INDICE




Introducción

CAPITULO I
 Fray Antonio Medrano

CAPITULO II
 Fray Pedro Aguado

CAPITULO III
 Medrano y Aguado

CAPITULO IV
 Medrano, Aguado y su época

CAPITULO V
 Fuentes de la Recopilación Historial

CAPITULO VI
 Títulos de las obra

CAPITULO VII
Historias o compendios

CAPITULO VIII
 La tabla

CAPITULO IX
 Los manuscritos de la versión final

CAPITULO X
 La censura
Anexos

PRIMERA PARTE
 Recopilación historial resolutoria...
Tabla de la primera parte

LIBRO PRIMERO- CAPITULO I-II-III-IV
En el libro primero...-Que trata de quién fue...-Que trata de quién fue...-Que trata de cómo el gobernador...-Que trata de cómo los amotinados...

CAPITULO V-VI-VII
De lo que al capitán amotinado...-Que trata de cómo la Audiencia...-De cómo los dos gobernadores...

CAPITULO VIII-IX-X
De cómo fue proveído en España...- De cómo el gobernador Lerma...-En que se cuenta cómo el gobernador Lerma...

CAPITULO XI
De cómo el capitán San Martín...

LIBRO SEGUNDO- CAPITULO I-II
En el segundo libro se escribe...-En que se escribe cómo...-De cómo el adelantado...

CAPITULO III-IV-V-VI
De cómo después de...-De lo que a don Alonso Luis de Lugo...-De la gran mortandad...-En que se escribe la fortuna...

CAPITULO VII-VIII-IX-X
 Que trata de cómo el general...-En que se escribe cómo...-Es que se escribe lo que le sucedió...-En que se escribe cómo el general...

CAPITULO XI-XII
 En que se escribe cómo el general...-En que se escribe la vuelta...

LIBRO TERCERO- CAPITULO I-II-III
En el tercer libro se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se declaran...-En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
 En que se escribe...-En que se escribe...-En que se escribe ...

CAPITULO X-XI-XII
En que se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO CUARTO- CAPITULO I-II
En este cuarto libro...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO III-IV
En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO V-VI-VII
En el cual se escribe...-En que se escribe...--En que se escribe...

CAPITULO VIII-IX-X
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
En el cual se escribe...-De cómo Hernán Pérez de Quesada...-

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XV-XVI
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XX-XXI-XXII
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XXIII
En el cual se escribe...-

LIBRO QUINTO- CAPITULO I-II-III
En el libro quinto...-De cómo al capitán...-Que trata de otra salida...-Que trata del asiento...

LIBRO SETIMO- CAPITULO I-II-III
En el libro sétimo...-Cómo fue nombrado...-De cómo los españoles...-Cómo los indios...

CAPITULO IV-V
Que trata de cómo...-Que trata de una rebelión...-

LIBRO OCTAVO- CAPITULO I-II-III
En el libro octavo...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se escribe...-En el cual se escriben...-En el cual se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO X-XI-XII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO NOVENO- CAPITULO I-II-III
En el libro nono...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO VI-VII-VIII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IX-X
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
 En el cual se escribe...- En el cual se escribe...
|Capítulo undécimo |26  En el cual se escribe cómo por no poderse sustentar el capitán Avellaneda con su gente en la ciudad de Burgos que había poblado, la desamparó y caminó hasta llegar a un alto páramo. Trátase de la facilidad con que en las Indias pueblan y despueblan un pueblo, por no mirar al principio las circunstancias que se deben mirar.

 Los que antiguamente en España poblaron, por defecto de no haber entre ellos el arte de la labor ni del pan ni de las otras cosas necesarias para el sustento de los hombres, que después fueron inventadas, solamente procuraban que donde hubiesen de residir el sitio fuese airoso y las aguas dulces y las hierbas naturales buenas y tales cuales convenían para su sustento, porque según estas dos cosas, juzgaban tener la tierra buenas influencias del cielo o no tenerlas; porque como su principal sustento habían de ser y eran las frutas y legumbres que la tierra naturalmente produce, y los esquilmos de sus ganados, érales forzoso mirar con diligencia estas cosas, y con todo esto no podían estar continuo en un lugar porque no eran bastantes las frutas que en una provincia o región se daban a sustentarles todo el año, y así se mudaban algunos tiempos a las otras partes donde había abundancia de frutas y comidas, y de esta suerte se sustentaron mucho tiempo hasta que fue hallada o traída entre ellos el arte de cultivar y arar los campos y sembrar el trigo y las otras cosas necesarias para el ordinario sustento, que fueron principal causa para que los pobladores hiciesen y perpetuasen asiento en una parte, y cesó el andar cargados con sus ganados y baratijas de un lugar a otro; y con tener los españoles estos espejos y otros muy mejores de sus mayores, casi ninguna de estas cosas miran en las Indias cuando van a poblar, sino que haya muchos indios y que la tierra sea rica de minas de oro o plata, y como estas dos cosas tengan, muy poco se les da que el temple, sitio, aguas, yerbajes y constelación del cielo sea lo más malo y perjudicial que puede ser y que en ella nunca se críe trigo ni se pueda hacer casa ni cosa que permanezca, porque hácense cuenta que lo que los indios sembraren los ha de sustentar, que quieran que no quieran, y ellos les han de sacar oro con que se provean de las otras cosas necesarias; y como estas dos cosas son perecederas e inciertas, muchos pueblos se han despoblado y despoblarán andando el tiempo.

La causa es que como todo el trabajo de la labor y sustento de los tales vecinos depende de los indios que les han de hacer las casas y sustentárselas y hacerles las labranzas, y cavándolas, sembrándolas, desherbándolas, segándolas, cogiéndolas, trillándolas y encerrándolas, y les han de dar sus hijos para las minas, servicios para sus casas y otros cien mil géneros de imposiciones con que nunca paran, y después de todo esto las demoras y tributos principales, juzgue cada cual si bastarán estos trabajos a consumir y acabar los animales cuanto más los hombres, y muchas veces no les queda tiempo para hacer sus labores para el sustento de sus casas. Todo esto va consumiendo los indios muy poco a poco en poblezuelos nuevos, donde la justicia y los vecinos todos son encomenderos y los unos por los otros nunca cumplen ley ni cédula enteramente que sea en favor de los indios, y a estos tales pueblos, digo, que permanecerán y durarán tanto cuanto durare el sustento que los indios dieren y dan a los españoles, y que acabados los indios de ser muertos no hay sustentarse pueblo, porque ni los españoles se dan a hacer heredades ni labores ni otras cosas que sean perpetuas, ni la tierra donde habitan es para ello, por el defecto dicho de no mirar con atención las calidades que debe tener el lugar donde poblaren, a lo menos por espacio de dos o tres leguas de tierra que alrededor del pueblo sería justo que se les diese a los españoles que pueblan y se van a vivir a semejantes nuevas poblazones, con aditamento que las labrasen y cultivasen y gastasen en ello parte de su hacienda, para que después ni fuesen con facilidad movidos a dejarlo perdido e irse, pues la imaginación de haber gastado sus dineros en semejantes labores y trabajos puede mucho y es causa de no moverse con facilidad los hombres; pero esto dicen muchas personas no poderse hacer, por ser las tierras de los indios comarcanos, a quien no se les debe quitar, lo cual hallo yo las más veces ser invención de los propios encomenderos, que según su ambición querrían adjudicar a sí todo lo que es y no es de sus indios, los cuales siempre tienen tierras sobradas para sí y para sus vecinos, y así podrían partir con los españoles, a los cuales también se les habla de apremiar a que no viviesen ociosamente, sino que se diesen a hacer heredades con que perpetuar la tierra, con pena de que si en ello fuesen negligentes o descuidados se les quitasen los indios, y que cada cual fuese obligado a tener bueyes para arar y jumentos para cargar la comida, pues hay abundancia de ellos; y así serían los indios reservados del trabajo y conservados y aumentados, y estos bueyes y jumentos que para reservar el trabajo de los indios cada uno tuviese, debían ser exentos de toda obligación expresa, pues eran y son los tales jumentos para conservar y relevar de trabajo a los naturales y sustento común, y no sería bastante razón decir que van a poder de otro encomendero, pues el a quien se los quitaron para vender, en lugar de ellos, ha de arar y trabajar con los indios.

Un poco he salido fuéra de mi principal intento, que era tratar la inconstancia e inconsideración que muchos capitanes han tenido en poblar pueblos en nombre del Rey y en lugares donde es imposible sustentarse, los cuales, si temiesen algún particular riguroso y ejemplar castigo no lo harían, ya que el temor de la infamia no les mueva a ello. Sálese cada cual que quiere con no sé qué color y con veinte hombres y métese por tierras remotas y apartadas, y aunque claramente ve que no es parte para sustentarse ni permanecer o por ser los soldados pocos o la tierra perversa y mala y de pocos naturales y malos o por otras muchas causas que para ello hay, y sólo porque les quede un título de capitán y una familia de que eran, y dejan la poblazón y vuélvense a comer bodigos y luégo dicen era el mejor pueblo y la mejor tierra y los mejores indios y los más ricos que había en el mundo, y por aquí van discurriendo por cien mil géneros de fabulaciones, con intento de que los tornen a enviar o les den licencia que salgan con su gente a reedificar aquel pueblo que despoblaron, y cierto es grande el exceso que en esto ha habido en la nueva ciudad de Burgos y de su fundación.

Habranme escuchado con mucha atención porque les parecerá que una ciudad llamada la Nueva Burgos no podía dejar de ser cosa que imitase a nuestra ciudad de Burgos en España, pues yo os, certifico que la tierra y naturales de ella han forzado a nuestros pobladores a que tomen su ciudad a cuestas y pasen adelante a buscar donde puedan comer, porque aunque al tiempo que la poblaron se dieron a hacer sus rozas y labranzas y las otras cosas necesarias para su sustento, la naturaleza de la tierra e influencia de los astros y planetas era tan mala que con ninguna cosa que principiaron salieron ni llegaron al cabo, y en todo este tiempo se sustentaron de las comidas que los indios para su sustento tenían, los cuales se acabaron de suerte que ya ni hallaban maíz ni yuca ni batata ni otras legumbres ningunas con que poderse sustentar, y así desamparando el sitio donde estaban poblados caminaron al pueblo del cacique Yaquenos, que estaba de paz y era amigo, según atrás queda dicho, de los españoles, desque le asaltaron el fuerte donde con su gente se había recogido.

Fue el capitán Avellaneda y sus soldados bien recibidos del cacique Yaquenos; y hospedado y proveído de la comida de que tuvo necesidad, y se ofreció a acompañarlos y guiarlos por aquella tierra como hombre que lo sabía; y de este pueblo, otro día siguiente caminaron los españoles llevando consigo al cacique Yaquenos por guía. Caminaron algunas jornadas de montaña, por donde toparon dos o tres lugarejos o poblezuelos de poca suerte, y en el uno de ellos se hallaron más de sesenta cabezas de indios puestas en palos delante de la casa del cacique, entre las cuales estaba la del español que los indios mataron junto a la ciudad de Burgos. Llegaron, pasados algunos días, a las riberas de un río que tenía cantidad de labranzas de yuca, maíz y batatas, donde se holgaron los españoles, y cogiendo lo que hubieron menester y quisieron, pasaron a lo alto y adelante, donde en lo alto de una empinada cuesta que habían de subir, los indios les tenían puesta a punto una gran peña con otras muchas galgas para echarles encima a tiempo que fuesen subiendo, para el cual efecto habían abierto y limpiado un ancho camino por donde los soldados subiesen, y al tiempo que a los indios les pareciese echarles la peña y las galgas encima, con que pensaban matar la mayor parte de ellos; y ciertamente lo hicieran si el capitán Avellaneda no advirtiera en que el haber limpiado y aderezado los indios aquel camino no procedía de buen comedimiento sino de algún engaño o emboscada que los indios tenían armada; y así echando su gente por fuéra de aquel camino les fue abriendo vía por donde pasasen, apartándolos de aquel peligro y trampa que los indios les tenían armada, con lo cual quedaron los bárbaros frustrados de sus designios, y los nuestros salvos de peligro, aunque también les pretendieron estorbar este paso y camino que llevaban con lanzas y piedras y otras armas arrojadizas; pero en oyendo el estruendo de algunos arcabuces que contra ellos se dispararon, desampararon el álto y subida que pretendían defender y diéronse a huir subidos en lo alto sin ningún daño.

Los españoles y sus criados o gente de servicio caminaron algunos días pasando por algunas poblazones donde se proveían de alguna comida, hasta que llegaron a un pueblo de indios donde hallaron gallinas de las de España y turmas de tierra y alguna abundancia de comida, por lo cual y por ir la gente algo fatigada, le fue necesario al capitán detenerse en él algunos días para que la gente se reformase y descansase, que lo había bien menester, según la mala y doblada y estéril tierra habían pasado; pero ninguna cosa se les mejoraba la de adelante, antes se las doblaba y empeoraba, poniéndoseles delante muy malos pasos para los caballos, los cuales les era forzoso aderezar a fuerza de brazos, que cuando a estos soldados toman estos trabajos sobre cansados sonles más nocibles. Ofrecióseles en el camino un alegrón de un valle que el capitán descubrió, que según la apariencia y demostración que desde lejos tenía juzgaban ser el valle de la Plata, en cuya demanda habían salido, por lo cual cada uno daba por fenecidos sus trabajos y principiaba su bienaventuranza y descanso; pero la fortuna les burló en esto como en lo demás, porque dende a muy poco tiempo entraron en el valle y no hallaron cosa digna de la remuneración de sus trabajos. Pasaron de largo casi siempre cubiertos con las ramas y sombras de los árboles y montes, hasta llegar al pie de un alto páramo donde casi se hallaron tan atajados por la maleza y aspereza de la tierra y sierrazón y espesura de los arcabucos, que a una parte ni a otra no hallaban salida, y a ellos les era dificultoso el volver atrás por los malos caminos y sierras despobladas que habían de pasar, en donde corrían riesgo de perecer todos, y el mismo peligro tenían donde estaban alojados, porque ni hallaban comida con que se sustentar ni aun agua para beber, que cuando estas dos cosas faltan se hacen de todo punto intolerables los trabajos.

 

|Capítulo duodécimo |27

En el cual se escribe cómo Avellaneda atravesó el páramo y cordillera del Reino hacia la parte de Neiva, sin saber por dónde iba, y fue a salir al valle de la Tristura, que es en Neiva, y allí | 28 se esparcieron sus soldados, y cada cual se fue por su parte, donde tuvo fin su jornada.

 El capitán Avellaneda viéndose en este estrecho con su gente, envió la vía del páramo ciertos soldados a que viesen si había salida o subida por donde los caballos pudiesen subir, pero hallaron el camino tan cerrado de manglares, que les pareció ser imposible pasar por él los caballos. Estos manglares | 29 , en semejantes montañas, son gran multitud de cepas que de las raíces de los árboles proceden, las cuales levantándose sobre lo fijo de la tierra van entretejiendo unas con otras y subiendo y levantándose sobre la haz de la tierra y suelen crecer tanto así entretejidas unas con otras, que se levantan cinco y seis estados del suelo, y esta entretejedura es rala y cubierta de cierta manera de lana que los árboles crían, que cuando ven el camino parece que está sobre fijo, y en poniendo el pie encima, si no van con aviso, se sume el pie por entre aquellas cepas y raíces y a veces el hombre, y si por semejantes partes quisiesen pasar caballos era imposible si no le echaban encima algunos reparos con que hacerlo fijo.

Vueltos los soldados a donde Avellaneda estaba con tan mala esperanza de pasar los caballos, fueron muertos algunos, así por esta causa como porque entre los españoles había gran falta y necesidad de comida, y entre todos se repartió la carne de los caballos y aun hubieron de andar a las puñadas sobre el recoger la sangre, y no los mataron todos con esperanza de hacer algún reparo en el camino, porque como los caballos son muy temidos de los indios procuraron los españoles conservarlos y no hallarse en ninguna parte sin ellos.

Avellaneda animó con buenas palabras a su gente lo mejor que pudo para que diesen orden en reparar el camino para que pasasen los caballos, pues era poco lo que había que aderezar, y así repartió la gente en cinco o seis cuadrillas para que con hachas y machetes fuesen cortando ramas y fajina y echando sobre la tela y urdimbre de las raíces de los árboles por donde habían de pasar los caballos y fuesen abriendo el camino, porque demás de los objetos dichos iba muy cerrado y angosto. Los soldados lo fueron aderezando con harto trabajo lo mejor que pudieron, cubriéndolo todo con fajina y ramas de árboles, y sobre esto iban poniendo los sayos de armas que tenían y faldas de los caballos y adargas, sobre que iban los caballos pasando aquel trabajoso paso, y así con el favor de Dios y mediante su buena y mucha diligencia acabaron de pasar los caballos que les quedaban aquella montaña y manglar y subieron al páramo, por donde fueron a dar a un valle llamado de Duhagua, poblado de algunos indios que traen cubiertas sus personas con mantas de algodón, gente poblada en los altos de las lomas y cuchillas, donde están fortalecidos y corroborados por las continuas guerras que los unos con los otros tienen a fin de se comer, porque todos ellos son caribes, y lo mismo acostumbran los indios de atrás del valle de Moquigua y sus comarcanos, porque en ningún bohío ni poblazón de toda la provincia por do estos españoles anduvieron hasta el valle de Neiva dejaron de hallar brazos, piernas, manos y pies y cuartos de hombres y mujeres muertos y puestos al humo a cecinar para guardar, aliende de la que fresca comían.

Este valle de Duhagua está en las vertientes del río grande de la Magdalena, casi a los nacimientos de él, y el páramo y cumbre que poco ha dije que los españoles pasaron era la cordillera que entre el Reino y los llanos de Venezuela está; y aunque estos españoles atravesaron la cordillera y pasaron a esta otra parte del Reino no lo habían reconocido ni lo reconocieron hasta después de haber andado algunas jornadas por entre pueblos e indios de guerra, caníbales, que aunque tenían noticia de los españoles y pueblos del Reino, nunca la daban enteramente, antes algunos de ellos entendían que comían carne humana los nuestros, porque llegando ciertos españoles a buscar comida a un pueblo de indios, después de haber tenido con ellos ciertos recuentros y haberlos ahuyentado y echado de su pueblo, les trajeron de presente un cuarto de un indio para que comiesen por muy principal regalo; pero el caudillo que allí iba tomó a enviar el mensajero que lo había traído, mandándole que lo volviese donde su cacique estaba, al cual dijese cómo de él no pretendían más de su amistad y comercio, que viniese a verse con el capitán.

El cacique debía de ser de buena disistión, que luégo vino donde el caudillo estaba; y de allí se vino a ver al capitán, el cual le dijo cómo pretendía hacer allí un pueblo y residir en aquella tierra para defenderle de sus enemigos. El cacique mostró holnía noticia cómo servían los indios de Tocaima y Bogotá y que garse con lo que Avellaneda le decía, y le respondió que él ya telo mismo harían él y sus indios; pero de estas palabras nunca tuvo ninguna sospecha Avellaneda ni sus soldados, porque muchas jornadas atrás habían oído a algunos indios hablar algunas palabras castellanas y parecíales que los que las hablaban debían ser algunos indios de los que en tiempos pasados fueron presos y anduvieron en las jornadas en compañía de los españoles, y así no echaron de ver que lo que el indio decía; mas luégo pasaron adelante por parecerles gentes de buena disistión la que por allí había, con designio de si fuese mucha asentar en esta provincia su ciudad de Burgos, que entiendo que andaban ya cansados de traerla a cuestas por los arcabucos y montañas y cerros, pero cuando más contentos iban por la buena esperanza que tenían de topar tierra en que descansar y permanecer, dieron en el valle de Tristura, en las riberas del río grande de la Magdalena, donde estuvo el general Jiménez de Quesada cuando desde las provincias de Tunja salió en demanda de Neiva donde le habían dicho que había grandes riquezas y en lugar de ellas adquirió graves enfermedades de calenturas para todos sus soldados, según en su lugar queda escrito largo.

Avellaneda, por su larga experiencia, reconoció luégo haber sido esta tierra hollada y trillada de españoles, y así lo manifestó a sus soldados que luégo vieron claros vestigios y señales de haber andado gente española antes que ellos en esta tierra, y aun de estar cerca de donde ellos estaban, porque en ciertas rozas o labranzas de indios hallaron unos pies de plátanos, que es árbol que no lo hay entre los naturales, sino entre los que habitan cerca de pueblos de españoles. Estas señales les fueron muy odiosas y tristes a todos los soldados, porque demás de hallarse frustrados de sus designios y esperanza que tenían de haber y hallar tierra dónde descansar y ser gratificados de sus trabajos, sentían grandemente el haberles salido en vano todo lo que tan a costa de sus personas y haciendas habían pasado y lastado y padecido por tierras tan malas y trabajosas cuanto son las por donde estos soldados anduvieron, y entre gentes tan belicosas, caníbales y bestiales en condición y fiereza.

Avellaneda los consoló lo mejor que supo, poniéndoles por delante los trabajos que con más largos días y años de jornadas y descubrimientos habían pasado otros muchos soldados y españoles con las mismas calamidades que ellos, los cueles sin lo procurar ni querer se habían hallado, en partes donde no podían recuperar ni soldar su perdición, antes debían dar gracias a Dios, pues los había echado en tierra donde no pereciesen todos, como a otros había sucedido por querer con obstinación seguir su opinión, como ellos lo habían hecho, pues de su consejo y parecer no se había seguido la derrota y vía por donde habían venido al paradero donde estaban, y concluyó su plática con decirles que todos o los más le debían dineros del alivio que les había dado, que aunque su necesidad era tanta como la de cualquiera de ellos, que él les esperaría hasta que Dios se lo diese y lo tuviesen, y que no por eso dejase cada cual de seguir la vía que le pareciese: que él le daba licencia para ello. Los soldados le agradecieron su forzosa liberalidad y franqueza y cada cual se fue por su parte, porque donde a esta sazón estaban era ya tierra segura y donde no había riesgo ninguno; y así tuvo fin la ciudad de Burgos, yéndose cada uno de sus pobladores por su parte.

El capitán Avellaneda, con los que le quisieron seguir, se volvió por, la vía de Santafé a la ciudad de San Juan de los Llanos, donde después acá ha vivido y residido y hoy vive y reside, aunque trabajosamente, por los pocos naturales que en aquella provincia hay y pocos aprovechamientos, que aunque hay minas de oro no hay quien lo saque ni quien las labre, y así acuden a ella pocos españoles, y soy cierto que si el capitán Avellaneda no hubiera de ordinario residido en este pueblo, entiendo que ya se hubiera despoblado, porque en semejantes pueblos o ciudades en faltando los fundadores de ellas que los procuran sustentar por su propia honra, luégo son perdidos, y los que tienen minas de oro e indios que las labren, como poco ha dije, durarán en el ínterin que los indios y las minas duraren.

 

NOTA DE ALGUNAS PALABRAS ANTICUADAS O DE DUDOSA INTERPRETACION USADAS POR EL PADRE AGUADO EN SU OBRA:
 

 Abarloar.-Situar un buque de tal suerte que su costado esté casi en contacto con otro buque, con una batería, muelle, etc. El Padre Aguado emplea esa palabra en el sentido de ponerse en contacto indios y españoles.

Abusión.-Abuso, superstición, agüero.

Arcabuco.-Lugar fragoso y lleno de maleza.

Aflito.-Aflicto, participio pasado irregular de afligir.

Agestado.-Con los adverbios bien o mal significa de buena o mala cara.

Ahozinado.-De ahocinarse, correr los ríos por angosturas o quebradas estrechas y profundas.

Ancón.-Ensenada pequeña en que se puede fondear.

Anhélito.-Respiración, principalmente corta y fatigosa.

Amiento.-Correa con que se ataban por medio las lanzas o flechas para arrojarlas.

Anta.-Cuadrúpedo rumiante, parecido al ciervo y tan corpulento como el caballo, de cuello corto, cabeza grande, pelo áspero de color gris obscuro, y astas en forma de pala con recortaduras profundas en los bordes.

Atalayar.-Observar o espiar las acciones de otros.

Baquiano.-Práctico de los caminos, trochas y atajos.

Baruacoas.-Barbacoa, zarzo en lo alto de las casas, donde se guardan granos, frutos, etc.

Batihoja.-Batidor de oro o plata. Artífice que a golpes de mazo labra metales, reduciéndolos a planchas muy delgadas.

Bija.-Palabra caribe que significa encarnado, rojo. La bija es un árbol de la familia de las bijineas, de poca altura, con hojas alternas, aovadas y de largos pecíolos, flores rojas y olorosas y fruto oval y carnoso que encierra muchas semillas. Criase en regiones cálidas de América; del fruto, cocido, se hace una bebida medicinal y refrigerante, y de la semilla se saca, por maceración, una substancia de color rojo que se emplea en pintura y tintorería.

Cabido.-De caber, que no sólo significa poder contenerse una cosa dentro de otra, sino tener lugar o entrada. Así la frase era más cabido con Dios, que emplea el P. Aguado, debe entenderos en el sentido de que tenía más lugar o era más atendido por Dios.

Cabuyas.-Cabulla, fibra de la pita, con que se fabrican cuerdas y tejidos.

Catauro.-Especie de caja o cesta hecha de la yagua do la palma real, para llevar huevos, frutas, etc., o para sacar agua de pozos, lagunas, etc.

Cateándolo.-De catear, verbo activo anticuado, que significa buscar, descubrir.

Conducta.-Esta palabra está empleada por el P. Aguado en su significado de gobierno, mando, guía, dirección.

Coracina.-Pieza de la armadura antigua, especie de coraza.

Cuesco.-Hueso de la fruta.

Chaquira.-Grano de aljófar, abalorio o vidrio muy menudo.

Chirrión.-Carro fuerte de dos ruedas y eje móvil, que chirría mucho cuando anda.

Dar batería.-Combatir una plaza o muro.

Dexarrentando.-Desjarretar, cortar las piernas por el jarrete; debilitar y dejar sin fuerzas a uno.

Elación.-Altivez, presunción, soberbia.

Empecible.-De empecer, dañar, ofender, causar perjuicio.

Escuadra.-Plaza de cabo de cierto número de soldados.

Estado.-Medida longitudinal tomada de la estatura regular del hombre, que se ha usado para apreciar alturas o profundidades, y solía regularse en siete pies.

Estomagados.-De estomagar, causar fastidio o enfado.

Frazada o frezada.-Manta peluda que se echa sobre la cama.

Galga.-Piedra grande que, arrojada desde lo alto de una cuesta, baja rodando y dando saltos.

Insignias.-Usado en el texto en el sentido de señales.

Jagua.-Arbol cuyo fruto es como un huevo de ganso, de corteza cenicienta y pulpa blanquecina, agridulce, que envuelve muchas semillas pequeñas, duras y negras.

Jara.-Palo de punta aguzada y endurecida al fuego, que se emplea como arma arrojadiza.

Lastado.-De lastar, suplir lo que otro debe pagar, con el derecho de reintegrarse; padecer por la culpa de otro.

Lengua del agua.-Orilla o extremidad de la tierra, que toca y lame el agua del mar, de un río, etc.

Ligagamba.-Forma anticuada de liga pierna.

Macana.-Especie de machete hecho con madera dura y filo de pedernales.

Manglares.-Sitio poblado de un arbusto cuyas ramas, largas y extendidas, dan unos vástagos que descienden hasta tocar el suelo y arraigar en él.

Manija.-Abrazadera de metal para coger y sujetar la rodela.

Medaño.-Médano, montón de arena casi a flor de agua.

Mucura.-Ánfora de barro usada por los indios de Venezuela para tomar agua de los ríos y conservarla fresca.

Oso hormiguero.-Mamífero desdentado, de unos 15 centímetros desde el hocico hasta el arranque de la cola, que es tan larga como el cuerpo; éste es grueso, la cabeza pequeña, las patas cortas y el pelo suave, espeso y de color amarillento rojizo.

Pajonales.-De pajonal, terreno cubierto de pajón, o sea de la caña alta y gruesa de las rastrojeras.

Palenque.-Valla de madera o estacada que se hace para la defensa de un puesto, o también para cerrar el terreno en que se ha de hacer una fiesta pública.

Peal.-Parte de la media que cubre el pie; paño con que se cubre el pie.

Poleadas.-Gachas o puches.

Queresa.-Cresa, larva de ciertos dípteros, que se alimenta principalmente de materias orgánicas en descomposición.

Sacabuche.-Instrumento músico de metal, a modo de trompeta, que se alarga y acorta recogiéndose en sí mismo, para que haga la diferencia de voces que pide la música.

Salto.-Lugar alto y proporcionado para saltar, o que sin saltar no se puede pasar. En el texto está empleada esta palabra en el sentido de acometer repentinamente.

Terrero.-Objeto o blanco que se pone para tirar a él.

Turó.-Forma anticuada de duró.

Varón.-Cada uno de los dos palos o cadenas que por un extremo se hacen firmes en la pala del timón y por el otro se sujetan a uno y a otro costado del buque, para gobernar cuando se ha perdido la caña.

Versete.-Diminutivo de verso.

Verso.-Pieza ligera de artillería antigua, que en tamaño y calibre era la mitad de la culebrina.

Versuto.-Astuto, taimado y malicioso.

Vicioso.-Además de su acepción vulgar de tener o padecer vicio, significa también vigoroso y fuerte, especialmente para producir, y abundante, provisto, deleitoso.

 

26   palabra "undécimo" substituye a |duodécimo, tachada. Véase nota 9 a este libro
27  La palabra "duodécimo" substituye a |décimotercero, tachada. Véase nota 9 a este libro.
28  En la "tabla" de Sevilla se lee: "y así".
29  Al margen dice: |o pantanos llenos de agua y lodo. Palabras tachadas.

anterior | índice