MEDRANO Y AGUADO.
Historiadores,
Sociólogos y Antropólogos.
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Una de las características de todas las obras históricas
referentes a América escritas en España durante los dos siglos que
siguieron al Descubrimiento, son los prólogos dirigidos al Rey y al
lector, donde -salvo rarísimas excepciones- los autores declaran
sinceramente los objetivos inmediatos que perseguían.
Esto lo encontramos también en la "Recopilación Historial":
en la dedicatoria al Rey, en los dos proemios al lector y en
una especie de introducción, que es el comienzo del primer capítulo
de la primera parte de la "Recopilación Historial", enumera el
autor los objetivos que se propone alcanzar:
1º Hacer memoria de los hechos de los españoles en la conquista
y población del Nuevo Reino de Granada.
2º Informar al Rey sobre los indios que fueron subyugados.
3º Lograr una mejor eficacia de la obra misionera en
América.
a)
|Aspecto sociológico de la
"Recopilación".
La característica sobresaliente de la obra que estudiamos es su
carácter crítico. Ni Medrano ni Aguado fueron conquistadores como
Cieza de León o Bernal Díaz del Castillo, ni funcionarios a sueldo
del Rey como Martín Fernández de Enciso o Gonzalo Fernández de
Oviedo. Eran dos religiosos, misioneros, a quienes el proceso de la
conquista en sí no pudo deslumbrar desmesuradamente, como fue el
caso de otros muchos. Conocían la conquista "por dentro".
Observaban los estragos que causó en la población indígena y las
dificultades que a veces surgían, debido a las prácticas de los
soldados, en relación con la obra evangelizadora. Es cierto que el
dualismo de los autores, Medrano-Aguado, dio origen a ciertas
contradicciones y apreciaciones contrapuestas de unos mismos
hechos; también es cierto que ni el uno ni el otro pudieron
sustraerse en forma completa al hechizo que aún hoy produce la idea
de un puñado de hombres conquistando todo un continente, vadeando
ríos, atravesando selvas, páramos nevados y desiertos abrasadores;
pero con todo, su planteamiento ante los problemas que suscitó la
conquista, es reposado, desapasionado, crítico.
La obra de estos frailes no contiene ni lisonjas cortesanas ni
alabanzas desmesuradas del Monarca por su papel en el
descubrimiento y conquista de América, como lo hace, por ejemplo,
Gonzalo Fernández de Oviedo
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1
. Y aunque en la carta
dedicatoria al Rey se pide indulgencia para el estilo y escasa
preparación científica del autor, y un amparo Real para realzar el
valor del libro a los ojos de los coetáneos, hay para el Rey y sus
Reales Audiencias también muy severas críticas.
Tampoco se realzan los méritos de aquellos que habiendo
descubierto y conquistado un mundo para España esperaban o alegaban
el derecho de ser gratificados. El autor de la "Recopilación" no
cree procedente, como lo hace Oviedo, de recordar al Presidente del
Consejo de Indias "...de continuar las mercedes que a las Indias
hace..."
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2
; ni que el descubrimiento de América es
un servicio "...de los mayores que ningún vasallo pudo hacer a su
príncipe, y tan útil a sus Reinos, como es notorio"
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3
. La obra abunda en acusaciones contra
conquistadores y encomenderos, critica las instituciones coloniales
y generalmente carece de elogios desmesurados de la conquista como
tal. Frases como las de Gomara cuando dice: "La mayor cosa, después
de la creación del mundo, sacando la encarnación y muerte de El que
lo creó, es el descubrimiento de Indias"
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4
, son
inconcebibles en la boca de los autores de la "Recopilación".
La causa de escribir la historia -declara el autor- es ante todo
el
|amor a la Patria
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5
|, un
concepto que aunque no enteramente nuevo en la segunda mitad del
siglo XVI, lo es inédito en la historiografía americana. Y esta
"Patria" no abarca solamente Castilla o España, ni se identifica
con la idea de un poderoso imperio español, ni con la gloria de los
que lo forjaron, sino con la sociedad, con las gentes que pasaron y
se asentaron en América. La Patria, dice el proemio, no permite
dejar en el olvido. los hechos del pasado. Las gentes en América y
en España quieren conocer la obra de sus antepasados. La escritura,
dice, preciosa invención que permite conocer lo acaecido más allá
de los "setenta escasos años" que dura la vida del individuo, sirve
para calmar el ansia de saber, que como gracia, Dios misericordioso
dejó al hombre a pesar de su pecado original. Alaba a los griegos,
que cantaban las hazañas de sus héroes, inmortalizándolos para la
posteridad, y exclama: "Si en tiempo de los griegos las Indias
Occidentales fueren descubiertas, pobladas y pacificadas, yo soy
cierto que la memoria de los que las han descubierto y poblado
estuviera más fresca y clara de lo que está"
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6
.
El autor se lamenta de que la historia ha pasado en silencio
sobre muchos descubrimientos menores, aquellos que, "por defecto de
ser pobres y sin riqueza", no encontraron quien quisiere escribir
sobre ellos. La consecuencia es que ya en su época muchas
fundaciones de ciudades y descubrimientos de provincias han quedado
en el olvido o sin la claridad necesaria. Como persona que ha
vivido muchos años en América y presenciado la mayoría de los
acontecimientos, quiere remediarlo y recoger datos históricos,
antes de que se pierdan en la nebulosa del pasado.
Y no sólo en esta ocasión lo declara. En el texto mismo del,
libro
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7
vuelve a afirmar que aunque para la
generalidad de la gente la lectura de la historia es agradable,
para él, "especialmente siendo yo del hábito y profesión", no es
pequeño el trabajo de recopilar datos históricos; "pero -continúa-
como otras veces he dicho, el amor a la Patria y el ver que hasta
ahora ninguna persona ha escrito la población del Reino, breve ni
larga", le obliga a ello.
Tales conceptos son novedosos en la concepción de la
historiografía americana. No se escribe una historia por lo
peregrino de las cosas del Nuevo Mundo, ni por brindar agradable
pasatiempo al lector, ni se escogen hechos sobresalientes, ni
descubrimientos de tierras "riquísimas". Son palabras de un
historiador independiente que no dedica su pluma al culto de héroes
ni canta las glorias de los conquistadores ni del Rey o sus
emisarios, sino que recoge también las obras menudas de toda la
masa de pequeños y grandes pobladores, con todos sus aciertos y
equivocaciones, buenas obras y crueldades, cuyos hechos, en cierto
modo anónimos, constituyen la espina dorsal, la base social de la
conquista y colonización de América.
De acuerdo con este concepto histórico, que acerca mucho la
"Recopilación" a investigaciones modernas, traza el autor un plan
para su libro, cuya estructura es nueva. Se abandona la "crónica"
propiamente dicha, es decir, aquella historia que sigue las hazañas
de un individuo, lo acompaña al lugar donde actúa, se preocupa de
su evolución e influencia sobre los acontecimientos, lo toma, en
fin, como epicentro de los sucesos; también se abandona aquella
"historia", que toma el
|elemento tiempo como guía de la
narración, ordenando cronológicamente hechos históricos y aun
acaecidos en diversos lugares sólo porque sucedían simultáneamente.
La estructura de la obra es distinta. Su explicación contiene
aquella frase en que el autor, hablando de la ciudad de Pamplona,
dice que de ella tratará adelante con mayores detalles, "y lo mismo
se hará de cada ciudad y pueblo por su antigüedad"
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8
. Con esto se traza el plan general: se
harán historias separadas e independientes, especie de monografías
de cada una de las ciudades que componen el Nuevo Reino de Granada,
que se ordenarán cronológicamente, de acuerdo con las fechas de sus
fundaciones.
La innovación introducida en la historiografía americana con
esta forma de escribir historia es significativa. Se produce una
descentralización del relato histórico, pues los acontecimientos
giran en torno de los conglomerados humanos en cuyo ámbito se
produjeron; se abandona al "héroe", y la atención se dedica a las
ciudades, a los municipios, a aquellos núcleos de la población cuyo
decisivo papel en la historia americana, tanto en la época colonial
como aun después, durante las Guerras de Independencia, no está aún
hoy día suficientemente estudiado.
Tal forma de escribir la historia no conocieron anteriormente ni
Las Casas, ni Gomara, ni Fernández de Oviedo, ni posteriormente
López de Velasco, Juan de Castellanos, o Antonio de Herrera. La
historia de todos ellos sigue al "héroe" o a la cronología de los
hechos; el tiempo o el individuo solamente es el elemento
regulador; por lo cual todos son realmente "cronistas". Nuestros
autores ya no pueden llamarse "cronistas" en el puro sentido de la
palabra, sino historiadores de la vida social del pueblo, que se
desdobla en la de sus ciudades o núcleos de población, con las
dificultades, problemas, aciertos y fallos que permiten observar la
similitud de sus problemas, mutuas conexiones, similares
influencias del medio ambiente, idénticas causas de evolución: todo
lo cual se traduce en una historia social, cuyos primeros autores
son Medrano y Aguado; lo que constituye un aporte de incalculable
valor para la general historia de la conquista de América.
La idea de narrar la historia de las ciudades, y no la de los
caudillos de las conquistas, corresponde precisamente a la admitida
intención de escribir no sólo de los "grandes", sino de todos
aquellos que, aunque con menos espectacularidad, tuvieron su parte
en la historia. Tal intención se observa en toda la obra. Se
patentiza en aquel párrafo en que, con ocasión de la fundación de
Mariquita, hablando de la expedición del capitán Pedroso, se dice
que el relato de tal expedición sólo se incluye porque al
conquistador le sucedieron "por esta misma ocasión de poblarla,
algunos trabajos y desasosiegos..."
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9
El autor
justifica, pues, el ocuparse con el capitán Pedroso, el "héroe",
sólo por la conexión que esta expedición tuvo en la fundación de
una ciudad, Mariquita. En parecida forma se justifica lo escrito
sobre la rebelión de los indios de Mariquita e Ibagué, con decir
que "no es cosa perteneciente a este lugar, más de para dar
claridad del origen y ocasión que la ciudad de Vitoria tuvo para
poblarse"
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10
, Esta rebelión no interesa, salvo en
la medida que aportó a la fundación de una ciudad, Victoria. No se
escribe la historia indígena, sino la de las ciudades. Y tampoco de
los caudillos de las expediciones. Y así, la vida de varios
conquistadores aparece fragmentariamente, según el papel que
jugaron en la fundación de varias ciudades y pacificación de varios
territorios.
El plan de escribir monografías de ciudades se sigue al pie de
la letra en los 16 libros de la primera parte de la "Recopilación
Historial"
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11
. Muchas veces se hace alusión directa
a estas monografías separadas. Así sucede, por ejemplo, cuando se
nombra al oso hormiguero que atacó a Juan Tafur, y se dice: "De la
manera y condición de este animal se dirá adelante, en la población
de San Juan de los Llanos; por eso no será necesario tratarlo
aquí"
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12
.
Lo mismo sucede cuando se habla de la expedición del capitán
Maldonado a la provincia de los Palenque, cuyos pormenores
"tratando de las poblazones de Vitoria y Los Remedios, que en ellas
están pobladas, se dirán"
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13
.
No en distinta forma sucede cuando el historiador menciona la
ciudad de Tocaima, y dice
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14
: "de cuya fundación y
conquista se tratará particularmente adelante"; o al escribir
someramente de la fundación de Victoria
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15
y "el
que lo quisiere ver... -dice- lo hallará copioso en las poblazones
y pacificaciones de las ciudades de Mariquita e Ibagué..."
Lo mismo se hace cuando se menciona la ciudad de Trinidad
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16
, Pamplona
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17
e
Ibagué
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18
. En todos estos casos remite el autor
al lector a los "compendios" o "libros" que tratan por extenso de
la historia de cada una de estas ciudades.
Es cierto que en la segunda parte de la obra observamos algunas
discrepancias de este plan general, una contradicción que
trataremos de explicar. Pero también en esta parte se encuentran
compendios separados que tratan de las ciudades Cartagena y Coro,
por ejemplo.
Siguiendo el plan preconcebido, la "Recopilación" dedica páginas
enteras a la descripción de cada una de las fundaciones españolas,
su situación geográfica, los traslados que sufrió, su economía,
población española e india, el repartimiento de indios entre los
vecinos, tasación de tributos, las divergencias que hubo entre
varias ciudades por límites, etc. Es comprensible que en una obra
de tal carácter no podría faltar una minuciosa descripción de las
ciudades más importantes y antiguas fundadas en el Nuevo Reino,
Santafé, Tunja y Vélez. Sin embargo, llama la atención el hecho de
que en el manuscrito que ha sido tantas veces publicado, sólo
encontremos menciones esporádicas sobre estas tres poblaciones; por
lo cual algunos historiadores, desconociendo la realidad, acusan a
los autores de la "Recopilación" de negligencia u omisión. Pero tal
acusación es infundada. Estudiando el final del libro IV de la
primera parte observamos que acabada la relación de lo sucedido con
ocasión de la tasación de tributos por el licenciado Villafaña en
1564, la respectiva página está cortada en su parte inferior. Al
reverso del trozo que quedó en el manuscrito se encuentra un texto
tachado, en que Aguado justifica una vez más sus ocupaciones
históricas, a pesar de ser fraile, y anuncia un relato de cosas
edificantes para los españoles. Observamos que fueron también
cortadas las páginas siguientes que contenían cinco capítulos que
trataban justamente de las tres ciudades cuya descripción
aparentemente falta en la obra
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19
.
No hubo, pues, ni negligencia ni omisión por parte de nuestros
historiadores, quienes dedicaron varios capítulos de su obra a
Santafé, Tunja y Vélez. Con todo derecho pueden ser considerados
como los primeros que trataron la conquista de América por su
aspecto social.
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Bib.
23, I, CIX
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2
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Ibíd.
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3
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Bib.
24, I, 77.
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4
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Bib.
32. Dedicatoria al Rey.
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5
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Primera parte, Proemio al lector.
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6
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Primera parte, Libro 1º, capítulo 1º
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7
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Primera parte, libro 15, capítulo 1º.
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8
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Ibíd., libro 4º, capítulo 15
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9
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Ibíd., libro 8º, capítulo 1º
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10
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Ibíd., libro 10, capítulo 1º
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11
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Véase capítulo 7º
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12
|
Primera parte, libro 2º, capítulo 9º
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13
|
Ibíd., libro 4º, capítulo 9º.
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Ibíd., capítulo 14
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15
|
Ibíd., libro 10, capítulo 1º
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16
|
Ibíd., libro 4º, capítulo 14
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17
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Ibíd., capítulos 15 y 17.
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18
|
Ibíd., capítulo 17
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19
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Véase primera parte, libro 4º, capítulos tachados 24
a 28
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