INDICE




Introducción

CAPITULO I
 Fray Antonio Medrano

CAPITULO II
 Fray Pedro Aguado

CAPITULO III
 Medrano y Aguado

CAPITULO IV
 Medrano, Aguado y su época

CAPITULO V
 Fuentes de la Recopilación Historial

CAPITULO VI
 Títulos de las obra

CAPITULO VII
Historias o compendios

CAPITULO VIII
 La tabla

CAPITULO IX
 Los manuscritos de la versión final

CAPITULO X
 La censura
Anexos

PRIMERA PARTE
 Recopilación historial resolutoria...
Tabla de la primera parte

LIBRO PRIMERO- CAPITULO I-II-III-IV
En el libro primero...-Que trata de quién fue...-Que trata de quién fue...-Que trata de cómo el gobernador...-Que trata de cómo los amotinados...

CAPITULO V-VI-VII
De lo que al capitán amotinado...-Que trata de cómo la Audiencia...-De cómo los dos gobernadores...

CAPITULO VIII-IX-X
De cómo fue proveído en España...- De cómo el gobernador Lerma...-En que se cuenta cómo el gobernador Lerma...

CAPITULO XI
De cómo el capitán San Martín...

LIBRO SEGUNDO- CAPITULO I-II
En el segundo libro se escribe...-En que se escribe cómo...-De cómo el adelantado...

CAPITULO III-IV-V-VI
De cómo después de...-De lo que a don Alonso Luis de Lugo...-De la gran mortandad...-En que se escribe la fortuna...

CAPITULO VII-VIII-IX-X
 Que trata de cómo el general...-En que se escribe cómo...-Es que se escribe lo que le sucedió...-En que se escribe cómo el general...

CAPITULO XI-XII
 En que se escribe cómo el general...-En que se escribe la vuelta...

LIBRO TERCERO- CAPITULO I-II-III
En el tercer libro se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se declaran...-En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
 En que se escribe...-En que se escribe...-En que se escribe ...

CAPITULO X-XI-XII
En que se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO CUARTO- CAPITULO I-II
En este cuarto libro...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO III-IV
En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO V-VI-VII
En el cual se escribe...-En que se escribe...--En que se escribe...

CAPITULO VIII-IX-X
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
En el cual se escribe...-De cómo Hernán Pérez de Quesada...-

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XV-XVI
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XX-XXI-XXII
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XXIII
En el cual se escribe...-

LIBRO QUINTO- CAPITULO I-II-III
En el libro quinto...-De cómo al capitán...-Que trata de otra salida...-Que trata del asiento...

LIBRO SETIMO- CAPITULO I-II-III
En el libro sétimo...-Cómo fue nombrado...-De cómo los españoles...-Cómo los indios...

CAPITULO IV-V
Que trata de cómo...-Que trata de una rebelión...-

LIBRO OCTAVO- CAPITULO I-II-III
En el libro octavo...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se escribe...-En el cual se escriben...-En el cual se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO X-XI-XII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO NOVENO- CAPITULO I-II-III
En el libro nono...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO VI-VII-VIII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IX-X
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
 En el cual se escribe...- En el cual se escribe...
|Capítulo décimotercero  En el cual se escribe cómo ido en España el general Jiménez de Quesada trató de comprar la gobernación de Santa Marta al adelantado don Alonso Luis de Lugo, y cómo estuvieron concertados sobre ello y se deshizo el concierto por cierta ocasión, y cómo el adelantado se partió de España para las Indias y llegó al Cabo de la Vela, con lo que le sucedió hasta que llegó al Nuevo Reino.

En tanto que Hernán Pérez de Quesada andaba en esta calamitosa jornada, la cual llamaron, y hoy llaman del Dorado, le | vino al Nuevo Reino |otra casi tan trabajosa aflicción con la entrada con el adelantado don Alonso Luis de Lugo, hijo del adelantado viejo, don Pero Fernández de Lugo, a quien por su gran bondad y cristiandad llamaron el Bueno.

|Porque don Alonso Luis de Lugo como fuese tocado de esta enfermedad y nolimetange | 28 , |de quien el apóstol dice que está a raíz de todos los males se... ello muestras cuando el año de mil y quinientos y treinta y seis, envió solo su padre | 29 | |el Adelantado, a las sierras de Santa Marta a que hubiese algún oro para pagar las deudas que debía. Y habiendo vuelto a Santa Marta con más de ochenta | 30 mil pesos se le alzó con ellos y se fue huyendo a España, con que dio a entender todo el vicio que en él reinaba. Puso en tanto aprieto la tierra del Reino por sacar de ella mucho oro, que si los españoles que en él residían fuera gente insufrible y deseosa de novedades les habría puesto y ofrecido ocasión en las manos, con que con quitarle a él la vida y librarse de su doméstica tiranía se encendieran entre ellos las civiles guerras que en Pirú y otras partes de Indias han causado grandes daños. Y |para que con perspicuidad se vea que lo que digo pasa y es verdad, diré que la causa de su venida al Nuevo Reino e iré discurriendo ... |lo que en el Reino hizo hasta que de él salió | 31 .

Al tiempo que el general Jiménez de Quesada llegó a Corte en España y dio noticia al rey y a los de su Consejo de las Indias de la tierra que había descubierto, estaba asímismo en Corte don Alonso Luis de Lugo, que había emparentado con el comendador mayor Francisco de los Cobos, y por esta vía vuelto en gracia con el emperador, por donde vino a haber licencia de suceder en la gobernación de Santa Marta, a quien asimismo, por el respecto dicho, se adjudicó el Nuevo Reino.

El general Jiménez, deseando haber para sí la gobernación, trató con el adelantado don Alonso Luis de Lugo que le vendiese o cediese el derecho que a ella tenía y le daría cierta cantidad de dineros. El adelantado vino en ello, y tratose en el precio, y fueron concertados en veinte y tantos mil ducados, de los cuales le dio luégo Jiménez una parte al adelantado, que serían doce o trece mil ducados, y ya que de ello se habían de hacer las escrituras y el rey de colar y pasar la gobernación, fue impedido el adelantado y estorbado por su deudo el comendador mayor a que no hiciese ni efectuase el cambio, diciendo que pues el general Jiménez se ofrecía de darle tanta suma de oro, que viniendo él en persona al Nuevo Reino, que era su gobernación, mucha más cantidad habría, pues en adquirir dineros no era perezoso. El adelantado, pareciéndole bien lo que Cobos le decía, saliose afuera del concierto que tenía hecho como persona poderosa y dejó frustrado a Jiménez de su designio y sin el dinero que por señal le había dado, sin querérselo volver, diciendo que más cantidad se le debía por la parte que su padre había de haber del oro que en el Reino había habido.

Con este aviso y acuerdo el adelantado don Alonso se determinó de volver a Indias, y haciendo y juntando cantidad de gente para subir seguramente al Nuevo Reino, fue a portar al Cabo de la Vela, donde adjudicando la tierra a su gobernación, se entremetió en algunas cosas de que se desabrió mucho el rey con él, porque usando de más señorío del que le era dado, sacó por fuerza de la caja real cierta cantidad de marcos de perlas y oro, contra la voluntad de los oficiales, a los cuales echó presos e hizo otras molestias y agravios, diciendo que no le habían de estorbar que no tomase lo que de derecho le pertenecía, que era el dozavo del quinto real; sobre todo lo cual le escribió el emperador y los del Consejo Real reprendiéndole ásperamente su atrevimiento y mandándole que volviese lo que allí había tomado; y se entiende que si no estuviera de por medio quien estaba, que fuera su atrevimiento, como era razón, atajado.

Del Cabo de la Vela se vino a Santa Marta, donde hizo bergantines y sacó por tierra y por mar más de trescientos hombres, con los cuales caminó por tierra y por el río, por el propio camino por do habían subido el general Jiménez de Quesada y su gente, y después de ellos Jerónimo Lebrón; y como a esta sazón en las riberas de este río no había ningún pueblo de españoles poblados, y los naturales estaban rebeldes y cada día tenían noticia de hasta dónde llegaban las fuerzas de la gente que por allí pasaba, hacíanse más belicosos y guerreros, y juntamente con esto tenían ya por aviso de en sintiendo que españoles subían el río arriba, quitar las comidas de junto a las riberas, y llevarlas a esconder la tierra adentro, y así se hicieron tan nocibles los trabajos a esta gente que el adelantado llevó consigo, como a los demás que antes habían pasado. Sola una ventaja llevaban y tenían, que era saber que iban a tierra descubierta y poblada, y por camino que ya se había andado otras veces.

 

La gente que el adelantado llevaba consigo, como toda la más era recién venida de España, y que él la había traído consigo, que comúnmente llaman chapetones, probolos la tierra, y comenzaron a enfermar por el camino, y a morir, y a quedarse muchos vivos escondidos por los montes, a mención de que tigres o indios los matasen, o ellos pereciesen de hambre como otros muchos habían hecho, y porque finalmente, las persecuciones y mortandades y hambres y trabajos a esta gente del adelantado no fueron menores que las de los demás que por este propio camino habían pasado, los cuales, si por extenso se hubiesen de recontar, sería hacer larga digresión, digo que cuando el adelantado llegó a las sierras de Opón, llevaba ya menos más de los dos tercios de la gente española que de Santa Marta había sacado, consumidos con los trabajos referidos del camino. Llegados que fueron a la sierra y valle de Opón, como era todo montañas, y el camino iba muy cerrado, de tal suerte que por haber crecido por él mucho monte no se podía ver ni se dejaba entender ni conocer, fue puesto el adelantado en gran confusión, con toda su gente, de tal suerte que estuvieron para volverse a Santa Marta, porque ni hallaban, como he dicho, camino para pasar adelante ni comida con que se sustentar.

 

A esta sazón estaba en el Reino por justicia mayor y capitán general el capitán Gonzalo Suárez Rendón, el cual tuvo nueva por lengua de los naturales del valle de la Grita, que se comunicaban y trataban con la gente y naturales del valle de Opón, cómo en aquellas sierras había españoles, y deseando que no se perdiesen ni pereciesen, envió un buen soldado y buen peón, llamado Martín de las Islas, a que los fuese a guiar y sacar de aquellas montañas; el cual llegó a tiempo que ya, como dije, estaban para volverse a Santa Marta, que fuera harto mejor para la quietud y sosiego de muchos; y con indios que el Martin de las Islas llevaba, Moxcas, dio luégo aviso al capitán Suárez cómo era el adelantado de Canaria. Suárez desque lo supo, luégo aderezó cierto refresco de pan y carne y se lo envió al camino al adelantado, lo cual le fue tan bien gratificado cuanto adelante se dirá.

El adelantado y su gente salió de las montañas y sierras de Opón mediante el guía que se le había enviado, y luégo que entró en el Reino fue obedecido por gobernador de él, porque traía nuevas provisiones, y así se apoderó de toda la jurisdicción y gobierno de él.

 

|Capítulo décimocuarto  En el cual se escribe lo que el adelantado hizo e intentó durante el tiempo que en el Reino estuvo para sacar de él muy gran cantidad de oro, lo cual sacado se volvió a España. Trátase aquí qué cosa es dejación de indios y del vender los repartimientos.

 Después que el adelantado don Alonso tuvo debajo de su mando la tierra y pueblos del Nuevo Reino, toda su felicidad era inquirir y saber qué personas de las que entraron en la tierra con el general Jiménez de Quesada tenían y poseían oro; y entre otras de quien le dieron nóticia, fue el capitán Gonzalo Suárez Rendón. De éste procuró con buenas palabras sacar el oro que tenía escondido debajo de su madre la tierra | 32 , por quitarlo de las asechanzas de los hombres, de quien siempre se temía; y como con buenos cumplimientos y razones no pudiese cobrar nada ni el capitán Suárez le quisiese dar cosa ninguna, determinó hacerle hacer por fuerza lo que voluntad no tenía, y así porque no le quería dar el oro que tenía lo prendió y tuvo preso y comenzó a molestarle con prisiones y otros agravios que le hacían, los cuales no bastaron a convencer el aflicto ánimo del capitán Suárez, para que descubriese al adelantado dónde tenía el oro | 33 que el uno con obstinación defendía y el otro con codicia procuraba, por lo cual, presumiendo el adelantado que un deudo o cuñado de Suárez, que se decía Pedro Vásquez de Loaisa, era o podía ser sabedor del lugar donde Suárez tenía escondido el oro, porque como aun a esta sazón había pocos cofres, llaves ni otros géneros de custodias en el Reino, tenía por más seguro el esconder cada cual sus riquezas debajo de la tierra que no tenerlas en los frágiles bohíos en que vivían, y según he dicho había hecho lo mismo el capitán Suárez en presencia de este su pariente Pedro Vásquez, le prendió 34, el cual como se viese oprimido de las molestias del adelantado, y aunque le amenazaba que le quería dar tormentos porque declarase lo que le mandaba, hubo con justo temor de descubrir dónde estaba el oro escondido, y enseñándoselo al adelantado sacó de él más de diez o doce mil pesos, sin las piedras esmeraldas, que tenían harto valor y precio, y con todo esto jamás durante el tiempo que el adelantado estuvo en el Nuevo Reino hubo hombre que pudiese acabar con él que soltase a Suárez de la prisión en que lo tenía; más aún, después lo llevó consigo a la costa de Santa Marta y lo metió en el navío en que él se embarcó para España, con intento, según algunos han querido decir, de que pereciese en el camino; pero después le vino a soltar en el Cabo de la Vela, como adelante se dirá. Y aunque no con tan notorias opresiones como las del capitán Suárez, sacó también el adelantado oro de poder de otros muchos conquistadores, que lo tenían guardado para remedio de sus necesidades, de los cuales, a unos se lo pagó con darles indios, que no los tenían, y a otros con mejorarlos en los repartimientos, y otros se quedaron sin ser gratificados en lo uno ni en lo otro, y aun sobre esto despojados de los indios que les habían sido dados por el gobernador Jiménez de Quesada, por lo cual hasta hoy plañen la calamidad de este tiempo.

Usó el adelantado de otro ardid más curioso y disimulado para haber oro, y fue que trató con los cabildos y personas principales que porque la tierra y naturales del Nuevo Reino no estaban bien repartidos ni conforme a derecho, que hiciesen dejación todos de los indios que tenían, para que él de nuevo los repartiese y encomendase; y porque no todos entenderán qué es esta dejación, y se ha ofrecido aquí ocasión, quiérolo declarar a los que lo ignoran.

Dejación es una escritura que el que tiene indios encomendados hace y otorga ante un escribano por la cual renuncia la encomienda que de los tales indios tiene, en el rey, libremente, para que los dé y encomiende su majestad a sus gobernadores en quien fueren servidos; y estas dejaciones y renunciaciones son tan firmes y valederas que si no fuese que al que hizo la dejación de nuevo le tornen a encomendar los indios que dejó, ni él ni sus hijos tienen derecho a ellos, y así está en arbitrio del que gobierna dar los indios renunciados a quien él quisiere y fuere su voluntad. En tiempo antiguo solían hacer estas renunciaciones de indios en favor de particulares personas con intención que si el rey o gobernador no tenía por bien de encomendar los indios en aquella persona en cuyo favor hacía la dejación, retenía en sí el derecho de encomienda; y esta condición han quitado las audiencias, pareciéndoles, y con muy gran razón, que la encomienda es la administración de personas libres, y no cosa vendible, porque las dejaciones hechas de esta manera traían consigo evidente y clara presunción de venta que de los repartimientos se hacían, lo cual los cristianísimos reyes y los de su Consejo de las Indias han mandado extirpar y cesar con todo rigor, enviando sobre ello muchas y muy particulares cédulas y provisiones, así para los jueces que no lo consientan y lo castiguen, como contra los que contraen y celebran las tales ventas, que han sido mucha parte para ser agraviados y maltratados los indios, porque uno que de aprovechamiento y demoras y por ventura violentamente ha habido de los indios que tiene encomendados diez o veinte mil pesos, quiere irse con ellos en España, y para llevar otros cuatro o cinco mil pesos más procura vender los indios o la encomienda a quien le dé esta cantidad de moneda, y allá tienen sus colores con los jueces para que pasen los indios en el comprador; el cual en breve tiempo procura haber de ellos la moneda que le costaron y otro tanto como el que se los vendió había habido, y para este efecto forzosamente han de ser los míseros indios vejados y molestados con nuevos modos de trabajos y ocupaciones serviles, con que no sólo son consumidos y muertos, pero algunas veces no les dejan tiempo para hacer sus sementeras, y si las hacen es fuéra de sazón y de tiempo de labor, de suerte que se vienen a perder sus sementeras, y sus hijos a perecer de hambre.

Esto, todo o la mayor parte, está hoy remediado mediante la curiosidad y rigor que han usado los visitadores y jueces que el rey ha mandado y manda que visiten la tierra y los repartimientos de ella, y como dije asímismo lo del vender de los repartimientos, y en todo cada día se va poniendo remedio de parte del mucho cuidado que su majestad y los de su Real Consejo de Indias han tenido y tienen de él, pro utilidad, conservación, conversión y aumento de los naturales de este Reino y de todas las Indias, general y particularmente, de lo cual algunas cosas iremos tocando en el discurso de esta historia, así de las leyes y provisiones dadas en favor de los indios como de lo que en todo por esta causa se ha mejorado los naturales del Nuevo Reino, espiritual y temporalmente.

Volviendo, pues, al adelantado, de más de tratar que se hiciesen estas dejaciones, trató y concertó que los cabildos eligiesen un procurador general que le pidiese que de nuevo juntase e hiciese una masa de toda la tierra y naturales de ella y los repartiese como convenía, por defecto de no estar bien repartidos.

En lo de las dejaciones, algunos las hicieron por ser los indios que tenían de poca importancia, y otros que aunque eran muy buenos, confiados de su amistad que se los volverían, se ofrecían a dejarlos, algunos de los cuales se hallaron burlados por no tornárselos a encomendar, y otros no quisieron hacer dejación, a los cuales molestó gravemente el adelantado con graves prisiones; y en lo del procurador general hiciéronlo los cabildos por complacerle, y ordenose como él quiso; con lo cual tuvo mejor color para despojar generalmente a los encomenderos de los indios que tenían encomendados, reteniéndolos en sí un año, de los cuales cobró generalmente una demora, que era el tributo que cada repartimiento de indios estaba obligado a dar en cada un año a su encomendero. Pasado este año comenzó a repartir la tierra y dar los repartimientos a quien quiso y le pareció |más por precio que por méritos | 35 , y puso en su cabeza, según algunos, más de treinta repartimientos de los mejores de la tierra.

En este tiempo volvió al Nuevo Reino Hernán Pérez de Quesada, que, como dije, salió de la jornada del Dorado, perdido, a la gobernación de Popayán, al cual asímismo comenzó a agraviar el adelantado, como a los demás vecinos, porque tuvo noticia de que este Hernán Pérez de Quesada y otro hermano suyo llamado Francisco de Quesada, con otros vecinos, escribían a España informando al rey de los agravios e injusticias que hacía el adelantado generalmente a todos en el Reino; y para dar color a sus aceleraciones y molestias que contra Hernán Pérez y su hermano hacía, les opuso que se querían levantar y amotinar e inventar novedades; y porque esta su oposición tuviese algún color o apariencia de verdad, ahorcó a un hombre que parecía ser familiar de Hernán Pérez, y con esta color los echó de la tierra a entrambos hermanos, enviándolos presos con el capitán Céspedes, que a esta sazón estaba de camino para ir a poblar la provincia de los Panches y sierras nevadas con gente que a su costa tenía hecha Céspedes, la cual le quitó el adelantado diciendo que era necesario que fuese a reedificar a Santa Marta, que la habían asaltado y quemado franceses, y con este color hizo al capitán Céspedes su teniente y enviolo a Santa Marta, entregándole por presos a Hernán Pérez de Quesada y a Francisco de Quesada, su hermano, para que los enviase con la misma color a Santo Domingo.

La gente que Céspedes tenía hecha la dio y entregó al capitán Hernán Venegas Manosalvas, natural de Córdoba, para que fuese con ella al efecto que Céspedes había de ir, y así Venegas fue y pobló la ciudad que hoy dicen de Tocaima, en la provincia de los Panches, en las riberas del río grande; de cuya fundación y conquista se tratará particularmente adelante.

Céspedes se fue a la costa y trabajó todo lo que pudo en reedificar a Santa Marta y en hacer los indios comarcanos a ella de paz; y en gratificación de esto en el Reino, el adelantado le quitó su casa e indios y los dio al capitán Montalvo de Lugo, de quien atrás hemos tratado, que era su pariente, y le echó a perder otra mucha hacienda que Céspedes tenía en el Reino.

El adelantado, pasando adelante con su manera de riguroso gobierno, quiso sacar cierto oro de la caja del rey, y como Briceño, que era tesorero, no se lo quisiese dar, lo echó preso y lo comenzó a molestar, por lo cual le fue necesario quebrantar las prisiones una noche, y él y otros muchos conquistadores que tenía presos porque no le querían dar oro y porque no hacían dejación de los indios que tenían encomendados, se huyeron y fueron a la costa, para irse a quejar al rey de las fuerzas |e insolencias | 36 del adelantado; el cual, temiendo que no viniese juez que le tomase residencia antes de salir de la tierra, apresuró su partida, y mandando hacer bergantines en la ciudad de Tocaima, se embarcó en ellos para la costa, dejando bien arruinada la tierra y mudada toda, y en ella por su teniente general al capitán Montalvo de Lugo.

  |No trato particularmente de los agravios que el adelantado hizo a muchos, por parecerme historia muy larga, y así no me resta por decir sino que fue venturoso en todo el adelantado | 37 , porque al punto que llegó a Santa Marta, llegó el licenciado Miguel Díaz Armendáriz a Cartagena, que venía de España a tomarle residencia. El adelantado se embarcó y fue la vuelta del Cabo de la Vela, donde no le habían querido recibir, antes le habían tirado ciertos tiros de artillería, para que no saltase en tierra. Salieron de Santa Marta en su seguimiento, en otro navío, el capitán Céspedes y otros muchos conquistadores del Reino, para irse a quejar de él al rey, y alcanzáronle en el Cabo de la Vela, donde ya estaba surto, pero no obedecido por gobernador, y como llegaron los agraviados del Reino, hiciéronse con los ciudadanos del Cabo de la Vela, a ruego de todos los cuales la justicia de allí quitó las velas al navío del adelantado, y por esta vía vinieron a oprimirle a que soltase al capitán Suárez, que llevaba preso, y que pagase al tesorero del Cabo de la Vela cierta cantidad de pesos de oro que le había tomado la primera vez que allí estuvo, y le hicieron que diese cédulas y mandamientos para que todos los que estaban allí agraviados del Reino, se les volviesen sus repartimientos de indios de que habían sido despojados tan injustamente, y con esto le dejaron irse a España con su tesoro, que fue en harta cantidad.

Hernán Pérez de Quesada y su hermano, estando embarcados en un navío de un capitán Barchuleta, en el cual estaban asímismo el obispo de Santa Marta don fray Martín de Calatayud y el capitán Gonzalo Suárez y otras muchas personas, cayó un rayo |de lo alto de él y le mató del aire donde se congela aquel fuego que llamamos rayo, y sin hundir ni quebrar el navío, mató al capitán y señor de él, llamado Barchuleta, y a Hernán Pérez de Quesada, y a Francisco de Quesada, su hermano, que estaban bien apartados unos de otros, y el obispo quedó ciático y contrahecho de un lado, y el capitán Suárez quedó atónito y medio aturdido, y espantado del furor y temor del rayo.

Durante el tiempo que el adelantado don Alonso Luis de Lugo estuvo en el Reino, por el año de cuarenta y tres, envió al capitán Luis Lanchero que descubriese desde Vélez camino y desembarcadero acomodado para entrar desde el río grande al Reino, porque el que por Opón se traía era insufrible y que no se podía caminar por él sin notable daño de los caminantes. Fue Lanchero con gente española que para ello se le dio, y descubrió el desembarcadero que hoy llaman de Carare, por do entran los que vienen a aportar a Vélez, y de allí volvió a Vélez, el cual, con la propia gente que había descubierto y abierto el desembarcadero y su camino, que eran cuarenta hombres de a pie, quiso atravesar a Santafé sin llegar a la ciudad de Tunja ni a sus términos y metiéndose por el valle de Tuninga, que es en el rincón de Vélez, donde a la sazón estaba recogido el cacique Saboyá con su gente, que desde que dio la guazabara al capitán Rivera hasta entonces siempre estuvo rebelado, dio en el alojamiento de Saboyá y los constriñó a que fuesen amigos y sirviesen a los españoles, y de allí fue descubriendo y atravesando toda la provincia de los Muzos, donde hoy está poblado el pueblo de la Trinidad, que el mismo Lanchero pobló, como adelante se dirá; y salido que fue a Santafé pidió al adelantado que quería volver a poblar aquesta provincia de Muzo, que había descubierto. El adelantado que sí iría, pero nunca lo cumplió. Fue este el primer descubrimiento de la tierra de los Muzos.

28  Por: "noli me tangere".
29  Una nota marginal tachada dice: "no va bien el año".
30 El texto original decía: "más de |quinientos mil", siendo tachada la palabra |quinientos y al margen puesto "ochenta".
31 Los puntos suspensivos corresponden a palabras tan tachadas que resultan ilegibles.
32 La frase "debajo de su madre la tierra" está añadida entre líneas y reemplazaba el texto original tachado, que dice: " |y enterrado en el vientre de su madre, la tierra".
33 La palabra "oro" esta añadida y reemplaza la palabra |ídolo, tachada en el texto. Se observa en la edición de la Real Academia, Madrid, una equivocación al invertir los términos de la corrección, que cambia en cierto modo el sentido.
34 Las palabras "le prendió" están añadidas entre líneas.
35  La frase |más por precio que por méritos está ta |chada en el original.
36  Las palabras e |insolencias están tachadas en el original.
37 La frase en bastardilla está tachada en el original . En la versión corregida se lee así: "Fue venturoso en todo el Adelantado, hasta..." Las palabras "el Adelantado" se añadieron entre líneas para construír la frase correctamente.

anterior | índice | siguiente