INDICE




Introducción

CAPITULO I
 Fray Antonio Medrano

CAPITULO II
 Fray Pedro Aguado

CAPITULO III
 Medrano y Aguado

CAPITULO IV
 Medrano, Aguado y su época

CAPITULO V
 Fuentes de la Recopilación Historial

CAPITULO VI
 Títulos de las obra

CAPITULO VII
Historias o compendios

CAPITULO VIII
 La tabla

CAPITULO IX
 Los manuscritos de la versión final

CAPITULO X
 La censura
Anexos

PRIMERA PARTE
 Recopilación historial resolutoria...
Tabla de la primera parte

LIBRO PRIMERO- CAPITULO I-II-III-IV
En el libro primero...-Que trata de quién fue...-Que trata de quién fue...-Que trata de cómo el gobernador...-Que trata de cómo los amotinados...

CAPITULO V-VI-VII
De lo que al capitán amotinado...-Que trata de cómo la Audiencia...-De cómo los dos gobernadores...

CAPITULO VIII-IX-X
De cómo fue proveído en España...- De cómo el gobernador Lerma...-En que se cuenta cómo el gobernador Lerma...

CAPITULO XI
De cómo el capitán San Martín...

LIBRO SEGUNDO- CAPITULO I-II
En el segundo libro se escribe...-En que se escribe cómo...-De cómo el adelantado...

CAPITULO III-IV-V-VI
De cómo después de...-De lo que a don Alonso Luis de Lugo...-De la gran mortandad...-En que se escribe la fortuna...

CAPITULO VII-VIII-IX-X
 Que trata de cómo el general...-En que se escribe cómo...-Es que se escribe lo que le sucedió...-En que se escribe cómo el general...

CAPITULO XI-XII
 En que se escribe cómo el general...-En que se escribe la vuelta...

LIBRO TERCERO- CAPITULO I-II-III
En el tercer libro se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se declaran...-En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
 En que se escribe...-En que se escribe...-En que se escribe ...

CAPITULO X-XI-XII
En que se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO CUARTO- CAPITULO I-II
En este cuarto libro...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO III-IV
En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO V-VI-VII
En el cual se escribe...-En que se escribe...--En que se escribe...

CAPITULO VIII-IX-X
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
En el cual se escribe...-De cómo Hernán Pérez de Quesada...-

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XV-XVI
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XX-XXI-XXII
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XXIII
En el cual se escribe...-

LIBRO QUINTO- CAPITULO I-II-III
En el libro quinto...-De cómo al capitán...-Que trata de otra salida...-Que trata del asiento...

LIBRO SETIMO- CAPITULO I-II-III
En el libro sétimo...-Cómo fue nombrado...-De cómo los españoles...-Cómo los indios...

CAPITULO IV-V
Que trata de cómo...-Que trata de una rebelión...-

LIBRO OCTAVO- CAPITULO I-II-III
En el libro octavo...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se escribe...-En el cual se escriben...-En el cual se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO X-XI-XII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO NOVENO- CAPITULO I-II-III
En el libro nono...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO VI-VII-VIII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IX-X
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
 En el cual se escribe...- En el cual se escribe...
| LIBRO CUARTO

 
|En este cuarto libro se escribe la entrada de los capitanes Benalcázar y Federmán en el Nuevo Reino, y su ida, juntamente con el general Jimenez de Quesada, a España; la población de las ciudades de Vélez y Tunja; las jornadas que Hernán Pérez de Quesada hizo en descubrimiento de la casa del Sol y del Dorado y el suceso de ellas, y la subida de Jerónimo Lebrón, gobernador proveído por Santo Domingo al Reino; la jornada que el capitán Maldonado hizo a los Palenques; la venida del adelantado don Alonso Luis de Lugo a Indias, y lo que en el Nuevo Reino hizo, y cómo para que le temas, residencia a el y a otros gobernadores fue proveido el licenciado Miguel Díaz Armendáriz, con el suceso de su gobierno, y cómo fue proveída Audiencia de presidente y oidores en el Nuevo Reino; y el tiempo en que se asentó; y los oidores que ha habido en ella hasta este tiempo, con otros muchas cosas y sucesos que ha habido en las ciudades de Santafé, Tunja y Vélez, hasta este tiempo, asi entre Indios y españoles, como los españoles solos entre sí. 

 
|Capítulo primero  En el cual se escribe la salida de los capitanes Sebastián de Benalcázar | 1 y Federmán | 2 de Perú y de Venezuela a descubrir tierras nuevas, y cómo vinieron entrambos con su gente en un mismo tiempo a dar en el Nuevo Reino de Granada, después de haber un año que lo habían descubierto y estado en él el general Jiménez de Quesada.

 A esta provincia del Nuevo Reino de Granada se vinieron a juntar y salir los capitanes Federmán y Benalcázar, tenientes de gobernadores, que algunos años antes que el general Jiménez de Quesada habían salido con gente española de muy diferentes provincias a descubrir nuevas tierras, y aun casi en demanda de este Nuevo Reino, porque el capitán Nicolás Federmán, teniente de Jorge Espira, gobernador de Venezuela, saliendo de la ciudad de Coro, poblada en la costa del Mar del Norte, casi en demanda de esta propia tierra, se pasó de la otra parte de la laguna de Maracaibo, con designio de seguir un camino que pocos años antes había llevado Micer Ambrosio, gobernador de la propia provincia, por el cual había llegado a los términos que ahora tiene la ciudad de Pamplona, que confinan con la gente Mosca, donde Micer Ambrosio torció la vía y erró la tierra, como en su historia se cuenta; pero arrepintiéndose de ello, se volvió de las provincias de Pacabueyes y valle de Upar, con toda su gente, a atravesar la laguna de Maracaibo y a seguir su descubrimiento por la vía de los llanos de Venezuela, por donde su gobernador Jorge Espira había entrado a descubrir, el cual, de industria, erró en el camino, y prolongando las sierras y cordillera de la tierra del Nuevo Reino, que caen sobre estos llanos, intentó diversas veces de atravesarlas, y nunca pudo, hasta que llegó al paraje del pueblo de Nuestra Señora, donde al presente está poblada la ciudad de San Juan de los Llanos, y por hallar por allí mejor y más apacible camino para atravesar la cordillera, se metió por la serranía adelante, y pasando por grandes montañas y Sierras y frigidísimos páramos, vino a parar a las tierras de mil cacique Mosca, sufragano a la ciudad de Santafé, llamado Pasca, donde a la sazón estaba el capitán Lázaro Fonte, a quien por cierto desacato habla el general Jiménez de Quesada condenado a cortar la cabeza, y por ruego de todos los españoles le conmuté la sentencia en que estuviese con unos gruesos grillos de hierro a los pies en este pueblo de Pasca, que aún no estaba bien de paz, con rigor y apercibimiento de que si se quitaba los grillos y se le averiguaba, se ejecutarla en su persona la pena de muerte.

Este capitán Lázaro Fonte tuvo noticia de los indios naturales cómo por aquella parte de la cordillera y páramos que caen sobre los llanos entraban españoles o gentes de la propia suerte que los que en el Reino estaban, y traían caballos y perros; que esta noticia más la daban por señas que por palabras, porque no había indio en aquel pueblo que supiese hablar la lengua española o castellana 3; | y entendiendo el capitán Lázaro Fonte, por lo que los indios le daban a entender, ser españoles, dio aviso de ello a1 general Jiménez de Quesada, escribiéndoselo en un pedazo de cuero de venado, que era el papel que entonces se usaba, y la tinta era hecha del betún que llaman bija, que era colorada.

El general, recibida la carta, presumió que fuese lo que en ella venía escrito, compuesto por Lázaro Fonte, porque le diese libertad y lo mandase venir; mas con esta sospecha no dejó de enviar ciertos españoles que fuesen a certificarse si era verdad que de aquella parte de la sierra venía gente, como se le había escrito, porque al tiempo que Lázaro Fonte dio el aviso, aún no sabía qué gente era ni de dé venían, ni qué superior traían; y estando así suspenso el general Jiménez y toda su gente esperando la certidumbre de qué gente fuese la que por los páramos de Pasca entraba, le dieron otra nueva los indios de la tierra, diciendo que de la otra banda del río grande, junto a la provincia de Neiva, habla muchos españoles con caballos y gran cantidad de puercos, que fueron los primeros que entraron en el Reino; y aunque de estas cosas no sabían los indios los nombres propios, por señas lo figuraban y daban a entender. Esta gente que salió a la provincia de Neiva y después vino a entrar en este Nuevo Reino, por cierto pueblo llamado Tibacuy, era el capitán Benalcázar, que después fue adelantado de Popayán, que habiendo salido de las provincias del Perú, por comisión del gobernador de ellas, don Francisco Pizarro, que después fue marqués, venía descubriendo nuevas tierras y camino para que por tierra se tratase la provincia de Perú con la Mar del Norte, y cuando llegó a este paraje de Neiva, dejaba ya descubierta toda la gobernación que por él fue dicha de Benalcázar, y ahora se dice de Popayán.

El general Jiménez de Quesada, teniendo ya entera noticia de cómo los españoles que por Pasca entraban era gente de Venezuela, procuró saber asimismo qué gente fuese estotra, y cómo venía; porque al tiempo que salió de Santa Marta, hubo nueva en aquella ciudad que en Perú se habían amotinado ciertos capitanes, y temía no fuese alguno de ellos, que se hubiese metido huyendo la tierra adentro, y para este efecto envió a su hermano Hernán Pérez de Quesada y al capitán Céspedes con otros doce de a caballo y doce peones, para que viesen y reconociesen la gente que era, y le diesen de ello aviso, y asimismo envió al capitán Pero Fernández de Valenzuela que fuese con otros ciertos caballeros a recibir a Federmán, y a darle la enhorabuena de su llegada y a reconocer la gente que traía, y que procurasen que se juntasen todos y se sometiesen debajo de su dominio y jurisdicción. El capitán Valenzuela fue a Pasca, y vio a Federmán y a su gente, y vio cuán distraídos venían de vestidos y trabajados del camino, por respecto de haber sido tan largo; y diose tan buena orden en todo, que trajo fácilmente con su discreción y prudencia, que era mucha, a Federmán, y que haría lo que quisiese el general Jiménez de Quesada; y dejando encargada su gente al capitán Pedro de Limpias, se vino a Santafé a ver con el general Jiménez, donde fue muy bien recibido, y se confederaron los dos generales muy amigablemente, que fue asegurar un paso harto peligroso, como luégo se dirá; porque el general y teniente Federmán, como en aquella sazón la gobernación de Venezuela era de los Berzares, mercaderes alemanes, pretendió al principio que la tierra del Reino entraba en su gobernación; pero de todo esto se apartó, como he dicho, con designio y palabras de ser él y su gente amigos del general Jiménez de Quesada, y ser aprovechados todos de lo que en la tierra hubiese, y así se volvió a Pasca para traer toda su gente a la ciudad de Santafé.

Hernán Pérez de Quesada, que había ido a reconocer la gente y españoles que hablan llegado a Neiva, pasó el río grande, y luégo dio en el rastro de la gente de Benalcázar, por el cual y por las rancherías y alojamientos que hacían, reconocieron ser mucha gente, y recatadamente lo fueron siguiendo, hasta que lo descubrieron en una provincia llamada la Sabandija, llamada de este nombre por cierta manera de arañas o mosquitos que en ella se crían, que picando en la carne alzan la roncha, y queda en ella gran dolor y escocimiento por tres o cuatro horas. Hernán Pérez de Quesada, como descubrió el alojamiento de los de Benalcázar, se encubrió en una pequeña montaña con la gente que con él iba hasta ver si podía haber alguna persona de los de Benalcázar, de quien se informase y supiese lo que pretendía, y para este efecto envió seis peones por la falda del monte, que se pusiesen en salto, en parte donde hubiesen algún español o indio ladino desmandado. Los seis soldados fueron a dar a un río que pasaba por el alojamiento de los de Benalcázar, donde hallaron tres soldados pescando, y prendieron los dos y el otro se les fue por pies, los cuales trajeron donde Hernán Pérez estaba, y de ellos se informó quiénes y cuántos eran, y el capitán que traían, y la derrota que llevaban que era descubrir hasta la Mar del Norte, a los cuales Hernán Pérez dijo asimismo por quién era enviado y dónde estaban, y la tierra que tenían descubierta, y cómo no había salido de Santafé más de avisarles que iban perdidos, y con esto los solté y envió a su alojamiento, el cual hallaron muy alborotado y puesto en arma, con la nueva que el soldado que se huyó en la pesquería les había dado; y sabida la realidad de la verdad por Pedro de Puelles, que por ausencia de Benalcázar tenía a su cargo la gente que allí estaba, porque en esta sazón había ido el general Benalcázar a descubrir con gente, fue asegurado, y para más asegurar envió dos hidalgos de los principales del campo, el uno llamado Juan Cabrera y el otro el capitán Melchor de Valdés, a que hablasen a Hernán Pérez de Quesada y a los que con él estaban, y le saludasen y asegurasen de su parte que podía ir sin recelo ninguno a su alojamiento y holgarse con ellos algunos días.

Hernán Pérez de Quesada lo hizo así y fue bien recibido de Pedro de Puelles y de los que con él estaban; y aquella misma noche vino el general Benalcázar a su alojamiento, llamado de su alcalde mayor Pedro de Puelles; y el día siguiente, después de haber oído misa, se trataron y comunicaron muy familiarmente, y Hernán Pérez de Quesada fingió haber sido enviado por su hermano, el general, a avisar a Benalcázar que no se metiese en descubrir por aquella vía la Mar del Norte, que se perdería, por haber en su compañía personas que habían andado aquella tierra, y visto su maleza y espesura de montañas. Benalcázar se lo agradeció y se ofreció a él y a otras personas principales que en su compañía iban, que recibiesen de él algunas dádivas, como eran ropas de vestir, porque en su hábito daban a entender la necesidad que de ellas tenían, porque iban todos vestidos de ropa de algodón, por defecto de no tener otra cosa, y así los soldados de Benalcázar burlaban de los vestidos y hábitos que llevaban los de Jiménez; porque como ellos habían salido de Perú, tierra muy rica y próspera, iban bien pertrechados de todo lo necesario de cosas de España, para el ornato de sus personas, como eran ricos vestidos de sedas y finos paños, vajillas de plata, cotas de malla, y gran servicio de indios de Perú, y mucha cantidad de puercos para su sustento, y en todo hacían gran ostentación, y muestra de no padecer ninguna necesidad; y como he dicho, Hernán Pérez y los que con él iban, si no eran los caballos y sus personas, espadas y hierros de lanzas, otra cosa no podían decir que llevaban, ni tenían de España; y con toda esta necesidad, jamás pudieron abatir a los del Reino que recibiesen de ellos alguna cosa de las muchas que les ofrecían, y concluyendo en todo Hernán Pérez de Quesada, recibió palabra y fe de Benalcázar, que no pasaría del río grande hacia el Reino, pues le constaba que juntamente el general Jiménez y su gente poseían aquella tierra, y con esto se volvió muy contento a Santafé, donde su hermano estaba, y le dio entera relación de todo lo que pasaba; pero Benalcázar no pudo cumplir su palabra, porque fue forzado a quebrantarla por sus soldados que tuvieron deseo de ver qué tierra era el Reino, en la cual pretendían permanecer los del general Jiménez de Quesada, y así pasando luégo el río grande, se vino con su gente a alojar a un pueblo de indios Moscas de la provincia de Bogotá, llamado Tibacuy, donde tuvo noticia de cómo la gente de Federmán estaba en Pasca alojada; y a esta sazón había ido el mismo Federmán, según he dicho, a Santafé a verse con el general Jiménez.

Benalcázar, sabida esta nueva, y habiéndole parecido bien a él y a sus soldados la tierra donde estaba, y principio que de ella había visto, deseando apoderarse en ella, escribió una carta a Federmán induciéndole a que entrambos juntasen su gente, que eran cada ciento sesenta hombres, y apoderándose de toda la tierra del Reino, echasen de ella al general Jiménez de Quesada. Esta carta llegó a poder de Pedro de Limpias, a quien con su gente había dejado Federmán, el cual se holgó mucho de verla, y deseé que lo que Benalcázar escribía, se efectuase; pero como Federmán estuviese ya, según se ha dicho, confederado con el general Jiménez, y fuese hombre de pundonor y amigo de cumplir su palabra, no se curó de lo que Benalcázar le escribía, ni de lo que su capitán Limpias deseaba; y así tomó toda su gente y se fue la vuelta de Santafé, donde le fue hecho a toda su gente muy buen recibimiento, saliendo todos los de la ciudad en orden de guerra fuéra de ella a recibirlos, para más obligarlos a su amistad.

En este ínterin supo el general Jiménez de Quesada cómo Benalcázar, contra lo que había prometido, se había entrado por la tierra del Reino, y estaba alojado en Tibacuy, adonde le envió a decir con el capitán Céspedes y otras personas principales, que por qué iba contra lo que había prometido, y que se debía abstener de no pasar adelante por la tierra que él tenía ya conquistada y pacificada, si no quería inventar y ser causa de discordias nuevas. Céspedes llegó a Tibacuy y dio relación de su embajada a Benalcázar, el cual pretendía ser suya la gobernación del Reino por cierta cédula que la princesa le había dado, para que descubriese y fuese gobernador de lo que había entre la Mar del Sur y la del Norte, de tal parte a tal parte. Benalcázar, sabido cómo Federmán se había juntado con su gente al general Jiménez de Quesada, perdió de todo punto la esperanza que tenía de apoderarse en la tierra del Nuevo Reino, y así se entretuvo en Tibacuy algunos días con mensajes que de una parte a otra iban, hasta que ordenaron de que él y el general Jiménez se viesen y hablasen, el cual, dejando su gente alojada en Tibacuy, se fue con quince hombres de a caballo a la ciudad de Santafé, donde juntándose todos tres generales y tenientes de gobernadores, trataron en dar orden en lo que convenía para la paz y quietud de los españoles y perpetuidad de la tierra.

La gente y soldados de Benalcázar, como venían del Perú, donde siempre se deseaban novedades, siguieron luégo tras de su general, y cuando no pensaron, supieron en Santafé cómo estaban dos leguas de allí, en un pueblo de indios llamado Bosa, a donde les llegó mandado de su general Benalcázar que se alojasen y de allí no pasasen hasta que se lo mandase.

Los tres generales, tratando en sus confederaciones, concertaron que por la pretensión que cada uno decía tener a la tierra del Nuevo Reino, que la gente de Federmán quedase en ella, como más pacífica, con la del general Jiménez, y que de los de Benalcázar, como gente más briosa, solamente quedasen cuarenta hombres, a los cuales Jiménez diese de comer, y el resto de la gente fuese con el capitán Juan Cabrera a poblar la tierra que atrás dejaba Benalcázar descubierta, y todos estos soldados que en el Reino habían de quedar, quedaban debajo de la jurisdicción de la justicia que por mano del general Jiménez de Quesada les fuese puesta, donde poblando otros pueblos serían todos aprovechados y remediados, y que las tres cabezas se fuesen juntos a España a dar cuenta al Rey de lo que había y pretendían, donde Su Majestad haría lo que fuese justicia; y con este acuerdo los dos capitanes, Benalcázar y Federmán, vendieron lo que traían, de que cada uno hubo quince o veinte mil pesos, y juntando sus gentes, estuvieron cierto tiempo todas debajo de la jurisdicción y dominio del general Jiménez de Quesada, en tanto que los bergantines en que habían de navegar el río abajo, se hacían.

 

|Capítulo segundo En el cual se escribe cómo el general Jiménez de Quesada mandó hacer bergantines, para en que él y los demás capitanes se fuesen el río abajo a Cartagena, y cómo Benalcázar tomó a intentar de quedarse | 4 con la tierra.

 

 

Hecho el concierto referido, entre los tres, capitanes, Jiménez de Quesada luégo propuso ponerlo por la obra, para el cual efecto envió al capitán Albarracín con gente a una provincia y pueblo llamado Guataquí, que es en la provincia de los Panches, cerca de donde después se pobló la ciudad de Tocaima; porque por esta provincia y pueblo de Guataquí pasa el río grande de la Magdalena, que teniendo sus nacimientos arriba de las provincias de Neiva, se junta con las aguas que manan y corren de las provincias de Bogotá, y hacen un caudaloso río, llamado el río de Bogotá, que es otro ramo y nacimiento del río grande. Estos dos ríos se imitan ocho leguas antes de esta provincia de Guataquí, y cuando vienen a pasar por ella juntos, son ya tan caudalosos y van tan llanos que se puede navegar por ellos. De estos dos ríos, que son exordio y principio de este río grande, trataremos más particularmente adelante.

En tanto que el capitán Albarracín con la gente que se le había dado, se entretenía haciendo los bergantines, los tres generales se estaban en la ciudad de Santafé cada cual entre sus amigos y conocidos procurando el más oro que podía para España, y procurando pacificar por mano del general Jiménez de Quesada, en quien había quedado la administración de la justicia, como antes se la tenía, la tierra de Bogotá, porque con la mucha gente española que a la provincia había ocurrido en tan breve tiempo, intentaron los indios novedades por no poderlos sustentar, a fin de que con la falta de la comida se fuesen de la tierra y el nuevo señor de Bogotá, que al tirano Sagipa había sucedido, asimismo se había rebelado y recogido con toda su gente a una provincia llamada Tena, y en cierto sitio acomodado para ello se había fortalecido y recogido con toda su gente, desamparando de todo punto sus pueblos.

El general Benalcázar envió a su capitán Juan Cabrera con toda la más de su gente, que se fuese la vuelta de Neiva, y por allí se entretuviese hasta ver si él les enviaba a llamar; porque Benalcázar, como era hombre de mucho brío y ambicioso, deseaba con gran instancia quedar con el gobierno del Reino, y ayudaban a esta su natural condición e inclinación algunos soldados de los del general Federmán, que deseaban que hubiese novedades, y a ello incitaba mucho el haber el general Jiménez de Quesada tratado de dejar por su teniente y por justicia mayor en el Reino a Hernán Pérez de Quesada, su hermano, al cual muchos soldados, por sus particulares pasiones, tenían por indigno e incapaz del cargo, y quisieran que quedara con el uno de los tres generales; y como en el general Benalcázar veían muestras y apariencias de ser y estar aficionado a la tierra, y desear el gobierno de ella, no faltó quien trató con él lo que muchos soldados deseaban y tenían en voluntad, aborreciendo, como he dicho, el gobierno de Hernán Pérez.

Benalcázar, como hallase este aparejo y se le diese esta noticia, trató y concertó que porque de intentar su quedada en el Reino, si se intentaba como algunos querían, en la ciudad de Santafé, donde a la sazón residían, podía seguirse algún perjudicial tumulto y alboroto, por estar el general Federmán y los más de sus soldados de la parcialidad y opinión del general Jiménez de Quesada, y todos juntos en Santafé, que debían dilatar el nego­cio para el tiempo del embarcar en Guataquí, donde el capitán Pedro de Limpias, que con más instancia deseaba este negocio, llegaría con amigos suyos, y fingiendo que forzaban a Benalcázar a que se quedase en la tierra, y echarían mano de él, y lo retendrían por fuerza, y harían que los otros dos generales prosiguiesen su viaje, y con este trato y resolución llegó el tiempo en que los bergantines de todo punto se acabaron e hicieron, en el cual el general Jiménez de Quesada procuró asímismo dar asiento en todo lo que en la tierra se había de hacer; ordenó que luégo que él se fuese el río abajo, se poblasen otros dos pueblos de españoles en los términos del Reino, que es la gente Mosca, y que el uno fuese a poblar el capitán Gonzalo Suárez Rondón, en la tierra del cacique y señor de Tunja, y el otro fuese a poblar el capitán Martín Galeano, en tierra del señor de Chipatá, que es una provincia cercana al valle de la Grita, por, donde entró el mismo general y su gente, cuando entró en este Nuevo Reino; y juntamente con esto repartió los naturales que en estas dos provincias había, en los que las habían de ir a poblar, y dejando recibido por el cabildo de Santafé, y por toda la demás gente que en el Reino había, de quedar por teniente general y justicia mayor a su hermano Hernán Pérez de Quesada, así de la ciudad de Santafé como de los demás pueblos que se poblasen, se fue a embarcar con los otros dos generales y otras muchas personas principales que habían habido cantidad de oro, con que podían vivir muy holgada y descansadamente en su tierra.

 

A esta sazón había salido de la ciudad de Santafé el capitán Pedro de Limpias con gente a echar fuéra del valle de Tena al señor de Bogotá, que como se ha dicho, estaba allí recogido con mucha gente, por no servir a los españoles; y como con su gente entrase Limpias en este valle, toda la gente Mosca que por él estaba esparcida se recogió a la mesa y sitio donde estaba fortalecido el cacique Bogotá, donde se vinieron a recoger más de cinco mil indios. Los españoles determinaron de asaltar el lugar donde estaba Bogotá recogido, y echar fuéra de él toda la gente Mosca, para que se fuesen a sus pueblos, lo cual intentaron una madrugada, poniéndose a subir por una cuesta arriba muy derecha y áspera y de muy gran riesgo para ellos. Los indios, como pretendían defenderse, estaban a punto de guerra y tenían puestas en el cantón del sitio de su alojamiento gran cantidad de piedras, para arrojar a los españoles si quisiesen subir, lo cual pusieron en efecto luégo que lo sintieron marchar la cuesta arriba hacia su alojamiento, contra los cuales derribaron el número de las piedras que tenían juntas, que no debían de ser pocas ni muy pequeñas, y a esta manera de ofensa y defensa llaman los españoles galgas; y como las galgas y piedras se les acabaron, y viesen que los españoles subían, el señor de Bogotá y otros caciques y principales que con él estaban, mandaron a los indios, porque los españoles fuesen detenidos y ellos tuviesen lugar de huir, que arrojasen sobre ellos grandes líos de mantas, y todas las vasijas y baratijas que tuviesen, lo cual hicieron los indios con gran presteza y diligencia con que entretuvieron harto tiempo a los nuestros, de suerte que tuvieron lugar de irse todos los principales y la mayor parte del mujeriego y gente menuda con el oro y piedras esmeraldas que allí tenían recogido. Finalmente los españoles subieron y entraron por fuerza al alojamiento y arruinaron y ahuyentaron la más de la gente que en él estaba, que se arrojaban por grandes despeñaderos, donde se mataban y hacían pedazos, sin otros muchos que por las espadas se metían y allí morían, y en este asalto y desbarate, recibieron tal estrago los indios, y quedaron tan atemorizados, que nunca más este Bogotá y su gente se tornó a inquietar ni rebelar por trabajos que les ocurriesen.

Concluso esto, Pedro de Limpias, como ya sabía la ida de los generales a Guataquí a embarcarse, con los más de sus amigos, se fue al astillero donde los bergantines estaban, donde ya el general Jimenéz de Quesada había sido avisado del designio de Benalcázar y de Pedro de Limpias y de los demás de su opinión, por lo cual con toda presteza envió a llamar a su hermano Hernán Pérez, que había quedado en Santafé con el gobierno de la tierra, mandole que viniese donde él estaba, acompañado de los más amigos que pudiese. Hízolo así Hernán Pérez como su hermano el general le envió a mandar, y cuando Limpias llegó, hallé ya fortalecido a Jiménez con el favor de su hermano y amigos, y siendo frustrado de sus designios, fue preso por el general Jiménez de Quesada, y con su prisión se sosegó todo lo que estaba ordenado, y pacíficamente se embarcaron los tres generales en dos bergantines que se habían hecho, con todo lo demás del oro que en toda la provincia del Nuevo Reino se había habido, y se fueron a Cartagena, porque el general Jiménez de Quesada, pretendiendo ganar buenas y gratificatorias albricias de Su Majestad por la tierra que había descubierto, no quiso ir por Santa Marta temiendo que no estuviese en ella el adelantado de Canaria, o su mandato, y le tomasen cuenta de todo lo que había hecho y descubierto; y de Cartagena se embarcaron todos tres generales y muchos otros españoles de los que en su compañía iban, y se fueron la vuelta de España, donde llegaron en salvamento y dieron cuenta al Rey y emperador de a lo que iban.

1 En la "Tabla" de Sevilla dice: "Sebastián de Venalcáçar".
2 En la "tabla" de Sevilla dice: "Fedreman", forma la más común en el texto del manuscrito.
3 En el texto está tachada la palabra |española y vuelta a escribir entre líneas.
4 En la "tabla" de Sevilla se lee: "en la tierra"

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