LIBRO
SEGUNDO
En el libro segundo se dice cómo las
Bezares, sabida la muerte de micer Ambrosio, su gobernador,
tuvieron proveído a Nicolás Fedreman, al cual revocaron la conduta
por quejas que de él hubo y proveyeron por gobernador a Jorge
Espira, y por su teniente a Fedreman. Venidos a Venezuela los dos,
cada cual de ellos intentó una jornada por sí, saliendo por
diferentes derrotas o caminos, y después de haber llegado por los
llanos adelante Jorge Espira a los Choques, fue forzado o volverse
con pérdida de mucha gente a Coro. Fedreman fue la vuelta del Cabo
de la Vela, pasando la laguna de Maracaibo con intento de proseguir
la jornada que micer Ambrosio había errado del Reino, y en el
camino arrepintiese y prendió al capitán Ribera, que con gente
había salido de Santa Marta, y dando la vuelta sobre la laguna de
Maracaibo la pasó y revolvió sobre los llanos de Venezuela, para ir
en demanda de la noticia de Meta. En el camino tuvo noticia cómo
venía desbaratado Jorge Espira, diole de industria lado y apartose
de él por no ser forzado a alguna alteración, y prosiguió adelante,
hasta que entró en el Nuevo Reino de Granada. Jorge Espira, después
de haber pasado por el Fedreman, tuvo noticia de ello y envió tras
de él cierta gente para avisarle, los cuales, no pudiendo pasar los
ríos de Apure y Zarara, se volvieron a Coro, a donde hallaron por
juez de residencia al doctor Navarro, de Santo Domingo, y al obispo
Bastidas. Quedó suspenso Jorge Espira del gobierno, y dende a poco
murió, y Navarro se fue a Santo Domingo, con todo el discurso de
entramas jornadas muy copiosamente escrito.
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Capítulo primero
|Cómo por muerte de micer Ambrosio
proveyeron los Bezares por gobernador de Venezuela a Jorge Espira,
y por su teniente a Nicolás Fedreman, y de su pasada a
Indias.
Al tiempo y sazón que a la ciudad de Coro llegó la nueva de la
muerte de micer Ambrosio, gobernador, y del mal suceso de su
jornada y descubrimiento, hallose allí Nicolás Fedreman, el cual,
como de antes tuviese conocimiento particular con los Bezares,
pareciole oportuno tiempo este para haber para sí aquella
gobernación de Venezuela, y procurando algunas ricas joyas y piezas
de oro, se fue a España, donde a la sazón residían algunos de los
de la compañía que tenían cargo de proveer los gobernadores de
Venezuela, a los cuales Nicolás Fedreman procuró aplacer y
contentar para ganarles la voluntad, dándoles algunas dádivas de
oro del que había llevado, prefiriéndose de servirles muy bien en
aquella gobernación si le daban el cargo del gobierno de ella. Los
Bezares, viendo la plática y suerte de Fedreman, que era muy
principal y de su propia nacion, y la buena orden y traza que daba
en los negocios del gobierno de aquella tierra, determinaron de
encargársela y hacerlo gobernador de ella; y poniéndolo en efecto,
le dieron y libraron las cédulas o provisiones de gobernador, con
particular instrucción de lo que había de hacer; y aceptado el
cargo por Nicolás Fedreman luégo comenzó a hacer gente para pasar r
llevar consigo a Venezuela y tener copia de compañías de soldados
con que hacer nuevos descubrimientos, con lo cual se divulgó y
publicó luégo la nueva de cómo Fedreman tenía el gobierno de
Venezuela, de que pesó a ciertos soldados que de la propia
provincia habían ido a España y en la sazón dicha se hallaron en
ella, y luégo, ayudados de la persuasión de otras personas que
pretendían el propio cargo, se fueron a los Bezares y les dijeron
que no les convenía ni era provechoso que Fedreman fuese a gobernar
aquella provincia de Venezuela, porque era de ánimo bullicioso y
soberbio e intolerable de sufrir, y que con sus pesadas palabras
maltrataba los soldados, y con otros términos muy extraños e
insufribles de que usaba era muy aborrecido de toda la gente que en
la gobernación había, y que lo mismo sería de los que llevase.
Con las persuasiones de éstos y de otros que, como he dicho,
pretendían este gobierno, mudaron fácilmente los Bezares acuerdo,
movidos de temor no fuese causa Fedreman de que hubiese alguna
alteración en la gobernación, por donde le viniesen a perder, con
lo que en ella tenían y pretendían. Y pareciéndoles justas causas
las que les daban, y el temor que ellos habían concebido, revocaron
la conduta que de gobernador habían dado a Fedreman, y diéronsela a
Jorge Espira, caballero de su propia nación de Alemania; y porque
Nicolás Fedreman no quedase del todo descontento y despojado de sus
pensamientos, nombráronle por teniente general de Jorge Espira,
casi dándoselo por acompañado en el gobierno, confederándolos a
entrambos, de suerte que entre ellos nunca hubiese ninguna
desconformidad, mas con que siempre tuviese la superioridad Jorge
Espira. Dijéronlos que pues la tierra de Venezuela era larga, que
bien podían entramos efectuar sus desinios y hacer por diferentes
derrotas jornadas y descubrimientos con que todos fuesen
aprovechados y su gobernación aumentada.
Con estos medios y otros que los Bezares entre Jorge Espira y
Fedreman pusieron, los confederaron y hermanaron de suerte que
nunca más quebraron ni hubo entre ellos ningún género de discordia,
mas acabando de hacer la gente con toda diligencia en el Andalucía
y Reino de Murcia y en otras partes de España, juntaron
cuatrocientos hombres, gente muy lucida, y en cinco navíos que
aderezaron para su viaje salieron del río de Sevilla, Guadalquebi,
por el año de mil e quinientos y treinta y tres; y entrando en la
navegación del mar Océano tomaron su derrota a las islas de
Canaria, y antes de llegar a ellas, donde dicen el Golfo de las
Yeguas, que es donde por la mayor parte son desbaratados con
adversa fortuna las armadas que vienen a Indias por las grandes
tempestades que allí se levantan, dioles tal tormenta que en breve
tiempo arribaron a San Lucas, donde estuvieron hasta que la mar se
apaciguó y abonanzó el tiempo; y tornando a proseguir su viaje por
el Océano adelante, ya que estaban a la vista de las islas de
Canaria, los tomó a dar otra fortuna y tormenta contraria de su
navegación, tan soberbia y recia, que aquella propia noche que la
tormenta les dio aportó la, nao capitán a Nuestra Señora de Regla,
y otra de las, de la compañía, casi en el mismo tiempo fue a Caliz
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que fue cosa que parece imposible haberse podido navegar en tan
poco tiempo, y los demás navíos arfando y corriendo su fortuna y
alijando muchas cosas de las que traían, a la mar, arribaron a
Caliz, y a cabo de poco tiempo fue allí junta toda el armada de
este gobernador Jorge Espira, y viendo muchos soldados que no les
había Dios hecho pequeña merced en haberlos librado de las
tormentas pasadas, donde por momentos se habían visto en punto de
ser sumergidos en la mar y muertos miserablemente, acordaron perder
la señal, como suelen decir, y no tornar a entrar en la mar ni
seguir el viaje, porque casi todos los que se quedaron en Caliz de
esta vez, que serían doscientos hombres, perdieron todo cuanto en
los navíos habían metido, así de matalotaje como de otros aderezos
que para sus personas llevaban.
El suceso de estas tormentas o infortunios de la mar fue
atribuído a que Dios nuestro Señor lo permitió así por culpas y
pecados de algunos que en el armada iban, entre los cuales se halló
un sodomita que acostumbraba a usar aquel pecado en tierra, y aún
no se sabe si lo usaba en la mar, y no nos debemos maravillar de
que esta armada padeciese las tormentas e infortunios dichos, sino
cómo no fue tragada y absorbida de la mar, pues nos es notorio el
castigo que Dios nuestro Señor hizo en la gentilidad de Sodoma y
Mogorra
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y los otros pueblos sus comarcanos,
como se lee en el Génesis, capítulo diecinueve, en el cual se trata
que con fuego y relámpagos del cielo fueron quemados y abrasados, y
por memoria de este castigo está el sitio de esta ciudad hecho un
lago o ciénaga pésima e infructuosa, y estará hasta la fin del
mundo. Este malvado cristiano después de haber saltado en tierra de
esta segunda vez que arribaron a Caliz, quiso reincidir en su
maldad, y juntándose con otros dos de su oficio hubieron cierta
pasión y rencilla en que el uno de los tres fue muerto y a los dos
prendieron, y sabida la causa de su discordia fueron castigados y
quemados conforme a las leyes del Reino.
Y pareciéndoles a los que en el armada habían quedado que con
haber sido castigado este malaventurado se aplacaría la ira de Dios
contra ellos, tornaron a embarcarse y proseguir su viaje, y con
buen tiempo, sin ningún, contraste de fortuna, llegaron a las islas
de Canaria, ocho días antes de Navidad, donde se holgaron y
regocijaron la Pascua, y los gobernadores y sus capitanes
procuraron en aquellas islas rehacerse de gente, por habérseles
quedado, como se ha dicho, la mitad de la que habían juntado y
traían en Caliz. Juntáronseles allí doscientos hombres, gente basta
y grosera, y pasada la Pascua hicieron señal de recoger o embarcar
la gente para pasar adelante, y saliendo con próspero viento de las
islas de Canaria, caminaron sin sucederles cosa alguna hasta
reconocer a San Germán, que es cierto promontorio o punta de la
isla de Puerto Rico, y pasando de allí adelante hacia Coro, se les
cayó en la mar un pajecillo o grumete que servía en el navío, y sin
saber nadar fue sustentado sobre el agua en la mar hasta tanto que
el navío en que iba, que con próspero viento y todas velas
navegaba, amainó y aechó el batel en la mar, que pasó harto espacio
o intervalo de tiempo, y entrando gente en él volvieron a buscar el
muchacho buen rato atrás, y halláronlo encima del agua entretenido
sin ser hundido; y viendo que era cosa maravillosa el no haberse
ahogado aquel mozo, pues sin tener con qué se poder sustentar sobre
el agua ni saber nadar, lo habían hallado vivo, le preguntaron que
qué modo había usado para no ahogarse, el cual respondió que él era
devoto de Nuestra Señora, y que al tiempo que cayó invocó su nombre
y se encomendó a ella, y que mediante esto tuvo entendido que no
había perecido. Los marineros se volvieron al navío con su paje, y
dando todos gracias a Dios por el suceso lo tuvieron por buen
prodigio o señal. Y prosiguiendo su viaje llegaron dende a dos días
de como esto les sucedió al puerto y ciudad de Coro, donde
desembarcaron con mucho contento y alegría.
Y aunque esta narración o digresión que en este capítulo he
hecho no era de mi Historia, por ser todo ello cosas sucedidas
fuéra del Imperio de las Indias, donde es mi principal intento
tratar y dar cuenta de los descubrimientos y poblazones y guerras
en ella sucedidas, helo tratado porque estos dos capitanes o
gobernadores, Jorge Espira y su teniente Fedreman, hicieron dos
jornadas diferentes la una de la otra, y con diferentes sucesos en
la gobernación de Venezuela; y habiendo de tratar de sus
descubrimientos y conquistas, pareciome que también era razón
tratar de sus principios, para más claridad de lo que de ellos
tengo de escribir, y lo mismo se entenderá en lo demás que se
hallare escrito en esta Historia que sea peregrino de las
Indias.
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Capítulo segundo
En el cual se
escribe cómo llegado a Coro Jorge Espira luégo echó la gente la vía
de los llanos, y él se fue tras de ella para descubrir aquella vía,
y cómo el teniente Fedreman se quedó en Coro para ir a Santo
Domingo a hacer más gente.
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Llegado Jorge Espira a Coro, que fue por el año de treinta y
cuatro, y viendo el mal aderezo que en aquel pueblo había para
poderse detener ni sustentar allí tanta gente como él había traído
y los demás que en el pueblo estaban, dio luégo orden en aderezar
su entrada, y porque los navíos en que había venido eran de un
flamenco vecino de San Lucar, llamado Pedro Márquez, no fuesen sin
alguna joya de la tierra, envió cierta compañía de soldados a una
provincia de indios dichos pirahavas, infamados de gente indómita y
de mala digistión para con españoles, y entiendo que lo deben ser,
porque hasta el día de hoy se están rebeldes esos pocos que
quedaron sin querer ninguna amistad ni conformidad con los
españoles que siempre han residido en Coro, y trayéndole cierta
cantidad de indios de la parte dicha, los hizo esclavos y los
entregó al señor de los navíos, y con esto los despachó y se fueron
la vuelta de España, y él se quedó aprestando con toda diligencia
para entrar la tierra adentro a seguir su nuevo descubrimiento. Y
porque como en el capítulo antes de este apunte, Jorge Espira y
Fedreman hicieron dos jornadas casi a un mismo tiempo, aunque
salieron por diferentes caminos, iremos tocando por su orden de
cada uno y del suceso de su descubrimiento sin hacer ninguna
distinción en sus Historias, mas de dar entera noticia de
entrambos, aunque mezclada, pero de suerte que se entienda.
Queriendo, pues, salir de Coro Jorge Espira, como he dicho, a su
descubrimiento, de parecer de algunos españoles pláticos en la
tierra y diestros en la guerra de los indios, a quien suelen llamar
isleños, dividió su gente en dos partes, y la una que serían
doscientos, con los capitanes Cárdenas y Martín González y micer
Andrea, envió por las sierras que entiendo ser Loa que ahora llaman
las sierras de Carora, a pie y sin caballos, por parecerles que
aquella tierra tenía disposición de muy áspera y que por ella no
podían ir ni atravesar los caballos; y también hizo esta división
el gobernador Jorge Espira porque aquella provincia no la tenían
por muy
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fértil, y si todos iban juntos por un mismo camino,
irían en aventura de padecer hambre.
Encaminó esta gente delante, y mandoles que le esperasen en
saliendo a los llanos, y él se quedó en Coro dando traza y orden
cómo su teniente Fedreman se aviase para seguir su jornada.
Concertaron que Fedreman fuese a Santo Domingo y tomase de los
fatores de los Bezares todo lo que hubiese menester para caballos y
avíos de soldados, y haciendo toda la más gente que pudiese se
volviese a Coro, y con los soldados y capitanes que allí le
quedaban siguiese su jornada por de la otra parte de la cordillera
que cae sobre los llanos de Venezuela, porque Jorge Espira había de
ir bojando la cordillera por la parte de los llanos, y llevándola
entramos capitanes en medio, verían mejor lo que en ella había,
porque como en este tiempo no se había visto lo que era la
cordillera, considerábanla muy angosta y estrecha, y en tal forma
que la podían tomar en medio los dos capitanes, lo cual era
imposible según adelante se podrá ver; y dando Jorge Espira para
todo lo dicho muy cumplida instrucción y recaudos a Fedreman, se
partió de Coro con el resto de la gente y con ochenta caballos, y
tornando la derrota de la Burburata por la ribera de la mar,
prosiguió su camino a encontrarse con la gente de a pie que de
delante había enviado por las sierras, los cuales, como eran recién
venidos de España y no hechos a aquel trabajo, y el tiempo
invernizo y de muchas aguas, tenían por intolerable aquella manera
de vivir y granjear la vida, y también, no obstante la pesadumbre
que el camino y el invierno les daba, los indios naturales de las
tierras por do iban les acometían muchas veces dándoles guazabaras
y procurando estorbarles el pasaje, los peones lo hicieron tan bien
que resistiendo a todas estas contraversias, aunque trabajosamente,
pasaron toda aquella serranía, que serían sesenta leguas, y fueron
a dar consigo a una provincia llamada Burabre, que está al
principio de los llanos y a las espaldas de donde ahora está
poblada en esta propia gobernación la ciudad del Tocuyo, cuyos
naturales eran en mucha cantidad y muy belicosos, y guerreros en
tanta manera qúe desde que esta gente española de a pie entraron en
su territorio hasta que los echaron y ahuyentaron de él, nunca
cesaron de darles guazabaras y alcances, y aunque los españoles
tenían cantidad de arcabuces, no les aprovechaban de ninguna cosa,
porque el tiempo era de aguas y los indios estaban ya tan
amaestrados y diestros que nunca venían a verse con los españoles y
tener con ellos sus refriegas, sino era cuando más llovía, con que
salían victoriosos.
Visto los españoles el daño que de los indios recibían y el que
la hambre les causaba, que no hallaban comida en aquella provincia
por tenerla los naturales alzada y puesta en cobro, acordaron
retirarse y volver atrás a encontrarse con el gobernador Jorge
Espira y la demás gente de a caballo que aún a esta sazón no habían
llegado a donde ellos estaban; y tomando por instrumento y amparo
de esta su tornavuelta la escuridad de la noche, que para esto sólo
les era favorable, se retiraron y salieron de aquel sitio y
poblazón donde estaban, con la mejor orden y silencio que pudieron
para no ser sentidos de sus enemigos, los cuales cada día se iban
acrecentando y tomando más avilantez y osadía por no recibir ningún
daño de los españoles, los cuales si más tiempo allí estuvieran o
permanecieran, recibieran muy gran daño de los naturales.
Retirados los españoles, como está dicho, se alejaron y
apartaron lo que pudieron de estos naturales, de suerte que no
pudiesen ser damnificados de ellos; y aunque había pareceres que no
parasen hasta donde topasen a su gobernador, los muchos heridos y
enfermos que traían no les dieron lugar a que hiciesen tan larga
vía o revuelta como querían. Rancheáronse o hicieron asiento en el
desembocadero que dicen de Barquisimeto, donde esperaron al
gobernador Jorge Espira y a los que con él iban por la ribera de la
costa, que con menos trabajo que los de a pie habían llevado, por
llevar consigo todos los caballos e ir por tierra más apacible y
andadera y de naturales más domésticos.
Ya que los soldados de a pie y sus capitanes habían descansado
en el alojamiento dicho del desembocadero de Barquisimeto, asomó el
gobernador a vista de ellos por un alto, con que se alegraron y
regocijaron y aliviaron los enfermos, y juntos todos en aquel
alojamiento, diéronse largas noticias los unos a los otros del
suceso de sus viajes, y cada cual recontaba sus trabajos por
mayores, pasando el tiempo en esto en tanto que el gobernador con
sus consejeros daban orden en la derrota que de allí adelante se
había de tomar, y en el modo que se había de tener para mejor
descubrir e ir viendo la tierra
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Capítulo tres
En el cual se
escribe cómo después de junto Jorge Espira con su gente, pasó
adelante, hasta llegar a la poblazón de Chacarigva, donde tuvieron
el invierno.
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Platicado el gobernador con sus isleños expirmentados sobre la
derrota y vía que habían de llevar, determinaron que debían seguir
la vía de los llanos, llevando la cordillera que a mano derecha
tenían por guía, no perdiéndola de vista; y con esta determinación
alzó el gobernador su campo y comenzó a marchar hacia las
poblazones de Burabre, que es donde habían hecho retirar a los
capitanes Cárdenas y Martín González y micer Andrea con la gente de
a pie, cuyos moradores aún no habían dejado las armas de las manos,
antes como gente victoriosa deseaban la vuelta de los españoles a
su tierra, entendiendo desbaratarlos ygozar de sus despojos; y como
entendían que no se habían alejado de ellas muchas jornadas tenían
puestas sus centinelas y
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espías en partes altas, sobre
árboles, donde por mucha distancia pudiesen señorear con la vista
los caminos por do los españoles podían entrar en su tierra. Y como
este tiempo se acercase, y
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la gente del gobernador llegase a
vista de los espías, ellas luégo dieron aviso de ello a sus
principales y
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gente de sus pueblos, los cuales, juntándose
en gran número, porque era la tierra muy poblada, muy regocijados y
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armados según costumbre, salieron al encuentro fuéra de su
pueblo a recibir a los españoles con las armas en las manos, y
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no mirando en la gente y caballos que en el campo se habían
acrecentado, porque hasta entonces estos indios no habían visto
caballos ni sabían el daño que con ellos se hacía, arremetieron con
buen ánimo a los españoles, los cuales venían apercibidos para
recibir y resistir el ímpetu de los indios, y rebatiendo los
españoles esta primer arremetida de los indios sin que les hiciesen
daño alguno, salieron a ellos los de a caballo y comenzaron a herir
y
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alancear aquella gente desnuda, aunque no de ánimo, de
suerte que en breve espacio los desbarataron y constriñeron a que
perdiendo su primer brío, volviesen las espaldas y cada cual
procurase poner en salvo su persona, dejando hecho muy poco daño en
los españoles, más de haber herido algunos livianamente, de suerte
que nadie peligró; sólo mataron dos caballos.
El gobernador, habida esta victoria, se fue derecho a las
poblazones de los indios y en ellas se alojó y estuvo quince días,
por haber en esta sazón cargado las aguas de suerte que no se podía
caminar.
Es toda esta tierra de los llanos en general muy abundante de
caza de venados, y como la hierba que en ella se cría son pajonales
muy altos, fácilmente los alcanzan los de a caballo y los alancean;
y como estas poblazones de Carabre no tenían la abundancia de
comidas que para tanta gente era menester, especialmente que, como
he dicho, todos los indios fueron forzados algunos de a caballo ir
a lancear o cazar venados para sustentarse y dar algún refresco a
la gente que llevaban enferma, que padecían doblada necesidad,
entre los cuales salió uno llamado Orejón, y apartándose de sus
compañeros en seguimiento de un venado, se alejó tanto de ellos y
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del alojamiento, que después de alcanzar y
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matar el
venado, nunca pudo atinar a salir por do había entrado en aquellos
llanos. Los demás españoles, sin poder matar ningún venado, por
respeto de estar la tierra muy barta de agua y no poder correr los
caballos por ella, se volvieron al real, y
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echando menos al
compañero Orejón y dando de ello noticia al gobernador, hizo sus
diligencias mandando tirar muchos arcabuzazos, para que con el
estruendo de ellos pudiese atinar a salir de donde estaba, y
ninguna cosa aprovechó. Finalmente, el pobre Orejón, español, se
quedó en la campiña o sabana aquella noche, y habiéndolo visto los
indios naturales andar desvariado y que se quedaba allí aquella
noche, se juntaron cantidad de ellos y
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fueron donde estaba
durmiendo, y sin que fuesen sentidos lo tornaron a manos y con su
propia espada le cortaron la cabeza. El caballo de este español
andaba suelto, y con el bullicio de los indios se espantó y
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se fue a donde estaban los demás españoles alojados, de
donde conjeturaron su mal suceso.
El gobernador envió luégo un capitán con gente a buscar rastro o
señales de este español entre los indios, los cuales dando en
cierto lugar o ranchería donde muchos indios estaban congregados y
fortificados, hallaron la espada del muerto y parte de la cabeza
cocida para comer, y el casco de ella aderezado para beber en él, y
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con esto no curaron de buscar más a su compañero, sino
prendiendo alguna gente de la que en aquel lugar estaba hicieron el
castigo o venganza de la muerte del español, matando culpados y no
culpados, a los unos por lo que hicieron y a los otros porque
adelante no hiciesen daño.
Pasado esto y el tiempo dicho, se tuvo noticia de otra provincia
que más adelante estaba, llamada Chacarigua, de tierra más alta y
airosa y abundante de comida, a la cual se fue luego el gobernador
con toda su gente, y alojándose en ella en parte cómoda, tuvo allí
el invierno, que serían tres meses, donde se le murieron algunos
españoles de los que iban enfermos, y algunos otros que
constreñidos y forzados de la hambre a buscar qué comer, se iban a
pescar algo apartados del alojamiento, donde eran miserablemente
muertos de los indios habitadores de aquella provincia y de
tigeres, de los cuales generalmente en todos estos llanos, desde su
principio hasta el cabo, hay mucha abundancia, que han hecho harto
daño en españoles y en los propios naturales que por aquellas
comarcas habitan, hasta despoblar y arruinar muchos pueblos de
indios, dejándolos desiertos e inhabitables.