INDICE




Introducción

CAPITULO I
 Fray Antonio Medrano

CAPITULO II
 Fray Pedro Aguado

CAPITULO III
 Medrano y Aguado

CAPITULO IV
 Medrano, Aguado y su época

CAPITULO V
 Fuentes de la Recopilación Historial

CAPITULO VI
 Títulos de las obra

CAPITULO VII
Historias o compendios

CAPITULO VIII
 La tabla

CAPITULO IX
 Los manuscritos de la versión final

CAPITULO X
 La censura
Anexos

PRIMERA PARTE
 Recopilación historial resolutoria...
Tabla de la primera parte

LIBRO PRIMERO- CAPITULO I-II-III-IV
En el libro primero...-Que trata de quién fue...-Que trata de quién fue...-Que trata de cómo el gobernador...-Que trata de cómo los amotinados...

CAPITULO V-VI-VII
De lo que al capitán amotinado...-Que trata de cómo la Audiencia...-De cómo los dos gobernadores...

CAPITULO VIII-IX-X
De cómo fue proveído en España...- De cómo el gobernador Lerma...-En que se cuenta cómo el gobernador Lerma...

CAPITULO XI
De cómo el capitán San Martín...

LIBRO SEGUNDO- CAPITULO I-II
En el segundo libro se escribe...-En que se escribe cómo...-De cómo el adelantado...

CAPITULO III-IV-V-VI
De cómo después de...-De lo que a don Alonso Luis de Lugo...-De la gran mortandad...-En que se escribe la fortuna...

CAPITULO VII-VIII-IX-X
 Que trata de cómo el general...-En que se escribe cómo...-Es que se escribe lo que le sucedió...-En que se escribe cómo el general...

CAPITULO XI-XII
 En que se escribe cómo el general...-En que se escribe la vuelta...

LIBRO TERCERO- CAPITULO I-II-III
En el tercer libro se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se declaran...-En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
 En que se escribe...-En que se escribe...-En que se escribe ...

CAPITULO X-XI-XII
En que se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO CUARTO- CAPITULO I-II
En este cuarto libro...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO III-IV
En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO V-VI-VII
En el cual se escribe...-En que se escribe...--En que se escribe...

CAPITULO VIII-IX-X
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
En el cual se escribe...-De cómo Hernán Pérez de Quesada...-

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XV-XVI
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XX-XXI-XXII
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XXIII
En el cual se escribe...-

LIBRO QUINTO- CAPITULO I-II-III
En el libro quinto...-De cómo al capitán...-Que trata de otra salida...-Que trata del asiento...

LIBRO SETIMO- CAPITULO I-II-III
En el libro sétimo...-Cómo fue nombrado...-De cómo los españoles...-Cómo los indios...

CAPITULO IV-V
Que trata de cómo...-Que trata de una rebelión...-

LIBRO OCTAVO- CAPITULO I-II-III
En el libro octavo...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se escribe...-En el cual se escriben...-En el cual se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO X-XI-XII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO NOVENO- CAPITULO I-II-III
En el libro nono...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO VI-VII-VIII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IX-X
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
 En el cual se escribe...- En el cual se escribe...
|Capítulo cuarto Que trata de cómo Galarza entró en la provincia de Ibagué y pobló en ella la ciudad de Ibagué, que hasta hoy permanece, y cómo repartió la tierra entre sus soldados.

 

Habiéndose Galarza informado de los indios de Bombo y sabida la certidumbre de las cosas en el capítulo antecedente referidas, cómo de la otra banda de la cordillera de la sierra había indios y poblazones, sospechó que también habría algún pueblo de españoles a quien sirviesen y fuesen feudatarios, los cuales pudieran haber venido de la gobernación de Popayán a poblar por aquella tierra, por estar cerca de otros pueblos que ya tenían poblados; y para más enteramente se certificar de lo que los indios le habían dicho y que ocularmente se viese, envió algunos soldados con un caudillo que de lo alto de la sierra lo viesen y mirasen si parecían las poblazones que los indios de Bombo decían y qué tantas serían, lo cual se podría ver por los humos que suelen salir de las tales poblazones donde los naturales habitan, y visto, volviesen sin pasar más adelante a darle aviso de todo para determinar lo que más conviniese, y ver si iría adelante o tomaría otra derrota, para ver y pacificar las provincias de Matacayma, y villa Cayma y Chitanema y Chinacatayma, de las cuales había tenido noticia antes que en esta provincia de Bombo entrase.

Salidos los soldados, subieron a la cordillera, de donde mirando fueron tan pocos los bohíos o casas que vieron, que les pareció haber muy poca poblazón de indios, y que, según la noticia que algunas personas les habían dado de la disposición de la tierra, creían estar muy cerca de un pueblo de españoles llamado Cali, de la gobernación de Popayán, y otro que se decía; Buga la grande. Con esto se volvieron a dar cuenta a su capitán de lo que habían visto y les parecía de la tierra.

Sabiendo Galarza que los indios que estaban a las otras vertientes de la cordillera ya dicha eran tan pocos, y que había sospecha evidente que cerca de ellos estaban españoles poblados, acordó de dar la vuelta atrás y no pasar adelante, tomando la derrota y camino de la provincia de Ibagué, con voluntad y determinación de en ella poblar y fijar un pueblo, para dejar en él la gente que más fatigada traía, y con los demás pasar adelante a correr y andar la tierra, para que después de vista toda la pudiese mejor repartir entre sus soldados.

En este camino de Ibagué tuvo Galarza y sus compañeros algunas guazabaras con los naturales que por el camino había. Mas saliendo de todas ellas sin recibir ningún daño, y con poco que en los naturales hacían, pasaron adelante y se alojó con sus compañeros en el valle de Ibagué, en el mejor sitio y lugar que les pareció que había en él, y pareciéndole que el sitio donde estaban era bueno y en él había todas las cosas necesarias a las nuevas poblazones, asentó y fijó en él el pueblo y ciudad de Ibagué, poniéndole el nombre de la propia provincia, que fue en el año de mil quinientos cincuenta; haciendo las ceremonias acostumbradas en semejantes casos; después de lo cual Galarza salió con parte de sus soldados en demanda del descubrimiento de la provincia de Toche; y llegado a ella reposó algunos días con su gente, porque halló abundancia de comida, de la que los naturales tenían.

En este tiempo que Galarza estuvo en esta provincia alojado, envió dos soldados llamados Ricardo y Hoyos a una sierra que por delante tenían, para que de allí viesen y mirasen lo que había adelante. Envió Galarza estos dos soldados solos porque tenía la sierra tan cerca de sí, que le parecía podrían ser fácilmente remediados y favorecidos si algunos indios saliesen a ellos a impedirles la ida o vuelta. Mas ellos, olvidados del riesgo y peligro en que iban, y no llevando el resguardo y cuidado necesario de sus personas, con alguna codicia de la que en semejantes jornadas suele haber y hay, desviándose del camino y derrota que su capitán les había mandado llevar, se metieron entre unas poblazones de indios que estaban en este valle de Toche, antes de llegar a la sierra, a ranchar algún oro de lo que los indios de está provincia poseían; pero siendo sentidos de los indios antes que su codicia y desordenado deseo tuviese efecto, fueron de los indios muertos miserablemente y desollados los rostros, lo cual acostumbran hacer estos indios con los enemigos que matan, para traerlos por máscaras en sus bailes y borracheras.

Estuvo Galarza aguardando a estos soldados mucho espacio de tiempo, y visto que no venían estaba muy penado, sospechando que hubiesen habido algún mal suceso; y para certificarse de la causa de su tardanza envió un caudillo con algunos soldados, porque si acaso los indios hubiesen muerto a los dos primeros y estuviesen con las armas en las manos, cosa muy acostumbrada entre ellos, pudiesen rebatirlos, y volverle a dar entera relación dé lo que pasaba.

Llegado que fue el caudillo a la sierra, como no viese los soldados, ni rastro de ellos, dio la vuelta con su gente por las poblazones de los indios, donde les salieron a recibir con las armas los delincuentes y malhechores, queriendo hacer en ellos lo que habían hecho en sus compañeros, y aunque los bárbaros eran muchos, con mucha facilidad fueron rebatidos de los nuestros, donde yendo dándoles alcance fueron a dar a una placeta que entre unos bohíos de los dichos bárbaros estaba, en la cual hallaron los cuerpos de los dos soldados, con innumerable cantidad de flechas que les habían tirado, teniéndolos puestos como blanco de terreno, y como ya es dicho los rostros desollados. Visto por el caudillo y soldados este tan triste espectáculo, tomaron los cuerpos muertos y lleváronlos a enterrar a una montañuela que por delante tenían, y sin se parar fueron a dar noticia de todo lo dicho al capitán Galarza, el cual, sabida la nueva, y daño que los indios habían hecho, determinó de volverse con su gente a la ciudad de Ibagué, para que, pertrechándose de más municiones y soldados, volver a la provincia de Toche a hacer castigos en sus moradores del atrevimiento y daño que habían hecho; donde después de haberse proveído de todo lo dicho, dio la vuelta con su gente a la provincia y naturales ya dichos, de los cuales fue recibido con las armas en las manos, porque por espías que tras Galarza habían enviado tenían ya aviso cómo Galarza y su gente venían a su tierra. Mas Galarza, vista la determinación de los indios, con lenguas que llevaba, como lo tenía de costumbre, les exhortó y rogó que dejasen las armas y recibiesen la paz, que él les prometía, y daba su palabra de no hacerles mal ni daño ni consentir que de otros se les hiciese, porque no quería sino su amistad, olvidando la muerte de sus soldados, que bien entendía que pues ellos les habían muerto les habrían dado alguna ocasión para ello.

Los indios, no curando de lo que Galarza les decía ni queriendo la paz, con que les convidaba, procuraban de cercar los nuestros para damnificarlos por todas partes. Galarza, visto que no querían admitir la paz y clemencia con que les convidaba, arremetió a ellos por la parte que más fortalecida de gente tenían, donde con los caballos los desbarataron, por ser tierra en la cual se podían aprovechar de ellos, y matando e hiriendo hicieron bastante castigo, porque de más de quinientos que eran los que a esta guazabara vinieron no volvió la décima parte a sus casas.

Hecho esto, pasó Galarza con su gente a otra provincia llamada Tocina, que está junto al morro nevado, y la pacificó y trajo de paz, con lo cual se volvió al pueblo de Ibagué, sin haber recibido daño ninguno, y repartió y encomendó los indios de la tierra a toda su gente, a cada uno según sus méritos.

  |Capítulo quinto Que trata de una rebelión o alzamiento que los indios de Ibagué hicieron, y del socorro que al capitán Galarza | 9 le vino de Santafé.

 

Repartidos los indios de Ibagué y sus comarcas, como los soldados se quisiesen servir de ellos, y para esto muchas veces los llamasen y trajesen a hacer casas y labranzas, y no contentos con esto les pidiesen oro y aun hijos e hijas para su servicio, que algunas veces era necesario poner los amos las manos en ellos, dándoles algunos palos y azotes, de que ellos se agraviaban y se sentían mucho, y muchas veces trataban entre si diciendo que era mejor morir que pasar y sufrir tales afrentas y trabajos, y particularmente sentían mucho que les pidiesen y tomasen sus hijas, por lo cual se trató y comunicó entre ellos que se juntasen todas las provincias de la comarca y juntas y congregadas diesen un día en el pueblo de los españoles y matasen e hiriesen a todos los que pudiesen, y se libertasen de tanta servidumbre y trabajos, lo cual pusieron por obra en el año de mil quinientos cincuenta, haciendo primero una general borrachera, porque como he dicho en otras partes de la historia tienen por costumbre todos los indios de estas partes hacer grande borracho tiene mayores bríos y alcanza entera victoria de sus enemigos; y así juntos todos los bárbaros de estas provincias dieron sobre el pueblo de Ibagué, y aunque los españoles fueron de ello avisados con tiempo y los hallaron apercibidos y puestos en arma, por ser la multitud de indios tanta que pasaban de ocho mil, no fueron parte para los desbaratar y echar de si. Antes les pusieron en tanto aprieto y conflicto que por espacio de cuarenta días los tuvieron cercados sin les dejar salir por comida ni al servicio por agua para su sustento, dándoles cada día crueles guazabaras y guerras.

Visto el capitán y  la gente que la multitud de los bárbaros se iba aumentando, y que no tenían remedio ni podían escapar de las manos de sus crueles enemigos, acordaron de enviar dos indios en tiempos diferentes, cada uno por sí a la ventura, con cartas a la Audiencia real de Santafé, dando relación y 'noticia a los señores de ella del aprieto y extremo en que estaban, y necesidad que tenían, y como había ya tantos días que estaban cercados de toda la tierra y no eran bastantes para salir del pueblo por agua ni otros mantenimientos, pidiendo se les enviase socorro de gente con la mayor brevedad que posible fuese, si no querían que fuesen muertos y consumidos de los indios; después de lo cual, viendo el capitán el peligro y riesgo en que estaban de ser llevados a manos de los bárbaros, por ser ya tanto el desfallecimiento de su gente, por la gran falta que de comida tenían, y que si tardaba el auxilio y socorro ocho días no tendrían fuerzas para pelear si los indios los necesitasen a ello, acordó que todos juntos saliesen con buen orden a los enemigos, y con varoniles ánimos de españoles empleasen sus fuerzas en ellos, ofreciéndose a morir o a haber victoria, porque si se habían en manos y poder de los indios sabían que sus muertes habían de ser más crueles y prolijas, y tenían por mejor morir en los encuentros que en los mercados y borracheras donde suelen y acostumbran dar las muertes a los que a sus manos vienen, y así, arremetiendo por una cuchilla arriba, donde los más de los indios estaban, quisieron subir a ellos, mas los bárbaros arrojaron tantas galgas y piedras que les fue necesario a Galarza y a su gente dar la vuelta por una ladera de la cuchilla e irla ganando poco a poco con algunos arcabuceros que delante llevaban; y era tanta la turba de los indios que en la cuchilla estaba, que viendo que los españoles les iban subiendo, unos por defender la subida a los nuestros y otros por huir, vinieron en tanta confusión y ceguedad que unos a otros se arrojaban la cuchilla abajo, adonde eran recibidos de los nuestros con las puntas de las espadas, y algunos que de rodar por la sierra abajo se escapaban, se iban al pueblo y pegando fuego a las casas que ellos habían hecho para los españoles, las quemaban.

Subidos los españoles a la cuchilla echaron de ella a los indios con mucho daño que en ellos hicieron, y habida victoria se volvieron al pueblo a descansar y dar orden cómo se ir y dejar el pueblo, porque ya les parecía que se tardaba el socorro que habían enviado a pedir con los dos indios a la Audiencia de Santafé, sospechando que habrían muerto a los indios de las cartas y no habrían podido llegar con ellas a donde los oidores estaban, y que siendo así ellos no podrían sustentarse en el pueblo, especial que ya las municiones se les habían acabado y la gente estaba muy debilitada de la hambre y necesidad que en el cerco habían pasado.

Otro día por la mañana fue Dios servido que llegó el capitán Salinas y Domingo Lozano con socorro de gente por mandado de la Audiencia real y al llamado de los dos indios, y juntándose todos pacificaron y allanaron todas estas provincias y las dejaron muy de paz y en servidumbre, aunque después de cinco o seis años se tornaron a rebelar en una rebelión que hubo general de ellos; y los indios Panches y de Mariquita, como en la jornada de Mariquita se dirá. Estas dos rebeliones fueron causa que de ocho mil indios que había en estas provincias de Ibagué, quedasen tan pocos que aunque después se han hallado minas de oro y plata en la tierra, no han tenido los vecinos de Ibagué gente con qué labrarlas.

Son estos indios de Ibagué grandes carniceros de carne humana y de otra cualquiera carne; tienen algodón, aunque poco, de que hacen algunas mantas para su vestir; las indias son muy feas, y traen en la cabeza unos bonetes de venado con que aprietan y axen los cabellos; no hay entre ellos caciques, como entre otros indios, mas son mandados de algunos indios principales que entre ellos hay, a los cuales obedecen cuando les parece y les da gusto. Es tierra muy áspera y fragosa, en la que estos indios habitan, y todas sierras peladas. El sitio donde está la ciudad de Ibagué puesta y fijada es del mejor y más suave temple que hay en todas estas partes, el cual ni es cálido ni frío, sino de un medio en nada penoso | 10 .

9  En la "tabla" de Sevilla se lee: "que a Galarza y a su gente le vino".  
10 En este libro, como otros, abundan enmiendas de palabras, hechas con el fin de modernizar y corregir la ortografía, cuyos autores no es posible identificar. No las hemos señalado para facilitar la lectura.

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