SALAMINA Ó LA REVOLUCIÓN DE 1840
Desciendo de una familia de acaudalados propietarios
territoriales de Ibagué, fundada por el matrimonio de mi bisabuelo
D. Pedro Galindo, que era inmensamente rico, con doña Teresa Licht,
alemana, hija del alemán Licht, traído por el Virrey Caballero y
Góngora para introducir el nuevo método de amalgamación por el
azogue en el laboreo de las minas de plata de Mariquita. Del
hermano de doña Teresa descendieron D. León y doña Isidora Licbt,
muy conocidos en esta ciudad. El joven Alberto Matéus Barbosa y
Licht, nieto de doña Isidora, hijo del doctor Francisco de P.
Matéus, es descendiente en línea recta del mismo tronco.
Mi padre D. José María Tadeo Galindo, hijo de D. Nepomuceno y
nieto de D. Pedro y doña Teresa, sentó plaza de cadete en el
ejército republicano el 2 de Septiembre de 1819, junto con los
Urueñas y con Melo, que tanto se distinguieron en las campañas del
Perú, y con su primo hermano D José María Vezga, destinado á ser
uno de los más brillantes oficiales de la guerra de Independencia,
compañero de Sucre hasta Bolivia. De la hoja de servicios de mi
padre, autorizada con las firmas autógrafas de los Generales
Antonio Obando y Antonio Morales, que original conservo en mi
poder, y que corre además transcrita en la Ley 63 de 1882, copio lo
siguiente:
"CAMPAÑAS Y ACCIONES DE GUERRA EN QUE SE HA HALLADO:
En la campaña del Magdalena se halló en la batalla de la Playa
de Barbacoas, á las órdenes del señor Teniente Coronel José Antonio
Mais; en la campaña del Sur se halló en la batalla de Pitayó el 6
de Junio de 1820, á órdenes del señor General Manuel Valdez; en la
acción de Genoy el 2 de Febrero de 1821, á órdenes del mismo señor
Valdez; en la campaña de Guayaquil, cuando pasó el Ejército á
aquella ciudad, á órdenes de los señores Generales Antonio J. de
Sucre y José Mires; se halló en la batalla de Camino Real, el 10 de
Junio de 1822, á órdenes del señor General Mires; en la batalla de
Ya-guache el 20 de Agosto de 1822, á órdenes del señor General
Sucre; en la acción de Guache el 12 de Septiembre de 1822, á
órdenes del mismo señor General Sucre, en donde recibió cuatro
heridas de gravedad, y quedó prisionero en el ejército español; en
la batalla de Pichincha el año 23, á órdenes de dicho señor General
Sucre, en donde recibió una herida en el muslo.
Restablecido de sus heridas, siguió en comisión conduciendo
pliegos al Cuartel general del Libertador en Trujillo." Y se halló
en la inmortal batalla de Ayacucho, como consta en el detalle del
parte dado por el General Sucre, y de la lista de todos los jefes y
oficiales presentes en aquella jornada, formada por el
historiógrafo General Manuel A. López.
"En la campaña del Cauca para restablecer el Gobierno
Constitucional, se halló en la batalla de Palmira el 10 de Febrero
de 1831, á las órdenes de los señores Generales José María Obando y
José Hilario López."
Retirado del servicio, con el grado de coronel, con letras de
retiro por inválido, vivía mi padre consagrado á ocupaciones
comerciales en su ciudad natal, cuando en 1832 ó 1833 ocurrióle la
idea de adquirir un campo en la bellísima hondonada regada por el
Coello, que separa las sabanas altas de Ibagué de las del Espinal,
llamada Chagualá, á tiempo que hacían lo mismo sus amigos D. Miguel
Ignacio Buenaventura y D. Santiago Vila, padre de D. Guillermo,
connotado miembro del Partido Liberal del Tolima.
Alcanzaría mi padre á leer, antes de entrar en el ejército, ó en
sus ocios de retiro, algún compendio de Historia griega, é imbuido
en sus gloriosos recuerdos, exigió que sus amigos bautizaran sus
campos con los nombres de Píatea el uno, y Maratón el otro,
reservando para el suyo el de Sala-mina. Los dos civiles no
pudieron imponer á mis paisanos de Chagualá el apodo helénico, pero
el soldado imperioso, acostumbrado á mandar "cartuchera en el
cañón," puntapié aquí, vizcaíno y sopapo allá, impuso al suyo el
nombre fatal de Salamina, donde yo nací en 1834, y que conserva
hasta hoy, sobre la margen izquierda del Coello.
Sobrevenida la funesta revolución liberal de 1840, encabezada
por el General José María Obando, vióse mi padre arrastrado en
ella, tanto por el honor del espíritu de partido, como por no dejar
solo á su primo hermano, el Coronel Vezga, jefe de la familia,
Gobernador de la Provincia, en mala hora pronunciado contra el
Gobierno.
Desalojados de Honda el 9 de Enero de 1841 por las tropas del
Gobierno al mando del señor General Joaquín París, tomaron Vezga y
mi padre, y el doctor Manuel Murillo, que figuraba como Secretario
del primero, la vía del río para ir á reunirse en Antioquia á la
revolución que allí encabezaba el Coronel Salvador Córdoba.
Vencedores en Itaguí, pero derrotados y hechos prisioneros en la
acción de Salamina, (mi padre, herido como de costumbre; esta vez
con dos balazos en el muslo derecho), fueron de allí conducidos á
Medellín, juzgados como cabecillas del delito de rebelión, conforme
al Código Penal de 1837, condenados á muerte é ignominiosamente
ejecutados en la plaza Mayor de Medellín el 9 de Agosto de
1841.
Encendida la hoguera de las pasiones y de los odios de partido,
los vencedores no tuvieron piedad de los vencidos. y osaron
levantar manos parricidas sobre pechos que en cien combates habían
servido de antemural al plomo español para fundar la
Independencia.
He aquí su carta de capilla tantas veces publicada por mí, que
original conservo, toda de su letra, con el sello rojo de la
Administración de correos de Medellín,
autenticada por el Administrador de la estafeta, señor Juan de
D. Muñoz.
Al joven Aníbal Galindo.-Ibagué.
Desde mi prisión en Medellín, á 4 de Agosto de 1841..
Querido Aníbal:
Pronto á concluir mi triste existencia, te pongo ésta con el fin
de despedirme para siempre de ti, dejándote en estas mal formadas
líneas unos cortos recuerdos del tierno amor que te profesa hasta
más allá del sepulcro tu tierno padre. Tú debes ser dócil con tu
querida mamá y con la sociedad misma de la que algún día debes ser
miembro: que procures ilustrarte para ser útil á la misma sociedad,
y por lo mismo utilísimo á tu familia; que deseches la ociosidad,
madre de todos los vicios, y que arreglando tu conducta desde tu
tierna juventud á las máximas de los filósofos de gran nombre, te
hagas algún día célebre entre tus conciudadanos, estos son los
vehementes deseos de tu padre infeliz.
Nuestra sentencia de 2.a instancia se nos hará saber hoy, y si
ella fuese confirmada, seremos víctimas el siete de este, tu tío
Vezga y tu idolatrado papá, pero tú no debes afligirte, quedando
persuadido que un crimen político es el que nos conduce á la
muerte, y no delitos atroces, pues nunca éstos se han abrigado en
el corazón de un amante de la libertad de su patria, por quien ha
hecho esfuerzos constantes en la guerra de su emancipación y en el
sostén de sus mismas leyes.
Díle
á…………………………………………………………………..
Y que no hay más que conformidad en todo, que yo moriré con el
valor que he acostumbrado tener en todo riesgo, y que esto debe
consolarte.
Te encargo te despidas por mi de mi madre, tus tíos y tías, sin
olvidar á mi querida Ninfa, y á todos los amigos que á tu poco
juicio y edad puedas conocer que sienten mi desgracia, sin olvidar
á mi señora María Camacho, Blancos, Molanos y los Puentes, y con
esto, si el Criador no dispone otra cosa, recibe el último y tierno
afecto, que desde la mansión de la eternidad no dejará de rogar al
Todopoderoso por tu conservación y felicidad.
Tu padre,
TADEO GALINDO.
Mas no se trata ya de eso, sino de saber qué uso digno de ella
deberé hacer yo de la sangre derramada en ese cadalso; si deberé,
fiel ti la religión de partido, alzar todavía, al cabo de sesenta
años, su túnica ensangrentada, para atizar, para ayudar á mantener
vivo el insano furor de esos partidos, ó si iluminado por el
fúnebre resplandor de esas hogueras, deberé mostrar á la presente
generación la esterilidad de aquel sacrificio, para pedirle en
nombre de esa sangre el apaciguamiento de estos odios salvajes en
que se enciende el furor de nuestras constantes revoluciones, y su
cambio, en nombre de la razón, por más humanos sentimientos y por
más nobles ideales. Y mi conciencia de hombre de bien se ha sentido
fuerte para cumplir con este deber.
Próximo á terminar el período de la Administración del General
Santander, de 1833 á 1837, la opinión, en busca de su sucesor para
presidente de la República, se encauzó en tres distintas
corrientes.
Formaban en primer término los hombres que se consideraban como
los verdaderos representantes del genuino liberalismo,
personificado en las tradiciones del Gobierno del General Santander
y en la adhesión á la persona y á las opiniones del ilustre
caudillo. Constituían el nervio de esta fracción los jefes
militares que habían hecho frente á la dictadura de Bolívar y á la
usurpación de Urdaneta, hasta el restablecimiento del Gobierno
constitucional en 1831.
Venía en seguida la fracción liberal, que siempre ha existido,
de ideas más avanzadas, compuesta de los espíritus más exagerados é
impacientes, á quienes seduce el brillo de las verdades ideales ó
puramente teóricas, esencialmente utópicos, intolerantes é
intransigentes, que entonces carecía de nombre propio, y que hoy se
conoce en todos los países libres con el nombre de "partido
radical." Era jefe de esta fracción el doctor Vicente Azuero,
patriota inmaculado, pero hombre de pasiones Violentas y de ideas
exageradas. El General Santander no lo quería; nunca quiso darle
participación en el Gobierno.
Y por último, tras largos años de proscripción y al favor de la
división liberal, volvía á levantar cabeza antiguo partido
Boliviano, en el cual se habían refugiado las aspiraciones del
tradicionalismo colonial :-era el partido de la resistencia á la
innovación, autoritario ó conservador, que naturalmente debía
formarse.
No atreviéndose todavía á presentarse con candidato propio, este
partido, al cual habían ingresado todos los descontentos con la
Administración Santander, tompó por candidato para la Presidencia
al Vicepresidente de la República, D. José Ignacio de Márquez,
jurisconsulto eminente, orador dé primer orden, tribuno, estadista,
sin disputa una de las más brillantes figuras de la República desde
1821, no porque él hubiera dado la menor muestra de deslealtad á
sus principios como uno de los más enérgicos oposicionistas á la
Dictadura de Bolívar, sino por un procedimiento perfectamente
lógico en la táctica de los partidos; porque lo que ante todo le
importaba era deshacerse del enemigo personal y tradicional, del
cual nada podía esperar, y ver de llevar á la presidencia con sus
votos otro hombre desapasionado, aunque de igual filiación, en
quien el natural agradecimiento y el curso del tiempo algo darían
de sí favorable á los intereses políticos del partido, cuando menos
disponiéndolo á relajar en su favor la rigurosa exclusión de los
puestos públicos en que á sus miembros se mantenía desde 1831; algo
parecido, ó mejor dicho semejante ó igual á lo que en 1884 hizo el
partido Conservador apoyando la candidatura del doctor Rafael
Núñez, contra los recelos, la antipatía y las desconfianzas del
radicalismo.
El General Santander, huyendo de Azuero, á quien no quería,
recomendó privada y personalmente á sus amigos la candidatura del
General José María Obando. Es inexplicable la falta y el error
cometidos por el General Santander en esta designación. Para
guardar completa consonancia con su conducta política de "Hombre de
las Leyes," debió haberse abstenido de toda recomendación; pero si
en vez del General Obando el recomendado hubiera sido el General
José Hilario López, cubierto con los laureles de toda la guerra de
Independencia y rodeado del respeto de la pública estimación,
parécenos que el triunfo habría sido seguro.
Fuése, pues, á la lucha electoral con estos tres candidatos:
Obando, Azuero y Márquez; y en ella, efectuada en medio de la más
rigurosa legalidad, los votos de los 1623 electores de las
Asambleas electorales de cantón, se dividieron así:
Por Márquez 622
Por Obando 555
Por Azuero 164
Diversos 282
Suma 1.623
No habiendo obtenido ninguno la mayoría absoluta para declarar
en su favor la elección popular, hubo de perfeccionarla el Congreso
de 1837, conforme á lo dispuesto en un artículo de la Constitución,
contrayendo la votación á los tres candidatos que hubieran obtenido
mayor número de votos, y siendo necesario para esta elección que el
electo reuniera las dos terceras partes de los votos del
Congreso.
Después de dos votaciones sin resultado, en la tercera,
contraída ya á Márquez y Azuero, de los 96 votos con que se hacía
la elección, Márquez obtuvo 64 y Azuero 32. Fué, pues, declarado
constitucionalmente electo Presidente de la República el doctor
Márquez en la sesión del 4 de Marzo de 1837.
Desde que se presentó su candidatura, levantóse contra ella la
objeción de inelegibilidad, fundada en la disposición del artículo
101 de la Constitución, que decía "que ni el Presidente ni el
Vicepresidente podrían ser reelegidos para los mismos puestos en el
período inmediato," redacción anfibológica, que tanto se prestaba á
la interpretación de que ninguno de ellos podía ser elegido para
ninguno de los dos puestos, como á la de que sólo estaba prohibida
la reelección para el mismo puesto, pero que el Presidente podía
ser elegido Vicepresidente, y este, Presidente.
El Poder Ejecutivo, de quien se quiso arrancar una resolución
adversa á la elegibilidad del Vicepresidente, se negó á ello con
sobra de razón, diciendo que semejante facultad equivaldría á la de
hacerse el Ejecutivo árbitro de la elección presidencial, y que su
ejercicio correspondía de derecho á la autoridad encargada de
calificar en último grado los votos y declarar la elección, es
decir, al Congreso; inequívoca muestra de la legalidad con que en
la materia procedió el Gobierno del General Santander.
En la sesión del Congreso del 3 de Marzo de ¡837 los
Representantes Acosta (D. Joaquín) y Mosquera (D. Tomás Cipriano),
anticipándose al día de la declaratoria, sentaron la siguiente
proposición:
'Decláranse legales los votos dados en favor del Vicepresidente,
para Presidente de la República.'
Pero el Presidente del Congreso con igual tino declaró
innadmisible la proposición, fundándose en que la única atribución
que al Congreso estaba conferida por la Constitución en la materia,
era la de perfeccionar la elección haciéndola entre los tres
candidatos que hubieran obtenido mayor número de votos en las
Asambleas electorales, y que tal declaratoria la haría el Congreso
al contestar á la pregunta que su Presidente le hiciera sobre si
declaraba constitucionalmente electo al candidato en cuestión.
A pesar de haber sido elegido con el apoyo moral del
Bolivianismo, mejor dicho, del partido Conservador, y con gran
número de sus sufragios, el doctor Márquez no se consideró
obligado, ni autorizado, para desligarse de la tradición liberal, y
organizó su Administración con tal carácter, nombrando Ministro de
la guerra al connotado liberal y exaltado anti-boliviano General
Antonio Obando, y conservando en el Ministerio de lo Interior y
Relaciones Exteriores al señor Lino de Pombo, con cuya firma se
encontraban autorizadas las medidas más enérgicas de política
interior y exterior que habían caracterizado el Gobierno del
General Santander. El General Obando fue después reemplazado por el
General José Hilario López, hasta 1839, en que éste fué nombrado
Enviado Extraordinario cerca de la Santa Sede. Como se ve, la
Administración Márquez era una Administración netamente liberal,
únicamente que su Jefe ni lo necesitaba ni se creía obligado á ir á
pedir todos los días el santo y seña á casa del General Santander.
Este había gobernado la República desde 1819, y la opinión
principiaba á cansarse, como es conveniente que se canse del
predominio de un mismo hombre por tanto tiempo. No hay ejemplo de
que en la liberal Inglaterra, en la gran República inglesa, ni los
más eminentes hombres de Estado, ni los Pitt, ni Cavendish, ni
Wellington, ni Russell, ni Palmerston, ni Disraeli, ni Gladstone,
hayan podido mantenerse en el poder por más de cuatro años
seguidamente.
Para Ministro de Hacienda eligió á un joven de grandes
capacidades, natural de Antioquía, al señor Juan de Dios Aranzazu,
no solo anti-boliviano, sino sospechado en las cartas de Urdaneta á
Montilla, bajo el seudónimo de "los dos antioqueños" (él y el
doctor Alejandro Vélez), de haber tenido conocimiento de la
conspiración del 25 de Septiembre de 1828, contra la vida de
Bolívar.
De la alocución dada por el señor Márquez el 1.o de Abril de
1837 al entrar en ejercicio del Poder Ejecutivo, tomamos los
siguientes notables conceptos:
'La libertad, objeto precioso de nuestros votos, á quien se han
dirigido nuestros holacaustos, por la cual ha corrido la sangre de
los mártires y de los héroes: la libertad, que ha sido el grito de
reunión de los buenos en tantos años de combates y de glorias, de
sufrimientos y de esperanzas: la libertad es el ídolo de mi
corazón. Yo procuraré que se reanime siempre esta llama sublime en
los altares de la Patria; la ilustración la enciende, la religión
la aprueba, la virtud la aplaude. Ella no debe extinguirse en
ningún pecho noble granadino. Pero jamás confundiré la dulce
libertad que todo lo vivifica, engrandece y anima, con la
borrascosa licencia que todo lo agosta y destruye.
Felizmente, más de millón y medio de habitantes de la Nueva
Granada profesan el culto católico. Ellos no encuentran el menor
obstáculo en la práctica de una religión tan sabia como benéfica.
Pero no persigamos á los que se apartan de las verdades reveladas.
El Cristianismo, amigo de la humanidad, manda respetar á los que
tengan una creencia diferente, y vivir en paz con todos los
hombres. Que nunca la divergencia de pensamientos religiosos
produzca disensiones políticas. No aprobemos, pero seamos
indulgentes hacia el error, triste patrimonio del género humano; y
que el Gobierno lleve la paz, el consuelo y la confianza al seno de
todos los granadinos, SEAN CUALES FUEREN SUS OPINIONES.
La Iglesia y sus Ministros recibirán toda la protección y
consideracion que prescriban las leyes, de acuerdo con lo que exige
la santidad de su estado y lo sublime de sus funciones. La
autoridad eclesiástica ejercerá libremente sus atribuciones; peto
jamás permitiré que se atente IMPUNEMENTE á las prerrogativas de la
potestad civil, ni á los derechos de la República. La moderación,
el patriotismo, la ilustración y las virtudes del clero granadino,
me dan fundadas esperanzas de que jamás llegará el caso de hace uso
de una represión.
En la provisión de los empleos no consultaré sino el mérito, las
capacidades, las conveniencias públicas y el mejor servicio del
Estado. No se tema ni se espere que en este negocio, como en ningún
otro, tengan en mí la menor influencia las afecciones personales.
Yo no soy dueño, sino administrador de los intereses de la Patria.
Si es conveniente la atribución conferida al Ejecutivo de remover
libremente á ciertos empleados, debe usarse de ella con mucha
economía, prudencia y circunspeción, para que no desaliente al
patriotismo ni produzca la funesta consecuencia de apartar de los
empleos á los hombres honrados por el temor de sufrir el sonrojo de
una intempestiva remoción. No teman, pues, los empleados que sirven
bien á la patria, que se les prive del honor de continuar
sirviéndola.'
Creía el Bolivianismo que era llegado ya el tiempo de reaccionar
contra la Constitución liberal de 1832, y así lo pedía en su
prensa. El doctor Márquez le salió al encuentro cerrándole el paso
en el Mensaje al Congreso de 1839, del cual copiamos lo
siguiente:
'La Constitución ha sido fielmente cumplida en toda la
República. Los ciudadanos respetan este libro sagrado como el más
seguro garante de sus derechos, la egida de las libertades públicas
y la prenda cierta del órden y de la tranquilidad social. Obra de
los hombres, adolece de defectos, tiene faltas é imperfecciones;
más por útiles que pudieran ser las reformas que se introdujeran en
ella; las creo extemporáneas y altamente perjudiciales á la
estabilidad del Estado. No siempre lo existente puede agradar á
todos; y con frecuencia se corre en pos de vanas teorías que
deslumbran á primera vista, pero que en la práctica se hallan
ineficaces para llenar el objeto que se desea. Una reforma de la
ley constitucional llevaría tras sí otra y otras, y al fin nada
habría fijo, nada tendría la sanción del tiempo; y en cada año los
granadinos fluctuarían en la más espantosa incertidumbre, producto
preciso pero funesto de una constitución precaria, que no ofrecería
seguridad ni á los extranjeros, ni á los nacionales. En mi opinión,
el Código fundamental debe ser inviolablemente conservarlo, y no
debe tocarse sino cuando, con el transcurso de los años, se haya
dado á conocer que podernos guardar una constitución por mucho
tiempo, y que la razón, y no un vano espíritu de novedad, es lo que
nos obliga á reformarla. Nuestro ejemplo, lejos de justificar, debe
desmentir la censura de pueril versatilidad que se hace á los
Estados Sud-Americanos.'
Dos años iban ya transcurridos del período constitucional,
cuando el Congreso de 1839 expidió la famosa ley de 27 de Mayo de
ese año, sobre supresión de los conventos de La Merced, San
Francisco, Santo Domingo y San Agustín, de la ciudad de Pasto, con
el apoyo del respectivo Diocesano, fundándose en la relajación de
disciplina en que vivían aquellos conventuales, y en que conforme á
las circunscripciones de la jurisdicción eclesiástica colonial, que
aun subsistían, aquellos conventos dependían y eran gobernados por
el Arzobispo de Quito.
Pasto, como se sabe, había sido La Vendée del realismo español
contra la guerra de Independencia. Guerrilleros pastusos
mantuvieron el fuego de sus encrucijadas entre el laberinto de sus
montañas, en nombre del Rey, hasta 1826, azuzados por el más ciego
fanatismo; y no es, por lo mismo, extraño lo que sucedió.
El I.o de Julio de 1839 debía el Gobernador de la Provincia,
señor Antonio José Chaves, publicar por bando y poner en ejecución
material, expulsando á los frailes y ocupando los conventos, la ley
sobre supresión á que antes hemos aludido, cuando un clérigo
fanático, llamado el Padre Villota, Prepósito de la Congregación
del Oratorio de San Felipe de Neri, subió al púlpito de dicha
iglesia, y convertido en un energúmeno, excitó á los fieles
habitantes de Pasto á resistir su ejecución, denunciando la ley en
cuestión como herética y masónica, y á sus autores como enemigos de
la Iglesia y de sus ministros.
Amotinada la población en húmero de tres á cuatro mil personas,
en su mayor parte indios aguerridos y bien armados, puso sitio al
cuartel de la pequeña tropa que hacía la guarnición de la ciudad,
que apenas llegaba áunos 6o soldados, donde se había refugiado el
Gobernadoor. Estrechamente asediados y privados de todo recurso,
vióse el Gobernador obligado á capitular con los amotinados, y el 3
de Julio aceptó las siguientes proposiciones:
'Los señores doctor Francisco de la Villota, Prepósito de la
Congregación del Oratorio de San Felipe de Neri, y Teniente Coronel
en disponibilidad Antonio Mariano Alvarez, hacen las siguientes
proposiciones para transigir las presentes desaveniencias:
Art. 1.o Los infrascritos y el pueblo de Pasto declaran
solemnemente que obedecen al Gobierno de la República yá las
autoridades constitucionales, y que solicitan las siguientes
concesiones:
I.o Que el señor Gobernador de la Provincia no llevará á efecto
la publicación del Decreto de supresión de los conventos de esta
ciudad, expedido en la Legislatura del presente año, ni se llevará
á efecto, quedando comprometidos, en obsequio de la paz y del bien
público, á informar y suplicar por su parte para que no tenga lugar
tal disposición, la que deberá reservarse hasta la próxima
Legislatura, en que se presentarán las diversas solicitudes de esta
capital, á fin de conseguir la revocación del expresado
Decreto;
2.o En asuntos de Religión no se hará la menor alteración, y
observándose en todo caso y guardándose la Apostólica, Católica,
Romana,y que siempre se les permitirá á los habitantes de esta
Provincia continuar en sus costumbres y prácticas religiosas como
las observaron nuestros padres;
3.o El señor Teniente Coronel Antonio Mariano Alvarez continuará
instruyendo las milicias, para que de este modo se establezca el
orden en ellas, así como lo ha mantenido desde el momento en que el
pueblo lo obligó á que dirigiese sus operaciones, con cuyas
disposiciones se han evitado muchos males. El se ha interesado por
el honor del Gobierno, por su reconocimiento, obediencia y por la
paz;
4.o Que la guarnición de esta plaza se varíe, y que entre tanto
que venga la fuerza que debe reemplazarla, el parque se encargue al
cuidado de los señores proponentes, debiendo cuanto antes contener
el resultado de las providencias dictadas por la Gobernación,
reclamando tropas y más elementos de guerra, y que tampoco podrá
regresar el medio batallón del número 7.o y sus Jefes, hasta que se
haya concedido por Su Excelencia el Poder Ejecutivo la ratificación
de la presente propuesta;
5.o Que se dan los debidos reconocimientos á los innumerables
beneficios que en las presentes circunstancias ha hecho el señor
Presbítero Francisco de la Villota, Prepósito de la Congregación de
San Felipe de Neri, quien ha evitado con su persuasión, positivos
servicios, influjo y actividad, derramamiento de sangre, los
desastres que se tocaban ya, y otros males incalculables. El ha
contenido repetidas veces al pueblo y se ha desvelado por tranzar
el negocio de un modo amistoso. Además de las garantías que las
leyes le ofrecen por su patriotismo, fidelidad y procedimientos
arreglados y prudentes, el Gobernador por su parte le ofrece
cuantas más seguridades quiera, y aún informar en favor de su
adhesión al orden, al Gobierno y á la tranquilidad pública, para
desvanecer cualesquiera imputaciones que algunos mal intencionados
pudieran hacerle por desconceptuarlo.
Pasto, Julio 3 de 1839.
FRANCISCO DE LA VILLOTA.-ANTONIO MARIANO ALVAREZ.
Despacho de la Gobernación de la Provincia de Pasto.-Julio 3
de 1839.
Concedido y convenido en todas sus partes. Sométase á Su
Excelencia el Presidente de la República para que se sirva conceder
su ratificación en todas sus partes.
ANTONIO JOSÉ CHAVES.
Por disposición del señor Gobernador de la Provincia, Juan
Barreda.- Secretario.
Llegada la capitulación á conocimiento del Gobierno, el doctor
Márquez, con la misma energía con que hubiera podido hacerlo el
General Santander, la desconoció, y dictó sin pérdida de tiempo las
más activas disposiciones para el sometimiento de los rebeldes y
cumplida ejecución de la ley, como puede leerse en el número 411 de
la Gaceta Oficial, que á la letra dice así:
'Habiendo dirigido el Gobernador de la Provincia de Pasto, por
conducto de la Secretaría del Interior y Relaciones Exteriores, las
proposiciones hechas al expresado Gobernador por los cabecillas de
la facción que se ha opuesto en la capital de dicha Provincia á que
se cumpla el acto legislativo que suprimió los conventos de frailes
existentes en ella, cuyas proposiciones se publicaron en la Gaceta
anterior, Su Excelencia dictó la siguiente resolución:
'Despacho del Interior y Relaciones Exteriores.-Julio 21 de
1839
RESUELTO:
El Poder Ejecutivo desaprueba las concesiones que por la fuerza
y la violencia se arrancaron al Gobernador de Pasto en 3 del
corriente mes. Ni está en las facultades del Poder Ejecutivo
suspender la ejecución de una ley, ni aunque tuviera semejante
atribución; accedería á lo que se ha exigido por medio de asonadas
y tumultos populares.
Jamás han intentado los poderes políticos de la República hacer
novedad en la Religión Católica, que la Constitución protege y que
las leyes sostienen.
Por lo demás, dénse las órdenes correspondientes por la
Secretaría de Guerra, y prevéngase al Gobernador de Pasto que
disponga que todos los vecinos se restituyan á sus ocupaciones
ordinarias, haciéndoles palpar los males que acarrearán sobre sí,
con el hecho de continuar en sedición.
El General P. A. Herrán ha sido nombrado Comandante en Jefe de
una División que debe restablecer el imperio de la ley en Pasto, si
por las órdenes del Gobernador no se logra. Con él debe entenderse
dicho Gobernador en lo que ocurra, pues ha recibido autorización y
órdenes al efecto.
Comuníquese al Gobernador.
Por Su Excelencia, el Secretario,
MOSQUERA (General TOMÁS CIPRIANO.)"
Nombróse al efecto Jefe de la División de operaciones sobre
Pasto al General Pedro A. Herrán, y 2.o Jefe al Coronel Salvador
Córdoba, uno de los más conspicuos entre los Jefes liberales del
ejército, hermano de José María el héroe de Ayacucho, que 1o años
antes había perecido infamemente asesinado en el campo del
Santuario, combatiendo la Dictadura de Bolívar.
Por excusa del Coronel Córdoba, fundada en que acababa de
aceptar el nombramiento de Representante al Congreso por la
Provincia de Antioquía, nombróse en su reemplazo á mi tío el
Coronel José María Vezga, si cábe más connotado que Salvador en las
filas del liberalismo; él aceptó y marchó á Pasto á órdenes del
General Herrán.
El Señor Mosquera, el ilustre Arzobispo, cuya egregia figura aún
no ha acabado de crecer en los ámbitos de la Patria, se encontraba
enfermo en Villeta, y desde allí dirigió la siguiente Carta
Pastoral á los Párrocos del Arzobispado, que copiamos de la Gaceta
Oficial, número 411:
'República de la Nueva Ganada.-Arzobispado de Bogotá, Parroquia
de Villeta.- 17 de Julio de 17839.
Al señor Cura de………
Con profundo dolor hemos visto en la Gacela extraordinaria de 14
de los corrientes, las alarmas y asonadas contra el órden público,
que han tenido lugar en la ciudad de Pasto.
Ministro de paz, no nos es posible mirar con indiferencia que
invocando el nombre santo de la Religión, se pretenda trastornar el
orden y faltar á la obediencia debida á las autoridades nacionales.
Semejante conducta es un falso celo, que no es según la ciencia. En
ningún caso pueden justificarse actos revolucionarios con pretextos
religiosos; y á más de su criminalidad, son un manantial inagotable
de males para los pueblos. Si ninguna opinión noble emplea los
medios reprobados, menos puede justifica los un fin religioso, sea
el que fuere. San Pablo condena expresamente el hacer males de
donde vengan bienes.
El acto legislativo que ha servido de pretexto para aquellos
alborotos, tiende al fomento y mejora de las misiones de Mocoa,
siendo además apoyado por el Ilustrísimo señor Obispo de Popayán,
cuya piedad y celo sacerdotal, son bien conocidos en toda la
República y aun fuera de ella.
Es, por lo mismo, más reprensible, que sin atender al juicio del
Prelado diocesano, se haya querido levantar el estandarte de la
rebelión, envolviendo en mil males á los pueblos de Pasto.
Confiamos en la misericordia del Señor y en el buen juicio de
los pueblos de la República, que no tendremos que lamentar
escándalos semejantes al que hoy deploramos; pero es nuestro deber
cooperar á la conservación del órden público, con cuyo objeto
dirigimos á usted esta carta recomendándole nuestra Pastoral de 1.o
de Noviembre de 1835, en que exhortamos al clero y pueblo de
nuestra Arquidiócesis á la obediencia debida á las leyes y á las
autoridades públicas. No basta que nuestro ejemplo dé el de la
sumisión; es preciso también que el pueblo oiga de nuestros labios
la santa doctrina á la obediencia y á las autoridades civiles que
los grandes apóstoles San Pablo y San Pedro inculcaron con tanta
eficacia á los primeros cristianos, y en ellos á todos nosotros.
Encargamos muy particularmente á usted que en las pláticas
dominicales y en las ocasiones que á cada paso ofrece el ministerio
parroquial, no cese de hacer entender á los fieles la obligación de
conciencia de vivir sometidos á las leyes y á las autoridades que
nos gobiernan, y que las revoluciones que se hacen con pretextos
religiosos, no son menos criminales que las otras, á fin de que
esta enseñanza consolide más y más la paz pública y aleje todo
motivo de desorden y perturbaciones.
No dudamos que en nuestra Arquidiócesis resonará por todas
partes la palabra de paz qué anuncian los venerables párrocos, pues
nos es conocido su piadoso é ilustrado celo para temer ni por un
momento que se mire con indiferencia por ellos la paz pública. La
experiencia nos ha enseñado en la visita pastoral la ilustrada
piedad con que los párrocos dan á Dios lo que es de Dios, y al
César lo que es del César, y; para que nuestros diocesanos se
convenciesen mejor de la importancia de aquella obligación, no
hemos prescindido de recordársela y encarecérsela en nuestras
exhortaciones.
Por último, mandamos que se dé en la misa la oración Pro Pace, á
fin cíe implorar en el Santo sacrificio las misericordias del
Señor, y exhortará usted á los fieles á que hagan frutos dignos de
penitencia, con los cuales haremos propicio á Nuestro Señor.
El dé á usted con abundancia los dones sacerdotales y nos haga á
todos sus sacerdotes fieles ministros de su evangelio.
Soy de usted afectísimo,
MANUEL José, Arzobispo de Bogotá."
Esta sola pieza basta para calificar la piedad y la ciencia del
señor Mosquera, á las cuales tendremos ocasión de volver en
capitulo separado de este Libro.
El General Herrán, después de destrozar á los rebeldes en
Buesaco, entró en Pasto el 5 de Septiembre, puso en ejecución la
ley de supresión de conventos y participó 4 Gobierno que el orden
público quedaba restablecido en el sur de la República.
Pero, fatalidad, fatalidad impía! entre los prisioneros de
Buesaco cayó José Erazo, hombre de mala fama, vecino de La Venta,
en cuya casa de campo pernoctó el General Sucre la víspera dé ser
asesinado en Berruecos, señalado desde entonces como cómplice del
crimen. Allí se apareció por la tarde á saludar al General, el
Coronel Apolinar Morillo, encargado de la ejecución del crimen,
pretextando que de paso para no recuerdo dónde, había sabido su
llegada á La Venta.
Morillo tenía; pues, á espiar á su víctima y á asegurarse de que
allí quedaba para disponer en consecuencia el sitio y pormenores de
la ejecución.
Uno de los ordenanzas del General, á quien la repentina
aparición de Morillo, y ciertas miradas de inteligéncia entre él y
Erazo, le infundieron sospecha, llamó aparte al General y le dijo:
Mi General, este es pájaro de mal agüero; algo malo nos quiere
suceder aquí; pero nosotros somos seis; apoderémonos de estos dos
bribones y sigamos camino con ellos, llevándolos con el trabuco al
pecho, advertidos de que al menor ruido, al primer disparo,
perecerán. Pero el General no se resolvió á hacerlo, y lejos de
aceptar el consejo de su ordenanza, le mandó que trajera una
botella de vino para ofrecerle á Morillo, y tomó con él, adulándolo
con el recuerdo de los hechos de armas en que Morillo se había
portado como un valiente. Morillo había servido á órdenes del
General en la guerra de Pasto. Morillo se despidió ya al anochecer,
y desde ese momento la ilustre víctima quedó irremisiblemente
perdida.
Llevado á rendir su declaración indagatoria, Brazo denuncié al
General Obando como autor del asesinato, y dijo que en poder de su
mujer en La Venta, se encontraba el papelito de puño y letra del
General, que éste le había mandado con Morillo para que concertaran
de común acuerdo su ejecución.
Y efectivamente, un papelito de puño y letra del General Obando,
sin la fecha del año, y sólo la del mes-28 de Mayo-fué entregado
por la mujer de Brazo en La Venta. Este papelito, que corre copiado
en la causa y en el Manifiesto publicado por el General Obando en
Lima, dice así:
"Buesaco, Mayo 28.
Mi estimado Brazo: El dador de esta le advertirá de un negocio
importante, que es preciso lo haga con él. El le dirá á la voz
todo, y manos á la obra. Oiga usted todo lo que le diga, y usted
dirija el golpe.
Suyo,
José MARIA OBANDO"
El General Obando dijo siempre que ese papel había sido escrito
el año de 1826, siendo él Comandante general del Departamento del
Sur, y que se refería al concierto de un plan para capturar al
guerrillero realista Noguera, que aún mantenía interrumpida la
comunicación entre Pasto y Popayán.
Más como no sea mí propósito remover las cenizas del General
Obando, ni analizar la prueba, ni menos erigirme en juez de este
proceso, sino simplemente construir el eslabón que necesito para
hacer tránsito á la revolución de 1840, me limitaré á decir: que
hecho aquel descubrimiento y columbrada por víctima uno de los más
ilustres jefes de la reacción antiboliviana, las iras del antiguo
partido Boliviano se levantaron como una tempestad sobre la cabeza
del desgraciado General Obando; todos los odios y todas las
pasiones contenidas desde 1830, lo designaban para saciar su
venganza. Contando con numerosos amigos y partidarios en las
provincias del sur, el General Obando pensó que, falto de
garantías, no le quedaba otro medio de escapar al furor de sus
enemigos, que lanzarse en las vías de la revolución, como en efecto
se lanzó, poniéndose en armas á la cabeza de una pequeña tropa, con
la cual amenazó ocupar á Popayán el 26 de Enero de 1840; pero
después de varias conferencias con el General Herrán, convino en
constituirse preso en la ciudad de Pasto para la secuela de la
causa, en averiguación del asesinato del Mariscal Sucre. Son dignas
de conservarse en estos Recuerdos las dos notas que pactaron ese
Convenio. Dicen así, copiadas de la Gaceta Oficial número 444:
"República de la Nueva Ganada.-Timbío, Febrero 21 de 1840. Al
señor General Pedro A. Herrán.
La persuasión de que se procedía contra mí sin las garantías
legales, produjo en estos pueblos una conmoción que, cuando llegó á
mi conocimiento, ya no tenía remedio. Yo tuve que lanzarme en ella,
más bien por darle una buena dirección y evitar mayores males, que
porque estuviese en mis principios tal procedimiento. También
estuve persuadido por algunos hechos que las garantías que prestan
las leyes á los granadinos habían desaparecido para mí en la
primera vez que las necesitaba.
Pero después de las conferencias tenidas con Usía, se han
disipado las desconfianzas, y tengo el honor de manifestar á Usía
que las armas y fuerza de los ciudadanos que me rodean, con sus
vidas, están á la disposición de Usía, acordando una amnistía
general que cubra con un olvido patriótico los acontecimientos que
terminan hoy. De este modo queda restablecido el orden público.
A este acto, que la Nación apreciará como merezca, me mueven dos
causas poderosas; la primera mi amor á la patria, y la segunda
consignarme á disposición del Juez que conoce de la causa en upe se
me ha formado la más atroz calumnia.
Si hubiera otro acto más solemne que este, por el cual
manifestara mi sumisión á la ley, yo lo ejecutaría también.
Dios guarde á Usía.
José MARÍA OBANDO"
" República de la Nueva Granada.-Comandancia en jefe de la
División de operaciones.- Cuartel general en los Arboles, 22De
Febrero de 1840.
Al señor General José María Obando,
Después que he recibido la comunicación de Usía, fecha de ayer,
y de las conferencias que hemos tenido, queda ya restablecido el
orden público en esta provincia, y para seguridad de los individuos
que hayan tenido cualquier comprometimiento en la conmoción
ocurrida, he expedido el Decreto de amnistía que Usía justamente
desea, del cuál le acompaño copia auténtica, en cuya virtud pueden
estar perfectamente seguros de que no serán perseguidos ni
molestados de modo alguno, quedando así concluida la desavenencia
familiar que nos tenía divididos momentáneamente.
Con sumo gusto hago uso en esta vez de la facultad
extraordinaria conque me ha investido el Poder Ejecutivo, porque
estoy penetrado de las buenas consecuencias que esta medida va á
producir; y para que surta mejor efecto, empeñaré particularmente
mi mediación para que entre los habitantes de esta Provincia haya
un olvido positivo de la ocurrencia pasada.
No dudo que la Nación aplaudirá los esfuerzos que Usía ha hecho
para obtener esta reconciliación pacífica y honrosa, porque son
incalculables los males que con ella se evitan.
Desde la primera entrevista que tuvimos, he visto el interés que
Usía tiene en someterse al Juez que conoce de la causa que se ha
seguido á Usía en Pasto, en cuya virtud va á ponerse en camino para
aquel lugar. Con esta conducta ofrece Usía el más saludable
ejemplo, dando un testimonio solemne dé patriotismo, que le honrará
tanto como los servicios importantes que Usía ha hecho á la
República.
Dios guarde á Usía. -
R A. HERNÁN."
Pero asaltado de nuevos temores, o persuadido de que carecía en
absoluto de garantías para su defensa, resolvió al fin lanzarse
abiertamente en las vías de la revolución. La Gaceta Oficial número
463. dió cuenta del suceso en estos términos:
"República de la Nueva Granada.-Gobernación de la
Provincia.-Popayán, á 12 de Julio de 1840.
Señor Secretario de Estado en el Despacho del Interior y
Relaciones Exteriores.
Señor:
Hoy á las nueve de la mañana he recibido un oficio que con fecha
9 de1 corriente me ha remitido desde La Venta el señor Coronel Juan
Gregorio López, en que me participa qué el Capitán Tomás Campos,
refiriéndose á una nota del Jefe de Estado Mayor de la División de
operaciones, de fecha 6 del mismo, le ha comunicado que se fugaron
de Pasto cl General José María Obando, el Coronel Juan Gregorio
Sarria, los Tenientes Coroneles Pedro Antonio Sánchez y Antonio
Mariano Alvarez, y el ciudadano Fidel Torres, lo que comunico á
Usía para que se sirva ponerlo en conocimiento de Su Excelencia el
Presidente de la República, con advertencia de que el señor Jefe
Militar instruye al Supremo Gobierno por la Secretaría de guerra de
las medidas que se han tomado para la aprehensión de los prófugos,
y para evitar que causen nuevos trastornos dentro de los límites de
esta Provincia.
Dios guarde á Usía.
MANUEL José CASTRILLÓN."
La proclama con que el General Obando llamó á sus copartidarios
y amigos á las armas, dice así, copiada de la Gaceta Oficial de 13
de Septiembre de 1840, número 470:
República de Colombia,-Roligíón y libertad.-José María Obando,
Supremo Directo, de la guerra en Pasto, General en Jefe del
Ejército restaurador y protector de la Religión del
crucificado.
¡Pastusos! Perseguido cruelmente por un Gobierno de origen
impopular, porque teme que el valor y la fortuna que me son
inseparables, le haga perder la presa dé que disfruta, y por un
General conocido por sus crueldades en Pasto, y que se ha usurpado
una parte del territorio de la República, me he visto en la
necesidad de abandonar la prisión en que, como Sócrates, permanecía
resuelto á beber la cicuta, solamente por volver á Pasto su dicha,
al Ecuador su independencia y á la Nueva Granada su libertad é
integridad. Desde 1830 empecé la obra que hoy voy á concluir.
Entonces derroqué el poder de Urdaneta, y cuando preparaba la
reintegración del territorio, teniendo el mando supremo un partido
anárquico, me robó los votos y eligió al doctor Márquez de
Vicepresidente, quien rodeándome de esbirros impidió en el año de
1832, el renacimiento de Colombia, bajo un sistema federal, que es
el grito nacional. Se privó entonces á Pasto ser la capital del
cuarto Estado, porque envidiosos de mi gloria, no querían que la
sangre de mis venas presentase en holocausto por la dicha de Pasto
y esplendor de la religión. Constante en mis proyectos emprendí la
reorganización del Ecuador, y cuando esos pueblos gobernados por
mis consejos, resolvieron unirse á la Nueva Granada, los pigmeos
que tenían asiento, por intrigas, en el Congreso, ofendieron á la
Patria, desoyendo el clamor popular que aconsejaba acoger la
incorporación del Ecuador.
¡CoLoMbiANos! Antiguo amigo de vuestro esplendor y gloria, hoy
me presento á restituiros la de vuestro nombre y el brillo del
ejército mil veces vencedor y abatido por una negra envidia.
Rodeado de vuestra sangre y sin más aspiraciones que las de Camilo,
dejo el sufrimiento y vengo, cual otro Belisario perseguido, á dar
vida á un cuerpo exánime que después de humillado quiere renacer
como el fénix de las cenizas.
¡PATIANos! Vuestras temibles lanzas han hecho que se os adule
por vuestros antiguos enemigos. Acordáos quiénes son los que os
mandan hoy y los que tantas veces os atacaron. Rodeado de vosotros
vencí á infante, la primera lanza venezolana, y rodeado de vosotros
humillé á los satélites del Dictador en la Ladera y Palmira. Volved
á mí, os cubriréis no solamente de laureles, sino también del mirto
de la sabiduría.
¡EcuAToRiANos! Llegó la hora del castigo para ese monstruo que
os tiene como esclavos. En Estados federales de Colombia, Guayaquil
gozará de una independencia justa, el alto Ecuador, del progreso de
su industria, y Cuenca será reintegrada de su territorio.
¡ IsTMEÑOs! Leyes saludables os harán felices, y os darán
privilegios y garantías que bajo el régimen central, no podéis
gozar.
¡GRANADINOS! Voy á llenar vuestros deseos, y rodeados del pueblo
heroico de Pasto, vais á conseguir la verdadera libertad.
¡ CATóLICOS ToDos! La impiedad y el fanatismo se ahogarán en los
torrentes del Guáitara y Juanambú, y arrojados por el Tequendama,
sólo quedará una historia de los perversos.
¡SoLDADos vETERANOs! El pueblo hará justicia al mérito del gran
ejército americano, y seréis restablecidos en el fuero legal por
honor vuestro y del pueblo.
¡Viva la Religión!
¡Viva Colombia!
¡Viva la Libertad!
Dado en mi Cuartel general restaurador de Chaguarbamba, el 16 de
Julio, mes de la libertad, del año de nuestro Redentor de 1840, 1.o
de la Restauración.
J. M. QBANDO.
El partido liberal en masa, con todos sus Jefes militares
(excepto el General López), y con tres de los Gobernadores
liberales de las Provincias, elegidos por el Doctor Márquez de
entre las senarias presentadas por las Cámaras de Provincia, los
del Socorro, Santamarta y Mariquita, tomó las armas para derrocar
el Gobierno del doctor Márquez, á quien sólo faltaba un año para
ser reemplazado por medio del sufragio, y en breve toda la
República quedó cubierta por los campamentos de la guerra civil. El
doctor Márquez, como era natural, se echó para su defensa en brazos
del partido contrarío, y con los Generales Herrán y Mosquera á la
cabeza de sus ejércitos, triunfó de la revolución.
Si el partido liberal no se hubiera lanzado en ella, su triunfo
en las próximas elecciones, sobre todo después de la campaña de
Pasto para la supresión de los conventos, que acababa de divorciar
al doctor Márquez de los reaccionarios y fanáticos, habría sido
infalible, como lo prueba el resultado de aquellas elecciones,
hechas ya en plena guerra civil, contra electores liberales
rebeldes. Aun así, el candidato del Gobierno, General Herrán, no
alcanzó á reunir la mayoría absoluta de los sufragios de las
Asambleas Electorales, y la elección presidencial hubo de
perfeccionarla el Congreso de 1841 en favor del General Herrán,
como había sucedido con la del doctor Márquez en 1837.
Prueba evidente, inconcusa, repetimos, de les progresos que las
costumbres y la opinión habían hecho ya en el camino de la
fundación de la República, del respeto que por esa opinión y esas
costumbres mantenía el Gobierno, y de que sin la revolución, el
partido liberal habría triunfado con toda seguridad en esas
elecciones.
Los 1,624 votos de los electores de las Asambleas se dividieron
así:
Por el doctor Vicente Azuero 596
Por el General Pedro A. Herrán 579
Por el General Eusebio Burrero 377
Diversos 72
- Total 1,624
El Congreso perfeccionó la elección en la sesión del 14 de Marzo
de 1841. con sólo 67 votantes, de los 96 miembros que constituían
ambas Cámaras. Los 29 asientos vacíos correspondían á los Senadores
y Representantes liberales, que, ó habían tomado parte en. la
revolución, ó no se atrevieron á presentarse en la capital en el
estado de exaltación de las pasiones políticas producidas por la
guerra civil. Desde el primer escrutinio el General Herrán obtuvo
con 53 votos las dos terceras partes de los sufragios requeridos
por la Constitución, y fué declarado electo Presidente de la
República para el período de 41 á 45. Los 14 votos restantes se
dieron en favor del General Borrero.
Tales fueron los orígenes, los precedentes y las causas
determinantes dé la revolución de 1840, y en vista de ellos, en
presencia de la verdad histórica, y con la confirmación que á este
juicio dan los 60 años posteriores de nuestra historia,
estérilmente empleados en la tarea de asesinarnos y destruirnos, el
hijo de uno de los caudillos de aquella revolución, arrastrado á
ella por la religión del partido, é infamemente sacrificado á los
odios del contrario, terminada su carrera política, y puesta la
mano sobre la conciencia, enfrente de la posteridad, tiene que
declarar que aquella revolución fué funesto error de nuestros
padres, y que el Presidente Márquez en ningún acto de tiranía había
incurrido para justificarla, á menos que se le acuse de haber hecho
cumplir inexorablemente la ley liberal sobre supresión de los
conventos de Pasto; á menos que se le haga responsable de la
captura de Erazo, de la declaración de éste contra el General
Obando y del papelito escrito por dicho General, imputado, de buena
ó de mala fe, al asesinato de Sucre.
Si cada revolución ha visto devorada su obra y su triunfo por la
que te ha sucedido, ¿qué puede ofrecernos el triunfo de una nueva
reacción bélica, en cambio de los infinitos dolores, de los
infinitos males y de las infinitas desgracias de una revolución? en
cambio de la barbarie que la acompaña y de la corrupción en que se
disuelven las virtudes públicas que mantienen de pie la estatua del
hombre y de los pueblos?
En materia de instituciones políticas, todo lo hemos ensayado y
todo lo hemos repudiado, desde las Constituciones rígidamente
autoritarias, unitarias y centralistas, hasta la federación de
Estados Soberanos dé 1863, llamada, y con razón, por un estadista
americano "la anarquía organizada." Tampoco tiene, pues, nada nuevo
que ofrecernos á este respecto una nueva revolución.
Todo lo hemos ensayada, menos veinte años de paz, que fundando
hábitos de orden y de trabajo, quizá habrían logrado civilizar los
partidos, extirpar los vicios y encauzar el espíritu indisciplinado
de nuestra raza en las vías de la legalidad.