INDICE




Introducción

CAPITULO I
 Fray Antonio Medrano

CAPITULO II
 Fray Pedro Aguado

CAPITULO III
 Medrano y Aguado

CAPITULO IV
 Medrano, Aguado y su época

CAPITULO V
 Fuentes de la Recopilación Historial

CAPITULO VI
 Títulos de las obra

CAPITULO VII
Historias o compendios

CAPITULO VIII
 La tabla

CAPITULO IX
 Los manuscritos de la versión final

CAPITULO X
 La censura
Anexos

PRIMERA PARTE
 Recopilación historial resolutoria...
Tabla de la primera parte

LIBRO PRIMERO- CAPITULO I-II-III-IV
En el libro primero...-Que trata de quién fue...-Que trata de quién fue...-Que trata de cómo el gobernador...-Que trata de cómo los amotinados...

CAPITULO V-VI-VII
De lo que al capitán amotinado...-Que trata de cómo la Audiencia...-De cómo los dos gobernadores...

CAPITULO VIII-IX-X
De cómo fue proveído en España...- De cómo el gobernador Lerma...-En que se cuenta cómo el gobernador Lerma...

CAPITULO XI
De cómo el capitán San Martín...

LIBRO SEGUNDO- CAPITULO I-II
En el segundo libro se escribe...-En que se escribe cómo...-De cómo el adelantado...

CAPITULO III-IV-V-VI
De cómo después de...-De lo que a don Alonso Luis de Lugo...-De la gran mortandad...-En que se escribe la fortuna...

CAPITULO VII-VIII-IX-X
 Que trata de cómo el general...-En que se escribe cómo...-Es que se escribe lo que le sucedió...-En que se escribe cómo el general...

CAPITULO XI-XII
 En que se escribe cómo el general...-En que se escribe la vuelta...

LIBRO TERCERO- CAPITULO I-II-III
En el tercer libro se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se declaran...-En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
 En que se escribe...-En que se escribe...-En que se escribe ...

CAPITULO X-XI-XII
En que se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO CUARTO- CAPITULO I-II
En este cuarto libro...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO III-IV
En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO V-VI-VII
En el cual se escribe...-En que se escribe...--En que se escribe...

CAPITULO VIII-IX-X
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
En el cual se escribe...-De cómo Hernán Pérez de Quesada...-

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XV-XVI
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XX-XXI-XXII
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XXIII
En el cual se escribe...-

LIBRO QUINTO- CAPITULO I-II-III
En el libro quinto...-De cómo al capitán...-Que trata de otra salida...-Que trata del asiento...

LIBRO SETIMO- CAPITULO I-II-III
En el libro sétimo...-Cómo fue nombrado...-De cómo los españoles...-Cómo los indios...

CAPITULO IV-V
Que trata de cómo...-Que trata de una rebelión...-

LIBRO OCTAVO- CAPITULO I-II-III
En el libro octavo...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se escribe...-En el cual se escriben...-En el cual se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO X-XI-XII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO NOVENO- CAPITULO I-II-III
En el libro nono...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO VI-VII-VIII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IX-X
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
 En el cual se escribe...- En el cual se escribe...
Capítulo cuarto | 5 |En el cual se escribe la disolución que en este Reino hay entre los españoles de vivir lujuriosamente, y el poco remedio en ello pone la justicia, y las desastradas muertes que algunas personas que de esta suerte han vivido han recibido.

|Es tan grande la disolución que algunas partes hay entre españoles de vivir lujuriosa y carnalmente que verdaderamente me pone espanto y admiración; y ponen en esta desorden y disolución tan poco remedio los jueces y justicias que si no son los que, como he dicho, Dios Todopoderoso ha querido castigar para ejemplo y enmienda nuestra, jamás he visto que sobre este caso se haya hecho ningún castigo por la justicia, ni aun siquiera impone terror o temor a los muchachos que nueva y libremente crían, de los cuales pocos hay que no se precien de tener una y dos y tres mancebas indias o mestizas, y esto no muy cautamente, porque todos o los más en son de criadas las tienen en sus casas sujetas a su apetito y voluntad; y ya que las justicias son remisas en esto y negligentes, no veo que por vía de los confesores se remedie cosa alguna este daño, sino que cada año los veo absueltos y confesados y recibir el santísimo sacramento de la eucaristía, pues es cierto, y tengo para mí que muy pocas cosas de estas ignoran los confesores, porque en sus generales reprehensiones las publican los predicadores, el cual vicio y disolución no pequeño daño causa a los naturales sino muy grande y pernicioso, porque con el común mal ejemplo que con este vicio y otros les dan muchas personas, cuando les trataren de que dejen la multitud de mujeres y mancebas que tienen y que se queden con una para que naturalmente vivan, bien claro está que responderán lo que ven, y así es tan poco el fruto que en ellos se hace con la doctrina que se les da a causa de este y de otros muchos ejemplos, que los más de ellos entiendo que se están hoy en su antigua barbarie y gentilidad sin flegarse casi nada siquiera a la ley natural, porque conforme a las ocasiones dichas para que obren conforme a la evangélica ley es muy temprano, y como dice Santo Tomás en la Suma contra gentiles, más mueven los... | 6 llegábanse así los bárbaros a halagarlo y decíanle... | 7 que quiere decir: padre, no te vayas al cielo que luégo te iremos a servir, y con esto se les mostraba manso, y los indios hacían luégo lo que él quería; pero estos embustes no le excusaron de que no muriese ahogado, y sin estos otros que por conservar a sus concubinas y |tenerlas o traerlas consigo han sido miserablemente muertos ellos y ellas, como fue un Francisco Rodríguez, que viniendo de San Juan de los Llanos a Santafé, traía consigo una india, la cual venía algo indispuesta, y en cierta montaña junto a los páramos de Fosca y Pasea se adelantó del otro español que con él iba e indios de cargas que llevaban y quedándose los dos solos cada uno de ellos fue muerto de por sí por osos y |leones que en este arcabuco los hay, y así perecieron entrambos a manos de animales. Otro soldado, Francisco Carrión, trayendo consigo una india de un repartimiento de unos amigos suyos contra la voluntad de su padre de la india, el cual venía juntamente con el Carrión, y habiéndose quedado a dormir en el camino por no alcanzar al pueblo, el Carrión, con titulo de que la india, que era de buen parecer, no se le huyese, la echó consigo en la... | 8

  | |Capítulo cuarto | 9   |En el cual se escribe la diversidad y monstruosidad de culebras, tigres, osos y otros animales que en esta tierra se crían, y de algunas aves, y de su proporción. Trátanse algunos daños que tigres en Indios han hecho.

 Al principio de este libro dije cómo esta ciudad de San Juan de los Llanos caía o estaba fundada al pie de la cordillera del Reino de la otra parte de ella, junto a los llanos de Venezuela, en la provincia de los Guayupes, cuya región y tierra participa de los altos de la cordillera y de lo bajo de los llanos, porque desde donde el pueblo está puesto para arriba está toda la serranía que cuelga y depende de la cordillera, donde toda la más de esta gente guayupes están poblados, la cual es tierra no muy escombrada ni rasa, porque a partes tiene y cría en sí grandes montañas, y a partes sabanas. Como he dicho, es tierra doblada y áspera del pueblo para abajo, es tierra llana y de los llanos de Venezuela todo lo más de ella rasa y escombrada, pero cubierta de una paja muy alta y muy dañina a las piernas de los indios, porque se las roza y rasguña, y para remediar esto los indios hacen de cuero de venados cierto calzado que les llega sobre los tobillos, y de allí para arriba se ponen cierta manera de medias calzas hechas de un cáñamo sacado de unas hojas de árboles a quien llaman palmichas; y para que más cómodamente se pueda andar por estas sabanas y campañas tienen los Indios cuidado de pegarles fuego diversas veces del año, porque de otra suerte no se podría andar por ellas a causa que como se ha dicho, crece tanto la paja de estos llanos que cubre un hombre de a caballo.

Es toda esta tierra muy caliente, y lo llano en extremo grado. Críanse en ellos generalmente mucha cantidad de venados, de los cuales se matan muchos, porque corren poco y a uña de caballo los alcanzan y alancean. Críanse grandes culebras, de las que llaman bobas, y en esta tierra de San Juan de los Llanos mató un Pedro de San Miguel una culebra que tenis veinticuatro pies de largo, y cuando la mató estaba este animal en una ciénaga de poca agua, enroscada, comiendo un venado que habla tomado, y era tan grande el bulto que hacia, que aunque por otros españoles fue vista en la ciénaga, fue juzgada por roca o peña. El venado no lo comía como lo comen los otros animales, sino teníalo muy molido y hecho pedazos, y entero y por entre las piernas lo iba chupando, dejando el cuero o piel entero; y así lo hacen las demás culebras, que por la mayor parte se sustentan de venados y otros animales, a los cuales se les enroscan al pescuezo y cuerpo y así los ahogan con su mucho apretar. También se sustentan de los pescados y animales que en el agua se crían, donde las culebras, por la mayor parte, habitan. Estas culebras grandes que llaman bobas, siempre suelen ser pardas. Hay otras muchas maneras de culebras de menor grandeza que las dichas, pero de diversas colores y efectos por su mortal ponzoña, como son las verdes y coloradas y azules y matizadas de diversas pinturas y con muchas ruedas por todo el cuerpo. Otra culebra hay negra y larga, cuya ponzoña es de tal vigor y fuerza que muchas veces acaece a la persona a quien muerden o pican echar sangre por los oídos, ojos y narices y boca y por entre las uñas de las manos y de los pies, cosa cierto de grande admiración y temor. También hay aquí de las culebras de cascabel, que porque son y traen casi a la punta de la cola cierta verruga hueca que suena o hace cierto ruido son llamadas de cascabel, cuya ponzoña mata al que pica, dentro de veinticuatro horas. Hay víboras y otro género de culebras pardas; hay otras pintadas, con cierta manera de cadenilla, que también son ponzoñosas. La dentadura y colmillos de todas estas culebras, demás de ser muy agudos, están puestos por tal orden por la sabia naturaleza, que los recogen y extienden cada vez que quieren, de la forma que el gato hace sus uñas, cada vez que quiere aprovecharse de ellas. De todos estos géneros de culebras se han muerto en esta provincia y términos de San Juan por los españoles, especialmente de las grandes.

Crían asímismo estos llanos gran cantidad de tigres, que como en otras partes he dicho, es animal feroz y traidor y de grandes fuerzas y furia. Su proporción al natural es la del gato; su grandor es de un becerro de seis meses y mayor; su color es casi amarillo, todo manchado de pintas negras. Algunos españoles, vecinos de San Juan, han muerto algunos de estos tigres peleando con ellos en el campo con armas arrojadizas tiradas desde afuera. Han estos animales hecho grandes daños en algunos pueblos de indios, comiéndose los naturales de ellos hasta despoblarlos y arruinarlos de todo punto, lo cual hacen muy atrevida y desvergonzadamente, y después de una vez cebados en hacer saltos y daños en un pueblo de indios, nunca cesan hasta que los matan, lo cual los indios hacen pocas veces, por ser tan pusilánimes y poco ingeniosos; pero los españoles les atajan su carnicera furia con unos corrales cubiertos por encima con una gruesa puerta de golpe, donde les arman con alguna presa de indio o india muerto que les han hecho soltar, y allí los dan de arcabuzazos y los matan.

Dende a poco tiempo que esta ciudad se pobló se comenzó a cebar un tigre en un pueblo o lugar de indios que tenía encomendados un Amaro, en que había más de cien personas, y en muy poco tiempo se las comió todas, sin que los miserables indios tuviesen habilidad de atajar la furia de este animal, antes es, como he dicho, tanta la bestialidad de estos bárbaros que habiendo quedado obra de seis personas de este pueblo se retiraron a otro de un Alonso Buey, que estaba apartado de allí, tras de los cuales el tigre se fue porque la comida no le faltase, y como se alojasen estas seis personas en un bohío, este carnicero animal se puso en salto, de suerte que la propia noche que llegaron mató un muchacho que salía a proveerse, y como los indios que allí estaban vieron que eran seguidos del tigre, acordaron de irse de allí a donde había españoles; pero un bárbaro de estos, ya envejecido en días, no se quiso salir de aquel bohío él ni su mujer, diciendo que él habla visto todos los daños que aquel tigre había hecho, y que aunque había ya acabado de matar y comer toda la gente de su pueblo que a él ni a su mujer no había osado llegar, y con esta bárbara confianza se estuvo quedo hasta que el tigre volvió a buscar de comer y hallando los dos viejos en el bohío, marido y mujer, los mató a entrambos y uno a uno se los llevó a la montaña, donde los comió, y luégo comenzó a dar tras la gente de aqueste pueblo segundo, donde cada día hacía grandes saltos en indios e indias, hasta que el encomendero, por reparar y atajar los daños que sus indios recibían, hizo un corral donde lo tomó y mató, después de haber este animal fiero muerto más de doscientas personas y haber hecho grandísimos saltos en indios y negros, tanto que casi toda la provincia lo temía extrañamente por su gran atrevimiento. Tenía de largo, después de muerto, diez pies y medio, y tan viejo que de cano tenía ya perdidas las pintas negras.

Después de los tigres, son muchos los osos que en esta tierra hay, aunque no tan dañinos como los tigres; pero es animal que si siente que le han miedo arremete y hace el daño que puede, pero pocas veces, como he dicho, acometen a los hombres, aunque sean indios, si no es, como be dicho, que sientan que les tienen temor. Lo naturales de esta provincia afirman que en tiempos pasados haber habido en ella un oso del tamaño y grandor de un caballo, el cual tenía la cara y pecho blanco y hacía su habitación en una montaña alta que está sobre un pueblo de indios llamado Pisiri, de donde salía a matar indios para su mantenimiento, y que fue tanto el daño que hizo y tanto el temor que los indios le cobraron, que todos los más, dejando sus poblazones y naturalezas, se iban a vivir a otras partes.

Hay otro género de osos, que llaman hormigueros, que serán del grandor de un crecido lebrel: en los lados tiene figurado por la pintura del pelo, de blanco y pardo oscuro, una forma de daga. El hocico, de los ojos para adelante, tiene de largor de dos cuartas de vara, y raso, sin criar en él pelo ninguno, y redondo. La boca tiene tan pequeña que en ella no le cabe un dedo: no tiene dientes ni muelas, y es redonda y cuando más la abre será como la ventana de la nariz de un hombre. Su mantenimiento es solamente hormigas, de donde se le dio la nominación de oso hormiguero. La forma que tiene en comer hormigas es ésta: vase este animal a los hormigueros y parte donde las hormigas de crían, y con las manos mueve la tierra de las cuevas de las hormigas para que ellas, sintiendo el movimiento, salgan, como suelen, alborotadas, y en viendo el oso que las hormigas salen, de golpe saca la lengua, que la tiene muy larga, y tiéndela por cima del hormiguero, a la cual luégo acuden las hormigas y péganse a morderla en muy gran cantidad, y desque el oso siente su lengua bien cubierta de hormigas, recógesela en la boca y trágaselas todas y con esto se sustenta y pasa la vida. Hay otro animalejo, que los indios llaman en su lengua homgod 10, del tamaño y grandor de un crecido zorro, a quien la sabia naturaleza proveyó de tal ornato para la crianza de sus hijos pequeños, que cada vez que ha de caminar los mete en unas bolsas que junto a las tetas tiene, que se abren y cierran de la manera que las pestañas de los ojos, y los lleva muy seguros y escondidos, sin que se echen de ver, cosa cierto de gran maravilla. También el mico o mono, a quien llaman gato de arcabuco, todas las veces que camina lleva a sus hijos a cuestas, aunque sean tres y cuatro, los cuales van tan pegados a la madre que sin hacerle estorbo salta con ellos de un árbol a otro con mucha facilidad y ligereza, que la tienen grandísima en andar por los árboles y saltar de unos en otros. Un gato de éstos, por la punta de la cola, se ase de una rama y para aventarse más a lo largo y alcanzar a otro árbol que esté apartado de donde está colgado, da dos o tres vaivenes con la rama hacia atrás, como quien toma corrida para saltar más, y así se arroja con sus hijos a cuestas, Y nunca le verán errar el golpe o salto que va a hacer. Otro animalejo se cría en esta tierra, del tamaño de un pequeño lechón, y tiene unas lanas como de coracinas que le cubren desde la cabeza hasta la punta de la cola, y le hacen una armadura o cubierta muy graciosa, debajo de la cual mete y esconde pies y manos.

En los ríos se cría un animal de hechura de un puerco, salvo que el hocico tiene romo, como becerro; los pies y manos tiene de la forma de los del pato, y aunque su criación y habitación es en el agua, susténtase fuéra, de las hierbas que por las riberas se crían: su carne es de buen comer; hácense de ella perniles, porque siempre andan gordos; llámanse comúnmente guardatinajas y por otro nombre arribobos: no son éstos los que llaman manatíes; mátanlos los indios con flechas cuando salen a pacer a tierra. Hay pericos ligeros, de cuya proporción en otra parte tratamos. Otros muchos géneros de animales hay, así feroces como domésticos, de extraña naturaleza, de quien aún no se tiene entera noticia, por lo cual no van aquí escritos. Otros muchos géneros de sabandijas, pequeños animalejos, produce la tierra, que comúnmente su utilidad redunda en pesadumbre y daño de los hombres, a similitud de otras que en España hay, como son alacranes de feble ponzoña, arañas perjudiciales, murciélagos muy dañinos, que de noche dan crueles bocados en las personas dondequiera que los hallen descubiertos, pulgas, piojos y otros que a la imitación de éstos se sustentan de sangre humana, a quien llaman pitos: son del tamaño de un tábano; acuden de noche a donde la gente duerme, y allí sin ser sentidos, chupan de la sangre toda la que pueden. La nigua es otra sabandija, más pequeña que pulga, y de la propia hechura y color, a quien ha hecho famosa su generalidad en las Indias y su perjuicio en las gentes, especialmente en los muchachos que andan descalzos, a quien se les meten por entre las uñas de los pies y después de encarnadas allí dentro de la carne se van hinchando y creciendo como una garrapata gorda: algunas veces dan pesadumbre por haberse de hacer en la carne mayor portillo al sacarlas que el que ellas hicieron cuando entraron, que era muy pequeño, y todo cuanto chupan y engruesan dentro de la carne lo convierten en liendres, de donde se engendra tanta multitud de ellas cuanta hay: acuden más comúnmente á los pies que a otra parte alguna de todo el cuerpo, y la causa de esto yo no entiendo qué sea. Pocas veces son sentidas al entrar, porque son tan pequeñas que casi me parece que tienen el grandor del arador, y así cuando vienen a sacarse no dejan de haberse hinchado harto. Otros habrá tratado más larga y particularmente de esta sabandija, y por eso yo no quiero hablar más de ella.

No menos poblado está el aire de diversidad de aves que la tierra de animales; pero aunque yo estuviera obligado a dar entera relación, y aun mediana de todo ello, era imposible poderlo cumplir por muchas causas que el lector podrá considerar y así reciba por servicio el trabajo de lo que acerca de estas cosas y otras semejantes aquí en breve hallare escritas.

Un curioso pájaro se cría en esta tierra y en otras muchas partes, del tamaño y color de una mirla, excepto que tiene la cola larga y amarilla, y es tal el distinto que naturaleza en esta avecilla puso, que por librar sus hijos de las manos de los gatos y otros animales que por los árboles y montañas andan, hace su nido en la más delgada punta del ramo que más fuéra sale del árbol, de la cual cuelga un bejuco, que es como una rama delgada de hiedra | 11 , en el aire, como una vara de medir, y allí hace y ordena su nido por tal orden que de nadie son ofendidos sus hijos, y con tanta curiosidad hecho y ordenado que pone admiración el mirarlos, porque los hacen casi tan largos como una media calza y muy fornidos de mucha fajina o menuda rama que traen, y para el lecho de los hijos donde se han de criar, pone un vello de una hierba que es como el que echa el cardo o alcachofa, y en esta forma se juntan a criar grandes manadas de estos pájaros, y hacen sus nidos apartados unos de otros muy concertadamente. Hay paujíes, que es un ave negra del tamaño de un gran capón, de muy buena carne de comer: los machos crían sobre la cabeza de una piedra tan alta como dos dedos, turquesada, y de esta color son los huevos que la hembra pone y del grandor de los de una gallina. Otro pájaro se cría, cierto de extraña naturaleza por la particularidad que en él hay. El será en el cuerpo del grandor de una mirla, y aun más pequeño, pintado todo de verde, amarillo y negro el pico, del cual es tamaño, y tan grueso como un estuche de mujer, y con él hace tanto estruendo y ruido que si no lo ven ni saben lo que es, les parece que están muchas personas con piedras partiendo nueces; y así ha habido españoles que oyendo el ruido que este pájaro hace con este disforme pico que tiene, andando en conquistas, creyendo ser gente de los naturales, acudir donde oyen el ruido y hallarse burlados. Un pájaro cría la tierra, a quien por ser tan pequeño llaman los españoles tominejo, pintado de finas colores verdes, azules y amarillos, que jamás se posa ni pára en árbol para comer, sino en el aire, sustentándose con las alas, come o chupa el meollo o corazón de las flores, que es de que se sustenta. Es mucho más pequeño que un pajarillo a quien llaman mosquito en muchas partes de España, y de estos tominejos ha acontecido pesar cuatrocientos de ellos juntos, con pluma, tripas y pies, y no llegar a pesar una libra. Y para en cuanto a las aves, baste lo dicho en este lugar, que aunque, como he dicho, no tengo obligación a tratar de estas particularidades, por el discurso de la Historia se hallarán derramados otros muchos géneros de aves y animales fieros y culebras, sin los referidos.

De los ríos no tengo que particularizar aquí sino que en esta tierra son abundantísimos de pescados de muchas maneras y géneros, y que todos son de comer, y en ellos hacen los indios y españoles grandes pesquerías.

 

Capítulo quinto 12 En el cual se escribe la manera de la gente Guayupe, y sus casamientos, y lo que hacen con los primeros hijos que les nacen, y las ceremonias de que usan, y la manera de curarse, y las preeminencias de los médicos, y otras particularidades que entre ellos se usan.

 

Los indios Guayupes es gente de buena disposición y bien agestada y lucida y muy amigos de españoles y de imitar su manera de vivir. Andan desnudos en carnes, no porque les faltaría algodón de qué hiciesen vestidos, mas por ser ellos en sí laxativos y de poco trabajo, y también como la tierra es tan cálida que jamás se siente frío en ella, aunque sea tiempo de muchas aguas, no hay rigor de frío que les compela a abrigarse como a otros indios de tierras frías, como son los de Santafé, Tunja y Vélez, que aunque en loe naturales Moscas no se coge ningún algodón, ellos por abrigarse y tener con qué cubrir sus carnes lo traen de estos llanos y rente que junto a ellos habitan. |Y para vivir esta gente honestamente, estos Guayupes, y parecer que remedian algo de su rústica desvergüenza, traen los miembros viriles atados con unas madejas de hilo de algodón, con que los traen algo cubiertos y recogidos, pero no tan enteramente, que la bolsa que de allí depende no ande colgando a vista de todos. Y | estos Guayupes se precian mucho de buen cabello, el cual curan y benefician, y lo traen muy largo y tendido por las espaldas: pélanse las frentes y hácense en ellas muy largas entradas y muy bien ordenadas. Algunas veces se recogen el cabello con unas anchas tranzaderas de algodón, y lo juntan todo al colodrillo, de tal suerte que queda hecho de él en aquel lugar una rosa de la forma de las que algunos curiosos soldados hacen en las ligagambas. Las mujeres de estos Guayupes andan de la propia suerte que los varones, excepto que cubren sus partes vergonzosas con cierta tablilla o corteza de árbol puntiaguda que traen atada a la cintura. Sus casas o bohíos son largos y de vara en tierra, a quien los españoles llaman caneyes, en donde habitan y moran muchos indios casados juntos, y su dormir es en hamacas de algodón o de damajagua.

Sus casamientos son por interés, que el que se quiere casar trata con los padres o hermanos de la moza a quien está aficionado, que se la den por mujer, y ellos se la otorgan con que les ha de dar algún precio conforme al posible que tiene, y la mitad de esto que dio por la mujer se le ha de dar al cacique o principal, y con esto celebran sus bodas con la solemnidad de beber y bailar y danzar que en otras muchas naciones lo suelen hacer, y después de juntos, si la mujer se empreña, el primer hijo o hija que pare lo entierran vivo o lo echan un río abajo, cosa cierto que en crueldad y brutalidad excede a todas las criaturas racionales e irracionales, porque no sé de ninguna que no procure conservar sus hijos, antes como se lee y aun se ha visto por experiencia de la víbora, que se da en manjar y sustento a sus hijos, y el pelícano, ave de gran estimación, que sus propias entrañas rompe para conservar la vida de sus pollos; y no sólo tienen estos bárbaros esta abusión, pero si segundariamente se empreña la mujer y pare hija y algún indio le dice que por ser hembra no vale nada y no la debe criar, luégo la mata, y lo mismo hacen de la tercera y cuarta.

Las causas que estos brutos dan para matar sus primeros hijos es decir que de ordinario los primeros hijos son aviesos y traviesos y muy fuéra de la voluntad y obediencia de sus padres, y que demás de esto, consumen mucho los primeros hijos la juventud de las madres y las envejecen, y por aquí discurren por un maremagno de disparates, sin pies, ni cabeza, ni orden, ni concierto ninguno; y para restauración del daño del primer hijo, celebran el del segundo con muy donosas ceremonias. Al padre del cual llevan a encerrar a un bohío o casa que para este efecto tienen diputada, y al tiempo de él entrar en ella están a la puerta muchos indios con manojos de ortigas vivas, con las cuales le azotan todos hasta que gastan las que en la mano cada uno tiene, y pasada esta flagelación, llegan a él doce indios, los más ancianos y graves del pueblo, y cada cual le da un repelón y le arranca los cabellos que puede y se los lleva consigo y los guarda para el efecto que luégo se dirá. Y con esto encierran al indio donde no ha de ver sol, ni a su hijo nacido, ni a su mujer, por espacio de una luna, que es un mes, en el cual tiempo ha de comer por tasa y dieta sola una totuma de mazamorra pequeña cada día, que es como una escudilla de cinchas o poleadas 13, y de cinco a cinco días un pan o torta de cazabi con una totuma de vino hecho de cierta cáscara de cedro que muelen y cuecen y perfeccionan de suerte que la pueden beber.

Pasado el mes del ayuno y encerramiento, vienen los doce viejos con los cabellos que repelaron y arrancaron al padre del infante nacido, y tráenlos atados cada uno en una lanza, y todos los más indios del pueblo vienen con ellos, y sacando al ayunador del bohío donde ha estado, se van con él a cierta plaza del pueblo que para este efecto tienen limpia y aderezada, y en medio de ella los doce viejos hincan sus doce lanzas y se tornan a sentar, y estando en silencio se llega donde las lanzas están hincadas el mohán del pueblo, que es como sacerdote 14, persona tenida entre ellos en mucha veneración, y trae un grueso cordel y un manojo de ortigas en las manos, y tomando una de las lanzas dice a altas voces que si entre los que están presentes hay alguno tan atrevido y esforzado que le ose quitar la lanza que tiene en las manos que se venga para él. Luégo se levanta el indio que ha salido del ayuno y se va para donde el mohán está, haciendo ademanes de hombre feroz y valiente, al cual el mohán recibe dándole muy recios azotes con el cordel que en la mano tiene y hostigándole con el manojo de ortigas; y si tiene tal sufrimiento que no se queja, es por esta ceremonia tenido por muy valiente y belicoso dende en adelante, y allí le untan o lavan todo con una salmuera de ají o pimienta 15 todo el cuerpo, y con esto lo llevan a ver su mujer y su hijo, con muy gran regocijo: lo cual tienen estos bárbaros por tan sustancial ceremonia, que afirman que si la dejasen de hacer la criatura nacida perecería, y aun dicen que el ayuno lo solían guardar y tener hasta que el niño o criatura gateaba o era de tres meses, en el cual tiempo no veían al hijo ni a la madre ni comían sino con la limitación y moderación dicha, y que después que los españoles poblaron en su tierra, por andar ocupados en servirles, no guardan esta su ceremonia por entero como solían.

Si la criatura es varón, después que es ya de crecida edad, su padre hace un gran convite al pueblo, donde hay grandes bailes, y en él se hace una gran candela o fuego, por cuya llama o resplandor, el principal del pueblo y los más ancianos y honrados de él le pasan muchas veces, y hecho esto el cacique toma un gran manojo de ásperas ortigas y con él azota al mancebo o mozo muy bien, y luégo calientan en el fuego las puntas de ciertas lanzas que allí tienen y con ellas le dan algunas punzadas al muchacho por el cuerpo sin que le haga daño, y esta ceremonia o vanidad dicen hacer porque este muchacho sea buen guerrero y en la guerra no sienta las heridas y lanzadas que se le dieren.

Los mantenimientos de éstos Guáyupes son yuca, maíz, cazabe y pescado y carne de venado, que como dije, se matan en esta tierra muchos, y puercos de monte, que llaman baquiras y todas otras comidas. Empero, su principal sustento es el beber, y todo lo más del maíz y yuca que cogen lo despenden en hacer sus brebajes. No comen ningunas aves, de ningún género que sean, y al tiempo de sembrar y coger sus maíces no ha de llegar a ellos mujer que estuviere con su regla, y para sembrar ají buscan una india doncella, porque de otra manera dicen que no nacera.

Es gente que se hace muy poca guerra la una a la otra, ni aun a las naciones comarcanas, antes procuran vivir en ocio y quietud. Las armas de que usan son unos dardos arrojadizos de cierto palo recio a quien llaman pipire; tráenlos muy adornados y engalanados con plumas de aves de diversos colores que los hacen lucir y parecer muy bien. Usan unas macanas de tres esquinas que hacen pesado golpe, las cuales asimismo traen adornadas de plumas de colores y atadas a la muñeca, porque aunque se les suelte de la mano no se la lleven. Es esta gente que se precian de tener limpia su casa y pertenencia de dentro y fuéra, tanto que para que cerca de sus casas y pueblo no haya cosa que huela mal se van a proveer y expeler las inmundicias del cuerpo al río, y el que fuéra de allí lo hiciese sería tenido por infame entre ellos.

Entre estos Guayupes son los más estimados y tenidos los médicos, por sus particulares embustes y embaimientos con que dan a entender a los mismos indios que se pueden convertir y convierten en tigres, osos y otros fieros animales, que les suelen damnificar. Es oficio el de los médicos que se hereda de padre a hijo: tiénenles un servil temor, de suerte que temiendo sus palabras y obras les son muy sujetos, tanto que si uno de estos médicos le parece bien la hija de cualquier plebeyo, aunque sea muy principal, y la pide para tener acceso con ella, se le ha de dar y no se le ha de negar. Ayúdanles a hacer sus labranzas, y continuo los procuran tener propicios con dádivas que les dan y presentes que les hacen. La manera de curar de éstos es tan supersticiosa cuanto que ellos son fabuladores: si van a visitar o curar a algún enfermo del mal intrínseco que procede de mal humor, como son calenturas y otros dolores particulares, hacen poner al enfermo en una hamaca en el aire, y pónenle dos fuegos de mucha leña, uno de un lado y otro del otro, y llegándose a él comienzan de soplar y a decir ciertas palabras supersticiosas en su lengua, y con esto y con las candelas encendidas, que lo asan vivo, se lo tienen allí hasta que muere o restaura su salud. Cualquier hinchazón que les sobrevenga en cualquier parte del cuerpo, tienen que les procede de la mano de otros Indios que los han echado algunas maldiciones o enhechizado por haberles hurtado alguna cosa o dado algún desabrimiento, con los cuales los médicos ganan mayor honra y fama que con otros ningunos, porque llevando, cuando los van a curar, en la boca hierbas o alguna espina o gusano, les chupan la hinchazón muy reciamente y hacen otras ceremonias, y echando delante de los que están presentes lo que en la boca llevaban, les dan a entender que lo sacaron de la hinchazón del enfermo, lo cual les es muy enteramente creído. Todo otro género de enfermedad, como. son heridas y llagas y lepra, lo curan con hierbas de particulares virtudes, con que sanan.

Hay entre estos Guayupes una usanza que entre pocas naciones de indios jamás se ha hallado, y es que a los indios que por ser huérfanos y no tener quién los provea de lo necesario, padecen necesidad, les permiten que anden demandando ostiatim por el pueblo lo que han menester para su sustento y mantenimiento, y de una vez recogen comida para ocho o diez días, y acabado aquel mantenimiento tornan a pedir de nuevo.

 

Acostumbran a tomar la yopa y el tabaco, que lo uno es una semilla o pepita de árbol, y lo otro es cierta hoja que crían, ancha, larga y vellosa, y esto lo toman en humo, unas veces por la boca y otras por las narices, hasta que los emborracha y priva del juicio, y así quedan adormecidos, donde el demonio en sueños les representa todas las vanidades y maldades que él quiere, lo cual ellos tienen por muy cierta revelación y no excederán de aquello que han soñado aunque mueran. Esta costumbre de tomar la yopa y el tabaco es muy general en todo el Nuevo Reino, y aun entiendo que en toda la mayor parte de las Indias, más que otra ninguna contratación, por ser instrumento o medio de que el demonio se aprovecha mucho con ellos, porque como dije, mediante el humo que los indios toman de estas dos cosas, se emborrachan y privan del natural juicio, y allí tiene el enemigo lugar más acomodado para hacerles idolatrar y seguir las otras falsas opiniones que quiere.


 

5  Al pie de la página hay una anotación que dice: “No se ha de escribir esto tachado”, refiriéndose a lo transcrito en bastardilla.
6  Desde aquí la página está cortada. Al reverso se lee el texto que sigue.
7  Siguen algunas palabras tachadas e ilegibles.
8 Desde aquí está cortado.
9 La palabra “cuarto” reemplaza a |quinto, que fue tachada en el texto por haberse suprimido el cápitulo anterior. Así sucede sucesivamente hasta el final de este libro.
10  Las palabras “que los indios llaman en su lengua homgod” están escritas al margen añadidas al texto original, con letra distinta.
11 Las palabras “que es como una rama delgada de hiedra” están añadidas al texto original y escritas en el margen con letra distinta.
12 La palabra “quinto” substituye a |sexto, tachada. Véase nota 9 a este libro.
13  Las palabras “que es como una escudilla de cinchas o poleadas” están escritas al margen y añadidas al texto con letra distinta.
14  Las palabras " que es como sacerdote" están añadidas al texto y escritas en el margen con letra distinta.
15  Las palabras “o pimienta” están añadidas al texto y escritas en el margen con letra distinta.

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