86-
|Campomanesia lineatifolia R. et P. .
GUAYABO DE LECHE, GUAYABO ANSELMO, en varias partes de
Colombia.
CHAMPO, en el Meta.
MICHINCHE, en Cauca y Truandó (Romero Castañada, 1961, 219).
PALILLO, en el Perú. También se llama así a otra planta (véase
numeral 163 del capítulo XIII).
El PALILLO, que figura entre las frutas cultivadas a mediados
del siglo XVIII en Trujillo, costa norte del Perú (Feyjoo, 1763,
13), lo halló con el mismo carácter el botánico Ruiz en los
alrededores de Lima en 1780 (Ruiz, 1952, 1,8, 325).
En el Valle del Cauca, aunque escaso, se encuentra
doméstico.
87-
|Myrciaria cauliflora (Mart.) Berg. .
IBAPURÚ, GUAPERÚ, GUAPURÚ, en guaraní. Otros dicen YBÁ-PURÚ
(Parodi, 1935, 156).
JABOTICABA, JABUTICABA, YABUTICABA.
Después de describir el árbol y su fruto, propios de la
provincia de Santa Cruz de la Sierra, añade Cobo: "Quiere
decir «ibapurú», en la lengua de aquella provincia, fruta que suena
cuando se come; no nace en el árbol, como la demás fruta, debajo de
las hojas, sino en los ramos y troncos del árbol, comenzando desde
la tierra, y aun si alguna parte de la raíz está descubierta,
también tiene fruta y aun esta tan espesa y apiñada por todo el
árbol arriba, que casi no se ve el tronco ni se puede subir por él.
Es el «ibapuru» fruta muy regalada y de muy buen gusto"
(Cobo, 1891, 11,36;-----, 1956, I, 248). En la relación de su viaje
por la tierra de los yuracarés en 1815, el doctor Boso incluye en
su lista de frutas autóctonas el GUAPURU, a que llaman los
portugueses YABUTICABA: "...los que se crían en las
huertas cada ves que se riegan florecen y dan, y asi lo hacen los
que tienen funciones de convites(...) Yo he traído desde Mojos dos
plantas al río Chimoré". Dice que no lo hay en otras
regiones (Boso: Valdizán y Maldonado, 1922, III, 359, 365, 375). El
que escribe ha probado excelentes GUAPURÚS cultivados en patios, en
la localidad boliviana de Magdalena.
Por la misma época que Cobo, Marcgrave cita la JABUTICABA en la
costa brasileña (Marcgrave, 1942, 141).
Esta especie fue introducida en la década 1930-1940 a la
Estación Agrícola de Palmira, Colombia, donde se adaptó bien. De
allí se ha difundido por toda la república. Probablemente llegó de
los Jardines Experimentales de Summit, Zona del Canal.
88-
|Eugenia uniflora L. (=
|E. michelli Lam.)
PITANGA.
Posada Arango menciona entre los frutales exóticos que había en
Medellín en 1906, la E. michelli (Posada Arango, 1909, 251 ).
La difusión actual de la PITANGA en Colombia, data de la
introducción a la Estación Agrícola de Palmira, por la mis- roa
época en que se trajo la jaboticaba ( véase numeral an- terior
).
89-
|Feijoa sellowiana Berg. .
FEIJOA, en el Brasil.
NIANDUA-PISHÁ, en guaraní (Parodi, 1935, 156).
Son también, como la jaboticaba, frutas originarias de la
porción meridional del Brasil, desconocidas en Colombia hasta hace
unos cincuenta años.
La especie
|F. sellowiana, según parece, fue introducida
primero a Medellín por Nicanor Restrepo para su finca del barrio de
El Poblado, a fines de la primera década del presente siglo
(Patiño, 1946, 120). Después de 1930 fue reintroducida a la
Estación de Palmira; pero allí no se adaptó bien.
La variedad Coolidge se introdujo a partir de 1940, quizás desde
Florida, Estados Unidos, y corrió la misma suerte. Unos ejemplares
que hay en la finca "Green Refuge", de Bitaco,
Valle, aunque florecen profusaínente, sólo fructifican de cuando en
cudndo. En cambio, Se dan muy bien en Fontibón y en Sogamoso (Pérez
Arbeláez, 1956, 509).
|MELASTOMATACEAS.
90-
|Bellucia spp..
CORONILLO, CORONILLA.
GUAYABO DE MONTE, DE MICO, CIMARRÓN etc..
La relación de Panamá de 1607 menciona unos "granados
de monte", que pudieran corresponder a 16 que después
Seemann identifica como
|Bellucia aubletii o coronillo (
Serrano y Sanz, 1908, 146; Seemann, 1857, 69).
Las coronillas fructifican en abril en el occidente colombiano
(véase el capítulo I). Aunque se cultiva a veces, es más bien una
especie protegida que cultivada.
SAPOTACEAS.
9l-
|Achras sapota L..
CHICOZAPOTE, del náhuatl «xicotl», abejón; «zapotl», fruto
carnoso dulce: "zapote de abejón". Esta parece
ser la etimología más autorizada, aunque no esté bien averiguada la
relación que hay entre los dos componentes (Robelo, 3a. ed.,
286-289; Martínez, 1936, 150; Henríquez Ureña, 1938, 49). Véase lo
dicho en el numeral 50.
NÍSPERO, nombre impuesto por los españoles a esta especie, por
recordarles el niéspero o níspero, "fruta salvaje
conocida, que no madura en el árbol si no es conservada en paja.
..(Covarrubias, 1943, 827, 829). Este níspero del
Mediterráneo es la Rosácea
|Mespilus
|germanica L.,
cuyo fruto se llama NÍSPOLA. Parece que el nombre se aplica en
España también a varios
|Crataegus.
SAPODILLA O SAPOTILLA, corruptela de ZAPOTILLO, por tomar como
diminutivo el radical náhuatl «xicotl», castellanizado como
«chico». Nombre usado por los piratas.
A propósito de la fruta que llama MUNONZAPOT se expresa Oviedo
de la siguiente manera: "Esta fructa llaman los españoles,
nísperos, sin lo ser, porque parescen algo, en la color, al
níspero. En el árbol nunca maduran, e cógenlos cuando están
grandes, tan duros como piedras, e maduran como las servas,
poniéndolos sobre paja, e aun sin ella, metiéndolos en un cántaro o
en una olla de barro, e desde a ocho o diez días maduran".
Se deshace en elogios sobre el sabor y suavidad de esta fruta:
"ninguna de las que yo he visto en las Indias ni fuera
dellas en toda mi vida, se le iguala en el gusto. ..", y
concluye que en Nicaragua "está en poder de los indios de
la lengua de los chorotegas" y también se encuentra en
Honduras ( Oviedo y Valdés, 1851, I, 308;-----, 1959, I, 261-262).
Según Las Casas, en Nicaragua los indígenas plantaban CHICOZAPOTES
por recreación ( Casas, 1909, 152).
Zapotes "de los chicos" comieron los
expedicionarios que acompañaron a Hernán Cortés en su campaña de
Honduras (Díaz del Castillo: Vedia, 1947, II, 260).
El protomédico Hernández da apenas sumarias informaciones sobre
esta fruta (Hernández, 1942, 1, 273). No creía Acosta que los
chicozapotes fueran tan buenos como se estimaba (Acosta, 1954,
119). Gage los probó por la primera vez luego de su desembarco en
Méjico, en Segura de la Frontera (Gage, 1946, 38). Decía Cobo, para
quien esta fruta era originaria de la Nueva España: "Los
mejores «chicozapotes» que yo he visto son los que se dan en
Tehuantepec, diócesis de Guajaca". Pero se refiere al
níspero y al chicozapote como a frutas aparentemente distintas
(Cobo, 1891, II, 29, 23;----- 1956, 1, 243, 245).
Los compañeros de Diego de Nicuesa en 1509 se vieron precisados
a usar en Veraguas nísperos como bastimento, a falta de otra cosa
(Oviedo y Valdés, 1944, VII, 29). Figuran como frutas nativas y
simultáneamente entre los árboles maderables de Panamá y Portobelo
a principios del siglo XVII ( Torres de Mendoza, 1868, IX, 97, 92,
112; Serrano y Sanz, 1908, 147, 75). Los piratas que para fines del
siglo XVII merodearon con frecuencia en ambas costas del istmo de
Panamá, dicen que en las islas se daba esta fruta, a la que nombran
SAPODILLA (Lussan, 1693, 75; Wafer, 1888, 22, 33; Dampier, 1927,
36, 143-144).
Era frutal común en Cartagena desde principios del siglo XVII
(Simón, 1953, IX, 200; Serra, 1956, I, 49-50). A fines del XVIII se
hallaba espontáneo en los montes de María la Baja (Torre Miranda,
1794, 30). Una punta del Nisperal en la costa de Sabanilla registra
el informe de la expedición hidrográfica y cartográfica de Fidalgo
(Cuervo, 1891, I, 88). Níspero se conoció también en Santa Marta
(Rosa, 1945, 291 ).
Los nísperos los coloca otro autor en la categoría de frutos
nativos del oriente de Venezuela, aunque ya en la segunda mitad del
siglo XVIII (Caulín, 1779?, 21, 22). En Cumaná se cultivaban con
fines lucrativos, y se vendían 8 frutos por un real. Un árbol
rendía cerca de ocho pesos al año, y se avaluaba en diez pesos
(Humboldt, 1941, II, nota 152).
En tiempos de Aublet ya
|Achras sapota se conocía en la
Guayana francesa (Aublet, 1775, I, 307).
Se cultivaba en Trinidad de los Muzos hacia 1582 (Morales
Padrón, 1958, 606), y también en la vecina villa de La Palma,
"ay nisperos [,] que son arboles que llevan la fruta como
los de castilla [,] en forma sabor y olor y así como aquellos [,]
se cojen verdes y maduran en paja o otro abrigo. la madera destos
sirve en pocos menesteres" (Latorre, 1919, 122).
No se sabe a qué clase de nísperos se refieren los historiadores
que relatan la entrada de Alonso Luis de Lugo al Nuevo Reino de
Granada, y que --aunque se trataba de "comida de
monos"-- salvó a los expedicionarios de la muerte por
hambre (Castellanos, 1955, IV, 424; Simón, 1953, III, 182;
Fernández de Piedrahita, 1942, III, 141-142; Zamora, 1930,39).
Lo que Coreal menciona como SAPOTILLO de la gobernaciÓn de
Popayán ( 1696), "con una cáscara muy delgada",
parece corresponder a
|A. sapota. Dicho autor habla también
de un SAPOTA de fruto pequeño, de color muy bello cuando está
maduro? , y que era común en Popayán, Perú y Méjico (Coreal, 1722,
Amst., II, 127). Los nísperos encabezan la lista de las frutas
cultivadas en Cali para fines del período colonial (Arboleda, 1928,
629), y se conocían también en Cartago (Campo y Rivas, 1803, 29).
De La Victoria los describe un botánico a mediados del siglo XIX
(Holton, 1857, 390); pero no aprueba el sabor. A pesar de estos
datos tempranos, se ha sostenido que en Antioquia sólo se empezó a
cultivar en huertos en el siglo XIX (Ospina Rodríguez: RHA, 1913,
474).
En la primitiva población de Toro, de la vertiente del Pacífico,
el oidor Guillén Chaparro dice que había "nísperos como
los de Castilla" (Guillén Chaparro: AIP, 1889, XV,
150).NÍSPERAS eran frutas mansas de la tierra en Puerto Viejo a
principios del siglo XVII (Torres de Mendoza, 1868, IX, 279). Se
mencionan entre las frutas de Daule un siglo después (Alcedo y
Herrera, 1946, 76). Los de esta última localidad se consideran como
los mejores de la costa ecuatoriana (Baleato, 1887, 54).
Velasco dice que el NÍSPERO QUITENSE sólo tiene tres pepitas, y
registra el nombre CHICOSAPOTE como de la Nueva España (Velasco,
1927, I, 74).
Sin señalar localidad los reseñan como frutas del Perú algunos
autores (Yacovleff y Herrera,1934, 322).
92-
|Chrysophylum olivilorme L. .
CAIMITO, palqbra taína (Tejera, )951, 94-95; Hen- ríquez Ureña,
1938, 103, 117).
Oviedo confina a la isla Española el caimito de fruta pequeña,
"como el trecho que hay en un dedo de coyuntura a
coyuntura", que se vendía en los mercados durante la época
de cosecha. El envés de la hoja se usaba para limpiar los dientes
(Oviedo y Valdés, 1851, I, 295;-----, 1944, II, 212). Para Las
Casas, en la Española era sólo un árbol maderable (Casas, 1909,
35). Andando el tiempo debió cultivarse (Rodríguez-Demorizi, 1942,
1, 301).
Un autor asegura que todavía permanece en Milot, localidad
haitiana, un espléndido caimito bajo el cual acostumbraba Cristophe
administrar justicia (Slyvain, 1930, 10).
Pero también en el continente, en la Tierra Firme, al oriente
del río Magdalena, se habla de esta especie en documentos antiguos.
Por ejemplo, un caimito, de "fruta pequeña y negra, poco
mayor que aceitunas", figura entre los frutales típicos de
la región de Maracaibo en la relación de 1579 (Arellano Moreno,
1950, 162).
93-
|Chrysophyllum cainito L. .
CAIMITO.
CAIMO MORADO.
MADURA VERDE.
ESLO, en cuna (Wassén, 1949, 57).
Es asimismo Oviedo el primero en hablar del otro caimito,
estableciendo categóricamente que era frutal del continente y no de
las Antillas: "En la Tierra-Firme, esta fructa del caimito
es redonda, e tamaña como una pelota de jugar a la pelota chica, o
poco menor, y ésta es la diferencia que hay en esta fructa de aquí
a la de los caimitos de la Tierra Firme" (Oviedo y Valdés,
1851, I, 162?, 295;-----, 1959, I, 251). Algunos soldados
desertores de Felipe Gutiérrez en Veraguas se sustentaron con esta
fruta ( Oviedo y Valdés, 1944, VII, 71). Son ellos, pues, los que
vio Cieza en Panamá ( Cieza, 1924, 19). La Audiencia de esta ciudad
habla de los CAIMITOS como de "frutas de árboles"
(Torres de Mendoza, 1868, IX, 97; serrano y Sanz, 1908, 146, 147);
en Portobelo los CAYMlTOS eran "frutas de monte"
(Torres de Mendoza, op. cit., 112).Caymito es el nombre de un río
en la costa sur del istmo (Cuervo, 1892, II, 26-28). Se cultivaba
en las islas del golfo de Panamá (Lussan; 1693, 75), especialmente
en Otoque, frente al río Chepo: aquí los observó Dampier, quien
dice que el STARAPPLE se conocía también en Jamaica (Dampier, 1927,
143, 145).
En el sector de la costa atlántica señoreado por Cartagena, el
caimito era frutal común (López de Velasco: Jiménez de la Espada,
1881, I, xci;-----, 1894, 386; Castellanos, 1955, III, 22). En
Ayapel lo cultivaban los aborígenes cuando entraron allí los
españoles (Simón, 1953, V, 165). En la región del Sinú maduran los
frutos dos veces al año, en agosto y en enero (Gordon, 1957,
40).
Caimito morado era común también en Santa Marta (Rosa, 1945,
294).
La relación de Puerto Viejo de 1608 dice: "La fruta del
«caimito» es semejante a las manzanas y suave al gusto; haylos
blancos y negros" (Torres de Mendoza, 1868, IX, 278). Este
dato tanto puede corresponder a la especie en estudio, como a
|C.
auratum Miq. (véase adelante). Velasco menciona en el Ecuador
el CAIMITO NEGRO (Velasco, 1927, I, 67).
Cobo no agrega nada sustancial al conocimiento del género
|Chrysophyllum, desde los tiempos de Oviedo; aunque se
refiere a las especies de fruto pequeño alargado y de fruto mediano
redondo, no zonifica el área en que crece cada una (Cobo, 1891, II,
38;-----, 1956, I, 249).
94-
|Chrysophyllum auratum Miq. .
CAIMITO.
En las provincias de Quimbaya y de Cali, según Cieza, había este
árbol, con fruta "tan grande como durazno, negro de
dentro; tienen unos cuexquitos muy pequeños, y una leche que se
apega a las barbas y manos, que se tarda harto en tirar"
(Cieza, 1924, 84, 92). Los datos de Cieza están confirmados por
Guillén Chaparro, quien vio en Cartago y en Cali
"caimitos, una fruta redonda de tamaño de naranjas
pequeñas, tienen el color como berenjenas zocatas" (+) (Guillén Chaparro: AIP,
1889, XV, 147, 151). En Cáceres, bajo Cauca, se conocían caimitos
"morados y amarillos" (Vázquez de Espinosa, 1948,
318). Se ignora si son estos caimitos, o
|Pouteria, los que
se empezaron a cultivar en Antioquia sólo en el siglo XIX (Ospina
Rodríguez: RHA, 1913, 474).
95-
|Chrysophyllum excelsum Hub.
.
AJARÁ, GUAJARÁ, UAJARÁ, en el Amazonas.
Especie cultivada y subespontánea en el Amazonas. El fruto se
come a veces cocido (Ducke, 1946, 23).
96-
|Pouteria spp. .
CAIMITO.
CAIMO, en el Valle del Cauca.
ASIXE, en un idioma extinguido del oriente ecuatoriano (Jiménez
de la Espada, 1897, IV, 25).
AUNCUETOA, en siona (Jiménez de la Espada, 1904, 23; Ortiz, S.
E., 1954, 426).
JIFIGOGUE, en huitoto (Rocha, I., 1905, 203).
ABIÚ, en el Amazonas brasileño.
Aquí se vuelve a presentar un ejemplo de las dificultades que
hay que encarar para identificar especies con la sola guía de los
nombres vulgares o regionales, CAIMITO pudo aplicarse en Sur
América a
|Pouteria, por similitud del fruto latescente con
el de
|Chrysophyllum.
Cieza habla a mediados del siglo XVI de los CAYMITOS de Cali
(Cieza, 1924, 92), La relación de esa ciudad de 1808 usa la voz
CAIMITO, así como una obra sobre Cartago de la misma época (Campo y
Rivas, 1803, 29). A fines de la guerra de independencia, el viajero
inglés Hamilton da cuenta de los caimitos de Popayán, al cual
pertenecía entonces el Valle del Cauca (Hamilton, 1955, II, 25).
Estos deben ser los CAIMITOS AMARILLOS de Cáceres, bajo Cauca
(Vázquez de Espinosa, 1948, 318). Todas estas referencias se pueden
aplicar a
|Pouteria caimito (R. et P.) Radlk. .El CAlMO, como
se le llama en el Valle del Cauca en la actualidad, es frutal que
presenta todos los caracteres de indigenismo y de antiguo cultivo.
En tiempo de cosecha ( enero) hay romerías desde las ciudades a las
heredades campestres, especialmente en las riberas del Cauca, para
comer las frutas al pie de los árboles. No se ha hecho un estudio
de las
|Pouteria en esa región colombiana, donde se conocen
dos formas hortícola, una de fruto grande esferoidal, y otra de
fruto menor aovado. Este último tipo predomina en los ríos de la
costa del Pacífico y en el Chocó.
El relato de una exploración del Atrato realizada en 1770
consigna la existencia de CAIMITOS en Ichó, río Neguá ( CuerVo,
1892, II, 310), Es frecuentemente cultivado en ese río (Archer,
1937, 4). Wassén dice que los indios cholos de la isla Munguidó en
el río San Juan, cultivan CAIMITO, que figura en varios cuentos y
mitos de los chocoes (Wassén, 1935, 84; 134, 135). Pero este
CAIMITO, que es
|Pouteria y no
|Chrysophyllum, no sólo
se cultiva por los escasos remanentes de población indígena en el
Chocó, sino por los negros también, tanto en esa región, como en
todos los ríos de la costa occidental. Los de Tumaco son
calificados de óptimos, a mediados del siglo XVIII (Serra, 1956,
II, 150).
Los expedicionarios bajo el mando de Francisco Pizarro, al
desembarcar en la actual costa de Esmeraldas, hallaron CAYMITOS en
San Mateo y en Manta (Trujillo, 1948, 46, 50). Cieza los menciona
en Puerto Viejo (Cieza, 1924, 156). La relación de 1608 debe
referirse a esta especie cuando habla de los caimitos
"blancos" (Torres de Mendoza, 1868, IX, 278).
Abundan particularmente cerca de Guayaquil (Baleato, 1887, 54).
Velasco trae como conocidos en el Ecuador los CAYMITOS AMARILLO,
VERDE y CAUJE (Velasco, 1927, I, 67).
La región más meridional por el Pacífico en que se han señalado,
es la costa norte del Perú (Cieza, 1924, 210).
En la ausencia de indicación sobre el color y la forma del
fruto, no se sabe de qué género eran los CAIMITOS cuya presencia
señalan varios autores coloniales en distintos lugares, como en
Mariquita (Simón, 1953, IV, 60); en Muzo (Latorre, 1919, 122;
Vázquez de Espinosa, 1948, 310); en Pamplona (Aguado, 1916, I,
590), así como en Lagunillas y en Mérida (Aguado, 1917, II, 227,
300), y en general en las tierras calientes del Nuevo Reino de
Granada (Zamora, 1930,46; Oviedo, 1930, 46).
Pedro de Silva, en una de las primeras entradas que se hicieron
a la porción meridional de los Llanos orientales de la Nueva
Granada, encontró CAIMITOS (Castellanos, 1955, IV, 537). Aublet
menciona un AMARILLO DE HUEVO y un MACONCON entre las frutas de la
Guayana francesa, al parecer Sapotáceas, cuyas vinculaciones con
|Pouteria se desconocen (Aublet, 1775, I, 233-234). El mismo
autor habla de
|P. guyanensis (Ibid., 85-87). -
Hacia fines del siglo XVI se habla de CAIMITOS en los siguientes
lugares del oriente ecuatoriano: Zamora de los Alcaides; Nambija;
Yaguarzongo, en cuya parcialidad de Chamato se conocían con el
nombre regional de ASIXE, y Chinchipe. Valladolid teníalos
"de dos, o tres suertes (Jiménez de la Espada, 1897,
IV, 5, 20, 25; xlviii, lxxviii). Eran comunes en Jaén de Bracamoros
(Torres de Mendoza, 1868, IX, 350).
Los misioneros jesuítas de Maynas mencionan el caimito como
frutal frecuente en los asentamientos indígenas (Jiménez dela
Espada, 1889, Mar., 115; Mágnin:: RI. 1940, I, 156).
En la región de Pozuzo, afluente del Ucayali, encontró el
botánico, Ruiz un CAIMITO, al que llama
|Achras tetrandra
(Ruiz, 1952, I, 297).
En el sector Caquetá-Putumayo también se conocen unos caimitos,
señalados desde vieja data (Arcila Robledo, 1950, 373). Era uno de
los frutales más comúnmente cultivados por los jimenez, parcialidad
huitota del río Eré, en dicho sector, a principios del siglo actual
(Rocha, I., 1905, 133).
En la parte del Amazonas comprendida entre el Marañón y el Río
Negro y más concretamente en Machifaro, hablan de caimitos nativos
los relatores de las peripecias sufridas por los miembros de la
expedición Ursúa-Aguirre (Aguado, 1919, II, 323; Vázquez, F., 1945,
63; Ortiguera, 1909, 347, 376).
Acuña, compañero de viaje de Pedro de Teixeira, usa el nombre
tupí AVIO (ABIÚ) (Acuña, 1942, Bog., 91).
También se conocen allí para otras especies los nombres de
CUTITÍ, CUTITIRIBÁ. Este último, bajo la forma TITIRIBÁ, aparece
mencionado en la relación de un viaje al Tocantins hecho en 1653
(Huber: BMG, 1904, 388, 389-390). Las especies que reciben estos
nombres pertenecen a la parte más oriental del Amazonas (Ducke,
1946, II ).
El PARIRÍ (
|P. pariry Ducke) se cultiva cerca de Obidos
(Ibid., 17).
97-
|Pouteria arguacoensium
(Karst;) Baehni.
NÁWE, en ika, dialecto arawak, Sierra Nevada de Santa Marta.
MANZANO, en la misma región.
El último nombre lo aplicaron los españoles, al parecer desde
las primeras entradas a la Sierra Nevada de Santa Marta, pues un
frutal así llamado cultivaban los indígenas del valle Caldera a
fines del siglo XVI (Simón, 1953, VIII, 114).
Es este otro ejemplo de la simultaneidad de la especie
espontánea y cultivada en un lugar, y refuerza las consideraciones
que a este propósito se hicieron en el capítulo I (Romero
Castañeda, 1961, 242-245).
98-
|Pouteria ucuqui Pires & Schultes.
UCUQUÍ, en lengua general (tupí-guaraní).
PUCHPÍA, en tucano.
ULEDA (oó-le-da), en curipapo.
CAHEPA, en miraño.
Todos estos son nombres del río Vaupés.
Frutal comestible que se protege en el sector de los ríos
Guainía y Caquetá, de la Amazonia colombiana (Murza Pires y
Schultes: HUBML, 1950, 87-96).
99-
|Pouteria aff.
|campechiana (H.B.K.)
Baehni.
COSTICZAPOTL, CUSTICZAPOTL o «zapote amarillo» (Robelo, 3a. ed.,
289).
CANISTEL.
FRUTA DE HUEVO.
Quien esto escribe introdujo a Colombia, en 1957, semillas
obtenidas en el mercado de La Habana, Cuba. Algunos arbolitos
fueron cedidos a la Estación Agrícola Experimental de Palmira.
100-
|Calocarpum mammosum (L.) Pierre.
TEZONZAPOTL, del náhuatl, "zapote de
tezontle", por alusión al mesocarpo del fruto, que
recuerda el color y la apariencia de la piedra tezontle, basalto
escorioso muy comúnmente usado en construcciones en Méjico (Robelo,
3a. ed. 286-289). Este nombre se aplicó también al parecer a
|Mammea americana, especie a la cual corresponden algunos
datos del protomédico Hernández. Véanse las consideraciones hechas
sobre los nombres MAMEY y ZAPOTE en los numerales 50 y 59.
MAMEY-ZAPOTE o ZAPOTE-MAMEY, en varias regiones del área
circuncaribe.
MAMEY COLORADO o ZAPOTE COLORADO.
Los primeros expedicionarios españoles que tocaron en la región
del río San Antón, pocas leguas del Grijalva, vieron estos zapotes
(Casas, 1951, III, 218). Según Díaz del Castillo, durante la
expedición de Cortés a Honduras, sus hombres comieron a veces
zapotes, "de los colorados" (Díaz del Castillo:
Vedia, 1947, II, 260). He aquí la opinión del protomédico
Hernández: "Es este fruto muy semejante en el sabor a los
membrillos en conserva, y de alimento medianamente agradable, pero
no saludable del todo" (Hernández, 1942, I, 271 ). Gage
dice haberlos comido por la primera vez en Segura de la Frontera
(Gage, 1946, 38).
Tampoco faltan las menciones en Guatemala (Femández, 1881, I, 15
y nota 16; Figueroa Marroquín, 1957, 207-208).
Según Las Casas, los indígenas de Nicaragua plantaban ZAPOTES
para fruición y golosina (Casas, 1909, 152). Los desbandados
soldados de Diego de Gutiérrez en Nicaragua y norte de Costa Rica
se alimentaron con estos frutos (Benzoni, 1572, 87, 90).
Era frutal común entre los indígenas de Quepos, en la costa
occidental de Costa Rica (Peralta, 1883, 771-772). "Mameys
muy grandes e buenos" había en el valle de Coaza, río
Tarire, cuando estuvieron allí (1540-1541) Sánchez de Badajoz y
Rodrigo de Contreras dirimiendo con las armas sus diferencias
jurisdiccionales (Fernández, 1907, VI, 287).
En varios pasajes el licenciado Gaspar de Espinosa se refiere a
estos frutales, al relatar sus campañas de exterminio contra los
indígenas del istmo panameño (1516-1520): "En estas
provincias de Escoria: e Jabraba e Pocoa, e desde allí adelante,
hay muchos árboles de mamey( ...) Esta isla [ de los Varones, cerca
de la Caubaco, donde había una fortaleza o palenque en el golfo de
Chiriquí] es la mayor parte della, poblada de mameis ( ...) Hay en
estas tierras descubiertas [ costa suroeste] ...muchos mameis.
.." Durante ciertas etapas de la campaña, los mameyes
asados constituyeron el único mantenimiento de los expedicionarios
(Torres de Mendoza, 1864, II, 510, 516; Cuervo, 1892, II, 480, 484,
485; Medina, 1913, II, 176, 180, 181).
Acosta los vio en Tierra Firme; él creía que no diferían mucho
de los ,chicozapotes (Acosta, 1940, 292;-----, 1954; 119). La
relación de la Audiencia panameña, de 1607, menciona mameyes de dos
clases (
|Calocarpum y Mammea), como frutas de la tierra
(Serrano y Sanz, 1908, 75, 147). Los piratas que asaltaron
repetidas veces el istmo, hablan de esta fruta como particularmente
abundante en las islas del golfo de Panamá (Lussan, 1693, 74;
Wafer, 1888, 22, 33). Dampier dice que no los había visto en
Jamaica, aunque abundaban en las Antillas españolas: la descripción
que hace del árbol y del fruto se basa en las observaciones hechas
en la isla de Otoque, frente a la desembocadura del río Chepo
(Dampier, 1927, 143, 144, 145).
Los datos de Oviedo, tan claros e inconfundibles cuando se
refiere al
|Mammea de las Antillas, son ambiguos al tratar de
los mameyes centroamericanos. Después de haber descrito el primero,
agrega: "En esta mesma fructa e árbol del mamey hay mucha
diferencia en diversas partes e regiones destas Indias, y en la
primera impressión [1526] referí [diferí?] la materia, para cuando
hablase en las cosas de la Tierra Firme. Agora que es llegado el
tiempo...digo que, en esta [Española] e otras islas, los hay de la
manera que está dicho de suso [ o sea
|Mammea]. Pero hay
otros en la provincia de Borica, donde aquestos árboles hay en
mucha cantidad, e cada mamey es como un melón, o como la cabeza de
un hombre, e menores, e tienen mucho más que comer que los destas
islas, e es mejor fructa (...) Más adelante, al Poniente, en la
provincia de Nicaragua, hay mucha copia destos árboles, e muy
grandes; y de la misma manera los hay en estotra costa, en la
provincia e gobernación de Honduras, e la fructa es mejor que todos
los mameyes ya dichos; porque cortada una tajada, quien no supiere
lo que es, sin la ver partir de la fructa, viéndola fecha tajadas
en un plato, juzgarla ha por carne de membrillos, de lo de Valencia
muy bueno, aunque no sabría tantoal azúcar; pero tiene un sabor
prescioso e cordial, e para tenerse en mucho". Agrega que
de la semilla se extraía un aceite para varios usos. En otro
pasaje, refiriéndose a Honduras, dice que hay "muchos
mameyes, y en tanta cantidad que aquestos son muy grande
mantenimiento para los indios" (Oviedo y Valdés, 1851, I,
306-307; 1853, III, 2l9; 1855, IV, 10;-----, 1959, 1, 260). No
señala el hecho de que es especie monosperma, y de que su semilla,
así como el fruto, difieren completamente de los del mamey
antillano. Cobo no añade nada al conocimiento de la especie un
siglo después (Cobo, 1891, II, 20-21; 24-25;-----, 1956, 1,242,
243).
Las referencias sobre este frutal en la costa caribe
neogranadina son más tardías. A fines del siglo XVIII se habla de
zapotes como muy difundidos en el sector entre el Sinú, y el canal
del Dique (Torre Miranda, 1794, 30). Para Santa Marta los menciona
un documento de 1742 (Rosa, 1945, 29~ 291 ). El geógrafo Reclus
conoció allí el mamey de color de sangre (Reclus E., 1881,
119).
Sin fijarle localidad exacta, sino las tierras calientes en
general, habla del sapote un autor del primer cuarto del siglo XVII
(Vázquez de Espinosa, 1948, 77).
Son también tardías las referencias sobre esta especie en la
costa del Pacífico. Estos --pues ya se ha visto lo abundantes que
eran en las islas del golfo de Panamá--" y no
|Mammea, deben haber sido los mameyes que tenían los idibaes
de bahía de Solano en 1626 (Córdoba Salinas, 1957, 248; Arcila
Robledo, 1950, 52).
El pirata Dampier afirma que en las islas Galápagos se
encontraban manchas o colonias de mamey (Dampier, 1927, 76, 82);
pero aunque es usualmente tan cuidadoso observador, en esta ocasión
no da detalles suficientes para identificar el árbol.
Quizá sean estos los mameyes que menciona Alcedo y Herrera como
fruta cultivada en jurisdicción de Daule, partido de Guayaquil en
el segundo cuarto del siglo XVIII (Alcedo y Herrera, 1946, 76).
Aunque escaso, existe este árbol cultivado en la costa al sur del
río Sanquianga, y especialmente en Mosquera, Nariño. Velasco
describe así el mamey: "La corteza es oscura y quebradiza,
muy delgada; la médula roja, consistente; delicada y dulce. La
pepita grande algo larga, cubierta de una cáscara de amarillo
claro, muy dura y lustrosa. La almendra interior es mordicante, y
el más poderoso específico contra las evacuaciones de sangre.
Reveló este secreto un indiano de Quito, que fue a España poco
después de la conquista, como refiere Monardez (Hist. de los
Simples, p. 2. lib. I, c, 7) , si bien ignorando entonces el nombre
de la fruta que no se lo dijo el indiano" (Velasco, 1927,
1, 72). Tiene fama de excelente el mamey colorado de Yaguachi
(Baleato, 1887, 54).
No se sabe qué mamey era el cultivado en Trujillo, Perú, a
mediados del siglo XVIII (Feyjoo, 1763, 13). Si se daba en las
islas de Galápagos, también podía darse en la costa norte del
Perú.
Se ignora a qué MAMEYES se refiera Ortiguera como fruta nativa
del medio Amazonas, encontrada por los expedicionarios de
Ursúa-Aguirre ( Ortiguera, 1909, 376 ). Como ese autor no conoció
el área sino que escribió sobre informes de terceros, su testimonio
es de dudoso valor .
De la almendra del
|Calocarpum extraían los indígenas
centroamericanos un aceite, para uso medicinal y ritual. En una
carta escrita en León, Nicaragua, el 30 de marzo de 1529, el
licenciado Francisco de Castañeda informa al rey sobre el estado de
la gobernación; en la parte sobre mantenimientos le dice:
" ...por manera que si no es azeite, de necesidad no falta
cosa aca para sostenerse los hombres, e aun buen azeite se saca de
pepitas de cuesco de mameyes, syno que no ay cantidad"
(Peralta, 1883, 41-42). El protomédico Hernández apunta después:
"La almendra contenida en el hueso suele agregarse a la
bebida de «cacaoatl», y untarse en los cabellos para que no se
partan, sino que se conserven íntegros y brillantes; se aplica
igualmente para realzar el color a las llamadas «xicaras» y a toda
clase de madera" (Hernández, 1942, I, 271 ). En Guatemala
se hacía lo mismo, según se deduce de la relación hecha en 1576 por
Diego García de Palacio (Fernández, 1881, I, 15 y nota 16). Dicha
semilla, llamada allí SAPOTYOLO, o sea "corazón de
zapote", dice Fuentes y Guzmán que corría por mercancía, y
se usaba en ayudas y para adicionar al chocolate (Figueroa
Marroquín, 1957, 207-208).
Este uso se difundió a Sur América con el chocolate, y pudo ser
en parte responsable por la diseminación de
|Calocarpum. Así
lo indica Juan Requejo Salcedo en su relación de Panamá de 1640
(Serrano y Sanz, 1908, 75); así lo repite Cobo en 1652; así se
hacía en Santa Marta, donde, como en todas partes, se tostaba y
molía con dicho objeto (Rosa, 1945, 291). Esta costumbre se
mantiene en la población indígena de varios países
centroamericanos: los miembros de la misión botánica rusa lo
constataron en Guatemala, donde se suelen vender las semillas en
los mercados (Bukasov, 1930, 535 ). Quien escribe lo comprobó en
Managua.
La testa de la semilla, por su bello aspecto, una vez vaciada la
almendra, se usó como tabaquera para guardar el rapé (Cobo, 1956,
I, 242).
101-
|Lucuma obovata H.B.K..
LÚCUMA, RUCMA y variante's, del' quechua LÓKKMA (Lira, 1945,
556).
La primera mención de este frutal, típico de los Andes
equinocciales y de la costa del Pacífico al sur del ecuador, se
encuentra en la relación de Diego Trujillo, quien lo vio tierra
adentro del puerto de Manta en 1531 (Trujillo, 1948, 50). Son quizá
las que por defectuosa transcripción llama HICOMAS Oviedo, a quien
se las describió el piloto Pedro Corzo (Oviedo y Valdés, 1855, IV,
218). En los Yumbos, provincia situada en la falda occidental de la
Cordillera, se mencionan más tardíamente (Jiménez de la Espada,
1897, III, ci).
La relación de Otavalo de Sancho Paz Ponce de León, 1582, trae
esta descripción: " ...«lucomos», que echan una fruta
redonda [?] grande como una naranja y tiene dentro dellas unos
cuescos a manera de castañas, y la carne desta, fruta es dulce y
muy sabrosa. .." (Jiménez de la Espada, 1897, III, 114).
En el mismo año de 1582 se mencionan entre las frutas de San Luis
de Paute, "«lúcumas», que son como peras grandes con
cuesco como castañas, que tiene mucha apariencia della el
cuesco" (Ibid., 168), y LUCMAS en San Francisco de
Pueleusí (Ibid., 175). Más temprana, como del año 1571, es la
mención de la provincia de Loja: "«lúcumas», a manera de
manzanas y muy mayores, y tienen dentro unos cuescos que parecen
castañas en color, forma y tamaño, y en necesidad, y aun sin ella,
se suelen comer asadas" (Ibid., 202; Jaramillo Alvarado,
1955, 92).
También se conocía la LÚCUMA en jurisdicción de Quijos, en la
vertiente oriental de los Andes (Jiménez de la Espada, 1881, I,
ci), así como en Chinchipe (Ibid., 1897, IV, xlviii). De esta
región la describe el Clérigo Agradecido ( Ordóñez de Ceballos,
1947, B. A., 250, 263). Asegura el geógrafo Villavicencio que en
Baeza, oriente del Ecuador, quedaban a mediados del siglo XIX
árboles de LOCMA que se creía habían sido plantados por los
antiguos habitantes (Villavicencio, 1858, 403). Velasco,
refiriéndose al fruto de LUCMA, dice que es "arenoso, poco
dulce y seco, de corteza pajiza, carne amarilla y pepita grande,
redonda muy lustrosa (Velasco, 1927, I, 72?).
Parece que aún en la parte del confluente Marañón se conocía
este frutal, pues unas LUGMAS se mencionan a propósito del viaje de
Lope de Aguirre, y esta vez por un testigo presencial, que es el
capitán Altamirano (Vázquez de Espinosa, 1948, 384).
El fruto de este árbol aparece representado con frecuencia en la
cerámica de las culturas peruanas costeras. Se cultivaba en
Trujillo a mediados del siglo XVIII (Feyjoo, l763, 13), lo mismo
que en Lima y alrededores, y en los valles templados del Perú
andino septentrional (Ruiz, 1952, I, 8, 30, 59, 96, 129).
En opinión de Acosta, esta fruta era "madera
disimulada" (Acosta, 1954, 119). También Garcilaso
consideraba la RUCMA O LUCMA como manjar bronco y grosero
(Garcilaso, 1945, II, 181 ). Cobo da una descripción detallada del
árbol y del fruto; de éste conceptúa: "La carne de la
«lúcuma» es muy amarilla, tiesa y sin jugo y algo ahogadiza, no de
sabor apetecible, por lo cual no es fruta de estima". A
pesar de esto, dice que se tenía en los huertos, por la hermosura
del árbol (Cobo, 1891, II, 23-24;-----, 1956, I, 243; II, 317;
Yacovleff y Herrera, 1934, 269-271; Serra, 1956, II, 402).
Sean cuales fueren sus propiedades sápidas, el lúcumo tiene un
arraigo antiquísimo en la cultura de la sierra peruana. Un mito de
la región de Huarochirí sobre este frutal ha sido trasmitido
(Valdizán y Maldonado, 1922, 11, 275).
En la costa chilena se cultivaba sólo hacia la parte
septentrional más caliente (Molina, G. I., 1776, 40-41;-----, 1782,
186-187).
Era frutal conocido antes de la llegada de los españoles, en
región tan meridional como Santa Cruz de la Sierra (Jiménez de la
Espada, 1885, 11, 170).
|DIOSPIRACEAS (EBENACEAS).
102-
|Diospyros ebenaster Retz..
ZAPOTE NEGRO, ZAPOTE PRIETO, que son traducciones castellanas
del náhualt TLILTZAPOTL. Otros nombres regionales se registran en
Méjico, donde hay unas once especies, siendo esta la más apreciada
(Martínez, 1936, 396-397).
Decía Francisco Hernández a fines del siglo XVI que el fruto es
"por dentro negro siempre, de donde le viene el nombre;
suave y lleno de huesecillos rojizos, comestible, de alimento
caliente que alivia la indigestión y de sabor agradable para
algunos..." (Hernández, 1942, I, 269, 270).
Cobo describe los frutos de la siguiente manera: "La
carne es negra y tan blanda que se machuca fácilmente y destila un
zumo de color de arrope. Tiene muchas pepitas del tamaño y hechura
de piñones. Es de un dulce muy remiso, y si no se come con cuidado,
mancha los manteles y servilletas. Hállanse dos especies destos
negros; la segunda se diferencia de la primera en que el «zapote»
no es del todo negro, sino de un pardo oscuro; es menor y de figura
ovala, poco menor que un huevo de gallina, de mayores pepitas y más
vivo y apacible dulce" (Cobo, 1891, II, 24-25;-----, 1956,
I, 243). Abundaban particularmente en Querétaro (Vázquez de
Espinosa, 1948, 160).
Lo menciona Velasco en el Ecuador en el siglo XVIII (Velasco,
1927, I. 78).
El autor de esta obra envió semillas de
|D. ebenaster
desde Méjico, a las Estaciones Agrícolas de Palmira y de Medellín,
Colombia, en marzo de 1962. Los directores de dichas instituciones
avisaron recibo en cartas 0641, de 30 de marzo, y 098, de 2 de
abril del mencionado año, respectivamente.
|APOCINACEAS.
103-
|Couma utilis (Mart.) M. Arg..
HUANSOCO, de donde la corruptela JUANSOCO, en la Amazonia
colombiana. Procede del siona «huansocané» o «huansocañe» (Jiménez
de la Espada, 1904, 29; Ortiz, S. E., 1954, 440).
CUMÁ, CUMÁN, del caribe, en la Guayana.
PENDARE, en el Orinoco.
LECHERO, en el oriente peruano.
SORVA, SORVEIRA, en el Amazonas brasileño.
No menciona el uso del fruto el siguiente documento de 1773,
relativo al área Caquetá-Putumayo: "Aprecian sí los Yndios
la leche que llaman los Ceonas «Huansoca Huito» que destila por
incisión el árbol de su nombre, contra los flujos lientericos (y
aun la aplican contra los disentericos) mezclandola con platano
guineo; aunque dandole despues de haber corrido el flujo
disenterico mas de tres dias, si bien parece que alivia al paciente
no lo sana (y es remedio que han tomado de los Portugueses) ; con
dicha leche ( que por ser tan pegajosa suple por cola) cocinándola
hasta espesarse, o mezclándola con otra recina transparente o de
ordinario con brea hacen un fuerte pegote para calafatear
canoas" ( Cuervo, 1894, IV, 274; Zawadzky, 1947, 208).
A pesar de la omisión, es evidente que el fruto de este árbol es
consumido ávidamente por algunas tribus amazónicas. Según un
viajero es de agradable gusto ( Albis, 1854, (1936), 32). Entre los
yucunas del Mirití-paraná se considera tan importante, que celebran
una fiesta durante la época de cosecha ( véase el capítulo IV).
Otro viajero dice que se empieza a encontrar desde las vecindades
de Mocoa (Rocha, I., 1905, 37).
De acuerdo con Ducke, esta especie es la única que se cultiva en
el Solimoes, particularmente cerca de Manaos. Las demás son
silvestres (Huber, 1904, 400; Ducke, 1946, 20).
Datos sobre ellas se presentarán por separado, así como sobre la
misma
|C. utilis, considerada desde otros puntos de
vista.
SOLANACEAS.
104-
|Lycopersicum esculentum Miller .
JITOMATE, del náhuatl XITOMATL, en Méjico. TOMATE es allí
designación genérica para plantas de la familia de las Solanáceas,
especialmente para las del género
|Physalis. Se impuso así
abreviada en Sur América para distinguir plantas de otro género,
quizá por el mismo proceso de difusión que se ha señalado en casos
similares: acarreo por los españoles y suplantación de los nombres
nativos.
Todo induce a creer que el uso actual del tomate, como alimento
condimenticio y salsamentario, se desarrolló y perfeccionó durante
la dominación española, pues tal vez los aborígenes suramericanos
lo consumían en estado natural, como fruta. Los autores convienen
en que la técnica culinaria de los amerindios era muy parca. El
tomate no es el único alimento que sufrió esta transformación.
Por ese motivo se incluye aquí entre las frutas, y no entre las
hortalizas, como es costumbre.
Quienes han estudiado el género
|Lycopersicum estiman que
puede ser originario de los Andes (Jenkins: EB, 1948, II, 379-392;
Dressler, 1953, 137). Pero faltan de modo absoluto las referencias
sobre él en el primer cuarto del siglo XVI. Las menciones
aceptables que se conocen son tardías, y van asociadas al nombre
TOMATE.
A principios de la centuria siguiente se daban en La Plata o
Chuquisaca (Vázquez de Espinosa, 1948, 612). A mediados del siglo
XVIII, un viajero habla de TOMATES en Miraflores, antiguo pueblo de
indios lules, al norte de Tucumán (Concolorcorvo, 1946, 77). En la
huerta del convento de Cuchero, Huánuco, se cultivaban hacia 1760
(Serra, 1956, II, 421, 432). El botánico Hipólito Ruiz colectó en
el Perú los que llama
|Solanum repens y
|S. peruvianum,
o "tomate cimarrón", que se usaba en Chancay en
su tiempo (1780-1785), a falta del común, para condimentar las
comidas (Ruiz, 1952, I, 199).
Velasco, en 1789, dice que en el Ecuador había de dos especies:
"Unos medianos con figuras irregulares, y otros muy
pequeños perfectamente redondos y lisos sin la menor ruga"
(Velasco, 1927, I, 77). Los jívaros actuales cultivan alguna
variedad de tomate, al que llaman KUKÚCHI (Karsten, R., 1935,
123).
Varios autores vinculan a fray Tomás de Berlanga, obispo de
Panamá, con el tomate en el istmo. Alguno habla del estímulo que
habría dado al cultivo de diversas plantas, entre ellas la
mencionada (Rojas y Arrieta, 1929, l0), mientras otros indican que
introdujo el tomate del Perú (Castillero, 1956, 48-49; Hernández de
Alba: BOLIVAR, 1953, 16: 214; Mega, 1958, 57). Ninguno produce el
correspondiente documento probatorio. Berlanga fue al Perú en 1535,
por orden de Carlos V, para investigar los manejos de Pizarro y
Almagro y mediar en sus diferencias. No tuvo éxito. Estaba
nuevamente en Tierra Firme a principios del año siguiente, pues
escribió al emperador el 3 de febrero de 1536; no pasó de la costa
peruana (Jiménez de la Espada, 1881, I, xl, xli-xlii).
Seemann incluye el tomate entre las hortalizas de Panamá a
mediados del siglo XIX (Seemann, 1857, 73).
Según el cronista Simón, los expedicionarios de Jiménez de
Quesada hallaron tomate, con otros mantenimientos, en el Valle de
las Turmas (1537), en las vecindades del actual Vélez (Simón, 1891,
II, 107;-----, 1953, 1, 242). Como es el único testimonio sobre el
particular, y en casos semejantes (véase plátano en otro volumen)
Simón ha adicionado de su cosecha las fuentes en que se basó,
especialmente Castellanos, lo único que puede sacarse en limpio es
que, cuando Simón escribía, o sea en la década 1620-1630, el tomate
era ya común en el Nuevo Reino. El doble uso para conservas y para
guisos lo señalan varios autores a mediados del siglo XVIII
(Oviedo, 1930, 45; Gil ii, 1955, 130). También los menciona de la
Rosa en Santa Marta por la misma época (Rosa, 1945,296).
No se han encontrado referencias sobre la cuenca del Cauca hasta
mediados del siglo XIX. Según Holton, se le echaba al
"sancocho" o sopa tradicional; crecía
semisilvestre, en un patio abandonado de La Paila, Zarzal, y por
haber sentido un fuerte ardor en la garganta después de haberlo
probado, lo sindica de toxicidad (Holton, 1857, 471, 485 ).
Los botánicos rusos hallaron en Colombia las especies
|L.
piriforme Dun., originaria de Méjico, y
|L. esculentum,
representada en cuatro variedades (Bukasov, 1930, 529-530).
Humboldt vio en la isla Cura del lago Valencia unos tomates
distintos del común; se cultivaban en La Victoria, Nueva Valencia y
todos los valles de Aragua (Humboldt, 1941, III, 119).
Fernando de Araújo y Rivera, en su relación de Santo Domingo, de
1699, da cuenta de que en las huertas se mantenía una especie de
tomates (Rodríguez-Demorizi, 1942, I, 301).
Sobre los tomates de la Nueva España dice el protomédico
Hernández: "Se hace de ellos, molidos y mezclados con
«chilli», una salsa muy agradable que mejora el sabor de casi todas
las viandas y alimentos y estimula el apetito( ...) Nacen en
cualesquiera regiones, pero principalmente en las cálidas, ya
espontáneamente, ya cultivados" (Hernández, 1946, III,
699-702).
En 1590, Acosta trae un pasaje, según el cual el uso del tomate
como fruta sola no había desaparecido: "Usan también
tomates, que son frescos y sanos, y es un género de granos gruesos,
jugosos, y hacen gustosa salsa, y por sí son buenos de
comer" (Acosta, 1940, 280;-----, 1954, 114). Pero este
dato, como el que sigue de Cobo, se refieren en general a América y
no a una región en particular, ni a una especie bien definida, sino
a todo lo que en la época Se llamaba tomate. Dice Cobo, en 1652,
después de describir la planta: "La fruta que lleva se
llama «tomate»; son unos granos muy parecidos al «ají», redondos y
colorados, y los menores del tamaño de cerezas; háylos también
amarillos y verdes, y de la grandeza de ciruelas, y aun como limas;
tienen dentro una sustancia aguanosa algo roja y unos granitos poco
menores que ajonjolí; el hollejo es delgado casi como el de las
uvas. Nacen los tomates en unos pequeños racimos; no se comen
crudos, sino que se echan en los guisados, y son de buen gusto, por
un agrillo que tienen apetitoso. Unos tomates nacen silvestres por
los campos, y otros se siembran y cultivan; los primeros comen las
palomas y otras aves, que son los más pequeños, y de los hortenses
más crecidos hacen los españoles conserva en almíbar, y se tiene
por muy regalada. El nombre «tomates» es de la lengua de la Isla
Española" (Cobo, 1890, I 374-375;-----, 1956, I 174). Como
se ve, Cobo incluye los
|Physalis, desde el momento en que
habla de tomates verdes, y se equivoca en atribuír al nombre origen
antillano.
El uso en los países del Plata se registra desde fines del siglo
XVIII (Berro, 1914, 181).
Los tomates parecen haber sido conocidos más temprano,
literariamente hablando, en Europa que en América. La primera
mención está en la edición de 1544 de los comentarios sobre
Dioscórides, de Mathiolus (Carrier, 1923, 89; Jenkins: EB, 1948,
II, 380). El jardinero de Felipe II, Gregorio de los Ríos, habla en
1592 de unos "pomates" tultivados en la península
para ornamento (Ríos, 1951, 59).
Claudio Boutelou, en sus comentarios a la obra de Gabriel Alonso
de Herrera, decía en 1819, refiriéndose al tomate: "Se
halla tan generalmente introducido su uso por todo el reino, y su
consumo es tan excesivo y extraordinario, que se puede asegurar no
haber pueblo, por pequeño que sea, en que no se cultive esta
hortaliza con más abundancia que todas las demás, y cuyo despacho
sea más pronto, y su producto más seguro". Indica el modo
de emplearlo y conservarlo. Los que acostumbraban consumir el zumo;
lo mantenían en frascos y botellas bien tapadas (Herrera, G. A.,
1819, III; 262; 260-262).
Se ha dicho que en el archipiélago canario se difundieron los
tomates con mucha rapidez (Real, 1944, 352).
|
(+)
|
Zocato: ..Fruta añublada. .." Fruta dañada por el
hielo (Robelo. 3a ed.. 497).
|