INDICE

76- |Pereskia colombiana Br. .

|Pereskia spp..

GUAMACHO, en la costa caribe suramericana.

SUPIRO, en el área de Maracaibo.

El nombre SUPIRO aplicado a una Cactácea de fruto comestible aparece registrado en la relación de Maracaibo de 1579 (Arellano Moreno, 1950, 162).

Del GUAMACHO que se daba en jurisdicción samaria, dice el alférez Nicolás de la Rosa: "es un árbol pequeño y espinoso, da una fruta dulce, y su fragancia es atractiva de todo animal montés, de suerte que en donde permanece este árbol, luego que fructifica, es segura la caza de venados, zahinos y otros animales" (Rosa, 1945, 320).

Holton vio una |Pereskia cultivada cerca de Buga a mediados del siglo XIX (Holton, 1857,503). En el Valle del Cauca es preferida como planta ornamental; pero no se usa mucho el fruto.

 

77- |Pereskia guamacho Weber.

GUAMACHE, GUAMACHO, en Venezuela.

En su lista de frutales del río Apure, asienta fray Jacinto de Carvajal en 1648: “«Guamaches», fruta como una mora, verde y mui dulce” (Carvajal, I., 1892,367). También la mencionan con el mismo nombre para la parte oriental de Venezuela otros autores (Ruiz Blanco, 1892, 22; Caulín, 1841, 14-15).

 

LECITIDACEAS.

78- |Gustavia aff. |superba (H.B.K.) Berg. .

79- |G. nana Pittier.

|Gustavia spp. .

PACÓ, en el Chocó.

MEMBRILLO, en Panamá y en la costa atlántica de Colombia.

A) Algunos de los soldados que bajo el mando de Pedro de Heredia tomaron parte en la batalla de Turbaco en 1533, fueron heridos con flechas envenenadas, y se salvaron de la muerte dándoles a beber decocción de hojas de membrillo :

"Estos con buena guarda de caudillos

encaminaron al marino puerto [ Cartagena ] ;

danles a beber agua de membrillos,

y sanaron mediante buen concierto,

aunque quedaron flacos y amarillos,

y Juan del Junco Montañés fue muerto. .."


(Castellanos, 1955, III, 30; Serrano y Sanz, 1916, 23). A fines del siglo XVIII se lo hace figurar como árbol frutal silvestre de la costa atlántica en el sector del Atrato a los montes de María la Baja (Torre Miranda, 1794, 19, 30).

Al describir Francisco Guillén Chaparro las frutas endémicas de la región donde estuvo situada la primitiva ciudad de Toro, sobre uno de los altos afluentes del Dochara o San Juan, dice (1583), con esa ingenuidad presuntuosa de los peninsulares que creían ver en todas partes las producciones de su suelo: "ai membrillos, cimarrones contrahechos a los de Castilla" (Guillén Chaparro: AIP, 1889, XV, 150). Esto es lo que se llama PACÓ, árbol cultivado cerca a las viviendas en las orillas de los ríos del Chocó y la costa vallecaucana, pues no se encuentra al sur del río Micay. Es relativamente abundante en los ríos Anchicayá y Raposo. La sustancia lútea que rodea las voluminosas semillas, se usa como sustituto de la grasa en la preparación del arroz y otras comidas, a las cuales imparte un hermoso color amarillo. Nunca se come cruda.

 

 

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Fig. 7.-| Gustavia aff| . superba (H. B. K.) Berg.. | Pacó, en el Chocó; | membrillo, en Panamá y Costa Atlántica de Colombia. El arilo que rodea las semillas (no se aprecia en el grabado), se usa como condimento y colorante de comidas. Arriba: Rama con botones y flores. Abajo, izquierda: Corte longitudinal de un fruto. Abajo, derecha: Rama con flores fecundadas y hojas; nótense las cicatrices foliares. Dibujos de Harold Rodriguez V., sobre fotografías del autor tomadas en San Francisco del Raposo el 27 de mayo de 1949.

 

En su viaje de exploración por el Andágueda y otros altos tributarios del Atrato, en 1893, el ingeniero francés Jorge Brisson anotó: "Me enseña[n] un palo de hojas largas y de un verde más claro a la extremidad de las ramas, que produce una fruta comestible que llaman «pacó»" (Brisson, 1895, 78). En la Estación Agroforestal del Calima en Colombia se hizo en 1947 una pequeña plantación de esta especie con semillas obtenidas en el río Raposo (Patiño, 1948, Mem., 31 ).

B) Una descripción condensada pero casi completa, y datos acerca de la morfología de la planta y del fruto, y sobre el uso de éste como tempero o aderezo para comidas, suministra Oviedo desde 1526 (Oviedo y Valdés: Vedia, 1946, I, 502;-----, 1950, 215). Eran comunes los MEMBRILLOS en Cemaco, golfo de Urabá, y en otras provincias de lengua cueva del istmo de Panamá (Ibid., 1851, 1. 352-353;-----, 1944, 1. 305). Fernando de la Serna, Pedro Corzo y Miguel de la Cuesta, pilotos que por disposición de las autoridades de Panamá hicieron, a partir del 3 de abril de 1527 y saliendo de dicha ciudad, una exploración para establecer las condiciones de navegabilidad del río Chagres, encontraron en las riberas de éste "benbrillares e palmares" (Serrano y Sanz, 1911, 438).

MEMBRILLOS DE MONTE forman parte de los árboles que sólo servían para leña en Panamá y en Portobelo hacia 1609 (Torres de Mendoza, 1868, IX, 92, 112; Serrano y Sanz, 1908,146). Pero a mediados del siglo pasado Seemann incluye el membrillo entre los frutos comestibles del istmo (Seemann, 1928, 20). Todavía quien viaje por el ferrocarril transístmico verá los membrillares a lo largo de la vía, especialmente cerca de Colón. Un río Membrillo en la costa sur patentiza la incorporación de esta especie en la toponimia (Pittier: TNGM, 1912, XXIII, 7: 629, 637 (foto); Krieger: USNM, 1926, 134: 39). Es fruta usual, asada o cocida, en Panamá, y aun la madera, pese a ser poco densa, se emplea en diversas obras (Alba, F. A., s. f., 109).

C) Acosta Solís habla de un MEMBRILLO de Esmeraldas, con frutos comestibles, tal vez |Gustavia pubescens R. y P . (Acosta Solís, 1944, 296).

D) También se ignora a qué especie corresponden los "membrillos", llamados SACRE en una lengua local, que había en Nambija y Yaguarzongo en 1582 (Jiménez de la Espada, 1897, IV, 25). Hay varias especies de Gustavia en la cuenca amazónica, algunas con reales o presuntas propiedades curativas, como la |G. brasiliana D. C. .

 

80- |Gustavia speciosa (H.B.K.) D. C..

CHUPA, en la región del río Magdalena donde esta especie es endémica. Véase a propósito de tal nombre, lo dicho en el numeral 50.

No es posible saber si alguna de las frutas que describe Aguado en el área ocupada por los marquetones y patangoros, corresponde a la CHUPA (Aguado, 1917, II, 174). Serían las que, quizá por error de transcripción, llama CHIPAS la relación de La Palma de los Muzos? (Latorre, 1919, 125).

Mutis dejó descripciones parciales de esta especie (Mutis: Hemández de Alba, G., 1957, I, 263-265; 451-452; 1958, II, 540-541; 613-614; 600, 606; 662-663).

Aunque la escasa pulpa que rodea las semillas se come o se roe en estado natural, también se prepara como tempero de otros alimentos, del mismo modo que el PACÓ de la costa occidental. En varios solares de Mariquita, así como en algunas fincas de la carretera Mariquita-Fresno, se mantienen bajo cultivo unos pocos pies.

 

81- |Bertholetia excelsa H. B. K..

JUBIA, YUBIA, YUVIA, en la región Orinoco-Casiquiare (Pittier, 1926, 266). Quizá de la lengua mariquitare.

TOCARÍ, en Mato Grosso, Brasil.

CHIMORÉ, en yuracaré (véase adelante).

COGMA, en mosetene (véase adelante).

ALMENDRA, en el oriente perú-boliviano.

CASTAÑA, CASTAÑA DEL PARÁ, CASTAÑA DEL BRASIL. Almendra y castaña son nombres hispano-portugueses puestos, como tantos otros, a causa de una remota semejanza morfológica o utilitaria con frutos del Viejo Continente.

Según Ducke, el habitat espontáneo de la |Bertholetia comprende el Estado brasileño de Pará, excepto el litoral atlántico y el río Araguaya; los dos tercios orientales del Estado del Amazonas, hasta la boca del Jutaí como límite oeste; la porción amazónica de Mato Grosso; la parte oriental del Acre; una faja del Estado de Maranhao, en su límite con el Pará; el extremo sur de la Guayana británica ( alto Essequibo); y el alto Orinoco en Venezuela y quizá en Colombia. Pero se halla en cultivos indígenas o remanentes de ellos, reintegrados a la selva, especialmente en la parte occidental del Solimoes y en el Amazonas peruano (Ducke: IAN, 1946, 8: 8). Otro botánico dice que el límite occidental de la especie espontánea es cerca de Tabatinga, o sea el trapecio colombiano (Huber: BMG, 1904, I, 4: 401). Delimitada así el área de dispersión natural de la especie, se examinarán los datos históricos, empezando por los referentes a la parte meridional del Amazonas-Marañón.

Una de las más antiguas menciones de esta Lecitidácea se refiere a la región oriental peruana del río Manu (Madre de Dios) y sus afluentes. Se habla de las almendras como de cosas ya conocidas de antes, en la relación que sobre sus expediciones en esa zona hizo entre 1567 y.1569, ya en persona, ya por medio de sus tenientes, Juan Alvarez Maldonado. En tierras de Cavanava mandó este cacique traer "gran suma de almendra para que los españoles comiesen". Había almendrales en el pueblo de Vinono, tierra de los cayanpuxes. "Estando aquí [Canavaca, donde llegaron el 1o de enero de 1569] preguntó el governador por las almendras a un yndio y le dijo que estaban cerca y por esto el governador mandó a seis españoles con el yndio por guía que fuesen por almendras, fueron y en dando en los almendrales acudieron los cristianos al almendra y el yndio cuando los vio ocupados se huyó por la montaña sin que le pudieran aver, ay aquí grandissima suma de almendras( ...) El governador y su gente [ después que atravesó un río crecido] se fueron a lo postrero de los almendrales que era como dos leguas de allí porque adelante no ay almendra. Mandó que se hiciese aquí matalotaje dellas para el camino y ansí se hizo en dos días para 15 días de jornada que le rrestava y cada uno se cargo a cuestas El que menos pasadas de tres mill almendras. Porque en lo restante del camino hasta los avaraonas eran zavanas y no avía que comer y por esto era menester llevarlo aquestas. .." Era lo que más abundaba como mantenimiento en dicha región (Alvarez Maldonado, 1899, 14, 23, 36, 42, 51 ).

En 1590, Acosta, luego de dar una sumaria descripción del fruto y de las semillas, agrega: “..son de un buen comer y sírvense de ellas a falta de almendras para regalos, como mazapanes y otras cosas tales. Llámanlas almendras de los Andes, porque se dan estos cocos copiosamente en los Andes del Pirú. Y son tan recios, que para abrir uno es menester darle con una piedra muy grande, y buena fuerza. Cuando se caen del árbol, si aciertan con alguna cabeza, la descalabran muy bien. Parece increible que en el tamaño que tienen, que no son mayores que esos otros cocos [ |Cocos nucífera L. ], a lo menos no mucho, tengan tanta multitud de aquellas almendras" (Acosta, 1940, 298; I 1954, 120). Garcilaso, en cambio, con su olímpico desprecio por todo lo de los Andes, apenas las menciona como "cosas de poco momento" (Garcilaso" 1943, II, 186).

El pirata inglés Ricardo Hawkins, quien permaneció algún tiempo prisionero en Lima, después de su captura por los españoles frente a las actuales costas colombianas en 1594, y pudo tener oportunidad de conocer las almendras de los Andes, o tomar los datos de Acosta, también se refiere a ellas (Hawkins, 1933, 36).

Los informes de Calancha, por ser de segunda mano, añaden poco al conocimiento de la especie; además, al fijar el número de semillas por pixidio entre 50 y 100, lo exagera considerablemente (Calancha, 1639, 56, 65).

Cobo hace una descripción muy buena del fruto y de las almendras. Habla de los usos medicinales que se le daban al aceite extraído de éstas, y del empleo de las semillas en diversas golosinas. "Los indios gentiles de las provincias de los Andes que confinan por la parte oriental con la diócesis del Cuzco, sacan a vender a tierra de cristianos ciertas almendras que se dan en las suyas, a las cuales los españoles, por no saber su propio hombre, llamamos «almendras de los Andes». El árbol que las produce es mayor que un gran nogal, y hay en las provincias de los Andes tan grande cantidad de ellas, que se hallan montañas de cincuenta leguas y más de estos almendros" (Cobo, 1891, II, 60-61;-----, 1956, I, 257-258; Yacovleff y Herrera, 1935, 57).

En el relato de su viaje a la montaña de los Yuracarés, hecho en 1815, el doctor José María Boso asegura que el río Chimoré tomó ese nombre "de un árbol frutal especie de almendro que le llaman los Yuracarés Chimore, y hai muchos en sus orillas, son de 80 y 90 varas de altura y muy gruesos". En otro pasaje, enumerando los frutales vernáculos de la misma región, vuelve a hablar del chimoré, cuya madera se usaba en Santa Cruz de la Sierra para tablas, ejes de trapiches y leña, pues tiene la propiedad de arder estando verde; los frutos maduran en agosto y septiembre; el nombre mosetene es COGMA (Boso: Valdizán y Maldonado, 1922, III, 351, 356).

Los jesuítas de las misiones de Moyobamba y Sal las obtenían de los indígenas a trueque de sal y tejidos (Zawadzky, 1947, 150).

En la relación de la gobernación de Juan de Salinas Loyola ( 1571 ?), luego de mencionar varias frutas nativas de Santa María de Nieva, sobre el Marañón, se añade: "además de las frutas dichas, [hay ] unas que se llaman almendras" (Jiménez de la Espada, 1897, IV, lxxx). Del mismo modo la relación de Jaén de los Bracamoros, de 1606, se refiere a unos almendros que allí había (Torres de Mendoza, 1868, IX, 350).

En el territorio ocupado por las misiones jesuíticas de Maynas, se daban unas almendras que "se crían dentro de un coco, en que se hallan a veces hasta quince mucho más gruesas y jugosas que las de España" (Jiménez de la Espada, 1889, Mar., 116). Algunos de los informantes indican que tales almendras se hallaban en la región de los omaguas (Magnin: RI, 1940, I, 170); pero otros sostienen que las había en la mayor parte de las misiones (Figueroa, 1904, 405; Jesuítas, 1942, 75-76; Velasco, 1927, I, 65).

Dice Toribio de Ortiguera que los españoles de la expedición Ursúa-Aguirre hallaron "cocos de almendras" (Ortiguera, 1909, 376). Un viajero que remontó el Amazonas en 1768, señala que entre otros, se extraía el aceite de las "castanhas ordinarias", sin establecer límites geográficos (Monteiro de Noronha, 1862, 8).

Los misioneros de Popayán en el Putumayo-Caquetá, citados a propósito del cacao silvestre, hablan de otras frutas "de que se han sacado ya algunas allá afuera, y se ha dado nombre de castañas" (Cuervo, 1894, IV, 272; Zawadzky, 1947, 205; Arcila Robledo, 1950, 311).

Las referencias sobre la JUVIA en el Orinoco son más tardías. Francisco de Bobadilla, enviado desde San Fernando de Atabapo a fines de 1759 a certificar la veracidad de la existencia de cacaguales en la parte alta del Orinoco, trajo de vuelta algunas muestras de almendras (Altolaguirre y Duvale, 1908, 324). El 2 de abril de 1760 Apolinar Diez de la Fuente, de la Comisión Iturriaga-Solano de límites con el Brasil, en su exploración del alto Orinoco ( véase el artjculo sobre cacao), encontró cerca de la sierra Mapumajaras la juvia, que describe así: " ...Este es un Arbol de gran magnitud que hecha unas frutas del tamaño de una bala de a 36, su cáscara es de una pulgada de grueso arrugada como la de la nuez ( y encima tiene otra lisa) tan dura, que se necesita una Acha para partirla, y dentro tiene hasta 19 o 20 almendras, cubiertas de su cascarilla en todo semejante a la Almendra de España aunque esta es quatro veces más grande y el sabor lo mismo, sólo ser más oleaginosa, la corpulencia de los árboles es disforme, y muy derechos, la corteza de éstos es la interior y exterior gruesa y apaleando el árbol se despega, unida a una especie de estopa, muy fina, de la que se sirven los Yndios para carenar sus embarcaciones, y al hacer esta operación se siente un olor que enfada procedido del jugo que tiene la corteza, que es oleaginoso, y huele a balsámico, aunque algo desagradable. El es un árbol muy hermoso y uniforme en todos sus individuos, su flor es blanca, sólo que las ojas tienen en su base un poquito amarillo, y el centro es como una nema de huevo. En todos los Arboles encontramos solamente flor y en el suelo cantidad de cáscaras partidas. Los indios decían que estos Arboles dan un año sí y otro no, ello a la verdad no avía frutas, fuese por no ser tiempo o por otra razón" (Altolaguirre y Duvalé, 1908, 320-321; Ramos Pérez, 1946, 398). El 7 de abril encontró más árboles de éstos cerca de la Sierra Mapumajara. Después se hizo un mapa de la localización de tales formaciones (Ramos Pérez, op. cit., 398,.399; 451-455). Eugenio de Alvarado, de la mencionada Comisión, también se refiere a las almendras en el mismo año (Cuervo, 1893, III, 324).

En septiembre de 1766 el religioso José Antonio de Jerez de los Caballeros, Apolinar Diez de la Fuente y Francisco Fernández de Bobadilla, hicieron un viaje por el Orinoco, Esmeralda arriba, y por el Casiquiare. En su informe dicen: "Ansi mismo las juvias o almendrones, que se producen en aquellos montes en árboles muy crecidos y que con cuyo fruto se mantiene la nación Guajariba durante el año, haciendo provisiones en el tiempo de cosecha, y guardan cuando no pueden salir al monte a cogerlas, bien que esta providencia se encuentra indistintamente en todo el tiempo del año, porque su corteza más dura que la del coco, las hace duraderas largo tiempo, de que se ha remitido muestras, y convienen en todo, con las que Vuestra Señoría mismo tenía ya reconocidas y experimentadas". Y las propone como uno de los renglones de comercio que se fomentarían si se establecieran misiones en la región (Cuervo, 1893, III, 246; Altolaguirre y Duvale, op. cit., 342-343). "Vuestra Señoría" es José Solano, segundo de Iturriaga. Gilii también menciona esta especie (Gilii, 1780, L 116).

Humboldt halló juvias en San Carlos del Río Negro y en Esmeralda. Dice que la dispersión geográfica de la |Bertholetia en esa parte de América se extiende desde el Padamo y el Ocamo, al pie del cerro Mayapa, orilla derecha del Orinoco, pero que abunda más en la orilla izquierda, en el cerro Guanaja, entre el río Amaguaca y el Geheta. Los indios de Esmeralda celebraron la fiesta de las juvias cuando el insigne naturalista se detuvo allí a observar la preparación del cura- re; describe la fiesta que tuvo lugar el 22 de mayo de 1801. Suministra valiosos datos sobre los hábitos de crecimiento, la dispersión geográfica y la historia de la juvia, cuya primera descripción y grabado los da Clusius a fines del siglo XVI (Humboldt. 1942, IV, 249, 361, 363, 362, 361, 369, 364-365 y notas). Carece, pues, de exactitud la afirmación de Barreiro, según la cual el descubrimiento de la |Bertholetia se debería a Felipe de Romanes, quien hizo un viaje al Perú en 1604 (Barreiro, 1926, 24; León Pinelo, 1943, II, 190-191):

Otros conocedores del Orinoco hablan de las juvias o yubias, como un producto natural valioso ( Michelena y Rojas, 1867,332; Tavera-Acosta, 1954,210).

Un botánico dice que en el Meta se encuentran |Bertholetia y |Caryocar (Balderrama, 1955, 309-310). Parece muy improbable para el primero.

 

82- |Lecythis spp. .

OLLAS DE MONO, COCOS DE MONO.

A diferencia de |Bertholetia, las |Lecythis tienen en el pixidio un opérculo de forma y tamaño variables, que se desprende cuando el fruto está seco, dejando escapar las semillas. Hay especies de este género, conocidas en la costa colombiana del Pacífico con la denominación regional de SALERO, por servir el pixidio para Guardar sal en esa húmeda región; pero no hay estudios sobre ellas y varias están sin describir. Allí, como dondequiera que se encuentran estos árboles, son muy perseguidas las almendras por los animales. Un fruto de proporciones gigantescas colectó el autor en 1945 en la quebrada de San Vicente, afluente del bajo Calima. "Salero", sin más explicación, incluye el geógrafo Pérez entre las maderas del Chocó a mediados del siglo pasado (Pérez, 1862, 186).

En la región habitada por los indios patangoros en el río Magdalena, había por 1583: ". ..otros muy crecidos árboles que echan otra fruta a manera de cocos, excepto que la hechura la tienen de una pequeña ollita, porque tiene la boca y bordo retornado, como cualquier olla hecha en España, y mientras está verde está tapada la boca con la tapa de que naturaleza la dotó, y en madurando y en secándose des- pide la tapa y queda el vaso abierto y dentro tiene cinco cuescos a manera de gordas habas con sus vainas verdes, y abren estas vainas y sacan de ellas y de cada una una fruta blanca del tamaño del dedo pulgar, y ésta se come asada y es muy dulce y sabrosa, y si se come cruda causa alteración y revolución en el estómago y promueve a vómito; y demás de esto, dentro, en el coco u ollita, en el hondo, se cría al pie de cada cuesco o haba otra frutilla blanca sin cuesco: sirven de jarros y no tienen cáscara o cuero. Esta comida tiene sabor de manteca de vaca. .." (Aguado, 1917, II, 173-174;-----, 1957, II, 113). La anterior información debió ser obtenida de la relación de La Palma de los Muzos, de Gutierre de Ovalle, quien también menciona los susodichos "cocos" (Latorre, 1919, 124). Igualmente la relación de Trinidad de los Muzos se refiere a unos "castaños" con tres o cuatro semillas (Morales Padrón: A EA, 1958, XV, 607; Vázquez de Espinosa, 1948,310).

Una "fruta de mono" como esta sirvió de pasto a la insaciable voracidad del misionero Juan de Santa Gertrudis (Serra, 1956, 1, 66-67).

En cuanto a la FRUTA u OLLA DE MONO u OLLETO de la costa atlántica, el geógrafo Striffler la elogia mucho como producto de valor (Striffler, 1958? Cer., 63-65). Esta sería |Lecythis minor Jacq. .

 

83- |Lecythis zabucajo Aubl. .

|L. paraensis Huber.

CATELÉ, ZABUCAIO, en caribe, de donde SAPUCAYA, CASTAÑA ZAPUCAYA.

Una tribu de los zapucayas moraba abajo de la confluencia del Madeira y el Amazonas en 1629 (Acuña, 1942, Bog., 153).

Del Brasil fue llevada la semilla a la isla de Francia, donde el gran botánico Aublet cultivó para mediados del siglo XVIII una docena de arbolitos (Aublet, 1775, II, 718-719). |L. paraensis puede verse tanto espontánea como cultivada a lo largo del Amazonas (Ducke, 1946, 20).

Quizá pueda aplicarse a la primera especie el siguiente pasaje de Vázquez de Espinosa: "En el valle de Esquibo, donde habita la nación Aruaca, ai vnos arboles de tan notable grandeza, que es increible a los que no huuieren visto las cosas de aquesta tierra; el tronco es mas grueso que seis pipas, su altura mas que la de vna alta torre; echa vna fruta grande en vaina mayor que la cabeza de vn hombre, redonda y parda, estando madura y sazonada se abre aquella vaina, y cae la fruta de dentro que cada vna es mas gruesa que el puño, del mismo color y hechura que la almendra; saluo que esta respeto de la otra es giganta, la cascara es algo mas aspera; la almendra es mayor que vna grande castaña inqerta, mas sabrosa y suaue que las nuestras. donde se da este arbol es quatro leguas de la mar" (Vázquez de Espinosa, 1948, 79-80).

Quince ejemplares pequeños había en la granja cauchera de Villa Arteaga, Urabá antioqueño, en 1945. La semilla fue introducida del Amazonas por el doctor Hans Sorensen. Parece que los árboles antes de fructificar, fueron cortados para leña, pues cuando el autor estuvo allí de nuevo a mediados de 1960, sólo quedaba un tocón empezando a retoñar.

 

|MIRTACEAS.

 

84- |Psidium guajava L. .

GUAYABA, nombre taíno de las Antillas (Tejera, 1951, 247-248; Henríquez Ureña, 1938, 103, 113).

NAMANAI, en muzo (véase ).

SAHUINTO, en quechua (Valdizán y Maldonado, 1922, II, 265-266).

 

Quizá por una grafía equivocada en los manuscritos, habla Pedro Mártir de Anglería del GUAYANO (guayauo?) cultivado en el Darién, a la llegada de los españoles; "da una fruta muy semejante a la de los cidros, vulgarmente llamados limones, de sabor agrio mezclado con dulce" (Anglería, 1944, 182).

Oviedo distingue en 1526 las variedades de carne blanca y de carne roja, y anota que las guayabas que vio en el Darién eran muy superiores a las de las Antillas (Oviedo y Valdés: Vedia, 1946, I, 500;-----, 1950, 206). Los árboles espontáneos se distinguían bien en esa época de los domésticos, pues los indígenas ponían mucho cuidado en el cultivo de esta especie. La fruta la usaban ya los españoles a mediados del siglo XVI por sus propiedades astringentes, y se conocía la excelencia de la madera para varios menesteres que requirieran elasticidad y resistencia. Decaía aprisa el árbol, y era necesario estar renovando los huertos, poniendo las plantas en buen terreno, "porque es árbol que reconoce mucho la buena tierra, y agradescido en su fructificar, seyendo bien cultivado, y pocas veces se hace bien en las tierras delgadas" (Oviedo y Valdés, 1851, I, 304-305;-----, 1959, l 259).

Según Las Casas, unas guayabas pequeñas eran nativas de Santo Domingo; mientras las mayores, que se habían difundido mucho en su tiempo (mediados del siglo XVI), procedían de Tierra Firme, "y cierto es fruta de harta golosina" (Casas, 1909, 32). En su relación de 1568 sobre la mencionada isla, el licenciado Echagoian las considera como plaga de los pastos (Rodríguez-Demorizi, 1942, I, 132). Este aspecto se estudiará por separado. Otras referencias sobre Santo Domingo se encuentran en autores que escribieron más tarde (Rodríguez-Demorizi, op. ci., 1, 301; 1957, III, 221; López de Velasco, 1894, 97-98; Acosta, 1954, 118-119).

En Puerto Rico se registran en un documento de 1544 (Rodríguez-Demorizi, 1942, I, 109-110). Para 1582, cuando escribían su relación de esa isla Juan Ponce de León y Antonio de Santa Clara, se había convertido también en planta invasora. En la costa sur no abundaba tánto (Latorre, 1919, 39, 44; López de Velasco, 1894, 127).

Cieza de León vio guayabas en Panamá a mediados del siglo XVI (Cieza, 1924, 19). En las relaciones de esa ciudad y de Portobelo de principios del siguiente, se habla del uso de la GUAYAVA para fines medicinales, pues "verde, restriñe y se da a los enfermos de cámaras" (Torres de Mendoza, 1868, IX, 97, 114; Serrano y Sanz, 1908,74, 147), Muy buenas eran las que tenían los dorases y zuríes de la porción noroccidental del istmo (Rocha: Meléndez, 1682, III, 362).

La expedición de Vadillo y las de Robledo dieron oportunidad de anotar la distribución geográfica de la guayaba en algunos sectores del oeste colombiano. Las había en San Sebastián de Buenavista de Urabá y en los ríos comarcanos, así como en el valle de Guaca (Cieza, 1924, 36, 46; Simón, 1953, V, 209), y en varios lugares de la cuenca del Cauca (véase adelante ).

En la costa atlántica eran comunes hasta en los montes de María la Baja para fines del siglo XVIII (Torre Miranda, 1794,30). No faltaban en Cartagena desde mediados del XVI (Castellanos, 1955, III, 22; López de Velasco: Jiménez de la Espada, 1881, I, xci; Gilii, 1955, 77); ni en Santa Marta y Guajira (Castellanos, op. cit., II, 617-618). Los indígenas las cultivaban en el valle Caldera de la Sierra (Simón, 1953, VIII, 114). En la ciudad de los bondas a mediados del siglo XVIII se conocían guayabas blancas, encarnadas y amarillas, y unas enanas que se llamaban GUAYABITAS DEL PERÚ (Rosa, 1945, 291).

En Venezuela había esta fruta a la llegada de los españoles, en Lagunillas y en Mérida (Aguado, 1917, II, 227, 300). Mencionan las guayabas las relaciones de Trujillo (Arellano Moreno, 1950, 98); de Tocuyo, aquí como GUAYAUAS y GUAYA- BITAS (Ibid., 149; Altolaguirre y Duvale, f908, 159 nota); y de Caracas (Latorre, 1919, 84; Arellano Moreno, op. cit., 84). También eran comunes en Margarita (Castellanos, 1955, 1. 593), y en algunas partes del Orinoco (Ibid., I, 427; Vázquez de Espinosa, 1948, 68; Caulín, 1841?, 22).

Este era uno de los pocos frutales que se daban en Tamalameque: ". ..guayanos [guayauos?] que es vna fruta a manera de manzana es mas verde estitica y llena de vnas pepitas o semilla durisima y tanto [,] que aunque las aues le coman donde dexan su estiercol naszen los dhos guayauos [ .] la hoja deste arbol es como de durazno [; ] el arbol es más grande que el naranjo [ .] los chapetones quando comen esta fruta dizen que huele a chinches y en efecto es asi [;] mas después sabe bien: tanta fuerza tiene el uso" (Latorre, 1919, 19). Parece que no eran muy partidarios de la guayaba Antonio Rodríguez de Medina, alcalde ordinario; el licenciado Francisco Gómez Hondón, y el cura Alonso Bermúdez, quienes suscriben la relación hecha sobre la ciudad de Las Palmas de Tamalameque, a 5 de mayo de 1579.

Los indígenas de Mitaima, cerca de Ibagué Viejo, regalaban guayabas a los soldados de López de Galarza en 1555 (Aguado, 1916, 1, 625). Gutierre de Ovalle habla de las guayabas rosadas de Muzo; repite casi al pie de la letra el dato de Oviedo sobre el uso de la madera; trae las variantes GUAYABO y GUAYAVO (Latorre, op. cit., 122). Los indios muzos llevaron estas frutas como ofrendas de fingida paz a los soldados del capitán Lanchero, y en otra ocasión al mencionado Gutierre de Ovalle (Aguado, 1917, n, 401, 653). En el idioma local al fruto se le llamaba NAMA, y al árbol que producía las grandes, NAMANAI (Morales Padrón, 1958, 606, 593). Las había también en Tocaima (Aguado, 1916, 1, 577), así como en Mariquita y en Vélez (Simón, 1953, IV, 60, 321 ). Para principios del siglo XVII se registran en Timaná (Simón, 1953, VI, 46).

A mediados del siglo XVIII estaban difundidas a todo lo largo del Magdalena; en ciertos lugares habían formado colonias (Serra, 1956, I, 50, 103, 110, 119, 122). Holton dice que era el frutal más frecuente en dicho valle, aunque sin cultivo (Holton, 1857, 72-73).

La relación de Tunja de 1610 alude a los guayabos como árboles comunes en su jurisdicción {Torres de Mendoza, 1868, IX, 400). En general, abundaban dondequiera en el Nuevo Reino de Granada (Zamora, 1930,39; Oviedo, 1930,45). También se daban en Pamplona, cuando llegaron allí los españoles (Aguado, 1916, 1, 589, 590).

Aunque pocas, Cieza dice que había guayabas en Arma, así como en Cartago y en Cali (Cieza, 1924, 69; 84, 92). Se registran igualmente en San Jerónimo del Monte, cerca a Zaragoza, bajo Cauca (Simón, 1953, VII, 223). Guillén Chaparro las halló en Cartago, en Toro viejo, en Cali y en Almaguer (Guillén Chaparro: op. cit., 146-147, 150, 151, 155). Otra vez a fines de la colonia se mencionan en Cartago (Campo y Rivas, 1803, 29).

Guayabas tenían los idibaes de la bahía de Solano a principios del siglo XVII (Córdoba Salinas, 1957, 248; Arcila Robledo, 1950, 52). Con notoria exageración dice Nordenskiold que esta era la única fruta cultivada por los chocoes (Wassén, 1935,184).

En Salado, valle del alto Dagua, había guayabas silvestres a fines del período colonial (Villaquirán: BHV, 1939, 245).

La gente que acompañaba a Francisco Pizarro en 1531, halló GUAYAVAS en varios puntos del litoral ecuatoriano, como la bahía de San Mateo. Atacames y Cojimíes (Trujillo, 1948, 46-47). "De dos o tres maneras" se daban, muy buenas y en cantidad, en Puerto Viejo, a mediados del siglo XVI (Cieza, 1924, 155), cosa confirmada por la relación sobre esa villa de principios del siglo siguiente (Torres de Mendoza, 1868, IX, 279). Al llegar a Pasao en 1617 las compró un viajero (Herrera y Montemayor: Vargas Ugarte, 1947, 83). En Guayaquil cuarenta o cincuenta se vendían por un real a principios del siglo XVII (Torres de Mendoza, op. cit., 267).

En la costa norte del Perú eran también cultivadas (Cieza, 1924, 210), por ejemplo en Túmbez (Oviedo y Valdés. 1855, IV, 218, 223) y en Trujillo (Vázquez de Espinosa, 1948, 365).

Las relaciones geográficas de principios del último cuarto del siglo XVI correspondientes al callejón interandino ecuatorial, hablan de guayabas como frutas de la tierra en Caguasqui, partido de Qtavalo; en Quito, donde se daban blancas y coloradas; y en Loja. Más tardía es la mención sobre la provincia de Yumbos (Jiménez de la Espada, 1897, III, 126, 69, 202; ci; Jaramillo Alvarado, 1955, 92). Velasco habla a mediados del siglo XVIII de guayabas amarillas y verdes, como "maleza del campo"; las últimas eran de planta pequeña, "que se extiende sobre la tierra" (Velasco, 1927,1, 70-71).

Como fruta nativa se hace figurar la GUAYABA en los siguientes lugares del flanco oriental andino: Zamora, Nambija y Yaguarzongo, Chinchipe y Valladolid. Los indígenas del valle de Perico las cultivaban cerca de sus viviendas ( Jiménez de la Espada, 1897, IV, 5, 25, xlviii, lxxvii, 1 ). También las había en las provincias de Quijos y de Jaén de los Bracamoros (Jiménez de la Espada, 1881, I, ci; Torres de Mendoza, 1868, IX, 350).

En el valle amazónico, por lo menos cerca a los Andes, también se conocía la guayaba antes de la llegada de los europeos. Aparece registrada, aunque sin localidad precisa, en el relato del primer viaje, el de Orellana, en 1541-1542 (Carvajal, G., 1942, Quito, 38). Asimismo, es mencionada en relación con el viaje de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre, veinte años después (Ortiguera, 1909, 376; Aguado, 1919, II, 323), y con el regreso de Pedro Teixeira (Acuña, 1942, Bog., 91 ), así como en otros documentos (Jiménez de la Espada, 1889, Mar., 115). Excepto Aguado, que se refiere a guayabas "bravas", los demás autores no establecen diferencia de estas guayabas amazónicas con las de otras partes.

GUAYAVAS, "manjar de flaco mantenimiento", se vieron precisados a usar los españoles en las expediciones al río Manu (Alvarez Maldonado, 1899, 42, 51 ).

En el imperio incaico también se conocían las guayabas. Utilizándolas como proyectiles, tirábanlas con hondas los indios de Yucay, valle de Urubamba, cerca del Cuzco, al capitán Ruy Díaz, mensajero de Almagro, cuando el alzamiento general de 1534 (Cieza, 1877, 22). Cobo en 1652 da cuenta de diez o doce clases de guayabas, ordinarias, de diversos colores, tamaños y formas, fuera de las enanas. Unas "guayabas de Matos", por Luis de Matos quien las habría encontrado en el valle de Chancay y plantado en Lima, se destacaban por su excelencia, de manera que se difundieron en toda América, y aun se extendieron a las Filipinas (Cobo, 1891, II, 26-28;-----, 1956,1, 244-245; Yacovleff y Herrera, 1934, 274). El botánico Ruiz dice que en sólo la provincia de Huánuco había más de diez variedades del SAHUINTO o guayabo (Ruiz, 1952, 1, 324-325).

Por lo que se ha visto, la guayaba estaba enormemente difundida en América equinoccial a la llegada de los españoles. Es quizá la fruta sobre la cual se encuentran más datos históricos. Algunos de los documentos consignan el hecho de que había sido observada la diseminación de la especie por medio de los pájaros, como en la citada relación de Tamalameque. Con el aporte de animales domésticos, nuevos vehículos de diseminación aparecieron en el continente; aquí hay uno de los casos en que la colonización aceleró el ritmo natural de dispersión de una especie vegetal, multiplicando los medios y condiciones para que ensanchara su ecúmene. En efecto, la guayaba es planta heliófila; necesita campos abiertos, y la cría de ganados con la formación de dehesas y pastales propició para el |Psidium guajava un más extendido espacio vital. Las pruebas no pueden ser más concluyentes.

En la relación sobre la isla de Santo Domingo, hecha presumiblemente en 1568 por el licenciado Echagoian, oidor de la Audiencia, se atribuye a tres causas la escasez de carne en su tiempo ( véase el artículo sobre vacas en otro volumen): ". ..otra tercera causa y esta última es la que más daño hace, es porque en la dicha isla hay un árbol grande, y otros hay pequeños, que se llaman guayabal. Da una fruta muy hermosa, tan grande como un membrillo(?). De dentro las buenas son muy coloradas y amarillas de fuera; tiene dentro muchos granos: y llámase guayaba, como el ganado alcance a comer esta fruta, de lo que estercola, como es tierra tan fértil, de cada grano se ha hecho y hace un árbol; y como haya nacido tanto número de árboles, ha hecho las tres partes del campo sombrío, que están tan espesos los árboles que no se puede caminar , ya caballo no se puede matar ganado, y los perros son más señores dél: y por ser el pasto sombrío no hay tanta yerba, ni se cría grano, por lo cual asimismo el ganado ha tenido acogimiento para de manso y de rodeo hacerse bravo y cimarrón. Hanse procurado muchos remedios menos el de Dios; que si la tierra estuviera poblada como antes, se pisara y tratara más, y este remedio habría" (Torres de Mendoza, 1864, I, 18-19; Rodríguez-Demorizi, 1942, I, 132). El problema se había acrecentado andando el tiempo, y para el siglo XVIII las autoridades de la isla tuvieron que dictar medidas para la erradicación de los guayabos (Sánchez Valverde, 1947, 84, 192).

En 1582, en la relación geográfica sobre la isla de Puerto Rico se achacaba también la escasez de pastos a la misma causa: "...rrespeto de aber nacido en esta ysla vnos arboles que llaman guayabo el qual echa vna fruta como manzana llena de pepitas la cual comen las vacas y bestias y puercos y aves donde quiera que toman a estercolar las pepitas de Cada vna sale vn arbol con lo qual se ba zerrando la tierra de modo que los ganados no se pueden pastorear y se alzan ni debajo dél fructifica yerba que pueda serbir de pasto y ansi de cada día se va mas aRuinando" (Latorre, 1919, 39).

También en el continente suramericano se presentó el mismo fenómeno (Vargas Machuca, 1599, 145 v.), más destacado en comarcas de vocación ganadera. La erradicación de los guayabales que obstruían las vías de acceso a Cali y cerraban los ejidos de la ciudad, fue objeto de disposiciones del cabildo en el tercer cuarto del siglo XVIII. Un inmenso guayabal se extendía desde el perímetro urbano hasta Menga (Palacios, 1896, 64, 68; Arboleda, 1928, 482). La abundancia de guayabos ha quedado consignada también en la toponimia; una lista de localidades con el nombre de Guayabal, en los países americanos hispanohablantes, totalizaría centenares.

Marcgrave creía a mediados del siglo XVII que la guayaba había sido llevada al Brasil de "América septentrional y Perú", y que de un árbol que se llevó, se propagó mediante las aves que comían los frutos (Marcgrave, 1942, 104-105).

La atracción que los frutos de la guayaba ejercen sobre los animales, fue ampliamente aprovechada a partir de la Introducción de las especies domésticas, principalmente vacunos y porcinos. Este aspecto se estudiará en el capítulo sobre plantas forrajeras.

La utilización industrial de la guayaba para la fabricación de conservas, se verá también en otra obra.

 

85- |Psidium friedrichstalianum (Berg.) Niedenzu.

|Psidium spp. .

CAS, CAS ÁCIDO (Pittier, 1957, 86).

GUAYABA AGRIA.

En la cuenca del Cauca aparecen mencionadas a la llegada de los españoles en Cartago, "algunas tan agras como limones" (Cieza, 1924, 84). En la primitiva Toro, fuentes del río San Juan, las encontró Guillén Chaparro en 1583 (Guillén Chaparro: AIP, 1889, XV, 150).

En Muzo las señala sin lugar a dudas Gutierre de Ovalle en 1581 (Gutierre de Ovalle: Latorre, 1919, 122). Eran, con el aguacate, los únicos frutales cultivados por los patangoros, "porque en ellos [pueblos] no se hallo mas de solamente «guayabos» muy altos y crecidos, y estos davan vnas muy hermosas «guayavas», tan agrias como naranjas, eceto quel agrio destas era muy gustoso; y estos «guayavos» y «guayavas» tenían para hechar el [al?] vino con que lo hazian de muy buen gusto y olor" (Aguado, 1917, II, 172).

En el Nuevo Reino de Granada "hay otras guayabas agrias que llaman cimarronas, que se crían en todas partes y con mucha abundancia en las tierras templadas, que están llenos los campos de estos árboles que son pequeños" ( Oviedo, 1930, 45), aunque en este caso no es tan seguro que el autor quiera referirse a las especies que se vienen estudiando. Es más probable que lo sean las de Santa Marta, a que alude de la Rosa en este pasaje: "Hay también guayabas agrias, pero aún son más medicinales [ que las comunes ]. Tomadas en ayunas expelen la flema, cortan la cólera y corrigen la ictericia" (Rosa, 1945, 291).

No se sabe si estas eran las GUAYABAS BRAVAS que hallaron los expedicionarios de Ursúa por el Amazonas, en el pueblo a donde llegaron poco después de la muerte de ese conquistador (Aguado, 1919, II, 323), o si «bravas» tiene en ese pasaje el sentido de cimarronas o silvestres. Podría ser alguna de las varias especies ácidas que se conocen en tupí-guaraní bajo el nombre genérico de ARAZÁ [ |Psidium araca Raddi, |P. ovatifolium Berg etc.] (Spruce, 1941, I, 157; Huber, 1904, 382-383).

Cobo trae el siguiente importante dato de geografía botánica, referente tal vez a estas guayabas: "de las coloradas hay algunas tan agrias, que comiéndolas dan dentera, y éstas no las he visto en otra parte más que en la Isla Española" (Cobo, 1891, 11,27), aunque en el color no coincidan.

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