestidigitadores), hemos visto
cosas muy buenas, aunque no han faltado escamoteadores que se han
reído a costa de los bolsillos y de la simplicidad de los
santafereños y bogotanos.
En cierta ocasión vino una francesita que exhibía las
habilidades de un
|perro sabio que era un
|can blanco,
lanudo y con el pelo recortado. La
|madama aparecía en el
proscenio vestida con traje fantástico y con una varita mágica en
la mano. Llamaba al perro, que saltaba sobre una mesa en que había
flores y una baraja extendida que sólo podía ver la
prestidigitadora. así las cosas, decía el perro, en español
afrancesado: "muéstra
|clavelo blanco; muestra
|clávelo rojo; muestra
|as oros; muestra
|as
copas". Cansado el público con tanta
|muestra
resolvió terminar la función con un salva de panelitas de leche de
las que vendían en una cantina en el teatro: al día siguiente la
policía obligó a la
|gabacha a que pagara ocho pesos que
valían las panelas expropiadas a la cantinera por el respetable
público, fundándose en que
|el que es causa de la causa es causa
de lo causado.
En1842llegó a esta ciudad el célebre prestidigitador
equilibrista Mr. Phillips y
|su presunta esposa, bellísima
mujer: trajo aparatos y útiles adecuados para sus funciones, que
eran brillantes. Gozó de gran favor en el público sensato por las
maravillas que ejecutaba, pero entre el vulgo se aseguraba que
tenía parte con el diablo; de seguro lo habrían quemado vivo si
hubieran logrado apoderarse de él.
III
Como dijimos anteriormente, la compañía de Rosina fue la primera
que nos hizo comprender el mérito de la ópera italiana. Después de
|Romeo y Julieta puso en escena a
|Norma, Lucrecia Borgia,
Lucía de Lammermoor, Marino Faliero, Hija del Regimiento, Hernani,
Atila, Barbero de Sevilla, Macbeth y María de Rohan; Hernani y
Macbeth no gustaron.
En el año de1863volvía Resina con otra compañía de ópera; pero
la sorprendió la muerte en Honda, hecho que produjo penosa
sensación en esta ciudad, porque esa notable artista gozó del
cariño y de las simpatías de todas las clases sociales. Para
reemplazar a Rosina los señores Luisia y Rossi Guerra hicieron
venir, en el año de1864,dos actrices «de Italia; Assunta Masseti y
Luisa Visoni; ambas eran tipos de belleza, pero la primera era una
muchacha de22años, traviesa y en extremo simpática. A decir
verdad, excepto en la Traviata, que interpretaba admirablemente,
era una mediana primadona a la que todo se le perdonaba por el
encanto de su persona. En esa temporada se pusieron en escena las
siguientes óperas, nuevas para Bogotá:
|Los dos Foscari, Elixir
de Amor, Gemma de Vergy, Masnadieri y Belisario. Pero la
ejecución de estas óperas y de las otras que dieron no fue
satisfactoria, porque el tenor Rossi y el barítono Luisia estaban
ya gastados y empobrecidos de la voz. Ambos murieron más tarde en
esta ciudad, en extrema miseria.
Algún tiempo después se formó otra compañía compuesta de la
señorita Eugenia Bellini, bella muchacha de diez y ocho años: de
sus padres y de los señores Oreste Sindici, tenor, y Egisto
Petrilli, barítono, ambos jóvenes y de voces excelentes. Pusieron
en escena, como óperas desconocidas en esta ciudad:
|La
Sonámbula, Rigoletto, Baile de Máscaras, Don Pascual, Luisa Miller
y El juramento. también llegó en la misma época la compañía de
que hacia parte doña Matilde Caballetti, el tenor Octavio Tirado,
y Compagnoli; pusieron en escena como nuevas,
|Los Lombardos, La
favorita y Los Mártires.
La compañía de la señora Marina Barberi de Thiolier, primadona;
de su esposo, bajo, de Baratini, bajo bufo, y de los restos de las
compañías anteriores cantó en Bogotá, en1876,por primera vez.
|Linda de Chamounix y
|Crispino y la Comadre.
Hasta el año de1874,ocho años después, no vino la Compañía de
ópera italiana, que con fondos particulares se hizo venir de
Europa. Constaba de la Fiorellini, primadona; la Forlivesi,
contralto; Colucci, que es el mejor tenor que ha venido al país;
Succi, barítono, y Pelleti, bajo. También vinieron cinco músicos,
entre quienes se contaban el señor Mancini, contrabajo; Emilio
Conti, Francisco Giglioli y Bounafede Petini, solista de
trombón.
Entonces se oyeron por primera vez
|Yone, Ruy Blas, Marta y
Ester, esta última del colombiano José María Ponce de León.
Después de esta compañía volvió Petrilli con la Pocoleri, las
hermanas D'Aponte, el tenor Ponseggi, bajo De Santis y otros
artistas más que medianos; puso en escena el
|Fausto, de
Gounod, pero tan mal interpretado, que no agradó. Después vino la
señorita Emilia Benie, quien con algunos artistas que se quedaron
en esta ciudad, y con el colombiano Epifanio Garay, pusieron en
escena, con grande éxito,
|La Florinda, del maestro Ponce de
León.
La situación política del país alejó a los artistas hasta el año
de1894,en que trajo don Francisco Zenardo, empresario del Teatro
Municipal, la compañía que inauguró este edificio con
|Hernani. Durante la temporada de seis meses, sólo dieron
como nuevas para Bogotá, las óperas
|Aida y
|Guarani.
El personal era de condiciones mediocres en el arte; pero la Poli y
la Sartini, que sí eran artistas, interpretaban bien, la primera a
|Aida, y la última, entre otras, a
|Leonor en la
|Favorita. Fue entonces cuando se oyó el arpa, por primera
vez, haciendo parte de la orquesta.
En el mes de julio de este año empezó sus trabajos la compañía
lírica mejor organizada y más completa que hemos oído en nuestro
teatro. Se componía de los siguientes artistas: Rosina Aymo
primadona absoluta, soprano dramático; Anina Orlandi, contralto;
Alaira Panzini, soprano ligero; Cristina Iprignoli, comprimaria;
Arnaldo Ravagli, tenor; Aquiles Alberti, barítono; Ezio Fucilli,
bajo; Pedro Osti, tenor secundario; Pedro Bugamelli, barítono
secundario; Luis Bergami, bajo bufo; Felipe Benicore y Adolfo
Magni,
|partiquinos; Fernando Mancini y Augusto Azzali,
directores de orquesta y los coristas de uno y otro sexo.
Nos dieron a conocer a
|Carmen, La Fuerza del Destino,
Hugonotes, Gioconda y Cavallería Rusticana.
Como habrá notado el lector, que haya tenido la paciencia de
seguirnos en estos bosquejos, sí se exceptúan las óperas
|Fausto,
Carmen y Marta de la escuela francesa, y
|Hugonotes, de
la alemana, todas las otras pertenecen a la escuela italiana,
siendo ésta, a nuestra manera de ver, la causa de que el público
se hastíe de espectáculos que, sin disputa, son los más brillantes
y amenos.
Hay que empezar, como hace cuarenta años, por formar y educar
el gusto; pero si sólo se presentan obras de un mismo género, sin
dejar campo para establecer comparaciones, y más que todo, sin
poner de manifiesto las inmensas bellezas de la música clásica de
otras escuelas, sucederá lo que a un cocinero que presentara
preparados los mejores manjares a tarde y a mañana, todos los días
del año, con una sola sustancia alimenticia: empalagaría y
estragaría el gusto.
Para terminar haremos mención de la compañía mimoplástica de
Keller, polaco, con la cual sorprendió y divirtió a Bogotá, en el
año de1863.La formaban su hija Agustina, preciosa muchacha de diez
y ocho años: Manuela Bergani, francesa; dos jóvenes hermanos,
norteamericanos, y algunos nacionales. Los cuadros causaron
verdadera admiración, no sólo por la completa semejanza con los
originales, cuanto porque los iluminaba por la combustión del
magnesio, que produce los efectos de la luz eléctrica.
Entre los cuadros profanos se contaban:
|El Triunfo de
Galatea, La lluvia de oro. El rapto de las Sabinas, Tetis
conduciendo la armadura de Aquiles; y entre los religiosos,
|Caín y Abel, Jesús bendiciendo a los niños, La mujer adultera,
El Pasmo de Sicilia, La cena de Leonardo de Vinci, y
|El
ultimo suspiro del Salvador. Produjo este último un
sentimiento indefinible de piedad; pero la autoridad eclesiástica
lo sensuró por ser lugar profano donde se exhibía el misterio de
laRedención.Las funciones se amenizaban con baile y pantomima que
dejaban en los concurrentes gratas impresiones.
Y como espectáculo era fácil en su preparación, porque los
personajes eran mudos, pronto se aclimató en nuestra sociedad
hasta ponerse de
|moda: rara fue la casa en donde no se
dieron cuadros mimoplásticos en que servían de actores bellas
señoritas, formándose así núcleos de agradables reuniones de
familia, que dieron fin a la división causada en nuestra sociedad
doméstica por la agitada política de esa época.
Concluiremos haciendo votos porque eche raíces en Bogotá la
costumbre de asistir al teatro, no sólo entre la gente acomodada
sino también en la clase obrera para que tenga lecciones objetivas
de cultura y se aleje de las tabernas que devoran la salud y el
ahorro; pero para esto es indispensable que los empresarios de
teatro hagan algo en beneficio de la última.