INDICE




Introducción

CAPITULO I
 Fray Antonio Medrano

CAPITULO II
 Fray Pedro Aguado

CAPITULO III
 Medrano y Aguado

CAPITULO IV
 Medrano, Aguado y su época

CAPITULO V
 Fuentes de la Recopilación Historial

CAPITULO VI
 Títulos de las obra

CAPITULO VII
Historias o compendios

CAPITULO VIII
 La tabla

CAPITULO IX
 Los manuscritos de la versión final

CAPITULO X
 La censura
Anexos

PRIMERA PARTE
 Recopilación historial resolutoria...
Tabla de la primera parte

LIBRO PRIMERO- CAPITULO I-II-III-IV
En el libro primero...-Que trata de quién fue...-Que trata de quién fue...-Que trata de cómo el gobernador...-Que trata de cómo los amotinados...

CAPITULO V-VI-VII
De lo que al capitán amotinado...-Que trata de cómo la Audiencia...-De cómo los dos gobernadores...

CAPITULO VIII-IX-X
De cómo fue proveído en España...- De cómo el gobernador Lerma...-En que se cuenta cómo el gobernador Lerma...

CAPITULO XI
De cómo el capitán San Martín...

LIBRO SEGUNDO- CAPITULO I-II
En el segundo libro se escribe...-En que se escribe cómo...-De cómo el adelantado...

CAPITULO III-IV-V-VI
De cómo después de...-De lo que a don Alonso Luis de Lugo...-De la gran mortandad...-En que se escribe la fortuna...

CAPITULO VII-VIII-IX-X
 Que trata de cómo el general...-En que se escribe cómo...-Es que se escribe lo que le sucedió...-En que se escribe cómo el general...

CAPITULO XI-XII
 En que se escribe cómo el general...-En que se escribe la vuelta...

LIBRO TERCERO- CAPITULO I-II-III
En el tercer libro se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se declaran...-En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
 En que se escribe...-En que se escribe...-En que se escribe ...

CAPITULO X-XI-XII
En que se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO CUARTO- CAPITULO I-II
En este cuarto libro...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO III-IV
En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO V-VI-VII
En el cual se escribe...-En que se escribe...--En que se escribe...

CAPITULO VIII-IX-X
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
En el cual se escribe...-De cómo Hernán Pérez de Quesada...-

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XV-XVI
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XX-XXI-XXII
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XXIII
En el cual se escribe...-

LIBRO QUINTO- CAPITULO I-II-III
En el libro quinto...-De cómo al capitán...-Que trata de otra salida...-Que trata del asiento...

LIBRO SETIMO- CAPITULO I-II-III
En el libro sétimo...-Cómo fue nombrado...-De cómo los españoles...-Cómo los indios...

CAPITULO IV-V
Que trata de cómo...-Que trata de una rebelión...-

LIBRO OCTAVO- CAPITULO I-II-III
En el libro octavo...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se escribe...-En el cual se escriben...-En el cual se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO X-XI-XII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO NOVENO- CAPITULO I-II-III
En el libro nono...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO VI-VII-VIII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IX-X
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
 En el cual se escribe...- En el cual se escribe...
|Capítulo vigésimo En el cual se escribe en suma todos los Jueces y otros sucesos notables que ha habido en la Audiencia y ciudad de Santafé desde el año de cincuenta y ocho hasta el de sesenta y ocho.

 

Del Nuevo Reino fue enviado a Corte procurador que hiciese relación de la tierra y de la manera 58 con que el licenciado Montaño gobernaba y cuán poco remediaba en ello el licenciado Briceño, su colega y compañero, y otras muchas cosas necesarias al bien del Reino; por cuya relación y petición fue proveído el licenciado Alonso de Grajeda, que antes y después fue oidor en la Audiencia de Santo Domingo, para que tomase residencia y cuenta al licenciado Montaño, y después de él al licenciado Briceño.

Grajeda partió de España el año de cincuenta y siete, y el propio año entró en la ciudad de Santafé, donde, |como he dicho | 59 , halló ya preso y quitado de la silla al licenciado Montaño; y tomándolo a su cargo, juntamente con los negocios de su residencia, hizo en todo lo que era obligado, sin agraviar a ninguna persona, y hallando culpado al licenciado Montaño en muchas fuerzas, cohechos, muertes y otros particulares agravios y sinjusticias, y |grandes indicios contra él sobre lo de la rebelión, lo condenó a muerte y remitió la ejecución de la sentencia al Real Consejo de las Indias, donde después fue condenado a muerte y ejecutada la justicia en su persona, por mal juez, en la villa de Madrid, donde fue degollado | 60.

Tomó asímismo Grajeda residencia al licenciado Briceño, y enviándole con ella a España fue dende a cierto tiempo proveído por gobernador de Guatemala, con que quitase la Audiencia que en aquella provincia había, porque lo pidieron así los vecinos, y a su petición lo proveyó el Rey; pero después se arrepintieron de ello y pidieron que se tornase a poner Audiencia.

Después del licenciado Grajeda fue proveído por oidor el licenciado Melchor Pérez de Artiaga, natural de Salinas de Añaya | 61 ; y él y los licenciados Grajeda y Tomás López y doctor Maldonado administraron algunos días la justicia del distrito, aunque con poca conformidad; presidiendo, como más antiguo, el licenciado Grajeda; en tiempo de los cuales se poblaron las ciudades de Vitoria y Mérida; la una cae hacia la gobernación de Popayán y la otra hacia la gobernación de Venezuela, en las cuales poblaciones hubo algunas discordias, especialmente en la de Mérida, que duraron mucho tiempo entre los vecinos.

Salió el año de cincuenta y ocho, por principio de él, el licenciado Tomás López, natural de Tendilla, en el Alcarria | 62, por expreso mandado del Rey, a visitar los pueblos de la gobernación de Popayán, y luégo visitó los demás que había en el Nuevo Reino, y fue el primer oidor que salió a visitar. Era gran defensor y amparador del bien de los indios, y hacía mucho por ellos, y muy pacífico, enemigo de bullicios, grande amigo de reposo y sosiego, y así escribió suplicando al Rey que le quitase el cargo de oidor que tenía. Hízose como lo pidió, y en su plaza y silla fue proveído el licenciado Angulo de Castrejón, natural de Cerbera, junto a Ágreda | 63 , |como luégo se dirá | 64.

En tiempo de estos oidores, el año de cincuenta y ocho, por fin de él, comenzó a dar entre los naturales una grave enfermedad de viruelas, muy contagiosa y pegajosa, de que murieron generalmente en el Nuevo Reino más de quince mil personas de los naturales, sin españoles, que en ellos no hacía la enfermedad tanto daño. La demostración de esta enfermedad era viruelas; pero a los que daba se hinchaban y paraban adamascados y se henchían de gusanos y queresas que se les metían por las narices y por la boca y por otras partes del cuerpo; y era tanta la mortandad y enfermos que de este mal había, que porque los españoles y otras personas se animasen a curar de la enfermedad que tenían a los indios, mandó la Audiencia por edicto público que fuesen obligados a servir los indios que escapasen vivos, ciertos años a los españoles que los hubiesen curado y curasen, con que se remediaron muchos enfermos.

Después de la visita de Tomás López bajó el licenciado Melchor Pérez de Artiaga por visitador a la costa del Mar del Norte, que son las gobernaciones de Santa Marta y Cartagena y pueblos poblados en las riberas del río grande, donde hizo muy buenas ordenanzas y constituciones en favor de los naturales, porque les era muy aficionado y hacía mucho por ellos.

Casi en este mismo tiempo se dio comisión para que se poblasen y conquistasen los Muzos, indios muy belicosos y guerreros conjuntos a este Reino. Fue a ello el capitán Luis Lanchero con gente, y pobló la ciudad de la Trinidad de los Muzos, donde hay muy ricas minas de esmeraldas; y pocos días después llegó al Reino el licenciado Diego de Angulo, natural de Cerbera, junto a Ágreda, en el lugar del licenciado Tomás López, y luégo después de él llegó el licenciado Diego de Villafañe, natural de Segovia. Estos dos oidores tuvieron entre sí competencias sobre la antigüedad de asiento y voto | 65, porque aunque el licenciado Angulo llegó primero a la Audiencia y fue recibido por oidor, fue antes de él proveído el licenciado Villafañe; y al fin, por tener paz y concordia entre sí, echaron suertes sobre la antigüedad, y cayole al licenciado Angulo, y así gozaba de esta preeminencia.

Fue en este tiempo poblada la villa de San Cristóbal, entre Mérida y Pamplona, y la villa de la Palma, en tierra de Muzos, llamados colimas; y la ciudad de los Remedios, en tierra de Palenques.

Después de algunos días, llegándose el tiempo de la visita de los naturales, le cupo el visitar los pueblos de Tunja, Vélez y Pamplona, al licenciado Angulo, el cual visitó y retasó la tierra, y procuró quitar el servicio personal; pero no lo pudo hacer de todo punto, por no poner en confusión la tierra, porque el licenciado Grajeda, que deseaba que en su tiempo no hubiese novedades ni alteraciones, defendía obstinadamente la parte de los encomenderos y era en su favor, y así, en el ínterin que él presidió, nunca se quitó ni dio consentimiento a ello; pero en su lugar proveyó el Rey al licenciado Juan López de Cepeda, que por oidor más antiguo presidía en Santo Domingo, y al licenciado Grajeda mandó que fuese a Santo Domingo y residiese en la propia silla del licenciado Cepeda. En este tiempo fue proveído el licenciado Villafañe por visitador de los naturales de Santafé y pueblos de tierra caliente, que son Tocaima, Mariquita, Ibagué, Vitoria y los Remedios, y estando visitando, que fue el año de sesenta y cuatro, vino por presidente el doctor Venero de Leyva, con el cual tuvieron algún asiento las nuevas poblaciones de Vitoria y los Remedios, Mérida y Muzo, y las villas de San Cristóbal y la Palma, porque encomendando los indios a los que las habían poblado y pacificado, hizo cesar su desasosiego de ir y venir cada día con quejas y pretensiones a la Audiencia, pretendiendo unos quitar los indios a los otros. Ya que el licenciado Villafañe había hecho la visita y estaba haciendo o tenía ya hecha la retasa, sobre el hacerla guardar, sucedieron entre él y los vecinos de Santafé ciertas discordias, que por ser algo largas de contar no se dicen en este lugar, pero diránse luégo por sí.

Y después de la visita del licenciado Villafañe, fue proveído el licenciado Valverde, fiscal, por visitador y gobernador, y juez de residencia de Popayán; el cual, después de haber acabado estas cosas que le fueron encargadas, se volvió a Santafé, donde por cédula particular del Rey fue tomada residencia al licenciado Melchor Pérez de Artiaga, y fue fundada la Audiencia de Quito, y fueron divididos los términos entre las dos Audiencias por el río de Cauca abajo; de suerte que una parte de la gobernación de Popayán cae en la Audiencia de Quito, y la otra en la del Nuevo Reino; pero no por eso deja de estar enteramente el gobierno en un gobernador que el Rey provee; y casi en este mismo tiempo fue proveído el licenciado Juan López de Cepeda por visitador de las gobernaciones de Cartagena y Santa Marta, y asimismo fue hecha merced al mariscal del Nuevo Reino, don Gonzalo Jiménez de Quesada, de título de adelantado del Nuevo Reino; |pero la renta que tiene es poca para lo que merece; y después de haber el Rey hecho esta merced al adelantado, pocos días adelante hizo al obispo de Santa Marta, don fray Juan de los Barrios, de cuya diócesis era el Nuevo Reino, arzobispo del |Nuevo Reino, y es ahora ciudad e iglesia metropolitana la de Santafé, y éste el primer arzobispo de ella.

Casi en estos mismos días fue el descubrimiento de las minas esmeraldas, que en la ciudad de la Trinidad de los Muzos fueron descubiertas; minas ciertamente riquísimas.

Por fin del año de sesenta y ocho y principio del de sesenta y nueve, al cesar de las aguas y entrar del verano, dio en los naturales y españoles generalmente una enfermedad muy variable, que daba en muchas maneras: a unos en romadizo, a otros en dolor de costado, a otros en dolor de oído, de que murieron muchas gentes, y especialmente de los naturales, y de la propia calamidad murió el licenciado Diego de Villafañe, oidor en la ciudad de Santafé.

He hecho esta digresión general, así en suma por haber cosas particulares de que hacer mención, fuera de las poblaciones y conquistas, que estas adelante se escriben copiosamente, y si otros sucesos particulares a mi pluma ocurrieren que sean dignos de escribirse, también los iré escribiendo adelante.

 

|Capítulo vigésimoprimero En que se escribe la congregación que en el Nuevo Reino hubo sobre el quitar del servicio personal, y lo que en ella se determinó por mandado del doctor Venero de Leyva, primer presidente de la Audiencia | 66 .

 

Después de haber el licenciado Diego de Villafañe, oidor, visitado los pueblos que eran a su cargo de visitar, y de haberse informado en la visita de los tratamientos buenos o malos que a los naturales se les habían hecho, así por sus encomenderos como por sus ministros o por otras personas, y de la diligencia, solicitud y cuidado que por parte de los encomenderos se ponía en la doctrina y conversión de los naturales de sus encomiendas para que viniesen al conocimiento de nuestra santa fe católica y religión cristiana, y de la remisión y descuido que en esto suelen tener, y de otros excesos y demasías excediendo las tasaciones de los tributos y demoras por vías y modos ilícitos, en perjuicio de los indios, sobre los cuales casos y otros muchos que es costumbre de visitadores saber y examinar, contra cada encomendero se hizo un proceso, y conforme a la culpa que de sus procesos resultaba, sentenció las causas, más con equidad que con rigor, pretendiendo antes enmendar y remediar lo futuro que castigar lo presente y pasado; y andando Villafañe en la visita y averiguaciones dichas, procuró asímismo con toda diligencia y buena astucia, hacer descripción de los indios que cada encomendero tenía en su encomienda, y de las haciendas que poseían, y tratos y contrataciones de que usaban, y de las granjerías con que se aprovechaban, y de todas las cosas que en su tierra criaban y de su cosecha tenían, para conforme a todo ello moderar y tasar los tributos a los naturales, de suerte que pagándolos a sus encomenderos les quedase con qué se sustentar y casar sus hijos, y tiempo para poderse ocupar en las cosas de su conversión. Lo cual los propios indios con su barbarismo y estar tan ofuscados en su gentilidad e idolatría, estimaban en harto poco.

Para este efecto de esta nueva moderación y retasa, después de haber visitado y andado como he dicho los pueblos y ciudades que he dicho y sus naturales y hecho la descripción de todos ellos, se recogió a la ciudad de Santafé, a donde comunicando el negocio de la retasa no sólo con el arzobispo del Nuevo Reino, don Juan de Barrios, y adelantado don Gonzalo Jiménez, más con otras muchas personas doctas y principales y de mucha experiencia en los negocios de la tierra y naturales de ella, para conforme al parecer y decreto de todos ellos, que sería muy acertado retasar la tierra, que es moderar o acrecentar los tributos que los naturales habían de pagar, conformándose en todo con su posibilidad y número de tributarios, y para que mejor se entienda lo que voy diciendo, o sea yo entendido, es de saber que desde que la provincia del Nuevo Reino de Granada se descubrió y pobló, que fue año de treinta y siete y treinta y ocho, hasta este tiempo, que era año de sesenta y cuatro, los encomenderos y vecinos de él estaban en costumbre de que los indios no sólo les diesen tributos de oro y mantas y esmeraldas, y otras cosas de esta suerte, que son llamados tributos reales, pero otros aprovechamientos de ayuda de costas, como eran tantas cargas de leña y tantas de hierba cada semana, y tantas piezas de servicio ordinario en casa y tanta madera para bohíos, y no sólo habían de traer el trigo y maíz para su mantenimiento de sus casas, mas todo lo demás que se hubiese de vender, y otras cosas de esta suerte |que serian largas de contar, como está dicho en el capítulo donde se trata de la tasá que el obispo don Juan de los Barrios y el licenciado Briceño hicieron | 67 ; y a esto llamaban tributo y servicio personal.

Había muchas y diversas veces el Rey mandado por sus particulares cédulas y expresos mandatos que este servicio personal se quitase, y no usasen de él los vecinos, lo cual se habían excusado de cumplir siempre los vecinos y aun defendido por el más honesto y acomodado medio que habían podido. Los jueces pasados no habían puesto mucho calor ni rigor en quitarlo, teniendo presentes los muchos daños y discordias y escándalos que en Perú y otras provincias de Indias se habían seguido por el caso, entre las cuales las más insignes y señaladas fueron la rebelión de Gonzalo Pizarro y el alzamiento de Francisco Hernández Girón, que tanta sangre de españoles e indios costaron.

En este mismo tiempo que se trataba de hacer esta retasa por el licenciado Villafañe, entró en la ciudad de Santafé el doctor Venero de Leyva, presidente y gobernador del Nuevo Reino, a quien el Rey y su Consejo Real de Indias habían muy particularmente mandado y encargado el negocio de quitar el servicio personal; y como llegó al tiempo dicho, y que se trataba de quitarlo, metió la mano en ello y procuró que en la nueva retasa que se hizo se les acrecentase a los encomenderos lo que interesaban en el servicio personal y fuese conmutado en tributos reales, cesando dende en adelante la obligacion que en los indios se imponía de cargar y traer a cuestas, a imitación de acémilas y bestias a casas de sus encomenderos, las cosas dichas.

Los vecinos y procuradores de las ciudades del Reino que a esta causa se habían juntado en Santafé, rehusaban que esta quitación y suspensión de servicio personal hubiese efecto, estorbando y rehusando el efectuarse con causas y razones que para ello daban, aunque no muy congruas ni suficientes para salir con su pretensión. El presidente Venero y oidores, deseando satisfacer y contentar a los vecinos y cumplir y no quebrantar lo que el Rey les mandaba, ordenaron que para que se tratase y diese la mejor orden que conviniese, de suerte que los mandatos y cédulas del Rey fuesen cumplidas y los encomenderos no quedasen agraviados ni pudiesen formar quejas ni agravios contra ellos, hubiese junta de personas doctas y de calidad y vecinos principales y procuradores de las ciudades en la iglesia mayor, y que allí, públicamente, se viesen todas las leyes y provisiones reales, dadas sobre el quitar el servicio personal, y dijesen los encomenderos y procuradores lo que tenían que decir en su favor y defensa, y en conservación de su mala | 68 costumbre y posesión de servicio personal; y visto todo, y oídas las partes, se proveería de conformidad lo que más útil fuese al procomún, de tal manera que las repúblicas españolas se sustentasen y las de los naturales no se disminuyesen ni lo que el Rey mandaba se dejase de cumplir.

Resolutos en esto el presidente Venero y oidores, se juntaron en la iglesia todas las personas ilustres y principales, así por letras como por armas, que en Santafé en aquella sazón había, entre los cuales fueron el arzobispo del Nuevo Reino, don fray Juan de Barrios, fraile francisco; el obispo de Cartagena, don Juan de Simancas, clérigo que había subido a consagrarse por mano del arzobispo, y estaba ya consagrado; y después de él fue consagrado en la misma ciudad don fray Pedro de Ágreda, fraile dominico, obispo de Venezuela; el presidente del Nuevo Reino, doctor Venero de Leyva; los licenciados Juan López de Cepeda, Melchor Pérez de Artiaga, Angulo de Castrejón, Diego de Villafañe, oidores; el licenciado García de Valverde, fiscal; |el custodio de ...San Francisco, fray Esteban de Asencio por si y por él …Santo Domingo, fray... de Santo Tomás, y esta misma Orden dsepues... Fray Francisco Venegas que después fue provincial, fray Juan Méndez, fray Diego de Posolete (?), |fray Luis López y otros muchos religiosos de estas Ordenes, el Deán Francisco Adames... (otro nombre ilegible) y el Chantre don Gonzalo Mejía | 69 .

Todas estas personas eran de la parte favorable a los indios, para que se les quitase el servicio personal, a lo cual contradecían el adelantado don Gonzalo Jiménez de Quesada y los capitanes Céspedes, Venegas, Orejuela. Zorro, Rivera, con el cabildo seglar y otras principales personas de la propia ciudad, juntamente con los procuradores de las ciudades que sobre ello habían sido enviados, con otra mucha caballería que sobre el caso se habían juntado.

Propúsose la causa sobre qué era la junta, por parte del presidente y oidores, y para justificación de su pretensión, leyéronse las cédulas y pragmáticas de los Reyes de Castilla sobre que se quitase el servicio personal, y en aprobación de ellas y para que con más voluntad los vecinos las obedeciesen y dejasen cumplir y ejecutar, por los teólogos y letrados que presentes estaban, se trajeron muchas autoridades de la Sagrada Escritura, con lo cual, y por ser todos los encomenderos de su natural muy dóciles y llegados a razón, y no sólo amigos de cumplir lo que su Rey y señor mandaba y a ellos les convenía y cumplía para descargo de sus conciencias, pero otra cualquier cosa que sus ministros, que presentes estaban, personas de tanta gravedad y autoridad como se ha dicho mandasen, aunque fuese contra su propio patrimonio y haciendas, fue, pues, la resolución de la congregación, aunque hecha en diversos días, porque para negocio tan grave y arduo así fue necesario, que el visitador hiciese la retasa que entre las manos tenía de los tributos que los naturales habían de pagar dende en adelante a sus encomenderos, en tal forma y manera que lo que hasta entonces daban los indios en servicios personales fuese conmutado y acrecentado en los tributos reales, de suerte que con lo que en tributos reales se les acrecentase tuviesen para suplir y comprar las cosas que los indios les solían dar para el ordinario de sus casas en servicios personales, y que con esta conmutación no se usase más dende en adelante del servicio personal más de en las cosas y de la forma que por cédulas y particulares provisiones era permitido y estaba declarado e instituido.

 

|Capítulo vigésimosegundo En el cual se escribe la alteración que hubo en Santafé entre el licenciado Villafañe, visitador de los indios, y los vecinos, sobre la retasa que el propio oidor hizo de los tributos que los naturales habían de pagar.

 

El visitador Villafañe, con parecer del arzobispo y de algunos de los ya nombrados, hizo su retasa y moderación de los tributos que los indios habían de dar dende en adelante a los encomenderos, pareciéndole bastante y suficiente cantidad de tributo la por él señalada a cada uno para su sustento, imponiéndoles graves penas sobre el cumplimiento y guarda de ello y sobre que no llevasen más a los indios, ni los cargasen, ni se sirviesen de ellos personalmente en ningún género de servicio, lo cual venido a noticia de los encomenderos y vecinos, no sólo no pensaban usar de la retasa por parecerles que era hecha muy en su perjuicio, pero ni aun recibir en su poder traslado ni letra de todo ello; y con esperanza de que la Audiencia lo remediara apelaron de todo para ante la Audiencia y los demás jueces superiores. El visitador, pareciéndole que el apelar los vecinos de su retasa era remedio tomado industriosamente por ellos para estarse en su posesión antigua del servicio personal, ordenó un auto en que mandó, según la común opinión, que ni encomendero ni soldado ni otra persona de ninguna calidad, cargase ningún indio, con su voluntad ni sin ella, so pena de mil pesos y al e no los tuviese que se le darían doscientos azotea; aunque después jamás pareció este auto en esta forma, fue, como he dicho, común y vulgar opinión que se había pregonado.

Los encomenderos, dando muestras de haber entrañablemente sentido esto, se juntaron luégo después de mediodía, en las casas de su consistorio, a tratar de la afrenta y agravio que por el visitador se les había hecho con lo mandado y pregonado; y sin ninguna señal que tuviese apariencia de dañada intención, se salieron de consistorio y casas de cabildo y se fueron a las casas reales, donde estaban juntos en acuerdo presidente y oidores, tratando y determinando otros particulares pleitos que ante ellos pendían; y llegados a la puerta de la sala, el portero Porras dio noticia al presidente y oidores cómo el cabildo de la ciudad les querían hablar; fueles respondido que se detuviesen hasta concluir el acuerdo en que estaban, el cual concluso, el presidente salió fuéra con uno de los oidores a ver lo que el cabildo y la demás gente querían, los cuales habían dado la mano para que hablase en nombre de todos al capitán Juan Ruiz Orejuela, hombre bien dispuesto y anciano y digno de cualquier alabanza, por lo mucho que en las conquistas y poblaciones de Santa Marta y Nuevo Reino había servido y trabajado, |aunque no galardonado conforme a sus servicios. Este, viendo salir al presidente y oidor, se apartó y adelantó de sus compañeros, e hincando la una rodilla en el suelo y hablando con el presidente, le dijo en nombre de todos estas palabras: "Córtenos vuestra señoría las cabezas como a leales servidores de su majestad, y no consienta ni permita que por causa del licenciado Villafaña nos las corten por traidores". Estas palabras oyó el licenciado Villafaña dentro de la sala del acuerdo, donde había quedado, y dejándose arrebatar de un ímpetu y furia muy encendida en cólera, se aceleró tan ciegamente que con alborotadas y facinerosas voces comenzó a decir: "motín, motín, conspiración", y a pedir a gran priesa armas, pareciéndole que ya que algo de lo que decía fuese, que serian parte él y sus compañeros para resistir la furia del pueblo | 70 que presente estaba; el cual, no pudiendo sufrir ni tolerar una injuria tras otra, posponiendo las vidas y haciendas a la honra propia y común, se alteraron más de lo que debían, y con palabras demasiadamente aceleradas y pesadas, le respondieron contradiciéndole lo del motín, y recuperando con palabras contrarias el agravio que se les había hecho en el auto que habla mandado pregonar y publicar contra ellos, dando algunos muestra de querer llegarse allí para también por obra de violentas manos satisfacer sus furibundos ánimos. Los oidores y el presidente, viendo cuán arrebatada e inopinadamente se había encendido un fuego no menos peligroso que dañoso a toda la república y aun a sus propias personas, no perdiendo punto de su prudencia y severidad, dijeron y mandaron que ninguno trajese arma, ni la sacase, ni diese al oidor, porque había allí presentes algunos españoles de la propia casa del presidente, siguiendo o queriendo favorecerlos, y pareciendo convenir así, habían entrado a una recámara a sacar armas, que las había en ella; pero el licenciado Artiaga | 71 tomando con presteza las varas que en ellos son insignias reales, que estaban en el propio aposento, las dio a sus compañeros, los cuales, tomándolas por principal amparo y defensa y mejor y más seguro instrumento que las armas para aplacar aquel fuego, con ellas en las manos se comenzaron a poner delante de los vecinos, mitigando sus furias con buenas palabras y comedimientos, para que el fuego que en aceleradas palabras corría, no parase en las armas, cuyo efecto y fin no podía dejar de ser una miserable calamidad y ruina, no sólo de todo el Nuevo Reino, pero de mucha parte de las Indias; porque como esta tierra sea muy alta y esté casi en la cumbre de muchas serranías que de ella nacen y se desgajan, y apartada de la mar más de doscientas leguas, tiénese por tierra fortísima e inexpugnable, y que como haya defensa en ella con gran dificultad será entrada ni asaltada de enemigos.

Pero, como el licenciado Villafaña, demás de ser muy colérico era muy brioso, y a esta sazón estaba casi de todo punto apartado de toda razón, y lo mismo los vecinos, que ninguna cosa se reportaban ni moderaban, mas siempre iba creciendo entre ellos la discordia e ira, ponía gran temor en los ánimos del presidente y oidores que cuando estas cosas pasaban vían de donde estaban gran turba de gentes y soldados que estaban casi como a la mira en la plaza mayor en ruedas y corrillos parlando, que eran señales de gran presunción e indicio de que los vecinos que con ellos estaban trajesen dañados designios e intenciones, y cuando no los trajesen ellos entre sí, con Villafaña se habían ya encendido tanto que habían puesto grandes sospechas en los ánimos de los oidores y presidente; pero como todas estas cosas viese y considerase el licenciado Juan López Cepeda, oidor, hombre de admirable prudencia y experiencia en todas artes de ciencia como en disciplina militar, pareciéndole que si el oidor Villafaña estaba más tiempo presente no podían dejar de haber mal efecto con irrecuperable daño de todos, se abrazó con él, y con una amorosa y hermanable violencia, |usando de la discreta astucia de que el cónsul... usó y estado de la república romana... |indignado encendió con palabras coléricas contra el cónsul Apio Claudio, su compañero, sobre la ley que el pueblo romano eligiese dos tribunos para su defensa, de tal suerte que se entiende que allí fuera muerto el cónsul Apio, con que hubieren grandes sediciones y revueltas en Roma, si su compañero con presteza no los sacara y |apartara de la presencia del tribuno y pueblo, con lo cual mitigó el fuego donde salió (?) ... |ya estaba encendido...: y fue muy agradecido y gratificado el cónsul por el Senado este beneficio. Sacó al licenciado Villafaña de la sala, y yéndose con él a su casa lo apartó de la airada presencia de los vecinos y encomenderos.

El presidente y los demás oidores, con no menos loable prudencia y cordura, se pusieron a la puerta de la sala, no consintiendo, con muy comedidas palabras, que los demás vecinos saliesen en seguimiento del oidor Villafaña, cuya venganza deseaban tomar, y la. tomaran si no redundara de ello alguna particular nota con que hicieran oscura la corona ilustre que por sus buenos hechos y obras pasadas merecían; y por respeto y miramiento de los que se lo rogaban e impedían, no curaron de perseverar en la salida y se quedaron allí con el presidente y los demás jueces, los cuales llevando adelante la mitigación de este alboroto, les dijeron ser y estar ignorantes de la queja que tenían, la cual hubieran enmendado y aun castigado si a su noticia viniera, mas que lo mismo sería y se haría a su tiempo.

Y luégo que pareció estar los vecinos con otro reportamiento del con que las cosas dichas se habían pasado, el presidente, usando de su poder y astucia, para ver y conocer lo que en los vecinos había, poniendo en gran aventura su persona, que más pareció temeridad que prudente audacia, les dijo y mandó que en pena de las aceleradas palabras de que algunos de ellos en presencia de la Audiencia habían usado, se fuesen como estaban encarceladas a las casas de su consistorio y cabildo, lo cual recibieron e hicieron todos con tan buenas muestras de alegría cuanto nunca el presidente creyó.

Muy de cierto se supo después que jamás fue su intención de los vecinos dañada, ni de hacer cosa no debida ni que tuviese apariencia de ella, y que de lo que hicieron fue causa el propio oidor por acelerarse y descomedirse tan áspera y repentinamente contra ellos, pero si como el oidor decía se hiciera, que era tomar él y sus compañeros las armas en las manos, ellos fueran muertos y la tierra alzada a tiempo bien trabajoso para los ministros del Rey, porque en esta sazón se hallaban en Santafé más de mil españoles, que casi de todos los pueblos del distrito se habían juntado a visitar al presidente y a darle el parabién de su venida y a otras particulares pretensiones que cada cual tenía en diversas poblaciones y ciudades nuevamente pobladas, entre los cuales, después de mitigado este negocio y divulgado el suceso de él, se levantó un murmullo y diversidad de varios pareceres y opiniones, que cada cual publicaba conforme a lo que deseaba; porque los que amaban la paz y quietud de la república, claramente decían mal contra los que habían dado ocasión de poner en tal extremo el bien común, y los que de su natural eran sediciosos y bulliciosos y amigos de novedades, como por la mayor parte lo suelen ser los hombres de Indias, maldecían y blasfemaban, atrevida y aun desvergonzadamente, contra los que habiendo tenido tan buena ocasión para alzarse y alcanzar venganza de los superiores y otras personas contra quien tenían odio, no se habían aprovechado de ello; y así, cada cual hablaba libremente lo que le parecía.

Fue gran bien, para que esta rebelión no hubiese efecto, el no hallarse presentes soldados, que en otras hubiesen seguido las pisadas y opiniones de los tiranos que en las Indias se han alzado, los cuales suelen ser principiadores y gran ocasión de que semejantes maldades se efectúen, y así es cosa muy acertada y que con gran rigor se debía cumplir la que el Rey manda: que ningunas gentes de las que fueron en las alteraciones del Perú, estén en las Indias, y especialmente los que siguieron al traidor Lope de Aguirre, |que en todo género de maldad y |desvergüenza excedió a todos los tiranos y rebelados que en las de esa tierra fueron y han sido en las Indias.

Demás de la suma diligencia que el presidente y oidores pusieron en aplacar y mitigar esta sedición, también fueron mucha parte a ello el adelantado don Gonzalo Jiménez de Quesada y el capitán Hernán Venegas natural de Córdoba, que mostrándse contra sus republicanos y en favor de los jueces y ministros del Rey, se pusieron en pública enemistad con sus amigos y compañeros, de los cuales fueron, por esta causa, aborrecidos y murmurados, oprobio de todo el vulgo.

Aplacado todo el tumulto y murmullo de la demás gente, el presidente y oidores, luégo, el propio día por la tarde, para más satisfacción y seguridad de la república, dieron a los presos sus casas por cárcel, y dende a pocos días los soltaron y fueron dados por libres de lo que el fiscal sobre este caso les acusaba.

58 La palabra "manera" está escrita entre líneas y reemplaza a |tiranía, tachada.
59 Las palabras " |como he dicho"  están tachadas, como consecuencia de la supresión del relato sobre la rebelión de Montaño.
60  Las palabras "donde fue degollado" están añadidas al margen del texto original, por mano diferente.
61  Las palabras "natural de Salinas de Añaya" están añadidas y escritas entre líneas, por mano diferente.
62  Las palabras "natural de Tendilla en el Alcarria" están añadidas en el texto y entre líneas. Son escritas por mano diferente.
63 Las palabras "natural de Cerbera, junto a Ágreda", están añadidas en el texto y entre líneas. Son escritas por una mano diferente.
64 Las palabras " |como luégo se dirá" están tachadas por referirse a una parte suprimida del texto.  
65 Una nota marginal tachada dice: |diferencia que hubieron los licenciados Angulo y Villafañe, y añadido a ésta y tachado: oidores Angulo y Villafañe.  
66 En la "tabla" de Sevilla la redacción de este capítulo es algo diferente:             "En que se escribe la congregación que en el Nuevo Reino hubo por mandado del doctor Venero de Leiva, primer Presidente de este Reino, sobre quitar el servicio personal, y lo que en ella se determinó". Se puede observar que el índice del manuscrito, en lo que se refiere a este encabezamiento, es igual al de la "tabla" de Sevilla. En el manuscrito  se notan varios intentos de redacción por las enmiendas y tachaduras que muestra, hasta llegar al texto arriba transcrito.  
67 La frase: "como está dicho en el capítulo donde se trata de la tasa del obispo don Juan de los Barrios y el licenciado Briceño hicieron", es una añadidura posterior, escrita al margen, que reemplaza la frase tachada, |como está dicho en el capítulo diez y nueve de este libro.
68  La palabra "mala" substituye a |tiránica, palabra tachada en el texto.
69 Lo impreso en bastardilla está tachado y resulta de muy dificil lectura. En reemplazo de este texto hay una nota marginal añadida después, que dice: "los prelados de las dos Ordenes de Santo Domingo y San Francisco, con otras personas doctas, asi clérigos como frailes".
70  Las palabras "la furia del pueblo" están escritas al margen y reemplazan |los populosos, como reza el texto original.
71 Aquí están intercaladas algunas palabras tachadas, ilegibles, de las cuales sólo se pueden descifrar: |que no ...ánimo varonil.

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