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| Capítulo diez y nueve
 

 

|Cómo atravesando ciertas cienagas el teniente Fedreman con su gente, se tomó a arrimar a la sierra, y prosiguiendo su jornada llegó al pueblo de Nuestra Señora.
 

 

Según atrás queda dicho, cómo por no verse Fedreman con su gobernador Jorge Espira dejase el camino de la sierra, pasados los ríos Apure y Zarare, y se metiese por lo llano, dio en unas ciénagas o lagos de poca agua, pero largos y dificultosos de pasar y atravesar, por respeto de ser ellos en sí muy cenagosos y llenos de lama, de suerte que pusieron en gran trabajo así a los soldados como a los caballos para haber de salir de ellos.

Estas ciénagas eran llamadas en lengua de los naturales gatry: orillas estaban poblados Arechona y Caocao. Estos naturales tenían pocas comidas de labor, por ser lo más de sus mantenimientos pescados que de aquellas ciénagas pescaban, lo cual fue causa de padecer muy gran hambre y necesidad los españoles. Estos indios tenían alguna ropa de mantas razonable y cantidad de hilo de todas colores, lo cual, con otras baratijas, escondían por librarlo de la avaricia de los soldados, entre algunos juncales y otros herbazales que en aquellas ciénagas se criaban mas los soldados, que por robar y ejercitar todo avariento acto imitan los rastreadores sabuesos, que por el olor del aire descubre la caza, por partes no pensadas, iban a dar con la miseria que los indios tenían en el agua escondido y se lo llevaban para sus menesteres.

Pasadas estas ciénagas entraron luégo en tierra enjuta, y engolfándose por lo llano, en pocos días perdieron de vista la sierra y cordillera, que casi por guía y lumbre o farol de su derrota traían, donde les faltó tan de golpe la comida que les puso en condición de perecer todos de hambre. Mas esta falta remediaron los caballos, a los cuales comenzó a dar cierta enfermedad de que murieron muchos, y supliendo con la carne de ellos la necesidad de la comida, se alimentaron muchos días, hasta que llegaron a un río algo angosto, pero muy hondable, en cuyas riberas había grandes vestigios y señales de haber habido en otros tiempos grandes poblazones. Alojose allí Fedreman con su compañía, y luégo envió un capitán con gente a buscar comida por los alrededores de aquella provincia, y hallaron, desviado del río, algunos poblezuelos de indios con algunos mantenimientos: tomaron lo que habían menester y algunas piezas de indios e indias naturales de aquellos lugares, y se volvieron a su alojamiento, donde deseando Fedreman saber la causa de la ruina de aquellos poblezuelos, que parecía haber habido ribera de este río, preguntó a los indios que le habían traído, la claridad del negocio, los cuales le dijeron que dentro, en aquél río en cuyas riberas estaba alojado, andaba un animal feroz y bravo, que tenía diversas cabezas, que matando algunos indios había sido causa que los demás se arredrasen y apartasen de aquel lugar y sitio do estaban poblados. De esto no fueron muy maravillados algunos soldados de Fedreman, que demás de haber oído todo el campo los grandísimos bramidos que este animal dio estando alojados riberas de aquel río, lo vieron por sus propios ojos y certificaron ser una muy espantable y fiera que juzgaban tener diversidad de cabezas, y unos la tuvieron por sierpo y otros por culebra.

Aquí le pareció a Fedreman que su gobernador había ya pasado adelante, por lo cual determinó tornarse a arrimar a la sierra, y enviando delante de sí a Pedro de Limpias con alguna gente que fuese descubriendo y a buscar algún lugar para invernar, porque ya se acercaba el invierno, él se partió en su seguimiento con todo el resto de la gente. Pedro de Limpias caminó lo que pudo hasta llegar a un río llamado el Pavto, donde halló cantidad de pueblos y abundancia de comidas y sitio acomodado para tener el invierno; y de allí envió ocho soldados de los que consigo llevaba que volviesen atrás a dar mandado a Fedreman, que poco a poco iba marchando con la otra gente, y por este respeto se hallaba en esta sazón desviado algunas jornadas de donde Limpias estaba. Los ocho soldados que con esta embajada iban, apartándose del camino que habían traído, dieron en un poblezuelo donde había unos pocos moradores, asalteándolo ahuyentaron a los indios y ellos tomaron lo que en el pueblo había, que era algún oro y otras cosas de rescate y algunos indios, y no queriendo pasar de allí por temer que habría adelante indios que les damnificasen o por no perder la presa que en las manos tenían, se volvieron vergonzosamente a donde estaba Pedro de Limpias, el cual, como los viese ir sin llevar recado de lo que les había enviado, disimuló con ellos y envió otros ocho soldados a propio efecto, los cuales llegaron a donde toparon a Fedreman y dándole noticia de a lo que iban, todos juntos se volvieron o vinieron en pocas jornadas a donde Limpias estaba, el cual los salió a recibir al camino a un pueblo de indios, dichos vacoa, donde supo el teniente Fedreman el cobarde hecho que los ocho soldados habían perpetrado en volverse del camino. Hizo en ellos un castigo ejemplar, aunque no conforme a como su cobarde vileza merecía, que quitándoles todo lo que habían robado a los indios, así oro como piezas de servicio, lo dio todo a los otros ocho soldados que en su lugar habían sucedido, y demás de esto les dio por pena que cada uno de ellos cargase en su caballo treinta jornadas a un enfermo de los que en el campo iban y que no tenían caballos.

Alojose Fedreman con su campo en el alojamiento que Limpias le había señalado para invernar, y durante el tiempo del invierno envió ciertas escuadras con gente, que por aquel paraje viesen y descubriesen si se podía atravesar la cordillera, para por allí entrar con toda la gente, los cuales fueron, y después de haber andado algunos días buscando esta entrada, se volvieron sin hallar la que buscaban, por ser allí la sierra muy áspera y que por ninguna vía se pueden meter caballos.

Pasó el invierno sin sucederles cosa próspera ni adversa, y luégo que empezaron a tener alguna rareza las aguas, prosiguió su camino casi por el propio que Jorge Espira había llevado, llevando siempre la sierra a mano derecha y caminando por la falda de ella. En este tiempo sucedió que yendo el campo marchando por una campiña rasa, salió un tigere desvergonzada y atrevidamente, y metiéndose entre la gente que en el batallón iba, con más presteza de la que se puede pensar mató un español y tres piezas, indios ladinos y cristianos, y como al alboroto acudiesen muchos españoles de a pie y de a caballo, dejando el tigere hecho el daño dicho, se apartó muy mansamente sin que ninguno le osase hacer mal, porque no volviese su encarnizada furia contra los demás que le quisiesen ofender. Alojáronse allí cerca por dar sepultura a aquellos cuerpos muertos, y hubiera de ser en más daño y ofensa suya, porque como el tigere volviese a buscar la presa que había hecho y gente que había muerto, entrábaseles por el alojamiento a hacer otros muchos daños, lo cual con continua vela y guardia que toda la noche tuvieron le estorbaron.

Amanecido, Fedreman caminó con su gente, y dende a pocos días llegó al río de Meta, cuyos nacimientos están dos leguas de la ciudad de Tunja, en el Nuevo Reino de Granada, en el camino que de Tunja llevan a la ciudad de Santafé. Llamose este río de Meta en sus nacimientos Bajaca | 16 |.   Ribera de este río de Meta se alojó Fedreman, donde descansó algunos días. Están poblados muchos naturales riberas de él, gente de buena digistión y amigables. Llegan a este paraje aquellos grandes pescados dichos bufeos, que se crían en el mar Océano. Este río se junta con el río Urinoco | 16ª , doscientas leguas apartados de la mar, y ambos juntos, junto a la mar, son llamados el río de Uriaparia, de quien adelante se trata.

Hay en estos llanos de Venezuela cierta nación de indios llamados guashiguas, gente que no viven en pueblos ni son cultivadores ni labradores ni tienen lugar señalado dónde habitan; traen consigo unas tendezuelas hechas de algodón, en que se recogen de noche: susténtanse de lo que salteando roban y hurtan a las otras gentes más nobles, a imitación de los haydones, famosos salteadores que robando y salteando bajan por los bosques de Esclavonia y corren todas las tierras que por aquellas provincias hay hasta los confines de Hungría haciendo extraños daños y maleficios a las otras gentes, teniendo esto por principal oficio para su sustentación.

Estos guahiguas es gente muy ligera y suelta, tanto que con poca delantera que a un caballo lleven, con dificultan les alcanzan. Usan de cierto género de instrumento, hecho a manera de pretales de cascabeles con que entran haciendo estruendo por los pueblos en donde entran a robar. Entiendo que esta propia nación de indios son los que por otro nombre, en estos propios llanos llaman giraharas, que viven de la propia manera que éstos.

Después de haber descansado Fedreman ribera del río Meta algunos días, pasó adelante con su campo, y marchando por la falda de la sierra llegó a la provincia llamada de sus propios naturales Marvachare, que es donde los de Jorge Espira dijeron el pueblo de Nuestra Señora, y esta gente de Fedreman llamaron al pueblo de la Fragua, por haber allí armado una fragua para aderezar ciertas herramientas. Y todo esto es en el territorio donde ahora está poblado el pueblo dicho San Juan de los Llanos, que es del distrito del Nuevo Reino de Granada, de quien en la primera parte de esta Historia queda escrito.

 

| Capítulo veinte
 

 

Cómo atravesando Nicolás Fedreman desde el pueblo de Nuestra Señora la cordillera y sierra, entró en el Nuevo Reino de Granada. |
 

 

Llegado el teniente Nicolás Fedreman al pueblo de Nuestra Señora, en la parte que le pareció más acomodada hizo su alojamiento, y luégo de algunos indios que allí se tomaron procuró informarse y sáber qué disposición de tierra y gente había adelante por la falda de la cordillera, por ver si le convenía pasar adelante, aunque también consideraba que pues Jorge Espira y sus soldados se habían vuelto de hacia aquella parte, como le daban claras señas el rastro de su camino, que no debía de haber ninguna buena tierra por aquella derrota. Los indios le dijeron claramente que no curase de pasar adelante sino que por allí atravesase la cordillera, donde daría en gente muy rica. Fedreman llevaba consigo los aderezos de una fragua, la cual mandó armar allí para aderezar las herramientas que traía gastadas y maltratadas del camino pasado, porque si se le ofreciese abrir alguna montaña o arcabuco se hallase en las manos con qué hacerlo.

Hecho esto tomó consigo una parte de su gente y algunos capitanes y salió a buscar algunos naturales para mejor informarse de ellos de la noticia y nueva que los indios del pueblo de Nuestra Señora le daban, y caminando tres días dio en una provincia de indios llamados operiguas, al principio de la cual halló un pueblo pequeño y recogido, fortificado con un recio y grueso palenque, cuyos moradores en sintiendo los españoles se pusieron en arma defendiendo con obstinados ánimos sus casas. Los nuestros hicieron todo su posible para asaltarlo, mas nunca pudieron hasta que llegándose a él mañosamente lo abrieron por un lado con las hachas y machetes que llevaban, y por un portillo que le hicieron entraron los españoles sin recibir más daño de herirlas un soldado a la entrada de un flechazo. Llamaron a este poblezuelo Salsillas, por parecerles recio el palenque. Este lugarejo es distinto del que atrás dijimos que la gente de Jorge Espira no pudo asaltar y lo llamaron también Salsillas. Rancheose lo que había en el pueblo y tománronse algunos indios, porque todos los más huyeron cuando vieron que los españoles entraban ya en el palenque. De estos indios que aquí se tomaron tomó Fedreman a informarse e inquirir y saber lo que adelante había, los cuales confirmando lo que los de atrás habían dicho, dándoles nueva de mucha gente de naturales que poseían grandes riquezas, y diciéndoles que allí iban muy pocos españoles, que volviesen por los que atrás quedaban, y que ellos les meterían en la tierra.

Con esta buena nueva y guías que ya Fedreman tenía se volvió a do estaba su alojamiento a dar orden en partirse con toda su gente la sierra adentro, para atravesar la cordillera, y llegado que fue halló que la gente estaban faltos de quién las llevasen sus cargas y lo que tenían, porque se les habían huído muchos indios que hasta allí habían traído; y para remediar esta necesidad Fedreman envió tres de sus capitanes con gente por diversas partes a buscar indios para el efecto dicho, y dende a dos días volvieron los dos bien proveídos de naturales, y el otro, que fue Pedro de Limpias, no le sucedió tan bien como a los demás, que fue causa de no acudir tan presto, porque echándose el río Ariare abajo, en un pueblo llamado de sus propios naturales Miyegua, y dando en él halló que los varones y gente para tomar armas no estaban allí, que eran idos a pescar, y ensartando en sus colleras algunas mujeres y de la gente más crecida que en el pueblo había, dio la vuelta hacia donde Fedreman estaba, y como los indios fuesen avisados de este saco que en sus mujeres e hijos se había dado, dejando la pesquería tomaron las armas y vinieron en seguimiento de Limpias y de sus compañeros, los cuales alcanzaron a tiempo que por defecto del camino se habían apartado los peones con la presa que llevaban de la gente de a caballo, y dando en ellos los indios los hicieron soltar la más de la gente que los habían preso, trabando con ellos guazabara en la cual hirieron de una lanzada a un soldado, de que murió después. Y como a esta grita acudiesen los de a caballo, que no iban muy desviados, fueron los indios forzados a huir y retirarse al río, donde se arrojaron y guarecieron nadando. Todavía se quedaron los españoles con parte de la presa, con la cual llegaron al alojamiento; y acercándose el tiempo de la partida fueron repartidos aquellos indios e indias que los capitanes habían traído entre todos los del campo para que les llevasen sus cargas, y loa españoles casi forzados a salir de allí porque les habían dado cierta enfermedad o ramo de esquilencia | 17 | con que habían muerto algunos soldados e indios ladinos.

Envió el teniente o capitán general de esta gente, Fedreman, a Pedro de Limpias delante con los guías, que fuese descubriendo y metiéndose en la sierra para atravesarla. Limpias, tomando su vanguardia, caminó por donde las guías le llevaban, y una jornada apartado del alojamiento del pueblo de Nuestra Señora dio en un río llamado el rió de Tegua, a la entrada del cual hallaron un lugarejo de hasta diez y doce casas que el día antes sus propios moradores le habían pegado fuego porque no se aprovechasen de él los españoles, entre las cenizas del cual hallaron alguna sal, que les dio mucho contento porque iban muy faltos de ella, y pasando adelante fueron a hacer noche a otro lugarejo apartado de allí el propio río arriba, donde estando durmiendo los soldados y las centinelas velando, llegó un tigere y tomó una india de debajo de la hamaca o lecho de un soldado, y sin ser poderosos todos los que allí estaban para se la quitar, la llevó arrastrando para su sustento.

Otro día prosiguiendo Limpias su descubrimiento, atravesando por diversos y frigidísimos páramos y sierras muy ásperas y montuosas y muy faltas de comida, donde padeció muy extraños trabajos con los soldados que con él iban y perdió algunos de ellos, porque demás de la falta que de comidas llevaban, les era forzoso abrir los arcabucos y caminos por do habían de pasar cortando muy gruesos árboles y maderos que el tiempo había derribado y atravesado por la vía que llevaban, y cortando grandes peñascos con picos y azadones para que pudiesen pasar los caballos, y donde sus fuerzas no bastaban a quebrantar las peñas para este efecto sobrepujaba su industria, porque atando los caballos con sogas los subían por lugares muy altos, y con estos trabajos y calamidades llegó Limpias a una loma muy agría y áspera que tenía la paja muy crecida y seca en lo alto, y por los lados eran despeñaderos, y el camino por do habían de subir muy estrecho y áspero, de suerte que por ninguna manera se podía con presteza abajar por él; y los indios, como viesen entrar a los españoles, pegaron fuego por lo alto, y como el aire viniese de aquella parte donde el fuego se había pegado, veníase con gran furia acercando a los nuestros y cogiéndolos en el lugar apretado que no podían volver atrás con los caballos ni aun con las cargas, lo cual visto por Limpias, usando con toda la presteza que pudo, echó un contrafuego, con el cual atajó solamente el daño que los caballos habían de recibir, que era despeñarse o quemarse, porque con su ímpetu el fuego les quemó muchos indios con las cargas y ropa que llevaban, y un español enfermo que iba cargado en una hamaca fue dejado de los que le llevaban por guarecer sus vidas y allí fue abrasado, y otro llamado Bibanco, por antiguo temor que debía tener a este elemento y por no morir en su poder, se arrojó del altura de aquella loma o sierra y quiso más morir despeñado y hecho pedazos que vivir con alguna señal defectuosa que chamuscándole el fuego le podía hacer como a otros muchos hizo.

Pasado el ímpetu de este fuego, Limpias no curó de volverse atrás, mas pasando adelante con su buen ánimo y mejor fortuna con iguales trabajos que los de hasta allí, llegó dende a pocos días al valle de Fosca, donde halló alguna poblazón de indios moscas, de los sujetos al Nuevo Reino, y alguna comida, aunque poca, con que descansó algunos días, y durante este tiempo siempre el teniente Fedreman le venía siguiendo con el resto de la gente, aunque apartadamente pero por sus propias pisadas, gozando de las hambres y necesidades que los delanteros gozaban, pero no de tanto trabajo, por hallar ya el camino, que era de montañas, abierto y descubierto. De Fosca salió Pedro de Limpias a Pasca, otro repartimiento del Nuevo Reino, donde halló algún rastro de caballos, aunque dudoso, y como no tenía lengua o intérprete que entendiese aquellos naturales, no podía haber ninguna claridad de lo que pretendía, y estando así perplejo en Pasca recibió cartas del licenciado Jiménez, teniente del adelantado don Pedro Fernández de Lugo, que por la vía de Santa Marta y río grande de la Magdalena había entrado en aquella tierra, en que le hacía saber cómo él estaba allí poblado por Santa Marta, y que le hiciese placer de que se viesen. Limpias despachó luégo con brevedad algunos soldados a su general Fedreman, que en su seguimiento iba, con indios cargados de comida, dándole aviso de lo que pasaba, y asímismo envió a un Hernando Montero, a quien traía por su escuadra, que fuese a verse con el licenciado Jiménez, el cual fue muy bien recibido de Jiménez, y para traerlo con más facilidad a su amistad y saber de él lo que pretendía, diole una cadena que traía al cuello, que pesaba más de cien castellanos; e informado de Montero de la gente que era y de la manera que venían, envió luégo ciertas personas principales de su compañía que fuesen a saludar de su parte al teniente Fedreman y tratar cómo se viesen.

Cuando estos legados del licenciado Jiménez llegaron a Pasca, ya había llegado allí con el resto de la gente Fedreman, que como en el camino le llegaron las nuevas y cartas que le enviaba Limpias, apresuró su caminar y llegó a Pasca con más brevedad de la que pensaba; y como llegaron a verse con Fedreman los legados del licenciado Jiménez, según dije, fueron por él muy bien recibidos y saludados, y luégo se partió al valle de Bogotá, a donde el licenciado Jiménez estaba alojado en el sitio donde ahora está poblada la ciudad de Santafé, después de haber cinco años que su gente, que serían cuatrocientos hombres, salieron de Coro la vuelta de la laguna de Maracaibo, hasta que entró en el Reino, año de treinta y nueve, con solos cien hombres.

Y porque el suceso de las cosas de Nicolás Fedreman y de sus soldados y capitanes, de este punto y aun desde un poco más atrás, no pertenecen a este lugar, cesa aquí su Historia con decir que después, por ocasiones que en el Nuevo Reino se ofrecieron, fue a España juntamente con el licenciado Jiménez y con el teniente Benalcázar, que a esta propia sazón entró en el Reino por la vía del Perú, y estando allá litigando sobre no sé que pretensiones, murió dende a poco tiempo que de las Indias fue.

Proseguir sean de aquí adelante los demás sucesos de Venezuela, por la orden que los llevan entablados.

16  En el margen está escrito con tinta distinta: Foiaca o Boiacá.
16ª Aquí hay una señal que se refiere a una anotación marginal que está escrita con tinta y letra distinta y que dice: "o Barraguan".
17  Palabra de difícil lectura.

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