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INDICE
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CAPITULO XIV
PLANTAS DE A VIO
Y DE MENAJE
Un estudio completo sobre los enseres domésticos y adminículos
de uso cotidiano entre los aborígenes de América equinoccial, es
asunto para una historia de la cultura material. Aquí se confinará
la pesquisa a aquellos, obtenidos de vegetales cultivados o
semicultivados, que tienen relación directa con la alimentación.
Para su mejor tratamiento, se dividirá el tema en los siguientes
acápites: A) Hojas para en- volver; B) Recipientes.
A) HOJAS PARA ENVOLVER.
CICLANTÁCEAS.
164-
|Carludovica palmata R. et P..
Los datos sobre esta especie se examinan en el capítulo
siguiente, destinado a plantas fibrosas. Las hojas enteras, con una
porción del pecíolo, se usan para envolver.
CANNÁCEAS.
165-
|Canna spp..
(Véase el numeral 117 del capítulo IX).
Las hojas de esta planta rizomatosa comestible han tenido en los
Andes equinocciales gran predicamento como envoltura.
Por ejemplo, para la región putumayo-caqueteña, un autor de
mediados del siglo XVlll describe el «saparo» como un canasto de
bejucos forrados en hojas de achira. Relatando un viaje, asegura:
"Las cargas llegaban todo seco, porque lo atapan con hojas
de achira" (Serra, 1956, 1, 150, 156). Se plantea, sin
embargo, la duda de que no en todos los casos esa fuera la especie
empleada, pues Canna siempre se encuentra en lugares vecinos a
habitaciones humanas. Describiendo el mismo autor los preparativos
de un viaje, dice que los indios se fueron al monte, y trajeron
cada cual su partida de hoja de achira: "Fueron a tostarla
a la candela, y después fueron y taparon con ello las tres cargas,
atándolo con hilos de majagua" (Serra, 1956, II, 103).
Hay alguna ambigüedad en los datos sobre Costa Rica, por
llamarse allí "platanillo" a plantas diferentes (
|Calathea,
|Canna,
|Heliconia). Los indígenas de
Talamanca usaban las hojas de algunas de ellas, hábilmente
dobladas, para echar líquidos. Cuando alguien moría, el cadáver se
envolvía pri- mero en una manta de mastate (
|Castilla,
|Ficus), y luego en hojas de platanillo, (Gabb: Fernández,
1883, III, 372, 348).
En algunas partes de los Andes equinocciales usan las hojas de
|Canna para envolver los tamales y otros alimentos al
cocerlos (Holton, ,1857, 143). De aquí pudo originarse el nombre de
CAPACHO dado a la planta ya su hoja en la costa caribe.
|MARANTÁCEAS.
166-Calathea spp..
BIJAO, BIHAO, antillanismo (Tejera, 1951, 66-67; Henríquez
Ureña, 1938, 120). En algunas partes del área estudiada se aplica
este nombre a la Musácea
|Heliconla spp., o
"platanillo" (Pittier, 1957, 183).
BIJAGUA, VIJAGUA en varios países centroamericanos, como en
Costa Rica (Pittier, 1957, 68, 213; Stone, 1949, 9). Parece ser
sólo una corruptela de BIJAO.
PASKI, en cayapa (Jijón y Caamaño, 1941, II, 345).
Oviedo agotó de una vez el tema, refiriendo los usos del bijao
entre las tribus del área circuncaribe: la hoja para cobertura de
ranchos, ya modo de paraguas en algunas partes; ellas mismas y su
pecíolo, en distintas combinaciones, para tejer canastas o havas en
que se guardaban O transportaban comestibles y sal; el rizoma como
alimento de emergencia (Oviedo y Valdés, 1959, 1, 236-237 ). Entre
los dorascos del istmo de Panamá el bijao tenía múltiples usos:
"es la cosa más necesaria que tienen" (Rocha:
Meléndez, 1682, III, 368). Lo mismo ocurría en la porción central
del istmo (Carletti, 1701, I, 51).
Hé aquí otras referencias pormenorizadas sobre distintas
aplicaciones del bijao:
|Ajuar:
Los muzo-colimas usaban las hojas a modo dé mantillas para
envolver á los recién nacidos (Morales Padrón, 1958, 596). .
|Mantel, colchón y alfombra:
Así para los dorascos de Panamá (Rocha: J Meléndez, 1682, III,
367, 368). Los térrabas dormían en hamacas o sobre hojas, de
bijagua o de plátano (Fernández, 1886, V, 374).
En la provincia de Esmeraldas, de la costa ecuatoriana, se usaba
como mantel durante los viajes (Caldas, 1932, 538).
|Paraguas:
"Cuando llueve, pónense, los indios estas hojas sobre
las cabezas, acertándose donde las hay o topándolas, e ampáranse
del agua, con ellos, como lo harían con un sombrero"
(Oviedo y Valdés, op. cit., 237).
|Cubre cargas:
La hoja entera, diestramente acomodada de modo que forme
imbricación, es cobertura ideal para carga en canoas (Caldas, 1932;
650). No menos se usó para proteger carga transportada por tierra:
" [úsanla] los españoles para enfardelar sus mercancías,
para preservarlas de aguas en los malos caminos" (Rosa,
19'45; 318).
|Techos de ranchos:
Uso señalado desde la llegada de los españoles (Oviedo y Valdés,
1oc. cit.; Aguado, 1957, II, 75; Campo y Rivas, 1803, 4; Caldas,
1932; 538; Holton, 1857, 374).
|Cestos:
Tanto con la parte externa del pecíolo como con el limbo de las
hojas, se elaboran diferentes tipos de cestos o canastos para
diversos usos ( Oviedo y Valdés, loc. cit. y III, 327; Cobo, 1890,
I; 370).
Envoltorio de alimentos
Dice el alférez de la Rosa, refiriéndose a la provincia: de
Santa Marta: "El «vijaó» es una hoja grande, de que usan
los indios para cubrir sus bollos de maíz..." (Rosa, 1945,
3!8). Para forrar tercios de comestibles se usaba el VIJAO en
Cartago (Campo y Rivas, 1803¡ 4). Brisson vio usar a los chocoes
del Andágueda zurroncitos hechos de VIAHO (así) para guardar harina
de maíz en sus correrías (Brisson, 1895, 174).
No sólo para transportarlos, sino para cocer los alimentos, se
ha usado en varias regiones americanas la hoja del bijao (Cobo,
1956, I, 172).
Varios.
Saca de oro en el río Estrella con jícaras (
|Crescentia) y
hojas de bihaos, se hizo para muestra durante la expedición de
Vázquez de Coronado en 1563 (Fernández, 1883. III. 361, 374).
Por último, el rizoma se utilizó como alimento de emergencia,
"que es muy blanco e tierno e no tiene mal sabor"
(Oviedo y Valdés, loc. cit.; Cobo, op. cito, loc. cit.). Sobre esto
se insistirá en la obra dedicada a alimentos y alimentación.
MUSÁCEAS.
167-
|Heliconia spp..
PLATANILLO, BIHAO, BIJAO.
MURRAPO, en Antioquia, Colombia (Posada Arango, 1909,
113-115).
Existe confusión en los nombres vulgares o regionales de estas
plantas, que también se aplican, como se vio en el numeral
anterior, a la Marantácea
|Calathea.
Las hojas de varias especies de este género se usan en algunas
partes para envolver alimentos o proteger cargas de la acción de la
lluvia.
Algunas especies se cultivan como ornamento.
B) RECIPIENTES.
El empleo de recipientes metálicos introducidos a América por
los europeos, y el de los fabricados de materias plásticas que se
han generalizado de pocos años a esta parte, no han desplazado del
todo a las vasijas de origen vegetal, patrimonio de los pueblos
americanos.
El estudio de recipientes obtenidos de plantas no cultivadas (
guadua, frutos de palmas Cocoínas, yarumo, Lecitidáceas etc.),
pertenece a la historia de la cultura material. Aquí se confinará
sólo a especies domesticadas.
PALMÁCEAS.
000-
|Cocos nucifera L..
(Véase numeral 4, acápite D, inciso b), tomo I).
No hay evidencias de que las tribus americanas que conocieron el
coco hubieran usado el endocarpo a modo de vasija. Esta parece
haber sido una costumbre introducida por influencias culturales del
Oriente.
BIGNONIÁCEAS.
168-
|Crescentia cujete L..
CUIA, del tupí-guaraní, de donde se tomó el nombre de la
especie. También se usa el aumentativo CUIETÉ (Marcgrave, 1942,
123).
CALABACERO o JÍCARO en Costa Rica (Pittier, 1957, 76, 142).
GÜIRA, afín a
HIGÜERO, ambos del taíno. Las formas HIBUERA, HIBUERO son
asimismo frecuentes en las referencias (Tejera, 1951, 278-280;
Henríquez Ureña, 1938, 116).
JOROMITO, quizá diminutivo de JORÓN O JURÓN,
"recipiente", aplicado por afinidad al árbol que
lo produce, en la costa norte del Chocó (Patiño: AVF, 1954, 141 y
notas inéd.).
MATE, del quechua MATI, nombre de la calabaza
|Lagenaria
(véase numeral 170). Quechuismo llevado al Cauca después de la
conquista (Tascón, L., 1961, 439, 265).
NABA, con otras denominaciones para formas y usos, en cuna
(Puig, 1944, 26).
MERIQUE, en la costa norte del Chocó y en el Darién (Ariza: AIP,
1883, V, 393). En partes de los Llanos orientales se usa MURIQUE,
MURICA (Rivero, 1956, III, 115, 118; 218).
SANSAÑE; SANZATIN; OCONTIN u OCOTIN, en siona (Ortiz, S. E.,
1954, 465, 488, 456).
PILCHE, entre los indios niguas de la confluencia del río Caone,
Ecuador (Rumazo, 1948, 1, 240), y en otros lugares de ese país
(Velasco, 1927, 1, 48).
SANBU, SANBUTSAKE o URABA ( el pequeño) , en callo (Pablo del
Smo. Sacr., 1936, 98).
MITINA, en yurumanguí (Jijón y Caamaño, 1945, IV, 504).
TAO, en chokó de los cholos del Dochara (Wassén, 1935, 153).
TAPARO (Llanos); CAMAZA (Caracas); GUIRE, TOTUMO en Venezuela
(Pittier, 1926, 387).
TECOMATE, en Méjico, a la vasija, y QUAUHTECO-MATL, al árbol. La
vasija en que se tomaba el chocolate se llamaba «xicalli», de donde
se originó el nombre «jícara». Según algunos autores, se hacía a
veces de frutos de
|Crescentia (Robe- lo, 3
|a ed.,
467, 414, 417-418; Martínez, 1937, 454; Hernández, 1943, II, 439).
Algunas veces pudieron hacerse con frutos de
|C. alata (
véase numeral siguiente).
TOTUMO, del cumanagoto, o de ese, el palenque o el chaima,
dialectos caribes del oriente venezolano (Henríquez Ureña, 1938,
107; Flórez: RCA, 1955, IV, 306).
POPORO, en la Guajira y Santa Marta, a la vasija. Algunos de los
nombres se aplican indistintamente al árbol, al fruto ya la vasija
que de éste se hace.
DISPERSIÓN.
Pedro Mártir de Anglería, narrando el viaje de Cristóbal Colón
por la costa centroamericana y concretamente en Veraguas, habla de
las HIBUERAS cuyo árbol cultivaban los indios (Anglería, 1944, 234,
298). Pero es Oviedo el primero (1526) en dar noticias de orden
sistemático (Oviedo y Valdés: Vedia, 1946, 1, 502), que amplía
después, señalando variedades redondas y alargadas, de muchos
tamaños: "las redondas son muy redondas, de las cuales los
indios hacen tazas e otras vasijas para beber e otros
servicios". En caso de necesidad comían los indios la
tripa del fruto. Este árbol estaba difundido en las islas del
Caribe y en la Tierra Firme
(Oviedo y Valdés, 1851, I, 295-296; -----, 1959, 1,
251-252).
Islas del Caribe.
Las menciones que de calabazas hace Fernando Colón en la vida de
su padre el Almirante, no precisan si se trataba de
|Crescentia o de
|Lagenaria. Todo induce a creer que es
del primero. Don Cristóbal vio usar los frutos partidos por el
medio para achicar las canoas en las Bahamas, a raíz de su
desembarco a mediados de octubre de 1492, y poco después en la
costa de Cuba, como recipiente de agua para viajes (debió ser el
fruto entero en este caso, aunque no lo especifica la fuente). A
principios de noviembre de 1493, en su segundo viaje, al tocar en
Gadalupe, registra el hallazgo de las calabazas (Colón, H., 1947,
93, 95, 145; Anqlería, 1944, 36).
Las hibueras se conocían en Santo Domingo ( Casas, 1909, 36).
Andando el tiempo las DITAS, GIGÜERITAS O TOTUMAS se emplearon allí
para lavar oro en las minas (Sánchez Valverde, 1947, 81).
|
|
Mapa 12. Árboles productores de vasijas en América
intertropical. Rayado horizontal= Área de dispersión natural de
|
Crescentia alata H. B.. Rayado vertical= Área de
dispersión y cultivo de |
Crescentia cujete L..
Cruces= Áreas donde se usaron estuches peniales de
|
Crescentia sp.. Círculos negros= Principales focos
de decoración de vasijas de |
Crescentia cujete
durante el siglo XVI. Recuadro= Hojas características de las
especies |
C. cujete (3) y |
C. alata
(4), segun el cronista Fernández de Oviedo.
|
En su descripción de Jamaica de fines del siglo XVII un autor
habla de CALABASH-TREE, en cuyos frutos se solía tomar chocolate y
cargar licores en los viajes (Hughes, 1672, 65-67).
En el Caribe se usó este fruto, para cazar aves acuáticas
(Anglería, 1944,298; Castellanos, 1955, II, 20).
Centro América.
La circunstancia de ser endémica de Méjico a Nicaragua la
especie afín Crescentia alata C véase numeral siguiente ), hace
difícil establecer en algunos casos a cuál se refieren las fuentes.
La costa centroamericana húmeda se llamó en un principio Hibueras a
causa de la abundancia de este árbol (Vázquez de Espinosa, 1948,
224). Enciso dice Cabo de las Figueras (Enciso, 1948, 226). Cobo
asienta: "Nace esta planta en tierras calientes; y donde
se hace granjería de su fruto es en la costa de la Mar del Sur de
Nueva España, particularmente en la diócesis de Guatemala, donde yo
vi los más curiosos «tecomates»; y de allí los llevan a la ciudad
de Méjico" (Cobo, 1891, II, 111-112; -----, 1956, 1,
278-279). Esta industria persiste en Izcalco, donde se fabrican
JÍCARAS y JULONES (Hartmann, C. V.: JSAP, 1910, VII, 138;
131-143).
Hernández se refiere a él como a QUAUHTECOMATL (Hernández, 1943,
II, 438-440).
En la relación de 1576 sobre San Salvador y Honduras, Diego
García de Palacio habla del uso del fruto para jícaras en qué beber
el chocolate, y para recibir la sangre de mancebos sacrificados a
principios de las estaciones de invierno y verano, con fines de
propiciación de cosechas (Fernández, 1881, 1, 15 y nota 16, 38),
aunque no es posible determinar a cuál especie quiso referirse.
En higüeras, a veces más pequeñas de lo que pedía el apetito,
les racionaba el maíz a sus soldados Hernán Sánchez de Badajoz en
el río Sixaola (Vega Bolaños, 1955, VI, 326, 424).
Panamá y Darién.
Cristóbal Colón considera digno de atención anotar la presencia
del árbol de las calabazas en la costa de Veraguas (Anglería, 1944,
234). HIGÜERAS o MATES constituían casi el único ajuar de los
dorases y zuríes (Rocha: Meléndez, 1682, III, 357).
Pero indudablemente fue en la parte del Darién vecina al golfo
de Urabá y en el Atrato, donde la industria de decorar totumos
había alcanzado, a la llegada de los europeos, el máximo
desarrollo. Un gran conocedor del área se expresa así: "Y
los vasos presciosos de las higüeras se hallaron en el Darién y en
el golfo de Urabá, con sus asideros o asas de oro en estas
higüeras, y ellas tan lindas, que sin dubda ni reproche se podía
dar de beber con las tales higüeras a cualquier rey poderoso. Y
éstas venían por aquel río grande de Sanct Joan, que entra en el
golfo de Urabá, por vía de comercio" (Oviedo y Valdés,
1959, 1, 252). A Cartagena se llevaban a vender desde el Urabá
totumas pintadas de "betún" a principios del
siglo XVII (Simón, 1953, VIII, 81, 83).
Wafer también asegura que en su tiempo los calabazos pintados
del Darién eran muy estimados por los españoles (Wafer, 1888, 35;
68).
Según el mencionado dato de Oviedo y Valdés, la cuenca del
Atrato parece haber sido un centro importante de cultivo y
beneficio del totumo. Nordenskiold menciona
"calabazos" bellamente decorados entre los cunas
del Darién y del Chocó, que se usan solamente para fines
ceremoniales y religiosos, mientras que para los menesteres:
cotidianos, bastan recipientes de arcilla o los mismos calabazos
pero sin decorar (Nordenskiold: JSAP, 1929, XXI, 141-148). En la
parte alta del Atrato hay un río llamado «Sandó», que quiere decir
río totuma o de las totumas (Brisson, 1895, 152). Una tribu del
alto Chocó recibió este nombre en la época colonial.
Región caribe-magdalenesa.
En una carta de 20 de mayo de 1529 se mencionan totumas usadas
para cateo de tierra en busca de oro en Buritaca, flanco norte de
la Sierra Nevada de Santa Marta (Friede, 1955, II, 58). Calabazos
secos colgados de cuerdas, para que sonaran al paso de los
españoles y delataran su presencia, se hallaron en Bondigua, cuando
regresaba de la Sierra la expedición de Lugo (Aguado, 1916, 1,
156). Este fruto se usaba para llevar pólvora en las expediciones
contra los indómitos serranos (Simón, 1953, VII, 140). El totumo
era común en jurisdicción de Santa Marta (Rosa, 1945, 318-319). Sin
duda variedades seleccionadas con ese fin eran las usadas para
echar la cal con que se consumía la hoja de hayo o coca; en tal
caso el recipiente recibe el nombre de POPORO: "Este es un
calabacillo con su cintura en medio, hecha desde tierno, con un
cordón que le ciñen, y un puntero a medida de la boca, con su
recaso muy pulido" (Ibid., 264). Estas tribus, las únicas
al parecer que en Sur América cultivaron abejas melíferas, echaban
la miel en
"calabazas pequeñas no bien llenas"
(Castellanos, 1955, II, 282-284).
En cuanto a la cuenca del Magdalena, no faltan menciones
tempranas del uso del totumo entre los indígenas. A Hernán Vanegas
el guacana o cacique de Tocaima le regaló entre otras cosas
"calabazos de miel silvestre" (Simón, 1953, III,
234). Calabazos aparecen incluídos entre los tributos que en
ciertos sectores debían dar los indios de la Nueva Granada a los
españoles (Aguado, 1916, 1, 532; , 1956, I, 422).
Bajo los nombres de PUROS y TUTUMES (el árbol) y de PILCHE o
SACHAMATE (la vasija hecha del fruto) los describe en varias
ocasiones a lo largo del Magdalena un misionero del siglo XVIII
(Serra, 1956, 1, 67, 70, 91, 105, 106). SACHE en el occidente de
Colombia es el totumo de fruto grande alargado (Tascón, L.. 1961.
342; 451 ).
Al botánico Holton le llamó la atención en 1854 que a lo largo
del Magdalena los bogas comían con cucharas de mate; en toda la
Nueva Granada se vendían entonces las totumas decoradas con barniz
(Holton, 1857, 471; 75; 512).
Los pijaos y otras tribus de la Cordillera Central colombiana
usaron ampliamente el totumo. El pellejo de la cara de los enemigos
muertos lo armaban a modo de trofeo sobre calabazos (Aguado, 1917,
II, 745). Durante las campañas de tierra arrasada contra ellos,
Diego de Bocanegra, según propia confesión, no sólo taló cultivos,
sementeras y frutales, sino que rompió tinajas, ollas, mates y
calabazos, "que es pérdida muy grande para ellos y la
sienten en extremo" (Tascón, T. E., 1938, 194). A veces
arriesgaban la vida para rescatar estos adminículos (Ortega
Ricaurte, 1949. 266). Otras fuentes confirman la importancia del
totumo para los pijaos (Simón, 1953, VIII, 221; IX, II, 25, 45, 53,
88).
Venezuela.
Los indios tiznados de la sierra de Mérida en Venezuela usaban
los calabazos suspendidos de cuerdas en la misma forma que los de
la Sierra de Santa Marta, para descubrir la presencia de enemigos
(Aguado, 1917, II, 253).
En la relación de Juan de Pimentel sobre los caracas se lee:
"Crían estos indios otros arboles que llaman totumos que
de su fruta haz en escudillas [,] taparas para agua como botijas
[,] cucharas y coberturas para su miembro genital [.] es la fruta
deste arbol como calabazas y desto ay arboles que echan pequeña y
grande fruta" (Latorre, 1919, 85; Arellano Moreno, 1950,
84-85 ). Totuma de agua le ponía la novia al novio para que se
lavase, como señal de aquiescencia (Latorre, op. cit., 78;
Arellano, op. cit., 79). A los enfermos los abandonaban a su
suerte, con sólo un fuego debajo de la hamaca y una totuma con
alguna comida o bebida (Arellano, op. cit., 78). Entre varios
pueblos de la Tierra Firme se usó el peniestuche de calabazo, como
se verá más adelante.
Llanos orientales.
Al llegar a la boca del Meta, el conquistador Herrera envió
cartas en un calabazo cerrado con cera (Aguado, 1918, 1, 618).
Dice Gumilla que el TUTUMO en el área orinoquense era cultivado,
y también espontáneo en las vegas y muy útil: "porque de
sus tutumas forman los indios escudillas, platos, vasijas para
beber, cargar agua, y para guardarla en casa..." (Gumilla,
1955, 358). A las vasijas las llamaban MURIQUES o MURICAS los
achaguas (Rivero, 1956, III, 115, 118; 218).
Unos comisionados para establecer los límites entre el Apure y
el Meta en 1774, hallándose al principio de la excursión en tierras
de Barinas, se vieron precisados por falta de agua corriente, a
darla en totumas a sus cabalgaduras (Cuervo, 1893, III, 87).
Una tribu del sector, la de los taparas, se llamó así por el uso
de estuches peniales de este fruto (véase adelante).
Nuevo Reino de Granada.
El cronista Simón relata que confiscó a un mohán de Tota algunos
utensilios de su oficio, entre ellos un calabacito con hojas de
yopa (Simón, 1953, VII, 182-183).
Con el nombre de TOTUMOS, llamados por los españoles CA.LABAZOS,
los menciona Zamora en el Nuevo Reino. Se usaban tanto los
hemisferios como el fruto entero, después de sacarle la tripa por
un agujero, como indicó Marcgrave que se hacía en el Brasil. Agrega
Zamora: "De la misma suerte ay otros, que llevan el fruto
muy pequeño, que sirve de congolos para guardar el tabaco, y otros
polvos, o licores, que conservan mucho tiempo sin
corromperse" (Zamora, 1930, 41-42). Años después, Oviedo
añade que " ...en partiéndose por la mitad llaman a esas
vasijas totumas; otros las llaman mates y otros vagañas, pero lo
ordinario son totumas, y hay de dos especies, unas redondas y otras
largas o en forma de huevos..." (Oviedo, 1930, 41).
Cuenca del Cauca.
No hay referencias históricas sobre el totumo en la cuenca del
Cauca en los primeros tiempos. Se han señalado nombres locales,
como el de KALI en el guambiano-coconuco (Rivet: JSAP, 1941,
XXXIII, 5, 39) (véase numeral 170). En guacas excavadas en el sitio
de Cacique, hoya del Quindío, se han desenterrado totumas bien
dibujadas, lo que indica familiaridad con la especie (Arango C.,
1927? 139, 157). Algunos pudieron haberse usado para recipiente de
masticatorios como el «poporo» de la Guajira (Duque Gómez, 1963,
34, 102 y fig. 3).
A mediados del siglo XIX se traían totumas decoradas con barniz
de Pasto a la cuenca del Cauca (Holton, 1857, 512).
Ecuador.
Las descripciones de Velasco parecen a veces confundir
|Clescentia con
|Lagenaria; pero los datos referentes
al PILCHE parecen los propios de la primera especie (Velasco, 1927,
I. 47-48; -----,1946, I. 59).
PILCHES cultivaban en Esmeraldas los indígenas de la confluencia
del Caone (Rumazo, 1948, I. 240).
Perú.
Es de la mayor importancia la siguiente afirmación del
naturalista Cobo sobre la dispersión geográfica de
|Crescentia: "Pocos años ha que este árbol se plantó
en esta ciudad de Lima, y se da muy bien en ella" (Cobo,
1891, II, 111-112; -----, 1959, , I. 279). Es extraño, sin embargo,
que más de un siglo después, Hipólito Ruiz se refiera a los tutumos
plantados en los alrededores de Lima "de pocos años a esta
parte" (Ruiz, 1952, I. 8, 200).
Los nombres TUTUMO y PAMUCO se usan en varias partes del Perú
para distinguir esta especie (Valdizán y Maldonado, 1922, II, 328;
Yacovleff y Herrera, 1934, 315-317; Jiménez Borja, 1948, 27).
Amazonas.
Calabazos decorados para beber halló Orellana en el bajo
Amazonas (Carvajal, G., 1942, 65-66).
Varias tribus del área se especializaron en el cultivo,
beneficio y comercio de la CUIA. Así dice de los ayzuaris de abajo
del Juruá un misionero franciscano (Laureano de la Cruz, 1942, 52).
Otros les llaman PATES O TETES (Magnin: RI. 1940, 171). Los
yurimaguas fueron sobresalientes en esa actividad, estando las
mujeres a cargo de la decoración, que a menudo usaba como motivo la
culebra de agua o anaconda. Estos yurimaguas posteriormente se
desplazaron de su localidad medio-amazónica, abajo de los omaguas,
hasta el Huallaga (Jiménez de la Espada, 1889, Mar., 430, 435,
510).
Las mujeres jívaras del oriente ecuatoriano tienen ceremonias
especiales de fertilidad al sembrar el totumo: se golpean los
pechos, y ejecutan otros rituales para que los árboles carguen
(Karsten, R., 1935, 142).
La CUIERA es siempre cultivada en la Amazonia (Ducke, 1946,
10).
USOS.
Al reseñar brevemente la dispersión del totumo a la llegada de
los europeos o después, se han indicado incidentalmente los usos a
que se dedicaba. Pero no sobra presentar un sumario documentado
sobre los empleos principales. Un trabajo en detalle entra de lleno
en el campo folclórico.
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Figura 23. Tres formas de totumo |
Crescentia
cujete L.. comunes en el Valle del Cauca. Izquierda
superior= calabazo redondo. Izquierda Inferior= mate cucharo,
llamado así por el principal empleo que se le da. Derecha= calabazo
largo o "sache" (1/4 del tamaño natural)
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Fruto entero.
a) Del fruto entero, vaciado mediante la apertura de un pequeño
agujero que se obtura después, se echó mano en el área circuncaribe
como señuelo para capturar aves acuáticas: se dejaban flotando a
merced del viento sobre el agua varios frutos así tratados, para
que las aves se acostumbraran a su presencia; después el cazador,
cubierta la cabeza con una máscara hecha también con un fruto de
|Crescentia, y sumergido hasta los hombros, cogía las aves y
las somorgujaba rápidamente para ahogarlas (Anglería, 1944,
298-299; Castellanos, 1955, 11, 20).
b) Variante del anterior es el empleo de totumos secos vaciados
en los cuales se sujeta un anzuelo mediante una cuerda atravesada.
Todo se deja flotar, y las sacudidas del pez enganchado sirven de
aviso para cobrarlo (Informe verbal de Adalberto Figueroa
Potes).
c) Como arma de guerra, se registra por primera vez el uso
contra los españoles que dejó Colón en Santo Domingo a raíz de su
primer viaje. Calabazos llenos de ají picante molido y ceniza se
arrojaron contra los sitiados (Castellanos, 1955, I, 149-150). Al
quebrarse con el golpe, se difundían las acres emanaciones del
ácido que hacía estornudar y llorar a los sitiados, permitiendo a
los sitiadores asestar golpes a mansalva.
d) En la parte nororiental andina y en la Sierra Nevada de Santa
Marta se colgaban calabazos vaciados, pero quizá con piedrecillas o
semillas dentro, sobre los senderos o trochas por donde debían
pasar los españoles, de manera que el ruido que se producía al
tocar las cuerdas, delatara la presencia de los enemigos emboscados
(Aguado, 1916, I, 156; 1917, II, 253).
e) En un calabazo cerrado con cera dejó el conquistador Alonso
de Herrera mensajes en la confluencia Orinoco-Meta (Aguado, 1918,
I, 618).
f) Recipiente para líquidos (agua, licores etc.). La boca se
abre por lo general cerca de la unión del pedúnculo, y se obtura
con hojas, raquis de una espiga de maíz, zoqueticos de palo liviano
etc..
g) Recipiente para" sólidos. Por lo general se recorta
la porción superior para adaptarla a modo de tapa. Así se cargaban
ají (Vargas Machuca, 1599, 50); pólvora, tabaco, sal y otros
objetos.
h) Peniestuches (véase adelante).
i) Resonadores musicales. Uno es la conocidísima maraca. Los
indígenas de Centimali, en la provincia de los chitareros, entraban
en batalla con música. la cual ellos hacen con unos calabazos
largos como trompetas" (Aguado, 1916, 1, 593; , 1956. 1,
468).
j) Recipientes tubulares adaptados como cilindros de succión
para provocar rubefacción de la piel por los curanderos indígenas
(Robledo, E., 1959, .38).
Fruto partido.
El fruto partido en hemisferios o en dos porciones desiguales ha
tenido gran predicamento como vasija:
k) Para beber a modo de vaso (mates, jícaras etc.).
l) Para trasvasar líquidos. En el caso de líquidos hirviendo, a
cada mitad del fruto se le coloca un mango largo de madera. Así, un
mate con mango se usaba en las salinas de Zipaquirá y otras de la
Cordillera Oriental, para trasvasar el agua salada a las cazuelas
(Boussingault. 1900, III. 28). Así se usa en el Valle del Cauca en
los ingenios paneleros para pasar el guarapo de un fondo a
otro.
m) Medida o recipiente de áridos.
n) Vasija para cargar semillas al sembrarlas.
o) En lavado de oro (Ortega Ricaurte, 1954, 16; Sánchez
Valverde, 1947. 81).
p) A modo de bacinillas ("mate meador").
Además:
q) Protección contra el sol: "De los hibueros grandes
suelen hacer los caminantes cascos para ponerse sobre la cabeza
debajo del sombrero, para defensa del sol" (Cobo, 1959, I,
278).
r) Máscaras.
S) Como bastidor para estirar telas o cuero: los pijaos de la
Cordillera Central de la Nueva Granada, conservaban como trofeo el
pellejo de la cara de los enemigos muertos, templado sobre totumas
(Aguado, 1917, II, 745).
t) Perforado, como criba o harnero
(susunga").
u) Las variedades de fruto alargado, partidas en segmentos
longitudinalmente, suministran cucharas.
Algunos de estos usos se revisarán en una historia de la cultura
material; otros (como las vasijas para semilla), en la de la
tecnología agropecuaria.
Merece mención especial el aspecto artístico de la decoración
exterior de los totumos, pues la tersa epidermis del fruto permitió
la ejecución de diseños decorativos, en los cuales se destacaron
algunos grupos americanos. Por ejemplo, Oviedo alaba las totumas
que bajaban por el Atrato a Urabá, "con sus asideros o
asas de oro... y ellas tan lindas, que sin dubda ni reproche se
podía dar de beber con las tales higüeras a cualquier rey
poderoso". Simón añade, como se vio antes, que eran
"pintadas con betún".
No hay detalles sobre el tipo de decoración que usaban los
yurimaguas del Amazonas; sólo que el trabajo lo hacían las mujeres,
y que uno de los motivos más frecuentemente usados estaba inspirado
en la culebra de agua.
Se ignora si es prehispánica la decoración con barniz de Pasto
(
|Elaeagia utilis), aunque esta industria más bien parece
haberse empezado a desarrollar a fines del siglo XVI.
La forma misma del totumo inspiró a los orífices americanos la
creación de vasijas que lo remedaran. En una de las relaciones de
Venezuela del licenciado Tolosa ( 1546), hablando de la expedición
de Ambrosio Alfinger al Magdalena, se asegura que entre los
sendaguas halló a más de otras joyas, una totuma "toda de
oro" (Oviedo y Baños, 1885, II, 230-231; Arellano Moreno,
1950, 28; Friede, 1963, IX, 219). También en el saco de la casa de
Tisquesusa hallaron los españoles
|
"...una totuma, vaso de oro fino,
llena de tejolillos de lo mismo
que pesaron mil pesos poco menos ..."
|
(Castellanos, 1955, IV, 254).
Es de particular interés para una historia de lo dispersión
geográfica y el origen de
|Crescentia
|cujete entrar un
poco en el tema de los estuches peniales. Esta prenda masculina a
base del fruto del mencionado árbol parece haber sido usada entre
el río Magdalena y el Orinoco. Ocurre preguntar si las formas de
|Crescentia de frutos pequeños, algunos como verdaderos
dijes, fueron seleccionadas intencionalmente por pueblos indígenas
que usaban aquel medio de protección penial.
|
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Figura 24. Dos variedades microcarpas de totumo
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Crescentia cujete L. del Valle del Cauca (tamaño
natural). El tipo elipsoidal pudo usarse como recipiente para cal
entre pueblos masticadores de coca. Los frutos alargados serían
aptos por su forma y dimensiones para estuches peniales.
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Dice Castellanos refiriéndose a los tairos y guanabucanes de la
provincia de Santa Marta:
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"El miembro viril cubre calabazo,
pero los ginitales van
pendientes"
|
(Castellanos, 1955, II, 319). Los chimilas, todavía a media- dos
del siglo XVIII andaban en carnes, "con sólo un
calabacillo, en que introducidas las partes de la generación, las
ocultan" (Rosa, 1945, 268).
Procediendo hacia el oriente, los indígenas de Coro, según
noticias que le dio a Oviedo el obispo Bastidas: "traen el
miembro viril metido en un calabacito cerrado o cuello de
calabaza..." (Oviedo y Valdés, 1853, III, 329; -----,
1959, III, 59). Se mencionan en Barquisimeto para el fin indicado
"calabazos de cuatro dedos de largo del gordor de un
pepino no gordo y hueco", También en Tocuyo, los varones
andaban "con un canuto de calabaza atado con hilo a la
cintura" (Arellano Moreno, 1950, 124, 147).
Entre los caracas ocurría lo mismo: "traen un calabazo
como cuello de calabaza en que meten el miembro genital y el
calabazo traen asido a un hilo que traen por la cintura(...)
Totumos que de su fruta hazen...coberturas para su miembro
genital..." (Latorre, 1919,78, 79; Arellano Moreno, 1950,
78-79, 84-85 ).
De los cumanagotos dice Oviedo: "traen los indios un
cuello de calabaza, del tamaño que le conviene, en que traen metido
el miembro viril solamente" (Oviedo y Valdés, 1853, III,
254; -----, 1959, II, 425).
En la región del golfo de Paria los primeros exploradores
españoles hallaron que los varones usaban peniestuches de calabazo,
adornado con oro y perlas (Acosta Saignes, 1961, 41).
Una tribu del Orinoco se llamó de los taparitos, por traer el
miembro metido en una TAPARA (Bueno, 1933, 80).
169-
|Crescentia alata H. B. K..
(Véase capítulo sobre plantas forrajeras en el tomo III).
AYACACHTECOMATL, o "vasos silvestres de
sonajas", en náhuatl (Hernández, 1943, n, 437-438).
MORRO, en Centro América.
GUACAL ( véase adelante).
Oviedo y Valdés, desde mediados del siglo XVI, estableció la
existencia en Centro América de una especie distinta de higüera
cuya característica principal es tener las hojas en cruz, que
dibujó para mayor claridad. El cronista mayor de las Indias precisa
como sigue la dispersión geográfica de la especie, tal como pudo
observarla: "Estos árboles higüeros que tienen las hojas
todas fechas cruces, he yo visto en la provincia de Nicaragua, e
señaladamente en Nagrando, donde está la cibdad de León, e otras
partes de aquella tierra... allí en Nicaragua llaman a este árbol
guacal" ( Oviedo y Valdés, 1959, I, 252; Fernández, 1883,
III, 315). Avanza hasta Nicoya en Costa Rica (Wagner, P. L., 1958,
230).
Las semillas del MORRO, más voluminosas que las del TOTUMO, son
comestibles y se venden normalmente en los mercados en Centro
América.
Quizá también de esta especie, y no sólo de
|Crescentia
cujete, eran las jícaras para tomar chocolate usadas en Méjico
en la época precolombina (véase numeral 168).
Sobre la introducción de
|C. alata a Colombia a fuer de
planta forrajera, se dirá en el capítulo sobre pastos y
forrajes.
CUCURBITÁCEAS.
170-
|Lagenaria siceraria (Mol.) Standl..
BOLI, en coayquer y colorado (Jijón y Caamaño, 1941, II, 142,
227).
CHUM, en chimú (Jijón y Caamaño, 1940, I, 506).
CCHUCMI, en aymara (Bertonio, 1612, 87). Otros dicen CHUCÑA
(Cobo, 1959, I, 175).
MATE, MATI, en quechua (Navarrete, D. de S.T., 1560, 151;
González Holguín, 1608, 229; Cobo, loc. cit. ).
CHIPCHI (Serra, 1956, I, 268).
KALI, en guambiano (Rivet: JSAP, 1941, XXXIII, 5, 39). (Véase el
numeral 168).
MANDU, en cuna (Puig, 1944, 26).
CAMAZA, en el oriente venezolano (Calcaño, 1950, 432; Armas
Chitty, 1961, 246),
CUYABRA se aplica en Antioquia, Colombia, a un hemisferio del
fruto (Restrepo, A. J., 1930, 332):
"Misericordia en cuyabra, porque en totuma no
cabe"
E'HOOE, en Tahití (Merrill, 1954, 350).
BINDA, la planta, el fruto y la cáscara; CABINDA, las formas de
fruto pequeño, en Africa portuguesa (Ficalho, 1957, 184).
CALABAZA, en español.
|Lagenaria siceraria es una de las tres plantas (las otras
dos cocotero y algodón) que con seguridad estaban presentes en el
área intertropical del mundo, en más de un continente, cuando se
produjo el descubrimiento de América (Carrier, 1923, 4). Aunque
algunos autores se inclinan a aceptar que es de origen africano, no
saben cómo se operó la difusión hacia América en la época
precolombina, pero estiman verosímil que los frutos, que al parecer
conservan sus semillas con poder germinativo durante largo tiempo,
pudieron ser transportados por las corrientes marinas (Merrill,
1954, 255-258).
Pero, hasta donde pueda saberse, la calabaza no fue conocida en
las Antillas o en Sur América oriental al arribo de los europeos,
sino solamente en la costa del Pacífico (Rivet, 1943, 191-193). La
antigüedad del cultivo o por lo menos del uso en la costa peruana
es muy remota (Ames, 1939 (1953), 86-90; Heyerdahl: Actas, 1962,
791-792). Hay, sin embargo, no poca confusión en las fuentes,
porque se habla indistintamente de calabazas, tanto tratándose de
|Crescentia cujete como de
|Lagenaria. Si no fuera
porque a veces se dice que la vasija usada en las Antillas se
obtenía de un "árbol", cualquiera creería que
Colón y otros autores hablaban de la verdadera calabaza
|Lagenaria.
Centro América.
Oviedo, gran conocedor del área circuncaribe, es enfático en
afirmar la difusión de la calabaza cultivada en las islas y en
Tierra Firme; pero destaca de modo especial el uso en Nicaragua
(Oviedo y Valdés, 1959, I, 236).
Panamá.
En su lista de las plantas útiles del Darién, Wafer menciona
calabazas dulces y amargas, aquéllas usadas para comer, y estas
como medicinales. De ambas se hacían vasijas (Wafer, 1888, 35).
En el área del Darién se presentaría la concurrencia de los dos
géneros,
|Crescentia y
|Lagenaria. Pero las vasijas
pintadas y decoradas en que tánto se distinguieron los pueblos del
bajo Atrato, se hicieron evidentemente de totumo.
Nuevo Reino de Granada.
Son muy escasas las referencias sobre los Andes ecuatoriales que
puedan aplicarse sin lugar a dudas a la especie en estudio. Cuando
los españoles entraron al valle de Susacá en la Sierra de Mérida,
hallaron pocas vasijas de cerámica, "pero muchas y grandes
calabazas" (Aguado, 1917, II, 530).
Los pijaos guardaban su ropa en calabazas grandes (Simón, 1953,
IX, 39). Que esto no era Crescentia, se deduce de que las calabazas
y las totumas se mencionen como cosas distintas (Ortega Ricaurte,
1949, 266).
Venezuela.
La relación de Barquisimeto de 1579 dice que los indígenas
locales cuando iban a batalla, "tocan muchas cornetas
hechas de calabaza que nasce acá entre ellos" (Arellano
Moreno, 1950, 124). Esto tanto puede aplicarse a
|Crescentia
como a
|Lagenaria.
Ecuador.
La relación de Santo Domingo Chunchi, jurisdicción de Cuenca, de
hacia 1582, dice que allí había un centro de contratación de
"gran suma de calabazas que llaman mates, de que se hacen
vasijas para beber y vajilla, y destos se proveen y llevan a muchas
partes" (Jiménez de la Espada, 1897, III, 191). Lo mismo
ocurría en Alusí (Ibid., 194). Más antigua es la relación de
Chuquimayo, en la cuenca del río Chinchipe, segÚn la cual los
indígenas del área usaban llevar su comida en calabazos grandes y
largos bajo el sobaco o el pecho, cuando nadaban de una orilla a
otra (Ibid., 1897, IV, xlviii). Queda en este caso duda sobre el
género a que pertenecían.
El historiador Velasco hace una clasificación sobre los usos de
|Lagenaria que se recogerá más adelante.
Perú.
Donde incuestionablemente la calabaza tuvo una gran difusión en
la época precolombina fue en el Perú, sobre todo en la costa. Fuera
de las referencias escritas, quedan las evidencias arqueológicas
para comprobarlo (Valdizán y Maldonado, 1922, 11. 345; Yacovleff y
Herrera, 1934, 312-3l5).
Se vio en el numeral 168 que la introducción de
|Crescentia a la costa peruana fue tardía, en todo caso
durante la dominación española.
Como en el Perú el uso de la calabaza asumió las más distintas y
complicadas formas, se estudiará simultáneamente este aspecto con
el de la difusión geográfica de la especie.
Bolivia.
La relación de Pérez de Zurita sobre Santa Cruz de la Sierra
(1586?), señala entre los indios payconos, a veinte leguas de la
primitiva ciudad, "unos calabazos o mates muy hermosos a
la vista, y hacen algunos botija y media y dos botijas de agua;
sirven para tener ropa en ellos" (Jiménez de la Espada,
1885, II, 171).
USOS.
Oviedo y Valdés sólo menciona la utilización de la calabaza en
Centro América para cargar agua (Oviedo y Valdés, 1959, I, 236). El
padre Acosta, a fines del siglo XVI, apunta: "Hay de este
género de calabazas mil diferencias, y algunas son tan disformes de
grandes, que dejándolas secar, hacen de su corteza, cortada por
medio y limpia, como canastos, en que ponen todo el aderezo para
una comida; de otros pequeños hacen vasos para comer o beber y
1ábranlos graciosamente para diversos usos" (Acosta, 1954,
113-114).
Una clasificación tentativa hizo en el siglo XVIII el jesuíta
ecuatoriano Velasco: "«Mate», es nombre genérico de muchas
especies de calabastros que no se comen, y que sirven de vasos para
diversos usos. Son de diversos tamaños y figuras, desde los más
chicos, que sirven de tabaqueras, hasta los mayores que sirven de
cajas de ropa y de guardar cualesquiera cosas, abriendo el mismo
calabaso en proporción de tapa, a que le ponen gonces. La
superficie es siempre lustrosa, de color amarillo más o menos
cargado, y aunque interiormente es algo carnosa, es muy sólida, y
mantiene bien los licores. Cuando se sirve como de frasco, con boca
pequeña, se llama «puro»: cuando es redondo y se parte en dos como
escudillas, se llama «mate» propiamente: cuando es muy chato, salen
dos platos, que también dicen mates; pero si se parten al través,
se llaman «vingos». Varias de estas especies de utensilios pintan
los indianos a fuego muy delicadamente; y un tiempo privaban las
cajas de polvos de oro y plata con estos mates encastrados. Los
vingos pintados se engastan también en plata paral tomar
bebidas" (Velasco, 1927, 1. 47-48; , 1946, 1. 59).
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Figura 25. Formas y denominaciones de vasijas hechas de
calabaza |
Lagenaria siceraria (Mol.) Standl. -Según
Jiménez Borja en su monografía publicada en Lima en 1948,
p.49.
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Recientemente se ha hecho un estudio ilustrado sobre la calabaza
en el Perú, en el cual las formas se reducen a tres tipos
principales: el PORONGO, en forma de botella; la CHUCULA, que es un
porongo de cuello largo, delgado y algo curvo, y el POTO, semejante
a un geoide. Cada uno de estos tipos se subdivide en otros, de
acuerdo con la destinación especial que se les da (Jiménez Borja,
1948).
Sistematizando los datos disponibles, se podría hacer la
siguiente clasificación:
A) Fruto entero.
a) Flotador. Este uso estaba ampliamente difundido en la costa
del Perú. Relatando Diego de Trujillo la expedición conquistadora
de 1541, asegura: "Llegamos a Çaña [Saña] que es una
población grande, y de mucha comida, y ropa de la tierra, que avía
silos llenos della; topamos un río grande, y era grande porque los
Indios hecharon todas las acequias por él; pasámosle en balsas de
calabazos los que no savían nadar, y las sillas de los caballos, y
el hato que avía..." (Trujillo, 1948, 54). Antes lo habían
hecho también, según Garcilaso, entre San Mateo y Coaques
(Garcilaso, 1944, 1. 47). Este sistema de pasar ríos era rutinario
en algunos sectores (Jiménez de la Espada, 1885, II, 223; Herrera y
Montemayor, 1947, 112; Vázquez de Espinosa, 1948,397; Cobo, 1956,
1. 175, II, 266). Un tratadista militar consideraba las balsas de
calabazas como la mejor invención para pasar ríos (Vargas Machuca,
1599, 69). Varios frutos secos se metían entre redes; el conjunto
lo arrastraban nadadores indígenas por medio de cuerdas que uncían
en la frente, mientras otros empujaban detrás.
Se ignora si esta costumbre se extendió a Méjico después de la
conquista, o si era prehispánica en Norte América. Ello es que el
protomédico Hernández, en su descripción de las diferentes
calabazas conocidas en la Nueva España, menciona la AXICALLI o
"calabaza de agua", de cuyos frutos,
"enteros y juntos en hileras de siete, fabrican balsas muy
buenas para transportar hombres, caballos o cualquiera cosa
(Hernández, 1942, I., 158).
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Figura 26. Vasijas hechas de calabaza |
Lagenaria
siceraria (Mol.) Standl., y los distintos nombres que se
les dan en el Perú. De Jiménez Borja, "Mate
Peruano", Lima, 1948, p. 50.
|
En la costa peruana se usan para sostener las redes flotando
sobre el agua, los que llaman CHECOS (Jiménez Borja, 1948,
[33]).
b) Tabaqueros (véase atrás la cita de Velasco).
c) Recipiente para guardar bebidas.
B) Fruto partido.
d) Puede ser en hemisferios o en segmentos desiguales, según el
uso a que se les destine: vasijas para beber, para lavar, para
guardar ropa, alimentos etc. (Cobo, 1956, II, 242).
Bajo el rubro PORONGO se explica en el primer vocabulario
quechua-español: "ampolla para beber" (Navarrete,
D. de S. T., 1560, 162). En el Valle del Cauca se llama «socobe»
(Tascón, L., 1961, 351).
Las vasijas para beber fueron objeto de decoración, la cual en
algunos lugares alcanzó niveles desacostumbrados. Tal, por ejemplo,
la provincia de Chincha, al sur de lima, en el Perú. los mates
pintados de esa procedencia tuvieron fama durante el período
colonial (Lizárraga, 1946, 90-91; Vázquez de Espinosa, 1948, 445;
Cobo, 1956, 1, 175).
Entre los peruanos la calabaza se usó como recipiente de la
semilla destinada a la siembra, al mismo título que el totumo en
América ecuatorial.
e) "Con sus cascos se suple la falta de corcho para
hacer tapaderas para las botijas de vino y otros licores"
(Cobo, 1956, I, 175).
f) Bastidores para remendar ropa.
g) En la funeraria incaica la calabaza se usó de modo semejante
al totumo entre los pijaos (véase atrás): al embalsamar los cuerpos
de sus antepasados, ponían un pedazo de calabaza debajo de cada
carrillo para estirarlo (Cobo, 1892, III, 342).
h) Instrumentos musicales: 1) de percusión: los frutos cortados
arriba de la mitad y vaciados de su contenido han sido usados por
varias tribus africanas como resonadores de las marimbas. Del mismo
modo se usaban antes en la costa oeste de Guatemala (Bukasov,
1930,485).2) de viento: trompetas o fotutos (Jiménez Borja, 1948,
(8), (29)).
Es notable que, mientras la calabaza en Europa se ha usado para
comer, en América, por lo menos hasta la llegada de los españoles,
se utilizó como vasija principalmente, siendo nulo o muy
restringido el consumo alimenticio, por ser amargas las variedades
más comunes (Oviedo y Valdés, loc. cit.; Cobo, 1891, II, 436).
171-
|Posadaea sphaerocarpa Coigneaux.
TARRALÍ, en Antioquia, Colombia, donde es endémica (Uribe, I.
A., 1940, 300).
BRUJITO, en Panamá.
Se ignora todo lo relativo a esta especie en la época
prehispánica. No se sabe si era cultivada o silvestre. El uso
principal de los frutos esféricos, de pequeño tamaño, parece haber
sido para echar la cal con la cual se mezclaban las hojas de coca
(Parsons, 1949, 117-118). Algunas representaciones de la orfebrería
quimbaya podrían confirmar esta suposición, que no está comprobada
en las fuentes (Duque Gómez, 1963, 34, 102, y fig. 3). No hay
elementos de juicio para saber si son la especie en estudio o
formas de
|Crescentia cujete.
Un autor dice que se emplea para bastidores en qué remendar ropa
y "para otros usos caseros" (Pérez Arbeláez,
1947,482).
|