INDICE




CAPITULO IX
RAICES, CEPAS, RIZOMAS, TUBERCULOS

Lo mismo que de frutas, América equinoccial es abundante en plantas con reservas almidonosas subterráneas, que en el lenguaje de los cronistas de la conquista y aun en el popular actualmente, se conocen bajo, el nombre general de "raíces", aunque algunas no lo sean en sentido estricto. Aun se ha llegado a adscribir como señal distintiva del complejo agrícola y hortícola suramericano, la preeminencia de la multiplicación vegetativa, usada para las plantas tuberosas, mientras que la siembra de semillas o reproducción sexual sería rasgo característico de la agricultura mesoamericana (Sauer, 1959, 122; 219-220). Pero no hay fundamento para zonificar a los pueblos suramericanos, como rizófagos los de las planicies del oriente, y comedores de granos los de las cordilleras, pues la sección andina es también rica en tubérculos.

Si en general, la agricultura de tuberosas parece ser más antigua que la de granos (Haudricourt et Hédin, 1943, 88), ese proceso debe haber sido muy intenso y prolongado en América intertropical, pues algunas plantas de este grupo (como la papa, la batata, la oca), tienen decenas de variedades bien diferenciadas.

Datos sobre la propagación, sistemas de cultivo, beneficio y almacenamiento de tuberosas entre los pueblos indígenas, se presentan ordenados sistemáticamente en la obra dedicada a tecnología agrícola prehispánica.

La abundancia de plantas de este tipo fue señalada y destacada por los primeros tratadistas sobre cosas de Indias. Acosta en 1590 sintetizaba sus opiniones sobre el particular, sosteniendo que aunque el Viejo Mundo era más rico en frutales y hortalizas, "en raíces y comidas debajo de la tierra paréceme que es mayor la abundancia de allá," hay tantas, que no sabré contarlas" (Acosta, 1954, 112). Cobo es del mismo sentir, pues dice que los amerindios "no tenían granos, ni semillas ni carne; pero sí infinitas diferencias de raíces" (Cobo, 1890, I, 352, 351-352; -----, 1956, I, 164). A pesar de esto, los europeos que vinieron a América, comedores primordiales de granos ( trigo y menestras), sólo impulsados por la necesidad entraron en el consumo de raíces americanas. Ellas eran "comida de indios", y participaban en cierto modo del desprecio de que a éstos se les hizo objeto. Andando el tiempo, sin embargo, la papa, la yuca y la batata se convirtieron en salvadoras de otros pueblos, y se volvieron imprescindibles. Pero aquél desprecio inicial debió reflejarse en otras raíces y tubérculos cuyo cultivo se ha ido restringiendo, hasta el punto de que poco se ha avanzado en el conocimiento de ellas, y aun la identificación de varias que eran ampliamente usadas por algunos grupos indígenas, es confusa hoy día. Este es un caso en que se aplica la ley de la reducción numérica de las plantas cultivadas (Maurizio, 1932, 593-596).

Una breve revista de las fuentes demostrará la importancia y la extensión que en la alimentación de los pueblos indígenas tuvieron las plantas tuberosas. Datos más particularizados pueden verse en la historia de cada especie.

Istmo de Panamá.

Los indígenas del Darién, según un autor que convivió con ellos por varios meses, tenían abundancia de raíces comestibles propias del clima. Los tubérculos formaban parte de las provisiones de viaje, así como en expediciones de caza o de otra índole (Wafer, 1888, 66, 71-72).

Urabá.

La región del golfo de Urabá era a mediados del siglo XVI, "abundante de mantenimientos y de raíces gustosas para ellos [los indígenas] y también para los que usaren comerlas" (Cieza, 1924, 36), Los catíos cultivaban tubérculos por darse poco grano en su tierra (Castellanos, 1955, III, 530).

Cuenca del Cauca.

Los yamecíes, al otro lado del célebre puente de bejucos mantenían yucas, batatas, ñames? y otras raíces (Simón, 1953; Vil; 2l0). Caramanta era tierra "de mucha comida, fértil para dar el maíz y las raíces que ellos siembran" (Cieza, op. cit., 58). En Hevéjico, tienen muchas maneras de raíces" (Robledo, J.,: Jijón y Caamaño. 1938, II, Doc. 75). Los campos de uno de los valles cercanos a Anserma que encontraron los expedicionarios de Juan de Vadillo, estaban llenos de bastimento de sus raíces y maizales" (Cieza, op. Cit, 58). Los indígenas de Arma, además de maíz, yuca y pijibaes; tenían “otras raíces muchas y muy sabrosas" (Ibid., 69). En Carrapa, fuera de frutales y caza, había a la llegada de los españoles "otros muchos mantenimientos y raíces campestres gustosas para comer" (Ibid., 79). Jorge Robledo halló cerca de los raudales del Cauca, auyamas [véase' el capítulo XII sobre hortalizas] y algunas raíces (Robledo, J.: Cuervo, 1892, II, 394; -----: Jijón y Caamaño, 1938, II, Doc. 86).

Magdalena.

Una vez que los españoles tomaron el pueblo que llamaron de la Guazabara, en el territorio de los patangoros, lo hallaron "bien bastecido de maíz y de otras raíces y frutas que los indios tienen y usan para su sustento" (Aguado, 1917, II, 37; ------, 1957, II, 16). Fundada Vitoria, cerca de la confluencia de los ríos La Miel y Samaná, los continuos ataques de los indios, no podían ser rebatidos por los vecinos españoles, a causa de la flaqueza de éstos, "que eran sustentados y alimentados con sólo maíz y legumbres y raíces criadas por los naturales, comidas cierto de muy poca sustancia ni virtud". La principal comida de esas tribus "eran legumbres y raíces, mantenimiento cierto de poca sustancia” (Ibid., 1917, II, 58, 59; -----, 1957, II, 28, 29).

En Metaima, cerca de la primitiva ciudad de Ibagué, las únicas riquezas que encontraron los hombres de López de Galarza, fundador de esa ciudad, fueron "las comidas de maíz y otras raíces silvestres" (Aguado, 1916, I, 627; -----, 1956, I, 487).

En el río Páez, el cacique Esmisa y su cuñado Anabeima llevaron a la gente de Domingo Lozano, fuera de las usuales yuca y batata, otras raíces y legumbres que ellos acostumbran comer..." (Aguado, 1917, n, 739; -----, 1957, II, 506). Los pijaos eran grandes cultivadores y comedores de raíces (Ordóñez de Ceballos, 1947, 109).

Por la margen derecha del Magdalena hasta el Cesar, todos los pueblos eran consumidores de yuca y batata, como se verá más detalladamente al estudiar cada especie. La vanguardia de Jiménez de Quesada en la expedición descubridora del Nuevo Reino, con los primeros panes de sal, halló en un bohío "algún maíz y otras raíces que debajo de tierra se crían, donde se holgaron y descansaron y reformaron algún tanto de calamidad y trabajo pasado" (Aguado, 1916, I, 203; -----, 1956, I, 233-234). Fuera de las papas, había en Chipatá, "otras raíces y legumbres que entre ellos son muy preciadas" (Ibid., 1916, 1, 236; -----, 1956, I, 253).

También en Lenguazaque se daban varias clases de raíces (Simón, 1953, I, 282). En lugares fríos del Nuevo Reino, impropios para el maíz, había sólo turmas y otras raíces (Ibid., II, 14).

En una de las expediciones del capitán Lanchero en la tierra de los muzos, hallaron sus soldados en Capacapí ( Caparrapí?) "algún maíz, yuca y otras raíces y legumbres que los indios siembran para comer y sustentarse. .." (Aguado, 1917, II, 374; , 1957, II, 254). Esta tribu, además de yuca 'y batata, tenía "otras raíces y legumbres que para su mantenimiento crían" (Ibid., 1917, II, 499; , 1957, II, 342). A todas en general, les llamaban «arocueche«, "que es raíces de la tierra" (Latorre, 1919, 119). [Ver numerales 125 y 126].

En numerosos episodios de la conquista de Santa Marta salen a relucir las raíces cultivadas por los indígenas. Las más frecuentemente mencionadas son

 

"yucas boniatas,

con más otras raíces comederas

que son pericaguazos y batatas"


 

(Castellanos, 1955, II, 441 ). La tala de yucales era común práctica de guerra de los españoles, para debelar la resistencia enconada de las tribus del piedemonte serrano (Rosa, 1945, 268).

Venezuela.

La relación de Trujillo de 1579 establece: ". ..no es tierra de muchos mantenimientos porque por su frialdad es 10 más raíces" (Arellano Moreno, 1950, 94). Los naturales de Barquisimeto, "van a buscar raíces silvestres hasta tanto que cogen su comida de maíz que siembran" (Ibid., 120).

Llanos y Orinoco.

En la entrada de Juan de San Martín a los Llanos, bajando por Lengupá, halló tribus muy pobres, que comían hormigas, "y de ellas y de otras silvestres raíces hacían ciertas tortas y comidas, con que se sustentaban" (Aguado, 1916, I, 292; -----, 1956, I, 282). .

Los guaipunabis del alto Orinoco, sembraban "raíces de mucha mezcla", dice José Solano (Altolaguirre y Duvale, 1908, 281 ).

Costa del Pacífico.

A pesar de la fama que tiene la costa occidental de tierra inhospitalaria y falta de recursos alimenticios, en ciertos sectores de ella las tribus pobladoras disponían de suficientes mantenimientos. Durante las etapas iniciales de la expedición exploradora de Francisco Pizarro en 1525-1526 por la actual costa chocoana, habiéndose encontrado algunos caminos hacia el interior, siguieron uno y hallaron a dos leguas un pueblo, con "mucho maíz y raíces". Al sur de Pueblo Quemado, en un caserío yermo, hallaron maizales, "y otras raíces gustosas de las que ellos comen. .." (Cieza: Páez, J. R., 1960, 152; Oliva, 1895, 78, 79). Los pueblos adelante del río San Juan (Patía?) tenían mucho maíz y raíces que comer (Cieza, op. cit" 165),

Andes orientales.

En la fracasada expedición de Hernán Pérez de Quesada al Dorado, cuando la avanzada al mando de Montalvo de Lugo cayó al valle de Sibundoy, "llegó a unos bohíos donde había harto maíz y otras raíces y legumbres que comer, en los cuales se alojó, y era tanta el hambre que llevaban que españoles, indios y caballos en toda la noche no entendieron sino de comer, que no se veían hartos, según la canina hambre que consigo traían" (Aguado, 1916, I, 463; -----, 1956, I, 385).

En el Chinchipe, el Zamora y otros altos afluentes del Marañón, las relaciones geográficas del siglo XVI no dejan dudas de la abundancia de tubérculos que tenían a su disposición los aborígenes de esa área. Sila, Chacainga y Copallan eran fértiles de raíces; en Tomependa se hallaban grandes labranzas de maíz y de raíces, lo mismo que en el valle de Vagua (Jiménez de la Espada, 1897, IV, I, li). Los paltas estimaban más las raíces que el maíz (Ibid., lxviii).

 

MONOCOTILEDONEAS ARÁCEAS. 114- |Xanthosoma saggitifolium Schott.. |X. violaceum Schott.. Xanthosoma spp..

 

YAHUTÍA, YAUTÍA, DIAUTÍA, | * nombre taíno (Tejera, 1935, 439).

OCUMO, YACUMO, en Venezuela (Pittier, 1926, 311-312).

TIQUISQUE (Pittier, 1957, 205) o QUIQUISQUE en Costa Rica.

OTÓ, en Panamá.

TARKWA, en cuna (Wassén, 1949, 57).

TAIOBA, MANGARETO, en Brasil (Marcgrave, 1942, 35-36; Pérez Arbeláez, 1956, 204-205).

MALANGA, MALANGAY, quizá nombres africanos o asiáticos del género Colocasia, aplicados por extensión a |Xanthosoma, Arum y Caladium.

Las DIAUTÍAS o YAUTÍAS las describe Oviedo para Santo Domingo (Oviedo y Valdés, 1959, I, 235). También Las Casas se refiere a las YAUTÍAS o YAUTAS, ya otras plantas cultivadas de nombre YAHUBIAS, quizá afines, pues conservaban el radical YAHU (Casas, 1909, 29). Asimismo habla de las YAUTÍAS Luis Jerónimo de Alcocer en su relación de 1650 (Rodríguez-Demorizi, 1942, I, 204).

La relación de Puerto Rico de 1582 habla de los YAUTIAES como de tubérculo cultivado en esa isla (Latorre, 1919, 41). "Las raíces, que tienen unas barbas, se mondan para comer cocidas", dice Cobo después de describir la planta (Cobo, 1890, I, 368; -----, 1956, I, 171 ).

Los guatusos cultivaban en Costa Rica QUIQUISQUES (Gabb: Femández, 1883, III, 308).

En la relación de Panamá de principios del siglo XVII se enumera el OTO entre las raíces comestibles (Torres de Mendoza, 1868, IX, 97; Serrano y Sanz, 1908; 147). Los cultivaban los indios guaymíes de la porción occidental del istmo (Ufeldre: Serrano y Sanz, op. cit., 86). Los darienes teman un mito sobre este tubérculo (Ibid;, 128). Seemann habla de ellos tanto en el istmo como en la bahía de Cupica, a mediados del siglo XIX (Seemann, 1853, I, 222; 1857, 73; -----, 1928, 30). Forma parte invariable de la comida cotidiana en Darién (Reclus, A., 1958, 119-120).

Juan de Pimentel en su relación de Caracas de 1578, entre los mantenimientos de los indígenas incluye "«oqumos» que es una rraíz como de caña y es gustosa..." (Latorre, 1919,81; Arellano Moreno,1950, 81). Era cultivado el OCUMO por los timotes de la Sierra de" Mérida (Jahn, 1927, 318), aunque no se sabe en este caso si el uso es posterior c a la conquista española, pues con ese nombre no aparece en la relación de Trujillo. En la Guayana venezolana se cultivaba también YUCUMO (Bueno, 1933, 6).

Los indios de la Sierra Nevada de Santa Marta a mediados del siglo XIX tenían MALANGAS (Reclus, E., 1881, 290). Esta parece ser la introducida |Colocasia.

 

115- |Xantbosoma sp..

IMOCONA, YMOCONA, en taíno (Tejera. 1935, 309).

Por la descripción que hace Oviedo de la IMOCONA, parece ser una Arácea afín a |X. saggítífolium, como puede apreciarse del contexto: "El verdadero agricultor, maestro de la Natura, produce, de su liberalidad inmensa, una fructa que se dice «imocona», en esta isla Española e otras partes des- tas Indias. La cual, asada, sabe a la yuca de lauerra Firme, o a la que acá llaman boniata, que no mata. La hoja tiene como la diahutia, aunque no tan ancha, pero más prolongada. Y es sana fructa, e los indios no la tienen por la inferior de todas; antes la estiman e han porde las mejores a su gusto" (Oviedo y Valdés, 1851, I, 284; -----, 1959; I, 243). Menciona las YMECONAS como raíces que servían para alimento de los indígenas en Puerto Rico, la relación de 1582 (Latorre, 1919, 41). Era conocida en Jamaica la IMOCONA ( Morales Padrón, 1952, 281 ).

También en el continente se conocía esta planta. No se sabe si el nombre era continental y fue transportado a las Antillas, o si de ellas lo introdujeron los españoles. En la expedición de Alonso de Heredia y Alonso de Cáceres hacia la región del San Jorge y del bajo Cauca en 1534, una vez que tomaron el pueblo de Yapel o Ayapel, sacaron los españoles la tripa de mal año,

“porque tenían estos naturales

.................................................

grandísimas labranzas de yucales

y otras raíces dellos estimadas,

como batatas, ajes, «himoconas»,

que suelen ser regalos de personas”


 (Castellanos, 1955. III, 77).

 

116- |Xanthosoma mafafa Schott..

 

MAFAFA, RASCADERA.

RASCADERAS, con otras plantas tuberosas cultivadas, eran comunes en jurisdicción de Cáceres, localidad minera del bajo Cauca, en el primer cuarto del siglo XVII (Vázquez de Espinosa, 1948, 317).

NAPUA era el nombre que en la lengua de los yurumanguíes recibía la raíz de la "rascadera", según datos de 1768 (Jijón y Caamaño, 1945, IV, 524; Rivet: JSAP, 1942 (1947), XXXIV, 17), de donde se deduce que una Arácea; quizá |Xanthosoma, se cultivaba por los indígenas en el flanco occidental de la Cordillera Occidental, y que tenía un nombre regional. Debe tenerse presente que en la época en que se elaboró el vocabulario yurumanguí, había transcurrido tiempo suficiente para que se difundiera la introducida Colocasia, que es ahora común cerca de las viviendas en toda la costa occidental. Por otra parte, conviene dejar constancia de que MAJUA, MASUA y variantes, se aplica a una planta tuberosa o rizomatosa en la Cordillera Central, y figura en las fuentes históricas desde época temprana ( véase numeral 124). Hay evidente analogía fonética entre MAFAFA y aquellas variantes.

A fines del período colonial se conocían y cultivaban en Cartago las RASCADERAS (Campo y Rivas, 1803, 30). A mediados del siglo XIX las vio cultivadas el botánico Holton en la hacienda "Bolivia", al oeste de Cali (Holton, 1857, 538).

Un viajero en la costa de Esmeraldas por la misma época, dice haberlas llevado de allí en 1861 para el Jardín Botánico de Nantes, en Francia (Thoron, 1866, 47).

Hasta donde puede saberse, MAFAFA es nombre regional de Antioquia, en Colombia; pero se ignora su origen Mon y Velarde la menciona como planta hortícola usual en 1786 en Santa Bárbara (Robledo, E., 1954, II, 184).

No se sabe de dónde obtuvo Montoya y Flórez el dato de que a los indígenas de Amagá los llamaban los españoles "mafaferos", por tener a la mafafa como base alimenticia (Montoya y Flór9z: RHA, 1922, 562). Se conocen algunas variedades, entre ellas una de tallo glauco, llamada CHUNGA (Parsons, 1949, 116).

Se ignora si sea una corrupción de MAFAFA, en el caso de que se trate de una Arácea, la MAFASA que figura entre las plantas enviadas de Sevilla a Carlos Clusius, con carta de 17 de septiembre de 1600, por el médico Castañeda, quien tenía un a modo de jardín botánico cerca del Guadalquivir, donde cultivaba plantas medicinales y varias que llegaban de América (Álvarez López: RI, 1945, VI. 29: 275).

Se desconoce a qué Arácea corresponda el dato de Rocha, quien habla de un tubérculo llamado VIEJA en Santa Rosa del Caquetá, a 1800 metros de altura (Rocha, I., 1905. 15).

 

CANNÁCEAS. 117- |Canna edulis Kerr-Gawl.

ACHIRA, en quechua (González Holguín, 1608; 5; -----, 1952, 13; Cobo, 1890, I, 357-358).

CHISGUA, RIJUA, en la Cordillera Oriental de Colombia. Voces probablemente muiscas.

CAPACHO, en la costa atlántica (Revollo, 1942, 53).

KASKA (Rivet: JSAP, 1942 (1947), XXXIV, 10) o TASCA (Ortiz, S. E., 1954, 204), en yurumanguí.

LUANO, en colorado (Jijón y Caamaño, 1941, II, 250).

PIRIQUITOYA, en Costa Rica (Pittier, 1957, 182).

TÁA-KRA, en boruca (Ibid., 248).

En la relación sobre Chuquimayo ( 1549), se mencionan las ACHlRAS entre las raíces habituales en el asiento del cacique Chiura, río Chinchipe, así como en el valle de Perico. Del mismo modo y con idéntico nombre figuran ( 1582) entre las "raíces de la tierra" en Santo Domingo Chunchi, partido de Cuenca (Jiménez de la Espada, 1897, IV, xlviii, xlix; III, 190). Un río Achira corre por jurisdicción de Loja y va a desaguar en la costa peruana (Serra, 1956, II, 341; Jaramillo Alvarado, 1955, 332).

Incluye Velasco las achiras entre las «raíces propias»: "Son de dos especies, unas aguanosas que no se aprecian, y otras arenosas que son ricas y apetecidas. Se sazonan mejor en los temperamentos fríos que en los calientes" (Velasco, 1927, I, 80).

 

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Figura 8. Achira. | Canna indica L.. Lámina LXXII de la obra de Baltasar Jaime Compañón: "Trujillo del Perú a fines del siglo XVIII" Madrid. 1936.

 

A principios del tercer cuarto del siglo XVIII existía en Popayán el barrio de El Achiral, donde se empezó a, construír un convento de franciscanos (Olano, 1910, 94,110). Esto demuestra que la achira había dado origen a un nombre colectivo, luego era una planta frecuente en el occidente colombiano. Si la especie se difundió desde el sur, o solamente el nombre, como parece lo más probable, es difícil comprobarlo; En 1808 las menciona el doctor Luis Vergara como producto común en Cali (Arboleda, 1928, 629). También eran conocidas en Cartago hacia la misma época ( Campo y Rivas, 1803, 30). En el Valle del Cauca se usaron antes las semillas en la forma indicada por Cobo ( véase adelante) , y como resonador en ciertos instrumentos musicales, según se aprecia en la siguiente copla:

 

“Arriba con ese guache,

rebúllanle las achiras,

que esta noche hemos de ver

quién es el de las mentiras"


 

(Restrepo, A. J., 1930, 84).

En el valle del Magdalena el uso del rizoma de la achira como alimento, y de las hojas para envolver, está señalado desde mediados del siglo XVIII (Serra, 1956, I, 47-48, 156), aunque debe ser mucho más antiguo. En la porción sur del Huila, especialmente en Altamira y aledaños, es tradicional el cultivo de esta planta para la fabricación de una especie de galleta, de grato sabor. En el capítulo sobre plantas de avío y menaje se volverá sobre el uso de la hoja que ha dado origen al nombre CAPACHO.

El rizoma de la achira aparece con frecuencia como motivo ornamental en piezas de cerámica de la costa peruana. Dice Cobo, al hacerla descripción de la achira, que su flor es roja, y de las semillas, "que son unos granos o bolillas muy redondas, negras, duras y lisas, del tamaño de garbanzos...se suelen hacer rosarios". Cuando el trigo escaseaba, la gente pobre suplía la falta con achiras (Cobo, 1890, I, 357-358; , 1956, I, 167; II, 315; Yacovleff y Herrera, 1934, 311-312). Se cultivaba en Lima hacia 1778. En la sierra peruana se conocían otros tipos. Existían entonces formas para fines de alimento y de ornamentación (Ruiz, 1952, I, 28, 320, 355).

Todavía en el Cuzco, durante las festividades del Corpus, sincretización del antiguo «raymi», se asan en hornos especiales los rizomas para consumirlos bajo la forma de «guatia» (Leiva E., 1941, 22). En Mapiri y Tipuani, regiones mineras del departamento de La Paz, Bolivia, las semillas se usan como pesas para el oro (Cárdenas, 1950, 17).

Por la vertiente oriental de los Andes se encuentra hacia el sur hasta las provincias de Salta y Jujuy, tanto cultivada como espontánea (Parodi, 1935, 141 ).

Para mediados del siglo XVII se conocía en la costa brasileña como MEERU a la variedad de flor roja; la de flor amarilla servía de alimento a los negros (Marcgrave, 1942, 4, 5).

Suponen los comentaristas (y así parece deducirse de la figura) que  el médico Hernández, cuando describió el TOZCUITLAPILXOCHITL y habló de sus usos medicinales, quiso referirse a una |Canna (Hemández, 1946, III, 735-737).

 

MARANTÁCEAS. 118- |Maranta arundinacea L..

GUAPO, GUATE, en Venezuela (Pittier, 1926, 246).

SAGÚ, en varias partes de Sur América. Este nombre es el de una palma del género |Metroxylon, oriunda del Asia Suroriental y del archipiélago polinésico. De sus estipes se extrae fécula. De allí la denominación "pan de palo" que le dieron los españoles que primero exploraron las Molucas. Cómo vino a aplicarse el nombre SAGÚ a una planta tan diferente, y cuándo ocurrió ello, son cosas difíciles de averiguar por el momento.

ARROW-ROOT, en las Antillas inglesas.

JUA-JUÁ se dice que es nombre chocoano para una Marantácea afín a esta (Pérez Arbeláez, 1956, 478).

Aunque Aguado no le dé nombre, parece por el con- texto que eran GUAPOS lo que usaban ciertas tribus muy atrasadas de los Llanos del Orinoco, sin que sea posible ubicar exactamente el área que ocupaban. Pedro de Reinoso, poco después de la muerte de Antonio Sedeño, constató que " ...ni tenían casas donde se recogian ni labranzas ni otro genero de mantenimiento mas de unas rraizes delgadas como el dedo y ñudosas como rraizes de cañas, las quales secan al sol y muelenlas y hazen dellas cierta harina y rrebueluenla con harina que tanvien hazen de pescado y destas dos harinas hazen ciertos vollos y puches con que se sustentan" (Aguado, 1918, I, 721-722). Cuando Diego de Ordaz andaba por el Orinoco en 1536, después de algún reposo en Carao, y durante los cincuenta días que gastó subiendo hasta el Caranaca (Meta?), pasó con su gente por los llanos que ocupaban los guaiqueríes y guamonteyes, para quienes

 

"pescas y cazas son sus alimentos,

y raíces de yerbas sus sustentos.

El «guapo», que es comida mas contina,

a un ajo redondo se compara,

de que también la gente peregrina

en sus necesidades se repara..."


 

(Castellanos, 1955, I, 351 ).

He aquí la descripción, algo inocua, que da Vázquez de Espinosa: "En la isla Trinidad, y por aquella tierra se da vna raíz que se dize «Guapo», blanca, del tamaño de un gueuo, la hoja crece como vna tercia, parece en el anchor y lisura de nogal [?], aunque es mas larga: esta raiz es de gran sustento y socorro para los pobres, cuezese para comerse, su sabor es de castaña cozida, della hazen pan, mazamorra, y otros guisados" (Vázquez de Espinosa, 1948, 78-79 ).

El jesuíta Rivero (1741) habla de los GUAPOS como de raíces del tamaño de un huevo de gallina. Dice que aunque los achaguas no los comían sino los chiricoas, peleaban para impedir que otras tribus los aprovechasen (Rivero, 1956, 152, 239). Con idéntico nombre se refiere a ellos otro misionero de la misma orden (Gil ii, 1781, II, 301 ).

No se sabe si esta sea la yerba BOBORA, parecida a espárragos almidonosos, que usaban los indios zacuras de los Uanos (Cuervo, 1893, III, 89).

Debió tomar su nombre de esta planta el río Guapo, afluente del Orinoco cerca de Esmeralda, que empieza a figurar en papeles a mediados del siglo XVIII (Michelena, 1867, 252).

Aublet dice que los caribes de la Guayana francesa cultivaban la YERBA DE FLECHA cerca de sus viviendas, y que comían la raíz asada bajo las cenizas, para cortar las fiebres intermitentes (Aublet, 1775,I, 3). Se atribuye a Manuel Ferreira da Camara la introducción de la ARARUTA al Brasil (Amaral, 1939, I, 382).

La dispersión de esta especie comprendía no sólo las planicies ribereñas y la parte alta del Orinoco, sino algunos sectores de la serranía venezolana. La relación de Tocuyo de 1578 menciona entre los productos alimenticios vernáculos, los " «guapos» que se sacan de baxo de la tierra sin cultivarlo y es a modo de Turmas de tierra aunque mas duros" Arellano Moreno, 1950, l49).

En Guapo, pueblo costero al Oriente de Caracas, hubo el 24 de junio de 1812 una sublevación de esclavos (Restrepo, J. M., 1944, IV; 87).

Hasta donde puede conjeturarse, la dispersión de esta especie a partir de la sección oriental del continente suramericano hacia las Antillas, quizá estaba en marcha, por intermedio de los caribes, en el momento de la llegada de los europeos, y después éstos la aceleraron.

Sloane observó en los huertos de Jamaica a fines del siglo XVII "indian arrow-root" cultivado, y tuvo noticias de que se hallaba espontánea en la isla Dominica (Sloane, 1696, 122), Para mediados del siglo XIX había decaído el cultivo en, Cuba, donde antes se utilizaba la Maranta como guardarraya en los cafetales (Reynoso, 1867, 143). Parece que a principios del mencionado siglo hubo un movimiento en las Antillas españolas para impulsar el cultivo de la planta en cuestión; El "Diario Económico de Puerto Rico"r fundado en 1814, excitaba al público a cultivar la YUCA BLANCA o MARANTA, llamada también YUQUILLA (Colón, D., 1930, 88).

Fue, pues, de las Antillas de donde et interés por esta planta llegó a la Nueva Granada. Con las naciones indígenas venezolanas y llaneras desaparecidas, se olvidó el nombre primitivo de GUAPO, y con la planta viajó el de SAGÚ. En la finca del doctor Soto, cerca de Palmira, Hamilton vio en 1824 sagú traído de Jamaica (Hamilton,.1955, II, 80). Zuleta dice que a Antioquia lo introdujo de dicha isla, en fecha que no indica del siglo XIX, el señor José María Bonis, y que a Medellín lo llevó Francisco Piedrahita Mariaca (Zuleta: RHA, 1919, 2: 759; 1919, 3-4: 621).

Al botánico Holton le dieron a comer esta fécula en Bogotá en 1854; sólo se cultivaba lo necesario para el consumo doméstico (Holton, 1857, 146 ).

También; como de la Achira; se ha creído que el guapo puede ser la planta mencionada por Francisco Hernández en Méjico como TOZCUITLAPILXOCHITL (Hernández, 1946, III, 735-737).

 

119- |Calathea alluia (Aubl.) Lind...

 

LAIRÉN, COCURITO, en Venezuela (Pittier, 1926, 267).

LERÉN, LERENE, LIRÉN, LEIRÉN, LAIRÉN, variantes usadas en las Antillas (Tejera, 1935, 338-339; Henríquez Ureña, 1938, 18-19, 121 ).

He aquí lo que dice Oviedo de esta especie: "«Lirén» es una fructa que nasce en una planta que los indios cultivan, e aun al presente, algunos de los españoles en sus labranzas en esta isla Española y es hierba o planta que se extiende y echa ramas, como se dijo de los ajes e de las batatas, e debajo de tierra echa su fructo, que es blanco e del tamaño que dátiles gruesos ( e algo mayores y menores); e tienen una cáscara muy delgada; e cada fructo déstos pende, o está asido, de una vergueta delgada, de que está colgado de la rama; e aquella vena que le tiene al lirén, es no mas gruesa que un alfiler común o delgado. Estos lirenes cuecen los indios, e cuando es tiempo desta fructa, hay mucha por las plazas que la sacan a vender, así cocidos los lirenes; e quitanle aquella cortezuela de encima, que es muy más delgada e más blanda que una cáscara de una castaña, e queda de dentro el lirén blanco, y es de buen sabor. No he visto en España, ni en otra parte, fructa ni sabor a que compare estos lirenes. En fin; son de buen sabor e no de mucha substancia. Hay en esta e otras islas, mucha fructa désta, y en algunas partes de la Tierra Firme destas Indias" (Oviedo y Valdés, 1851, I, 279-280; -----, 1959,I, 239). Una de tales islas era Jamaica (Morales Padrón, 1952, 281). Las Casas usa la forma LERENES (Casas, 1909, 29). Así lo hacen también Juan Ponce de León y Antonio de Santa Clara en su relación de Puerto Rico de 1582, y Luis Jerónimo de Alcocer en la suya de Santo Domingo de 1650 (Latorre, 1919, 41; Rodríguez-Demorizi, 1942, I, 204).

 

Durante la expedición de Antonio de Sedeño a los Llanos de Venezuela, una vez que murió ese capitán, sus huestes deambularon trabajosamente, combatidas por disensiones internas y por la escasez de mantenimientos. Al fin dieron con una tribu nómada que

 

"...de cazas y de pescas se mantiene

que de mieses no hace confianza:

una cierta raíz dicha «lerene»

cultiva por su mísera labranza;

pero nunca jamás en el verano

supo qué cosa es recoger grano"


 

(Castellanos, 1955, I, 537).

La descripción que da Cobo, quien dice LIRENES, parece inspirada en la de Oviedo, y no enseña nada nuevo sobre la especie (Cobo, 1890, I, 357; -----, 1956, I, 166).

* Por limitaciones editoriales, se levantaron en VERSALITA los nombres indígenas que debían ir en negrilla, y con z los que llevaban ç.

 

 

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