INDICE




Introducción

CAPITULO I
 Fray Antonio Medrano

CAPITULO II
 Fray Pedro Aguado

CAPITULO III
 Medrano y Aguado

CAPITULO IV
 Medrano, Aguado y su época

CAPITULO V
 Fuentes de la Recopilación Historial

CAPITULO VI
 Títulos de las obra

CAPITULO VII
Historias o compendios

CAPITULO VIII
 La tabla

CAPITULO IX
 Los manuscritos de la versión final

CAPITULO X
 La censura
Anexos

PRIMERA PARTE
 Recopilación historial resolutoria...
Tabla de la primera parte

LIBRO PRIMERO- CAPITULO I-II-III-IV
En el libro primero...-Que trata de quién fue...-Que trata de quién fue...-Que trata de cómo el gobernador...-Que trata de cómo los amotinados...

CAPITULO V-VI-VII
De lo que al capitán amotinado...-Que trata de cómo la Audiencia...-De cómo los dos gobernadores...

CAPITULO VIII-IX-X
De cómo fue proveído en España...- De cómo el gobernador Lerma...-En que se cuenta cómo el gobernador Lerma...

CAPITULO XI
De cómo el capitán San Martín...

LIBRO SEGUNDO- CAPITULO I-II
En el segundo libro se escribe...-En que se escribe cómo...-De cómo el adelantado...

CAPITULO III-IV-V-VI
De cómo después de...-De lo que a don Alonso Luis de Lugo...-De la gran mortandad...-En que se escribe la fortuna...

CAPITULO VII-VIII-IX-X
 Que trata de cómo el general...-En que se escribe cómo...-Es que se escribe lo que le sucedió...-En que se escribe cómo el general...

CAPITULO XI-XII
 En que se escribe cómo el general...-En que se escribe la vuelta...

LIBRO TERCERO- CAPITULO I-II-III
En el tercer libro se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se declaran...-En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
 En que se escribe...-En que se escribe...-En que se escribe ...

CAPITULO X-XI-XII
En que se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO CUARTO- CAPITULO I-II
En este cuarto libro...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO III-IV
En que se escribe...-En que se escribe...

CAPITULO V-VI-VII
En el cual se escribe...-En que se escribe...--En que se escribe...

CAPITULO VIII-IX-X
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
En el cual se escribe...-De cómo Hernán Pérez de Quesada...-

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XV-XVI
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XX-XXI-XXII
En el cual se escribe...-En que se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XXIII
En el cual se escribe...-

LIBRO QUINTO- CAPITULO I-II-III
En el libro quinto...-De cómo al capitán...-Que trata de otra salida...-Que trata del asiento...

LIBRO SETIMO- CAPITULO I-II-III
En el libro sétimo...-Cómo fue nombrado...-De cómo los españoles...-Cómo los indios...

CAPITULO IV-V
Que trata de cómo...-Que trata de una rebelión...-

LIBRO OCTAVO- CAPITULO I-II-III
En el libro octavo...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V-VI
En el cual se escribe...-En el cual se escriben...-En el cual se escribe...

CAPITULO VII-VIII-IX
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO X-XI-XII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XIII-XIV
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

LIBRO NOVENO- CAPITULO I-II-III
En el libro nono...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IV-V
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO VI-VII-VIII
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO IX-X
En el cual se escribe...-En el cual se escribe...

CAPITULO XI-XII
 En el cual se escribe...- En el cual se escribe...
| LIB | RO PRIMERO
 
En el libro primero se trata del descubrimiento y primer fundación de la ciudad de Santa Marta y de su primer gobernador, con los demás gobernadores que en ella hubo hasta el doctor Infante, en cuyo tiempo fue dada al Adelantado de Canaria, y de muchas y particulares jornadas y descubrimientos que se hicieron en tiempo de los Gobernadores; y de la tierra y valle de Tayrona, y otras provincias que se descubrieron; con la declaración de lo que significa y es el título y nombre de encomienda y encomendero, y apuntamiento y repartimiento, etc., y de muchos capitanes y personas señaladas que en Santa Marta hubo en el tiempo dicho | 1 .

 

  |Capítulo primero que trata de algunas opiniones que hay y ha habido acerca del origen de los indios y gentes naturales del Nuevo Mundo de las Indias y de donde proceden. Folio 1.

 Capítulo segundo. De cierta opinión que hay acerca de haber tenido noticia don Cristóbal Colón, de las Indias y de cómo y en qué tiempo fueron por él descubiertas y en vida de qué pontífice romano y rey de España y emperador romano. Folio 4 | 2 .

 

|Capítulo primero   |Que trata de quién fue el primer descubridor de Santa Marta, y de la calidad de la tierra y valle de Tayrona.

 En nuestros tiempos, más que en ninguno de los siglos pasados, se halla estar las letras más encumbradas y subidas que nunca jamás estuvieron, así por ser muchos los que a ellas se han dado, como, por florecer excelentes y famosos varones en todo género de letras, especialmente en nuestra España, donde personas principales y poderosas han fundado muchos y diversos colegios, donde no sólo los naturales puedan ser a poca costa enseñados, pero los extranjeros que con virtuoso celo quisieren darse al estudio de las letras. Y ya que en esto con justa causa podamos decir que los de nuestra España excedieron a los griegos, los griegos les hicieron ventaja en tener cuenta con los militares hechos de sus naturales, los cuales perpetuaron con la memoria de sus versos, con los cuales no sólo hicieron notorias las hazañas de los que descubrían nuevas provincias y sujetaban nuevos reinos, pero a los que inventaban cualquier arte, aunque fuese de poca suerte. Y si en tiempo de los griegos las Indias Occidentales fueran descubiertas, pobladas y pacificadas 3, yo soy cierto que la memoria de los que las han descubierto y poblado | 4 estuviera más fresca y clara de lo que está, porque es verdad, y así lo afirmo de parte de lo que he visto y entendido, que son y han sido muchos más los descubrimientos que en silencio se han pasado, por defecto de ser pobres y sin riquezas, y no haber habido quién quisiese hacer memoria de ellos, que los que se han escrito, y sal, no se halla memoria de quien fueron los primeros descubridores de muchas provincias que en las Indias se han descubierto.

Esto he venido a tratar por la provincia y ciudad de Santa Marta, de cuyo origen me es necesario escribir con todos sus sucesos, por saber salido de ella, y por mano de su gobernador, la gente que pobló al Nuevo Reino de Granada, de quien particularmente es esta historia, del cual, aunque con toda diligencia lo he procurado saber, no he hallado cosa cierta, sino diversas y varias opiniones entre los antiguos que en esta provincia estuvieron y anduvieron, y esto es en cuanto toca al primer descubridor de esta provincia, porque unos atribuyen su primer descubrimiento a don Rodrigo de Bastidas, poblador y fundador de Santa Marta, diciendo que éste, como persona poderosa o rica, que residía en la Isla española de Santo Domingo, viniendo o pasando a tierra firme a hacer esclavos, la descubrió, y en ella rescató con los naturales, de donde le quedó codicia mediante el oro que de rescates hubo de procurarla por gobernación y poblarla. Otros lo atribuyen a Pedrarias de Avila, que el año de catorce pasó por gobernador de Castilla del Oro, que era en las provincias del Darién, y llevando consigo mil quinientos hombres los envió a poblar a diversas partes, y que una parte de ellos fueron, o aportaron a Santa Marta y la descubrieron.

Pero la más cierta y probable opinión, por dicho de personas muy antiguas que aún hoy viven, es que no sólo esta provincia de Santa Marta, mas todo lo que hay de costa desde Cartagena hasta el Cabo de la Vela, fue descubierto el año de noventa y ocho, por un Juan de Ojeda, que vivía de hurtar o rescatar esclavos, saliendo con sus navíos de Santo Domingo de la Isla española, y corriendo toda esta costa y tierra que he dicho, de la cual le pareció más rica y acomodada para sus rescates la provincia de Santa Marta, y para rescatar más seguramente con los naturales hizo cierta fortaleza de tierra más arriba de donde está hoy poblada Santa Marta, donde dicen el Anconcito, cuyas ruinas y paredones a manera de antigualla se parecieron y vieron mucho tiempo después; y con este Juan de Ojeda se halló Bastidas en este descubrimiento de Santa Marta, de donde después de muerto Ojeda, vino él a darse a los rescates, y a cursar el viaje de Santa Marta, y a tener más claridad y noticia de lo que la tierra era, por donde, como he dicho, vino después a pretenderla por gobernación y a poblana.

Está esta provincia de Santa Marta en la costa de tierra firme, veinte o veinticinco leguas apartada del río grande de la Magdalena, hacia la parte del sur, o por más claridad, del Cabo de la Vela. En esta provincia, donde caen las sierras y valles que dicen de Tayrona, famosas por la mucha riqueza de oro que afirman los antiguos poseer los naturales de estas sierras, y por la mucha belicosidad de los propios naturales, los cuales mediante sus ardides de guerra y bríos obstinados con que han defendido sus tierras y patrias, se han conservado y conservan en su libertad y gentilidad. A los cuales ha favorecido y favorece mucho la fortaleza de que naturaleza acompañó aquella serranía. De suerte que si no es por donde dicen el valle de Upar, no pueden subir caballos a lo alto donde están las poblaciones, de quien adelante en su lugar trataremos más particularmente.

Es Santa Marta lo bajo donde los españoles poblaron tierra caliente y seca, aunque llana, y no bien sana; tiene muy buen puerto y, surgidero para los navíos. Está esta provincia a poco más de once grados. La gente es de buena disposición y bien agestada, y andan vestidos con ciertas mantas de algodón que ellos mismos hacen, de los cuales asimismo iremos tratando en el discurso de la historia; y acerca de los indios quiero advertir aquí de una cosa a los que lo ignoren, porque muchos han estado en Indias y lo saben, y con los tales yo no hablo; y es que por la mayor parte, y aun casi generalmente, todos los indios de las Indias son lampiños, sin barba ninguna en el rostro, y si algunos la tienen, es muy poca, o ninguna, y a los que les nace o nacía antes que tuviesen trato con los españoles, se la pelaban sin que dejasen crecer pelo de ella; ahora algunos viendo el mucho caso que los españoles hacen de la barba, si alguna les nace la dejan crecer y no se desprecian de traerla, y toda es gente muy morena, aunque en unas partes más que en otras, y lo mismo es en las disposiciones de los cuerpos, que los de unas provincias son más crecidos y más robustos que los de otras, de lo cual también se irá apuntando por su orden, como fuéremos tratando de las poblaciones de los pueblos, y descubrimiento de las provincias.

 

|Capítulo segundo   Que trata de quién fue el primer fundador y gobernador de la ciudad de Santa Marta, y de la gente que vino y se halló en su fundación.

 De cualquiera de las maneras que he referido que la provincia de Santa Marta se descubrió, Rodrigo Bastidas tuvo entera noticia de ella por su particular trato y rescates, de donde, como he dicho, vino a tomarle afición y a procurar poblarla y gobernarla. En efecto, él vino a ser gobernador de ella el año de veinte conducto del emperador, o por el Consejo Real de las Indias, o por la Audiencia Real de Santo Domingo, porque de esto no hay ninguna evidencia más de que, estando Bastidas en Santo Domingo, como vecino de aquella ciudad y uno de los primeros pobladores, aunque, como he dicho, se aprovechaba de los rescates, fue nombrado por gobernador de la provincia de Santa Marta, y para haberla de poblar aderezó un navío y metió en él ochenta hombres bien aderezados, y nombrando por capitán de ellos a un capitán Samaniegos, los envió a que le esperasen en la provincia de Santa Manta, porque él se quedaba haciendo y juntando más gente para ir luégo en su seguimiento.

Samariegos, con sus ochenta hombres, llegó al puerto de Santa Marta, donde surgió y saltó en tierra con su gente y compañeros, a los cuales los indios recibieron amigablemente, creyendo que no hubiera más conversación que la de hasta allí, que después de hechos sus rescates luégo se iban, y así los hospedaron y proveyeron de lo necesario a su sustento, hasta que vino Rodrigo de Bastidas, el cual armó en Santo Domingo otro navío grande, o nao, y juntó doscientos hombres y se proveyó de muchas cosas necesarias a su jornada, que fueron causa de empenarse y endeudarse en cantidad de pesos de oro, así de la hacienda real como de particulares; por lo cual la Audiencia Real no le quería dar licencia ni consentir que saliese de la ciudad, y viendo esto Rodrigo de Bastidas, deseando que el trabajo que hasta allí había puesto, no fuese en vano sino que hubiese efecto, aunque fuese por mano de tercera persona, determinó de enviar la gente que tenía hecha a Santa Marta, y encargarla toda a Samaniegos, a quien antes había enviado para que poblase o hiciese lo demás que le pareciese; y poniéndolo por obra, embarcó toda su gente en el navío que estaba surto en el río de Santo Domingo llamado Orzama. Y ya que se querían hacer a la vela, llegose Bastidas al muelle o ribera del río a despedir o despedirse de su gente, que ya estaba embarcada, los cuales, como le viesen, saltaron algunos de ellos en el batel, y llegándose a tierra adonde Bastidas estaba, dando a entender que se venían a despedir de él, le tomaron los que en el batel iban, y forzosamente le metieron dentro y se lo llevaron al navío, y luégo, sin detenerse punto, se hicieron a la vela, antes que la Audiencia pudiese enviárselo a quitar. Porque esta gente, deseosa de ganar fama y honra, parecíales, y con mucha razón, que si no llevaban consigo a su gobernador y capitán general, que en poder de ningún mercenario no harían ni efectuarían lo que deseaban; antes se les representaba una diversidad de discordias y diabólicas contiendas por los inquietos ánimos de algunos bulliciosos soldados que consigo llevaban (según que después sucedieron) con llevar y te­ner presente la persona de su gobernador Rodrigo de Bastidas, el cual con próspero tiempo, llegó a  la provincia de Santa Marta, donde halló la demás gente que antes había enviado, y echando los soldados que consigo llevaba, en tierra, dio con el navío al través, porque la gente perdiese la esperanza de volver a la mar, y el navío que primero había venido a Santa Marta con el capitán Samaniegos, envió con el propio capitán y cierta gente a hacer esclavos a la costa del Nombre de Dios, para enviar algún oro a sus acreedores a Santo Domingo, y luégo hizo reseña de la gente que en tierra le quedaba, la cual repartió por compañías y escuadras de cincuenta en cincuenta hombres, encargándolas a personas principales como capitanes de aquellas compañías, y luégo fundó y pobló la ciudad de Santa Marta, según algunos, año de dos, y otros, año de veinte y dos, nombrando sus alcaldes y regidores, y los otros ministros de justicia y republica necesarios para la administración y buen gobierno de la ciudad, lo cual concluido y efectuado, determino el gobernador de dan orden en aquella tierna y pueblos de los naturales que se viesen y visitasen porque si se hubiesen de repartir y encomendar en los vecinos y pobladores de aquel pueblo se supiese lo que a cada uno se había de dar.

 

|Capítulo tercero   |Que trata de cómo el gobernador Bastidas se fue a visitar las poblaciones de los naturales, y de cómo ciertos capitanes y personas principales ordenaron de matarle, y aunque el motín se descubrió no lo quiso remediar, por lo cual intentaron darle la muerte; y aunque lo hicieron no salieron con ello.

 Poniendo en efecto el gobernador Bastidas, según que ya lo tenía determinado, el salir a visitar los pueblos y naturales comarcanos a Santa Marta, tomó consigo la mitad de la gente española que allí había, y metiose a la tierra adentro por los pueblos de los indios, los cuales lo recibieron de paz y amigablemente, y le ofrecían y daban de presente de las riquezas que tenían y poseían, cantidad de diez y ocho mil pesos de oro fino.

Entre algunos de los que en el pueblo habían quedado, reinando en ellos la envidia, mal diabólico, fue concertado y tratado de dar la muerte al gobernador, porque les parecía que demás de ser indignamente Rodrigo de Bastidas gobernador de una provincia y tierra tan rica, que ellos no participarían ni habrían parte del tesoro que al gobernador habían ofrecido los naturales; y teníalos tan ciegos la avaricia y codicia de ver en su poder alguna parte de aquellas riquezas, que entendían no poder haber efecto su malvada avaricia si no fuese con la muerte de su gobernador.

Hubo un soldado, persona de quien se hacía mucho caso, y aun algunos afirman que lo dejaba, o había dejado por su teniente y capitán | 5 en la ciudad de Santa Marta el gobernador Bastidas, y que tenía muy particular cuenta con su persona, honorificándola como era razón; éste convocó y atrajo a su opinión la más de la gente ociosa que en Santa Manta había quedado, para que luégo que el gobernador Bastidas fuese vuelto, lo matasen y se alzasen con la tierra y riquezas de ellas. Esta conspiración permitió Dios Todopoderoso que fuese descubierta, aunque no fue creída ni remediada por el gobernador con la severidad y diligencia que era necesario, lo cual le hubiera de costar la vida, porque como uno de los Conspiradores, que era alcalde en Santa Marta, cayese enfermo y se viese en lo último de su vida, movido con celo cristiano para estorbar el daño y muertes futuras, manifestó el motín y conjuración a cierta persona amiga y familiar de Rodrigo de Bastidas, el cual luégo dio aviso de todo ello al gobernador, que aún todavía andaba en su visita la tierra adentro, y recibiendo las cartas, no hizo caso de lo que por ellas le avisaban, creyendo que ningún género de envidia ni codicia fuese ni pudiese ser parte para interrumpir el vínculo de amistad que entre él y sus amigos (en especial de aquel que decían lo intentaba) había; de suerte que por mano de aquel en quien él tánta confianza hacía, esperase recibir la muerte. Echando de sí semejante sospecha el gobernador Bastidas como cosa fabulosa, no hizo caso del aviso que se le había dado, según he dicho, y desde a pocos días se volvió sin ningún recelo de recibir daño, a Santa Marta, donde estaban, no habiendo perdido punto de su primer acuerdo, deseaban verle ya en el pueblo para darle una muerte tan miserable y trabajosa cual se la tenían ordenada y tramada.

Llegado a Santa Marta Rodrigo de Bastidas; acerca de su opinión hizo de menos crédito que de antes el aviso que se le había dado del motín que contra él había, en hallar toda la gente del pueblo muy sosegada y reposada, y sin señal de bullicio ni tumulto alguno. Porque como este gobernador era de ánimo sencillo y sosegado y reposado, y de mucha confianza, parecíale que los ánimos de todos los hombres se debían juzgar por las apariencias y ceremonias exteriores, y que debajo de aquéllas no podía haber otro doblez ni cosa fingida en contrario de lo que cada uno exteriormente mostraba, lo cual le significaban y daban a entender los que procuraban su muerte interiormente, cursando con más continua familiaridad su casa que de antes, hasta que la fortuna les ofreciese tiempo ocasionado para poner en efecto sus designios, no mirando en esto el riesgo que el secreto de los casos arduos corre con la dilación y tardanza en el efectuarlos.

Mas como el gobernador Bastidas tuviese costumbre de que a la puerta de su casa se hiciese vela de soldados o guardia cada noche, cupo su tiempo a la gente que a su cargo tenía un capitán que era uno de los de la liga, el cual, como con los demás del motín hubiese comunicado la orden que en efectuarlo se había de tener, y el tiempo les hubiese puesto la ocasión en las manos, sucedió que una noche echó de vela dos soldados de poca suerte, para más disimuladamente matar al gobernador. Porque estos perversos hombres, aunque estaban obstinados en efectuar esta maldad, pretendían hacerla por mano ajena, y con cierta color, de suerte que ya que el gobernador muriese, no se entendiese que ellos le habían dado la muerte; y así concertaron con tres soldados, hombres de desvergonzado atrevimiento, que dándoles lugar entrasen y diesen de puñaladas al gobernador, y sin ser sentidos saliesen, y se echaría fama y pondría sospecha, en diversas personas, de suerte que ellos no peligrasen. Yendo, pues, el capitán la noche que tenían señalada a visitar las velas, halló que una dormía, y la otra velaba, a la cual envió a su posada con título que le hiciese traer de beber; porque como la tierra es cálida a cualquier hora de la noche incita a beber, con lo cual tuvieron lugar de entrar, sin ser vistos ni sentidos los tres soldados a quien estaba cometida la muerte del gobernador, el cual como era ya hombre mayor, y cargado, y la tierra cálida, dormía descubierto y descuidadamente. El uno se quedó guardando una puerta, porque si hubiese ruido y acudiese gente, pudiese defenderles la entrada, y los otros determinaron entre sí de degollar al gobernador por parecerles que con menos ruido lo podrían matar de aquella suerte que apuñalado, y como para este efecto pusiesen un puñal o daga bota, y que cortaba mal, en la garganta del gobernador, fue primero sentida que pudiese cortar los gaznates y guarguero, y acudiendo con las manos a favorecer el detrimento en que estaba la garganta, asió con fuerza la daga, de suerte que con ella no le pudieron hacer daño, aunque con otra que el otro compañero llevaba le dieron ciertas heridas, de que creyeron haberle muerto, porque como el gobernador y algunas indias de servicio, que en su propio aposento dormían, diesen voces y apellidasen el socorro de la gente del pueblo, y con la presteza necesaria no le favoreciesen por ser ya medianoche y estar todos durmiendo, fingiendo estar muerto de las heridas que le habían dado, se dejó caer de la cama abajo, y creyendo ser cierta su muerte, se salieron los tres soldados del aposento, y porque ya acudía alguna gente con hachas encendidas, se escondieron tras de una puerta de las de la calle, cubriéndolos con sus espaldas el dicho capitán, que fingía llegar a socorrer 6 al gobernador, aunque él y los demás de la liga bien creyeron que quedaba muerto, y así no dejaban entrar a nadie a donde don Rodrigo de Bastidas estaba, hasta que casi toda la gente del pueblo fue junta, y fingiendo ignorancia en el negocio, entraron todos de tropel, leales y desleales, y alzaron al gobernador del suelo donde le hallaron caído y poniéndolo sobre la cama, luégo procuraron poner sospechas en particulares personas, diciendo que por entrar a dormir con las criadas del gobernador habían intentado aquella maldad; y así sobre ello prendieron a algunos que de todo punto ignoraban la maldad. Un soldado llamado Palomino, y otros principales amigos del gobernador, que no habían sido consentidores de esta maldad, luégo convocaron y juntaron algunos amigos suyos, personas sin sospecha, presumiendo la traición de los principales del motín 7 y de los otros sus aliados, y poniendo competente guarda en la persona del gobernador, le procuraron curar las heridas que le habían dado, no consintiendo que le entrase a ver ninguna de aquellas personas contra quien había presunción y sospecha que eran en la traición.

|                                                    Capítulo cuarto |  Que trata de cómo los amotinados con cierta cautela intentaron de acabar de matar al gobernador Bastidas, y como no salieron con ello se metieron la tierra adentro | 8 .

 

Como fuesen pasados tres días después de haber herido al gobernador Rodrigo de Bastidas, y los que procuraban su muerte entendiesen y supiesen que era vivo, reinaba en ellos mayor maldad y deseo de acabarle de matar, pareciéndoles que si vivía los podría castigar con rigor, conforme a como su maldad lo merecía; y así con este tirano deseo, el capitán intentó otro nuevo modo de traición, con el cual pensó enlazar o enredar toda la gente del pueblo, y fue que publicando que deseaba la salud y vida del gobernador Bastidas, hizo llamamiento y junta de toda la más de la gente que en el pueblo había, diciendo que era justo y necesario que se juntasen y congregasen todos los del pueblo para que con ánimos devotos se hiciesen procesiones y rogaciones a Dios nuestro Señor por la salud y vida del gobernador; y como la gente en alguna manera ignorase la maldad de este hombre, fácilmente con esta color fueron juntos en su propia casa con los demás sus secuaces, donde mudando la plática primera y convirtiéndola en otra nueva y revocada ponzoña, les dijo: que él los había llamado con santo celo y propósito de que todos juntos, y de conformidad fuesen en procesión a suplicar a nuestro Señor Dios por la salud y vida de su gobernador, el cual después había sido certificado por muchas personas que verdaderamente era muerto y pasado de esta presente vida, y que algunos se fingían ser muy amigos y servidores al gobernador malvadamente publicando estar vivo, a fin de en teniendo navíos de embarcarse con todo el oro que en aquella tierra se había habido, de lo cual dignamente merecían su parte cada uno de los que presentes estaban, pues lo habían trabajado y sudado, como los que en su poder lo tenían; por tanto, que le parecía cosa acertada, y aun necesaria, que todos juntos como estaban se fuesen con las armas en las manos a casa del gobernador y sacasen el oro de poder de los que lo tenían usurpado tiránicamente y tan en perjuicio y daño de todos los que presentes estaban.

Muchos, o los más de los que oyeron lo que el capitán les había dicho, entendiendo o creyendo ser así verdad, no les pareció mal lo que les decía, y los que sabían su maldad holgábanse de que no contradijesen los demás aquel parecer, porque pensaban y tenían determinado de ir con todo el común que presente estaba, con título de que era muerto el gobernador, y que les diesen el oro, y entrando todos de tropel con el alboroto de saquear la casa los a quien estaba cometido, tendrían cuidado de acabar de matar al gobernador. Pero estos malvados amotinados fueron frustrados de sus designios, porque como todos juntos saliesen de casa del capitán, dando voces y diciendo "muerto es el gobernador, dadnos el oro", fueron oídos por los amigos y aliados del gobernador, y otros soldados fieles que en su guarda estaban, los cuales, presumiendo la maldad que los amotinados llevaban pensada, tomaron las armas en las manos y pusiéronse a la puerta para defender la entrada, lo cual hicieron valerosamente, dando a entender a los que iban libres de la traición que su gobernador era vivo, apellidando en su nombre el auxilio del rey; y como el capitán viese que su maldad descubiertamente era manifestada y la entrada se le había resistido, se fue con toda presteza a entrar o tirar por cierta ventana baja con una ballesta al gobernador para acabarle de matar; pero, como lo demás, le salió en vano, porque como en aquel paso se hallase un soldado llamado Pedro Guerrero con un arcabuz, no dio lugar a que hiciese ni efectuase lo que quería, y así fue defendido el gobernador con buen ánimo de los que le guardaban, y eran sus amigos.

En estos alborotos, Palomino, que era hombre de fuerzas, arremetió con brío de buen soldado a uno de los amotinados, y abrazándose con él lo metió dentro del aposento donde el gobernador estaba, diciéndole que viese cómo era falso lo que él y sus secuaces publicaban. Al cual como el gobernador viese, ninguna cosa le dijo más de con buenas palabras significarle cuán ingratos le habían sido él y todos los demás, rogándole que le atrajese a su voluntad al capitán, y así lo despidió de sí. Pero los soldados que en guardia del gobernador estaban despojaron a este soldado de las armas y vestidos que sobre su persona llevaba, de suerte que casi desnudo se volvió a salir, que no lo tuvo a poca ventura, pues pensó que aquellos sus enemigos le quitaran la vida, y así se fue derecho a donde el capitán estaba, diciendo que ya no era tiempo de detenerse más en Santa Marta, porque el gobernador iba ya prevaleciendo y mejorando, y la gente se le iba allegando, y que en pocos días, si allí se detenían, recibirían la pena que su atrevimiento y deslealtad merecían, demás de que ellos se hallaban ya desamparados de todos los demás soldados y gentes que al principio les habían seguido. El capitán y los demás capitanes sus colegas, viendo cuán declinante iba su bando y parcialidad, y que la compañía y gente del gobernador prevalecía, y se acrecentaba cada momento, determinaron de meterse a la tierra adentro, tomando consigo violentamente algunos soldados que casi con puras amenazas de muerte los sacaban de sus casas, y caminando hacia la parte de la Ramada, iban con una lengua, o intérprete que llevaban, diciendo a los indios y naturales por do pasaban | 9 que estuviesen sobre el aviso porque dende ha pocos días habían de venir por donde ellos iban, muchos españoles de los que estaban en Santa Marta, a cautivarlos y tomarlos para esclavos, y llevarlos a Veragua y a Santo Domingo y a otras partes; incitando a los indios a que estuviesen con las armas en las manos, porque si de Santa Marta saliese algún capitán con gente tras de ellos, los indios, entendiendo que les iban a hacer los males y daños que ellos les decían, les estorbasen el paso y los hiciesen volver atrás; y fue así en efecto, que como en esta sazón hubiese llegado a Santa Marta el capitán Samariegos, que había ido a hacer esclavos, como atrás queda dicho, y supiese la maldad que contra el gobernador Bastidas habían intentado el capitán y los demás, deseando que esta iniquidad no quedase sin castigo, rogó muy ahincadamente al gobernador que le diese licencia para ir en seguimiento de él y los demás, y traerlos a que recibiesen el castigo que su traición merecía, lo cual le fue concedido por el gobernador; y como con cien hombres saliese en seguimiento y busca de esta gente, luégo que llegó a la población del cacique de Bonda, le fue resistido el paso, porque los indios estaban con las armas en las manos, por la indignación en que los había puesto el amotinado y los demás, y salieron a pelear con Samariegos, los cuales en la primera refriega se hirieron veinte y cinco hombres con flechas de hierba muy ponzoñosa y mortal, lo cual, y el entender que toda la tierra estaba puesta en defenderle el paso, fue causa que dejando de seguir a los enemigos se volviese a Santa Marta.

 

El gobernador Bastidas, viéndose ya mejor de sus heridas y pareciéndole que para un hombre ya anciano como él no pertenecía el gobierno de gente de guerra, ni los bullicios de la soldadesca, determinó de salirse de Santa Marta y despoblarla e irse, o volverse a su casa a Santo Domingo, a vivir en ocio y descanso, ese poco de tiempo de vida que por su buena industria y favor de sus amigos había adquirido, y para de todo punto ganar la gracia de la gente que consigo tenía, hizo manifestar por pregón público su ida, y que él hacía gracia y donación a los soldados de cualquier cantidad de pesos de oro que le debiesen, y les daba libertad para que fuesen donde quisiesen; los cuales mostrando gran sentimiento de que el gobernador se quisiese ir y desamparar una tierra tan próspera como Santa Marta, pareciéndoles que con facilidad no podían hallar otra tal, se fueron a él y le agradecieron la liberalidad y esplendor de que con ellos usaba en largarles lo que le debían, y le suplicaron que, pues tan determinado estaba de salirse de Santa Marta, que ellos pretendían sustentar la ciudad y permanecer en ella; que les hiciese merced de darles y nombrarles un teniente o sustituto que les administrase y tuviese en justicia. El gobernador se holgó muy mucho de ver que la gente quería sustentar aquella ciudad que él había poblado, y se lo agradeció mucho, y les dejó y nombró por su teniente de gobernador al capitán Palomino, persona afable y bien quista entre los soldados, los cuales lo aceptaron, y se holgaron de ello, y poniendo por obra el gobernador su partida, se embarcó en un navío que poco antes había tomado en la costa de Santa Marta, que de la isla de Cuba había salido por comisión de los oficiales de ella a hacer esclavos, y como supiese que la gente de este navío habían rescatado o tomado esclavos, en lo que él tenía por su jurisdicción, armó otro navío y enviélo con pujanza de gente a prender a los de Cuba, y así fueron despojados los unos de los otros; pero este robo le causó harto daño a Bastidas, porque como se embarcase en el navío para irse a Santo Domingo y se gobernase por el mismo piloto que en él venía, o había venido de Cuba, fue cautelosamente guiado por el piloto, y llevado a la propia isla de Cuba, donde había antes salido; y sabido por los oficiales lo que el gobernador Bastidas había hecho con su navío y gente y hacienda, lo prendieron para que les diese cuenta con pago de lo que les había tomado; donde fue gravemente molestado, y murió en prisión, sin volver más a Santo Domingo.

 

1 En la "tabla" de Sevilla hay un resumen tachado que se lee así:             "En el libro primero se trata de ciertas opiniones que hay acerca de la antigüedad y origen de los naturales de las Indias, y de cómo se trataron en tiempos antiguos, y de su primer y más próximo descubrimiento hecho por don Cristóbal Colón y del descubrimiento y primera fundación de Santa Marta y primer gobernador que en ella hubo, con los demás gobernadores hasta el doctor Infante, en cuyo tiempo fue dada al adelantado de Canaria, y sus muchas y particulares jornadas y descubrimientos que se hicieron en tiempo de los gobernadores. Tratase de la tierra y valle de Tayrona y otras provincias que se descubrieron, con la declaración de lo que significa y es el título y nombre de encomienda y encomendero y apuntamiento y repartimiento, y de muchos capitanes y personas señaladas que en Santa Marta hubo en el dicho tiempo". Obsérvese  las diferencias entre este texto y el contenido en el manuscrito.
2 Estos dos capítulos proceden de la tabla de Sevilla y se suprimieron en el manuscrito.Por consiguiente, el capítulo primero del manuscrito corresponde por su texto al tercero de la "tabla" de Sevilla.
3 "Pobladas y pacificadas", puestas entre líneas, reemplazan |conquistadas, tachada.
4 "Poblado", puesto entre líneas, reemplaza |conquistado, tachado.
5 "y capitán" está añadido en el texto por mano de tercero.
6 "a socorrer" ha sido añadida por mano ajena. El texto conserva el giro más antiguo: que fingía llegar (por allegar) al gobernador.
7  "los principales de motín" están entre líneas y reemplazan las palabras tachadas Villafuerte y... (ilegible).
8  En el encabezamiento y texto de este capítulo y siguientes las palabras "capitán", "los amotinados", etc., están escritas entre líneas y reemplazan el apellido |Villafuerte, que se encuentra siempre tachado. Para no entorpecer la lectura no lo seguiremos anotando en cada caso.
9  Las palabras "diciendo a los indios y naturales por donde pasaban" están añadidas al margen del manuscrito con letra distinta. El texto original reza: "...iban con una lengua o intérprete que estuviesen sobre aviso".

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