INDICE




Introducción

CAPITULO I
 Fray Antonio Medrano

CAPITULO II
 Fray Pedro Aguado

CAPITULO III
 Medrano y Aguado

CAPITULO IV
 Medrano, Aguado y su época

CAPITULO V
 Fuentes de la Recopilación Historial

CAPITULO VI
 Títulos de las obra

CAPITULO VII
Historias o compendios

CAPITULO VIII
 La tabla

CAPITULO IX
 Los manuscritos de la versión final

CAPITULO X
 La censura
Anexos

PRIMERA PARTE
 Recopilación historial resolutoria...
Tabla de la primera parte

LIBRO PRIMERO- CAPITULO I-II-III-IV
En el libro primero...-Que trata de quién fue...-Que trata de quién fue...-Que trata de cómo el gobernador...-Que trata de cómo los amotinados...

CAPITULO V-VI-VII
De lo que al capitán amotinado...-Que trata de cómo la Audiencia...-De cómo los dos gobernadores...

CAPITULO VIII-IX-X
De cómo fue proveído en España...- De cómo el gobernador Lerma...-En que se cuenta cómo el gobernador Lerma...

CAPITULO XI
De cómo el capitán San Martín...

LIBRO SEGUNDO- CAPITULO I-II
En el segundo libro se escribe...-En que se escribe cómo...-De cómo el adelantado...

CAPITULO III-IV-V-VI
De cómo después de...-De lo que a don Alonso Luis de Lugo...-De la gran mortandad...-En que se escribe la fortuna...

CAPITULO VII-VIII-IX-X
 Que trata de cómo el general...-En que se escribe cómo...-Es que se escribe lo que le sucedió...-En que se escribe cómo el general...

CAPITULO XI-XII
 En que se escribe cómo el general...-En que se escribe la vuelta...

LIBRO TERCERO- CAPITULO I-II-III
En el tercer libro se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se declaran...-En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
 En que se escribe...-En que se escribe...-En que se escribe ...

CAPITULO X-XI-XII
En que se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO CUARTO- CAPITULO I-II
En este cuarto libro...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO III-IV
En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO V-VI-VII
En el cual se escribe...-En que se escribe...--En que se escribe...

CAPITULO VIII-IX-X
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
En el cual se escribe...-De cómo Hernán Pérez de Quesada...-

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XV-XVI
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XX-XXI-XXII
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XXIII
En el cual se escribe...-

LIBRO QUINTO- CAPITULO I-II-III
En el libro quinto...-De cómo al capitán...-Que trata de otra salida...-Que trata del asiento...

LIBRO SETIMO- CAPITULO I-II-III
En el libro sétimo...-Cómo fue nombrado...-De cómo los españoles...-Cómo los indios...

CAPITULO IV-V
Que trata de cómo...-Que trata de una rebelión...-

LIBRO OCTAVO- CAPITULO I-II-III
En el libro octavo...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se escribe...-En el cual se escriben...-En el cual se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO X-XI-XII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO NOVENO- CAPITULO I-II-III
En el libro nono...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO VI-VII-VIII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IX-X
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
 En el cual se escribe...- En el cual se escribe...
| LIBRO QUINTO |1
 
  En el libro quinto se trata de la pacificación y poblazón de la ciudad de Tocaima, hecha por el capitán Hernando Venegas Manosalvas, a quien después su majestad el Rey Don Felipe, nuestro señor, dio título de mariscal del Nuevo Reino de Granada. Fue hecha en el año de mil quinientos cuarenta y seis, con comisión y conducta del adelantado don Alonso Luis de Lugo, el cual en este tiempo gobernaba el Nuevo Reino. |
 

 

|Capítulo primero De cómo al capitán Hernando Venegas Manosalvas, que después fue | 2 mariscal del Reino, le fue dada conducta para que fuese a poblar un pueblo en las provincias de los indios Panches, y de cómo salió con gente y llegó a la provincia de Tocaima, y envió a Martín Yáñez Tafur a ver la tierra y traer de paz a los naturales de ella.

 

Andando don Alonso Luis de Lugo procurando oro con toda la solicitud a él posible para irse a España, como está dicho en el cuarto libro de esta primera parte, vino la nueva cómo los franceses habían robado y destruído a la ciudad de Santa Marta, de quien atrás hemos tratado; de lo cual recibió grande pena y turbación, porque él había dejado allí muchos soldados amigos suyos y muy principales, y tenía grande esperanza que para alcanzar su fin | 3, que era de irse a España, le habían de ayudar con algún oro, lo cual ellos no podían ya hacer con el mal suceso que con los franceses habían tenido; y con esta pena y turbación andaba muy triste y pensativo, imaginando lo que sería mejor hacer en este caso.

En este tiempo había dado comisión al capitán Juan de Céspedes, persona muy principal, para que fuese a poblar la provincia de los indios Panches y a sierras nevadas; y por ser Céspedes un hombre de quien el adelantado tenía grande confianza, y que de las cosas y guerras de Santa Marta tenía mucha experiencia, por haber estado en ella mucho tiempo, y ser de los primeros soldados que en ella habían entrado, acordó de nombrarle por su teniente general, y que dejando la población de los indios panches, fuese a socorrer a la ciudad de Santa Marta y poner en ella todo el reguardo posible, haciendo algunas fuerzas de donde, con la artillería que su padre el adelantado había traído y dejado en ella, se defendiesen los moradores de sus enemigos los franceses.

Tenía el capitán Juan de Céspedes ya juntos sesenta soldados, para ir a las sierras nevadas y provincia de los Panches, los cuales estaban pertrechados de armas y caballos que él les había dado y proveído de su propia hacienda y con sus dineros comprado. Pues como el capitán Hernando Venegas supiese que Juan de Céspedes dejaba la jornada que había encomenzado y quería hacer, por mandarle el adelantado ir a Santa Marta, rogó al adelantado don Alonso Luis de Lugo que le hiciese merced de darle a él la conducta de capitán, para que con la gente que el capitán Céspedes tenía junta, ir a poblar un pueblo en la provincia de Tocaima, que era donde Céspedes había de ir y para donde la había juntado. El adelantado, oída y vista la petición de Venegas, y conociendo su valor y ser, porque era caballero muy querido y amado de todos por su llaneza y afabilidad, se la dio, y nombrándole capitán le dio | 4 los sesenta soldados que Céspedes tenía.

Tenida ya la conducta y comisión, el capitán Venegas halló a toda su gente, y con la mayor brevedad que pudo se salió de la ciudad de Santafé, en seguimiento de su derrota y jornada. Nombró por sus capitanes y caudillos a Martín Yáñez Tafur, y a Salinas, y a Saucedo, y a Montero, aunque sólo el Martín Yáñez Tafur usó el oficio de capitán y caudillo en esta jornada, porque con dos salidas que hizo a traer la gente y naturales de paz, se pobló el pueblo, como adelante se dirá, y así no fue necesario que los demás usasen el oficio de capitanes.

Salió el capitán Venegas de la ciudad de Santafé con su gente en el año de cuarenta y seis, y caminando con ella llegó al pueblo de Tocaima, pueblo de los indios Panches, a los cuales los españoles les pusieron este nombre porque todos tienen las cabezas pandas y omolgas, por tener de costumbre de en naciendo ponérselas sus madres entre dos tablas apretadas como en prensas y traerlos así hasta que son ya grandes, y así les quedan las cabezas anchas y agudas de la parte alta, que si les quitan el cabello parecen mitras cerradas. Estuvo en este pueblo y asiento de Tocaima, Venegas, descansando con su gente sin sucederle cosa contraria, dos días; en los cuales 5 acordó que Martín Yáñez Tafur saliese con cuarenta soldados a correr la tierra y provincia y a que trayendo de paz a los naturales de ella, viese si hallaba algún asiento bueno y acomodado para fundar un pueblo en nombre de su majestad. Así salió Martín Yáñez con su gente, y fue a dar a una provincia de unos indios llamados Guacanaes, donde, siendo sentido de ellos, tomando las armas en las manos se pusieron en defensa de su tierra y casas; mas como llegasen a tentar las fuerzas de los españoles y hallasen en ellas tanta resistencia, acordaron aventajarse en el huir, pues no lo podían hacer en las armas. Las armas de que estos indios usan en sus guerras son flechas, lanzas, dardos y macanas; y aunque todos son corpulentos y de grandes ánimos, con mucha facilidad fueron ahuyentados de los nuestros, dejando sus casas y haciendas, frágiles y de poco precio, en poder de los cristianos; y asimismo los que con descuidados pasos se tardaron en huir, dejaron también las vidas. Fueron tomados en esta guazabara muchos bárbaros de todo sexo para el servicio de los españoles, y con ellos mucho despojo de oro en chagualas, que son como patenas, como en otra parte queda dicho | 6 , y otras piezas de oro que los españoles llaman caracoles, los cuales acostumbran estos indios a traer colgados en las narices. Tomáronse asímismo muchos catabres o canastos de cuentas blancas y cinchos de lo mismo, entretejidos en ellos muchos caracoles pequeños, que es un género de adorno para ellos de que usan en sus borracheras y bailes.

Con la victoria y contento del despojo o ranchería, que así se llama en estos tiempos el tomar, o por mejor decir, el hurtar en guerra y fuera de ella en estas partes, por disimulación y más honesto hablar, como en otras partes he dicho | 7 , detuviéronse los nuestros en este pueblo de los indios Guacanes, regocijando la victoria dos días, después de los cuales fue de acuerdo de todos que no se pasase más adelante sin dar cuenta a su capitán Venegas de lo sucedido, y así todos juntos se volvieron al real, donde fueron muy bien recibidos de los que en él habían quedado.

Sabido por el capitán Venegas el buen suceso que Martín Yáñez y su gente habían habido, para con mayor facilidad atraer a los bárbaros a su amistad y servidumbre, mandó soltar la mayor parte de los indios que Martín Yáñez y su gente habían traído para su servicio, a los cuales envió a su tierra, dándoles algunas cosas de rescates de España, como eran bonetes, cuchillos y cuentas, que no fue poca parte para que viniesen a servidumbre como vinieron de su propia voluntad y sin fuerza de armas; porque considerando los bárbaros el daño que de los nuestros habían recibido, y que no era menor el que les estaba aparejado si con obstinación tardaban en dar la paz a los españoles, acordaron de hacer de voluntad lo que entendían habían de hacer por fuerza; y así, otro día por la mañana, tomando de las cosas de comer que en sus casas tenían, se fueron al real de los españoles a darles las gracias por el beneficio de les haber soltado y enviado a sus parientes y amigos, y a se les ofrecer a servidumbre para todo lo que les quisiesen mandar.

El capitán Venegas los recibió, con sus dones y ofrecimientos, a servidumbre y paz, muy amigablemente, y haciéndoles buen tratamiento, con mucho amor, les dio de las cosas que de España tenía, y con lenguas les dio a entender el fin para que habían venido a su tierra él y sus compañeros, el cual no era para hacerles ningún mal ni daño, sino para ser sus amigos y defenderlos de quien mal o daño les quisiesen hacer, y para les enseñar muchas cosas que ellos ignoraban, tocantes a la salvación de sus ánimas y cuerpos, así de los trabajos de esta vida como de los de la otra. Todas estas cosas y otras muchas que el capitán Venegas trató y dijo a estos indios Guacanaes, las oyeron ellos con mucha atención y voluntad, lo cual dio harto contento a todos los que presentes estaban.

Conociendo el capitán Hernán Venegas, como hombre de experiencia, que en semejantes conquistas y poblazones suele haber de parte de los soldados algunos desconciertos y demasías en daño y perjuicio de los naturales, los cuales son ocasión y han sido de que las paces se quebranten y los contrarios se rebelen y tornen a tomar las armas con mayores bríos contra sus contrarios, queriendo y deseando que la paz y servidumbre a que estos bárbaros venían y querían sustentar se guardase, sin que en ningún tiempo se les diese ocasión de lo contrario, mandó echar un bando en su real por el cual mandó que so pena de la vida ningún soldado fuese osado a entrar en casa de indio ni le tomar cosa alguna de comida ni otra cosa sin su expresa licencia y mandado, para que lo que se les tomase se diese orden como se les pagase, y no se les hiciese agravio ninguno. Fue guardado este mandato y pregón entera y cumplidamente, sin se exceder de él un punto; y para que los indios estuviesen más quietos y seguros, el capitán les dio a entender con las lenguas lo que para su quietud y sosiego había mandado a sus soldados y compañeros; y con esto los indios se fueron a sus casas muy contentos y alegres.

 

|Capítulo segundo Que trata de otra salida que hizo Martín Yáñez Tafur, y cómo conquistó y trajo de paz a los indios de la provincia de Jaquima y de Guatagui, y de la fundación de la ciudad de Tocaima.

 

Idos los indios Guacanes a sus casas, procuraban traer cada día comida a los españoles en agradecimiento del beneficio que de ellos habían recibido. Esta gente Panche son de tan noble condición que no tienen cosa suya que no la comuniquen y den con maravillosa liberalidad a cualquiera persona, aunque sean sus enemigos, salvo si actualmente están en la guerra contra ellos; y así demás de por ser ellos naturalmente inclinados a esta generosidad, por los beneficios que el día antes habían recibido de los nuestros, les traían mucha comida.

El capitán Venegas, visto | 8 el buen principio que Martín Yáñez Tafur había tenido en la tierra, acordó que tornase a salir con cuarenta hombres de los que habían quedado en el real, por estar más descansados, a la provincia de Jaquima, que por otro nombre se llama Otayma, a traer los naturales de ella de paz, encargándole que lo hiciese con el menor daño que posible fuese, porque ya el capitán Venegas había tomado grande afición a la gente Panche por verlos de tan buena inclinación, y así deseaba traerles de paz más por dádivas que por fuerza de armas y malos tratamientos.

Pasados cinco días en los cuales Martín Yáñez descansó, y apercibidos los cuarenta soldados, se salió con ellos en demanda de la provincia de Jaquima, que no estaba muy lejos. Los indios, como tenían noticia del daño y mala vecindad que los españoles hacían en las partes donde llegaban, porque aún no habían sabido ni había venido a su noticia el buen tratamiento y despedimento que los indios Guacanes habían tenido y se les había hecho de los españoles cuando el capitán Venegas los había enviado a sus casas sin les hacer mal ni daño, antes dádoles de lo que había tenido de cosas de España, acordaron de tomar las armas en las manos y defenderles la entrada en su tierra, no permitiendo que hiciesen asiento en ella ni la viesen, si fuese posible; y saliéndoles al camino con buena orden por unas lomas abajo con grande gritería, les hacían muchas amenazas, y mostrándoles cantidad de catabres o canastos y sogas, les decían en su lengua que aquellos canastos y sogas traían para atarlos, y después de haberlos hecho pedazos, llevarlos en aquellas cestas | 9 para con sus blancas carnes solemnizar sus fiestas y borracheras, triunfando de su victoria dándoles sus vientres por sepulcros; lo cual ellos tenían por muy antigua costumbre hacer con los naturales a ellos comarcanos.

El caudillo y sus compañeros, como vieron tanta multitud de indios, que serían más de dos mil, y oyeron la gritería y regorizo que hacían, preguntaron a las lenguas o intérpretes que llevaban que qué decían los indios de Otaima, y las lenguas les dijeron | 10 que decían que en muy breve tiempo los habían de llevar a todos hechos pedazos en aquellos catabres, para solemnizar y hacer muy grandes borracheras, y poner sus cabezas en sus santuarios. El caudillo Tafur, como por los meneos que los bárbaros hacían conociese ser así | 11 lo que las lenguas decían y llegándose cerca de los bárbaros, a parte donde de ellos fuesen bien entendidas las lenguas, les mandó que les dijesen y amonestasen dejasen aquella necia y simple porfía, porque él ni sus compañeros no venían para ir en catabres ni a que con ellos solemnizasen sus borracheras, sino a ser sus amigos, y a que si ellos lo quisiesen ser suyos, no se les haría ningún mal ni daño, antes serían muy bien tratados y defendidos de otras cualesquier personas que mal o daño les pretendiesen hacer, y que de lo contrario se les seguiría mucho daño a ellos y a sus hijos y mujeres; porque ellos eran enviados por el Rey de España a poblar en aquellas partes y a que les enseñasen a conocer al Criador de todas las cosas y de qué manera le habían de servir, para por ello conseguir el descanso y bienaventuranza perpetua; y que si ellos esto no querían consentir y entender de voluntad y sin guerra, que forzoso y con mucho daño que les harían lo habían de hacer, asi como en otras partes sus hermanos y compañeros lo habían hecho.

Los moradores de Otaima, aunque oyeron bien lo que Martín Yáñez Tafur con las lenguas les decía, no haciendo caso de ello, se iban llegando a los españoles con su bárbaro atrevimiento, pretendiendo poner en efecto su loco y rústico propósito, creyendo que sin falta los habían de tomar a manos y sepultarlos en sus vientres; y el capitán y sus soldados, visto | 12 que los indios se acercaban sin hacer caso de lo que se les decía, usando de su bravo y esforzado ánimo de españoles, arremetieron contra ellos y en poco espacio de tiempo los desbarataron e hicieron dejar las sogas y catabres con harto daño que en ellos se hizo; de lo cual quedaron tan escarmentados que tuvieron por muy bueno y acertado haber creído lo que se les había antes dicho y recibido la paz con que se les había convidado, y con esto de ahí adelante no osaron tomar más las armas contra los españoles, y desde esta guazabara quedaron pacíficos y quietos y guardaron la paz con firmeza, sirviendo a los cristianos hasta el día de hoy.

Hecho esto, el capitán Martín Yáñez se volvió con su gente al real donde su capitán Venegas estaba con la demás gente, del cual fue muy bien y alegremente recibido.

Después de haber descansado algunos días el capitán Tafur y su gente, el capitán Venegas trató de buscar lugar acomodado para poblar y fundar su ciudad | 13 . Tafur le dijo que no tratase de buscar otro más del que estaba alojado, porque en toda la tierra que él había andado no había visto ni hallado otro mejor, y oído esto el capitán Venegas se determinó de poblar en el sitio donde estaba, y así haciendo las solemnidades y ceremonias acostumbradas en semejantes poblazones, pobló la ciudad, y le puso por nombre el propio que los naturales tenían puesto a aquel sitio, que es la ciudad de Tocaima; y así quedó poblada esta ciudad en el sitio y lugar en que hoy está. Nombrados alcaldes y regidores por el capitán Venegas, hizo el apuntamiento de los naturales, y repartidos entre los soldados, y con esto se tomó a la ciudad de Santafé, habiendo estado ocupado en esta jornada cinco meses, a dar cuenta de lo que había hecho al gobernador Montalvo de Lugo, que ya estaba en el gobierno del Reino, dejando en su lugar por teniente a Martín Yáñez Tafur, el cual estuvo en él hasta que Miguel Díaz de Armendáriz vino por gobernador del Reino, el cual envió por capitán de Tocaima y justicia mayor al capitán Hernando de Prado | 14.

 

|                                                        Capítulo tercero   | Que trata del asiento y temple de la ciudad de Tocaima, y de algunas costumbres de los naturales de aquella provincia.

 

La ciudad de Tocaima, como queda dicho en el capítulo antecedente, está situada en la parte y lugar donde Hernando Venegas la pobló y fundó, sin se haber mudado a otra parte alguna, como lo han hecho otros pueblos y ciudades en esta parte de Indias. El sitio en que está es caliente, tanto que desde las nueve horas de la mañana hasta las tres de la tarde no se pueden andar por las partes donde no hay sombra; y este temple y calor es y dura por todo el año, porque así como en la tierra fría del Reino todo el año hace un temple, y éste frío, así en esta provincia de Tocaima, que es en las faldas del Reino, hace calor todo el año. La diferencia que en estos temples y provincias hay de invierno y verano, no es más de que el invierno llueve, y el verano no; pero los temples lloviendo y no lloviendo, todos son unos: en lo caliente, caliente, y en lo frío, frío.

En este sitio de Tocaima y en sus alrededores se dan todas las frutas que se dan en otras partes calientes, así de las de España como de las de la tierra: danse muchas uvas, higos, melones, piñas, guayabas, curas, que es una fruta como peras, salvo que tienen unos cuescos grandes dentro; danse plátanos y otras muchas frutas.

Las noches en esta ciudad son tales que con ellas se alivian los trabajos y disgustos de los días, porque son tan suaves y de tan lindo sereno, que aunque se quede un pliego de papel toda la noche en el campo, se halla a la mañana tan enjuto como si hubiese estado metido en una caja y guardado.

Los indios naturales de esta provincia es gente de buena estatura; andan desnudos, así las hembras como los varones | 15 . Las hembras traen tan solamente para cubrir sus partes impúdicas, unas pampanillas, como unos pañetes abiertos por abajo, y éstos traen tan bajos, que lo alto de estas pampanillas se atan y ponen por bajo de los encuentros de las caderas. Estas pampanillas hacen de algodón, tejidas como mantas: las mujeres de los capitanes las traen entretejidas de unas cuentas blancas que de cáscaras de caracoles se hacen, que los españoles llaman quitero; y aun a los cuellos traen todas cantidad de estas cuentas y de otras de hueso. Estas pampanillas tienen por las mejores joyas de sus casas.

Tienen estos bárbaros | 16 una ceremonia o costumbre muy perjudicial y dañosa para ellos, aunque no hacen mucho caso del daño que de ella se les sigue y viene; y es que a las criaturas hembras que nacen, a los ocho días a diez, así como nacen les cortan con unas cañas o piedras cierta parte de carne que en el miembro o vaso mujeril tienen, y lo que le cortan lo secan y hacen polvos con los cuales después refriegan la herida para que se consuma y seque la otra parte que queda o puede crecer para que no crezca y quede igual; y el daño es que muchas criaturas mueren de estas heridas, y así entre ellos hay muy pocas hembras. Algunos españoles, que no han entendido ni sabido esta ceremonia que estos bárbaros tienen, viendo la penuria de hembras que entre ellos hay, han querido decir y han dicho que de intento las matan estos indios porque se acabe su generación, por no ser sujetos ni servir a los españoles; pero lo más cierto es lo que tengo referido.

Tienen estos indios idolatrías y simulacros, los cuales son unos palos grandes de hechura de personas, mal hechos y huecos. Sólo sirven éstos para les pedir comidas, y la orden que tienen de pedirles favor y auxilio es que el santero con un palo que para ello tiene da de golpes en la barriga del ídolo, y el ruido que hace con los golpes y con estar hueco, el |jeque o |mohán, que es el santero, lo interpreta y hace entender que dice el ídolo lo que a él le parece decir, y así los engaña; y |si le piden agua para las sementeras, el santero les responde en nombre del ídolo, como he dicho, según a él le parece ... |porque ... |al contrario darles a |entender que el idolo está enojado ... |fingir... para regar sus labranzas.

Hacen estos indios grandes y muy continuas borracheras, en las cuales ordenan sus guerras y venganzas de sus enemigos, y el mejor ornato que en sus santuarios tienen son las cabezas de las personas que en guerras han muerto, así de indios como de españoles, las cuales adornan con cierto betún que hacen, y después de comida la carne, hinchan los huecos y vacíos que en ellas quedan de aquel betún, dejándolas así como si estuviesen vivas y sanas. Por ojos les ponen unas semillas que los españoles llaman armesas, muy resplandecientes, con las cuales quedan como si estuviesen vivas, y por ser las casas o santuarios oscuros donde estas cabezas están, ponen grande temor a las personas que a ellos entran. La orden con que las ponen y tienen en sus santuarios es, que a las que son de algún pueblo que del santuario esté al levante, las ponen que estén vueltas mirando al poniente, y las que son de la parte del poniente pónenlas vueltas al levante, y así por esta orden a las demás. Esto hacían y hacen hasta hoy, porque dicen que si las ponen que miren a sus tierras y pueblos que llamarán a sus parientes y amigos para que vengan a matarlos a ellos en venganza de sus muertes: una cosa harto de bárbaros. Pónenlas en los santuarios por lo alto, por unos andenes que en ellos tienen todos alrededor, como el boticario pone sus redomas.

Son estos indios Panches muy carnívoros de carne humana, y así se venden unos a otros los hijos y parientes para comerse. Acaeció | 17 estando yo entre estos bárbaros, una crueldad no menos inhumana que rústica, y fue que un indio de estos Panches iba de casa de un hermano suyo para su propia casa; y el hermano tenía un hijo, de edad de nueve o diez años, el cual, con amor que al tío tenía, se fue con él a holgarse como niño y yendo por su camino encontraron con otro indio Panche, el cual traía al cuello unas sartillas de cuentas blancas, de las que atrás hemos tratado, y el tío del niño, como las vio, aficionose a ellas, no obstante que él traía otras tan buenas a su cuello. Dijo al otro Panche si quería della aquellas cuentas que traía al cuello, que él se las pagaría; respondió el otro que sí daría si le daba aquel muchacho para comer, porque así como a él le habían parecido bien las cuentas y se había aficionado a ellas, así él tenía muy gran gana de hartarse de la carne de su sobrino. El malo del tío, con la codicia de las cuentas, y olvidado del amor de su propia sangre, tomó al muchacho por la mano y llevolo a dar al carnicero indio, porque el niño, como oyó la plática, temió, y con el temor se había desviado de ellos. El indio hambriento por la carne humana, dio las cuentas al otro, y no contento con tener ya la caza, por no tomar trabajo de matarla, dijo al tío: yo no paso por la venta ni compra si no me lo das muerto y hecho pedazos. El tío, por no perder la posesión que ya tenía de las cuentas, echó mano a una macana de palma que tenía, que es un arma de palo como una espada, y con ambas manos alzando dio al sobrino un golpe en la cabeza que se la abrió y cayó muerto, y segundando con otros golpes, con mucha liberalidad lo hizo pedazos, y así hecho cuartos, se lo dio y entregó al fiero y bruto can, el cual, no con menos diligencia, lo tomó y llevó a su casa, donde creo yo no dejaría oliscar la carne de él.

Los casamientos entre esta nación Panche se hacen con mucha facilidad, porque en estando la criatura sana de la herida que dije le dan a los ocho o diez días, luégo el indio oye la quiere por mujer da a la madre | 18 una sarta de cuentas o una pampanilla de las que atrás quedan dichas, y así queda hecho el casamiento. Esta sartilla o pampanilla ha de guardar la madre para cuando la desposada sea de edad para poderla traer. Estos casamientos se deshacen por hacer ella adulterio a su marido, y |no por otra cosa | 19 |; que en tal caso él la puede dejar y en otro no | 20.

1 Como fuera suprimido el libro 5º de los diez y siete que formaban originalmente el volumen. El |libro |quinto del manuscrito corresponde al |sexto de la versión primitiva y de la "tabla" de Sevilla; por consiguiente, la numeración tanto de este libro como de los siguientes fue corregida, tachada o enmendada. En este caso la palabra "quinto" reemplaza la palabra |sexto, tachada.
2 El texto de la "tabla" de Sevilla reza: "que al presente es". Este es también el texto original del manuscrito, donde las palabras |que al presente es fueron tachadas y reemplazadas por: "después fue". Es, igualmente, un indicio de la fecha de composición del libro y de la de su revisión por Aguado. Hasta hoy no se conoce ningún documento sobre la fecha de la muerte del capitán Venegas.
3  El texto original reza: "que era como está dicho de que era de irse". Fue enmendado para redactarlo mejor, como ocurre en la mayoría de las enmiendas que ofrece este libro.
4 El texto original dice:  "le dio la gente los sesenta soldados", enmendado por: "le dio y entregó los sesenta soldados".
5 El texto dice: "después de los cuales", enmendado por: "en los cuales".
6  Es una referencia al libro 5º (numeración antigua) que fue suprimido, referencia que no fue tachada como otras, por descuido.
7 Las palabras "como en otras partes he dicho" están añadidas entre líneas. Es también una referencia a alguna parte suprimida del texto, pues no encontramos tales declaraciones en obra de Aguado.
8   La palabra "visto" es una enmienda al original que decía "viendo".
9   La palabra "cestas" reemplaza la palabra canastas, como reza el texto original.
10 El texto original reza "dijeron las lenguas".
11 El texto original, enmendado después, rezaba: " Tafur conoció, por lo menos que los indios hacían, será así"
12  El texto original, antes de ser enmendado, decía: " y sus soldados, como vieron que los indios".
13 El texto original, antes de ser enmendado, decía: "Después de haber descansado algunos días el capitán Tafur y su gente, el capitán Venegas quisiese dar fin a su poblazón y tratase de buscar el lugar más acomodado para ello".
14 Sigue casi una página entera completamente tachada e ilegible. Sólo se descifra lo que sigue: ... |Mariscal Gonzalo Jiménez de Quesada del título ...de Adelantado del mismo Reino. (Aquí una señal que se refiere a una nota marginal tachada, que dice: |como en el libro cuarto es referido) ...el cual ...todo lo que tiene por sus muchos trabajos, de los cuales ... ni saca hasta el dia de hoy ...poblar y apaciguar ...el daño que los naturales de ella hacen a los maizales... Siguen otras líneas tachadas que hablan sobre indios, de imposible lectura. El texto se refiere, como puede observarse, a las encomiendas que le fueran otorgadas a Jiménez de Quesada, de cuya insuficiencia se quejaba repetidamente el licenciado.
15  La palabra "varones", escrita entre líneas, reemplaza a |muchos, palabra tachada en el texto original.
16  La palabra "bárbaros", escrita entre líneas, reemplaza |naturales, palabra tachada en el texto original.
17  La palabra "acaeció", escrita entre líneas, reemplaza a |vi, tachado.
18 En el texto original hay un espacio en blanco. Posteriormente se introdujo una señal que se refiere a una nota marginal y la cual dice: "a la madre"
19  Las palabras " |y no por otra cosa" están tachadas y escritas entre líneas.
20  En este libro hay muchas pequeñas enmiendas carentes de importancia, hechas a fin de modernizar el texto y mejorar la construcción de las frases, cuya anotación hemos omitido para no entorpecer la lectura.

anterior | índice | siguiente