b) Aspecto antropológico de la
"Recopilación"
El concepto de la historia, como historia social, obliga a los
autores de la "Recopilación" a reservar en su historia un lugar
preponderante a la descripción de los indios -grupo numeroso e
importante dentro de la sociedad colonial del siglo XVI- y también
a los problemas que su presencia suscitaba. En la dedicatoria al
Rey se hace resaltar el hecho de que Su Majestad "muchas veces ha
enviado a mandar avisen de los ritos y ceremonias y sacrificios con
que aquella gente, por idolatría a sus jeques y mohanes, sirven a
los demonios como a sus dioses, y las demás cosas que pasan en
deservicio de Dios y desacato a la Corona Real". Tan importante
parece esta parte de la "historia", que se la ofrece
espontáneamente, sin habérselo pedido el Rey, por el solo hecho de
ser el autor conocedor de las costumbres y ritos de los naturales
de la tierra, y porque nadie, se añade, lo hizo hasta entonces.
Naturalmente, aquí hay una exageración. Cortas y esporádicas
descripciones de una que otra tribu de las que habitaban el Nuevo
Reino habían llegado a España con anterioridad a la "Recopilación
Historial". Son escasas las relaciones, si son algo extensas, donde
no haya mención de alguna que otra para los europeos extraña
costumbre o creencia. Pero en todos estos casos se trataba de
relatos generales, esporádicos, que se comunicaban al Rey por ser
hechos extraños para los europeos. La "Recopilación Historial"
revela una para aquella época sorprendente y desusada actitud:
antes de terminar cada "compendio" o libro sobre la conquista de
una región o fundación de una ciudad, se recogen sistemáticamente
-a medida que esto fuere posible- todos los datos habidos sobre los
indios comarcanos. No sólo se describen sus creencias y
supersticiones y las armas que empleaban -cuestiones todas que,
dada la época, interesaban antes que cualquier otra cosa-, sino
también las costumbres de la vida íntima de la tribu, las
relaciones familiares y sociales, la vida económica, las relaciones
con los españoles, etc.
En la obra encontramos extensas descripciones antropológicas de
aguda observación, y una desenvoltura y falta de prejuicios que la
asemeja a las investigaciones modernas y que sorprenden y aun
chocan, a veces, la sensibilidad puritana de algunos historiadores
contemporáneos 20. Varias
veces en el transcurso de la narración se revela la preocupación
por no haber logrado recoger mayores detalles 21,
No menor importancia se da a los problemas sociales que
suscitaba la presencia del indio. Muchas páginas están dedicadas a
la esclavitud indígena, a los diversos repartimientos y encomiendas
que se hicieron entre los españoles, a las tasaciones de tributos y
otros problemas que aparecieron con la conquista. Basta decir que
capítulos enteros se reservan a la minuciosa transcripción de las
tasaciones de tributos, en una obra donde transcripciones
documentales son escasísimas. Gran importancia se da a las
consecuencias que los sucesivos "repartimientos" tuvieron en las
relaciones, muchas veces animosas, entre los pobladores de las
distintas ciudades, y de éstos con las autoridades coloniales.
La constancia que se observa en la descripción de las distintas
tribus y la importancia que a lo largo de la "Recopilación" se da a
estas descripciones y a todo lo relacionado con los indios,
transforma a los autores de la "Recopilación" en verdaderos
antropólogos, primeros que pisaron las tierras actualmente
colombianas.
Naturalmente, no es posible esperar que hombres del siglo XVI, y
más religiosos, misioneros, observen, anoten e investiguen las
costumbres indígenas por el solo interés científico que en sí mismo
encierran. Mucho se llama barbaridad, primitivismo y "mano del
demonio". Pero si hacemos caso omiso a estas críticas, en sí
explicables, nos admira la minuciosidad de las observaciones y el
cuidado en no caer en las deplorables generalizaciones de que se
hicieron culpables la mayoría de sus coetáneos. Estas cualidades
colocan a los autores de la "Recopilación" muy por encima de
aquellos para quienes estas "cosas del demonio" eran despreciables,
valiendo la pena de ser denunciadas pero no estudiadas. Nuestros
frailes observan personalmente y recogen observaciones ajenas. La
"Recopilación" constituye una fuente antropológica extraordinaria,
siempre y cuando se tomen en cuenta la época y el carácter
confesional de los autores. Y aunque el objetivo inmediato pudiera
haber sido facilitar y activar la conversión de los naturales, este
objetivo ni se declara ni impide la descripción de muchos detalles
que carecen de relación directa con la labor evangelizadora.
Una vez más, a base de la publicación de un manuscrito
considerado otrora como versión original, se acusa injustamente a
los autores de la "Recopilación" de haber dejado en el olvido la
tribu o "nación" principal que habitaba el territorio del Nuevo
Reino de Granada, los Muisca (Moscas), de la familia lingüística
chibcha, una tribu numerosa y avanzada, la cual constituía al mismo
tiempo uno de los más importantes núcleos culturales que hubo en la
América precolonial, y en cuyo territorio se fundaron las tres
principales ciudades, Santafé, Tunja y Vélez, y posteriormente se
estableció una Real Audiencia.
Y ciertamente, ¿cómo explicar el hecho incomprensible de que en
una obra donde abundan largas y minuciosas descripciones
antropológicas de varias tribus menores que habitaban el territorio
del Nuevo Reino de Granada y sus confines, como los Goahibo,
Pantágora, Páez, Pijao, Panche, se hubiera dejado completamente en
el olvido esa tribu principal? Sin embargo, es el hecho de que
falta en la "Recopilación" tal descripción, salvo noticias
generales y esporádicas. Pero, la "tabla" conservada en Sevilla
demuestra que todo un libro, el libro 59, con 28 capítulos, fue
suprimido en su totalidad, libro que contenía, precisamente, la
minuciosa descripción de los indios Muisca 22. Allí se describían las ideas de los indios
sobre el origen del mundo 23,
sus ceremonias 24, sus ritos
religiosos 25, la forma de sus
enterramientos 26, el
ejercicio de la justicia 27,
sus fiestas y regocijos 28, su
calendario y modo de contar 29, su comercio e industria 30, la caza y pesca 31, la forma de sus casamientos 32, sus comidas 33 y sus vestidos 34.
No hubo, pues, descuido por parte de los autores. Varias frases
del texto se refieren a este libro suprimido 35; por lo cual fueron tachadas. Tan
minuciosas son las descripciones antropológicas de nuestros
frailes, que aun en relatos que por su extensión parecen completos,
hay varios renglones tachados y hasta páginas arrancadas 36 enmiendas de que no hay
constancia en las versiones publicadas.
Todo esto confirma la "Recopilación Historial" como una obra
antropológica de gran alcance y a sus autores como agudos y
concienzudos observadores.
c) La "Recopilación" como historia
eclesiástica.
La carencia de datos sobre las misiones y, en general, sobre los
principios de la Iglesia en el Nuevo Reino es otra de las
características más sorprendentes en la obra de los dos frailes.
Algunos historiadores atribuyen este hecho al posible deseo de
escribir una historia eclesiástica aparte o al disgusto que una
historia de las misiones hubiera ocasionado en una época en que
reinaban serias desavenencias entre el clero y frailes y aun entre
los miembros de la misma orden religiosa 37. Otros suponen que la omisión se debe al
pesimismo que produjo en el autor el escaso éxito de la obra
evangelizadora, por lo cual prefirió el silencio. Otros simplemente
acusan a Aguado de negligencia.
Sin embargo, no es fácil explicar la omisión de ocuparse de la
historia de la Iglesia, en una obra histórica, que ya por su
aspecto social tenía que incluirla, necesariamente, en una época en
que los religiosos formaban un numeroso grupo dentro de la sociedad
colonial y que jugó un papel importante tanto en la conquista misma
como en las generales relaciones entre indios y españoles.
Mucho más difícil aún es explicar la falta de datos sobre las
órdenes religiosas en una obra en que se declara sin ambages que
uno de sus principales objetivos es producir un mejor entendimiento
de la importancia inherente a la obra misionera, conseguir para
ella mayor apoyo oficial y una más cabal dotación de religiosos.
Fray Antonio Medrano era definidor de la provincia; fray Pedro
Aguado fue varias veces guardián, después provincial y procurador a
España para defender los intereses de su orden. Es imposible creer
qué tales personas se despreocupasen de la historia eclesiástica.
Además, en el proemio al lector, Aguado insiste sobre la
importancia de la obra misionera. Se defiende vigorosamente del
cargo que se le pudiera hacer por haberse ocupado "con escribir
historias y dar cuenta de vidas ajenas", en vez de dedicarse a su
propia profesión. Da mucha importancia a la tarea de convencer al
lector del buen celo que puso siempre en su tarea proselitista y la
constancia que caracterizaba sus esfuerzos para lograr este
fin.
"Quien con claros ojos y desapasionada voluntad revolviere mi
libro -escribe- hallará en él, cómo no solamente me he ocupado en
la conversión de esta miserable gente, procurando el aumento de su
cristiandad, con muchas vigilias y con ordinarios trabajos, sino
que... no ha habido religioso en las partes a donde a mí me cupo la
suerte, que con más cuidado haya servido a la Majestad Divina y
haya procurado el aumento de la Iglesia".
No se contenta con declararlo tan sólo en el prólogo; en la
parte tachada del libro 49 considera necesario, una vez más, hacer
hincapié sobre su integridad como religioso 38. Las obras de los conquistadores, cuya
"temeridad rayaba en la locura", nunca le parecieron tan valiosas
por lo que fueron servicios hechos al Rey sino como empresas que
hacían posible la catequización.
Para defender la obra misionera ataca abiertamente la política
de Felipe II, lamentándose del poco éxito que tienen los religiosos
debido a la falta de un decidido apoyo oficial. Recordando al
Monarca que el Papa Alejandro encargó expresamente a los Reyes
Católicos la evangelización de la población americana, y que existe
un vasto campo para tal obra, exclama con una temeridad que le
honra: "¡Si sus personas -es decir, los Reyes Católicos- se
pudieren hallar presentes, con más cuidado y con menos trabajo y
aun con menos ofensa de Dios, se hiciera mayor fruto en la viña del
Señor!"
Es imposible creer que una persona que escribe en tales términos
no aprovechase su "historia" para dar larga cuenta sobre la
actividad de los religiosos, fundación de monasterios, bautizos de
indios, y más, siendo testigo y autor de muchos sucesos ligados a
la historia eclesiástica.
Las acusaciones contra nuestros frailes en este sentido se basan
al descuidado estudio del manuscrito original y de los documentos
correlativos a la "Recopilación". Pues si los investigadores
hubiesen analizado esta documentación, habrían notado que también
en este caso las aparentes omisiones y lagunas sólo obedecen a la
mutilación del manuscrito original, donde fueron suprimidos muchos
renglones y cortadas páginas enteras que se refieren al tópico 39. Medrano y Aguado sí son los
primeros historiadores de la Iglesia en el Nuevo Reino de Granada,
y los recortes y mutilaciones por terceros no pueden quitarles tal
mérito.
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20
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Bib. 14, II, 711, 790.
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21.
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Véase capítulo 5º
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22
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Véase primera parte , libro 5º, suprimido
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23
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Ibíd., capítulo 2º.
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24
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Ibíd., capítulo 3
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25
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Ibíd., capítulos 6º y 7º
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26
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Ibíd., capítulos 21 a 23
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27
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capítulo 11
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28
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Ibíd., capítulo 17
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29
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Ibíd., capítulo 20
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30
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Ibíd., capítulos 12 y 13
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31
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Ibíd., capítulo 19
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32
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Ibíd., capítulos 9º y 10
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33
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Ibíd., capítulo 26
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34
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Ibíd., capítulo 8º
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35
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Véase nota 2 a la primera parte, libro 3º; y nota 7 a la
primera parte, libro 4º, etc.
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36
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Véase primera parte, libro 9º, capítulo 6º, libro 10, capítulo
14, etc.
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37
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Bib. 20.
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38
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Primera parte. Proemio al lector; y libro 4º, capítulo 23
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39
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Véase primera parte, libro 4º, capítulos 17 y 21
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