INDICE





PREÁMBULO

CAPÍTULO I
Salamina o la revolución de 1840

CAPÍTULO II
Don Trifón Molano. El Colegio del Rosario, Los Jesuitas y el Ilustrísimo señor Mosquera

CAPÍTULO III
El 7 de marzo de 1849

CAPÍTULO IV
El doctor Murillo y mi escritura

CAPÍTULO V
La enseñanza universitaria. 1849 a 1852

CAPÍTULO VI
Las Reformas Radicales del Congreso De 1851.— La Revolución Conservadora del Mismo Año.—El Doctor Mariano Ospina.—Salvador Camacho Roldán.—Mi Bautismo De Fuégo.—El Coronel Joaquín Acosta.

CAPÍTULO VII
Mi estreno en el foro - Gobernación de Cundinamarca - Soltura de unos conscriptos - Felipe Pérez

CAPÍTULO VIII
Campaña contra la dictadura.1854

CAPÍTULO IX
La revolución de 1860 - Batalla de San Agustín ?  La espada del General Mosquera

CAPÍTULO X
Mi permanencia en Europa como encargado de negocios - El cadáver del emperador Maximiliano - La traducción del paraiso perdido - El príncipe Pedro Bonaparte - D. José Triana o las glorias de la Patria - M. Chevalier - Alejandro Dumas - La transfución de la sangre

CAPÍTULO XI
Mi misión á Caracas 1872 á 1873 - La escritura de propiedad de la frontera oriental de la República

CAPÍTULO XII
Paso de la juventud a la edad provecta - 1873 á 1884 - La elección del señor Parra - Campo de Garrapata - Abajo la confiscación - La constitución federal de 1863 - Gobierno del Tolima con el General Fruto Santos

CAPÍTULO XIII
Retrospectivo- Labor legislativa

CAPÍTULO XIV
La corte suprema de justicia

CAPÍTULO XV
Mi viaje al Perú

CAPÍTULO XVI
Conclusión
SALAMINA Ó LA REVOLUCIÓN DE 1840
 

 

Desciendo de una familia de acaudalados propietarios territoriales de Ibagué, fundada por el matrimonio de mi bisabuelo D. Pedro Galindo, que era inmensamente rico, con doña Teresa Licht, alemana, hija del alemán Licht, traído por el Virrey Caballero y Góngora para introducir el nuevo método de amalgamación por el azogue en el laboreo de las minas de plata de Mariquita. Del hermano de doña Teresa descendieron D. León y doña Isidora Licbt, muy conocidos en esta ciudad. El joven Alberto Matéus Barbosa y Licht, nieto de doña Isidora, hijo del doctor Francisco de P. Matéus, es descendiente en línea recta del mismo tronco.

Mi padre D. José María Tadeo Galindo, hijo de D. Nepomuceno y nieto de D. Pedro y doña Teresa, sentó plaza de cadete en el ejército republicano el 2 de Septiembre de 1819, junto con los Urueñas y con Melo, que tanto se distinguieron en las campañas del Perú, y con su primo hermano D José María Vezga, destinado á ser uno de los más brillantes oficiales de la guerra de Independencia, compañero de Sucre hasta Bolivia. De la hoja de servicios de mi padre, autorizada con las firmas autógrafas de los Generales Antonio Obando y Antonio Morales, que original conservo en mi poder, y que corre además transcrita en la Ley 63 de 1882, copio lo siguiente:

"CAMPAÑAS Y ACCIONES DE GUERRA EN QUE SE HA HALLADO:

En la campaña del Magdalena se halló en la batalla de la Playa de Barbacoas, á las órdenes del señor Teniente Coronel José Antonio Mais; en la campaña del Sur se halló en la batalla de Pitayó el 6 de Junio de 1820, á órdenes del señor General Manuel Valdez; en la acción de Genoy el 2 de Febrero de 1821, á órdenes del mismo señor Valdez; en la campaña de Guayaquil, cuando pasó el Ejército á aquella ciudad, á órdenes de los señores Generales Antonio J. de Sucre y José Mires; se halló en la batalla de Camino Real, el 10 de Junio de 1822, á órdenes del señor General Mires; en la batalla de Ya-guache el 20 de Agosto de 1822, á órdenes del señor General Sucre; en la acción de Guache el 12 de Septiembre de 1822, á órdenes del mismo señor General Sucre, en donde recibió cuatro heridas de gravedad, y quedó prisionero en el ejército español; en la batalla de Pichincha el año 23, á órdenes de dicho señor General Sucre, en donde recibió una herida en el muslo.

Restablecido de sus heridas, siguió en comisión conduciendo pliegos al Cuartel general del Libertador en Trujillo." Y se halló en la inmortal batalla de Ayacucho, como consta en el detalle del parte dado por el General Sucre, y de la lista de todos los jefes y oficiales presentes en aquella jornada, formada por el historiógrafo General Manuel A. López.

"En la campaña del Cauca para restablecer el Gobierno Constitucional, se halló en la batalla de Palmira el 10 de Febrero de 1831, á las órdenes de los señores Generales José María Obando y José Hilario López."

Retirado del servicio, con el grado de coronel, con letras de retiro por inválido, vivía mi padre consagrado á ocupaciones comerciales en su ciudad natal, cuando en 1832 ó 1833 ocurrióle la idea de adquirir un campo en la bellísima hondonada regada por el Coello, que separa las sabanas altas de Ibagué de las del Espinal, llamada Chagualá, á tiempo que hacían lo mismo sus amigos D. Miguel Ignacio Buenaventura y D. Santiago Vila, padre de D. Guillermo, connotado miembro del Partido Liberal del Tolima.

Alcanzaría mi padre á leer, antes de entrar en el ejército, ó en sus ocios de retiro, algún compendio de Historia griega, é imbuido en sus gloriosos recuerdos, exigió que sus amigos bautizaran sus campos con los nombres de Píatea el uno, y Maratón el otro, reservando para el suyo el de Sala-mina. Los dos civiles no pudieron imponer á mis paisanos de Chagualá el apodo helénico, pero el soldado imperioso, acostumbrado á mandar "cartuchera en el cañón," puntapié aquí, vizcaíno y sopapo allá, impuso al suyo el nombre fatal de Salamina, donde yo nací en 1834, y que conserva hasta hoy, sobre la margen izquierda del Coello.

Sobrevenida la funesta revolución liberal de 1840, encabezada por el General José María Obando, vióse mi padre arrastrado en ella, tanto por el honor del espíritu de partido, como por no dejar solo á su primo hermano, el Coronel Vezga, jefe de la familia, Gobernador de la Provincia, en mala hora pronunciado contra el Gobierno.

Desalojados de Honda el 9 de Enero de 1841 por las tropas del Gobierno al mando del señor General Joaquín París, tomaron Vezga y mi padre, y el doctor Manuel Murillo, que figuraba como Secretario del primero, la vía del río para ir á reunirse en Antioquia á la revolución que allí encabezaba el Coronel Salvador Córdoba.

Vencedores en Itaguí, pero derrotados y hechos prisioneros en la acción de Salamina, (mi padre, herido como de costumbre; esta vez con dos balazos en el muslo derecho), fueron de allí conducidos á Medellín, juzgados como cabecillas del delito de rebelión, conforme al Código Penal de 1837, condenados á muerte é ignominiosamente ejecutados en la plaza Mayor de Medellín el 9 de Agosto de 1841.

Encendida la hoguera de las pasiones y de los odios de partido, los vencedores no tuvieron piedad de los vencidos. y osaron levantar manos parricidas sobre pechos que en cien combates habían servido de antemural al plomo español para fundar la Independencia.

He aquí su carta de capilla tantas veces publicada por mí, que original conservo, toda de su letra, con el sello rojo de la Administración de correos de Medellín,

autenticada por el Administrador de la estafeta, señor Juan de D. Muñoz.

Al joven Aníbal Galindo.-Ibagué.

Desde mi prisión en Medellín, á 4 de Agosto de 1841..

Querido Aníbal:

Pronto á concluir mi triste existencia, te pongo ésta con el fin de despedirme para siempre de ti, dejándote en estas mal formadas líneas unos cortos recuerdos del tierno amor que te profesa hasta más allá del sepulcro tu tierno padre. Tú debes ser dócil con tu querida mamá y con la sociedad misma de la que algún día debes ser miembro: que procures ilustrarte para ser útil á la misma sociedad, y por lo mismo utilísimo á tu familia; que deseches la ociosidad, madre de todos los vicios, y que arreglando tu conducta desde tu tierna juventud á las máximas de los filósofos de gran nombre, te hagas algún día célebre entre tus conciudadanos, estos son los vehementes deseos de tu padre infeliz.

Nuestra sentencia de 2.a instancia se nos hará saber hoy, y si ella fuese confirmada, seremos víctimas el siete de este, tu tío Vezga y tu idolatrado papá, pero tú no debes afligirte, quedando persuadido que un crimen político es el que nos conduce á la muerte, y no delitos atroces, pues nunca éstos se han abrigado en el corazón de un amante de la libertad de su patria, por quien ha hecho esfuerzos constantes en la guerra de su emancipación y en el sostén de sus mismas leyes.

Díle á…………………………………………………………………..                                      

Y que no hay más que conformidad en todo, que yo moriré con el valor que he acostumbrado tener en todo riesgo, y que esto debe consolarte.

Te encargo te despidas por mi de mi madre, tus tíos y tías, sin olvidar á mi querida Ninfa, y á todos los amigos que á tu poco juicio y edad puedas conocer que sienten mi desgracia, sin olvidar á mi señora María Camacho, Blancos, Molanos y los Puentes, y con esto, si el Criador no dispone otra cosa, recibe el último y tierno afecto, que desde la mansión de la eternidad no dejará de rogar al Todopoderoso por tu conservación y felicidad.

Tu padre,

 

TADEO GALINDO.

 

Mas no se trata ya de eso, sino de saber qué uso digno de ella deberé hacer yo de la sangre derramada en ese cadalso; si deberé, fiel ti la religión de partido, alzar todavía, al cabo de sesenta años, su túnica ensangrentada, para atizar, para ayudar á mantener vivo el insano furor de esos partidos, ó si iluminado por el fúnebre resplandor de esas hogueras, deberé mostrar á la presente generación la esterilidad de aquel sacrificio, para pedirle en nombre de esa sangre el apaciguamiento de estos odios salvajes en que se enciende el furor de nuestras constantes revoluciones, y su cambio, en nombre de la razón, por más humanos sentimientos y por más nobles ideales. Y mi conciencia de hombre de bien se ha sentido fuerte para cumplir con este deber.

Próximo á terminar el período de la Administración del General Santander, de 1833 á 1837, la opinión, en busca de su sucesor para presidente de la República, se encauzó en tres distintas corrientes.

Formaban en primer término los hombres que se consideraban como los verdaderos representantes del genuino liberalismo, personificado en las tradiciones del Gobierno del General Santander y en la adhesión á la persona y á las opiniones del ilustre caudillo. Constituían el nervio de esta fracción los jefes militares que habían hecho frente á la dictadura de Bolívar y á la usurpación de Urdaneta, hasta el restablecimiento del Gobierno constitucional en 1831.

Venía en seguida la fracción liberal, que siempre ha existido, de ideas más avanzadas, compuesta de los espíritus más exagerados é impacientes, á quienes seduce el brillo de las verdades ideales ó puramente teóricas, esencialmente utópicos, intolerantes é intransigentes, que entonces carecía de nombre propio, y que hoy se conoce en todos los países libres con el nombre de "partido radical." Era jefe de esta fracción el doctor Vicente Azuero, patriota inmaculado, pero hombre de pasiones Violentas y de ideas exageradas. El General Santander no lo quería; nunca quiso darle participación en el Gobierno.

Y por último, tras largos años de proscripción y al favor de la división liberal, volvía á levantar cabeza antiguo partido Boliviano, en el cual se habían refugiado las aspiraciones del tradicionalismo colonial :-era el partido de la resistencia á la innovación, autoritario ó conservador, que naturalmente debía formarse.

No atreviéndose todavía á presentarse con candidato propio, este partido, al cual habían ingresado todos los descontentos con la Administración Santander, tompó por candidato para la Presidencia al Vicepresidente de la República, D. José Ignacio de Márquez, jurisconsulto eminente, orador dé primer orden, tribuno, estadista, sin disputa una de las más brillantes figuras de la República desde 1821, no porque él hubiera dado la menor muestra de deslealtad á sus principios como uno de los más enérgicos oposicionistas á la Dictadura de Bolívar, sino por un procedimiento perfectamente lógico en la táctica de los partidos; porque lo que ante todo le importaba era deshacerse del enemigo personal y tradicional, del cual nada podía esperar, y ver de llevar á la presidencia con sus votos otro hombre desapasionado, aunque de igual filiación, en quien el natural agradecimiento y el curso del tiempo algo darían de sí favorable á los intereses políticos del partido, cuando menos disponiéndolo á relajar en su favor la rigurosa exclusión de los puestos públicos en que á sus miembros se mantenía desde 1831; algo parecido, ó mejor dicho semejante ó igual á lo que en 1884 hizo el partido Conservador apoyando la candidatura del doctor Rafael Núñez, contra los recelos, la antipatía y las desconfianzas del radicalismo.

El General Santander, huyendo de Azuero, á quien no quería, recomendó privada y personalmente á sus amigos la candidatura del General José María Obando. Es inexplicable la falta y el error cometidos por el General Santander en esta designación. Para guardar completa consonancia con su conducta política de "Hombre de las Leyes," debió haberse abstenido de toda recomendación; pero si en vez del General Obando el recomendado hubiera sido el General José Hilario López, cubierto con los laureles de toda la guerra de Independencia y rodeado del respeto de la pública estimación, parécenos que el triunfo habría sido seguro.

Fuése, pues, á la lucha electoral con estos tres candidatos: Obando, Azuero y Márquez; y en ella, efectuada en medio de la más rigurosa legalidad, los votos de los 1623 electores de las Asambleas electorales de cantón, se dividieron así:

Por Márquez    622
Por Obando     555
Por Azuero      164
Diversos          282

Suma            1.623

 

No habiendo obtenido ninguno la mayoría absoluta para declarar en su favor la elección popular, hubo de perfeccionarla el Congreso de 1837, conforme á lo dispuesto en un artículo de la Constitución, contrayendo la votación á los tres candidatos que hubieran obtenido mayor número de votos, y siendo necesario para esta elección que el electo reuniera las dos terceras partes de los votos del Congreso.

Después de dos votaciones sin resultado, en la tercera, contraída ya á Márquez y Azuero, de los 96 votos con que se hacía la elección, Márquez obtuvo 64 y Azuero 32. Fué, pues, declarado constitucionalmente electo Presidente de la República el doctor Márquez en la sesión del 4 de Marzo de 1837.

Desde que se presentó su candidatura, levantóse contra ella la objeción de inelegibilidad, fundada en la disposición del artículo 101 de la Constitución, que decía "que ni el Presidente ni el Vicepresidente podrían ser reelegidos para los mismos puestos en el período inmediato," redacción anfibológica, que tanto se prestaba á la interpretación de que ninguno de ellos podía ser elegido para ninguno de los dos puestos, como á la de que sólo estaba prohibida la reelección para el mismo puesto, pero que el Presidente podía ser elegido Vicepresidente, y este, Presidente.

El Poder Ejecutivo, de quien se quiso arrancar una resolución adversa á la elegibilidad del Vicepresidente, se negó á ello con sobra de razón, diciendo que semejante facultad equivaldría á la de hacerse el Ejecutivo árbitro de la elección presidencial, y que su ejercicio correspondía de derecho á la autoridad encargada de calificar en último grado los votos y declarar la elección, es decir, al Congreso; inequívoca muestra de la legalidad con que en la materia procedió el Gobierno del General Santander.

En la sesión del Congreso del 3 de Marzo de ¡837 los Representantes Acosta (D. Joaquín) y Mosquera (D. Tomás Cipriano), anticipándose al día de la declaratoria, sentaron la siguiente proposición:

'Decláranse legales los votos dados en favor del Vicepresidente, para Presidente de la República.'

Pero el Presidente del Congreso con igual tino declaró innadmisible la proposición, fundándose en que la única atribución que al Congreso estaba conferida por la Constitución en la materia, era la de perfeccionar la elección haciéndola entre los tres candidatos que hubieran obtenido mayor número de votos en las Asambleas electorales, y que tal declaratoria la haría el Congreso al contestar á la pregunta que su Presidente le hiciera sobre si declaraba constitucionalmente electo al candidato en cuestión.

A pesar de haber sido elegido con el apoyo moral del Bolivianismo, mejor dicho, del partido Conservador, y con gran número de sus sufragios, el doctor Márquez no se consideró obligado, ni autorizado, para desligarse de la tradición liberal, y organizó su Administración con tal carácter, nombrando Ministro de la guerra al connotado liberal y exaltado anti-boliviano General Antonio Obando, y conservando en el Ministerio de lo Interior y Relaciones Exteriores al señor Lino de Pombo, con cuya firma se encontraban autorizadas las medidas más enérgicas de política interior y exterior que habían caracterizado el Gobierno del General Santander. El General Obando fue después reemplazado por el General José Hilario López, hasta 1839, en que éste fué nombrado Enviado Extraordinario cerca de la Santa Sede. Como se ve, la Administración Márquez era una Administración netamente liberal, únicamente que su Jefe ni lo necesitaba ni se creía obligado á ir á pedir todos los días el santo y seña á casa del General Santander. Este había gobernado la República desde 1819, y la opinión principiaba á cansarse, como es conveniente que se canse del predominio de un mismo hombre por tanto tiempo. No hay ejemplo de que en la liberal Inglaterra, en la gran República inglesa, ni los más eminentes hombres de Estado, ni los Pitt, ni Cavendish, ni Wellington, ni Russell, ni Palmerston, ni Disraeli, ni Gladstone, hayan podido mantenerse en el poder por más de cuatro años seguidamente.

Para Ministro de Hacienda eligió á un joven de grandes capacidades, natural de Antioquía, al señor Juan de Dios Aranzazu, no solo anti-boliviano, sino sospechado en las cartas de Urdaneta á Montilla, bajo el seudónimo de "los dos antioqueños" (él y el doctor Alejandro Vélez), de haber tenido conocimiento de la conspiración del 25 de Septiembre de 1828, contra la vida de Bolívar.

De la alocución dada por el señor Márquez el 1.o de Abril de 1837 al entrar en ejercicio del Poder Ejecutivo, tomamos los siguientes notables conceptos:

'La libertad, objeto precioso de nuestros votos, á quien se han dirigido nuestros holacaustos, por la cual ha corrido la sangre de los mártires y de los héroes: la libertad, que ha sido el grito de reunión de los buenos en tantos años de combates y de glorias, de sufrimientos y de esperanzas: la libertad es el ídolo de mi corazón. Yo procuraré que se reanime siempre esta llama sublime en los altares de la Patria; la ilustración la enciende, la religión la aprueba, la virtud la aplaude. Ella no debe extinguirse en ningún pecho noble granadino. Pero jamás confundiré la dulce libertad que todo lo vivifica, engrandece y anima, con la borrascosa licencia que todo lo agosta y destruye.

Felizmente, más de millón y medio de habitantes de la Nueva Granada profesan el culto católico. Ellos no encuentran el menor obstáculo en la práctica de una religión tan sabia como benéfica. Pero no persigamos á los que se apartan de las verdades reveladas. El Cristianismo, amigo de la humanidad, manda respetar á los que tengan una creencia diferente, y vivir en paz con todos los hombres. Que nunca la divergencia de pensamientos religiosos produzca disensiones políticas. No aprobemos, pero seamos indulgentes hacia el error, triste patrimonio del género humano; y que el Gobierno lleve la paz, el consuelo y la confianza al seno de todos los granadinos, SEAN CUALES FUEREN SUS OPINIONES.

La Iglesia y sus Ministros recibirán toda la protección y consideracion que prescriban las leyes, de acuerdo con lo que exige la santidad de su estado y lo sublime de sus funciones. La autoridad eclesiástica ejercerá libremente sus atribuciones; peto jamás permitiré que se atente IMPUNEMENTE á las prerrogativas de la potestad civil, ni á los derechos de la República. La moderación, el patriotismo, la ilustración y las virtudes del clero granadino, me dan fundadas esperanzas de que jamás llegará el caso de hace uso de una represión.

En la provisión de los empleos no consultaré sino el mérito, las capacidades, las conveniencias públicas y el mejor servicio del Estado. No se tema ni se espere que en este negocio, como en ningún otro, tengan en mí la menor influencia las afecciones personales. Yo no soy dueño, sino administrador de los intereses de la Patria. Si es conveniente la atribución conferida al Ejecutivo de remover libremente á ciertos empleados, debe usarse de ella con mucha economía, prudencia y circunspeción, para que no desaliente al patriotismo ni produzca la funesta consecuencia de apartar de los empleos á los hombres honrados por el temor de sufrir el sonrojo de una intempestiva remoción. No teman, pues, los empleados que sirven bien á la patria, que se les prive del honor de continuar sirviéndola.'

Creía el Bolivianismo que era llegado ya el tiempo de reaccionar contra la Constitución liberal de 1832, y así lo pedía en su prensa. El doctor Márquez le salió al encuentro cerrándole el paso en el Mensaje al Congreso de 1839, del cual copiamos lo siguiente:

'La Constitución ha sido fielmente cumplida en toda la República. Los ciudadanos respetan este libro sagrado como el más seguro garante de sus derechos, la egida de las libertades públicas y la prenda cierta del órden y de la tranquilidad social. Obra de los hombres, adolece de defectos, tiene faltas é imperfecciones; más por útiles que pudieran ser las reformas que se introdujeran en ella; las creo extemporáneas y altamente perjudiciales á la estabilidad del Estado. No siempre lo existente puede agradar á todos; y con frecuencia se corre en pos de vanas teorías que deslumbran á primera vista,  pero que en la práctica se hallan ineficaces para llenar el objeto que se desea. Una reforma de la ley constitucional llevaría tras sí otra y otras, y al fin nada habría fijo, nada tendría la sanción del tiempo; y en cada año los granadinos fluctuarían en la más espantosa incertidumbre, producto preciso pero funesto de una constitución precaria, que no ofrecería seguridad ni á los extranjeros, ni á los nacionales. En mi opinión, el Código fundamental debe ser inviolablemente conservarlo, y no debe tocarse sino cuando, con el transcurso de los años, se haya dado á conocer que podernos guardar una constitución por mucho tiempo, y que la razón, y no un vano espíritu de novedad, es lo que nos obliga á reformarla. Nuestro ejemplo, lejos de justificar, debe desmentir la censura de pueril versatilidad que se hace á los Estados Sud-Americanos.' 

Dos años iban ya transcurridos del período constitucional, cuando el Congreso de 1839 expidió la famosa ley de 27 de Mayo de ese año, sobre supresión de los conventos de La Merced, San Francisco, Santo Domingo y San Agustín, de la ciudad de Pasto, con el apoyo del respectivo Diocesano, fundándose en la relajación de disciplina en que vivían aquellos conventuales, y en que conforme á las circunscripciones de la jurisdicción eclesiástica colonial, que aun subsistían, aquellos conventos dependían y eran gobernados por el Arzobispo de Quito.

Pasto, como se sabe, había sido La Vendée del realismo español contra la guerra de Independencia. Guerrilleros pastusos mantuvieron el fuego de sus encrucijadas entre el laberinto de sus montañas, en nombre del Rey, hasta 1826, azuzados por el más ciego fanatismo; y no es, por lo mismo, extraño lo que sucedió.

El I.o de Julio de 1839 debía el Gobernador de la Provincia, señor Antonio José Chaves, publicar por bando y poner en ejecución material, expulsando á los frailes y ocupando los conventos, la ley sobre supresión á que antes hemos aludido, cuando un clérigo fanático, llamado el Padre Villota, Prepósito de la Congregación del Oratorio de San Felipe de Neri, subió al púlpito de dicha iglesia, y convertido en un energúmeno, excitó á los fieles habitantes de Pasto á resistir su ejecución, denunciando la ley en cuestión como herética y masónica, y á sus autores como enemigos de la Iglesia y de sus ministros.

Amotinada la población en húmero de tres á cuatro mil personas, en su mayor parte indios aguerridos y bien armados, puso sitio al cuartel de la pequeña tropa que hacía la guarnición de la ciudad, que apenas llegaba áunos 6o soldados, donde se había refugiado el Gobernadoor. Estrechamente asediados y privados de todo recurso, vióse el Gobernador obligado á capitular con los amotinados, y el 3 de Julio aceptó las siguientes proposiciones: 

'Los señores doctor Francisco de la Villota, Prepósito de la Congregación del Oratorio de San Felipe de Neri, y Teniente Coronel en disponibilidad Antonio Mariano Alvarez, hacen las siguientes proposiciones para transigir las presentes desaveniencias:

Art. 1.o Los infrascritos y el pueblo de Pasto declaran solemnemente que obedecen al Gobierno de la República yá las autoridades constitucionales, y que solicitan las siguientes concesiones:

I.o Que el señor Gobernador de la Provincia no llevará á efecto la publicación del Decreto de supresión de los conventos de esta ciudad, expedido en la Legislatura del presente año, ni se llevará á efecto, quedando comprometidos, en obsequio de la paz y del bien público, á informar y suplicar por su parte para que no tenga lugar tal disposición, la que deberá reservarse hasta la próxima Legislatura, en que se presentarán las diversas solicitudes de esta capital, á fin de conseguir la revocación del expresado Decreto;

2.o En asuntos de Religión no se hará la menor alteración, y observándose en todo caso y guardándose la Apostólica, Católica, Romana,y que siempre se les permitirá á los habitantes de esta Provincia continuar en sus costumbres y prácticas religiosas como las observaron nuestros padres; 

3.o El señor Teniente Coronel Antonio Mariano Alvarez continuará instruyendo las milicias, para que de este modo se establezca el orden en ellas, así como lo ha mantenido desde el momento en que el pueblo lo obligó á que dirigiese sus operaciones, con cuyas disposiciones se han evitado muchos males. El se ha interesado por el honor del Gobierno, por su reconocimiento, obediencia y por la paz;

4.o Que la guarnición de esta plaza se varíe, y que entre tanto que venga la fuerza que debe reemplazarla, el parque se encargue al cuidado de los señores proponentes, debiendo cuanto antes contener el resultado de las providencias dictadas por la Gobernación, reclamando tropas y más elementos de guerra, y que tampoco podrá regresar el medio batallón del número 7.o y sus Jefes, hasta que se haya concedido por Su Excelencia el Poder Ejecutivo la ratificación de la presente propuesta;

5.o Que se dan los debidos reconocimientos á los innumerables beneficios que en las presentes circunstancias ha hecho el señor Presbítero Francisco de la Villota, Prepósito de la Congregación de San Felipe de Neri, quien ha evitado con su persuasión, positivos servicios, influjo y actividad, derramamiento de sangre, los desastres que se tocaban ya, y otros males incalculables. El ha contenido repetidas veces al pueblo y se ha desvelado por tranzar el negocio de un modo amistoso. Además de las garantías que las leyes le ofrecen por su patriotismo, fidelidad y procedimientos arreglados y prudentes, el Gobernador por su parte le ofrece cuantas más seguridades quiera, y aún informar en favor de su adhesión al orden, al Gobierno y á la tranquilidad pública, para desvanecer cualesquiera imputaciones que algunos mal intencionados pudieran hacerle por desconceptuarlo.

 

Pasto, Julio 3 de 1839.

 

FRANCISCO DE LA VILLOTA.-ANTONIO MARIANO ALVAREZ.

 

Despacho de la Gobernación de la Provincia de Pasto.-Julio 3

 

de 1839.

 

Concedido y convenido en todas sus partes. Sométase á Su Excelencia el Presidente de la República para que se sirva conceder su ratificación en todas sus partes.

 

ANTONIO JOSÉ CHAVES.

  

Por disposición del señor Gobernador de la Provincia, Juan Barreda.- Secretario.

 

Llegada la capitulación á conocimiento del Gobierno, el doctor Márquez, con la misma energía con que hubiera podido hacerlo el General Santander, la desconoció, y dictó sin pérdida de tiempo las más activas disposiciones para el sometimiento de los rebeldes y cumplida ejecución de la ley, como puede leerse en el número 411 de la Gaceta Oficial, que á la letra dice así:

'Habiendo dirigido el Gobernador de la Provincia de Pasto, por conducto de la Secretaría del Interior y Relaciones Exteriores, las proposiciones hechas al expresado Gobernador por los cabecillas de la facción que se ha opuesto en la capital de dicha Provincia á que se cumpla el acto legislativo que suprimió los conventos de frailes existentes en ella, cuyas proposiciones se publicaron en la Gaceta anterior, Su Excelencia dictó la siguiente resolución:

'Despacho del Interior y Relaciones Exteriores.-Julio 21 de 1839

 

RESUELTO:

El Poder Ejecutivo desaprueba las concesiones que por la fuerza y la violencia se arrancaron al Gobernador de Pasto en 3 del corriente mes. Ni está en las facultades del Poder Ejecutivo suspender la ejecución de una ley, ni aunque tuviera semejante atribución; accedería á lo que se ha exigido por medio de asonadas y tumultos populares.

Jamás han intentado los poderes políticos de la República hacer novedad en la Religión Católica, que la Constitución protege y que las leyes sostienen.

Por lo demás, dénse las órdenes correspondientes por la Secretaría de Guerra, y prevéngase al Gobernador de Pasto que disponga que todos los vecinos se restituyan á sus ocupaciones ordinarias, haciéndoles palpar los males que acarrearán sobre sí, con el hecho de continuar en sedición.

El General P. A. Herrán ha sido nombrado Comandante en Jefe de una División que debe restablecer el imperio de la ley en Pasto, si por las órdenes del Gobernador no se logra. Con él debe entenderse dicho Gobernador en lo que ocurra, pues ha recibido autorización y órdenes al efecto.

Comuníquese al Gobernador.

Por Su Excelencia, el Secretario,

MOSQUERA (General TOMÁS CIPRIANO.)"

 

Nombróse al efecto Jefe de la División de operaciones sobre Pasto al General Pedro A. Herrán, y 2.o Jefe al Coronel Salvador Córdoba, uno de los más conspicuos entre los Jefes liberales del ejército, hermano de José María el héroe de Ayacucho, que 1o años antes había perecido infamemente asesinado en el campo del Santuario, combatiendo la Dictadura de Bolívar.

Por excusa del Coronel Córdoba, fundada en que acababa de aceptar el nombramiento de Representante al Congreso por la Provincia de Antioquía, nombróse en su reemplazo á mi tío el Coronel José María Vezga, si cábe más connotado que Salvador en las filas del liberalismo; él aceptó y marchó á Pasto á órdenes del General Herrán.

El Señor Mosquera, el ilustre Arzobispo, cuya egregia figura aún no ha acabado de crecer en los ámbitos de la Patria, se encontraba enfermo en Villeta, y desde allí dirigió la siguiente Carta Pastoral á los Párrocos del Arzobispado, que copiamos de la Gaceta Oficial, número 411:

'República de la Nueva Ganada.-Arzobispado de Bogotá, Parroquia de Villeta.- 17 de Julio de 17839.

 

Al señor Cura de………

 

Con profundo dolor hemos visto en la Gacela extraordinaria de 14 de los corrientes, las alarmas y asonadas contra el órden público, que han tenido lugar en la ciudad de Pasto.

Ministro de paz, no nos es posible mirar con indiferencia que invocando el nombre santo de la Religión, se pretenda trastornar el orden y faltar á la obediencia debida á las autoridades nacionales. Semejante conducta es un falso celo, que no es según la ciencia. En ningún caso pueden justificarse actos revolucionarios con pretextos religiosos; y á más de su criminalidad, son un manantial inagotable de males para los pueblos. Si ninguna opinión noble emplea los medios reprobados, menos puede justifica los un fin religioso, sea el que fuere. San Pablo condena expresamente el hacer males de donde vengan bienes.

El acto legislativo que ha servido de pretexto para aquellos alborotos, tiende al fomento y mejora de las misiones de Mocoa, siendo además apoyado por el Ilustrísimo señor Obispo de Popayán, cuya piedad y celo sacerdotal, son bien conocidos en toda la República y aun fuera de ella.

Es, por lo mismo, más reprensible, que sin atender al juicio del Prelado diocesano, se haya querido levantar el estandarte de la rebelión, envolviendo en mil males á los pueblos de Pasto.

Confiamos en la misericordia del Señor y en el buen juicio de los pueblos de la República, que no tendremos que lamentar escándalos semejantes al que hoy deploramos; pero es nuestro deber cooperar á la conservación del órden público, con cuyo objeto dirigimos á usted esta carta recomendándole nuestra Pastoral de 1.o de Noviembre de 1835, en que exhortamos al clero y pueblo de nuestra Arquidiócesis á la obediencia debida á las leyes y á las autoridades públicas. No basta que nuestro ejemplo dé el de la sumisión; es preciso también que el pueblo oiga de nuestros labios la santa doctrina á la obediencia y á las autoridades civiles que los grandes apóstoles San Pablo y San Pedro inculcaron con tanta eficacia á los primeros cristianos, y en ellos á todos nosotros. Encargamos muy particularmente á usted que en las pláticas dominicales y en las ocasiones que á cada paso ofrece el ministerio parroquial, no cese de hacer entender á los fieles la obligación de conciencia de vivir sometidos á las leyes y á las autoridades que nos gobiernan, y que las revoluciones que se hacen con pretextos religiosos, no son menos criminales que las otras, á fin de que esta enseñanza consolide más y más la paz pública y aleje todo motivo de desorden y perturbaciones.

No dudamos que en nuestra Arquidiócesis resonará por todas partes la palabra de paz qué anuncian los venerables párrocos, pues nos es conocido su piadoso é ilustrado celo para temer ni por un momento que se mire con indiferencia por ellos la paz pública. La experiencia nos ha enseñado en la visita pastoral la ilustrada piedad con que los párrocos dan á Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César, y; para que nuestros diocesanos se convenciesen mejor de la importancia de aquella obligación, no hemos prescindido de recordársela y encarecérsela en nuestras exhortaciones.

Por último, mandamos que se dé en la misa la oración Pro Pace, á fin cíe implorar en el Santo sacrificio las misericordias del Señor, y exhortará usted á los fieles á que hagan frutos dignos de penitencia, con los cuales haremos propicio á Nuestro Señor.

El dé á usted con abundancia los dones sacerdotales y nos haga á todos sus sacerdotes fieles ministros de su evangelio.

Soy de usted afectísimo,

 

MANUEL José, Arzobispo de Bogotá."

 

Esta sola pieza basta para calificar la piedad y la ciencia del señor Mosquera, á las cuales tendremos ocasión  de volver en capitulo separado de este Libro.

El General Herrán, después de destrozar á los rebeldes en Buesaco, entró en Pasto el 5 de Septiembre, puso en ejecución la ley de supresión de conventos y participó 4 Gobierno que el orden público quedaba restablecido en el sur de la República.

Pero, fatalidad, fatalidad impía! entre los prisioneros de Buesaco cayó José Erazo, hombre de mala fama, vecino de La Venta, en cuya casa de campo pernoctó el General Sucre la víspera dé ser asesinado en Berruecos, señalado desde entonces como cómplice del crimen. Allí se apareció por la tarde á saludar al General, el Coronel Apolinar Morillo, encargado de la ejecución del crimen, pretextando que de paso para no recuerdo dónde, había sabido su llegada á La Venta.

Morillo tenía; pues, á espiar á su víctima y á asegurarse de que allí quedaba para disponer en consecuencia el sitio y pormenores de la ejecución.

Uno de los ordenanzas del General, á quien la repentina aparición de Morillo, y ciertas miradas de inteligéncia entre él y Erazo, le infundieron sospecha, llamó aparte al General y le dijo: Mi General, este es pájaro de mal agüero; algo malo nos quiere suceder aquí; pero nosotros somos seis; apoderémonos de estos dos bribones y sigamos camino con ellos, llevándolos con el trabuco al pecho, advertidos de que al menor ruido, al primer disparo, perecerán. Pero el General no se resolvió á hacerlo, y lejos de aceptar el consejo de su ordenanza, le mandó que trajera una botella de vino para ofrecerle á Morillo, y tomó con él, adulándolo con el recuerdo de los hechos de armas en que Morillo se había portado como un valiente. Morillo había servido á órdenes del General en la guerra de Pasto. Morillo se despidió ya al anochecer, y desde ese momento la ilustre víctima quedó irremisiblemente perdida.

Llevado á rendir su declaración indagatoria, Brazo denuncié al General Obando como autor del asesinato, y dijo que en poder de su mujer en La Venta, se encontraba el papelito de puño y letra del General, que éste le había mandado con Morillo para que concertaran de común acuerdo su ejecución.

Y efectivamente, un papelito de puño y letra del General Obando, sin la fecha del año, y sólo la del mes-28 de Mayo-fué entregado por la mujer de Brazo en La Venta. Este papelito, que corre copiado en la causa y en el Manifiesto publicado por el General Obando en Lima, dice así:

 

"Buesaco, Mayo 28.

 

Mi estimado Brazo: El dador de esta le advertirá de un negocio importante, que es preciso lo haga con él. El le dirá á la voz todo, y manos á la obra. Oiga usted todo lo que le diga, y usted dirija el golpe.

Suyo,

 

José MARIA OBANDO"

 

El General Obando dijo siempre que ese papel había sido escrito el año de 1826, siendo él Comandante general del Departamento del Sur, y que se refería al concierto de un plan para capturar al guerrillero realista Noguera, que aún mantenía interrumpida la comunicación entre Pasto y Popayán.

Más como no sea mí propósito remover las cenizas del General Obando, ni analizar la prueba, ni menos erigirme en juez de este proceso, sino simplemente construir el eslabón que necesito para hacer tránsito á la revolución de 1840, me limitaré á decir: que hecho aquel descubrimiento y columbrada por víctima uno de los más ilustres jefes de la reacción antiboliviana, las iras del antiguo partido Boliviano se levantaron como una tempestad sobre la cabeza del desgraciado General Obando; todos los odios y todas las pasiones contenidas desde 1830, lo designaban para saciar su venganza. Contando con numerosos amigos y partidarios en las provincias del sur, el General Obando pensó que, falto de garantías, no le quedaba otro medio de escapar al furor de sus enemigos, que lanzarse en las vías de la revolución, como en efecto se lanzó, poniéndose en armas á la cabeza de una pequeña tropa, con la cual amenazó ocupar á Popayán el 26 de Enero de 1840; pero después de varias conferencias con el General Herrán, convino en constituirse preso en la ciudad de Pasto para la secuela de la causa, en averiguación del asesinato del Mariscal Sucre. Son dignas de conservarse en estos Recuerdos las dos notas que pactaron ese Convenio. Dicen así, copiadas de la Gaceta Oficial número 444:

"República de la Nueva Ganada.-Timbío, Febrero 21 de 1840. Al señor General Pedro A. Herrán.

La persuasión de que se procedía contra mí sin las garantías legales, produjo en estos pueblos una conmoción que, cuando llegó á mi conocimiento, ya no tenía remedio. Yo tuve que lanzarme en ella, más bien por darle una buena dirección y evitar mayores males, que porque estuviese en mis principios tal procedimiento. También estuve persuadido por algunos hechos que las garantías que prestan las leyes á los granadinos habían desaparecido para mí en la primera vez que las necesitaba.

Pero después de las conferencias tenidas con Usía, se han disipado las desconfianzas, y tengo el honor de manifestar á Usía que las armas y fuerza de los ciudadanos que me rodean, con sus vidas, están á la disposición de Usía, acordando una amnistía general que cubra con un olvido patriótico los acontecimientos que terminan hoy. De este modo queda restablecido el orden público.

A este acto, que la Nación apreciará como merezca, me mueven dos causas poderosas; la primera mi amor á la patria, y la segunda consignarme á disposición del Juez que conoce de la causa en upe se me ha formado la más atroz calumnia.

Si hubiera otro acto más solemne que este, por el cual manifestara mi sumisión á la ley, yo lo ejecutaría también.

Dios guarde á Usía.

 

José MARÍA OBANDO"

 

" República de la Nueva Granada.-Comandancia en jefe de la División de operaciones.- Cuartel general en los Arboles, 22De Febrero de 1840.

 

Al señor General José María Obando,

 

Después que he recibido la comunicación de Usía, fecha de ayer, y de las conferencias que hemos tenido, queda ya restablecido el orden público en esta provincia, y para seguridad de los individuos que hayan tenido cualquier comprometimiento en la conmoción ocurrida, he expedido el Decreto de amnistía que Usía justamente desea, del cuál le acompaño copia auténtica, en cuya virtud pueden estar perfectamente seguros de que no serán perseguidos ni molestados de modo alguno, quedando así concluida la desavenencia familiar que nos tenía divididos momentáneamente.

Con sumo gusto hago uso en esta vez de la facultad extraordinaria conque me ha investido el Poder Ejecutivo, porque estoy penetrado de las buenas consecuencias que esta medida va á producir; y para que surta mejor efecto, empeñaré particularmente mi mediación para que entre los habitantes de esta Provincia haya un olvido positivo de la ocurrencia pasada.

No dudo que la Nación aplaudirá los esfuerzos que Usía ha hecho para obtener esta reconciliación pacífica y honrosa, porque son incalculables los males que con ella se evitan.

Desde la primera entrevista que tuvimos, he visto el interés que Usía tiene en someterse al Juez que conoce de la causa que se ha seguido á Usía en Pasto, en cuya virtud va á ponerse en camino para aquel lugar. Con esta conducta ofrece Usía el más saludable ejemplo, dando un testimonio solemne dé patriotismo, que le honrará tanto como los servicios importantes que Usía ha hecho á la República.

Dios guarde á Usía. -

 

R A. HERNÁN."

 

Pero asaltado de nuevos temores, o persuadido de que carecía en absoluto de garantías para su defensa, resolvió al fin lanzarse abiertamente en las vías de la revolución. La Gaceta Oficial número 463. dió cuenta del suceso en estos términos:

 

"República de la Nueva Granada.-Gobernación de la Provincia.-Popayán, á 12 de Julio de 1840.

 

Señor Secretario de Estado en el Despacho del Interior y Relaciones Exteriores.

 

Señor:

Hoy á las nueve de la mañana he recibido un oficio que con fecha 9 de1 corriente me ha remitido desde La Venta el señor Coronel Juan Gregorio López, en que me participa qué el Capitán Tomás Campos, refiriéndose á una nota del Jefe de Estado Mayor de la División de operaciones, de fecha 6 del mismo, le ha comunicado que se fugaron de Pasto cl General José María Obando, el Coronel Juan Gregorio Sarria, los Tenientes Coroneles Pedro Antonio Sánchez y Antonio Mariano Alvarez, y el ciudadano Fidel Torres, lo que comunico á Usía para que se sirva ponerlo en conocimiento de Su Excelencia el Presidente de la República, con advertencia de que el señor Jefe Militar instruye al Supremo Gobierno por la Secretaría de guerra de las medidas que se han tomado para la aprehensión de los prófugos, y para evitar que causen nuevos trastornos dentro de los límites de esta Provincia.

 

Dios guarde á Usía.

 

MANUEL José CASTRILLÓN."

 

La proclama con que el General Obando llamó á sus copartidarios y amigos á las armas, dice así, copiada de la Gaceta Oficial de 13 de Septiembre de 1840, número 470:

 

República de Colombia,-Roligíón y libertad.-José María Obando, Supremo Directo, de la guerra en Pasto, General en Jefe del Ejército restaurador y protector de la Religión del crucificado.

 

¡Pastusos! Perseguido cruelmente por un Gobierno de origen impopular, porque teme que el valor y la fortuna que me son inseparables, le haga perder la presa dé que disfruta, y por un General conocido por sus crueldades en Pasto, y que se ha usurpado una parte del territorio de la República, me he visto en la necesidad de abandonar la prisión en que, como Sócrates, permanecía resuelto á beber la cicuta, solamente por volver á Pasto su dicha, al Ecuador su independencia y á la Nueva Granada su libertad é integridad. Desde 1830 empecé la obra que hoy voy á concluir. Entonces derroqué el poder de Urdaneta, y cuando preparaba la reintegración del territorio, teniendo el mando supremo un partido anárquico, me robó los votos y eligió al doctor Márquez de Vicepresidente, quien rodeándome de esbirros impidió en el año de 1832, el renacimiento de Colombia, bajo un sistema federal, que es el grito nacional. Se privó entonces á Pasto ser la capital del cuarto Estado, porque envidiosos de mi gloria, no querían que la sangre de mis venas presentase en holocausto por la dicha de Pasto y esplendor de la religión. Constante en mis proyectos emprendí la reorganización del Ecuador, y cuando esos pueblos gobernados por mis consejos, resolvieron unirse á la Nueva Granada, los pigmeos que tenían asiento, por intrigas, en el Congreso, ofendieron á la Patria, desoyendo el clamor popular que aconsejaba acoger la incorporación del Ecuador.

¡CoLoMbiANos! Antiguo amigo de vuestro esplendor y gloria, hoy me presento á restituiros la de vuestro nombre y el brillo del ejército mil veces vencedor y abatido por una negra envidia. Rodeado de vuestra sangre y sin más aspiraciones que las de Camilo, dejo el sufrimiento y vengo, cual otro Belisario perseguido, á dar vida á un cuerpo exánime que después de humillado quiere renacer como el fénix de las cenizas.

¡PATIANos! Vuestras temibles lanzas han hecho que se os adule por vuestros antiguos enemigos. Acordáos quiénes son los que os mandan hoy y los que tantas veces os atacaron. Rodeado de vosotros vencí á infante, la primera lanza venezolana, y rodeado de vosotros humillé á los satélites del Dictador en la Ladera y Palmira. Volved á mí, os cubriréis no solamente de laureles, sino también del mirto de la sabiduría.

¡EcuAToRiANos! Llegó la hora del castigo para ese monstruo que os tiene como esclavos. En Estados federales de Colombia, Guayaquil gozará de una independencia justa, el alto Ecuador, del progreso de su industria, y Cuenca será reintegrada de su territorio.

¡ IsTMEÑOs! Leyes saludables os harán felices, y os darán privilegios y garantías que bajo el régimen central, no podéis gozar.

¡GRANADINOS! Voy á llenar vuestros deseos, y rodeados del pueblo heroico de Pasto, vais á conseguir la verdadera libertad.

¡ CATóLICOS ToDos! La impiedad y el fanatismo se ahogarán en los torrentes del Guáitara y Juanambú, y arrojados por el Tequendama, sólo quedará una historia de los perversos.

¡SoLDADos vETERANOs! El pueblo hará justicia al mérito del gran ejército americano, y seréis restablecidos en el fuero legal por honor vuestro y del pueblo.

¡Viva la Religión!

¡Viva Colombia!

¡Viva la Libertad!

Dado en mi Cuartel general restaurador de Chaguarbamba, el 16 de Julio, mes de la libertad, del año de nuestro Redentor de 1840, 1.o de la Restauración.

 

J.         M. QBANDO.

 

El partido liberal en masa, con todos sus Jefes militares (excepto el General López), y con tres de los Gobernadores liberales de las Provincias, elegidos por el Doctor Márquez de entre las senarias presentadas por las Cámaras de Provincia, los del Socorro, Santamarta y Mariquita, tomó las armas para derrocar el Gobierno del doctor Márquez, á quien sólo faltaba un año para ser reemplazado por medio del sufragio, y en breve toda la República quedó cubierta por los campamentos de la guerra civil. El doctor Márquez, como era natural, se echó para su defensa en brazos del partido contrarío, y con los Generales Herrán y Mosquera á la cabeza de sus ejércitos, triunfó de la revolución.

Si el partido liberal no se hubiera lanzado en ella, su triunfo en las próximas elecciones, sobre todo después de la campaña de Pasto para la supresión de los conventos, que acababa de divorciar al doctor Márquez de los reaccionarios y fanáticos, habría sido infalible, como lo prueba el resultado de aquellas elecciones, hechas ya en plena guerra civil, contra electores liberales rebeldes. Aun así, el candidato del Gobierno, General Herrán, no alcanzó á reunir la mayoría absoluta de los sufragios de las Asambleas Electorales, y la elección presidencial hubo de perfeccionarla el Congreso de 1841 en favor del General Herrán, como había sucedido con la del doctor Márquez en 1837.

Prueba evidente, inconcusa, repetimos, de les progresos que las costumbres y la opinión habían hecho ya en el camino de la fundación de la República, del respeto que por esa opinión y esas costumbres mantenía el Gobierno, y de que sin la revolución, el partido liberal habría triunfado con toda seguridad en esas elecciones.

Los 1,624 votos de los electores de las Asambleas se dividieron así:

Por el doctor Vicente Azuero         596
Por el General Pedro A. Herrán     579
Por el General Eusebio Burrero      377
Diversos                                          72

                           -           Total   1,624

 

El Congreso perfeccionó la elección en la sesión del 14 de Marzo de 1841. con sólo 67 votantes, de los 96 miembros que constituían ambas Cámaras. Los 29 asientos vacíos correspondían á los Senadores y Representantes liberales, que, ó habían tomado parte en. la revolución, ó no se atrevieron á presentarse en la capital en el estado de exaltación de las pasiones políticas producidas por la guerra civil. Desde el primer escrutinio el General Herrán obtuvo con 53 votos las dos terceras partes de los sufragios requeridos por la Constitución, y fué declarado electo Presidente de la República para el período de 41 á 45. Los 14 votos restantes se dieron en favor del General Borrero.

Tales fueron los orígenes, los precedentes y las causas determinantes dé la revolución de 1840, y en vista de ellos, en presencia de la verdad histórica, y con la confirmación que á este juicio dan los 60 años posteriores de nuestra historia, estérilmente empleados en la tarea de asesinarnos y destruirnos, el hijo de uno de los caudillos de aquella revolución, arrastrado á ella por la religión del partido, é infamemente sacrificado á los odios del contrario, terminada su carrera política, y puesta la mano sobre la conciencia, enfrente de la posteridad, tiene que declarar que aquella revolución fué funesto error de nuestros padres, y que el Presidente Márquez en ningún acto de tiranía había incurrido para justificarla, á menos que se le acuse de haber hecho cumplir inexorablemente la ley liberal sobre supresión de los conventos de Pasto; á menos que se le haga responsable de la captura de Erazo, de la declaración de éste contra el General Obando y del papelito escrito por dicho General, imputado, de buena ó de mala fe, al asesinato de Sucre.

Si cada revolución ha visto devorada su obra y su triunfo por la que te ha sucedido, ¿qué puede ofrecernos el triunfo de una nueva reacción bélica, en cambio de los infinitos dolores, de los infinitos males y de las infinitas desgracias de una revolución? en cambio de la barbarie que la acompaña y de la corrupción en que se disuelven las virtudes públicas que mantienen de pie la estatua del hombre y de los pueblos?

En materia de instituciones políticas, todo lo hemos ensayado y todo lo hemos repudiado, desde las Constituciones rígidamente autoritarias, unitarias y centralistas, hasta la federación de Estados Soberanos dé 1863, llamada, y con razón, por un estadista americano "la anarquía organizada." Tampoco tiene, pues, nada nuevo que ofrecernos á este respecto una nueva revolución.

Todo lo hemos ensayada, menos veinte años de paz, que fundando hábitos de orden y de trabajo, quizá habrían logrado civilizar los partidos, extirpar los vicios y encauzar el espíritu indisciplinado de nuestra raza en las vías de la legalidad.

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