INDICE




LIBRO DECIMO [1]




 

En este libro décimo se escribe cómo estando por edicto real vedado el dar licencia para que se hiciesen nuevas poblazones, la Audiencia del Nuevo Reino, a pedimento de las ciudades nombró al capitán Salinas para que con la gente que pudiese fuese a castigar los naturales de las ciudades de Ibagué, Mariquita y Tocaima, que se habían rebelado, según en los libros de atrás queda escrito; y cómo después de haber pacificado la gente rebelde, Salinas, con los soldados que le quisieron seguir, se metió en la provincia de los palenques, donde pobló la ciudad de Vitoria.
Escríbanse algunas guerras aquí, que los españoles tuvieron con los indios, así antes de poblar como después de poblado, y la disposición de la tierra y muchas propiedades de los naturales de ellas, con algunas particularidades tocantes a su modo de vivir y morir, y casamientos y supersticiones e idolatría.

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Capítulo primero En el cual se escribe en suma las causas y ocasión | [2] por donde, estando prohibido por cédula del rey el hacerse | [3]  nuevas poblazones, los licenciados Briceño y Montaño dieron licencia a Asensio de Salinas, vecino de Tocaima, que hiciese cierta gente y pacificase ciertas provincias de naturales rebeldes y poblase un pueblo de españoles.

 

La población y fundación de la ciudad de Vitoria tuvo un rodeo muy largo, el cual, si de plano se hubiese describir en este lugar sería muy pesado a cualquier lector. Lo que se hará será referirlo en suma, y después lo que perteneciere a la fundación y pacificación de esta ciudad se escribirá por extenso, con otras muchas cosas tocantes a las naturalezas de los indios de aquellas provincias, y lo que en este antecedente sumario se escribiere lo podrá hallar copioso el que lo quisiere ver en las poblazones y pacificaciones de las ciudades de Tocaima, Mariquita e Ibagué, que atrás queda escrito, donde todo sucedió.

Fue, pues, el caso quel año de mil quinientos cincuenta y siete, rigiendo y gobernando el distrito del Nuevo Reino como oidores de la Audiencia y Cancillería real, que en la ciudad de Santafé reside, los licenciados Briceño y Montaño, comenzó a haber algunas alteraciones y rebeliones entre los naturales de las ciudades de Tocaima, Mariquita e Ibagué, que todos o los más de ellos son de nación panches, que, como he dicho, es lo propio que caníbales. Estos naturales comenzaron a desvergonzarse en su rebelión con un tan rústico atrevimiento que, pretendiendo echar los españoles de la tierra, pusieron a sus ciudades en muy grande aprieto y estrechura, poniendo en algunas cerco de gente de guerra, porque no tuviesen lugar de salir a buscar comida ni sustento.

Aunque esta rebelión era ya notoria a los oidores, no por eso proveían de remedio, diciendo que era menos el daño que de despoblarse las ciudades de españoles se podía seguir que los que en la pacificación de los rebeldes se habían de hacer; y así dieron lugar a que creciese la rebelión de aquestos bárbaros, de suerte que, en diversas partes, mataron algunos españoles, así encomenderos como particulares soldados; y tras esto se siguió que la gente mosca, intrínsecamente, con muy secreto trato, se convocaban los unos a los otros para tomar las armas y dar en las ciudades entre ellos pobladas, que son Santafé, Vélez y Tunja, porque estos naturales moscas, teniendo noticia de la rebelión y alzamiento de la gente pancha naturales de los pueblos dichos, y de cómo habían hecho algunas crueldades en españoles, y con todo se habían salido, y viendo el poco remedio que en ellos ponían los oidores como jueces supremos, pareciales que los panches no podían dejar de haber entera victoria y vencimiento contra los españoles, y arruinando y destruyendo los pueblos que entre ellos estaban poblados, podrían luégo confederarse y ligarse los unos y los otros, panches y moscas, y dar en los pueblos de tierra fría y haber con la felicidad que esperaban de verse libres de la sujeción de los españoles; y este trato de los naturales moscas fue descubierto y manifiesto a los pueblos que en su provincia estaban poblados, los cuales, para que fuese remediado y castigado, enviaron sus procuradores a la Audiencia Real y llegaron a tiempo que así habían llegado a la propia Audiencia procuradores de las ciudades de Tocaima, Mariquita e Ibagué, que venían a pedir que la Audiencia les socorriese con ayuda de gente y municiones de pólvora y arcabuces y otras armas, para poder sustentar la furia de los rebeldes que en gran aprieto los tenían puestos.

Congregáronse todos estos pueblos y procuradores de ellos, que es todo el Reino, y de conformidad significaron a los oidores el riesgo en que generalmente estaba toda la provincia y región, así de tierra fría como de tierra caliente, lo cual, si no se remediaba y atajaba con la brevedad que era necesaria, se pondría en evidente peligro la tierra, porque ya la desvergüenza de los naturales era tanta que saliendo a saltear a los caminos públicamente mataban algunos españoles y se había extendido la fama de la rebelión hasta Cartago, cuyos naturales, por este respecto, tomando las armas, habían ido sobre Cartago, pueblo de españoles en la gobernación de Popayán, que está treinta leguas de Ibagué, y lo habían puesto en gran confusión y riesgo con pérdida de muchos españoles que mataron. Pidiéronles estos procuradores a la Audiencia que les diesen un capitán que pudiese hacer gente en todo el Reino y constreñirla a ir a la pacificación de los naturales rebeldes, dándoles alguna ayuda a costa de la caja del rey y ayudando los pueblos y vecinos con otra parte de dineros. Los oidores, forzados de la necesidad que había de remediar un tan general y evidente daño y peligro, nombraron por capitán para el efecto dicho a un Asensio de Salinas Oyola, vecino de la ciudad de Tocaima, natural de Salinas de Amaya, en las montañas en España, al cual proveyeron de cierta cantidad de dineros de la caja del rey para avío de los soldados; y como dije, los pueblos le proveyeron de otra cierta cantidad, y dándole los oidores conduta de capitán y justicia mayor de los tres pueblos de Tocaima, Ibagué y Mariquita, le dieron poder asimismo para que en las ciudades del Reino juntase cierta cantidad de gente, y despacháronlo con toda brevedad.

Salinas, aunque era ya hombre mayor de cincuenta años y trabajado de guerras pasadas, puso mucha diligencia en lo que le era encargado, y con la mayor brevedad que pudo envió gente y socorro de españoles a Ibagué, que era la que más necesidad tenía, y a los otros dos pueblos, y dende a pocos días, después de haber juntado todos los más españoles que pudo, se fue él a pacificar las provincias y a castigar los rebeldes; y empezando por los naturales de la ciudad de Ibagué fue corriendo toda la tierra para Tocaima, y de allí bajó a Mariquita, en cuyas poblazones estuvo algunos días pacificándolas, hasta que llegaron al valle de Gualí, donde ya los soldados, cansados y destrozados del mucho tiempo que había que andaban pacificando las provincias dichas, rotos y desnudos, porque todas estas tierras son faltas de ropa de algodón, se volvían a procurar algún descanso a los pueblos de españoles de Mariquita y Tocaima. En efecto, que de más de ciento y tantos soldados que Salinas tenía consigo quedaron solamente setenta soldados, que aunque cansados y trabajados, deseaban ir a poblar alguna parte para tener reposo y sosiego y haber alguna gratificación de sus servicios; porque al tiempo que los oidores dieron al capitán Salinas comisión que fuese a pacificar las provincias dichas, le dieron asímismo facultad que después de pacificadas pudiese con la gente que tuviese poblar un pueblo donde hubiese comodidad para ello de tierra y naturales y allí gratificase por entero en los aprovechamientos y demoras de los indios a los españoles que con él permaneciesen hasta el fin de su jornada; y por esta causa muchos soldados se quedaron en Gualí con él para pasar adelante a buscar tierra para poblar.

El capitán Salinas, aunque era viejo y tenía bien de comer en lo que había menester en Tocaima, deseaba dejar de sí alguna memoria notable, con que quedase su nombre y fama perpetua, y así este ambicioso deseo posponía el defecto de su debilidad y vejez y andaba importunando con mucha instancia a los mas de los soldados que no se fuesen ni le desamparasen sino que lo siguiesen, prometiéndoles toda gratificación; pero según he dicho, no los pudo detener, y así se quedó en Gualí con los setenta de ellos.

Es este Gualí el último pueblo de los términos de Mariquita hacia la parte do está poblada Vitoria, donde feneció y se acabó el castigo de los rebeldes que el capitán Salinas salió a hacer; del cual castigo, como al principio de este capítulo me ofrecí, he dado relación en suma, por no ser cosa perteneciente a este lugar más de para dar claridad del origen y ocasión que la ciudad de Vitoria tuvo para poblarse, porque en esta sazón estaba, por edicto real, suspendido con graves penas el salir a hacer poblazones nuevas, y los españoles soldados no siguieran a Salinas sino les dieran comisión para poblar, y la Audiencia, constreñida a remediar el general daño que se ofrecía, para que los soldados, con más voluntad siguiesen al capitán Salinas y fuesen a castigar aquella rebelión, extendiéronse a dar esta comisión contra lo que el rey tenía mandado, por ser cosa que más convenía a su servicio y al sustento del Reino, porque el rey, informado de los excesos que en las jornadas se hacen por algunas crueles personas, así de muertes, robos y otros géneros de avaricias y torpedades que se cometen, como por evitar otras fuerzas hechas en los indios de paz para llevarlos con cargas a las jornadas, donde mueren fuera de su natural, vedó con gran rigor, como he dicho, casi en aquel tiempo el irse a hacer nuevas poblazones, y esta suspensión dura hasta hoy, y si algunos pueblos de españoles después acá se han poblado, ha sido con diversos colores y ocasiones, pero no que derecha y abiertamente y de voluntad se les haya dado licencia por los superiores, como en el principio de la fundación de cada pueblo, de los que de aquí adelante escribiremos, lo trataremos y daremos a entender.

[1]  La palabra "décimo" substituye a undécimo, tachada.  Véase nota 1 al libro 5°.
[2]  En la "tabla" de Sevilla se lee: " ocasiones".
[3]  En la "tabla" de Sevilla de lee: "hacer"

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