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CAPITULO XIV
PLANTAS DE A VIO Y DE MENAJE

 

Un estudio completo sobre los enseres domésticos y adminículos de uso cotidiano entre los aborígenes de América equinoccial, es asunto para una historia de la cultura material. Aquí se confinará la pesquisa a aquellos, obtenidos de vegetales cultivados o semicultivados, que tienen relación directa con la alimentación. Para su mejor tratamiento, se dividirá el tema en los siguientes acápites: A) Hojas para en- volver; B) Recipientes.

 

A) HOJAS PARA ENVOLVER. CICLANTÁCEAS. 164- |Carludovica palmata R. et P..

Los datos sobre esta especie se examinan en el capítulo siguiente, destinado a plantas fibrosas. Las hojas enteras, con una porción del pecíolo, se usan para envolver.

 

CANNÁCEAS.
165- |Canna spp..

(Véase el numeral 117 del capítulo IX).

Las hojas de esta planta rizomatosa comestible han tenido en los Andes equinocciales gran predicamento como envoltura.

Por ejemplo, para la región putumayo-caqueteña, un autor de mediados del siglo XVlll describe el «saparo» como un canasto de bejucos forrados en hojas de achira. Relatando un viaje, asegura: "Las cargas llegaban todo seco, porque lo atapan con hojas de achira" (Serra, 1956, 1, 150, 156). Se plantea, sin embargo, la duda de que no en todos los casos esa fuera la especie empleada, pues Canna siempre se encuentra en lugares vecinos a habitaciones humanas. Describiendo el mismo autor los preparativos de un viaje, dice que los indios se fueron al monte, y trajeron cada cual su partida de hoja de achira: "Fueron a tostarla a la candela, y después fueron y taparon con ello las tres cargas, atándolo con hilos de majagua" (Serra, 1956, II, 103).

Hay alguna ambigüedad en los datos sobre Costa Rica, por llamarse allí "platanillo" a plantas diferentes ( |Calathea, |Canna, |Heliconia). Los indígenas de Talamanca usaban las hojas de algunas de ellas, hábilmente dobladas, para echar líquidos. Cuando alguien moría, el cadáver se envolvía pri- mero en una manta de mastate ( |Castilla, |Ficus), y luego en hojas de platanillo, (Gabb: Fernández, 1883, III, 372, 348).

En algunas partes de los Andes equinocciales usan las hojas de |Canna para envolver los tamales y otros alimentos al cocerlos (Holton, ,1857, 143). De aquí pudo originarse el nombre de CAPACHO dado a la planta ya su hoja en la costa caribe.

 

|MARANTÁCEAS.
166-Calathea spp..

BIJAO, BIHAO, antillanismo (Tejera, 1951, 66-67; Henríquez Ureña, 1938, 120). En algunas partes del área estudiada se aplica este nombre a la Musácea |Heliconla spp., o "platanillo" (Pittier, 1957, 183).

BIJAGUA, VIJAGUA en varios países centroamericanos, como en Costa Rica (Pittier, 1957, 68, 213; Stone, 1949, 9). Parece ser sólo una corruptela de BIJAO.

PASKI, en cayapa (Jijón y Caamaño, 1941, II, 345).

Oviedo agotó de una vez el tema, refiriendo los usos del bijao entre las tribus del área circuncaribe: la hoja para cobertura de ranchos, ya modo de paraguas en algunas partes; ellas mismas y su pecíolo, en distintas combinaciones, para tejer canastas o havas en que se guardaban O transportaban comestibles y sal; el rizoma como alimento de emergencia (Oviedo y Valdés, 1959, 1, 236-237 ). Entre los dorascos del istmo de Panamá el bijao tenía múltiples usos: "es la cosa más necesaria que tienen" (Rocha: Meléndez, 1682, III, 368). Lo mismo ocurría en la porción central del istmo (Carletti, 1701, I, 51).

Hé aquí otras referencias pormenorizadas sobre distintas aplicaciones del bijao:

|Ajuar:

Los muzo-colimas usaban las hojas a modo dé mantillas para envolver á los recién nacidos (Morales Padrón, 1958, 596). .

|Mantel, colchón y alfombra:

Así para los dorascos de Panamá (Rocha: J Meléndez, 1682, III, 367, 368). Los térrabas dormían en hamacas o sobre hojas, de bijagua o de plátano (Fernández, 1886, V, 374).

En la provincia de Esmeraldas, de la costa ecuatoriana, se usaba como mantel durante los viajes (Caldas, 1932, 538).

|Paraguas:

"Cuando llueve, pónense, los indios estas hojas sobre las cabezas, acertándose donde las hay o topándolas, e ampáranse del agua, con ellos, como lo harían con un sombrero" (Oviedo y Valdés, op. cit., 237).

|Cubre cargas:

La hoja entera, diestramente acomodada de modo que forme imbricación, es cobertura ideal para carga en canoas (Caldas, 1932; 650). No menos se usó para proteger carga transportada por tierra: " [úsanla] los españoles para enfardelar sus mercancías, para preservarlas de aguas en los malos caminos" (Rosa, 19'45; 318).

|Techos de ranchos:

Uso señalado desde la llegada de los españoles (Oviedo y Valdés, 1oc. cit.; Aguado, 1957, II, 75; Campo y Rivas, 1803, 4; Caldas, 1932; 538; Holton, 1857, 374).

|Cestos:

Tanto con la parte externa del pecíolo como con el limbo de las hojas, se elaboran diferentes tipos de cestos o canastos para diversos usos ( Oviedo y Valdés, loc. cit. y III, 327; Cobo, 1890, I; 370).

Envoltorio de alimentos

Dice el alférez de la Rosa, refiriéndose a la provincia: de Santa Marta: "El «vijaó» es una hoja grande, de que usan los indios para cubrir sus bollos de maíz..." (Rosa, 1945, 3!8). Para forrar tercios de comestibles se usaba el VIJAO en Cartago (Campo y Rivas, 1803¡ 4). Brisson vio usar a los chocoes del Andágueda zurroncitos hechos de VIAHO (así) para guardar harina de maíz en sus correrías (Brisson, 1895, 174).

No sólo para transportarlos, sino para cocer los alimentos, se ha usado en varias regiones americanas la hoja del bijao (Cobo, 1956, I, 172).

Varios.

Saca de oro en el río Estrella con jícaras ( |Crescentia) y hojas de bihaos, se hizo para muestra durante la expedición de Vázquez de Coronado en 1563 (Fernández, 1883. III. 361, 374).

Por último, el rizoma se utilizó como alimento de emergencia, "que es muy blanco e tierno e no tiene mal sabor" (Oviedo y Valdés, loc. cit.; Cobo, op. cito, loc. cit.). Sobre esto se insistirá en la obra dedicada a alimentos y alimentación.

 

MUSÁCEAS.
167- |Heliconia spp..

PLATANILLO, BIHAO, BIJAO.

MURRAPO, en Antioquia, Colombia (Posada Arango, 1909, 113-115).

Existe confusión en los nombres vulgares o regionales de estas plantas, que también se aplican, como se vio en el numeral anterior, a la Marantácea |Calathea.

Las hojas de varias especies de este género se usan en algunas partes para envolver alimentos o proteger cargas de la acción de la lluvia.

Algunas especies se cultivan como ornamento.

 

B) RECIPIENTES.

El empleo de recipientes metálicos introducidos a América por los europeos, y el de los fabricados de materias plásticas que se han generalizado de pocos años a esta parte, no han desplazado del todo a las vasijas de origen vegetal, patrimonio de los pueblos americanos.

El estudio de recipientes obtenidos de plantas no cultivadas ( guadua, frutos de palmas Cocoínas, yarumo, Lecitidáceas etc.), pertenece a la historia de la cultura material. Aquí se confinará sólo a especies domesticadas.

 

PALMÁCEAS.
000- |Cocos nucifera L..

(Véase numeral 4, acápite D, inciso b), tomo I).

No hay evidencias de que las tribus americanas que conocieron el coco hubieran usado el endocarpo a modo de vasija. Esta parece haber sido una costumbre introducida por influencias culturales del Oriente.

 

BIGNONIÁCEAS.
168- |Crescentia cujete L..

CUIA, del tupí-guaraní, de donde se tomó el nombre de la especie. También se usa el aumentativo CUIETÉ (Marcgrave, 1942, 123).

CALABACERO o JÍCARO en Costa Rica (Pittier, 1957, 76, 142).

GÜIRA, afín a

HIGÜERO, ambos del taíno. Las formas HIBUERA, HIBUERO son asimismo frecuentes en las referencias (Tejera, 1951, 278-280; Henríquez Ureña, 1938, 116).

JOROMITO, quizá diminutivo de JORÓN O JURÓN, "recipiente", aplicado por afinidad al árbol que lo produce, en la costa norte del Chocó (Patiño: AVF, 1954, 141 y notas inéd.).

MATE, del quechua MATI, nombre de la calabaza |Lagenaria (véase numeral 170). Quechuismo llevado al Cauca después de la conquista (Tascón, L., 1961, 439, 265).

NABA, con otras denominaciones para formas y usos, en cuna (Puig, 1944, 26).

MERIQUE, en la costa norte del Chocó y en el Darién (Ariza: AIP, 1883, V, 393). En partes de los Llanos orientales se usa MURIQUE, MURICA (Rivero, 1956, III, 115, 118; 218).

SANSAÑE; SANZATIN; OCONTIN u OCOTIN, en siona (Ortiz, S. E., 1954, 465, 488, 456).

PILCHE, entre los indios niguas de la confluencia del río Caone, Ecuador (Rumazo, 1948, 1, 240), y en otros lugares de ese país (Velasco, 1927, 1, 48).

SANBU, SANBUTSAKE o URABA ( el pequeño) , en callo (Pablo del Smo. Sacr., 1936, 98).

MITINA, en yurumanguí (Jijón y Caamaño, 1945, IV, 504).

TAO, en chokó de los cholos del Dochara (Wassén, 1935, 153).

TAPARO (Llanos); CAMAZA (Caracas); GUIRE, TOTUMO en Venezuela (Pittier, 1926, 387).

TECOMATE, en Méjico, a la vasija, y QUAUHTECO-MATL, al árbol. La vasija en que se tomaba el chocolate se llamaba «xicalli», de donde se originó el nombre «jícara». Según algunos autores, se hacía a veces de frutos de |Crescentia (Robe- lo, 3 |a ed., 467, 414, 417-418; Martínez, 1937, 454; Hernández, 1943, II, 439). Algunas veces pudieron hacerse con frutos de |C. alata ( véase numeral siguiente).

TOTUMO, del cumanagoto, o de ese, el palenque o el chaima, dialectos caribes del oriente venezolano (Henríquez Ureña, 1938, 107; Flórez: RCA, 1955, IV, 306).

POPORO, en la Guajira y Santa Marta, a la vasija. Algunos de los nombres se aplican indistintamente al árbol, al fruto ya la vasija que de éste se hace.

DISPERSIÓN.

Pedro Mártir de Anglería, narrando el viaje de Cristóbal Colón por la costa centroamericana y concretamente en Veraguas, habla de las HIBUERAS cuyo árbol cultivaban los indios (Anglería, 1944, 234, 298). Pero es Oviedo el primero (1526) en dar noticias de orden sistemático (Oviedo y Valdés: Vedia, 1946, 1, 502), que amplía después, señalando variedades redondas y alargadas, de muchos tamaños: "las redondas son muy redondas, de las cuales los indios hacen tazas e otras vasijas para beber e otros servicios". En caso de necesidad comían los indios la tripa del fruto. Este árbol estaba difundido en las islas del Caribe y en la Tierra Firme

(Oviedo y Valdés, 1851, I, 295-296; -----, 1959, 1, 251-252).

Islas del Caribe.

Las menciones que de calabazas hace Fernando Colón en la vida de su padre el Almirante, no precisan si se trataba de |Crescentia o de |Lagenaria. Todo induce a creer que es del primero. Don Cristóbal vio usar los frutos partidos por el medio para achicar las canoas en las Bahamas, a raíz de su desembarco a mediados de octubre de 1492, y poco después en la costa de Cuba, como recipiente de agua para viajes (debió ser el fruto entero en este caso, aunque no lo especifica la fuente). A principios de noviembre de 1493, en su segundo viaje, al tocar en Gadalupe, registra el hallazgo de las calabazas (Colón, H., 1947, 93, 95, 145; Anqlería, 1944, 36).

Las hibueras se conocían en Santo Domingo ( Casas, 1909, 36). Andando el tiempo las DITAS, GIGÜERITAS O TOTUMAS se emplearon allí para lavar oro en las minas (Sánchez Valverde, 1947, 81).

 

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Mapa 12. Árboles productores de vasijas en América intertropical. Rayado horizontal= Área de dispersión natural de | Crescentia alata H. B.. Rayado vertical= Área de dispersión y cultivo de | Crescentia cujete L.. Cruces= Áreas donde se usaron estuches peniales de | Crescentia sp.. Círculos negros= Principales focos de decoración de vasijas de | Crescentia cujete durante el siglo XVI. Recuadro= Hojas características de las especies | C. cujete (3) y | C. alata (4), segun el cronista Fernández de Oviedo.

 

En su descripción de Jamaica de fines del siglo XVII un autor habla de CALABASH-TREE, en cuyos frutos se solía tomar chocolate y cargar licores en los viajes (Hughes, 1672, 65-67).

En el Caribe se usó este fruto, para cazar aves acuáticas (Anglería, 1944,298; Castellanos, 1955, II, 20).

Centro América.

La circunstancia de ser endémica de Méjico a Nicaragua la especie afín Crescentia alata C véase numeral siguiente ), hace difícil establecer en algunos casos a cuál se refieren las fuentes. La costa centroamericana húmeda se llamó en un principio Hibueras a causa de la abundancia de este árbol (Vázquez de Espinosa, 1948, 224). Enciso dice Cabo de las Figueras (Enciso, 1948, 226). Cobo asienta: "Nace esta planta en tierras calientes; y donde se hace granjería de su fruto es en la costa de la Mar del Sur de Nueva España, particularmente en la diócesis de Guatemala, donde yo vi los más curiosos «tecomates»; y de allí los llevan a la ciudad de Méjico" (Cobo, 1891, II, 111-112; -----, 1956, 1, 278-279). Esta industria persiste en Izcalco, donde se fabrican JÍCARAS y JULONES (Hartmann, C. V.: JSAP, 1910, VII, 138; 131-143).

Hernández se refiere a él como a QUAUHTECOMATL (Hernández, 1943, II, 438-440).

En la relación de 1576 sobre San Salvador y Honduras, Diego García de Palacio habla del uso del fruto para jícaras en qué beber el chocolate, y para recibir la sangre de mancebos sacrificados a principios de las estaciones de invierno y verano, con fines de propiciación de cosechas (Fernández, 1881, 1, 15 y nota 16, 38), aunque no es posible determinar a cuál especie quiso referirse.

En higüeras, a veces más pequeñas de lo que pedía el apetito, les racionaba el maíz a sus soldados Hernán Sánchez de Badajoz en el río Sixaola (Vega Bolaños, 1955, VI, 326, 424).

Panamá y Darién.

Cristóbal Colón considera digno de atención anotar la presencia del árbol de las calabazas en la costa de Veraguas (Anglería, 1944, 234). HIGÜERAS o MATES constituían casi el único ajuar de los dorases y zuríes (Rocha: Meléndez, 1682, III, 357).

Pero indudablemente fue en la parte del Darién vecina al golfo de Urabá y en el Atrato, donde la industria de decorar totumos había alcanzado, a la llegada de los europeos, el máximo desarrollo. Un gran conocedor del área se expresa así: "Y los vasos presciosos de las higüeras se hallaron en el Darién y en el golfo de Urabá, con sus asideros o asas de oro en estas higüeras, y ellas tan lindas, que sin dubda ni reproche se podía dar de beber con las tales higüeras a cualquier rey poderoso. Y éstas venían por aquel río grande de Sanct Joan, que entra en el golfo de Urabá, por vía de comercio" (Oviedo y Valdés, 1959, 1, 252). A Cartagena se llevaban a vender desde el Urabá totumas pintadas de "betún" a principios del siglo XVII (Simón, 1953, VIII, 81, 83).

Wafer también asegura que en su tiempo los calabazos pintados del Darién eran muy estimados por los españoles (Wafer, 1888, 35; 68).

Según el mencionado dato de Oviedo y Valdés, la cuenca del Atrato parece haber sido un centro importante de cultivo y beneficio del totumo. Nordenskiold menciona "calabazos" bellamente decorados entre los cunas del Darién y del Chocó, que se usan solamente para fines ceremoniales y religiosos, mientras que para los menesteres: cotidianos, bastan recipientes de arcilla o los mismos calabazos pero sin decorar (Nordenskiold: JSAP, 1929, XXI, 141-148). En la parte alta del Atrato hay un río llamado «Sandó», que quiere decir río totuma o de las totumas (Brisson, 1895, 152). Una tribu del alto Chocó recibió este nombre en la época colonial.

Región caribe-magdalenesa.

En una carta de 20 de mayo de 1529 se mencionan totumas usadas para cateo de tierra en busca de oro en Buritaca, flanco norte de la Sierra Nevada de Santa Marta (Friede, 1955, II, 58). Calabazos secos colgados de cuerdas, para que sonaran al paso de los españoles y delataran su presencia, se hallaron en Bondigua, cuando regresaba de la Sierra la expedición de Lugo (Aguado, 1916, 1, 156). Este fruto se usaba para llevar pólvora en las expediciones contra los indómitos serranos (Simón, 1953, VII, 140). El totumo era común en jurisdicción de Santa Marta (Rosa, 1945, 318-319). Sin duda variedades seleccionadas con ese fin eran las usadas para echar la cal con que se consumía la hoja de hayo o coca; en tal caso el recipiente recibe el nombre de POPORO: "Este es un calabacillo con su cintura en medio, hecha desde tierno, con un cordón que le ciñen, y un puntero a medida de la boca, con su recaso muy pulido" (Ibid., 264). Estas tribus, las únicas al parecer que en Sur América cultivaron abejas melíferas, echaban la miel en

"calabazas pequeñas no bien llenas"

(Castellanos, 1955, II, 282-284).

En cuanto a la cuenca del Magdalena, no faltan menciones tempranas del uso del totumo entre los indígenas. A Hernán Vanegas el guacana o cacique de Tocaima le regaló entre otras cosas "calabazos de miel silvestre" (Simón, 1953, III, 234). Calabazos aparecen incluídos entre los tributos que en ciertos sectores debían dar los indios de la Nueva Granada a los españoles (Aguado, 1916, 1, 532; , 1956, I, 422).

Bajo los nombres de PUROS y TUTUMES (el árbol) y de PILCHE o SACHAMATE (la vasija hecha del fruto) los describe en varias ocasiones a lo largo del Magdalena un misionero del siglo XVIII (Serra, 1956, 1, 67, 70, 91, 105, 106). SACHE en el occidente de Colombia es el totumo de fruto grande alargado (Tascón, L.. 1961. 342; 451 ).

Al botánico Holton le llamó la atención en 1854 que a lo largo del Magdalena los bogas comían con cucharas de mate; en toda la Nueva Granada se vendían entonces las totumas decoradas con barniz (Holton, 1857, 471; 75; 512).

Los pijaos y otras tribus de la Cordillera Central colombiana usaron ampliamente el totumo. El pellejo de la cara de los enemigos muertos lo armaban a modo de trofeo sobre calabazos (Aguado, 1917, II, 745). Durante las campañas de tierra arrasada contra ellos, Diego de Bocanegra, según propia confesión, no sólo taló cultivos, sementeras y frutales, sino que rompió tinajas, ollas, mates y calabazos, "que es pérdida muy grande para ellos y la sienten en extremo" (Tascón, T. E., 1938, 194). A veces arriesgaban la vida para rescatar estos adminículos (Ortega Ricaurte, 1949. 266). Otras fuentes confirman la importancia del totumo para los pijaos (Simón, 1953, VIII, 221; IX, II, 25, 45, 53, 88).

Venezuela.

Los indios tiznados de la sierra de Mérida en Venezuela usaban los calabazos suspendidos de cuerdas en la misma forma que los de la Sierra de Santa Marta, para descubrir la presencia de enemigos (Aguado, 1917, II, 253).

En la relación de Juan de Pimentel sobre los caracas se lee: "Crían estos indios otros arboles que llaman totumos que de su fruta haz en escudillas [,] taparas para agua como botijas [,] cucharas y coberturas para su miembro genital [.] es la fruta deste arbol como calabazas y desto ay arboles que echan pequeña y grande fruta" (Latorre, 1919, 85; Arellano Moreno, 1950, 84-85 ). Totuma de agua le ponía la novia al novio para que se lavase, como señal de aquiescencia (Latorre, op. cit., 78; Arellano, op. cit., 79). A los enfermos los abandonaban a su suerte, con sólo un fuego debajo de la hamaca y una totuma con alguna comida o bebida (Arellano, op. cit., 78). Entre varios pueblos de la Tierra Firme se usó el peniestuche de calabazo, como se verá más adelante.

Llanos orientales.

Al llegar a la boca del Meta, el conquistador Herrera envió cartas en un calabazo cerrado con cera (Aguado, 1918, 1, 618).

Dice Gumilla que el TUTUMO en el área orinoquense era cultivado, y también espontáneo en las vegas y muy útil: "porque de sus tutumas forman los indios escudillas, platos, vasijas para beber, cargar agua, y para guardarla en casa..." (Gumilla, 1955, 358). A las vasijas las llamaban MURIQUES o MURICAS los achaguas (Rivero, 1956, III, 115, 118; 218).

Unos comisionados para establecer los límites entre el Apure y el Meta en 1774, hallándose al principio de la excursión en tierras de Barinas, se vieron precisados por falta de agua corriente, a darla en totumas a sus cabalgaduras (Cuervo, 1893, III, 87).

Una tribu del sector, la de los taparas, se llamó así por el uso de estuches peniales de este fruto (véase adelante).

Nuevo Reino de Granada.

El cronista Simón relata que confiscó a un mohán de Tota algunos utensilios de su oficio, entre ellos un calabacito con hojas de yopa (Simón, 1953, VII, 182-183).

Con el nombre de TOTUMOS, llamados por los españoles CA.LABAZOS, los menciona Zamora en el Nuevo Reino. Se usaban tanto los hemisferios como el fruto entero, después de sacarle la tripa por un agujero, como indicó Marcgrave que se hacía en el Brasil. Agrega Zamora: "De la misma suerte ay otros, que llevan el fruto muy pequeño, que sirve de congolos para guardar el tabaco, y otros polvos, o licores, que conservan mucho tiempo sin corromperse" (Zamora, 1930, 41-42). Años después, Oviedo añade que " ...en partiéndose por la mitad llaman a esas vasijas totumas; otros las llaman mates y otros vagañas, pero lo ordinario son totumas, y hay de dos especies, unas redondas y otras largas o en forma de huevos..." (Oviedo, 1930, 41).

Cuenca del Cauca.

No hay referencias históricas sobre el totumo en la cuenca del Cauca en los primeros tiempos. Se han señalado nombres locales, como el de KALI en el guambiano-coconuco (Rivet: JSAP, 1941, XXXIII, 5, 39) (véase numeral 170). En guacas excavadas en el sitio de Cacique, hoya del Quindío, se han desenterrado totumas bien dibujadas, lo que indica familiaridad con la especie (Arango C., 1927? 139, 157). Algunos pudieron haberse usado para recipiente de masticatorios como el «poporo» de la Guajira (Duque Gómez, 1963, 34, 102 y fig. 3).

A mediados del siglo XIX se traían totumas decoradas con barniz de Pasto a la cuenca del Cauca (Holton, 1857, 512).

Ecuador.

Las descripciones de Velasco parecen a veces confundir |Clescentia con |Lagenaria; pero los datos referentes al PILCHE parecen los propios de la primera especie (Velasco, 1927, I. 47-48; -----,1946, I. 59).

PILCHES cultivaban en Esmeraldas los indígenas de la confluencia del Caone (Rumazo, 1948, I. 240).

Perú.

Es de la mayor importancia la siguiente afirmación del naturalista Cobo sobre la dispersión geográfica de |Crescentia: "Pocos años ha que este árbol se plantó en esta ciudad de Lima, y se da muy bien en ella" (Cobo, 1891, II, 111-112; -----, 1959, , I. 279). Es extraño, sin embargo, que más de un siglo después, Hipólito Ruiz se refiera a los tutumos plantados en los alrededores de Lima "de pocos años a esta parte" (Ruiz, 1952, I. 8, 200).

Los nombres TUTUMO y PAMUCO se usan en varias partes del Perú para distinguir esta especie (Valdizán y Maldonado, 1922, II, 328; Yacovleff y Herrera, 1934, 315-317; Jiménez Borja, 1948, 27).

Amazonas.

Calabazos decorados para beber halló Orellana en el bajo Amazonas (Carvajal, G., 1942, 65-66).

Varias tribus del área se especializaron en el cultivo, beneficio y comercio de la CUIA. Así dice de los ayzuaris de abajo del Juruá un misionero franciscano (Laureano de la Cruz, 1942, 52). Otros les llaman PATES O TETES (Magnin: RI. 1940, 171). Los yurimaguas fueron sobresalientes en esa actividad, estando las mujeres a cargo de la decoración, que a menudo usaba como motivo la culebra de agua o anaconda. Estos yurimaguas posteriormente se desplazaron de su localidad medio-amazónica, abajo de los omaguas, hasta el Huallaga (Jiménez de la Espada, 1889, Mar., 430, 435, 510).

Las mujeres jívaras del oriente ecuatoriano tienen ceremonias especiales de fertilidad al sembrar el totumo: se golpean los pechos, y ejecutan otros rituales para que los árboles carguen (Karsten, R., 1935, 142).

La CUIERA es siempre cultivada en la Amazonia (Ducke, 1946, 10).

USOS.

Al reseñar brevemente la dispersión del totumo a la llegada de los europeos o después, se han indicado incidentalmente los usos a que se dedicaba. Pero no sobra presentar un sumario documentado sobre los empleos principales. Un trabajo en detalle entra de lleno en el campo folclórico.

 

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Figura 23. Tres formas de totumo | Crescentia cujete L.. comunes en el Valle del Cauca. Izquierda superior= calabazo redondo. Izquierda Inferior= mate cucharo, llamado así por el principal empleo que se le da. Derecha= calabazo largo o "sache" (1/4 del tamaño natural)

 

Fruto entero.

a) Del fruto entero, vaciado mediante la apertura de un pequeño agujero que se obtura después, se echó mano en el área circuncaribe como señuelo para capturar aves acuáticas: se dejaban flotando a merced del viento sobre el agua varios frutos así tratados, para que las aves se acostumbraran a su presencia; después el cazador, cubierta la cabeza con una máscara hecha también con un fruto de |Crescentia, y sumergido hasta los hombros, cogía las aves y las somorgujaba rápidamente para ahogarlas (Anglería, 1944, 298-299; Castellanos, 1955, 11, 20).

b) Variante del anterior es el empleo de totumos secos vaciados en los cuales se sujeta un anzuelo mediante una cuerda atravesada. Todo se deja flotar, y las sacudidas del pez enganchado sirven de aviso para cobrarlo (Informe verbal de Adalberto Figueroa Potes).

c) Como arma de guerra, se registra por primera vez el uso contra los españoles que dejó Colón en Santo Domingo a raíz de su primer viaje. Calabazos llenos de ají picante molido y ceniza se arrojaron contra los sitiados (Castellanos, 1955, I, 149-150). Al quebrarse con el golpe, se difundían las acres emanaciones del ácido que hacía estornudar y llorar a los sitiados, permitiendo a los sitiadores asestar golpes a mansalva.

d) En la parte nororiental andina y en la Sierra Nevada de Santa Marta se colgaban calabazos vaciados, pero quizá con piedrecillas o semillas dentro, sobre los senderos o trochas por donde debían pasar los españoles, de manera que el ruido que se producía al tocar las cuerdas, delatara la presencia de los enemigos emboscados (Aguado, 1916, I, 156; 1917, II, 253).

e) En un calabazo cerrado con cera dejó el conquistador Alonso de Herrera mensajes en la confluencia Orinoco-Meta (Aguado, 1918, I, 618).

f) Recipiente para líquidos (agua, licores etc.). La boca se abre por lo general cerca de la unión del pedúnculo, y se obtura con hojas, raquis de una espiga de maíz, zoqueticos de palo liviano etc..

g) Recipiente para" sólidos. Por lo general se recorta la porción superior para adaptarla a modo de tapa. Así se cargaban ají (Vargas Machuca, 1599, 50); pólvora, tabaco, sal y otros objetos.

h) Peniestuches (véase adelante).

i) Resonadores musicales. Uno es la conocidísima maraca. Los indígenas de Centimali, en la provincia de los chitareros, entraban en batalla con música. la cual ellos hacen con unos calabazos largos como trompetas" (Aguado, 1916, 1, 593; , 1956. 1, 468).

j) Recipientes tubulares adaptados como cilindros de succión para provocar rubefacción de la piel por los curanderos indígenas (Robledo, E., 1959, .38).

Fruto partido.

El fruto partido en hemisferios o en dos porciones desiguales ha tenido gran predicamento como vasija:

k) Para beber a modo de vaso (mates, jícaras etc.).

l) Para trasvasar líquidos. En el caso de líquidos hirviendo, a cada mitad del fruto se le coloca un mango largo de madera. Así, un mate con mango se usaba en las salinas de Zipaquirá y otras de la Cordillera Oriental, para trasvasar el agua salada a las cazuelas (Boussingault. 1900, III. 28). Así se usa en el Valle del Cauca en los ingenios paneleros para pasar el guarapo de un fondo a otro.

m) Medida o recipiente de áridos.

n) Vasija para cargar semillas al sembrarlas.

o) En lavado de oro (Ortega Ricaurte, 1954, 16; Sánchez Valverde, 1947. 81).

p) A modo de bacinillas ("mate meador").

Además:

q) Protección contra el sol: "De los hibueros grandes suelen hacer los caminantes cascos para ponerse sobre la cabeza debajo del sombrero, para defensa del sol" (Cobo, 1959, I, 278).

r) Máscaras.

S) Como bastidor para estirar telas o cuero: los pijaos de la Cordillera Central de la Nueva Granada, conservaban como trofeo el pellejo de la cara de los enemigos muertos, templado sobre totumas (Aguado, 1917, II, 745).

t) Perforado, como criba o harnero (“susunga").

u) Las variedades de fruto alargado, partidas en segmentos longitudinalmente, suministran cucharas.

Algunos de estos usos se revisarán en una historia de la cultura material; otros (como las vasijas para semilla), en la de la tecnología agropecuaria.

Merece mención especial el aspecto artístico de la decoración exterior de los totumos, pues la tersa epidermis del fruto permitió la ejecución de diseños decorativos, en los cuales se destacaron algunos grupos americanos. Por ejemplo, Oviedo alaba las totumas que bajaban por el Atrato a Urabá, "con sus asideros o asas de oro... y ellas tan lindas, que sin dubda ni reproche se podía dar de beber con las tales higüeras a cualquier rey poderoso". Simón añade, como se vio antes, que eran "pintadas con betún".

No hay detalles sobre el tipo de decoración que usaban los yurimaguas del Amazonas; sólo que el trabajo lo hacían las mujeres, y que uno de los motivos más frecuentemente usados estaba inspirado en la culebra de agua.

Se ignora si es prehispánica la decoración con barniz de Pasto ( |Elaeagia utilis), aunque esta industria más bien parece haberse empezado a desarrollar a fines del siglo XVI.

La forma misma del totumo inspiró a los orífices americanos la creación de vasijas que lo remedaran. En una de las relaciones de Venezuela del licenciado Tolosa ( 1546), hablando de la expedición de Ambrosio Alfinger al Magdalena, se asegura que entre los sendaguas halló a más de otras joyas, una totuma "toda de oro" (Oviedo y Baños, 1885, II, 230-231; Arellano Moreno, 1950, 28; Friede, 1963, IX, 219). También en el saco de la casa de Tisquesusa hallaron los españoles

"...una totuma, vaso de oro fino, llena de tejolillos de lo mismo que pesaron mil pesos poco menos ..."

 

(Castellanos, 1955, IV, 254).

Es de particular interés para una historia de lo dispersión geográfica y el origen de |Crescentia |cujete entrar un poco en el tema de los estuches peniales. Esta prenda masculina a base del fruto del mencionado árbol parece haber sido usada entre el río Magdalena y el Orinoco. Ocurre preguntar si las formas de |Crescentia de frutos pequeños, algunos como verdaderos dijes, fueron seleccionadas intencionalmente por pueblos indígenas que usaban aquel medio de protección penial.

 

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Figura 24. Dos variedades microcarpas de totumo | Crescentia cujete L. del Valle del Cauca (tamaño natural). El tipo elipsoidal pudo usarse como recipiente para cal entre pueblos masticadores de coca. Los frutos alargados serían aptos por su forma y dimensiones para estuches peniales.

 

Dice Castellanos refiriéndose a los tairos y guanabucanes de la provincia de Santa Marta:

 

"El miembro viril cubre calabazo, pero los ginitales van pendientes"

 

(Castellanos, 1955, II, 319). Los chimilas, todavía a media- dos del siglo XVIII andaban en carnes, "con sólo un calabacillo, en que introducidas las partes de la generación, las ocultan" (Rosa, 1945, 268).

Procediendo hacia el oriente, los indígenas de Coro, según noticias que le dio a Oviedo el obispo Bastidas: "traen el miembro viril metido en un calabacito cerrado o cuello de calabaza..." (Oviedo y Valdés, 1853, III, 329; -----, 1959, III, 59). Se mencionan en Barquisimeto para el fin indicado "calabazos de cuatro dedos de largo del gordor de un pepino no gordo y hueco", También en Tocuyo, los varones andaban "con un canuto de calabaza atado con hilo a la cintura" (Arellano Moreno, 1950, 124, 147).

Entre los caracas ocurría lo mismo: "traen un calabazo como cuello de calabaza en que meten el miembro genital y el calabazo traen asido a un hilo que traen por la cintura(...) Totumos que de su fruta hazen...coberturas para su miembro genital..." (Latorre, 1919,78, 79; Arellano Moreno, 1950, 78-79, 84-85 ).

De los cumanagotos dice Oviedo: "traen los indios un cuello de calabaza, del tamaño que le conviene, en que traen metido el miembro viril solamente" (Oviedo y Valdés, 1853, III, 254; -----, 1959, II, 425).

En la región del golfo de Paria los primeros exploradores españoles hallaron que los varones usaban peniestuches de calabazo, adornado con oro y perlas (Acosta Saignes, 1961, 41).

Una tribu del Orinoco se llamó de los taparitos, por traer el miembro metido en una TAPARA (Bueno, 1933, 80).

 

169- |Crescentia alata H. B. K..

 

(Véase capítulo sobre plantas forrajeras en el tomo III).

AYACACHTECOMATL, o "vasos silvestres de sonajas", en náhuatl (Hernández, 1943, n, 437-438).

MORRO, en Centro América.

GUACAL ( véase adelante).

Oviedo y Valdés, desde mediados del siglo XVI, estableció la existencia en Centro América de una especie distinta de higüera cuya característica principal es tener las hojas en cruz, que dibujó para mayor claridad. El cronista mayor de las Indias precisa como sigue la dispersión geográfica de la especie, tal como pudo observarla: "Estos árboles higüeros que tienen las hojas todas fechas cruces, he yo visto en la provincia de Nicaragua, e señaladamente en Nagrando, donde está la cibdad de León, e otras partes de aquella tierra... allí en Nicaragua llaman a este árbol guacal" ( Oviedo y Valdés, 1959, I, 252; Fernández, 1883, III, 315). Avanza hasta Nicoya en Costa Rica (Wagner, P. L., 1958, 230).

Las semillas del MORRO, más voluminosas que las del TOTUMO, son comestibles y se venden normalmente en los mercados en Centro América.

Quizá también de esta especie, y no sólo de |Crescentia cujete, eran las jícaras para tomar chocolate usadas en Méjico en la época precolombina (véase numeral 168).

Sobre la introducción de |C. alata a Colombia a fuer de planta forrajera, se dirá en el capítulo sobre pastos y forrajes.

 

CUCURBITÁCEAS.

 

170- |Lagenaria siceraria (Mol.) Standl..

 

BOLI, en coayquer y colorado (Jijón y Caamaño, 1941, II, 142, 227).

CHUM, en chimú (Jijón y Caamaño, 1940, I, 506).

CCHUCMI, en aymara (Bertonio, 1612, 87). Otros dicen CHUCÑA (Cobo, 1959, I, 175).

MATE, MATI, en quechua (Navarrete, D. de S.T., 1560, 151; González Holguín, 1608, 229; Cobo, loc. cit. ).

CHIPCHI (Serra, 1956, I, 268).

KALI, en guambiano (Rivet: JSAP, 1941, XXXIII, 5, 39). (Véase el numeral 168).

MANDU, en cuna (Puig, 1944, 26).

CAMAZA, en el oriente venezolano (Calcaño, 1950, 432; Armas Chitty, 1961, 246),

CUYABRA se aplica en Antioquia, Colombia, a un hemisferio del fruto (Restrepo, A. J., 1930, 332):

"Misericordia en cuyabra, porque en totuma no cabe"

E'HOOE, en Tahití (Merrill, 1954, 350).

BINDA, la planta, el fruto y la cáscara; CABINDA, las formas de fruto pequeño, en Africa portuguesa (Ficalho, 1957, 184).

CALABAZA, en español.

|Lagenaria siceraria es una de las tres plantas (las otras dos cocotero y algodón) que con seguridad estaban presentes en el área intertropical del mundo, en más de un continente, cuando se produjo el descubrimiento de América (Carrier, 1923, 4). Aunque algunos autores se inclinan a aceptar que es de origen africano, no saben cómo se operó la difusión hacia América en la época precolombina, pero estiman verosímil que los frutos, que al parecer conservan sus semillas con poder germinativo durante largo tiempo, pudieron ser transportados por las corrientes marinas (Merrill, 1954, 255-258).

Pero, hasta donde pueda saberse, la calabaza no fue conocida en las Antillas o en Sur América oriental al arribo de los europeos, sino solamente en la costa del Pacífico (Rivet, 1943, 191-193). La antigüedad del cultivo o por lo menos del uso en la costa peruana es muy remota (Ames, 1939 (1953), 86-90; Heyerdahl: Actas, 1962, 791-792). Hay, sin embargo, no poca confusión en las fuentes, porque se habla indistintamente de calabazas, tanto tratándose de |Crescentia cujete como de |Lagenaria. Si no fuera porque a veces se dice que la vasija usada en las Antillas se obtenía de un "árbol", cualquiera creería que Colón y otros autores hablaban de la verdadera calabaza |Lagenaria.

Centro América.

Oviedo, gran conocedor del área circuncaribe, es enfático en afirmar la difusión de la calabaza cultivada en las islas y en Tierra Firme; pero destaca de modo especial el uso en Nicaragua (Oviedo y Valdés, 1959, I, 236).

Panamá.

En su lista de las plantas útiles del Darién, Wafer menciona calabazas dulces y amargas, aquéllas usadas para comer, y estas como medicinales. De ambas se hacían vasijas (Wafer, 1888, 35).

En el área del Darién se presentaría la concurrencia de los dos géneros, |Crescentia y |Lagenaria. Pero las vasijas pintadas y decoradas en que tánto se distinguieron los pueblos del bajo Atrato, se hicieron evidentemente de totumo.

Nuevo Reino de Granada.

Son muy escasas las referencias sobre los Andes ecuatoriales que puedan aplicarse sin lugar a dudas a la especie en estudio. Cuando los españoles entraron al valle de Susacá en la Sierra de Mérida, hallaron pocas vasijas de cerámica, "pero muchas y grandes calabazas" (Aguado, 1917, II, 530).

Los pijaos guardaban su ropa en calabazas grandes (Simón, 1953, IX, 39). Que esto no era Crescentia, se deduce de que las calabazas y las totumas se mencionen como cosas distintas (Ortega Ricaurte, 1949, 266).

Venezuela.

La relación de Barquisimeto de 1579 dice que los indígenas locales cuando iban a batalla, "tocan muchas cornetas hechas de calabaza que nasce acá entre ellos" (Arellano Moreno, 1950, 124). Esto tanto puede aplicarse a |Crescentia como a |Lagenaria.

Ecuador.

La relación de Santo Domingo Chunchi, jurisdicción de Cuenca, de hacia 1582, dice que allí había un centro de contratación de "gran suma de calabazas que llaman mates, de que se hacen vasijas para beber y vajilla, y destos se proveen y llevan a muchas partes" (Jiménez de la Espada, 1897, III, 191). Lo mismo ocurría en Alusí (Ibid., 194). Más antigua es la relación de Chuquimayo, en la cuenca del río Chinchipe, segÚn la cual los indígenas del área usaban llevar su comida en calabazos grandes y largos bajo el sobaco o el pecho, cuando nadaban de una orilla a otra (Ibid., 1897, IV, xlviii). Queda en este caso duda sobre el género a que pertenecían.

El historiador Velasco hace una clasificación sobre los usos de |Lagenaria que se recogerá más adelante.

Perú.

Donde incuestionablemente la calabaza tuvo una gran difusión en la época precolombina fue en el Perú, sobre todo en la costa. Fuera de las referencias escritas, quedan las evidencias arqueológicas para comprobarlo (Valdizán y Maldonado, 1922, 11. 345; Yacovleff y Herrera, 1934, 312-3l5).

Se vio en el numeral 168 que la introducción de |Crescentia a la costa peruana fue tardía, en todo caso durante la dominación española.

Como en el Perú el uso de la calabaza asumió las más distintas y complicadas formas, se estudiará simultáneamente este aspecto con el de la difusión geográfica de la especie.

Bolivia.

La relación de Pérez de Zurita sobre Santa Cruz de la Sierra (1586?), señala entre los indios payconos, a veinte leguas de la primitiva ciudad, "unos calabazos o mates muy hermosos a la vista, y hacen algunos botija y media y dos botijas de agua; sirven para tener ropa en ellos" (Jiménez de la Espada, 1885, II, 171).

USOS.

Oviedo y Valdés sólo menciona la utilización de la calabaza en Centro América para cargar agua (Oviedo y Valdés, 1959, I, 236). El padre Acosta, a fines del siglo XVI, apunta: "Hay de este género de calabazas mil diferencias, y algunas son tan disformes de grandes, que dejándolas secar, hacen de su corteza, cortada por medio y limpia, como canastos, en que ponen todo el aderezo para una comida; de otros pequeños hacen vasos para comer o beber y 1ábranlos graciosamente para diversos usos" (Acosta, 1954, 113-114).

Una clasificación tentativa hizo en el siglo XVIII el jesuíta ecuatoriano Velasco: "«Mate», es nombre genérico de muchas especies de calabastros que no se comen, y que sirven de vasos para diversos usos. Son de diversos tamaños y figuras, desde los más chicos, que sirven de tabaqueras, hasta los mayores que sirven de cajas de ropa y de guardar cualesquiera cosas, abriendo el mismo calabaso en proporción de tapa, a que le ponen gonces. La superficie es siempre lustrosa, de color amarillo más o menos cargado, y aunque interiormente es algo carnosa, es muy sólida, y mantiene bien los licores. Cuando se sirve como de frasco, con boca pequeña, se llama «puro»: cuando es redondo y se parte en dos como escudillas, se llama «mate» propiamente: cuando es muy chato, salen dos platos, que también dicen mates; pero si se parten al través, se llaman «vingos». Varias de estas especies de utensilios pintan los indianos a fuego muy delicadamente; y un tiempo privaban las cajas de polvos de oro y plata con estos mates encastrados. Los vingos pintados se engastan también en plata paral tomar bebidas" (Velasco, 1927, 1. 47-48; , 1946, 1. 59).

 

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Figura 25. Formas y denominaciones de vasijas hechas de calabaza | Lagenaria siceraria (Mol.) Standl. -Según Jiménez Borja en su monografía publicada en Lima en 1948, p.49.

 

Recientemente se ha hecho un estudio ilustrado sobre la calabaza en el Perú, en el cual las formas se reducen a tres tipos principales: el PORONGO, en forma de botella; la CHUCULA, que es un porongo de cuello largo, delgado y algo curvo, y el POTO, semejante a un geoide. Cada uno de estos tipos se subdivide en otros, de acuerdo con la destinación especial que se les da (Jiménez Borja, 1948).

Sistematizando los datos disponibles, se podría hacer la siguiente clasificación:

A) Fruto entero.

a) Flotador. Este uso estaba ampliamente difundido en la costa del Perú. Relatando Diego de Trujillo la expedición conquistadora de 1541, asegura: "Llegamos a Çaña [Saña] que es una población grande, y de mucha comida, y ropa de la tierra, que avía silos llenos della; topamos un río grande, y era grande porque los Indios hecharon todas las acequias por él; pasámosle en balsas de calabazos los que no savían nadar, y las sillas de los caballos, y el hato que avía..." (Trujillo, 1948, 54). Antes lo habían hecho también, según Garcilaso, entre San Mateo y Coaques (Garcilaso, 1944, 1. 47). Este sistema de pasar ríos era rutinario en algunos sectores (Jiménez de la Espada, 1885, II, 223; Herrera y Montemayor, 1947, 112; Vázquez de Espinosa, 1948,397; Cobo, 1956, 1. 175, II, 266). Un tratadista militar consideraba las balsas de calabazas como la mejor invención para pasar ríos (Vargas Machuca, 1599, 69). Varios frutos secos se metían entre redes; el conjunto lo arrastraban nadadores indígenas por medio de cuerdas que uncían en la frente, mientras otros empujaban detrás.

Se ignora si esta costumbre se extendió a Méjico después de la conquista, o si era prehispánica en Norte América. Ello es que el protomédico Hernández, en su descripción de las diferentes calabazas conocidas en la Nueva España, menciona la AXICALLI o "calabaza de agua", de cuyos frutos, "enteros y juntos en hileras de siete, fabrican balsas muy buenas para transportar hombres, caballos o cualquiera cosa” (Hernández, 1942, I., 158).

 

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Figura 26. Vasijas hechas de calabaza | Lagenaria siceraria (Mol.) Standl., y los distintos nombres que se les dan en el Perú. De Jiménez Borja, "Mate Peruano", Lima, 1948, p. 50.

 

En la costa peruana se usan para sostener las redes flotando sobre el agua, los que llaman CHECOS (Jiménez Borja, 1948, [33]).

b) Tabaqueros (véase atrás la cita de Velasco).

c) Recipiente para guardar bebidas.

B) Fruto partido.

d) Puede ser en hemisferios o en segmentos desiguales, según el uso a que se les destine: vasijas para beber, para lavar, para guardar ropa, alimentos etc. (Cobo, 1956, II, 242).

Bajo el rubro PORONGO se explica en el primer vocabulario quechua-español: "ampolla para beber" (Navarrete, D. de S. T., 1560, 162). En el Valle del Cauca se llama «socobe» (Tascón, L., 1961, 351).

Las vasijas para beber fueron objeto de decoración, la cual en algunos lugares alcanzó niveles desacostumbrados. Tal, por ejemplo, la provincia de Chincha, al sur de lima, en el Perú. los mates pintados de esa procedencia tuvieron fama durante el período colonial (Lizárraga, 1946, 90-91; Vázquez de Espinosa, 1948, 445; Cobo, 1956, 1, 175).

Entre los peruanos la calabaza se usó como recipiente de la semilla destinada a la siembra, al mismo título que el totumo en América ecuatorial.

e) "Con sus cascos se suple la falta de corcho para hacer tapaderas para las botijas de vino y otros licores" (Cobo, 1956, I, 175).

f) Bastidores para remendar ropa.

g) En la funeraria incaica la calabaza se usó de modo semejante al totumo entre los pijaos (véase atrás): al embalsamar los cuerpos de sus antepasados, ponían un pedazo de calabaza debajo de cada carrillo para estirarlo (Cobo, 1892, III, 342).

h) Instrumentos musicales: 1) de percusión: los frutos cortados arriba de la mitad y vaciados de su contenido han sido usados por varias tribus africanas como resonadores de las marimbas. Del mismo modo se usaban antes en la costa oeste de Guatemala (Bukasov, 1930,485).2) de viento: trompetas o fotutos (Jiménez Borja, 1948, (8), (29)).

Es notable que, mientras la calabaza en Europa se ha usado para comer, en América, por lo menos hasta la llegada de los españoles, se utilizó como vasija principalmente, siendo nulo o muy restringido el consumo alimenticio, por ser amargas las variedades más comunes (Oviedo y Valdés, loc. cit.; Cobo, 1891, II, 436).

 

171- |Posadaea sphaerocarpa Coigneaux.

 

TARRALÍ, en Antioquia, Colombia, donde es endémica (Uribe, I. A., 1940, 300).

BRUJITO, en Panamá.

Se ignora todo lo relativo a esta especie en la época prehispánica. No se sabe si era cultivada o silvestre. El uso principal de los frutos esféricos, de pequeño tamaño, parece haber sido para echar la cal con la cual se mezclaban las hojas de coca (Parsons, 1949, 117-118). Algunas representaciones de la orfebrería quimbaya podrían confirmar esta suposición, que no está comprobada en las fuentes (Duque Gómez, 1963, 34, 102, y fig. 3). No hay elementos de juicio para saber si son la especie en estudio o formas de |Crescentia cujete.

Un autor dice que se emplea para bastidores en qué remendar ropa y "para otros usos caseros" (Pérez Arbeláez, 1947,482).

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