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Cuencas Atrato - San Juan y costa del Pacífico.

La variedad propia de esta inmensa área es la que se ha llamado "maíz chococito”, traducción castellana del chocó «pe-chaqué» (Pcrliño: AI, 1956, XVI, 317). Su área nuclear se extiende por el norte a los ríos Sambú, Balsas y Yaviza que desaguan al golfo de San Miguel en Panamá, ya la región occidental del golfo de Urabá; por el oriente, toda la cuenca del Atrato, y desde ella, la vertiente oeste de la Cordillera Occidental de los Andes hasta el río Patía, y de aquí por las estribaciones más bajas de la misma hasta las fuentes del río Chone; por el sur, el río Muisne, en Esmeraldas; y por el occidente, desde allí hasta el río Juradó, cerca de la frontera colombo-panameña. En los bordes de esta área el chococito está más o menos mezclado con otras variedades, pero también ha dejado en ellas su impronta. Indígenas chocoes la han llevado hasta el río Chepo o Bayano en años recientes.

A) La que parece ser la primera referencia sobre esta variedad, es una alusión incidental hecha por Gaspar de Espinosa, traída a propósito del istmo de Panamá en este mismo acápite. Ese conquistador compara el maíz de la provincia de Esqueva o Esquegua, con el "empedernido e menudo" del río Grande, o sea el Atrato (Espinosa: Medina, 1913, II, 285).

No dan indicio las otras noticias disponibles sobre el Urabá, de las variedades de maíz que allí pudieran cultivarse. Solamente se sabe, fuera del nombre genérico HOBBA anotado en el acápite referente a nomenclatura, que el maíz sazonaba "tres veces al año, por su proximidad [ de la tierra] a la línea ecuatorial" (Anglería, 1944, 147-148). A pesar de las tres cosechas, no era una variedad precoz, pues Alonso de la Puente, tesorero de Santa María la Antigua del Darién, escribía: a 23 de noviembre de 1515, “que los pobladores han de sembrar lo que hobieren de comer en las poblaciones, que esto ha de tardar a lo menos seis meses", por lo cual pedía facilidades para traer víveres de otros lugares (Medina, op. cit;, II, 240). Lo que concuerda con el dato de Pedro Mártir, de que maíz sembrado en septiembre, antes de que los españoles de Balboa fuesen a la tierra de Comogre, fue destruído por una inundación en noviembre (Anglería, op. cit., loc. cit.). Si en tres meses hubiese estado aprovechable, sin duda que lo hubieran cosechado a tiempo los soldados que se quedaron en la población.

 

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Figura 16. Patria geográfica del maíz "chocosito" . Punteado= Área de cultivo actual. Rayado horizontal= extención probable del cultivo prehispánico. Rayado vertical= regiones donde se practica el sistema típico de siembra al voleo sin quema ("de tapado"): 1= Santa Fe de Veraguas, Panamá: 2= río Sarapiquí, Costa rica. Recuadro= mazorca típica, tamaño natural. Normales biométricas en cm.: largo, 11,5cm; diámetro inferior, 3,88; diámetro medio, 3,67; diámetro superior 2,74. Granos mm.: largo, 8,14; ancho 6,68; grueso, 4,17.

 

El Cronista Oviedo no indica qué clases de maíz había en Urabá, a pesar de que durante su permanencia de varios años en Santa María, tuvo hartas oportunidades para saberlo. Tres veces, al hablar de las tribus chocoes y afines que vivían en barbacoas, dice que salían en canoas a sembrar sus maizales en las partes más enjutas, ya que la región habitada por aquellas tribus estaba llena de lagunas y anegadizos. El único pasaje donde sugiere existencia de una variedad especial tal vez por informes que le comunicara alguno de los expedicionarios de Juan de Vadillo o éste mismo, es cuando -al referirse a lo acaecido el 13 de marzo de 1538 en los dominios de Nutibara- dice: "llegaron a un valle e sabanas, donde había maíz sembrado y como trigo las cañas dél, o poco más gruesas; e llámase el Valle de Peta" (Oviedo y Valdés, 1852, II, 454; -----, 1959, III, 166). Un autor ubica esta localidad en la parte alta del Riosucio (Trimborn: RI, 1943, IV, 43-91 ), y por consiguiente, dentro del área de la variedad chococito. El pasaje transcrito debe entenderse en el sentido de que las matas estaban apiñadas unas a otras, por el sistema típico de siembra al voleo, y no propiamente porque tuvieran una caña tan delgada como la del trigo.

Tan sumario como la información de Espinosa en cuanto a las características morfológicas del maíz ( grano pequeño y duro), pero igualmente valioso por referirse de modo concreto a las provincias de Chocó, Sima y Tatape o Tatabe, situadas al oeste de la Cordillera Occidental de los Andes colombianos es el dato del conquistador Jorge Robledo ( quien se autoproclama descubridor del Chocó), cuando dice que en tales provincias "sus mantenimientos es maíz menudo. .. y mucho pescado, de los muchos ríos que van al Darién" (Robledo, J.: Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc. 80).

Cuando Pedro de Heredia se apoderó por la segunda vez de la ciudad de Antioquia en 1544 (ya había sido mudada por Juan de Cabrera del sitio donde la dejó Robledo), mandó traer maíz desde la provincia de Tatabe, que demoraba al oeste. En la probanza que sobre esa usurpación levantó Belalcázar en Cartago, a 19 de enero de 1545, el testigo Hernando Díaz Cobo, respondiendo a la novena pregunta, dice que Heredia trajo de Cartagena más de 500 indios flecheros y otros "y después de llegado a la dicha ciudad de Antioquia hizo ir [Heredia] por maíz a las montañas de Tatabe, y en la dicha ida murieron así de ellos [los indios cartageneros] como de otros gran cantidad de ellos, y los que quedaron acabaron (dé morir en el pueblo, por manera que no quedaron ningunos [; ] ya que fuesen, serían muy pocos, y esto lo sabe porque se halló en la dicha ciudad al tiempo que el dicho Adelantado Heredia entró en ella y fue por el dicho maíz en las dichas montañas, y lo vio así como dicho tiene, y vio viniendo y yendo por el dicho maíz cómo se quedaban en los caminos las dichas piezas muertas y otras vivas de dos en dos y de cuatro en cuatro, y que cree qué los naturales las comían" (Garcés G., 1936. 138). No se sabe mucho sobre la ubicación de los dos primeros asientos de la ciudad de Antioquia; pero sí que Tatabe era una provincia chocoana hasta el río Atrato, región caracterizada, como las de Cima y el propio Chocó, por las habitaciones sobre pilotes o sea "barbacoas" (Robledo, J.: Jijón y Caamaño, 1938. II, Doc. 80; Cieza, 1924, 48). Se ha insistido en estos detalles, porque es muy importante fijar el límite por el nordeste de la variedad chococito. Las colecciones de maíces hechas en la zona del Urabá y del alto Sinú son muy deficientes.

Las expediciones de Juan de Tavira, Pedro de Heredia, Gómez Fernández, Rodrigo Pardo y otros al Chocó durante el siglo XVI terminaron en fracasos. No se conocen los relatos que de ellas pudieron quedar. Se ignora si los misioneros jesuítas que entraron al Atrato en el siglo siguiente dejaron escritos sobre la vida, costumbres y producciones de las tribus que allá moraban. Los pocos documentos concernientes a esa zona son del siglo XVIII.

A mediados de 1779 Antonio de la Torre Miranda hizo una entrada por el Atrato, con el objeto de buscar una comunicación con el Sinú. Para la travesía de la Serranía de Abibe, se proveyó en el pueblo llamado Pavarandó de bastimento. "que se reduce a algunos plantanos tostados, muy poco maíz cariaco ya la caza". En Una nota al pie de su relato con- signa: "«Cariaco» es una especie de maíz que queriéndolo cocer a no tapar bien la vasija apenas percibe el calor todo salta fuera" (Torre Miranda, 1794, 50-51). Como Torre Miran- da, en otros pasajes de su obra que se han visto en el parágrafo « |Región caribe magdalenesa», habla también del maíz «chocó» o «bastardo», se deduce que el cariaco de Pavarandó era un chococito reventón. El nombre «caraco», atribuído a una variedad de chococito que no se ha podido ver, le fue comunicado a quien escribe durante un viaje por la costa norte del Chocó a principios de 1955 (Patíño: AI, 1956, XVI, 329-330).

El capitán de Ingenieros Juan Jiménez Donozo, quien, por encargo del virrey Flórez hizo a fines de 1780 una exploración del Atrato, habla de lo que llama el atraso de la agricultura; describe el proceso de riega del maíz típico de la región ( véase la descripción en la obra referente a tecnología agrícola), y concluye que por ser dicho proceso tan sumario y primitivo, el grano que se obtiene es muy menudo (Ortega Ricaurte, 1954, 220). Este es el "maíz indio", a que se refiere otro viajero por la parte alta de las cuencas Atrato -San Juan (Brisson, 1895, 15,72,116).

En cuanto a la última, según Guillén Chaparro ( 1583), en Toro el único alimento que se daba era el maíz, del cual se cogían tres cosechas a la año (Guillén Chaparro: AIP, 1889, XV, 150). En la parte baja del río hallaron grandes trojas de él los exploradores y misioneros que bajaron desde Toro y Nóvita a fines del siglo XVI y principios del xvn. Los datos sobre este aspecto se han visto en la obra dedicada a tecnología. Con idéntico criterio que el funcionario colonial Jiménez Donozo, otros viajeros no pensaron que el maíz chococito era una variedad, sino que se trataba de un tipo degenerado. Así lo da a entender Joaquín Acosto, quien estuvo en Nóvita en es época de la guerra magno (Acosta de Samper, 1901, 36). Un científico anota para el Chocó: "El maíz allí se da bien, pero sólo produce mazorcas muy pequeñas y de grano apretado" (Álvarez Lleras, 1923, 123).

B) Es inválida la afirmación de Zárate, de que "no se cría maíz en toda la costa" [del Pacífico] (Zárate: Vedia, 1947, II, 463). Se menciona el maíz durante las expediciones de Pizarro, de quien Zárate fue apologista. La primera ocasión, en los vecindades de lo que llamaron los españoles la Bahía de la Candelaria, cerca del lugar en que se hallaron palmas de coco ( véase capítulo II, tomo I). Esto ero adelante de Puerto Quemado, y con bastante aproximación, cerca de la actual bahía de Solano (Cieza: Páez, J. R., 1960, II, 149; Oliva, 1895, 78). En la misma región habitaban un siglo después los idibaes, que cultivaban maíz (Córdova Salinas, 1957, 248; 249; Arcila Robledo, 1950, 18, 52). También en la isla de Palmas hallaron maíz Pizarro en 1526, y Andagoya en 1541 (Andagoya: Cuervo, 1892, II, 101, 110; Otero D'Costa: BHA, 1954, XLI, 634-673), No dicen los testimonios si el maíz era sembrado allí mismo o traído del continente. Esto último parece más probable pues según Cieza, la referida isla "solía ser muy poblada" (Cieza, 1924, 23), y siendo tan pequeña como es, poco espacio quedaría para cultivar.

El maíz constituía uno de los principales alimentos de las tribus, todavía no reducidas que moraban entre Buenaventura y la Gorgona para fines del siglo XVII (Coreal, 1722, Amst., II, 255 ). Asimismo, era uno de los cultivos más importantes de los indios yurumanguíes catequizados medio siglo después (Lanchas de Estrada: Jijón y Caamaño, 1945, IV, 498; -----: Rivet: JSAP, 1942 (1947), XXXIV, 6).

Fue el piloto Bartolomé Ruiz de Andrade, en 1527, quien primero recorrió y sobrepasó el área de dispersión del chocito al sur del río San Juan, cuya verdadera localización continúa siendo una incógnita (Micay, Iscuandé, Patía?), pero que en todo caso no era el que se conoce hoy con tal nombre, sino uno situado al sur de Buenaventura y frente a la Gorgona (Otero, D'Costa, op. cit., loc. cit.). Ruiz de Andrade dice haber entrado bastante San Juan arriba y obtenido allí mucha comida (Medina, 1919, 23).

La abundancia de bastimientos en el río San Juan y comarcas vecinas indujo a Francisco Pizarro a situarse en las cercanías, mientras su socio Diego de Almagro regresaba de Panamá con refuerzos y vituallas, "porque en el dicho río avía muchos maizales é en otros ríos comarcanos", afirma Gonzalo Farfán, testigo en la probanza hecha por Almagro a 13 de abril de 1531. Cuando se pasaron a la isla del Gallo, en los brazos del Patía hallaron maíz en abundancia, según las probanzas que a 5 de junio ya 27 de agosto de 1527 hicieron el alcalde mayor de Panamá Juan de Salmerón, y el gobernador y oficiales reales, respectivamente. En la primera declararon los testigos Alonso Núñez de Madrid, Francisco de Lucena y Juan Fuentes de Leal, y en la segunda, Juan Carvallo. Otros testimonios que confirman esta abundancia de maíz son las cartas del maestro Baltasar a su hermano; una de Juan de Escobar; otra de Martín de Alfaro, y finalmente una del propio Pizarro, en que le dice al gobernador de Panamá que ha enviado el navío para arreglarlo, pero que "primero nos proveímos de todo el maíz que pudo ser, por manera que queda maíz para dos meses y medio". Todas estas cartas fueron escritas en la isla del Gallo en la primera quincena de agosto del año expresado (Medina: CDIHC, 1889, IV, 110; 1895, VI. 29, 30, 31; 3; 6-7; 8, 17, 20; 12; Cieza: Páez, J. R., 1960, 176, 177).

Mientras Pascual de Andagoya estuvo gobernando el San Juan, su gente acaudillada por Payo Romero, fue varias veces por los indios aprovisionada de maíz (Friede, 1960, VII, 65,67-68).

Para la región del Patía hay una mención indirecta, en una cédula de septiembre 26 de 1647, dirigida por el rey a la: Audiencia de Quito, en solicitud de informaciones sobre las actividades del jesuíta Francisco de Ruje, a quien el gobernador de Popayán, Juan de (Tuesta) Salazar acusó de que –con titulo de cura y bajo pretexto de ser misionero- residía en el puesto del real de Telembí, llamado Santa Bárbara de la isla del Gallo. Dicho religioso actuaba sin tener nombramiento autorizado por la corona y en rebeldía ante su superior el obispo de Quito, quien lo había mandado llamar varias veces, "por hallarse muy arraigado y bien acomodado con 60 indios, indias, muchachos que tenía ocupados en sacar oro y en hacer sementeras de maíz... en que tenía considerable aprovechamiento". Esto ocurría desde diez años atrás, según otra cédula de noviembre 23 de 1636 (Garcés G., 1946, II, 456, 258-259).

En la costa de Esmeraldas, entendiendo por tal el sector entre Buenaventura y Atacames, el sistema de cultivo del maíz concuerda con el que perdura aun en la actualidad, se- gún lo atestigua Miguel Cabello Balboa, quien estuvo en Atacames en 1577 (Cabello Balboa, 1945, I, 16). Los datos de este autor se discutirán en la parte dedicada a la tecnología.

Aunque las referencias sobre la costa pacífica no indican nombre ni describen la variedad de maíz que se sembraba a la llegada de los españoles, pocas dudas quedan de que era el «chococito». En efecto, no se ha hallado ninguna otra en este vasto sector. Las condiciones climáticas de alta lluviosidad, que llega a los 10.000 mm. en algunos lugares del área de dispersión, obligaron a los aborígenes a idear un sistema de cultivo sui géneris ya seleccionar las variedades aptas para sobrevivir en ese medio. Más detalles pueden verse en el trabajo monográfico que se le ha dedicado al chococito (Patiño: Al, 1956; , 1962: RICS).

Aun donde tales condiciones naturales son diferentes, parece que se hizo sentir la influencia de la variedad chococito. Por ejemplo, se ha señalado su huella en la variedad «alazán» de la costa norte del Perú (Grobman et al, 1961, 236-237).

Contactos marginales.

Los datos anteriores se refieren a la; que puede llamarse el "área nuclear" del «chococito», delimitada al principio de este inciso. Pero por tratarse de una de las variedades más primitivas de maíz en Colombia (Roberts etal, 1957, 116-120), se intentará demostrar que ya pura, ya mezclada con otras en las zonas de contacto, pudo haber sido cultivada en la época prehispánica, y aun durante la dominación española, no sólo en la vertiente cordillerana que mira al Cauca, sino inclusive en algunos sectores de la margen derecha de este río, y aun el alto Sinú.

Hay que empezar por sentar una característica de las naciones del Chocó central, que es su tendencia expansiva y centrífuga, semejante a la de las naciones caribe-arawakas. Este es un hecho comprobado. El impulso de dilatación de los chocoes no sólo había operado antes de la llegada de los españoles, sino que se manifiesta hasta en nuestros días, cuando apenas sobreviven algunos millares. Jijón y Caamaño ha estudiado bien este aspecto de la cuestión.

Comentando Cieza el primer establecimiento de San Sebastián de Urabá por Ojeda en 1509, y las dificultades que allí pasaron Pizarro y su gente por causa de hambres, enfermedades y hostilidad de los indígenas, asegura: "los cuales indios ( según decían ) no eran naturales de aquella comarca, antes era su antigua patria la tierra que está junto al río Grande del Darién". E insiste: "Estos indios que en estos tiempos señorean esta región [Urabá], ya dije cómo muchos dellos dicen su naturaleza haber sido pasado el gran río del Darién, y la causa por que salieron de su antigua patria", que atribuye anacrónicamente a la hostilidad de los españoles (Cieza, 1924, 34-35, 36).

En una carta escrita en Jamaica en 1699 por el capitán Long a la Compañía Escocesa que financió la colonización de la bahía de Caledonia en el Darién, se habla como hecho contemporáneo, de la hostilidad reinante entre los chocoes que vivían hacia arriba del Atrato, con las tribus de Urabá y Darién moradores de ambas riberas del golfo; aquéllos "vienen a menudo en noches de luna a sorprender a sus enemigos, que les pagan en la misma moneda” (Bannatyne Club, 1849, 82). Los citaraes son enemigos mortales de los cunacunas, se dice también en Un documento de 1739 (Wassén: ES, 1940, 10: 91-95).

En cuanto al occidente, baste recordar cómo en el tiempo del primer viaje de Andagoya por el Pacífico en 1522, ya a los chochamas de lengua cueva, que vivían al sur de la punta de Garachiné, "por la mar venía cierta gente en canoas, a hacerles guerra todas las lunas llenas, y tenían tanto miedo de aquella gente los de aquella Provincia, que no osaban ir a la mar a pescar; estos eran de una provincia que se dice Birú, donde corrompido el nombre se llamó Perú. Toda la gente de allí en adelante era belicosa( ...)Confinan con esta provincia del Birú la costa adelante dos señores extranjeros en aquella tierra, que habían venido conquistando de hacia las espaldas del Darién y ganaron aquella Provincia, estos son caribes y flecheros de muy mala yerba. Dícense Capusigra y Tamasagra, ricos en oro. .." (Andagoya: Cuervo, 1892, II, 99, 100). Birú y Anserma eran sinónimos para Andagoya y para Robledo. Tribus interioranas irrupcionaban hasta lo que es hoy bahía de Solano, en el segundo cuarto del siglo XVI, y ocasionaron el fracaso de una misión de franciscanos ( 1632-1646) enviada desde Panamá, con muerte de un misionero (C6rdoba Salinas, 1957, 248, 254, 255).

Para la época de las primeras exploraciones españolas, las tribus chocoes se extendían por la costa occidental, desde el río Juradó (los datos de la toponimia no deben ser desestimados) hasta la bahía de Buenaventura ( quebradas Opogodó y Siguiridó del bajo Dagua, río Potedó ), o si se quiere sólo hasta la de Málaga, a donde probablemente alcanzaban los cirambiraes del delta del Dochara, por la fácil comunicación que existe entre dicho río y la bahía de Málaga, ya por el mismo Dochara como por su tributario el Calima. Parece que los cirambiraes ("Zarambida es el nombre de su tierra") sólo eran una parcialidad de los noanamaes, ocupantes de gran parte del curso medio del Dochara [San Juan "que por otro nombre llaman río de los Noanamas" (Friede, 1963, Q., 153)]. Los indios chocoes y raposeños señalaban límites entre Quito y Chocó (Ortega Ricaurte, 1954, 85, 88; Arboleda, 1928, 282; Wassén, 1935, 127).

Por el flanco oriental de la Cordillera Occidental es por donde la expansión de los chocoes parece haber operado más intensamente. El fracaso de la primera expedición de Gómez Fernández  en 1539-1540, a causa de la tremenda derrota que le infligieron los grupos que vivían al oeste de Anserma, por una parte desalentó a los españoles para insistir de inmediato en la conquista, y por otra aumentó la audacia de los indígenas. En esa época había grupos definidamente chocoes a cuatro leguas al occidente de Anserma (Robledo, J.: Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc.136).Igual cosa debió...ocurrir con las otras expediciones que se hicieron hacia "el Dochara ,(Melchor Velásquez, Francisco Redondo, Martín Bueno de Sancho etc.).

Los asaltos de los chancos a los transeúntes de la ruta Anserma-Cali eran frecuentes en la década 1540-1550 (Cieza, 1924, 89): Hacia 1572 seguían asaltando a los caminantes que iban de Popayán a Cartago y al Nuevo Reino. En el siglo siguiente, los chocoes llegaban en sus incursiones hasta siete leguas de Anserma. Cuando los propios ansermas se rebelaban para no pagar tributos, se iban a refugiar al Chocó (Ortega Ricaurte, 1954, 47-48, 23, 26). La despoblación de la primitiva ciudad minera de Toro se debió a los ataques de tribus chocoes, en cuyo ámbito estuvo ubicada. La misma Cartago se consideraba frontera de chocoes y pijaos (Friede, 1963, O., 151, 155; Duque Gómez, 1963, 328).

En la fosa; central del Cauca las cosas pasaron del mismo modo. En 1664 los chocoes hicieron guerra a la villa de Roldanillo, y todavía en el siglo XVIII indios infieles vivían en Cajamarca, a unos 20 km. de esa población. En 1795 -dice el cabildo de Cali- había maleantes refugiados en El Salado (en la"'actualidad a sólo 40 km. al oeste de la ciudad), "a tiro de ballesta del Chocó" (Arboleda, 1928, 134, 498, 570).

En el lado oriental del Atrato las migraciones de los chocoes están bien comprobadas (Vásquez de Espinosa, 1948, 313; Friede, 1963, IX, 244-245), y su presencia hacia el interior en Cañas Gordas cerca del Cauca en una época tan avanzada como el año de 1788, es atestiguada por Mon y Velarde, quien dice que esa población se ha hecho con in- dios chocoes no pacificados, hasta el punto de proponer que se les enseñe la lengua castellana para que olviden la propia (Ortega Ricaurte, 1954; 210; Robledo, E., 1954, II, 258, 265, 301-302). En 1783, según otra fuente, los chocoes habían llevado sus depredaciones a tres leguas de la ciudad de Antioquia (Ospina, T.: RHA, 1918, 9-11: 420), a la cual destruyeran varias veces en el pasado. La misma ciudad había sido fundada, según un historiador, en el área ocupada por los catíos (Restrepo Euse, 1903, 94). Otros documentos indican influencia catía hasta en el propio valle de Aburrá (Restrepo Sáenz, 1944, I, 4, 16).

Por el nordeste, los chocoes llevaron su expansión a las fuentes del Sinú y que más lejos. Lingüísticamente, esta región, mediante los dialectos rioverde y tucura-chapacura, formó parte en un tiempo del área chocó. Los nombres de tales dialectos fueron tomados de topónimos: tanto el Rioverde ,como la quebrada Tucura son afluentes izquierdos del alto Sinú. Más abajo de la última, pero sobre la margen derecha, existe la quebrada Chibogodó. Todos estos accidentes geográficos forman parte del actual municipio cordobense de 'Tierralta. Brinton considera el alto Sinú como un territorio de influencia chocoana (Brinton, 1901, 175, 334). En tiempos de Torre Miranda (último cuarto del siglo XVIII ) I las tribus chocoes y urabaes hacían incursiones depredatorias hasta el río "Sinú, de manera que con la fundación de San Antonio Abad, cuatro leguas arriba de la desembocadura del río se aseguró la comunicación con Cartagena. El lado opuesto del caño donde se fundó, San Pelayo estaba deshabitado por temor a los indios darienes. Inclusive tan al oriente como las sabanas, en 1782 aparecen establecidos en la quebrada San Cipriano, arriba de Ayapel, indios chocoes con los cuales se fundó un asiento (Torre Miranda, 1794, 42, 43; Groot, 1890, II, 215-216, doc. lxxv; Arcila Robledo, 1950, 98, 108, 117). San Bernardo del Viento, en la boca del Sinú, fue asaltado y quemado por los darienes a fines del siglo XVIII (Cuervo, 1891, :I, 175-176). En 1801 los halló Humboldt cuando tocó en El Zapote (Humboldt, 1905? 116). Todavía, quedan algunos relictos de la población chocó arriba de Uré, de la importante comunidad con la que convivió el geógrafo Striffler a mediados del siglo XIX (Gordon, 1957).

Estos movimientos expansivos no parece que deban atribuirse a una casta única, sino a diversas parcialidades de una gran nación compuesta por grupos estrechamente afines. Es lo que se estudiará en seguida, Primero hay que dejar sentado que los reinos de Guaca y Nore, aunque vivieran en guerra, "son de la misma lengua y traje"; en costumbres los súbditos de Nutibara (Guaca), "conforman con estos sus comarcanos", los tatabes de nación chocó. Los indios de Buriticá y Corome, "donde el maíz se da poco", eran del habla y costumbres que los de Guaca y Nore. Junto al Cauca, cerca de Santa Fe de Antioquia, "está otra población, que se lama Xundabe, de la misma nación y costumbres" de los comarcanos. Nótese la similitud de los sufijos en Tatabe y Xundabe. Los caramantas, que quedaban en seguida, aunque de lengua (dialecto? ) diferente que los anteriores, conformaban con ellos en costumbres. Al oriente de los caramantas, o sea hacia el Cauca, "está una provincia que se llama Cartama...de la lengua y costumbres destos" [caramantas] (Cieza, 1924,49, 48, 55, 56, 58).

Las distintas parcialidades de los ansermas no parece que tuvieran muchas diferencias entre sí. Casi todos los caciques eran amigos unos de otros; sus pueblos estaban juntos, y las viviendas dispersas por los campos. Los de Ciricha, cuatro leguas al oeste de Anserma, se asemejaban en un todo a los caramantas: "son amigos y confederados estos y los de Caramanta, y con los demás sus comarcanos siempre tuvieron enemistad y se dieron guerra". Los de Sopia (Supía), confinantes con los de Cartatama o Cartama, "todos son amigas, aunque en algunos tiempos hubo enemistad y guerra entre ellos" (Ibid., 59, 60, 61). Nótese de paso que la raíz «tama» de la lengua chocó, que quiere decir "serpiente, culebra" (Boussingault, 1903, IV, 303), se encuentra en varios topónimos de la región: Tatamá, Tamaná, Cartama.

Resumiendo estos datos, los complementarios que se pueden allegar en una lectura analítica de la obra de Cieza, y los que se verán adelante, se deduce que las tribus que moraban entre el filo de la Cordillera Occidental y el río Cauca, todas tenían grandes afinidades entre sí, y que -aunque algunas parcialidades mantenían guerras mutuas y hablaban más que lenguas diferentes, dialectos distintos- conformaban de modo notable en su cultura y costumbres; y además, que estas tribus estaban estrechamente relacionadas con los pueblos selváticos de la vertiente occidental de la misma Cordillera, Con la diferencia de que, por razones climáticas de alta lluviosidad, las casas de estos últimos eran sobre pilotes. Esto lo resume Robledo diciendo: "Son estas provincias de Nori, Coramanta y Cartama todas de una lengua y tienen un traje" (Robledo, J.: Jijón y Caamoño, 1938, II. Doc. 79).

Al norte de Sopinga, donde empieza el Valle del Cauca, y en localidad difícil de precisar , pero que tentativamente corresponde a la zona montañosa que ocupan hoy los municipios de Balboa, El Aguila y Ansermanuevo, vecinos d los ansermas vivían los chancos, gigantescos de miembros y al parecer una tribu selvática chocoana, cuyos Individuos no usaban algodón sino damajagua para sus maures o pampanillas, y que de tiempo en tiempo salían a dar guerra a los ansermas más pacíficos. Luego estaban los gorrones, que algunos autores han querido ver como nación de la parte plana de la ribera izquierda del Cauca, mientras parece bien claro que “están apartados del valle y río grande a dos ya tres leguas ya cuatro, y algunos a más", o sea en las serranías, donde tenían sus viviendas, y que sólo bajaban al plano a sembrar sus maíces ("es muy fértil de maíz esta Provincia de los Gorrones:'), ya coger y beneficiar el pescado de las ciénagas aledañas al Cauca; estos gorrones "confinaban con los Barbacoas". Del mismo modo, los indios que había entre Cali y Buenaventura, "sus costumbres son como las que habemos pasado"; y los timbas "son de las costumbres destos, y poco diferentes en el lenguaje" (Cieza, 1924, 89, 92, 93, 96).

Aun pudo ocurrir que la influencia de las tribus occidentales se hiciera sentir fuera del límite señalado, o sea el talweg del Cauca, dondequiera que las dificultades naturales para el libre paso no lo impidieran. Tal ocurre al norte de la fosa central, entre la confluencia del Sopinga (Risaralda) y la región en que el Cauca vuelve a explayarse ya casi al fin de su curso. En todo este sector ambos ramales andinos, aunque en unas partes más que en otras, se acercan casi hasta tocarse, estrechando el cauce del río entre barrancas empinadas. No había dificultad física alguna para que los indígenas pasaran de un lado a otro, utilizando puentes de bejucos de guadua o de árboles derribados de orilla a orilla, o en balsas o a nado. Los ríos no dividen, menos a pueblos ágiles acostumbrados a vadearlos.

Se trata de ver ahora si lo que se sabe de la vida y costumbres de las tribus de la margen derecha del Cauca, en lo que hoy constituye territorios de Antioquia y Caldas, permite encontrar alguna afinidad con las tribus del occidente. Dice Cieza, el mejor conocedor del área, que pasando el Cauca a 12 leguas de la primitiva Antioquia, se llegaba a Pueblo Llano, donde las indios, excepto por ser tratantes en sal, "en las demás costumbres parescen a sus comarcanos". Adelante estaba Cenufana, cuyos habitantes "conforman con aquéllos en el traje y en lo demás". Seguía Arma, "donde siembran el maíz dos veces al año", y que diferían en lengua y costumbres casi de loma a loma y se vivían haciendo la guerra. Los paucuras, vecinos de los anteriores aunque de distinta lengua, tenían las mismas costumbres. Los pozos, grandes labradores, eran semejantes en un todo a los armas: " aunque no tienen amistad con ningunos de sus convecinos, ellos mismos dicen haber venido de Arma, con cuyos habitantes conforman en lengua y costumbres". Los picaras sólo se diferenciaban de los vecinos en que usaban maures más cortos; su lengua y costumbres se asemejaban a las de los paucuras. Finalmente, los quimbayas eran de origen foráneo, y se habían apoderado de su territorio expulsando a otras tribus (Ibid., 63, 65, 66-67; 71-72, 73-74, 76). Robledo sintetiza la situación, diciendo a grandes rasgos que los pozos y picaras, a pesar de mantenerse en estado de guerra, vivían tan cerca unos de otros, "que llegan sementeras con sementeras" (Robledo, J.: Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc, 72). La hostilidad entre tribus no significa necesariamente que fuesen grupos étnicos diferentes; la guerra podría tener un carácter ritual y obedecer a profundas tendencias que no es posible detenerse a analizar aquí. Los historiadores de Colombia que en el futuro, estudiando el período de los diez años posteriores a 1949, atribuyeran los hechos de sangre ocurridos a pugnas entre grupos raciales diferentes, sin duda se equivocarían.

Desde el punto de vista lingüístico, Jijón y Caamaño, después de una escrupulosa revisión de la literatura disponible, concluye que Urabá, Nutibara (Guaca), Nore, Corume, Yundabe, Hevéjico, Pequi, Cartama, Ayapel, Cenú, Fincenú y Catia, eran regiones que hablaban dialectos poco diferentes de un mismo idioma; que los catíos son de la lengua chocó, cuyo límite meridional estaba cerca de Cartama. Además, que arma, pozo, así como quimbaya, carrapa, picara y paucara, todos eran dialectos muy parecidos, probablemente de la lengua chocó (Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc. 1-202). Últimamente se han planteado dudas sobre la afinidad lingüística (Duque Gómez, 1963, 49); pero consideraciones de,otro orden, que refuerzan esta identidad, se verán al hablar de las condiciones naturales y climáticas, y de la tecnología del cultivo en otro volumen de esta obra.

A fines del período colonial, excepto en unos pocos lugares, decayó la industria minera en la cuenca del Cauca y se desplazó hacia Chocó y Barbacoas. Esto trajo consigo el abandono y la despoblación de sectores que habían sido florecientes a principios de la colonia. Con excepción de Supía y Marmato, que se sostuvieron trabajosamente y donde, una vez terminada la guerra de independencia, se reiniciaron trabajos bajo una organización más científica (Boussingault, 1903, IV, 56-92; Restrepo, V., 1952, 93-94), y también Arma, todo el cañón del Cauca en lo que son hoy Caldas y Antioquia hasta ceca de la ciudad de este último nombre, quedó despoblado y cubierto de selva. La primitiva Cartago desapareció desde principios del siglo XVII ( 1691 ), engullida por la vegetación natural, hasta que por 1825 se descubrieron sus ruinas. Anserma quedó reducida a un mísero lugarejo, pues la cabecera se desplazó a Ansermanuevo.

Los antioqueños que emprendieron la odisea colonizadora por ambos flancos de las cordilleras que miran al Cauca, encontraron tribus chocoanas. Apenas hacia 1840 colonos blancos y mestizos de la Cordillera Central empezaron a ocupar algunas tierras en la margen izquierda del Cauca (Schenck, 1953, 36-37). A raíz de la guerra civil de 1860-1864, los que llegaron a la zona de Concordia ocuparon "las vírgenes cañadas de donde acaban de huir hacia el Chocó y el Chamí los indígenas moradores antes de esas tierras, donde ahora los blancos y algunos negros se establecían, luchando con tremendas dificultades" (Restrepo, A. I., 1930, 404). Recuérdese que el valle del Risaralda fue colonizado a principios del presente siglo, y que Pueblorrico existía como núcleo urbano fundado por antioqueños sólo desde unos quince años antes de que Brisson estuviera allí en 1893. Todavía en 1917 había cerca de Andes unos doscientos individuos de la parcialidad "caramanta", que se entendían con los del Chamí y del Andágueda, o sea que hablaban dialectos de la lengua chocó. También indios chamíes, quizá descendientes de los que llegaban con frecuencia a Riosucio durante el sexenio 1825-1830 en que vivió Boussingault en ese lugar, constituían una comunidad en Quiebralomo, entre Supía y Riosucio (Gutiérrez, 1920, I, 320, 322, 348). Un grupo de chamíes se ha desplazado después hasta la quebrada Corozal, cuenca del Riofrío, Valle del Cauca. En 1917 quedaba todavía en Cajamarca, Roldanillo, un resguardo de indígenas (Ibid., 1921, II, 78), probablemente oriundos del Chocó.

El maíz chococito ha sido muy conocido en Antioquia en el pasado (Montoya y Flórez: RHA, 1922, 558; Ospina, T., 1913, 36). No debe ser otro el que, con el nombre de «pira», colectaron en Manizales los miembros de la expedición botánica rusa de 1925-1932 (Bukasov, 1930, 488).

La cuenca del Cauca, a partir del río Sopinga o Risaralda, hasta cerca de Cáceres, parece haber sido una zona de confluencia de los dos sistemas de siembra del maíz, caracterizado el uno por el uso del fuego para destruír la vegetación derribada, y el otro por la siembra "de tapado". Este aspecto se estudia más detenidamente en la obra sobre tecnología.

Ecuador.

Un maíz muy blanco se cultivaba en Guayaquil en la segunda mitad del siglo XVI (Lizárraga, 1946, 26).

Se dice que entre los indígenas ecuatorianos serranos hubo un “juego de cosecha" llamado «misha»: ganaba el que podía acopiar en el deshoje mayor número de mazorcas con granos «negros» (Vargas, 1957, 95).

Hablando de los maíces del reino de Quito, decía Velasco en el siglo XVIII: "Las más notables ["especies"] son nueve: «amarillo», grande, blando: «blanco», grande, largo, delicadísimo, de que se hace pan muy rico: «canguil», chico, algo duro, puntiagudo, que tostado hace especie de confitura: «carapali», mediano, blanco, con punta aguda roja: «chulpi», blanco (?), mediano, chupado, muy tierno y gustoso: «negro», grueso, grande, algo duro: «tumbaque», grueso, chato, de color pardo y blando: y «morocho», pequeño, medio amarillo, durísimo; solo destinado para la chicha, o vino indiano, pero nada bueno para comerse: Esta última e inferior de todas las especies, es la única que se ha propagado en Europa" (Velasco, 1921, I, 81-82).

El primer intento serio de clasificación de los maíces ecuatorianos se debe a Martínez (1904), quien divide todas las variedades en dos grandes grupos: maíces suaves, y maíces duros o morochos. En el primer grupo incluye las que llama "subvariedades" siguientes: «colorado», muy cultivado en Tungurahua y poco apreciado en el resto del país; «colorado tusilla», de Píllaro, Guaranda, Baños y otros lugares de clima húmedo; «amarillo», subdividido a su vez en «maíz de Chillo», por Ser propio del valle de ese nombre en la provincia de Pichincha, aunque se produce también en Imbabura y Azuay; «amarillo dorado», de terrenos poco fértiles, cultivado en León y Tungurahua, y «amarillo tusilla». Otras variedades blandas son: «blanco gigante», llamado en Tungurahua «maíz de Guano», por ser vernácula del cantón de ese nombre (Chimborazo), de clima templado; «negro», por la coloración púrpura de la planta, el grano y el raquis de la espiga. «Maizena» es un tunicado. En el grupo de los duros incluye «morocho común», de granos nacarados; «canguil», reventador, cultivado en pequeña escala; y «chulpi», también de cultivo restringido (Martínez, L. A., 1904, I, 181-185; -----. 1905, 17, 84). Cordero dice que las variedades comunes en Cuenca son: «blanco» o «yúrag sara», «sapón», amarillo claro; «perla» o «zhima»; «amarillo duro» o «morocho»; «negro»; «rojo»; «violáceo» o «cuscu»; «chulpi» o «arrugado», y «canguil» (Cordero, 1950, 184). Pocos de los nombres mencionados han sido conservados en una publicación monográfica en que se reseñan 29 variedades, algunas de ellas de reciente introducción (Timothy el al, 1963).

Región amazónica.

En el acápite B) se presentaron evidencias de que el cultivo del maíz tenía cierta importancia en la cuenca amazónica a la llegada de los europeos. Aunque para esa época parece que se habían operado ya migraciones de grupos tupíes meridionales, sólo a partir del siglo XVII, con las incursiones de los portugueses río arriba para capturar esclavos, se fue desvertebrando el sistema de vida de las tribus autóctonas, y elementos procedentes del sur fueron dejando cada vez huellas más marcadas.

Los españoles no se quedaron atrás, y persiguieron con todo ensañamiento a pueblos amazónicos como los andaquíes. Una de las formas de lucha contra ellos fue la tala de sementeras. Los mismos indígenas, cuando se veían descubiertos, se anticipaban a eliminar sus "rozas de guerra", que hacían escondidas y disimuladas en la selva, para impedir que cayeran en manos de españoles, y se retiraban a otros parajes, donde volvían a sembrar (Friede, 1953, 106, 280). En tales condiciones, el maíz se convertía en cultivo desventajoso, y los indígenas amazónicos no tuvieron el expediente utilizado por los araucanos, que sustituyeron por trigo y cebada, más precoces y menos expuestos a las talas, el maíz tradicional (González de Nájera, 1889, 175-179).

Durante la época republicana, los pueblos amazónicos han sufrido profundas perturbaciones, con motivo "de la extracción de recursos naturales. Especialmente la fiebre cauchera ocasionó el aniquilamiento de muchos grupos, la dislocación geográfica de otros, y trástornos en la vida y costumbres de todos. La huída de las tribus hacia regiones menos accesibles; para salvarse de la opresión, se convirtió en la regla. No es de extrañar, entonces, que el panorama maicero sea muy diferente ahora de como fue en el pasado.

Estas consideraciones tienden a sostener la tesis de que no todas las variedades que pueden encontrarse en la actualidad en la hoya amazónica ( la región más pobremente representada en las colecciones de maíz), son necesariamente de origen local, sino que han podido ser llevadas de regiones aledañas. La variedad del sector suroccidental amazónico descrita bajo el nombre de «coroico» por algunos autores (Cutler, 1946; Ramírez et al, 1960, 130-138) y por otros con diferentes denominaciones ( «trabado blando» = «interlocked soft corn»: Brieger et al, 1958, 195-214; «piricinco»: Grobman et al, 1961, 215-221), se encuentra hasta Iquitos, margen septentrional del Amazonas (observación personal), y quizá se cultive más al norte, en los puestos militares peruanos vecinos a las fronteras de Colombia y Ecuador. Aun podría suceder que algunas otras variedades del área chiriguana (Nino, 1912, 241-242), se hallaran en el abanico superior amazónico. Es evidente la similitud de variedades como las recientemente descritas para el Ecuador bajo los nombres de "pojoso chico ecuatoriano", "cholito ecuatoriano", "enano gigante", "yunquillano" y "yungueño ecuatoriano" (Timothy et al, 1963, 88-91; 117-119; 123-125; 126-128; 129-131), con otros

del piedemonte andino amazónico. La colonización de la porción superior de la hoya amazónica la empezó el Perú desde mediados del siglo XIX, cuando los brasileños llevaban sus incursiones esclavistas hasta el Ucayali. En la Amazonia colombiana el movimiento colonizador fue más tardío. Ha sido también muy intenso, y más temprano, pues data desde principios del siglo XVIII, el desplazamiento de portugueses Río Negro arriba.

El doctor Richard E. Schultes, gran conocedor de la parte septentrional entre el Putumayo y el Río Negro, ha constatado ( información verbal) que en ese sector varias tribus siembran pocas matas de maíz cerca de sus viviendas, no para comer, sino por curiosidad; se prefieren las variedades de granos vivamente coloreados.

En 1937, encontrándose el autor en la Granja-Escuela de Buga; Valle del Cauca, se recibieron unas mazorcas de maíces de diferentes variedades, todas pequeñas, unas con granos de pericarpo púrpura, y la mayor parte cristalinos, enviadas por el Dr. Camilo Muñoz Obando, miembro colombiano de la Comisión de Límites con el Perú en el trapecio amazónico. La siembra de estas semillas se hizo en un lote cercano al zanjón que separa los predios de la Granja del perímetro urbano. Estos maíces no se adaptaron bien. Hubo pocas lluvias en ese tiempo, o quizá la época de siembra no era oportuna. Se ignora la suerte "que pudieron correr las pocas semillas que se obtuvieran. Ninguna de tales variedades tenía semejanza con el «piricinco» o «chuncho».

Perú.

Maíces de colores, especialmente blanco, negro, amarillo y entreverado de rojo y amarillo, jugaron importante papel en la vida religiosa y ritual de los peruanos (Mólina, C. de, 1943, 80, 83). El «hachu», o suerte de maíces de colores, era uno de los medios de adivinación (Cabello Balboa, 1951, 288-289; Cobo, 1895, IV, 134). En casos de enfermedades graves, se usaban maíces negro y blanco (Cobo, op. cit., 140; -----, 1956, II, 226; 228).

Los datos del naturalista Bernabé Cobo están tan lejos de la elegante imprecisión de Acosta, quien sólo menciona: maíz "grueso y sustancioso", "moroche" y "maíz redondo y grueso como lo de los Lucanas" (Acosta, 1940, 266; -----. 1954, 109), como de las parcas informaciones de Garcilaso, quien se contenta con referirse al «muruchu» y al «capia» (Garcilaso, 1945, II, 176). Cobo, aunque habla en general de todo el continente americano, es obvio que se refiere sólo a los maíces del Perú, que es donde más tiempo vivió, cuando dice: "Son muchas las diferencias que hay de «maíz»; porque, primeramente, se halla de todos colores, blanco, negro y amarillo, morado, colorado claro y escuro y mezclado de varios colores. Diferénciase demás desto en el tamaño de los granos; los mayores que se hallan son poco menos que habas. Hay un maíz muy tierno, de harina muy blanca y suave, y otro muy duro, que los indios llaman «murucho» y los españoles «morocho», que es el que ordinariamente comen las cabalgaduras; ya todas estas diferencias tienen puesto los indios nombres propios" (Cobo, 1890, I, 342-343; , 1956, I, 160).

Informaciones detalladas sobre variedades se encuentran en la obra "La Medicina popular peruana" (Valdizán y Maldonado, 1922, II, 56-58; 103-109). Recientemente ha aparecido una monografía descriptiva (Grobman et al, 1961).

E) Intercambios y migraciones de variedades.

Suponiendo que las variedades de maíz han sido producidas como resultado de un largo proceso de adaptación a condiciones naturales dadas, y que hay cierta tendencia: en ellas para mantenerse constantemente en su hábitat, es de esperar que las modificaciones que sufran por contacto con otras variedades, sólo tienen lugar cuando 1) las variedades introducidas provienen de una región de clima semejante; y 2) los contactos son reiterados y no meramente ocasionales.

Mientras no se termine el estudio de las variedades de maíz en América y fuera de ella, trabajo que se adelanta bajo los auspicios del National Research Council, de la fundación Rockefeller y de algunos centros científicos de Estados Unidos, lo mismo que por investigadores independientes, y mientras no se reduzcan algunas duplicaciones de variedades que reciben nombres distintos en los trabajos ya publicados, [así los mencionados atrás a propósito del área amazánica], será aventurada toda hipótesis sobre el origen y la procedencia de ellas. Hay que limitarse por ahora a recoger los pocos datos disponibles sobre los intercambios de maíces durante el período histórico, en el área objeto del presente estudio.

1) Área circuncaribe.

En diversas ocasiones, durante el último tercio del siglo XVI, se llevó maíz a Costa Rica desde Nicaragua, por escasez debida a abusos con los indígenas locales ya otras causas (Fernández, 1886, IV, 234, 278, 283; 255, 261; 1907, VII, 121, 122, 123, 124, 126, 127, 128; Peralta, 1883, 213, 221, 222, 223, 224, 228). Aun a la remota Talamanca se llevó maíz de fuera (Fernández, 1907, VIII, 128).

El dato más antiguo sobre introducción de maíz a Santa María la Antigua del Darién se refiere al primer año de gobierno de Pedrarias Dávila. En noviembre de 1514 y en mayo de 1515 se importó maíz desde la isla de Jamaica. En total llegaron 40 hanegas, que fueron vendidas a los vecinos por el factor Juan de Tavira (Medina, 1913, II, 430, 433; Álvarez Rubiano, 1944, 440, 444). También a Santa María se llevó maíz desde Comogre y de Dabaibe, de aquí con toda probabilidad "chococito" (Álvarez Rubiano, op. cit., 425).

Ya no a Santa María, despoblada desde 1524, sino a Acla y tal vez a los asientos indígenas de la orilla oriental del golfo de Urabá, donde en 1535 fue fundada la villa de San Sebastián de Buenavista por Alonso de Heredia, llegó maíz procedente de Cartagena. Eran 200 hanegas, que venían en un navío de los que Pedro de Heredia equipó para auxiliar a su hermano en la ocupación del golfo, materia de litigio entonces entre Heredia y Barrionuevo, gobernador de Panamá. El navío fue capturado en Tolú o cercanías por vecinos de Acla, capitaneados por Julián Gutiérrez (Matilla Tascón, 1945, 48-49; Friede, 1955, III, 263). Había escasez de maíz, y repetidas veces tuvo que ser llevado a la culata.

Parte de la costa de Veraguas fue importante centro productor de maíz en la época prehispánica, como se deduce del relato de los viajes de Colón, quien halló varias leguas de maizales en el sitio que por su riqueza en comida se llamó Bastimentos. Con la desaparición de los indios perdió su importancia como tal, y allí mismo perecieron de hambre en 1509 casi todos los integrantes de la expedición de Nicuesa que estaban a las órdenes de Lope de Olano (Colón, H., 1947, 287, 296; Casas, 1951, II, 283, 420-421, 426; III, 202). La Concepción de Veragua recibía abastecimientos de Nicaragua por el Desaguadero y maíz desde Tolú (López de Velasco, 1894, 350). En febrero de 1573 una fragata inglesa de guerra capturó cuatro fragatas españolas que salían por el Desaguadero del lago de Nicaragua para ir a vender maíz, gallinas y otras cosas a Nombre de Dios (Peralta, 1883, 477). En la relación de Portobelo de 1607 se dice que esa población se abastecía con maíz traído de Tolú y de Cartago (Costa Rica) (Torres de Mendoza, 1868, IX, 115). Al sur del istmo, a pesar de la producción maicera de Natá y otros sectores ( véase el volumen dedicado a tecnología), también hubo escasez. El 4 de abril de 1579 el corsario Drake apresó en la Boca del Caño, Costa Rica, un barco que había salido de San Pedro del Palmar o Esparza, cargado de maíz y de otros artículos para Panamá (Peralta, op. cit., 485). En 1895 se importaba maíz desde California al Darién, a pesar de darse aquí dos cosechas al año (Festa, 1909, 48).

En 1704 se llevaron de Santo Domingo a Venezuela 737 hanegas de maíz (Arcila Farías, 1946, 159). Para 1569 se importaba a Cuba maíz de Campeche y Yucatán (Le Riverend, 1945, 44).

Aunque es probable que esto no dió por consecuencia ningún cruce, pues el grano debió ser consumido todo en el tránsito, hay que consignar un episodio que da luz sobre los intercambios de variedades de maíz, pues muchos otros semejantes pudieron ocurrir y ocurrieron con feliz desenlace: algunos de los miembros de la expedición de Nicuesa se embarcaron de Santa María en 1510, llevando ocho hanegas de maíz; pocos de ellos llegaron a la Española, por haber perecido de hombre en la travesía (Medina, 1913, II; 148).

Recuérdese que Pedro de Heredia, cuando entró segunda vez para apoderarse de la ciudad de Antioquia ( 1544), trajo consigo 500 indios flecheros de la región de Cartagena (Garcés G., 1936, 138); es de suponer que tanto ellos como el resto de la expedición condujeron de la costa el maíz necesario para alimentarse durante el viaje y hasta su llegada. Habiéndose agotado las provisiones fueron enviados los indios a traer maíz de Tatabe.

2) Costa del Pacífico y fosa del Cauca.

El caso mejor demostrado de introducción regular de maíz de una zona a otra, es el del "valluno" al oeste de la Cordillera Occidental (Buenaventura y Chocó ). Desde principios del siglo XVII, con el establecimiento de empresas mineras, fue constante el flujo de mantenimientos en ese sentido, pues aunque no dejaba de cultivarse el «chococito», sin duda: la producción local no era suficiente. El puerto de Buenaventura sufrió en 1607 una escasez de maíz que fue remediada llevando el grano de Cali. En 1681, con motivo de penuria en Cali, se prohibía la salida de maíz de la ciudad, "excepto para Citará". El maíz era uno de los principales artículos de comercio con el Chocó en 1794. De Roldanillo iba también de modo regular hacia las provincias chocoanas (Arboleda, 1928, 77, 173, 566).

Dentro del mismo valle geográfico la noticia más antigua se relaciona con la huelga de siembras de 1538 en Popayán. Al llegar Lorenzo de Aldana, se dispuso el aprovisionamiento de la ciudad, con maíz que se llevaba de 20 y 30 leguas de distancia; de las vecindades de Cali fue el socorro más importante ( véase lo referente a la variedad «matambre») (Cieza, 1877, 372-373; 394-395).

3) Cordillera Central.

Después que Domingo Lozano ocupó temporalmente en 1561 la provincia de Páez, que al llegar halló "muy cultivada y sembrada", para doblegar la resistencia de los indígenas apeló al sistema de la tierra arrasada, con el resultado de que los mantenimientos faltaron también para los españoles. Lozano pidió auxilio al gobernador de Popayán, que era entonces García de Valverde. Este comisionó a Francisco Belalcázar para organizar el envío de bastimento a través de la Cordillera. Belalcázar lo hizo con su cacique encomendado de Guambia (Silvia actual). Cuatrocientas cargas de maíz se llevaron de Popayán, fuera de otras que le regaló a Lozano el cacique Calambás. Mendoza Carvajal, quien sustituyó por ese tiempo a García de Valverde como gobernador, compró otras doscientas cargas de su bolsillo y las mandó de auxilio a Lozano. No obstante esta ayuda, la situación se hizo insostenible, y San Vicente de Páez tuvo que ser despoblada (Aguado, 1917, II, 766, 779, 780, 819).

Rufino Gutiérrez dice haber hecho llevar de Pasto a la sabana de Bogotá durante los dos años anteriores a 1895, se- millas de nueve variedades de maíz, para ser distribuídas gratuitamente, junto con otras plantas alimenticias. Afirma que "han dado sorprendentes resultados, y creemos que mejorarán en el porvenir las cosechas de la Sabana" ( Gutiérrez, 1920, I, 207). Por desgracia, no da los nombres de las variedades.

4) Ecuador interandino.

Algunas de las variedades ecuatorianas de maíz de la parte altiplánica pudieron ser importadas del Perú durante la dominación incaica. Los mitimaes llevaban maíz donde no lo había (Cieza, 1880, 63, 86; Grobman et al, 1961, 253). Aun donde existía, unas variedades podían ser cambiadas por otras. Esta es una de las más sutiles y efectivas medidas de dominación de un pueblo por otro: la sustitución de los elementos de cultura material.

F) Etnobotánica.

La presencia del maíz en los mitos, tradiciones y costumbres de los pueblos americanos, es un tema de suma complejidad, que necesita replanteamientos y estudios críticos, imposibles de acometer en una obra del carácter de la presente. Hay contribuciones sobre este aspecto, concernientes a Norte y Centro América y al Perú; pero ninguno, que se sepa, sobre el área equinoccial a que esta investigación ha querido confinarse.

Dejando para otra ocasión un análisis de los mitos y tradiciones sobre el maíz, se concentrará la atención a un aspecto: la asociación de las variedades de grano blanco con motivos religiosos.

Blanco era el maíz que ofrendaban los guaymíes al cerro Nubu de la sierra de Veraguas (Ufeldre: Meléndez, 1682, III, 7; Serrano y Sanz, 1908, 89). Los indígenas de Caguasqui, Otavalo, sacrificaban a sus deidades con maíz blanco (Jiménez de la Espada, 1897, III, 126).

Entre los chocoes del río Dochara (San Juan) ha recogido Wassén un mito, en el que figura el maíz blanco (Wassén, 1935, 143). Los peruanos ofrendaban al mar harina de maíz blanco y almagre; del mismo color era el que ofrendaban en la fiesta del raymi (Cobo, 1895, IV, 83, 96; , 1956, II, 203, 209). En última instancia, no podría explicarse por motivos rituales, más bien que por impulsos de índole económica, la selección del maíz blanco gigante del Cuzco? Quizá un escrutinio escrupuloso de las fuentes disponibles permitiría esclarecer hechos valiosos para la historia del maíz.

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