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FRAY PEDRO
AGUADO
Había nacido en Valdemoro, a cuatro leguas de Madrid, y
bautizado el 23 de enero de 1513. Pertenecía a una familia
solariega cuyos miembros ocupaban una importante posición social y
económica en la floreciente ciudad
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1
. No se sabe
dónde y cuándo tomó el hábito y casi nada sobre su vida antes de
viajar a América. Ni en la iglesia de Valdemoro
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2
, su ciudad natal, ni en el archivo del
cabildo de aquella ciudad
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3
hemos podido encontrar
señales de sus actividades. Al volver a España en 1575, se alojó en
el convento de San Francisco en Madrid
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4
. Es posible
que fuese allá donde tomó sus hábitos o en alguna otra casa de la
Provincia franciscana de Castilla, que Asensio menciona como la
suya
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5.
Nada sabemos sobre sus estudios, aunque Simón sostiene que fue
docto en teología y matemáticas
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6
. El mismo (¿o será
Antonio Medrano?) no se alaba en este sentido. Nada encontramos en
su obra que indique conocimientos de matemáticas, astronomía u
otras ciencias, salvo ideas vulgares, generalmente aceptadas en su
época, como por ejemplo que algunos "por tener conocimiento de la
cosmografía y astrología", certificaban que en las cabeceras del
río Magdalena hay tierras riquísimas
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7
; que existe
una influencia de la "fatal constelación de alguno de los planetas
o estrellas" sobre la fertilidad de la tierra
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8
y el
carácter de sus habitantes
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9
; la influencia "del
movimiento natural de los elementos y planetas", para producir
lluvias
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10
; la existencia de tierras "que por
los malos aires que en ellas corren, mediante los corruptos vapores
que de las tierras anegadizas y lagunas se levantan y congelan",
producen gentes desasosegadas
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11
; o de tierras donde
hay indios tan bárbaros -pues que comen hormigas- que "no pueden
producir buenos aires ni vapores"
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12
; que los
vapores que producen fiebres y calenturas salen de algunas montañas
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13
; que el rayo es "aire que sube en lo
alto.., donde se congela aquel fuego que llamamos rayo"
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14
, etc.
Tampoco faltan en Aguado las creencias vulgares, arraigadas en
la sociedad de su época, de que la naturaleza reacciona frente a
las actitudes buenas o malas de los hombres. Así, un gusano no
invade las tierras de los indios que rehúsan unirse a sus vecinos
en la celebración de sus fiestas y borracheras
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15
; y un frondoso árbol se seca cuando
cuelgan de él a Juan de Carvajal
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16
. El
caudal de un río baja, después de una promesa a la Virgen
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17
, etc.
En materia de historia universal cita apenas unos pocos pueblos
de la antigüedad, como babilonios, sodomitas, hebreos, egipcios,
griegos y romanos; algunos emperadores y héroes (Héctor, Pirro,
Ulises, Alejandro, Julio César, Pompeyo, Trajano, Octaviano,
Behemyfaces) y varios historiadores (Tito Livio, Suetonio,
Herodoto, Frigio, Fretulfo y Polibio); citas que demuestran una
educación que corresponde a la capa social a que pertenece, pero
que no permite equipararlo a un verdadero escolar. Y con referencia
a la teología y al derecho canónico expone algunas ideas generales
en boga en las esferas eclesiásticas sobre la encomienda,
conquista, evangelización de indios, etc., pero no encontramos
citas de teólogos o juristas. Al contrario, a veces admite su
ignorancia con una sinceridad que es característica de este buen
fraile. Ciertamente, al explicar con algún detalle la realidad de
la conquista, y los daños que se hacen a los indios, dice
sinceramente: "Y si esto es bien o mal hecho, o justo o injusto,
júzguenlo los teólogos y canonistas y personas doctas que lo
entienden, porque aquí mi intención no es de aprobar ni reprobar
ninguna cosa de éstas"
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18.
Acerca de su estilo literario no emitimos nuestro parecer ante
la circunstancia de que el manuscrito no sólo fue el resultado de
una obra conjunta en la cual intervinieron dos personajes
diferentes, sino porque posteriormente enmiendas y tachaduras por
manos de terceros modificaron la redacción original. Para algunos
su estilo "no es cervantino. En parte es redundante, gongórico,
monótono y pesado". Lo cierto es que no podemos juzgar la educación
general de Medrano y Aguado por el estilo que emplearon en su
"Historia", pues la forma literaria no era su preocupación. La
"Recopilación Historial" narra los acontecimientos llanamente, sin
retorcimientos, salpicando el relato a veces con sabrosos dichos
populares que reproducen a la maravilla el ambiente de la época.
Salvo en la dedicatoria al Rey, en la cual se observa un esfuerzo
por decir las cosas "con elegancia", con el consiguiente
retorcimiento retórico, lo escrito es sencillo, exacto, no exento
de emoción; encontramos frases de admiración y ternura y, a veces,
de ira e indignación.
Pasó Aguado a América a fines de 1561, formando parte del grupo
de 50 religiosos que llevó fray Luis Zapata, nombrado entonces
comisario-reformador de la orden franciscana para el Perú. Su
nombre aparece en la cuenta que hace el 4 de febrero de 1561 el
contador de la Casa de Contratación de Sevilla, con ocasión de los
gastos de mantenimiento para estos religiosos
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19
.
De este grupo, 6 frailes
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20
, entre ellos Aguado,
se quedan en Cartagena y suben por el río Magdalena al Nuevo
Reino.
No conocemos documentos sobre su actividad en Cartagena. Ya en
la carta que varios franciscanos escriben desde Santafé el 12 de
junio de 1562
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21
, Aguado estampa su firma, por lo cual
es de suponer que en Cartagena no permaneció más tiempo que el
necesario para preparar su viaje, río Magdalena arriba, para llegar
a Santafé.
De sus actividades misioneras en la época comprendida entre
1562, fecha de su llegada, y el 1575, cuando abandonó el Nuevo
Reino para trasladarse a España, hablan algunas "probanzas".
Fue doctrinero de Cogua, Nemeza y Peza, encomiendas de Luis
López Ortiz
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22
, durante dos años; de Zipaquirá y
Pacho, encomiendas de Juan de Ortega, situadas no muy lejos de allí
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23
. "Unos pocos días" estuvo en
Chocontá, encomienda de Andrés Vásquez de Molina. Fue también
doctrinero de Bosa, según se desprende de un documento
recientemente encontrado
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24
. Consta que conoció la
provincia de los Panche
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25
y probablemente visitó
otras doctrinas y también la ciudad de Cartagena, pero sin duda, ya
como provincial de su orden.
Es cierto que en el proemio al lector habla de haber presenciado
varias conquistas y fundaciones. Pero en el texto mismo de la obra
no encontramos ninguna indicación o detalles sobre este hecho.
La doctrina en que tuvo más éxito y que presenta como su obra
cumbre en la probanza de servicios que hizo antes de ausentarse
para España, fue de Cogua, donde generalmente logró la conversión
de todos los indios, incluyendo caciques, mujeres y niños. Este
hecho, "que ha sido cosa nueva" (declaración del chantre de la
Catedral, Gonzalo Mexia), llamó poderosamente la atención, pues a
pesar de las cuatro décadas que duraba ya la dominación española y
el acopio de religiosos que llegaron durante este tiempo al Nuevo
Reino, no se había logrado cosa semejante en otros pueblos
indígenas; los indios Muisca se mostraron muy aferrados a las
creencias de sus antepasados. Fray Pedro Aguado logró la conversión
de los Cogua, produciendo así, como se creía, "la levadura para que
todos los indios de los demás pueblos de este Reino se dispongan y
animen a hacer lo mismo Compuso una tabla o "numeración" de todos
los indios cristianos
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26
, y logró que
accediesen a hacer bautizar a todos los niños recién nacidos,
concluir matrimonios según el rito católico y morir recibiendo
absolución.
A sus oraciones y las de los indios recién convertidos se debía
aquel hecho milagroso que destacan los declarantes de la
"probanza". Un gusano negro había invadido los terrenos de los
indios paganos de Nemocón, destruyéndoles sus maizales. Convidados
los de Cogua a acompañarles en su "beber y tirar y hacer otros
ritos malos, según su antigua costumbre, que es todo encaminado al
demonio", los de Cogua, recogidos por el fraile doctrinario en la
iglesia, rechazaron la invitación. El gusano negro no pudo
franquear un riachuelo que dividía ambos terrenos, los de Nemocón y
Cogua, ahogándose en él por millares.
Casi milagrosa fue también la conversión de un mohán quien
delató a fray Pedro el lugar donde los indios tenían sus santuarios
para hacer ofrecimientos a sus dioses. El fraile convirtió al mohán
al catolicismo, rompió los ídolos a la vista de todo el pueblo y
"allí predicó a los indios que se hallaron presentes muchas cosas
en loor a Nuestra Santa Fe Católica..."
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27
.
Fueron los indios de Cogua quienes, apoyándose en el hecho de
haber sido el primer pueblo indio convertido, levantaron el 10 de
junio de 1569 una larga información ante la Real Audiencia
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28
, pidiendo distinciones especiales. Su
testigo principal era su doctrinero fray Pedro Aguado. Declaraba
que residió en la doctrina de Cogua y Nemeza quince meses, y que a
cabo de siete meses de predicación los indios allegaron a él para
pedir el bautizo, declarando "que querían dejar sus ritos, casarse
y dejar las muchas mujeres que tenían". Aguado los bautizó,
inscribió en un libro y dio a cada uno una especie de pasaporte,
una "carta", donde constaba que el portador era casado y convertido
("doméstico" dice Aguado).
Los indios de Cogua tomaron muy en serio su conversión. Con gran
regocijo de indios y españoles iban en procesión las 9 leguas que
distaba su pueblo del de Santafé, especialmente los días de Corpus
Christi y la noche del Jueves Santo, desplegando banderas, llevando
en andas la imagen de la Virgen, y el cacique con "su cruz de
alquinia grande, y manga de raso carmesí bordada, y un pendón de
tafetán de colores... Y otros nueve pendones medianos llevaron los
dichos capitanes..." La gente que los veía pasar quedaba
"edificada" y los naturales "maravillados".
Las dos iglesias, que fueron construidas bajo la dirección de
fray Pedro Aguado, eran de piedra, con techo de teja y muy
adornadas en su interior. Tenían imágenes esculpidas y pintadas "de
bulto y pincel, en tablas y lienzos". Cuatro frontales y doseles de
guadamecí servían al culto divino y cuatro campanas tañían cuando
se alzaba el Santo Sacramento.
El ornamento era de raso azul con cenefas de seda y con "muy
galanas" hijuelas para poner el cáliz, especialmente una que, como
se declara, "está sembrada de estampas de oro y perlas de valor, y
con su guarnición a la redonda de oro.."
Con estos méritos consiguieron los indios una resolución
favorable del Consejo de Indias. Se ordenó que la Real Audiencia
"les favorezca y tenga cuenta en honrar a estos indios y mire por
ellos atentos las causas que refieren". Se les concede la gracia de
ir delante de otros indios en todas las procesiones y otros actos
públicos
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29
.
Todos los testigos de la "información de servicios" concuerdan
en declarar que fray Pedro Aguado fue desinteresado en su labor
misionera, no exigiendo de los encomenderos más que el mero
sustento. "No se concertó de llevarle -declara Juan Suárez de
Cepeda- estipendio alguno, como otros religiosos suelen pedir"; y
Juan de Ortega atestiguaba que le preguntaba "muchas veces que si
quería oro u otra cosa alguna de tienda, y nunca el dicho Fray
Pedro Aguado quiso tomar cosa alguna".
De sus demás actividades, antes de su viaje a España, sabemos
que fue por dos veces guardián del convento en Santafé y tal vez
Tunja
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30
. Durante el ejercicio de este oficio
recogió los frailes que andaban dispersos entre los indios e
introdujo reformas en su vida monástica, dando siempre buen ejemplo
personal, como hombre de un carácter entero. Reformó el convento,
lo dotó con "imaginería y ornamentos" e hizo "un arco de madera
labrada"
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31
.
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1
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Bib.
5. Esta fecha parece mas verosímil que el año 1538 que dan
algunos historiadores (Bib. 10 y 19)
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2
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AEV
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3
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ACV
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4
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Doc.
15. Resumen de la petición hecha por Aguado el 6 de abril de
1576
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5
|
Bib.
20, 85
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6
|
Bib.
39. IV, 124-125
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7
|
Primera parte libro 4º, cap 12
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8
|
Ibíd.
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9
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Ibíd., Libro 8º, cap. 1º
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10
|
Ibíd. Libro 1º, cap. 5º
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11
|
Ibíd. Libro 3º, cap 7º
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12
|
Segunda parte, libro 3º, cap. 2º
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13
|
Ibíd.
|
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14
|
Primera parte, libro 4º, cap. 14.
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|
15
|
Doc. 14.
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|
16
|
Segunda parte, libro 3º. Cap 9º
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17
|
Primera parte, libro 4º, cap 12
Naturalmente ignoramos si los renglones
referentes a estas creencias pertenecen a la pluma de Medrano o de
Aguado; pero el hecho que este último fue el redactor final de la
obra y dejó pasar estos apartes, sin enmendarlos o tacharlos,
demuestra que se trataba de
temas
generalmente aceptados.
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18
|
Primera parte, libro 9º, cap 2º.
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19
|
Doc. 10.
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20
|
Bib. 20.
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21
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Bib. 11, 84
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22
|
Doc. 5.
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23
|
Ibíd.
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24
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ANC, Conventos de Franciscanos, papeles en
clasificación
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25
|
Primera parte, libro 4º, cap 7º
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26
|
Doc. 5.
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|
27
|
Doc. 14.
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28
|
Ibíd.
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29
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Sea dicho aparte que la conversión de los Cogua no
tuvo el carácter trascendental ni fue tan durable como lo creía
Aguado. Ya en su memorial de 1573 (Doc. 309) decía el arzobispo
fray Luis Zapata: "porque el presente en esta tierra no hay pueblo
de indios cristianos, ni aun indio que lo sea, y es lastima ver la
doctrina que se tiene en los indios y las confusiones y estorbos
que hay para haberla..." Sucedió entre los indios de Cogua,
precisamente , el caso contado por fray Pedro Simón, unos decenios
más tarde (Bib. 39, II, 253), cuando el fraile, llamado por un
cacique que estaba en su lecho de muerte, encontró admirado que
dentro de las palmas de crucifico que sostenía el moribundo entre
las manos estaba escondido Bochica, ídolo de los Chibcha.
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30
|
Bib. 20.
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31
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Doc. 5 (Testimonios de Gonzalo Mejía, Pedro de
Bolívar y otros).
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