INDICE




Introducción

CAPITULO I
 Fray Antonio Medrano

CAPITULO II
 Fray Pedro Aguado

CAPITULO III
 Medrano y Aguado

CAPITULO IV
 Medrano, Aguado y su época

CAPITULO V
 Fuentes de la Recopilación Historial

CAPITULO VI
 Títulos de las obra

CAPITULO VII
Historias o compendios

CAPITULO VIII
 La tabla

CAPITULO IX
 Los manuscritos de la versión final

CAPITULO X
 La censura
Anexos

PRIMERA PARTE
 Recopilación historial resolutoria...
Tabla de la primera parte

LIBRO PRIMERO- CAPITULO I-II-III-IV
En el libro primero...-Que trata de quién fue...-Que trata de quién fue...-Que trata de cómo el gobernador...-Que trata de cómo los amotinados...

CAPITULO V-VI-VII
De lo que al capitán amotinado...-Que trata de cómo la Audiencia...-De cómo los dos gobernadores...

CAPITULO VIII-IX-X
De cómo fue proveído en España...- De cómo el gobernador Lerma...-En que se cuenta cómo el gobernador Lerma...

CAPITULO XI
De cómo el capitán San Martín...

LIBRO SEGUNDO- CAPITULO I-II
En el segundo libro se escribe...-En que se escribe cómo...-De cómo el adelantado...

CAPITULO III-IV-V-VI
De cómo después de...-De lo que a don Alonso Luis de Lugo...-De la gran mortandad...-En que se escribe la fortuna...

CAPITULO VII-VIII-IX-X
 Que trata de cómo el general...-En que se escribe cómo...-Es que se escribe lo que le sucedió...-En que se escribe cómo el general...

CAPITULO XI-XII
 En que se escribe cómo el general...-En que se escribe la vuelta...

LIBRO TERCERO- CAPITULO I-II-III
En el tercer libro se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se declaran...-En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
 En que se escribe...-En que se escribe...-En que se escribe ...

CAPITULO X-XI-XII
En que se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO CUARTO- CAPITULO I-II
En este cuarto libro...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO III-IV
En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO V-VI-VII
En el cual se escribe...-En que se escribe...--En que se escribe...

CAPITULO VIII-IX-X
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
En el cual se escribe...-De cómo Hernán Pérez de Quesada...-

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XV-XVI
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XX-XXI-XXII
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XXIII
En el cual se escribe...-

LIBRO QUINTO- CAPITULO I-II-III
En el libro quinto...-De cómo al capitán...-Que trata de otra salida...-Que trata del asiento...

LIBRO SETIMO- CAPITULO I-II-III
En el libro sétimo...-Cómo fue nombrado...-De cómo los españoles...-Cómo los indios...

CAPITULO IV-V
Que trata de cómo...-Que trata de una rebelión...-

LIBRO OCTAVO- CAPITULO I-II-III
En el libro octavo...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se escribe...-En el cual se escriben...-En el cual se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO X-XI-XII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO NOVENO- CAPITULO I-II-III
En el libro nono...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO VI-VII-VIII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IX-X
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
 En el cual se escribe...- En el cual se escribe...
|Capítulo tercero |5. En que se escribe cómo Hernán Pérez de Quesada salió con gente en descubrimiento de la casa del Sol, y pasando por las provincias de los Laches llegó a las provincias de los Chitareros, donde ahora está poblada la ciudad de Pamplona.

 

Hernán Pérez de Quesada se quedó con el gobierno de la tierra pacíficamente, porque como los que aborrecían su gobierno viesen que sus designios habían sido descubiertos y por eso frustrados y sus capitanes Limpias y Benalcázar llevados el río abajo, todos se sosegaron y reposaron, quitando de sí todo sedicioso deseo de inquietudes y alborotos; y así, dende en adelante, toda la gente española vivió muy conforme y procuraron conservar a Hernán Pérez en el gobierno de la tierra, como por obra después lo pusieron, cuando viniendo Jerónimo Lebrón por gobernador proveído de la Audiencia de Santo Domingo, no lo quisieron recibir, como adelante más largo se tratará.

Según atrás, en el pasado libro queda dicho, el volverse el general | 6 Jiménez de Quesada del camino que para España llevaba la primera vez, fue causa la noticia que le dieron de la casa del Sol, donde se decía haber tanta cantidad de oro; pues como su hermano Hernán Pérez de Quesada, y todos los demás que en la ciudad de Santafé habían quedado, quedasen tan faltos de oro, por haberlo dado todo a los generales y a otras personas que a España iban con ellos, determinaron ante todas cosas de ir en demanda y descubrimiento de esta casa del Sol. Y así Hernán Pérez de Quesada, dejando en Santafé a los capitanes Gonzalo Suárez y Martín Galeano, que habían de ir a poblar las dos provincias de Tunja y Chipatá, con los que habían de ir con ellos a las poblaciones, según lo dejó ordenado el general Jiménez de Quesada, él se fue con ciento y tantos hombres con titulo de capitán general, llevando consigo a los capitanes Céspedes y Rivera y Martínez; y atravesando por la provincia de Tunja, sin que en ella estuviese fundado el pueblo de españoles, y por las tierras y poblaciones del cacique y señor de Sogamoso fue a salir a las provincias de los Laches, que están puestas en tierras por la mayor parte muy frías, de la otra banda del río que los españoles llaman de Sogamoso, y otros de Chicamocha, y otros de Serrano, que entra en el río grande de la Magdalena por más abajo del pueblo de La Tora.

Esta gente Lache, así en personas como en trajes, lengua y habla, supersticiones de religión, es muy diferente de la gente del Reino llamada Moxcas, |de la cual gente laches y otros naturales trataré más largamente en otra parte 7.

El primer pueblo de esta provincia de los Laches donde los españoles llegaron, fue uno llamado Ura, cuyos moradores salieron de sus casas con las armas en las manos, que son muy largas lanzas de palma, a resistir y rebatir los españoles que por sus casas se entraban, que serían hasta cuarenta hombres que iban de vanguardia, los cuales unos con otros anduvieron un buen rato porfiando con las armas, los unos por entrar, los otros por defender sus casas; pero fueron los indios Laches de este pueblo echados por los españoles, los cuales se alojaron aquel día en sus casas, que eran las paredes de piedra, aunque toscamente hechas, y las cubiertas y techos de paja.

Los indios de Ura se recogieron al pueblo de Chita, que cerca de allí estaba, donde incitaron e indinaron a los naturales de él y de otros pueblos comarcanos a que tomasen las armas contra los españoles que habían de pasar forzosamente por sus poblaciones; los cuales lo hicieron así y se juntaron más de dos mil indios con largas lanzas y macanas adornadas de una manera de estandartes hechos de plumas de guacamayas y papagayos y otros pájaros de colores, y otros de una pajuela delgada que de lejos parecen bien y lucen mucho; y como otro día saliesen los españoles del pueblo de Ura y marchasen para el de Chita, dieron en un río de aqueste mismo pueblo, llamado el río de Ura, donde fueron detenidos por la gran creciente del río, que no pudieron pasar con la brevedad que se requería, y así Hernán Pérez de Quesada, con los que al principio pudieron pasar, que serían setenta hombres, caminó hacia el pueblo de Chita, de donde ya los indios habían salido divididos en tres escuadrones, a recibir a los españoles en el camino, teniendo gran confianza en su gran número y en sus crecidas y grandes lanzas de palo.

Hernán Pérez de Quesada descubrió los indios y vio los muchos que eran; quisiera retirarse a alguna parte hasta que el resto de su gente llegase, por no poner en condición la victoria, porque esta gente Lache había dado en el reencuentro de atrás muestra de gente más belicosa y briosa que los Moxcas, y | demás de esto hacían gran ventaja a los Moxcas así en la grandeza y disposición de cuerpos como en las armas, que eran muy más peligrosas y largas que las que los Moxcas usaban. Pero los indios no dieron a Hernán Pérez lugar para que hiciese lo que quería y pretendía, porque como vieron los españoles, luégo se vinieron acercando a ellos con paso largo, y les fue forzoso a Hernán Pérez y a los que con él estaban, esperarlos y acometerlos, por no perder nada de su reputación. La resolución de esto fue que desde que los indios se acercaron a los españoles se detuvieron y repararon hasta que rompiendo por ellos los de a caballo, fueron movidos a pelear, y meneando sus toscas lanzas y macanas de palo, procuraban hacer daño a los nuestros, pero ninguna cosa les dañaron y ellos recibían en sus desnudos cuerpos, grandes lanzadas de la gente de a caballo y heridas de los peones, de que morían y caían en el suelo muchos, lo cual les hizo perder el brío que traían y aflojar en el pelear y así recibir más daño, que les constriñó a volver en poco tiempo las espaldas y darse a huir, después de dejar caídos y muertos mucha parte de los que vinieron a trabar la pelea.

Los españoles se alojaron aquel día en el pueblo de Chita, y el siguiente mrcharon adelante y fueron a dar al pueblo del Cocuy, que tendría ochocientas casas de morada, cuyos moradores se habían ausentado y desamparado el pueblo, por haberse hallado parte de ellos en la guazabara el día antes; algunos de los cuales fueron conocidos por las señales y heridas que de la pelea sacaron, siendo después tomados en algunas partes donde estaban escondidos con sus mujeres e hijos. Del pueblo del Cocuy pasaron adelante por los pueblos de Panqueba y Guacamayas y de Nuestra Señora y de los Azores, hasta llegar al valle de los Cercados, que es lo que ahora se dice valle de Tequia; gente asimismo diferente en lengua y trajes de los Leches. Llamose este valle de los Cercados porque en él tenían los indios principales sus casas cercadas de grandes cercados de palos y cañas, alcarrizos y otras ramas de árboles, todo muy tejido y tupido.

En estas poblaciones se juntaron hasta quinientos indios y esperaron al capitán Martínez, que iba delante a descubrir con treinta hombres, los cuales, aunque salieron bien pertrechados de lanzas, flechas y tiraderas, fueron con mucha facilidad desbaratados y ahuyentados de los nuestros, porque a los primeros que vieron derribar y matar no curaron de esperar a recibir más daño en sus personas, antes quedaron tan atemorizados que en cuanto duró la gente de aquesta nación y lengua ellos mismos desamparando sus casas les pegaban fuego y las quemaban antes que los españoles llegasen a ellas. Y pasando adelante fueron a dar a unos pueblos de indios que ahora sirven a Pamplona, llamados Camara y Mogotocoro, donde hallaron ciertos pedazos de cadenas de hierro y dos ollas de cobre y otras insignias de haber andado españoles por allí, como actualmente pasaba así, porque el gobernador Micer Ambrosio, que salió a descubrir de la ciudad de Coro y gobernación de Venezuela el año antes de mil quinientos veintinueve, pasando la laguna de Maracaibo, donde estuvo algún tiempo, vino a dar a las provincias de Tamalameque, y de allí se metió la tierra adentro y caminó hasta que llegó a este pueblo de Camara y provincias donde está poblada Pamplona, donde murió y fue enterrado en el valle que por él fue dicho de Micer Ambrosio, y hoy se llama de Chinácota, según en su historia más largamente se escribe.

Hernán Pérez y los demás, aunque entre ellos iban soldados de los que habían andado con Micer Ambrosio, no reconocieron luégo la tierra hasta que metiéndose más por ella pasaron por entre muchas poblaciones de indios, cuyos naturales procuraban ofender a los nuestros, como lo habían hecho a la gente de Micer Ambrosio. Pero de que llegaron a este valle de Micer Ambrosio los soldados que con Hernán Pérez iban, que se habían hallado en la muerte de Micer Ambrosio, reconocieron claramente el valle y dieron noticia de la poca población que de allí para abajo había y cuán cerca estaban de la laguna de Maracaibo; y así dieron la vuelta por el propio camino por do habían entrado, y al tiempo que los españoles se tornaban a salir de estas provincias de Pamplona, se juntaron más de mil indios de ellas y con sus armas siguieron algunos días la retaguardia de los españoles, y aunque no les mataron ningún soldado, todavía les causaron inquietud y demasiado cuidado por seguirla tan obstinadamente; hirieron algunos caballos y algunos perros de ayuda, pero como no tenían hierba no murió ninguno.

Y llegados a la provincia de Tequia y de los Cercados, Hernán Pérez tuvo noticia cierta de cómo dejaba atrás la casa del Sol, en el paraje de los pueblos del Cocuy tras de una cordillera alta y de grandes páramos que allí se hacía a las vertientes de los llanos. Hernán Pérez acordó volver a buscarla; pero temiendo que en el Reino hubiese, con su larga ausencia, algunas novedades, envió a buscar la noticia de la casa del Sol al capitán Céspedes con la mitad de la gente, y él con la otra mitad se vino a Tunja por la vía de ciertos pueblos de indios Moxcas, llamados Chicamocha y Onzaga, y otros que por este camino hay, que fuesen a salir a Tunja.

En este tiempo que Hernán Pérez de Quesada anduvo en este descubrimiento que he dicho, los capitanes Suárez y Galeano salieron a poblar los dos pueblos con la gente que les fue señalada al principio; el capitán Suárez pobló su pueblo en la provincia de Tunja, en el propio sitio donde estaban los cercados y población del cacique Tunja al tiempo que el general Jiménez lo prendió y quitó el oro, al cual llamó la ciudad de Málaga, por ser él natural de este pueblo en España. Y como este cacique Tunja era tan afamado y nombrado y el pueblo se fundó en su propia población, vino a ser tan poderoso el tiempo y el vulgo, el cual jamás llamaba a este pueblo sino Tunja, que perdió el nombre de Málaga y se quedó con el de Tunja, y así es hoy llamada la ciudad de Tunja.

El capitán Galeano pasó a la provincia de Chipatá y en ella pobló el pueblo que le fue mandado, el cual llaman la ciudad de Vélez, y con este apellido se quedó hasta este tiempo, aunque los indios por respeto de estar poblada en la provincia de Chipatá nunca la llaman a esta ciudad sino Chipatá, y a Santafé, Bogotá, por estar asímismo poblada en la provincia de Bogotá.

 

|Capítulo cuarto En que se escribe la falta de mantenimiento que en Santafé hubo y la causa de ello, y cómo por haber quedado en ella poca gente española se quisieron rebelar los naturales y fue atajada y castigada su rebelión.

 

Salidos de la ciudad de Santafé los capitanes Suárez y Galeano con su gente a poblar los pueblos dichos, quedó muy poca gente en ella, y por justicia el capitán Juan Tafur, que a la sazón era alcalde ordinario, que es el más preeminente cargo que en la república se suele dar; el cual por conservar la paz de los indios Moxcas de la provincia de Bogotá, procuró no hacerles daño ninguno en sus comidas, que era el mayor que en esta sazón podían recibir; y como los españoles aun hasta este tiempo no se hubiesen dado a labrar ni sembrar sino siempre se sustentasen de lo que los indios sembraban y cogían para su sustento, tenían por este respecto puesto en gran trabajo y necesidad a los naturales Moxcas de esta provincia de Bogotá | 8, y a esta causa también los españoles eran necesitados a buscar maíz para sustentarse; y por excusar y relevar de trabajo a estos naturales, el capitán Juan Tafur hacía que fuesen por ello a las provincias de los Panches, donde habla gran abundancia de maíz, por ser la tierra tan fértil y fructífera, y traído que era al pueblo el maíz, era por el capitán repartido entre todos los vecinos conforme a lo que cada uno habla menester, y con este trabajo se sustentaron muchos días y meses.

Y por ser la gente y naturales de los Panches tan belicosa y osada, le era y fue necesario al capitán Juan Tafur enviar todos los españoles a que hiciesen alto a los indios que hablan de traer el maíz, y él se quedaba en el pueblo con solo ocho compañeros, de donde vinieron algunos caciques y principales Moxcas de la provincia de Bogotá a quererse rebelar y dar sobre la gente poca que en el pueblo quedaba, lo que no fue tan oculto que no tuviese de ello noticia el capitán Juan Tafur, y haciendo prender los caciques y principales que trataban de esta rebelión y alteración, y averiguado el delito bastantemente, hizo justicia de algunos de ellos, con que se aseguraron los demás y dende en adelante no trataron de hacer cosa indebida, y los españoles se sustentaron con este trabajo hasta que dieron en que los indios les hiciesen particulares sementeras y labranzas para su sustento.

Los capitanes Hernán Pérez de Quesada y Céspedes siguieron sus derrotas y jornadas por sus diferentes caminos, a salir a Tunja; aunque llegado el capitán Céspedes a la provincia del Cocuy 9 | y procuró saber de la casa del Sol y allí halló guías que le guiaron a ella, la cual, como he dicho, estaba en un valle pasada la cordillera que junto a esta provincia de los Laches está hacia las vertientes de los Llanos. Los indios que en esta casa del Sol idolatraban y habían ofrecido gran cantidad de oro, tuvieron noticia de cómo los españoles iban en busca y demanda de ella, y acudieron con presteza temiendo que diesen con ella, y sacando  el oro de petacas en que lo tenían puesto sobre unas altas barbacoas hinchieron las petacas de muy grandes guijarros y dejáronlas allí, con que burlaron muy graciosamente la codicia de los españoles.  El capitán Céspedes, con las guías que tenía, atravesó la cordillera y dio en el valle y bohío de la casa del Sol, al cual decían llamar de este nombre porque en cierta culata alta tenían puestos unos platos o patenas de oro que cuando el sol les daba resplandecían y se veían de muy lejos; y como el capitán Céspedes y los que con él iban entrasen en el bohío y viesen las petacas puestas en alto y liadas y atadas y de gran peso, entendieron y creyeron que verdaderamente lo que dentro estaba era oro. Mas después que las abrieron vieron claramente la burla que por los bárbaros se les había hecho. Hallaron en este bohío algún oro y un rastro de haber habido en él muy gran cantidad de oro; y hallaron muchas cuentas que entre los indios tienen valor, y unos caracoles grandes de la mar, colgados. Dícese que en este santuario o bohío de la casa del Sol había muy ricos enterramientos y de mucho oro, los cuales Céspedes, por no detenerse y ser cosa incierta, no consintió cavar, y se torné a salir a los pueblos del Cocuy, y que estando allá descansando los indios ladinos que los servían, que eran Anaconas, de Perú, y otros Moxcas, volvieron a este santuario de la casa del Sol, que no debía de estar muy lejos, por haber de las cuentas que en él habían quedado, y que al tiempo que bajaban una cuesta abajo a dar en él, vieron gran cantidad de indios que en él andaban, y para ahuyentarlos y que pensasen que eran españoles, los Anaconas se les mostraron desde lejos y les dieron grita, y así los indios, entendiendo que eran españoles los que tornaban desamparando el santuario huyeron, y bajando los indios a él hallaron que habían cavado muchas sepulturas, de donde parecía que habían sacado cantidad de oro, por lo que por allí hallaron derramado y esparcido de lo que los indios habían sacado.

Dieron de ello aviso al capitán Céspedes que estaba en Cocuy, el cual envió algunos soldados a que viesen si quedaban más sepulturas; los cuales hallaron todas las más cavadas, y algunas que quedaban por cavar abrieron y sacaron de ellas poca cantidad de oro, porque debían ser de señores probes | 10 , y con esto se volvieron al Cocuy, y de allí se vino Céspedes y la demás gente a Tunja, donde dende a pocos días los señores y caciques del Reino, así de la provincia de Tunja como de Bogotá, trataron de rebelarse | 11 generalmente contra los españoles. Dícese que a ello fueron inducidos por los mohanes y jeques que a manera de sacerdotes tienen cargo del servicio de los templos y de la veneración de los simulacros e ídolos con quien tienen sus oráculos y pláticas, por medio de los cuales el demonio hablaba a los jeques diciendo que la diversidad de sus dioses estaban airados contra ellos porque consentían permanecer y estar en la tierra a los españoles, con cuya presencia había de venir a menos su veneración, y que debían procurar echarlos de ella para que su idolatría fuese adelante; y que por esta vía fueron promovidos los caciques de los jeques a tratar una general conspiración, que así se puede y debe decir, pues en ella trataban de matar generalmente a todos los españoles.

Pero la más cierta ocasión y causa de esta conspiración era y fue que a esta sazón los encomenderos empezaban a pedir a los indios de sus encomiendas los tributos y demoras que por razón de las encomiendas les habían de dar, y como en esta sazón no había ninguna tasa ni moderación en elevar y pedir de los tributos, sino que cada un encomendero pedía lo que le parecía, y los indios y señores principales no estaban aún hechos a este yugo y entonces lo empezaban a recibir, quisieron ver si lo podrían echar de sí con tiempo o antes de tiempo, así trataron esta rebelión general, la cual ordenaban hacer efectuar de esta manera: que cada cacique o principal, en cierto día señalado había con sus sujetos de dar en la casa de su encomendero, y matarlo y quemarlo dentro; y para que este trato y concierto no fuese descubierto por los indios ladinos que servían a los españoles, de la propia nación Mosca, fueles dado parte de ello, y por parte de los señores, prometido grandes remuneraciones por el secreto, y por parte de los jeques y personas que por tratar con los simulacros e ídolos eran tenidos en gran veneración y temidos espiritual y temporalmente, les eran puestos grandes temores y amenazas con el castigo de la ira de sus dioses, los cuales serían contra ellos indignados si descubrían el hecho de la rebelión; y con esto no sólo propusieron los indios ladinos el guardar todo el secreto, pero se ofrecieron de tomar los frenos de los caballos y esconderlos y ponerlos en cobro, de suerte que no se pudiesen aprovechar de su ferocidad y ayuda, y las indias ladinas asímismo, por tener particular entrada en los aposentos y y cámaras donde los españoles sus amos dormían, se ofrecieron de tomarles las armas, espadas y rodelas, a tiempo conveniente que no se pudiesen aprovechar de ello.

Y determinados todos los naturales Moxcas de poner de la forma dicha en efecto esta su rebelión, para por esta vía recobrar su libertad y llevar adelante sus idolatrías y gentilidades, luégo se dieron a hacer armas y otros pertrechos de guerra para si en alguna manera hubiese algunos españoles que se defendiesen, tener con qué ofenderles, porque en las guerras y conquistas pasadas habían despendido todo el almacén de armas que tenían.

Atribúyese al cacique Tunja el trato y movimiento de esta rebelión, porque demás de declararlo así después muchos indios, este bárbaro, como había sido más agraviado que otro ninguno por los españoles, por el oro que le tomaron y larga prisión en que le tuvieron, deseaba haber entera venganza de sus enemigos, y así lo procuraba; y ciertamente ello se efectuara y pudiera ser, con muerte de todos los más de los españoles, si no permitiera Dios verdadero que con tiempo fuera descubierta esta trama por una india ladina, natural de la provincia de Duitama, que servía al capitán Maldonado, que era encomendero de la propia provincia y cacique de Duitama. Esta india, estando en la ciudad de Santafé con su amo y señor, le dijo lo que en la provincia de Tunja quedaba ordenado y tratado, y que, si con tiempo no lo remediaban, que en breve verían la perdición y ruina de todos los españoles. De lo cual, para satisfacción de la justicia, se procuró, con todo secreto, haber información, y se halló ser verdad la conspiración; lo cual sabido por Hernán Pérez de Quesada, justicia mayor del Reino, procuró castigar esta conspiración con el menor alboroto que se pudiese, y para este efecto se aprovechó curiosamente de una ocasión que a la mano hallé.

En el pueblo de Tunja es costumbre muy antigua que de cuatro a cuatro días se hacía y hace un mercado dentro del propio pueblo de el cacique, a donde acudían a tratar y contratar, vender y comprar, infinita gente de todos estados, al cual asímismo venían muchos caciques y señores principales, así por contemplación del cacique Tunja, en cuyo pueblo se hacía, como por sus particulares intereses y granjerías, de las cuales nunca se despreciaron estos bárbaros, por grandes y principales señores que fuesen, porque todos en general son dados a la avaricia; aunque algunas personas graves los han querido hacer exentos de este vicio. Pues con esta ocasión trató Hernán Pérez con el cacique y señor de Tunja que deseaba ver un mercado muy grande y suntuoso donde interviniesen muchos de los señores y personas principales de su territorio y hubiese gran concurso de gente en él. El cacique Tunja, como estuviese saneado de su gente, que no habrían descubierto el motín, ni él tampoco era de tan agudo juicio y entendimiento como se requería para presumir la intención de Hernán Pérez de Quesada, al primer mercado hizo juntar todos los más de los caciques y principales comarcanos, y para más autoridad se quiso él hallar presente, donde se juntó muy gran copia de gente, y todos quitados de presumir el designio de Hernán Pérez, el cual cuando más segura la gente en el mercado estaba, hizo salir los españoles armados, así a pie como a caballo, y que le cercasen y asegurasen el mercado, de suerte que ninguna persona saliese de él, y él propio, con algunos de sus amigos y ministros, se metió por entre los principales y caciques, e informándose de quién era cada uno, empezó por el cacique y señor de Tunja, al cual por su propia mano cortó la cabeza con un alfanje que para el efecto traía, y lo mismo hizo a todos los demás caciques principales que en el mercado había; donde, con la sangre de los más culpados, castigó y amedrentó a todos los menores, de suerte que no hubo tan presto quién tornase a tratar de otra conspiración.

Esto sucedió el año cuarenta en Tunja, a poco tiempo después poblada la ciudad de Málaga por los españoles.
 

5 Desde aquí  cambia en el manuscrito la letra y ortografía. Se ven los bordes cortados de diez y nueve líneas de la página están tachadas y su texto corresponde al final del capítulo segundo. A partir de esta página los cortes y tachaduras son más frecuentes y, además, se observan en los márgenes resúmenes del contenido. Vale la pena anotar que en la edición hecha por la Real Academia de la Historia, Madrid, no se menciona este hecho tan llamativo.
6  Al margen está escrito y tachado |Don Gonzalo.
7  Tachado en el original lo impreso en bastardilla. Es una referencia sobre partes suprimidas en el manuscrito.
8  En el manuscrito dice siempre "Vogotá"; sin embargo, en todos los casos, salvo en algunos muy raros, debidos sin duda a omisión, entre los brazos de la "V" está escrita una "b". Véase también la nota 11 del mismo libro.  
9  La palabra " |Cocuy" está tachada en el texto y puesta entre líneas "Cucuy".  
10  Por "pobres".  
11  En la palabra "revelarse" se escribe entrre los brazos de la "v" la letra "b". Esto ocurre generalmente (véase nota 8 del mismo libro). Se trata de corrreciones ortográficas que abundan en los libros siguientes, donde se lee frecuentemente, por ejemplo: "hir" por "ir"; "heran" por "eran"; "husan" por "usan"; "unavio" por "un navío"; "questando" por "que estando"; "aquisto yo" por "aquí estoy yo"; "desotros" por "de estos otros"; "quezia" por "que decía"; "lipuscoano" por "guipuzcoano"; "via" por "veia"; "hacer beruos" por "hacer verbos"; "acomado" por "acomodado"; "mira, i, matáme" por "mirad, id, matadme"; "todos los bienes que hen ella astes" por "todos los bienes que hallasteis"; "oydio" por "odio"; "perlado" por "prelado"; "conversación" por "conservación", etc. No anotaremos todas estas formas ortográficas en cada caso particular para no entorpecer la lectura del texto; pues, de lo contrario, sería infinito el número de nota. Lo apuntamos aquí con el fin de que los interesados en esta clase de estudios no ignoren la extraordinaria fuente que presentan estos libros de la "Recopilación"; pero, aconsejamos la investigación de la fuente misma, pues si la transcripción que hizo Jerónimo Becker es cuidadosa, contiene, no obstante, muchos errores literales.

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