INDICE




Introducción

CAPITULO I
 Fray Antonio Medrano

CAPITULO II
 Fray Pedro Aguado

CAPITULO III
 Medrano y Aguado

CAPITULO IV
 Medrano, Aguado y su época

CAPITULO V
 Fuentes de la Recopilación Historial

CAPITULO VI
 Títulos de las obra

CAPITULO VII
Historias o compendios

CAPITULO VIII
 La tabla

CAPITULO IX
 Los manuscritos de la versión final

CAPITULO X
 La censura
Anexos

PRIMERA PARTE
 Recopilación historial resolutoria...
Tabla de la primera parte

LIBRO PRIMERO- CAPITULO I-II-III-IV
En el libro primero...-Que trata de quién fue...-Que trata de quién fue...-Que trata de cómo el gobernador...-Que trata de cómo los amotinados...

CAPITULO V-VI-VII
De lo que al capitán amotinado...-Que trata de cómo la Audiencia...-De cómo los dos gobernadores...

CAPITULO VIII-IX-X
De cómo fue proveído en España...- De cómo el gobernador Lerma...-En que se cuenta cómo el gobernador Lerma...

CAPITULO XI
De cómo el capitán San Martín...

LIBRO SEGUNDO- CAPITULO I-II
En el segundo libro se escribe...-En que se escribe cómo...-De cómo el adelantado...

CAPITULO III-IV-V-VI
De cómo después de...-De lo que a don Alonso Luis de Lugo...-De la gran mortandad...-En que se escribe la fortuna...

CAPITULO VII-VIII-IX-X
 Que trata de cómo el general...-En que se escribe cómo...-Es que se escribe lo que le sucedió...-En que se escribe cómo el general...

CAPITULO XI-XII
 En que se escribe cómo el general...-En que se escribe la vuelta...

LIBRO TERCERO- CAPITULO I-II-III
En el tercer libro se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se declaran...-En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
 En que se escribe...-En que se escribe...-En que se escribe ...

CAPITULO X-XI-XII
En que se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO CUARTO- CAPITULO I-II
En este cuarto libro...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO III-IV
En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO V-VI-VII
En el cual se escribe...-En que se escribe...--En que se escribe...

CAPITULO VIII-IX-X
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
En el cual se escribe...-De cómo Hernán Pérez de Quesada...-

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XV-XVI
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XX-XXI-XXII
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XXIII
En el cual se escribe...-

LIBRO QUINTO- CAPITULO I-II-III
En el libro quinto...-De cómo al capitán...-Que trata de otra salida...-Que trata del asiento...

LIBRO SETIMO- CAPITULO I-II-III
En el libro sétimo...-Cómo fue nombrado...-De cómo los españoles...-Cómo los indios...

CAPITULO IV-V
Que trata de cómo...-Que trata de una rebelión...-

LIBRO OCTAVO- CAPITULO I-II-III
En el libro octavo...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se escribe...-En el cual se escriben...-En el cual se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO X-XI-XII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO NOVENO- CAPITULO I-II-III
En el libro nono...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO VI-VII-VIII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IX-X
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
 En el cual se escribe...- En el cual se escribe...

|Capítulo décimotercero

En el cual se escribe cómo vuelto Pedroso al Nuevo Reino pidió comisión a la Audiencia para ir a poblar en las provincias de Gualí, Guasquia | 17 y Mariquita, donde pobló la ciudad de San Sebastián de Mariquita, y lo que sucedió en el ínterin que en ella estuvo Pedroso.

 Era gobernador de Popayán, según se ha dicho, al tiempo que todas estas cosas pasaban, el licenciado Francisco Briceño, el cual, informado de lo que entre Cepeda y Pedroso pasaba y las injusticias y agravios que a Pedroso se le habían hecho, le dio licencia para que él libremente se fuese donde quisiese.

Volviose Pedroso al Nuevo Reino, y halló que no había en él gobernador sino Audiencia en la ciudad de Santafé, en la cual estaban por oidores los licenciados Galarza y Góngora, personas de grande equidad y moderación. Fue Pedroso bien recibido de los soldados que le habían seguido, y por ellos persuadido que volviesen a la provincia de Mariquita y Gualí y las otras tierras comarcanas a poblar un pueblo, pues la primera vez que con él habían ido salieron a este efecto y por su desordenada codicia habían pasado a donde hablan padecido las calamidades y trabajos dichos. Certificábanle a Pedroso, y él lo conocía así, que pues en la provincia de Tocaima, en el río del Venadillo, había descubiertas minas de oro, que muy mejor se podrían descubrir abajo, en las tierras de Mariquita, por tener la tierra muy mejor disposición y comodidad para ello, según el conocimiento y experiencia de algunos de los soldados que por aquella tierra habían andado.

El capitán Pedroso, como halló tan entera voluntad en los soldados, que eran los que habían de poblar y sustentar la tierra, no fue en cosa ninguna perezoso, antes con la diligencia y solicitud necesaria habló a los oidores que le diesen licencia y conducta para que él pudiese volver con gente a aquella tierra y provincias de Guau, por donde él había andado y visto y descubierto, y que en ellas pudiese poblar un pueblo.

Concediéronle los oidores la facultad que pedía, y él, usando de ella, juntó la gente que pudo, que serían hasta cuarenta hombres, y con ellos se fue derecho, como hombre que ya sabía el camino, a la tierra y provincia dicha, donde hizo y nombró sus caudillos y comenzó a enviar soldados por las poblazones de los indios a pacificarlos y traerlos de paz, y que corriesen y viesen los naturales que en la provincia había, para que más cómodamente él pudiese repartirlos entre los soldados, sin fraude ni engaño de ninguno.

De las primeras salidas que se hicieron fue a la poblazón llamada Vrina, cuyos naturales se juntaron y tomando las armas en la mano vinieron sobre los españoles y acometiéndoles muy briosamente les mataron a Juan López de Gamboa y a Villanueva y otros dos anaconas, con que los indios cobraron muy grande ánimo y los soldados españoles quedaron algo amedrentados y con temor de que no les hiciesen más daño, porque aunque en esta primera arremetida, con recibir el daño dicho, fueron rebatidos, los soldados temieron | 18 que juntándose en mayor cantidad y número de indios, tornasen a venir sobre ellos y les hiciesen doble daño, y así se volvieron con más brevedad de la que quisieran a donde Pedroso había quedado alojado con la demás gente. Fue en esta salida por caudillo de la gente el capitán Gonzalo Díaz, gallego de nación.

El capitán Pedroso, viendo el mal suceso de sus soldados, y que sin dejar castigado el atrevimiento de los indios se habían vuelto, tomó consigo una parte de los españoles y volvió a la poblazón de Vrina, donde hizo algún castigo y estrago en los indios, de suerte que, en pocos días, después de haber andado aquella poblazón y otras a ella comarcanas, y holládolas con algún rigor, constriñó a los naturales a que les saliesen de paz y les fuesen amigos y feudatarios; y hecho esto en aquella parte de Vrina que parecía ser más necesario, discurrió por toda la tierra y poblazones de ella, y después de haberla andado y haberle salido de paz todos los indios de ella, se volvió a su alojamiento, donde por el año de mil quinientos cincuenta y dos pobló la ciudad de San Sebastián de Mariquita en el sitio y lugar que hoy permanece, nombró sus alcaldes y regidores y los otros oficiales necesarios para el gobierno de la república. Fueron primeros alcaldes en este pueblo Francisco de Arce y Juan de Barrios, entrambos de nación gallegos; y como aun en esta sazón Pedroso no había repartido los naturales entre los españoles, para que cada cual acudiese a su depositario o a servirle, hizo de común venir al lugar donde se había poblado gran cantidad de indios para que hiciesen las casas y bohíos de los españoles, lo cual acabado, los bárbaros miraron en que en el lugar no había muchos españoles, y que en su comparación de ellos eran muy pocos, y pareciéndoles que si ellos se juntasen y los acometiesen en dos partes, que los podrían a todos matar o echar de sus tierras, consultáronlo entre sí y determinaron de hacerlo.

El orden que los bárbaros dieron para efectuar su maldad fue que juntándose la mayor cantidad que de ellos se pudiesen juntar, se partiesen en dos partes, y la una se emboscase junto al pueblo para cuando fuese apellidada y llamada, y la otra viniese con su disimulada cautela de paz al pueblo y dijesen a Pedroso que venían a cavar y hacer alguna labranza en la parte que se les mandase, y que así irían con los que habían de cavar algunos españoles a situarles el lugar y tenían lugar de dar en ellos a su salvo y en el propio tiempo harían lo mismo en el pueblo los de las emboscadas, y los unos por un cabo y los otros por otro podrían conseguir lo que pretendían; y con este acuerdo los bárbaros se juntaron, y los unos se emboscaron y los otros entraron en el pueblo con la demanda y cautela dichas.

Pedroso, considerando que comedimiento tan liberalmente hecho en ninguna manera podía ser sincero ni llano, sino con algún doblez, sacó cinco indios de entre los demás, que dijeron ser los principales o caciques de la demás gente, y la otra turbamulta envió con quince soldados algo apartados del pueblo, a una vega, donde hiciesen la labranza que decían querer hacer. E idos éstos apartó uno de los principales y preguntole la causa de su venida y lo que los indios pretendían hacer. El bárbaro, sin ningún temor de recibir castigo, dijo claramente lo que tenían ordenado y trazado entre todos los indios, y cómo estaban emboscados muy gran cantidad de ellos junto al pueblo. Apartó Pedroso a éste y tomó a otro de los principales e interrogole sobre el hecho, y dio la misma relación; y como fuese certificado de la traición, envió con presteza a llamar los soldados que estaban viendo hacer la labranza a los indios, los cuales venidos entregoles los cinco principales para que a su voluntad hiciesen de ellos, de suerte que quedasen castigados de su maldad y traidor atrevimiento y que en aquellos fuesen asimismo castigados los demás delincuentes por no derramar mucha sangre de aquellos indios que pretendían y querían conservar para su servicio.

Los soldados tomaron los cinco indios, y a los tres ahorcaron y a los dos empalaron, con cuyas muertes quedaron tan hostigados y escarmentados los demás que nunca tornaron dende en adelante por mucho tiempo a intentar ningunas novedades, especialmente los de Gualí, Guasquia y Mariquita, mas desde en adelante vinieron al pueblo a servir en doméstica servidumbre, lo cual, visto por el capitán Pedroso, los repartió y dio en depósito a todos los que lo habían trabajado en aquella tierra; y dejando por su teniente al capitán Gonzalo Díaz, se vino a la ciudad de Santafé a dar cuenta de lo que había hecho, a los oidores.

Gonzalo Díaz se dio a buscar minas de oro, y dende cierto tiempo se descubrieron las que hoy en día se labran en el río y quebrada de Gualí | 19 y en los cerros que ahora llaman el Real Viejo 20, donde se ha sacado y saca mucho oro, y fino.

 

|Capítulo décimocuarto

En el cual se escribe cómo con el alzamiento general que hubo el año de cincuenta y seis se alzaron también los indios de Mariquita y los de la isleta del río grande, y cómo fueron todos pacificados.

 Los naturales e indios de la provincia y poblazones de Mariquita, desde el tiempo que he referido hasta el año sucesive de cincuenta y seis, sirvieron a sus encomenderos pacíficamente, sin haber ningún removimiento ni alzamiento entre ellos, aunque allende de los otros servicios ordinarios que les hacían, como era labrar, cavar, sembrar, sustentarles y hacerles las casas, les daban sus hijos e hijas para que les sirviesen, no sólo en sus casas mas en las minas, sacando oro.

Fue, pues, por fin del año dicho un alzamiento general entre toda la gente de aquella nación Panches, que parece que por influencia de algún astro o estrella de pésima constelación, vinieron a un mismo tiempo a conspirar todos, comenzando desde la provincia de Tocaima y aun desde los confines de Bogotá, donde llega y participa esta gente Panche. Fue la conspiración discurriendo por los naturales de Ibagué y Cartago y toda la provincia de los Palenques, que es donde ahora están poblados los pueblos y ciudades de Vitoria y los Remedios, y últimamente llegó este planeta o sino a los naturales de la ciudad de Mariquita, los cuales, siendo persuadidos de algunos de sus vecinos a que quitasen la obediencia a sus encomenderos, como los indios de los otros pueblos y ciudades comarcanas lo habían hecho, so color de que siendo la conspiración general entre todos los naturales, habría comodidad para arruinar los pueblos y echar los españoles de ellos.

Los indios de Mariquita, como no eran menos amigos de novedades ni enemigos de su libertad, que tan de veras en esta general rebelión se les prometía, comenzáronse a alzar y abstenerse de servir a los españoles, según antes lo solían hacer; y para poner pavor y amedrentar de veras a los españoles, comenzaron a tomar las armas en las manos y a venir sobre el alojamiento y ranchería de las minas del oro, dando algunas guazabaras a los españoles que allí estaban, procuraban impedir y estorbar que no se sacase oro.

Los indios de la isleta del río grande, siguiendo en esto la común opinión, mataron a Luis Bivas, su encomendero, caballero natural de Medina del Campo | 21 , hijo del alcaide de la Mota, estando entre ellos descuidado y pacífico, como otras veces solía hacerlo, y con este malvado hecho comenzaron estos indios a hacer obras que correspondiesen con su malvada intención y hecho. Andaban por el río grande en canoas, salteando los navegantes y caminantes, impidiéndoles que no pasasen por allí para arriba ni para abajo, con lo cual impedían de todo punto la provisión de vituallas para las minas, que por temor de no ser asaltados y muertos de estos bárbaros, que a manera de piratas tenían con sus canoas tomados los pasos del río por la una y otra parte de la isleta, no había español que se quisiese aventurar a pasar el río, y a esta causa casi habían cesado el labrarse las minas y el sacarse de ellas oro, con lo cual, más que con otro género de guerra, había más peligro y riesgo de despoblarse el pueblo.

Y viendo los vecinos de Mariquita que aunque habían muchos días que habían enviado por socorro o facultad a la real Audiencia, con que pudiesen castigar la rebelión y delitos cometidos por los naturales, no les era dada respuesta ninguna y que en la tardanza de atajarse y castigarse los delitos que los indios cometían había evidente peligro, acordaron ellos por su propia autoridad remediarlo y castigarlo, aunque con peligro de sus haciendas, porque por muchos y muy justos respetos tenía la Audiencia prohibido que las ciudades ni cabildos no enviasen a castigar ningunos indios por graves delitos que hiciesen, atento a los excesos que en el castigarlos se cometían, porque tanta pena se daba al inocente como al culpado, y a las veces más y tanta al delincuente como al salvo, y no había guardar tela ni término de juicio en cosa ninguna, sino discurrir por las poblazones a hecho, donde pagaban chicos y grandes, varones y mujeres, y atento a estas severidades había la Audiencia castigado a algunos crueles hombres que las habían cometido, y lo mismo hicieran en los vecinos de Mariquita si hicieran algún castigo desordenado, por lo cual, como he dicho, estaban temerosos y no se querían entrometer en castigar sus rebeldes ni menos querían que su pueblo se perdiese.

Consultaron entre sí los vecinos lo que debían hacer para allanar la isleta del río grande, que era donde más daño les venía, y tuvieron por más sano y acertado consejo que el cabildo eligiese un caudillo y alguacil que fuese a prender los culpados | 22 en la muerte de Luis Bivas y asegurar el paso del río. Nombraron para este efecto de industria a un Alonso, mozo o criado de un vecino de aquel pueblo, para que como hombre suelto y que no tenía hacienda que perder, hiciese lo que le pareciese en los indios, porque no hubiera persona ninguna que caudal tuviera que quisiera aceptar el cargo de alguacil para aquel efecto, temiendo el daño y pérdida que de ello se le podía seguir. Hecho el nombramiento de Alonso por alguacil, se juntaron hasta catorce vecinos con otros españoles criados suyos, y con las más armas que pudieron de arcabuces, espadas y rodelas, se fueron la vuelta de la isleta debajo del dominio y jurisdicción de Alonso, el alguacil, en las canoas que hubieron menester, navegando el río grande arriba, y llegados que fueron junto a la isla y queriendo saltar en ella para allanarla y hacer lo que les convenía, fueron rebatidos por la furia y canalla de los bárbaros que en aquella isleta estaban recogidos, que entre naturales y forasteros serranos que se les habían llegado y juntado, había más de seiscientos indios de pelea, los más de los cuales todos eran flecheros, y con sus arcos y flechas habían forzado a los españoles a que se retirasen y no les entrasen en tierra, lo cual hicieron los bárbaros con muy gentil denuedo y brío. Los nuestros se retiraron a la tierra firme que más cercana tenían, y saltando en tierra hicieron allí sus reparos para que las flechas de los indios descubiertamente no les hiciesen daño ni mal alguno. Los reparos y baluartes eran palos hincados en el suelo, y por lo alto de ellos atravesadas varas de donde se colgaban todo género de mantas y frazadas flojamente tendidas, para que dando en ellas las flechas perdiesen parte de la furia y se detuviesen, de suerte que ya que pasasen no les pudiesen hacer daño. Los indios, asimismo en su isla, cerca del agua, hacían palizadas y palenques con algunos hoyos o cavas donde los bárbaros se metían, y cubriendo alli sus cuerpos tiraban más seguramente sus flechas contra los nuestros, porque temían grandemente los indios el daño de los arcabuces, y con estos reparos les parecían que estaban algo amparados y con alguna defensa de las balas, y hacían harto más daño con esta su manera de trincheras a los españoles que no los españoles a ellos.

Estuviéronse algunos días cada cual en su puesto, sin que los nuestros pudiesen ni osasen arrojares al agua en las canoas a asaltar los enemigos, por la gran guardia que entre si tenían de noche y de día en su isla; y como la navegación da las canoas es tan frágil y peligrosa y el río tan hondabe, temían no les sucediese alguna general desgracia que hiciese más irremediable el daño y alzamiento de los indios; y así estuvieron muchas veces por dejasr lo comenzado y volverse a su pueblo; mas vían y consideraban que si no echaban los bárbaros de la isla y aseguraban aquel paso, que ellos no podían vivir ni tener nmingún sustento, pues todo les había de emanar de la labor de las minas, la cual en la manera dicha impedían los indios.

Estando en esta confusión y aun alicción, vinieron a los españoles muchos indios de pueblos comarcanos, que en lenguaje eran diferentes de los isleños y por muchos respetos sus enemigos, de quien deseaban haber y tomar particular venganza, porque como estos indios de la tierra firme que se vinieron  a ofrecer a los nuestros pasaban muchas veces por el rio navegando por junto a la isla, los indios isleños | 22 salían a ellos y los salteaban y mataban y comían por ser de diferente nación y venedizos en aquella tierra y poblados en ella tiranamente, porque por cierta seca que en tiempo de sus mayores hubo en tierras muy apartadas de este rio donde la prosapia de estos bárbaros era natural, habían venido muy gran cantidad de gente retirándose al río grande, en cuyas riberas hicieron asiento; y como los pasados de los isleños eran naturales de las riberas del río, quisieron echar los venedizos de sus tierras, y como eran muchos no pudieron y así se sustentaron con continuas guerras y enemistades que entre ellos había.

Hecha, pues, confederacion y alianza entre los españoles y los indios, los unos con las flechas y los otros con los arcabuces, comenzaron a dar continua batería desde donde estaban los enemigos; pero de ninguna cosa les prestaba ni ningún efecto hacían con ello, por estar los indios de la isla tan fortificados y reparados como estaban. La última determinación que  los nuestros tomaron y que más les prestó, fue atar en algunas flechas algunos botafuegos o mechones hechos de trapos viejos llenos de azufre y otros betunes que avivan el fuego, y encendidos los tiraban a las casas de los indios, de donde resultó pegarse fuego en algunos bohíos, y los indios, no pudiendo apagarlo acudiendo a matarlo, eran malamente heridos de las flechas y arcabuces de los nuestros. El viento que corría era recio, com lo cual se hizo en breve tiempo el incendio de los bohíos irreparable y empecible a los enemigos y andaban todos turbados y alborotados, procurando por todas las vías y modos a ellos posibles remediar el fuego.

Los nuestros, aprovechándose de la ocasión que en las manos tenían, con increíble presteza saltaron en las canoas y pasaron a la isla, sin recibir ningún daño ni que por los enemigos les fuese hecha ninguna resistencia. Acrecentose con esto la turbación y aflicción de los de la isla, de tal suerte que tomaron por mejor y más saludable consejo arrojarse al agua que rendirse a los españoles, y así, unos nadando y otros asidos a palos y otros a sus compañeros y hermanos, los hijos a los padres, las criaturas con sus madres y muchas indias con dos y tres niños cargados, todos iban navegando o hechos boya el río abajo, y unos salían a tierra, otros se sumían y hundían en el agua por no saber nadar, otros eran arrebatados de la crueldad de los caimanes y de otros pescados y sumergidos en lo hondo del río, y así cada cual había vario suceso | 24 , según le ayudaba y favorecia su fortuna; pues de otros muchos indios e indias y criaturas que defendiéndose con obstinación quedaron en los bohíos, no sé qué decir, sino que alli perecieron abrasados del incendio gentes de todo sexo, y así fue mucha la gente que con este asalto y saco pereció, de suerte que nunca más se volvió a poblar este lugar de sus propios naturales ni de otros ningunos.

Sucedió este cruel suceso o hecho la víspera de San Juan del año de cincuenta y siete, y el caudillo o alguacil Alonso, quedando muy ufano de esta victoria, dende a pocos días pagó su maldad en poder de unos indios que más debajo de esta isla, en la ribera del propio río habitaban, que dándole cruel muerte administraron la ejecución de la justicia.

Para el castigo de Ibagué y Tocaima y Mariquita fue proveído por la real Audiencia el capitán Asensio de Salinas, que con la gente necesaria corriese estas provincias, el cual, después de haber asegurado las que más necesidad tenían, que eran las de Ibagué y Tocaima, se vino con la gente y soldados que a su cargo tenía a las provincias de Mariquita, y segúin dicen algunos, a ruego de los propios vecinos; pero desque junto a su pueblo los vieron, con la turba de soldados que consigo traía. Salinas, lo mas cuerdamente que pudo, sin dar ocasión de escándalo ni tumulto, porque algunos de sus soldados lo deseaban, se fue a la provincia de Gualí, donde anduvo algunos días pacificando aquellos naturales con daño y riesgo suyo y de sus soldados, por ser los indios muy beliciosos y la tierra aperísima, sin poderlos domar y pacificar, y de aquí pasó con los que le quisieron seguir a la provincia de los Palenques, donde pobló la ciudad de Vitoria, según que adelante se contará, y dende en adelante los naturales de Mariquita han estado muy pacíficos y amigos de los españoles, y las minas siempre se han labrado y beneficiado y sacado de ellas oro. Ha habido en este pueblo diversos corregidores hasta este nuestro tiempo, de los cuales hay poco que escribir, porque solamente se ocuparon en la administración de la justicia pública y no en guerras ni otros sucesos de indios. Sólo don Antonio de Toledo, siendo alcalde el año de sesenta, salió con gente y pobló la villa de La Palma, de cuya conquista y población adelante se dirá.

17  En la "tabla" de Sevilla se lee: "Gasquinda". En el manuscrito la palabra se encuentra enmendada, pudiéndose leer: "Guasquida" o "Guasquía".
18 La palabra "temieron" está añadida entre líneas.
19  En el manuscrito original se dejó un espacio en blanco, en el cual, por manos de tercero, se escribió la palabra "Guali".
20  En el manuscrito original se dejó un espacio en blanco, en el cual fueron escritas por terceros las palabras "que ahora llaman el Real Viejo"
21 La palabra "del Campo" fue añadida al texto.
22  La palabra "culpados" substituye la palabra |cuerpos, tachada.
23  Las palabras "indios isleños" están escritas entre líneas y reemplazan la palabra |isleños, tachada en el texto; corrección que sin duda se hizo para evitar confusión con los españoles procedentes de las Antillas, también calificados de "isleños".
24  Las palabras "había vario suceso" están enmendadas en el original.

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