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INDICE
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DICOTILEDÓNEAS
DIOSCOREÁCEAS.
120-
|Dioscorea tryphylla Schimp..
Dioscorea spp..
MAPUEI, MAPUEY en Venezuela (Pittier, 1926, 291).
PERICAGUÁ, PERICAGUARES, PERICAGUAZOS (Alvarado, 1953, 286).
PIRICHA (Alvarado, op. cit., 286, 293).
TABENA o TAVENA.
ÑAMPÍ.
ÑAME. Este nombre (portugués INHAME; inglés YAM) fue difundido
desde la costa occidental de África por los navegantes
hispano-portugueses. Bajo la forma MAMES (NIAMES?) lo usó Cristóbal
Colón en su diario, a 4 de noviembre de 1492, en Cuba, y en Santo
Domingo el 13 de diciembre siguiente, para referirse a una raíz
comestible (Casas, 1951, I, 229; Henríquez Ureña, 1938, 59-60). Es
sabido que los principales ñames cultivados actualmente en el área
circuncaribe,
|Dioscorea alata L.,
|D. cayanensis Lam.,
son especies de origen africano, o por lo menos introducidas a
América desde África. Sobre ellas se darán noticias en otro volumen
de esta obra. Pero parece que el nombre ÑAME no se aplicó solo a
|Dioscorea, sino a plantas tuberosas de otras familias. Según
el agrónomo Reynoso, en las Canarias llamaban ÑAME, a la MALANGA,
una Arácea ( véase numeral 114) (Reynoso, 1867, 138). Cobo hace a
ÑAME en cierto modo sinónimo de AJE ( véase numeral 127).
Existen en América varias especies nativas de
|Dioscorea,
de las cuales algunas pudieron ser y fueron domesticadas o
utilizadas por los aborígenes. En los últimos años, a partir del
descubrimiento de la existencia en esas plantas de la hormona
cortisona, se ha intensificado la búsqueda y el estudio de nuevas
especies. La doctora Bemice G. Schubert, de la Sección de
Introducción de Plantas, Estación Experimental de Beltsville,
Maryland, trabaja en un estudio monográfico sobre ese género, que
no se ha podido consultar.
Dice Juan de Pimentel en su relación de Caracas de 1579, al
referirse a las comidas de los naturales: ". ..otras
raizes como es ...«mapuey» ...que allí sienbran y son de buen
sustento" (Latorre, 1919, 81; Arellano Moreno, 1950, 81 ).
MAPUEYES era nombre de una tribu del Orinoco en el primer cuarto
del siglo XVII (Vázquez de Espinosa, 1948, 62). En la Nueva
Andalucía, o sea la parte venezolana al oriente del río Unare, eran
nativos a mediados del siglo XVIII MAPUEYES, de color morado, y en
esto se diferenciaban de los ñames, que eran blancos; y también
PIRICHAS de dos clases (Caulín, 1779, 18, 21; 18).
Entre las varias raíces que cultivaban los guaipunabis del alto
Orinoco en la misma época, figuran los MAPOYES (Altolaguirre y
Duvale, 1908, 281 )o MAPOIS eran comunes en la Guayana venezolana
(Bueno, 1933, 6). Se trataba evidentemente de una especie distinta
del ñame introducido, pues ambos se mencionan por separado.
PERICAGUAZOS, como "raíces comederas" de la
Guajira y flancos de la Sierra Nevada de Santa Marta a mediados del
siglo XVI, se han mencionado en otro lugar (Castellanos, 1955, II,
441).
TABENA o TAVENA es nombre regional de los Llanos orientales de
Colombia para un
|Dioscorea (Pérez Arbeláez, 1956, 330). No
aparece mencionado en las obras de los misioneros de esa región,
Cassani, Rivero y Gumilla, todos de mediados del siglo XVIII. La
TAVENA se cultivaba y consumía corrientemente en el Meta (Restrepo,
E., 1870, 51, 59, 60). Ya no tanto, por la inmigración de colonos
procedentes de otros sectores colombianos, donde predominan hábitos
alimenticios diferentes.
ÑAMPÍ es el nombre de un
|Dioscorea que se cultiva, aun-
que raramente, en la costa occidental de Colombia y del Ecuador;
produce tubérculos alargados, de regular tamaño y de color morado,
No se sabe si son estos los que refiere Brisson haber visto en el
Chocó a fines del siglo XIX, más pequeños que los que se traían de
Cartagena por el Atrato a Quibdó (Brisson, 1895, 21).
Como la introducción del ñame africano data de mediados del
siglo XVI, al cobrar fuerza la importación de esclavos negros,
todas las referencias de fines de ese siglo y de los siguientes,
tanto pueden atribuírse a especies americanas como a las foráneas.
Es hecho comprobado la suma rapidez" con que se
difundieron ciertas plantas económicas en América, hasta el punto
de que observadores desprevenidos las consideraban al poco tiempo
como plantas terrígenas. Un ejemplo es el plátano (Musa). Con esta
advertencia, se presentan aquí algunos datos en que hay por lo
menos la probabilidad de que se trate de especies americanas.
NARNES (otra versión dice ÑAMES) menciona fray Adrián de Ufeldre
entre las comidas usuales de los guaymíes de la porción occidental
del istmo panameño en el primer tercio del siglo XVII (Ufeldre:
Meléndez, 1682, III, 2; Serrano y Sanz, 1908, 86). Debe advertirse
que la relación de la Audiencia de esa ciudad de 1607, ya señala el
ñame como cultivo común (Serrano y Sanz, op. cit. 147). También
Wafer indica que los darienes tenían ñames blancos y purpúreos
(Wafer, 1888, 38). Es tan sumaria la información, que quizá ese
aventurero pudo referirse más bien a
|Xanthosoma que a
|Dioscorea. En todo caso, en cuna existe un nombre, WAKKUP (
«pu»), para el ñame (Wassén, 1949, 57).
Según Simón, los expedicionarios de Gaspar de Rodas hallaron al
otro lado del puente de bejucos del Porce, al entrar en el
territorio de los yamecíes, entre otras raíces, ÑAMES (Simón; 1953,
VII, 210). También a IÑAMES se refiere Vázquez de Espinosa en
Cáceres, lugar vecino al área que acaba de mencionarse (Vázquez de
Espinosa, 1948, 317). El agrónomo Tulio Ospina asegura que en las
tierras calientes de Antioquia hay una variedad silvestre, con
tubérculo pequeño, pero de buen gusto (Ospina, T., 1913, 100).
Asimismo se ha señalado un ñame silvestre en las selvas de Uré,
alto afluente del Sinú (Striffler, 1958; Mont., 168). Es difícil,
sin un estudio comparativo de materiales, decir si se trata de
formas escapadas al cultivo o de especies realmente,
espontáneas.
Varias raíces, entre ellas ÑAMEZ, trajeron los caciques Lobone y
Otapue, de Mitaima, a tres leguas del valle de Ibagué primitivo o
Valle de las Lanzas, como regalo a los españoles que comandaba
López de Galarza. en 1550 (Aguado, 1916,1. 625). Como de las otras
raíces mencionadas (turmas, apios o arracacha, y yucas), las dos
primeras son de clima frío, y la última tiene variedades que pueden
crecer a poco más de 2.000 metros sobre el nivel del mar, es dudoso
que los ÑAMEZ de Mitaima fueran
|Dioscorea; pues las especies
comestibles hasta ahora conocidas sólo se producen en climas
calientes. Por consiguiente, o la palabra se aplicaba en tiempos de
Aguado en el sentido de raíz o tubérculo comestible, en general, o
la usó para alguna otra especie que no pudo identificar con un
nombre más particularizado.
En una información levantada en 1663 sobre los indígenas de la
parte alta del río Magdalena y sus afluentes (Andaquíes), aparece
este atestado: "Y que los mantenimientos que comen son
plátanos, maíz, yuca y unas raíces que llaman «ñames», y éstas y
otras frutas silvestres comen mucho..." (Friede, 1953,
112-113). Que se sepa, los
|Dioscolea no forman parte de la
alimentación en el valle de Suaza y regiones vecinas, como sí
ocurre en la costa atlántica de Colombia. Aunque si se menciona el
plátano, planta introducida, también lo pudo ser el ñame
africano.
Los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta cultivaban unos
ÑAMES, como se constató durante las campañas de sometimiento
adelantadas por los españoles en la segunda mitad del siglo XVI
(Simón, 1953, VIII, 101, 114). Pudoccurrir que el nombre PERICAGUÁ,
quizá vernáculo, fuera sustituído por el introducido ÑAME, o que
|Dioscolea alata se difundiera prontamente en toda la costa,
adoptándolo sin de- mora los indígenas, en una época en que el
proceso de transculturación fué muy intenso.
Se ignora a qué especie se refiere la relación de Trujillo de
1579, cuando dice hablando de los cuicas: "...viven ton
los mismos mantenimientos que solían, que son... «ñames»"
(Arellano Moreno, 1950, 97). El documento expresa claramente que
era un producto de tierra templada. También un ñame sembraban los
timotes, aunque no sería como Jahn indica,
|Dioscolea alata,
pues éste es africano (Jahn, 1927, 318). Hablando de Barinas,
manifiesta el cura Oviedo que abundaban allí los "ñames,
que es una raíz a modo de turma de año que se da por naturaleza y
sin sembrarla, y tan grandes, que una sola pesará una arroba, y no
se corrompe yendo cortando de ella para echar en las
comidas" (Oviedo, 1930, 214). Esta información es de
mediados del siglo XVIII cuando
|D. alata o
|D.
cayanensis se habían difundido en América tropical; pero es de
una región donde algunas Dioscoreáceas se cultivaban desde la época
prehispánica.
Durante la exploración inicial del Amazonas por Francisco de
Orellana en 1541-1542, ya cerca del estuario, "fuimos
caminando continuamente por poblado, donde nos proveíamos de alguna
comida, aunque poca, porque los indios la tenían alzada, pero
hallábamos algunas raíces que llamaban «inanes», que a no las
hallar, todos pereciéramos de hambre" (Carvajal, G., 1894,
80). En la segunda y desafortunada expedición de Orellana, allí
mismo se cambalacheaban con los indígenas, entre otras comidas,
NÁMES (Ibid., 242). También los relatos de la trágica expedición de
Ursúa- Aguirre mencionan los ÑAMES en diversos puntos del gran río,
desde los Cararies y Machifaro, hasta la parte baja ( Ortiguera,
1909, 322, 330, 356, 376, 418, 419; Vázquez de Espinosa, 1948, 383,
388). Ya a principios del siglo XVII se usa la palabra indígena
CARÁS (Acuña, 1942, Bog., 91; Marcgrave, 1942, 29, xxxix). Los
misioneros franciscanos del Caquetá-Putumayo hablan de ñames
cultivados por las tribus de ese sector (Cuervo, 1894, IV,
276).
Unos NAMES O ÑAMES figuran con los otros mantenimientos comunes
en Zamora de los Alcaides y en San Juan de Chamato, vertiente
oriental de la cadena andina (Jiménez de la Espada, 1897, IV, 13,
25). Valladolid, de la gobernación de Juan de Salinas, junto con
papas y yucas, producía "ñames, de los que hay en
Guinea" (Ibid., lxxviii).
El botánico Ruiz colectó en 1780 en Chinchao, oriente peruano,
lo que llama
|Dioscorea
|triloba, conocido localmente
como MALLICA y PAPA DE MONTAÑA (Ruiz, 1952, I, 175).
De 1570 es una noticia sobre ÑAME en la porción del oriente
perú-boliviano, regada por el río Manu (Alvarez Maldonado, 1899, 51
).
BASELÁCEAS.
121-
|Ullucus tuberosus Caldas (Posada Arango, 1909,
60)
ULLUCU, en quechua (González Holguín, 1608,
355).
ULLUMA, en aymara (véase adelante ).
LAO, en páez y en guambiano (Rivet: JSAP, 1941, XXXIII, 55).
RUBA, en mucuchí; TIMBÓS, en migurí y tiquiñó (Andes
venezolanos) (Pittier, 1926, 364; Jahn, 1927, 318).
PAPA LISA, en Nariño (Colombia) y en algunas partes de los Andes
sureños.
Las relaciones geográficas de la región andina, al sur de la
Nueva Granada, emplean con variantes el primer nombre de la lista.
ULLOCOS se incluyen entre las raíces utilizadas por los indígenas
de Santo Domingo Chunchi; y OLLOCAS (no compuesto de OCAS, pues
éstas son mencionadas en el mismo documento); en Alusí. Ambos
lugares eran partidos de la jurisdicción de Cuenca, Ecuador, y las
noticias son de 1582 (Jiménez de la Espada, 1897, III, 190, 194).
ULLOCOS registra como tubérculos comunes en Quero, Tambos de Mocha
y Riobamba un documento de principios del siglo XVII (Torres de
Mendoza, 1868, IX, 464, 465, 492). En 1650, el canónigo Rodríguez
Docampo dice que los indios quiteños comían, entre otras raíces,
OLLOCOS (Jiménez de la Espada, op. cit., III, cxxv) .
De los Andes peruanos se señala esta especie ( 1586) en Vilcas
Huaman (COLLUCOS), Chuschi (COLLUCOS) y Zanco (OLLUCOS), las tres
localidades de Huamanga (Jiménez de la Espada, 1881, I, 147, 152,
153). Cabello Balboa menciona también los ULLUCOS entre los
tubérculos comestibles de los peruanos (Cabello Balboa, 1951,
233).
La afirmación de Cobo sobre los usos medicinales que se le daban
a los tubérculos, para facilitar el parto y para curar los
traumatismos internos, explica por qué el cultivo de esta planta
alcanzó una difusión tan grande, incompatible con las cualidades
sápidas de la parte comestible. "Llámase esta raíz en
lengua quichua «ullucu», y en la aymará, «ulluma»" (Cobo,
1890, I, 368; -----, 1956, I, 171; Valdizán y Maldonado, 1922, II,
151-152; Yacovleff y Herrera, 1934, 47).
Con el nombre de
|Chenopodium tuberosum colectó ULLUCOS en
Tarma el botánico Hipólito Ruiz (Ruiz, 1952, I, 96).
La diversidad de formas y coloridos en el tubérculo del ulluco
quizá es resultado de selección por motivos medicina- les o
mágicos, para distintos propósitos. En Bolivia la variedad más
común es la amarilla con motas púrpuras, pero existen de un solo
color, blancos, amarillos y púrpura-lila ( Cárdenas, 1950, 14).
Este último es el más frecuente en los mercados de Pasto, Popayán y
Cali; verde-amarillento se encuentra con menos frecuencia. Eduardo
André halló en Pasto ( 1876) cinco variedades de OLLOCO: violeta,
blanca, amarilla, verde y rosa-asalmonada (André: LTDM, 1879, 2º
sem., XXXVIII: 322). Algunas envió desde esa ciudad a Bogotá en
1895 un geógrafo y periodista (Gutiérrez, 1920, I, 207).
El nombre quechua, ya puro, ya algo alterado, se difundió
después de la conquista hasta las cabeceras del Magdalena,
desplazando los vocablos vernáculos, como el LAO de la región páez.
El río que quizá se llamaba así antes, perdería este nombre, en
favor del acarreado Ullucos o Eullucos (Serra, 1956, I., 124). Pero
no consiguió desplazar la voz muisca CHUGUA (Groot, 1889, I., 77),
que se continúa usando hasta el presente (Bukasov, 1930, 524,
489).
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Figura 9.Chugua, Ulluco: |
Ullucus tuberosus
Caldas, tubérculo altoandino. Dibujos de Harold Rodríguez V. sobre
fotografias y preparaciones del autor. Material proveniente del
municipio de Silvia, Cauca, Colombia.
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El cultivo de la RUBA y otros tubérculos se considera como rasgo
distintivo de los timoto-cuicas de la Sierra de Mérida (Acosta
Saignes, 1961, 47-48).
PAPILIONÁCEAS.
122-
|Pachyrrhizus spp..
AJIPA o ASIPA, en quechua (véase adelante).
CATZOTL, en náhuatl (Ximénez, 1888, Mor, 242- 243; Robelo,
3
|a ed., 414, 416),
JÍCAMA, en varias partes de América española, Se cree que es el
mayismo «xicama», de «chi», boca, y «karnaach», masticar: cosa
comestible muy masticable (Ochoterena: Hernández, 1943, II, 523).
En el Ecuador interandino se usa la vocalización CHICAMA (Toscano
Mateus, 1953, 79).
JÍQUIMA se aplica en Venezuela a otra planta tuberosa, la
Compuestácea
|Polymnia edulis Wedd. (véase numeral 129).
NUPE, NÚPERO, al parecer una palabra cumana- gota, en el oriente
de Venezuela (Pittier, 1926, 265).
VILLU, VILLU CCAMA, en aymara (Bertonio, 1612, 387).
JACATUPÉ, en el Brasil.
De las seis especies de
|Pachyrrhizus descritas hasta
ahora,
|P. strigosus Clausen vive confinada al sur de Méjico;
otra,
|P. erosus (L.) Urban avanza desde el norte de Méjico
hasta Nicaragua; una tercera,
|P. vernalis Clausen lo hace en
el mismo sentido hasta Panamá; otra es de Panamá y Colombia (
|P.
panamensis Clausen); y dos son suramericanas (
|P.
tuberosus (Lam.) Spreng.,
|P. Ahipa (Wedd.) Parodi).
Aunque las especies cultivadas por los tubérculos son en orden de
importancia
|P. erosus,
|P, tuberosus y
|P. Ahipa
(Clausen, 1944), no puede descartarse del todo que algunas de las
demás lo hayan sido también.
Como ocurrió en casos semejantes, los nombres vernaculares
rebasaron durante el dominio español las áreas donde las especies
que los llevaban eran endémicas, y se aplicaron en otros lugares a
especies distintas. Así ocurrió con el nombre JÍCAMA y sus
variantes.
Al tratar de las XÍCAMAS el protomédico Hemández afirma:
"He oído decir que estas raíces han sido a veces llevadas
a España condimentadas con azúcar o cubiertas con arena, y que han
llegado sin descomponerse". Añade que producían
dondequiera que se las cultivara (Hernández, 1943, II, 522-523;
Ximénez, 1888, Mor., 242-243). Alcedo confina el área en que se
daba la GICAMA en el siglo XVIII, a la provin- cia de Califomia
(Alcedo, 1789, V, Voc. 86). ,
En una relación de la isla de Santo Domingo, de 1680, se habla
de XICAMAS como de raíces conocidas (Rodríguez- Demorizi, 1957,
III, 22).
Según Simón, una JIQUIMA era cultivada por los muiscas (véase
numeral 129) (Simón, 1953, II, 271). También Vázquez de Espinosa
dice que en Muzo había XÍCAMAS (Vázquez de Espinosa, 1948, 309).
Sin embargo, este tubérculo no aparece mencionado en el Nuevo Reino
de Granada en los documentos de la segunda mitad del siglo XVI.
Zamora en 1701 alude a las XIQUIMAS comba raíces conocidas (Zamora,
1930, 42-43).
Según Cieza, XIQUIMAS se daban muchas en la región habitada por
la tribu de los pastos (Cieza, 1924, 112). También en Quito, las
JÍCAMAS se incluyen entre las raíces de la tierra, en la relación
de 1573. Durante el siglo siguiente continuaban siendo consumidas
por los indígenas de ese sector (Jiménez de la Espada, 1897, III,
71, ci, cxxv). En Guanando, localidad de Villardonpardo o Riobamba,
se habla a principios del siglo XVII de "otra fruta que
llaman GICAMAS, que es a modo de patatas" (Torres de
Mendoza, 1868, IX, 476).
Pero también en la costa ecuatorial se conocía esta planta. La
relación de Puerto Viejo, de principios del siglo XVII, deja
constancia de que "las semillas ordinarias en esta tierra
son... «giquimas»" (Torres de Mendoza, 1868, IX, 279). Un
viajero que estuvo en Coaques en 1617, cita las JÍCAMAS entre los
vegetales cultivados más frecuentes (Herrera y Montemayor:. Vargas
Ugarte, 1947, 70).
|Pachyrrhizus conocían las naciones de la costa peruana,
pues está abundante y fielmente reproducido, en la cerámica nazca y
en los tejidos bordados de Paracas (Yacovleff, 1933, 51-56;
Yacovleff y Herrera, 1934, 281-283). Cobo, al describir la planta,
incurre en el error, muy común en él de atribuír origen taíno a la
palabra XICAMA. El nombre quechua era AJIPA, y el aymara VILLU.
Cobo agrega: "Comida cruda esta raíz sirve de fruta, y en
tiempo de calor refresca mucho, porque es de temperamento frío y
húmedo" (Cobo, 1890, I, 366- 367; -----, 1956, I,
170-171). Es lo mismo que había dicho antes Acosta, quien, de
acuerdo con su tónica, no fija localidad (Acosta, 1940, 273; -----,
1954, 112). Cabello Balboa dice GIQUIMA (Cabello Balboa, 1951,
233).
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Figura 10. Jicama Pachyrrhizus (Lam.) Spreng.. Material
colectado en su país por la botánica ecuatoriana Inés Mejía. A=
hábito de la planta; B= vista lateral de la flor; C=cáliz; D= cáliz
abierto; E= estandarte; F= ala; G= quilla; H= pistilo y estambres;
I= pistilo; J= estilo y estigma; K= legumbre; L= semilla. A y K,
mitad del tamaño natural; H e I, aumentados dos veces; lo demás
tamaño natural. (Reproducido de Clausen, 1944, 28)
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Según Parodi, la AJIPA sería especie distinta con dos variedades
(Parodi, 1935, 138, 139, 140-141 ).
Una CHICAMA figura entre las plantas enviadas en 1600 desde
Sevilla al botánico Clusius; no se sabe si sea ésta (Álvarez López:
RI, 1945, VI, 20: 275).
OXALIDÁCEAS.
123-
|Oxalis tuberosa Mol..
APILLA, APILJA, en aymara (Bertonio, 1612, II, 24; Cárdenas,
1950, 10).
OCCA, OCA, en quechua (González Holguín, 1608, 262; Lira, 1945,
713).
MISHI-POULÉ (blanca); PIGA-MISHÍ (roja), en guambiano.
IBIAS, HIBIAS, en la Cordillera Oriental de Colombia (Pérez
Arbeláez, 1956, 563).
CUIBA, QUIBA, HUISISAI, APIO BLANCO (?), en los Andes
venezolanos (Pittier, 1926,199; Jahn, 1927, 318).
La relación de Trujillo en Venezuela ( 1579) habla de unos
CUYRES entre los mantenimientos de los indígenas locales (Arellano
Moreno, 1950, 97). Puede ser una variante de CUIBA.
Desde 1701 se refiere Zamora a las IBIAS que se cultivaban en el
Nuevo Reino de Granada (Zamora, 1930, 43), dato que repite Oviedo
siglo y medio después (Oviedo, 1930, 46). Se consumían
ordinariamente en Bogotá a mediados del siglo XIX (Holton, 1857,
150). Pero el cultivo no es tan intenso como en los Andes sureños
(Bukasov, 1930, 524, 525, 489).
Se cultivan algo en el sector de la Cordillera Central al sur
del río Palo, arriba de los 2.500 metros, por la población indígena
páes-guambiana.
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Figura 11. Parte de una mata de oca o hibia (|
Oxalis
tuberosa Mol.). Dibujó Harold Rodríguez V. sobre
fotografías y material preparados por el autor y obtenidos en
Silvia, Cauca.
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En Pasto vio en 1877 el naturalista André cerca de diez
variedades, rosada, blanca, amarilla pálida, que eran las más
cultivadas; violeta, rojo de vino etc. (André: LTDM, 1879, 2º sem.,
XXXVIII, 322). El geógrafo Rufino Gutiérrez envió desde Pasto hasta
Bogotá en 1895 algunas de tales varieda- des; él dice OCAS o
CUBIOS, aunque los cubios son otra cosa (Gutiérrez, 1920, I,
207).
En la relación geográfica sobre San Luis de Paute se menciona
(1582) entre las cosas que comen los indios, "otra raíz
que llaman «oca»". Lo mismo sucede en Santo Domingo
Chunchi y en Alusí. Los tres son lugares de la jurisdicción de
Tomebamba o Cuenca (Jiménez de la Espada, 1897, III, 169, 190,
194). Se creía que ellas figuraban entre las cosas de comer que los
cañaris le regalaron a Sebastián de Belalcázar, cuando llegó a la
región interandina en 1534 (Ibid., 182). Para mediados del siglo
XVII las comían los indígenas de Quito (Ibid., cxxv). Se señalan
también en Quero, Riobamba (Torres de Mendoza, 1868, IX, 464).
Refiérense a ellas como a tubérculos de uso ordinario en el Ecuador
interandino dos ilustres geógrafos (Juan y Ulloa, 1748, I,
397).
Cieza de León vio OCAS en el Collao (Cieza, 1924, 288), Las
relaciones geográficas de Yauyos y La Paz, correspondientes a 1586,
las incluyen entre las raíces comestibles cultivadas (Jiménez de la
Espada, 1881, I, 63; 1885, II, 68). Otros autores las mencionan sin
añadir nada notable (Acosta, 1940, 273; , 1954, 112; Borregán,
1948, 78, 79).
Cárdenas indica para Bolivia variedades blancas, amarillas,
anaranjadas, púrpuras, rojizas, violado-oscuras y moradas
(Cárdenas, 1950, 11).
Cobo da más detalles que todos' sus predecesores: "Son
las OCAS unas raíces comestibles que se dan en las tierras frías
donde las «papas», La planta desta raíz se llama «chulco»; es del
linaje de acederas, pequeña, de una tercia poco más o menos de
alto; tiene las ramas recogidas, que la hacen copada; las hojas son
muy pequeñas, de tres en tres, como las de las acederas. Las raíces
desta plantas larguillas medio jeme, no lisas, sino desiguales y
como ñudosas; unas blancas, otras moradas y de otros colores, como
las «papas»; son muy tiernas y harinosas; cómenlas los indios 1
verdes, asadas y cocidas, y también partidas por medio a la larga
las secan al sol para guardar; y las secas desta manera se llaman
«cabi», y son de buen sabor, algo dulces, como higos pasados, las
cuales se comen crudas y cocidas". En seguida enumera los
usos medicinales de las hojas y ramas (Cobo, 1890,I, 363-364;
-----, 1956,I, 169; Valdizán y Maldonado, 1922, II, 215; Yacovleff
y Herrera, 1934, 307-309). Esto último, como en el caso del ulluco,
induce a pensar que quizá la oca se cultivó primero como planta
medicinal. La presencia de ácido oxálico en sus tejidos puede
justificar algunos usos curativos.
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Figura 12. Tres tubérculos altoandinos. Fila inferior: ullucos
de la variedad púrpura (|
Ullucus tuberosus Caldas);
Fila intermedia: oca (|
Oxalis tuberosa Mol.); Fila
superior: mujua (|
Tropaeolum tuberosum R. et P.).
Dibujos de Harold Rodríguez V. sobre fotografías y material
preparado por el autor, obtenido en una sola sementera indígena en
el municipio de Silvia, Cauca, Colombia. Los tubérculos de
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Oxalis no muestran su desarrollo total, por causa
de la sequía prolongada.
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José Ignacio Molina sólo habla de tubérculos blancos con cáscara
verdosa en Chile (Molina, G. I., 1782, 132, 352).
TROPAEOLEÁCEAS.
124-
|Tropaeolum tuberosum R. et P..
APIÑU, AÑU, en quechua (Lira, 1945, 55, 51 ). No figura esta
palabra en los dos primeros vocabularios de esa lengua ( 1560,
1608).
ISAÑA, en aymara (Bertonio, 1612, II, 181) o ISSAÑU (Lira, 1945,
290).
CUBIOS, en el área muisca (Pérez Arbeláez, 1956, 730).
PUEL, en páez (Jijón y Caamaño, 1940, I, 406).
PAÑÉ, en guambiano.
MASSUA, MAFUA, MAJUA, MAUJA (véase numeral 116).
Gonzalo Jiménez de Quesada, o quienquiera que sea el autor del
Epítome sobre el Nuevo Reino de Granada, documento escrito entre
1539 y mediados del siglo, dice de los muiscas que tenían
"otras a manera de nabos que llaman «cubios», que echan en
sus guisados y les es gran mantenimiento" (Jiménez de la
Espada, 1889, Cast., 98; Cuervo, 1892, II, 212; Oviedo y Valdés,
1852, II, 407; Colmeiro y Penido, 1892, 38; Pérez de Barradas,
1951, II, 24; Friede, 1960, 265). Aguado calca la frase:
"Otras a manera de nabos que llaman cubios"
(Aguado, 1916, I, 254). Simón emplea la misma palabra CUBIOS
(Simón, 1953, II, 271). Otros autores usan la variante CUBIAS
(Zamora, 1930, 42-43; Oviedo, 1930,48).
Bukasov sostiene que las formas colombianas se cultivan a
alturas menores en mil metros al piso del cultivo en el Perú, y se
comportan opuestamente a las formas peruanas en cuanto a la
duración del día. Esta y otras diferencias lo llevan a proponer que
si son especies distintas, se le llame a la sabanera
|T.
cubio (Bukasov, 1930, 523-524, 489).
Podrían ser estos los NAVILLOS que la citada relación de
Trujillo enumera con otras raíces usadas por los cuicas (Are- llano
Moreno, 1950, 97, 98);
MAJUAS figuran entre las raíces cultivadas por los indígenas del
partido de Santo Domingo Chunchi, y MASUAS en Alusí, uno y otro de
la provincia de Cuenca, Ecuador, en 1582 (Jiménez de la Espada,
1897, III, 190). En 1650 el canónigo Rodríguez Docampo en su
relación de Quito, dice que los in- dios de esa jurisdicción comían
MAXUAS (Ibid" cxxv). Velasco, entre lo que clasifica como
"raíces impropias", habla de la MASHUA en los
siguientes términos: "Planta mediana de sólo cultivo. El
fruto amarillo muy lustroso, largo de cinco a seis dedos, delgado
en gran parte, y bastante grueso a la punta. El gusto algo acre sin
fastidio. Es propia de las provincias más frías que templadas, y se
come cocido" (Velasco, 1927, I, 79). Caldas usa la grafía
MAXUA (Caldas, 1942, II, 158).
Un río Majuas es alto afluente del Magdalena (Rocha, I., 1905,
6). La MAUJA la cultivan los guambianos de Silvia, Cacique y
Tacueyó (Cauca).
En la relación de Jauja de 1586 también se mencionan las MAXUAS
como raíces de la tierra (Jiménez de la Espada, 1881, I, 85).
Cabello Balboa usa la forma MAJUAS (Cabello Balboa, 1951, 233;
Yacovleff y Herrera, 1935, 47-48). El botánico Ruiz colectó MASSUAS
en la región de Tarma (Ruiz, 1952, 1. 97).
Decía Garcilaso del AÑU: "...dizen los indios que
comida es contraria a la potencia generativa; para que no les
hiziesse daño, los que se preciavan de galanes tomavan en la una
mano una varilla o un palillo mientras la comían, y comida as sí
dezían que perdía su virtud y no dañava. Yo les oí la razón y
algunas vezes vi el hecho, aunque davan a entender que lo hazían
más por vía de donaire que no por dar crédito a la burlería de sus
mayores" (Garcilaso, 1945, II, 178).
Cobo da una excelente descripción de la planta y del tubérculo;
de éste señala unos amarillos exterior e interiormente, y otros
colorados. "Mascada cruda la «isaña», que es la raíz desta
planta, es algún tanto amarga, tiene mucha agudeza y pica tanto la
lengua, que no se puede comer cruda, pero cocida queda dulce. Tiene
la virtud esta raíz de reprimir el apetito venéreo, según dicen los
indios; y así, afirman que mandaban los reyes incas del Perú llevar
copia deste mantenimiento en sus ejércitos, para que, comiendo del
los soldados, se olvidasen de sus mujeres" (Cobo, 1890, I,
367; -----, 1956, I, 171 ). Otro nombre registrado en el Perú es
APIÑA-MAMA (Valdizán y Maldonado, 1922, II, 218).
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Figura 13. Parte de una mata de "majua"
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Tropaeolum sp.. Dibujo de Harold Rodríguez V.
sobre fotografías y material preparados por el autor, obtenidos
unas y otros en el municipio de Silvia, Cauca.
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Como se ha visto, Velasco sólo menciona una variedad y Cobo dos.
Cárdenas, para Bolivia, señala dos grupos: 1 ) tubérculos de un
solo color: amarillo de limón, anaranjado, morado-oscuro y púrpura
diluído; 2) tubérculos matizados: rojo vivo sobre fondo anaranjado,
y amarillo de oro sobre fondo morado (Cárdenas, 1950, 13). Por su
parte, Lira enumera seis variedades, identificadas por colores,
entre ellas la «yana» o negra, que quizá sea la misma YANAOCA de
que habla Acosta en 1590 (Lira, op. cit., 51; Acosta, 1954,
112).
EUFORBIÁCEAS.
125-
|Manihot esculenta Crantz.
CUAUHCAMOTLI, en náhuatl, de donde GUACAMOTE (Hernández, 1943,
II, 525; Cobo, 1890, I, 354; Robelo, 3
|a ed. 112-113;
116-117).
YUCA, en taíno, el tubérculo; YUCUBIA, la planta (Casas, 1909,
28; Tejera, 1935, 447-453; Henríquez Ureña, 1938, 103).
MAMA, la variedad dulce, en cuna (Wassén, 1949,57).
ENTAHA, ENBUTAC, en los dialectos malibú y tamalameque del bajo
Magdalena ( véase adelante).
ARO, en muzo (véase adelante).
LOM, LON, LO, en páez y dialectos (Jijón y Caamaño, 1940, I,
182; Rivet: JSAP, 1941, XXXIII, 48).
NASE-TASI (Rivet: JSAP, 1942-1947, XXXIV, 15; Jijón y Caamaño,
1945, IV, 528; NASETASI (Ortiz, S. E., 1954, 202) en
yurumanguí.
IKADE, en catío (Pablo del Smo. Sacramento, 1936, 99),
AUNQUEZO, en la lengua general del Putumayo- Caquetá, siglo
XVIII (Jiménez de la Espada, 1904, 23; Ortiz, S. E., 1954,
426).
KUCHU, KUCHO, en cayapa (Jijón y Caamaño, 1941, II, 300,
368).
ARR, en chimú Gijón y Caamaño, 1940, I, 534).
RUMU, en quechua (Coba, 1890, I, 354; Jijón y Caamaño, op. cit.,
182; Lira, 1945, 854).
MANDIBA, la planta; MANDIOCA, la raíz (Marcgrave, 1942, 65-68),
en tupí aportuguesado; MANDIÓ, guaraní del Río de la Plata;
MANDIOC, guaraní del Brasil (Henríquez Ureña, 1938, 46).
Los usos alimenticios que daban los indígenas americanos a las
distintas variedades de yuca, se estudiarán en una obra de conjunto
sobre alimentos y alimentación. En otro volumen se han dado
informaciones sobre la tecnología del cultivo de ese tubérculo en
las Antillas y en la parte oriental del continente
suramericano.
Aquí sólo hay que llamar la atención hacia el hecho de que la
yuca jugó un papel decisivo en la dominación europea de la región
intertropical del Nuevo Mundo. Quizá fue este el elemento en que la
transculturación fue más rápida, no sólo porque así lo impusieran
las circunstancias, sino por las cualidades intrínsecas de esa
planta y su tubérculo. El sistema de plantarla en montículos o
"montones" dio origen a la codificación de las
primeras medidas agrarias adoptadas por los europeos en América.
Por la facilidad de transportarse durante largos períodos sin
alteración alguna, el caza- be, pese a no ser grato al paladar de
los recién llegados, gozó entre los europeos de mucho predicamento.
En varias ocasiones los españoles, renuentes por lo general a
cultivar la tierra ya dedicarse a oficios manuales, como se
demuestra suficientemente en otro lugar, prepararon el cazabe. Así
ocurrió con los compañeros de Cristóbal Colón, cuando llegaron a la
isla de Guadalupe (Colón, H., 1947,208). A mediados del siglo XVII
decía Cobo que los españoles ya hacían y comían cazabe en muchas
partes (Cobo, 1890,I, 352; -----, 1956, I, 165).
Aunque en algunas, como en el Quindío, se ha hallad almidón de
yuca en varias sepulturas o guacas (Arango C , 1927? , 162, 107),
no se conoce mención de que los indígenas suramericanos lo
utilizaran. Este más bien parece ser uso aportado por los
españoles.
Se hacía almidón de yuca en Méjico para principios del siglo
XVII (Ximénez, 1888, Mor., 100). Según el padre Abbad, historiador
de Puerto Rico, en esa isla se sacaba hacia 1776, para planchar
(Colón, D., 1930, 79).
Usos del tubérculo y del ramaje como alimento animal, se
consideran aparte en este mismo trabajo.
Se concentrará la atención en presentar la distribución
geográfica de la yuca a la llegada de los españoles.
Antillas.
Entre los nativos de las grandes Antillas, la yuca gozaba de
mayor predicamento que el maíz. Los autores sobre cosas de Indias
de la primera mitad del siglo XVI suministran detalles sobre la
importancia de la yuca como alimento, y sobre el proceso de su
cultivo, describiendo minuciosamente la preparación del cazabe y de
otras comidas y bebidas (Anglería, 1944, 8, 263-264; 580; Gómara:
Vedia, 1946, I, 174, 289; Casas, 1909, 28; -----, 1951, II, 87,
104, 250, 259, 483, 484, 513). Eran seis las variedades que se
conocían en Santo Domingo en tiempo de Oviedo (1548): «ypatex»,
«diacanan», «nubaga» , «tubaga» , «coro» (con los pecíolos rojos) ,
y «tabacan» ( de tallos más blancos que las otras) ( Oviedo y
Valdés, 1851,I, 272; 1852, II, 221). Las obs9rvaciones de Acos. ta
y de Cobo fueron hechas durante cerca de un año de permanencia en
las Antillas (Acosta, 1954, 110-111; Cobo, 1890, I, 352, 351-354;
-----, 1956, I, 164-165).
Los datos sobre Puerto Rico coinciden en la sustancial con los
de las otras islas del Caribe (Latorre, 1919,41).
Centro América.
Cuando Cristóbal Colón exploró en 1502 la costa centro-
americana, halló yuca en Honduras (Anglería, 1944, 228-229). Por
consiguiente, debe ser una variedad la que se introdujo allí, según
la relación de Cristóbal de Pedraza, de 1544; este autor habla de
"yuca nuevamente sembrada y traída de Santo
Domingo" (Jiménez de la Espada, 1881, I, xliv).
Los primeros españoles que bajaron del lago de Nicaragua por el
Desagüadero, en 1539, tuvieron noticias de lugares donde abundaba
la yuca (Vega Bolaños, 1955, VI, 81-82).
Benzoni comió yuca asada bajo las brasas, durante la expedición
-de la cual formó parte- hecha por Diego Gutiérrez a Costa Rica ya
Nicaragua en 1550 (Benzoni, 1572,90).
Los indígenas del valle de Tarire-Sixaola plantaban yuca, como
se comprobó durante las entradas de Hernán Sánchez de Badajoz y
Rodrigo de Contreras en 1540-1541 y después (Fernández, 1907, VI,
268; 1907, IX, 14, 24; 1886, V, 113; Vega Bolaños, 1955, VI, 157,
195-196; 289, 300, 306; 312-313; 397, 409; 440, 456, 471 ). Poco
más al norte, en la cuenca del río Reventazón, se cultivaba en 1590
(Femández, 1907, VII, 386, 388). Se cosechaba en toda la costa
atlántica para 1610 (Ibid., 1886, V, 157; Peralta, 1883, 699). Por
la otra costa, la usaban los naturales de Quepos (Peralta, op.
cit., 771-772). Varios nombres vernáculos se han conservado en esta
área de filiación chibcha (Jijón y Caamaño, 1940, I. 182). Ninguno
de estos documentos se refiere a la yuca brava, sino a la
dulce.
Panamá.
Los guaymíes mantenían yucas como parte importante de sus
escasos medios de subsistencia. Las llevaban¡ con otros alimentos,
como ofrenda, al cerro Nubu (Ufeldre: Meléndez, 1682, III, 2, 7;
-----: Serrano y Sanz, 1908, '86, 89). Era una de las comidas
socorridas de los indígenas en Veraguas en 1564 (Fernández, 1886,
IV, 406).
Abundaba la yuca en las provincias de Chame y Cherú en Panamá
(Andagoya: Cuervo, 1892, 11, 92; : Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc.
28). Yucas menciona la Audiencia de esa ciudad, como
"frutas de raíces", a principios del siglo XVII
(Torres de Mendoza, 1868, IX, 97; Serrano y Sanz, 1908, 147).
Cuando Pedrarias llegó a Castilla del Oro en 1514, los vecinos
ya establecidos proveyeron de cazabe y raíces a los españoles
recién llegados (Casas, 1951, III, 36).
Según Oviedo, la yuca brava o venenosa abundaba en las Antillas
mientras que "...en Tierra Firme toda la yuca es de esta
boniata [o sea dulce] , y yo la he comido hartas veces, como he
dicho, porque en aquella tierra no curan de hacer cazabe de ella
todos, sino algunos, y comúnmente la comen de la manera que he
dicho, asada en el rescoldo de la brasa, y es muy buena"
(Oviedo y Valdés: Vedia, 1946, I. 476; -----, 1950, 95-98). El
cronista mayor de las Indias insiste en lo poco que se usaba el
cazabe en Tierra Firme, y afirma que cuando se preparaba, se hacía
de yuca brava. "Verdad es -agrega- que algunos soldados,
pláticos en aquestas islas, han enseñado en Tierra-Firme a hacer
pan de la yuca que no mata; pero no curan dello, por no perder
tiempo, pues que, como he dicho, la comen, sin hacella
pan..." Pero aunque poco, se hacía cazabe e algunas
regiones del continente. y "en aquellas partes que lo
hacen, no es de la que no mata, sino como la de acá [Santo
Domingo]" (Oviedo y Valdés; 1852, II, 221). Según esto, sí
se conocía la yuca brava al oeste del Cabo de la Vela.
Fernández de Enciso (1519) es el primero que señala la
circunstancia de que la yuca del Sinú hacia el occidente por la
costa era de la que se puede comer cruda, o sea la que no es
venenosa (Enciso, 1948, 219-220). Aunque se ha querido atribuír a
Wafer la aserción de que los darienes tenían yuca brava y dulce
(Lothrop, 1937, I, 16), aquél habla más bien en sentido general,
pues menciona el cazabe de las Antillas (Wafer, 1888, 38). Todas
las demás informaciones concuerdan en que en la parte occidental de
Tierra Firme, en Centro América y en los valles interandinos y
costa del Pacífico, sólo se cultivaba la yuca dulce (véase adelante
lo relativo a Venezuela).
Costa atlántica.
Unos indios le llevaron yucas como obsequio a Jorge Robledo
cerca del golfo de Urabá, cuando salió por allí a principios de
1542 (Robledo, J.: Cuervo, 1892, R 432; -----: Jijón y Caamaño,
1938, II, Doc., 124).
La región de Ayapel era una de las de la costa atlántica dónde
predominaba el cultivo de la yuca (Castellanos, 1955, III, 77;
Simón, 1953, V, 165), así como en el Sinú y en Cartagena (Simón,
op. cit., IX, 199-200; López de Velasco, 1894, 386). En todo el
sector costero entre el Atrato y el Magdalena, la yuca ha sido
tradicionalmente un alimento básico (Torre Miranda, 1794, 23,
26-27). Como en las Antillas, se llama allí «cangle» ( «cangre») la
estaca o tallo que sirve para la propagación (Sundheim, 1922, 128;
Reynoso, 1881, 40; Revollo, 1942, 51). ,
Para este sector de la costa, Revollo enumera las siguientes
variedades: cartagenera, momposina, samaria, pie de paloma,
gallinazo, batea, solita, riogrande, algodón, camarón (la mejor
para bollos), pie de perdiz, chingalé y pascualita (Revollo, 1942,
285).
Como ningún otro documento habla de ello, no se puede saber, por
la descripción de Pedro Mártir, si el método de siembra en
montones, típico de las Antillas y del Brasil, se empleaba también
en Santa Marta, donde el cultivo de la yuca era muy intenso
(Anglería, 1944, 246; Gómara: Vedia, 1946, I, 200-201 ), tanto en
la costa propia (Andagoya: Cuervo, 1892, II, 125: Castellanos,
1955¡ II, 441; Simón, 1953, I, 149), como en las estribaciones y
valles de la Sierra Nevada (Castellanos, 1955; II, 524, 334; Simón,
1953, VIII, 101, 114). Un Pueblo de la Mucha Yuca se menciona en
jurisdicción de Santa Marta en las primeras décadas que siguieron a
la fundación de dicha ciudad (Friede, 1955, II, 165).
Sin especificar si brava o dulce, dice el alférez de la Rosa que
las yucas eran raíces usuales en las provincias de Ocaña y Sierra
Nevada, y agrega: "Los indios chimilas limpian en sus
tierras los bejuquillos y hojas que brotan estas raíces [las
batatas] por la superficie, y también podan los mástiles de la
yuca, dejando la sementera sin retoño ni señal de sembrado,
previniendo con esta cautela que los españoles, cuando entran los
veranos a hacer correrías contra ellos, no encuentren por la hoja
con los yucales ni batatales, pues conocen que halladas estas
provisiones, se detienen en sus tierras y se aumenta la hostilidad;
mas, como en engrosando estas raíces hienden la tierra, y la más
gente que va, o mucha de ella, es labradora, y tienen esta y otras
experiencias, aprovecha poco a los indios esta diligencia"
(Rosa, 1945, 296-297; 263, 265). Algún antiguo mito, hábilmente
aprovechado por los religiosos, condujo a la tradición que existía
a mediados del siglo XVIII entre los indígenas de San Sebastián,
frente a la isla de Mompós, de que la yuca se había originado del
báculo de fray Luis Beltrán (Lbid., 190).
También en la Guajira predominaban las yucas boniatas o dulces
(Castellanos, 1955, II, 441).
Hoya del Cauca.
Cuando llegaron los españoles a la parte baja del Cauca, la yuca
era cultivada por los yamecíes y otras tribus hacia el Sinú (Simón,
1953, VII, 210, 223). El capitán Diego de Mendoza, teniente de
Jorge Robledo, la halló plantada cerca de los
"tambos", en las llanuras al oriente del valle de
Aburrá (Robledo, J.: Cuervo, 1892, II, 407; -----: Jijón y Caamaño,
1938, II, Doc. 99). Ha sido tradicionalmente un recurso alimenticio
básico en Antioquia (Robledo, E., 1954, II, 300).
Los indígenas de Arma eran cultivadores de yuca ( Cieza, 1924,
69), así como los quimbayas (Friede, 1963, 119, 218). Al llegar
Jorge Robledo en 1539 a los límites de la provincia de Anserma,
Hija, cacique de Angasca, le trajo entre otras cosas, yucas
(Robledo,
J.: Cuervo, op. cit., II, 396; -----: Jijón y Caamaño, op. cit.,
85). Lo mismo había ocurrido poco antes, con los naturales de lomas
situadas río de por medio enfrente del Pueblo de los Gorrones, así
como en Palomino, un poco más al norte (Robledo, J.: Cuervo, op.
cit., 392, 393; -----: Jijón y Caamaño, op. cit., 84, 85 ). Los
datos sobre el actual Cartago son más tardíos (Campo y Rivas, 1803,
30).
En la parte alta del Valle, cerca y al sur de Cali, era la yuca
una planta comúnmente cultivada a la llegada de los europeos
(Cieza, 1924, 93; Andagoya; Cuervo, 1892, II, 119).
Cuenca del Magdalena y Nuevo Reino de
Granada.
En el sector del Magdalena correspondiente a la jurisdicción de
San Miguel de las Palmas de Tamalameque, ocupado, según una
relación de 1579, por los tamalaguatacas, tamalaques, nicahos, que
hablaban una lengua, y senpeheguas, panquiches, sopatis,
simichaguas y solobas, que hablaban otra, de maíz y "...de
vna Raiz de vn palo que entre algunos se llama «entaha» y azerca de
otros «eributac» que comunmente entre los españoles llaman yuca [,]
haz en cierto genero de beuida o uino [,] que ansi mesmo entre los
españoles llaman chicha [,] nombre propio dellos del piru [,] y en
esta lengua se llama «man»... el palo de que tenemos hecha menzion
que azerca de vnos se llama entaha y de otros eributac es vn arbol
de dos estados en alto cuya hoja parece a la del primer genero de
geranio de dioscorides salvo que es mucho mayor. la Raiz es de la
forma de zanahoria y tres y tanto mas gruesa y algo mas larga [.]
tiene cada vno destos arboles zinco o seis Raizes no todas tan
grandes [;] quitada vna corteza parda que esta Raiz tiene de dentro
es muy blanca [;] tiene de dentro vn neruezito q. le pasa por medio
duro e ynutil [ .] ay dos generos [:] vna que llaman comunmente
brava porque mata al que la come cruda [,] y otra que se puede
comer sin ningún daño [,] a lo menos notable [.] la primera es
caliente en el fin del terzero o principio del quarto grado y
humida en al segundo [.] la domestica si asi la queremos llamar es
caliente y humida en el primero grado [;] su sabor es muy poco
agradable [;] tiene mejor gusto cozida o asada y aun es mas segura
[,] para lo qual ay Razones claras [,] las qúales por la brevedad
que seguimos se dexan, la vna y la otra son flatulantes"
(Latorre, 1919, 19-20); No se puede sacar en claro del pasaje
transcrito si en el bajo Magdalena se conoció y usó la yuca brava.
Los autores de la relación parecen influenciados por lecturas, más
que por la observación de la realidad circundante.
También cultivaban yuca los colimas de La Palma (Latorre, op.
cit., 119, 126). Los muzos de Trinidad la llamaban ARO (Morales
padrón: AEA, 1958, XV, 608; Aguado; 1917, II; 499;708, 374; 377,
394).
El cacique Esmisa y su cuñado Anabeyma salieron a obsequiar,
cerca de Avirama, cuenca del río Páez, a Domingo Lozano y su gente,
con yucas y otras raíces, poco antes de la fundación efímera de San
Vicente de Páez, hacia mediados del siglo XVI (Aguado, 1917, II,
739). La yuca, con el maíz, eran los principales mantenimientos de
los patangoros, que hacían también chicha de ella (Ibid., 1917, II,
132- 134). En la región vecina dl confluente Cauca-Magdalena,
hallaron mucha en un bohío los hombres de Hernando de Cepeda,
después de su encuentro con Núñez Pedroso (Ibid., 1916, I,
703).
La yuca era alimento básico de los pijaos ( Ordóñez de Ceballos,
1947, 109; Simón, 1953, IX, 84; Lucena Salmoral, 1962, 151 ). Se
cultivaba hasta los nacimientos del Magdalena, en el valle de Suaza
(Arcila Robledo, 1950, 373). Una Loma de la Yuca, quizá hacia las
fuentes del Magdalena, se cita en cartas de 1546 y 1547 (Friede,
1962, VIII, 208, 286).
Pero también en los flancos de la Cordillera Oriental la yuca
era usada por los pueblos muiscas y confinantes; así se constató
desde la llegada de Jiménez de Quesada en 1537 (Simón, 1953, I,
242, 268; II, 271; Groot, 1889, 1. 77; Cuervo,' 1892, II, 212;
Friede, 1960, N. R., 265).
Zamora y Basilio Vicente de Oviedo hablan de la yuca en el Nuevo
Reino de Granada, el primero de paso, y el segundo aclarando que en
las tierras calientes está en sazón a los seis meses; y en las
templadas al año. El último autor mencionado confina la yuca brava,
de la cual se hace el cazabe, a los Llanos orientales, donde
también existía la dulce (Zamora, 1930, 42-43; Oviedo, 1930,
48).
Entre los chitareros de Pamplona, cuando la expedición de Pedro
de Ursúa; en Cania, cerca de Cúcuta, en la época de la entrada de
Juan de Maldonado; en el valle de Santiago, cerca de la actual San
Cristóbal del Táchira, y en San Agustín o Loriguaca, lugares de la
cuenca del Táchira, la yuca aparece taxativamente mencionada como
raíz de uso común entre las tribus, a mediados del siglo XVI
(Aguado, 1916, I, 587, 590; 1917, II, 507, 515, 536).
En general, en Colombia perdura el hecho de que la yuca es más
importante que el mal Bukasov, 1930, 525).
Venezuela.
Los bobures, que vivían a la margen meridional del lago de
Maracaibo, eran grandes cultivadores de yuca, que cambiaban por
pescado a los onotos lacustres (Arellano Moreno, 1950, 26, 28;
Oviedo y Baños, 1885, II, 229). Durante el primer viaje de
Federmann al interior, pudo apreciar el predicamento en que tenían
la yuca las tribus del sector entre Coro y el Yaracuy hasta los
Llanos (Federmann, 1958, 43).
En las partes calientes de Trujillo se daba la variedad dulce,
así como en Barquisimeto, hacia los Llanos y en Guadabacoa; lo
mismo en Tocuyo (Arellano Moreno, op. cit., 97, 98; 116, 117; 144,
153). Tanto de la dulce como de la brava cultivaban los caracas
(Ibid., 81; Latorre, 1919, 81; Oviedo y Baños, 1885, II, 29-30);
mientras los timoto-cuicas sólo la primera (Acosta Saignes, 1961,
47, 48). Más tardíamente se vuelven a mencionar en Tocuyo y en
Coro. En esta última jurisdicción había también ambas variedades
(Altolaguirre y Duvale, 1908, 160, 206).
Se ha dicho que el cultivo de esta Euforbiácea constituía rasgo
distintivo de los aruacos (Jahn, 1927, 54,215). Abundaba en Cumaná
en los tiempos de la expedición de López de Varillas (Oviedo y
Baños, 1885, 11, 306).
Interesantes consideraciones se han hecho recientemente sobre la
antigüedad del cultivo de la yuca en Venezuela (Cruxent y Rouse:
Stone, 1959, I, l75, 176).
Llanos.
Jorge Spira halló yuca en un pueblo cerca del río Apure o del
Sarare, que en esto las fuentes son algo confusas. Las tribus del
Orinoco la preferían al maíz. Durante la expedición de Sedeño, los
españoles, con la ayuda de los indios, obtenida de grado o por
fuerza, hicieron cazabe en Carao (Aguado, 1918, I, 222, 441, 588,
590-591; Castellanos, 1955, I, 528; Oviedo y Bañas, 1885, I, 126).
De la porción llanera comprendida al norte del Guaviare, hay datos
descriptivos de los misioneros (Cassani, 1741, 87-89; Rivera, 1956,
112-114; Bueno, 1933, 6; Armas Chitty, 1961, 62).
Parece que los guayupes de la región del Ariari usaban ambos
tipos de yuca; por lo menos hacían cazabe y chicha, que se elaboran
de preferencia con el tipo amargo ( Aguado, 1916, I, 794; 793,
795). En las dos formas mencionadas la empleaban los saes, vecinos
de los guayupes (Ibid., 809, 811 ). Cuando Juan de Avellaneda,
abandonando la recién fundada población de San Juan de los Llanos,
emprendió la subida a la Cordillera para buscar mejor fortuna,
encontró yucales en un río cerca de las tierras del cacique
Yequeno, "donde se holgaron los españoles... cogieron lo
que ovieron menester" (Ibid., 1918, I, 290).
Durante la expedición de Gonzalo Jiménez de Quesada en busca del
Dorado, llegaron a la provincia de Palenques, donde había cuatro
pueblos, que fueron desamparados por los naturales. Estos al huír,
dejaron en sus viviendas los cibucanes y rallos; allí pasaron los
españoles el resto del período lluvioso (Cástellanos, 1955, IV,
540; 535-537, 541).
En Orocué se conocía una variedad tempranera (Restrepo, E.,
1870, 60).
Guayana.
Aublet da interesantes detalles sobre el cultivo y el beneficio
de la yuca en la Guayana francesa. Introdujo el método de moler con
rueda, señalado por Piso en el Brasil, para sustituír las piedras
moledoras que usaban los nativos. Su descripción sobre los usos
tanto en comidas como en bebidas, es de las más completas y
valiosas (Aublet, 1775, II, Suppl., 65-76; Piso, 1948, 61-63,61;
Marcgrave, 1942, 65-68).
Costa del Pacífico.
En el río Cojimíes, poco al sur del Esmeraldas, encontraron los
expedicionarios dé Francisco Pizarro en 1531, "mucha yuca
de que hizimos mucho cazabe" (Trujillo, 1948; 47). Esta
debió ser yuca dulce, pues menciones más tardías para la misma
región no indican que se conociera la venenosa (Cabello Balboa,
1945, I, 16). Abundaba en Puerto Viejo y en la isla de Puná (Cieza,
1924, 155, 179). Era ordinario mantenimiento en Coaques (Herrera y
Montemayor: Vargas Ugarte, 1947, 70).
Callejón interandino.
En la porción equinoccial vegeta la yuca hasta poco arriba de
los 2.000 metros de altura, dondequiera que existen valles
abrigados. Debió ser, pues, en los del Guáitara o del Juanambú, y
no en la altiplanicie de los Pastos, donde se cultivaba en el siglo
XVI (López de Velasco, 1894, 425).
Lo mismo ocurrió más al sur. La yuca aparece como cultivo de
gran antigüedad en el callejón interandino ecuatoriano. Lugares
donde concretamente se menciona, son Caguasqui y Quilca, de
Otavalo, el primero un valle que ni es frío ni
caliente" (Jiménez de la Espada, 1897, III, 124, 126,
127). En San Luis de Paute, valle muy templado y más caliente
que frío o seco, se producían yucas; pero también ocas, luego
no era tan caliente (Ibid., 166, 169); Cañaribamba, "que
es frío el temple de dicha provincia y muy húmeda y de muchas
aguas", tenía asimismo yuca, "ques una raiz de
que hacen cazabe" (Ibid., 182, 186-187). Igualmente se
daba en Santo Domingo Chunchi, de temperamento cálido (Ibid., 190,
191). Todos estos datos son de 1582. De 1650 es otra referencia
sobre la yuca cultivada en Yumbos, al oeste de Quito (Ibid.,
ci).
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Figura 14. Cántaro en forma de raíces y caule de yuca
(|
Manihot esculenta Crantz). Estilo mochica de la
costa norte peruana. Perteneciente al Museo Nacional del Perú.
Reproducido de "Muestrario de arte peruano precolombino.
I- Cerámica". Lima, 1938. Lámina 24a.
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Perú.
La yuca aparece frecuentemente representada en las piezas de
cerámica de las culturas peruanas costeras (Yacovleff y Herrera,
1934, 272-273). Qué tan antiguo era el cultivo en el Perú, es
asunto fuera de los objetivos de la presente investigación. Baste
saber que los españoles hallaron cultivada la variedad dulce en las
,costas irrigadas y en los valles calientes (Oviedo y Valdés, 1855,
IV, 230; Cabello Balboa, 1951,233).
Refiriéndose Cabo a la situación triguera del Perú en la primera
mitad del siglo XVII, asegura que en treinta años sólo dos o tres
veces llegó a encarecerse algo ese cereal, pero nunca a faltar del
todo, y agrega; "Y es de notar que la carestía y falta de
trigo, cuando sucede, la suple la gen- te pobre y menos regalada
con otros muchos mantenimientos que en esta tierra hacen las veces
del pan, y de que siempre hay mucha copia, como son yucas, batatas,
achiras, papas y otros géneros de raíces, que los indios tienen en
lugar de pan, en cuyo uso han entrado también los
españoles" (Cobo, 1956, II, 315).
Amazonas.
Los primeros expedicionarios españoles que cruzaron los Andes
para ir al oriente, encontraron yuca. Era uno de los principales
mantenimientos de los andaquíes selváticos (Friede, 1953, 112-113;
280), así como de las otras tribus que habitaban en la faja
comprendida entre el Putumayo y el Caquetá (Cuervo, 1894, IV, 276).
Aquí ya se conocían ambos tipos, el dulce y el venenoso (Vázquez de
Espinosa, 1948, 338; Jiménez de la Espada, 1889, Mar., 63).
La gente que acompañaba a Gonzalo Pizarro en la expedición al
oriente ecuatoriano en busca de la canela, una vez construído el
bergantín en que desertó Orellana, halló alguna yuca después de
muchas semanas de privaciones (Cieza, 1884, 71 ). Ido Orellana,
envió Pizarro exploradores por diversas partes a buscar salida y
mantenimientos. Gonzalo Díaz de Pineda entró por un gran río, en el
cual, después de andar diez días, halló "muchas y muy
espesas labranzas de yuca, tan grandes, que los árboles que salían
de sus raíces parecían una pequeña montaña, y esta yuca estaba allí
de unos indios que pocos años "había vivían en aquella
comarca, y unos sus vecinos, con guerra que les dieron, los
hicieron retraer más adentro en unas montañas, y con esta causa
aquella yuca que tenían sembrada tuvo lugar de crecer é pararse tan
grande como decimos; que no fue poco alivio ni conorte para los
desabridos [desaviados?] españoles. y como los que iban en las
canoas ciertamente conocieron la yuca, hincaron las rodillas en
tierra y dieron muchas gracias a Dios, nuestro Señor, por tan gran
merced como les había hecho, y comenzaron de arrancar y cargaron en
dos canoas que llevaban; y de que ya las tuvieron llenas de la
yuca, se volvieron adonde había quedado Gonzalo Pizarro, que ya los
españoles estaban tan descaecidos y desmayados que nenguno pensaba
escapar con la vida. Y, como vieron las canoas y supieron lo que
traían, todos lloraban de placer diciendo: "bendito sea el
Señor, Dios nuestro, que así se acordó de nosotros"; e
hincábanse de rodillas, poniendo los ojos en el cielo, y le daban
gracias por aquella merced que no tenían ellos por poco
grande(...)Aquella yuca que allí trujeron se repartió, no
aguardaban a la lavar ni a limpiar, así con su tierra luego se la
comían; y como supieron todos que la yuca estaba cerca de allí
..." se pasaron al otro lado del río. "Y se
dieron mucha priesa a caminar, pasando aquellos esteros e pequeños
ríos, hasta que llegaron donde estaba la yuca; é todos como iban
tan desabridos, por no haber comido había tantos días cosa alguna,
no hacían sino arrancar de la yuca, é con la tierra que sacaban,
arrevuelta de las raíces, se la comían; y allí asentaron el Real y
estovieron ocho días... aquellos días que allí estovieron, como el
servicio les había faltado, ellos mesmos, de unos árboles que en
aquellos montes se criaban, que echaban de sí unas púas muy agudas,
con ellas rallaban la yuca é hacían de ella pan, teniéndole por más
sabroso que si fueran blancas roscas de Utrera ...fué grande e
provechosa aquella yuca que los españoles hallaron en aquella
parte, que otra cosa no hay que montañas muy espesas é ceborucos
muy malos, é como los indios antiguamente habían vivido en aquellas
llanadas, é su principal mantenimiento fuese aquesta yuca, tenían
muy grándes sementeras de ella que duraban más de cuarenta leguas,
é dándoles sus enemigos comarcanos guerra, hasta lanzarlos de allí,
quedóse toda aquella yuca para que los españoles pudiesen restaurar
sus necesidades, que traían, con ella (...) Allí en aquel yucal
murieron dos españoles de la mucha yuca que comieron..."
(Ibid., 75-78).
No le faltaron yucas a Juan Pérez de Guevara durante su
expedición a Rupa-Rupa, cuenca del río Huallaga, según le cuenta
este capitán a Gonzalo Pizarro en una carta de 1545 (Jiménez de la
Espada, 1897, IV, xx). En 1549 los indígenas de Chuquimayo las
regalaron con otros frutos a Diego de Palomino: allí era alimento
importante en Chinchipe, Perico, Cherinos (Ibid., xlviii, xlix,
1).
Se daba, aunque poco, en Zamora de los Alcaides, y formaba parte
del sustento ordinario de los indígenas de Nambija y Yaguarzongo
(Ibid., 5, 13, 25). En Valladolid, al oriente de Loja, había
otra raíz que se llama «yuca boniata», a diferencia de la
caribe de las Islas (Ibid., lxxviii).
Los maynas del Marañón, en las vecindades del pongo de
Menseriche, cultivaban yucas, de que hacían «masato»; bebida
embriagante (Jiménez de la Espada, op. cit., IV, cxlVii). Aquí se
conocían ambos tipos (Figueroa, 1904, 206; Jiménez de la Espada,
1889, Mar., 115, 131-132; Magnin: RI, 1940, I, 179). Los jívaros
actuales tienen quince variedades; ellos la llaman MAMA (como los
cunas) o TSANIMBA; y la consideran planta femenina (Karsten, R.,
1920, I, 5, 7, 14-18).
En varios lugares del Amazonas se refocilaron con yuca y cazabe
los compañeros de Francisco de Orellana en 1541 (Carvajal, G.,
1942, Quito, 12, 35, 48; Ortiguera, 1909, 329, 330). Los españoles
expedicionarios que acompañaron a Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre
en 1561, obtuvieron yuca en el canal a la derecha de la isla de
Martín García, y más abajo en el pueblo de Machifaro, donde
prepararon cazabe con la variedad venenosa. Abundaba en el curso
inferior del gran río (Aguado, 1919, II, 223, 323, 398; Vásquez,
F., 1945, 42, 63,73, 86; Cuervo, 1892, II, 493, 495, 511, 521;
Ortiguera, 1909, 322, 323, 328, 330-331, 347, 354, 355, 356, 370,
376, 418, 419; Vázquez de Espinosa, 1948, 388).
Durante los viajes de ida y vuelta que hizo Pedro de Teixeira a
Quito, en varios puntos del Amazonas se obtuvieron yucas de los
indígenas, unas veces a trueque, otras por la fuerza (Jiménez de la
Espada, 1889, Teix., 87; Acuña, 1942, Bog., 89-90, 91, 139;
Maldonado, 1942, Bog., 37; Jiménez de la Espada, 1889, Mar., 425).
Algunas tribus, como los omaguas, la guardaban en silos
subterráneos mientras duraban las crecientes; todas hacían de ella
cazabe y una bebida báquica. Ya en este tiempo se le aplicaba el
nombre tupí «macachera» a la variedad dulce.
Spruce recogió una leyenda sobre el origen de la yuca entre los
barrés del Río Negro (Spruce, 1941, 266-267). Crévaux describe el
proceso de cultivo y beneficio entre los rucuyos de la Guayana
(Crévaux, 1878, 171-172).
Encontraron yuca Peranzures de Campo Redondo en Chunchos (Ciezai
1877, 384), y Álvarez Maldonado en Manu (Álvarez Maldonado, 1899,
51). En una relación sobre los Mojos de 1564, se dice que abundaba
la yuca en Turiguani y Mahari (Jiménez de la Espada, 1897, IV,
cxcvi, cxcviii).
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