LIBRO PRIMERO
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En el libro primero se cuenta y da
noticia del principio y origen que españoles tuvieron en la
gobernación de Venezuela, y cuál fue la primera ciudad de españoles
que en ella hubo, y quién la fundó y de qué suerte, y cómo los
Bezares hubieron aquella gobernación del emperador, y quién fue el
primer gobernador que a ella enviaron, y cómo este su primer
gobernador se puso a hacer nuevos descubrimientos, y la mala
fortuna que en ellos hubo; y de cómo fue muerto en la jornada o
descubrimiento que hizo a las provincias donde está poblada
Pamplona. Trátase asímismo de la laguna de Maracaibo y gentes que
en ella habitan, y de un pueblo de españoles que allí quedó
fundado. Dícese en el la pérdida de un capitán Gascuña con sesenta
mil pesos, y de un español que escapando de los de Gascuña vivió
entre indios cierto tiempo hasta que salió de entre ellos.
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Capítulo primero
En el cual se
escribe el principio que tuvo la gobernación de Venezuela, y cuáles
fueron los primeros españoles que la principiaron.
Del descubrimiento y primera poblazón de la gobernación de
Venezuela no he hallado la claridad que quisiera y era justo para
que la relación y noticia que de esta gobernación escribo fuera
entera y más a gusto de los lectores, porque entiendo que a
nuestros sucesores e historiadores que en los siglos venideros nos
sucedieren, no dejará de serles disgustoso este defecto. Mas podrán
creer que no es culpa de mi parte, porque ciertamente he puesto la
diligencia a mi posible para saberlo muy de raíz, y sólo he hallado
que en el año de mil y cuatrocientos y noventa y ocho, en el
tercero viaje que don Cristóbal Colón hizo a las Indias, cuando
embocando por las bocas del Drago, que entre la isla de la Trinidad
y Tierra Firme se hacen, vino a dar a Cumaná y a la isla Cubagua,
donde halló las pesquerías de las perlas, y costeando toda aquella
costa hacia el poniente descubrió hasta el Cabo de la Vela, donde
asímismo había pesquería de perlas; en esta navegación y
descubrimiento entró toda la costa de Venezuela, que es desde el
puerto y provincia de Caracas hasta la laguna de Maracaibo.
Después de esta primer vista no he hallado que otros españoles
entrasen en esta tierra de Venezuela, con armada ni sin ella, hasta
que después del año de mil y quinientos y veinte y cinco que fueron
dados por esclavos los indios, y había en la
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ª isla
Española muchos vecinos que hacían armadas y pasaban a las demás
islas y a la costa de Tierra Firme a hacer cabalgadas y entradas en
las poblazones de los indios y prender los que podían y hacerlos
esclavos, que este era su principal trato y contrato. Entre estos
mercaderes o tratantes era un Juan de Ampres, factor del Rey en
aquella isla, el cual en este tiempo hizo cierta gente para pasar
adelante con su manera de trato. Dícese de este Juan de Ampres que
habiendo salido de Santo Domingo a hacer esclavos, que aportó al
golfo y costa de Venezuela adonde dicen el cabo de San Román, y se
metió en un ancón que por causa de este promontorio o punta hace
allí la mar, en el cual estando surto y habiendo saltado en tierra,
tuvo noticia que en aquella tierra o provincia estaba un señor o
principal, de nación caquetio, que por la mayor parte suelen ser
gente de muy buena disistión e inclinación y amigos de españoles.
Este principal sujetaba y mandaba toda aquella provincia y era muy
poderoso, y por este respecto muy temido y aun tributado de todos
sus circunvecinos, con lo cual fácilmente los había hecho creer que
él era el autor y hacedor de muchas cosas que la tierra y elementos
naturalmente producen por la ordenación divina, como son las
lluvias, granizos, truenos y relámpagos y heladas y secas; y como
del caer estas cosas a sus tiempos dependen los buenos temporales y
fructificación de la tierra, y el tener sustento las gentes,
aquellos naturales temían con muy amedrentados ánimos el poder de
este principal, y así casi lo tenían por dios, acatándolo y
reverenciándolo con extremo grado, y procurando estar todos sujetos
a su voluntad en tanto grado que cuando había de ir fuera de su
casa o pueblo algunas recreaciones o pasatiempos o a guerras, era
llevado por los más principales de sus sujetos, cargado en los
hombros, en un género de lecho que comúnmente llaman hamaca, sin
que ninguna distancia del camino poca ni en mucha cantidad la
caminase a pie ni en ningún género de jumentos, porque en esta
tierra no los había en aquel tiempo, aunque ahora, como adelante
se verá, es muy abundante de todo género de ganados.
Juan de Ampres, sabida la grandeza de este señor, procuró tener
comercio y trato con él, entendiendo que de su amistad le
redundaría mucho bien y provecho a él y a sus compañeros, y así
tuvo modos y maneras cómo este principal le viniese a visitar y a
ver, porque aunque estaba en su tierra y era tan poderoso como se
ha dicho, y el Juan de Ampres de menos gente y posible, quiso usar
del término que siempre nuestros españoles han usado en las
conquistas y descubrimientos, dando a entender a los naturales, por
muy poderosos y pujantes que sean, no tenerlos ni estimarlos en
nada, para por esta vía ser más estimados de ellos; y así fue
visitado de este principal, el cual hizo esta visita con tanto
ornato cuanto pudo para que los españoles conociesen y viesen por
aquello ser mucho su poder y haber. Trajo algunas cosas de
presente, así de comidas como de oro y mantas, lo cual recibió Juan
de Ampres, y en remuneración de ello le dio algunas cosas y
rescates de España, que aunque por los indios y principal fueron
tenidas en mucho por ser muy nuevas a ellos, soy cierto que nunca
llegaron al precio y valor de lo que le presentó este principal,
porque me certificaron que pasaron de ocho mil pesos de oro fino,
sin las demás cosillas de mantas y comidas y otros juguetes que los
indios suelen presentar.
Allí se hablaron y comunicaron por sus intérpretes, y trataron
de paces y amistades, la cual siempre hasta el día de hoy conservó
este principal y sus sujetos; y aunque en diversas veces le han
dado ocasión de quebrarla, y aun han pasado por las demás
tribulaciones de ser saqueados y robados de soldados y algunos de
ellos hechos conclabi, pero con todo esto siempre han conservado la
primera paz.
Determinó de hacer allí ranchería y asiento y de no dejar
desierto aquel sitio de españoles, pareciéndole seguro puerto para
hacer sus entradas en aquella tierra firme y pasar más
prósperamente adelante con sus granjerías, y así hasta hoy no se
despobló, porque allí o cerca de allí está poblada la ciudad que
dicen de Coro, que fue la primera que en aquella gobernación se
pobló.
Este es el origen y principio que tuvo la gobernación de
Venezuela, el cual así como en alguna manera fue infelice, haciendo
esclavos los naturales, así el suceso de ella nunca ha sido muy
felice, porque con estar en ella pobladas seis ciudades, que son
Coro, Burburata, la Valencia, Barquisimeto, El Tocuyo, Trujillo y
otros dos pueblos que ahora nuevamente se han poblado en la
provincia de Caracas, no son bastantes los quintos que el Rey allí
tiene para pagar los oficiales que administran y gobiernan aquella
tierra, espiritual y temporalmente, y así cumple su majestad los
salarios que al obispo y gobernador da y a los demás, de la renta
que tiene en el Cabo de la Vela o Río de la Hacha, que es donde
sacan las perlas.
Y porque lo que aquí he apuntado en suma, se irá viendo por el
discurso de la presente Historia, pasaremos adelante con los
negocios de nuestra gobernación de Venezuela.
|Capítulo segundo
En el cual se
escribe el principio que tuvo la ciudad de Coro, y cómo la
gobernación fue dada a los Bezares por el emperador.
Con el asiento que Juan de Ampres hizo en Venezuela y algunos
ricos rescates y contratos que con los naturales tuvo, se divulgó
luégo fama por todas las Indias y lugares poblados en aquel tiempo
de españoles, de la prosperidad de la tierra, a la cual acudieron
gentes de todas partes, unos a conquistar y vivir por la
soldadesca, y otros a hacer esclavos los que tenían licencia para
ello, y otros a rescatar y contratar con los naturales, por lo cual
en breve tiempo se reformó la ranchería y alojamiento que allí
había tomado el factor Juan de Ampres, en tal manera que ya parecía
más república o ciudad que ranchería, y así le dieron dende a poco
tiempo título de ciudad, y por ser aquella tierra llamada Coro, fue
asímismo la ciudad llamada Coro, sin tener más fundación ni origen
del que habemos dicho; aunque luégo que le dio la denominación de
ciudad el que gobernaba la gente que allí residía, que era el Juan
de Ampres, nombró sus alcaldes y regidores que gobernasen y
rigiesen aquella república, en la cual manera de gobierno se
sustentó algún tiempo, que fue lo que pudo tardar la nueva de la
prosperidad de aquella tierra en llegar a España a tiempo que el
emperador y rey don Carlos era llegado de Alemania, donde había
estado algunos días procurando mitigar y apagar las perniciosas
centellas y aun abrasadoras llamas que el Lutero, el año atrás de
veinte y uno derramaba y sembraba entre aquellas gentes, y su
venida fue a dar asiento de todo punto a las cosas del gobierno de
los españoles, los cuales habían estado fuéra de la tranquilidad y
asiento que aquel reino suele tener, por causa de las comunidades y
alteraciones que el mismo año de veinte y uno se habían engendrado
entre ellos, por las opresiones y molestias que ciertos
gobernadores extranjeros que el emperador había dejado les hacían.
En todo lo cual y en la diligencia que el almirante don Fadrique
Enríquez y el condestable don Iñigo de Velasco, después de haber
roto y desbaratado el ejército de los comuneros, pusieron en echar
y ahuyentar a los franceses, que aprovechándose de la ocasión y
tiempo de ver ocupados a los españoles en las civiles guerras que
entre sí tenían, se habían entrado por el reino de Navarra y
apoderádose de la mayor parte de él, se habia regastado mucha más
suma de dineros de la que las rentas del emperador podían suplir, y
no obstante estos gastos referidos, sustentaba al presente, aunque
ausente, la guerra y defensa del estado de Milán, donde en
competencia del rey de Francia tenía su ejército y campo,
sustentándolo con superbas espensas y gastos que semejantes
milicias traen consigo.
Y aunque esta guerra le sucedió prósperamente al emperador,
porque en ella su ejército desbarató al francés y prendió al rey
Francisco de Francia y fue traído a España por don Carlos de Lanoy
el año de veinte y seis, no fue esta victoria bastante para
recuperar y soldar los gastos y daños pasados; y así el emperador
se hallaba a esta sazón con necesidad de ser socorrido y favorecido
de dineros. Aun en el cual tiempo era famosa la compañía o gran
compañía que decían de los Bezares, por las grandes contrataciones
de mercadurías que en muchas partes del mundo tenían, los cuales,
oyendo la fama de la prosperidad y riquezas de esta provincia de
Coro o Venezuela que Juan de Ampres había descubierto, y sintiendo
la necesidad en que el emperador estaba, ofreciéndose a servirle
con cierta cantidad de dineros porque les diese la conquista y
pacificación de esta provincia y les hiciese señores del primer
pueblo que poblasen, con doce leguas de término a la redonda, y que
pudiesen enviar gobernadores ellos de su propia autoridad, los
cuales fuesen recibidos como si por el rey fuesen enviados y
nombrados.
El emperador les concedió, por remediar alguna cosa su necesidad
y falta de dineros, la gobernación con las condiciones que le
pidieron los Bezares, y con que para la pacificación y poblazón de
ella no trujesen otra nación de gente salvo españoles, y con que el
oro y plata y otras cosas que de ella sacasen fuesen llevadas a
España, y otras muchas condiciones y posturas que cerca de la
jurisdicción y quintos reales el rey les puso; de lo cual les
fueron luégo libradas y dadas cédulas y provisiones reales, para
que usando de ellas y de su jurisdicción pudiesen enviar a quien
quisiesen por su gobernador. Demás de esto, el emperador teniendo
atención a lo que Juan de Ampres había gastado y trabajado en
descubrir aquella tierra y sustentar aquella ranchería, y a lo
mucho que en ella le había servido, y al interés que de ello al rey
se le había seguido, le hizo merced de le dar una isla que hoy es
llamada de Curazao, en la cual había poblazón de naturales, y al
presente los hay, y por el derecho de este Juan de Ampres la posee
Vejarano, vecino de Santo Domingo, y tiene de ella muy buen
aprovechamiento de ganados de todas suertes que allí cría, y otras
granjerías a que los indios le ayudan.
Está esta isla junto a esta provincia y ciudad de Coro, obra de
tres leguas de ella, que tienen un brazo de mar que la divide de la
tierra firme. Es casi redonda; tendrá en contorno obra de cuatro
leguas. Los naturales que en ella residen por la mayor parte son
ladinos, que es tanto como decir españolados en la lengua. No
tienen allí juez que los tenga en justicia, porque según los pocos
agravios que los unos a los otros se hacen, no lo han menester.
Algunas veces suele estar en ella un sacerdote que administra los
sacramentos a estos indios, a quien envía y paga su salario el que
tiene aquel señorío; y cuando hay entre ellos alguna cosa que
averiguar, que como he dicho son bien pocos o ningunos, este
sacerdote los concierta y averigua.
|Capítulo tres
Cómo los Bezares
enviaron gobernador y gente a la gobernación de Venezuela, y de a
dónde tomó este nombre de Venezuela y la laguna de Maracaibo.
Luégo, en el mismo tiempo y año que el emperador dio esta
gobernación a los Bezares, ellos comenzaron a hacer nuevos gastos y
espensas y juntar gente y soldados para la poblazon de esta
provincia, para el cual efecto aderezaron cuatro navíos de todo lo
necesario a semejante navegación, pertrechándolos y proveyéndolos
de muchos géneros de armas de las que en las guerras comunes se
suelen usar.
Metieron en ellos trescientos hombres que en el Andalucía
hicieron, y navegando el río de Sevilla abajo, llamado Guadalquebi,
entraron con próspero viento en el mar Océano; de la cual armada y
gente estos Bezares nombraron por capitán y su primer gobernador de
Venezuela o Coro a un caballero de su propia nación, alemán,
llamado micer Ambrosio Delfín
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Y porque parece
confusión que sin dar más claridad, a esta provincia la hayamos
nombrado unas veces Coro y otras Venezuela, será bien cumplir con
esta duda, para ahora y para adelante, porque nadie se halle
perplejo acerca de ello.
Junto a esta provincia y poblazón de Coro está un lago, que así
de las aguas que de las provincias de Pamplona y Mérida, ciudades
pobladas en el Nuevo Reino, y de otras partes a estas
circunvecinas, corren y se desaguan, como por la entrada que la mar
tiene en este lago, a causa de ser el sitio del más bajo, se ha
hecho allí en tanta distancia que se halla por cosa cierta tener
noventa leguas de circuito o boxaçión. Este lago a partes es
hondable en tanta manera que pueden navegar en él naos de cualquier
grandor, y por otras es muy terreno y de poca hondura. Toda o la
mayor parte de esta laguna está poblada de muchos naturales, que
habitan y viven así en el agua como en la tierra. Las casas de los
que tienen sus habitaciones en este lago son en esta manera: que
mediante la industria de que naturaleza les proveyó como a las
demás gentes, tuvieron tal arte y modo que hincando en el propio
lago ciertos maderos o palos gruesos por su orden y cubierto,
encima de ellos fabrican sus casas y moradas en tal forma que
habitan en ellas sin que el agua del lago ni la del cielo les dañe
ni sea muy perjudicial; y para el servicio y provisión de lo que de
la tierra han menester, usan de aquel género de bateles o esquilfes
que tan general es en las Indias, llamados canoas.
Este lago ni es todo dulce ni es todo salado. Cuando el viento
se ensoberbece corre en él el mesmo género de tormenta que en la
mar. Mengua y crece, aunque no generalmente, más que en las partes
más cercanas a la mar. Es redondo, algo prolongado hacia la culata,
que es por donde entran los ríos y aguas que bajan de Pamplona.
Otros quieren decir que es esquinada o triangulada casi a manera de
un paño de tocar; pero lo más cierto es lo primero. Tiene la boca
algo angosta por espacio de dos leguas, y algunos la hacen de dos
bocas, la una mayor que la otra. Tiene peligrosa entrada. Piérdense
en ella, y hanse perdido algunos navios, por respeto de cierto
ancón que de una parte y otra hace la mar, en el cual ancón o
ensenada, por respecto de ser la tierra baja, cuando van navegando,
entendiendo que navegan seguramente no sienten su perdición hasta
hallarse encallados los navíos; y así los que son diestros en esta
navegación se apartan todo lo que pueden de esta laguna y de su
tierra.
Entrando, pues, españoles en ese lago hallaron esta nueva manera
de habitación y poblazón de gentes que, como he dicho, habitaban en
el agua; y viendo la mucha similitud que esta gente en su
habitación tenía a la de Venecia, ciudad poblada en los lagos y
lagunas del mar Adriático, cuyos principios fueron casi tan flacos
como los que en este lago se hallaron, porque con la gran
destrucción y ruina que en tiempo del emperador Valentiniano hizo
en Italia el tirano Atila, que fue año de cuatrocientos y cincuenta
y cuatro, ciertas gentes de una provincia llamada Venecia,
amedrentados de los estragos y crueldades de este tirano, se
retiraron de la tierra firme y se pasaron a unos pequeños isleos
que en las lagunas dichas hacía la mar, en los cuales
estuvieron recogidos y fortificados hasta que pasó la
persecución y tiranía de Atila; y viendo estas gentes la mucha
seguridad y fortificación del sitio que allí tenían, nunca se
mudaron ni quisieron ir de aquel lugar, antes dende en adelante lo
procuraron amplificar y tomar en sí cierta orden de gobierno que
hasta ahora les dura y conserva y ha traído en la prosperidad y
sublime fama que al presente tiene. Y como el número de los
moradores iba creciendo, les era forzoso fundar y hacer sus casas
en la propia agua, y así la mayor parte de esta insigne ciudad está
poblada en el agua, y por ella con sus artificios y maravillosos
ingenios, andan y se tratan y comunican con mucha facilidad y sin
ningún detrimento.
Y pareciéndoles, como he dicho, a los españoles que por habitar
estos indios de este lago en el agua, de la forma que he contado,
eran en alguna manera semejantes a los moradores de Venecia,
pusieron por nombre a la provincia Venezuela, y de esta suerte se
escureció dende en adelante de tener la provincia nombre de Coro y
quedarse con él solamente la ciudad, y así hasta este nuestro
tiempo comúnmente aquella gobernación se ha llamado y llama la
provincia y gobernación de Venezuela.
Y también es de saber que este lago por quien nos hemos alargado
a contar lo que de suso se ha dicho, no tomó ni tiene la nombradía
de la provincia de Venezuela, que del o por el fue nombrada así,
mas es llamada la laguna de Maracaibo. Laguna, como es notorio, es
vocablo usado entre españoles, que significa congregación o
ayuntamiento de aguas: Maracaibo era nombre propio de un señor muy
poderoso que en este lago residía o vivía, que señoreaba y mandaba
la mayor parte de las gentes que en ella habitaban, cuyo nombre era
tan célebre entre aquellos naturales que en viendo o entrando donde
ellos estaban españoles, luégo les nombraban Maracaibo, o señalaban
o daban a entender por señales su gran poder y grandeza, y de aquí
le quedó entre los españoles el nombre y sobrenombre de la laguna
de Maracaibo.
Parecerle ha al lector que he salido un poco fuéra del discurso
de este capítulo, y a mi parecer no he sino cumplido con una parte
de lo que adelante me queda por decir tocante a esta laguna, pues
para dar razón y claridad de dónde tomaron nombres la provincia de
Venezuela y la laguna de Maracaibo ha sido menester la narración
que he hecho.
Salido el gobernador micer Ambrosio del fin del río de Sevilla y
entrado en la mar Océano, como al principio de este capítulo dije,
con sus navíos y gente navegó prósperamente por su derrota y sin
sucederle cosa notable adversa ni próspera llegó en breve tiempo al
puerto y surgidero de Coro, donde halló a Juan de Ampres y a la
demás gente de su república, los cuales viendo la pujanza de gente
que consigo llevaba micer Ambrosio y las provisiones y cédulas que
el emperador le había dado a los Bezares para que fuesen
gobernadores de aquella provincia, lo admitieron y obedecieron y
metieron en posesión de ella.
|Capítulo cuarto
Cómo micer
Ambrosio entró con gente en la laguna de Maracaibo y se alojó de la
otra banda de la laguna, donde después llamaron el pueblo de
Maracaibo.
Como al principio que el fator Juan de Ampres entró en esta
provincia de Venezuela e hizo asiento en ella, según se ha dicho,
se divulgó y extendió la fama por todas partes, así de la riqueza y
prosperidad de esta tierra como de los muchos y domésticos
naturales que en ella había, y en aquella sazón ninguna persona
tenía consignada la defensa y amparo de los naturales, y por otra
parte estaba introducida aquella costumbre que en aquel tiempo
había de hacer los indios esclavos, que fue principal destrucción y
desolación y ruina de muchas provincias que muy pobladas y
abundantes de naturales que en aquella sazón había junto a la mar
del norte, y las que no se despoblaron quedaron los naturales de
ellas tan amaestrados en las cosas de la guerra y defensa suya, y
con un tan arraigado odio y enemistad contra los españoles que se
entiende que permitieran morir todos antes que serles subjetos ni
tributarios, a causa de los excesivos e intolerables daños que en
sus personas, hijos y mujeres y haciendas recibieron; la cual
enemistad y entrañable aborrecimiento que de tan antiguo tiempo
estos indios tienen fijado en sus entrañas, lo podemos ver con
presente experiencia en aquellas provincias de Caracas y toda
aquella costa hasta la isla Trinidad, donde tánta cantidad de
españoles han sido miserablemente muertos en venganza de los daños
que sus antecesores en aquella costa hicieron.
La cual nueva de prosperidad y riquezas hizo que muchas personas
que vivían de este trato de hacer esclavos, acudiesen a esta
provincia con su cierta manera y desorden que ellos en ello tenían,
de tal suerte que en el poco tiempo que hubo desde que Juan de
Ampres la descubrió hasta que el gobernador micer Ambrosio vino a
ella, que como he dicho fue el año de veinte y seis, se dieron
tanta priesa a hacer esclavos o despoblar aquesta tierra, que casi
en esta sazón que micer Ambrosio llegó, se hallaban muy pocos
naturales cerca de Coro que les pudiesen dar a los españoles el
sustento que habían menester; y así le fue forzoso a micer Ambrosio
dar luégo orden cómo salir con su gente de este pueblo de Coro a
buscar y descubrir tierras y provincias donde pudiese poblar y
sustentarse.
A esta sazón tuvo micer Ambrosio noticia muy cierta de las
muchas riquezas y grandes poblazones de indios que en la laguna de
Maracaibo había, por lo cual fue movido a tomar esta derrota y
demanda antes que otra ninguna, y aprestando luégo las cosas
necesarias a la navegación y conquista de la laguna, haciendo
aderezar un navío de los que consigo había traído, y dos
bergantines que con toda brevedad allí hizo, los cuales luégo
encaminó por mar que entrasen con alguna gente por la boca de la
laguna, y él, con toda la demás, se partió por tierra, dejando en
Coro alguna gente que había caído enferma y otros soldados y
vecinos para el sustento de aquel pueblo.
Puesto en camino micer Ambrosio, los soldados que con él iban,
entendiendo que lo que trabajasen o poblasen había de ser para
gente extranjera, y que la peor parte había de ser y era para
ellos, jamás pretendían poblar ni hacer ningún béneficio en los
pueblos y naturales que topaban, mas todo lo procuraban destruir y
arruinar a fin de que aquellos señores extranjeros ni gozasen de lo
que el rey les había dado ni de lo que les había costado sus
dineros ni menos de lo que ellos descubriesen, y así por doquiera
que esta gente anduvo y pasó, hasta hoy queda el rastro.
Caminó micer Ambrosio con su gente derecho a la laguna de
Maracaibo y luégo pasó toda la gente de la otra parte de la laguna
que es hacia el Cabo de la Vela, porque Coro está de esta otra
parte de la laguna la costa arriba, más hacia el oriente, y el Cabo
de la Vela de la otra parte, la costa abajo hacia el occidente; y
allí hizo luégo una manera de alojamiento, que comúnmente llaman
ranchería, donde se alojó él y su campo, para de allí dar mejor
orden en lo que se había de hacer tocante al descubrimiento y
pacificación de aquella laguna y sus provincias. Y porque consigo
llevaba mujeres casadas y criaturas y otros géneros de carruaje que
en semejantes jornadas causan estorbo y embarazo, con lo cual
siguió la disciplina de los demás pobladores de Indias, que cuando
así van a poblar alguna provincia lo primero que hacen en entrando
en la tierra que van a descubrir o poblar buscan un sitio que esté
más encomedio bastecido de agua y leña y tal que la gente que en él
dejaren se pueda defender de los naturales que les quisieren
ofender, en el cual hacen luégo su alojamiento o ranchería;
haciendo ciertas maneras de casas en qué habitar el tiempo que allí
estuvieren, que son unos bohíos pequeños hechos de varas delgadas y
paja, y hecho el alojamiento y ranchería donde puedan dejar el
carruaje o fardaje y las otras cosas que les son estorbo para el
caminar y pelear, luégo desde allí da orden el capitán en enviar
sus caudillos y descubrir y pacificar, dejando siempre fortificado
el alojamiento y ranchería con guarnición de soldados, cual
conviene conforme a la calidad de la tierra y gente de ella.
Pues en esta forma y por estos respectos hizo micer Ambrosio su
ranchería de aquella parte de la laguna conjunta al agua, para de
allí hacer sus salidas y entradas y descubrimientos que por el agua
y por tierra fuesen menester, con intento de en habiendo visto todo
lo que en aquel ancho lago había y en la tierra que lo cercaba, si
fuese cosa tal cual él deseaba y por noticia le habían dado, poblar
un pueblo o más conforme a la disposición y poblazón de la tierra y
del agua y gozar de aquella merced que el rey había hecho a los
Bezares, que por gobernador le habían enviado.
Esta ranchería o alojamiento que hizo micer Ambrosio permaneció
después por algunos años en forma de pueblo, y fue sustentado y
habitado por algunas gentes españolas, y llamado el pueblo de
Maracaibo, y al presente se tiene noticia en aquella provincia de
Venezuela que en este sitio hay grandes árboles de granadas y
parras de España y otros muchos géneros de arboledas frutíferas de
las de Indias que los españoles que allí residieron habían plantado
y cultivado, con que tenían particular recreación, por lo cual y
por la mucha abundancia de caza de conejos, curíes, venados y otros
géneros de montería que por allí cerca había y la mucha abundancia
de pescados y otras cosas que de la laguna tenían, viven hoy en
aquesta gobernación algunas personas con gran deseo de volver a
reedificar la poblazón y a vivir en ella; y para promover los
ánimos y voluntades de otros, añaden otras muchas buenas
propiedades a este sitio o poblazón y a las provincias a él
comarcanas, que por no tenerlas por ciertas ni verdaderas no las
digo.
El gobernador don Pedro Ponce de León dio la población y
pacificación de esta laguna y de la tierra que de la parte del Cabo
de la Vela hay, a un Alonso Pacheco, vecino de Trujillo, de la
propia gobernación, el cual hizo barcos y gente para entrarla a
poblar; y diré que le dio la poblazón de la otra banda de la
laguna, porque hacia la parte donde está poblado Coro están
comarcanos o conjuntos a la misma laguna los pueblos o ciudades de
Mérida, que es de la provincia del Reino, y Trujillo, que como he
dicho, es de Venezuela, y los moradores de estas dos ciudades
tienen subjetos y ocupados los naturales que hacia esta parte donde
ellos están tiene esta laguna poblados así en la tierra como en el
agua y les sirven y son sufragáneos, de todo lo cual más por
extenso trataremos en su lugar de la fundación y origen de cada una
de estas dos ciudades.