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FRAY
ANTONIO MEDRANO
Dice fray Pedro Aguado, en el proemio al lector, que escribió su
"Historia" durante los ratos de recreación y, en parte, "porque un
religioso de mi Orden que se llamaba fray Antonio Medrano tenía
comenzado este trabajo, por cuya muerte se quedará por salir a
luz..."
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A base de una interpretación de esta frase, un tanto frágil, se
sostiene generalmente que Medrano sólo recogió datos y, en el mejor
de los casos, apuntes para la historia del Nuevo Reino de Granada,
y que el mérito de la "Recopilación Historial" pertenece
íntegramente al propio Aguado.
Tal interpretación es, a nuestro modo de ver, arbitraria. Si se
tratase verdaderamente de una simple recopilación de apuntes y
datos sueltos, o sólo del "comienzo" de un libro, no cabría alusión
a la posibilidad de una publicación. La frase arriba transcrita
indica más bien que la obra que dejó Medrano estaba en estado muy
avanzado, casi para ser publicada. Esto no excluye que Aguado
hiciera en ella correcciones, omitiera algunos párrafos o añadiera
otros, ni que ordenase lo compuesto a su gusto y que completase
aquellos trozos que así lo exigían. Pero todos estos trabajos eran
esencialmente de redacción, de forma, y esto lo confirma
tácitamente el propio Aguado cuando teme que su aportación personal
no sea bastante apreciada por el futuro lector. "No quiero tampoco
-dice- que se deje de entender la mucha parte que tengo, si tengo
de decir verdad, en el trabajo de este reverendo Padre, pues no me
costó a mí poco, al principio, despertar muchas cosas y recopilar
otras, para hacer de todas ellas un cuerpo y un discurso". La
forma: "No quiero tampoco que se deje de entender, etc..." sólo
puede interpretarse como temor de verse acusado de apropiación
indebida de un trabajo ajeno. Además, no menos significativo es el
final de la misma frase, donde se dice: "Y lo que de él -es decir,
del 'discurso', de la obra- restaba, procuré perfeccionar, después
de cumplir con la obligación que tenía al oficio y gobierno de mi
Provincia". Aguado indica aquí claramente que una vez hecho un
"discurso" con los papeles que dejó Medrano, quedaron otros papeles
y notas que tuvo que perfeccionar. La única interpretación posible
es que la herencia literaria de Medrano consistía en libros tan
elaborados que con ellos se puede formar, aunque "con trabajo", un
solo cuerpo listo para publicar; y otros, menos elaborados, que
Aguado tuvo que "perfeccionar".
No en forma distinta se debe interpretar lo que dice otro
historiador franciscano, fray Pedro Simón, que sólo unos años
después llegó a Santafé, a la misma Provincia de la Purificación a
que pertenecieron Medrano y Aguado. Cuando habla de los dos, dice
del último que "prosiguió la historia y la perfeccionó en dos
buenos tomos que andan escritos de mano"
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La cita es
aún de mayor interés cuando se sabe que Simón no pudo encontrar,
como él mismo lo declara, la "primera parte" de la Recopilación,
donde Aguado en el proemio hace sus declaraciones respecto a
Medrano. De manera que la aseveración de Simón se debía a los
dichos de otros frailes que encontró en el convento, de los cuales
algunos de los más ancianos hubieran podido haber recogido noticias
directas, aun, tal vez, de boca del mismo Aguado.
No es pura arbitrariedad de que Antonio de León Pinelo, quien
publicó su "Biblioteca" en 1629, indica a fray Antonio Medrano como
|único autor de la "Historia del Nuevo Reino de Granada", y
sigue:
"Fray Pedro Aguado, franciscano, prosiguiendo lo antecedente,
escribió
|Descubrimiento y Pacificación de Santa Marta y Nuevo
Reino; con este título, sacó privilegio para la impresión en el
Real Consejo de Indias"
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Por fortuna, la investigación del acervo documental que nos dejó
Aguado y que forma la base del presente estudio, confirma
plenamente la paternidad intelectual de Medrano sobre, si no toda,
por lo menos la gran porción de la "Recopilación Historial"; por lo
cual se le debe considerar a él, y no a Aguado, como primer
historiador, primero que se ocupó exclusivamente del Nuevo Reino de
Granada, y por consiguiente, de la actual Colombia. Se trata
ciertamente de un enorme plagio, cometido por Aguado, si lo
juzgásemos bajo conceptos modernos. Pero no es con nuestra
mentalidad con la que se debe entender un hecho acaecido en el
siglo XVI. Medrano y Aguado fueron miembros de una misma comunidad
religiosa. El deseo de lucirse y destacar su importancia personal
era extraño en la mente de aquellos religiosos que, enclavados en
la alta Cordillera Andina, se ocupaban, antes que de cualquier otra
cosa, de la obra evangelizadora entre los indios. Sus palabras en
la dedicatoria al Rey, en que dice "no pretendo... ilustrar mi
nombre ni engrandecer mi fama..." no es
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pura retórica. Del
texto de la petición al Consejo de Indias, a la cual Aguado adjuntó
el índice de la "Recopilación Historial"
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, se
desprende claramente que no lo hizo para lograr distinciones o
mercedes personales o jactarse de historiador, sino tan sólo para
dar peso a su personalidad, como representante venido especialmente
a España a fin de seguir los negocios de su Provincia en la Corte.
Virtualmente el libro era propiedad de la comunidad. En esta
circunstancia y de acuerdo con la moral y uso de la época no
existía un plagio propiamente dicho, ni el deseo de cometerlo al
presentar la "Recopilación" como obra suya y no de un fraile ya
muerto y cuya intervención era pues imposible; y más cuando él
había trabajado en la obra personalmente. Su recta conciencia y
amor a la verdad le hicieron incluir la noticia sobre las labores
históricas de su antecesor, fray Antonio Medrano, en la forma
correcta tal como lo hizo.
Los datos biográficos referentes a Medrano son sumamente
escasos. Se desconoce el lugar y fecha de su nacimiento y tampoco
se sabe cuándo y desde dónde se trasladó al Nuevo Reino. Lo que sí
podemos afirmar es que su llegada allí fue mucho anterior a la de
Aguado, quien aportó al Reino hacia 1562. Algunos libros tratan de
acontecimientos anteriores a esta fecha con tal minuciosidad y
cúmulo de detalles, que invitan a creer que fueron escritos por un
testigo presencial que sólo podría ser fray Antonio Medrano. En el
libro 1º, capítulo 1º, de la primera parte, habla el autor del
descubrimiento de Santa Marta en 1498 (sic) por Juan (sic) de
Ojeda, "por dicho de personas muy antiguas que aún hoy viven".
Aunque los datos son errados, pues ni el nombre del descubridor ni
la fecha son exactos, no es posible suponer que testigos
presenciales de tal hecho viviesen en la época en que Aguado estuvo
en el Reino. La confección de este libro hay qué situarla a más
tardar entre 1550 y 1555 para que el dato fuese verosímil; su autor
sólo podría ser, pues, Medrano.
Pruebas inequívocas de la temprana llegada de Medrano al Nuevo
Reino de Granada son cuatro libros de la primera parte cuyo texto
indica claramente haber sido escritos antes de 1562, y que por
consiguiente sólo podrían ser obra de Medrano. Así, el libro
séptimo, la historia de Ibagué, fue escrito, según se declara,
durante la época en que había prohibición de nuevos descubrimientos
y conquistas, prohibición que se levantó por Cédula Real del 15 de
julio de 1559
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5
. En el mismo caso se encuentra el libro
8º, sobre Mariquita, y el libro 10, sobre la fundación de la ciudad
de Vitoria, donde hablando de la prohibición de nuevas expediciones
dice: "y esta suspensión dura hasta hoy.. ." Exactamente lo mismo
sucede con el libro 14, de la ciudad de los Remedios.
Es obvio que si hacia 1558-59 Medrano tenía ya redactados estos
4 libros, que debido a varias razones y alusiones a libros
anteriores no pueden considerarse como los primeramente escritos,
su llegada al Reino tuvo que ocurrir varios años antes. La
Provincia, o más exactamente la custodia franciscana, se fundó en
1550 y se despobló prácticamente en 1553. En aquel año entró a
Santafé el obispo fray Juan de Barrios, a quien, según parece,
Medrano profesaba entrañable amistad. La carta que escribe en
compañía de otros frailes
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y que es la primera que
conocemos donde se contiene su firma, elogia en gran manera al
entonces ya arzobispo. Medrano pudo haber venido con Juan de
Barrios como uno de los 12 frailes que lo acompañaron y cuyos
nombres no conocemos. Pero la fecha exacta de su llegada es aún una
incógnita que espera comprobación documental.
Dice fray Pedro Simón que si Medrano no hubiese muerto en la
expedición al Dorado, habría "sacado a luz muchas y buenas cosas"
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7
, apoyándose posiblemente al emitir este
concepto en la fama que de él había como concienzudo historiador.
Otro escritor antiguo
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informa que Medrano
escribió un libro sobre "arte del idioma de los indios Moscas";
afirmación que hasta ahora no ha podido comprobarse con un hallazgo
documental, pero que es verosímil, dado el largo tiempo de su
permanencia en el Nuevo Reino y su celo misionero que demostró
acompañando al licenciado Jiménez de Quesada en la desgraciada
jornada al Dorado.
En la carta del 27 de diciembre de 1567, arriba citada, firma
Medrano con otros frailes, como definidor de la Provincia
franciscana en Santafé. El documento en sí carece de directo valor
biográfico, pues es una carta que versa sobre la contienda entre el
arzobispo y los dominicos. De asuntos generales trata otra carta
donde también se contiene su firma, que es la del 1º de enero de
1568
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9
. Pero el hecho de haber sido definidor
de su orden indica la posesión de prendas intelectuales que
permitieron elevarlo a esta dignidad.
En 1569 sale fray Antonio Medrano con la expedición de Jiménez
de Quesada. Dice Aguado, su compañero de religión, y estante por
entonces en el Nuevo Reino, que lo hizo "con celo y ánimo de
convertir almas"
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10
Unos decenios más tarde fray Pedro Simón atribuye el
alistamiento del fraile al deseo "de ver esta jornada y las tierras
y escribirlas por vista de ojos"
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11
. Parece
más verosímil la aseveración de Aguado, teniendo en cuenta que
ambas opiniones estaban emitidas bajo épocas y conceptos
diferentes. Medrano, así como su compañero Aguado y otro
historiador franciscano, fray Esteban de Asensio, eran ante todo
religiosos-misioneros y sólo en segundo plano historiadores. Basta
decir que en 1585, Asensio, amigo personal de Aguado -pues éste le
dejó como sustituto al viajar a España- no enumera siquiera las
actividades históricas de aquél -presente por entonces en el Nuevo
Reino- en el extenso elogio que le dedica en el memorial histórico
que escribiera sobre la orden franciscana
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12
. Aguado
mismo, en su petición al Rey
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13
, menciona la "tabla"
de su "Recopilación Historial" en último término, después de hablar
largamente de sus actividades como misionero. Por dos veces
consecutivas
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14
trata de justificar sus ocupaciones
de historiador, a pesar de ser fraile, como si tal ocupación
tuviese algo de reprochable. Donde reinaba tal ambiente, es difícil
suponer que un religioso se alistase a una expedición conquistadora
con el fin principal de ver y hacer historia, como lo supone fray
Pedro Simón, situado ya dentro del ambiente del siglo XVII.
En esta jornada, que tres años después, en 1572, llegaba
desbaratada a Santafé, quedando con vida 50 españoles de los 800
que salieron, y de los 1.500 indios sólo 30
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15
, murió
fray Antonio Medrano, sin que conozcamos detalles de su muerte.
Quedó injustamente en el olvido. Su nombre no aparece en ninguna
historia de la orden franciscana antigua o moderna
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16
, ni en enciclopedias hispánicas, como
la de Espasa-Calpe, por ejemplo; ni aun en la Enciclopedia
Hispano-Americana se le menciona.