INDICE




|Capítulo nueve
 

 

Cómo se partió don Juan de Vargas con los setenta | 1 hombres a Cocama y lo que le sucedió.
 

 

 

Queriendo don Juan de Vargas cumplir lo que su gobernador le había mandado, tomó un bergantín de los que habían hecho y con ciertas canoas recogió los setenta hombres restantes, y partiéndose del astillero por principio del mes de Julio del año de sesenta, comenzó a navegar el río abajo, y llegando a la provincia de los Caperuzos y no hallando allí a García de Arce, no curó de detenerse, mas pasando de largo fue por sus jornadas contadas agua abajo al río de Cocoma, donde no hallando a García de Arce, que se había pasado de largo el río abajo, dio orden en subir el río de Cocoma arriba, a buscar la comida para esperar al gobernador, y dejando algunos soldados de los más enfermos y para menos en la boca del río, en guarda del bergantín, se fue en las canoas que tenía el río arriba, por el cual caminó veinte y dos jornadas, al cabo de las cuales halló ciertas poblazones de indios y mucha comida de maíz, en las cuales, tomando algunas piezas o indios, machos e hembras, para su servicio, y todas las canoas y maíz que pudo cargar, dio la vuelta a donde había dejado el bergantín, y halló la gente que allí había quedado muy fatigada de hambre, tanto que de esta causa y alguna leve enfermedad, halló muertos tres españoles y muchas piezas de servicio, con la cual llegada se alegraron mucho todos los enfermos y aun los sanos, por haberles venido algún remedio con qué mitigar alguna parte de la fatiga que la canina hambre les daba.

Estuvo aquí el capitán don Juan de Vargas esperando al gobernador más de dos meses, en el cual tiempo los soldados que con él estaban, o persuadidos de la ociosidad que allí tenían o pareciéndoles mal la tardanza del gobernador, andaban buscando orden cómo salir de aquel mar dulce. Hubo dos opiniones o maneras de motín, porque según se dijo, estaba la gente hecha dos parcialidades, y los unos eran de parecer que matasen al don Juan de Vargas, y se fuesen la vuelta del Pirú, por el propio río de Coma arriba; otros decían que no, sino que vivo dejasen allí al don Juan, y ellos se fuesen, porque después no les calumniasen alguna cosa sobre su muerte; y como en nada nunca se conformaron, nunca vino a efecto el un propósito ni el otro, ni tampoco se trató tan públicamente que pudiesen ser castigados por ello, mas que después se supo, y con la venida del gobernador se mitigó todo, como adelante se dirá.

 

|Capítulo diez
 

 

Cómo salió Pedro de Orsúa de los motilones y se despobló el pueblo de Santa Cruz y echaron los barcos en el río; y de cómo la gente se quiso amotinar y huir del astillero, y él los aplacó. |
 

 

 

Queriendo el gobernador Pedro de Orsúa acabar de salir con su gente e ir en seguimiento de los que adelante había enviado, se partió de los motilones, donde había estado todo el tiempo que se tardó en juntar la gente, echando por delante todos los soldados que allí tenía, y demás de esto persuadió e importunó a los que estaban por vecinos y habían poblado aquel pueblo de los motilones, que lo dejasen y se fuesen con él a aquella jornada, haciéndoles grandes promesas y teniendo con ellos grandes cumplimientos, los cuales, vencidos de las nuevas palabras y corteses razones que el gobernador les había dicho, dejando lo cierto por lo dudoso, despoblaron su pueblo de Santa Cruz de los motilones y se fueron con el gobernador al astillero, trayendo por delante todo el hato y aparato que allí tenían.

Llegado que fue el gobernador al astillero con toda esta gente, luégo dio orden cómo echasen los barcos y bergantines que halló hechos en el río; y por causa de no ser la madera tan recia ni bien sazonada como se requería, y por ser allí la tierra demasiada de húmeda y muy lluviosa, al tiempo de echarlos en el agua se quebraron todos los más, que no quedaron sino solamente tres chatas y un bergantín, lo cual fue causa de detenerse más tiempo.

El gobernador procuró hacer canoas y balsas en que pudiesen caber todos y caminar el río abajo; y como todas estas chatas y bergantín quedaron tan mal acondicionadas, antes de haber navegado la mitad del viaje se perdieron y quebraron las dos de ellas, como adelante se dirá; y así, por defecto de haberse quebrado todos los más de los barcos y no tener la copia de ellos que era menester, se hubo de quedar como se quedó en el astillero todo el más aderezo que los soldados tenían para su jornada, como eran caballos y ganados y otras cosas que en la jornada no se podían pasar sin ellas, de lo cual recibieron tan gran descontento todos los más de los soldados, que casi amotinados se quisieron volver a Pirú, y de hecho se volvieran si el gobernador no se diera tan buena maña como se dio a mitigarlos, prendiendo a unos y halagando a otros y disimulando con otros y haciendo generales amonestaciones a todos, poniéndoles por delante lo poco que perdían en lo que allí se les quedaba y lo mucho que aventuraban a ganar en la jornada que llevaban entre manos, y dándoles a entender que sentía él más la pérdida de lo que allí quedaba que sus propios dueños, pues como gobernador estaba después obligado a proveer a todos; y así aplacó a toda la gente, y sin que nadie se le huyese se embarcaron en su bergantín, balsas y canoas todos los soldados y servicio, y de trescientos caballos no pudieron llevar más de cuarenta, y los otros se quedaron perdidos en el astillero, con todo el ganado, que de todo género era mucha cantidad.

 

|Capítulo once
 

 

En el cual se trata de la partida de Pedro de Orsúa del astillero, y de lo que les sucedió en el río hasta los bracamoros. |
 

 

 

A los veinte y seis de septiembre del año sesenta, se partió el gobernador Pedro de Orsúa del astillero con todo el restante de la gente que le  había quedado, los cuales partieron con todo el descontento posible, así por los caballos y ganados y otras cosas que allí dejaban, como por el gran peligro en que iban a perder las vidas a causa del mal aderezo que llevan para navegar  y de la grandeza de aquel río, donde si en medio de él se vieran en algún aprieto de quebrarse el bergantín, pudiera ser  perderse la gente por no poder tomar tan en breve la tierra, y porque, como he dicho, iban las chatas y bergantines muy mal acondicionados.

El segundo día de su navegación dejó el armada todas las sierras atrás, y desde allí adelante todo fue tierra llana hasta la mar del norte. Al tercero día de navegación que llevaban, dio el bergantín en un bajó, y por ir tan mal acondicionado como iba, se le saltó un pedazo de la quilla, donde estuvieron en harto peligro de perderse los que iban dentro, si no lo remediaran con mantas y lana.

El gobernador, aunque vio en este riesgo el bergantín, no curó de detenerse, mas siguiendo su viaje fue sin parar hasta la provincia de los Caperuzos, donde halló a Lorenzo Salduendo, a quien él había enviado delante dos o tres días en balsas y canoas con ciertos soldados, a que le tuviese junta alguna comida, el cual lo había hecho así. Donde a dos días llegó el bergantín, que se había quedado atrás, con harto trabajo, y allí lo aderezaron dentro de otros días; y repartiendo el gobernador la comida que allí había hallado junta, entre todos los de la armada, envió que se fuese delante el bergantín quebrado con la gente que llevaba, y por caudillo de ella a Pedro Alonso Galeas, para que llegando donde don Juan de Vargas estaba, a la boca de Cocama, diese noticia de cómo iba el gobernador, y porque si él se detuviese en el camino tuviesen esperanza los que estaban con don Juan que llegaría presto el gobernador.

El bergantín, caminando sin se detener como le fue mandado, llegó al río de Cocama, donde hallaron la gente con el alboroto que atrás se ha contado; y vista la llegada del bergantín y la nueva que les dieron de la venida del gobernador, se aseguraron todos, y se holgaron unos con otros. Donde a pocos días se partió el gobernador Pedro de Orsúa de la provincia y pueblos de los Caperuzos, caminando agua abajo su poco a poco, holgándose y recreándose toda la gente unos con otros, saltando y durmiendo cada noche en tierra, porque las noches no navegaban con temor de no caer en algún peligro; y con esta bonanza llegaron a un río que por mano izquierda de esta derrota entra y se junta con el río de los Motilones, por donde iban navegando, que se llama el río de los Bracamoros, y nace cerca de los nacimientos del río de los Motilones, en una provincia que se llama Guanuco, y él se llamó de este nombre, Bracamoros, porque empieza a pasar por una provincia llamada Bracamoros, pasando antes por Guanuco el viejo y por entre Cajamalca y Chachapoyas, creciendo cada vez más por las muchas vertientes que a él acuden, de tal suerte que cuando entra en el de los Motilones, parece dos veces mayor que él. Júntanse estos dos ríos ciento y veinte leguas del astillero, y había de sus nacimientos a la juntas trescientas leguas.

Estuvo en la boca del río de los Bracamoros el gobernador ciertos días, porque envió por él arriba alguna gente en canoas a buscar comida y poblazón, y hallaron ser todo despoblado; y vueltos, y sabido esto el gobernador, se partieron su derrota del río de los Motilones.

 

Capítulo doce

 

 

En el cual se trata de cómo partió el gobernador de los Bracamoros y llegó a Catoman, y de cómo se partió de Cacoman y del nacimiento de Cacoma, y de lo que sucedió hasta llegar a otro río que dijeron ser el de la Canela. |
 

 

 

Partido el gobernador de las juntas del río de los Bracamoros, caminó sin tener ningún suceso en favor ni desfavor que de contar sea, mas de con su buena esperanza, y al cabo de haber navegado cien leguas, llegaron a las juntas de Cocama, donde halló a don Juan de Vargas con la gente que habemos dicho, algo desbastecida de la comida que había traído de los pueblos de Cocama, por el mucho tiempo que allí habían estado esperando al gobernador y siempre se había sustentado la gente de lo que habían traído.

Holgáronse todos, unos con otros, y el gobernador repartió la comida que allí halló entre todos, y deseando2,en aquel río ocho días toda el armada se partió junta con harto desabrimiento, por no tener ninguna noticia de García de Arce, que ya dijimos que salió al principio con treinta compañeros y se fue a la isla de García, donde a esta sazón se estaba; y porque a la salida de este río se quebró el bergantín que había traído delante don Juan, que estaba ya podrido, y echaron toda la gente y hato que en él venía, en balsas y canoas entre el río de Cocama, por mano derecha del río de los Motilones, después de haberse juntado con el de los Bracamoros.

Sus nacimientos son en el Pirú; y porque no hay certidumbre cuáles sean, diré aquí las opiniones que en ello hay, y algunos quieren decir que los nacimientos de este río de Cocaman son Aporima, y Mancay, y Nacai, con los ríos de Uilcas, y Parios, y Xauxa, y otros muchos que con éstos se juntan. Otros quieren decir que este río es un río grande que nace de las espaldas de Chinchacocha, en la provincia de Guanuco, que pasa por los asientos y pueblos que llaman Paucar, Tambo | 3 y Guacabamba, y se junta con los ríos que salen de Tarama y con los que vido y pasó el gobernador Gómez Arias en lo que llaman de Ruparapa; y afirman ser este río, porque antes de él no entra otro ninguno por aquella banda en el río de los Motilones, y porque este río es casi tan caudaloso como el de los Bracamoros, y siendo tan grande no puede ser sino el que aquí se apunta por respeto de las muchas aguas y vertientes que en si recogen juntos estos tres ríos, es a saber: el de los Motilones y el de los Bracamoros y el de Cocoma. hacen en si un tan gran cuerpo de río, con ayuda de ciertos arroyos y esteros que entre medias se recogen, que osan afirmar los que lo anduvieron que con dificultad se hallara en el mundo otro mayor que el que digo, en esta parte, que por más abajo donde se juntan otros ríos, no se hallará en el mundo otro como él.

Estos tres ríos que habemos dicho son muy abundosos de pescado, tortugas, hicoteas y aves que: en él se crían, en las playas, en las cuales se hallan muchos huevos de hicoteas y de caimanes, y se toman las mismas hicoteas, que era muy gran parte del mantenimiento para los soldados.

Yendo caminando el armada por este río abajo, de ordinario por los brazos de a mano derecha, sin tener ninguna controversia más de la que se dijo de la pérdida del bergantín a la salida de Cocoma, al sexto día encontraron de repente unos indios que estaban en una playa pescando, los cuales, como vieron el armada, desamparando lo que allí tenían, se huyeren y metieron la tierra adentro, de suerte que no pudo ser habido ninguno. Lo que estos indios tenían era sus canoas y más de cien tortugas y hicoteas, con mucha cantidad de huevos, con lo cual no poco contento tuvieron los soldados, por no ir tan bien proveídos de lo necesaria como se requería. Partiose esta vitualla y despojo entre todos, y hecha la partición siguieron su viaje el río abajo;  llegaron a otro río que con este de su navegación se juntaba a mano derecha, no menos caudaloso que el de los Motilones. No hubo piloto que atinase qué río fuese éste, aunque algunos quisieron decir que era el de la Canela, por donde bajó el capitán Orellana, que nace en Pirú, a las espaldas de Quito, en los Quijos, y después pareció no ser él sino otro que está la | 4 más abajo, junto a la isla de García, del cual se hará mención adelante; y así este río que primero llamaron de la Canela no se supo qué río era.

 

|Capítulo trece
 

 

Cómo llego el armada a la isla de García, y de la propiedad de la gente de ella, y de lo demás que en ella sucedió. |
 

 

 

Después de haber partido el armada de las juntas de Cocama, y navegando ocho días con la bonanza que se ha dicho, llegó a la isla de García, donde hallaron los treinta españoles con su caudillo y hechos fuertes y casi perdida la esperanza de la venida del gobernador, y algo fatigados de las muchas guazabaras que los indios les habían dado, aunque por la fortaleza o palenque que habían hecho en aquella isla, y por los muchos indios que habían descalabrado y hostigado, estaban algo descansados, que ya los indios no les perseguían ni daban guazabaras como al principio.

Holgose el gobernador y todo el campo con la vista y hallada de García de Arce y sus compañeros; y por ser esta isla la primera poblazón que desde los Caperuzos toparon, porque todo lo que del río atrás quedaba, que era más de trescientas leguas, todo fue despoblado se detuvo aquí el armada ocho días o más, así porque descansasen los soldados y remeros, como porque los caballos que hasta allí nunca habían saltado en tierra, los sacasen a pasear; en los cuales días el gobernador envió gente a descubrir la tierra firme del río de la una banda y de la otra, y nunca se pudo hallar camino ninguno. Empezaron de aquí para abajo los soldados a tener guazabaras de mosquitos zancudos, que con sus importunas voces y agudos aguijones los trataban tan mal que algunos enfermaban de ello y llegaban a punto de muerte.

Llamábase el principal de esta isla el papa, por lengua propia de la tierra; era la gente de ella bien agestada y crecida; andaban vestidos con camisetas pintadas de pincel, y su mantenimiento es lo ordinario de las Indias, maíz y chicha, que es su principal sustento, y batatas, de lo cual hacen pan y vino, y otros géneros de potajes, que los tienen en tanto como los españoles su muy preciosas comidas sus casas o bohíos son cuadrados y grandes; sus armas son algunos dardos arrojadizos, hechos de palma a manera de gorguces vizcaínos; tíranlos con unos amientos de palo que para aquel efecto tienen hechos, que llaman estolicas, y los hay en la mayor parte de las Indias.

Quebrose en esta isla una de las chatas, que por haber salido del astillero tan mal acondicionada venía ya podrida y toda abierta y hendida, de suerte que en ninguna manera se podía navegar con ella. Viendo asímismo el gobernador el mucho trabajo que pasaba en haber de gobernar él solo toda aquella gente, acordé nombrar quién le ayudase: nombró en esta isla de García por su teniente general a don Juan de Vargas, que hasta allí no lo había nombrado, y por su alférez general a don Hernando de Guzmán, que después, en pago de esta buena obra, lo mató; y un poco más abajo de esta isla entra el río de la Canela, por donde abajó el capitán Orellana, del cual y de sus nacimientos aquí no se trata porque de la historia del capitán Orellana se hizo acerca de su bajada por este río, se da por extenso particular cuenta del río de la Canela y de sus nacimientos y navegación.

 

|Capítulo catorce
 

 

Cómo el gobernador se embarcó en la isla de García y fue hasta Carau, donde le salieron de paz los indios. |
 

 

 

Acabado el tiempo dicho se embarcó el gobernador con su gente en las chatas y bergantín que le había quedado, embarcando los caballos que tenía en ellas, que serían treinta y siete, porque hasta allí se le habían muerto tres, y toda la más gente en canoas y balsas. Comenzó a navegar por el brazo del río que iba a mano derecha de la isla, por donde topó muchas islas que el río hacia, las cuales eran pobladas, y los moradores se habían todos alzado con el miedo que de los españoles tenían, por la mala vecindad que García de Arce y sus compañeros les habían hecho los días que estuvieron en la isla arriba dicha. Solamente se hallaban en los pueblos de estas islas la comida de maíz, yuca y batatas que tenían en el campo sembradas, y algunas gallinas y gallos blancos de España y algunos papagayos y guacamayas blancos, cosa cierta vista en pocas partes en las Indias.

Yendo de esta suerte navegando de isla en isla, aprovechándose de lo que hallaban, dieron de repente, después de haber navegado algunos días, en un pueblo de indios que estaba en la mano derecha del río, en la tierra firme, la gente del cual asímismo estaba alzada por la noticia que de la crueldad de los españoles tenían; el cual pueblo se llamaba Carari, y así se llamó la provincia de Carari.

En este pueblo salieron algunos indios por el agua a ver el armada desde lejos, porque con el temor que tenían no se osaban llegar muy cerca.

Fue Dios servido que estando el armada en este pueblo de Carari, vino un cacique con ciertos indios de paz y trajó cierto pescado y otras cosas de comer, al cual el gobernador recibió muy bien y lo halagó y dio algunas cosas, como fueron cuentas y cuchillos, por ver si podía hacerles perder el miedo y que diesen unos a otros noticia del bien que les hacía,   para qie comunicándose con los españoles tuviese el gobernador alguna claridad de la tierra, llevando enhilada la paz el río abajo.

Envió luego el gobernador este cacique muy contento con los rescates dichos, el cual dio la nueva del buen tratamiento que se les hacía a sus compañeros, por los cuales sabido comenzaron a venir de paz muchos de ellos, trayendo de las comidas que tenían, las cuales les pagaba el gobernador a fin de tenerles propicios y contentos para el efecto dicho; y temiéndose que los soldados, como la mayor parte son atrevidos, especialmente con indios chontales, no les hicieron alguna molestia o vejación, con que les diesen ocasión a que la paz que había dado y él tanto procuraba y deseaba conservarla, quebrasen y se alzasen, mandó que ningún soldado tratase ni rescatase con los indios, sino que los dejase ir a donde él estaba y después de haberlos contentado, repartiría la comida que trajesen entre los soldados que más necesidad tuviesen; el cual lo hacía así, aunque algunos soldados no lo tuvieron por bueno, y no haciendo mucho caso de los que el gobernador había mandado, a escondidas rescataban con los indios, unas veces contentándolos con dádivas y otras veces quitándoles lo que traían al mojinete; y de esta suerte se navegó algunos días por esta provincia de Carari, y con toda esta seguridad no esperaban los indios en sus pueblos, sino poniendo en cobro sus mujeres e hijos e hacienda, salían por el río en sus canoas a rescatar como está dicho.

 

|Capítulo quince
 

 

Cómo envió el gobernador a descubrir, y de cierto motín de Montoya, y cómo fueron castigados los culpados, y de las opiniones de la provincia. |
 

 

 

Viendo el gobernador la mucha poblazón y gente que ribera del río había en esta provincia de Carari, acordó ver si aquella poblazón entraba la tierra adentro, y si podía hallar algún principio de la tierra  y noticia que buscaban, y así,  nombrando por caudillo a un Pedro Alonso Galeas, con ciertos soldados, lo envió a que fuese la tierra adentro y anduviese por ella ciertos  días, al cabo de los cuales volviese con respuesta de lo que hubiese; quedando él con el armada y la demás gente en un pueblo que en aquella provincia estaba orilla del río, en el cual había parado para este efecto.

Visto lo mandado por el gobernador, se partió Pedro Galeas con la gente que se le encargó, y caminando la tierra adentro por un estero o laguna que cerca de aquel pueblo se hacía, topó un camino en la tierra firme que se metía por una  montaña muy espesa, y caminando por él encontró con unos indios que venían cargados de casabe y otras cosas, las cuales, sintiendo a los españoles y extrañando la gente, dejando las cargas que traían, se pusieron en huída, de suerte que los soldado no  pudieron haber de ellos sino una india que pareció ser de diferente nación que los que estaban poblados en la barranca del río, porque así en la lengua, que no se entendía, como en el traje y hábito, era muy deferente de la otra gente, a la cuál, preguntándole por señas donde estaba su tierra, respondió e dio a entender con señales que hizo, que estaba cinco días de camino allí, y porque se acababa el término que el gobernador les había dado, en el cual habían de volver a donde él quedaba, no curaron de pasar de allí, antes luego dieron la vuelta a donde el gobernador estaba, y le hicieron relación de los que había pasado, al cual hallaron algo afligido, porque un Alonso de Montoya, soldado muy bullicioso y que deseaba todo mal al gobernador, había convocado ciertos soldados a que se juntasen con él y tomando algunas canoas y lo demás que hubiesen menester y pudiesen llevar, diesen la vuelta al Pirú por el río arriba, lo cual no faltó quién lo descubrió al gobernador, y averiguando ser verdad este concierto, muy enojado del Alonso de Montoya, porque demás de esto se le había querido amotinar otra vez e irse con algunos soldados, lo echó en prisión en una collera, sin querer usar con el rigor y castigo que merecía, lo cual le cayó después a cuestas; y porque pareciéndose que había alguna manera de castigo, a los que claramente por sus bullicios merecían pena afrentosa, les mandaban que fuesen bogando algunos días en los bergantines y canoas, a los cuales los que deseaban mal a Pedro de Orsúa incitaban diciéndoles que más les valía morir y que hiciesen justicia de ellos que no que los trajesen afrentados como en galera remando; y esto no sin falta de malicia, porque los que lo decían y trataban eran los propios que mataron después al gobernador, de donde se colige que lo hacían con intento de tener aquellos soldados propicios así, para que fuesen con ellos en efectuar su mal propósito.

El gobernador, aunque le trajeron aquella señal de haber gente la tierra adentro, no curó de detenerse más allí, así porque la noticia en cuya demanda iba se decía Omegua, y en aquella tierra no hallaba señal de tal nombre, como porque tenía los navíos y bergantines muy mal acondicionados y tratados, y porque no le faltase antes de llegar a Omegua, diciendo que ya que aquel caudillo y soldados que él había enviado, no habían querido pasar adelante de donde tomaron la india, que ya no era justo que se volviese a ello ni el armada se detuviese allí más tiempo, y así se partió el armada de esté pueblo.

Fue navegando el río abajo hasta que sin saberlo llegó al cabo de la poblazón, a la cual algunos quisieron decir que era otra provincia llamada Manicuri, que era nombre de un pueblo de aquellos, y que toda la poblazón que había desde la isla de García hasta donde estaban, que eran más de ciento y cincuenta leguas, eran dos provincias, la una llamada Caricuri, y la otra Manicuri. Otros fueron de otra opinión, y ésta es la más cierta; que por causa que toda la gente de estas ciento y cincuenta leguas de poblazón era toda una propia lengua y traje y trato y armas, que toda era una provincia, y que Caricuri y Manicuri eran nombres de pueblos y no de la provincia.

En todo este tiempo que duró esta poblazón, la gente salí a de paz en canoas, navegando entre la armada, rescatando lo que traían, unos con el gobernador y otros con los soldados escondidamente, como está dicho, por causa de lo que el gobernador había mandado, el cual, aunque lo sabía, con unos disimulaba y a otros reprendía de palabra.

Traían los indios de esta provincia algunas joyas de oro fino, como son orejeras, caricuries en las narices y orejas; y aunque la poblazón tura tanta distancia, tiénese por muy cierto que no es mucha esta gente, porque los pueblos son pequeños y apartados unos de otros media jornada y una, y según el parecer y opiniones de muchos, a lo más largo habrá en esta poblazón diez mil naturales, antes menos que más, que es harto poco para tanta distancia de tierra.

Había en esta provincia muchos géneros de frutas de las de la tierra, y gran cantidad de mosquitos, así de los zancudos vocingleros como de los importunos jejenes.

Aquí se acabó de anegar y perder un bergantín que había quedado, y quedaron solas dos chatas en que iban los caballos, y fue necesario rehacerse de más balsas y canoas para en que se metiese la gente del bergantín.

 

|Capítulo diez y seis
 

 

Cómo pasada la provincia de Carari dieron en un despoblado, y la necesidad que en ella se pasó, y de cómo llegaron a Mochofur, y de lo quacaeció a la entrada de él.

 

 

 

Habiendo navegado el gobernador por la provincia dicha, y teniendo entendido que pasaba adelante la poblazón, no curó de preguntar a las guías ni lenguas si había despoblado de allí para bajo, lo cual fue causa de pasar muy grande hambre y necesidad, porque dieron en un despoblado del río que turo nueve días; y como la gente había salido desapercibida de la provincia de Carari, creyendo topar luégo que comer, acabóseles bien breve lo que llevaban, y pasaron tan grande necesidad que en todo lo demás de este tiempo no se comían entre los soldados sino algún pescado que con anzuelos pescaban y algunos bledos y verdolagas que en la playa del río se hallaban, y tortugas y icoteas, y esto no en mucha abundancia, porque no en todas partes lo había.

Tiénese por muy cierto que si el despoblado turara más, que muriera e peligrara alguna gente con la mucha hambre que pasaron. Culpaban todos en esto al gobernador, por no haber hecho con diligencia el desamen que era obligado. En este despoblado se hallaron dos bocas de ríos grandes, no muy apartadas la una de la otra. Conociéronse porque las barrancas tenían altas y bermejas y venían algo turbios, por lo cual se conjeturó que no venían muy lejos sus nacimientos. Entran estos dos ríos en el del Marañón por la banda de mano derecha.

No quiso detenerse el gobernador en ellos a descubrir y ver si eran pobladas, por la mucha falta que tenían de comida, y así se pasó de largo, y sin se detener en ninguna parte más de las noches que no navegaban, al cabo de los nueve días llegó a un pueblo que estaba poblado a la barranca del río y bien descuidada la gente de él de la venida del gobernador ni de su armada. Los indios de aquel pueblo, como vieron los españoles, temiéndose del daño que les podía venir, juntaron todas sus mujeres y hijos con toda la diligencia posible y metiéndolos en las canoas que allí tenían, los echaron el río abajo, y ellos se quedaron a punto de guerra, todos juntos en su pueblo, con sus armas en las manos, que eran tiradores, dando muestras de querer defender sus casas.

El gobernador tomó los soldados que más cerca de sí halló con sus armas, y él con su arcabuz en la mano tomó la delantera, saltando en tierra, yéndose para donde los indios estaba. Mandó a los soldados que ninguno disparase arcabuz ni acometiese sin que él lo mandase. Llevaba el gobernador un paño blanco en la mano, con el cual por señas llamaba a los indios, dándoles a entender que no les quería hacer mal. Los indios se estaban quedos en su escuadrón, puestos en arma, y reconociendo los halagos que el gobernador hacía por señas con el paño, se apartó del escuadrón un indio que parecía ser cacique o principal de aquella gente, y con unos pocos de indios se vino a donde el gobernador estaba, tomando del paño que tenía una vara, mostrándose amigable a los españoles, se metió entre ellos; los demás indios se apartaron a un cabo, en una playa que allí estaba, y teniendo sus armas en las manos, juntos en escuadrón, se estuvieron allí hasta que llegó toda la más gente del armada, que venía algo atrás. Pidioles el gobernador por señas que les diesen cierta parte de aquel pueblo, con la comida que en los bohíos había, para aposentar su gente, y que en lo demás se estuviesen ellos y sus mujeres y hijos. Mostraron los indios voluntad de que eran contentos de ello, y así mandó el gobernador aposentar en aquella parte del pueblo que señaló toda la gente del armada, poniéndoles grandes penas y estatutos para que de allí no pasasen a los otros bohíos o casas.

Holgáronse todos de la llegada a este pueblo, así por descansar del trabajo pasado, como por sacar los vientres de mal año con la mucha comida que en él se halló, así de maíz y tortugas como de otras comidas de la tierra.

Tenían los indios de este pueblo a las puertas de sus casas hechas unas lagunillas y alrededor cercadas de palos, y dentro muchas tortugas, de las cuales había tanta cantidad que al parecer de todos pasaban de seis mil. Los soldados de la armada, se aprovecharon de todo el maíz y tortugas y otras comidas que había en los bohíos o casas de aquella parte del pueblo donde se aposentaron, que había para todos. Los indios, no estando satisfechos que los españoles les guardarían lealtad y amistad, acordaron poner en cobro aquella comida que a ellos les había cabido en suerte en la parte del pueblo que les quedó, y así la comenzaron a sacar poco a poco, escondidamente, lo cual visto por los soldados, no curando de guardar ni cumplir lo que tenía mandado su gobernador, y temiéndose de otra necesidad como la pasada, acordaron prevenirse buscando las comidas que los indios escondían y trayéndolas a sus ranchos. Procuraba el gobernador poner grandes penas y amenazas para que no se hiciese esto, sino que dejasen a los indios sus comidas, y no aprovechaba nada, y por ver la desvergüenza que en ello había, prendió algunos soldados y mestizos, para atemorizar a los demás, entre los cuales prendió un mestizo, criado de don Hernando de Guzmán, su alférez general, lo cual visto por algunos émulos del gobernador, procuraron luégo hacer entender a don Fernando de Guzmán que era muy grande afrenta aquella que se le había hecho; y esto a fin de tener ocasión de tratar con el don Hernando de Guzmán lo que llevaba hurdido contra Pedro de Orsúa.

Llamose este pueblo Machifaro. Es la gente de él diferente de la de arriba de la provincia de Carare, así en personas como en trajes y vivienda, y en la lengua, por lo cual se conjetura que nunca fueron avisados estos indios de los de arriba de cómo iban españoles a su tierra.

 

1 Palabra de difícil lectura
2 Por: "descansando"
3 Por: " Paucartanbo"
4 Por "que estaba"

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