RESOLUCION DE LA CÁMARA
Lo Cámara de
Representantes,
TENIENDO EN CUENTA:
1° Que los informes de la Comisión de su seno encargada de
estudiar el expediente relativo a la separación de Panamá, han sido
presentados la víspera de cerrarse las sesiones del Congreso.
|2° Que las conclusiones a que llegan tanto la mayoría
como la minoría de aquella Comisión son del dominio público.
3° Que el señor Presidente de la misma Comisión, doctor Dávila
Flórez, declaró públicamente que, para honor de Colombia, no había
encontrado delito de traición a la Patria cometido por ex-Ministros
de Estado; y
4° Que el Congreso, por falta de tiempo, no puede fallar
definitivamente acerca de este asunto,
RESUELVE:
Publíquense oficialmente, en un solo folleto y a la mayor
brevedad, los informes de la Comisión que estudió el expediente
relativo a la separación de Panamá.
Bogotá, noviembre 16 de 1912.
El Secretario,
|
José de la Vega
INFORME DE LA MINORIA
Honorables Representantes:
El día 3 de noviembre de 1903 estalló en la ciudad de Panamá un
movimiento revolucionario que terminó con la separación de aquel
Departamento de la unidad colombiana.
Fuerzas regulares del Ejército de la República suficientes para
mantener el orden público en el Departamento, guarnecían a Panamá.
De suerte que la mutilación del territorio patrio, con razón, fue
considerada prontamente por la conciencia nacional como
consecuencia de uno de los delitos de traición o de rebelión, aun
cuando no fue sino mucho tiempo después que vino a iniciarse la
respectiva investigación.
La Ley 37 de 1909 creó una Comisión, compuesta de tres abogados;
le dio el carácter de alto funcionario de instrucción, con todas
las facultades y atribuciones que corresponden a esta clase de
funcionarios, conforme a la ley, y le confió la instrucción de
aquel gran proceso, «con el objeto especial de investigar la
responsabilidad en que hayan podido incurrir algunas personas en
los acontecimientos que ocasionaron la separación de Panamá de la
República de Colombia.» El parágrafo 2° del artículo 1° de aquella
Ley dice:
«Las investigaciones de la Comisión deberán extenderse además a
averiguar las irregularidades que hayan podido cometerse en la
negociación de la prórroga concedida a la Compañía Nueva organizada
para la construcción del Canal de Panamá.
«Si de las investigaciones resultare la prueba necesaria (dice
el artículo 3° de la misma Ley) para juzgar a algún empleado de
aquellos que sean justiciables por el Senado, la Comisión dará
cuenta, con testimonio de lo conducente, a la Cámara de
Representantes,
|para que ésta examine y decida si es o no el
caso de proponer acusación ante el Senado. »
Y el parágrafo 2° de este artículo agrega:
«Si el responsable fuere algún empleado, funcionario público o
persona particular que deba ser juzgado por otra autoridad, pasará
copia de lo conducente a la Corte Suprema de Justicia o al Tribunal
o Juez competente,
|para que allí se perfeccione el sumario y se
proceda al juzgamiento del responsable. »
Transcurriéronse los seis meses que el artículo 2° de la Ley
referida fijó para que la Comisión diera cima a su cometido, vía
investigación estaba inconclusa. Con tal motivo vino la Ley 27 de
1910, y amplió las facultades de la Comisión y prorrogó sus
funciones por el término de un año más.
En la legislatura de 1911 la honorable Cámara de Representantes,
ya porque se había transcurrido el ario de prórroga que concedió la
Ley 27 de 1910, ora porque ahincadamente lo pidió uno de los
ex-Ministros de Estado al tiempo de la separación del Istmo, avocó
el conocimiento de la investigación practicada por la Comisión
Investigadora. La Cámara inició su intervención en el asunto con la
siguiente proposición:
«La Cámara de Representantes, teniendo en cuenta que el tiempo
en que funcionó la extinguida Comisión Investigadora de los asuntos
de Panamá, creada por la Ley 27 de 1909, fue suficiente para llenar
su cometido, y que entre los sindicados como posibles responsables
de la secesión de Panamá figuran algunos ex-Ministros de Estado,
según afirmaciones públicas, y por cuanto el expediente creado al
efecto no debe reposar en poder de particulares,
«RESUELVE:
«
|La ex-Comisión Investigadora de los asuntos de Panamá
remitirá originales todos los documentos que forman dicho
expediente a esta Cámara, para que ella elija una Comisión plural
que los estudie e informe. »
Y en la sesión del día 1° de septiembre del citado año la Cámara
nombró la Comisión Especial a que se refiere la proposición
anterior, compuesta de cinco miembros.
La Comisión de la Cámara, hasta donde le fue posible, hizo el
estudio que se le encomendó, y con fecha 14 de octubre del año
citado rindió a la corporación el correspondiente informe, del cual
se toman las siguientes conclusiones:
«El estado de los diversos sumarios se halla, como habréis
podido ya colegir, muy distante de la perfección, a pesar del
evidente empeño de la extinguida Comisión Investigadora. Se
necesita aún su ampliación, y de ahí que sea imposible entrar a
calificarlos, y a resolver esta honorable corporación lo de su
cargo en cuanto a los individuos que pudieran ser justiciables por
el Senado. Entre las diligencias que faltan por practicar se hallan
las siguientes, como importantes:
1ª Descifrar ciertos despachos en clave............
De esos despachos resultarían muchos datos interesantísimos
sobre la participación de personajes americanos y colombianos en
los sucesos de los días críticos y en los consejos de donde
emanaron las medidas del Gobierno de Washington contra la
integridad de nuestro país.
2ª Descifrar los cables y telegramas en clave, también sin
descifrar todavía, del Gobierno Nacional para particulares y
funcionarios públicos, y de éstos para aquél, cuyas fechas y otras
circunstancias indican que tienen relación con los mismos
sucesos.
3ª Evacuar las numerosas citas que resultan de las diligencias
practicadas y que no ha sido posible hasta ahora evacuar; practicar
varios careos que están indicados en varias de las declaraciones
recibidas.
4ª Averiguar quién es el responsable o quiénes son los
responsables de la mutilación del copiador de telegramas de la
Dirección General de Correos y Telégrafos, correspondiente al
último trimestre del año de 1903, al cual resulta que se le
arrancaron cincuenta fojas, por lo cual dicho libro comienza por la
página 51 y la fecha cuatro de noviembre de mil novecientos
tres.
5ª Exigir a quien en la época indicada desempeñaba la Dirección
General de Correos y telégrafos, una explicación sobre la libertad
en que se dejaba a los corresponsales de la prensa norteamericana
en esta ciudad para comunicar a Panamá las noticias más graves y
los datos más inconvenientes a nuestra seguridad; eso no obstante
haberse establecido censura telegráfica, de lo cual hay prueba en
algunos despachos de
|tos mismos corresponsales.
6ª Acabar de examinar los copiadores de telegramas que la
extinguida Comisión Investigadora no alcanzó a examinar, a fin de
escoger y copiar aquellos despachos que tengan conexión con los
hechos de cuya investigación se trata.
7ª Insistir en la consecución de los documentos que solicitó,
sin éxito, la extinguida Comisión de oficinas públicas y de
particulares; y
8ª Practicar las demás diligencias que resulten convenientes,
según las que dejamos indicadas.
De todo lo expuesto resulta la necesidad de que una ley disponga
quién ha de perfeccionar la investigación para presentar a la
Cámara de Representantes en las próximas sesiones los sumarios
respectivos, a fin de que ella resuelva si hay lugar o no a
acusaciones de su parte, y tomando las copias del caso, distribuya
a las distintas jurisdicciones los sumarios relativos a individuos
no justiciables por el Senado.
Débese tener en cuenta que la ley respectiva extendió la acción
de la Comisión Investigadora de la separación de Panamá a los
hechos conexos con ella, y que la Comisión cumplió en este punto
también su deber. Hay en los trabajos de la Comisión mucha materia
de ese género.
El hecho de Panamá ha sido extraordinario en todos sus
caracteres; fue tan complicado y tan complejo y abarca tantos
hechos particulares, que su investigación misma ha tenido que ser
extraordinaria. Ningún Tribunal común habría podido, por falta
material de tiempo, simultáneamente con sus demás funciones, formar
los numerosos e importantes expedientes y el archivo formado por la
Comisión Investigadora de los asuntos de Panamá, ni podría hacer
debidamente lo que falta. Que la misma Comisión u otra nombrada
ahora por la Cámara y el Poder Ejecutivo continúen la tarea por
unos meses más, nos parece indispensable; y si hubiera de tomarse
otro partido, se nos ocurre sólo, como adecuado, el de la creación
de dos plazas supernumerarias de Magistrados de la Corte Suprema
encargados del asunto. No es posible en manera alguna que los
expedientes y el archivo dichos queden, al cerrarse las Cámaras,
sin quién responda de ellos, porque allí hay documentos de tal
interés para la Nación y la justicia, que fuera indisculpable
dejarlos sin guardián especial. Os proponemos para terminar:
«1° Pásese copia al honorable Senado, para que si lo juzga
conveniente introduzca las modificaciones del caso en el proyecto
de ley "sobre la Comisión Investigadora délos asuntos de
Panamá."
«2° Publíquese en los
|Anales de la Cámara de
Representantes este informe y la diligencia de entrega que hizo
la extinguida Comisión Investigadora de los asuntos de Panamá, de
los expedientes que formó y de su archivo.
«Bogotá, octubre 14 de 1911.
«MANUEL DÁVILA FLÓREZ-HERMES GARCÍA G.-JESÚS PERILLA V.-ROBERTO
BOTERO SALDARRIAGA»
Como consecuencia de las conclusiones a que llegó la Comisión de
la Cámara, el Congreso de 1911 expidió la Ley número 62 de 22 de
noviembre de aquel año, que dice en su artículo 1° lo que se copia
en seguida:
«La Comisión Investigadora de los asuntos de Panamá, reducida en
adelante al Presidente, Secretario y un Escribiente, designado por
aquél, continuará ejerciendo sus atribuciones hasta por el término
de dos meses, contados desde la sanción de la presente Ley, para el
solo efecto de seguir clasificando, inventariando y entregando en
debida forma a las autoridades competentes, los expedientes y demás
papeles que forman el archivo de dicha Comisión y que hasta la
fecha no estuvieren convenientemente clasificados, y para expedir
las copias que deben figurar en las actuaciones respectivas ; pero
las copias relativas a los funcionarios que son justiciables por el
Senado, serán enviados por la Comisión Investigadora precisamente
en el término ordenado por la Cámara, según resolución de fecha 28
de agosto último. »
Y la resolución de fecha 28 de agosto aludida en el artículo que
se deja copiado, es del tenor siguiente:
«La Comisión Investigadora remitirá dentro de diez días,
contados desde la fecha, los expedientes de que deba conocer la
Cámara, y a la mayor brevedad los que corresponden a otras
autoridades. Respecto de los que todavía no estén debidamente
arreglados, la ley dispondrá lo conveniente. »
Esta resolución fue modificada en el sentido de aumentar a
veinte días los diez que ella señala.
Clausuradas las sesiones del Congreso de 1911, la Comisión
Investigadora, pues, continuó ejerciendo sus funciones, pero ya
limitadas a los términos de la Ley 62 del mismo año.
El día 14 de agosto del año en curso la Comisión Especial,
integrada por el honorable Representante doctor Libardo López, por
no haber concurrido a las actuales sesiones el honorable
Representante doctor Hermes García, continuó su trabajo.
Más tarde el honorable Representante doctor Botero Saldarriaga
se retiró de las sesiones, y la honorable Cámara -en sus sabias
deliberaciones-dispuso que esta Comisión quedara formada de los
cuatro miembros restantes únicamente.
Hemos hecho la historia fiel de los acontecimientos legales de
la Comisión Investigadora y una sucinta relación de los acuerdos
tomados por la honorable Cámara para la formación de la Comisión
Especial, y señalamiento de sus funciones; todo con un riguroso
orden cronológico, que nos vemos precisados a interrumpir en
beneficio de la unidad de plan, para hacer el delicadísimo estudio
a nosotros encomendado.
Los términos del artículo 1831 del Código Judicial y los de la
resolución de la Cámara que señalan las funciones de la Comisión
Especial, produjeron un desacuerdo en el seno de ésta, que hubo de
someterse a la decisión de la Cámara, y con tal motivo la
corporación, en la sesión del día 3 de octubre último, aprobó por
unanimidad la siguiente proposición:
«La Cámara de Representantes, en vista del punto consultado por
la Comisión encargada actualmente de estudiar los asuntos de
Panamá,
«RESUELVE :
«La Comisión referida concretará su labor a estudiar en el fondo
los expedientes que ha tenido a la vista sobre la averiguación de
los responsables de la separación de Panamá, y sin dar lugar a más
dilaciones, informará sobre su contenido, presentará proyecto de
acusación o de abstención de acusar, según el caso.
«Además emitirá concepto sobre las autoridades a quienes deban
pasarse algunos expedientes en los cuales figuren como responsables
personas que no sean acusables por la Cámara.»
Esta proposición fue modificada condicionalmente por la que se
copia en seguida, de fecha 19 del citado mes de octubre:
«La Cámara de Representantes declara que la Comisión de su seno,
encargada de estudiar el expediente relativo a la separación de
Panamá, puede practicar aquellas diligencias que juzgue
indispensables al esclarecimiento de algunos hechos, tales como
tomar declaraciones, verificar careos, adquirir documentos, etc.,
siempre que por ello no se frustre la determinación invariable de
la Cámara de poner fin a este negocio en las presentes
sesiones».
Queda pues establecido, con toda claridad, que esta Comisión ha
de conceptuar en el fondo del asunto; que ha de concretar su
estudio a los sumarios que la extinguida Comisión Investigadora
levantó alrededor de cada uno de los Ministros de Estado que
concedieron la prórroga a la Compañía Nueva del Canal, aumentando
en dichos sumarios los elementos de investigación que la Comisión
Especial ha podido allegar al proceso.
El orden cronológico de los acontecimientos nos obliga a
principiar el estudio por aquellos que la Ley 39 de 1909 estimó
como secundarios en la investigación.
PRÓRROGA A LA COMPAÑíA NUEVA DEL
CANAL DE PANAMÁ
Cuando la que se llamó Compañía Nueva del Canal de Panamá-que
tenía la concesión acordada por el Gobierno de Colombia para llevar
a cabo aquella magna obra-adquirió el convencimiento de que no le
era posible cumplir su contrato dentro del plazo estipulado, que
vencía el 31 de octubre de 1904, se dirigió al Gobierno en
solicitud de una nueva prórroga de seis años que juzgaba
indispensables también para la consecución de fondos, pues dicha
Compañía carecía de los necesarios para terminar la obra.
El Gobierno dio cuenta de tal solicitud al Congreso de 1898, y
aun cursó en las Cámaras de aquel año un proyecto de autorizaciones
al Ejecutivo para conceder dicha prórroga, proyecto que no alcanzó
a ser ley de la República.
Al año siguiente, en el mes de febrero, el Gobierno presidido
por el señor doctor Manuel A. Sanclemente resolvió mandar a Europa
un Agente Especial para que estudiara el asunto de la prórroga y
para que tratase con la Compañía Nueva del Canal de Panamá, en el
lugar de su domicilio legal, sobre las condiciones en que aquélla
podía concederse.
Para tal efecto se nombró al señor doctor don Nicolás Esguerra,
con el señor doctor don Carlos Arturo Torres como Secretario.
Iniciada por estos señores la negociación en Europa, siguió su
curso con excesiva lentitud, debido, según parece, a que la
Compañía no abordaba de lleno el asunto con el comisionado del
Gobierno, ni entraba a discutir las bases de una negociación
definitiva, y por el contrario, se mostraba inclinada más bien a
situar la negociación en Bogotá, por conducto de su representante
señor Mancini. De todas maneras, es lo cierto que el Agente
Especial fue nombrado en 21 de febrero de 1899, y con fecha 23 de
abril de 1900, es decir, un año y dos meses después, todavía no se
había llegado entre el expresado Agente y la Compañía a sentar
siquiera las bases del negocio que había sido objeto principal de
aquella misión.
Fue entonces cuando el Gobierno de Colombia dictó el Decreto
número 721 de 23 de abril de 1900. Decreto éste de carácter
legislativo, por el cual se autorizó al Gobierno para conceder a la
Compañía Nueva del Canal de Panamá una prórroga de seis años sobre
el término fijado para concluir y dar al servicio público la obra,
siempre que depositara a disposición del Tesoro Nacional 5.000,000
de francos en el término de ciento veinte días. Este Decreto
aparece firmado por el señor doctor Sanclemente, Presidente de la
República, y por sus Ministros, señores Rafael M. Palacio, Carlos
Cuervo Márquez, Carlos Calderón, José Santos, Marco F. Suárez y
Marceliano Vargas.
En virtud de la autorización dada al Gobierno por el Decreto
citado se celebró, con fecha 25 del mismo mes de abril de 1909,
entre los señores Carlos Calderón, Ministro de Hacienda, y
Alejandro Mancini, Agente de la Compañía Nueva del Canal de Panamá,
el contrato por el cual se concedió a ésta la prórroga para llevar
a cabo la obra en los términos y con las condiciones del Decreto
arriba citado.
Dueña por tal motivo la Compañía de la concesión hasta el 31 de
octubre de 1910, vino a ser, en los sucesos que determinaron la
separación de Panamá en el mes de noviembre de 1903, factor
importantísimo en dicho movimiento, pues sus intereses y su
ambición encontraban en el movimiento separatista, fomentado y
apoyado por los Estados unidos, las más halagüeñas esperanzas, que,
como es sabido, no quedaron frustradas y sí alcanzaron, por el
contrario, la más brillante realización en el contrato de venta que
de sus derechos y pertenencias logró hacerle al Gobierno americano
una vez consumada la separación.
Por esto se ha dicho que la prórroga tuvo grande influencia en
la separación del Istmo, porque sin esa concesión, los que estaban
interesados en que se llevara a cabo el movimiento secesionista, no
habrían tenido el poderoso auxiliar que tuvieron en aquella desleal
Compañía para realizar sus siniestros propósitos.
Esta es, a grandes rasgos, la historia de la prórroga de la
Compañía Nueva del Canal de Panamá. Veamos ahora cuál puede ser la
responsabilidad de los que la otorgaron en relación con los sucesos
ocurridos en Panamá el 3 de noviembre de 1903. Para ello conviene
hacer, por su orden, las siguientes someras consideraciones:
a) Tanto los hombres que formaban el Gobierno de 1900, como los
señores Agente Especial y su Secretario, y muchas otras personas de
autoridad indiscutible, creían, y aquella creencia no puede
atribuirse sino a la más completa buena fe, que era conveniente y
aún necesario conceder a la Compañía Nueva del Canal una prórroga
razonable para concluir la obra y para arbitrar los fondos que le
eran necesarios. Las poderosas razones que había para otorgar tal
concesión aparecen expuestas en el importante informe del Agente
Especial y su Secretario, de fecha 20 de octubre de 1899.
b) Mientras el Gobierno de Colombia pudo obrar con entera
libertad y dentro del terreno estrictamente constitucional, libre
del imperativo categórico de la necesidad suprema de un Gobierno,
que es la de mantener el orden público, procedió en este asunto con
tino y prudencia dignos del mayor encomio; pidió primero al
Congreso una ley de autorizaciones para negociar la prórroga, envió
a Europa un comisionado intachable por todo concepto, sin tener en
cuenta que era su adversario político; se abstuvo de todo paso, de
toda medida que pudiera entorpecer o perjudicar la negociación, y
sólo pensó en llevarla a efecto con la plenitud de las fórmulas
constitucionales y legales.
c) Vino la guerra y con ella el reinado de lo anormal, de lo
imprevisto, el imperio de la necesidad. En la lucha con el enemigo
en armas, el Gobierno no tiene otra mira, otra atención de cada
minuto que la de defenderse, no dejar caer por tierra la autoridad
que el país ha puesto en sus manos, conservar el orden y defender
de la ruina al edificio social. En esa tarea lo que más se necesita
es el dinero, y el Gobierno lo arbitra como puede, pues con la
guerra, a medida que las necesidades aumentan hasta lo infinito,
las entradas al Tesoro disminuyen casi en la misma proporción. En
tan críticos momentos el Gobierno piensa naturalmente en que la
negociación iniciada con la Compañía del Canal puede ser una fuente
de muy importantes recursos para proveerle de elementos de guerra y
dominar la revolución; entonces activa las negociaciones, dirige
nuevos cables más apremiantes cada día al Agente en Europa para
señalarle el término perentorio de treinta días para llevarlas a
cabo; se entiende aquí con el Agente y representante de la
Compañía; deja ver en sus comunicaciones la lucha tenaz entre la
necesidad imperiosa del momento y el deseo de obtener las mejores
condiciones, entre lo urgente de la situación y el deber de no
desautorizar a persona tan digna de toda atención como el Agente
Especial en Europa, hasta que llega un momento en que todo cede a
la avalancha de la guerra; el Gobierno necesita dinero
urgentemente, indispensablemente; cree que el Agente en Europa no
obra con la actividad y el empeño que las circunstancias exigen, y
sin más consideraciones ni más espera dicta el Decreto legislativo
que autoriza la concesión de la prórroga, y ésta se otorga sin más
dilación y casi sin esperar a que se acabara de firmar el Decreto
Ley. así lo reconoce el mismo señor Agente Especial del Gobierno
cuando dice: «Bajo la presión de las necesidades de la guerra hizo
el Gobierno del doctor Sanclemente con la Compañía del Canal una
mala negociación sobre prórroga del contrato.»
d) No cabe duda, aun que lo dice el Decreto legislativo que
autorizó la concesión de la prórroga, que éste fue dictado en
ejercicio de las facultades extraordinarias que al Gobierno
concede, para el caso de guerra exterior o de conmoción interior,
el artículo 121 de la Constitución. De conformidad con este
artículo, «mediante tal declaración la de turbación del orden
público-quedará el Gobierno investido de las facultades que le
confieren las leyes, y en su defecto,
|de las que le da el
derecho de gentes para defender los derechos de la Nación o
reprimir el alzamiento. Las medidas extraordinarias o decretos
de carácter provisional legislativos que dentro de dichos límites
dicte el Presidente de la República, serán obligatorios, siempre
que lleven la firma de todos los Ministros.» Ahora bien: para
reprimir el alzamiento lo primero que se necesita son elementos de
guerra, y para obtener éstos se necesita dinero. Los hombres de
indiscutible competencia que firmaron aquel Decreto creyeron sin
duda, y lo creyeron de buena fe, que la Constitución los autorizaba
para arbitrar recursos con el fin de dominar la revolución, por el
medio que ellos adoptaron. ¿Y quién es el llamado a juzgar de si
una medida determinada está comprendida dentro de las
autorizaciones del citado artículo 121 de la Constitución?
Indudablemente el Gobierno mismo, pues si hubiera de sometérsele al
dictamen de otra entidad, sería debilitar su acción y entorpecer
las medidas necesarias para lograr el fin que se desea. Es verdad
que el artículo constitucional habla de decretos de carácter
|provisional, pero esto debe razonablemente entenderse cuando
no se trata de medidas que siendo necesarias para el fin de
contener el alzamiento, tienen que ser por naturaleza de carácter
definitivo e irrevocable, y entre éstas deben contarse las que se
emplean generalmente en casos tales para arbitrar recursos
pecuniarios, tales como contribuciones de guerra, empréstitos o
concesiones de carácter público y oficial a cambio de
indemnizaciones pecuniarias. Estas medidas, que son las más
necesarias para debelar la revolución, puesto que sin ellas nada se
consigue, tienen que ser por su naturaleza definitivas, y así lo
han entendido todos los Gobiernos que se han visto en la penosa e
imprescindible necesidad de apelar a ellas.
e) El Gobierno Ejecutivo de 1903 cumplió con el deber de someter
al Congreso en las sesiones de aquel año, que fueron las primeras
que tuvieron lugar después de conseguida la prórroga, los decretos
de carácter legislativo que se habían dictado durante la turbación
del orden público, y entre ellos está el 721 de 1900, ya
citado.
El Congreso trató de abordar la cuestión de la validez o
ineficacia de aquel Decreto, pero al fin nada decidió sobre el
particular, juzgando sin duda en su sabiduría que la improbación de
la prórroga concedida a la Compañía del Canal podría dar lugar a
litigios o reclamaciones de suma gravedad para la República.
f) No puede decirse razonablemente que era de temerse que la
concesión que se diera a la Compañía Nueva del Canal de un término
prudente para terminar la obra, podría influir algún día en la
separación de Panamá. No existe a este respecto el menor indicio, y
por el contrario, lo que se suponía y era razonable suponer fue que
otorgándole a la Compañía esa prórroga se le ponía en capacidad de
ser nuestra aliada contra toda tentativa de usurpación por parte de
una potencia extranjera. A este respecto dice el informe rendido en
aquella época por el señor Agente Especial y su Secretario, de que
ya se ha hecho mérito:
«c) En vista de la posibilidad de que los Estados Unidos tengan
pretensiones lesivas de nuestra soberanía en Panamá, conviene
altamente a la República tener un antemural como la Compañía Nueva;
ésta le servirá de aliado moral en todo caso respetable, pero
siempre subordinado a nuestras leyes.»
Sucesos posteriores y desgraciados, que no era fácil prever,
vinieron a hacer de aquel aliado un adversario irreductible; de
aquel compañero de lucha, un traidor ambicioso. Nadie podía
razonablemente suponerlo, y sí era de presumirse todo lo contrario;
sin embargo, los hechos se han sucedido de una manera contraria a
toda previsión humana. Y esta es una faz de todo el asunto que se
estudia, faz que no debe perderse de vista para juzgar la
responsabilidad de los hombres que tuvieron la desgracia de tomar
parte en el Gobierno colombiano cuando esos sucesos se verificaban.
¿Quién pudo prever que los Estados Unidos, saltando por encima del
solemne Tratado de 1846, haciendo traición a la fe pública empeñada
en ese pacto, provocaran y fomentaran abiertamente la separación
del Istmo y la desmembración de Colombia, hasta el punto de que el
ex-Presidente Roosevelt haya podido decir a la faz del mundo
|yo
tomé a Panamá ? Recuérdese que en el Congreso colombiano de
1903, uno de los hombres más eminentes de la República dijo, sin
que nadie lo contradijera, que los Estados Unidos eran la primera
garantía de nuestra soberanía en el Istmo. Eso se creía y era lo
que debía creerse. Sin embargo, es hoy un hecho evidente, que no
admite la menor duda, que sin la intervención americana, en la
forma que se llevó a cabo, la separación de Panamá no se habría
verificado, no habría pasado de ser un movimiento sedicioso,
prontamente debelado por las armas nacionales. Aquí se impone un
dilema: o son responsables los hombres del Gobierno colombiano, por
falta de previsión, o toda la responsabilidad la tienen los hombres
del Gobierno americano, por exceso de ambición. ¿Cuáles los
culpables? Que lo diga la Historia.
g) No es de suponerse que otros hombres en las mismas
apremiantes y fatales circunstancias en que se hallaron los de
1900, hubieran procedido con mayor acierto o más prudencia en el
manejo de esta negociación. En circunstancias anormales, cuando hay
libertad suficiente para escoger entre distintas soluciones y
espacio bastante para esperar, es de presumirse que en hombres bien
intencionados y patriotas sean la prudencia, la cordura y el deseo
de acertar la norma invariable de su conducta. Pero en una época
como aquella, cuando la cordura desaparece ante la necesidad
imperiosa de la defensa y la prudencia se pierde en el torbellino
revolucionario, aquellos a quienes les toca llevar sobre sus
hombros todo el peso de la situación, siguen, por regla general, la
misma norma y obedecen a la misma imposición: la de las
circunstancias del momento. Por eso, para juzgar en justicia a
aquellos hombres, hay necesidad de apreciar la época y la situación
en que se hallaban, época de espantosa descomposición, situación
angustiosa y terrible, en que amenazaban desaparecer en el
cataclismo de la revolución hasta los cimientos morales de la
sociedad. Es seguro, pues, que otros en las mismas circunstancias
no habrían procedido con más acierto ni con mejor cordura. Juzgar a
posteriori cuando todo ha vuelto a la normalidad, cuando los ánimos
se han serenado, y cuando, a Dios gracias, no se vislumbra ni el
más leve temor de intestinas revueltas; juzgar, decimos, a la luz
de este estado de bonanza aquella época de tormenta y agitación
incesante, no es acertado, ni correcto, ni generoso; y deducir
responsabilidades de carácter criminal para aquellos actos que se
han ejecutado bajo la presión de circunstancias que constituyen
fuerza mayor y que privan de la voluntad suficiente para envolver
delincuencia, no es equitativo, ni justo, ni legal.
h) ¿Quiere esto decir que por haberse procedido entonces en
virtud del imperativo absoluto de la necesidad y circunstancias
extremas, merece encomio o siquiera aprobación el contrato de
prórroga celebrado con la Compañía Nueva del Canal de Panamá?
¿Quiere esto decir que nosotros consideramos aquella negociación
como una operación financiera acertada y conveniente para la
República? Muy lejos estamos de pensarlo. La concesión de la
prórroga a la Compañía Nueva era en aquella época necesaria y
conveniente para la Nación, como lo demostraron, con lujo de
razones, el Agente Especial del Gobierno y su Secretario en un
largo informe, que dice entre otras cosas:
«d) En la imposibilidad en que se encuentra el Gobierno
colombiano de emprender por su propia cuenta la obra, y en vista de
lo depresivo y peligroso que sería el que un Gobierno extranjero
emprendiese oficialmente obra de tal magnitud en nuestro
territorio, importa a los intereses de Colombia el que la empresa
esté en manos una Compañía privada, que sería para la República
como su administradora de empresa y que pondría al servicio de su
administración el capital y la habilidad técnica, organización de
trabajos y de estudios, inteligencia y respetabilidad necesarias al
coronamiento de la obra.»
Pero la manera como se dirigió al fin aquella negociación y los
términos en que se concedió la prórroga, no son en manera alguna
dignos de encomio. Es indudable que se cometieron errores como el
de haber situado a un mismo tiempo la negociación aquí y en Europa,
dándole ocasión y motivo a la Compañía para desconocer hasta cierto
punto al Agente del Gobierno en París, no entrar con él
resueltamente en negociaciones y procurar que su representante en
Bogotá obtuviera los términos ventajosos que al fin logró
conseguir. Es también discutible desde el punto de vista
financiare, si el elemento de la indemnización erogada por la
Compañía ha sido siquiera aproximado al verdadero valor de la
prórroga concedida por el Gobierno; pero, lo repetimos, estos son
errores disculpables, por las circunstancias en que se cometieron,
que en manera alguna pueden aparejar una responsabilidad conforme
alas disposiciones penales.
i) No aparece tampoco en los autos indicio ni documento alguno
que demuestre la responsabilidad específica del Ministro doctor
Carlos Calderón, en la negociación del contrato de prórroga que él
celebró con el representante en Bogotá de la Compañía Nueva del
Canal de Panamá. La documentación que la Comisión de la Cámara ha
tenido a la vista y que fue la que le pasó la Comisión
Investigadora, se compone únicamente de las copias de unos pocos
telegramas cruzados entre el Gobierno de Bogotá y sus Agentes en
Europa, un memorial del señor doctor Calderón, un informe del
miembro de la Comisión doctor Arturo Quijano y un extenso folleto
del doctor Nicolás Esguerra sobre el asunto de la prórroga.
CANAL DE PANAMÁ
Desde el año de 1835 el Cuerpo soberano de la Nación reconoció
la conveniencia de la apertura de un canal al través del Istmo
colombiano; pero sólo en 1876 vino a expedirse una ley de
autorizaciones al Ejecutivo para negociar su apertura. Con fecha 26
de mayo del mismo año se celebró el contrato respectivo, que no se
llevó a cabo, pero que dio lugar al que se concluyó con la Compañía
francesa del Canal Interoceánico, que fue aprobado por la Ley 28 de
1878. Este contrato fue prorrogado primero por la Ley 107 de 1890;
por la Ley 91 de 1892, después; luego por el contrato de 4 de abril
de 1893, y por último, como se deja expresado en este informe, por
el Decreto legislativo número 721, de fecha 23 de abril de 1900.
Este era pues el estado visible para el Gobierno de la República
del importantísimo asunto del Canal de Panamá, cuando el señor don
José Manuel Marroquín fue llamado a la Presidencia, a mediados del
año últimamente citado.
Desde el año de 1898, como se verá más adelante, la traidora
Compañía Nueva del Canal de Panamá situó el centro de sus
maquinaciones en los Estados Unidos, cuando aquella nación hacía
saber al mundo que había llegado el momento en que la más
portentosa obra de ingeniería que pudieran contemplar los siglos
iba a ser acometida por ella. Todos los elementos mundiales
interesados en la magna empresa, muy especialmente los que por su
situación geográfica podían disputarse la preferencia de la
elección del sitio por donde había de verificarse la maravillosa
excavación, concurrieron a ese gran mercado de millones y de
conciencias.
Con fecha 13 de enero de 1901 la Cancillería colombiana dirigió
a nuestro Ministro en Washington un
|Memorándum de
instrucciones, en los siguientes términos:
«La más grave, delicada y trascendental cuestión que hoy debe
resolver el Gobierno colombiano en sus relaciones con otros
Gobiernos, es la cuestión del Canal de Panamá, que actualmente se
discute en el Congreso de los Estados unidos.
«Usía conoce perfectamente las opiniones del Jefe de la
República y del Consejo de Ministros sobre aquel asunto, y por lo
mismo es innecesario que me detenga a consignarlas en este
|Memorándum. Usía está penetrado de la necesidad de procurar
por todos los medios que estén al alcance y dentro de las
facultades del Gobierno, que se adopte definitivamente el Istmo de
Panamá para la apertura del Canal Interoceánico. Conseguir esto en
las mejores condiciones para la República, es el objeto principal
de la honrosa misión que el Poder Ejecutivo ha confiado a Usía.
«Es muy probable que el Gobierno americano haga a Usía
exigencias extraordinarias, de las cuales Usía naturalmente irá
dando oportuno aviso al Gobierno, usando del cable, a fin de que
Usía pueda obrar, en los casos más delicados, con especiales
autorizaciones previas del Gobierno, por lo grave que sería, dado
el doble carácter de que va investido Usía, una promesa aun cuando
fuera ad referéndum. »
Nada se había conseguido del Gobierno americano en definitiva en
el asunto del Canal, después de dos años de inteligente y honrado
esfuerzo de nuestra Legación, a cargo de dos eminentes
colombianos.
El 3 de diciembre de 1902 recibió el Gobierno el siguiente
cablegrama:
«Washington, 3; Buenaventura, 3 de diciembre de 1902»
«Exteriores-Bogotá.
«Legación a mi cargo, pero sin carácter Ministro Plenipotenciario
no puedo negociar Tratado; hay urgencia.
«HERRÁN »
Este cablegrama fue contestado, con fecha 11 del mismo
diciembre, así:
«Herrán, Legación Colombia-Washington.
«Como Encargado de Negocios es usted Ministro Diplomático. El
Gobierno de Colombia le confiere plenos poderes para adelantar
negociación Canal de Panamá. Haga lo posible para obtener diez
millones dólares de contado y seiscientos mil renta anual, y todas
las ventajas posibles de acuerdo con instrucciones anteriores.
Exija declaración por escrito de que el Gobierno de los Estados
Unidos no mejora propuesta, si éste fuere el caso, y firme Tratado
con cláusula indispensable de que
|éste queda sometido a lo que
determine el Congreso de Colombia. El próximo correo llevará
ratificación poderes. Córdoba continúa Legación.
«MARROQUIN-PAÚL»
Y en carta oficial de fecha 19 del mismo diciembre, del Ministro
Herrán a nuestra Cancillería, refiriéndose al despacho anterior, se
lee:
«El Gobierno de los Estados Unidos, después de muchas
discusiones, ofrece como máximum $10.000,000, y después de diez
años una anualidad de $ 100,000. Creo esto inadmisible, pero
aguardo órdenes del Gobierno de Colombia. No se ha recibido
contestación a mi calograma de diciembre 3.
«Aún aguardo las órdenes explícitas pedidas en el telegrama
anterior.
«Repetidas veces he manifestado al Secretario de Estado que a
las liberales concesiones que Colombia está dispuesta a hacer a los
Estados Unidos, no puede agregar el sacrificio de privarse de la
mayor parte de la renta que hoy tiene asegurada en el Departamento
de Panamá. Se han enumerado como fuentes principales de esta renta
el ferrocarril de Panamá, que produce $ 250,000 anuales, y los
derechos de puerto, tonelaje y faros, cuyo valor no he podido fijar
con precisión por no haberme llegado aún de Panamá los datos que
sobre este asunto he pedido.
«Reservadamente se me ha informado que en el borrador original
del último Mensaje del Presidente Roosevelt había algunas
apreciaciones severas sobre la morosidad de Colombia en llegar a un
avenimiento sobre la construcción del Canal, y proponía que se
exigiese contestación categórica dentro de un plazo que no pasara
del 5 de enero de 1903. Cediendo a instancias de varios miembros
del Gabinete y de algunos Senadores, fue suprimida esta parte del
Mensaje, y quedó reemplazada por el incoloro párrafo sobre Colombia
que Su Señoría habrá leído en el ejemplar del Mensaje que
oportunamente remití.
«Además de este aplazado ultimátum, otro peligro nos amenaza. El
señor Sheelby M. Cullon, Senador por el Estado de Illinois y
Presidente en ese Cuerpo de la Comisión de Relaciones Extranjeras,
sostiene que en el caso de que Colombia no se preste a un arreglo
satisfactorio, podría el Gobierno de los Estados Unidos entenderse
directamente con la Compañía del Canal,
|prescindiendo de
Colombia y expropiando parte de nuestro territorio, alegando en
justificación de ello utilidad publica universal, y dejando para
más tarde el avalúo de la compensación que corresponda a
Colombia.
«Semejante violencia no ha sido ni remotamente insinuada en las
conferencias que he tenido en el Departamento de Estado, pero la
prensa discute la idea y no la rechaza.
«El Presidente Roosevelt es partidario decidido de la vía de
Panamá, y en vista de su carácter impetuoso y vehemente, es de
temerse que no le repugne el proyecto del Senador Cullon.;»
El 25 del mismo mes de diciembre el Gobierno recibió de la
Legación de Colombia en Washington, el siguiente cable:
«Washington, 25; Buenaventura, 25 de diciembre de 1902
«Exteriores-Bogotá.
«Es probable que el Departamento de Estado en Washington
presente
|ultimátum enero 5, según los términos mi calograma
diciembre 12...... Orden indispensable el Gobierno de Colombia, es
muy urgente.
«HERRÁN>
Y el 31 del mismo mes el Gobierno dijo a la Legación:
«Ministro Colombia-Washington.
«De acuerdo con sus últimos cables esperamos con impaciencia
|ultimátum anunciado, para resolver si usted debe firmar.
«MARROQUíN-PAÚL»
En comunicación de fecha 8 de enero de 1903 la Legación explica
el fundamento de sus temores consignados en la última parte de su
cable de 3 del mismo mes, así:
«La última parte de mi calograma se refiere al proyecto que
tiene preparado el Senador Morgan para obligar al Gobierno a que
desista de negociar con Colombia, si dentro de breve plazo no se
obtiene un resultado satisfactorio, y que, en cumplimiento de lo
dispuesto por la Ley Spooner, se proceda a negociar con
Nicaragua.
«Ha convenido el señor Hay en aguardar contestación al calograma
que dirigí a Su Señoría el día 3, y de otro que en la misma fecha y
sobre el mismo asunto dirigió él al señor Hart. »
Y acompaña la siguiente comunicación que le dirigió el
Secretario de Estado desde el día 30 de diciembre último, que dice
así:
«
|Departamento de Relaciones Exteriores- Washington, 30 de
diciembre de 1902.
«Estimado señor Ministro:
«Siento parecer importuno, pero hoy es absolutamente necesario que
yo informe al Presidente acerca del estado de nuestras
negociaciones. Tendrá usted la bondad de hacerme saber a la
brevedad posible lo que debo decir.
«De usted atento servidor,
«JHON HAY»
A pesar de la asfixiante situación en que iba quedando el
Gobierno colombiano por las exigencias del Gobierno de Washington,
no es sino condicionalmente como da la orden de firmar el debatido
contrato en el siguiente despacho:
«Ministro Colombia-Washington.
«He recibido su calograma del 3.
«Suponemos que han sido admitidas últimas condiciones de Concha
José Vicente. Trabaje usted por obtener mayores ventajas
pecuniarias y por reducir el tiempo de comenzar a percibir renta.
Si esto no es posible y usted ve que se puede perder todo por el
retardo,
|firme el Tratado.
«MARROQUíN-PAÚL
«Enero 10 de 1903.»
El 16 de enero citado la Legación colombiana en Washington
recibió el siguiente despacho:
«
|Departamento de Relaciones Exteriores-
|Washington,
enero 16 de 1903.
«Querido señor Herrán:
«Debo manifestar a usted que por telegrama de hoy he dicho a
nuestro Ministro en Bogotá que si el Gobierno persiste en su
actitud actual, hará imposible ulteriores negociaciones.
«Muy sinceramente suyo,
«JOHN HAY
«Señor Tomás Herrán.»
El día 20 del mismo mes el Gobierno recibió de la Legación el
siguiente despacho cablegráfico:
«Washington, 20; Buenaventura 20 de enero de 1903
«Exteriores-Bogotá.
«El Departamento de Estado en Washington considera
|ultimátum
el proyecto noviembre diez y ocho, y devolverá las observaciones
Concha José Vicente. Discusión renta anual se continúa sin contener
concesión adicional a lo que comuniqué mi calograma. Llegado el
caso firmaré tratado, de acuerdo con su calograma de enero
diez.
«HERRÁN»
La última parte de este calograma deja comprender que la
Legación perdía toda esperanza de obtener alguna siquiera de las
modificaciones introducidas por el Ministro Concha al proyecto de
Tratado presentado por el Secretario de Estado el 18 de noviembre
último. El
|ultimátum que va en seguida la rindió a las
exigencias de la Casa Blanca, porque ya no había remedio posible
sin exponerse a una pérdida total del negocio a ella
encomendado.
«
|Departamento de Relaciones Exteriores-
|Washington, enero
22 de 1903»
«Estimado señor Herrán:
«Tengo orden del Presidente para decir a usted que el tiempo
razonable que el Estatuto le concede para concluir negociaciones en
Colombia para la excavación de un Canal en el Istmo, ha expirado y
no puede prorrogarse; y me ha autorizado para firmar con usted el
Tratado del cual tuve el honor de dar a usted un borrador, con la
modificación de que la suma de $ 100,000 que allí se fija como pago
anual se aumenta a $250,000. No tengo autorización para considerar
ni discutir otro cambio.
«Con sentimientos de alta consideración quedo del señor Herrán
muy atento y seguro servidor,
«JOHN HAY
«Al señor don Tomás Herrán.»
El siguiente lacónico telegrama de la Legación anuncia haberse
firmado el Tratado que tuvo tan fácil gestación:
«Washington, 23; Buenaventura, 24 de enero de 1903
«Exteriores-Bogotá.
«Tratado firmado hoy aceptando
|ultimátum $10.000,000 y $
250,000 dólares renta."
«HERRÁN»
Hemos terminado la historia de las negociaciones del Tratado
Herrán-Hay, y no hemos encontrado en ella una incorrección siquiera
a cargo del Gobierno del Presidente Marroquín.
EL TRATADO HERRÁN-HAY ES SOMETIDO A
LA APROBACIÓN DEL CONGRESO COLOMBIANO
En la sesión del día 2 de junio de 1902 el Ministro de
Relaciones Exteriores, con el mensaje de estilo, presentó al Senado
el Tratado Herrán-Hay, que el Presidente de aquella honorable
corporación pensó en pasar a una Comisión, de acuerdo con el
artículo 314 de su Reglamento, que al efecto hizo leer; pero
algunos honorables Senadores advirtieron que dicho Tratado no traía
la aprobación del señor Presidente de la República y de su
respectivo Ministro, y con una proposición sobre el particular se
abrió el ruidoso debate del asunto más importante de que ha
conocido Parlamento colombiano. En los
|Anales del honorable
Senado de aquel año se encuentra la relación circunstanciada de la
verdadera lucha de gladiadores que se comprometió. De aquella
relación tomamos la historia fiel de los hechos que vamos a
estudiar.
Las dificultades que surgieron en el debate con motivo de la
proposición a que nos hemos referido, fueron sometidas a la
honorable Comisión de Relaciones Exteriores, y con su concepto,
suspendida Indefinidamente, en la sesión del 14 de julio del mismo
año, la proposición que advirtió la falta de la aprobación
ejecutiva en el Tratado, el cual pasó al estudio de una Comisión,
compuesta de los honorables Senadores Pérez y Soto, Obaldía,
Uricoechea, Ospina, Gerlein, De Narváez, Campo, Rivas, Groot y
González Valencia.
Mientras tanto, en el seno del Congreso, en los círculos
políticos y sociales de la capital y en toda la nación se formaron
dos corrientes en las cuales embarcaron todas las opiniones sobre
el importante asunto del Canal de Panamá. El Jefe del Gobierno y
sus Ministros, interesados, naturalmente, en que fuera aprobada la
Convención Herrán-Hay, encabezaban la más débil de aquellas
corrientes; el honorable Senado, según se ve en la página 123 de
los
|Anales de aquella alta corporación, llevaba la jefatura
de la poderosa corriente que lo rechazó por unanimidad al ser
considerado en primer debate.
Aquí tenemos necesidad, honorables Representantes, de hacer una
tregua en la cansada relación de hechos que exponemos, para dar
cabida a algunas consideraciones sobre el período álgido a que ha
llegado, en nuestro humilde concepto, el asunto que examinamos.
Los sabios, en la soledad de su gabinete, los tratadistas de
Derecho Internacional, los jurisconsultos, estudian y aplican a las
cuestiones internacionales los eternos dictados de la Justicia y
los principios del Derecho.
Pero las naciones, de acuerdo con sus necesidades y con su
fuerza y poderío, afrontan las cuestiones y resuelven los
problemas, sin preocuparse en lo más mínimo de aquellos principios
y dictados.
Los políticos, llamados a dirigir la suerte de los pueblos,
tienen la obligación de buscar esas causas y de conocer esos
hechos.
Las naciones débiles no tienen mas amparo que el derecho; las
fuertes imponen su voluntad por la fuerza. Es de políticos
prudentes y previsores conocer esa voluntad y defenderse de sus
desmanes y atropellos.
Cuatro elementos o síntomas pueden estudiarse para hacer una
apreciación exacta del desarrollo y capacidad productora de una
nación la población, la tierra, el trabajo y los capitales.
La población de los Estados Unidos era a principios del siglo
pasado muy semejante a la actual colombiana: cinco millones de
habitantes; al fin del siglo esa población alcanzaba a ochenta
millones de almas.
Ese solo hecho, sin entrar en otras consideraciones, pone de
patente el desarrollo industrial prodigioso de la nación, y con ese
desarrollo, distintas y nuevas necesidades, distintas y nuevas
ambiciones, distinta y nueva orientación política
internacional.
Hacia el fin del siglo pasado se presentó en los Estados Unidos
una crisis por exceso de producción: faltaban mercados dónde
colocar los productos de ochenta millones de hombres centuplicados
por el perfeccionamiento de la maquinaria industrial. La nación
americana, a una sola voz, pedía vías de comunicación rápidas y
baratas, la extensión de sus mercados, el dominio del mar, un canal
ístmico.
Con esa necesidad y ese anhelo se unían las necesidades de
defensa militar. Ese canal, que resolvía la crisis económica,
cuadruplicaba el poderío de la marina de guerra americana.
Los Estados Unidos, que veían en ese Canal la solución de tantos
problemas, acomodaban su apertura y su propiedad a sus tradiciones
políticas, a la ley que las ha informado en lo internacional, en
una palabra: a la doctrina Monroe.
Esa doctrina fue en el principio únicamente de defensa, es
decir, de defensa propia.
En nombre de la reacción monárquica y del peligro republicano,
las potencias europeas intentaban prestar a España su concurso para
ahogar en la América Latina la independencia y la libertad.
Con un instinto muy certero los Estados Unidos se alarmaron y
comprendieron que las instituciones monárquicas y despóticas
implantadas en medio Continente americano no podrían menos que
influir en la suerte del otro medio, y dijeron a la temible
coalición : la época de la conquista en la América ha terminado.
Separación y división de Continentes. Ni Europa en América, ni
América en Europa. Ningún motivo, ninguna causa, por importante que
sea, podrá unir ni ligar los intereses americanos con los intereses
europeos.
Pero la famosa doctrina nunca ha quedado consignada en leyes ni
tratados públicos. Fue la opinión de un Presidente americano,
emanada de la voluntad popular y refrendada y consagrada por el
pensamiento de los padres y fundadores de la Patria: Washington,
Jefferson, Madison.
A objeto de poderla acomodar a las circunstancias y de obligarla
a servir a sus necesidades y ambiciones, no han querido los
americanos consignarla como ley de Derecho, y se ha ido
transformando a compás del enriquecimiento, las necesidades y
ambiciones de la nación americana.
Evoluciones y fases que señala de manera muy clara y erudita el
Marqués de Barral Montferrat en su interesantísima obra de
|Monroe a Roosevelt. Según él, la doctrina ha tenido cuatro
fases principales: la fase defensiva, la fase invasora, la fase
agresiva y la fase mundial e imperialista.
Por un conjunto de circunstancias cuyas raíces entreveradas y
fortísimas hay que buscar muy hondo, precisamente en 1898 se
presentó para el mundo la exposición de fuerzas que venían
trabajando y necesidades que buscaban satisfacción de tiempos muy
remotos. La atención americana, que se había desviado de la
cuestión Canal, por pocos años, vino a fijarse de la manera más
poderosa sobre ese punto en la época indicada, después del triunfo
de los Estados unidos sobre España.
El Tratado de 30 de noviembre de 1898, firmado en París entre
los Estados Unidos y España, señala el momento histórico que
representa para Colombia la crisis a que debió prestar toda su
atención.
Resueltas sus dificultades militares en una guerra de dos meses,
los Estados unidos, sin preocupaciones de ese orden, entran en la
solución definitiva de sus agudísimos problemas económicos: un
canal propio.
Forman comisiones ístmicas, tratan con las entidades que pueden
dar o negar el permiso para la apertura del canal y exclusión de la
obra salvadora.
Para el Canal de Nicaragua se encuentra con Inglaterra; para el
de Panamá, con Inglaterra y con la Compañía Nueva, poseedora de la
concesión.
El Tratado Clayton-Bulwer prohibía terminantemente a los Estados
unidos abrir canal por cuenta propia: todo canal por tierra
americana debería ser neutral y abierto y explotado bajo la
vigilancia y patrocinio de Inglaterra y los Estados Unidos.
Pero este Tratado era la violación más flagrante y descarada de
la famosa doctrina Monroe, porque los Estados Unidos habían llamado
a una potencia europea a intervenir en asuntos americanos; puesto
que habíase prescindido de la separación de continentes y echado un
lazo entre América y Europa; puesto que habían dado a Inglaterra
intervención y dominio sobre el continente americano. Y por eso el
Tratado Clayton-Bulwer fue mirado siempre con la mayor repugnancia
por el pueblo de los Estados Unidos; los esfuerzos del Gobierno
americano para su abrogación, son manifestación irrefutable del
sentimiento público.
Por eso, y para poderse lanzar sobre Panamá sin trabas ni
ligaduras de ninguna especie, rompieron los Estados Unidos las
ligaduras de aquel Tratado y lo sustituyeron por el Hay-Pauncefote,
el cual consagra el derecho para los Estados Unidos de hacer un
canal de su exclusiva propiedad y bajo su exclusivo control, sin
intervención de potencias europeas, Tratado qué estaba en perfecta
consonancia con la doctrina que debía informar de manera invariable
las relaciones internacionales de la nación americana.
Sea dicho de paso, y sin darle mayor importancia de la que debe
tener, que en el Tratado Hay-Pauncefotte se introdujo una cláusula
en que aparece anunciarse el arrebato de Panamá por los Estados
Unidos, despojo que habría de verificarse con la anuencia de
Inglaterra, es decir, con la ratificación europea:
«Artículo 4° Queda acordado que ningún cambio de soberanía
territorial o relación internacional en el país o países por donde
haya de atravesar el Canal afectará el principio general de
neutralización o de la obligación de las altas partes contratantes
bajo el presente Tratado.»
Libres de la traba inglesa y de la Ingrata asociación, restaba
al Gobierno americano entenderse con Colombia.
Pero al dar ese paso se encontraron con la Compañía Nueva del
Canal, o sea con la concesión hecha por Colombia para que esa
entidad tuviera el derecho exclusivo de ejecutar la obra.
Esta circunstancia unía de manera ineludible la acción del
Gobierno colombiano a la acción de la Compañía francesa. Nada
hubiera sido más ventajoso para Colombia que el que una Compañía
particular hubiese abierto dicho canal bajo la vigilancia
colombiana y la neutralización del canal garantizada por las
potencias europeas. Ese es un hecho indiscutible y que no necesita
comentarios. Desgraciadamente no era más que un buen deseo, puesto
que todos los hechos se oponían a su cumplimiento.
En primer término, el buen deseo estaba en abierta pugna con la
doctrina Monroe, que impedía toda intervención europea en asuntos
de canales americanos. Los Estados Unidos, que permitieron su
violación en 1850, eran suficientemente fuertes en 1898, para
imponer al mundo su cumplimiento.
En segundo lugar, la Compañía Nueva del Canal era impotente para
proseguir la obra, lo que puede demostrarse con un sólo hecho: en
lo que menos pensó ella, obtenida la prórroga, fue en levantar
capitales europeos para cumplir el contrato. Su primer paso fue
ofrecer directamente la concesión al Gobierno de los Estados
Unidos.
Es deplorable que la Comisión enviada a Europa en el año de 1898
con el exclusivo objeto de estudiar la cuestión de la prórroga, no
presentara un informe suficientemente claro sobre la capacidad de
la Compañía Nueva del Canal para cumplir sus compromisos.
Averiguado este hecho, era imperdonable el que se identificara la
suerte de Colombia en su negociación con los Estados Unidos, a la
suerte y los manejos de una Compañía quebrada.
Había otro inconveniente, acaso difícil de apreciar, y era el de
que una vez que Colombia separara sus intereses y sus movimientos
de los de dicha Compañía, ella se uniría infaliblemente en contra
de Colombia con el Gobierno americano.
En medio de estas dificultades, rodeada de obstáculos y de
problemas, es como entra la Administración Marroquín en la
negociación del canal. Negociación no iniciada por ella, como lo
dijo el Ministro americano en Bogotá en 1903, y lo repitió luego el
Presidente Roosevelt en un mensaje presidencial.
Así lo comprueba el curso de los sucesos que dejamos relatados
arriba, la historia y la lógica. Fue el Gobierno americano, en su
resolución inquebrantable de abril el canal, el que se dirigió y
tuvo que dirigirse a Colombia, o sea a la Compañía del Canal, para
dar cima a sus deseos y finalizar las negociaciones
conducentes.
Que la iniciativa la tomó el Gobierno americano y no la
Administración Marroquín, lo demuéstrala siguiente nota:
«
|Departamento de Estado-Comisión del Canal Istmeño.
Washington, enero 6 de 1902.
«Señor don Carlos Martínez Silva, Ministro de la República de
Colombia. «Washington.
«Estimado señor:
«Para su conocimiento y refiriéndome a nuestra correspondencia
respecto a la venta a los Estados Unidos de las propiedades,
privilegios, etc., pertenecientes a la Compañía francesa,
transcribo a usted lo que dice, con fecha 4 del presente, el señor
Jules Boeufve, Canciller de la Embajada francesa, quien habla en
representación de la Nueva Compañía del Canal de Panamá:
«París, enero 4 de 1902.
"Comunique inmediatamente al Almirante Walker, sin esperar la
llegada de Lampre, que la Compañía se halla dispuesta a transferir
al Gobierno de los Estados Unidos, mediante el pago de cuatro
millones de pesos, sus propiedades y concesiones, estimadas en esta
suma por la Compañía del Canal Istmico, en su último informe,
página 103, de conformidad con los términos y condiciones de los
cálculos que de dicho informe aparecen."
«Soy de usted, señor, respetuoso servidor,
«J. G. WALKER,
«Presidente de la Comisión.»
En el
|Libro Azul, publicado por orden de la Administración
Marroquín, se encuentra idea exacta de la complicada, laboriosa y
difícil negociación de la Convención que se examina. En esta misma
publicación puede verse el esfuerzo del Gobierno, especialmente del
Vicepresidente Marroquín, para no festinar la negociación, para
salvar los intereses colombianos y no comprometer, en lo mínimo, ni
la soberanía ni la integridad nacional.
Cincuenta años antes, cuando aún no se había desatado el
imperialismo americano y cuando se conservaba en las relaciones
internacionales de Norte América respeto al Derecho, el tratado
Herrán-Hay hubiera podido considerarse acaso como poco ventajoso
para Colombia; pero los hechos posteriores, ante los cuales no hay
discusión, han demostrado que ese Convenio internacional fue el más
sabio, oportuno y ventajoso de cuantos ha celebrado Colombia. Por
él merecería la Administración Marroquín el aplauso y la gratitud
de las presentes y futuras generaciones.
A ese Tratado se pusieron dos tachas principales: la primera,
que era inconstitucional, y la segunda, que comprometía gravemente
la soberanía de Colombia en el Istmo de Panamá.
Nada vale el primer obstáculo, puesto que el Cuerpo Legislativo,
representante de la Nación, podía obviarlo.
El segundo obstáculo, que fue aquel en que más hincapié se hizo
y que levantó más resistencias y declamaciones, no tuvo, dadas las
circunstancias, la importancia que se le dio.
La soberanía de Colombia sobre la faja codiciada por el mundo,
es decir, sobre el Istmo de Panamá, era una soberanía no tan
perfecta como la que pudiera tener sobre los demás Departamentos de
la República, puesto que los Estados Unidos garantizaban esa
soberanía por el artículo 35 del Tratado de 46, y ya se sabe que
soberanía, garantizada no es una soberanía perfecta, porque quien
pide y admite esa garantía, se siente incapaz de sostener sus
derechos con sus propias fuerzas.
Pero no espeso sólo; el hecho no era nuevo. Entre los Tratados
celebrados en 1815 en el Congreso de Viena, sobre navegación de los
ríos, hay estipulaciones referentes a la Policía, Juzgados y
Tribunales mixtos, iguales o muy semejantes a las contenidas en el
Tratado Herrán-Hay, sobre esa materia.
En varias publicaciones, especialmente en una suscrita por el
doctor Martínez Silva, se encuentran razones de mucha luz y de
mucho peso, que excusaban la introducción de esas cláusulas
compromisoras de la soberanía, impuestas por la necesidad, por la
índole del Tratado, por la exigencia irreductible de los Estados
Unidos, que parecían dispuestos a ceder en cualquier punto, excepto
en el titulado
|control.
Efectivamente, son Innumerables las manifestaciones del Gobierno
americano, ya en mensajes presidenciales, ya en notas como la de
Mr. Blayne a las potencias, sobre la resolución inquebrantable de
los Estados Unidos de no hacer ni permitir que se hiciera canal por
tierra suramericana sino bajo su control, o sea el dominio
inspección y exclusiva vigilancia del Gobierno americano.
Por desgracia, estas circunstancias y las enunciadas
anteriormente no fueron tomadas en consideración, como era debido,
por Senado de 1903, convovado y reunido por el Vicepresidente
Marroquín con el fin especial de considerar el asunto mencionado.
Se olvidaron tales circunstancias, así como las notas y documentos
que el Ministerio de Relaciones Exteriores puso a disposición del
Senado, en las cuales constaban ellas en parte, junto con el
peligro de provocar la separación de Panamá por una rotunda e
inconsulta negativa del Tratado, porque éste ni siquiera llego a
discutirse ni considerarse: fue negado en primer debate. Es decir,
que de acuerdo con el Reglamento de la Cámara, el Senado de 1903
resolvió que no convenía legislar sobre la materia.
Sin embargo, tres órdenes de consideraciones disminuyen la
responsabilidad del Senado de 1903, por su negativa.
Dos facultades constituyen la esencia de la soberanía: facultad
de legislar y facultad de tratar, con otras naciones. El Ministro
americano declaró en nombre de su país que el Congreso colombiano
no podía legislar sobre la materia, y el Senado pudo afrontar las
consecuencias de su negativa, prefiriendo la pérdida parcial de la
soberanía colombiana, sobre una parte de su territorio, a la
pérdida total, si había de legislar, o abstenerse, por órdenes de
un Gobierno extranjero y bajo sus humillantes amenazas.
La Ley Spooner prevenía, y así lo reconoce el mismo Roosevelt en
su Mensaje de 1904, que si no se podía tratar con Colombia, abriera
inmediatamente el canal por Nicaragua; según, pues, esta Ley que
debía ordenar los movimientos del Gobierno americano, el peligro de
la negativa no estribaba sino en que el canal no fuera abierto por
territorio colombiano.
El artículo 35 del Tratado de 1846, que consideraban los Estados
Unidos como un perfecto tratado de garantía, alejaba todo peligro
de secesión de Panamá con el apoyo americano. Y sobre esa base, es
entendido, y sobre esa fe procedieron de consuno el Senado de la
República y el Poder Ejecutivo. En esa confianza dirigió todos sus
movimientos y operaciones el Poder Ejecutivo. En todas sus medidas
hubo una congruencia de pensamiento y de acción.
El Senado, deseoso de desvanecer la mala impresión que la
negativa del Tratado pudiera producir en el Ejecutivo de
Washington, aprobó una proposición en que declara que el pueblo de
Colombia desea mantener las más cordiales relaciones con el de los
Estados Unidos de América, y considera la terminación del canal
interoceánico al través del Istmo de Panamá, como un hecho de la
mayor importancia para el comercio y adelantamiento del mundo. Esta
determinación debía ser conocida fuera del país.
La Cancillería colombiana, con fecha 8 de septiembre, dio la
orden siguiente a nuestro Ministro en Washington:
«Diga usted confidencialmente al Departamento de Estado que
adóptese o no proyecto presentado Senado sobre nuevas
autorizaciones Tratado Canal Panamá, el Gobierno de Colombia
propondrá al Americano reanudar negociación sobre bases juzgue
aceptables Congreso en próximo agosto, atendidos conceptos del
presente y opinión nacional.»
En consecuencia con la actitud acordada y asumida por el Cuerpo
Legislativo y por el Poder Ejecutivo, actitud que consistía en
calmar los ánimos tanto en Washington como en Panamá, en ganar
tiempo mientras se reanudaban las negociaciones, fueron los actos
ejecutados por ambos poderes, de aquí en adelante, en la nueva
orientación que tomaron.
Y que aquellos resultados se iban obteniendo, lo demuestran los
siguientes documentos:
En nota de 14 de septiembre dice el Ministro Herrán:
«.... Las oportunas medidas que nuestro Gobierno está tomando en
el Istmo alejan mucho las probabilidades de que tenga éxito una
tentativa de insurrección en Panamá; la situación va perdiendo los
caracteres alarmantes que en días pasados tenía.»
Y en 16 de octubre:
«El telegrama de Su Señoría, de 14 de agosto, fue recibido muy
oportunamente, y su publicación contribuyó mucho a acabar de
desvanecer la mala impresión producida por la unánime desaprobación
que nuestro Senado dio al Tratado........Se aguarda la nueva
propuesta que Su Señoría ha anunciado; entretanto la actitud de
este Gobierno es de paciente expectativa, y la del público es
parecida.»
Por último, el Ministro Herrán dice con fecha 28 de octubre de
1903, en nota al de Relaciones Exteriores:
«No es probable que este Gobierno abiertamente apoyara semejante
movimiento (un movimiento separatista del Istmo).»
Esta noticia tan importante y tan tranquilizadora fue anticipada
por el siguiente cable de fecha 30 de octubre:
«El Departamento de Estado de Washington declaróme hoy que el
Gobierno de los Estados Unidos de América solamente intervendrá por
preservar tráfico.»
Confianza en el Gobierno americano; vigor y eficacia del Tratado
de 1846; apaciguamiento en Panamá"; reanudación de
negociaciones en Washington.
Esta actitud del Ejecutivo, como se ha dicho ya, acordaba
perfectamente con la del Poder Legislativo. Confianza absoluta en
el Gobierno americano y en la eficacia del artículo 35 del Tratado
de 46 informaban los actos de ambos Poderes.
Hacia esa época decía en el Senado el Senador Uricoechea:
«Como pocos admiro la honradez tradicional del Gobierno
americano.»
Y el Ministro de Relaciones Exteriores:
«Ha recordado el honorable Senador Caro su juicio acerca de que la
buena fe preside los actos internacionales del Gobierno de los
Estados unidos. Estoy de acuerdo en que la buena fe preside la
política internacional de los Estados unidos.»
Esa confianza (ciertamente fundada, porque la traición no puede
servir de base) explica los actos de ambos Poderes.
Si no fuera así, la conducta del Senado sería inexplicable e
inexcusable. ¿Cómo podría excusarse al Senado de 1903 de haber dado
negativa rotunda y áspera al Tratado Herrán-Hay, sabiendo o
sospechando que los Estados Unidos violarían el Tratado que los
obligaba a garantizar la soberanía de Colombia sobre el Istmo?
Volvamos a la suspendida relación de los hechos que
examinamos.
Con el rechazo de la Convención en el Senado principió una época
de agitación en todas las esferas sociales, que aumentada de día en
día, ya por las notas amenazantes del Ministro americano a nuestra
Cancillería, ora por las noticias venidas del Exterior y de Panamá,
todas reagravando la situación.
Como hemos dicho ya en este informe, el Senado por su parte, y
el Jefe del Gobierno por la suya, procuraban hacer desaparecer la
mala impresión que pudiera haber causado en los Estados Unidos el
rechazo de la Convención por el Senado, con la esperanza de
reanudar las negociaciones. En este camino el Gobierno hace
ofrecimientos al Ministro americano en Bogotá, y los hace al
Gobierno de Washington por conducto de la Legación que tiene
acreditada allí: su pensamiento y su deseo es una empresa
convertida en obra urgente, para la cual busca elementos dentro de
su amplia esfera oficial. Es preciso nombrar un Gobernador que sea
panameño y querido de los panameños, para tener a éstos gratos con
el Gobierno Nacional; es preciso que sea amigo del tratado Herrán-
Hay, para dar al Gobierno americano seguridades en los
ofrecimientos que le hace el de Colombia, por último debe ser de
toda confianza del Jefe del ejecutivo colombiano, para que culmine
la obra que este emprende; fue nombrado el Senador panameño José
Domingo de Obaldía, individuo que en el tiempo en que se le hizo el
nombramiento reunía todas las condiciones requeridas: hijo de un ex
Presidente de la República, natural de Panamá, Representante suyo
al Congreso, hombre de importante posición pecuniaria, social y
política, y adicto al Gobierno, y además, ésta era condición
esencial, partidario del Tratado Herrán-Hay.
Que Obaldía era un amigo convencido del Tratado Herrán- Hay, no
era un secreto; y Justamente fue ésta una de las condiciones que lo
hicieron apropiado para Gobernador del Departamento de Panamá, de
acuerdo con los deseos del señor Presidente de la República; pero
su pensamiento mismo, la decisión suprema de su voluntad en el
grave asunto del Canal, en los días en que fue hecha aquella
manifestación, y en que fue nombrado Gobernador de Panamá, son bien
conocidos. En el individuo, el estado de su alma y la esencia de su
pensamiento y deseo, imprimen un sello tal en sus actos y en sus
obras, que no es posible equivocarlos. El señor Obaldía había hecho
públicos todos los elementos necesarios de su retrato moral en
aquel importante negociado, en la época en que de él hablamos;
vamos a reconstruir ese retrato.
En el año de 1903, consultado el señor Jefe Civil y Militar del
Departamento de Panamá, sobre asuntos importantes de la obra del
Canal, dio su concepto, publicado en el
|Libro Azul a que nos
hemos referido, en los siguientes términos:
«.. ..
|c) La idea de construir un canal que enlace el
Atlántico con el Pacífico no es moderna en los Estados Unidos. Pero
ha ocurrido con ese pensamiento lo que con todos los que implican
la ejecución de obra magna. La gestación ha sido larga y laboriosa,
pero es evidente que está cercano el feliz alumbramiento. Esa idea
que hace ya medio siglo era una vaga aspiración, es hoy anhelo
vehemente del pueblo americano. Ha advertido ese pueblo la
importancia que tiene para su desarrollo, y aun para su defensa y
seguridad, un canal que una el Atlántico con el Pacífico, y tiene
formada la resolución de construirlo. La Odisea del acorazado
|Oregón en 1898, durante la guerra con España, fue enseñanza
objetiva que la nación americana recibió y no ha olvidado. La obra
es posible, considerada desde el punto de vista científico, y será
productiva para el capital que en realizarla sé invierta. Además,
la enorme riqueza de los Estados Unidos, dueños hoy de
|noventa
mil millones de pesos ($90,000.000,000) les permitirá gastar en
la construcción del canal la suma que la obra cueste, teniendo en
cuenta intereses políticos y militares, sin preocuparse demasiado
en los resultados financieros de la empresa. La existencia de oro
en las cajas del Gobierno de los Estados Unidos excede hoy de
|quinientos veinticinco millones de pesos ($
525.000,000).
«…
|.e) La ruta de Nicaragua es muy popular en los
Estados Unidos, y tiene en las Cámaras de ese país abogados
fervorosos, entre los cuales se halla el Senador de Alabama Morgan,
tipo de perseverancia anglosajona. La ruta de Panamá es la más
ventajosa; pero en la lucha entre la razón y el sentimiento, no
siempre la primera obtiene la victoria. Necesita pues Colombia
proceder en este asunto con sumo tacto y con destreza suma y sin
pérdida de instantes, para conseguir que el Gobierno de los Estados
unidos se decida por la vía colombiana y concluya la obra comenzada
por Mr. Lesseps en 1882. Colombia realizaría labor suicida si por
abandono o por ineptitud le impusiera al Gobierno de los Estados
Unidos la elección de la vía de Nicaragua. La solución del problema
es inminente, y dilaciones-que llamaremos culpables-pueden
comprometer la causa de la República. .......
«.. . .5. Colombia y Francia son naciones amigas, y juzgamos que
el pueblo francés, víctima de catástrofes financieras que apenas
tienen precedente en la del famoso Law, miraría con enojo
exigencias que reducirían más aún el precio de propiedad suya, en
la cual ha gastado suma colosal. Ni el hombre sólo vive de pan, ni
las naciones sólo viven de los bienes materiales. Viven también del
crédito y del prestigio que ganan por su conducta ajustada a las
leyes de la moral universal. El progreso moderno realiza lo que fue
hace siglos aspiración cristiana y filosófica: la unidad moral del
género humano. No es dado conocer secretos que guarda el tiempo en
su ancho seno; no podemos leer en los anales del porvenir como en
libro abierto, y la amistad de un pueblo poderoso bien merece ser
conservada y cultivada.. . .
«:...... Ni hemos recibido el encargo de emitir nuestro juicio
sobre ese documento, ni nos es posible hacerlo por razones varias,
entre ellas el que no lo conocemos sino por los extractos que han
sido publicados, que bien pueden adolecer del vicio de infidelidad.
Sin embargo, teniendo en cuenta que conforme al oficio de diez y
siete de mayo "podemos entrar en cuantas consideraciones
creemos convenientes y hacer el estudio que tengamos a
bien," nos permitimos la libertad de manifestar que en
nuestro concepto deben hacérsele al Gobierno de los Estados Unidos
las concesiones más liberales,
|pero sin mengua de la soberanía
de Colombia sobre la faja de terreno que se quiere para la
excavación del proyectado canal. Ese derecho de soberanía puede
mantenerse incólume, dándole en arrendamiento al Gobierno de los
Estados Unidos esa faja, o concediéndole sobre ella el derecho de
uso, en los términos del artículo 4° del Tratado de 26 de enero de
1870, "para construcción y arreglo de un canal interoceánico al
través del Istmo de Panamá o Darién."
|(Diario
Oficial número 1809).
«La historia comprueba que en Colombia los extranjeros y sus
propiedades gozan, aun en las épocas de guerra civil-por desgracia
frecuentes-de garantías casi absolutas, y que los Tribunales de
justicia de la República han dado siempre, en los litigios en que
los extranjeros han tenido interés, pruebas de honrosa rectitud. Es
relativamente reciente el juicio que siguió la República contra la
Compañía del Ferrocarril de Panamá, sobre la propiedad de la isla
de Manzanillo; la Corte Suprema pronunció en ese juicio fallo
contrario a las pretensiones de la Nación.
«Así, aun conservando la República su derecho de soberanía sobre
la zona territorial necesaria para la excavación del canal, pueden
hacérsele al Gobierno de los Estados Unidos concesiones razonables
y legítimas que le den al enorme capital que ha de invertirse en la
obra la apetecible seguridad.
«No debe echarse en olvido que a la República le interesa
conservar, en alto grado, en la zona del cana, el imperio absoluto
del orden: es condición
|si ne qua non del mantenimiento de
su soberanía en esa zona. El género humano tiene derecho al uso
inocente de nuestro territorio; el de la soberanía de Colombia
sobre él, y que deseamos sea mantenido, no es Ilimitado, no alcanza
hasta autorizarla para impedir o embarazar el saludable ejercicio
de aquel derecho, que crea la unidad moral de los pueblos y las
necesidades del moderno progreso.»
Y en la misma obra, en el informe de la Comisión que estudió el
Tratado Herrán-Hay, autorizado con la firma del señor Obaldía, se
lee lo que se copia en seguida:
«.. .. ..El carácter mismo; la importancia y trascendencia de
esta Convención; las circunstancias en que se ha pactado y los
antecedentes del asunto; la situación actual de nuestro país, y
otros factores especiales que no hay para qué enumerar en esta
ocasión, hacen que la negociación revista caracteres excepcionales,
y que en concepto de vuestra Comisión conviene tener muy en cuenta
al resolver sobre ella, a fin de que en cuanto a la misma se
refiere, funcione un criterio levantado, sereno, en que no sólo
obren el más amplio espíritu de equidad y Justicia, y el más puro y
bien entendido amor a la Patria, sino también las consideraciones
superiores que tienen como perspectiva, el bienestar, el progreso,
la paz y la armonía del mundo civilizado. Sólo así mostrará este
nuestro país que tiene conciencia de sus destinos y merece ser en
estos momentos, de indecible interés para la humanidad entera, el
arbitro de una situación tan excepcional.
«Como según el espíritu del artículo 315 de los Reglamentos del
Senado, el objeto principal de la Comisión que se nombra para que
proponga el decreto respectivo referente, en cada caso, a los
tratados públicos celebrados por el Poder Ejecutivo y sometidos por
éste a aquella Cámara, es que la Comisión los presente en forma de
ley, pues se prescinde de aquélla cuando en esta forma son
propuestos por algún Ministro del Despacho o llegan de la Cámara de
Representantes, vuestra Comisión cree haber llenado su deber con
esta presentación y la anotación de las restricciones que en su
concepto conviene introducir a la Convención, y por haberlas
reducido y formulado de esa manera ha logrado compactar y
concentrar en ese terreno las opiniones de casi todos los miembros
de la mismas, todos los cuales, como es natural, se reservan el
derecho de introducir nuevas modificaciones o desistir en parte de
las restricciones apuntadas o atenuar o acentuar éstas según el
giro que tómenlos debates y las ideas y razones que en el curso de
ellas se expongan.
«En pliego separado presenta vuestra Comisión el proyecto de ley
relativo a este asunto; y ella se permite, al terminar este
informe, proponeros respetuosamente:
«Dése primer debate al proyecto de ley "por la cual se aprueba
con restricciones el Tratado entre la República de Colombia y los
Estados Unidos de América para la construcción de un canal
interoceánico entre los Océanos Atlántico y Pacífico."
»
En el proceso que examinamos no aparece el menor indicio de que
el Presidente Marroquín ni su Ministro de Gobierno, doctor Esteban
Jaramillo, tuvieran interés en la separación de Panamá; pero sí
aparece demostrado que lo tuvieron en el sentido de que el Tratado
Herrán-Hay fuera aprobado primero, y luego en el de reanudar
negociaciones con los Estados Unidos para obtener siempre la
excavación del ''Canal Istmico. El señor Obaldía, cuando fue
nombrado Gobernador del Departamento de Panamá, como lo dejamos
demostrado, estaba identificado con los deseos del Gobierno sobre
el asunto Canal de Panamá. El nombramiento de Gobernador se le hizo
sobre la fe y sobre la base de que iba a sostener la integridad
nacional en el territorio de su mando, y así se le dijo en la nota
de nombramiento. «El Gobierno confía-dice aquel documento-en que
usted, con su nunca desmentido patriotismo, pondrá en práctica, al
hacerse cargo de tan importante puesto, cuantos medios le indique
su ilustrado y juicioso criterio para conservar y fortalecer los
vínculos que deben ligar siempre aquella Sección con el resto de la
República, a fin de que por ningún motivo padezca menoscabo la
unidad nacional.»
A pesar de la confianza que el Gobierno Ejecutivo tenía en su
agente Obaldía, y probablemente sólo por complacer al Senado y
abundar en precauciones, antes de que Obaldía tomara posesión de la
Gobernación, fue nombrado para sustituirlo el General Juan B.
Tobar. Este benemérito militar, que había dado repetidas muestras
de energía y de valor, de discreción y de prudencia, fue enviado al
Istmo para sofocar todo conato revolucionario y sustituir a
Obaldía, si así lo juzgaba él conveniente para la integridad
nacional.
El nombramiento de Tobar fue hecho el 19 de septiembre de 1903
en calidad de Generalísimo de las fuerzas de mar y tierra. Llevaba
reservado el nombramiento de Jefe Civil y Militar de Panamá, todas
las instrucciones necesarias para cumplir su misión, y todos los
elementos, así de fuerza como de dinero, indispensables para lo
mismo.
El nombramiento de Tobar satisfizo las aspiraciones de los
enemigos más ardientes de la Administración Marroquín, y del
nombramiento de Obaldía. Por el de Tobar fue felicitado el Gobierno
por el mismo Senador Pérez y Soto.
El nombramiento de Tobar debió cerrar para siempre toda sospecha
siquiera de inacción o indolencia del Gobierno para sofocar los
movimientos separatistas de Panamá.
Alrededor del Ministro de Guerra del Gobierno Marroquín, General
Alfredo Vásquez Cobo, el proceso que examinamos señala varias
acciones y omisiones que se consideran delictuosas; las
examinaremos separadamente y por sus distintas fases:
1° Esteban Huertas, Jefe del Batallón
|Colombia que hacía
la guarnición en Panamá, que luego traicionó a su Patria, renunció
varias veces el puesto de Comandante de aquella guarnición, y el
Ministro de Guerra, General Alfredo Vásquez Cobo, no le aceptó la
renuncia.
2° Por distintos conductos el Gobierno recibió aviso de la
desmoralización de las fuerzas militares que hacían la guarnición
en Panamá, y no puso remedio al mal.
3° En los últimos días del mes de julio del año de 1903 hubo mi
motín en Panamá encabezado por el General José Vásquez Cobo,
Comandante General de las fuerzas acantonadas allí, y hermano del
Ministro de Guerra, General Alfredo Vásquez Cobo, que sustituyó al
Gobierno departamental presidido por el doctor Facundo Mutis Duran,
por unos días, aprisionando al Secretario de Gobierno, al Jefe
Político y a un Magistrado del Tribunal Superior de Panamá, y el
Ministro de Guerra, General Alfredo Vásquez Cobo, no puso pronto
remedio a esos desórdenes, ni hizo castigar a los responsables de
ellos; y
4° El Ministro de Guerra, General Alfredo Vásquez Cobo, no hizo
todo lo que debió hacer para evitar la separación del Istmo de
Panamá. Es verdad que aparece comprobado en el proceso que Esteban
Huertas, Jefe del Batallón
|Colombia, que hacía la guarnición
de Panamá, renunció la Jefatura dicha; pero también aparece
comprobado que aquella renuncia era motivada por la falta de fondos
para racionar la fuerza; y que el Ministro Vásquez Cobo hacía todos
los esfuerzos posibles dentro de la capacidad del empobrecido
Tesoro colombiano para atender a dicha necesidad, también está
ampliamente demostrado en los autos.
La causa de la desorganización del Batallón
|Colombia-
según los informes del Gobernador del Departamento, que corren de
autos, y las aseveraciones del Jefe Huertas-siempre procedía de la
falta de fondos para racionar oportunamente, y se repite, el
Ministro de Guerra, General Vásquez Cobo, hacía todo lo que estaba
dentro de sus facultades para atender a esta necesidad. La
situación del Tesoro colombiano no habría mejorado con reemplazar
al Batallón
|Colombia, que era uno de los Cuerpos del
Ejército más veterano y disciplinado, por otro Batallón que
prontamente habría llegado a la misma situación existiendo la misma
causa.
Retirado de la Comandancia General de las fuerzas de Panamá el
señor General Pedro Sicard Briceño, por sucesión de mando, quedó
encargado de aquella Jefatura su segundo, General José Vásquez
Cobo, hermano del Ministro de Guerra.
Sin que haya constancia en los autos de la fecha en que el
Gobierno recibió la noticia de los acontecimientos ocurridos en
Panamá en la noche del día 16 de julio de 1903, transcribimos aquí
el detalle de ellos, transmitido por el señor Gobernador de
Barranquilla a los Ministros de Gobierno y de Guerra, por telegrama
urgente, que tampoco tiene anotada la fecha y hora de su recibo;
pero antes de esta trascripción hacemos otra, que aquí tiene su
lugar, para explicar la demora de la llegada al Gobierno de los
detalles dados por el señor Gobernador de Barranquilla sobre los
sucesos del 26 en Panamá.
En la sesión del día 28 de julio, según aparece en los números
21 y 22 de los
|Anales de la Cámara de Representantes, se
discutió la siguiente proposición:
«
|La Cámara de Representantes,
«CONSIDERANDO:
«1° Que la
|Central and South American Telegraph Company,
actual concesionaria del Gobierno de Colombia para la comunicación
por cable submarino en el Pacífico, no tiene ya sino un año de
término para el goce del privilegio;
«2° Que dicha Compañía acaba de suspender el servicio de cables
que está obligada a prestar según el contrato vigente, sin alegar
para dicha suspensión razón alguna justificativa, como se ve por
circular oficial publicada hoy ;
«3° Que con tal procedimiento suspensivo pretende la expresada
Compañía obligar al Gobierno de la República a concederle prórroga
del contrato por veinte años más, bajo condiciones en extremo
onerosas para el país,
«resuelve:
«Autorizar al Poder Ejecutivo para que en el menor tiempo
posible notifique a los representantes de la
|Central and South
American Telegraph Company, que en ningún caso acepta las
nuevas condiciones que propone, y
«Autorizar igualmente al Poder Ejecutivo para que a la mayor
brevedad y por conducto del Cónsul de Colombia en Nueva York,
anuncie la licitación del nuevo contrato para la comunicación por
cable submarino, contrato que ha de sustituir al que actualmente
está en vigencia.. .. .. »
Los detalles a que nos hemos referido constan en el siguiente
telegrama:
«
|Urgente-Gobernación-Barranquilla, 31 de julio de
1903,
« Ministros Gobierno, Guerra-Bogotá.
«
|Mala Real acaba llegar Puerto Colombia, trae siguientes
noticias que comunícame doctor Florentino Goenaga, que viene de
Panamá:
"Con motivo publicación
|La Paz, periódico liberal, el
General Restrepo Briceño ataca imprenta a las diez de la noche del
26. A las doce salieron fuerzas a la calle y redujeron a prisión a
Secretario Gobierno, Jefe Político, Magistrado Tribunal y otros.
Gobernación fue rondada y doctor Mutis asilóse en Consulado inglés;
General Vásquez Cobo ocupó Gobernación y asumió el mando civil y
militar; luego ofrecióla a varias personas que materialmente
rehusaron, y después de conferenciar con Ilustrísimo señor Obispo,
arrepentido hasta habló de suicidarse. Gobernador Mutis Durán salió
asilo en la tarde del 27, y fue reconocido por pueblo y Batallón
|Colombia, y manifestó ese mismo día a Cónsul americano que,
aunque estaba funcionando, carecía de garantías, pues los golpes
podían repetirse. Esté golpe desacredita el país, y extranjeros
pueden alegar que existe una situación de anarquía para hacer lo
que les conviene. Es conveniente vaya al Istmo un Jefe superior,
caracterizado, que dé garantías. Comunícolo a Vuestra Señoría,
porque considero que estas noticias son de mucha trascendencia,
principalmente porque trátase en Congreso asunto Canal y cuando
Gobierno americano prepárase abrir Canal, sin contar con anuencia
Colombia, según lo comuniqué a Vuestra Señoría en telegrama fecha
28."
«Seguro servidor, afectísimo, Gobernador,
«LUIS VÉLEZ R. »
Los siguientes telegramas demuestran que el Ministro de Guerra
Vásquez Cobo procedió en este asunto que se relaciona con el motín
de Panamá, con toda actividad y corrección.
«
|Urgentísimo-Ministerio de Guerra-Bogotá, agosto 3 de
1903.
«Administrador Aduana-Barranquilla.
«Encarézcole haga llegar por algún vapor, siguiente telegrama a
Panamá:
«Comandante Vásquez Cobo-Panamá.
«Inmediatamente debéis resignar mando en vuestro segundo y pedir
letras cuartel.
«Servidor, A. Vásquez cobo»
«
|Urgentísimo-Ministerio de Guerra-Bogotá, agosto 5 de
1903.
«General Velasco-Cali.
«Me he dirigido al General Borrero a ver si puede ir a Panamá,
pero no he recibido contestación. Os agradecería infinito os
pusierais en marcha a ese Departamento a encargaros de la Jefatura
Militar y Comandancia de la flotilla del Pacífico; podéis dejar
encargado fuerzas al que consideréis mas competente. .
«Es urgentísimo-Servidor y amigo,
«A. VÁSQUEZ cobo»
«
|Urgentísimo-Ministerio de Guerra-Bogotá, agosto 5 de
1903,
«General Velasco-Cali.
«Urge os pongáis en marcha para Panamá a haceros cargo Jefatura
Militar y flotilla Pacífico. Ambos Cuerpos debéis organizarlos.
Como cable rehusa recibir comunicaciones debéis procurar obtenerlas
por medio de los vapores mercantes y buques de la flotilla. Debéis
proceder inmediatamente que lleguéis a Panamá a hacer una
averiguación de lo acontecido entre autoridad civil y la militar y
castigar inflexiblemente a los culpables.
«Amigo afectísimo,
«A. VÁSQUEZ COBO»
«
|Urgentísimo-Ministerio de Guerra-Bogotá, agosto 12 de
1903.
«General Velasco-Cali.
«Por Decreto de hoy habéis sido nombrado Jefe Militar Panamá y
flotilla Pacífico. Es urgente aceptéis este puesto aun cuando sea
transitoriamente. Después volveréis al Cauca.
«Servidor y amigo,
«A. VÁSQUEZ COBO»
Urgentísimo- Ministerio de
Guerra-Bogotá, agosto 14 de 1903.
«General Lucio Velasco-Cali.
«Debéis poneros en marcha para Panamá sin demora. Cuando esté allí
todo arreglado, se nombrará al General Borrero para que vaya a
reemplazaros.
«Servidor y amigo,
«A. VÁSQUEZ COBO»
El General José Vásquez Cobo, como se lo ordenó el Ministro de
Guerra, resignó el mando y vino a la capital y se sometió al
Consejo de Guerra que lo juzgó, según nota de la Comandancia
General del Ejército, que corre en autos.
Hay constancia, además, que con motivo de los acontecimientos de
Panamá, en los últimos días de Julio de 1903, el General Alfredo
Vásquez Cobo renunció la cartera de Guerra, pero su renuncia no le
fue admitida.
Hemos dicho que el 19 de septiembre, es decir, nueve días
después de haber sido nombrado Obaldía y veinte días antes de que
éste tomara posesión, fue nombrado Generalísimo de las fuerzas de
mar y tierra el señor General Juan B. Tobar, a quien se nombró a la
vez, secretamente, Gobernador del Departamento de Panamá para que,
a su juicio, reemplazara a Obaldía. Agregamos ahora que las
facultades conferidas al Generalísimo, según las constancias del
proceso, eran facultades presidenciales, es decir, tan amplias
cuanto fuera necesario para conseguir el objeto de su
importantísima misión: mantener el orden y la integridad de la
Nación.
El nombramiento del General Tobar, según aparece de autos, fue
en aquella época la más alta y pública demostración de que el
Gobierno cumplía su deber ampliamente. Vamos a seguir al General
Tobar en el cumplimiento de su misión, y al Ministro de Guerra, que
desde su bufete lo acompaña con todos los elementos al alcance de
su alta posición.
«
|Cable-Ministerio de Guerra-Bogotá, septiembre 21 de
1903.
«Gobernador, General Castro-Panamá.
«General Tobar nombrado Jefe Militar fuerzas Panamá flotillas,
sigue ésa esta semana, lleva fondos.
«VÁSQUEZ COBO»
«
|Telegrama urgente-Ministerio de Guerra-Bogotá, septiembre 28
de 1903.
«General Juan B. Tobar-Honda, o donde se halle.
«Os encarezco no olvidéis que conviene cuanto antes hacer la
reparación que necesita el vapor
|Darién, y una vez hecha,
que sea puesto a órdenes del General Lucio Velasco, para que preste
el servicio de guardar las costas de Buenaventura y demás puertos
inmediatos.
«Amigo afectísimo,
«A. VÁSQUEZ COBO»
«
|Urgentísimo- Ministerio de Guerra- Bogotá, octubre 8 de
1903.
«General Juan B. Tobar- Barranquilla.
«Servios hacer vigilar de preferencia las costas de la Goajira por
haber noticias de existir contrabando en ellas.
Amigo afectísimo,
«A. VÁSQUEZ COBO»
Dejamos constancia aquí de todo el alcance que nosotros creemos
que tiene este telegrama en la misión del General Tobar. Siendo
amplísimas las facultades del Generalísimo, y amplios también los
elementos a su servicio, esta orden del Ministro no tenía porqué
retenerle en un punto determinado, y mucho menos que lo obligara a
cumplirla personalmente. No siendo del resorte del Ministerio de
Guerra el asunto a que la orden se refiere, hay que suponer que el
contrabando que ella indica es de elementos de guerra.
«
|Urgentísimo--Ministerio de Guerra-Bogotá, octubre 12 de
|1903.
«Administrador Hacienda-Panamá.
«General Tobar lleva dinero.
«A. VÁSQUEZ COBO»
«
|Urgente-Ministerio de Guerra-Bogotá, octubre 12 de
1903.
«General Juan B. Tobar-Barranquilla, o donde se halle.
«De nuevo os encarezco hagáis enviar a la mayor brevedad los dos
o tres vestidos sobrantes del recibido al señor Cavelier a puerto
Gamarra con destino al Ejército de Santander, avisándolo por
telégrafo al General González Valencia. «Amigo afectísimo,
«A. VÁSQUEZ COBO»
|
«
|Telegrama-Comandancia en Jefe-Barranquilla, 14 de octubre
de 1903.
«Ministro Guerra-Bogotá.
«Particípole Su Señoría llegué sin novedad. Situación
Departamento bien. Conveniencia oblígame tomar siguientes
providencias: General Amaya sigue conmigo a Panamá, reemplazarálo
próximamente General Escandón. Para Santa Marta busco candidato. En
oficio esta fecha envío detalles.
«Afectísimo, JUAN B. TOBAR»
«
|Telegrama-Comandancia en Jefe-Barranquilla, 16 de octubre de
1903.
«Ministro Guerra-Bogotá.
«En cumplimiento de lo ordenado en telegrama de Su Señoría, fecha
8, recibido hoy, despacho inmediatamente crucero
|Cartagena
con comisionado especial, que lleva órdenes terminantes respecto
contrabando. Oportunamente comunicaré el resultado comisión. En
oficio de esta fecha doy a Su Señoría cuenta detallada situación
Ejército. General Amaya seguirá conmigo Cartagena, Panamá por
considerar conveniente su presencia allí......
«JUAN B. TOBAR»
«
|Telegrama urgentísimo-Ministerio de Guerra-Bogotá,
octubre
|17
|de 1903.
«Gobernador-Cartagena.
«Sale hoy para Barranquilla con el objeto reforzar esa
guarnición el Batallón 3°
|de Tiradores de la División
Nariño, a órdenes del Coronel Elíseo Torres. Encarezco a usía su
intervención para que se le tenga listo cuartel adecuado y de las
mejores condiciones. «Amigo afectísimo,
«A. VÁSQUEZ COBO»
Mientras tanto el Ministro de Guerra dispone la marcha del
mencionado Batallón, dando las órdenes del caso a las autoridades
del tránsito para que todo se haga rápidamente y en las mejores
condiciones, aviso este movimiento por telegramas urgentes a
Santander al General González Valencia, ya Cali al General Lucio
Velasco.
En telegrama urgente dirigido al Jefe Civil y Militar de
Barranquilla y al General Diego A. de Castro, con fecha 20 del
mismo mes de octubre, pide noticias sobre la llegada del Batallón
|Tiradores a aquella ciudad.
El 26 del citado mes de octubre el Ministro de Guerra recibió el
siguiente cable:
«.Panamá, 25; Buenaventura, 25 de
octubre de 1903.
«Ministro Guerra-Bogotá.
«Norte Veraguas desembarcó invasión nicaragüense, mando Federico
Barrera, constante setenta (70); dirígense Penonomé. Envío
|Veintiuno fuerzas mando Comandan te Tascón. Conceptúo
movimiento guerrillero sin apoyo liberales istmeños
importantes.
«GOBERNADOR»
Y al día siguiente recibió este otro:
«
|Panamá, 27,
|Buenaventura, 27
|de octubre de
1903.
«Ministro Guerra-Bogotá.
«Recibí cable.
|Colombia llegó Penonomé ayer noche. Vernaza
levanta fuerzas Santafé. Envío recursos Veraguas. Invasión será
debelada...... Tengo absoluta confianza sostener Gobierno.
«GOBERNADOR»
«
|Urgentísimo-Ministerio Guerra- Bogotá, 28 de octubre de
1903
«General Juan B. Tobar-Barranquilla, o donde se halle.
«Una invasión de setenta hombres, procedente de Nicaragua,
desembarcó en las costas del golfo de Panamá, cerca de Penonomé;
inmediatamente se despachó crucero
|Veintiuno fuerzas del
Batallón
|Colombia, las que se encuentran en la población de
Penonomé, con orden de atacar a los filibusteros. En vista de estos
acontecimientos debéis seguir sin demora para el Istmo, y con la
actividad y energía que os caracterizan sofocar ese atentado a la
Patria, con ejemplar castigo. Batallón 3° de
|Tiradores debe
llegar sábado próximo a Barranquilla; este Batallón debe encontrar
al crucero
|Cartagena listo en Puerto Colombia para que siga
a Panamá. He ordenado al Gobernador Obaldía envíe uno de los
cruceros del Gobierno a Buenaventura a llevar los Batallones que de
antemano tengo allí listos y equipados. Sigue próximamente remesa
de cien mil dólares ($ 100,000) y nuevo refuerzo, pues el Gobierno
Nacional no omitirá medidas para sacar avante el honor y la
integridad de la República"......
«Servidor y amigo,
«A. VÁSQUEZ COBO»
Este telegrama lleva al pie la siguiente nota:
«Este telegrama debe transmitirse por todas las vías posibles
interrumpiendo toda comunicación, y, en caso necesario, remitirse
con posta.
«A. VÁSQUEZ COBO»
Mientras tanto, el Ministro de Guerra daba las más apremiantes
órdenes al Gobernador del Cauca y al General Lucio Velasco, Jefe de
las fuerzas de aquel Departamento, para organizar más fuerzas y
para despachar Inmediatamente las existentes a Panamá, adonde dio
igualmente orden urgente para que uno de los cruceros del Gobierno
viniera a Buenaventura a recoger esas fuerzas. Y se obró con tal
actividad, que el 29, tanto el Gobernador del Cauca como el General
Velasco avisaron al Ministerio estar todo listo y organizándose más
ejército.
El mismo día, 29 de octubre, el Ministro de Guerra dirigió a las
autoridades militares y a las civiles departamentales la siguiente
circular:
«
|Urgentísimo-Ministerio de Guerra-Bogotá, octubre 29 de
1903.
«El 24 de este mes desembarcó en las costas del golfo de Panamá
una invasión, filibustera de setenta hombres al mando de Federico
Barrera, fuerzas que se dirigieron sobre Penonomé. Inmediatamente
se despachó de Panamá parte del Batallón
|Colombia a órdenes
del Comandante Tascón, logrando esta fuerza llegar a Penonomé el
26, antes que la invasión. Ayer di cuenta al Congreso e hice
publicar el siguiente cable:
"Panamá 27; Buenaventura, 27 de
octubre de 1903
"Ministro Guerra-Bogotá.
"Recibí cable. Batallón
|Colombia llegó Penonomé
ayer noche. Envío recursos Veraguas. Invasión será debelada. Zelaya
niega ayuda. Tenemos elementos. Juzgo plan fracasado. Liberales
aquí niegan invasión. Tengo absoluta confianza sostener
Gobierno.
"gobernador"
«Los vapores del Gobierno ambos mares están prestando
importantes servicios; con ellos se transportarán las fuerzas que
estaban listas en Barranquilla y Buenaventura. Este movimiento de
Panamá será castigado con todo el rigor que merecen los que
pretenden lesionar la integridad nacional. Aún no se ha turbado el
orden público en ningún Departamento; en todo caso os encarezco
vigilancia y que todos sepan la verdad de estos acontecimientos,
puesto que no se trata de cuestión política, sino de salvar el
honor de la Patria. Os seguiré informando. «Servidor y amigo,
«A. VÁSQUEZ COBO»
Aparece plenamente comprobado en el proceso que el General Juan
B. Tobar llegó a Colón en la noche del día 2 de noviembre de 1903,
y que el día 3 del mismo mes por la mañana desembarcó en aquel
puerto con el Batallón
|Tiradores, que lo acompañaba desde la
ciudad de Barranquilla.
También aparece de autos, plenamente comprobado, que el General
Tobar llegó a Panamá el día 3 de noviembre de 1903 y se hizo
reconocer en su carácter de Jefe Militar, y tuvo el tiempo
suficiente para tomar el mando civil. En justicia pues no se puede
atribuir al Ministro de Guerra, General Vásquez Cobo, omisión
alguna en el cumplimiento de los deberes que le imponía su alto
puesto.
Por falta de tiempo no podemos emitir concepto sobre las
autoridades a quienes deban pasar los expedientes en donde figuran
como posibles responsables personas que no son acusables por la
Cámara. Creemos que esta misión debe dejarse al señor Procurador
General de la Nación.
En consecuencia de todo lo expuesto, muy respetuosamente os
proponemos el siguiente proyecto de resolución:
«1° La Cámara de Representantes no encuentra en los expedientes
que ha estudiado, levantados por la Comisión Investigadora de los
asuntos de Panamá, prueba ni razón para acusar ante el honorable
Senado a ninguno de los individuos acusables ante aquella alta
corporación, por la separación del Departamento de Panamá de la
República de Colombia; y
«2° Pase el archivo formado por la expresada Comisión al señor
Procurador General de la Nación, para que, previo examen, envíe a
la autoridad correspondiente cada sumario, para que ella falle el
asunto, si la investigación está completa, o la perfeccione, en su
caso, y decida. El archivo, con riguroso inventario, debe quedar en
la oficina de la Procuraduría.»
Bogotá, noviembre 13 de 1912.
Honorables Representantes.
Vuestra Comisión,
M. J. gallego B.
INFORME DE LA MAYORIA
Honorables Representantes
La Ley 37 de 1909 creó una Comisión, compuesta de tres abogados,
le dio el carácter de Alto Funcionarlo de instrucción con todas las
facultades y atribuciones que corresponden a esta clase de
funcionarios, conforme a la ley, y le confirió la instrucción del
gran proceso, «con el objeto especial de investigarla
responsabilidad en que hayan podido incurrir algunas personas en
los acontecimientos que ocasionaron la separación de Panamá de la
República de Colombia.» El parágrafo 2° del artículo 1° de aquella
Ley dice:
«Las investigaciones de la Comisión deberán extenderse además a
averiguar las irregularidades que hayan podido cometerse en la
negociación de la prórroga concedida a la Compañía Nueva organizada
para la construcción del Canal de Panamá.»
El artículo 3° de la misma ley dice:
«Si de las investigaciones resultare la prueba necesaria para
juzgar a algún empleado de aquellos que sean justiciables por el
Senado, la Comisión dará cuenta, con testimonio de lo conducente, a
la Cámara de Representantes, para que ésta examine y decida si es o
no el caso de proponer acusación ante el Senado.»
El parágrafo 2° de dicho artículo agrega: «Si el responsable
fuere algún empleado, funcionario público o persona particular que
deba ser juzgada por otra autoridad, pasará copia de lo conducente
a la Corte Suprema de Justicia o al Tribunal o Juez competente,
para que allí se perfeccione el sumario y se proceda al juzgamiento
del responsable.»
Transcurrieron los seis meses que el artículo 2° de la Ley
referida fijó para que la Comisión diera cima a su cometido, y la
Investigación estaba inconclusa. Con tal motivo vino la Ley 27 de
1910 y amplió las facultades de la Comisión y prorrogó sus
funciones por el término de un año más.
En la legislatura de 1911 la honorable Cámara de Representantes,
tanto porque había transcurrido el año de prórroga que concedió la
Ley 27, como porque lo pidió ahincadamente uno de los ex-Ministros
de Estado al tiempo de la separación del Istmo, avocó el
conocimiento de la investigación practicada por la Comisión
Investigadora, e inició su intervención en el asunto, con la
siguiente proposición:
«La Cámara de Representantes, teniendo en cuenta que el tiempo
en que funcionó la extinguida Comisión Investigadora de los asuntos
de Panamá, creada por la Ley 27 de 1909, fue suficiente para llenar
su cometido, y que entre los sindicados como posibles responsables
de la secesión de Panamá figuran algunos ex-Ministros de Estado,
según afirmaciones públicas, y por cuanto el expediente creado al
efecto no debe reposar en poder de particulares,
«resuelve :
«La ex-Comisión Investigadora de los asuntos de Panamá remitirá
originales todos los documentos que forman dicho expediente a esta
Cámara, para que ella elija una Comisión plural que los estudie e
informe.»
Y en la sesión del 1° de septiembre del citado año la honorable
Cámara nombró la Comisión especial a que se refiere la proposición
anterior, compuesta de cinco miembros. La Comisión de la Cámara,
hasta donde le fue posible, hizo el estudio que se le encomendó, y
con fecha 14 de octubre del año citado rindió a la corporación el
correspondiente informe, del cual tomamos las siguientes
conclusiones:
«El estado de los diversos sumarios se halla, como habréis
podido ya colegir, muy distante de la perfección, a pesar del
evidente empeño de la extinguida Comisión Investigadora. Se
necesita aún su ampliación, y de ahí que sea imposible entrar a
calificarlos y a resolver esta honorable corporación lo de su cargo
en cuanto a los individuos que pudieran ser justiciables por el
Senado. Entre las diligencias que faltan por practicarse hallan las
siguientes, como más importantes:
«1° Descifrar ciertos despachos en clave......
«De esos despachos resultarían muchos datos interesantísimos
sobre la participación de personajes americanos y colombianos en
los sucesos de los días críticos y en los consejos de donde
emanaron las medidas del Gobierno de Washington contra la
integridad de nuestro país.
«2° Descifrar los cables y telegramas en clave, también sin
descifrar todavía, del Gobierno Nacional para particulares y
funcionarios públicos, y de éstos para aquél, cuyas fechas y otras
circunstancias indican que tienen relación con los misinos
sucesos.
«3° Evacuar las numerosas citas que resultan de las diligencias
practicadas y que no ha sido posible hasta ahora evacuar; practicar
varios careos que están indicados en varias de las declaraciones
recibidas.
«4° Averiguar quién es el responsable de la mutilación del
copiador de telegramas de la Dirección General de Correos y
Telégrafos, correspondiente al último trimestre del año de 1903, al
cual resulta que se le arrancaron cincuenta fojas, por lo cual
dicho libro comienza por la página 51 y la fecha 4 de noviembre de
1903.
«5° Exigir a quien en la época indicada desempeñaba la Dirección
General de Correos y Telégrafos una explicación sobre la libertad
en que se dejaba a los corresponsales de la prensa norteamericana
en esta ciudad, para comunicara Panamá las noticias más graves y
los datos más inconvenientes a nuestra seguridad; eso, no obstante
haberse establecido censura telegráfica, de lo cual hay prueba en
algunos despachos de los mismos corresponsales.
«6° Acabar de examinar los copiadores de telegramas que la
extinguida Comisión Investigadora no alcanzó a examinar, a fin de
escoger y copiar aquellos despachos que tengan conexión con los
hechos de cuya investigación se trata.
«7° Insistir en la consecución de los documentos que solicitó
sin éxito la extinguida Comisión, de oficinas públicas y de
particulares; y
«8° Practicarlas demás diligencias que resulten convenientes,
según las que dejamos indicadas.
«De todo lo expuesto resulta la necesidad de una ley que
disponga quién ha de perfeccionar la investigación para presentar a
la Cámara de Representantes en sus próximas sesiones los sumarios
respectivos, a fin de que ella resuelva si hay lugar o no a
acusaciones de su parte, y tomando las coplas del caso, distribuya
a las distintas jurisdicciones los sumarios relativos a individuos
no justiciables por el Senado.
«Débese tener en cuenta que la ley respectiva extendió la acción
de la Comisión Investigadora de la separación de Panamá a los
hechos conexos con ella, y que la Comisión cumplió en este punto
también su deber. Hay en los trabajos de la Comisión mucho material
de ese género.
«El hecho de Panamá ha sido extraordinario en todos sus
caracteres; fue tan complicado y tan complejo y abarca tantos
hechos parciales, que su investigación misma, ha tenido que ser
extraordinaria. Ningún tribunal común habría podido, por falta
material de tiempo, simultáneamente con sus demás funciones, formar
los numerosos e importantes expedientes y el archivo formados por
la Comisión Investigadora de los asuntos de Panamá, ni podría hacer
debidamente lo que le falta. Que la misma Comisión, u otra nombrada
ahora por las Cámaras y el Poder Ejecutivo continúe en la tarea por
unos meses más, nos parece indispensable; y si hubiera de tomarse
otro partido, se nos ocurre sólo como adecuado el de la creación de
dos plazas supernumerarias de Magistrados de la Corte Suprema
encargados del asunto. No es posible, en manera alguna, que los
expedientes y el archivo dichos queden, al cerrarse las Cámaras,
sin quién responda de ellos, porque allí hay documentos de tal
interés para la Nación y la justicia, que fuera indisculpable
dejarlos sin guardián especial.
«Os proponemos para terminar:
«1° Pásese copia de este informe al Honorable Senado para que,
si lo juzga conveniente, introduzca las modificaciones del caso en
el proyecto de ley "sobre la Comisión Investigadora de los
asuntos de Panamá."
«2° Publíquense en los
|Anales de la Cámara de
Representantes este informe y la diligencia de entrega que hizo
la extinguida Comisión Investigadora de los asuntos de Panamá, de
los expedientes que formó y de su archivo.
«Bogotá, octubre 14 de 1911.
«Manuel Dávila Flórez-Hermes García G.-Jesus Perilla V.-Manuel
J, gallego B.-Roberto Botero Saldarriaga.»
Como consecuencia de las conclusiones a que llegó la Comisión de
la Cámara, el Congreso de 1911 expidió la Ley número 62, de 22 de
noviembre de aquel año, que en su artículo 1°, dice:
«La Comisión Investigadora de los asuntos de Panamá, reducida en
adelante al Presidente, Secretario y un Escribiente designado por
aquél, continuará ejerciendo sus atribuciones hasta por el término
de dos meses, contados desde la sanción de la presente Ley, para el
solo efecto de seguir clasificando, inventariando y entregando en
debida forma a las autoridades competentes, los expedientes y demás
papeles que forman el archivo de dicha Comisión y que hasta la
fecha no estuvieren convenientemente clasificados, y para expedir
las copias que deben figurar en las actuaciones respectivas; pero
las copias relativas a los funcionarios que son justiciables por el
Senado, serán enviadas por la Comisión Investigadora precisamente
en el término ordenado por la Cámara, según resolución de fecha 28
de agosto último.»
La resolución mencionada, de fecha 28, es del tenor
siguiente:
«La Comisión Investigadora remitirá dentro de diez días,
contados desde la fecha, los expedientes de que deba conocer la
Cámara, y a la mayor brevedad los que correspondan a otras
autoridades. Respecto de los que todavía no estén debidamente
arreglados, la ley dispondrá lo conveniente.»
Esta resolución fue modificada en el sentido de aumentar a
veinte días los diez que ella señala.
Clausuradas las sesiones del Congreso de 1911, la Comisión
Investigadora continuó, pues, ejerciendo sus funciones, pero ya
limitadas a los términos de la Ley 62 del mismo año.
El día 14 de agosto del mismo año en curso, integrada la
Comisión especial con el honorable Representante doctor Libardo
López, por no haber concurrido a las actuales sesiones el honorable
Representante Hermes García, continuó su trabajo.
Hemos hecho la historia fiel de los antecedentes legales de la
Comisión Investigadora, y una sucinta relación de los acuerdos
tomados por la honorable Cámara para la formación de la Comisión
especial y señalamiento de sus funciones, todo con un riguroso
orden cronológico, que nos vemos precisados a interrumpir en
beneficio de la unidad de plan para el desempeño del delicadísimo
cargo a nosotros encomendado.
Los términos del artículo 1831 del Código Judicial y los de la
resolución de la Cámara que señalan las funciones de la Comisión
especial, produjeron un desacuerdo en el seno de ésta, que hubo de
someterse a la decisión de la Cámara, y con tal motivo la
corporación, en la sesión del día 3 de octubre último, aprobó por
unanimidad la siguiente proposición:
«La Cámara de Representantes, en vista del punto consultado por
la Comisión encargada actualmente de estudiar los asuntos de
Panamá,
«resuelve:
«La Comisión referida concretará su labor a estudiar, en el
fondo, los expedientes que ha tenido a la vista sobre la
averiguación de los responsables de la separación de Panamá, y sin
dar lugar a más dilaciones, informará sobre su contenido,
presentando proyecto de acusación, o de abstención de acusar, según
el caso.
«Además, emitirá concepto sobre las autoridades a quienes deban
pasarse algunos expedientes en los cuales figuren como responsables
personas que no sean acusables por la Cámara.»
Esta proposición fue modificada condicionalmente por la que se
copia en seguida, de fecha 19 del citado mes de octubre:
«La Cámara de Representantes declara que la Comisión de su seno,
encargada de estudiar el expediente relativo a la separación de
Panamá, puede practicar aquellas diligencias que juzgue
indispensables al esclarecimiento de algunos hechos (tales como
tomar declaraciones, verificar careos, adquirir documentos, etc.),
siempre que por ello no se frustre la determinación invariable de
la Cámara, de poner fin a este negocia en las presentes
sesiones.»
Quedó, pues, establecido con toda claridad que esta Comisión ha
de conceptuar en el fondo del asunto; que ha de concretar su
estudio a los sumarios que la extinguida Comisión Investigadora
levantó respecto a cada uno de los Ministros de Estado al tiempo de
la separación de Panamá, y relativos a los Ministros de Estado que
concedieron la prórroga a la Compañía Nueva del Canal, aumentados
dichos sumarios con los elementos de investigación que la Comisión
especial haya podido allegar al proceso.
Debemos advertir que nuestro concepto no ha podido ser fruto de
un estudio completo del asunto, porque nos ha sido absolutamente
imposible examinar todos los expedientes creados por la Comisión
Investigadora y llenar los vacíos anotados en el informe rendido
por esta Comisión el 14 de octubre de 1911.
Para llenar los vacíos anotados en dicho informe sólo hemos
podido recibir la declaración indagatoria del señor Manuel José
Guzmán, Director de Correos y Telégrafos en la época de la
rebelión, sobre los hechos a que se refiere el punto 5° del informe
mencionado. La facultad que la Cámara nos concedió a última hora
sólo ha podido ser aprovechada para recibir dicha indagatoria y la
declaración por certificado del señor doctor Jenaro Payán, y en
perseguir, por conducto del señor Prefecto de la Provincia, el
archivo del señor Luis Halberstad, en que se nos informó había
papeles importantes relativos a la rebelión de Panamá y a las
relaciones de nuestra nación con el Perú. En las otras diligencias
que faltan por practicar, según el referido informe, no hemos
podido ocuparnos, porque la autorización de la Cámara fue muy
tardía y no debíamos abandonar el estudio de los expedientes para
dedicarnos a la investigación, ya que las autorizaciones de la
Cámara fueron limitadas y el tiempo insuficiente. Nada, pues,
pudimos hacer por tratar de descifrar despachos en clave, evacuar
citas que resultan de las diligencias practicadas, acabar de
examinar copiadores de telegramas, etc. De todas estas deficiencias
resultará que nuestro concepto ha de carecer de los elementos de
convicción que, como lo sabe la honorable Cámara, hemos creído
siempre indispensables a fin de juzgar y darlo estrictamente
fundado; y debemos hacer presente que sólo forzados por el mandato
de esta honorable corporación, lo damos en la forma en que lo vamos
a hacer.
El hecho que dio origen al estudio encomendado a nosotros por la
Cámara es bien conocido de todos los colombianos. El 3 de noviembre
de 1903, como a las 5 de la tarde, empezaron a presentarse en la
ciudad de Panamá grupos de ciudadanos en actitud amenazante. El
General Juan B. Tobar, que estaba a la sazón en aquella ciudad y
que había sido enviado allí por el Gobierno con el cargo de Jefe
Militar de Panamá y de las fuerzas del Atlántico y del Pacífico,
con instrucciones reservadas para asumir el mando como Gobernador
de aquel Departamento, dice que se dirigió a esa hora al cuartel
del Batallón
|Colombia, convencido en ese momento de que algo
grave se preparaba que podía turbar la paz pública. Dicho batallón
estaba a cargo del General Estaban Huertas, y pocas horas antes
había reconocido al General Tobar su calidad de Comandante en Jefe.
El General Tobar asegura haber llegado al cuartel con el fin de
disponer el modo como debía hacer uso de la tropa para disolverlos
grupos délos amotinados; de disponer la salida de una escolta que
se situara frente al cuartel, en tanto que otras debían salir ala
ciudad a hacer guardar el orden. La primera escolta salió de manera
que el General Tobar y sus compañeros quedaron entre filas; hecho
lo cual, el Comandante de la escolta les intimó prisión. Luego, a
los gritos de los sediciosos que proclamaban la independencia de
Panamá, siguió el apoyo del Batallón
|Colombia y de la mayor
parte de las autoridades del Istmo, quedando consumada la
revolución y extinguida toda autoridad colombiana en aquella
Sección de la República.
En el año de 1836 el Cuerpo Soberano de la nación reconoció la
conveniencia de la apertura de un canal al través del Istmo
colombiano; pero sólo en 1876 vino a expedirse una ley de
autorizaciones al Ejecutivo para negociar su apertura. Con fecha 26
de mayo del mismo año se celebró el contrato respectivo, que no se
llevó a cabo, pero que dio lugar al que se concluyó con la Compañía
Francesa del Canal Interoceánico, aprobado por la Ley 28 de 1878.
Este contrato fue prorrogado por la Ley 107 de 1890, por la Ley 91
de 1892, por el contrato de 4 de abril de 1893, y últimamente por
el Decreto legislativo número 721, de 23 de abril de 1900. Este
era, pues, el estado visible para el Gobierno de la República
acerca del importantísimo asunto del Canal de Panamá, cuando el
señor don José Manuel Marroquín fue llamado a la Presidencia, a
mediados del año últimamente citado.
Difícil es averiguar a punto fijo quién o quiénes tuvieron la
idea inicial de la revolución de Panamá como base para llevar a
término el negocio sobre el tratado del Canal, aunque sí es un
hecho incontrovertible que la aprobación del Tratado y la
terminación de ese negocio fue el objeto que se propuso la
revolución desde un principio. En otros términos, parece inútil
buscar a la rebelión de Panamá otro fin principal que el de obtener
la realización del tratado sobre el Canal y la ejecución inmediata
de la obra. Los primeros síntomas que encontramos de que individuos
extranjeros pensaban en buscar el uso de la fuerza para imponer a
Colombia el tratado sobre el Canal, están indicados en la relación
que el Senador Hanna hace en su informe de 16 de mayo de 1900,
citado en el libro
|The Story Panamá (página 68 y 69 del
cuaderno 2° de la traducción). En dicho informe el Senador Hanna,
al hablar de las exigencias de la Nueva Compañía del Canal al
Presidente de la República americana, se expresa así:
«El propósito manifiesto de la Nueva Compañía del Canal de
Panamá para entrometerse en la legislación, pidiéndole al
Presidente que informe al Congreso de hechos "que probablemente el
Congreso no conoce," es un insulto a la inteligencia de
este Cuerpo; es una insolencia también el pretender que el
Presidente domine la acción del Congreso imponiéndole que se ocupe
en proyectos sobre los cuales han informado Comisiones de ambas
Cámaras.
«Es este un espectáculo, felizmente sin precedentes, de una
Compañía extranjera que obra en un país sin que haya sido
reconocida siquiera la honradez de sus procederes, y que pudiendo
ser objeto de desconfianza para nuestro Gobierno, se permite
pedirle "que aconseje al Congreso con el objeto de que se
oponga a que él lleve a cabo y declare la política de nuestro
pueblo y de nuestro Gobierno."
«Esa Compañía especuladora censura un proyecto que las Cámaras
habían convenido en examinar el 1° y el 2 de mayo de 1900,
solamente porque la aprobación de ese proyecto acabaría con las
esperanzas que ella tenía de echar sobre los Estados Unidos la
carga de una empresa quebrada, como lo quiso hacer según su
propuesta de 28 de febrero de 1899.
«Fuera del hecho de que dicha propuesta contiene cláusulas cuyo
objeto es robar a los accionistas de la antigua Compañía y
violarlas decisiones de los Tribunales franceses, propone una
violación directa de las leyes de Colombia y la violación de
nuestro Tratado de 1846 con aquella República, que nos obliga a
garantizarla soberanía de dicho país sobre el Estado de Panamá.
«El Presidente no dio contestación jamás a dicha propuesta ni a
las sugestiones e insinuaciones contenidas en la carta de Sullivan
y Cromwell, de 30 de abril de 1900; el Secretario de Estado envió
esa carta a la Comisión de Canales Interoceánicos.»
Se comprende que las primeras propuestas de los señores Sullivan
y Cromwell, apoderados de la Nueva Compañía del Canal en los
Estados Unidos, en que insinuaban a aquel Gobierno el saneamiento
de sus títulos por medio de una violencia contra Colombia,
violencia que se llevaría de calle el Tratado de 1846 y la
soberanía de la República en Panamá, no podían encontrar todavía
buena aceptación por parte del Presidente Roosevelt, porque el
Gobierno de entonces y el partido republicano en los Estados Unidos
no habían adoptado a la sazón la ruta de Panamá para hacer un canal
interoceánico: la atención del pueblo y del Gobierno estaba
concentrada entonces en la ruta de Nicaragua. Por otra parte, nos
parece que puede afirmarse que a la fecha de la propuesta de la
Nueva Compañía del Canal, 28 de febrero de 1899, ningún colombiano
pensaba en que las dificultades de la apertura del canal podían
vencerse violando nuestro Tratado de 1846 con los Estados Unidos y
menoscabando nuestra soberanía sobre el territorio de Panamá. Fue
el apoderado de la Nueva Compañía del Canal, señor William Nelson
Cromwell, quien primero lo concibió y quien se encargó de
sugerírselo a.1 Presidente Roosevelt. Probable es que éste no lo
hubiera acogido bien en un principio; pero al fin lo halló
corriente, y tomó a su cargo la idea para ponerla en ejecución y
para holgarse de su hazaña después de ejecutada.
En el libro mencionado atrás se encuentra la relación detallada
de las maniobras del señor Cromwell para obtener que el Congreso
americano enviara la Comisión Walker a estudiar la vía de Panamá;
que esta Comisión informara favorablemente; que la Ley Spooner
diera entrada a la consideración de la posibilidad del canal por
Panamá, y que nuestros Ministros en Washington, señores doctores
Martínez Silva, primero, y Concha, después, otorgan ciertas
promesas para un tratado en que constara la autorización del
Gobierno de Colombia para el traspaso de los derechos de la
Compañía Nueva del Canal; autorización cuya falta había sido un
obstáculo para la expedición de la Ley Spooner (folios 93 y 94,
cuaderno 2° de la traducción).
Para esclarecer la verdad sobre la iniciación del tratado
conviene tener presente la carta de 7 de julio de 1903, dirigida
por el doctor José Vicente Concha a don J. M. Marroquín, que dice
así:
«Mi querido don J. Manuel:
«Contesto de carrera su cartica de hoy.
«Los términos usados por usted en su Mensaje son correctos: el
proyecto formal de tratado lo presentó a la Legación colombiana el
Departamento de Estado el 17 de julio de 1902, después de expedida
la Ley Spooner, y sobre él verso la discusión posterior. El
|Memorándum del doctor Martínez, que yo reformé, tiene este
encabezamiento:
|Memorándum de puntos que deben incorporarse en
un tratado, etc. Además conviene que se rectifique en la
discusión el error afirmado por periódicos, etc., de que Colombia
|propuso la negociación al Gobierno americano, cuando fue la
Comisión del Canal Istmico, presidida por el Almirante Walker, la
que inició la discusión del asunto con el doctor Martínez. La
diferencia entre el primitivo
|Memorándum y el Tratado es tan
sustancial, como que cuando se presentó aquél (abril de 1902) ni
aún se había expedido la Ley Spooner (que es de junio del mismo
año), y que fue la base para que el Departamento de Estado exigiera
el dominio y la jurisdicción americanos de que habla el
Tratado.
«Ojalá le sirvan de algo estos datos.
«Suyo afectísimo,
«JOSÉ VICENTE CONCHA »
|(Libro Azul del Ministerio de Relaciones Exteriores de
Colombia, página 362).
Respecto de esta declaración del doctor Concha, debemos anotar
los siguientes hechos:
Empeñado Mr. Cromwell en conseguir que la Comisión Istmica
presidida por el Almirante Walker se inclinara en favor de la ruta
de Panamá, y en allanar la principal dificultad con que la Comisión
había tropezado, consistente en que la nueva Compañía no podía
ceder sus derechos a un Gobierno extraño sin el consentimiento de
Colombia, dio los siguientes pasos, según aparece del libro
|The
Story of Panamá:
1° Obtener del Cónsul General de Colombia en Nueva York, señor
Brigard, que solicitara de su Gobierno el nombramiento de un
Ministro con poderes suficientes para tratar la cuestión del Canal,
cargo para el cual fue designado el doctor Martínez Silva, Ministro
entonces de Relaciones Exteriores en Colombia.
2° Llegado el doctor Martínez Silva y convencido Cromwell de que
la opinión pública en Colombia era adversa a que se hiciera la
cesión a un Gobierno extranjero, consagró su actividad a convencer
a nuestro Ministro de que era urgente que los Estados Unidos
tuvieran conocimiento del deseo que abrigaba Colombia de negociar y
facilitar los planes de los mismos Estados Unidos. «El señor
Martínez Silva, convencido por nuestras explicaciones y argumentos
(refiere Cromwell), los aceptó en principio, y en el curso de una
visita oficial que hizo al Secretario Hay el 13 de marzo de 1901,
aseguró a este último que estaba dispuesto a facilitar los planes
de los Estados Unidos, siempre que éstos fueran satisfactorios para
Colombia.» (Folio 74, cuaderno 2°).
3° Conseguida la intervención oficial de Colombia, se iniciaron
las conferencias entre Cromwell, el Secretario Hay, el Presidente
de la Comisión Istmica y el señor Hutin, Presidente y Director
General de la Compañía del Canal, de las cuales resultó el primer
|Memorándum con que se iniciaron las negociaciones que debían
servir de base al Tratado. En la carta de 1° de mayo, dirigida por
Mr. Hutin al doctor Martínez Silva (página 19,
|Libro Azul),
se cita la de 28 de marzo del mismo año, de Martínez Silva a Hutin,
carta en que el doctor Martínez Silva dice:
«Con el objeto de definir claramente la posición de Colombia y
la de los Estados Unidos en orden al Canal de Panamá, presenté ayer
al Secretario de Relaciones Exteriores, señor Hay, un
|Memorándum sobre los puntos generales que pudieran servir de
base a una negociación para armonizarlos intereses de Colombia, los
de la Compañía del Canal de Panamá y los de los Estados Unidos, en
tanto que éstos no se hallen en contradicción con los principios
tradicionales de la política colombiana consignados en la enunciada
ley de concesión.
«En ese
|Memorándum se indica que el Gobierno de Colombia
daría a la Compañía del Canal la autorización de traspasar su
privilegio al Gobierno de los Estados Unidos, con tal que éste
aceptase las condiciones que se le han sometido. »
4° Después de muchas conferencias y cartas cruzadas entre los
individuos que quedan citados, el Almirante Walker y el Senador
Pasco sometieron a Martínez Silva, con fecha 9 de mayo de 1901, un
|Memorándum en que se consideraban los puntos relativos ala
negociación con Colombia.
|(Libro Azul, páginas 25 y 26).
Inducido por Cromwell, el doctor Martínez Silva accedió a
presentar ciertas propuestas al Gobierno americano para establecer
las bases del Tratado, conforme al cual Colombia daría la
autorización para traspasar los derechos de la Nueva Compañía del
Canal a los Estados Unidos. Se preparaba a dar este paso cuando el
doctor Martínez Silva fue retirado por su Gobierno. A este
propósito dice Cromwell:
«Urgimos a Martínez Silva para que presentara su propuesta al
Secretario Hay, con la idea de que una vez que se abrieran las
negociaciones oficialmente, se podrían obtener modificaciones. El
señor Martínez Silva cedió a nuestros argumentos, y redactó un
nuevo borrador más amplio, el cual nos fue sometido y lo criticamos
y corregimos a petición suya.
«Sin embargo, tan pronto como Martínez Silva iba a presentar su
propuesta, de acuerdo con nuestras indicaciones, recibió la
notificación oficial de su retiro, con orden de suspenderlas
negociaciones: era, pues, imposible que continuara obrando
oficialmente. Tuvo como sucesor al Ministro Concha, quien llegó a
Nueva York el 26 de febrero de 1902, con nuevas instrucciones.»
Aparece allí que tras el manifiesto firmado por el doctor
Concha, en que declara que la notificación hecha el 28 de febrero
por Colombia a la Compañía no implicaba oposición al traspaso,
siempre que se llevara a cabo una convención satisfactoria entre
Colombia y los Estados Unidos, vino la discusión de las bases para
celebrar esa convención, en la cual el mencionado Cromwell fue
mediador constante entre el Ministro Concha y el señor Hay.
Allí dice que el proyecto de tratado se concluyó el 29 de marzo
de 1903 y fue presentado oficialmente al Secretario Hay el 31 del
mismo mes
|(Libro Azul, página 207). Dicho
|Memorándum
comienza en la página 121 del libro citado, y está precedido de la
nota de 1° de abril de 1902, dirigida por el doctor Concha a la
Cancillería colombiana. De esta nota tomamos el siguiente
párrafo:
«Lo primero que viene a la mente a este respecto, y en especial
por la situación política actual del Istmo, es el peligro inminente
de que se produzca un movimiento de secesión en aquella región de
la República, ya espontáneamente, ya por sugestiones indirectas de
intereses extranjeros, lo cual sería para la República fuente de
males incalculables. »
Tanto éste como los siguientes párrafos de la misma nota indican
la visión clara que tuvo el doctor Concha de que los Estados unidos
no se pararían en los compromisos del Tratado de 1846, ni en
consideración alguna de otro género para ir hasta la separación del
Istmo en busca de un tratado como a ellos les fuera conveniente, lo
que comunicó al Gobierno.
Los incidentes diplomáticos de que da cuenta el libro a que nos
venimos refiriendo indican los poderosos esfuerzos de nuestro
Ministro doctor Concha, para dejar a salvo la soberanía nacional de
Colombia en el tratado que se estaba discutiendo, así como de la
insistencia de los Senadores americanos para que su nación tuviera
el derecho de establecer tribunales en la zona del Canal.
De la discusión resultaron las modificaciones al
|Memorándum del doctor Concha, acerca de las cuales se
entendió éste con el Ministro de Estado Hay el 18 de julio de 1902.
A este respecto dice Mr. Cromwell:
«En esta negociación, como en las anteriores, los Ministros de
los dos Gobiernos se comunicaron siempre por conducto de Mr.
Cromwell, y sólo se vieron cuando se hizo el cambio de los
documentos y después de haber llegado a un arreglo.» (Folio 106 del
cuaderno 2° de la traducción).
Dichas modificaciones fueron enviadas al Gobierno de Colombia
con la nota de 11 de julio de 1902, que corre a los folios 200 y
siguientes del
|Libro Azul. De esa nota aparece que el doctor
Concha se abstuvo de discutir las modificaciones antes de consultar
con su Gobierno, lo que hizo en cable de fecha anterior a la de la
nota, contestado el 17 del mismo mes, por el que dice:
«No interrumpa negociaciones, refiérase Congreso.
«MARROQUIN»
En la relación del libro
|The Story of Panamá consta que
en los primeros días de octubre de 1902 el señor Cromwell visitó al
doctor Concha, y encontró que había cambiado completamente de
actitud; cambio que se debía «en parte a advertencias recibidas por
Concha de Bogotá y a diferencias cabidas en el Istmo entre
Oficiales de la Armada americana y Oficiales del Gobierno
colombiano, causadas por la prohibición de los Oficiales americanos
de que se transportaran tropas armadas en el ferrocarril, por
temor, se dice, de que ello pudiera ocasionar una lucha con los
insurgentes, causando así pérdidas al ferrocarril e interrupción
del tráfico.» (Folio 107, cuaderno 2°).
Con respecto a las modificaciones propuestas por el Gobierno
americano, encontramos en el
|Libro Azul un cable de 14 de
agosto de 1902 (página 237), en el que el Gobierno anuncia al
doctor Concha instrucciones sobre el Canal de Panamá, y otro de 25
del mismo mes (página 253), dirigido por el Presidente de la
República y el Ministro de Relaciones Exteriores al Ministro en
Washington, en que le dicen:
«Diga Gobierno americano que Gobierno colombiano acepta en
principio últimas reformas presentadas. Aténgase instrucciones
salieron principio agosto. Necesítase ratificación Congreso; para
reunir éste sólo falta pacificación Panamá.»
En el libro
|The Story of Panamá se asegura (folio 112,
cuaderno 2°) que «el Ministro Concha no obró de acuerdo con los
planes de pacificación de su Gobierno, el cual, habiendo hecho un
pacto secreto para salvar su propia existencia, miraba con
complacencia la intervención en el Istmo,» y se copia la última
parte del cable de 20 de septiembre de 1902, dirigido al Ministro
Concha por los señores Marroquín, Paúl y Fernández, que dice: «Es
el momento de exigir al Gobierno de los Estados Unidos de América
la ejecución de la Convención de 1846, para asegurar el tránsito de
Panamá a Colón.» (Página 253,
|Libro Azul). Aparecen allí
también citados: el cable de 22 de septiembre de 1902, de Marroquín
y Paúl al Ministro Concha, cable en el cual se lee: «Ignoramos
forma intervención del Gobierno de los Estados Unidos de América.
Nosotros exigimos solamente ejecución artículo treinta y cinco del
Tratado del cuarenta y seis, como se ha hecho ya en circunstancias
análogas» (página 254,
|Libro Azul), el de Concha al Ministro
de Relaciones Exteriores, de la misma fecha, que dice: «Presento
hoy al Secretario de Estado
|Memorándum restablecer verdad
hechos Panamá sin apreciaciones ningunas, reservando derecho mi
Gobierno hacer declaraciones que juzgue debidas» (página 254, id.);
el de 24 del mismo mes, firmado por el Gobernador de Panamá y
dirigido a Marroquín a Bogotá, que da esta noticia: «Americanos
desembarcaron ciudad Panamá. Concha díceme proteste, apele fuerza
llegado caso, impedirlo»; el de 25 del mismo mes, di rígido al
Ministro Concha por Marroquín y Paúl, con esta orden: «Absténgase
de tratar el asunto de la intervención americana en Panamá. El
Ministro de Relaciones Exteriores lo trata aquí»; y se alude al
telegrama dirigido por Concha al Ministro de Relaciones Exteriores,
de 3 de octubre de 1902, cuyo contexto figura en la página 254 del
|Libro Azul, así: «Gobernador Panamá comunica nuevo Almirante
americano notifícale no permitirá transportar tropa, elementos
guerra Gobierno en ferrocarril; pídeme reclame; contéstele Usía
hame prohibido intervenir asuntos. Por cuarta vez reitero renuncia
Legación, ordénese encargarse Secretario»; El telegrama de 9 de
octubre de 1902 de Marroquín y Paúl al Ministro Concha, que dice:
«no pida pasaporte; asunto Almirante se está tratando directamente
con Hart,» que se encuentra en la página 257 del
|Libro Azul,
lo trae
|The Story of Panamá en el folio 113 del cuaderno 2°
de la traducción. El doctor Concha protestó de nuevo contra la
prohibición que se le impuso de tratar directamente el asunto de la
intervención americana en Panamá, asegurando ser imposible
adelantar la negociación del Canal mientras existiera la orden de
abstención para discutir la interpretación del Tratado de 46, que
era parte esencial de aquella negociación. Agrega en su cable de 25
de octubre de 1902, a que venimos refiriéndonos, que la
prolongación de la ocupación del Istmo por fuerzas americanas era
injustificable y que el silencio del Gobierno de Colombia perdería
la República
|(Storv, 114;
|Libro Azul, 260).
A la página 260 del
|Libro Azul está el cable de 29 del
mismo mes, en que el doctor Concha insiste en notificar al Gobierno
colombiano, después de avisar que dio noticia al americano de la
llegada de instrucciones sobre el Canal de Panamá, que no le es
posible adelantar la negociación sin conocer el resultado de la
discusión con el Ministro de los Estados unidos en Bogotá sobre el
procedimiento del Almirante americano en el Departamento de Panamá,
el cual implica una nueva interpretación del Tratado de 1846.
Agrega que se abstuvo de emitir concepto sobre aquel procedimiento,
de acuerdo con la orden del Ministro de Relaciones Exteriores. Como
el Ministro Concha no aceptara la actitud adoptada por el Gobierno
de Colombia, por considerar antipatrióticas las instrucciones
recibidas, lo hizo saber así al Ministro délos Estados Unidos y que
se retiraría de la Legación. Se asegura en el libro
|The Story of
Panamá que el señor Cromwell pidió al Ministro Concha
personalmente y por carta que no hiciera tal cosa y continuara en
la negociación; que el Ministro Concha cedió al fin con la
condición de que las negociaciones se limitaran a la cuestión de la
soberanía, y que el 5 de noviembre Concha sometió dicha cuestión a
Mr. Hay, quien hizo llamar a Mr. Cromwell y tuvo con él
conferencias detalladas. Refiriéndose a las afirmaciones de
Cromwell, se asegura que el Presidente autorizó a Mr. Hay para que
cediera, y que en consecuencia, el Secretario Hay escribió al
Ministro Concha sobre las seguridades de la buena voluntad de la
nación americana para con Colombia, como garantía de la nueva
discusión de modificaciones. Después de varias conferencias sobre
los artículos del
|Memorándum y sus modificaciones, el doctor
Concha continuó las negociaciones, excitado por la orden de su
Gobierno y contra su voluntad; orden que, firmada por Marroquín y
Paúl el 31 de octubre de 1902, está concebida así: «Ninguna
discusión con el Ministro de los Estados unidos en Bogotá. Haga
usted abstracción asunto Almirante. Continúe usted negociación
Canal de Panamá.» Este cable fue repetido el 2 de noviembre en
términos idénticos, y se encuentra además el de lo del mismo mes,
con las mismas firmas, redactado así: «Continúe negociación Canal
de Panamá. Es camino ocasión para fijar interpretación Tratado 46,
sobre ocupación temporal, como usted ha propuesto artículo XXIII
|Memorándum. Indicación de abstenerse no tiene ninguna
relación negociación Canal de Panamá. Si usted se amilana, todo
está perdido.» El 6 de noviembre el doctor Concha cablegrafió al
Gobierno: «Cumplí órdenes cablegrama dos de este mes, exigiendo al
Departamento de Estado en Washington el restablecimiento del
artículo XXIII del
|Memorándum. Todavía no hay contestación;
cualquiera que sea, no firmaré tratado ninguno durante la ocupación
americana del Istmo. La prensa americana pide mi destitución.» El
doctor Concha reiteró su renuncia en nota de 7 de noviembre, en la
cual explica las razones que tuvo para seguir contra su criterio
las negociaciones sobre el tratado del Canal. (Páginas 270 y 271,
|Libro Azul.).
El 14 de noviembre el doctor Concha recibió un cable en que se
le ordenaba firmar, en todo caso, el tratado, para «salvar nuestra
responsabilidad,» y advirtiendo que «el Congreso de Colombia
decidirá definitivamente.»
Después de inútiles esfuerzos del doctor Concha, con el Ministro
americano para obtener cláusulas que dejaran a salvó la soberanía
de Colombia, y comprendiendo por su parte que se encontraba en
desacuerdo con la manera de pensar de su Gobierno, comunicó a éste
que había presentado al Departamento de Estado en Washington una
Memoria en que demuestra serle imposible aceptarlas condiciones del
Gobierno americano, y como consecuencia, el 28 del mismo mes
cablegrafió así: «Conforme orden kalograma usía, encargaráse Herrán
Legación semana próxima; dígame si debo esperar carta retiro o
regreso sin presentarla.» (Página 323,
|Libro Azul),
Antes de terminar lo relativo a las gestiones del doctor Concha,
debemos llamar la atención hacia su nota de 3 de octubre de 1902,
dirigida al Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia, en cuyo
final se encuentran estas palabras:
« Entre una potencia que así impone su fuerza, y un Gobierno que
no sabe o no quiere defender la soberanía nacional, no caben
tratados: el Derecho diplomático cede el paso al de conquista; cesa
la discusión entre dos países iguales según la concepción jurídica,
y queda sólo uno que dicta la ley y otro que ha de recibirla y
obedecerla.
«Creada esa nueva situación, por esta u otra causa, el suscrito
ha creído concluida su labor en defensa de los derechos de la
República, y así lo expresa en hoja especial que dirige en esta
misma fecha a Su Señoría.»
Debemos abrir aquí un paréntesis para dejar constancia de las
referencias que en el libro
|The Story of Panamá se hacen a
la actuación de ciertos jefes liberales en las negociaciones del
Canal. Allí se asevera que a mediados de 1902 el señor Carlos
Liévano, como representante del partido liberal revolucionario de
Colombia, conferenció muchas veces con el señor C. B. Hart,
Ministro americano en Bogotá, con el objeto de obtener la
intervención americana para terminar la guerra civil, prometiéndole
que si el partido liberal llegaba al Poder, estaría en la
posibilidad inmediata de negociar el tratado sobre el Canal; que el
señor Liévano recibió en un principio promesas halagadoras del
señor Hart en el sentido de que había recibido instrucciones de
Washington para unir sus esfuerzos a los de los liberales y
derrocar el Gobierno del señor Marroquín, y que tres días después,
en conferencia del señor Liévano con Hart, éste manifestó que
retiraba sus promesas y le notificó, según declaración del mismo
señor Liévano, que ya Lorenzo Marroquín, hijo del Presidente, y el
General Aristides Fernández se habían dirigido a él pidiéndole la
intervención americana en favor de las fuerzas del Gobierno, en
cambio de la promesa de un tratado sobre el Canal, satisfactorio a
los Estados Unidos. En la obra citada se afirma también que el
señor Lorenzo Marroquín declaró bajo juramento, en octubre de 1909,
que él y Fernández habían conferenciado con el Ministro americano
para lograr la intervención en el Istmo, siendo el resultado de esa
intervención el Tratado de paz que se firmó el 21 de noviembre de
1902 a bordo del acorazado
|Wisconsin.
Refiere también que como los Jefes liberales hubieran conocido
las intenciones de Roosevelt a causa de las propuestas que se les
habían hecho anteriormente en Washington, la Dirección
revolucionaria se había fijado por algún tiempo en Nueva York, a
cargo del General Vargas Santos y del doctor Modesto Garcés, con el
objeto de tratar la intervención americana en favor délos
liberales; que el doctor Garcés regresó de Washington a Nueva York
del 31 de julio al 1° de agosto, e informó que el Gobierno
americano deseaba se lograra la independencia de Panamá, y que Mr.
Hill, encargado de la Secretaría de Estado, había Indicado que
podía hacerse la intervención "con esa mira; que el doctor
Garcés redactó un interrogatorio dirigido al Departamento de
Estado, según las indicaciones del mismo HUI, interrogatorio que
debía ser firmado por el General Vargas Santos, y cuya sustancia se
concretaba en la siguiente pregunta: «¿Cuál sería la actitud de los
Estados Unidos en el caso de que las fuerzas revolucionarias
declararan la independencia del Cauca y Panamá?» Que el
|Memorándum fue sometido al General Vargas Santos, quien se
negó enérgicamente a firmarlo y a comprometerse en cualquier
intento que tuviera como base la desmembración de su Patria, y que
el original de dicho
|Memorándum está actualmente en poder
del General Celso Rodríguez, uno de los principales lugartenientes
del General Vargas Santos.
Al retirarse el doctor Concha de la Legación en Washington,
quedó encargado de ésta el Secretario, señor don Tomás Herrán,
asediado, como los anteriores, por el apoderado de la Nueva
Compañía del Canal, señor William Nelson Cromwell, el mismo
personaje a quien el doctor Con cha designa gráficamente con el
nombre de
|ardilla, refiriéndose a las amenazas de la prensa
americana emanadas del mismo Cromwell
|(Libro Azul, página
283), y respecto del cual se afirma en el libro
|The Story of
Panamá que «mantenía relaciones íntimas y de gran confianza con
el señor Herrán y sabía cuáles eran sus instrucciones.» Como el
señor Herrán no había recibido nombramiento ninguno, dirigió al
Gobierno el siguiente calograma el 3 de diciembre de 1902:
« Exteriores-Bogotá.
«Legación a mi cargo; pero sin carácter Ministro
Plenipotenciario no puedo negociar Tratado; hay urgencia.
«Herrán»
Este telegrama fue contestado con fecha 11 del mismo mes de
diciembre así:
«Herrán-Legación Colombia-Washington.
«Como Encargado de Negocios es usted Ministro Diplomático. El
Gobierno de Colombia le confiere plenos poderes para adelantar
negociación Canal de Panamá. Haga lo posible por obtener diez
millones dólares de contado y seiscientos mil renta anual, y todas
las ventajas posibles de acuerdo con instrucciones anteriores.
Exija declaración por escrito de que el Gobierno de los Estados
Unidos no mejora propuesta, si este fuere el caso, y firme Tratado
con cláusula indispensable de que éste queda sometido a lo que
determine el Congreso de Colombia. El próximo correo llevará
ratificación poderes. Córdoba continúa Legación.
«Marroquín-Paúl»
Y en carta oficial de fecha 19 del mismo diciembre, del Ministro
Herrán a nuestra Cancillería, refiriéndose al despacho anterior, se
lee:
«El Gobierno de los Estados unidos, después de muchas
discusiones, ofrece como máximo $ 10.000,000, y después de diez
año, una anualidad de $ 100,000. Creo es inadmisible, pero aguardo
órdenes del Gobierno de Colombia. No se ha recibido contestación a
mi calograma de diciembre 3.
«Aún aguardo las órdenes explícitas pedidas en el telegrama
anterior.
«Repetidas veces he manifestado al Secretario de Estado que a
las liberales concesiones que Colombia está dispuesta a hacer a los
Estados unidos, no puede agregar el sacrificio de privarse de la
mayor parte de la renta que hoy tiene asegurada en el Departamento
de Panamá. Se han enumerado como fuentes principales de renta el
ferrocarril de Panamá, que produce $250,000 anuales, y los derechos
de puerto, tonelaje y faros, cuyo valor no he podido fijar con
precisión por no haberme llegado aún de Panamá los datos que sobre
este asunto he pedido.
«Reservadamente se me ha informado que en el borrador original
del último Mensaje del Presidente Roosevelt había algunas
apreciaciones severas sobre la morosidad de Colombia en llegar a un
avenimiento sobre la construcción del canal, y proponía que se
exigiese contestación categórica dentro de un plazo que no pasara
del 5 de enero de 1903. Cediendo a instancias de varios miembros
del Gabinete y de algunos Senadores, fue suprimida esta parte del
Mensaje, y quedó reemplazada por el incoloro párrafo sobre Colombia
que Su Señoría habrá leído en el ejemplar del Mensaje que
oportunamente remití.
«Además de este aplazado
|ultimátum, otro peligro nos
amenaza. El señor Shelby M. Cullon, Senador por el Estado de
Illinois, y Presidente en ese Cuerpo de la Comisión de Relaciones
Extranjeras, sostiene que en el caso de que Colombia no se preste a
un arreglo satisfactorio, podría el Gobierno de los Estados Unidos
entenderse directamente con la Compañía del Canal, prescindiendo de
Colombia, expropiar parte de nuestro territorio, alegando en
justificación de ello utilidad pública universal, y dejar para más
tarde el avalúo de la compensación que corresponda a Colombia.
«Semejante violencia no ha sido ni remotamente insinuada en las
conferencias que he tenido en el Departamento de Estado; pero la
prensa discute la idea y no la rechaza.
«El Presidente Roosevelt es partidario decidido de la vía de
Panamá, y en vista de su carácter impetuoso y vehemente, es de
temerse que no le repugne el proyecto del Senador Cullon.»
El 25 del mismo mes de diciembre el Gobierno recibió de la
Legación de Colombia en Washington el siguiente cable:
« Washington, 25 ; Buenaventura, 25 de diciembre de 1902
«Exteriores-Bogotá.
«Es probable que el Departamento de Estado en Washington
presente
|ultimátum enero 5, según los términos mi calograma
diciembre doce..... .Orden indispensable el Gobierno de Colombia;
es muy urgente.
«HERRAN »
Y el 31 del mismo mes el Gobierno dijo a la Legación:
« Ministro Colombia- Washington.
«De acuerdo con sus últimos cables esperamos con impaciencia
|ultimátum anunciado, para resolver si usted debe firmar.
«MARROQUIN-PAÚL »
En comunicación de fecha 8 de enero de 1903 la Legación explica
el fundamento de sus temores consignados en la última parte de su
cable de 3 del mismo mes, así:
«La última parte del calograma se refiere al proyecto que tiene
preparado el Senador Morgan para obligar al Gobierno a que desista
de negociar con Colombia, si dentro de breve plazo no se obtiene un
resultado satisfactorio y que, en cumplimiento de lo dispuesto por
la Ley Spooner, se proceda a negociar con Nicaragua.
«Ha convenido el señor Hay en aguardar contestación al calograma
que dirigí a Su Señoría el día 3, y de otro que en la misma fecha y
sobre el mismo asunto dirigió él al señor Hart.»
Y acompaña la siguiente comunicación que le dirigió el
Secretarlo de Estado desde el día 30 de diciembre anterior:
«
|Departamento de Relaciones Exteriores-
|Washington, 30
de diciembre 1902.
«Estimado señor Ministro:
«Siento parecer importuno, pero hoy es absolutamente necesario
que yo informe al Presidente acerca del estado de nuestras
negociaciones. ¿Tendrá usted la bondad de hacerme saber a la
brevedad posible lo que debo decir? «De usted atento servidor,
«JOHN HAY»
El 31 de diciembre de 1902 el señor Herrán contestó al
Secretario Hay lo siguiente:
«Estimado señor:
«En contestación a su carta de ayer me apresuro a informarle que
aunque yo telegrafié inmediatamente a Bogotá un extracto de nuestra
última conferencia, no he recibido todavía instrucciones que me
permitan resolver de manera satisfactoria la dificultad que existe
respecto de la anualidad que se haya de dar a Colombia.
«Las instrucciones de acuerdo con las cuales estoy procediendo
fijan esa anualidad en $600,000, teniendo en consideración que esa
suma es un equivalente justo de la renta que Colombia debía recibir
conforme al contrato con la Compañía francesa.
«La diferencia entre la suma ofrecida y la suma pedida es tan
grande, que no parece que podamos llegar a ningún arreglo; pero
como han de transcurrir varios años antes deque la anualidad
comience a hacerse efectiva, quizá sería posible vencer la presente
dificultad dejando la anualidad para fijarla en un contrato
posterior que se celebraría entre los dos Gobiernos.»
Sabedor Cromwell de que el Secretario se preparaba a terminar
las negociaciones, conferenció con él y le escribió para rogarle
que demorara el envío de su
|ultimátum, lo cual consiguió al
fin, después de la conferencia de 3 de enero, e inmediatamente
dedicó el día entero a una conferencia con el Ministro Herrán y
colaboró en la preparación de un telegrama que se dirigió a Bogotá,
con carácter de urgente, pidiendo poderes más amplios para
negociar; pero esos poderes no llegaron.
«Este cablegrama no aparece en el
|Libro Azul de
Colombia.» (Folio 8,
|Story o f Panamá, cuaderno 3° de la
traducción).
El Gobierno colombiano dio la siguiente orden al Ministro
Herrán:
«Ministro Colombia-Washington.
«He recibido su calograma del tres.
«Suponemos que han sido admitidas últimas condiciones de Concha
José Vicente. Trabaje usted por obtener mayores ventajas
pecuniarias y por reducir el tiempo de comenzar a percibir renta.
Si esto no es posible y usted ve que se puede perder todo por el
retardo, firme el Tratado.
«MARROQUÍN PAUL»
«Enero 10 de 1903.»
El 16 de enero citado la Legación colombiana en Washington
recibió el siguiente despacho:
«
|Departamento dé Relaciones Exteriores-Washington, enero 16
de 1903.
«Querido señor Herrán:
«Debo manifestar a usted que por telegrama de hoy he dicho a
nuestro Ministro en Bogotá que si el Gobierno persiste en su
actitud actual, hará imposible ulteriores negociaciones. «Muy
sinceramente suyo,
«JOHN HAY
«Señor Tomás Herrán.»
El día 20 del mismo mes el Gobierno recibió de la Legación el
siguiente despacho:
«Washington, 20 ; Buenaventura, 20 de enero de 1903.
«Exteriores-Bogotá.
«El Departamento de Estado en Washington considera
|ultimátum
el proyecto noviembre diez y ocho y devolverá observaciones Concha
José Vicente. Discusión renta anual se continúa sin obtener
concesión adicional a lo que comuniqué en mi calograma del tres.
Llegado el caso, firmaré Tratado, de acuerdo con su calograma de
enero diez.
«HERRAN»
En el libro
|The Story of Panamá está relatada por
Cromwell mismo la situación desesperante a que lo había reducido el
estado difícil de las negociaciones. Suyas son estas palabras:
«Estábamos en sesión casi permanente con el señor Herrán, y al
fin lo persuadimos de que tomara a su cargo toda la responsabilidad
y abandonara todas las reformas propuestas por Concha, inclusive
aquella por la cual Colombia se reservaba el consentimiento para el
traspaso previsto en el artículo 1°, exceptuando lo que se refiere
a las indemnizaciones que deben dar los Estados Unidos. »
Como resultado de las discusiones entre Cromwell y Herrán se
convino por los dos en una forma de resolver el asunto de las
indemnizaciones, consistente en el avalúo pericial dentro de los
límites del máximum fijado por el un Gobierno y el mínimum ofrecido
por el otro. La siguiente nota da cuenta del compromiso contraído
por el señor Herrán:
«
|Legación de Colombia-Washington, D. C.,
|enero 16 de
1903.
«Señor William Nelson Cromwell.
«Estimado señor:
«Le repito lo que le dije esta mañana, es decir, que yo firmaré en
nombre de mi Gobierno el tratado propuesto por los Estados unidos,
si el artículo XX B se modifica sustituyéndolo por la cláusula
adjunta que usted sugiere y que yo he aprobado, firmándola con mis
iniciales.
«Atento servidor,
«TOMÁS HERRAN »
La última parte del calograma del 20 de enero de 1903 deja ya
comprender que la Legación perdía toda esperanza de obtener alguna
siquiera de las modificaciones introducidas por el Ministro Concha
al proyecto de tratado presentado por el Secretario de Estado el 18
de noviembre anterior. El
|ultimátum que va en seguida la
rindió a las exigencias de la Casa Blanca, porque ya no había
remedio posible sin exponer a una pérdida total el negocio a ella
encomendado:
«
|Departamento de Relaciones Exteriores-Washington, enero 22
de 1903.
«Estimado señor Herrán:
«Tengo orden del Presidente para decir a usted que el tiempo
razonable que el Estatuto le concede para concluir negociaciones
con Colombia para la excavación de un canal en el Istmo, ha
expirado y no puede prorrogarse; y me ha autorizado para firmar con
usted el Tratado del cual tuve el honor de dar a usted un borrador,
con la modificación de que la suma de $ 100,000 que allí se fija
como pago anual se aumenta a $ 250,000. No tengo autorización para
considerar ni discutir otro cambio.
«Con sentimientos de alta consideración quedo del señor Herrán
muy atento servidor,
«JOHN HAY»
El despacho de 23 de enero de 1903 da cuenta de haberse firmado
por el señor Herrán el Tratado con el Gobierno americano, aceptando
el
|ultimátum de diez millones y doscientos cincuenta mil
dólares de renta.
Llegó, pues, tarde el telegrama del Gobierno de Colombia a su
Ministro en Washington, fechado el 24 de enero y recibido el 25
alas 11 p. m., en que se le ordena: «No firme Tratado Canal, usted
recibirá instrucciones en nota de esta fecha.
«MARROQUÍN»
|(Story o f Panamá, folio 16, cuaderno 3° de la
traducción).
Suscrito el Tratado el día 22 de enero de 1903 por los señores
Tomás Herrán, Representante de Colombia, y John Hay, Representante
de los Estados unidos de América, se estipuló en el artículo XXVIII
lo siguiente:
«Una vez firmada esta Convención por las partes contratantes,
será ratificada en conformidad con las leyes de los respectivos
países, y se canjeará en Washington dentro del término de ocho
meses, contados desde su fecha, o antes si fuere posible.»
Muy significativo es el hecho de que el Secretario Hay hubiera
obsequiado al señor Cromwell la pluma con que el señor Herrán firmó
el Tratado, como prueba de reconocimiento
|(Story, folio 14,
cuaderno 3°).
El 23 de enero de 1903, es decir, al día siguiente de firmado,
se presentó al Senado americano el Tratado Herrán-Hay. Allí,
después de muchas discusiones y de haber sido negadas las sesenta
modificaciones presentadas por el Senador Morgan a la Comisión de
Relaciones Exteriores, se aprobó el 18 de marzo de 1903, tal como
había sido firmado por los representantes de los dos Gobiernos.
Sometido el Tratado a la consideración del Congreso de Colombia
en las sesiones extraordinarias que principiaron el 20 de julio de
1903, después de largas y acaloradas discusiones, se improbó por
unanimidad del Senado en la sesión del 12 de agosto siguiente.
Mucho antes de que pudiera ser considerado por el Congreso de
Colombia el Tratado Herrán-Hay, y aun mucho tiempo antes de
firmarse, el Presidente Roosevelt empezaba a acariciar las ideas
sugeridas por Cromwell y rechazadas en un principio, como se ha
visto, de atropellar la soberanía de Colombia y violar el Tratado
de 1846. En nota de 19 de diciembre de 1902 el Ministro Herrán
advierte lo siguiente, acerca de lo cual ya hicimos referencia,
pero que volvemos nuevamente a copiar, porque su significación es
muy trascendental:
«Además de este aplazado
|ultimátum, otro peligro nos
amenaza. El señor Shelby M. Cullon, Senador por el Estado de
Illinois y Presidente en ese Cuerpo de la Comisión de Relaciones
Extranjeras, sostiene que en el caso de que Colombia no se preste a
un arreglo satisfactorio, podría el Gobierno de los Estados Unidos
entenderse directamente con la Compañía del Canal,
|prescindiendo
de Colombia, expropiar parte de nuestro territorio, alegando en
justificación de ello utilidad pública universal, y dejar para más
tarde el avalúo de la compensación que corresponde a Colombia..
.
«El Presidente Roosevelt es partidario decidido de la vía de
Panamá, y
|en vista de su carácter impetuoso y vehemente, es de
temerse que no le repugne el proyecto del Senador Cullon. »
|(Libro Azul, 327 y 328).
Y en la nota de 8 de enero, dirigida también al Ministro de
Relaciones Exteriores, confirma lo dicho en la de 19 de diciembre
sobre el temor de que se adopte el proyecto alevoso del Senador
Cullon» sobre expropiación de la codiciada zona de Panamá,
invocando para ello utilidad pública universal.
|(Libro Azul,
331 y V).
Por esta época el señor Herrán había perdido la confianza de
Cromwell, y así, en nota de 9 de enero, advierte que el incansable
abogado de la Compañía del Canal no apoya ya los intereses de
Colombia, y por eso se ha visto en la necesidad de obrar
independientemente de su antiguo aliado. (334,
|Libro
Azul).
En cablegrama de 9 de junio de 1903, de Hay a Beaupré, se
encuentra ya la amenaza seria de los peligros que sobrevendrán a
Colombia si no se aprueba el Tratado. Dice así:
«Parece que el Gobierno de Colombia no se da cuenta de la
gravedad de la situación. Las negociaciones del Canal fueron
iniciadas por Colombia, y se quiso forzar durante muchos años a
nuestro Gobierno para aceptarlas. Las propuestas hechas por
Colombia, con ligeras modificaciones, fueron al fin aceptadas por
nosotros. En virtud de ese arreglo, nuestro Congreso cambió de
opinión y se decidió por la ruta de Panamá. Si Colombia abandona el
Tratado o demora indebidamente su ratificación, las relaciones
amistosas entre los dos países
|se comprometerían de tal
manera, que el Congreso podría adoptar en el invierno próximo
|medidas que serían muy sensibles para todos los amigos de
Colombia.
«CONFIDENCIAL
«
|Comunique extracto de esto verbalmente al Ministro de
Relaciones Exteriores.
«
|Si lo desea, déle copia en forma de memorándum»
Cromwell, en su relación, afirma que fue él quien inspiró al
señor Hay el telegrama transcrito, en vista de las disposiciones
hostiles al Tratado de parte del Gobierno y de la prensa de
Colombia (folio 16, cuaderno 3°), y que en seguida se dirigió al
señor Herrán para hacerle conocer las advertencias- del Secretario
Hay y la seguridad que tenía de que Colombia perdería a Panamá si
no se aceptaba el Tratado sin modificaciones. El señor Herrán avisó
a su Gobierno, de acuerdo con el Secretario Hay, por medio de un
cable, según se asegura en la relación de Cromwell, pues tal cable
no aparece en el
|Libro Azul, que si el Tratado no se
ratificaba pronto, Panamá se separaría y concluiría un Tratado por
su propia cuenta. Tal cable debe de ser de fecha próximamente
posterior al 9 de junio de 1903.
El 13 del mismo mes tuvo el señor Cromwell una larga conferencia
en la Casa Blanca con el Presidente Roosevelt, y al salir de ella
envió a su agente Farhan a la agencia del
|World en
Washington. «Mr. Farhan, dice Cromwell, habló con uno de los
miembros de la Dirección del
|World sobre un artículo
referente al asunto del Canal de Panamá, diciéndole que su nombre
no debía figurar en el artículo ni debía citársele. Mr. Farhan
aseguró que se preparaba una revolución en el Istmo; que ésta se
verificaría el tres de noviembre, día de elecciones, y que muy
pronto llegarían a Washington cinco o seis panameños con el objeto
de conferenciar con el Secretario Hay lo referente a la próxima
revolución.» Ese mismo día publicó el
|World el artículo con
todos los detalles de la revolución de Panamá, artículo que dice
así:
«Washington, junio 13 de 1903
«El Presidente Roosevelt está resuelto a que se haga el Canal
por Panamá, y no tiene intención de entablar negociaciones con
Nicaragua.
«Se sabe que la opinión del Presidente es la de que los Estados
Unidos han gastado millones de dólares en ver cuál es la ruta más
factible, y como tres Ministros de Colombia han declarado que su
Gobierno está dispuesto a otorgar las concesiones necesarias para
la construcción del Canal, y como se han firmado dos tratados que
conceden el derecho de tránsito al través del Istmo de Panamá,
sería injusto que los Estados Unidos no obtuvieran la ruta más
conveniente.
«Se reciben aquí diariamente noticias que indican que en Bogotá
se hace grande oposición al Tratado del Canal. Su derrota parece
posible por dos razones: 1°, la codicia del Gobierno de Colombia,
que insiste en que se le aumente de manera considerable el pago por
sus propiedades y concesiones, y 2°, el hecho de que se ha
despertado una violenta indignación en Colombia porque se abandone
la soberanía de la zona en que se va a construir el Canal.
«Se han recibido también informaciones en esta ciudad de que el
Departamento de Panamá, en el cual está comprendida la futura zona
del Canal, está dispuesto a separarse de Colombia y a entrar en
negociaciones directas con los Estados Unidos. Hace algún tiempo
que algunos ciudadanos panameños prepararon una forma de gobierno
independiente y quisieron fundar la República de Panamá. Se pensó
que el plan no era oportuno, pero hoy se cree que ha llegado el
momento. Sabemos de una manera positiva que se han hecho las
siguientes invitaciones al Gobierno de los Estados Unidos: el
Estado de Panamá se separará si Colombia no ratifica el Tratado del
Canal. Se organizará una forma republicana de Gobierno.
|El plan
es de fácil ejecución, cuesto que los soldados colombianos que
custodian el Departamento no pasan de ciento.
«Los panameños proponen hacer, después de separarse, un tratado
con los Estados Unidos, en el cual les otorgarán la soberanía
absoluta sobre la zona del Canal; de esa zona se exceptuará
únicamente la ciudad de Panamá. Los Estados Unidos tendrán el
|control de policía y de sanidad. La jurisdicción del
Gobierno americano sobre la zona será suprema. No habrá aumento
ninguno en el precio de arrendamiento anual.
«El Presidente de los Estados Unidos, en cambio, reconocerá el
nuevo Gobierno tan pronto como éste se establezca, y nombrará
inmediatamente un Ministro para que negocie y firme un tratado del
Canal, cosa que puede hacerse rápidamente, porque ya se poseen
todos los datos necesarios.
«Se dice que el Presidente Roosevelt favorece este plan en caso
de que se niegue el Tratado. El Tratado de 1846, por el cual los
Estados Unidos garantizan la soberanía de Colombia sobre el Istmo
de Panamá, se interpreta ahora como aplicable solamente a la
intervención extranjera, y en ningún caso a revoluciones internas.
Se piensa, sin embargo, formalmente en anular el Tratado de
1846.
«Se sabe que el Gabinete favorece la idea del Presidente sobre
reconocimiento de la República de Panamá en caso de que esto sea
necesario para poder adquirir el territorio del Canal. El
Presidente ha consultado personalmente y por telégrafo a los
principales Senadores, recibiendo de éstos la promesa de su apoyo
incondicional.
«El Presidente, el Secretario Hay y otros altos funcionarios
dicen que no se puede permitir a ninguna potencia la construcción
del canal por la ruta de Panamá, y comprenden que si los Estados
Unidos utilizan esa ruta, no hay peligro de que se les haga la
competencia con un canal por Nicaragua, tanto por el costo enorme
de éste, como por estar en la zona norteamericana. Por el
contrario, si los Estados Unidos construyen el canal de Nicaragua,
cualquier potencia podría tomar a Panamá, por quedar éste fuera de
la zona norteamericana.
«Se proyecta esperar durante un plazo razonable para ver qué
actitud adopta el Congreso de Colombia, que debe reunirse el 20 de
julio; si éste no hace nada, se procederá a llevar a cabo el plan
arriba indicado.
«William Nelson Cromwell, abogado general de la Compañía del
Canal de Panamá, tuvo hoy una larga conferencia con el Presidente.
Mr. Cromwell dice que hay una grande oposición en contra del
Tratado, pero espera, a pesar de todo, que se le ratifique.
«Informes recibidos aquí indican que los Representantes de los
Gobiernos extranjeros en Bogotá se oponen abiertamente al Tratado,
así como los representantes de los ferrocarriles
transcontinentales, cuyos intereses son opuestos a los del Canal.
Muchos de los intrigantes han salido de los Estados Unidos para
Colombia y están dispuestos a gastar sumas enormes de dinero con el
fin de derrotar el Tratado.»
Como se verá adelante, nuestro Gobierno tuvo oportunamente
conocimiento del artículo preinserto.
Mientras el Tratado se discutía en Colombia, Mr. Cromwell,
debidamente informado por los cables de su agente en Bogotá, así
como por los del Ministro Beaupré, continuaba los preparativos de
la revolución de Panamá, muy eficazmente ayudado por los empleados
del ferrocarril y del Canal, mediante las influencias que había
logrado sobre ellos en los diez años que llevaba de desempeñar el
puesto de abogado de la Compañía.
Al efecto, Cromwell se entendió con el señor José Agustín
Arango, abogado y agente del ferrocarril de Panamá y Senador de
Colombia por aquel Departamento; obtuvo el envío del Capitán
Homphry y del Subteniente Morphy del Ejército de los Estados
Unidos, al norte de Colombia y Venezuela; hizo que el Capitán
Beers, agente del ferrocarril y comisionado de Arango, se
trasladara a los Estados Unidos a conferenciara con él para luego,
a su regreso a Panamá, asegurar a Arango que éste y los compañeros
podían contar con el apoyo de Cromwell; que Arango empezara a dar
pasos cautelosos, haciendo propaganda revolucionaria entre los
panameños más importantes, eficazmente ayudado por los americanos
residentes en el Istmo.
Beers trajo a Panamá, de Nueva York, las claves convenidas con
Cromwell, y a su llegada fue obsequiado por Arango con un almuerzo,
al cual concurrieron seis amigos íntimos de éste y Prescott,
Superintendente Ayudante del Ferrocarril. Allí se habló
detalladamente de los comprometidos en la conspiración y del plan
conforme al cual debía realizarse. Parece que en este almuerzo no
hubo, como en el dado por los Arias más tarde en el campo de la
Sabana de Panamá, discursos en favor de la independencia del Istmo,
ni más americanos que los dos mencionados, en tanto que el otro fue
presidido, por el Cónsul General americano, con asistencia del
Mayor Blanck y de su Ayudante el Teniente Broock.
El libro
|The Story of Panamá da cuenta de que el Senador
Cullon tuvo una conferencia con el Presidente Roosevelt, el 14 de
agosto de 1903, para tratar sobre el plan ocurrido al primero de
hacer un tratado, no con Colombia, sino con Panamá, empleando en
todo caso la fuerza para realizar los designios de Roosevelt,
aferrado ya a su propósito de hacer a todo trance el canal por
Panamá y sin la menor intención de adoptar la vía de Nicaragua.
(Folios 32 y 33, cuaderno 3°).
Refiere Hall en su exposición ante la Comisión de Relaciones
Exteriores de los Estados Unidos (folio 54), que Mr. Cromwell sabía
muy bien que no podía tener éxito la revolución de Panamá mientras
hubiera allí un Gobernador leal al Gobierno de Colombia, y que
«nadie mejor para ese puesto que el señor José Domingo de Obaldía,
Senador por Panamá y partidario del Tratado, quien en efecto fue
nombrado Gobernador, a pesar de advertencias públicas y privadas y
de muchas súplicas al Presidente Marroquín, y a instancias de su
hijo Lorenzo, amigo íntimo de Duque,» residente en Bogotá e hijo
del propietario de
|La Estrella de Panamá.
Veamos ahora los sucesos ocurridos en Panamá en relación con la
rebelión, sus preparativos y antecedentes allí.
En marzo de 1903 se surtía en Panamá el juicio contra Victoriano
Lorenzo, Jefe de guerrilla en el Istmo, y el Gobernador Mutis
Duran, en telegrama del 20 de dicho mes, al Ministro de Guerra,
indicaba la conveniencia de radicar en otro Distrito Judicial el
juicio (folio 5, cuaderno 11 del proceso formado por la Comisión
Investigadora). En el mismo telegrama indicaba el Gobernador que se
necesitaba todavía en el Istmo una guarnición de mil hombres.
El Ministro de Guerra, en telegrama del 26 del mismo mes,
atendiendo seguramente la indicación del Gobernador, decía a éste y
al General Sicard Briceño: «Pueden quedar guarnición Istmo dos
batallones.» Como viniera la guarnición en dificultades para el
pago de raciones, que el Gobernador y el Comandante Sicard Briceño
habían hecho presentes, el Ministro anunciaba en el mismo telegrama
que por correo enviaba veinte mil pesos y que irían más. También
decía el Ministro que el General Sicard debía pasar a la Costa
Atlántica a organizar las Jefaturas. No se sabe a qué obedecía esta
medida que, como se verá adelante, resultó inconveniente.
En 31 de marzo decía el Ministro de Guerra al Gobernador de
Panamá:
«A guerrilleros que no han querido acogerse a los Tratados de
Panarra o indultos, se les sigue Consejo de Guerra. Contesto
telegrama Usía del 24 de febrero, recibido hoy.» (Folio 11,
cuaderno 11 del proceso).
Con relación a este mismo asunto decía, el Ministro de Guerra en
telegrama urgentísimo del 17 de abril:
«Los responsables de delitos comunes deben ser juzgados por el
Poder Judicial, y en consecuencia ponerse a su disposición. Los que
habiendo hecho parte de cuadrillas de malhecho res o partidas
rebeldes no se hubieren acogido a los tratados o al indulto
decretado por el Gobierno, quedan bajo la jurisdicción militar, y
por tanto deben ser juzgados por Consejos de Guerra verbales.
Contesto vuestro telegrama fecha 14 de marzo último.» (Folio 14,
cuaderno 11 del proceso).
De acuerdo con tales órdenes, Victoriano Lorenzo fue pasado por
las armas, y el Ministro de Guerra, en telegrama del 22 de mayo,
decía acerca del hecho al señor Eusebio Morales:
«Ignoraba fusilamiento. Recuérdele Lorenzo protestó contra
Tratado en San Carlos; luego fugóse
|Bogotá. » (Folio 19,
cuaderno 11).
Además de Lorenzo, fueron aprehendidos en Capira seis
individuos, respecto de los cuales decía el General José Vásquez
Cobo al Ministro de Guerra, en telegrama del 31 de mayo, que habían
sido fusilados «como jefes de cuadrillas de malhechores y acusados
de saqueos.»
Añadía el mismo telegrama:
«Crímenes recientes obligaron adoptar el procedimiento.» (Folio
206, cuaderno 9° del proceso).
No faltaron quienes censuraran tales hechos; pero es lo cierto
que nada consta en contra de las causas que los agentes del
Gobierno atribuyeron a la ejecución de los culpados, y que se
procedió dentro de las órdenes dadas por el mismo Gobierno. También
es lo cierto que los separatistas, en el acta de su
seudoindependencia no hacen mención de eso como agravio, y puede
estimarse que todo sucedió en el deseo lícito y natural de
pacificar el Istmo.
A pesar de lo aconsejado por el Gobernador Mutis Duran, acogido,
como hemos visto, por el Ministro de Guerra, con fecha 27 de abril
decía el último al General Sicard Briceño:
«Cuando no sea indispensable el Batallón
|Holguín, servios
despacharlo a Cali por Buenaventura embarcándolo en buques del
Gobierno en el Pacífico, con las mayores comodidades. Creo que
Batallón
|Colombia, por su número y disciplina, pudiera ser
suficiente para guarnición de Panamá. Servios informarme el
resultado del presente.»
No sabemos a qué atribuir la medida que debilitaba tanto la
guarnición del Istmo. El Batallón
|Holguín era: apreciado por
el Ministro de Guerra de la manera que consta en telegrama del 4 de
junio de 1903 al General Lucio Velasco, en Cali, que dice así:
«Acabo recibir cable de Panamá en que se me avisa que salió para
ese Departamento el Batallón
|Carlos Holguín. Este Cuerpo,
que es de las mejores condiciones por su número, disciplina y
moralidad, debéis destinarlo para hacer la guarnición en la
frontera del Sur, si así conviniere.» (Folio 8°, cuaderno 8° del
proceso).
Efectivamente, el General José Vásquez Cobo decía al Ministro de
Guerra en telegrama del 22 de mayo:
«General Sicard siguió ésa llevando extenso informe. Crucero
|Veintiuno de Noviembre pondrélo artillado al comercio entre
Panamá, Pedregal e intermedios. Creo con esto ayudar sostener
gastos y flotilla...... Sigue crucero
|Bogotá a Buenaventura
llevando Batallón
|Holguín y excedentes; total, quinientos
hombres. Pronto irá buque al Cauca ponerse órdenes General
Velasco.» (Folio 18, cuaderno 11).
Quedó pues el Istmo de Panamá con la única fuerza que debía
encontrar allí el golpe traidor del 3 de noviembre, como
representante del poder de Colombia en aquel Departamento.
Veamos ahora cuáles eran los informes que traía el General
Sicard Briceño a Bogotá, según lo anunciaba el General José Vásquez
Cobo, cuáles los motivos de su viaje y los resultados que obtuvo.
En declaración jurada, rendida ante la Comisión Investigadora el 32
de junio de 1911, expuso que en el mes de mayo de 1903 pidió
licencia «so pretexto de asuntos de familia, para trasladarse a
Bogotá y dar cuenta personalmente de lo que ocurría.»
He aquí lo que ocurría, según el General Sicard Briceño, en su
declaración citada:
<En el mes de abril notó el declarante una corriente
separatista, la cual tomaba incremento cada día; corriente que se
manifestó en algunos empleados civiles, entre ellos que recuerde,
el señor Rubén Barón, quien se hizo vocero del separatismo; el
declarante lo hizo remover del destino de Comandante del puerto de
Panamá, por mediación del señor Gobernador Mutis Duran, de quien
dependía tal empleado. El declarante tuvo denuncio de que algunos
militares eran afectos a la causa separatista, y lo avisó
inmediatamente al Gobierno oficialmente y también al mismo
Presidente de la República encartas particulares. En esta situación
transcurrieron algunos días más, y el Gobierno no oyó las quejas
que el declarante daba en tan importante asunto.»
Llegado el General Sicard Briceño a Bogotá, dice en la misma
declaración:
«Les entregó personalmente al señor Marroquín y al General
Alfredo Vásquez Cobo un
|memorándum sobremodo lo que ocurría
y lo que debía hacerse para poner remedio a la situación peligrosa
de Panamá. Recuerdo algunos puntos del
|memorándum, a
saber:
«1° Relevo del Batallón
|Colombia por el Batallón
|Rifles (acantonado entonces en Barranquilla......).
«2° Pago puntual de sueldos y raciones para evitar tener que
pedir dinero prestado al Departamento o a los particulares para
pagar las tropas.
«3° Guarnecer a Panamá con dos batallones más....Trabajaba el
declarante por conseguir, sobre todo, el relevo de las tropas, pero
no pudo conseguirlo de ninguna manera, a pesar de haber allanado
todos los inconvenientes que se suponía hacían difícil o costosa
esta operación, pues el declarante dejó el crucero
|Cartagena
con sus carboneras llenas y sus tanques de agua también, por lo
cual no había gasto ninguno que hacer...... En varias conferencias
que tuvo el declarante con el Presidente de la República, señor
Marroquín, no cesó de hacerle presente el peligro que amenazaba,»
etc. etc.
Esta importantísima declaración, que sentimos no insertar
íntegra, corre a las fojas 19 a 23 del cuaderno 8°del proceso.
Continuando la carencia de recursos para la fuerza acantonada en
Panamá, y reclamándolos de allá, el Ministro de Guerra decía al
Gobernador Mutis Duran y a los Generales Sicard Briceño y Vasquez
Cobo, en telegrama del 2 de abril:
«Pronto irá fuerte remesa.»
Pero la situación de penuria continuó, según lo testifican los
siguientes telegramas:
De 26 de mayo, del Gobernador al Vicepresidente:
«Urge poner orden gastos militares aquí. Remesas insuficientes.
Débense Departamento cerca dedos millones plata, gravado con gastos
nacionales. Imposible sufragar más.»
De 12 de junio, de Huertas al Vicepresidente y al Ministro de
Guerra:
«Situación fiscal Batallón alarmante. Convendría hacer giros
cable.» (Folio 151, cuaderno 9°).
De 27 de junio, del Administrador de Hacienda al
Vicepresidente:
«Remesa no ha llegado ni alcanza a pagar banqueros, ni prestan
más; tropa, flotilla, débense cinco semanas; a Ferrocarril, doce
mil pesos oro; niégase suministrar agua, carbón flotilla; diez mil
pesos señor Obispo y más de cien mil a particulares. Su Excelencia
puede salvar situación gravísima; Ministros no contestan cables.
Cumplo deber avisando Su Excelencia, salvar mi
responsabilidad.»
De 29 de junio, de Huertas al Ministro de Guerra:
«Después de seis meses sueldos atrasados, débesele al Batallón
un mes más. Remesa anunciada no ha llegado. Encargado traerla,
demorado Barranquilla. Administrador aquí dice no puede disponer
ese dinero porque débelo a los bancos. Ojalá se ponga por vuestra
parte remedio a situación alarmantísima.
«General primer Jefe,
«E. HUERTAS»
(Folio 151, cuaderno 9°).
De 3 de julio, del Gobernador al Vicepresidente: «Continúan
dificultades Comandancia en Jefe aquí y excesivos gastos militares
radicados Departamento. Urge inmediato remedio.»
Del Gobernador Mutis Duran al Vicepresidente, de 2 de julio:
«He suministrado fondos Departamento sesenta mil pesos plata
para gastos militares guarnición, flotilla Atlántico, Pacífico.
Situación insostenible. Público indignado por ingentes gastos que
se hacen pesar sobre Departamento. Si no es posible poner orden y
suprimir Comandancias, veréme obligado renunciar.»
De igual importancia y relacionados con el mismo asunto son los
siguientes telegramas:
Julio 3. De Mutis Duran a Pérez y Soto:
«Comandancia en Jefe aquí en abierta hostilidad contra
Gobernación; dice soy enemigo Gobierno porque rehuso hacer gastos
militares inclusive flotilla Atlántico. Suministré ayer fondos
Departamento cincuenta mil pesos (plata) más para evitar echara
soldados a la calle con que amenazaba. Imposible continuar así;
declino responsabilidades. Vea Diputados amigos y cables
Vicepresidente.» (Folios 200 y 201, cuaderno 9°).
Agosto 13. Del General Castro al Ministro de Guerra:
«Débese mes y medio sueldos, raciones. Difícil conseguir dinero
aquí. ¿Vendrá remesa?»
Agosto 24. Del Gobernador al Vicepresidente:
«Suplicóos ordenar remesa especial ochenta mil pesos plata pago
gastos militares atrasados.»
Agosto 25. Del Gobernador Mutis Duran al Vicepresidente:
«Recibida carta 4 agosto venida por expreso. Escribo hoy General
Velasco excitando su patriotismo aceptar nombramiento.
Introduciendo orden, economía gastos militares, cooperando Jefes
benéfica acción Gobierno y pagando con regularidad guarnición,
respondo tranquilidad completa y prosperidad Departamento. Os
suplico atender cable de ayer sobre envío remesa especial ochenta
mil pesos plata para. pago raciones atrasadas y créditos
comerciantes por dinero prestado con tal objeto. Atiendo servicio
sanitario con motivo peste bubónica puertos Sur, Pacífico.» (Folio
170, cuaderno 9°). Agosto 26. Del Gobernador al Ministro de
Guerra:
«Remesa Barranquilla insuficiente pago gastos atrasados.»
El conflicto entre el Comandante militar, José Vásquez Cobo, y
el Gobernador, a causa de la escasez de fondos y del orden que el
último aspiraba a poner en los gastos militares, dio el lamentable
resultado de los escándalos del 25 de Julio. He aquí cómo los
relataba el Gobernador, en telegrama urgentísimo del 28 de julio,
al señor Vicepresidente de la República y al Ministro de
Guerra:
«Compañía cable rehusa transmitir ésa toda clase de despachos.
Comunicóos por telégrafo siguientes graves sucesos:
«Comandante Vásquez Cobo, ebrio el veinticinco (25) por la
noche, resolvió al fin desconocerme, intentó prenderme con fuerza
armada, logré escapar; redujo a prisión a Secretario Gobierno,
Comandante Policía y un Magistrado Tribunal; persiguió Secretario
Hacienda y otros empleados, redactó circular a los Cónsules
diciendo proclamarse Gobernador en cumplimiento órdenes Supremo
Gobierno, quienes comunicaron a sus Gobiernos provocando venida
buques guerra. Domingo veintiséis por mediación Obispo y Cónsules,
desistió intento, soltó presos y volví Gobernación, previa promesa
General Huertas sostenerme, en lo que sólo hasta hoy, que ha
llegado General Castro ausente, he podido confiar. Guarnición
desmoralizada. Escándalos militares aquí perjudican nuestra
posición asunto Canal. Os suplico respuesta y castigo
responsables.
«Circular Comandante Vásquez Cobo decía así:
"República de Colombia-Ejército de
Panamá-Comandancia en Jefe-Circular número 1°-Panamá, julio 26 de
1903.
"Señor......-Presidente.
"Tengo el honor de participar a usted que por orden del Supremo
Gobierno se ha encargado el infrascrito de la Gobernación del
Departamento, puesto en el cual me es grato ponerme a sus órdenes.
"Dios guarde a usted.
"El General Comandante en Jefe,"
«gobernador»
(Folios 198 y 199, cuaderno 9°).
El Gobernador de Bolívar daba cuenta de los mismos sucesos en el
telegrama siguiente:
«Barranquilla, 31 de julio de 1903
«Ministros Gobierno, Guerra.
«Mala Real acaba llegar Puerto Colombia, trae siguientes
noticias que comunícame doctor Florentino Goenaga, que viene de
Panamá:
«Con motivo publicación
|La Paz (es
|El Lápiz),
periódico liberal, el General Restrepo Briceño atacó imprenta a las
diez de la noche del veintiséis (26). A las doce salieron fuerzas a
la calle y redujeron a prisión a Secretario Gobierno, Jefe
político, Magistrado Tribunal y otros. Gobernación fue rondada y
doctor Mutis asilóse en Consulado inglés; General Vásquez Cobo
ocupó Gobernación y asumió el mando civil y militar; luego
ofrecióla a varias personas, que materialmente rehusaron, y después
de conferencias con Ilustrísimo señor Obispo,
''arrepentido," hasta habló de suicidarse. Gobernador
Mutis Duran salió asilo, en la tarde veintisiete, y fue reconocido
por pueblo y Batallón
|Colombia; manifestó ese mismo día a
Cónsul americano que aunque estaba funcionando, carecía de
garantías, pues los golpes podían repetirse. Créese Vásquez Cobo
cedió porque Cónsul americano preguntóle quién era autoridad
legítima, y respondióle que Mutis. Dícese hubo intención poner
presa esposa doctor Mutis. Administración General Departamento fue
violada, pero la caja salvóse porque no pudieron romperla. Cónsul
americano pidió dos barcos de guerra a su Gobierno. Este golpe
desacredita al país y extranjeros pueden alegar que existe una
situación de anarquía para hacer lo que les conviniere. Es
conveniente vaya al Istmo un Jefe superior caracterizado que dé
garantías.
«Comunícolo Usía porque considero que estas noticias son de
mucha trascendencia, principalmente porque trátanse en Congreso
asuntos Canal y cuando Gobierno americano prepárase abrir Canal sin
contar con anuencia Colombia, según lo comuniqué a Usía en
telegrama fecha veintiséis. «Su servidor afectísimo,
Gobernador,
«Luis Vélez R..»
(Folio 26, cuaderno de telegramas, legajo número 11, y folio
193, cuaderno 9° del proceso).
El doctor Efraím de J. Navia, en certificación rendida como
Magistrado del Tribunal Superior de Popayán, en 6 de abril de 1910,
en virtud de exhorto librado por la Comisión Investigadora de los
asuntos de Panamá, expone los mismos hechos del modo siguiente:
«En la tarde del 25 de julio, con motivo de un suelto de
|El
Lápiz, dos Jefes del Ejército, el señor General José María
Restrepo Briceño y el Coronel Carlos Fajardo H., fueron a pedir
cuentas al director de ese periódico, y de esa entrevista resultó
un altercado personal y el empastelamiento de algunos moldes de la
imprenta. El incidente tuvo, según oí decir, alguna resonancia, y
los militares referidos, o acaso otros, fueron a dar parte de lo
sucedido al General Vásquez Cobo, que estaba en su cuarto de
habitación en el hotel
|La Marina. Esto me consta por el
testimonio del mismo Vásquez Cobo y por lo que todos decían después
del suceso. Al General Vásquez Cobo, a eso de las nueve o las diez
de la noche, lo encontré yo en la Comandancia Militar, revestido de
gran uniforme, con el kepis en la cabeza y la espada sobre la mesa
de su escritorio. A su lado estaba el señor A. Arjona, a quien oí
protestar contra lo que sucedía, protesta en la cual lo acompañé yo
también, pues con ese fin me había levantado de mi cama y había ido
precipitadamente a buscar al Jefe Militar, de quien era amigo y a
quien por eso y por ser yo Magistrado del Tribunal, me prometí
reducir a su deber. Acompañaban al General Vásquez Cobo, entre
otros que no recuerdo, el General Alfredo Tomás Ortega, el General
Restrepo Briceño (J. M.), el Coronel García, el Coronel Carlos
Fajardo, el Sargento Mayor Emilio Fajardo.
«Por mi actitud decidida y enérgica y por mis palabras de
censura vertidas con acritud y con firmeza, el General- que estaba
completamente ebrio-me íntimo detención y la comunicó verbalmente y
en mi presencia al General Restrepo Briceño, quien me condujo a uno
de los apartamentos de la casa en que estábamos y en la cual vivían
varios militares. Me recosté en uno de los lechos que allí había,
me parece que fue el del Coronel Fajardo, y el señor Arjona fue
colocado en otra pieza de la misma casa. Fue entonces cuando supe
todo lo que había pasado la tarde anterior y cuando oí decir que
habían ido a buscar al doctor Mutis Duran y no lo habían
encontrado. Oí decir también que el General Vásquez Cobo había
asumido el carácter de Jefe Civil del Departamento y que lo
comunicaría al día siguiente por circulares impresas ya, pero esto
no sucedió realmente, no sé por qué causa. Por esa detención mía y
por la precipitación con que salí de mi cuarto en dirección a la
Comandancia, no pude ver esa noche las partidas, de Oficiales y
soldados que después supe habían andado en las calles.
«Debo advertir que yo fui notificado de lo que pasaba por la
señora Jenarina V. de Maure, en cuya casa tenía yo mi
alojamiento.
«Al día siguiente, alas 6a. m., el General Vásquez Cobo,
repuesto ya de su momentánea excitación, me condujo a la puerta de
la casa en que habíamos pasado la noche y me despidió diciéndome
que él no me había puesto preso. Conmigo salió el señor Arjona, a
quien yo conduje a su casa.
«Al regreso a la mía encontré en la plaza de la Catedral a
varios amigos que se manifestaban muy alarmados con lo sucedido y a
cuyas preguntas nada pude responder, porque nada sabía de lo que
haría realmente el Comandante en Jefe. La ansiedad y la angustia se
pintaba en todos los semblantes, y nadie pensaba sino en que se
restableciera cuanto antes la autoridad del Gobernador.
«A este fin nos dedicamos todos los ciudadanos, y después de
gran lucha se consiguió que el doctor Mutis D. saliera dé su
escondite y tornara a la Gobernación, lo que tuvo lugar el 26 a las
2 p. m.
«Acompañamos al Gobernador muchas personas, y ya en la sala de
Palacio explicó lo que había sucedido, habló de los motivos que
había tenido para esconderse, narró los incidentes anteriores con
Vásquez Cobo, y dijo que no se encargaría del mando civil si el
General Vásquez Cobo continuaba en la Comandancia.
«El Jefe del Batallón
|Colombia, Esteban Huertas, propuso
a la Junta y lo acompañó en esto Rubén Barón, Comandante de uno
délos buques, que se redujera a prisión a Vásquez Cobo, pero a ello
se opusieron varios, yo entre éstos, porque esa medida, lejos de
aplacar enardecía, y porque se aumentaría el escándalo con la
resistencia que naturalmente haría el Jefe Militar. Además no se
podía confiar en la lealtad de Huertas y de Barón, que así
traicionaban a su Jefe horas después de haberlo acompañado.
«El doctor Mutis Duran, que sabía lo que yo había sufrido la
noche anterior por defender la legalidad, y cuánto había trabajado
por que se restableciera, manifestó que mis razones eran para él
muy atendibles y que me encargaba a mí y a otro de los presentes,
quien no recuerdo, de hacer saber a Vásquez Cobo que debía irse
inmediatamente para Bogotá a responder de la acusación que le
establecería el Gobernador. «Yo cumplí mi comisión, y el General
Vásquez Cobo, atendiendo o no a la exigencia, salió de Panamá pocos
días después.
«Con motivo de este suceso el General Vásquez Cobo hizo en
Bogotá una publicación para justificarse, y de ella resultaba que
el escándalo del 25 se había dado para impedirla secesión de
Panamá. Esta explicación me parece inadmisible de todo punto, por
estas razones, entre otras:
«1ª Porque Mutis Duran no provocó el lance entre los Directores
de
|El Lápiz y los Jefes militares. Lejos de eso, lo ignoró
hasta el momento en que fueron a contárselo;
«2ª Porque lo sucedido en 1a imprenta de
|El Lápiz no
tenía relación ninguna con el separatismo. Fue cuestión personal y
nada más;
«3ª Porque no fue Mutis Duran quien trató de desconocer la
autoridad del Comandante en Jefe, sino al contrario;
«4ª Porque del Batallón
|Colombia salieron las partidas de
soldados que recorrieron las calles y que contribuyeron al
escándalo. ¿Con qué fuerzas contaba, pues, el doctor Mutis para
desconocer al Gobierno de Colombia?
«5ª Porque el doctor Mutis D., una vez recuperada su autoridad y
contando, como contaba al rescatarla, con el apoyo de todos,
inclusive el del Batallón
|Colombia, no se produjo siquiera
en frases que denunciaran propósitos separatistas. Lejos de eso,
evitó un nuevo escándalo para calmar los ánimos;
«6ª Porque si para evitar la separación se hubiera dado el golpe
del 25, el General Vásquez hubiera asumido inmediatamente y de modo
definitivo el mando civil, lo que no hizo, pues el 26 no había
quien despachara como Gobernador;
«7a Porque todos los actos oficiales del doctor Mutis D.
anteriores y posteriores al 25 de julio, parecen escudarlo contra
esa aseveración: dígalo si no, la resolución por medio de la cual
castigó a don Rodolfo Aguilera, Director de
|El Centenario,
periódico separatista;
«8ª Porque los hechos posteriores se encargan por sí mismos de
probar que sólo quitando a Mutis Duran de la Gobernación era
factible la separación de Panamá.» (Folios 163 a 165, cuaderno
9°).
Del caso es decir aquí que esta última afirmación del doctor
Navia está corroborada por la exposición de Mr. Hall ante la
Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de los Estados Unidos,
que en la parte pertinente dice:
«El 25 de agosto la Nueva Compañía del Canal de Panamá escribía
a Mr. Cromwell diciéndole que era un poco difícil ver cómo se podía
llegar al fin deseado.
«Mr. Cromwell sabía muy bien que la revolución en Panamá no
podía tener éxito mientras hubiera un Gobernador que fuera leal al
Gobierno Nacional. El primer paso necesario era la remoción del
Gobernador del Departamento y el nombramiento de una persona que
cerrara los ojos al movimiento secesionista y aprobara la
revolución cuando ésta se efectuara. Nadie mejor para el puesto que
José Domingo de Obaldía, Senador por Panamá y partidario del
Tratadora pesar de haber sido miembro de la Comisión que indicó las
modificaciones. A pesar de las advertencias públicas y privadas y
de muchas súplicas, el Presidente Marroquín, a instancias de su
hijo Lorenzo, amigo íntimo del joven Duque, convino a fines de
agosto en nombrar Gobernador a Obaldía, ofreciéndole a Mutis Duran,
que era entonces Gobernador en Panamá, un nombramiento de Ministro
en Bogotá.»
|(The Story of Panamá, cuaderno 3°, folio 34,
traducción).
El señor José S. Mendoza se quejaba del atropello cometido
contra él, en el telegrama siguiente:
«Panamá, julio 27 de 1903
«Excelentísimo señor Vicepresidente-Bogotá.
«Como Director periódico
|El Lápiz reproduje comentarios
prensa bogotana sobre fusilamiento Victoriano Lorenzo. Militares en
servicio. General Restrepo Briceño, Coronel Carlos Fajardo y otros
atacáronme inerme, desprevenido, causándome heridas cabeza y mano
izquierda con machete. Los mismos asaltaron imprenta, destruyeron
edición periódicos
|El Lápiz y
|El Duende, empastelaron
tipos, materiales imprenta tirados a calle. Después, misma noche
día 25, militares desconocieron autoridad Gobernador Mutis.
Respetuosamente pido Vuecencia garantías y castigo ejemplar
responsables.
«Servidor, José S. Mendoza
«En papel sellado-80, $ 42-00-5 p.m.-Buenaventura, 30-MAFLA,
Telegrafista-(Folio 210, cuaderno 9°).»
Sobre estos mismos hechos vinieron a esta capital los siguientes
telegramas:
Julio 28. Del doctor Julio Guerra al doctor Pérez y Soto:
«Ruégele vea telegrama Gobernador a Marroquín. Escándalos
militares 25 justificarían pretensión americana sobre faja Canal,
si no se castiga responsables y se evita repetición. Guarnición
desmoralizada. Impónese cambio total inmediato.» (Foja 217,
cuaderno 9°).
Julio 28. Del doctor Julio Guerra al doctor José Joaquín Guerra,
Edecán de Palacio:
«Vea telegrama de Gobernador a Vicepresidente. Trabaje por que
resuelvan algo antes que americanos desembarquen sus tropas para
dar protección al Gobierno contra sus mismos soldados. En el mundo
entero se comenta el escándalo del sábado.» (Folio 218, cuaderno
9°).
Julio 28. Del General José Vásquez Cobo al Ministro de
Guerra:
«Sigo Bogotá responder cargos por haber protestado conducta
Gobernador. Todo tranquilo. Si insisten en noticiar alarmas, debe
saberse esto tiende a separación este Departamento.» (Folio 209,
cuaderno 9°).
«
|Panamá, julio 28 de 1903-Oficial-Urgentísimo-Buenaventura,
I° de agosto.
«Ministro Guerra.
«Sigo ésa vapor del tres (3), vía Barranquilla. Hónrome, órdenes
Gobierno contestar ante Consejo Guerra cargos que pueden hacérseme
por protesta contra conducta Gobernador este Departamento. Todo
tranquilo. Si insisten en propalar alarmas, debe saberse esto
tiende a separación este Departamento. Espero con razón se me
administre toda justicia, no más que la justicia.
«JOSÉ VASQUEZ COBO»
(Folio 25, cuaderno 12,). .
Con fecha 31 de julio escribía el señor Nicolás Victoria al
señor Marroquín carta en que le decía lo siguiente:
«Muy respetado señor y amigo:
«Venciendo hasta donde es posible la repugnancia que siento al
verme obligado a relatar acontecimientos desdorosos para el país,
paso a hacerlo hoy con relación a los que tuvieron lugar en esta
ciudad en la noche del 25 de julio último, y por recomendación del
doctor Mutis Duran. Ya en mi anterior manifesté a Su Señoría la
situación bastante desagradable en que se encontraba la Gobernación
del Departamento en sus relaciones con la Comandancia en Jefe, y
manifesté también los antecedentes creadores de esta situación y el
remedio que yo creía debía aplicarse cuanto antes. A lo dicho
entonces tendría necesidad de agregar ahora que el personal de la
Comandancia, en su totalidad, como sucede en tales casos, era
adverso a la medida de suprimir el Cuartel General de Panamá, lo
que atribuía a informes y exigencias de la Gobernación.
«Así las cosas, continuaba el Gobernador rodeado de asechanzas y
envuelto en una nube de censuras las más injustificadas, a la faz
de la sociedad sin distinciones políticas, llegando la difamación
hasta el caso de poder producir la anulación social y política de
un Gobernador, al no haber sido ese Gobernador el doctor Mutis
D.
«En un estado de ánimo tan exaltado, recibió el General Vásquez
Cobo, el 25 de los corrientes, el telegrama en que se le anunciaba
la suspensión del Cuartel General, noticia que estimuló de manera
especial la intemperancia en que vive generalmente, hasta el grado
de cometer los atentados que paso a relatar:
«El día ya mencionado circuló en esta ciudad
|El Lápiz,
periódico radical, insertando en sus columnas varios artículos de
los .que habían sido publicados en Bogotá en
|El Relator y
|El Comercio, con el objeto de censurar el fusilamiento del
impenitente guerrillero Victoriano Lorenzo. Con tal motivo, a eso
de las nueve de la noche el Jefe día. Coronel Carlos Fajardo, y el
General Restrepo Briceño, fueron al local donde está la imprenta en
que se publica dicho periódico, flagelaron al Director y a algunos
otros empleados que allí se encontraban, empastelaron la imprenta,
botaron los tipos a la calle e hicieron algunos otros daños.
Denunciado lo ocurrido a la Policía y acostumbrando ésta siempre en
casos semejantes, para evitar conflictos con individuos del
Ejército, dar cuenta a la Comandancia, lo hizo en esta vez, sobre
todo para eludir el espectáculo desagradable e inconveniente de
tener que proceder contra dos altos empleados de la milicia. Por
tal motivo resolvió dar aviso al General Vásquez C., quien por la
ebriedad en que se encontraba y los antecedentes a que he aludido,
se fue al cuartel del Batallón
|Colombia, mandó formar el
Cuerpo, llamó al Jefe y le ordenó pusiera a su orden una Compañía y
que el resto permaneciera listo para cumplir las que él le
impartiera.
«Antes de seguir adelante es bueno advertir que el General
Vásquez Cobo en dicho día había manifestado públicamente en
términos soeces e injuriosos, que amarraría al Gobernador, cosa
que, si bien era censurable, no preocupó a nadie, porque a la
verdad, parecía ridículo pensar siquiera en semejante absurdo.
«Salió pues el General Vásquez Cubo con una Compañía del
|Colombia, rondó en persona con parte de ella la manzana en
que se hallaba la casa de habitación del Gobernador, y mandó
allanarla; destacó grupos de soldados en distintas direcciones, y
ordenó además tomar prisioneros a algunos altos empleados, lo que
se verificó con el Secretario de Gobierno y el Comandante de la
Policía.
«Apercibido el público del atentado que comenzaba a perpetrarse,
comenzaron también los buenos oficios de diversas personas de
valer, para impedir que el Gobernador cayera en manos del General
Vásquez Cobo, y debido a ello pudo escapar y asilarse en casa del
Superintendente del Ferrocarril, bajo la custodia inmediata del
Cónsul americano. Escapado el doctor Mutis, siguió entonces la
pesquisa contra distintos empleados, la que resultó infructuosa,
porque ya todos o casi todos habían variado de residencia. Mientras
tanto permanecían detenidos en la Comandancia el Secretario de
Gobierno, el Comandante de la Policía y el doctor Navia, Magistrado
y muy amigo del General, quien había ido a verlo así que supo lo
que estaba pasando, y que por haber opinado contrariamente a él,
fue detenido también. Al día siguiente, muy temprano, veíanse por
todas partes grupos de ciudadanos ávidos de saber el alcance que
pudiera tener el atentado de la noche anterior: notábase general
expectación y tendencias muy marcadas a volver las cosas a su
lugar, aun valiéndose de la violencia, si era que la fuerza pública
vacilaba todavía, entre cumplir con su deber o faltar a él,
obedeciendo al General Vásquez. Este salió a la calle en busca, sin
duda, de séquito, pero nadie se le acercaba. Mandó imprimir: la
circular en que daba cuenta a los Cónsules de que en cumplimiento
de orden superior se encargaba de la Gobernación, después de
haberla ofrecido a algunas personas que se negaron, mediante
protesta, a aceptarla.
«En medio de tal expectativa y debido quizá al aviso que los
Cónsules habían dado a sus respectivos Gobiernos, llegó un cable de
Washington, a las 10 a. m., preguntando al Cónsul americano quién
era a la sazón en Panamá la autoridad legítimamente constituida.
Con ese motivo el Cónsul solicitó inmediatamente del General
Vásquez una conferencia, laque fue aceptada para las tres de la
tarde. Antes de dicha hora ya el Ilustrísimo señor Obispo trataba
de interponer sus valiosos oficios para reducir al General a que
volviera sobre sus pasos. Esto, y lo terminante del cable de
Washington, obligó al Comandante en Jefe a recoger velas,
disculpándose de lo hecho y manifestando al fin que el doctor Mutis
era el Gobernador de Panamá.
«Declaración tan forzada y antecedentes harto dudosos, obligaron
al Gobernador a manifestar a los Cónsules que estaba al frente del
Gobierno, pero que ello no quería decir que él pudiera responder de
que no se repitieran atentados como el del día anterior, desde
luego que el General Vásquez Cobo, el Estado Mayor y el Jefe del
Batallón
|Colombia opinaba que la Comandancia no estaba
suprimida, porque el Ministerio de Guerra había comunicado que el
General Sicard Briceño había quedado de Comandante en Jefe, de
donde deducían que el General Vásquez Cobo continuaría como tal
hasta que Sicard viniese a reemplazarlo. El 27, las cosas
continuaron del mismo modo, es decir, sin seguridad de manera
absoluta para el Gobernador. El 28 por la mañana llegó del interior
del Departamento, en donde estaba en desempeño de una comisión, el
General Castro, encargado de la Jefatura Militar de la plaza, y
después de haber conferenciado con el Gobernador, pasó una
comunicación al Secretario de Gobierno diciéndole que lamentaba lo
ocurrido y que él y las fuerzas a su mando estaban
incondicionalmente a las órdenes de la Gobernación.
«Esa actitud tranquilizó lo bastante, pero quedaba por resolver
si los autores del atentado del 25 en la noche podían y debían
quedar en su puesto ostentando y luciendo por las calles la
impunidad por el delito cometido.
«El Gobernador creyó de su deber mandarlos poner presos, pero el
General Vásquez Cobo, temeroso quizá de esto, mandó decir a la
Gobernación que se consideraba cesante en el mando, y que en
primera oportunidad seguiría para Bogotá a ponerse a las órdenes
del Supremo Gobierno para ser juzgado.
«¿Es un bien o un mal, la lenidad con que se ha procedido con el
autor dé los referidos hechos y sus principales cómplices?
Evidentemente, es un mal; pero dada la desmoralización del Ejército
aquí, como lo prueba el hecho que acaba de pasar, ¿no es verdad que
intereses de alta conveniencia nacional aconsejaban, en casos como
el aludido, evitar escenas que pusieran de relive el lamentable
estado del atraso en que vivimos?
«Creo que sí. Poner preso al General Vásquez Cobo en aquellos
momentos era un deber elemental de justicia; pero la rebeldía en
que estaba todo el Cuartel General hacía presumir que
indudablemente todos esos Jefes creían poder contar con la tropa, a
pesar del General Castro. Ese nuevo escándalo fue lo que quiso
evitarse, y lo que creo se evitó.
«Lo que dejo relatado es un argumento más en favor del
|control que los americanos desean ejercer si llegaren a
construir el canal, y también es en contra de nuestra seriedad como
nación. Siempre he creído que al frente de los principales puestos
militares de la Costa-el Istmo especialmente- deben estar hombres
serios, expertos y patriotas.
«Los intereses de la nación aquí y los compromisos contraídos
por medio de tratados públicos con diversos países civilizados,
imponen a esos empleados deberes que no están ni pueden estar al
alcance de personajes improvisados en la actual guerra, y a quienes
no respaldan antecedentes históricos de ningún género, por más
valientes que sean. Duro es expresarse así; pero duras son también
las enseñanzas de la experiencia, y doloroso, sobre todo, para los
que servimos con fe y lealtad a la Administración que, con
abnegación y patriotismo ejemplares, preside Su Excelencia. Con lo
acontecido el 25 de julio hemos podido convencernos de una verdad
consoladora, y es que la reprobación de lo ejecutado aquí fue
unánime, y la determinación general, rodear al Gobernador sin
distinciones políticas ni de nacionalidad. Procedimiento semejante
revela, primero, lo generalmente estimado que es aquí el doctor
Mutis, y segundo, que todos desean la paz como factor indispensable
para reparar lo perdido durante la desastrosa y reciente última
guerra » (Folios 225 y 226, cuaderno 9°).
El señor Aristides Arjona escribía al mismo señor Marroquín con
techa 1° de agosto, refiriéndose a los hechos del 25 de julio, lo
siguiente:
....... Creo que debo limitarme a decir a Su Excelencia que es
indispensable hacer sentir la acción de la justicia a los
responsables del escándalo que ha tenido lugar, que más bien ha
podido traer consecuencias graves y funestos resultados para el
Gobierno y para la República.
«Siento, Su Excelencia, mi espíritu entristecido con todas estas
cosas; tengo casi arraigada la creencia de que los males que nos
aquejan "no tienen remedio, y considero con pena que los
servidores abnegados, los que todo lo sacrifican en nombre de la
causa y de la Patria, nada alcanzarán de esta lucha contra el
militarismo corruptor y contra las prácticas de un sistema político
que de tiempo atrás vienen minando la República Preciso es proceder
con firmeza de acción para contener el mal cuyos síntomas se han
manifestado aquí tan alarmantes; y si así no resulta y nos
mostramos impotentes para alcanzar el fin indicado, no nos queda
mas recurso que renunciar a la cosa pública y salvarnos de las
responsabilidades que nos reservará la historia.
«En estas frases, que envuelven la amargura que me domina más,
sin embargo, dejo consignada la protesta que debo ante Su
Excelencia, por los hechos que han tenido lugar en esta ciudad.»
(Folio 227, cuaderno 9°).
Huertas dio cuenta a su modo también de los sucesos, achacándolo
todo a Vásquez Cobo, en nota oficial número 226, fecha 1° de agosto
de 1903, dirigida por él como Comandante del Batallón
|Colombia al señor Vicepresidente .de la República, que
correa fojas 227 vuelta del cuaderno 9° del proceso.
El doctor Mutis Duran escribió otra carta al señor Marroquín con
fecha 2 de agosto, en la cual le decía que le recomendaba al
General Rubén Barón, que suponía venía para la capital y quien,
decía, «informará a usted detalladamente de los graves sucesos que
han tenido lugar en este Departamento, en los que, como los temía
de tiempo atrás, he podido salvar mi vida, pero no la dignidad de
la República ultrajada por un militar borracho y unos Oficiales y
tropa enteramente desmoralizada, escándalo que nos perjudica
sobremanera en esta Sección de la República en los actuales
momentos y que puede tener graves consecuencias, si no se castiga
severamente a los culpables.» (Folio 228, cuaderno 9°).
En el Gobierno produjeron, sin duda, gran efecto las noticias
telegráficas recibidas sobre los acontecimientos del 25 de julio, a
juzgar por el telegrama siguiente del doctor Jenaro Payan,
corresponsal de la Prensa Asociada americana, en esta ciudad, al
señor Ernesto Lefevre, agente en Panamá de la misma prensa:
«Julio 28. Escándalos Panamá, determinaron renuncia Vásquez, que
no aceptó Presidente.»
Además, el Ministro de Guerra quiso enviar al Istmo un Jefe
délas condiciones que se indicaban de Panamá; pero los primeramente
nombrados no aceptaron, y ese Jefe, como lo veremos más adelante,
no llegó a aquel Departamento sino el mismo día señalado para
llevar a cabo la traición y el despojo. También hubo la intención
de hacer la justicia que de Panamá se pedía, todo lo cual
testifican los telegramas siguientes:
Agosto 3. Del Ministro de Guerra al General Velasco:
«
|Cali-Me he dirigido al General Borrero a ver si puede ir
a Panamá, pero no he recibido contestación. Os agradeceré infinito
os pongáis en marcha ese Departamento a encargaros de la Jefatura
Militar y Comandancia de la flotilla del Pacífico. Podéis dejar
encargado fuerzas Cauca al que consideréis más competente. Es
urgentísimo.» (Folio 27, legajo especial de telegramas relativos al
General Alfredo Vásquez Cobo).
Agosto 3. Del Ministro de Guerra al Administrador de la Aduana
de Barranquilla:
«Encarézcole haga llegar por algún vapor telegrama siguiente a
Panamá:
«Comandante Vásquez Cobo-Panamá.
«Inmediatamente debéis rescindir
|(síc) mando en vuestro
segundo y pedir letras cuartel.» (Folio 28, cuaderno citado).
Agosto 3. Del Ministro de Guerra al General Vásquez
Cobo":
«
|Urgentísimo «Comandante Vásquez Cobo-Panamá.
«Recomendado Telegrafista de Buenaventura. «Inmediatamente debéis
rescindir
|(sic) mando en vuestro segundo y pedir letras
cuartel.» (Folio 214, cuaderno 9°).
Agosto 3. Del Ministro de Guerra al Gobernador de Panamá:
«
|Urgentísimo- Vía Barranquilla y Buenaventura.
«Hoy digo al Comandante Vásquez Cobo rescinda mando en su
segundo y pida letras cuartel. Deploro lo sucedido.» (Folio 215,
cuaderno citado).
Agosto 5. Del Ministro de Guerra al General Velasco, Cali:
«Urge os pongáis en marcha para Panamá haceros cargo Jefatura
Militar y flotilla Pacífico. Ambos Cuerpos debéis organizarlos.
Como cable rehusa recibir comunicaciones, debéis procurar
obtenerlas por medio de los vapores mercantes y buques de la
flotilla. Debéis proceder inmediatamente que lleguéis a Panamá
hacer una averiguación de lo acontecido entre la autoridad civil y
la militar y castigar inflexiblemente a los culpables.» (Folio 29,
legajo de telegramas ya citado).
Agosto 12. Del Ministro de Guerra al General Lucio Velasco,
Cali:
«Por Decreto de hoy habéis sido nombrado Jefe Militar Panamá y
flotilla Pacífico. Es urgente aceptéis ese puesto, aun cuando sea
transitoriamente. Después volveréis al Cauca.
«Urgentísimo.
«Debe seguir por posta donde no hubiere comunicación por
telégrafo.» (Folio 31, cuaderno citado).
Agosto 14. Del Ministro de Guerra al General Velasco:
«Debéis poneros en marcha para Panamá, sin demora. Cuando esté
allí todo arreglado se nombrará al General Borrero para que vaya a
reemplazaros.» (Folio 32, cuaderno citado).
Pero por otro lado aparece el siguiente cable:
«
|8 de Agosto-Urgentísimo.
«General Vásquez-Panamá.
«Urge enviéis datos sobre motín. Convendría vinierais informar.
«VÁSQUEZ COBO»
(Folio 212, cuaderno 9°).
El General José Vásquez Cobo vino al interior, y parece que no
sufrió ningún castigo por los sucesos del 25 de julio, aunque él
pidió que se le juzgara. Con respecto a él, preguntado el General
Manuel M. Castro Uricoechea, Comandante en Jefe del Ejército en la
época respectiva, dijo en su declaración del 4 de mayo de 1910,
rendida ante la Comisión Investigadora, lo siguiente:
«Respecto de éste, pocos recuerdos exactos tengo, y respecto del
final de la intentona de sublevación, sólo creo recordar que al
General José Vásquez Cobo se le retiró del mando de allá, pero que
no tengo conocimiento de que se le hubiera seguido Consejo de
Guerra, o por lo menos no lo recuerdo.» (Folio 40, cuaderno
3°).
Si no sufrió pena alguna el General José Vásquez Cobo y el
Comandante General del Ejército no sabía o no recordaba que se le
hubiese seguido Consejo de Guerra, es claro que menos se haría nada
para juzgar a los subalternos de Vásquez Cobo que lo acompañaron en
el escándalo, entre ellos Huertas, que continuó al frente del
Batallón
|Colombia en Panamá.
El día 8 de agosto, y en virtud de proposición de interpelación
hecha en la Cámara de Representantes, acudieron a la sesión los
Ministros de Guerra y de Gobierno. Pedida por el Representante
Angulo la lectura de la proposición en que se citaba a los
Ministros, el de Guerra informó que por un telegrama del Gobernador
de Panamá enviado a Cartagena, se sabía que la Compañía del cable
había cerrado la oficina para el público. Respecto a lo ocurrido en
Panamá, hizo primero la declaración de que «uno de los que aparecen
como responsables es el señor José Vásquez C., nombrado con
anterioridad en el puesto que ocupa, y que en tal nombramiento no
tenía ninguna participación el actual Ministro de Guerra.» Hecha
esta salvedad, expuso lo siguiente:
«El motín provenía, según parece, de unas publicaciones hechas
en
|La Paz, según unos, o en
|El Lápiz, según otros. De
Cartagena comunica el señor Gobernador que el General Restrepo B.,
Jefe de las fuerzas, atacó la imprenta donde se hicieron dichas
publicaciones, y redujo a prisión al General Arjona y otros
empleados. Con este motivo, al día siguiente hubo una Junta en que
tomaron parte el señor Obispo y otras personas de distinguida
posición en Panamá, entre las que estaba el Cónsul de Inglaterra,
en cuya casa se hallaba asilado el Gobernador; por esa Junta se le
preguntó a Vásquez si reconocía la autoridad del actual Gobernador,
y él declaró que sí.
«El Ministro de Guerra ha dictado las medidas que ha creído
necesarias y una de ellas ha sido mandar como Jefe Militar de
Panamá al señor General Lucio Velasco, con el fin de que investigue
los hechos y proceda en todo de acuerdo con el Código Militar.
«El mal estado del telégrafo ha contribuido para que estas cosas
pasen así y no se haya puesto un remedio inmediato.»
El Presidente de la Cámara dio las gracias por la manera pronta
como había atendido el llamamiento de la corporación.
Interrogado el Ministro de Guerra por el Representante Holguín y
Caro sobre si el Gobierno tenía datos para temer que se verificaran
los acontecimientos del 25 de julio, el Ministro contestó que se
sabía que había desacuerdo entre la autoridad civil y la militar, y
que para evitar las consecuencias de esto, el Gobierno había
nombrado como Jefe Militar de Panamá al General Borrero, persona
conocida, pero que no se había obtenido contestación ninguna de él;
que al General Velasco se le había dicho eso, y que siguiera
inmediatamente a Panamá.
Preguntado el señor Ministro por el mismo Representante Holguín
y Caro respecto de las medidas que hubiera tomado el Gobierno,
contestó, entre otras cosas:
«Contra los militares que han tomado parte en el motín sí se
dictaron las medidas del caso, por esa noticia transmitida por el
señor Gobernador de Panamá, quien merece entero crédito.»
El Presidente de la Cámara dio la palabra al Ministro de
Gobierno, y éste, entre otras cosas, dijo:
«Respecto del cable, ya el público conoce lo ocurrido, y no es
que el cable esté desconectado, sino que la Compañía se niega a
prestarle el servicio al público......
«Ya el cable está funcionando, noticia que recibí momentos antes
de venir a la Cámara. Esta noticia se anunciará por carteles para
que el público y en especial el comercio, cuyos intereses están
lesionados, la conozca. Con respecto a lo ocurrido en Panamá, ya el
señor Ministro de Guerra ha hecho una exposición de lo que el
Gobierno sabe, pero a esto agregaré que recibí un telegrama fechado
el 10 de julio, en que se da cuenta al Gobierno de las diferencias
habidas entre las autoridades civiles y militares, a causa de
cuestiones fiscales; creo que por no tener dinero no se le había
pagado a los militares, y es posible que este último conflicto
obedezca a la misma causa.
«El Representante Terán pregunto al Ministro de Gobierno:
«-¿El restablecimiento del cable obedece a las gestiones hechas
aquí por el Gobierno?
«
|El
|Ministro- La Compañía del cable tiene aquí un
apoderado, y a él se le ha hecho saber que el Gobierno no entrará
en ninguna negociación respecto de las condiciones Injustas que se
le pusieron al Gobierno, y yo creo que debido a la actitud enérgica
que se ha tomado, obedece el restablecimiento de las oficinas.
«
|El honorable Representante Pineda-¿Porqué habiendo cable
no se han solicitado los informes sobre lo ocurrido en Panamá?
«
|El Ministro-Porque en este momento acabo de saber que el
cable está restablecido, y creo a más tardar el lunes se tendrán
informes ciertos......
«
|El
|honorable Representante Holguín y Caro-Creo
que nadie habrá extrañado el paso, porque así lo requerían la
gravedad de los hechos consumados y los momentos difíciles por que
atraviesa el país. Todo lo que no sea claridad y verdad, viene a
ser hoy de fatales consecuencias y a comprometer tal vez la suerte
de la República entera; el alarma producida por esos
acontecimientos le está probando al Gobierno que con secretos nada
se puede hacer, y antes por el contrario, en la mayoría de los
casos la situación empeora más de lo que verdaderamente está. Ojalá
que en todos los asuntos se proceda con la franqueza con que los
señores Ministros de Gobierno y Guerra lo han hecho en el presente
caso.> (Copia de la parte respectiva del acta de la Cámara
de Representantes, folios 221 a 224, cuaderno 9°).
No tenemos necesidad de hacer notar que los Ministros no se
hallaban en la ignorancia que decían respecto de los sucesos del 25
de julio, cuando del modo indicado hablaban ante la Cámara, pues
varios de los telegramas preinsertos demuestran lo contrario.
Parece que el Gobierno pensó en el relevo del Batallón
|Colombia, medida cuya urgencia venia manifestándose hacía
tanto tiempo. así lo da a entender el telegrama siguiente, de Payan
a Lefevre:
«Agosto 19. Gobierno aplaude Gobernador. Batallón
|Colombia será retirado.
|Popa probablemente ésa. »
Pero la verdad es que en lo que hemos podido leer de los
expedientes no hemos hallado constancia oficial de tal medida.
Según lo afirma el General Alfredo Vásquez Cobo, también le
propuso él al General Enrique Palacios M. la Comandancia en el
Istmo, lo mismo que al General Jesús García; pero llegado el
General Juan B. Tobar a esta capital a mediados de septiembre, «ya
no se pensó en buscar otro Jefe para enviar a Panamá, sino en
facilitarle al General Tobar los medios de que aceptara.»
(Indagatoria del General Alfredo Vásquez Cobo, folio 31, cuaderno
10).
Entretanto, había ocurrido otro de los hechos que más funesta
influencia debía tener en la rebelión del Istmo: el Gobierno había
resuelto reemplazar al doctor Mutis Duran en la Gobernación de
Panamá, con el Senador José Domingo de Obaldía, medida que se llevó
a cabo por Decreto número 838 de 1903, fechado el 1° de septiembre
del mismo año. El mismo Decreto expresa que el nombramiento se
hacía en virtud de promoción del doctor Mutis Duran al puesto de
Ministro del Tesoro. (Copia auténtica del Decreto, folio 165,
cuaderno 7°).
Los hechos demostraron que tal promoción se hacía sin haber
consultado al efecto al doctor Mutis Duran, por lo cual y en virtud
de los antecedentes que ya hemos expuesto de modo sucinto, el
promovido había de recibir mal la medida y de no aceptar, como no
aceptó, con el disgusto consiguiente en los numerosos estimadores y
amigos que el doctor Mutis Duran tenía en Panamá.
La nota en que se comunicó al señor Obaldía el nombramiento
dice:
«
|República de Colombia-Ministerio de Gobierno-Sección
Ia-Número 2620-Bogotá, I° de septiembre de
|1903.
«Señor doctor José Domingo Obaldía-Presente.
«Tengo el honor de comunicar a usted que por Decreto ejecutivo de
esta fecha, Su Excelencia el Vicepresidente de la República
encargado del Poder Ejecutivo, ha tenido a bien nombrar a usted
Gobernador en propiedad del Departamento de Panamá.
«El Gobierno confía en que usted, con su nunca desmentido
patriotismo, pondrá en práctica, al hacerse cargo de tan importante
puesto, cuantos medios le indique su ilustrado y juicioso criterio
para conservar y fortalecer los vínculos que deben ligar siempre a
aquella Sección con el resto de la República, a fin de que por
ningún motivo" padezca menoscabo la unidad nacional.
«Sírvase tomar posesión ante la autoridad respectiva.
«Dios guarde a usted.
«ESTEBAN JARAMILLO»
(Copia auténtica, foja 166, cuaderno 7°).
No se hizo este nombramiento sin fuertes contradicciones, y muy
al contrario, varios miembros del Congreso advirtieron, antes y
después de haberse hecho, los peligros que entrañaba para la
integridad del territorio nacional. El señor Obaldía había sido uno
de los irreductibles partidarios del Tratado Herrán-Hay para la
apertura del Canal de Panamá, y en sesión secreta del Senado,
tratándose del asunto, había manifestado que si no era aprobada
dicha Convención, el Istmo de Panamá se separaría, en lo cual él
creía que haría bien. El Gobierno se mostró desgraciadamente sordo
a todas las advertencias, y contra una opinión adversa, que puede
llamarse formidable, mantuvo al señor Obaldía en la Gobernación.
Cuando quiso tomar precauciones y reemplazar a aquel colombiano
desleal, lo hizo de tal modo, según se verá más adelante, que no
alcanzó a evitar al país los graves resultados de aquella
medida.
Lo más notable en el particular es que quienes advirtieron al
Gobierno los inconvenientes del nombramiento de Obaldía fueron
Representantes y Senadores, de los cuales algunos eran panameños y
empleados del mismo Gobierno aquí y en el Istmo, amigos casi todos
de la Administración del señor Marroquín. A la cabeza de los
primeros estuvo el doctor Pérez y Soto, conocedor como el que más
de los intereses de Panamá y del personal istmeño; pero no fueron
menos enérgicos en sus censuras los Senadores don Miguel Antonio
Caro, doctor Joaquín F. Vélez, Luis A. Mesa y otros personajes de
indisputable posición e importancia nacionales.
El rechazo del Tratado Herrán-Hay, verificado por el Senado el
12 de agosto, fue un hecho cuyas consecuencias posibles conocía
bien el Gobierno. Muchos avisos e indicaciones había recibido
oportunamente para que guarneciera fuertemente el Istmo; y la
necesidad de poner en manos muy seguras los intereses nacionales
allí era evidente. Escoger, pues, a un amigo del Tratado del Canal,
costara lo que costara, y a un individuo que se había mostrado
partidario de la separación si el Tratado no pasaba, como ya había
sucedido, era comprometer inexplicablemente aquellos intereses, en
forma que podía ser, como lo fue, irremediable.
Nuestro Ministro en Washington había avisado, en telegrama del 4
septiembre de 1903, al Gobierno, que se hallaban allí agentes
revolucionarios de Panamá, y que si no se aprobaba el Tratado antes
del 22 de septiembre, la revolución era probable, con apoyo
americano. Nuestro mismo Ministro reprodujo tal telegrama en nota a
nuestro Ministro de Relaciones Exteriores, de fecha 11 de
septiembre del mismo año, y añadía:
«Mientras nuestro Gobierno conserve su autoridad en las ciudades
de Panamá y Colón, la intervención americana contribuirá
poderosamente a impedir la realización de los planes
revolucionarios; pero en el caso de que lograra una conspiración
apoderarse de la ciudad de Panamá, muy difícil sería la
recuperación de esta plaza, pues nuestras fuerzas probablemente no
podrían hacer uso del ferrocarril, ni se nos permitiría emprender
en la ciudades terminales operaciones que suspendieran o estorbaran
el tráfico.
«Este es el apoyo indirecto que los conspiradores esperan; pero
como las oportunas medidas que nuestro Gobierno está tomando en el
Istmo alejan mucho la probabilidad de que tenga éxito una tentativa
de insurrección en Panamá, la situación va perdiendo los caracteres
alarmantes que en días pasados tenía. Así lo confiesan telegramas
dirigidos de Panamá, con fecha de ayer, publicados aquí en los
diarios de hoy.»
(
|Libro Azul, página 363).
Desgraciadamente tales medidas oportunas no llegaron a
realizarse.
El día 5 de septiembre había también telegrafiado nuestro
Ministro en Washington al de Relaciones Exteriores que si antes del
22 de septiembre no tenía lugar una reacción favorable que el
Gobierno de los Estados Unidos aguardaba en relación con el Tratado
«es, decía, probable que el Presidente de los Estados Unidos asuma
actitud hostil.»
El Ministro de Relaciones Exteriores preguntó al nuestro en
Washington, en telegrama del 10 de septiembre, en qué consistiría
esa actitud hostil y en qué se fundaba para temerla, y el señor
Herrán contestó el 15 del mismo mes:
«La actitud hostil consistirá en favorecer indirectamente una
revolución en Panamá.»
Y en la misma nota citada añadía:
«El anuncio que hago relativo a la actitud futura probable del
Presidente se funda en expresiones amenazantes que ha soltado en
conversaciones particulares y que por conductos indirectos han
llegado a mi conocimiento.
«Se refieren principalmente a la prontitud con que reconocería
la independencia de nuestro Departamento de Panamá.
«El Presidente Roosevelt es decidido partidario de la vía de
Panamá y anhela dar principio a la excavación del canal durante su
Administración.
«Su Señoría conoce el vehemente carácter del Presidente y sabe
cuan persistente y firme es en la prosecución de las empresas que
acomete. Estas consideraciones me han inducido a dar crédito e
importancia a las expresiones amenazantes que se le atribuyen.»
|(Libro Azul, páginas 363 y 364).
Mr. Hay, Ministro de Estado americano, había comunicado con
fecha 20 de julio al señor Beaupré, en telegrama que ya hemos
transcrito, que si Colombia abandonaba el Tratado o demoraba
«indebidamente» su ratificación, las relaciones amistosas entre los
dos países se comprometerían de tal manera, que el Congreso
norteamericano podía adoptar en el invierno próximo medidas que
serían muy sensibles para todos los amigos de Colombia; y en nota
confidencial, al pie del mismo telegrama, había encargado a Beaupré
que comunicara lo dicho a nuestro Ministro de Relaciones
Exteriores.
Cumplido esto por el señor Beaupré, nuestro Ministro de
Relaciones Exteriores comunicó al Senado la noticia, la cual
produjo indignación natural.
El
|World de Nueva York ya había publicado con fecha 14 de
Julio el artículo que atrás hemos copiado, con los planes generales
de la revolución de Panamá, artículo que, como hemos visto, fue
inspirado por Farhan, agente de Cromwell, después que éste salió el
día anterior de la conferencia que tuvo con Roosevelt en la Casa
Blanca.
Según la relación de Mr. Hall, en la conferencia que tuvieron
los agentes revolucionarios dijo también el Secretario Hay que «en
el caso de que los revolucionarios se apoderaran de las ciudades de
Colón y Panamá, podían contar con que los Estados Unidos impedirían
que Colombia desembarcara tropas que los atacaran y que
dificultaran el libre tránsito del Istmo, a lo cual estaba obligado
el Gobierno americano por tratados vigentes con Colombia.......
Después de hablar más de dos horas, durante las cuales Mr. Hay
hizo todo lo posible para que el señor Duque le diera todos los
datos que tuviera relativos a la situación en Panamá y en Bogotá,
éste se despidió del Secretario de Estado y se dirigió a casa del
señor Herrán, Encargado de Negocios de Colombia.
Después de su conversación con Duque, Herrán envió a su Gobierno
el siguiente cable:
«Han llegado dos agentes revolucionarios de Panamá. El editor de
|La Estrella de Panamá tuvo ayer una larga conferencia con el
Secretario Hay. Si el Tratado no se aprueba, el 22 de septiembre,
fecha en que expira el plazo para su ratificación, es posible que
se verifique una revolución con apoyo americano.»
El mismo día en que dirigió ese cable a Bogotá el señor Herrán,
escribía al Cónsul General en Nueva York, don Arturo de
Brigard:
«El propietario del
|Star and Herald de Panamá, J. G.
Duque, tuvo una larga conferencia con el Secretario de Estado;
entiendo que los planes revolucionarios presentados por él
recibieron toda la aprobación del Gobierno, y es probable que en
caso de que el Tratado no haya sido aprobado el 22 del presente, se
efectuará un movimiento separatista en el Istmo, con el apoyo
poderoso de este país.
«Además de Duque, han llegado de Panamá las siguientes personas,
algunas de las cuales, si no todas, están comprometidas en la
revolución proyectada: T. Robinson, G. Lewis, Amador, Arosemena;
parece que el lugar de reunión de los revolucionarios en Nueva York
es la oficina de Andreas y C°, cuya dirección usted conoce. Las
Compañías del Canal y del Ferrocarril están profundamente
interesadas en el asunto. Duque regresará a Panamá el martes
próximo.
«He informado a nuestro Gobierno detalladamente de todo lo que
sucede. Talvez usted pueda descubrir algo más con los informes que
le doy.
«La situación es sumamente grave y temo que no podamos evitar el
golpe que se prepara, si el Tratado no es aprobado oportunamente y
sin modificaciones sustanciales.
Sigue diciendo Mr. Hall en su relación citada:
«El doctor Herrán puso inmediatamente espías que le dieran
cuenta de los movimientos de Amador, y escribió a Mr. Cromwell y a
Ia Compañía del Canal en París, notificándoles que Colombia los
haría responsables de cualquier movimiento separatista en el Istmo.
» (Folios 39 a 43 de la traducción).
El señor Brigard escribió a su amigo el doctor Manuel Dávila
Flórez, residente en Cartagena, sobre lo que acontecía, y el último
dirigió el siguiente telegrama:
«
|Cartagena, 19 de septiembre de 1903-
Urgente-Reservado.
«Excelentísimo señor Marroquín,
«Díceme Brigard fecha cinco (5) Nueva York:
"Situación Patria créola más grave que nunca. Guerra separatista
Istmo cuestión de días. Sólo milagro evitarála.
Están Washington Duque, Arosemena, Amador, Tracy, Lewis,
comprometidos, según informes, movimiento. Aquí encontrarán todo
apoyo necesitan, principalmente Compañía Canal,
Ferrocarril."
«Cumplo deber transmitirlo.
«DÁVILA FLÓREZ»
El doctor Pedro Vélez R. había estado en los Estados unidos
antes que los agentes revolucionarios, y tenido conferencias
detenidas con Mr. Cromwell, eje, como es sabido, de la conspiración
contra la soberanía colombiana en el Istmo. De tales conferencias
sacó el conocimiento de lo que se tramaba, e inmediatamente lo
escribió todo a su hermano, el General Luis Vélez R., Gobernador a
la sazón del Departamento de Bolívar. A causa de esto dicho General
dirigió el telegrama siguiente:
«
|Urgente-
|Reservado- Oficial-Cartagena, 26 de julio
1903.
«Vicepresidente, Ministro Relaciones Exteriores, Guerra, doctor
Joaquín F. Vélez.
«Pedro Vélez, actualmente Estados Unidos, en carta seis (6)
julio dice síntesis:
"Aquí se mira con mucha desconfianza situación nuestro
país; dicen algunos que si se niega Tratado, Gobierno americano
tomará posesión trabajos por la fuerza; otros, se fomentará
revolución Panamá y reconocerá independencia; aseguran periodistas
vino Diputación panameños a entenderse Gobierno Washington para
inquirir si los apoyan alzarse por independencia; que aquel
Gobierno consultó a Europa si Gobiernos tendrían qué objetar caso
reconocer independencia y negociar excavación canal al día
siguiente proclamar independencia, y contestación fue favorable;
que considera urgente envío y permanencia fuerzas suficientes en
principales poblaciones Panamá para reprimir cualquier alzamiento,
y tener refuerzos en Bolívar para no llamar atención. Gobierno
americano no piensa absolutamente vía Nicaragua. Seguirá
Washington."
«Considero deber dar cuenta Gobierno.
«Gobernador,
«Luis Vélez R.»
(Foja 195, cuaderno 9°).
El
|Star and Herald de Panamá, de fecha 17 de septiembre
de 1903, publicó lo siguiente:
«El Gobernador Obaldía ha dicho en un
|interview:
"Yo considero la elección del General Reyes para el
próximo período presidencial como la única solución de la
dificultad del Canal de Panamá. Si él es elegido, como lo desea
toda la República, no hay la menor duda de que el Tratado será
ratificado por el próximo Congreso. Antes de salir yo de Bogotá
tuve varias conferencias con el Ministro americano, el cual está de
acuerdo conmigo, y estoy cierto que habrá telegrafiado a su
Gobierno sobre este punto importante."»
Lo anterior fue reproducido por la prensa de esta capital, y
produjo gran sensación en el público y en el Senado, en el cual se
leyó a instancias del señor Caro. El Senador Mesa pidió que el
número respectivo del
|Star and Herald quedara en el archivo,
y así se acordó.» (Fojas 37 vuelta y 38, cuaderno 9°).
Ya en 5 de julio había dicho Mr. Beaupré a Mr. Hay:
«
|Confidencial-Se me informa privadamente que una parte
del telegrama que usted me envió en clave con fecha 9 del presente
fue leído ayer en el Senado causando gran sensación. Se le dala
interpretación de una amenaza directa contra Colombia, en caso de
que no se adopte el Tratado. Esto y lo que dicen los Congresistas
panameños acabados de llegar, que aseguran que habrá una revolución
en el Istmo si los Tratados no se aprueban, ha causado buen efecto.
Se hicieron grandes y desacostumbrados agasajos a la Legación de
los Estados unidos el 4 de julio.»
El señor Julio J. Fábrega había dicho de esta ciudad a Branden,
Panamá, en telegrama de 13 de agosto:
«Gobierno americano avisó no ratificándose Tratado romperánse
buenas relaciones. Senado rechazó Tratado.
|Iremos
pronto.»
Y con fecha 16 del mismo mes el doctor Mutis Duran había dicho
al señor Gil Ponce, panameño entonces en esta capital:
«Sólo pérdida absoluta esperanza Canal, descuido Gobierno
asuntos políticos, militares aquí, y falta decidida apoyo Gobierno,
podrían motivar temores diez, que no uno solo (creemos que debe
reputarse esto clave y que debe interpretarse por
|separación), pues a pesar escándalos militares cuya gravedad
corté con prudencia, reina tranquilidad completa. Informe
Vicepresidente.» (Folio 155, cuaderno 9°).
El señor Beaupré dijo al señor Hay en nota de 2 de
noviembre:
«.. .. . .El martes 27 del pasado fue presentado al Senado el
informe de la Comisión. «El Senador Caro se opuso
diciendo:........
«Otro grande error cometido por el Gobierno fue el nombramiento
de Obaldía para la Gobernación de Panamá.
La elección del General Reyes para la Presidencia de la
República equivalía a la elección de un Congreso que se obligaría a
aprobar cualquier Tratado que el Gobierno quisiera presentarle. El
señor Obaldía era, por consiguiente, partidario de la candidatura
del General Reyes, y fue por esta razón por lo que se le nombró
Gobernador del Istmo. Pero el señor Obaldía era, ante todo, un,
panameño, y era cosa sabida que había dicho que en caso de que
hubiera una revolución en Panamá, la apoyaría. El Gobierno, por
consiguiente, había puesto en peligro la soberanía en el Istmo. El
señor Caro leyó en el Senado un extracto del
|Herald de Nueva
York, que contiene una entrevista con el Gobernador Obaldía, en la
cual afirma los hechos mencionados. Obaldía decía que antes de
dejar a Bogotá había hablado muchas veces con el Ministro americano
sobre estas cosas, las cuales habían sido comunicadas
indudablemente por el señor Beaupré a su Gobierno. Esta lectura
causó la mayor impresión.».
Es de advertir que el señor Beaupré comunica lo anterior a Mr.
Hay sin contradecirlo en lo más mínimo.
Con fecha 30 de agosto había dicho el mismo Mr. Beaupré a Mr.
Hay por telégrafo:
«
|Confidencial-Se me informa con la mayor seguridad que
para asegurar la elección de Reyes, Marroquín ha cambiado ya los
Gobernadores de Bolívar, Magdalena y Panamá, nombrando
respectivamente a Insignares, a Barros y a Obaldía, personas
adictas, tanto a Reyes como al Tratado.» (Folio 65, cuaderno
9°).
Y con fecha 31 de agosto dijo también por telégrafo Mr. Beaupré
a Mr. Hay:
«Tuve una entrevista hoy con el Senador Obaldía. Me informó que
deseaba permanecer aquí, mientras haya esperanza para el Tratado;
pero como no ve ninguna, partirá el 6 del entrante; me confirmó las
afirmaciones del General Reyes respecto al candidato presidencial;
me dice que el próximo Senado será partidario del Tratado, y lleva
instrucciones a los Gobernadores Insignares y Barros respecto a las
elecciones que se verificarán en el próximo diciembre; que al
aceptar la Gobernación de Panamá dijo al Presidente que en caso de
que el Departamento de Panamá haga una revolución para asegurar el
Tratado, obrará como obre Panamá; añadió, sin embargo, que si los
Estados unidos esperan las próximas elecciones del Congreso, podrá
obtenerse el Tratado sin necesidad de revolución.
«
|Confidencial-Mi opinión es que nada satisfactorio puede
esperarse de este Congreso. Vélez, Soto y sus amigos se han unido
al partido de Caro, constituyendo una mayoría decisiva contra el
Tratado. El General Reyes no ha perdido toda esperanza.» (Folleto
oficial del Senado de los Estados Unidos, Congreso 58, sesión
segunda, documento número 51, folios 61 y 62 de la traducción).
El doctor Pérez y Soto, Senador por Panamá y amigo político y
personal entonces del señor Marroquín, con fecha 31 de agosto
dirigió una carta al Vicepresidente, en la cual hizo presentes
todos los inconvenientes que tendría el nombramiento de Obaldía y
lo desacertado e injusto que sería reemplazar al doctor Mutis
Duran. Entre tales inconvenientes menciónalas opiniones
separatistas de Obaldía, manifestadas por éste en sesión anterior
del Senado, y excita al señor Marroquín para que desista del
nombramiento. (Fojal44, cuaderno 9°).
El mismo Senador dirigió, con fechad de septiembre, otra carta
al señor Marroquín, publicada entonces en hoja volante, que obra en
los autos, en la cual insiste en que el nombramiento de Obaldía era
la pérdida del Istmo; prevé cuanto sucedió después, y excita al
Vicepresidente a que se revoque el nombramiento. Habla también de
las diversas gestiones que él y otros hombres importantes habían
hecho para evitar el gran desacierto.
Acerca de esta última carta, el corresponsal del
|Heraldo
que ha resultado después que era espía de los enemigos del país en
esta capital y que, al mismo tiempo, era empleado en nuestro
Ministerio de Relaciones Exteriores, decía a Samuel Boyd, agente
del mismo diario americano en Panamá, un telegrama de 9 de
septiembre, que dice:
«Pérez y Soto escribió a Marroquín carta violenta combatiendo
nombramiento Obaldía, que Marroquín no contestará, por
irrespetuosa.» (Folio 103, cuaderno 9°).
Es de advertir que el mismo Halberstadt había comunicado a Boyd
el nombramiento de Obaldía el 31 de agosto, siendo así que el
nombramiento no fue hecho sino el 1° de septiembre. En el mismo
telegrama anunció Halberstadt que Obaldía saldría el próximo
jueves.
De los efectos producidos aquí y en Panamá por el nombramiento
de Obaldía, puede juzgarse por los hechos siguientes: El 4 de
septiembre decía Payan a Lefevre:
«Excitación producida cable anuncia probable americanos traten
directamente Panamá. Gobernador lleva plan Canal, satisface.
Obaldía, Fábrega, tomarán Mala Cartagena.» (Folio 129, cuaderno
9°).
El 1° de septiembre el Senador Mesa pronunció en la sesión del
día un discurso en que hizo mérito de que Obaldía era separatista,
y censuró que se hubiera reemplazado con él a Mutis Duran, quien
era buen administrador público. (Folio 174, cuaderno 9°).
Con fecha 10 de septiembre escribía el doctor Julio Guerra, de
Panamá, al señor Marroquín, hablando de ese nombramiento:
«Desde aquí no podemos descifrar el enigma de tan raro
proceder.»
Y refiriéndose al estado en que dejaba el doctor Mutis Duran el
Departamento, añadía:
«No se debe un solo centavo del servicio público de este año; se
han emprendido muchas y muy útiles mejoras materiales, y se han
dado en préstamo a la Nación para raciones de tropa hasta el día de
hoy $ 87,000 plata; hechas todas esas erogaciones y pagada además
la deuda departamental por servicios prestados por los empleados
civiles durante la guerra, suma que ascendió a más de $ 60,000,
queda todavía hoy una existencia en caja de cerca de $ 200,000.»
(Folio 173, cuaderno 9°).
El 10 de septiembre comunicó Mr. Beaupré al señor Hay, por
telégrafo:
«Hubo violenta discusión hoy en el Senado con motivo del
nombramiento de Obaldía para Gobernador de Panamá, nombramiento que
se considera como precursor de la separación. De los Senadores que
hablaron, sólo el hijo del Presidente defendió la acción del,
Gobierno. Casi por unanimidad se aprobó una proposición que
equivale a un voto de censura contra el Gobierno.» (Folleto del
Congreso de los Estados Unidos, ya citado, folios 64 y 65 de la
traducción).
El 11 de septiembre comunicaba el mismo Mr. Beaupré a Mr. Hay,
en nota:
«Señor:
«Tengo el honor de manifestarle que en relación con el
nombramiento del Senador Obaldía para Gobernador de Panamá, se han
venido desarrollando acontecimientos interesantes.
«Bien conocidas son las tendencias separatistas del Senador
Obaldía, de quien se asegura haber dicho que de no pasar el Tratado
del Canal, el Departamento de Panamá declararía su independencia, y
que tendría derecho para obrar de esta manera. Que estas son sus
opiniones, es indudable, como lo afirmé en mi telegrama de 31 de
agosto de 1903.
«En la sesión de ayer del Senado se manifestó la oposición al
nombramiento del doctor Obaldía en una proposición del Senador
Pérez y Soto, que a la letra dice: (allí esta copiada la
proposición).
«Se modificó la proposición omitiendo la referencia a todos los
puestos públicos dependientes del Gobierno. «En esta forma pasó
casi por unanimidad.... «Los oradores hablaron con más ardor que en
ninguna otra cesión del Congreso actual. La opinión general es que
el Gobierno prostituye los intereses generales del país en favor de
meras intrigas electorales.
«El General Pedro Nel Ospina, en un discurso apasionado y muy
aplaudido, advirtió al Gobierno de que si persistía en su conducta
actual, sería posible una revolución.
«Lo más notable en todo el debate fue el espíritu general de
hostilidad mostrado hacia el Gobierno, tanto por los Senadores como
por el público de las barras y de los pasillos. Con excepción de un
solo Senador, no hubo orador ninguno que no atacara violentamente
al Gobierno. Cuando el Senador Marroquín, hijo del Presidente, se
levantó para defender la acción del Gobierno, fue recibido con las
mayores muestras de desaprobación, que lo acompañaron durante todo
el curso de su peroración. No había la menor simpatía por él ni por
su punto de vista. Es evidente, me parece, que una influencia
contraria ha obrado durante el debate: fue iniciado por un enemigo
del Canal y un creyente en la integridad de Colombia, contra el
nombramiento de un panameño partidario ferviente del Canal, que si
se viera colocado en una alternativa, preferiría la independencia
del Istmo a perder la esperanza de que el Canal se construyera en
su Departamento.»
(Folleto del Congreso ya citado, folios 65 y 66 de la
traducción).
La misma fecha tiene un telegrama de Payan a Lefevre, que
dice:
«Propuso Senador Pérez Soto pedir Ejecutivo nombre Gobernadores
anti separatistas. Aprobado. Dijese Obaldía compromete integridad
nacional. Senador Marroquín protestó.» (Folio 131, cuaderno
9°).
El 12 del mismo mes decía Halberstadt a Boyd, por telégrafo:
«Por treinta y tres contra doce. Cámara negó proposición Terán
(que era Representante por Panamá) contra Obaldía. Hablaron favor
Obaldía, Ministro Gobierno, Cuéllar y Valencia. Contra, Medina,
Carreño, Holguín.» (Folio 163, cuaderno 8°).
En la misma fecha 12 dijo Payan a Lefevre:
«Discurso violento Terán contra honorabilidad Obaldía. Propuso
acusar Presidente ante Cámaras por tal nombramiento. Fueron
derrotados antitratadistas. Ministro Gobierno declaró Marroquín
rechaza candidaturas.» (Folio 132. cuaderno 9°).
El 17 de septiembre Lefevre dijo a Payan:
«Continúe excelentes servicios. Véase a menudo Reyes.» (Folio
150, cuaderno 9°).
Mr. Prescott, Superintendente Ayudante del Ferrocarril de
Panamá, llego a Nueva York el 18 de septiembre, y tratando de
conferenciar con Mr. Cromwell, fue recibido en la oficina de éste
por su socio, Mr. Hill, según el relato de Mr. Hall.
«Hill preguntó a Prescott si los panameños tendrían recursos
suficientes para lograr éxito en su empresa; Prescott contesto que
no creía que se emprendiera nada antes de que se tuviera la
seguridad del apoyo de los Estados Unidos, puesto que el Ejército
colombiano era bastante para sofocar cualquier intento
revolucionario.» (Cuaderno 3° de la traducción, folios 44 y
45).
En esa misma fecha decía Halberstadt a Boyd:
«Díceme personaje autorizado Gobierno sostendrá a Obaldía
firmemente, confiando absoluta lealtad....
|Nuevo Tiempo
publica violenta carta Terán contra Obaldía, diciendo es nulidad
política en Panamá y pueblo natal.» (Folio 107, cuaderno 9°).
El 22 de septiembre ponía Obaldía el siguiente telegrama:
«General Reyes, Senador Marroquín.
«Posesión ante Panamá entero. Opinión prensa favorable.
Panameños, sin excepción partidos, ofrécenme ayuda. Juzgóla
sincera. Todo bien tránsito. Cumpliránse elevados designios.
Nombramiento Secretarios aplaudidos. Ansiedad por resolución
Gobierno americano. Confío buen éxito.» (Folios 69 y 70, cuaderno
9°).
En la foja 98 del cuaderno 9° del proceso figura un fragmento de
carta de personaje importante de Barranquilla, que dice que
Obaldía, a su paso por allí, conferenció con Insignares sobre
candidaturas, y que el mismo Obaldía dijo que si no había canal,
habría separación.
Con fecha 20, el mismo Obaldía decía al Vicepresidente
Marroquín:
«Posesióneme ayer presencia numerosísima, honrosa concurrencia.
Calmado espíritu separatista. Aguárdase solución honorable.
Partidos, directorios, cuerpos, etc., ofrécenme cooperación. Julio
Fábrega, Manuel E. Amador, Nicolás Victoria, Secretarios Gobierno,
Hacienda, Instrucción Pública, nombramientos satisfacen
ampliamente. Confío secundar vuestros sanos propósitos conservar
tranquilidad Istmo. Prensa modérase. Envío discursos. Salúdolo
respetuosamente.» (Folios 93 a 94 bis, cuaderno 9° del
proceso).
Por su lado, los futuros separatistas telegrafiaban también,
satisfechos por el nombramiento de Obaldía; pero indudablemente no
eran muchos los que mostraban su satisfacción al Gobierno. Sólo
hemos tenido a la vista un telegrama de Constantino Arosemena,
fechado el 23 de septiembre, en que dijo al General Reyes:
«Nombramiento Obaldía tiene contentos panameños. Candidatura
Reyes simpática. Creo apoyaran la liberales.» (Folio 39, cuaderno
9°).
No omitiremos decir que las dificultades fiscales continuaban,
pues con fecha 18 de septiembre decía el Administrador de Hacienda
Nacional de Panamá al Ministro de Guerra, por telégrafo:
«Remesas anunciadas
|Bancolomb Administración
Barranquilla, no se han recibido. Ejército hambreado, urge remitir
fondos.» (Folio 152. cuaderno 9°).
No andaba entretanto muy tranquilo Obaldía, pues con fecha 17 de
septiembre puso al Vicepresidente Marroquín el telegrama que
sigue:
«Imputaciones inexactas enemigos gratuitos no me preocupan. Mi
lealtad, fuera de duda, garantiza procedimientos futuros. Opinión
favorable todos partidos predicen tranquilidad y respeto
instituciones. Nada he solicitado, y Gobierno debe confiar en mi
honradez y cumplimiento deberes. Felicítome ataques
insignificantes, que no me dañan. Mi gratitud defensores.» (Folios
175 a 177, cuaderno 9°).
El 26 de septiembre, entre varias informaciones de diversas
partes del mundo, el señor Obaldía transmite al Gobierno, como
procedente de Curazao, la noticia de que «de todos los Estados de
Venezuela salieron en la última semana tropas con dirección a la
frontera colombiana y Maracaibo, donde hase depositado gran
cantidad rifles, artillería, municiones, para facilitar
concentración tropas. Hanse construido nuevos puentes cerca San
Cristóbal y frontera. Castro ha solicitado Presidentes cada Estado
envío dos batallones en término dos semanas. (Del
|Jornal of
Comerse, de Nueva York).»
No tenemos noticia de los efectos que hubiera producido este
anuncio en el Gobierno de Colombia, y sólo muchos días después, el
16 de octubre siguiente, se sabe por una circular urgentísima, en
clave, descifrada, que en esa fecha el Ministro de Gobierno ordenó
una vigilancia extremada para averiguar si había conspiradores en
el interior de la República y para castigar a quienes aparecieren
responsables. (El telegrama de Obaldía se encuentra a los folios 87
y 88, y la circular del Ministro de Gobierno, a los folios 183 a
188, todos del cuaderno 9°).
Una de las cosas que debían ejercer alguna influencia en el
Istmo y alarma en varias personas de esta capital, fue el
nombramiento del General Carlos M. Sarria para Jefe Militar de
Panamá, atendida la enemistad capital existente entre éste y el
General Huertas, Jefe del Batallón
|Colombia.
Respecto de este nombramiento, el ex-Ministro de Guerra, que era
el General Alfredo Vásquez Cobo, dijo en su indagatoria rendida
ante la Comisión Investigadora:
«Sostengo hoy lo que dije el primer día, que no hay decreto
ninguno con las formalidades legales, con mi firma, en que conste
que yo hubiera nombrado al General Carlos M. Sarria para Jefe
superior de las fuerzas de Panamá en el mes de septiembre de 1903.»
(Folio 29 vuelta, cuaderno 10).
No se ha encontrado efectivamente el decreto de nombramiento, y
es posible que sólo se pensara en extenderlo, sin embargo de que la
noticia circuló aquí y fue a Panamá auténtica. Hay sobre tal
particular estos datos:
El 1° de septiembre, Payan le dice a Lefevre:
«Sarria Jefe Militar. Marroquín urge Obaldía ocupar Gobernación.
Partirá jueves.» (Folio 119, cuaderno 8°).
Halberstadt comunica a Samuel Boyd, en la misma fecha:
«Sarria Comandante Militar Panamá.» (Folio 151, cuaderno
8°).
El 14 de septiembre, Mafia, de Buenaventura, dice a Sarria,
Bogotá: «Panamá general satisfacción nombramiento. Felicítolo.
Avise salida.» (Folio 119, cuaderno 8°). Payan dice a Lefevre,
en cable del 14: «Después 20 partirá Sarria encargarse mando.» A su
turno, Boyd comunica a Halberstadt, con fecha 17:
«Recibido Obaldía. Llegó, aceptó Duque. Avise salida Sarria.»
(Folio 236, cuaderno 8°).
Y ya el 21 de septiembre, Halberstadt avisaba a Boyd:
«Sarria desistió. Mañana sale Juan Tobar nombrado General Jefe
Costa Atlántica y Pacífico.... Cable Obaldía a Presidente
despreciando ataques, asegurando patriotismo, publicóse esquinas,
produciendo excelente impresión.» (Folio 151, cuaderno 8°).
El General Juan B. Tobar fue nombrado, como lo dice el telegrama
de Halberstadt, Jefe Militar de Panamá, con jurisdicción sobre las
fuerzas de la Costa Atlántica y sobre las del Pacífico. Se le
expidió pasaporte auxiliado desde el 16 de septiembre. Consta en
atestaciones del Banco de Bogotá que se le dieron $ 30,000 oro en
letras. Como sueldo obtuvo una remuneración especial de $ 1,200
plata mensuales, y en una carta le decía el señor Marroquín a su
Ministro de Guerra:
«Por un ojo de la cara no encontraremos un Jefe como Tobar para
las dificultades en que estamos y en que podemos hallarnos.»
Sin que aparezca comprobada una explicación satisfactoria de la
demora, el General Tobar salió de esta ciudad el 24 8e septiembre
de 1903. El decreto de su nombramiento es de fecha 19 del mismo
mes, y está marcado con el número 874. (Folio 12, cuaderno 5°).
Existe más de una declaración en el sentido de que al General
Tobar le advirtieron desde aquí varias personas la gravedad de la
situación en el Istmo y la grandeza de la misión que iba a
desempeñar. Entre otros, el señor Eduardo B. Gerlein, Senador
entonces, declara que saliendo un día del Senado, supo que el
Gobierno había nombrado Jefe Militar para Panamá al General Juan B.
Tobar; que encontró a éste en la calle acompañado del señor Emel
Flórez, se acercó a ellos y preguntó a Tobar:
«-¿Es cierto lo que me han dicho, que vas de Jefe Civil y
Militar para Panamá?
«Me contestó afirmativamente, y le dije:
«-Me felicito, pero no a tí: tienes que convertirte en
guerrillero, para sostener la soberanía colombiana en Panamá.
«Más le dije:
« -Como he vivido nueve años en Panamá, me permito darte este
consejo: desde que pongas el pie en Colón, desconfía de tu propia
gente.
«Le expliqué el porqué le hacía esa prevención, refiriéndole lo
que el águila americana había influido en la fuga de un criminal
yanqui, señor Foyé, conductor de tren que asesinó a un muchacho del
pueblo de Cartagena disparándole un tiro de revólver; que Foyé se
fugó para burlar la justicia, y que esa fuga se llevó a cabo
poniendo en juego las águilas americanas.» (Folio 82, cuaderno
4°).
El señor Luis M. Calvo, Senador también por Panamá entonces,
declaró «que habiendo ido a despedir a su hermano Juan Antonio a la
estación del ferrocarril el 24 de septiembre de 1903, él y otros
amigos encontraron allí en traje de viaje al General Tobar, y que
el doctor Pérez y Soto, uno de dichos amigos, manifestó grata
sorpresa por el encuentro, y dijo a Tobar que se alegraba de que
"al fin realizara su marcha a Panamá, donde su presencia era de
urgente necesidad," aludiendo a los planes de separatismo
que tenían en el Istmo, peligro de que el señor Pérez y Soto había
sido un pregonero en el Senado y en la prensa. Recuerdo
perfectamente que al despedirme le dijo al señor Pérez y Soto al
General Tobar estas palabras:
«-Vuele, General, y ábrales el ojo a esos hombres, porque se la
juegan.
«Y el General Tobar, con aire tranquilizador, le contesto al
señor Pérez y Soto estas palabras:
«-No tenga cuidado, que voy bien prevenido.» (Folio 166,
cuaderno 4°).
El señor Juan A. Calvo Fernández compareció el 14 de mayo de
1910, en virtud de exhorto librado por la Comisión Investigadora,
ante el Alcalde Municipal de Cuenca(Ecuador) y el Escribano del
Cantón, y declaró que salió de Bogotá el 24 de septiembre de 1903
con dirección a Cartagena; que lo acompañaron hasta la estación sus
hermanos luís M. y Luis Eugenio Calvo y los señores José M. Pasos,
Juan B. Pérez y Soto, doctor Manuel Padrón, así como los hijos y
sobrinos del declarante; que se encontró con el General Juan B.
Tobar y sus Ayudantes, y «el señor Pérez y Soto hizo los mayores
apremios al General Tobar para que apresurara su viaje a Panamá a
encargarse del mando y les abriera mucho el ojo a los canallas
separatistas, porque si no se la jugaban,» a lo cual el General
Tobar contestó que no tuviese cuidado, porque él iba bien
preparado; que viajó con el General Tobar hasta Agualarga, en donde
al separarse el General Tobar, éste le ofreció esperar al
declarante y a su hermano luís Eugenio en Honda para seguir el
viaje a Calamar en el vapor
|Hércules, y el declarante le
dijo:
"-Le agradezco mucho, General; no me espere, pues es urgente
continué usted su viaje lo más pronto posible, porque la menor
demora sería causa para que llegase tarde a Panamá."
«Que el declarante conversaba con el General Tobar, hasta
apartarse de él, sobre el peligro inminente de la separación del
Istmo de Panamá, como lo manifestó a todos los amigos en Bogotá,
adonde acababa de llegar de Panamá, habiendo en este punto
encontrado ya una excitación separatista, de tal modo que al
pronunciar su discurso en el Congreso el Diputado señor Oscar
Terán, sobre los temores de la pérdida de Panamá por el
nombramiento de Gobernador en el señor Obaldía y por los informes
que una persona le había dado, se refería al declarante, que es
quien se los había proporcionado; que, tenía idea, sin que pudiera
decir certeza, de que el General Tobar le confesó que había gran
peligro en el Istmo, y que llevaba facultades, recursos e
instrucciones para impedirlo; que el declarante tenía la convicción
de que ocurría lo que indicaba. » (Folios 71 vuelto, y 72, cuaderno
14).
Interrogado el General Tobar sobre las instrucciones que se le
hubieran dado, negó al principio haberlas recibido por escrito;
pero luego manifestó que sí se le habían dado y que las perdió en
Barranquilla.
Don Lorenzo Marroquín, en declaración rendida ante la Comisión
Investigadora el 4 de octubre de 1910, dijo:
Que el General Tobar llevó por misión a Panamá la de «asumir el
mando del Gobierno, turbar el orden público (sic) y asumir las
funciones de Jefe Civil y Militar, caso de que él juzgara o creyera
que peligraba la integridad nacional por medio de movimientos
separatistas en Panamá, o de que tomara cuerpo una invasión
filibustera que se anunció como procedente de Nicaragua";
que según su recuerdo, Tobar fue provisto de todas las facultades
necesarias para el buen éxito de su misión, y se le dieron cien mil
pesos, si mal no recordaba, "lo que podía verificarse en el Banco
de Colombia, que dio los fondos, y en el Ministerio de Guerra.»
«Recibió además Tobar, continúa diciendo el señor Marroquín,
instrucciones para tomar fuerzas en su camino, para fletar buques
que las transportaran rápidamente a Panamá, para comprar carbón, en
fin, todo aquello que pusiera en sus manos toda la fuerza y
elementos que necesitara. Estas instrucciones deben hallarse en el
Ministerio de Guerra, pero no hago esta aseveración con absoluta
certidumbre, porque el carácter reservado de la misión de Tobar
hacía que los documentos referentes a ella no siguieran el curso
general. Así, por ejemplo, el decreto de nombramiento no se
encontraba en el Ministerio de Gobierno que daba a Tobar las
facultades de que he hablado, sino en el archivo de mi finado
padre, puesto a la disposición de la Comisión Investigadora sin
reserva alguna.» (Folio 38, vuelto, cuaderno 14).
Pedida por la Comisión Investigadora al Ministerio de Guerra
copia de las instrucciones dadas al General Tobar, no se hallaron
sino las dadas por la Comandancia en Jefe del Ejército, las cuales
corren en copia de fojas 87 vuelta a 89 vuelta del cuaderno 3°
En tal copia figura el oficio del Comandante en Jefe al General
Tobar, de 22 de septiembre de 1903, y marcado con el número 11970,
que dice:
«Señor General Juan B. Tobar-Presente.
«De acuerdo con instrucciones recibidas del señor Ministro de
Guerra, os manifiesto que quedáis autorizado para efectuar los
cambios que juzguéis convenientes en las fuerzas que van a depender
de vos en vuestro carácter de Comandante Militar en la Costa
Atlántica, y para disponer la movilización de esas mismas fuerzas,
en caso necesario, ya sean las que están a órdenes de las Jefaturas
Militares, o las que pertenecen al cuerpo de ejército del
Cauca.
«Al señor General Lucio Velasco, Comandante en Jefe de estas
últimas, se le comunicará lo correspondiente al particular. A los
demás Jefes no hay necesidad de ello, puesto que vos tenéis
facultades suficientes, y ellos ya tienen conocimiento del cargo
que vais a desempeñar.
|Es entendido que la movilización de
fuerzas del Cauca es sólo en caso de urgente necesidad.
«Dios os guarde.
«El Comandante en Jefe,
«MANUEL M. CASTRO U.»
Según el señor Lorenzo Marroquín, en declaración rendida ante la
Comisión Investigadora el 4 de octubre de 1910, contestando a la
pregunta de porqué no se tomaron todas las medidas necesarias para
que Tobar continuara con urgencia su marcha o explicara su conducta
para corregir en tiempo la falta, contestó:
«En lo que se refiere a mí, yo ignoré absolutamente el viaje de
Tobar a Ocaña y su permanencia en esta ciudad. Sus instrucciones
eran de marchar inmediatamente al Istmo, y de ahí la sorpresa de
que he hablado ya, en el retardo. Entiendo que el Ministro de
Guerra lo ignoró también, como también mi padre.» (Folio 9,
cuaderno 15).
La misión de Tobar, que según don Lorenzo Marroquín, era y
efectivamente debió ser secreta, dejó de serlo desde su origen,
pues tanto el Ministro de Guerra como el Comandante en Jefe del
Ejército comunicaron por telégrafo a Panamá su nombramiento y
salida para allá. Por su parte, los activos corresponsales de la
Prensa Asociada y del
|Herald participaron también, aun con
anticipación, el nombramiento y salida de Tobar. El corresponsal
del
|Herald decía con fecha 21 de septiembre a Boyd:
«Mañana sale Juan Tobar nombrado General Jefe Panamá, Costa
Atlántica y Pacífico.»
Y Payan a Lefevre:
«Nombrado General Tobar Juan Comandante Jefe Panamá, Bolívar,
Magdalena.»
De modo que no habiendo salido Tobar sino el 24, desde el 21 se
supo en Panamá su ida y el extenso carácter de su jurisdicción, lo
cual tenía que indicar por allá que si el movimiento separatista se
llevaba a cabo, debía precipitarse, so pena de fracasar.
Obaldía telegrafiaba en contestación a la participación del
nombramiento, así:
«Panamá, 23.
«Vicepresidente-Bogotá.
«Compláceme nombramiento meritorio General Tobar» (333, cuaderno
8°).
Por otra parte, el hecho es que Tobar, en vez de seguir en viaje
rápido al Istmo, se fue a Ocaña, en donde permaneció algunos días y
que, salido de esta capital, como ya se sabe, el 24 de
septiembre,
sólo llegó a Barranquilla el 14 de octubre, según lo testifica el
telegrama siguiente:
«
|Comandancia en Jefe-
|Oficial-Barranquilla, 14 de
octubre.
«Ministro de Guerra.
«Participo a Su Señoría llegué sin novedad. Situación
Departamento bien. Conveniencia oblígame tomar siguiente
providencia: General Amaya seguirá con migo Panamá. Reemplazarálo
provisionalmente General Escanden. Para Santa Marta busco
candidato. En oficio esta fecha envío detalles.
«Afectísimo,
«JUAN B. TOBAR»
(Folio 83, cuaderno 11).
El mismo día 14 de octubre participaba Tobar al Comandante en
Jefe y al Ministro de Guerra que el
|Hércules había salido el
13, trayendo quinientas cincuenta cajas de municiones pedidas por
el Ministro y que el vapor estaría en
|La María el 22. (Folio
84, cuaderno citado).
El mismo día 14 telegrafió el Ministro de Guerra al General
Tobar a Barranquilla ratificando la orden de que del vestuario que
allí debía tomar remitiera una parte al General González Valencia,
orden que Tobar cumplió, según telegrama de pocos días después.
(Legajo especial de telegramas). Y dos días antes había puesto el
telegrama siguiente:
«
|Urgente-
|Ministerio de Guerra-Bogotá, octubre 12 de
1903.
«General Juan B. Tovar-Barranquilla
|o donde se halle.
«De nuevo os encarezco hagáis enviar a la mayor brevedad los
vestidos sobrantes del recibido al señor Cavellier a Puerto
Gamarra, con destino al Ejército de Santander, avisándolo por
telégrafo al General González Valencia.
«Amigo afectísimo,
«A. VÁSQUEZ COBO»
(Cuaderno citado).
El 16 de octubre ponía el General Tobar el telegrama
siguiente:
«Barranquilla, 16 de octubre de 1903
«Ministro Guerra.
«En cumplimiento de lo ordenado en telegrama de Su Señoría fecha
8, recibido hoy, despacho inmediatamente crucero
|Cartagena
con comisionado especial que lleva órdenes terminantes respecto
contrabando. Oportunamente comunicaré el resultado comisión. En
oficio de esta fecha doy a Su Señoría cuenta detallada situación
Ejército. General Amaya seguirá conmigo Cartagena, Panamá, por
considerar conveniente su presencia allí. General Escanden
reemplazarálo en ésta. Situación general en Departamento bien.
«JUAN B. TOBAR»
(Folio 85, cuaderno citado).
El telegrama a que se refería el General Tobar es el
siguiente:
«
|Telegrama 3999-Bogotá, octubre 8 de 1903,
«General Juan B. Tobar-Barranquilla.
«Servios hacer vigilar de preferencia las costas de La Goajira, por
haber noticia de existir contrabando en ellas.
«Afectísimo,
«A. VÁSQUEZ COBO»
(Folio 59, cuaderno 5.°).
El 17 de octubre telegrafiaba el General Tobar :
«
|Oficial-
|Barranquilla, 17 de octubre de 1903.
«Ministro Guerra.
«Se ha presentado el General José Francisco Laverde, súbdito
español que fue llamado hace poco más de dos meses por los
Generales Sicard Briceño y Carlos Tanco para desempeñar las
funciones de Capitán de uno de los buques del Gobierno.
«Suplícole a Su Señoría se sirva disponer lo que juzgue
conveniente.
«Afectísimo,
«JUAN B. TOBAR»
(Folio 86, cuaderno 11).
Con fecha 19 de octubre telegrafiaba el Ministro de Guerra al
General Tobar:
«Bogotá, 19 de octubre de 1903
«General Tobar-Panamá.
«Siguió reforzar Barranquilla veterano Batallón
|Tiradores
vuestras órdenes. Conviene enviéis
|Bogotá correría hasta
Tumaco. Urge composición
|Darién.» (Folio 1° vuelto, cuaderno
10). De la misma fecha es el siguiente:
«
|Urgentísimo-Bogotá, octubre 19.
«Generales JuanB. Tobar y Joaquín Escandón-Barranquilla.
«En vista de telelegrama del General Tobar fechado el 13 del
presente, os aviso que próximamente será despachado de ésta un Jefe
de buenas condiciones para que se encargue de la Jefatura Militar
de Santa Marta. Espero oficio en que se me comunican detalles.
«Amigo afectísimo,
«A. VÁSQUEZ COBO»
Con fecha 28 de octubre ponía el Ministro de Guerra el telegrama
siguiente:
«
|Urgentísimo-Oficial-Recibido hoy 30 a las 3 p. m.-Bogotá, 28
de octubre de 1903.
«Juan B. Tobar-Barranquilla,
|o donde se halle.
«Una invasión de setenta hombres procedentes de Nicaragua
desembarcó en las costas del golfo de Panamá, cerca de Penonomé.
Inmediatamente se despachó en crucero
|Veintiuno fuerza del
Batallón
|Colombia, la que se encuentra en la población de
Penonomé con orden de atacar los filibusteros. En vista de estos
acontecimientos debéis seguir sin demora para el Istmo, y con la
actividad y energía que os caracterizan sofocar ese atentado a la
Patria con ejemplar castigo. Batallón jo
|de Tiradores debe
llegar sábado próximo a Barranquilla; este Batallón debe encontrar
el crucero
|Cartagena listo en Puerto Colombia para que siga
a Panamá. He ordenado al Gobernador Obaldía que envíe uno de los
buques del Gobierno a Buenaventura a llevar los batallones que de
antemano tengo allí listos y equipados. Sigue próximamente remesa
de 100,000 dólares y nuevo refuerzo, pues Gobierno nacional no
omitirá medidas para sacar avante el honor y la integridad de la
República. Liberales del Istmo y de esta ciudad protestan. Respecto
de Gobierno, se les han ofrecido garantías en vista de su
patriótica conducta.
«Servidor y amigo,
«A. VÁSQUEZ COBO
«Este telegrama debe transmitirse por todas las vías posibles,
interrumpiendo toda comunicación y en caso necesario, remitirse con
posta.
«A. VÁSQUEZ COBO»
(Folio 1° vuelto, cuaderno 14).
El telegrama anterior obedecía al de la misma fecha, que parte
en lenguaje corriente y parte en clave, puso el señor Obaldía, y
que dice:
«
|Urgentísimo-Oficial-282-7
|p.
|m.-I a.m.-Panamá,
28- 6 y 30 p.m.-Buenaventura,
|28.
«Ministro Gobierno.
«Recibido cable 27. Informan Prefectos Coclé y Veraguas invasión
nicaragüense. Parque Bocas Toro trájelo Colón; interior Jefes
liberales, presos aquí. Nada temo. Costa Pacífico no hay
guerrillas. Tropas moveránse Costa Atlántico, si necesario.
Movimientos activos lograrán tranquilidad.
«gobernador»
(Traducción Calvo. Folios 181 y 182, cuaderno 9°, y folio 70,
cuaderno 10).
Debe advertirse que para este tiempo todavía estaban vacías las
cajas nacionales en Panamá, según lo demuestra el telegrama
siguiente:
«287-
|Urgentísimo-2 p. m.-Panamá, 20; Buenaventura, 29 de
octubre de 1903.
«Ministro Guerra-Bogotá.
«Pedido carbón enviar buque; comunicado Cauca estar listos.
Gobierno tiene elementos someter enemigos. Informaré Barranquilla
tres (3). Muchos suplementos Hacienda Nacional; necesítanse
recursos.
«gobernador
«Auténtico,
|J. S. Calvo»
|
(Folios 70 y 71 vuelta, cuaderno 10).
El señor Lorenzo Marroquín en su declaración jurada del 4 de
octubre de 1910, rendida ante la Comisión Investigadora, dijo:
«El Gobierno daba grande importancia a la misión de Tobar,
porque quería satisfacer la opinión pública, atender a las
aprensiones del Senado y evitar oportunamente todo movimiento
separatista de Panamá, aun cuando no los temía al hacer el
nombramiento de Obaldía. Pero el sentimiento del Senado y las
indicaciones de algunos amigos lo hicieron entrar en aprensiones y
lo movían para tomar precauciones contra la ineptitud, la debilidad
o la traición de Obaldía. Por estas causas se pensó primero en otro
Jefe, en el General Sarria, para que marchara al Istmo con fuerzas,
como Jefe inmediato de la fuerza del Istmo, y se pensó en él,
porque se tenía fe en su lealtad, y se le tenía fe, porque él me
manifestó a mí desde la primera sesión del Senado sus aprensiones
sobre separación del Istmo. Entiendo que se le hizo el
nombramiento. Pero luego se pensó que el General Tobar era persona
de mayor autoridad y de mayor prestigio, y más apto para recibir y
cumplir con prudencia, al par que con celo y energía, las
instrucciones que llevaba, sin abusar délas amplias y
discrecionales facultades de que quedaba investido.» (Folios 8
vuelta y 9, cuaderno 15).
En la misma declaración dijo el señor Marroquín: «Después de la
marcha de Tobar se pusieron numerosos telegramas para que activara
su llegada a Panamá, y su retardo en llegar se hacía inexplicable.
Estos telegramas deben reposar en los Ministerios de Guerra o de
Gobierno, y especialmente en la Secretaría General de la
Presidencia.»
Y más adelante:
«Repito que fueron muchos los telegramas que se pusieron para
que llegara pronto al Istmo; que la angustia por su retardo
aumentaba día por día, y que se esperaba a cada instante, diez días
después de su partida, la noticia de que había llegado al Istmo.
Los fondos abundantísimos de que, a pesar de la penuria del Tesoro,
se le proveyó, las facultades amplísimas de que él quedó investido,
demuestran la voluntad decidida que tuvo el Gobierno de quitar todo
obstáculo a su marcha.»
Luego agrega:
«Si hubiera tenido esa certidumbre (el Gobierno respecto al
movimiento separatista), hubiera mandado treinta milhombres y
tomado mayores precauciones. En lo que se refiere a mi padre y a
mí, fue un misterio la tardanza de Tobar, como lo acreditan los
telegramas urgiéndolo a apresurarse, de que he hecho mención. »
Y por último, después de hablar de la sorpresa causada al
Gobierno por el retardo de Tobar y de la ignorancia en que el
declarante dice que estuvo en cuanto a la ida de Tobar a Ocaña,
añade:
«Entiendo que el Ministro de Guerra lo ignoró también, como
también mi padre. Los telegramas de uno y otro a Tobar, aclaran
este punto suficientemente. »
Tales telegramas de apremio a Tobar, para que apresurara su
marcha, no han parecido, sin embargo.
La Comisión Investigadora no los encontró en el archivo
telegráfico, ni en el del señor Marroquín; ni los ha presentado
ninguno de los interesados en aclarar este punto. Los telegramas
que Tobar puso de Barranquilla pintan a un Jefe que, sin premura,
se ocupa en disposiciones mecánicas del Ejército y medidas de
organización; los telegramas del Ministro de Guerra demuestran que
no hallaba nada de particular en la demora de Tobar: ni una palabra
de extrañeza se encuentra en ellos porque Tobar se ocupara en tales
disposiciones y no marchara en seguida para el Istmo. El telegrama
que dicho Ministro dirigió a Tobar con fecha 19 de octubre a
Panamá, demuestra que creía que Tobar podía estar en tal fecha en
el Istmo; pero del telegrama que con la misma fecha puso a Tobar a
Barranquilla, se deduce que también creía posible su permanencia en
dicha ciudad. El telegrama del 28 de octubre dirigido a
Barranquilla, para noticiarle la invasión de Nicaragua y darle la
orden terminante de que partiese en seguida para el Istmo, también
demuestra de modo especial que el Ministro de Guerra creía posible
la permanencia de Tobar en Barranquilla, y todo induce a pensar con
fundamento bastante que Tobar no tenía las órdenes apremiantes de
que habla don Lorenzo Marroquín, de partir sin demora para el
Istmo. También demuestra lo que dejamos dicho, el telegrama del 28
de octubre del Ministro de Guerra para el Jefe Militar de
Barranquilla, que ordena comunicar a Tobar, adonde se encuentre,
que debe partir inmediatamente para Panamá. (Cuaderno 18).
Todavía el 2 de noviembre dirigía el Ministro de Guerra al
General Tobar, a Barranquilla, el telegrama siguiente:
«Como resultado de vuestro telegrama del 17 del pasado, os
informo que los Generales Tanco y Sicard Briceño manifiestan no
haber llamado ni celebrado contrato alguno con el súbdito español
José Francisco Laverde. General. Sicard dice que sólo hizo
recomendación de un empleado para Capitán de uno de los cruceros,
que al propio tiempo fuera instructor de cadetes de la Marina.
«Amigo afectísimo,
«A. VÁSQUEZ COBO»
(Folio 74, cuaderno 5°).
Debe agregarse, en descargo del General Tobar, sobre este punto,
que el 18 de octubre de 1903 se verificó en Barranquilla una
reunión de ciudadanos importantes, por convocación del Gobernador
del Departamento de Bolívar, doctor José Francisco Insignares,
según lo han testificado don Rafael María Palacio y otros
concurrentes, con el fin de «considerar algo grave que ocurría en
aquellos momentos, » y que lo allí sucedido confirma las
alegaciones de Tobar respecto a no existencia de órdenes para que
marchase sin dilación al Istmo.
Dice el señor Palacio, en carta del 20 de mayo de 1910, dirigida
al doctor Carlos Calderón y ratificada con juramento ante la
Comisión Investigadora:
«El señor doctor Insignares leyó o hizo leer un cable, vía
Buenaventura, en el cual se avisaba que había estallado en el
Departamento de Panamá un nuevo movimiento revolucionario. Entonces
interrogamos al señor Gobernador si el Jefe Militar que debía
seguir a Panamá estaba en la ciudad, y si estaba ¿por qué no se
encontraba en aquella reunión? El Gobernador dijo que aun cuando
estaba en la ciudad, no había podido asistir a pesar de la citación
respectiva. Replicamos que en nuestra opinión debía partir
inmediatamente para Panamá. Dijo el señor Gobernador que no podía
seguir dicho Jefe por tener que ir a La Goajira en desempeño de una
comisión, y porque aún no había llegado el batallón que aguardaban
de un momento a otro. Insistimos en decir que la situación era tan
grave, que cualquiera hora perdida sería funesta para el país; que
no nos explicábamos la importancia de una comisión en La Goajira en
aquellos momentos; que si no había llegado el batallón, fácil era
tomar un vapor marítimo inglés que debía zarpar el 21 para Colón
llevando el batallón que hacía la guarnición en Barranquilla, o
tomar, medio batallón de allí y el otro medio de Cartagena, pero
con la actividad que las circunstancias lo exigían; bien entendido
que estas fuerzas podrían regresar a sus acantonamientos, tan
pronto como llegara el batallón que ya se sabía estaba para salir
de Honda. Que si no se tomaban medidas de esa o igual naturaleza,
la Junta carecía de objeto y lo mejor era aguardar, como el
avestruz, el golpe que se veía venir. El señor General de Castro
dijo algunas cosas que él debe recordar mejor que nosotros, y la
citada Junta se dispersó inmediatamente sin haber acordado nada,
puesto que la acción militar era la única que debía obrar y no las
buenas razones.», (Folios 76 vuelto y 77, cuaderno 4°).
De elemental acierto eran las indicaciones de la Juntado
Barranquilla. Parece que todos veían cuál era el camino del deber,
menos los llamados a tomarlo.
Lo copiado anteriormente indica que el General Tobar no estaba
de prisa en Barranquilla, y que el Gobernador Insignares juzgaba
natural su demora allí hasta fines de octubre, por tener que
perseguir, de preferencia, el contrabando de La Goajira.
Es la verdad que la frase «de preferencia,» puesta en el
telegrama de 8 de octubre de 1903, en cuanto a la persecución de
dicho contrabando ordenada al General Tobar, no se compadece con
las órdenes terminantes que asegura don Lorenzo Marroquín se dieron
a Tobar para que siguiera al Istmo sin detenerse; y mucho menos con
los varios telegramas que, según don Lorenzo, se pusieron a Tobar
después de su salida de esta capital para que no se detuviese. Si
tales eran las órdenes primitivas y tales los telegramas, las
órdenes de despachar vestidos y parque y de perseguir el
contrabando de La Goajira no han podido ni debido darse en ninguna
forma a aquel que no se quería se detuviese un instante en su
marcha a Panamá. No nos parece suficiente la explicación que dio el
General Vázquez Cobo en su indagatoria de 6 de mayo de 1911, en
cuanto a este punto. Dice él que dirigió la orden a Tobar porque
entre éste y el Ministerio de Guerra no cabía intermediario, y que
no se dirigió a los subalternos del General Tobar, porque habría
hecho mal en ello; pero que la orden no implicaba que Tobar fuera
personalmente a perseguir el contrabando, «sino que hiciera vigilar
con sus subalternos la costa goajira.» (Folio 45 vuelta, cuaderno
10).
Si Tobar no debía detenerse un momento, el Ministro de Guerra
debió dirigir la orden a cualquier otro y comunicarla, por ejemplo,
por medio del Gobernador de Bolívar, a quien debiera quedar
encargado del mando superior en Barranquilla o Cartagena, sin
contar con Tobar.
Con fecha 29 de octubre dirigió Tobar al Ministerio de Guerra un
telegrama que decía:
«Llegó comisión crucero
|Cartagena. Informo (aquí. nueve
líneas en clave). En oficio de esta fecha doy a Su Señoría
detalles.» (Folio 46, cuaderno 10).
El General Tobar contestó el telegrama del 28 de octubre del
Ministro de Guerra, así:
«
|Urgente-Comandancia en Jefe-Oficial-I y 40 p.m.
«Ministro de Guerra.
«A las cuatro p. m. (4), hora en que partía para Cartagena,
recibí vuestro telegrama del 28. Sigo inmediatamente con Batallón
|Tiradores para Panamá. Vuestras órdenes serán cumplidas.
Dejo convenientemente arreglado pues (sic) Santa Marta y Sabanilla.
Mañana dispondré lo conveniente en Cartagena para resguardo de ese
puerto. Gobernador activa y colaborará eficazmente. Agradezco la
confianza en mí depositada, y confío que pronto llegarán los
refuerzos y elementos que me anuncia. Salgo a las 7 p. m. sin
falta.
«VÁSQUEZ TOBAR»
«Auténtico,
|Murillo»
|
(Folio 95, cuaderno 5°).
Dedúcese de este telegrama que vuelto el crucero
|Cartagena de cumplir su comisión en la costa goajira fue
cuando Tobar entendió que debía seguir al Istmo, pues a las 4 p. m.
del 29, probablemente (ya que el telegrama fue puesto a la 1 y 40
p. m. del 30, sin duda), se disponía a partir para Cartagena. Y
efectivamente, la orden del referido telegrama del 28 de octubre
fue el primer apremio para seguir a Panamá que consta recibiera
Tobar. Parece cierto lo que éste asegura en su indagatoria de 13 de
octubre de 1910, cuando dice:
«Tengo declarado ya que yo no recibí telegramas del Gobierno
alusivos a la precipitud del viaje a Panamá. Sí recibí algunos
telegramas del Ministerio de Guerra relacionados con el servicio
militar; y en cuanto a telegramas que hablaran de Panamá sólo
recibí uno del Ministerio de Guerra, a fines del mes de octubre, el
28, y que tengo presentado a la Comisión.» (Folio 35 vuelta,
cuaderno 5°).
También se deduce del telegrama de Tobar que cuando recibió el
que contestaba fue cuando creyó que se depositaba en él una
extraordinaria confianza.
Sin embargo, el General Tobar salió de Puerto Colombia en las
primeras horas de la noche del 30 de octubre, y llegó a Cartagena
en la mañana del 1° de noviembre, con demora Inexplicable. Aquí
empiezan las demoras más inexplicables del General Tobar. El
confiesa en su indagatoria últimamente citada que había recibido
del Administrador de la Aduana de Barranquilla una suma en dinero;
y aunque negó haber recibido fondos en esta capital, consta del
informe del Banco de Bogotá, como ya lo hemos dicho, que recibió $
30,000 oro en letras, pagaderas en Panamá. (Folio 141, cuaderno
5°). Lo mismo consta del hecho de haber devuelto él tales letras a
su regreso del Istmo.
Perdió el General Tobar todo .el día 1° y la mitad de la noche
en Cartagena. Dice él en su informe al Ministro de Guerra, fechado
en Barranquilla el 20 de noviembre de 1903, que se demoro porque el
crucero carecía de carbón, de agua y de víveres, y que además
necesitaba recibir dinero sonante para racionar el batallón, así
como embarcar cien cargas de parque. (Folio 2, cuaderno 14). Pero
estando él listo para partir de Puerto Colombia el 29 y no habiendo
salido sino en la noche del 30, no se comprende cómo el buque se
hallaba desprovisto de todo lo necesario para viajar; y siendo
evidente ya para él la gravedad de la situación en el Istmo y
teniendo en su poder los recursos de que se ha hablado, no es
justificable la pérdida de diez y ocho horas en Cartagena, donde
también se le hizo presente aquella gravedad.
Hacemos aquí un paréntesis, para decir que el Ministro de
Guerra, tan luego recibió la noticia de la invasión de Nicaragua,
dictó las medidas más oportunas y eficaces para atender a la
gravedad de las circunstancias: ordenó a Panamá que viniesen
vapores a Buenaventura a tomar tropas; con fecha 29 de octubre
dirigió telegrama al Gobernador del Cauca, en el cual ordenaba a
éste que con toda eficacia prestara su apoyo al General Velasco, a
fin de que la movilización de la fuerza fuese rápida. Ordenó
también la organización de 1,000 hombres que reemplazasen la tropa
que debía seguir a Panamá, y añadió:
«Por las noticias venidas se sabe que lo ocurrido en el Istmo no
es asunto político, sino que ataña (sic) a la integridad nacional;
así conviene que Usía lo haga saber a los amigos, excitándoles su
patriotismo para .que estén listos a secundar la acción del
Gobierno, quien ha dado cuenta al Congreso para lo de su cargo.
Para organizar los 1,000 hombres espero que Usía impartirá las
órdenes necesarias para que de las Provincias se suministre el
contingente respectivo»
(Folios 93 y 94, cuaderno 8°).
La verdad es que no hemos encontrado documento alguno que
justifique la aserción del señor Ministro de que los sucesos que se
cumplían en el Istmo afectaban la integridad nacional, pues los
telegramas que hemos tenido a la vista sólo hablan de setenta
hombres procedentes de Nicaragua, que habían desembarcado en el
golfo de Panamá, cerca de Penonomé. El General Vásquez Cobo tampoco
ha presentado ningún documento que acredite tal aserción, por donde
parece que lo que acontecía era que al fin, en virtud de todos los
antecedentes, estallaba el sentimiento del peligro, por desgracia
tardíamente.
Al General Lucio Velasco telegrafió el señor Ministro de Guerra
el 29 de octubre, en el mismo sentido que al Gobernador (folios 63
y 64, cuaderno 5°); al Gobernador de Antioquia y al Comandante en
Jefe en Medellín se dirigió igualmente para noticiarles lo que
ocurría, añadiendo:
«Aún no se ha turbado el orden público en ningún Departamento.
En todo caso, os encarezco vigilancia y que todos sepan la verdad
de estos acontecimientos, puesto que no se trata de cuestión
política sino de salvar el honor de la Patria. Os seguiré
informando.» (Folio 91, cuaderno 8°).
Desde este momento cesa, por consiguiente, todo cargo que
pudiera hacerse al General Vásquez Cobo por falta de celo en la
defensa de la seguridad nacional, así como en nuestro concepto
empieza la mayor responsabilidad del General Tobar.
No tardó Obaldía en tranquilizar al Gobierno, telegrafiando con
fecha 27 de octubre:
«Recibí cable. Batallón
|Colombia llegó Penonomé ayer
noche. Envío recursos Veraguas. Zelaya niega ayuda. Tenemos
elementos. Juzgo plan fracasado. Liberales aquí condenan invasión.
Tengo absoluta confianza sostener Gobierno.
«gobernador»
(Folio 72 vuelto y 73, cuaderno 10).
Ya hemos visto que el Administrador de Hacienda también
tranquilizaba en telegrama del 29. Obaldía telegrafió que no era
necesario el envío de nuevas fuerzas. Particulares telegrafiaron en
el mismo sentido, y de ahí que el Ministro contestara a Obaldía que
si no lo creía conveniente no enviara los buques a Buenaventura por
tropas.
Al llegar a este punto de nuestro informe, la cortedad del
tiempo nos obliga a abreviar y a prescindir, en lo general, de
citar las fojas de los expedientes o cuadernos en que se hallan los
documentos en que hayamos de fundarnos en seguida.
No dejaremos de insertar el telegrama siguiente, que tendía a
tranquilizar, y respecto de algunas de cuyas frases no nos han
parecido satisfactorias las explicaciones que ha dado el señor
doctor Jenaro Payan en el certificado que expidió, en virtud de
exhorto de esta Comisión:
Panamá, 28 de octubre de 1903
«Jenaro Payan-Bogotá.
«Su familia no seguirá Cauca. Aconséjela demorar viaje. Situación
obscura, pero no difícil. Gobierno tiene elementos debelar
invasión, establecer orden. Satisfecho por labores ambos partidos.
Confío tranquilidad. Pronto aprovecho reacción favorable. Todos me
apoyan, excepción locos y envidiosos.
«OBALDÍA»
(Folio 47, cuaderno 9°).
Volviendo al General Tobar, éste salió del puerto de Cartagena a
las 12 de la noche del 1° al 2 de noviembre; y dice él que por
obstáculos insuperables en la travesía, que no expresa cuáles
fueron, no les fue dado avistar el puerto de Colón sino en la
madrugada del 3; pero de la declaración de José Segundo Ruiz (folio
26, cuaderno 14), confirmada por el diario de navegación del vapor
de guerra americano
|Nashville (The Story of Panamá, cuaderno
3°D, folio 6 de la traducción, Apéndice), el vapor
|Cartagena
ancló en el puerto de Colón a las 11 y 50 minutos de la noche del 2
de noviembre. En vez de preocuparse el General Tobar por ponerse en
seguida al habla con las autoridades y amigos de Colón, no fue sino
a las ocho de la mañana del 3 cuando saltó a dicho puerto con sus
Ayudantes. (Folio 2, cuaderno 14).
José Segundo Ruiz era Capitán de] puerto de Bocas del Toro, y
habiéndole dicho a fines de octubre en dicho puerto el Capitán del
vapor noruego
|Brecton que tenía noticia cierta de que en
Panamá se proyectaba un movimiento separatista de Colombia, apoyado
decidida y francamente por el Gobierno de los Estados Unidos, y
sabiendo que el General Tobar venía con fuerzas, dice Ruiz en su
declaración, «a robustecer la guarnición de Panamá e impedir los
movimientos, que ya se proyectaban sin ningún sigilo aun entre las
mismas autoridades y agentes de nuestro Gobierno» (folio 25,
cuaderno 14), se fue a Colón a comunicar al General Tobar lo que
sabía. Al saltar dicho General a Colón, Ruiz, cuya declaración ha
sido confirmada por otros testigos, se acercó al General Tobar, le
manifestó «que tenía que decirle cosas muy importantes para el
desempeño eficaz de su comisión y parados intereses de la Patria»;
y aun cuando iban andando aprisa, «se detuvo, dice Ruiz, me volvió
la espalda, y fingió que buscaba entre los que venían detrás a
alguien, y en esos momentos llegó Mr. Shaller, Superintendente de
la Compañía del Ferrocarril, y en un pésimo, chapurrado castellano,
le dijo que había hecho demorar el tren y pasar frente al muelle
solamente por esperarlo; que tenía preparado un carro especial para
él y sus Ayudantes. » Tobar accedió a las excitaciones de Shaller
para que se fuera a Panamá, confiado en la promesa que Shaller le
hizo de que el batallón seguiría en el tren especial de la una de
la tarde.
Fue lo peor que Tobar se llevó al General Amaya, su segundo, a
pesar de que Amaya le manifestó el deseo de quedarse con la tropa.
Según Ruiz, Amaya dijo en voz baja a Tobar:
-Déjeme aquí con mis soldaditos; no me voy.
Pero insistiendo Tobar, Amaya se fue también a Panamá, y el
Batallón
|Tiradores quedó en Colón, sin más jefe que el del
Cuerpo, Coronel Elíseo Torres.
Al llegar a Panamá recibieron al General Tobar en la estación,
Obaldía, sus Secretarios, varios altos empleados y el Batallón
|Colombia, formado en dos alas, que su Jefe Esteban Huertas
puso a órdenes de Tobar. También estaba allí una parte del Cuerpo
de Policía departamental que, con el
|Colombia, hizo a Tobar
los honores del caso. De allí fue Tobar, en la carroza del
Gobernador, a la casa de Gobierno, en donde Obaldía lo trató con
gran cordialidad, le dio seguridad absoluta de que la paz reinaba
en el Departamento y le enseñó varios telegramas en que se daba
cuenta de que la invasión de Penonomé había sido un mal informe
recibido por el Prefecto de Veraguas. De la Gobernación acompañó
Obaldía a Tobar a su hospedaje, a la 1 p. m.
Según Tobar, en su ya citado informe, a la una y media p. m. fue
a verle el General José M. Núñez Roca y le informó que con motivo
de su llegada había grande alarma en la población y se preparaba un
mitin cuyas tendencias ignoraba. Hablando todavía con Núñez Roca,
recibió tarjeta del doctor José Angel Porras, en que le decía que
debía tener cuidado; que debía desconfiar de todos y que él iría
personalmente a hablar con Tobar. Impresionado ya, fue al cuartel
con el General Amaya, se hizo reconocer, ordenó a dos de sus
Ayudantes que avisaran al Gobernador de los rumores que corrían y
le exigieran el despacho del tren con la tropa de Colón, pues se le
había informado que el ferrocarril 110 admitía órdenes de esa clase
sino de la Gobernación.
Obaldía contestó que estaban dadas las órdenes y que estuviera
cierto de que la tropa llegaría esa tarde. Reconocidos por Huertas
y los Oficiales del batallón, Tobar y sus Ayudantes fueron a la
muralla que defiende el cuartel del lado del mar, para prevenir un
ataque que ya a Tobar «empezaba a parecerle posible»; y cuando daba
las instrucciones, se presentó, en apariencia muy afanado, Julio
Fábrega, Secretario de Gobierno, e informó que el Superintendente
del Ferrocarril alegaba que el Gobierno debía a la Empresa algunas
sumas para no transportar la tropa de Colón. Tobar dijo que él
pagaría de contado el transporte y aun atendería a las deudas
pendientes, empeñando la palabra oficial y su propia
responsabilidad. Detrás de Fábrega mandó Tobar a sus dos Ayudantes,
Angel M. y Luis Alberto Tobar, a hacer al Gobernador los mismos
ofrecimientos.
Después de lo dicho. Tobar, con los Generales Amaya y Castro,
fue a ver si se estaba arreglando, como se decía, el cuartel de las
Monjas para recibir el Batallón
|Tiradores. Visitado el
cuartel, volvió Tobar a la Comandancia, en donde los comisionados
le informaron que el Gobernador extrañaba el proceder de Shaller,
pues no era cierto que se le debiera un centavo, y que «tenía la
seguridad que se despacharía el tren, a pesar de que la conducta
anterior de Shaller había sido siempre inexplicable. »
Mandó Tobar a Amaya a urgir al Gobernador para la ida de la
tropa, y Amaya volvió diciendo que el Gobernador daba otra vez
seguridades; y en cuanto a lo del mitin, decía no creer que pudiera
verificarse, y en todo caso, cumpliría su deber de agente del
Gobierno, llegando hasta el sacrificio si fuera necesario.
Poco después se presentaron don Nicolás Victoria y don Eduardo
de la Guardia y dijeron a Tobar que no creían que el Gobernador
pudiera contener el movimiento próximo a estallar con caracteres
alarmantes; que abrigaban serios temores de que el Gobernador no
hubiera impartido ni impartiera orden alguna para contener el
movimiento, porque el Batallón
|Colombia y la Policía estaban
comprometidos.
En vista, o tal vez mejor, a pesar de eso, Tobar envió dos
Ayudantes a la telegrafía del Canal a persuadirse de que el
Gobernador había dado las órdenes deseadas, e hicieran saber al
Gobernador que como la Policía no salía a mantener el orden, él
(Tobar) estaba resuelto a disolver personalmente los grupos
|con
el Batallón Colombia, y en seguida salió con Amaya y Castro, y
fueron al cuartel, en cuya puerta de muralla encontraron a Huertas
con varios de sus Oficiales sentados. Llamando Tobar aparte a
Huertas, le hizo saber que el pueblo en masa, aunque desarmado, se
precipitaba sobre el cuartel. Le previno para que se preparase a la
defensa; que situara algunas escoltas en la plazoleta de la muralla
y sacara otras a la calle para hacer guardar el orden. En estas
circunstancias, el Capitán Romero, Ayudante del Guardaparque, llamó
aparte al General Francisco de P. Castro para manifestarle, según
éste dijo, que en ese momento se presentarían al frente del cuartel
los amotinados. Luego Huertas, perfectamente tranquilo en
apariencia, pidió permiso a Tobar para sacar la primera escolta, a
cuyo efecto entró al Cuerpo de guardia seguido del General Castro,
a quien según manifestó después, le atacó en aquel instante una
indisposición que lo obligó a retirarse. Castro se metió en efecto
en el excusado; la primera escolta salió, y «desviando, dice Tobar,
a la derecha de la puerta de muralla, aparentando movimientos
militares.» se abrió en dos alas, cruzó las bayonetas sobre Tobar,
Amaya y el General Caicedo Albán, «dejándonos completamente
incapacitados hasta para movernos,» dice el mismo Tobar, e
intimándoles prisión por orden de Huertas.
Afirma Tobar que en seguida él gritó al Jefe de la escolta,
Marco A. Salazar, al centinela y a los soldados llamándolos a la
defensa del honor nacional e increpándoles la abominable traición;
que llamó a voces a Huertas para apostrofarlo personalmente, pero
ni Huertas ni Castro se presentaron, mientras Tobar y sus
compañeros se esforzaban por vencer toda resistencia e intentaban
atropellar la escolta y entrar al cuartel. Testigos presenciales
niegan tales actos de resistencia; y el hecho es que Tobar y sus
compañeros fueron presos; el pueblo se presentó en seguida
amotinado dando vivas al Istmo libre, aclamando a Huertas, al
Gobernador Obaldía y a Amador Guerrero, a quien proclamaba
Presidente de la República de Panamá, en medio de disparos de
revólver. Luego fueron presos cuantos adictos hubo a Colombia.
Según lo ha declarado Mamerto Cortés, refiriéndose al señor
doctor José Angel Porras, y lo han corroborado algunos otros
testigos, al General Tobar le fue entregada la tarjeta de Porras a
la salida del tren, en la estación, por el General Amaya, a quien
Porras la dio; Tobar se impuso de ella, la guardó y siguió con su
comitiva. La tarjeta decía, poco más o menos, y esto lo ha
corroborado el General Tobar:
«No estás sobre un lecho de flores, sino sobre un volcán; vente
y hablaremos sobre un plan salvador.»
Porras, asociado a su hermano Lisandro, a Cortés, a los
Generales Chamorro, Zelaya y otros nicaragüenses que vivían en el
mismo hotel, tenían concertado el plan siguiente: Tobar almorzaría
con ellos en el hotel; tenían al efecto preparadas tarjetas de
invitación para el Gobernador, el Prefecto, el Alcalde, Huertas, el
Jefe de la flotilla y el de la plaza; las tarjetas debían ser
firmadas por Tobar para infundir confianza, y a medida que fueran
llegando los Invitados, los irían conduciendo a los diversos
cuartos que tenían preparados, y poniéndolos presos, a cuyo fin
estaban armados. ¡Plan salvador, que, por desgracia para Colombia,
no pudo llevarse a cabo!
Lo angustiado del tiempo nos obliga a sintetizar en seguida
todavía más. Aislado el Batallón
|Tiradores en Colón, su
Jefe, Elíseo Torres, al principio estuvo animado por el sentimiento
del deber y del honor militar. Envió un comisionado al General
Tobar a Panamá para decirle que estaba resuelto a combatir con las
fuerzas americanas que habían saltado a Colon (veinticinco hombres
hasta entonces), y le pedía órdenes; pero al fin resolvió atender a
las instancias de los traidores; recibió de éstos dinero para pagar
el pasaje de regreso, y aun hay una declaración en el sentido de
que también recibió dinero a bordo del buque en que se embarcó, del
Capitán de éste, y, por último, abandonó a Colón y se trasladó a
Cartagena.
Antes de eso, el General Borrero, Comandante del crucero
|Cartagena, también había abandonado el puerto de Colón sin
orden de nadie, con el fin, según ha dicho, de comunicar al
Gobierno lo que ocurría, y contribuyendo así al aislamiento del
Batallón
|Tiradores.
En el Pacífico, el General Jorge Martínez salvó el honor
nacional y el
|crucero Bogotá, poniendo valerosamente presos
a los que creyó comprometidos a bordo, e intimando rendición a la
plaza de Panamá, sobre la cual hizo algunos disparos de artillería.
Persuadido de que Rubén Barón, comandante del vapor colombiano
|Veintiuno de Noviembre, hacía traición a la Patria, y
temeroso de una agresión de un buque de guerra americano surto en
el puerto, zarpó de allí y llegó a Buenaventura a las 8 y 30 p. m.
del 5 de noviembre.
Según los hechos lo demostraron, el movimiento separatista tenía
sus ramificaciones en el Cauca, y el corifeo más decidido por él
allí fue el General Leopoldo Triana, a la sazón en servicio.
Sentimos no insertar, por lo angustiado del tiempo que tenemos
para redactar este informe, la carta de este mal colombiano, con la
cual trató de conquistar adeptos para su acto de traición; pero la
carta en referencia hace parte de los autos, y allí es fácil verla.
Afortunadamente, hubo hombres leales que se opusieron a los
intentos de Triana. Entre ellos merece honrosa mención el General
Pablo J. Monroy, Jefe del Batallón
|Holguín a quien
acompañaron en su noble actitud otros Oficiales, que con él y con
alguna ayuda del Batallón
|Pichincha, acantonado también en
Cali, impidieron que la traición de Panamá hubiera tenido eco en el
benemérito Cauca.
En este punto nos referimos especialmente a la declaración del
General Monroy, que corre de fojas 116 a 125 del cuaderno 4° del
proceso. No hemos tenido tiempo de estudiar el voluminoso y
especial expediente relativo a Triana, en donde pueden hallarse
probablemente documentos importantes sobre el particular; pero no
dejaremos de insertar dos telegramas que tenemos a la mano, y que
corroboran la declaración del General Monroy. Dicen así:
«
|Urgente-Oficial-Cali, 9 de noviembre de 1903.
«Director General.
«Permíteme informar, a usted, para conocimiento Gobierno, que
cunde aquí idea separatista. Anoche promovióse un
|meeting
popular con ese fin; pero logró evitarse con oportuna intervención
Coronel Monroy, Jefe Batallón
|Holguín. Desgraciadamente,
sostienen y aplauden los crímenes cometidos en Panamá,
conservadores, liberales y nacionalistas, y aun empleados civiles y
militares. Aunque muchos abundamos en sentimientos de reintegrar la
amada Patria, no faltan malos hijos que fomentan el espíritu de
rebelión y discordia.
«Atento servidor,
«S. tafur, telegrafista.
«Es auténtico.
«
|Calvo, Telegrafista de Palacio»
(Telegramas sueltos, cuaderno 18). .
«
|Inspección de la División- Oficial-Cali, 6 de noviembre de
1903.
«Ministro Guerra-Bogotá.
«En mi carácter de Inspector creo de mi deber informaros, con la
debida reserva, que hoy, hablando confidencialmente con el suscrito
el General Leopoldo Triana, me dijo estas terminantes palabras:
"La idea separatista cunde en los Departamentos de
Antioquia, Tolima, Cauca y Panamá; en donde menos habla (sic) de
esto es en Cali; pero hasta el General Bonilla (esta aseveración
resultó evidentemente falsa) es separatista."
«Y por su modo y tono se transparentaba que él participa de la
misma idea. Los actuales sucesos ocurridos en Panamá demuestran la
verdad de lo dicho por General Triana. He creído de mi deber poner
este hecho en vuestro conocimiento.
«Servidor, el General Inspector,
«RODOLFO SINISTERRA
«Es auténtico.
«
|Calvo, Telegrafista de Palacio.»
(Telegramas sueltos, cuaderno 18).
También el General Lucio Velasco cumplió en la ocasión su deber
de patriota y de Jefe del Ejército colombiano, dictando las medidas
convenientes para impedir que germinara en el Cauca la semilla de
la traición. Un telegrama suyo sobre el particular figura en los
autos, y en él participa al Ministro de Guerra y al Jefe Civil y
Militar del Cauca los manejos de Triana y las medidas que había
dictado para atajar sus efectos. En el mismo telegrama pone a salvo
la fidelidad de la mayoría de los cancanos a la Patria.
Una de las cosas que nos han parecido más sensiblemente notables
en relación con los sucesos de Panamá, es que culpables, ya sea por
comisión o por omisión, con motivo de tales sucesos, no solamente
no han recibido el menor castigo, sino que, como Triana, siguieron
y han seguido gozando de colocaciones oficiales. Elíseo Torres
mismo entendemos que fue favorecido, meses después de su mal
comportamiento en Colon, con un cargo militar. En cambio los que,
como Monroy, Ruiz, Martínez y otros, cumplieron su deber, no han
recibido el menor galardón de la República, con lo cual ha
aparecido la Nación dejando de ejercer la justicia con los que
faltaron a su deber, por un lado, y también por el otro, con los
que le fueron fieles.
Si no fuera porque el tiempo ya no nos lo permite y porque para
que el acto fuera estrictamente justo, sería necesario complementar
la investigación respecto de algunos puntos, con este informe os
presentaríamos un proyecto de ley, en el cual pensamos desde hace
algunos días, encaminado a que se otorgaran las recompensas
merecidas por quienes fueron leales ala Patria en aquellos momentos
luctuosos para ella. No dudamos que un próximo Congreso lleve a
cabo esta medida de reparación.
Las naciones, como los individuos, y a veces más que éstos,
necesitan ser justas; no serlo en ocasiones solemnes, puede afectar
de manera profunda y trascendental sus futuros destinos. Si
aquellos que saben arrostrar el peligro y oyen la voz del honor y
del deber en determinadas circunstancias, no reciben el premio de
su alto proceder, ¿qué estímulo queda para que otros los imiten,
cuando el bien y la honra de la República lo requieran? Nuestra
idea ha sido que la República otorgue medallas de oro a los
soldados que le fueron fieles cuando la traición asestaba golpe
cruel a su pecho.
Cortamos aquí para llegar, forzados por el tiempo, a las
conclusiones que debemos deducir como final de este informe. Hasta
donde nos ha sido posible, dejamos atrás constancia de los
elementos que han determinado nuestro concepto, pero antes de
emitirlo necesitamos insistir en que falta mucho por averiguar para
que pueda llegarse a una decisión que deje satisfechos los fueros
de la justicia y absolutamente tranquila la conciencia de quienes
decidan.
Insinuamos al principio que habiendo seguido la pista al archivo
de Luis Halberstadt, que por muerte de éste paso a manos del señor
Agustín Caicedo Navia en remate público, apenas conseguimos que
dicho señor entregara un legajo de duplicados de telegramas
importantes, algunos de los cuales no habíamos encontrado en los
expedientes de la Comisión Investigadora, y un legajo de cartas en
inglés, que no nos ha sido posible hacer traducir ni leer.
Como veréis por la declaración de Caicedo Navia rendida ante el
Prefecto, de esta Provincia en virtud de orden de esta Comisión,
dicho señor afirma que los papeles más importantes de Halberstadt
fueron remitidos por él al
|World de Nueva York, a ver si se
los compraba, con algunos otros relativos a nuestros asuntos con el
Perú. Del caso nos parece que se averiguara la responsabilidad que
pudiera caber a Caicedo Navia, por si se trata de documentos
oficiales sustraídos de nuestro archivo de Relaciones Exteriores o
copiados de él.
En vista de lo declarado por Caicedo Navia, solicitamos del
señor Ministro de Relaciones Exteriores que pusiera cable a nuestro
Ministro en Washington, para que viese si podía hacerse a los
papeles en referencia. Nuestro Ministro allá contesto que los
papeles no habían llegado, pero que si llegan, irán a su poder. Así
nos lo comunicó el señor Ministro de Relaciones Exteriores en
atenta nota. Nuestro sentir en el particular es que Caicedo Navia
no ha remitido tales papeles, sino que no quiere entregarlos a la
autoridad. Según la fecha en que dice haberlos puesto en el correo,
hay ya tiempo sobradísimo para que hubieran llegado a Nueva
York.
Otro punto importantísimo, relacionado con lo que anteriormente
dejamos dicho, en cuanto a imperfección de la investigación.
Con fecha 12 de agosto de 1903 decía Mr. Beaupré a Mr. Hay, por
telégrafo:
«
|Agosto 12-Confidencial.
«X.X. me visitó hoy para informarme que lo hecho por el Congreso
estaba de acuerdo con los planes perfeccionados por el Gobierno y
por los Senadores de influencia, en la seguridad de que el Tratado
no podía pasar sin modificaciones por ahora, pero que se espera que
dentro de muy poco tiempo tenga lugar una reacción en él
sentimiento público, de tal naturaleza, que pueda poner al
Presidente en posibilidad de presentar el Tratado nuevamente al
Senado y de asegurar su aprobación sin modificaciones. Me he dado
cuenta de ese movimiento desde hace algunos días, y de ahí mis
telegramas en que dijo que no debe perderse toda esperanza.
«X.X. pide dos semanas más para la consumación de este plan
antes de proceder de otro modo, y exige una respuesta inmediata;
duda también de que pueda reformarse la Constitución oportunamente,
y cree que en definitiva no hay necesidad de ello.
« (Firmado). BEAUPRÉ»
(Documento número 51 del folleto del Congreso americano, folio 48
de la traducción).
El 10 de octubre decía el mismo Mr. Beaupréa Mr. Hay, en nota
oficial:
«Mi única fuente de información segura es de orden privado. Por
medio de X. X. logré obtener un sumario (del informe que iba a
presentar la Comisión del Senado sobre el contrato de prórroga a la
Compañía del Canal), cuyo extracto iba contenido en mi telegrama a
ese Departamento.
«He tenido que escoger entre adoptar la actitud de un repórter
que comunica cuantas noticias llegan a su conocimiento, o la de
limitarme a comunicar los pocos hechos de cuya absoluta
autenticidad estuviera seguro: naturalmente escogido segundo.
Cuando obtenía informes suficientemente importantes para ser
transmitidos por cable, tuve la desventura de que muchos de mis
trascendentales mensajes fueran mutilados» (Folios 75 y 77 de la
traducción citada).
Con fecha 6 de noviembre decía también Mr. Beaupré a Mr.
Hay:
«Sabiendo que la revolución ha comenzado ya en Panamá, X. X.
dice que si el Gobierno de los Estados Unidos quiere desembarcar
tropas para preservar la soberanía colombiana y el transito, a
solicitud del Encargado de Negocios colombianos, éste declarará la
ley marcial, e investido en virtud de ello de autoridad
constitucional por estar perturbado el orden público, aprobará por
decreto la ratificación del Tratado del Canal, como está firmado; o
si el Gobierno de los Estados Unidos lo prefiere, convocará a una
sesión extraordinaria del Congreso para el próximo mes de mayo, con
nuevos miembros amigos que aprueben el Tratado. El General Reyes
tiene la confianza perfecta del Vicepresidente, y dice que si es
necesario ir al Istmo, irán Representantes allí para arreglar los
asuntos conforme a lo dicho, a .satisfacción de ese pueblo. Si él
fuere, querría obrar de acuerdo con el Comandante de las fuerzas de
los Estados Unidos. Esta es la opinión personal del General Reyes y
esos serán los consejos que dará al Gobierno. Hay una gran reacción
de la opinión pública en favor del Tratado, y se considera que el
Tratado no fue legalmente negado por el Congreso. Mañana se
decretará la ley marcial. Se enviarán mil soldados por el lado del
Pacífico y otros tantos por el Atlántico. Sírvase contestar por
telégrafo.
«(Firmado). beaupré»
(Folio 94, cuaderno citado, y 95, cuaderno 9° del proceso).
¿Quién era este X.X. que comunicaba al Ministro americano
asuntos oficiales, muchos de ellos reservados y graves? ¿Quién era,
cuando podía hacer proposiciones ante el Ministro, en nombre del
Gobierno, de naturaleza tan delicada como las que se han visto?
Nada hemos podido averiguar sobre este punto capital para juzgar
debidamente acerca de los hechos materia de la investigación. Se
nos ha dicho que Mr. Beaupré, en un
|reportaje, dijo en los
Estados Unidos quién es X.X.; pero ni hemos visto el
|reportaje ni sabemos siquiera en realidad que exista.
Como se ha visto, se comunicaban al Ministro americano las
medidas militares que se ordenaban por el Gobierno, cosa cuya
gravedad no puede ocultarse. Así se hacían saber antes y en la
misma época, por los agentes de la Prensa Asociada y del
|Heraldo medidas semejantes tomadas por el Gobierno en
relación con el Istmo, y que debieron tener carácter de absoluta
reserva; y eso a pesar de que los telegramas eran revisados por el
Gobierno, cosa de que hay constancia en los autos, y que se
advierte por la parte final del último párrafo que dejamos copiado,
de la nota de Mr. Beaupré a Mr. Hay, de 10 de octubre de 1903. Esta
es una de las responsabilidades del doctor Esteban Jaramillo,
Ministro de Gobierno en aquel tiempo, de quien dependía la
Dirección General de Correos y Telégrafos, y la responsabilidad
tremenda de quienes desempeñaron dicha Dirección en la misma época.
Sobre esto y sobre la mutilación del copiador número 51 de la
Dirección General de Correos y Telégrafos, del cual, como sabéis,
fueron arrancadas las primeras 50 fojas, correspondientes a los
últimos días de octubre y primeros de noviembre de 1903, apenas
hemos podido recibir, como ya queda dicho, indagatoria al señor
Manuel José Guzmán. Dicho copiador, en virtud del cercenamiento,
empieza en el folio 51 con un telegrama del 4 de noviembre del año
citado. Y es de advertir que en el archivo tampoco se han
encontrado los originales de los telegramas que debieron ser
dirigidos a la Dirección General en los días correspondientes a los
de las hojas arrancadas en el copiador.
Creemos que con la lectura de esta exposición quedarán
convencidos los honorables Representantes de que no han estado en
lo cierto los que han opinado que era cosa sencilla informar sobre
este complicado, delicadísimo y trascendental asunto; que tampoco
es exacto que no haya responsabilidades que deducir, y mucho menos
que la investigación, no obstante el innegable y persistente
trabajo de la Comisión Investigadora, se halle perfecta de modo que
no sea necesario y conveniente mayor esclarecimiento.
Por nuestra parte, conocemos cuánta es la gravedad e importancia
de este proceso; sabemos que este juicio se surtirá más ante la
Nación y ante la posteridad que ante los Tribunales, y penetrados
de la grandeza del cargo que se nos ha confiado, lo llenamos en el
recogimiento de nuestra conciencia, poniéndonos en el punto de la
mayor imparcialidad y llevando por único norte la verdad y la
justicia.
Sin contar los traidores que se han puesto fuera del alcance de
la ley y de la justicia colombianas, amparados por la fuerza de una
nación poderosa, creemos que hay responsabilidades que deducir a
Eliseo Torres, a los Generales Tobar, Amaya y Leopoldo Triana. Muy
posiblemente y adelantando la investigación, resultarían también
responsabilidades a los Generales Francisco de P. Castro y Pedro A.
Cuadros. Esto en cuanto a personas no justiciables por el Senado.
Otras responsabilidades también podrían resultar, mediante la
perfección del sumario, a otras personas no justiciables por el
Senado.
Respecto de los que lo son, creemos que hay motivos suficientes
para exigir responsabilidad al doctor Esteban Jaramillo por el
nombramiento del señor Obaldía, hecho y mantenido a pesar de todas
las advertencias, de resoluciones adoptadas por el Senado de la
República y de gestiones hechas por hombres de lo más culminante
del país, fundadas en las manifestaciones separatistas del
nombrado, y del conocimiento que tenía el Gobierno de que en los
Estados Unidos se tramaba un complot perfectamente arreglado para
despojarnos del Istmo si no se aprobaba el Tratado, como no se
aprobó.
Igualmente creemos que al General Vásquez Cobo puede deducírsele
responsabilidad por no haber hecho todo lo que debía para la
seguridad de la República y la inviolabilidad del territorio
nacional, conforme al ordinal 11 del artículo 120 de la
Constitución. Muchas indicaciones recibió para que se reforzara la
guarnición del Istmo y se relevara el Batallón
|Colombia, y
desgraciadamente nunca llegó de modo oportuno tal medida,
conociendo, como tenía que conocer, las tramas a que antes nos
hemos referido.
Esto es lo que nos parece resulta de la actuación, tal como ella
se encuentra; pero estas deducciones podrían variar si la
investigación se adelantara. Particularmente respecto al General
Vásquez Cobo, si llegaran a parecer las instrucciones dadas por él
al General Tobar y en ellas constara que era una la de trasladarse
Tobar inmediatamente al Istmo, de suerte que la demora del mismo
General Tobar constituyese una violación de esa orden, toda la
responsabilidad pesaría sobre Tobar, y el General Vásquez Cobo, por
este concepto, quedaría exento de toda culpa. Si parecieran los
telegramas que asegura el señor Lorenzo Marroquín pusieron el
Presidente de la República y el Ministro de Guerra urdiendo a
Tobar, después de su salida de esta capital, para que se dirigiese
sin demora a Panamá, quedaría más claramente demostrada la
inculpabilidad del General Vásquez Cobo, por no haber llegado Tobar
al Istmo sino cuando ya todo estaba preparado y era más difícil, si
no imposible, detener o torcer el curso de los acontecimientos.
Está fuera de duda que la conspiración contra la soberanía de
Colombia se fraguó en los Estados Unidos, y que el Gobierno de
aquella nación, después de resistencia que consta en las
investigaciones del
|World, consintió en poner del lado del
plan su para nosotros irresistible poderío; se sabe que cuando se
dio el grito de separación, los buques de guerra americanos se
hallaban surtos en nuestros puertos del Istmo, con instrucciones y
fuerzas para apoyar el movimiento; pero tampoco hay duda de que el
descuido de nuestra parte en guarnecer aquel Departamento
fuertemente, el haber nombrado para gobernarlo a un amigo de la
separación y quitado de allí a quien era un obstáculo para ella,
fueron elementos que facilitaron la desmembración de nuestro
territorio. Tampoco cabe duda de que todo lo que hubieran hecho los
Estados Unidos no eximía a nuestros militares del deber, no ya de
sacrificarse, sino de ejecutar siquiera cualquier acto que
acreditara ante el mundo el tradicional valor colombiano y salvara
el honor de nuestro Ejército; ni tampoco toda la participación
tomada por el Gobierno americano en la separación podía eximir a
nuestros empleados públicos del deber de tomar todas las
providencias conducentes a evitar al país la pérdida del Istmo,
anunciada por tantos conductos y con tanta anticipación como
posible, si el Tratado Herrán-Hay no era aprobado.
Debemos reconocer que entre las causas remotas de la
desmembración de nuestro territorio, una de ellas fue la feroz y
larga guerra civil que enardeció los ánimos, que relajó los
vínculos que ligaban a los colombianos, divididos en dos partidos
encarnizados, y dio poderosa influencia al espíritu de destrucción,
sobreponiéndose en más de una ocasión al interés de la Patria. Por
el un lado, el Gobierno se creyó precisado a solicitar el
desembarco de tropas americanas en el Istmo para impedir el triunfo
de la revolución allí; por el otro, agentes del partido
revolucionario iban a los Estados Unidos a inquirir de su Gobierno
qué haría en el caso de que la revolución proclamara la
independencia del Istmo. No pudo menos de influir todo esto en
despertar en los gobernantes de Washington la idea de la
posibilidad de arrebatarnos aquella sección de nuestro
territorio.
Debemos advertir que, conforme a las disposiciones de la
Constitución de 1886, vigentes en 1933, el Presidente de la
República era irresponsable, y que toda responsabilidad, en cuanto
a los actos del Gobierno, pesaba sobre los Ministros. Así esta
estrictamente consagrado en el tercer aparte del ordinal 3° del
artículo 123 de esa obra. La seguridad de la Nación y la
efectividad de los derechos de los ciudadanos, dependían de los
Ministras, los cuales no debían autorizar ningún acto lesivo de
aquellos intereses, y antes debían separarse para no incurrir en
responsabilidad.
No debemos terminar sin cumplir con el mandato de la Cámara de
emitir concepto sobre la prórroga otorgada por contrato celebrado
en Bogotá el 25 de abril de 1909, a la Nueva Compañía del Canal de
Panamá.
Hemos estudiado el informe trabajado por la Comisión
Investigadora, y no hemos podido contrastar sus conceptos, porque
falta la autenticidad de las piezas en que se apoya. Estas
consisten principalmente en los documentos, como instrucciones,
cables, etc., del folleto publicado por el doctor Nicolás Esguerra,
que no hemos tenido originales en nuestro poder. Habría sido del
caso llamar a declarar al señor doctor Esguerra acerca de algunas
de sus afirmaciones en el folleto, y pedirle los telegramas,
instrucciones y demás documentos que puedan estar en su poder; pero
esto no nos ha sido posible, porque al principio no tuvimos
facultades para practicar tales diligencias; y cuando la Cámara nos
las dio, el tiempo nos faltó para llevarlas a efecto.
Por otra parte, cualquiera pena que pediera llegar a ser
imponible, no podría hacerse efectiva, por haber prescrito la
acción, y no tendría ya objeto ninguna nueva investigación, ni la
celebración de un juicio.
Forestas razones no creemos que es el caso de exigir
responsabilidad.
Habréis deducido de todo lo qué hemos expuesto que lo cuerdo, y
al propio tiempo lo legal, en cuanto a la revolución de Panamá, es
seguir perfeccionando la investigación. Al clausurarse ya las
Cámaras, ello no es posible verificarlo por • éstas.
Vosotros, en vuestra sabiduría, determinaréis la forma en que eso
deba hacerse, si aceptáis nuestro modo de apreciar las cosas.
Forzados, sin embargo, por el mandato que nos habéis impuesto, y
refiriéndonos siempre al estado actual de la investigación, os
proponemos el siguiente proyecto de resolución:
LA CÁMARA RESUELVE :
1° Sí hay responsabilidad que deducir a los Generales Juan B.
Tobar, Ramón G. Amaya y Leopoldo Triana, y al Coronel Eliseo
Torres.
2° Pásense a la autoridad competente las copias de los
expedientes relativos a los Generales Tobar y Amaya, y los
expedientes originales referentes a los señores Leopoldo Triana y
Eliseo Torres.
3° Sí hay responsabilidades que deducir al doctor Esteban
Jaramillo y al General Alfredo Vásquez Cobo; y
4° Nómbrese la Comisión de que habla el artículo 1.833 del
Código Judicial.
Bogotá, 14 de noviembre de 1912. Honorables Representantes.
Vuestra Comisión,
MANUELl DÁVILA FLÓREZ-LIBARDO LÓPEZ-JESÚS PERILLA V.
Firmo este informe por deber reglamentario, pero presento
informe por separado.
M. J. gallego B.
Salvo mi voto en lo que se refiere a las conclusiones relativas
al General Alfredo Vásquez Cobo, pues a mi ver no están debidamente
comprobadas las acciones u omisiones de las cuales pudiera
deducírsele responsabilidad.
JESÚS PERILLA V.