Igualmente, a todo lo largo del manuscrito encontramos tachados
muchos renglones donde se expresan simpatías por el licenciado
Jiménez de Quesada y su hermano Hernán Pérez de Quesada
|
23
. No podríamos señalar los autores de
tales tachaduras con seguridad, pues podrían deberse tanto a la
mano de fray Pedro Aguado como a la de los censores. Medrano era
allegado a la casa de Jiménez -lo demuestra su participación en la
jornada al Dorado-, y las palabras benévolas que encontramos en el
texto tanto para él como para su hermano Hernán Pérez pertenecen
sin duda a su pluma. Es fácil observar que tales frases se
encuentran precisamente en aquellos libros que son versiones
originales, formando parte de los diez y siete libros que Aguado
trajo a España y escritos por aquel fraile. Aguado, como fraile
"reformado", nuevo, no pudo abrigar las mismas simpatías hacia
Jiménez, el antiguo conquistador, y pudo haber tachado aquellos
párrafos. Sabemos que contra Jiménez existen cartas y documentos
acusatorios emanados de los frailes precisamente.
También el Consejo de Indias tenía sus razones para no dejar
pasar en una "historia pública y aprobada por Su Magestad", como
decía López de Velasco, las frases laudatorias contenidas en el
original, especialmente aquellas en que Medrano se lamentaba de las
pocas rentas que tenía el Adelantado y de la menguada recompensa
que recibiera por sus servicios al Rey al descubrir el Nuevo Reino.
La aceptación de estos renglones podía interpretarse como tácito
reconocimiento de tal situación en época en que el anciano fundador
seguía reclamando adecuada recompensa a sus servicios y cuando aún
estaba pendiente el famoso pleito por $13.000 oro que Hernán Pérez
de Quesada le dio de las cajas reales en 1539, antes del viaje a
España. Por otra parte, contra Hernán Pérez de Quesada gravitaba
una seria acusación por su no autorizada jornada al Dorado, en la
cual perecieron tantos españoles e indios, y que dio lugar a que lo
apresara el adelantado Alonso Luis de Lugo. Sólo la prematura
muerte le libró de una cierta condenación.
Afirmaciones como las de Medrano, a favor de ambos
conquistadores, no concordaban con los intereses del Estado, por lo
cual fueron tachadas.
Obedecían a la censura otras enmiendas, tales como tachar el
apellido de los tres caudillos en la rebelión contra Rodrigo de
Bastidas, primer gobernador de Santa Marta, en la cual perdió la
vida.
|
24
Si sólo tuviéramos a nuestra
disposición la "Historia" de Aguado en su versión censurada, el
hecho de la sublevación en Santa Marta hubiera quedado en el
anonimato. Sólo la "tabla" de Sevilla, el manuscrito original y
naturalmente otros documentos, revelan los nombres de algunos
sublevados.
La censura tachó todas las alusiones contrarias a Alonso Luis de
Lugo
|
24
, cuyos turbios manejos, tanto en vida
de su padre don Pedro Fernández de Lugo como ya de gobernador del
Nuevo Reino, no estaban de acuerdo con el deseo de ensalzar el
nombre español; por otra parte, se quería guardar consideración
hacia una familia de alcurnia.
También suprimió opiniones tan atrevidas como aquellas en que el
autor decía, refiriéndose a las injusticias que cometía Lugo,
que
si los españoles que en el [Nuevo Reino] residían fuera gente
insufrible y deseosa de novedades, les había puesto y ofrecido
ocasión [Lugo] en las manos con que, con quitarle a él la vida y
librarse de su deméstica tiranía, se enciendieran...
una idea peligrosa, especialmente en la revoltosa América,
cuando se justifica el empleo de la violencia para reparar la
injusticia
|
25
.
Asímismo trata de eliminar o, por lo menos, suavizar el relato
de cualquier alboroto contra las autoridades acaecido en el Nuevo
Reino, y, especialmente, eludir alusiones al empleo de la
violencia. Así lo hace con aquel motín que hubo en Santafé con
ocasión de la tasación de tributos y del servicio personal de los
indios, por el licenciado Villafañe
|
26
, cuando el
pueblo atacó la sede de la Real Audiencia, amenazando al licenciado
en una abierta rebelión. En esta ocasión se tachó la comparación de
este motín con uno acaecido en la antigüedad.
En esta forma prevalece la tendencia que demostró López de
Velasco al oponerse a la publicación de la "Historia del Perú" de
Diego Hernández de Palencia, de velar para que el nombre de
españoles cubiertos por una u otra razón de infamia no pasen a la
posteridad, y que desaparezcan, en lo posible, rastros de las
sublevaciones contra la legítima autoridad, que sucedieron con
alguna frecuencia en América.
Un caso semejante es el del licenciado Juan de Montaño, oidor de
la Real Audiencia, a quien se acusó de actividades subversivas e
intento de substraer el Nuevo Reino del dominio de España. Toda una
página fue arrancada y varias tachaduras se hicieron en el texto
para que desapareciera completamente esta "rebelión"
|
27
.
Encontramos cortes y tachaduras con los cuales se quisieron
suprimir los relatos de las crueldades cometidas por los españoles
para con los indios durante la conquista y, en general, los
detalles de esta desigual lucha
|
28
. El corte más importante
es aquel del libro 10 por el que tres capítulos, el VII, VIII, IX,
fueron completamente suprimidos, capítulos que trataban de detalles
de una expedición a tierras pertenecientes actualmente al
Departamento de Antioquia, en la República de Colombia, donde,
según consta por otros documentos, los españoles se excedieron en
cometer crueldades por el carácter indómito de los aborígenes. Por
fortuna, trozos de los capítulos VII y IX, aunque tachados, son aún
legibles e ilustran el carácter de tales capítulos.
A todo lo largo de la obra hay tachaduras y enmiendas cuyo
plausible objeto era el de suprimir las noticias sobre las
crueldades cometidas y los detalles generales de la lucha contra
los indios, supresiones aparentemente dictadas por el bien de la
política interna española y, en cierto grado, la conservación del
buen nombre español en el extranjero. Al mismo tiempo se tachaban
las voces de los autores de la "Recopilación", voces también
españolas, que criticaban acérrima y temerariamente tales
procedimientos, clamaban por un ejemplar castigo, denunciaban con
nombres propios a los que cometían crueldades, sin temer las
posibles represalias de los arrogantes conquistadores (algunos
todavía vivos al tiempo en que Medrano y Aguado escribían su
"Historia") y sus inquietos y orgullosos descendientes. Se tacharon
las temerarias frases con que se exigía la suspensión de las
encomiendas de los conquistadores de Mérida, las críticas que
Aguado hace a los visitadores demasiado condescendientes y las
penas que imponía la Real Audiencia, representante de la Corona, a
los que cometían esas crueldades
|
29
.
A la censura se deben también los cortes esenciales que se
observan en aquellas partes del manuscrito que tratan acerca de la
historia eclesiástica
|
30
. Tal actuación sorprende
a quienes desconocen la turbulenta historia de los orígenes de la
Iglesia en el Nuevo Reino, el antagonismo que reinaba entre los
poderes eclesiástico y civil, entre el clero secular y regular y
aun entre frailes de la misma orden. De estos desasosiegos hablan
muchos documentos históricos, aunque los callan más o menos
completamente las historias oficiales. El deseo de no revelar
estas luchas en los albores de la Iglesia del Nuevo Reino explica
la supresión efectuada por quienes velaban de que la historia de
América y de la Conquista se escribiese en una forma que diese la
impresión de que los hechos sucedieron en forma más apacible de lo
que fueron en realidad.
También se explica la omisión de mencionar los nombres de los
frailes y clérigos que tomaron parte en juntas convocadas por la
Real Audiencia o en cabildos abiertos en que se discutían problemas
atañentes a la población indígena, si tomamos en cuenta que al
tiempo en que se censuraba la "Recopilación Historial" se
introducían las nuevas leyes del Patronazgo Real sobre la Iglesia
en América, leyes que a pesar de la larga y tenaz oposición de los
poderes eclesiásticos, quitaron a la competencia de la Iglesia en
América asuntos que tradicionalmente les estaban encomendados,
especialmente los relacionados con la tributación, servicio
personal de los indios, etc. A la misma tendencia obedeció el
tachar aquellas partes del manuscrito que referían las
intervenciones de los frailes de Santo Domingo en la elaboración de
las leyes referentes a la esclavización de los indios.
Por otra parte, es indudable que las páginas donde se trataba la
historia eclesiástica, escritas por un fraile que se trasladó a
España para luchar por los fueros de la Iglesia amenazada por la
expansión de la potestad civil, no sólo contenían frases de elogio
a la obra eclesiástica, sino también acres acusaciones contra las
autoridades civiles, así como sucede generalmente en cartas de
eclesiásticos escritas en aquella época. Esta circunstancia, más el
deseo de ver reducida la importancia del papel que jugó la Iglesia
en la época de la Conquista, lo cual pudo obedecer a la línea
política de Felipe II de realzar la intervención de la potestad
civil, fueron probablemente las principales causas de la supresión.
En esta forma, la censura oficial privó a la ciencia histórica de
datos recogidos de primera mano, sobre todo lo que se refiere a los
principios mismos de la Iglesia en el Nuevo Reino de Granada, un
hecho que todos los investigadores no dejarán de lamentar.
La supresión de cinco capítulos del libro 4º, donde la
"Recopilación" se extendía sobre las fundaciones de las ciudades de
Santafé, Tunja y Vélez, se debe también exclusivamente a la
intervención de la censura oficial. Por no conocer el contenido de
estos cinco capítulos sólo son posibles conjeturas más o menos
vagas sobre las causas de tal supresión. ¿Sería la agitada historia
de los primeros años de la Conquista la que hizo aconsejable a los
ojos de la censura tal corte? ¿Sería la causa los desmanes de los
conquistadores contra indios y autoridades reales y los desaciertos
de los jueces de residencia enviados sucesivamente? ¿Habrían sido
suprimidos estos cinco capítulos para quitar una prueba palpable de
los servicios que hicieron al Rey los conquistadores, cuyos
descendientes orgullosos, inquietos y exigentes, demandaban con
insistencia por aquella época, precisamente, nuevas y crecidas
mercedes al Rey en largos y arrogantes alegatos ante el Consejo?
Personalmente creemos que fue esta última la causa principal de la
supresión; pero, sea cual ella fuere, la lamentable consecuencia
está a la vista, ya que justamente estas fundaciones están aún hoy
rodeadas de incógnitas.
El corte más sensible para la ciencia antropológica americana es
la supresión de todo un libro, el 5º, donde en 28 capítulos y 170
páginas se trataba no solamente de las creencias y artes belicosas
de los Muisca sino todo lo referente a su vida económica,
social y familiar, supresión que nunca podrá lamentarse
suficientemente, por tratarse de datos recogidos de primera mano,
casi a raíz de la conquista y sobre una tribu que desempeñó papel
preponderante en el mestizaje del actual pueblo
colombiano.
No sabremos decir, ya que el texto del libro es desconocido, a
qué circunstancias especiales se debe tan dolorosa supresión. Es
posible que ésta se debiera a la descripción de la notable
organización social de los Muisca, con sus leyes hereditarias bien
definidas y la centralización del poder político en cabeza de dos
"reyes", el Zipa de Bogotá y el Zaque de Tunja, pruebas palpables
-ante los mismos españoles- de que no se trataba de una tribu
"salvaje" que podría justificar a los ojos de terceros la
encomienda y las severas medidas adoptadas, sino de una nación bien
organizada, con propias tradiciones culturales y cierta
civilización. Tal organización social podría despertar dudas en
algunos teólogos y juristas, aun españoles, sobre la legitimidad
con que el Rey de Castilla se había apoderado simple y llanamente
del señorío de aquel territorio, reemplazando los "señores
naturales" por sus gobernadores. Hacia esta misma época Felipe II
trataba de legalizar su dominio sobre otras partes de América,
esforzándose por obtener la cesión legal de los derechos que
podrían reclamar los descendientes de Atahualpa y Montezuma,
procedimiento que no podía seguirse con respecto a los herederos de
los últimos zipa y zaque, por haberse extinguido las dinastías
durante la Conquista.
En general, la época no era propicia para que apareciera
publicado un extenso tratado sobre indios. La obra evangelizadora
iba a pasos lentos, y podía aparecer poco aconsejable permitir la
publicación de una obra donde se escribían detalladamente las
"herejías" que se quería combatir y costumbres y creencias todavía
muy arraigadas en la población aborigen. La Real Cédula de 22 de
abril de 1577, dirigida al virrey de Nueva España, en que se le
ordena enviar las obras de fray Bernardino de Sahagún, "sin que de
ellas quede original ni traslado alguno", para que se vean en el
Consejo; la declaración "que no conviene que este libro se imprima
ni ande de ninguna manera en esas partes, por algunas causas de
consideración"; y el final de la Cédula, cuya parte dispositiva
reza: "Y estáis advertido de no consentir que por ninguna manera,
persona alguna escriba cosas que toquen a supersticiones y manera
de vivir que estos indios tenían, en ninguna lengua, porque así
conviene al servicio de Dios, Nuestro Señor, y nuestro"
|
31
, explica el ambiente que reinaba en
la Corte con referencia a libros sobre indios.
Todas estas circunstancias, más la tendencia general que regía
en la segunda mitad del siglo XVI, de tender un velo sobre la
realidad americana, produjeron un ambiente adverso a la inclusión
en un manuscrito que iba a ser publicado en una "historia pública y
aprobada por Vuestra Alteza", como decía Juan López de Velasco, de
apartes que trataban de la historia indígena.
e)
|De la versión primitiva al texto definitivo.
Es difícil, dado el embrollo que presentan las enmiendas y
correcciones que se observan a lo largo del manuscrito, descubrir
con exactitud el camino que recorrió el mismo desde su principio,
como obra de fray Antonio Medrano, hasta recibir su forma
definitiva, aprobada por los Consejos del Rey.
Es indudable que Aguado intervino en la redacción antes de
presentar la obra a la consideración del Consejo de Indias. Hemos
constatado que tres de los diez y siete libros de la primera parte
(libros 6º, 7º y 8º de la numeración antigua) fueron por él
reelaborados con anterioridad. Se trataba de los libros sobre
Tocaima, Pamplona e Ibagué, territorios inmediatos a Santafé y
conocidos indudablemente por Aguado de propia experiencia. Del
texto mismo del manuscrito se desprende que uno de ellos (Tocaima,
territorio Panche) fue por él visitado.
Su intervención está patente a lo largo de la obra al explicar,
en notas marginales, algunos americanismos o en correcciones a
nombres indígenas, sea enmendándolos en el texto, sea repitiéndolos
al margen. Asimismo debemos considerar como hechas de su mano todas
aquellas correcciones y explicaciones que completan el texto
original, como por ejemplo, las indicaciones sobre el lugar de
nacimiento de algunos oidores, etc. Es decir, Aguado es el autor de
todas las enmiendas que exigían conocimiento de las condiciones
locales.
A ello tenemos que añadir aquellos cambios que introdujo de
acuerdo con su condición de fraile "reformado", alabando los
acuerdos e intervenciones de las autoridades contra los desmanes de
los encomenderos. De su pluma son, sin duda, algunas divagaciones
en torno a la "justicia" de la guerra, la esclavitud indígena,
encomienda, etc. Probablemente también se debe a él el profuso
empleo de comparaciones con sucesos acaecidos en la Antigüedad,
cuando cita héroes e historiadores de tiempos pasados.
La obra de Medrano, enmendada y en parte nuevamente redactada
por Aguado, fue presentada, entonces, al Consejo de Indias. La
primera intervención visible es la supresión de los dos primeros
capítulos del libro 1º, que trata del origen de los indios y
descubrimiento de América, y de los tres capítulos del libro 11 (10
moderno), sobre las crueldades cometidas por Beltrán.
Indudablemente en esta ocasión se suprimieron, tacharon o
recortaron otras alusiones sobre excesos llevados a cabo por los
conquistadores, y se tacharon todas las palabras como "conquistar",
"guerra", etc., reemplazándolas por "pacificar", "allanar", etc. Se
tacharon los renglones que trataban de detalles de guerras con
indios, de rebeliones contra las autoridades establecidas, entrando
así el manuscrito en una segunda etapa.
Todas estas correcciones podemos considerarlas como hechas en el
Consejo de Indias, pues corresponden a la política censorial que
hemos constatado.
Considerando los cambios introducidos como definitivos, Aguado
confecciona la tabla-índice que añade al manuscrito. Es fácil
observar que en esta tabla faltan los 5 capítulos que fueron
suprimidos. Copia o hace copiar, además, los primeros tres libros y
los dos capítulos del libro cuarto de la primera parte, por haber
quedado, sin duda, un tanto confusos, bien por las supresiones y
tachaduras hechas por la censura, bien por las enmiendas que había
hecho el propio Aguado, tratándose en estos libros del territorio
conocido ampliamente por él. Esto explica por qué estas partes del
manuscrito no llevan sino la rúbrica del secretario del Consejo de
Castilla, Zapata del Mármol, quien, sin duda, antes de rubricarlas,
las cotejó con los originales censurados. Después comienza Aguado
la nueva foliación (la amarillenta) y añade los prólogos y la
dedicatoria.
El manuscrito entra en su tercera etapa. La censura del Consejo
(¿será el licenciado Hinojosa?) suprime los cinco capítulos del
libro 4º, que tratan de las fundaciones de las ciudades de Santafé,
Tunja y Vélez, y todo el libro 5º, que trata de los Muisca.
Igualmente son tachados ahora, probablemente, los elogios hechos a
Jiménez de Quesada, Hernán Pérez y otros conquistadores, como
también muchos detalles y observaciones antropológicas que encajan
dentro de este criterio. Se observa que la "tabla" (índice), por
ser escrita anteriormente a estas supresiones, contenía tanto los
capítulos suprimidos en el libro 4º como los del libro 5º, los
cuales fueron cortados de acuerdo con los cortes hechos al
manuscrito mismo.
Con esto concluyen las vicisitudes que sufrió el manuscrito
durante la permanencia de Aguado en España. Los originales
rubricados quedan en poder de un impresor.
La última y más reciente etapa se patentiza en la nueva
foliación, que hemos llamado "moderna", y que corre a lo largo de
todos los folios del manuscrito, incluyendo las hojas en blanco. A
esta redacción final pertenecen, probablemente, los arreglos
gramaticales para modernizar el texto, hojas o renglones repasados
con tinta negra cuando la escritura del original estaba
desvanecida, la resolución de algunas contracciones y la
substitución de letras antiguas de difícil lectura por sus
correspondientes modernas. Faltan documentos para identificar
quiénes fueron los autores de estas correcciones.
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23
|
Ibíd., libro 4º, capítulos 20, 22, etc.
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24
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Ibíd., nota 1 a la "tabla"; nota 7 al libro 1º, etc.
|
|
25
|
Ibíd., libro 4º, capítulo 22.
|
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26
|
Ibíd., libro 4º, capítulo 20
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27
|
Ibíd., libro 4º, nota 50.
|
|
28
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Ibíd., nota 16; nota 7 al libro 11, etc.
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29
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Ibíd., libro 10, nota 11; libro 11, capítulo 16, etc.
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30
|
Ibíd., libro 4º, capítulos 17 y 21, etc.
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31
|
Publicado en Garcia Icazbalceta, Códice franciscano, siglo XVI.
Colección de documentos ineditos, tomo II, México, 1944.
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