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PROLOGO

|         Un día de julio de 1891 llegó a las oficinas de "ElTelegrama"',donde se encontraban su Director, Jeró­nimo Argáez, y el poeta Alejandro Vega, un su amigo, em­pleado público, quien recordó a los dos que el siguiente día, 18del mes, era el aniversario del fusilamiento del famoso doctor Russi. Narrado por el visitante el suceso, instáron­le los dos amigos a que escribiera para el periódico el epi­sodio referido, y como replicara que una cosa era cacarear y otra poner el huevo, ofrecióse Vargas a recoger en el pa­pel la conversación del narrador, la que pasada a las ca­jas, salió luego en las columnas del periódico. Gustó tanto al público, que el autor siguió escribiendo sus recuerdos, dándolos a la publicidad, de suerte que, recogidos en libro por la "Librería Colombiana", salieron ocho volúme­nes, bajo el tituloReminiscencias, Santa Fe y Bogotá, por José María Cordovez Moure. Varias ediciones, de inusita­da circulación, h icieron del libro uno de los s leídos y de su autor uno de los más populares en Colombia. Por ventas y posadas, en casas y oficinas, fue hallado a la ma no para descanso de desvelados caminantes y para entre­tenimiento de todos.

La grande y la pequeña historia, a todo lo largo del sigloXIXy los comienzos del presente, corren fluidas por sus páginas, con la naturalidad de las aguas mansas de los arroyuelos, con la limpidez y facilidad de las mismas. Eso y el interés de lo narrado, la forma diáfana como cuenta lo que vio o lo que oyó de boca de actores y testi­gos, han hecho del libro, hoy de difícil adquisición, una indispensable fuente de conocimientos de los sucesos y ocu­rrencias de la época del nacimiento de la República y de las múltiples fases porque ha pasado esta sociedad colom­biana.

Desde el10de agosto de 1819, día de la entrada de Bolívar a Bogotá, cuando, al decir de Joaquín Tamayo, empezó para Colombia el referido siglo, hasta el año de 1909, fin de esa centuria según el mismo autor, todo lo notable ocurrido entonces se contiene en las "Reminiscen­cias', crónica de los sucesos referidos y memorias del es­critor.

La Gran Colombia, arrullada por el toque de las dia­nas de Boyacá, nacida en el Congreso de Angostura al soplo de Bolívar, como escudo con que se presentaban es­tos pueblos a la escena del mundo a dar remate a la epo­peya del continente y principio a las nacionalidades surgi­das de esa lucha de semidioses, asoma allí con todo el per­fil de su grandeza, con el peso enorme de sus laureles y de sus triunfos, con su dolorosa agonía. Hecha para los pla­nes magnos del Libertador y de su portentosa y múltiple actividad en perspectiva de siglo, fenece su vida cuando termina la del gran Vidente, se inicia su ocaso con el cre­púsculo del Padre. Así, roto el vaso se diluye el perfume; caído el pedestal, se fragmenta la estatua; destrozado el molde, se hace tripas la arcilla,

La época de la Nueva Granada cuyos agitados comien­zos y sucesivos cambios y transformaciones políticas y so­ciales constituyen nuestra edad media, pasa allí con sus actores, los segundones de la magna guerra, los asisten­tes a los iniciales congresos de la nación. La incipiente organización pública de entonces, incapaz, por su debilidad, de dar protección a los derechos individuales, hizo que la persona buscara por sí misma la justicia vindicativa, y así las calles y plazas centrales de la capital fueron teatro de trágicos sucesos, donde la vida se jugaba con desparpajo mayor que el que gasta quien hoy se distrae en un campo de deportes. Procesos ruidosos que terminaban en los ban­quillos de la plaza o alargaban el desenlace a favor de la impunidad y de la inseguridad, o multiplicábanlo en en­cuentros personales, son allí recordados. Como el delito en­gendra el delito, según cantó Arboleda, pasan en las "Re­miniscencias" familias enteras signadas para el martirio, para rendir la vida a golpe de arma en ocasiones frecuen­tes. La fuerza vital que generara lo heroico en la gesta li­bertaria, diluida en trances pueriles, bajo el impulso de pasiones primarias, produce el crimen personal, el hecho sangriento, sólo recordable por el ocasionado escándalo.

La Confederación Granadina, ensayo cruel del septem­brino don Mariano Ospina, quien buscaba con él que el organismo político se inmunizara tomando el veneno, apli­cando así a lo social la doctrina de las consecuencias que en lo individual condenara, los rumbosos nueve estados del pacto de unión con sus fugaces gobiernos bienales, sus gue­rras domésticas de estado a estado, sus soberanos congresos y sus generales y presidentes, su famoso 23 de mayo, el no menos sonado10de octubre, las ejecuciones de la Huer­ta de Jaime, los sitios y asaltos a la ciudad, los crímenes famosos, los duelos llevados a cabo, reviven del libro con el colorido del recuerdo, con la vivacidad de quien guardó frescas las impresiones que en su espíritu y en el alma del pueblo causaron tales acontecimientos.

Lo acaecido en los preludios de la regeneración, la suerte varia de las ligas políticas que precedieron al86,las costumbres de los santafereños, las fiestas y regocijos popu­lares, pasan por esas páginas con la animación de la realidad con la atracción grata de las cosas idas.

Hombre de viajes y de correrías, diplomático ocasio­nal en su juventud, Quito y Lima de entonces, con sus características especiales, hallan lugar en su recuerdo. Las ur­bes de Europa también toman sitio en las narraciones refe­ridas.

Una amarga filosofía, fruto de duros sucesos económi­cos de familia que rondaron sus años primeros, se mezcla con la gracia santafereña, para comentar lo narrado. Don­dequiera, campea la bondad de corazón, la fuerza del obser­vador tenaz que no desperdicia detalles, que fija en relieve lo que, al parecer insignificante, puede, después, dar expli­cación lógica al suceso, que fue, o pudo ser, eslabón de un proceso de transformación social.

Este delicioso discurrir por los caminos de la trama histórica o de los chismes lugareños, con el liviano fin de contar lo sabido sin propósito de buscar celebridad, la ha dado y mucha, al libro de Cordovez, sobre casi toda la pro­ducción de su época. Hay libros que fueron escritos en el empeño preconcebido de deslumbrar a la posteridad y que hoy nadie recuerda. En cambio éste, modesto como fuera su dueño, es amigo de grandes y pequeños, de doctos y aprendices, de rentados y menestrales.

Nació Cordovez en Popayán, el12de mayo de l835; murió en Bogotá, donde creció y fundó su hogar, el 1° de junio de 1918.—B. R.

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