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INDICE
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|Cuenca del Cauca.
a) Bajo Cauca.
Durante todo el período colonial, la región minera del bajo
Cauca (Cáceres) y de su afluente el Nechí (Zaragoza), gravitó
económicamente hacia la costa atlántica, de donde venían todos los
suministros. No se conocen datos históricos sobre las variedades de
este sector, pero se puede suponer que la
"valluna" o común ( véase adelante ), fuertemente
influenciada por los maíces costeños, era la predominante.
b) Antioquia y Caldas.
Por la complejidad topográfica de este sector montañoso de
Colombia, se divide el estudio en tres secciones: Cordillera
Occidental, hoya del Cauca, Cordillera Central.
Cordillera Occidental.
Por dificultades para la obtención de suficiente material en el
oeste y suroeste de Antioquia (Salgar. Anzá, Urrao. etc.), y
también porque la ocupación de estos sectores por los blancos,
aunque relativamente reciente, ha sido muy intensa, comportando
profundos cambios en la composición de las variedades primitivas
por el aporte de nuevas semillas procedentes de otras áreas, es muy
difícil establecer si el "chococito", que debió
predominar en el pasado como se verá, ha impreso su huella en forma
reconocible. Un estudio más detenido de estos aspectos, y nuevas
colecciones en puntos donde por dificultades de orden público en
los últimos años no se pudieron hacer, quizá confirmen la opinión
de que alguna variedad de chococito, con carácter marginal, se
cultivó en este sector, o que por lo menos se extendió en otras
épocas mucho más al oriente de sus límites actuales, ejerciendo
influencia en las variedades vecinas, y también recibiéndola de
ellas. Esto es particularmente cierto en Caldas, cuyos límites
políticos van más al oeste de los límites arcifinios entre la
cuenca del Cauca y las del Atrato y San Juan.
Hoya del Cauca.
Ninguna razón válida hay para no creer que en el sector entre el
río Arma y la confluencia del Nechí, la variedad predominante haya
sido el "valluno" o común, más o menos
influenciado por las aportaciones que se hayan hecho en época
reciente.
Esta fue la única sección del actual departamento de Caldas que
permaneció abierta durante todo el período colonial, no sólo porque
el camino para ir de Popayán y Cali a Antioquia seguía la parte más
baja del cañón del río, a causa de las dificultades topográficas de
la media ladera, sino porque en ella se encontraban los núcleos
mineros precolombinos de Supía y Marmato, en la margen izquierda, y
Arma, en la derecha. Aunque hubo períodos de disminución de las
actividades mineras en dichos lugares, nunca se despoblaron del
todo. Arma era una etapa en el camino al valle de Aburrá, y allí
descansaban las recuas que, a fines del período colonial, conducían
géneros desde la losa del Cauca a los centros mineros del norte
(Robledo, E., 1954, II, 310-311 ).
Todo indica: que la variedad predominante era el maíz común de
la fosa central; pero no se conocen documentos sobre el particular.
Esta falta de datos es tanto más sensible, cuanto que Boussingault,
uno de los fundadores de la agronomía moderna, vivió algún tiempo
en Supía y Marmato, y allí empezó, según él mismo lo afirma, sus
observaciones sobre agricultura. El gran científico tuvo
oportunidad de conocer el maíz de la región, puesto que con él hizo
ensayos tendientes a calcular las calorías necesarias para que esta
especie fructifique. Encontró que en Marmato, con temperatura media
de 20.6° C, el maíz gasta 122 días para madurar (Boussingault,
1849, 168). Nada manifiesta sobre las variedades que allí
conoció.
Cordillera Central.
Dice Tascón que en las tierras templadas de Antioquia y Caldas
llaman "maizón" al maíz blando (Tascón, L., 1935?
99; , 1961, 436). El nombre «maizón» no lo trae Uribe Uribe en su
Diccionario, sino el de "«capio»: capia, tierno,
blando" (Uribe Uribe, R., 1887, 51). Este nombre pudo
haber llegado a Antioquia al principio de la dominación española;
pero también en el período republicano, cuando los soldados de José
María Córdoba a su regreso del Perú después de Ayacucho,
introdujeron algunos quechuismos (Restrepo, A. J., 1930, 247).
En ningún papel antiguo se ha encontrado alusión a las
variedades de maíz de las mesetas frías de Santa Rosa de Osos,
entre los ríos Porce y Cauca, ni de la provincia de Oriente, con
centro en Marinilla y Rionegro. La colonización en las partes frías
empezó en la primera de dichas regiones, que era la más cercana a
Santa Fe de Antioquia, y luego se extendió a las provincias del
oriente. Este proceso colonizador sólo cobró impulso en la segunda
mitad del siglo XVIII. Es probable que la semilla fuera
transportada de una región a la otra.
Tulio Ospina en 1913 enumera las siguientes variedades conocidas
en Antioquia: «capio» (feculento); «de arado»; «cuba», duro,
calentano; «de Abejorral»; «chocó», de grano chico y duro, indicado
para clima lluvioso por su capacho fuerte; «yucatán», de mazorca
grande; «amarillo de montaña», prolífico y rústico; y «bogotano»,
de grano grueso y flojo (Ospina, T., 1913, 36). Son más vagos sus
datos sobre color del grano, pues parece referirse en general a
Colombia y no en particular a Antioquia: blanco, amarillo, rojo y
morado. Datos recientes se refieren al "maíz
criollo" amarillo, de la región de Rionegro, conocido en
los mercados de Medellín y de Manizales bajo el nombre de
"maíz de la montaña". Como de menor importancia
se mencionan los maíces "negro" y
"capio" (Parsons, 1949, 112-113). Uribe Uribe, en
la voz "montaña" de su Diccionario, no señala
ninguna clase de maíz.
Con excepción de los pasos del Quindío y de Herveo -cuya
impresionante soledad y desamparo destacan todos los viajeros- el
resto de la Cordillera Central, desde Guambia hasta Sonsón, estuvo
despoblado durante gran parte de la época colonial y republicana,
después de la extinción o migración de las tribus que allí vivían
(pijaos, putimaes, pozos etc.). La marea antioqueña que, tomando
arranque en Sansón, fundado a su vez sólo a fines del siglo XVIII,
empezó a inundar la Cordillera de norte a sur desde mediados del
XIX, había llegado a la cuenca del Chinchiná, límite con el Cauca,
hacía 1880, y para fines del siglo alcanzó la hoya del Quindío
(Peña, 1892, 54, 55; Restrepo Euse, 1903, 81, 136). Estas oleadas
migratorias sólo encontraron selva inhabitada, y así fue en toda la
extensión cordillerana señalada al principio. Por consiguiente, los
maíces que allí se encuentran necesariamente han sido llevados de
otras áreas. Como todo el sector caldense fue colonizado por
antioqueños, es de esperar que los tipos de maíz sean los mismos o
muy semejantes que los de Rionegro y Osos. No se conocen
referencias sobre este aspecto de la cuestión.
c) Hoya del Quindío.
Para los fines de esta investigación, tanto monta que la nación
quimbaya se extendiera, a la llegada de los españoles, desde el río
Chinchiná hasta el pie de la Cordillera Central (hoya del Quindío),
alcanzando por el sur hasta el río La Paila (Zarzal) (Restrepo
Tirado, 1929, 8; Robledo, E., 1916, xlii-xiv), o sólo al de La
Vieja (Friede, 1963, 11; Duque Gómez, 1963, 28-29), pues consta que
los quimbayas se habían establecido allí poco antes de la
conquista, expulsando o exterminando a la población primitiva
(Cieza, 1924, 83). Más importante es saber que la altura promedia
de la hoya del Quindío es de unos 1.200 metros sobre el nivel del
mar, o sea ligeramente superior a la de la fosa central o valle
propio del Cauca ( 1.000 metros). Por consiguiente, no hay
diferencia climática radical que impida a las variedades de esta
última región vegetar y madurar en el Quindío, zona de lluvias bien
repartidas durante el año y con suelos fértiles. Por otra parte, el
valle del Quindío no sólo está comunicado con el del Cauca por
medio del río La Vieja, sino que de éste se puede pasar sin
dificultad a la quebrada Las Cañas, tributaria del Cauca, pues
entre ambas cuencas no existen obstáculos insalvables, sino
serranías de altura moderada. Había varias fuentes saladas, entre
ellas la de Burila, en la región del Quindío; debió haber un
intercambio entre esa región y la cuenca del Cauca, desprovista de
sal. Esto hace pensar que las variedades de maíz en el Quindío
eran, si no las mismas, muy semejantes a las de la fosa
central.
Montoya y Flórez habla de "las enormes tusas y mazorcas
que se sacan de las guacas del Quindío" (MontoyCr y
Flórez: RHA, 1922, 5-8: 557-558; Duque Gómez, 1963, 33), que
atribuye, no a una variedad especial sino a los cuidados culturales
que según él prestaban los indígenas a esta planta ( véase el
volumen dedicado a tecnología). Por su parte, un guaquero veterano
dice que en las guacas de la mencionada región se encontraban dos
tipos de maíz: "el «pira», que al tostarlo se vuelve flor;
y el que llamamos «diente de caballo» ...hemos encontrado tusas
quemadas de más de diez pulgadas de longitud, lo mismo que mazorcas
quemadas" (Arango C., 1927? 38). Un examen de los museos
particulares de Armenia, Pereira, Manizales y otras ciudades, quizá
daría sugestiones valiosas sobre las variedades de maíz propias de
la región.
Fosa central.
Como datos generales sobre la abundancia de maíz en la fosa
central, cabe destacar la afirmación de Cieza relativa a la margen
izquierda del Cauca: "es muy fértil de maíz esta provincia
de los gorrones" (Cieza, 1924, 91). Los exploradores
enviados por Robledo a fines de 1539, a un lugar frente al Pueblo
del Pescado, o sea presumiblemente entre la quebrada Las Cañas y el
río La Paila, hallaron infinito maíz, que ni en dos meses lo
acabarían. En su segundo viaje (1540), del mismo lugar vinieron
indios a traérselo voluntariamente (Robledo, I.: Cuervo, 1892, II,
438; 392). Guillén en 1583, consigna que "se da mucha
abundancia de maíz en Cali" (Guillén Chaparro: AIP, 1889,
XV, 151 ). Ni una palabra sobre variedades.
A fines del período colonial se conocían en Cartago varias
clases de maíz: blanco, amarillo y uno amarillo pequeño, para
tostar (Campo y Rivas, 1803, 30). Quizá sean blanco y amarillo
común y el chococito amarillo, que debió ser muy familiar, pues
entonces Cartago mantenía una comunicación constante con
Nóvita.
En la época republicana, Hamilton, quien recorrió todo el valle
desde Popayán hasta Cartago, con base en informaciones que le dió
en Palmira el doctor Soto, dice que se conocían tres clases de maíz
en la Fosa central; pero no las identifica (Hamilton, 1955, II,
82). En 1876 viajó por el Valle, en sentido inverso que Hamilton,
el naturalista francés Eduardo André. Describiendo el
estrechamiento que se forma en la fosa central por la vecindad de
ambos ramales cordilleranos, cerca de Buga, asegura: "El
maíz adquiere proporciones inusitadas; aquí constituye la base de
la alimentación, bajo la forma de pan, de mazamorra [bouillie], de
arepas y de chicha. La variedad cultivada en Buga produce espigas
enormes, compactas, cubiertas por brácteas de un bello violeta
oscuro, de granos apretados, blancos, translúcidos. Es una variedad
preciosa, digna de ser introducida a Europa" (André: LTDM,
1879, XXXVII, 123). Esta descripción, hecha por un científico
habituado a manejar plantas ya notar sus diferencias morfológicas,
no deja duda de que se trataba del maíz blanco común del Valle, de
capacho morado, que se identifica en esta obra con el nombre de
"valluno" y que otros autores llaman
"común" (Roberts et al, 1957, 88-94).
Tascón es el único autor que menciona en el Valle del Cauca el
maíz "japio" o "capio" (op.
cit., loc. cit.). «Tapio» es nombre de un río y de una hacienda en
la parte más meridional de la fosa central (Quilichao). Según
Rivet, este nombre es un topónimo de la lengua páez, del grupo
coconuco, caracterizado por la terminación «yo», «io»,
"agua", "río", y que
significaría "río de caracoles" (Rivet: TSAP,
1941, XXXIII, 7, 8). Debe ser coincidencial la similitud fonética,
pues «capio» -aplicado a un tipo de maíz- es un quechuismo. Aunque
Tascón relega la producción del capio a los climas templados y
fríos, la tradición y las encuestas hechas ( véase adelante),
indican que esta variedad estuvo ampliamente diseminada en la fosa
central casi hasta nuestros días. Con el mismo nombre y con la
misma característica de blandura, se conoce todavía una variedad
del chococito" hasta el nivel del mar.
La difusión de los tipos harinosos en el pasado obedeció a un
sencillo predicado de economía doméstica: el maíz blando era el más
fácil de triturar en las "piedras de moler", [y
por esto preferían las variedades «cariaco» y «granadilla» los
indígenas del oriente venezolano (Caulín, 1841, 17)]; además se
podía usar en toda clase de alimentos, sin fermentación o remojo
previos para ablandarlo, como ocurre con los tipos duros. El
abandono de los maíces harinosos en este siglo en la fosa central
del Cauca se debe a dos factores de orden tecnológico: 1) a la
introducción de molinos manuales metálicos ( de tomillo), que
hicieron innecesaria la piedra de moler para el beneficio del maíz
( aunque todavía se use en pequeña escala); 2) la introducción de
"trilladoras" mecánicas para despojar el grano
del pericarpo, lo que permitió incrementar el uso, ahora exclusivo,
de tipos cristalinos. Por su fragilidad, el maíz blando no se
adapta a la descascarada mecánica. Este es un tipo que casi se ha
extinguido a nuestra vista. El autor recuerda haberlo conocido, y
se usó en su casa ahora treinta años. Es pues, más bien un avance
tecnológico que una cuestión de orden económico-social, pues el uso
de maíces blandos no ha sido abandonado del todo donde predominan
grupos indígenas.
Sobre el maíz "valluno amarillo" no se han
encontrado más referencias escritas que la del cartagüeño Manuel
Antonio Campo y Rivas. Parece haber sido mucho más escaso que el
blanco; y la resistencia inicial que la población ha opuesto a
emplear los maíces mejorados de este color, resistencia que empieza
a desaparecer, quizá es indicio de que en el pasado el maíz
amarillo se usó preferentemente para la alimentación de animales.
En la porción sur de la provincia de Esmeraldas, y en la de Manabí,
Ecuador, existe una variedad de maíz amarillo duro llamada
localmente "maíz caucano". Se ignora si tiene
alguna relación con el "valluno amarillo.
Una encuesta levantada en 1956 en Zarzal, Valle del Cauca,
revela que tradicionalmente sólo se han conocido allí las
variedades común blanco, común amarillo y capio. Una de las
personas interrogadas, de más de 70 años de edad, dice que el maíz
reventón no existía en el Valle, y que los lotes" o maíz
tostado se hacían con la variedad citada en primer término. El maíz
"pira", usado ahora con ese fin, es de reciente
introducción. Pero seguramente en la época prehispánica se conoció
un maíz reventador, pues una variedad de "granos
menudos", con mucha probabilidad
"chococito", se ha encontrado en tumbas excavadas
cerca a Toro (Arango C., 1927? 160). No dicen los informantes, ni
aparece en documento alguno, cuándo empezó a emplearse el nombre
"diente de caballo" que menciona Arango C. para
el Quindío, y que es denominación conocida en el Valle.
Un maíz "yucatán", también blanco duro como el
"diente de caballo", se conoció hace algunas
décadas. Aunque ese nombre es muy antiguo en Sur América para
designar una variedad de maíz duro (véase atrás), en el Cauca
parece haber sido reciente. Ya se vio que lo incluye Tulio Ospina
en 1913 entre los maíces antioqueños.
En un informe de la Estación de Palmira (1929) se habla de un
ensayo conducido en esa entidad, con las variedades
"blanco nacional" y "amarillo
pálido" ("azufrado"), que figuran como
«maíces nacionales» (Durán Castro: Molina Garcés, 1930, 35). Es la
primera vez que el nombre "azufrado" se usa en el
occidente de Colombia para distinguir una variedad de maíz; pero,
hasta donde se sabe, no se trata de una variedad autóctona, sino
importada desde Venezuela.
El primer dato concreto sobre introducción intencionada de
variedades a la fosa central, es el mismo informe ya citado sobre
la Estación de Palmira. Allí, desde 1929 estaban bajo
experimentación y aclimatación, las siguientes variedades
extranjeras: white dent corn, amarillo de Cuba, rojo de Santo
Domingo, menudo de Puerto Rico, pop-corn americano. Para fines del
mencionado año y principios de 1930, habían demostrado mejor
adaptación el amarillo de Cuba y el rojo de Santo Domingo. Nuevas
variedades acababan de llegar de Estados Unidos a principios de
1930. Inclusive se hicieron ensayos con maíces de Pasto y de la
Sabana de Bogotá, con resultados negativos, "pues alcanzan
un buen desarrollo vegetativo pero no llegan a cargar"
(Durán Castro, op. cit., 35). Algunos de los maíces cultivados
entonces en Palmira eran retoñadores; pero no se indica si de las
variedades nacionales o de las introducidas. En otro informe de
1936 se mencionan en dicha Granja las siguientes variedades:
"yucatán", "amarillo",
"colorado de Venezuela", "amarillo
blando o capio del Tolima", y cuatro italianas que se
destacaron por su exagerada precocidad en detrimento de la
producción de grano (García Vásquez, 1936, 27-28).
Chisquío.
No hay evidencia de que en la parte andina de Colombia el maíz
se cultive de modo normal arriba de los 2;800 metros, como sí
ocurre al sur del Ecuador, especialmente en Bolivia, donde se ha
encontrado maíz hasta los 4.000 metros. La Cordillera de chisquío o
Chisquio (este último es el nombre que trae Caldas en su memoria
sobre la geografía del virreinato de Nueva Granada), es el sector
de la Occidental de los Andes que va desde un poco al sur del cerro
de Munchique hasta el cerro Naya o los Farallones de Cali. Que
llegaba por lo menos hasta las cabeceras del río Yurumanguí, se
deduce de un documento del siglo XVIII (Lanchas de Estrada: Jijón y
Caamaño, 1945, IV, 492). La altura promedia de este sector
cordillerano es de unos 2;000 metros, con picos, como los dos
mencionados en último lugar, que llegan a los 4.000 metros. En el
flanco occidental desde el nivel del mar hasta los 1.700 metros más
o menos, el tipo predominante debió ser el
"chococito". De allí para arriba hasta el
divorcio de aguas y en la vertiente oriental de la Cordillera,
debió existir una variedad adaptada a las condiciones climáticas de
ese sector. Para esta hipotética variedad se propone el nombre
"chisquío". Como la cuchilla del Tambo y el
reborde de la plataforma de Popayán en Timbío establecen lazo de
unión entre las Cordilleras Occidental y Central se puede
conjeturar que la presunta variedad sería común en ambos
sectores.
Planicie de Popayán.
Afirma Pascual de Andagoya, refiriéndose a Popayán, que
"allí tarda en venir el maíz ocho meses"
(Andagoya: Cuervo, 1892, II, 114), y en esto lo sigue un
historiador payanés (Arroyo, 1907, 145). Cieza de León manifiesta
que se encontraban grandes maizales cerca de Popayán ( como ahora),
y que allí se da el maíz una vez al año, mientras que en otras
partes ( no especifica cuáles) gasta cuatro o cinco meses (Cieza,
1924, 101; -----: Vedia, 1947, II, 382). Guillén Chaparro ( 1583)
corrobora que se da mucho maíz en Popayán una vez al año (Guillén
Chaparro: AIP, 1889, XV, 152). Fray Jerónimo de Escobar declara
enfáticamente que el maíz de Popayán es el mejor de todas las
Indias, sin probar su aserto y sin añadir detalles (Escobar: Jijón
y Caamaño, 1938, II, Doc. 157). "Es tan viciosa aquella
tierra para maíz, que de las cañas hacen bardas, puertas y cercas.
Son del tamaño de una pierna (?) y en proporción de alto":
así apunta fray Juan de Santa Gertrudis con evidente exageración
(Serra, 1956, 1. 130).
Las fuentes citadas indican que la principal variedad de maíz en
Popayán era tardía. Cieza dice que se daba una sola vez al año,
madurando por mayo y junio. Guillén Chaparro habla también de una
sola cosecha anual. Andagoya precisa que gastaba ocho meses. Debe
entenderse en este, como en casos semejantes, que a los ocho meses
había maíz con grano ya formado, pero tierno, pues así era
aprovechable [véase inciso C) , numeral 1] .Es lógico que una
variedad cuyo grano apenas está tierno a los ocho meses, necesita
por lo menos uno más para madurar en clima templado como el de la
planicie de Popayán. Todavía la raza predominante allí, ya la que
parecen corresponder los testimonios citados, se llama maíz
de año.
Andagoya es el único autor que menciona fuera de esa, otra
variedad de ciclo corto en Popayán. El mantenimiento principal de
las tribus payanesas, según él, "es el vino que del maíz
hacen en aquella tierra, que es de un maíz que llaman «niorocho»,
menudito y muy duro, que se coge a dos meses después de sembrado, y
deste hacen pan muy bueno, y vino y miel y aceite y
vinagre". La relación de Andagoya, puesta en entredicho
por los historiadores a causa de la manera parcial y acomodaticia
como presenta ciertos hechos, pero grandemente elogiada por los
etnógrafos, fue escrita presumiblemente entre 1541 y 1544, aunque
Jiménez de la Espada dice que en 1546. Las observaciones de
Andagoya sobre Popayán se refieren al período de cerca de un año
que medió entre mayo de 1540 -llegada a Cali- y febrero de 1541, en
que fue hecho prisionero por Belalcázar, cuando éste se hizo cargo
de la gobernación. Aunque don Pascual estuvo preso en Popayán por
algunos meses más, hasta que Vaca de Castro lo hizo poner en
libertad, y salió de Cali para Buenaventura a mediados de 1541,
pocas oportunidades, si alguna, y menos disposición de ánimo
tendría durante su prisión para completar las informaciones sobre
las comidas de la tierra (Andagoya: Navarrete, 1880, III, 440;
-----: Cuervo, 1892, II, 119; Otero D'Costa: BHA, 1955, 487-488:
376-387; Trimborn, 1949, 44).
La aserción de Andagoya -tomada al pie de la letra- no está
confirmada en ningún otro documento conocido, ni por la tradición,
ni por los hechos. No existe, en cuanto se conoce, otro testimonio
histórico sobre la existencia en el occidente colombiano de una
variedad de maíz estrictamente precoz, semejante a la mencionada
por Oviedo en Nicaragua, o al "amapo",
"amapito" del Orinoco, a que se refiere Gilii,
Caulín y Ruiz Blanco entre otros autores ( y que quien escribe ha
colectado en los Llanos de Venezuela), ambas de clima muy caliente.
Ni siquiera lo es el "chococito", que vive en
clima cálido-húmedo, con todas las condiciones para que pueda
adaptarse una variedad de tal carácter. La planicie de Popayán,
cuya altura promedia se ha calculado en 1.750 metros, tiene una
temperatura media de 18° C. Según esto, el maíz de 60 días de
Andagoya hubiera recibido 60 x 18 = 1.080 calorías, o sea menos de
la mitad del promedio de 2.531 calorías que necesita el maíz, según
dedujo Boussingault comparando cultivos de maíz en diversas partes
del mundo, o de las 2.535 obtenidas como promedio en regiones
colombianas al norte de la línea ecuatorial, como el valle del
Cauca ( Marmato ) , el valle del Magdalena y la Sabana de Bogotá.
La duración del día es prácticamente igual en todo el territorio
colombiano (Boussinqault, 1849, 167-168).
Cuando Andagoya estuvo en la cuenca del Cauca, hacía cuatro años
que los españoles habían sometido las tribus ocupantes, tan al
norte como Caramanta. Desde 1536 los tenientes de Belalcázar , así
como éste en el mismo año y en el de 1538, introdujeron más de
5.000 indios yanaconas del reino de Quito, la mayor parte de los
cuales, aunque conservaban sus propios idiomas (pasto, caranqui,
puruhá, panzaleo, cañar, palta etc.) entendían, si es que no
hablaban, el quechua. El mismo Andagoya asevera que entre los
primeros indios de Popayán que catequizó ( porque este conquistador
parece haber tomado muy a lo serio este aspecto de su actividad),
figuraban no menos de cincuenta de los que habían venido con los
españoles (léase traídos a la fuerza), entre ellos una señora y
tres o cuatro señores principales. Debió ser entonces cuando se
importaron nombres para variedades de maíz semejantes en algo a las
conocidas en el sur ( yunga, morocho, capto), y otros vocablos
vinculados a dicho cereal [véase acápite A)].
La grafía «niorocho» del pasaje de Andagoya citada atrás,
aparece en la primera versión de la relación del Adelantado, hecha
por Fernández de Navarrete. Se han formulado serios reparos sobre
la fidelidad de algunas transcripciones de Navarrete (Jiménez de la
Espada, 1881, I, xxii, xlvi). Las reproducciones posteriores que se
han hecho de tal documento, han seguido aquel primer texto. En el
presente caso, el error de copia se explica sin dificultad: la
presunta «i» no sería sino el tercer palote de la «m» para
«morocho», castellanización de «muruchu» ( en quechua no existe la
letra «o» ), forma aquélla usada en el primer vocabulario de fray
Domingo de Santo Tomás, con el significado de "cosa dura o
rezia" (Navarrete, D. de S. T., 1560, 153 v.). «Murucchu»,
"cosa dura de comer como biscocho", y
«murucchu-sara», "mayz de los llanos muy duro",
registra otro lexicón (González Holguín, 1608, I, 248-249, 578;
-----, 1952, 116, 253, 248, 252; 578; 137). Bertonio, en su
enumeración de los maíces del Alto :Perú (hoy Bolivia), para
indicar "maíz duro", usa las palabras «morochi»,
«ccama» (Bertonio, 1612, I, 310). El mismo sentido le da Acosta al
vocablo, al decir: "Hay diferencia en el maíz, como
también en los trigos: uno es grueso y sustancioso; otro chico y
sequillo que llaman «moroche»" (Acosta, 1940, 266; -----,
1954, 109). Y Garcilaso: "el uno es duro, que llaman
«muruchu»" (Garcilaso, 1945, II, 176). Una relación del
Cuzco de 1650 habla del consumo de maíz «morocho» por los soldados
incásicos, "que dicen les daba vigor para ir a la
guerra" (Jiménez de la Espada, 1885, II, 186). Según Lira,
«muruchu» se deriva del verbo neutro «muruchuchay»,
"endurecer el grano" (Lira, 1945, 679). Si se
recuerda que Andagoya ha descrito su maíz precoz como "muy
duro", no cabe duda de que oyó -no el nombre vernáculo de
la variedad- sino el importado por los yanaconas o por los
españoles que "hablaban quechua. «Morocho», para una
variedad de maíz, y «amorochado», como equivalente de todo objeto
duro, son usuales en el Ecuador (Toscano Mateus, 1953, 166, 180;
378). Con idéntico sentido se aplicó en Panamá a una variedad
primitiva del área Guaymí, cuya característica es la dureza (Alba
C., M. M., 1950-b, 63) [véase inciso D),
|Panamá].
Debe desecharse la hipótesis de que el
"niorocho" andagoyano de dos meses es una
variedad extinguida. Es verdad que hubo una mortandad impresionante
como consecuencia de la huelga de siembras hecha en 1548 por los
indígenas payaneses, en son de protesta por los abusos de los
españoles y por su sistema de apoderarse de las tierras mediante
,el expediente de echar a las sementeras los cerdos y caballos para
que las destruyesen. El hambre y las escenas de canibalismo a que
esto dio lugar; las muertes por consunción o por causas conexas con
la falta de alimentos, han sido vívidamente descritas por el
verídico Cieza de León. Desde Cali proveyó Aldana, tan pronto como
llegó del sur, que se llevara maíz hasta el paso de La Balsa, en el
Cauca, donde Francisco Hernández tenía indias que lo preparaban
para cuantos quisieran venir a comer desde Popayán; así se evitó la
despoblación de esta última ciudad. Viendo los indios
sobrevivientes que con estas medidas su huelga de siembra les era
contraproducente, resolvieron volver a sembrar (Cieza, 1877,
372-373, 394-395). Es de suponer que echarían mano primero de su
variedad de ciclo corto. Estaba, pues, en su interés conservar un
tan valioso elemento de cultura material, como sería una variedad
de dos o tres meses. Del mismo modo que en otras regiones donde no
hubo extinción total y súbita de la población indígena, en Popayán
las variedades de plantas cultivadas debieron conservarse y se
conservaron como en el pasado. Ya que tal variedad no existe,
Andagoya ha debido exagerar en el pasaje transcrito.
Aceptando con esa reserva el testimonio de Andagoya, y teniendo
en cuenta que las plantas tienden a permanecer en su habitat, y que
su adaptación a condiciones dadas de clima y de suelo las defiende
de sustituciones ,que no sean coercitivas, hay que admitir que
puede hallarse en la planicie de Popayán una variedad de maíz de
ciclo más corto que el común "de año". Y así es.
Existe una variedad relativa- mente precoz, justamente en la
planicie de Popayán; su precocidades proporcional al ciclo del maíz
de año, y no absoluta en el sentido de Andaqoya. Es el maíz
«matambre».
Un examen crítico de las fuentes históricas sobre el maíz en el
área de Popayán, a la luz del conocimiento actual acerca de él,
permite sacar las siguientes conclusiones: 1) Que hay dos
variedades históricamente conocidas. 2) Que la más común era un
maíz de ciclo largo, con mucha verosimilitud el que se distingue
hoy como "maíz de año", 3) Que la variedad
«niorocho» de Andagoya, tan precoz para madurar en sesenta días, no
existió nunca como tal. 4) Que en relación al "maíz de
año", sí hay una variedad de ciclo corto, a la cual deben
adscribirse los datos de Andagoya; y que esta variedad, o alguna de
ella derivada o por ella fuertemente impregnada, es la que se
conoce en el día con el nombre de "matambre". 5 )
Que la diferencia en el ciclo de la floración hace poco probable
que se hayan producido hibridaciones espontáneas entre el
"matambre" y el "maíz de año",
pero esto sí puede haber sido posible en las zonas marginales entre
el "matambre" y el "valluno"
("común" de Roberts et al), por el norte, y entre
el "matambre" y el "chococito"
("chocoseño" de Roberts et al) por el
occidente.
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Figura 15. Patria geográfica del maíz
"matambre" del alto Cauca. Negro= Área de cultivo
actual. Punteado= mazorca típica, tamaño natural. Normales
biométricas en cm.: largo, 12cm; diámetro inferior, 3,71; diámetro
medio, 3,25; diámetro superior 2,56. Granos mm.: largo, 8,86; ancho
8,48; grueso, 4,94.
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Descripción basada en muestras colectadas personalmente por el
autor, y datos sobre dispersión y cultivo de esta variedad, han
sido objeto de un trabajo monográfico reciente (Patiño: RCA, 1961,
X, 121-147).
El maíz matambre sólo se cultiva en la actualidad entre los ríos
Palacé y Piendamó, y entre el Cauca y la parte del río Cofre que se
conoce con el nombre de Nubirao. Esta zona pertenece a los
municipios de Cajibío, Piendamó y Morales, departamento del Cauca.
Día a día el cultivo se va restringiendo, y sólo perdura entre los
aparceros o finqueros, indios de las tribus guambiana y coconuco, o
de los descendientes ya aculturados de ambas.
Según declaraciones de agricultores de la región, el matambre se
cultivaba antes hasta la cuenca del río Ovejas hacia el norte. En
la faja entre el Piendamó y el Ovejas se ha ido perdiendo la
semilla de matambre, y en su lugar se encuentra otra variedad
también precoz, llamada "maíz de noventa días",
de color blanco, con mazorca aunque de longitud semejante, más
gruesa que la" del matambre. Hay una tercera variedad
precoz de mazorca muy delgada, con granos mucho más pequeños que
las dos anteriores. Esto parece indicar que la variedad matambre,
en la zona periférica de su área de distribución, se ha mezclado
con otras variedades, dando origen a la producción de tipos
intermedios, que conservan por lo menos en parte la precocidad del
matambre. Es probable que a la llegada de los españoles este maíz
Se cultivara, si no en toda la planicie de Popayán hasta Timbío, sí
hasta las primeras estribaciones de la cuchilla del Tambo.
Almaguer.
Los pocos datos sobre Almaguer son contradictorios. Según unas
versiones, el maíz abundaba en la época de la conquista (mediados
del XVI) (Romoli: RCA, 1962, XI, 267; 255; 272; 284). Por el
contrario, Guillén Chaparro dice que esta región era
"estéril de maíz". Casi todos los mantenimientos
para las minas se llevaban "de acarreto", de
Popayán y aun desde Pasto (Guillén Chaparro: AIP, 1889, 153;
Escobar: Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc. 154).
Patía.
No hay noticias acerca de los maíces del Patía. Influencias
climáticas inducen a creer que las variedades eran aquí más
semejantes a las de la fosa del Cauca o de la costa del Pacífico,
que a las de la planicie de Popayán.
Pasto, Los Pastos, Quillacinga.
Según Cieza de León, abundaba el "maíz en Pasto, pero
el trigo se había adaptado tan bien después de su introducción por
los españoles, que el maíz quedó relegado a segundo lugar entre los
granos; además, la semilla de este sector era "muy
delicada", De Pasto a Ipiales se conseguía poco maíz, por
ser fría la tierra. Los pastos lo cultivaban poco; en cambio, había
mucho en el río Mira, límite meridional de estas tribus, cuyo
último pueblo era Tusa. Tampoco se cosechaba maíz en la Laguna;
pero abundaba en Quillacinga (Cieza, 1924, 113, 121, 112, 122).
Excepto, pues, por su abundancia o escasez relativas, en varias
zonas de la altiplanicie sureña, nada se puede sacar en conclusión
sobre las variedades que allí existían a la llegada de los
españoles. Las llanuras de Túquerres están entre 2.700 y 3.000
metros sobre el mar, y no son aptas, por consiguiente, para la
producción económica de ese cereal; los cultivos, como ocurre hoy
día, debieron encontrarse en los valles más abrigados, como el del
Guáitara. Todavía la región de Tangua, y en general toda la cuenca
del mencionado río, son los principales focos de producción. Para
entender mejor los datos de Cieza, debe decirse que Pasto era el
sector entre el Juanambú y el Guáitara; que los pastos vivían del
Guáitara al Mira, y que los quillacingas moraban al oriente de
ambos, incluyendo lo que es hoy el valle de Sibuiidoy (Jijón y
Caamaño, 1940, I, 147).
Hay que dar un salto de más de tres siglos para encontrar
referencias sobre las variedades de maíz en la altiplanicie sureña
colombiana. Eduardo André menciona "chulpe", de
granos con la extremidad vacía y arrugada, con los cuales, fritos
en grasa y con la adición de sal, se preparaba el «tostado».
También se refiere al maíz "cqpia" y al
"morocho", pero queda la duda de si los considera
como variedades diferentes, o como etapas distintas en la
maduración del grano (André: LTDM, 2º sem., 1879, XXXVIII, 349). De
la misma región registra otro autor el maíz «chulpe» (Tascón, L.,
1934? 79; -----, 1961, 428).
En esta área la influencia del quechua en los nombres de maíces
fue más marcada. La etimología de «morocho» se dio atrás. «Chulpe»
no figura en el Vocabulario de fray Domingo de Santo Tomás, sino
bajo la forma «chulpicuni», "ampollarse con
fuego"; «chuspi» es "mosquito"
(Navarrete, D.,de S. T., 1560, 127v., 229). González Holguín hqbla
del maíz dulce "mizqquizara chuspizara", pero
para «chhuspi» da la equivalente "mosca o mosquito
chico" (González Holguín, 1608, 578, 125). Lobato sí
menciona chullpi", adjetivo, con el sentido de:
fruncido, arrugado, descarado" (Lobato, 1901, 89).
Dice Lira: "Ch´ullpi, m. Maíz alargado; dulce, de color
amarillo claro, de cáscara algo resistente y crespa o arrugada.
Existe también de color rojo oscuro. Es bastante apreciado como
tostado para comer con queso, o tomarlo con leche" (Lira,
1945, 189). Esta variedad se conoce asimismo en Ecuador (Toscano
Mateus, 1953, 101) (véase adelante).
El nombre "capio" no la pone fray Domingo en
su Vocabulario, pero sí González Holgun con la grafía «ccapia» y el
significado de "mayz blando de comer" (González
Holguín, 1608, 135). Lira trae "kkháphya" como
sinónimo de "kkhaphra", adj. Frágil, quebradizo,
cosa fácil de romper. Abizcochado, de consistencia de
bizcocho" (Lira, 1945, 517). Tascón explica:
"Maíz japio (maizón en Antioquia y Caldas), es el que se
produce en las tierras templadas y frías y que es menos duro que el
de las tierras cálidas" (Tascón, L., 1934? 99; -----,
1961, 436).
El «canguil», que es un reventador de granos rostrados, se
cultiva, aunque poco, en Nariño. Tcrscón transcribe: "maíz
de grano pequeño, que termina en espina y se abre como rosa o salta
al tostarlo o freírlo" (Tascón, L., 1934? 41; , 1961,
413). Se ha descrito recientemente bajo el nombre académico de
«imbricado» (Robetts et al,;1957, 59-62). La palabra «kangil»
pertenece según unos autores al idioma panzaleo del Ecuador
interandino (Jijón y Caamaño, 1940, L 314), y según otros al
quechua (Lobato, 1901, 50).
El intercambio entre la altiplanicie de los Pastos y Quito fue
muy estrecho, no sólo durante la época colonial sino en la
republicana y hasta nuestros días. Baste recordar que apenas en
1932, a raíz del conflicto con el Perú, se abrió la carretera que
comunica a Pasto con Popayán. La jurisdicción, del obispado de
Quito se extendía hasta el actual territorio de Nariño, inclusive
en los períodos en que Pasto y sus anexos pertenecieron al
virreinato de Santa Fe; Por otro lado, la penetración incaica en el
área de los Pastos fue poco anterior a la conquista española, ya
excepción de la faja entre el Mira y el Carchi ( en Rumichaca había
según Cieza una fortaleza fronteriza), su dominio sobre estas
tribus fue muy precario. Por consiguiente, los maíces de la
altiplanicie pastusa quizá se encuentren en sus formas originales,
más o menos influenciadas por la sangre de las variedades
autóctonas de la región ecuatoriana al sur del río Mira.
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